Quién fue Franco (I) Como estadista

Es preciso aprovechar con el mayor esfuerzo la última maniobra de los liberticidas antifranquistas para divulgar al máximo el conocimiento de lo que España debe a Franco y su régimen (entre otras cosas la oportunidad de una democracia no demagógica ni convulsa como la de la república a la que pretenden involucionar el Estafador, los separatistas y los jueces de la bestial sentencia)

(De Los mitos del franquismo) Los Mitos Del Franquismo (Historia)

En su faceta de político también descuella Franco por  la magnitud de los obstáculos y  enemigos que afrontó y venció, y por el balance de sus acciones. De cualquier modo que se valoren, permanecen hechos evidentes: triunfó en la reconstrucción del país en muy arduas circunstancias, bajo la casi fatal atracción de la guerra mundial, sufriendo luego el maquis y el aislamiento, y siempre con la hostilidad euroccidental, los auxilios externos a la subversión comunista y terrorista y, en la última etapa, la defección de la Iglesia. Tales pruebas ni siquiera habría osado arrostrarlas un líder corriente, al igual que no habría aceptado continuar la lucha después del desastroso comienzo de la guerra civil.  Salta a la vista su gran superioridad  sobre los políticos republicanos: Azaña ha sido encomiado hasta las nubes  –con perfecta falta de sentido crítico– como contrafigura del Caudillo, pero realmente fue uno de los principales causantes de la ruina de la democracia o lo que tuvo de democracia la república. Hoy recibe menos incienso[1]. Y siendo el republicano de izquierda más lúcido, sus devastadores juicios sobre sus correligionarios clarifican mejor que muchos estudios la realidad de aquella república. De los políticos anteriores solo puede aproximarse a Franco el fundador del régimen de la Restauración,  Cánovas, que superó los peores males del siglo XIX y aseguró una estabilidad y  progreso modestos pero continuados. En el confuso y violento siglo XIX es difícil encontrar políticos de gran talla,  aunque hubiera algunos respetables. 

   No sobra la comparación con otros estadistas de la Europa de posguerra. Hay bastante consenso en señalar como los más sobresalientes a Konrad Adenauer, Alcide De Gasperi, Clement Attlee  y Charles  De Gaulle, justamente celebrados por haber reconstruido, traído prosperidad y en varios casos democratizado sus países. Pero estos, pese a sus méritos, poco habrían alcanzado sin el cuantioso auxilio económico y  el paraguas atómico de Usa frente al bloque soviético: tutela amistosa pero también humillante para unos países antaño dominadores. Franco, en cambio, sufrió hostigamiento político y medidas de intención brutal contra la economía española,  y obró con una dosis mayor de soberanía e independencia con respecto a Usa.

   Dentro de las condiciones dichas, el laborista Attlee, primer ministro entre 1945 y 1951, impulsó el estado de bienestar en Reino Unido  y aplicó una vasta política de nacionalizaciones (hasta el 20% de la industria) y racionamiento. Política con algún parecido a la de España por entonces, si bien más exitosa, tanto por partir de un nivel técnico e industrial superior como por haber sido el máximo beneficiario de la ayuda useña y no soportar hostilidad exterior.  El democristiano Adenauer ensayó desde 1949 una economía mucho más liberal y  eficaz que la inglesa, promovida por su ministro Ludwig Erhard. El “milagro alemán” de los años 50 convertiría al país en la mayor potencia económica europea. En menor  grado cabe atribuir algo parecido al también democristiano De Gasperi en Italia. De Gaulle tuvo que abandonar el poder en 1946 para recuperarlo doce años más tarde mediante un semigolpe de estado bajo amenaza de guerra civil por las disensiones derivadas de la guerra de Argelia. Fundó la V República francesa, que sigue en pie, y trató de sacudirse la protección useña y convertir a Francia en el poder directivo de la CEE, con vistas a  hacer de esta una superpotencia independiente, equivalente a Usa y a la URSS. Con tal programa estrechó lazos con Alemania, rechazó la adhesión de Inglaterra, por considerarla el caballo de Troya de Washington, se dotó de armamento nuclear, expulsó las bases useñas y salió del aparato militar de la OTAN. Su gran designio falló parcialmente porque su país carecía de base suficiente para sostenerlo. Francia disfrutó de prosperidad bajo su mandato, lo cual no impidió que cayera al borde del caos y el enfrentamiento civil en la “revolución de mayo del 68”. Al año siguiente De Gaulle dimitió al no sentirse respaldado por una mayoría de compatriotas.

   Conflicto mayor para Holanda, Inglaterra, Francia, Bélgica y Portugal durante las dos-tres décadas siguientes a la guerra fue la pérdida de sus imperios coloniales, casi siempre desairada y a veces funesta.  Attlee hubo de abandonar la India entre violentos desplazamientos, semejantes en número a los de alemanes al terminar la guerra mundial, con un balance de hasta  un millón de muertos;  también salió de Palestina bajo los golpes recibidos de los independentistas  israelíes; y fracasó en sus programas de desarrollo de las colonias africanas, así como en su intervención en la guerra civil griega. Bastante peor le fue a Francia, vencida en la costosa guerra de Indochina y luego desgarrada internamente por la de Argelia, que llevó al colapso a la IV República. Luego De Gaulle aceptó la derrota y una retirada sumamente penosa para los colonos franceses y los argelinos colaboradores, masacrados a menudo. Argelia había sido considerada parte de Francia, y no una colonia. Italia fue despojada de sus colonias por los vencedores de la guerra mundial. Holanda salió malparada de Indonesia, y Bélgica del Congo;  Portugal retuvo sus colonias más tiempo, pero en ellas se fraguó el golpe militar de 1974. La política descolonizadora española acarreó muchos menos costes  y, salvo incidentes menores, transcurrió con bastante más orden que las anteriores.

   No suena absurdo, entonces, comparar a Franco con los estadistas más descollantes de su tiempo, incluso por encima de ellos si ponderamos los retos encarados. Cuando falleció, en 1975,  el nivel de los gobernantes europeos  había descendido. Francia estaba presidida por Giscard d´Estaing, político corrupto y protector de la ETA, que pretendía orientar la transición  española (y así  lo aceptó en parte Juan Carlos, dándole trato privilegiado en la ceremonia de su coronación).  El inglés Harold Wilson, laborista como Attlee,  reforzaba las medidas socializantes,  mientras el desempleo crecía con rapidez y proseguía la guerra civil larvada en el Ulster. En Alemania el socialdemócrata Helmut Schmidt propulsaba una mayor integración económica y política de la CEE, así como la Ostpolitik de Willy Brandt, su predecesor en la cancillería hasta 1974, cuando dimitió por el caso Guillaume, un alto asesor  personal suyo que espiaba para Alemania Oriental. La Ostpolitik daba por consolidados indefinidamente los sistemas comunistas y, por “realismo”,  procuraba avenirse con ellos. En la transición española, la socialdemocracia alemana apostaría por revitalizar el PSOE. A Italia, sumida en una honda crisis económica y política, la gobernaba el democristiano Aldo Moro, partidario de vastos acuerdos,  incluso de un gobierno “solidario” de concentración con el Partido Comunista. Tres años después lo asesinarían las Brigadas Rojas.

Cuestión aparte en  estas comparaciones es la de la democracia. El gobierno de Franco no provino de elecciones, como sí lo fueron los demás;  y tampoco pretendió otra cosa, de acuerdo con su crítica al sistema demoliberal. Así, cabría entender al franquismo como un residuo de la crisis  de los años 20 y 30, cuando el liberalismo, incapaz de superar la crisis económica y de contener el auge comunista, dio paso a gobiernos fascistas o autoritarios. Después, solo la intervención militar useña  permitió imponer, reponer o salvar, y luego proteger, a las democracias  en Europa. Es decir, ni esos países ni sus gobernantes debían sus democracias a sí mismos, sino a un poder militar exterior, que por otra parte contribuyó a la pérdida harto calamitosa de sus imperios coloniales. En cuanto a España,  habiéndose zafado de las convulsiones del resto del continente y no deber nada a Usa, no tenía por qué seguir el mismo camino. Aquí, la república había sido una democracia un tanto deforme y destruida por la subversión izquierdo-separatista, experiencia concluyente en opinión de los nacionales: la democracia liberal, funcionara mejor o peor en otros países, no servía para España.  

   Franco y muchos más creían preciso, por tanto, ensayar un tipo de convivencia social superadora del liberalismo y el comunismo. Algunos de los suyos, en cambio, entendían el franquismo como una situación anormal y transitoria,  necesaria ante una crisis histórica profunda, pero que antes o después debería volver a una “normalidad” democrática. Así venían a pensar los generales y políticos partidarios de Don Juan, por ejemplo. Pero Franco atribuía a aquel tipo de monarquía los males pasados, cuya vuelta haría estériles los sacrificios de la guerra. El alzamiento de 1936 no se había hecho por la monarquía ni por la democracia, sino por un concepto más amplio y básico de la nación española, de la cultura y de la libertad personal. Finalmente, habían sido él y los suyos quienes habían  derrotado a la revolución y sorteado la guerra mundial, y no estaban dispuestos a que unos “espabilados” serviles a gobiernos ajenos les arrebatasen el fruto de la victoria.

   Por lo demás, los  nacionales rechazaban enérgicamente el supuesto derecho de cualquier país extranjero a dictar a España su forma de gobierno. Este rechazo podría  usarse para justificar  una tiranía impuesta por el terror, pero ese no fue ciertamente el caso. Aparte expresiones de descontento comunes a todos los países y sistemas (piove, porco Governo!), el sustento popular a Franco se expresó de muchos modos, también en la impotencia contraria para movilizar al pueblo; y no sufrió prisión demócrata alguno. Datos que conviene repetir, por lo reveladores y tan a menudo negados.

   Pese a no proceder de elecciones populares, el Caudillo estaba seguro de la legitimidad de su régimen, refrendado en varios referéndums y que, al igual que las democracias, procedía de una guerra. Suele distinguirse entre legitimidad de origen y de ejercicio, y habiendo sido él y los suyos — no los casi inexistentes demócratas ni los muy minoritarios monárquicos—quienes habían salvado a la sociedad de la revolución, la legitimidad de origen parecía clara (a menos que se estimara normal y democrático al Frente Popular, idea demostrativa de la calidad del criterio democrático de quienes la sostienen). Luego, los vencedores habían reconstruido y llevado el país al mayor  bienestar material y social en al menos dos siglos, lo que le otorgaba máxima legitimidad de ejercicio. Mas, paradójicamente, sus éxitos iban creando condiciones para una evolución hacia la antes denigrada democracia liberal, mientras el franquismo se vaciaba ideológicamente.

   Esta evolución última debió de ser muy dolorosa para Franco, y es difícil decir si terminó por aceptarla. Testimonios como el de Vernon Walters, sugieren que daba por hecha una democratización, al menos parcial, lo que parece corroborado por  la nula alusión al Movimiento en su testamento político. No obstante, José Utrera Molina, que fue ministro de la Vivienda y secretario general del Movimiento, le expuso su impresión de que Juan Carlos pensaba romper la continuidad del régimen: “Franco cambió súbitamente de expresión (…) y con notorio enfado exclamó:  “Eso no es cierto, y es muy grave lo que usted me dice (…) Sé que cuando yo muera todo será distinto, pero existen juramentos que obligan y principios que han de permanecer (…) España no podrá regresar a la fragmentación y a la discordia”[1].

En su testamento insiste sobre todo en la unidad nacional.

En cuanto a su personalidad, Franco se autoconsideraba orientado por la providencia y lo que suele llamarse “un esclavo del deber”, que él describía con la expresión “cuando yo era persona”, refiriéndose a su vida anterior al gobierno, cuando se sentía libre de tal carga. Sus distracciones eran la caza, la pesca, el cine y la pintura (sus cuadros suelen estimarse “correctos”), y escribió algunos textos profesionales (El ABC de la batalla defensiva o  reglamentos de la Legión), el guión de la película Raza, en la que trata de expresar la evolución política de España hasta la guerra civil, o el Diario de una bandera  sobre sus experiencias en Marruecos. Fue muy austero y marido fiel en su vida particular, según todo indica. Con el tiempo se hizo más taciturno. En el apéndice de opiniones sobre él encontraremos los juicios más contrapuestos sobre su figura.

 


[1] J. Utrera Molina, Sin cambiar de bandera, Barcelona  1990, p 208-9


[1]  Como referencia, mis libros Los orígenes de la Guerra Civil y Los personajes de la República vistos por ellos mismos creo que han destruido el mito definitivamente, a juzgar por la ausencia de réplica.

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Aquilino Duque sobre Franco: https://vinamarina.blogspot.com/2019/09/franco.html

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25 Respuestas a Quién fue Franco (I) Como estadista

  1. De Elea dice:

     
    ¿Cuántos días se tarda en publicar el texto de una sentencia que además ha sido tomada supuestamente por unanimidad en solo una hora?
     
     
     
    ¿acaso el TS ha tenido la desvergüenza de lanzar un globo sonda para tantear la “opinión pública”?
     
     
     
    Y es que además es tal la desvergüenza de los argumentos esgrimidos que difícilmente pueden blanquearse en el papel……
     
     
     
    El argumento principal para profanar la tumba del que fue jefe del Estado es básicamente un canto al interés general ¿el interés general de quién?
     
     
     
    Y el argumento principal para negar a la familia el derecho constitucional de enterrar a un familiar donde ellos elijan se basa en motivos abstractos y peregrinos de seguridad.
     
     
     
    Todo, todo un esperpento de infamia y desfachatez. Los miembros de ese tribunal deberían ser juzgados por un tribunal serio si es que queda alguno en España.
     
     
     
     
     
     
     

  2. Lo que yo no creo que esperase Franco es que al poco de morir el Caudillo, o quizá antes, ya estuvieran en conversaciones con Carrillo, ¿para qué? ¿Qué pintaban Carrillo e Ibárburi en España? Eran gente que deberían haber sido fusilados, y sin embargo lograron escapar (de hecho yo no hubiera descansado hasta verlos muertos). La reconciliación entre la gente se había producido en los años 40′ según usted mismo ha dicho muchas veces, don Pío. ¿Qué necesidad teníamos de reconciliarnos con estos fantasmas del pasado? Porque, incluso gente que había estado complicada en el Frente Popular consiguió prosperar en el régimen, igual que sus familias, y ya habían dejado atrás el pasado. ¿Qué sentido tenía aquello? ¿Volver a traer esas miserias) Al final, es lo que ha comentado don Pío, el Rey acabó haciendo lo mismo que hubiera hecho su padre, y los resultados han sido los que preveíamos aunque se ha producido relativamente despacio…

  3. LeonAnto dice:

    Totalmente de acuerdo.

    Una observación, la expresión italiana es “piove, governo ladro!”:

    https://it.wikipedia.org/wiki/Piove,_governo_ladro!

  4. LeonAnto dice:

    Por cierto, la fecha de mañana es la que otrora fuera “Día del Caudillo”.

  5. Pío Moa dice:

    Sería un grave error que VOX aceptase el consejo tutelar de Usa y su lema, que ya han empleado a veces de “España grande otra vez”.

      He oído a muchos italianos la expresión “piove, porco governo”. Seguramente hay las dos versiones.

       Me gustaría conocer cuántos hacen el esfuerzo de difundir los contenidos del blog y las respuestas que encuentran.  Esto sería ilustrativo para conocer el efecto. Realmente, si no se llega a algún millón de personas AL MENOS,  no se influye en la opinión pública.

  6. Pío Moa dice:

    Cuando se trata de definir la cultura europea suelen señalarse la raíz religiosa  cristiana  y la razón griega. Eso es un error, porque el cristianismo integra o trata de integrar tanto la fe de origen judío –aunque profundamente transformad: el Dios cristiano es muy distinto del judío– como la razón griega. Y precisamente esa dualidad fe-razón y sus tensiones y el dinamismo consiguiente constituyen lo más característico de la cultura europea. Pero es llamativo que tanto la cultura judía como la griega fueran extraordinariamente particularistas o si se prefiere muy conscientes de su excepcionalidad. En cambio el cristianismo es universalista. Y esta característica la hereda muy claramente de Roma. Hay, pues, una triple raíz fundamental en la cultura europea que explica su dinamismo interno.

  7. Alberto GT dice:

    Esto ya es vergonzoso. El Supremo ha anulado la paralización de laa obras del juez ese. Es decir, el Suprmeo va bien deprisa para que Sánchez pueda exhumar a Franco antes d elas elecciones. 

  8. Alberto GT dice:

    Entonces, según usted el origen de Europa se resume en Atenas, Jerusalén y Roma

  9. Hegemon dice:

    Tanto la Razón como la Fe judías estaban muy influenciadas por la cultura griega. La Filosofía griega perfila mucho la Fe judía, por ejemplo, la concepción del eterna que en principio era rechazada en la Fe judía hasta que conocen la filosofía griega. El imperialismo griego, el que produce las conquistas de Alejandro Magno, propica la propagación de la cultura giurega q

  10. Hegemon dice:

    Tanto la Razón como la Fe judías estaban muy influenciadas por la cultura griega. La Filosofía griega perfila mucho la Fe judía, por ejemplo, la concepción del alma eterna que en principio era rechazada en la Fe judía, se acepta después gracias a la filosofía griega. El imperialismo griego, el que produce las conquistas de Alejandro Magno, propicia la propagación de la cultura griega aunque las élites griegas se comportaran de forma endogámica, no pudieron evitar que el éxito de su propia cultura se propagara. Roma hizo mucho por esa propagación aunque los griegos siempre la despreciaron, también despreciaron a la propia Roma a pesar de haber sido sometida militarmente. No olvidemos que San Pablo era de cultura girega. 

  11. Álvaro dice:

    Yo difundo las entradas de este blog

  12. Alberto GT dice:

    Hegemon, lo que se acepta es la inmortalidad del alma, no su eternidad. Pero sí, el helenismo influyo considerablemente entre los judíos. Solo hay que ver el libro de la Sabiduría (que recoge muchos elementos de la filosofia de Alejandría, donde probablemente fue escrito) o el libro del Eclesiástico (que, entre sus muchos consejos, hay normas de educación y modales para los banquetes , muy en consonancia con lo que hacian los griegos). 

    Incluso los Reyes asmoneos, a pesar de que su legitimidad se basaba esencialmente en la lucha contra el pagabismo griego y por la independencia de los Reinos helenicos, tenían todoa junto a su nombre hebreo otro geiego. Y eso pasa con todoa los Reyes asmoneos. E incluso sus antecesores de la rebelión macabea Jonatán y Simón usaron titulos como Etnarca de loa judíos o estratega, y para moatrar su. Autoridad usaban simbolos procedwbtes del imperio seleucida como la hebilla de oro.

  13. Alberto GT dice:

    Y las conclusiones de los grabdes filosofos griegos como Platón o Aristóteles a veces se acercaban al Monoteísmo, sin alcanzarlo del todo

  14. Hegemon dice:

    Hegemon, lo que se acepta es la inmortalidad del alma, no su eternidad. 

    Bueno, según he leído en Piñero, los judíos no creían ni en el alma hasta que conocen la filosofía griega (Platón). 

  15. Hegemon dice:

    También leí alguna vez que la Filosofía griega facilita buena parte de Razón a la Fe judía y por lo tanto a la cristiana posterior. 

  16. Hegemon dice:

    En los reinos surgidos de las conquistas de Alejandro Magno, se implanta una élite griega que celosa de su cultura es cerrada pero por su refinamiento es copiada por los pueblos a los que gobierna. Por ejemplo, los griegos construyen gimnasios a su estilo en Grecia pero no pueden entrar otros que no sean griegos. Eso no impide que los egipcios, sirios o de otros pueblos construyan gimnasios al estilo griego y los usen como ellos. Es curioso también, como cuenta Bergston, que los griegos clásicos sientan recelo y cierto menosprecio por sus hermanos griegos de esos imperios y reinos.

  17. Alberto GT dice:

    La endogamia entre los Ptolomeos era tal que el matrimonio entre hermanos era frecuente.

  18. jvaldez dice:

    ¿La campaña electoral durará una semana? Por lo que a mí respecta, es de agradecer.
    …………………
    El único partido con presencia parlamentaria que se opone al traslado de los restos de Franco es Vox. El PP se hará el loco y Ciudadanos luchará por estar en el club de los admitidos por Sánchez.
    …………………
    Política exterior: Habrá que preguntarse cuál es la cuestión estratégica de España a medio y largo plazo, no en el día a día.
    España/Europa/Hispanoamérica: Parece que se deberían tener articulados estos tres polos. En Hispanoamérica tenemos regímenes políticos para todos los gustos. A ver cómo se organiza eso.
    A África también habrá que tenerla en cuenta. Países cómo Angola y Mozambique, que ahora tienen unos 25 millones de habitantes, pasarán de largo de los 100 millones, según las proyecciones que hay para el año 2100. Por cierto, la de España daba 33 millones.
    …………………
    No estoy seguro, pero creo que la música está reproduciendo el canto del teruteru (también conocido como tero, tero-tero, tetéu, alcaraván, pellar, avefría, treile o triel), ave que habita en América meridional. El teruteru es tremendamente astuto y recurre a diversos trucos para defender su nido.
    https://www.youtube.com/watch?v=GuplwDyVRew
    https://www.youtube.com/watch?v=zDSCmjcsZbY
     
     

  19. Alvo dice:

    UNA HORA CON LA HISTORIA
    110 – Quién fue Franco: el estadista y militar | Carta abierta a unos jueces infames

    https://www.youtube.com/watch?v=_Mi6AJNI5jk

  20. LeonAnto dice:

    El ponente es doctor y doctor “honoris causa” por una universidad brasileña…

  21. LeonAnto dice:

    Universidad fundada en 1954, pues, los portugueses, franceses e ingleses no fundaron universidad alguna en América. Nosotros sólo fundamos 28.

  22. LeonAnto dice:

    Claro que, entre los miembros, de ese tribunal, está el Sr. Requero, uno de los magistrados preferidos del PP. Al final, no han hecho más que seguir la ley de memoria histórica apoyada por el PP.

  23. Pío Moa dice:

    Nuevo hilo