Los equívocos sobre la democracia, la destruyen (II)

 

 

Tomada en su sentido literal “poder del pueblo”, la democracia no existe ni existirá, ya que el poder se ejerce necesariamente sobre el pueblo y lo ejerce forzosamente alguna oligarquía con un “monarca”, un jefe al frente. Tampoco debe concebirse como la posibilidad para la mayoría de librarse de un gobierno que no le guste, porque puede no gustarle un buen gobierno, y viceversa, incluso puede gustarle un gobierno totalitario. Ni es exacto decir que el pueblo elige a los gobernantes, dado que los elige  una fracción de él, que puede ser inferior a la mitad  si compiten más de dos grupos políticos o la abstención  es amplia. Y la parte que queda frustrada puede ser solo muy ligeramente inferior a la vencedora. Conviene hacer estas precisiones porque predominan nociones muy difusas y a veces pintorescas al respecto, las cuales permiten envolverse en la capa de la democracia a partidos o políticos precisamente contrarios a ella. De hecho es concebible una democracia totalitaria como opuesta a una liberal, y no solo por imposición de partidos totalitarios, sino por evolución insensible hacia un poder omniabarcante, ya señalado por Tocqueville y que hoy es bien visible. Una democracia totalitaria se anula pronto a sí misma como tal democracia.

No es aquí cuestión profundizar en estas cuestiones, pero una posible definición de democracia sería esta: un sistema que permite a diversas opciones políticas competir por atraer a una mayoría de la opinión pública y gobernar con ciertas condiciones:  limitación del poder temporal (por un período entre elecciones) y estructural (con división de poderes) y  dentro de unas libertades públicas básicas (expresión, asociación…). En principio, esa competición debiera facilitar el gobierno de los más aptos (aristocracia, por así llamarla), pero puede degenerar en lo contrario si la competición se transforma en un concurso de promesas irresponsables y demagógicas, dando lugar a una especie de kakistocracia,  poder de los peores. Esto sucede a veces, pero no necesariamente,  de hecho no ocurre en muchos casos;  y, en principio, la democracia liberal permite corregir sus fallos, aunque no siempre lo logre. Los grandes problemas de la democracia han sido esgrimidos contra ella, pero los mismos problemas tiene cualquier otro sistema, agravados por la falta de publicidad y de limitación del poder. Hasta hoy no se ha descubierto un sistema político superior a la democracia liberal para asegurar una estabilidad social no estancada, un alto grado de libertad política y, en general, una considerable prosperidad material

Lo que a menudo  se olvida es que la democracia solo puede funcionar dentro de unos parámetros culturales comúnmente aceptados que impidan una competición destructiva. De tal competición nos ilustra la España del Frente Popular, cuando unas fuertes corrientes revolucionarias hicieron que “nada nos sea común a los españoles”, según diagnosticó  acertadamente el diario El Sol, y provocaron la guerra civil. Una de esas premisas culturales es la unidad nacional, que entonces corrió el peligro de venirse abajo, como en otra ocasión en Usa, donde dio lugar a la devastadora Guerra de Secesión. Otra premisa es el respeto a las reglas del juego, a las normas de restricción del poder, a las mayorías, a los  derechos de las minorías  y, en general, a la ley. Y es preciso igualmente un consenso básico, aun si difuso, sobre el carácter histórico de la democracia, una adquisición históricamente muy reciente pero con profundas raíces en la cultura cristiana europea: una democracia anticristiana supone un grado mayor o menor de barbarie en las sociedades occidentales cimentadas en el cristianismo. Estos presupuestos y consensos de fondo no suelen ser visibles ni muy explícitos, pero están muy presentes en las democracias que mejor funcionan, como las anglosajonas. Sin esta base cultural común, la convivencia civil se vuelve excesivamente áspera, y la  democracia degenera rápidamente en corrupción, demagogia y violencia  difíciles de contener.

Ello nos permite entender algo al menos del proceso histórico de España desde la Transición. Esta fue  realizada, paradójicamente, por unos políticos que en su gran mayoría procedían de un régimen autoritario (franquismo) y carecían de un pensamiento democrático, mezclados con otros cuya tradición histórica ha sido netamente totalitaria o secesionista. Sorprende que tal amalgama, empeorada por la mediocridad de los líderes del momento, produjera una democracia sin demasiados traumas. La sorpresa es mucho menor cuando atendemos al ingente capital político acumulado por la sociedad bajo el franquismo, ante todo la moderación y reconciliación nacional, con total alejamiento de los odios que arrasaron la república, así como la gran prosperidad económica y la extensión de las clases medias. Ello permitió a los dirigentes maniobrar sin causar demasiados daños por el momento, si bien crearon un sistema plagado de deficiencias, ya desde  la misma y contradictoria Constitución. Y  esas deficiencias, en lugar de corregirse han ido agravándose, con algunos períodos de mejora, creando un estado  desmesurado,  derrochador, ineficiente y con abundante corrupción, sin verdadera división del poder y con tendencia a pasar todos los límites inmiscuyéndose en la libertad personal de los individuos, decretando lo que la gente debe creer, en una orientación totalitaria; al mismo tiempo ha fomentado las tensiones disgregadoras de la nación, premiado al terrorismo, ejercido una persecución silenciosa contra la Iglesia y el cristianismo, socavando el principio de la igualdad ante la ley, fomentado el aborto y otras aberraciones contra la existencia y la dignidad humana, etc. Hasta desembocar en la crisis actual, que tiene todos los rasgos del final del ciclo abierto por la Transición, dejándonos un porvenir incierto, debido a la confusión ideológica, la demagogia de la casta política y la competición kakistocrática.

Esta deriva contra la democracia y contra la unidad de España se explica por el impulso de unos partidos de izquierda totalitarios y  otros secesionistas igualmente antidemocráticos.  Los mismos eran pequeños, casi insignificantes a la muerte de Franco, pero no han cesado de reforzarse desde la Transición, debido a una derecha no antidemocrática pero sí a-democrática, que renunció enseguida a la lucha por las ideas, dejando la política en una mera competición por el poder, explotando, que no representando,  la “bolsa de votos” de una masa de opinión pública amante de España y de la libertad. Existe también una derecha antidemocrática, incapaz de competir en condiciones de libertades y que a menudo invoca el cristianismo como si fuera directamente una doctrina política.

Comoquiera que sea, la salida de esta crisis, que es mucho más que económica, solo podría sustentarse sobre dos pilares: la unidad nacional y la democracia. Otras opciones crearían derivas sumamente peligrosas.

(En este mismo blog, 30-julio 2012)

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18 Respuestas a Los equívocos sobre la democracia, la destruyen (II)

  1. Catlo dice:

    Toda la herencia que deja Zapatero es negra pero en algunos asuntos es que resulta criminal:
     
    http://vozpopuli.com/actualidad/44882-hombres-y-victimas-la-otra-cara-de-la-ley-contra-la-violencia-de-genero

  2. Catlo dice:

    Y Rajoy se hace cómplice y defensor de tan siniestra herencia.
    .
    Dice Federico, entre otras cosas:
     
    En su última audiencia, tras recibir al jefe de la patronal catalana -que le instó a respaldar el golpe separatista, vía referéndum, es la costumbre- el rey se despidió de los periodistas -o sea, de la opinión pública- con una frase lapidaria, como si fuese un portero que, tras recoger el balón de la red cinco veces, enfilase, rencoroso, el camino del vestuario:

    “Ahí os quedáis”.

  3. malpharus dice:

    Yo no creo que la democracia sea el mejor sistema posible, porque su máximo representante, los Estados Unidos de Norteamérica me parece una nación despreciable, política-económica y socialmente hablando… Y eso se podría hacer extensivo al resto de Occidente…

  4. manuelp dice:

    A estas alturas de la pelicula “democrática” en España, el titulo del hilo es, por lo menos, discutible y se presta a equívocos.
    Par empezar, de los tres pilares clásicos y fundamentales de la democracia liberal: Elecciones libres, Separación de poderes y Estado de Derecho, en España no se da -en un grado aceptable- ninguno de los tres. Las elecciones son libres únicamente para escoger la lista cerrada y bloqueada impuesta por los distintos partidos, los tres poderes son solo uno, el Legislativo, que a su vez emana únicamente de las cúpulas partitocráticas y el Imperio de la Ley es torcido habitualmente por los gobiernos y por quienes ocupan posiciones de poder politico o economico.

    Por tanto, carece de sentido, hablar de democracia liberal en España, e incluso se podría decir- yendo más lejos y abarcando al llamado mundo libre- que el sistema europeo occidental de libertades democráticas es incompatible con los regímenes que han cristalizado como democracias liberales y que han cumplido la profecía de Tocqueville de democracias totalitarias.

    También se ha cumplido la profecía de Benjamin Constant sobre la preferencia de la gente común en las libertades negativas (las que no obligan a nada) sobre las libertades positivas (las que si obligan a tareas públicas), pero es que esto ha sido muy ayudado e impulsado por el poder político, para así tener las manos mucho más libres. Cosa nada nueva en la historia occidental, desde Grecia y Roma. Es curioso como la geografía parece determinar la política, pues han sido en las tres peninsulas montañosas de la Europa mediterránea, Grecia, Italia y España donde se han dado históricamente los casos de organización política de libertades democráticas, mientras que las grandes llanuras de Eurasia han sido los grandes viveros de los sistemas despóticos. 

  5. Catlo dice:

    Lo que la democracia-barniz esconde en España, según Centeno:
     
    La tres provincias vascas y Navarra tenían unos fueros históricos derivados de las guerras carlistas y pensados para una sociedad atrasada y pastoril. Franco había anulado los fueros de Vizcaya y Guipúzcoa, que no se habían unido al alzamiento y los había mantenido en Navarra y Álava, que le habían apoyado. Paco quería acabar con este anacronismo histórico y anular también los fueros de Navarra y Álava, es decir, que todos los españoles fuéramos iguales ante el fisco. Sin embargo, los cabezas de lista de UCD por Guipúzcoa y Vizcaya, Marcelino Oreja y Agustín Rodríguez Sahagún, ambos pesos pesados en el parido, no sólo se opusieron tajantemente, sino que exigieron que fueran restituidos en las provincias donde se presentaban, con el “patriótico argumento” de que si no se hacía así, UCD perdería las elecciones en ellas.
    Fernández Ordoñez se negó en redondo a aceptar esta clamorosa injusticia fiscal. Los dos “barones” consiguieron el apoyo del insensato falangista Suárez, quien ordenó a su ministro de Hacienda la restitución del régimen foral. Algunas personas cercanas a Fernández Ordóñez, entre ellas Mariano Rubio, el último gran gobernador del BdE, le advertimos de las consecuencias de este disparate y le pedimos que abandonara a Suárez, pero mi jefe no era de carácter luchador y al final aceptó. Hoy las provincias vascas pagan 8.000 millones año menos a Hacienda de lo que les correspondería si estuvieran en el régimen común y, además, la diputaciones vascas que ingresan el IVA de todos los productos vascos vendidos en el resto de España (80%) sólo lo devuelven parcialmente, por lo que se apropian de miles de millones adicionales. Gracias a este expolio al resto de españoles, el País Vasco y Navarra tienen hoy la mayor renta per cápita de España.  

  6. malpharus dice:

    Las elecciones libres son una monstruosidad, todos lo estamos viendo. Desafortunadamente para los demócratas, ahora sabemos perfectamente en que consiste la democracia, y no la queremos…

  7. Hegemon dice:

    Comoquiera que sea, la salida de esta crisis, que es mucho más que económica, solo podría sustentarse sobre dos pilares: la unidad nacional y la democracia.


    ¿Qué democracia? Esa es la cuestión. A la definición del propio Moa se juntan las condiciones que debe cumplir la democracia liberal según Fernández Balbuena, las objeciones de Tocqueville o las agudas críticas de Romero que el otro día se expusieron aquí, lo que demuestra que la democracia no es perfecta y en muchos Estados no es el régimen más idóneo. El poder temporal es necesario, eso está claro. Pero no suficiente. Sin embargo, sobre la temporalidad es a lo que se ha reducido la democracia en España. Sólo en la temporalidad, otorgándola un aparente funcionamiento normal. No es así. Como podemos observar, la permanencia de los líderes políticos casi parece vitalicia. Su escasa renovación ha resultado nefasta o insuficiente. El cambio de Gobierno apenas significa un cambio real por voluntad de la ciudadanía. La separación de poderes y el Estado de Derecho son puros formalismos. Pero es que una democracia también puede estár en peligro a causa de ese cambio de gobierno temporal. Como advertía Romero, la democracia permite la aglomeración o la concurrencia de múltiples ideologías políticas entre las que se encuentran aquellas que son curiosamente antidemocráticas. Recordemos que en este mismo blog aquellos que se defienen liberales han insinuado, por no decir que han solicitado de forma explícita, la ilegalización de ciertos partidos políticos por ser contrarios a la democracia. Es decir, en los propios principios naturales y básicos de una democracia liberal se encuentran las miserias y las bombas autodestructivas de este sistema. Tal vez democracia y liberal sean incompatibles. ¿He dicho algo incongruente? No lo creo. Las democracias liberales permiten, fomentan la diversidad política, social e ideológica, incluso, repito, de aquellas que son contrarias a la democracia. Algo absurdo. Por ejemplo, los liberales, apoyándose en la democracia defienden que en Occidente se construyan mezquitas en nombre de la libertad y la democracia, algo contradictorio en cuanto encierra la propia destrucción de la libertad y la democracia a la vez que la propia democracia destruye, persigue lo que la ha creado que es el cristianismo. ¿No es absurdo y contradictorio? Hace unas semanas mencioné aquí que una democracia debería ser dictatorial en cuanto a perseguir su conservación y defensa, lo que contrasta con la propia naturaleza de la democracia. Como se ha mencionado, esa autodefensa puede derivar en tiranías, en otros regímenes. Pero es que la democracia los crea igualmente. ¿Estamos, pues, ante un callejón sin salida?
     
    ¿Qué hacer? Yo creo que se debe gozar de una uniformidad ideológica básica inquebrantable para que las diferentes alternativas e ideologías políticas no cuestionen los pilares básicos de la constitución y funcionamiento del sistema democrático. Esto crea, ya de por sí, una tiranía NECESARIA de la Constitución o Ley Básica y de las leyes que de ella deriven. En España esto no ocurre. También debe nutrirse de instituciones NO democráticas o no en la misma forma, como la Justicia y las Fuerzas que legitimamente ejercen el uso de la violencia en cuanto esta debe ser un órgano profesionalizado, no politizado; y dentro de la temporalidad, lo que menciona Manuelp, listas abiertas de los representantes entre otras muchas medidas que poco tienen de democráticas ¿O sí? como es el cumplimiento de la Ley en la forma que deseaba Torcuato Fernández Miranda, para poder preservarla o hacer viable a este sistema de Gobierno. La democracia en sí es una contradicción lo que nos hace concluir que la democracia es el uso de una libertad aceptable acotada y limitada. Sólo hay que dar con la fórmula más idónea y justa y ampliamente consensuada, como siempre, a lo que curiosamente nos puede llevar a una forma NO democrática de régimen, o no como se concibe (erróneamente) esta. En España han sido las fuerzas elegidas temporalmente las que han quebrantado los principios tiránicos del Regimen, por lo tanto han creado una tiranía. Pero es que en el error de concepto de los principios de esta democracia surgidos de la Transición están los males.
     
    Concluye Fernández Balbuena que si no se cumple con esos principios básicos, la democracia liberal no nos sirve (a los liberales). Pues eso.

  8. Hegemon dice:

    La anécdota que cuenta Centeno de lo del petróleo no es nueva. Aparece en su libro, para mí de imprescindible lectura pero tomado con precaución, “El Disparate Nacional”. Además de lo del artículo, en el libro cuenta con más detalles todo el proceso sufrido por España desde la Transición hasta la llegada de Rajoy. Sí. Dan ganas de marcharse de España.

  9. malpharus dice:

    Es que la solución a la crisis, que va más allá de nuestras fronteras, no se arregla con democracia. La Unidad nacional debe ir acompañada del respeto a la Ley. Debemos comprometernos pues, a defender la independencia de la Patria y a ser verdaderos cristianos. Porque, ¿cómo podrán votar en conciencia, aquellos que la tienen dormida?

  10. malpharus dice:

    La democracia nació para cuestionar la Ley, y la Ley es incuestionable, inmutable e insobornable. Parafraseando ese absurdo programa de TV ¡Sin Ley no hay paraíso!…

  11. malpharus dice:

    Decía Carrero Blanco: «España ha establecido, con nuestros Principios del Movimiento Nacional y Leyes Fundamentales del Reino, una democracia moderna peculiar, que asegura la convivencia, promueve el progreso y establece la justicia… Es un traje a nuestra medida, castizo y español. Para los españoles el liberalismo ha demostrado ser el más demoledor de los sistemas».

  12. malpharus dice:

    Magnificat anima mea por Harnoncourt (Bach)
    http://www.youtube.com/watch?v=jlKcMJwcgq4

  13. Hegemon dice:

    Pues…..no suena mal, pero sigue siendo algo pobre. Y eso que este Sánchez es uno de los “populistas” que busca el PSOE……
     
    Dentro de su oferta programática, ha apostado por “una descolonización” de los representantes políticos en instituciones y organismos reguladores, como el Tribunal Constitucional y el Banco de España, que deben ser autónomos para contribuir a la regeneración de la democracia.


    Sánchez, quien quiere “ejemplaridad” en la clase política, empezando por una revisión a fondo del aforamiento de los diputados, de modo que sólo esté vinculado a la actividad política y no a la privada.
    Aboga asimismo por dar más autonomía a los diputados en detrimento de las direcciones de los grupos parlamentarios; limitación de mandatos orgánicos e institucionales; primarias abiertas en todos los partidos; financiación pública, y subvenciones vinculadas no sólo al resultado electoral sino también al grado de democracia interna. En este sentido, plantea limitar a 1.000 euros por persona y año lo que puede aportar un particular. También es partidario de una reforma electoral para avanzar hacia el modelo alemán, con listas desbloqueadas y una revisión de las circunscripciones.


    http://www.libertaddigital.com/espana/2014-06-16/pedro-sanchez-quiere-descolonizar-de-politicos-el-constitucional-y-el-banco-de-espana-1276521505/


    – Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/espana/2014-06-16/pedro-sanchez-quiere-descolonizar-de-politicos-el-constitucional-y-el-banco-de-espana-1276521505/ – Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/espana/2014-06-16/pedro-sanchez-quiere-descolonizar-de-politicos-el-constitucional-y-el-banco-de-espana-1276521505/