Ya no es tiempo de quejas / Hijos de la leyenda negra / Decadencia europea

Ya no es tiempo de quejas

1. Las leyes de memoria no son un asunto más: son la clave de todas las políticas del gobierno, la fraudulenta legitimación moral e histórica de ellas.

2. Ha pasado el tiempo de las quejas. Es preciso desafiar y luchar contra esas leyes, en campaña permanente sobre dos “piernas”: la denuncia, ante los tribunales y la opinión pública, de su carácter antidemocrático y anticonstitucional y el desafío práctico a ella divulgando el conocimiento del pasado. 

3. El ataque judicial y ante la opinión pública a las leyes de memoria corresponde esencialmente a VOX, aunque nos compromete a todos. Después de muchos años a la defensiva es preciso tomar la ofensiva.

4. En el segundo aspecto tiene especial relevancia  el libro Los mitos de la guerra civil, dedicado no solo al público en general, sino especialmente a los jóvenes, los más manipulados por los liberticidas de las “memorias”.

5. He completado  Los mitos con otro libro, Galería de charlatanes. El primero es una descripción de la guerra y el segundo una crítica al “huevo de la serpiente”, por decirlo así, de los historiadores o seudohistoriadores que han elaborado, sin apenas oposición, la falsificación de nuestra historia.

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Hijos de la leyenda negra.

¿Qué une a socialistas, comunistas y separatistas, por encima de sus querellas que en la guerra llevaron a asesinatos mutuos? Les une el odio o desprecio a España, al que se ha unido el PP. El antifranquismo es su expresión actual, pues Franco representa  la victoria sobre sovietizantes y disgregadores, y por tanto  la unidad independencia nacionales.

El origen de la extraña alianza, culminada en el Frente Popular y hoy en un nuevo frente popular de facto, tiene una fecha precisa: el “desastre del 98″. Para ambos grupos, hasta entonces más pintorescos que otra cosa,  la derrota frente a Usa sirvió para denigrar sin tasa, racial, histórica y políticamente, a España y su historia, y cobrar fuerza política gracias a la desmoralización nacional. La leyenda negra se convirtió casi en dogma.

Apoyo indirecto a esas corrientes fue el llamado regeneracionismo, cuya buena intención de modernizar al país venía  lastrada por una visión obtusamente denigratoria del pasado español, sobre todo de la mejor época de él, la de la hegemonía en Europa y el descubrimiento del mundo. Inmensas tonterías al respecto vomitaron Azaña, Costa, Ortega y tantos más. Uno de sus absurdos  fue el empeño de que los españoles sirvieran de carne de cañón a nuestras tradicionales “amigas y aliadas” Francia e Inglaterra en  la I Guerra Mundial. Afirmaban que eso nos ayudaría a “europeizarnos”. 

Todos ellos eran, y son, hijos de la leyenda negra. Cierto que protestaban contra el triste y mediocre ambiente social, económico y político español. Pero no se percataban de que España iba reponiéndose, aunque lentamente, de la pésima herencia de la invasión napoleónica. Los regeneracionistas, incluso los socialistas, exigían una mejora más rápida y brillante, pero ellos mismos eran poco brillantes. Y sus remedios, que desembocaron en la II República y luego en el Frente Popular, fueron peores que la enfermedad. Como ahora mismo.

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Decadencia europea

**En su reciente e importante discurso, Orbán habló de la decadencia de Occidente, que parece haber atribuido a su pérdida de control sobre las  energías y materias primas  (gas, petróleo, tierras raras…). También podría señalar cómo Europa, en solo  ochenta años, ha pasado de albergar a un cuarto de la población mundial a solo un décimo. Pero son aspectos secundarios. Se trata, creo, de una decadencia ante todo  cultural y moral, originada en el gran choque de ideologías de la II Guerra Mundial.

**El problema de la chica esa, ministra de no sé qué, es que tiene, reconocido por ella misma, un  coño más grande que una mesa. Y, claro, tanta amplitud le ocupa el cerebro. Como pasa con las demás ministras y la mayoría de las feministas, muy homosexistas también. Dicho en la forma grosera que exige su osadía,  ni el chocho ni el culo deben dictar la política ni el porvenir de la sociedad española. 

**Parece casi un milagro esta resurrección de Los mitos 20 años después  y a través de Francia. 

**El artículo de S. Payne debería llegar ampliamente a la universidad y a los medios. A ver si se avergüenzan un poco.

**Algo que me sorprende, aunque quizá indebidamente, es que historias que van más allá de la de España, como el que he escrito sobre  Europa, apenas se lean. Lo mismo ocurre con Hegemonía española y Era Europea (lleva solo 2.400 ejemplares). Libros contra la leyenda negra, en especial el de  Roca Barea, se han vendido bien. El problema está en lo de  “Era Europea”. Esto da al libro un enfoque original, pero, simplemente, no se entiende ni interesa a casi nadie en el país más ultraeuropeísta del continente.

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Bajo el poder de los charlatanes.

Bajo el poder de los charlatanes

**Hoy debe salir  al público mi nuevo libro Galería de charlatanes. Se trata de una serie de análisis breves, y creo que contundentes, sobre medio centenar de los historiadores más en boga en ámbitos culturales españoles, sean de izquierda, de derecha o de centro. 

**Esos historiadores, pese a premios y obras parcialmente valiosas, comparten la calidad de charlatanes  en el plano intelectual, y falsificadores en el plano  político. Son los promotores desde la universidad,  por acción u omisión, de las fraudulentas leyes de memoria, por las que una nueva alianza de comunistoides, separatistas y libercañís (Liberalismo cañí / La jornada | Más España y más democracia (piomoa.es) intenta dictar a los españoles lo que deben pensar de su pasado. Se trata de una nueva versión del frente popular  al que se ha unido como apéndice el PP.

**Debe reconocerse que la historiografía española actual es notablemente roma y paleta. Aunque muy “europeísta”, ignora casi todo lo importante sobre Europa, a cuyo estudio no ha colaborado en prácticamente nada. Y sobre América suele seguir las líneas de la leyenda negra.

**Dentro de la baja calidad común, los  estudiosos próximos a la derecha (Eslava Galán, Pedro Corral, Pedro J. Ramírez, Tusell, García de Cortázar, Vilches y otros) resultan intelectualmente  inferiores a los de izquierda.

**Hay en casi todos ellos un fondo de básica incultura, reflejada en su mezcla de dogmatismo, espíritu a un tiempo garbancero y pretencioso, y su aversión al  debate en libertad. No es casual  su odio a  cualquier revisión que ataque sus endebles versiones, que intentan apuntalar con una ley típicamente tiránica. Pretenden reducir el país al reino de la charlatanería 

**Los mitos de la guerra civil,  conmocionó hace 20 años al “gremio” de historiadores, periodistas y políticos del nuevo frente popular, hasta que lograron reducirlo al olvido. Su éxito reciente en Francia ha resucitado al libro como instrumento, creo que  especialmente valioso,  contra la falsificación histórica y los designios antidemocráticos del nuevo frente popular. Pero hacía falta completarlo con estos análisis sobre los promotores intelectuales de la gran fechoría.

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Stanley Payne habla claro

En un artículo en la revista useña Chronicles (The Myth of the Spanish Civil War  (chroniclesmagazine.org)) Stanley Payne pasa revista al modo como se han impuesto en España (y fuera) una serie de mitos, seudomitos o simples patrañas sobre nuestra guerra civil, y su experiencia al estudiar estos asuntos. En el artículo incluye un amplio apartado sobre mi libro Los mitos de la guerra civil, con observaciones muy generosas sobre mi contribución historiográfica, que por su interés reproduzco aquí (las negritas son mías)  en traducción de DeepL con algunas leves correcciones: 

Lo que realmente ocurría era que la generación de la “Nueva Izquierda” de los años sesenta ya había empezado a establecerse en las universidades españolas, incluso bajo un régimen franquista cada vez más tolerante, y el movimiento pronto extendió su dominio al mundo académico español. Además, los intereses políticos moderados y conservadores mostraron sorprendentemente poca atención a la cultura y a la historia reciente, viviendo como estaban en el miedo perpetuo a ser llamados “franquistas”, de modo que en los últimos años del siglo, el control izquierdista de los medios de comunicación, la cultura y la educación era incluso más completo en España que en otros países occidentales. Ciertos temas y tópicos se convirtieron en tabúes, a pesar de que seguía existiendo una libertad de expresión básica en el conjunto del país.

El dilema resultante quedó ejemplificado en la carrera de Javier Tusell, el principal historiador político español de finales del siglo XX. En 35 años, publicó una veintena de libros, todos de gran calidad y la mayoría basados en investigaciones originales de archivo. Sin embargo, para mantener la libertad de objetividad e interpretación crítica, y al mismo tiempo gozar de la simpatía de sus colegas, Tusell se dedicó principalmente a los estudios sobre la derecha española y nunca emprendió un estudio crítico importante sobre ningún aspecto de la izquierda. Así, en los años noventa, la conformidad historiográfica con el mito de la República y la Guerra Civil era casi total.

En medio de esta situación de estancamiento intelectual, apareció de repente en 1999 una obra titulada Los orígenes de la Guerra Civil española de un autor completamente desconocido: Pío Moa. No era un académico, sino un investigador independiente, figura un tanto más rara en España que en el mundo anglosajón. Moa era un antiguo marxista que había comenzado su vida adulta como miembro activo del PCE(R)-GRAPO, una organización terrorista revolucionaria de los años setenta que había combatido con uñas y dientes la democratización de España. En los años siguientes se dedicó a un prolongado estudio y reflexión sobre la historia de su país. Al cabo de dos década  llegó a conclusiones que discrepan ampliamente tanto de sus propias convicciones iniciales como de los mitos convencionales sobre los asuntos españoles recientes.

 Los orígenes, el primer libro de Moa, se enfrentaba directamente no a los mitos sobre la guerra en sí, sino a las ideas habituales sobre sus antecedentes, exponiendo los “orígenes” del conflicto en 1933 y 1934, cuando la izquierda trató primero de imponer un sistema exclusivista y luego, tras fracasar, recurrió a múltiples insurrecciones revolucionarias, culminadas por el violento asalto socialista de 1934. Moa había escrito la obra más dramática y original de la historiografía española reciente y no tardó en seguirla en el año 2000 con Los personajes de la República vistos por ellos mismos, un retrato revelador de los principales líderes de la izquierda según sus propias y ácidas  descripciones originales. Luego, en 2001, apareció El derrumbe de la segunda república y la guerra civil, que trataba con detalle el clímax del proceso revolucionario de la República y el inicio de la guerra. Los lectores españoles respondieron con entusiasmo, sobre todo porque Moa demostró no sólo audacia analítica y originalidad, sino también una inusual habilidad literaria, tanto más notable por contraste con  la expresión torpe, tosca y pretenciosa de tantos historiadores españoles.

Sin embargo, Moa indignó al profesorado izquierdista, y su coro de denuncias, aparentemente unánime, intimidó a cualquiera que se hubiera atrevido a decir una palabra en su favor. Lo notable del diluvio de ofensas fue que la discusión o crítica seria de sus puntos clave e interpretaciones fue prácticamente inexistente. Las críticas se centraron, en  típico estilo español, en ataques ad hominem. La agresividad  enfatizaba especialmente la falta de credenciales académicas de Moa, insistiendo comúnmente en que sólo un “profesor” podía producir un trabajo histórico válido. Este argumento es aún más absurdo si se tiene en cuenta que la mayoría de los profesores de historia españoles suelen ser poco más que burócratas poco esforzados que producen escasas -y a veces nulas- publicaciones historiográficas.  Moa llegó a ocupar una posición única: el historiador más leído del país que, sin embargo, vive en un ostracismo permanente del sistema universitario y de los medios de comunicación establecidos.

El punto álgido de los primeros trabajos de Moa se produjo en 2003, cuando una importante editorial especializada, La Esfera de los Libros, publicó Los mitos de la Guerra Civil. Fue la sensación de no ficción del año en España, llegando a vender más de 150.000 ejemplares, lo que indica la sed de los lectores españoles por una historia crítica dispuesta a romper los tabúes míticos. 

Dado que los medios de comunicación establecidos y las publicaciones académicas ignoraban en general Los mitos, Álvaro Delgado-Gal, el perspicaz director de la Revista de Libros, la principal revista de libros del país, decidió romper el boicot de silencio buscando a un historiador no español para que reseñara el libro. Me invitó a emprender la tarea, y respondí con presteza.  Mi revisión puso de relieve cuestiones clave sobre las que Moa ofreció análisis  incisivos y nuevas interpretaciones significativas basadas en datos convincentes. Aunque varias de las interpretaciones de Moa podían ser cuestionadas, era responsabilidad de los académicos serios debatir o rebatir las cuestiones controvertidas en lugar de imponer una censura a priori. Mi conclusión fue que el libro, aun si fuera  imperfecto, era una contribución importante al debate sobre la Guerra Civil.

Se pidió a Santos Juliá, posiblemente el principal historiador socialista en este tema, que respondiera. Se limitó a repetir la cantinela de que Moa era inaceptable,  e incluso amenazó con mi “expulsión” del gremio de historiadores profesionales por atreverme a sugerir que el tema merecía un debate honesto.

Los mitos de la Guerra Civil no era otra historia general, sino un estudio de personalidades y temas clave que en la interpretación estándar de la izquierda habían sido mitificados, demonizados o simplemente tergiversados. El libro dedica capítulos individuales a 10 de las principales figuras, ofreciendo debates incisivos que a menudo difieren de los relatos habituales. En la parte principal se tratan 17 temas o aspectos clave, como el efecto de “armar a las masas”, la creación del “primer puente aéreo de la historia”, “la mayor persecución religiosa de la historia”, varias de las mayores atrocidades o supuestas atrocidades, el envío de la reserva nacional de oro español a Moscú, el carácter y el papel de las Brigadas Internacionales, varias de las batallas más importantes, la intervención y la no intervención, y la política y el papel de los dos líderes decisivos: El primer ministro del Frente Popular, Juan Negrín, y el general nacionalista Francisco Franco. El libro concluye con un examen del lugar que ocupa la Guerra Civil en la historia de España y en su historiografía.

El libro de Moa fue único en adoptar un enfoque temático y orientado a los problemas y en confrontar agresivamente los mitos dominantes. Debido a su carácter interpretativo, el efecto era polémico, aunque los análisis individuales estaban cuidadosamente razonados en su prosa típicamente lúcida y a menudo elocuente.

 Moa llegó a ocupar una posición única: el historiador más leído del país que, sin embargo, vive en el ostracismo permanente del sistema universitario y de los medios de comunicación establecidos. En otros países, los historiadores no académicos alcanzan a veces posiciones venerables, principalmente si exponen versiones piadosas y aceptadas sobre el pasado nacional. Moa, por el contrario, se ha convertido en un movimiento casi unipersonal que se enfrenta a la clase dirigente de la izquierda nacional, al ofrecer relatos e interpretaciones independientes de los principales problemas históricos. Su esfuerzo ha implicado casi inevitablemente un enfoque cada vez más polémico, una empresa solitaria que requiere una impresionante resistencia personal y valor moral.

El conocimiento histórico avanza principalmente de dos maneras: la ruta estándar es a través de nuevas investigaciones primarias; la menos frecuente pero más desafiante intelectualmente es el reexamen y nuevo análisis de trabajos anteriores. Sólo una parte menor de la producción de Moa se basa en la investigación primaria, refiriéndose la  mayor parte  al reenfoque  de materiales existentes que han sido ignorados o deliberadamente distorsionados en los relatos anteriores.

Moa sigue siendo un prolífico erudito y escritor que, en las últimas dos décadas, ha publicado  numerosas obras que también tratan temas históricos más amplios, entre las que destaca su impresionante  La Reconquista y España (2018), así como dos novelas y volúmenes de ensayos sobre diversos temas. Parece justo decir que ha desempeñado un papel más importante en la vida cultural e intelectual de su país que cualquier otro estudioso independiente en otros países, aunque siempre seguirá siendo un historien maudit (“historiador maldito”) para el inculto  establishment cultural español. Queda un pequeño puñado de profesores en las universidades españolas que hacen un trabajo serio, independiente y objetivo, y que hacen importantes contribuciones, pero tienen que ser muy cuidadosos para evitar los enfoques más controvertidos.

En mi propio trabajo, volví al tema de la Guerra Civil española más o menos en la época en que Moa empezó a publicar. Mi motivación inicial era aprovechar el nuevo material de los archivos soviéticos para dejar por fin clara la política soviética y comunista en España, un tema que siempre había suscitado polémica. Seis años de investigación acabaron convirtiéndose en La guerra civil española, la Unión Soviética y el comunismo (2003), tras lo cual hice un seguimiento de la sentencia de José Ortega y Gasset de 1938 de que lo más importante que había que saber sobre la guerra española era “cómo empezó”. Esta investigación me llevó a El colapso de la República Española, 1933-1936: Origins of the Civil War, que Yale University Press publicó en 2006. En los años siguientes siguieron otros estudios sobre diversos aspectos de la guerra, culminados por mi libro relativamente breve The Spanish Civil War, concebido como un resumen analítico para nuevos lectores y publicado en 2012 por Cambridge University Press como una entrada en su serie “Essential Histories”.

Mi otro trabajo de conclusión en este ámbito fue un esfuerzo por situar la revolución y la guerra civil españolas en su contexto histórico adecuado. Este contexto no fue la Segunda Guerra Mundial, en la que España no fue beligerante, sino las guerras civiles revolucionarias de Europa en esa época. Resumí este análisis en mi libro de 2011, Civil War in Europe, 1905-1949.

Durante el siglo XXI, la politización de la historia ha jugado un papel más importante en España que en cualquier otro país occidental, pues en ningún otro lugar (al menos hasta 2022, en Rusia) el gobierno ha propuesto leyes específicas de censura nacional que regulen la discusión e interpretación de la historia reciente. La primera legislación socialista española de 2006 no iba más allá de las subvenciones estatales para el proselitismo de ciertas versiones aprobadas de la historia; las nuevas propuestas, defendidas desde 2017, ordenan la supresión directa, las penas de prisión y las grandes multas. Todavía no se han podido encontrar los votos para la aprobación definitiva de esta medida estalinesca (ya los han encontrado,) , pero una vez más, como en tantas otras ocasiones desde 1821, la izquierda española ha pretendido ponerse a la cabeza de la radicalización política dentro de los países occidentales.

 

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Lucha política e ideológica / “El País” me elogia (a su modo).

Este blog está concebido, aparte de sus comentarios literarios, filosóficos o históricos, como un arsenal de argumentos y datos sobre política actual, con la intención  de que los lectores utilicen esa munición a fondo. Algunos lo hacen, pero demasiado pocos, por ahora. 

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Lucha política e ideológica

La ley de memoria de la cheka no es un asunto menor, sino precisamente un eje clave de toda la política del nuevo frente (anti)popular. No entenderlo significa perderse en asuntos menores. La lucha contra esa infamia tiene un lado político y otro ideológico.  El político, la lucha por su derogación como ley antidemocrática y anticonstitucional, compromete a todos, pero especialmente a VOX. Y la lucha contra los cimientos ideológicos de esa ley corresponde a los historiadores veraces. Acaba de publicarse una edición 20 aniversario de Los mitos de la guerra civil, nunca rebatidos por los memoriadores, que se completa con Galería de charlatanes, que saldrá el miércoles. Y para enero parece que se publicará la investigación de Miguel Platón sobre los juicios y ejecuciones de posguerra contra los sicarios del Frente (anti)Popular abandonados por sus jefes, y que acabará con otra de las principales falsificaciones de esta gente.

**Nada podría ser más nefasto que la consigna de “Echar al Dotor”, como objetivo fundamental,  que exigiría una alianza de hecho entre PP y VOX. Semejante alianza o siquiera atisbo de ella, hundiría a VOX, como en Andalucía. El Dotor debe ser expulsado  “por añadidura” de campañas políticas que dejen también en evidencia al PP.  Y una y principal, es la ilegalización de la ley de memoria.

**El Frente Popular se componía básicamente de sovietizantes y separatistas, como ocurre ahora. Pero decía representar al pueblo trabajador y el progreso. Los trabajadores nunca sacaron de esos partidos más que miseria y tiranía.  Y progreso… hacia la  Rusia de Stalin.

**No solo no perdonan a Franco su victoria sobre comunistas y separatistas, sino también el haber librado a España de la SGM, con sus bombardeos masivos, invasiones, deportaciones y mil atrocidades.

**En la PGM toda esta gente había exigido mandar a  los españoles como carne de cañón al servicio de nuestras tradicionales “aliadas” Francia e Inglaterra. Y con respecto a la SGM añoran el sueño de que España fuese aliada de Alemania y aplastada en consecuencia. 

**Para los partidos, esperemos que no para VOX, es indiferente que se promulguen leyes antidemocráticas y anticonstitucionales. Tienen otras muchas cosas de qué ocuparse. 

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El País no logra aguantarse

Hoy El País me dedica toda una página a cuento de la traducción de  Los mitos al francés, relacionándome con Eric Zemmour, toda una manipulación, y poniendo a Zemmour  (judío) como poco menos que un nazi. Pero no deja de ser un éxito. Cuando salió el libro en español, hace  veinte años, la izquierda y parte de la derecha vieron amenazados sus chiringuitos ideológicos y políticos, y descubrieron su carácter liberticida clamando por  la censura.  Al poco tiempo, en la SER alguien dijo: “Dejemos de hablar de este tío y su libro, que en realidad le  estamos dando publicidad”. Fue como una consigna. Progresivamente no solo la mafia de Prisa, sino el resto de los grandes medios practicó la política del ninguneo: ni mis libros ni yo mismo existíamos. Muerte civil.

Afortunadamente pude mantener una tribuna en algunos medios menores y en este blog y, casi milagrosamente, veinte años después el libro que tanto pánico sembró en el nuevo frente (anti)popular, ha vuelto a la vida a través de su traducción al francés.  La conmoción que suscitó en Francia un ensayo español, algo que no se recordaba en decenios, fue también aquí silenciada por la Triple M. Pero ese silenciamiento no deja de corroerles la moral,  llega un momento que no pueden aguantarse y deben soltar su retórica manipuladora,  evitando siempre la crítica intelectual concreta. Su consigna es “contra el revisionismo”, el mal por excelencia  en el degenerado “gremio” de  historiadores locuelos o charlatanes. Pero el revisionismo es precisamente lo contrario del dogmatismo, la manipulación y el fanatismo. La  revisión es una exigencia absolutamente fundamental de la investigación histórica. Y la revisión demuestra que sus versiones históricas son eminentemente falsas. Qué le vamos a hacer.

Arnaud Imatz: 

He aquí  la polémica sobre Moa en Francia … según El País.  El periodista Marc Bassets repite los insultos de siempre y hace una comparación muy discutible entre Moa y Éric Zemmour.  No sabe nada de Zemmour camufla o distorsiona voluntariamente la verdad de los hechos. Primero Zemmour es un judío sefardí, admirador de De Gaulle y por lo tanto es muy difícil creer que sea un adepto de Pétain y menos aún del nazismo. Segundo, nunca se dice que Zemmour no hizo más que citar los trabajos del rabino de Israel, Alain Michel, trabajos que ponen en duda la tesis del historiador americano Robert Paxton (doxa mayoritaria desde finales del siglo XX o principios del siglo XXI) según la cual el Estado de Vichy no habría solo colaborado sino anticipado las ordenes de los alemanes. También se suele reprochar a Zemmour haber dicho (como Alain Michel) que Pétain y el gobierno de Vichy han protegido preferentemente a los judíos franceses. La realidad es sutil desde luego muchísimo más complicada que la descripción dada por el polemista de El País.  Pétain es hoy juzgado como responsable de la muerte de unos 75 000 judíos sobre 330 000 presentes en el territorio frances (territorio ocupado + territorio libre) [25 000 judíos franceses y 50 000 extranjeros, entre estos últimos 12 000 judíos extranjeros que estaban refugiados en la zona libre fueron entregados por Vichy a las autoridades alemanas después de la invasión general del territorio en 1942. En cuanto a los judíos del Magreb, unos 400 000, quedaron siempre fuera del alcance de las autoridades alemanas. Una puesta en perspectiva con los otros países de Europa ocupados muestra claramente que la masacre de judíos franceses fue proporcionalmente menos terrible que en otros países (aunque mucho mayor que la de Italia). Pero esto no se puede y no se debe decir. La corrección política no lo permite. Y es precisamente esto que explica el ensañamiento contra Zemmour sobre ese punto.

 

 

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Momentos cruciales

*Hoy a las 21,45, estaré en El gato al Agua, con Javier Esparza.

*El 29 daré una charla en los bajos del café Gijón Quienes quieran reservar  plaza pueden hacerlo en  labatalladelasideas.disenso@gmail.com

*Hazte oír convoca movilizaciones y explicaciones contra las leyes llamadas “de género” por los perturbados del gobierno y sus partidos.

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Momentos cruciales 

La ley de memoria llamada “democrática”  por sus promotores comunistoides y separatistas,  unidos en un nuevo frente popular de facto, es una gravísima amenaza a las libertades de todos, a la que es preciso dar respuesta sin miramientos

Contra esa infame ley  no se trata de defender el franquismo, sino en primer lugar, ante todo e incondicionalmente, de defender la libertad y la democracia. Esa ley debe ser desobedecida  y denunciada como lo que es: un atentado contra la libertad, contra la misma Constitución, que, con todos sus defectos, mantiene las libertades elementales  de opinión, asociación, expresión e investigación. Esa ley plantea un desafío a la sociedad, y la osadía con que los liberticidas nos atacan y atacan a la unidad de España debe ser replicada  con la misma osadía. 

En segundo lugar, y ya como investigación y  debate intelectual, se trata de rescatar y defender, no el franquismo, sino  la verdad histórica sobre la república, el frente popular, la guerra y el régimen de Franco.   Esto es esencial, porque en  el falseamiento histórico encuentra el nuevo frente popular  una legitimidad farsante para llevar a cabo sus políticas contra la  unidad de la nación española, sin la cual no puede haber paz ni libertad.  Es esencial que la gente perciba el carácter tiránico de esa ley y conozca la realidad  histórica sistemáticamente falsificada por sus  promotores. 

VOX, si realmente quiere ser alternativa, debe responder a este desafío, debe  denunciar, ante los tribunales y fuera de ellos y con la máxima energía y empeño,  el carácter delictivo e inconstitucional de esa  ley y de sus promotores, todos ellos políticos corruptos intelectualmente y muy a menudo también económicamente.  Si ahora VOX no da la talla, se hundirá. En todo caso,  estamos en momentos cruciales, en que la defensa de la democracia  compromete a todos cuantos estimemos la libertad social y la propia libertad personal. Esa ley debe ser desafiada y abolida en la práctica ya, sin depender de promesas de partidos para un futuro que no llegaría.

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