A la OTAN le conviene España. A España no le conviene la OTAN

**La próxima sesión de “Una hora con la Historia”, sobre los ideólogos de género, va a levantar ampollas. La anterior: https://www.youtube.com/watch?v=xWeyfHiI8zk&t=45s

**Blog II. 1945-6: el mundo contra Franco. Por qué el franquismo venció todas las amenazas y chantajes hacia el fin de la guerra mundial: http://gaceta.es/pio-moa/1945-46-mundo-franco-08022017-2112

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Pero ud decía que no era solo España

R. Pues sí, lo que ud indicaba de Trump y la UE… La parte dedicada al análisis de la democracia en La guerra civil y los problemas de la democracia en España, es, repito, la más importante, el resto es solo una síntesis  de mis investigaciones anteriores. Y esa parte no se refiere solo a España. Adam Smith decía que la competencia era necesaria para impedir que los empresarios se confabulasen para repartirse el mercado y aumentar sus ganancias a costa del público. La experiencia muestra, como ya le indiqué, que la competencia suele ser útil, pero dista de ser una panacea. Puede operar incluso  hacia una una degradación progresiva del propio mercado, como está ocurriendo con las clases medias en los países occidentales, debido –parece ser—a la llamada globalización. O con la competencia por la basura en las televisiones.

   Y en política puede ocurrir lo mismo, de hecho está ocurriendo: las oligarquías elegidas por los ciudadanos pueden reducir a una ficción la competencia entre ellas y  confabularse para repartirse el poder y los dineros. De hecho, eso ha ocurrido en España ya desde la transición. Entonces, una vez desbancado Fernández Miranda, se creó un duopolio político con un reparto del poder a varios niveles, y una democracia fuertemente deficitaria, sin verdadera división de poderes, sin apoyo en la experiencia histórica. Tanto Suárez como Juan Carlos fueron dos personajes frívolos y sumamente ignorantes, que incluso se jactaban de no haber leído un libro. Ello permitió  que llegasen los socialistas faroleando de una ética y una honradez que nunca tuvieron, y de una cultura… Alfonso Guerra era el ejemplo, una especie de cosmopaletismo cultural, Mahler y todo aquello. Pero lograban embaucar, porque en la otra parte había lo que había…

 

Bien, pero nos apartamos del tema

R. No, en absoluto. Lo que ha pasado en España es un reparto oligárquico entre dos partidos, un reparto muy condicionado por partidos separatistas en Cataluña y Vascongadas. Pues bien, algo así ha venido ocurriendo en los principales países de la UE y en Usa. Los sucesos últimos, como la victoria de Trump, el avance de Le Pen en Francia, la salida de Inglaterra, el crecimiento partidos alternativos en Italia o Alemania u Holanda, todo eso  refleja el hartazgo de gran parte de la población con los manejos de esos duopolios  políticos y su manejo de los degradados medios de masas, hartazgo de la corrección política o corpol, cada vez más demencial y contraria no ya a los viejos principios cristianos, sino al sentido común,  cansancio de las tendencia totalitarias, cada vez más claras, contra la libertad de expresión y de conciencia, contra el sentido de pertenencia nacional y cultural…

   En cada país esa reacción toma un sesgo distinto, incluso opuesto en unos países y otros. Pero se intenta desacreditarla con el nombre de “populismo”, que va camino de significar lo mismo que “fascismo”, es decir, nada concreto, pero útil para denigrar.   Pero, en fin, en todas partes refleja el mismo fenómeno: los duopolios oligárquicos tradicionales, formados después de la II Guerra Mundial, están cada vez más desacreditados y en crisis, la propia democracia está en crisis: lo esencial de la victoria de Trump, hoy por hoy, son dos cosas: ha triunfado contra los dos partidos, contra los medios de formación o deformación de masas, contra Hollywood…   Y en segundo lugar, su victoria no ha sido aceptada por las oligarquías tradicionales, que movilizan todos sus poderosísimos recursos para hacer imposible el gobierno del ganador de las elecciones, sin reparar en presiones, mentiras y manipulaciones. Algo así ocurrió en España durante la II República, como indico en el libro que tratamos, y en otros, desde Los orígenes de la guerra civil.  Y eso quiere decir algo: no solo que el duopolio oligárquico tradicional está en crisis, sino que la propia democracia en Usa y en la UE está en crisis. Es preciso plantearse el problema así. Con el tiempo se han formado oligarquías poderosísimas, de orientación totalitaria, que intentan moldear a su gusto las conciencias y mentalidades de los pueblos. Menos mal que la resistencia crece.

   España, en ese sentido, es el país más atrasado. La gente, una gran masa de gente, está realmente embrutecida por la mentira constante sobre España y su historia, la ausencia de pensamiento y cultura democrática… Y la situación se vuelve peligrosa. El país ha podido aguantar estos años porque la inercia histórica y cultural de España, la dinámica construida a lo largo de muchos siglos, pues España es probablemente la nación más antigua de Europa, esa inercia es muy difícil de vencer. Sin embargo el aguante de cualquier sociedad no es ilimitado ante el embate de lo que llamaba Marañón “mentira, estupidez y canallería”. Es preciso que surja una alternativa basada en nuestra propia herencia, que no intente mimetizarse con tendencias de otros países o buscar alianzas innecesarias como con la Rusia de Putin

 

Se deduce que ud está en contra de Putin

 R. No, en absoluto. En muchos aspectos Putin me es simpático: no comparte la corrección política de la UE, ha puesto en orden un país que con Yeltsin estaba en la ruina, y sus acciones son más bien defensivas frente al acoso de la OTAN que ofensivas. Comprendo muy bien los temores de los países del entorno europeo, que han sufrido largamente el imperialismo ruso y luego soviético, pero hoy por hoy Rusia no está en condiciones de tomar actitudes agresivas. Es un país de economía vulnerable, población envejecida y en descenso, y sus presupuestos militares son casi ridículos al lado de los de Usa y de la propia UE. Contra los acuerdos a la caída de la URSS, la OTAN ha ido expandiéndose por los antiguos estados satélites, rodeando de bases a Rusia, causando una alarma creciente en Rusia, y la última jugada, el derrocamiento del gobierno proruso de Ucrania salido de una elecciones,… y lo han hecho con la  técnica ensayada en países árabes para llevarlos a la guerra civil, a las llamadas primaveras árabes…  Bien esa es la gota que colmó el vaso. Putin lo explicó muy bien: “Deseamos que la OTAN venga a visitarnos a Sebastopol, no que nosotros tengamos que ir a Sebastopol a visitar a la OTAN”. La anexión de Crimea fue aceptada con entusiasmo por la población, y las acusaciones de que Moscú está rompiendo el orden internacional al ocupar Crimea y apoyar a los ucranianos prorusos es ridícula viniendo de países que llevan años rompiendo el orden internacional, inmiscuyéndose en los asuntos internos de otros países y fomentando guerras civiles so pretexto de implantar la democracia. El mismo Putin lo ha dicho: “No queremos una democracia como la que han llevado a Irak”

   Por cierto, me parece especialmente simpática, como español, una reciente intervención rusa en la ONU, dirigida a Inglaterra. Inglaterra ha destacado en el acoso a Rusia y la desestabilización de países árabes. La intervención del delegado ruso, silenciada aquí por casi todos los medios, decía: “Devuelvan las Malvinas, devuelvan Gibraltar, devuelvan la parte ocupada de Chipre… Solo entonces, quizá, su conciencia estará algo más limpia  y podrán juzgar a otros”. Gibraltar es una humillante colonia en nuestro territorio, basta para definir a Inglaterra, no como amiga y aliada de España, sino como país hostil. No somos aliados de Inglaterra, somos sus lacayos, por obra de unos gobiernos infames desde que Felipe González abrió la verja, convirtiendo lo que era una ruina para Londres en un emporio de negocios turbios.

   En fin, no se trata de emprender una guerra con los ingleses. España tiene armas decisivas económicas, diplomáticas e internacionales, pero los gobiernos que nos gobiernan no están dispuestos a emplearlas. Probablemente muchos políticos tienen en Gibraltar negocios opacos. No hay que olvidar que Inglaterra sigue teniendo una vocación y visión imperial. Su imperio actual es la red de refugios o paraísos fiscales, que le permiten enormes ganancias e influencia financiera.  Y tampoco es necesaria una alianza con Rusia, que tiene sus propios intereses lejanos de los nuestros. Pero creo que España debería salir de la OTAN. La OTAN, para nosotros, es Gibraltar. Observe, además, el  sucio papel de lacayo jugado por España en la destrucción de Libia en provecho de intereses muy ajenos. A la OTAN le conviene una España sumisa, por su posición geoestratégica, pero España no necesita a la OTAN, porque su único enemigo potencial, Marruecos, es y seguirá siendo durante mucho tiempo mucho más débil económicamente y en posibilidades militares. España no tiene por qué ser hostil a Usa o a la OTAN, le basta con la neutralidad. Ello evitaría también veleidades de hostigamiento por parte de la OTAN o Usa, ya que siempre les convendrá mucho más un país neutral que crear un país hostil en una zona estratégicamente tan sensible.

 

Al margen de su libro, ¿cómo valora usted la impronta del islam?

R. En la UE ha tenido una importancia transcendental, desde luego. La UE es una construcción errónea histórica y culturalmente y nunca debió haber pasado de la Comunidad Económica. Sus señas de identidad son anticristianismo, abortismo, multiculturalismo,  homosexismo, una corpol muy acentuada…  Observe que se fomenta al mismo tiempo la inmigración y el aborto, un detalle nada inocente. La idea es que los musulmanes en Europa se asimilarán a ese mejunje de corpol cada vez más totalitario, pero los musulmanes no admiran la democracia occidental, la desprecian, la consideran decadente, no se asimilan en su gran mayoría, ven con simpatía el terrorismo, muchos entienden la inmigración como una vía para conquistar una Europa sin valores relevantes e islamizarla. Para España es especialmente peligroso, porque el recuerdo de Al Ándalus pervive fuertemente en ellos.

   ¿Por qué las oligarquías de la UE amparan esa inmigración y tratan de impedir cualquier resistencia a ella aplicando conceptos-policía como la de islamofobia, que intentan convertir incluso en un “delito de odio”? En parte porque el cristianismo, base de la cultura europea, es visto como el gran obstáculo a superar, y la presencia del islam ayuda a ello; en parte porque, como decía, tienen la idea ilusa de que los islamistas se integrarán. Por otra parte, aunque la UE se presenta como salvaguardia de la paz, es más bien lo contrario. Su otra cara, la OTAN, lleva años sembrando el caos en diversos países islámicos. Y un resultado de ello es la afluencia masiva de inmigrantes islámicos a Europa. La necedad de Angela Merkel es asombrosa. Diríamos que en el pecado llevan la penitencia, solo que la penitencia recae sobre todos nosotros. 

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Liberalismo (X) Ideología y religión (b) El Hombre como divinidad

En “Una hora con la Historia” trataremos el próximo sábado sobre los ideólogos de género, que vienen marcando la política cultural actual, y sobre la “Desbandá” de Málaga

**   En el Blog de Gaceta, el inevitable abocamiento a la justificación de la pederastia en la ideología “progre”.

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Pero ocurre  que,  así como la idea de Dios es intuible en términos racionales, pero indefinible por la razón, el Hombre debe ser bien definible racionalmente para sí mismo, y aquí entramos en tierras nebulosas. Sin duda es una abstracción, pero ¿a qué responde? ¿Qué es el Hombre? ¿Es la Humanidad, la Sociedad o la Colectividad, que permanece por encima del carácter efímero del individuo y es superior a este en todos los aspectos? ¿O es más bien el Individuo, que entra a menudo en conflicto con la Sociedad, pero sin el cual no se concibe esta?

   ¿Y cuáles son las potencias o cualidades que caracterizan al Hombre? Su endiosamiento descansa en la sensación de que puede entender (aunque sea progresivamente) al Universo y ponerlo a su servicio: esta capacidad ya lo sitúa en cierto modo por encima del Universo, pues este, la materia, es incapaz de entenderse a sí mismo, y las fuerzas que la mueven carecen de cualquier objetivo o sentido precisable. El Hombre puede sentirse así divinizado, si bien su capacidad, real o ilusoria, de entender el Cosmos y someterlo a sus designios no se la ha dado el Hombre a sí mismo, es un don recibido. Comoquiera que sea, cada ideología ha expuesto su idea sobre la condición humana, idea chocante con las de ideologías  rivales.

El argumento de las ideologías contra la religión se expresa a menudo en términos históricos, comparando la llamada Edad Media, “los siglos oscuros”, con la triunfante era de la Razón desde la Ilustración, más el precedente del Renacimiento. El Medievo vendría marcado por una pobreza prácticamente generalizada, por el hambre y  las enfermedades y una vida corta,  sin apenas distracciones en largos siglos de opresión, ignorancia y violencia. Una situación estancada, sin apenas cambios,  que la religión mantenía y justificaba predicando la resignación ante la voluntad divina, manifiesta en tales calamidades por efecto del pecado original.

   En cambio, el triunfo de la Razón habría cambiado radicalmente tal estado de cosas: el poder y la ciencia humanas progresan en un movimiento acelerado sin reconocer ningún límite; la riqueza y el consumo de masas se universalizan: cualquier obrero manual dispone de muchos más bienes y de una vida más cómoda, no ya que los siervos medievales, sino que los grandes señores de aquella época; y tiene a su alcance los productos de una gigantesca industria de la diversión y el entretenimiento para distraer sus ocios o para culturizarse. Hoy, la razón y la ciencia aplicadas han permitido que la población mundial se haya multiplicado y viva muchos más años de promedio, mientras que la pobreza retrocede.

   No puede extrañar que uno de los efectos de la nueva época haya sido el rechazo a la religión, a veces activo en forma de persecuciones sangrientas, acaso lamentables pero en definitiva merecidas,  otras veces rechazo político, confinando las creencias religiosas a  una inocua y en cierto modo ridícula conciencia particular; y, en general, una indiferencia popular creciente.  Esta visión de las cosas ha sido aceptada en mayor o menor grado incluso por gran número de cristianos, y desde luego se ha extendido mucho, dada su aparente evidencia.

   Sin embargo se trata de una caricatura en la que es difícil discernir la verdad de la falsedad. Ciertamente ha habido  diversos movimientos culturales con aspectos revolucionarios en la historia europea, pero ¿acaso no existe por debajo de ellos una continuidad esencial? En mi ensayo sobre Europa destaco cómo, al caer Roma, fue la Iglesia con su organización y monasterios la que mantuvo la civilización, con esfuerzos heroicos frente a oleadas de invasiones. La llamada Alta Edad Media, que yo prefiero llamar de Supervivencia,  los monasterios y obispados fueron un refugio de la cultura en circunstancias dificilísimas, que solo cierto embrutecimiento intelectual y espiritual puede permitirse despreciar. Sin aquel inmenso y a menudo heroico esfuerzo, no habrían sido posibles los movimientos posteriores, incluidos los ideológicos.  

    Superada una época tan azarosa, la civilización europea se asentó, la Iglesia continuó siendo el  mayor foco de cultura, una cultura muy viva en todos los terrenos en el Románico y el Gótico, con, entre otras cosas, la evolución de las escuelas a las universidades, que en adelante constituirían la columna vertebral de la civilización europea, hasta hoy mismo.

   Por otra parte, nació entonces, afianzado en la Ilustración, el pensamiento científico y las técnicas no cesaron de desarrollarse al ritmo entonces posible. La fe nunca excluyó la razón y la ciencia, aunque los límites, conflictos y tensiones entre fe y razón fueron permanentes y en general fructíferos. Son las ideologías las que no admiten la fe religiosa, y no a la inversa, aunque, como hemos visto, se ven forzadas a crear otro tipo de fe. La ciencia y la técnica son acumulativas, y si observamos las cosas en la perspectiva histórica, podemos concluir que la autoatribución de la ciencia, la técnica, la libertad o la riqueza por parte de las ideologías no deja de ser una usurpación. Es seguro que sin dichas ideologías la ciencia y la técnica se habrían desarrollado de modo parecido, aun si en algunos aspectos las ideologías pueden  haber contribuido a impulsarlas. Y la oposición a poderes despóticos es una constante en el pensamiento y en la práctica europeos: la democracia liberal, un experimento reciente, es uno de sus productos y probablemente no el último. Por otra parte, la gran mayoría de científicos e inventores a lo largo de siglos han sido al mismo tiempo creyentes, y en gran parte siguen siéndolo. Con los pensadores puede que no pase lo mismo: desde la Ilustración muchos se han declarado ateos o agnósticos, e influido sobre el resto de la intelectualidad, los políticos y la gente común.

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…En cuanto a su novela “Gritos y golpes”, otras cuestiones aparte, me parece la mejor novela de aventuras en la literatura española. O, mejor dicho, menos presuntuosamente, la mejor de las novelas de aventuras que yo conozco en la literatura española y no solo; y conozco bastante (…)

Una interpretación se me ha ocurrido: ¿no se puede interpretar como una lucha contra el padre, una lucha inconsciente, sin saberlo, y que cuando el protagonista llega a saberlo siente que se hunde psicológicamente? ¿Qué le parece?… Wenceslao López

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Liberalismo (IX) Ideología y religión (a)

“Una hora con la Historia”. Cómo se fabricó un mito del que la izquierda ha sacado infinitas rentas y legitimación política: https://www.youtube.com/watch?v=xWeyfHiI8zk&t=1551s  

Blog I.  Apología izquierdista de la pederastia: http://gaceta.es/pio-moa/apologia-izquierdista-pederastia-06022017-1102

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  En apariencia, la diferencia entre religiones e ideologías  no es excesiva, ya que ambas cumplen una tarea semejante, la de proporcionar “mapas” al ser humano para orientarse en la vida; y a lo largo de la historia esos mapas han sido útiles a individuos y pueblos, como demuestra el hecho de que la especie humana permanezca, habiendo sobrevivido a todo tipo de avatares. Podríamos pensar, por ello que, o bien  esos mapas tienen un fondo de verdad común a todos, pese a sus diferencias, o bien, precisamente por sus diferencias, que todos son pura ilusión y que la vida en general y el ser humano en particular, se desarrollan por alguna fuerza oscura al margen de cualquier mapa que se quiera imaginar; o bien que hay mapas mejores y peores, lo que podría demostrarse de algún modo, por ejemplo atendiendo al grado de poder y bienestar material, esto es, mensurable, proporcionado a las sociedades humanas. Baste aquí plantear estas disquisiciones, porque nos importa más explorar la diferencia entre los mapas religiosos e ideológicos.

   Decimos que en la historia europea se ha dado un fenómeno creo que único, a cuyas raíces he intentado aproximarme en mi ensayo sobre Europa. En ninguna otra civilización ha habido una revuelta de la razón contra la fe, de la ideología contra la religión. El fenómeno de abandono de la fe religiosa se ha presentado sin duda desde siempre, pero generalmente en el plano individual y sin mayores consecuencias sociales. Ya dice la Biblia. “Piensa el necio en su corazón: no hay Dios”. En el helenismo se produjo entre las clases altas un abandono de la fe en los mitos, debido a la especulación racional, pero no una revuelta contra la religión, la cual, también muy racionalísticamente, se consideraba útil para mantener al pueblo calmado y obediente. Así lo expresa Polibio cuando contrasta la intensa religiosidad romana con el escepticismo helenista. Por otra parte, en Roma se produjo una evolución parecida a la helenista, de abandono de la fe religiosa por parte de las clases altas y cultivadas. Por cierto que ideas parecidas encontramos en ilustrados como Voltaire: la religión es buena para el pueblo, porque de otro modo el crimen y la revuelta se extenderían por la sociedad. 

    Ya hemos visto que ideologías y religiones cumplen un papel social muy semejante, y que ambas implican una fe, incluso una mística, por lo que podríamos  pensar que en la práctica ambas cumplen el mismo papel y tienen un mismo fondo de veracidad, o de no veracidad: las religiones serían ideologías, y las ideologías religiones, con tales o cuales matices. Sin embargo las diferencias son más básicas y no precisamente de matiz. Simplificando, diremos que la religión pone la situación y el destino del hombre en manos de una divinidad o espíritu (o de varios), mientras que la ideología pone al ser humano en manos del propio ser humano. El Hombre, condensado en la Razón, sustituye a Dios.  

    El reconocimiento de la divinidad provoca la reacción psíquica de la adoración a una fuerza exterior e inmensamente superior, solo parcialmente comprensible para la razón humana y que ha creado al propio ser humano. ¿Ocurre algo semejante en las ideologías? De hecho sí: se produce algo muy parecido a la adoración al Hombre, a la Humanidad, o a partes de ella como el Proletariado, la Raza, la Sociedad, el Individuo; incluso a expresiones prácticas de su razón como el Comercio, visto en ciertas corrientes ideológicas como la panacea salvífica y evolutiva de la Humanidad. Las ideologías compiten entre sí de manera apasionada, apelando todas ellas a la Razón, y su competencia estalla no pocas veces en guerras y violencias. Aun así, puede decirse que la diferencia con las religiones es escasa, ya que hay abundante experiencia histórica de conflictos intelectuales y armados entre religiones, e incluso en el seno de una misma religión.

    La autoadoración del hombre se expresa de mil modos, sobre todo negativos hacia la religión, al menos la cristiana: por ejemplo, frente a la promesa de un más allá celestial propone un más acá terrenal como un paraíso o lo más semejante que sea posible a él. Aunque ninguna ideología promete explícitamente el paraíso, una concepción religiosa, la idea está implícita en todas ellas: el hombre puede desarrollarse en plenitud,  superar las alienaciones y ser “plenamente humano”. 

    Esta idea del paraíso tiene un contenido psicológico profundo: consiste en la sustitución de la moral para retornar a la inocencia originaria del instinto, a un nivel en que la vida humana alcanzaría una especie de plenitud. El humano desarrollaría todas sus potencialidades –supuestas inmensas e ilimitadas–, de acuerdo con su bondad intrínseca, natural, perjudicada por la historia con sus opresiones, explotaciones y violencias. Así, el mal consistiría simplemente en los obstáculos –el poder, la sociedad, la religión, el sistema económico…–  opuestos a la vuelta del hombre a su bondad natural, instintiva.

   En la lucha contra esos obstáculos y las personas atrasadas, irracionales o reaccionarias que los encarnasen, el mal quedaría superado y la moral misma desaparecería, ya que esta se define por el contraste entre el bien y el mal, y tal contraste dejaría de existir.  Las ideologías sitúan el mal fuera del hombre:  en la sociedad, en el poder, en el estado y el sistema económico, en la religión misma como emanación de una opresión ancestral. Idea contradictoria, porque la sociedad, el poder, la religión y demás son creaciones humanas, a menos que los supongamos producto de fuerzas ajenas al hombre y que se le imponen. La idea de la alienación, en último extremo, supone esto último. Con lo que volveríamos al principio: se reconoce una divinidad o algo parecido, una divinidad malvada, como demostraría la historia, y el hombre debería emanciparse, alcanzar la plenitud, extirpando su influjo:  otra idea en sí misma contradictoria, dado el poder atribuido a la divinidad, absolutamente incontrastable para el Hombre.  

     Pero ocurre  que,  así como la idea de Dios es intuible en términos racionales, pero indefinible por la razón, el Hombre debe ser bien definible racionalmente, y aquí entramos en tierras nebulosas. Cada ideología ha expuesto su idea sobre la condición humana, idea chocante con las de ideologías  rivales. Por tanto, ya que se trata del bien del Hombre, de la Humanidad, ¿cómo medir ese bien? Una manera sencilla es recurrir a lo que parece más evidente: no solo los hombres, sino también los animales, tienden a vivir cómoda y abundantemente. El bien y la felicidad para los humanos consiste en alcanzar, a su nivel,  el “bienestar” que haría innecesarias las guerras, los conflictos violentos o las rivalidades, situación posible gracias a una abundancia de bienes materiales que todas las ideologías prometen, como veíamos al señalar la concepción sobre el fin de la historia (o de la prehistoria, en términos marxistas).

 

  

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Por qué la democracia funciona tan mal en España

 La matanza de la plaza de toros de Badajoz es por así decir la estrella o la joya de la corona de los alegatos izquierdistas contra los vencedores de la guerra. Un bando capaz de tales crímenes queda automáticamente desacreditado en la conciencia de cualquier persona decente, sean cuales fueren sus otros méritos. Sin embargo se trata de una invención pura y simple. Esto ya ha sido demostrado hace tiempo, pero este sábado, en “Una hora con la Historia”, a partir de las 9,30 de la noche, examinaremos un aspecto menos conocido: cómo se fabricó la leyenda.

  Una hora con la Historia, con Méndez Monasterio y un servidor, en Radio Inter, 918 de Onda Media (cobertura nacional) y 93,5 de FM, cobertura Madrid. 

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Ud ha criticado duramente las versiones izquierdistas de la guerra civil, pero últimamente parece estarse volviendo contra las de derecha.

R. Sí, es normal, ya he dicho un poco el porqué. Es esencial entender qué fue la guerra civil y por qué se libró. Ya le he dicho que basta observar la composición de partidos del Frente Popular para darse cuenta de lo que se jugaba en ella. O conocer episodios tan reveladores como el del tesoro del yate Vita. No se jugaba la democracia ni “los intereses de los trabajadores”,  como siguen pretendiendo innumerables historiadores y políticos, no hace falta citar nombres. Se jugaban cuestiones más básicas, como la supervivencia de la nación española, de la cultura cristiana, etc… Para difuminar esta evidencia y satanizar a los vencedores, la izquierda cifra su análisis y crítica exagerando  las atrocidades atribuidas a los nacionales, que en parte existieron, porque en una guerra es inevitable. Y olvida las cometidas por las izquierdas, mucho más sádicas, y perpetradas además entre ellos mismos. Bien, esto hay que repetirlo hasta que entre en las cabezas.

 Pero considero todavía más grave, intelectualmente y políticamente el actual “análisis” del PP, tipo García de Cortázar, Pedro J Ramírez o ahora Pedro Corral. Lo examino en la primera parte del libro, La guerra civil y los problemas de la democracia en España. Según estos, la guerra civil se hizo por nada, por grupos de desalmados  y locos que de pronto, sin venir a cuento como quien dice, se enzarzaron en una gresca arrastrando a los demás españoles a quienes no les iba ni les venía y simplemente “pasaban por allí”. Esto ya no es un análisis, es pura y simple majadería, muy inferior en valor intelectual a las tesis, falsas, pero con cierto sentido, que atribuían la guerra a la lucha entre “el pueblo” democrático y los fascistas o reaccionarios empeñados en mantener sus privilegios. Pero el nivel de la derecha actualmente es ese, no da más de sí. Corral llega a equiparar una matanza terrorífica y muy real, la de Paracuellos, con la inexistente de Badajoz. Ese es el nivel de altura intelectual y moral de la derecha.

   Digo que es esencial entender a qué obedeció la guerra y en qué circunstancias históricas se dio, circunstancias interiores e internacionales. Todo eso ha sido masivamente malinterpretado, o simplemente mentido, debido a prejuicios ideológicos. Pero si queremos extraer alguna experiencia del pasado, aclarar esta cuestión es simplemente vital, porque un pueblo  que ignora su pasado se condena a repetir lo peor de él, como dice una frase a la entrada de Auschwitz.

   Si le parece, dejamos la guerra civil y pasamos a la parte de la democracia. No digo que ud haya escurrido el bulto, pero en definitiva todo lo que ud viene explicando es ya bastante sabido por sus lectores. Ud empieza por negar que la democracia sea el poder del pueblo.

 R.   Vamos a ver: los partidos que compiten por gobernar ¿son el pueblo? ¿Lo son todos en conjunto o alguno de ellos? Obviamente no es así. Esos partidos son grupos oligárquicos, y no puede ser de otra manera. ¿A quién va a gobernar el pueblo, si fuera de él no hay sociedad? ¿A los animales? Eso aparte de que el pueblo nunca tiene los mismos intereses, dentro de él hay mucha división, como es natural, ya que no somos animales.

   Así que el poder es siempre oligárquico. El mecanismo es este: unos grupos que aspiran a gobernar luchan por ganar opinión pública para lo cual presentan un programa y hacen tales o cuales promesas. El que saca más votos gobierna, en solitario o con otros partidos afines. Normalmente no cumple sus promesas ni su programa, y en cambio realiza actuaciones que no estaban presentes en sus proclamas electorales. Esto es así porque el ganador no obra con un mandato imperativo de sus votantes, no digamos ya de la sociedad o el pueblo en conjunto. Todos los regímenes que han existido y presumiblemente existirán, son oligárquicos, es decir poderes ejercidos por unos pocos. Suele emplearse la palabra oligarquía en un sentido peyorativo, pero yo la empleo en un sentido meramente descriptivo. Observe, además, que las mayoría llamadas absolutas que han conseguido el PSOE y el PP nunca han pasado de un tercio del cuerpo electoral. Desde luego, la democracia no es el poder del pueblo, sino un método, históricamente muy reciente, de selección de las oligarquías que efectivamente ejercen el poder. Podemos seguir llamándole democracia, siempre que tengamos en cuenta que su realidad no corresponde a su significado etimológico.

   El tema es demasiado amplio para tratarlo en una entrevista, y ocupa los capítulos a mi juicio más importantes del libro que tratamos, La guerra y os problemas de la democracia en España. Pero el título es equívoco, porque no se trata solo de España: la democracia está en crisis en la UE y también en Usa.

¿Se refiere ud al Brexit y a la victoria de Trump?

R.  Me refiero en primer lugar a España. La democracia, para funcionar, exige una sociedad relativamente próspera, con amplia clase media y en la que los odios entre partidos no sean exacerbados. Basta señalar estas condiciones para entender por qué la democracia no funcionó en la república. La república empobreció al país y dio lugar a unos odios brutales y demagógicos.

   En principio, el sistema electoral debe funcionar como una selección de los más aptos para el gobierno, por decirlo así, con la ventaja, además, de que al ser el poder del gobierno reducido a unos pocos años, y limitado por la división o autonomía de los poderes legislativo  y judicial, los errores y tendencias despóticas pueden ser más fácilmente corregidos que en otro tipo de regímenes. Por eso yo prefiero, en principio, la democracia, contra la conclusión que ud ha sacado apresuradamente. Pero cuando no existe una base media social y cierta moderación de los partidos, sino lo contrario, la política se convierte en demagogia y la competencia entre partidos en una selección de los menos escrupulosos y más fanáticos, de los peores, que expulsan a los buenos.

   Suele hablarse de la competencia, comercial o política, como una panacea, como el modo seguro de seleccionar lo mejor, pero puede ser exactamente lo contrario. Esta es una experiencia histórica en España que por desgracia no han tenido en cuenta las actuales izquierdas ni derechas ni separatistas, que no se tuvo en cuenta en la transición, y la tendencia a resucitar odios pasados y falsear la historia es uno de los aspectos más peligrosos de la situación actual. En lo que casi nadie parece reparar. Parece que en España  la experiencia histórica pasa en balde:  o no se tiene en cuenta ni se analiza, o se examina  con tópicos irrisorios. Un país con tantos problemas en el que no existen debates de alguna altura… siempre me quejo de lo mismo, pero es que hay motivos sobrados de queja.   En España, además, hay otros muchos problemas que impiden que la democracia funcione sanamente, entre ellos la debilidad del estado de derecho, constantemente vulnerado … Esto que le digo ahora es casi nada en relación al tema, pero como indicativo del libro puede servir.

Pero decía ud que no era solo España

R. Pues sí, lo que ud indicaba de Trump y la UE…

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Por qué la guerra civil sigue siendo actual, como una pesadilla

**Próximo sábado,  9,30 de la noche en Radio Inter, llevaré un nuevo programa Una hora con la Historia, con Kiko Méndez Monasterio. En 918 Onda Media y 93,5 FM (Madrid)

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Pasemos entonces al segundo libro que ha publicado ud hace meses, La guerra civil y la democracia.  Ese sí lo he leído. He sacado la conclusión de que se trata de un ensayo contra la democracia, y creo que otros opinarán lo mismo.

 No, mire, todos hablan de democracia y se dicen demócratas, sean los comunistas o comunistoides de Podemos, los etarras, el PSOE o el PP. En realidad, en España no existe un pensamiento democrático ni en la izquierda ni en la derecha, por lo que se ha convertido en una palabra mágica utilizada arbitrariamente…

  Es evidente, pero la democracia, aparte de quien o como use la palabra, tiene un valor, un significado objetivo.

 Cierto, siempre que no creamos que significa lo que etimológicamente indica, es decir, “poder del pueblo” o “gobierno del pueblo”. Pero antes quiero hablar de la guerra civil, porque, ahí hay un problema muy relacionado con la democracia. Según versiones muy extendidas, entonces contendieron unas formas democráticas, las del Frente Popular, con otras fascistas o reaccionarias o en cualquier caso antidemocráticas. Esto, ya lo he demostrado, es radicalmente falso, y no voy ahora a insistir en ello: basta ver la composición de los partidos contrarios a los nacionales para comprobar que no había uno solo democrático, que lo eran menos que los nacionales.  Pero la cuestión es esta: durante décadas, empezando ya antes de la transición, la idea que se impuso en España masivamente fue la que he dicho, una lucha entre demócratas y fascistas. Los principales divulgadores de esa versión han sido los comunistas y marxistas en general, y con eso está dicho todo. Sin embargo esa versión se impuso no solo en la universidad, sino en los medios de difusión y en las Cortes, cuando la derecha fue asumiendo en el Congreso las exigencias izquierdistas, bendiciendo a las Brigadas Internacionales, que fueron una especie de ejército particular de Stalin, o condenando el alzamiento de julio del 36, o finalmente la ley de memoria histórica, que por si misma es totalitaria y en el detalle una apología de los chekistas y asesinos de izquierdas, a quienes valora como “víctimas” y “luchadores por la libertad”. Esta sarta de barbaridades  ha  sido posible por la extrema debilidad intelectual de la derecha, que no ha sabido restablecer la verdad, o lo ha hecho mal, y finalmente ha colaborado en la falsificación de la historia. Esa debilidad vuelve también sumamente cobarde a esa derecha. Moralmente muy cobarde.

  Admitirá ud que si la derecha ha aceptado las versiones de la izquierda ha de ser por algo. Quizá porque la izquierda tenía más datos y argumentos.

 Por supuesto, así ha sido. Los datos y argumentos de la izquierda son casi siempre falsedades o falacias, pero la derecha era incapaz de distinguirlos. Un ejemplo: la ofensiva para destruir o cambiar de signo el Valle de los Caídos comenzó con el invento de que lo habían construido veinte mil presos republicanos. Basta un poco de sentido común para darse cuenta de que eso es un disparate, pero el monárquico ABC, principal periódico de la derecha por entonces, lo reprodujo tal cual, lo mismo la televisión, etc. Aparte del elemento de ignorancia, porque la derecha española es sorprendentemente ignorante… no sé si ya le dije lo de Fernández de la Mora, quejándose de que la derecha no leía… y por derecha se refería a los políticos y periodistas en primer lugar… Bueno, la derecha es también muy oportunista, tiende a creer que la historia empieza ahora y que “hay que mirar al futuro”. Eso significa no aprender nada. Puro oportunismo de ocasión. Es además una derecha  poco inteligente. La izquierda es mucho más inteligente: comprende muy bien el valor político actual que puede tener una versión de la historia y ha sacado enormes rentas políticas de su “Himalaya de falsedades” como lo calificaba Besteiro. Con esto se ha llegado a una verdadera degradación social: izquierdas y separatistas imponen su versión del pasado, y la derecha pretende privar a los españoles de su historia con el pretexto ese de “mirar al futuro”. Un futuro que nunca se deja ver, por mucho que se le mire, a no ser que crean en las pitonisas, que tampoco me extrañaría. La guerra civil sigue siendo actual porque no ha sido asumida sino falsificada o tergiversada radicalmente, y por eso permanece como una especie de pesadilla sobre la convivencia española.

  Ud afirma que en la guerra ganaron “los buenos”, pese a que no eran demócratas.

 Si lo quiere decir así… La guerra se planteó como una lucha entre los que querían disgregar a España o eran indiferentes ante ello, los que querían implantar una revolución de tipo más o menos comunista, los que querían exterminar a la Iglesia y cultura católica… y los contrarios, que querían mantener la unidad de España, la religión y la cultura cristiana, la propiedad privada, etc. ¿Quiénes eran los buenos? Depende de con quienes se alinee usted. Y es cierto que no eran demócratas los ganadores, por lo que la democracia no desempeñó el menor papel en la contienda. Es decir, desempeñó un papel engañoso, propagandístico, por parte de los perdedores, que para llevar adelante sus designios tuvieron que destruir la legalidad republicana. Ellos mismos habían implantado la legalidad republicana, que era democrática a medias, y que por eso mismo les suponía un obstáculo a sus fines revolucionarios o disgregadores. Por eso asaltaron violentamente la república en octubre de 1934. Fracasaron, y en febrero de 1936, aprovechando la debilidad política y el miedo de la derecha, se impusieron mediante unas elecciones fraudulentas, a continuación de las cuales ya destruyeron sistemáticamente la legalidad, lo que esta tenía de democrática. Pese a ello se les sigue llamando “republicanos” con el mayor desparpajo. Por entonces eran menos hipócritas que ahora y ellos mismos solían autodenominarese “rojos”. La rebelión de los nacionales no se produjo contra una democracia inexistente, sino porque la democracia había sido destruida. Ahora bien, entonces ya era imposible volver a un régimen democrático o crear otro más puro que la república. Era imposible porque una democracia no puede funcionar cuando varios de los principales partidos están dispuestos a asaltar el poder y entienden la democracia como su propio poder ilimitado. Una democracia no funciona en un país cargado de odios políticos y de miseria, que es lo que trajo la república y sobre todo el Frente Popular. Pero por lo visto hay una resistencia encarnizada a la evidencia.

  Veo una contradicción entre su afirmación de que la derecha es inane intelectualmente y cobarde moralmente, y la pretensión de que en la guerra civil fue capaz de sublevarse, y en condiciones muy penosas  contra una tiranía, según usted, y para defender una cultura .

Bien, no siempre fue tan cobarde ni tan inane como ahora, eso está claro. Pero  antes de seguir con ese tema déjeme ahora rebatir su implicación de que los buenos solo pueden ser demócratas. Para mí, la defensa de la nación, de la cultura cristiana, que es la raíz de Europa, de la propiedad privada, etc., son valores esenciales y previos a la democracia. Con haber derrotado a sus contrarios en unas condiciones extremas, los vencedores, Franco, ya se justifican históricamente. Y se justifican mucho más porque dejaron un país más próspero que nunca, más reconciliado que nunca, en que los irreconciliables, separatistas, terroristas, etc., eran muy pocos.  Si luego fue posible una democracia fue por las condiciones sociales, económicas y políticas creadas por los vencedores, de ninguna manera la crearon de la nada unos políticos de tan poco fuste como los que gobernaron la transición, o los socialistas, que ni siquiera hicieron oposición real a Franco; no digamos los separatistas que por entonces querían engañar presentándose solo como autonomistas… Precisamente toda esa gente, que se dice demócrata,  ha sembrado el país de corrupción, ha practicado un terrorismo y un infame apoyo al terrorismo, se ha empeñado en recuperar los odios de la república, ha premiado política y económicamente los asesinatos de la ETA, la ha rescatado de la ruina a que la habían llevado Aznar y Mayor Oreja, pretende imponer desde el poder su versión de la historia… Pero ¿qué clase de demócratas son esos? Son los herederos de aquel Frente Popular, y es preciso frenarlos. Una de las maneras principales de hacerlo es precisamente establecer la verdad histórica, y en esa tarea estoy, a esa tarea responde La guerra civil y los problemas de la democracia en España. Por cierto que nos solo en España. Porque aunque la verdad absoluta resulte inalcanzable, hay aproximaciones a ella y alejamiento de ella. Y desde hace décadas el alejamiento ha sido escandaloso. Y sus consecuencias políticas las palpamos a diario.

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