La ley del miedo y de la patraña / Sentimiento y religión

**Pancho I de la Pampa no se conforma con  alabar a Lutero, sino que ha instituido  el culto a la Pacha Mama en el Vaticano. Sospechosamente, se ha hablado muy poco de ello.

**Dice Alfonso Guerra que el Constitucional aprobó la ley de violencia de género “por presiones”. Y tanto, como que el propio Guerra se definió como matador de Montesquieu. Los dos máximos tribunales de España son una estafa a la justicia y la democracia.  La injusticia institucionalizada. No se puede respetar lo que no es respetable.

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Protagonistas de la Transición: “vida y destino”: https://www.youtube.com/watch?v=x8propQCOiU

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La ley del miedo

Muchos dicen que la guerra civil y la propia figura de Franco deben ser olvidadas o “dejadas a los historiadores” y que no debían influir en la política actual. ¿No está usted alimentando los viejos antagonismos con su último libro sobre el Frente Popular?

–Son posturas absurdas. La historia influye en la actualidad necesariamente. El problema es si influyen distorsionando la política, envenenando la convivencia y rompiendo la continuidad nacional, como ocurre ahora. Y, por supuesto, lleva muchos años siendo “dejada a los historiadores”, que en su mayoría son hoy los mayores distorsionadores  y falseadores del pasado, con las consecuencias que estamos viendo. Por eso es esencial restablecer la verdad.

Pero Jesucristo dijo “Que los muertos entierren a los muertos”.

–Bueno,  esa frase  tomada literalmente no significa nada y en todo caso se puede interpretar  al gusto de cada cual. Seguro que algunos católicos del PP la interpretan en el sentido que usted dice, de olvidar el pasado y mirar al futuro. Lo cual es un modo de cooperar con la falsedad. No se puede asentar una convivencia en libertad sobre un Himalaya de falsedades. Como decía Cicerón, la verdad no se corrompe solo por la mentira, sino también por el silencio. Yo diría que el silencio que quieren tantos es la mayor complicidad con la mentira.

Pero, en historia, ¿qué es la verdad? ¿Acaso no están todos los historiadores influidos ideológicamente y por eso cada cual la cuenta a su manera?

–Si, es evidente esa influencia ideológica. Pero si hablamos de la guerra como una lucha de la democracia contra una reacción fascista o cosa parecida, o bien estamos mintiendo deliberadamente o bien considerando  como manifestaciones de democracia el asalto armado al poder en 1934, la falsificación de las elecciones en el 36, la quema de iglesias y el asesinato de opositores, la tutela de Stalin o las persecuciones entre las propias izquierdas. En Por qué el Frente Popular perdió la guerra expongo esto, hablando de Preston, Juliá, Viñas y tutti quanti: no nos informan de la historia real, pero en cambio quedamos enterados de lo que ellos entienden por democracia.

Pero todos cometieron asesinatos y atrocidades.

–Pasa en todas las guerras. Algún ingenioso, creo que Josep Pla, vino a decir que cuando se parte una manzana por la mitad, es difícil que una de las mitades salga de naranja. No es la frase, pero algo así. Pues bien, el comportamiento de los dos bandos durante la guerra fue extraordinariamente distinto, a pesar de que “todos eran españoles”, como dicen los beatos. Aquí ha habido una enorme distorsión: las guerras no se libran porque sí, o por alguna locura colectiva, como pretenden los tontos o los que se quieren hacer los tontos. Cada bando defendía y trataba de imponer unos objetivos completamente opuestos. Y técnicamente, la causa fue la destrucción de la legalidad. Destrucción que claramente realizaron unos y no otros.

Usted ha dicho que su libro sobre el Frente Popular es definitivo. ¿Lo cree usted seriamente ?

–Lo es desde el punto de vista intelectual. Es un estudio muy sintético y cada una de sus partes puede desarrollarse enormemente, desde luego. Y claro está que los profesionales de la falsificación, como venía a llamarles Julián Marías, van a seguir con sus embustes, aunque cada vez más debilitados. Si han necesitado recurrir a una ley de memoria histórica ya demuestran su miedo, su completa incapacidad intelectual y su ausencia de espíritu democrático. Durante años hemos podido leer “explicaciones” como esta, de Trapiello:  “El bando republicano (…) padecía la sangría permanente de unos partidos divididos. A unos les favoreció en la guerra la dictadura brutal y a los otros, en cambio, les perjudicó para ganarla el sistema democrático por el que luchaban y en el que creían, pese a su deterioro“.  Cada palabra es una mentira: ni “republicanos”, ni “dictadura brutal” ni mucho menos democracia. A menos que el golpista Azaña, los racistas separatistas, los marxistas o los anarquistas fueran “demócratas”. Ahí está precisamente el nudo de la inmensa patraña que tanto está perturbando hoy mismo la política, fanatizando a muchos, en especial jóvenes,  y oscureciendo el porvenir del país.

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 Sentimiento y religión

El sentimiento primario básico de los niños se relaciona con el entorno familiar, en especial con la madre, ambiente en que va sintiendo su propio yo, confusamente al principio. En un entorno favorable, el sentimiento predominante es el de amor, pero en una familia mal avenida y con maltratos, se desarrollan el temor, incluso el odio y también la angustia, un temor difuso por no saber a qué atenerse en las reacciones de los mayores. En estos sentimientos primarios la razón desempeña muy poco papel, aunque siempre existe en el niño  un intento de “comprender” la situación y  adaptarse a ella, obedeciendo, rebelándose, sometiéndose pasivamente o evadiéndose de algún modo: reacciones todas en las que la razón opera de modo secundario sobre el sentimiento

El niño, por tanto, siente muy fuertemente el entorno familiar, se siente en él arropado y querido (si todo va bien), y va sintiendo asimismo  que  es una persona con un nombre. Solo poco a poco va comprendiendo que el mundo exterior a la familia es mucho menos amable y más complicado, y que los mismos padres son incapaces a menudo de satisfacer sus necesidades  anímicas e incluso físicas si la familia es pobre. Al sentimiento del yo y del entorno cálido se va añadiendo el sentimiento, mucho más desconcertante, del mundo social exterior.

Incidentalmente, Freud supone que la idea de Dios procede la experiencia infantil de un padre poderoso y benévolo, que satisface sus exigencias esenciales. Seguramente hay alguna analogía, pero con una diferencia clave: el niño ve al padre y le entiende más o menos. El adulto, el propio niño cuando es instruido religiosamente, no puede ver ni entender a la divinidad y sus designios, ve también que a menudo no hay una relación entre los mandatos atribuidos a la divinidad –la moral– y el éxito. Y de ahí las imploraciones, los ritos y los  sacrificios –incluso humanos–  para aplacar a la divinidad  ante grandes desgracias que se suponen castigos merecidos. Pero este es otro tema. Quiero decir que algo tan esencial en las sociedades humanas como la religión, además del arte,  procede muy directamente del sentimiento, con escasa participación de la razón. En el cristianismo, la razón sí adquiere una importancia superior a la de otras religiones, pero no como algo primario sino como un esfuerzo por racionalizar el mensaje de la escrituras. Esfuerzo nunca concluido, entre otras cosas porque  es difícil en extremo someter a la razón un mensaje que, al modo de la música, por ejemplo, apela a sentimientos profundos y en gran parte no conscientes.

Los sentimientos humanos no solo son más intensos, sino mucho más variados y desarrollables  o educables que los más primitivos y estereotipados de los animales. Y no se refieren solo a las necesidades de supervivencia (alimentación y reproducción) sino a la propia posición y destino del hombre, condicionado por la muerte. Esos sentimientos en gran medida angustiosos, movilizan las demás capacidades humanas, como la imaginación o la razón. La vida humana es, entre otras cosas, un constante esfuerzo por comprender la vida, la propia y en general, a partir de un impetuoso y a menudo abrumador sentimiento de ella.

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¿Quién sienta a Franco en el banquillo? /Primacía del sentimiento sobre la razón.

Acaba de publicarse el libro Franco en el banquillo. La defensa toma la palabra (SND Editores) a cargo del historiador Fernando Paz y los periodistas Javier García Isac y Álvaro Romero. El libro provee de una gran base de datos a cuantos quieran defender la memoria del mayor estadista  que ha tenido España desde Felipe II. Y  creo que calificarlo así no es exageración, pues pocos políticos y militares, si alguno, han tenido que resolver tantos problemas, afrontar tantos desafíos y vencer casi siempre en todos los terrenos partiendo de situaciones sumamente difíciles, que habrían desanimado a casi cualquier otro. Los propios partidarios de Franco rara vez se han percatado del alcance de sus logros,  culminados después de muerto en el referéndum de diciembre de 1976, que aseguraba una transición sin demasiados traumas. Referéndum que se empezó a traicionar desde muy pronto, empezando por la derecha.

Quizá el mejor modo de que el  lector aprecie el valor de Franco en el banquillo sea resumir el índice de los temas tratados. Fernando Paz rebate con gran eficacia las habituales y rebuscadas críticas sobre los aspectos económicos (autarquía, racionamiento, desarrollismo, emigración…, aunque alguno de sus asertos, como que Franco pusiera  en algunos momentos la economía española en manos de Inglaterra parece más que discutible). Y aclara temas básicos como el de la supuesta represión de las lenguas regionales, las complicadas relaciones entre la Iglesia y el estado, sobre todo a raíz del Vaticano II, o las libertades políticas. Y la ideología, más bien ideas generales, del propio Franco.

  García Isac se ocupa de cuestiones menos básicas y más concretas, en cuyos efectismos se ha apoyado una masa de acusaciones en general fraudulentas. Así los mitos de Guernica, Badajoz o la Desbandá de Málaga, el caso de García Lorca, la ayuda recibida del exterior por uno y otro bando, las “fosas y cunetas”, la fortuna de Franco,  o “la España económica que Franco nos dejó”. Una vez más, los hechos reales, sin las manipulaciones tergiversadoras hoy tan corrientes,  hablan abrumadora y decisivamente en favor de la defensa.  De ello no puede caber la menor duda a quien se moleste en cotejar los datos que proporcionan los autores con las acusaciones sostenidas con tanto aparato publicitario como nula base real.

    La tercera parte, debida a Álvaro Romero, dedica su atención  al “golpe militar injustificado” (según la izquierda y el PP); a la mediocridad militar de Franco (medida por sus sistemáticas victorias);  a la represión durante la guerra, tema casi pero no completamente solventado y en todo caso secundario una vez se comprenden los intereses en pugna; a  la represión de posguerra (sufrida por chekistas y asesinos, transfigurados por la ley de memoria histórica en  ”defensores de la libertad fusilados “por sus ideas”; “la tumba faraónica de un dictador” o “los niños robados”.

    Como puede verse, el libro es casi exhaustivo y muy oportuno en momentos en que falsarios antifranquistas de 45 años después de la muerte de Franco, intentan perseguir la defensa de la verdad sobre el pasado, pervirtiendo ya por completo la democracia. Una amenaza que debe afrontarse con máxima energía y una inteligencia basada en el conocimiento real. Quizá no estaría de más un capítulo con el título de “¿Quiénes son los enemigos de Franco?” o algo parecido. Pues creo que bastaría citarlos para entender que se trata de la hez de la política y la intelectualidad, de los que se identifican con un régimen tan criminal como el Frente Popular felizmente derrotado por Franco. La nómina de los antifranquistas incluye a sujetos como el “héroe” de Paracuellos, los asesinos etarras, los racistas y golpistas del separatismo, el Doctor, Rajoy, Zapatero,  Cebrián, Ansón, personajillos del mundo universitario que medraron en el franquismo y quieren seguir medrando como antifranquistas… Todos ellos, etarras, separatistas, golpistas, corruptos socialistas y peperos, falsificadores profesionales de la historia… unidos y hermanados en el antifranquismo. Unidos y hermanados en la calumnia, el afán totalitario y la tarea de demolición de España y la libertad.

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En Una hora con la Historia: los no muy ejemplares protagonistas de la Transición: https://www.youtube.com/watch?v=VzfX4MK5UJY&feature=youtu.be

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Sentimiento y razón  casi siempre van juntos en el hombre, pero debe señalarse la primacía generadora del sentimiento. Para demostrarlo baste señalar que la razón no podría funcionar sin el sentimiento (aunque pueda intentar disociarse de él), mientras que el sentimiento puede operar sin la razón. Y que, como señalé, la razón no puede explicar  una gran parte de la cultura humana, que llamamos arte en general, la cual  depende directamente del sentimiento y muy poco o nada de la razón. Y tampoco el sentimiento del yo depende en absoluto de la razón. Debe insistirse en que todos los rasgos humanos, incluida la razón, se manifiestan también en los animales, aunque a un nivel muy primario y estancado, sin apenas desarrollo.

   Podría afirmarse, de todas maneras, que la razón es una cualidad superior al sentimiento, ya que este,  en todos los aspectos de la vida humana, ocasiona a menudo trastornos y graves injusticias, sea como sensiblerías o como fanatismos o de otras formas. Esto es cierto, pero a  la razón le ocurre otro tanto. Todos los programas y actos tiránicos en política, por ejemplo,  se basan siempre en la razón, aunque se adornen con sentimentalismos más o menos aberrantes.

Siguiendo con el yo:  este es  la sede de los sentimientos (y de las demás cualidades derivadas de ellos), y un sentimiento él mismo: el yo se siente a sí mismo, corporal y anímicamente. Este desdoblamiento se debe al hecho de que, pese a su sensación primaria de autopertenencia (empezando por el “mi cuerpo”, “mi deseo”…), el yo procede de alguna fuerza –por decirlo en términos neutros–  o voluntad – por expresarlo en términos personales más o menos analógicos– ajena a él mismo. El yo no debe a sí mismo su existencia ni sus capacidades, la de sentir en primer lugar, también la razón, la memoria, la voluntad o la imaginación. El yo percibe además en los otros yoes ciertas similitudes básicas con él mismo, pero también grandes diferencias, tanto en sensibilidad como en memoria, voluntad, inteligencia o imaginación.

Se da además la llamativa circunstancia de que el yo no puede observarse a sí mismo más que muy parcialmente: antes de la invención del espejo solo podía contemplar su rostro, borrosamente, en alguna corriente de agua. Tampoco puede ver la parte posterior de su cuerpo y tiene dificultades para percibir en su conjunto la parte anterior, mientras que los demás yoes pueden percibirlo y sentirlo de manera mucho más completa y objetiva. Es cierto que no sienten ni perciben al yo ajeno, por naturaleza  invisible  e impalpable, pero sí sus  manifestaciones en actos y actitudes, y pueden entenderlos, por analogías consigo mismos, incluso con más claridad y objetividad que el propio yo observado, que a menudo solo tiene una consciencia borrosa del motivo de sus propios actos, los cuales pueden partir de impulsos instintivos o de complicaciones de impulsos confusos, de los que solo llega a ser consciente a posteriori.  Es muy frecuente que los actos de una persona sean juzgados erróneamente por sus prójimos, y no menos frecuente que la propia persona los juzgue mal, o los justifique embrolladamente…

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Importancia del Partido Comunista en la guerra / (ar.8) Paradojas del sentimiento del yo / El proyecto de poema.

 De las cuatro partes de Por qué el Frente Popular perdió la guerra, la más explicativa creo que es la cuarta,  que expone en líneas generales las ideologías en conflicto, ya que se trató de una guerra de ideologías: no operaban simples intereses económicos o meras luchas por el poder, sino concepciones generales de la vida, del mundo y de la propia nación. Por eso lo que se jugaba era mucho más fundamental que cualquiera de aquellos intereses parciales a los que ha querido reducir la contienda una vasta y mediocre historiografía. Ello queda intuido, pero por lo general poco aclarado, cuando se señala el extraordinario interés moral que la guerra despertó en gran parte del mundo.

Cabría deducir de ahí que la causa de la derrota estaría en las diferencias entre las ideologías del Frente Popular, que multiplicaron las divisiones internas, impidiendo al conjunto sacar el mejor partido de sus recursos; pero no fue así. También los nacionales tuvieron que afrontar ese problema. Ciertamente lo resolvieron mejor, en parte por el prestigio de Franco y sobre todo porque todos estaban más o menos de acuerdo en dos puntos básicos, la unidad nacional y el catolicismo. Pero el Frente Popular necesitó un proceso más largo en varias fases, dirigido por el Partido Comunista, único con una verdadera estrategia. Este  proceso es de lo más interesante y generalmente no se ha examinado bien, sea porque no interesa a la historiografía de izquierda, ya que perjudica a su versión de un Frente Popular democrático,  o porque la de derechas apenas se ha fijado en él.

 Dejando aparte el factor de la habilidad estratégica de Franco, solo un dominio más fuerte de los comunistas dentro del FP habría podido dar la victoria al conjunto. Y ese dominio, partiendo de un partido comunista muy débil, se iba consiguiendo ya en la última fase de la lucha. Claro que para entonces la guerra ya estaba prácticamente perdida, y ante esa perspectiva resultaba imposible controlar el pánico y las intrigas de los demás partidos y políticos, que actuaban como gallinas descabezadas.

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Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

Los no muy ejemplares protagonistas de la Transición: https://www.youtube.com/watch?v=VzfX4MK5UJY&feature=youtu.be

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Sentimiento del yo

El sentimiento del yo es el más profundo y esencial en el hombre. No se presenta, desde luego, como un hecho objetivo que la razón reconoce, ni algo visible y palpable, sino inmaterial. Es anterior y distinto de cualquier razonamiento. Podríamos decir que ese ente al que llamamos yo “se siente” a sí mismo o se presenta a sí mismo como un sentimiento que lo diferencia de los demás yoes y que permanece igual a través de todos los avatares de su vida, de sus cambios físicos, anímicos o culturales. Como “algo” diferente incluso de su cuerpo y destino, como  núcleo de todos sus deseos, ideas, actos y referencias, de sus daños y placeres. Incluso como la referencia del mundo exterior, que ¿existiría” sin un yo que lo percibiera? Siendo necesario cierto esfuerzo racional para entender lo contrario: que el mundo exterior es la causa del yo.  El yo se siente incluso, antes de la razón, como una voluntad y creador de sí mismo.

El sentimiento del yo es tan básico y tan fuerte que tendemos a creerlo indivisible, y no por casualidad hablamos del “individuo”. Sin embargo todo en él es paradójico.  No es indivisible, sino muy compuesto de deseos y aspiraciones a menudo incoherentes,  es más dependiente del cuerpo que a la inversa, como lo es de un mundo exterior ajeno a su voluntad, de un tiempo y un lugar o lugares en  que nace y se desenvuelve, etc. Es también un sentimiento comunitario, de cierta identificación con otros yoes, especialmente los más próximos pero también con comunidades mucho más amplias, y hasta con “la humanidad”, aunque esa identificación sea también problemática, a veces placentera, a veces hostil o dañina.

 Si observamos el célebre rubai de Omar Jayam, está claro que el núcleo referencial es su yo, y su contenido un razonamiento que le abruma al forzarle a constatar que, contrariamente al sentimiento básico de sí mismo, su vida tiene muy poco que ver con su voluntad o con su autoconsideración como referencia del mundo exterior: depende de algo parecido a una voluntad exterior a él, voluntad inescrutable que no le permite entender el por qué o el para qué de su propia existencia. El sentimiento choca aquí con una dura razón.

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Proyecto de poema

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

   El proyecto de poema de ayer  no está mal: no  cae en retóricas o  barroquismos y habla de lo que quiere hablar:  dela histórica eminencia naval de España, algo que nadie ha dicho claramente, que yo sepa, porque a ese respecto todo se queda en el descubrimiento de América o en aspectos parciales sin la necesaria comparación con empresas de otras naciones. El tasunto merecería un buen poema.

Ahora bien, ¿es poético? La poesía tiene que llegar al sentimiento sin caer en la cursilería, cosa que a menudo se consigue con metáforas. Realmente parece más una declaración en prosa que un poema, y tiene algunos fallos: el final no es muy bueno, y el adjetivo “excelsas” queda mal en la sobriedad del conjunto, le da un toque pomposo. “Audaces”, por ejemplo,  quedaría mucho mejor. En cambio el principio sí me parece algo poético. En la prosa habitual decimos, por ejemplo, “Colón descubrió América” o “Magallanes cruzó el Pacífico”, o “Elcano dio la primera vuelta al mundo”. Pero en la declaración de estos hechos están  ausente los terrores ante lo desconocido, el peligro constante de muerte y fracaso, y otros sentimientos sin los cuales las declaraciones anteriores se quedan en meramente burocráticas. Creo que el núcleo del poema está bastante bien, aun si manifiestamente mejorable.

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“Delito de odio” / ¿Por qué un torpedo…? /Proyecto de poema.

“Delito” de odio

Una de las peores manifestaciones del totalitarismo en que se va convirtiendo la democracia es el llamado delito de odio. Por el cual una serie de bergantes a su vez cargados de sus odios particulares y  que se dicen representantes del pueblo, pretenden dictar hasta nuestros sentimientos. Nunca estuvo tan amenazada, no ya la libertad política, sino la libertad personal que hace del hombre lo que es. De siempre se ha considerado obvio que la democracia exige la limitación del poder, pero mediante lo que llaman “representación popular”, el poder se está ampliando de un modo que nunca conocieron las peores tiranías. Ejemplos de ello son las leyes de memoria histórica o las de género, e incluso más gravemente aún las referentes a los sentimientos, como estas del odio.

    Tales aberraciones  vienen ocurriendo desde hace quince años con total impunidad y sin que casi nadie, aparentemente, se dé cuenta o quiera darse cuenta de lo que significa ni proteste con la energía indispensable. En España y cada vez más en el resto de Europa, la democracia es simplemente una palabra que puede usarse en cualquier sentido y por parte de cualquiera, y con la que se pueden hacer mil juegos malabares políticos.  Los partidos alcanzan el poder manipulando a la opinión pública mediante unos medios de masas cada vez más corruptos y corruptores. Sus políticos se dicen representantes cuando los ciudadanos no conocen a la inmensa mayoría de ellos, los cuales representan realmente a la cúpula de su propio partido, a la que deben su posición, y que por ello están perfectamente dispuestos a aprobar las leyes más demenciales. Es claro que estas aberraciones exigen un replanteamiento en profundidad del pensamiento político y sobre la democracia en particular.

La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo) *************

Por qué este libro es un torpedo La guerra civil se produjo por la destrucción de la legalidad republicana a cargo de un conglomerado de partidos totalitarios y separatistas, destacadamente del PSOE y la ERC. Con la victoria de los nacionales se inauguró la etapa más larga de paz interior, libertad (salvo para los causantes de la guerra)  y progreso material que ha vivido España en siglos. Esa etapa está seriamente amenazada hoy por el régimen zapaterista, impuesto en 2004 mediante una nueva alianza de hecho entre el PSOE, grupos comunistoides y separatistas, oficiando el PP de auxiliar de todos ellos.

Terminada hace ochenta años, aquella guerra continúa perturbando seriamente la política actual. No la guerra misma, sino la interpretación de ella impuesta por el nuevo frente popular, con la complicidad del PP. Es una interpretación tan fraudulenta y a favor de los asesinos y chekistas de entonces, que nunca podría sostenerse en un debate libre, precisando por tanto  imponerse finalmente por una ley que cabría calificar sin exagerar  como “la Ley de la Cheka” o “ley de los asesinos”.

Han tenido que obrar de este modo, mostrando bajo la careta democrática su auténtico rostro de déspotas guerracivilistas porque desde finales del siglo pasado se venían revisando las enormes mentiras en que se basaba su versión de la historia, generada por una universidad degradada. En esa falsedad histórica han querido fundamentar un cambio del régimen decidido por votación popular en 1976,. Decidido , “de la ley a la ley¨, es decir, desde la legitimidad del régimen que derrotó al Frente Popular a una democracia normal, una vez superadas la miseria, odios y caos generados y explotados por dicho Frente en los años treinta. El cambio o cambiazo tomó forma precisa a partir de los atentados del 11-m, imponiéndose un nuevo régimen, frentepopulista de hecho. Régimen que cabe llamar zapaterista, cuyas leyes totalitarias están bien a la vista de quien no quiera cerrar los ojos, y cuyo discurso general se basa, precisamente, en su versión falsaria de la guerra civil.

En la revisión imprescindible de esa inmensa patraña fueron importantes varios de mis libros, en particular Los orígenes de la Guerra Civil y Los mitos de la Guerra Civil, que cambiaron radicalmente la perspectiva por entonces dominante y tuvieron un extraordinario éxito de ventas. Estos libros y otros debieron haber anulado la deriva antinacional y antidemocrática de socialistas y separatistas. Debieron generar un nuevo discurso político acorde con la realidad histórica y que permitiera recuperar la convivencia en paz y en libertad, cada vez más alterada por todos ellos  con sus ilegalidades, también por medio del terrorismo.  No se recuperó la decisión popular de 1976 porque el PP ha sido sistemáticamente cómplice en la falsificación de la historia y, por tanto, en las derivas cada vez más dañinas que partían de ella.

Con este nuevo libro, Por qué el Frente Popular perdió la guerra. Causas y consecuencias históricas, he querido cerrar este ciclo en unos momentos en que el régimen zapaterista se muestra a los ojos de todos con sus gravísimos peligros. Frente a los necios que hablan de “mirar al futuro” sin aprender del pasado, he querido aportar a la imprescindible recuperación de la  historia, y con ella de la  libertad y la continuidad de la nación y la democracia.

https://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2019-11-24/entrevista-a-pio-moa-143540.html Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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Proyecto de poema (por si alguien lo quiere poetizar mejor)

Desafiando los terrores

de lo desconocido,  las tormentas.

de los combates y naufragios,

marinos y naves de España

cruzaron los océanos,  exploraron continentes,

tierras habitadas o sin gentes

rodearon la Tierra

comunicaron culturas y naciones

en las gestas navales más excelsas

de toda la historia humana.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

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¿Violencia contra la mujer? / Tarea del momento / (ar 3) Sentimiento del yo

Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

Los no muy ejemplares protagonistas de la Transición: https://www.youtube.com/watch?v=VzfX4MK5UJY&feature=youtu.be

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Violencia contra la razón y la sociedad

La perversión histérica del lenguaje ha creado la frase “violencia contra la mujer” o “de género”. Esto es totalmente distinto de decir que hay mujeres (y hombres y niños) que sufren violencia, cosa que siempre ha habido y probablemente habrá, como toda delincuencia, aunque puede tener grados poco perturbadores socialmente o volverse una plaga. Pero en ningún caso existe la “violencia de género” o “contra la mujer”. Con esa expresión-consigna se implica que “el varón” es enemigo natural de “la mujer”, y que es preciso perseguirlo y vigilarlo por ello. Una idea demencial, por supuesto falsa y socialmente suicida, una buena muestra de la ideología feminista-homosexista-abortista. Que tal basura se haya colado en los medios políticos, intelectuales y periodísticos revela, como tantas otras cosas, la extrema degradación moral e intelectual que trata de imponerse a la sociedad desde un poder cada vez más tiránico.

   A nadie se le ha ocurrido hasta ahora hablar de la “violencia contra el taxista”.  Pero quizá cada año, en promedio, mueran asesinado  un taxista o dos. Como debe de haber mil veces más mujeres que taxistas,  tendría que haber al año mil o dos mil asesinatos de mujeres por comparación, y ni aún así cabría hablar de violencia contra el taxista ni contra la mujer. Por otra parte cien mil vidas humanas son liquidadas violentamente cada año en España mediante el aborto promovido desde el poder. Esa terrible violencia, socialmente tan peligrosa (un pueblo envejecido es un pueblo sin futuro) se presenta como algo positivo: un “derecho humano” de la mujer.

Se da el caso, además, que esas histerias generan un odio y un malestar que ataca no ya a la familia, sino a la mera convivencia y  complementariedad entre los sexos,  lo cual se expresa inevitablemente en violencias crecientes. Aparentando ir contra la violencia, esas consignas e ideas la fomentan, al modo de los bomberos pirómanos. Y, al mismo tiempo, se genera un negocio parasitario que da trabajo a una masa de delincuentes, canallas e ilusos, a costa de toda la sociedad. Es una violencia sistemática contra la razón y la sociedad.

Como todo su discurso se basa en una sentimentalería  que cala en mucha gente desprevenida, la reacción debe consistir en la máxima difusión de un discurso contrario bien fundado y contundente, que apele tanto a la razón como al sentimiento y desenmascare la chusma delincuente o perturbada que ha generado esas ideas y conductas. Y eso debe hacerse sin concesiones ni ñoñerías. Porque el victimismo acompañado de cursilerías es un método muy empleado para implantar cualquier clase de despotismo. VOX debería ser claro y sin falsas concesiones, para convertir en fuente de debilidad de los tiranos lo que estos emplean como arma de agresión a la sociedad y al sentido común.

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La tarea del momento

El Doctor es básicamente un estafador ramplón, un chulo de sauna con aires matonescos. Hay muchos así, pero lo tremendo es que haya llegado a gobernar España.

–Algunos dicen que es el propio sistema democrático el que lleva a esa degradación.

El Doctor ha llegado tan alto,  está amenazando tan seriamente las libertades y la integridad nacional, porque no ha tenido enfrente a nadie. Pasa como con Zapatero. ¿Cómo pudo un fulano tan grotesco y cretino subvertir el régimen de la transición e implantar uno nuevo, el que en 1976 intentaron en vano los rupturistas, los nostálgicos del régimen criminal del Frente Popular?  Pudo hacerlo porque enfrente tenía a Rajoy y su pandilla, es decir, tenía el vacío. El mismo Aznar era muy poca cosa, pero Rajoy era ya la nada, el auxiliar político, intelectual y moral de Zapatero. Y esos que dicen que la democracia es la causa del mal también son nadie.

 –Solo usted habla de que Zapatero impuso un cambio de régimen.

De momento es así. Y no se dice porque el nivel del análisis político en España es un chiste, con muy pocas excepciones. Apenas pasa del chismorreo de ocasión sobre los políticos del momento. Es terrible. Y es así porque le falta perspectiva histórica y perspectiva internacional. Piense en el Instituto Elcano, que debería llamarse propiamente “Francis Drake”, un modelo de colonización político-cultural al más alto nivel.

–¿Qué se puede hacer, a su juicio?

En primer lugar recobrar el sentido de la continuidad política y social a partir del franquismo y sobre la derrota del Frente popular. Un terrible fallo de la democracia, desde el principio, fue la voluntad de ignorar la historia, de ignorar qué fue el Frente Popular, de ignorar la historia criminal del PSOE y los separatismos. Como si la guerra civil fuera una especie de ataque de locura que les dio a unos y a otros o bien un “golpe militar contra el pueblo”. Eso no es solo una renuncia al pensamiento racional, es también una completa falsedad, y sobre la falsedad institucionalizada no puede construirse nada estable. Creo que la tarea de fondo para salvar la democracia y la propia integridad nacional consiste en recuperar la memoria de lo que fue el Frente Popular. Sin olvidar la historia delincuente del PSOE desde que volvió al poder en 1982. Mis dos libros recientes, Por qué el Frente popular perdió la guerra, y Los mitos del franquismo,  son una contribución por mi parte, pero todos los que sientan la libertad y la patria deberían esforzarse en la tarea. Si no entendemos qué  fue el Frente Popular y por qué perdió la guerra –y no acaba de entenderlo casi nadie– estaremos ciegos para analizar la actualidad y seguiremos progresando hacia el desastre. En otras palabras: es preciso acabar políticamente con los herederos y nostálgicos de aquel régimen de crimen y miseria.

https://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2019-11-24/entrevista-a-pio-moa-143540.html

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

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El sentimiento del yo

Decíamos que las diferencias entre el hombre y el animal, más concretamente el mamífero, se extienden a muchos aspectos, con gradación tan fuerte que se vuelven cualitativas y no solo cuantitativas. Siendo tanto los aspectos, debemos buscar uno que sea especialmente notable y a su vez esté en la base de los demás. Ya expliqué por qué esa base solo podía ser el sentimiento, en concreto el sentimiento del yo, del entorno inmediato, y del  entorno social y físico. Es obvio que esos sentimientos, esencialmente el amor, el temor y el odio, también el asombro) son en el hombre mucho más variados, profundos y en desarrollo que en los animales;y ellos están en el origen directo del arte y, más indirectamente, de la razón y la ciencia.  

   El individuo o persona se siente a sí mismo en primer lugar y de manera más profunda e inmediata que a cualquier otro individuo. A ese sentimiento le llamamos el yo,  fórmula presente en todas las lenguas. A lo largo de su vida, la persona experimenta cambios físicos, biológicos y psíquicos que llegan a ser muy fuertes, pero siempre se identifica a sí misma como el sujeto de tales cambios, con un nombre que le diferencia de los demás, al menos en su propio ambiente, y con una voluntad particular. 

   Sin embargo las condiciones de formación y conservación del propio yo le vienen dadas desde fuera. No solo el nombre sino el  cuerpo y las condiciones de formación personal le vienen de fuera, no nacen en modo alguno de su voluntad. Así la familia, el lugar y la época en que va a desenvolverse, el medio social… datos sobre los que no suele reflexionar o apenas tener en cuenta una vez su yo se erige en voluntad propia individual e individualizante, o más propiamente personal y personalizante.

   Si empezamos por el cuerpo, encontramos inmediatamente que el yo depende íntimamente de él y que no podría subsistir sin él, pese a lo cual se siente distinto. El yo puede estar muy descontento de su cuerpo y puede incluso matarlo, matando con él al propio yo.  Por su parte, el cuerpo funciona casi completamente al margen de la voluntad del yo, e impone a este una actividad básica, a menudo muy fatigosa, para sostenerse. Las interferencias del yo con el cuerpo suelen ser dañinas…

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