El catolicismo y España / La novela crea mitos.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Usted sostiene que la identificación de España con el catolicismo como viene sosteniendo gran parte del pensamiento conservador desde Menéndez Pelayo es falsa

–Es falsa desde el punto de vista conceptual e  histórico. España es una realidad cultural y política particular, y el catolicismo, aunque influyente en la política y la cultura, en general, es universalista. Su sede central está fuera de España, tradicionalmente se sintió siempre intelectual y afectivamente  más próxima a Francia que a España. El catolicismo español, desde Trento, o si se quiere un siglo más tarde, dejó de influir en la marcha del catolicismo en general, y no pesó prácticamente nada en el reciente Vaticano II, de tan fuerte repercusión sobre España.  Históricamente, ningún país ha hecho más que España por la expansión y defensa del catolicismo en los siglos XVI y XVII, pero la Iglesia, debido precisamente a su carácter universalista, nunca adoptó una posición precisa sobre la unidad de España, ya desde Hermenegildo. Durante la Reconquista la apoyó en unos casos y no en otros, y si saltamos al siglo XX, los separatismos han sido y son en gran parte católicos, y apoyados ahora mismo por el Vaticano. Creo haberlo explicado más o menos en Nueva historia de España y en la introducción a Europa, y en diversos artículos. A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César. Esto nunca lo han entendido los integristas, con sus mantras y profesiones de fe ajenos a la realidad histórica

Pero mucha gente, incluso seguidores suyos, afirman resueltamente esa especie de unidad consustancial entre España y el catolicismo.

–A veces me pregunto qué entenderán esas personas por catolicismo y qué por España. Culturalmente, España se formó con Roma antes del cristianismo, aunque indudablemente este ha influido muchísimo en la historia posterior.  En principio, España podría disgregarse y la Iglesia se supone que seguiría. También es posible que España se descristianice, de hecho está ocurriendo, y sin embargo siga adelante. Creo que hay pocos que hayan combatido intelectualmente tanto como yo  por la continuidad de la nación española, incluso en defensa de la Iglesia, más que muchos eclesiasticos, y sin embargo no soy creyente. Y veo a muchísimos católicos indiferentes a lo que pueda salir de la actual situación para España, recuerdo discutir con un alto cargo del Opus a quien no parecía preocuparle la perspectiva de la disgregación, porque claro, la Iglesia seguiría adelante, y eso es lo que realmente  importaba, y no podía reprochárselo desde el propio punto de vista católico. Y veo también a masas de españoles que, o no se consideran católicos o dicen serlo sin ninguna consecuencia práctica. Cualquier régimen español tiene que respetar y proteger a una religión tan ligada a la historia de España,  pero eso y la supuesta unidad consustancial son cosas distintas. Yo escribí Nueva historia de España tanto contra la leyenda negra como contra esas versiones, que me parecen políticamente muy peligrosas para la propia unidad nacional; y distanciándome de casi todos los enfoques actuales de un tipo u otro.

Se oye decir  que la Leyenda Negra es un falso problema, cosa del pasado, máxime desde que entramos en Europa.

–La Leyenda Negra es uno de los fenómenos más destructivos psicológica, moral y políticamente para España. Y sigue influyendo mucho en la mentalidad y las políticas de los países directivos de la Unión Europea. Una manifestación es también esa historieta de que “hemos entrado en Europa”, como si España hubiera estado fuera de ella o aislada. Ortega dijo aquella sandez de la “tibetanización de España”: era un reflejo de la leyenda.

Pero en general se acepta que la política deEspaña en Europa fracasó, y que el país quedó irremediablemente atrasado durante varios siglos, y eso no es leyenda.

–España no fracasó en los siglos XVI y XVII, y ahí está su gigantesca herencia cultural, sobre todo en América. Y la distribución religiosa de Europa  occidental es obra fundamentalmente de España, así como su salvación del islam otomano. No es ningún fracaso haber explorado continentes y océanos por primera vez en la historia de la humanidad. O haber tenido a Cervantes y a Velázques, entre tantos otros menores pero excelsos. En fin, el problema de la leyenda no es que ataque a España, eso es legítimo. El problema es que es falsa de raíz, y precisamente por eso  ejerce ese efecto esterilizador y deprimente. Y el segundo problema es que se trata de una  falsedad asumida hoy por el sector dominante de la intelectualidad y de la política. Por eso España es hoy un país indigno y por eso en la Unión europea se nos trata, merecidamente,  sin el menor respeto. Para empezar, un país que tiene invadido su territorio en un punto estratégico de máxima importancia, y cuyos gobiernos se declaran amigos y aliados de la potencia invasora,  es imposible que sea tomado en serio. Esa actitud de los gobiernos procede también de la  leyenda negra.

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En la próxima sesión expondremos una galería de antifranquistas ilustres.

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Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

(Tertulia) 

Aunque, dice usted,  la literatura descienda directamente del mito, existe una gran diferencia entre, por ejemplo una novela y un mito. Nadie piensa que Don Quijote hay existido de verdad, y en cambio los griegos pensaban que Teseo o Ulises eran personajes reales, o que lo eran sus aventuras.

Esa diferencia existe, pero a medias. Llegó un momento en que gran parte de los griegos, sobre todo sus sectores más intelectualizados, desecharon la realidad de los mitos, o bien la gente creía en ellos, pero de manera mecánica, como  un rito que no entendían. Y sin embargo, los mitos tienen una realidad profunda, expresada simbólicamente, y por eso son enormemente sugestivos y siguen impresionándonos, pese a no creer en ellos. No sabemos si existieron Antígona y Creonte, por ejemplo,  pero sus figuras expresan de modo inmejorable la tensión, en este caso antagonismo, entre la moral y la ley. Sigue siendo tan actual que las distintas teorizaciones sobre el derecho se remiten en definitiva a aquel mito. Quizá los personajes existieron y quizá el conflicto en torno al hermano de Antígona existió también. Eso es una cuestión especulable y muy atractiva, pero en definitiva es secundaria. Lo que nos interesa y nos impresiones es el contenido,  por encima de su veracidad histórica

Bien, pero al menos hubo una larga época en la que los griegos creyeron aquellas leyendas, antes de pasar a la etapa filosófica, si se quiere presentar así. Sin embargo la novela se presenta ya de entrada como ficción, nadie la cree. Yendo a su novela sobre la guerra civil y la posguerra, está claro su carácter ficticio y usted no puede pretender que se trate de personajes y hechos reales.

Cierto, pero fíjese en que, pese a saber que son personas y hechos ficticios, los relatos literarios no dejan de sugestionarnos, de agitar nuestra psique, por así decir. En ese sentido se parecen a los mitos: pueden contener más verdad que una historia real,  detallada y concienzuda.   Claro que eso no ocurre por igual. Ningún relato de ficción impresiona o sugestiona de la misma forma  a unos que a otros, las sensibilidades varían mucho. Fíjese en que no hablo de entretener, sino de sugestionar. Hay obras realmente pesadas o difíciles de leer, pero en las que se aprecia una verdad que nos atañe de manera digamos profunda. No quiero decir que un relato tenga que ser pesado para ser bueno en ese sentido,  al contrario, siempre es mejor que sea ameno y se disfrute leyéndolo. Pero en sentido contrario, existe, sobre todo actualmente, una enorme masa de literatura puramente entretenida, como ocurre con el cine, que permite pasar un rato más o menos agradable, pero que no deja ni puede dejar ninguna impresión un poco duradera.

Con todo eso, una exigencia que suele imponerse a la novela es su verosimilitud, es decir, que parezca lo más veraz posible.

No siempre. Existe mucho relato completamente fantástico, sin ninguna intención de resultar verosímil, y que, claro puede resultar una sarta de tonterías o aludir a conflictos psíquicos reales. En cuanto a mi novela, aunque su relato está muy claramente imbricado en los sucesos de la guerra civil y la posguerra, y he fantaseado poco al respecto, no es una novela histórica. Y tampoco costumbrista. Me han complacido algunas opiniones, como la del que la había acabado con una fuerte sensación de nostalgia. Y nadie la ha encontrado aburrida. U otra señalando el carácter de los personajes y acciones,   tan distinto de los habituales en  la novela actual. Comprendo que esto último no ayuda a encontrar lectores, porque ese tipo de literatura de entretenimiento crea un ambiente lector poco sensible a otra clase de narración. Y eso es todo lo que puedo decir. Resumo: la literatura, en especial el teatro y la novela, descienden directamente del mito y guardan con él cierta característica psicológicamente sugestiva, en mayor o menor medida. Se dice que la literatura ha creado grandes mitos, y es una expresión adecuada. Shakespeare y algunos otros grandes autores los han creado, pero es un nivel muy  poco frecuente.  

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Ante unas elecciones históricas / Tiempo de escarabajos

Solemos llamar momentos históricos a aquellos en que la sociedad se juega algo importante. Y los actuales lo son, marcados por la profanación de la tumba de Franco y por el golpe de estado permanente desde Cataluña. La profanación y ultraje a los restos de Franco lo es también a la monarquía, a la Iglesia y a la transición democrática decidida en referéndum de la ley a la ley, desde la legitimidad del franquismo y contra quienes querían volver a las demencias criminales del Frente Popular. Demencias que están volviendo. Esto, en el plano político. En el plano simbólico es una profanación del Valle de los Caídos, símbolo de la derrota del comunismo y los separatistas, de la reconciliación entre los españoles y de la paz que se mantiene desde entonces y que ahora unos desalmados quieren arruinar. Si finalmente los delincuentes consiguen profanar la tumba debe proclamarse que Franco volverá, más vale pronto que tarde, al lugar que le corresponde, justamente al Valle de los Caídos, y que el tremendo desafuero no saldrá gratis a sus responsables.

   En cuanto al golpe de estado permanente, es otra cara del mismo proceso,  resultado de la permanente vulneración de la ley, no tanto por los separatistas como por los gobiernos del PP y el PSOE. Es decir, estamos ante un proceso avanzado de disgregación nacional , de destrucción de la Constitución y de la democracia decidida por el referéndum de 1976. Y no podemos seguir por ese camino que es el de la ruina de España y una posible nueva guerra civil traída por unos políticos sonámbulos que quieren repetir la estupidez y la canallería que caracterizó al Frente Popular, Marañón dixit, con el que se identifican.

   Ante estas amenazas radicales a España y a la convivencia en paz y en libertad, la consigna debe ser Regeneración Democrática. Esta fue la consigna con la que después de la etapa de Felipe González, esa fue la consigna con que alcanzó el poder el PP de Aznar, para traicionarla de inmediato y “pasar página” dejando como estaban, es decir, empeorando, la decretada “muerte de Montesquieu”, la corrupción, el “antifranquismo” farsante, el apoyo a  los separatismos, mayor que nunca antes,  la posición satélite en la UE y en la OTAN,  o la colaboración con la ETA mediante la “salida política” (esto último fue corregido, con gran éxito durante su segundo período, y es casi el único punto realmente positivo de su gobierno). La Regeneración Democrática, que debe incluir la tumba de Franco en el Valle de los Caídos,  debe ser el movimiento que vuelva al país a la paz y la libertad.

Hoy ha surgido un fenómeno político nuevo que es VOX. Si este partido acierta a clarificar una política de gran alcance, tiene también la posibilidad histórica de convertirse en el factor decisivo de la regeneración en unas elecciones que puede ganar mucho más allá de todas las expectativas, empezando por la propia Cataluña. No son unas elecciones más. Esperemos que sus dirigentes así lo comprendan.

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Hoy volvemos a lo mismo, al tiempo de los escarabajos

Al estudiar el pasado siempre me llamó la atención el carácter siniestro y absurdo de las dos repúblicas. Recoge Lerroux en algún escrito un dicho de la Restauración: “No todos los republicanos son canallas, pero casi todos los canallas son republicanos”. Lerroux fue uno de los republicanos más esforzados, fue quien convirtió el republicanismo en un movimiento de masas a principios del siglo XX, y tuvo ocasión de señalar en sus memorias las intrigas y odios feroces en su propio movimiento, sin excluir incitaciones a asesinarle. Tendencia a la algarabía, la maniobra ruin o la corrupción si llegaba la oportunidad.

Esa tradición pareció cambiar a principios de los años 30, cuando muchos de los principales escritores del país cobraron afición a la república, aportándole una especie de seriedad intelectual. Ortega y Gasset, uno de los más descollantes, quiso convertir a Cambó a la fe republicana, pero el catalán, buen conocedor del paño, le replicó que del nuevo régimen sólo podía esperarse una era de convulsiones. Ortega, furioso, se marchó dando un portazo, y poco después firmaba, con Marañón y Pérez de Ayala, un manifiesto antimonárquico que tuvo extraordinaria influencia sobre la opinión y valió a los tres el apelativo “Padres espirituales de la República”.

Vale la pena recoger las opiniones de dichos padres espirituales, sólo seis o siete años después, sobre el régimen que tanto habían ayudado a traer. Ortega criticaba ácidamente la frivolidad de los intelectuales extranjeros firmantes de adhesiones a una imaginaria democracia española de la que ignoraban casi todo. Pérez de Ayala escribía con dureza más directa contra los republicanos: “Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a sus pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco. Nunca pude concebir que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza”; “En octubre del 34 tuve la primera premonición de lo que verdaderamente era Azaña”.

 Marañón expresa incluso más vívidamente sus sentimientos: “¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez. Han hecho, hasta el final, una revolución en nombre de Caco y de caca”; “Bestial infamia de esta gentuza inmunda”; “Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?”; “Horroriza pensar que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España. Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos”.

Y así sucesivamente. No menos significativas son las continuas invectivas de Azaña, rebosantes de amargura y despecho hacia los “botarates”, “incapaces” o “loquinarios” que, a su juicio –y los conocía bien, bastante mejor que a sí mismo–, componían los cuadros de mando del republicanismo. Capaces solo de una política tabernaria, de amigachos, incompetente, de codicia y botín sin ninguna idea alta”. Las memorias de otros dirigentes de entonces tienen parecidos tonos. (En LD, 13-4-2o05)

¿Cómo es posible que estemos volviendo a lo mismo? Muy sencillo, porque estas frases son desconocidas para la inmensa mayoría. Porque la historia la han falsificado a fondo los herederos de aquellos estúpidos y canallas escarabajos, que  ahora están en el poder, haciendo con él lo que siempre han hecho. Porque quienes tenían el deber de oponerse han obrado como sus auxiliares y la historia ha pasado en balde, sin permitir la experiencia. Mientras los auxiliares de los escarabajos “miran al futuro”.

 

 

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Cumplir y hacer cumplir la ley

Antifranquismo contra democracia. La pesadilla totalitaria: https://www.youtube.com/watch?v=5NmnO7rrSSM

En la próxima sesión expondremos una galería de antifranquistas ilustres.

 

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

El cumplimiento de la ley hace milagros. Su incumplimiento, pesadillas.

Aunque los cargos políticos juran o prometen cumplir y hacer cumplir la ley, un rasgo de la putrefacción de esta democracia es que nunca lo han hecho. Recordemos el caso de la ETA, una organización de asesinos profesionales en pro de  la secesión de “Euskadi”. Desde muy pronto en la transición se le ofreció la “salida política”, que suponía hacer del asesinato una forma reconocida –y recompensable—de hacer política. Es decir, una vulneración fundamental del estado de derecho. Con ello  vinieron las negociaciones clandestinas de igual a igual del gobierno y los criminales, siempre negadas por los gobiernos para engañar a la gente, y expuestas por la propia ETA para poner en ridículo a aquellos despreciables farsantes. El PSOE recurrió por un tiempo al terrorismo, no para destruir a la ETA, sino para presionar en pro de más negociación y “cambiar la Constitución”, como dijo alguno de sus responsables. Todo esto debe ser recordado, pues ya empezó a pudrir el estado de derecho desde muy pronto.

   Aquello se acabó, harto tardíamente, cuando Aznar y Mayor Oreja –contra una opinión extendida en el PP–  decidieron aplicar la ley, el estado de derecho. Recuérdese también cómo cuando se anunció la ilegalización de las terminales políticas terroristas muchos se echaban las manos a la cabeza o amenazaban, con advertencias hasta desde Londres: se va a crear una verdadera tempestad revolucionaria en Vascongadas. Por el contrario, en poco tiempo fueron desmantelados la mayor parte de aparatos y organizaciones etarras, reduciéndose caso a cero su capacidad de matar. Y, mejor aún, la ETA  perdió rápidamente prestigio y respaldo social, por primera vez. Por cierto que entonces los separatistas catalanes y vascos avanzaron aún en su radicalismo.

Importa entender una de las causas de la política criminal de los gobiernos hacia la ETA: la identificación, igualmente delictiva,  de democracia con antifranquismo: ¿quién más antifranquista, por tanto más demócrata, que la ETA? Se sentían todos de algún modo hermanos en el antifranquismo, como decía el jefe del grupode prensa  16, tan influyente en aquellos años, y podía decirlo “El País”. Finalmente llegó Zapatero, otro delincuente que debería estar en la cárcel junto con sus amigos etarras, a rescatar al grupo asesino y convertirlo en una potencia política que presiona por la disgregación de España y por un avance en la putrefacción de la democracia. Estas cosas no deben olvidarse.

Ahora tenemos un caso parecido en Cataluña. Estoy convencido que todo está cocinado entre la pandilla del Doctor y la de Torra. Las dos dependen una de la otra, y el Doctor ha avisado: si no le apoya Torra, vendrá la “extrema derecha”. El trato implica barra libre para que por unos días los separatistas inunden las calles con sus manifestaciones y agresiones, que vienen muy bien, dentro y fuera de España, para justificar el separatismo. Tanto el PSOE como el PP piensan, pisoteanco la Constitución y la ley como siempre han hecho, en ir a una confederación. Una confederación es un proceso unitario entre estados diferentes, pero cuando se parte de un estado unitario, la confederación es un proceso de disgregación, que puede terminar fácilmente en guerra civil. De hecho, si no de derecho, la confederación ya existe, pues tanto los gobiernos del PP como del PSOE han vaciado de estado a Cataluña y Vascongadas, y siguen un proceso similar en otras regiones. Desde la transición han actuado en ese sentido, han alentado financiado y permitido todas las ilegalidades e imposiciones separatistas, su inmersión lingüística contra los lazos que unen a la nación, su propaganda de odio a España dentro y fuera del país, como si fueran ya una nación distinta con su propia política exterior, su adoctrinamiento contra España y la democracia en las escuelas, etc. La lista de vulneraciones de la legalidad se haría interminable.

¿Cuál es el remedio? Muy simple: aplicar la ley, como se hizo con la ETA. El hecho de que durante tantos años no haya sido así convierte a los gobernantes en delincuentes, y eso debería tenerse muy en cuenta. Mucha gente cree que aplicar la ley “incendiaría a Cataluña”. Muy al contrario, como en el caso de la ETA: tras unos momentos de posible caos, volvería a esa región a la calma y permitiría a los catalanes vivir en paz y libertad y prosperar junto con el resto del país. Pero es obvio que ni el PP ni el PSOE aspiran a tal cosa. Aspiran, en los hechos, ya que no en las palabras estafadoras que suelen utilizar, a proseguir en su política de disgregación de España, que dividiría a esta en una serie de estaditos práctica o plenamente independientes, hostiles entre sí y títeres de potencias exteriores.  Y hay que decir ¡basta! La ley debe ser aplicada y los delincuentes ir a la cárcel. Digamos que todo ello puede aplicarse a la profanación de los restos de Franco, que tan de relieve está poniendo la miseria moral de casi todos los políticos, de los fariseos que dirigen la Iglesia,  de los monárquicos y de quienes se dicen demócratas pero no le importa cumplir la ley norcoreana de memoria histórica.

   Claro que ¿quién podría cumplir eso? Hasta ahora, nadie. Ahora ha surgido el fenómeno VOX, al que intenta fagocitar el PP para proseguir con su política de siempre, la única que sabe hacer. Pues bien: si VOX acierta a distanciarse de todos haciendo llegar un mensaje claro a todos los catalanes y demás españoles, estas elecciones pueden marcar un antes y después en la demencial política seguida durante tantos años. Puede significar el principio de una auténtica regeneración democrática.

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El secreto de Europa

Antifranquismo contra democracia. La pesadilla totalitaria: https://www.youtube.com/watch?v=5NmnO7rrSSM

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Su libro sobre Europa, después del de Nueva historia de España, ¿trata de  dar realmente nueva luz sobre el ajetreado continente?

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

Europa ha creado una civilización  muy peculiar. Si la comparamos con otras percibimos  de entrada el enorme dinamismo de la europea, sus sucesivos movimientos culturales y políticos desde la época de los monasterios, su impulso técnico, su vivacidad filosófica, sus dramáticos choques internos, sus guerras… No sé si otras civilizaciones han tenido tantas guerras internas, pero desde luego en Europa ha habido muchas. O su capacidad expansiva hasta cruzar los océanos y hacerse mundial…

Son fenómenos evidentes, pero usted trata de explicarlos sobre un fondo religioso. Sin embargo todos los pueblos, todas las culturas, han tenido su religión. ¿Por qué en Europa habría dado resultados distintos de otras?

–La explicación hoy  dominante de la historia tanto la marxista como la liberal, es la económica, aunque de distinta manera. Yo sostengo, en cambio, que la explicación profunda es la religiosa. En las principales manifestaciones de la civilización europea subyace un fondo cristiano, y lo que diferencia al cristianismo de otras religiones es, aparte de sus creencias particulares, una tensión especialmente fuerte entre razón y fe. Esa tensión introduce a su vez un dinamismo extraordinariamente fuerte y diversificado en todos los ámbitos de la cultura, por supuesto el político, el económico, el literario, científico, hasta musical o las costumbres…. La historia de Europa viene a ser una dinámica desatada por esa tensión, que ha llegado a convertirse en antagonismo entre razón y fe o más propiamente entre razón y cristianismo.

Usted sostiene al mismo tiempo que el hombre es inevitablemente un ser religioso ¿Cómo explicar entonces ese antagonismo?

–Es religioso en la medida en que precisa de alguna fe para sostenerse en un mundo desconcertante y misterioso, a menudo hostil y frustrante y que se le presenta como un caos. Ese mundo incluye, desde luego, la propia sociedad humana, que puede describirse igualmente así. Sin alguna fe, el hombre se derrumba.

Pero acaba de decir que entre razón y fe puede haber un antagonismo.

–Sí, pero la razón no puede destruir la fe, todo lo más crear alguna fe nueva. Históricamente, eso se ve en la Revolución francesa, culminación de la Ilustración en toda Europa, con la parcial excepción de Inglaterra, donde no adquirió ese carácter tan explosivo y violento en buena medida porque ya el catolicismo había sido  casi exterminado sangrientamente. El odio de los revolucionarios al cristianismo y a la religión en general creó una nueva fe, la fe en la Razón, que debía resolver todos los enigmas y proveer a todas las necesidades humanas, descubrir verdades universales inapelables a las que tendría que atenerse necesariamente el ser humano para ser feliz o meramente para sobrevivir.

En su libro destaca usted el papel de la masonería.

–Una historia de la Europa en su época de apogeo, desde la Ilustración y la revolución industrial, no puede prescindir de la masonería.  Se trata de un hecho curioso: socava a base de  “tolerancia” todas las religiones, pero ella misma es una peculiar religión gnóstica, una religión de la técnica, una religión prometeica. Afirma defender e impulsar la democracia, pero ella misma es la contrafigura de la democracia, una sociedad secreta e iniciática. Etc. Es un factor importante en el desarrollo europeo de los últimos siglos, pero no el único ni el determinante. La fe en la Razón es típicamente una concepción prometeica, mucho más amplia que la masonería. Es curioso cómo el mito griego ya alerta sobre esa tentación implícita en la condición humana. También lo hace el mito judío, con otras formas.

 Usted afirma que la Razón no proporcionó verdades universales sino una diversidad de ideologías que decían basarse en ella.

–No es que yo lo diga, está a la vista. Las ideologías reproducían en cierto modo la división del cristianismo en catolicismo, ortodoxia oriental y protestantismo. Todas se basaban, quiero decir, se basan, en la razón, y lejos de aquellas verdades universales e inapelables a las que aspiraban, han conducido no solo a discrepancias, sino a luchas entre ellas, incluso dentro de cada una. Esa dinámica abocó a las dos guerras mundiales en el siglo XX, una primera dentro del liberalismo y una segunda entre liberalismo, marxismo y fascismos. Y con ellas la entrada de Europa en un nuevo período histórico, que se presenta como de decadencia.

 Dado el fracaso de las ideologías, ¿no debería haber resurgido con más fuerza la vieja fe cristiana?

–El cristianismo no ha desaparecido, desde luego, su huella permanece en mil aspectos, pero las ideologías lo han dejado bastante maltrecho. El problema se presentó ya después de los desastres de la Revolución francesa y las guerras  napoleónicas: ¿por qué el cristianismo, especialmente la Iglesia católica, no ocuparon el terreno dejado por la decepción racionalista? No lo lograron, desde luego. Pero el problema se complica porque hoy, después de la II Guerra Mundial, la guerra fría y el hundimiento de la URSS, muchos afirman que las ideologías han llegado a su final, cosa de la que dudo mucho, y se preguntan, ¿por qué no vuelve el cristianismo con plena potencia, a pesar de sus esfuerzos de “aggiornarse”? He aquí un gran problema, un problema de civilización. Hay otro relacionado, y es que la civilización europea, especialmente en su aspecto técnico, se ha mundializado, pero no ha uniformizado el mundo sino que lo ha complicado.

Bien, ahí tenemos el surgimiento de China, y antes de Japón: acogen y desarrollan, incluso con originalidad, la técnica europea o de origen europeo, pero sus culturas y aspiraciones son muy distintas. En China se presentan incluso como enemigas de Europa. Y veremos en India o en el islam…

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–Esa, la cuestión de la expansión de la técnica europea y sus efectos culturales, creo que es la  que aborda Díez del Corral en su libro El rapto de Europa, pero ya hablaremos de ello. Ahora quiero decir algo más sobre el final de las ideologías. En España lo ha tratado Fernández de la Mora en El crepúsculo de las ideologías. Sin embargo creo que su análisis es contradictorio. No ve que las ideologías son básicamente exaltaciones de la razón, y como remedio propone más razón todavía, una razón básicamente tecnológica. Incluso creó un sistema filosófico, el razonalismo (para distinguirlo del racionalismo), que admite vagamente límites al poder de la razón, pero en el fondo viene a ser una nueva exaltación de ella. Bien, el problema, que por cierto preocupaba mucho a Juan Pablo II y a Ratzinger, era ese: por qué el vacío, la decepción creada por el fracaso de las ideologías, no ha propiciado que la gente se vuelva al cristianismo, sino que ha provocado una mucho mayor descristianización de la sociedad,  un divorcio creciente entre el evangelio y la cultura, como ya veía Pío XII.  Entre paréntesis, no creo que Pancho I de la Pampa  comparta esas preocupaciones de sus antecesores, él tiene la respuesta, la ideologización de la Iglesia. Me recuerda mucho a Zapatero.

¿Por qué se ha dado esa situación?

Tengo el interés por el tema, pero no la respuesta. Ante todo conviene una descripción adecuada del fenómeno.  El final de las ideologías, se dice, ha dado lugar a unas sociedades descristianizadas, ateas en la práctica, que algunos consideran un fenómeno históricamente nuevo, o lo  enfocan como un nuevo paganismo. Yo creo que ni una cosa ni otra. Ni las ideologías se han derrumbado, solo algunas y parcialmente,  ni se trata de paganismo, pues este tenía un agudo sentimiento de lo sagrado, que hoy parece haberse esfumado, sustituido por una cultura obsesiva del entretenimiento. Y tampoco me parece demasiado nuevo, ha existido siempre y de manera más intensa en algunas situaciones, como la Roma de la decadencia. El dicho “comamos  y bebamos, que mañana moriremos” parece concentrar la filosofía dominante en las sociedades actuales, que giran obsesivamente en torno a la  preocupación económica. A eso se refería también Fukuyama  con “el fin de la historia”. Y podría interpretarse como la roca a la que quedó encadenado Prometeo, hablando en términos míticos. Pero ese dicho  ya lo citaba San Pablo. Hoy la Iglesia no ofrece una respuesta ni un discurso convincente sobre estos asuntos. Quiero decir convincente para la gran mayoría, y en mi opinión tampoco intelectualmente. Ha hecho grandes esfuerzos, ya digo, por aggiornarse, para hacer su mensaje espiritual más inteligible e influyente, pero de momento ese esfuerzo parece estar resultando un tanto demoledor para la propia Iglesia.

 

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España, bajo el Doctor / La composición del hombre

**Dicen el Doctor y su pandilla que una democracia no puede tener a un dictador enterrado en un monumento. Como si esa banda de corruptos, déspotas totalitarios y separatistas representasen la democracia.

**El Doctor no tiene mayor talla moral o intelectual que un chulo de discoteca. O de sauna. Y está ahí, mandando en España. Herencia de Rajoy, precisamente.

**Decía Gregorio Marañón que a los frentepopulistas les distinguía “la estupidez y la canallería”. En el Doctor la canallería disfraza su estupidez de listillería.

**Por despreciable y detestable que   política y humanamente resulte el fraudulento Doctor, quienes le sirven lo son más todavía.

**¿Quién es más despreciable, el Doctor o los farisaicos  ”príncipes de la Iglesia”?

**Dicen los beatos que el estado de derecho exige acatar y cumplir las leyes. ¿También las que atacan escandalosamente al estado de derecho? En esto es experto el PP.

**El franquismo dejó por primera vez un país próspero, moderado y reconciliado, apto para una convivencia democrática en paz y libertad. Nunca se los perdonaron sus totalitarios, corruptos y separatistas enemigos.

**Unos partidos y políticos que votan y cumplen leyes totalitarias como la de memoria histórica, no son demócratas, son los peores enemigos de la libertad y el estado de derecho.

**El Doctor ha sacado un vídeo sobre la democracia española que él pisotea a diario con el gran título en inglés Everybodys land.  Quiere convertir a España en una gran sauna anglosajona.

**Casado dice que hay que hacer del inglés lengua de comunicación en España. Habrá que reformar la Constitución para eso: España no es un  país bilingüe angloespañol, fórmula con que PP, PSOE y C´s quieren desplazar el español a lengua familiar.

Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

**Entender la transición: https://www.youtube.com/watch?v=1If68u97b1A

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TARSICIO:  Deja  las cabras y la zambomba, torpe Salicio, y ven aquí, ahora que todavía no han llegado los demás pastores, que yo te ilustre un poco para que no sueltes majaderías y quedes en ridículo delante de la gente. Vamos a ver, ¿qué es el hombre? Seguro que ni te lo has planteado en tu miserable vida, y ahora igual me dices: “pues el hombre es tierra, nace de la tierra y vuelve a ella”. A que sí. Pues no, brutillo. El hombre no nace solo de la tierra, nace también del sol. Sin el sol, la tierra sería un pedrusco estéril. ¿Lo entiendes? El sol fecunda a la tierra, y de ahí salimos. Así que no es tan sencillo, a ver si vas espabilando. Y fíjate ahora, ¿qué nos distingue de los animales? Lo mismo me dices que el habla, y sí, pero eso es secundario. Lo importante es que andamos verticalmente, que somos verticales, y ahora atiende: ¿qué significa eso? Pues que tenemos los pies en la tierra, pero nuestra cabeza está en lo alto, se orienta al sol. ¿Está claro? Pero no es lo mismo una cosa que la otra. No nos podemos separar de la tierra,  la tierra nos alberga y nos alimenta,  mientras que el sol está lejísimos de nosotros, ni siquiera podemos mirarlo de frente solo sentimos su luz y su calor, que son tan distintos de la solidez de la tierra, ¿o no? Y hasta del aire y el viento. Pero su luz nos permite mirar hacia arriba y hacia lo lejos. Eso no lo hacen los animales. Unos miran al suelo, otros miran más allá, pero solo para buscar comida o escapar de un peligro. El hombre no, Salicio. Puede que no sea tu caso, pues siempre te veo mirar en torno por la comida o por buscar alguna cosa útil. Pero créeme, otros hombres miramos porque sí, miramos  al paisaje, miramos a las estrellas, aunque no nos den qué comer ni nos puedan albergar, y nos preguntamos cosas. Eso, zoquete, es lo que se llama el espíritu. ¿Vas entendiendo? Somos hijos de la tierra y del sol, y nos interesan muchas más cosas que las que nos dan de comer o dar la tabarra con la zambomba. Pero prosigamos, a ver si entra algo en tu caletre: estamos compuestos de tierra, cierto, y pegados a ella, como quien dice, ¿y qué te dice eso? ¡Calla, seguro que saldrás con  alguna gracieta mema! ¡Piensa un momento! No estamos en la tierra, estamos solo  sobre su superficie, sobre su superficie sólida. Pero ¿qué hay debajo de ella? Apenas sabemos nada, pero desde luego hay unas fuerzas oscuras, terroríficas. No tienes más que pensar en los terremotos, la lava y esas cosas. El que aquí, en Porriño, no haya nada de eso no significa que no exista en muchos sitios menos privilegiados. ¡Piensa en las montañas, en las serranías!: ¿Quién ha arrugado la superficie de ese modo? Pues esas fuerzas ocultas debajo de nosotros, que el día menos pensado nos dan un buen susto o algo peor.  ¿A que nunca te has parado a pensarlo? Pues piénsalo un poco, cabezón. Así pues, la tierra nos crea, con el sol, ya quedó dicho, pero también nos liquida si le da por ahí, a ella o al sol, supón que le da por no evaporar agua del mar y no llueve… En fin, pero eso no es demasiado importante, lo que importa es lo que voy a intentar aclararte: si estamos hechos de tierra, seguro que en nosotros, en nuestro cerebro, en lo que llaman nuestra psique, reproducimos a la tierra, reproducimos esas fuerzas oscuras. Porque, dirás, supongo, que de los animales también nos distingue la consciencia. De acuerdo, pero ¿qué es la consciencia? Pues que nos damos cuenta, mejor o peor, de la naturaleza y de nosotros mismos, podemos razonar y tal y tal. Bien, vale por el momento. Pero reflexiona, tío: ¿estamos siempre conscientes? Por el contrario, nos tiramos la tercera parte de la vida, fíjate ¡la tercera parte! perfectamente inconscientes. Nunca se te había ocurrido, ¿verdad? Así que ya no tenemos tanta consciencia como presumimos. Y  esas fuerzas oscuras del interior de la tierra se reproducen también en el interior de nuestro caletre, y de pronto, inesperadamente, ¡¡bum!! nos salen tremendos terremotos: cólera irreprimible,  agresión, asesinatos. Guerras y revoluciones, si la cosa es colectiva. ¡A que nunca te lo habías planteado! ¿Has leído a Freud, ignaro? Hasta él, los tíos de la Ilustración habían insistido en la consciencia, la razón y todo eso, todo parecía claro y sencillo como una llanura bien regada. Pero llega Freud empezamos a ver que por dentro de nosotros había esas fuerzas que provocaban seísmos y montañas, si te vale la metáfora. ¿Y te has preguntado por qué la literatura se ocupa tanto de los crímenes y delitos? Si la gente los cometiera solo porque tiene algunas neuronas estropeadas, no habría literatura, solo un poco de medicina, como cuando uno cojea. Pero la literatura le da a esos temas, a esas  cosas que nos parecen anormales, porque ahí hay conflictos entre el sol y la tierra dentro de nosotros.  El sol nos engendra en la tierra, el sol y la tierra  parecen muy amigos,  muy amantes, pero al mismo tiempo se odian, te lo digo yo. ¿Vas cogiendo la idea, pastor simplón? Por eso estamos siempre haciendo barbaridades, y eso no tiene vuelta de hoja…

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