Anglofobia / Dos generaciones / (VI) Consentimiento democrático.

Crónica. Anglofobia

**Me acusan algunos de anglofobia. En absoluto, ni tampoco anglofilia. Percibo claramente las muchas cosas admirables de Inglaterra,  algunas dignas de imitación como su patriotismo recientemente demostrado en el Brexit. Lo que soy es, por así decir, hispanófilo, cosa hoy más bien rara en un país tan degradado moral, intelectual y políticamente  por unas repugnantes castas políticas y “culturales”.

**Como pasa con los separatismos y las derivas sovietizantes, el problema con Inglaterra está más que nada en Madrid, en unos dirigentes de espíritu servil  y fondo hispanófobo, que entre otras cosas han montado un ejército cipayo.

**Es llamativo que un hecho como Gibraltar, tan demostrativo histórica y políticamente, apenas preocupe a nuestros políticos, postrados ante el trasero de “nuestra aliada y amiga Inglaterra”. Por cierto que también para ellos es un gran amigo Marruecos, que aspira a imitar a Inglaterra con Ceuta y Melilla.

**Un político de VOX reprocha a la izquierda en el Charlamento el uso de palabras inglesas en lugar de española: “Sean ustedes menos vasallos”. Excelente. Pero los mayores promotores de la colonización cultural por el inglés son los cutres señoritos cosmopaletos del PP.

**La colonización  ha llegado al extremo de que el principal inspirador  intelectual de la política española, en especial la exterior, es el muy oficializado y subvencionado “Instituto Elcano”. Que viene a ser una sucursal del Foreign Office. Su nombre correcto debería ser más bien Francis Drake Institute.

**La extendida y servil anglomanía –acabamos de ver un caso en Escohotado–, es en sí misma una grave muestra de la inanidad  cultural y política en que se mueve hoy el país. Superarla es una tarea muy de fondo que debiera abordarse cuanto antes.

**Todo el problema político actual en España se resume en esto: cómo echar, a ser posible a la cárcel, a los delincuentes  que están en el poder, y evitar que  sean sustituidos por sus amigachos del PP. Y es un problema definitorio y urgente.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

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Dos generaciones

Comparando las dos novelas, y sin que me lo hubiera propuesto, puede apreciarse el contraste generacional tanto en las actitudes como en las situaciones. En “perros verdes”  son ya maduros, en torno a los 50 años, los jóvenes de “sonaron gritos”. Entre las dos generaciones no hay apenas contacto, aunque era preciso insertar uno, el “fantasma”, que recordase de donde venía aquella sociedad. En la  generación de la guerra ha sido  frecuente el propósito de olvidarla, a menudo por influencia católica  (lo de “la guerra entre hermanos”, el “perdón”, etc.), actitud clara en Carmen, la mujer del protagonista. Este, Alberto,  también ha querido olvidar  pero por razones muy distintas, estrictamente personales. A más de un lector le ha parecido artificial ese olvido hasta  que en la vejez le diera por recordar: Después de todo, sus aventuras juveniles eran muy dignas de contarse, hasta tenían algo de heroico; ¿por qué dejarlas en el olvido, y por qué le había ocasionado semejante trauma el descubrimiento de haber ocasionado la muerte de su padre biológico, cuando nunca lo había conocido y solo sabía de él que era un criminal que seguramente se lo merecía? 

La afición de los dos amigos protagonistas a los problemas filosóficos es una clave. A menudo la filosofía flota por los aires sin apenas ilación con la realidad tangible, pero en este caso la realidad más tangible, personal  y traumática se une a ella. ¿Qué significado tiene que su padre biológico haya asesinado a su madre y a su padre digamos social y  que él mismo, Alberto,  haya ocasionado la muerte del biológico? ¿Y que sean tan parecidos los dos, padre criminal e hijo?  ¿Tal vez tanta sangre vertida era solo un camino desviado para llegar a aquella venganza final, un impulso dirigido por alguna fuerza ajena a su consciencia? Así se podría plantear su reacción ante el choque con aquella realidad. Al revés que en los relatos convencionales en que la persona se encuentra ante un enigma o problema que va desentrañando hasta que al final se hace la luz procurando alivio o consuelo, aquí el enigma se vuelve al final más oscuro.  No hay consuelo, y el olvido es una salida. Alberto se somete en cierto modo a Carmen, deja un pasado turbulento y peligroso, y se conforma con ser un medianillo profesor de filosofía, que no puede o no quiere ser original. Puede entenderse como un reflejo de la sociedad creada después de la guerra, que va rehaciéndose de sus heridas  entre mil dificultades, con eficiencia pero sin brillantez. Claro que ¿por qué, entonces, quiere recordar en la vejez?

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Poder y democracia (VI) Consentimiento democrático

27. El término democracia es, pues, un oxímoron, como ocurre con otros de uso corriente: anarquía, amoralismo o inmoralismo…; o redundantes como “justicia social”. Y debido a ese carácter autocontradictorio, la palabra democracia se presta absolutamente a la demagogia. Aquí  serían demócratas todos los partidos, desde la ETA al PP, y no solo por su común antifranquismo, sino porque ellos mismos lo dicen con el mayor énfasis. Claro que ninguno de ellos, ni todos juntos, son ese  “pueblo” que ejercería el poder. Son inevitablemente, oligarquías. Y oligarquías demagógicas.

28. Así pues, llamamos democracia, en realidad, al consentimiento popular, mayor o menor, hacia y en  un régimen cualquiera. No obstante, distinguimos bastante bien  entre el régimen inadecuadamente llamado democracia, y otros como los fascistas, comunistas o anteriores al siglo XX, que sin embargo podían disfrutar de amplio consentimiento social. ¿En qué se diferencian entonces? En que en democracia el consentimiento es explícito a través de votaciones populares.

29. Importa entender que las votaciones, para ser auténticas, implican otras dos cosas: las libertades políticas (expresión, asociación, etc.) y  una autonomía judicial que impida, entre otras cosas, su falsificación y asegure la igualdad ante la ley. Deben ser también periódicas y no plebiscitarias de una vez para siempre, aunque los plebiscitos se admitan en casos especiales.

30. En otras palabras, la democracia así concebida, se apoya en el liberalismo, pero es distinto de este. De hecho, los liberales se negaron durante largo tiempo al sufragio universal, arguyendo que  este llevaría al poder a los partidos más demagógicos. Por ello impusieron el voto censitario, relacionado con la riqueza de los votantes. Lo cual contradecía el principio de igualdad ante la ley, que terminó imponiéndose.

31. Históricamente, la democracia liberal entró en crisis con la I Guerra Mundial y la depresión del 29. De ahí surgieron otras alternativas que, sin embargo, solo podían funcionar por un tiempo, para sortear la crisis. Así,  en los fascismos y en el comunismo la figura del líder máximo estaba valorada de modo casi absoluto. Sin embargo, aunque un gran líder permitiera superar la crisis, no había la menor seguridad de que le sucediera otro a su nivel, y la ausencia de partidos hacía que las luchas por el poder y por la sucesión se dirimiesen ocultamente, en intrigas de camarillas. La llamada democracia evita en gran medida estos problemas, aunque, desde luego, tiene otros

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¿Ilegalización de VOX? / Juventud en recuerdo e inicio / Errores de Escohotado / Economía y religión

Crónica. ¿Ilegalización de VOX?

**(de Comino) Dice el Pollo del Máster cosmopaleto que el PP no es un “talent show”.  Con su talento en inglés le basta al PP.

**(De Alvo) Federico Trillo,  ex presidente del Congreso,  ex embajador en Londres y ex ministro de ¡defensa!,  todo por el PP, se deshace en elogios a Inglaterra, que tanto nos favorece: “Sobre todo las casas reales se llevan muy bien”, señala. Una como señora, la otra como lacaya, ¿no? ¿O van a devolver Gibraltar, de tanta armonía?

**El conglomerado delincuente PSOE, ETA, separatistas-comunistoide está trabajando en un programa para la liquidación de España y la democracia. La pregunta es: ¿se lo permitiremos?

**Me pregunta un amigo: “la izquierda y los separatistas están preparando la ilegalización de VOX. ¿Qué haría el PP en ese caso?”. Sí que la preparan, pero no creo que lo consigan. VOX tendría que tomar el toro por lo cuernos en la cuestión de la memoria histórica como ataque a la libertad de todos. En el caso hipotético de la ilegalización, el PP “protestaría”, alegrándose por lo bajo, como suele hacer en muchas cuestiones. Hay que estar preparados para todo.

**Leo que el PP quiere capitalizar las protestas contra el Pollo Doctor y su gobierno poniéndose al frente de ellas. Como cuando las manifestaciones contra la colaboración de ZP con la ETA: se puso a la cabeza para llevarlas a la  nada.

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

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Juventud en recuerdo y en inicio

El  hilo conductor en las dos novelas es la juventud  de los personajes. En la primera es el protagonista quien, ya viejo,  recuerda sus peripecias juveniles, olvidadas deliberadamente  durante muchos años. Ese protagonista reaparece en la segunda novela, en edad madura y en tercer plano,  “como un fantasma”, en breves juicios de una hija y un hijo suyo,  y de alguien que le conoció en Rusia. En la primera novela, Sonaron gritos,  el protagonista escribe sus peripecias  en primera persona; en la segunda, Cuatro perros verdes,  es el narrador omnisciente quien expone los avatares, sentimientos y pensamientos de los protagonistas, que son cuatro o cinco.  En el primer caso,  el autor ha debido recurrir a mucha documentación sobre el tiempo narrado, mientras que en el segundo recurre fundamentalmente a sus propios recuerdos de adolescencia-juventud. Y la problemática es también distinta: los jóvenes de Sonaron gritos, aunque interesados en problemas filosóficos, no tienen apenas tiempo de especular, porque las duras condiciones de los “años de hierro” les empujan inevitablemente a tomar decisiones dentro de un abanico muy estrecho. En el segundo caso, el abanico es amplísimo y las dudas existenciales más intensas. Hay además gran diferencia de enfoque entre el anciano, ya sin casi futuro, que repasa su juventud, una parte de su vida ya lejana y cumplida sin posible cambio;  y  los jóvenes  que no tienen casi nada que repasar  porque aún no han vivido gran cosa, lo que resalta su inquietud e inquietudes ante la vida que esperan o les espera. Cabría catalogar las dos obras como literatura juvenil, si no fuera porque no se parecen en nada a lo que normalmente se entiende por tal. 

Cuatro perros verdesSonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Escohotado: libertad, comercio e historia

Un conocido se extraña de que yo pueda escribir tanto, y me pide opinión cobre Escohotado. A lo primero, pues puedo hacerlo, simplemente, y aún escribiría más, pues no me faltan ideas, solo tiempo. Claro que eso tiene un coste: a lo largo de estos ya largos años he perdido el contacto con la mayoría de mis conocidos y amigos. Difícil de evitar.

En cuanto a lo segundo, no he leído a Escohotado, aunque sí bastante sobre él. Si defiende las drogas, quizá debiera explicárselo a los familiares de tantos miles de jóvenes que han muerto o quedado embrutecidos por ellas. ¿Serían unos mártires de la libertad? El concepto de libertad que expone no es el que yo defendería. Creo que también defiende el aborto que es una especie de derecho al asesinato de vidas humanas. Pero fundamentalmente, por lo que él mismo ha explicado –y ya dice mucho el título de su libro Los enemigos del comercio, a quienes equipara a enemigos de la libertad– Creo que comete tres errores de concepto y uno de historia.

1. No existen enemigos del comercio, que es un hecho social inevitable. Existen diversas concepciones del comercio. Por ejemplo, Inglaterra destruyó las manufacturas textiles indias y al mismo tiempo prohibió montar allí fábricas que hicieran la competencia a las inglesas. El comercio existió, claro, de esa manera. Tampoco parece un ataque a la libertad que la Iglesia prohíba, por ejemplo, montar en las catedrales mercadillos de ropa, droga o  pornografía.

2. El segundo error, a mi juicio,  es presentar la libertad de comercio como panacea para la libertad y el bienestar. No siempre es así. Esa libertad convirtió a Inglaterra en la mayor potencia narcotraficante de la historia. A su lado Maduro o las FARC parecerían liberales, pues no obligan a nadie a consumir droga, solo satisfacen una “demanda social”  contra las restricciones antiliberales de sus gobiernos. En cambio  Inglaterra no solo traficaba con drogas, especialmente el opio, sino que cuando China, alarmada por sus estragos entre los jóvenes, intentó prohibirlo, mandaron sus cañoneros y se quedaron con Hong Kong, para que los chinos entendieran de una vez lo que era la auténtica libertad. Hasta ahora, Maduro no ha intentado invadir otros países para defender la libertad de las personas. La libertad de comercio puede resultar también desastrosa: en virtud de ella, Inglaterra cambió cultivos en Bengala y extendió el del opio, provocando hambrunas con millones de muertos. Y en Irlanda el auténtico genocidio de la Gran Hambruna respondió  también a una libertad de comercio, tras haber reducido a la mayor parte de la población a la miseria.

3. El tercer error de Escohotado es hacer sinónimos o casi, libertad y comercio.  Sin comercio no hay economía o prosperidad, pero la libertad es un concepto mucho más amplio. En definitiva, y parodiando a Heidegger, el hombre sería un “ser para la economía”, según dice también el pensador Rajoy.

He mencionado a Inglaterra porque, según he leído, ella y Holanda son para Escohotado los modelos de la libertad-libre comercio.  Inglaterra nunca aplicó esa libertad más que restrictivamente, en lo que podía convenirle. Y la acumulación de capital que facilitó la revolución industrial descansó en gran medida en el comercio de esclavos, pues Inglaterra sucedió a Holanda como la mayor potencia de la historia en ese negocio, quizá no muy ejemplar, aunque, desde luego, era un comercio libre. Y hoy sabemos que tres de los comercios que mueven  mayor volumen de dinero (¿por tanto de libertad?) son la prostitución, las drogas y las armas. Otra cosa:  tanto el Imperio romano como el español. que él critica, fueron dos enormes entidades comerciales, entre otras cosas. Por eso su destrucción acarreó una caída catastrófica del comercio. 

Escohotado se decía liberal, a lo que tenía derecho. Solo que la suya no es la única interpretación posible del liberalismo.

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Economía y religión en historia

Desde hace dos siglos las tendencias historiográficas se inclinan, cada vez más, por la interpretación de la historia en términos materialistas, es decir, fundamentalmente económicos. Se supone que los mil variados fenómenos de reformas, pactos y conflictos políticos, decisiones regias, batallas, exploraciones, etc., incluso la literatura o las artes, serían como la espumilla superficial de esa profunda corriente comercial y técnica. De modo que podrían ser más decisivas las oscilaciones financieras o del precio del pan,  que el agitado mundillo de “reyes y batallas”, reflejo secundario de tales oscilaciones.

Este concepto se aplica aún más a la religión, reducida entonces, bien a una elaboración interesada y fraudulenta de los grupos de poder para mantener su dominación, bien a poco más que una curiosidad sin mucho efecto real,  estudiable al margen o como complemento de la historia propiamente dicha, a la manera de la moda o las costumbres alimentarias.

No obstante, está claro que los protagonistas de las guerras de religión pensaban muy de otro modo, y en función de sus ideas no solo aceptaban cuantiosas pérdida materiales, sino de la propia vida.  Desde el punto de vista religioso, la concepción del hombre puede incluir la economía, pero es sin duda mucho más amplia y densa. La religión viene a ser una respuesta de la psique humana al problema irresoluble del sentido de la vida, puesto que, como observaba Omar Jayam, nos es imposible saber la razón de nuestra “llegada a, estancia en  y salida desde” el mundo que más o menos conocemos. Estando el sentido de nuestra vida más allá de  las posibilidades de la razón,  la angustia derivada solo puede ser aplacada con la fe. La religión propone una fe y un modo de dar sentido a la vida mediante la moral.  De hecho, también las concepciones materialistas implican fe, inevitablemente, y en ello se parecen a la religión: la fe en el progreso con el hombre considerado, parodiando a Heidegger como un “ser para la economía”, y la moral correspondiente.

La incertidumbre acerca del sentido de la vida hace que las elaboraciones religiosas sean tan variadas y a menudo enfrentadas, y que algunas busquen una universalidad que presuntamente eliminaría los conflictos y aseguraría la paz general,  al modo como el galaico  Orosio afirmaba del cristianismo en la época romana tardía. Pero esa universalidad estaba, desde luego, muy lejos de ser alcanzada, y había por entonces dos grandes y fundamentales conflictos bélicos de fondo religioso: entre los católicos (no todos) y el islam otomano, y entre protestantes y católicos. Esta última giraba en torno a la cuestión del libre albedrío y el valor de las obras, en otras palabras, en torno a la condición humana en lo más decisivo. 

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Continuidad histórica y nuevos problemas / Lo que nos jugamos / (V) Democracia como utopía

Continuidad histórica y nuevos problemas

Hoy, en España, encontramos dos temas político-ideológicos clave: la continuidad histórica de la nación,  y  los nuevos problemas derivados de la decadencia europea y la rápida transformación  del mundo, que tanta ideología histérica generan. El primer tema  gira en torno al significado histórico del régimen de Franco, y el segundo en torno a la búsqueda de algún hilo de Ariadna afrontar una problemática nueva y  no solo española, escapando al laberinto de las ideologías. Las dos cuestiones están relacionadas de un modo que podríamos esquematizar así:  ¿puede servirnos la clarificación del franquismo –incluso de la historia anterior– para abordar los problemas actuales? En mi opinión, sí, aunque no por completo. ¿Qué podemos aprender del franquismo? Incluso ¿qué podemos aprender de la gran época de España (siglo XVI fundamentalmente)? Aunque no suficiente, esto es esencial, porque el proceso de destrucción nacional actualmente en curso,  lleva indefectiblemente a la agravación de todos los problemas e impide abordar cualquier otro asunto.

En relación con el primer tema, este año ha sido el 90 aniversario de la llegada de la II república. Se trata de un hecho que entraña las lecciones políticas más profundas y actuales, pero, como era de esperar en una sociedad cultural e intelectualmente casi muerta, no ha suscitado el menor debate de interés. He escrito al respecto dos libros de síntesis: La Segunda República Española. Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen, con un enfoque realmente nuevo; y Por qué el Frente Popular perdió la guerra, del que puede decirse lo mismo. Se trataba, como decía Stanley Payne, de meter un chorro de aire fresco en una historiografía –de consecuencias políticas– esclerotizada en tópicos mayormente falsos. ¿Cuál ha sido la respuesta? La respuesta real, de  una universidad muy degradada, y de unos políticos por el estilo, ha sido el reforzamiento de la infame ley de memoria histórica. Y la conclusión es lúgubre, pues, más allá de que consigan o no imponerla, queda de manifiesto el auténtico páramo cultural en que vive el país

Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra CivilLa Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936

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Crónica. Lo que nos jugamos

**El Rajoy, a la cabeza de un PP corrupto, impulsó y  financió los separatismos, también en Galicia, Valencia y Baleares y facilitó el ataque y corrosión sistemática de la idea de España hasta llegar al golpismo permanente;  consolidó las políticas totalitarias de memoria histórica y de género de ZP, apoyó a los etarras, vendió la soberanía española “por grandes toneladas”; en suma, se unió  al PSOE para bailotear sobre la unidad nacional y la democracia. Pero el hombre está muy satisfecho de sí mismo: “Nos encargaron sacar a España de la crisis y lo hicimos”. Hasta eso lo hizo, medianamente, imitando las políticas finales de Zapatero.

**Escohotado, dicen, defendía la libertad. No conozco a nadie que afirme oponerse a ella.

**Las peleas dentro del PP son una buena noticia. Uno recuerda con agrado cuando la nefasta UCD de Suárez  voló por los aires. Dio paso al PSOE, cosa mala, pero la UCD era el caos. Después, el PP se convirtió en un PSOE bis. Ahora ha aparecido VOX: tiene la gran oportunidad de extraer lecciones de la historia.

**¿Vamos a permitir que unas pandillas de estafadores,  macarras e histéricas nos arrebaten la historia y la libertad? Eso es lo que nos jugamos todos actualmente

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A principios de 1944, Usa e Inglaterra  abandonaron  las cortesías anteriores hacia Franco para injerirse abiertamente en los asuntos internos de España y tomar medidas interpretables como prolegómenos de una invasión. Stalin, sin embargo, no tenía el menor interés en ella, pues estaba obsesionado con el segundo (en realidad tercero) frente por Francia, máxime a la vista de los muy lentos y costosos avances de los Aliados por Italia. Es muy posible que Stalin evitase entonces una invasión a España; una de las muchas  paradojas de aquella guerra.   206 – ¿Salvó Stalin a España de una invasión anglouseña? | “Los mitos de la guerra civil” en francés – YouTube

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Poder y democracia (V) La democracia como utopía

22. Hay, además, otro problema porque los “ilustrados”, “los que saben”, en realidad no saben mucho.  Conocen la técnica del poder y ciertas exigencias sociales mejor que el gran público,  pero qué hacer con el poder es ya otro problema que da lugar a las respuestas más variadas de los grupos oligárquicos, más o menos ilustrados. De ahí la incertidumbre de la política  y la lucha entre grupos “ilustrados”.

23. El problema básico del poder viene a ser el de su legitimidad. Puesto que su justificación está en el orden social necesario que impida el choque abierto entre grupos de intereses distintos u opuestos, siempre existentes, la legitimidad del poder radicaría en su capacidad para asegurar un orden que parezca justo a la mayoría, permitiendo estabilidad e, ideal pero también  posiblemente, prosperidad y cierta armonía de intereses. Esto implica equilibrios nunca definitiva o por largo tiempo estables, por la persistencia de la diversidad de intereses.

24. Considerada etimológicamente, en  democracia sería la propia sociedad, “el pueblo”, quien directamente se  gobernase a sí mismo al margen de oligarquías.  Pero de acuerdo con esa visión “etimológica”, no habría más legitimidad posible que la democracia, con lo que los poderes y por tanto  la historia anterior a la democracia, es decir, anterior prácticamente al siglo XX, quedaría condenada como ilegítima, idea absurda pero propia de las utopías que creen descubrir la solución definitiva a los problemas humanos. Por eso hoy todos los regímenes se proclaman democráticos, con alguna adjetivo añadido. La democracia “etimológica” será una utopía más.

25. Por supuesto, la democracia tal como la conocemos y se practica, no tiene nada que ver con esa utopía. Pues naturalmente el pueblo genera de modo constante oligarquías o partidos en lucha por el poder, y la democracia solo viene a resultar un modo de encauzar esas luchas, como en el fondo las demás formas de poder. La democracia es una forma históricamente reciente, que proporciona más estabilidad y consentimiento que otras anteriores, pero no siempre ni en todas partes, y que genera sus propios problemas. Ciertamente debería buscársele otro nombre, pero este se ha extendido tanto que parece inviable otra cosa que clarificar su contenido.

26. Importa, aunque sea volver al comienzo, entender el fondo de todas las utopías, que podría definirse como la negación de la diversidad y desigualdad humanas, y de la moral consiguiente,  para volver a la igualitaria inocencia animal (el hombre es bueno por naturaleza). Ello exigiría algún aparato organizador, que difícilmente puede consistir en otra cosa que la omnipotencia del poder, del estado. La utopía viene a ser la nostalgia del paraíso terrenal “de algo que nunca fue”, pero que refleja la angustia del ser humano por su propia condición.

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El mayor estadista / El tiempo extraño (6) / Efectos nefastos

El mayor estadista

Ayer puse el blog sin recordar que hoy es  una fecha histórica, aniversario de la muerte del mayor estadista que ha tenido España en al menos dos siglos: el que venció a sovietizantes y separatistas, salvó a España de las atrocidades de la guerra mundial, derrotó al maquis comunista y las maniobras internacionales conjuntas  de países comunistas, democráticos y dictatoriales para aislar y hambrear la nación, mantuvo la unidad e independencia nacional, y dejó un país reconciliado y próspero. Nadie ha hecho más por España en varios siglos. ¿Quiénes le odian? No los demócratas, que nunca le hicieron oposición. Le odian los etarras y sus corruptos amigos del gobierno, los separatistas de todo pelaje, los comunistas y los señoritos del PP, condenados por su inanidad y oportunismo a alimentarse de los desechos intelectuales de la izquierda. Bien mirado, no es de extrañar ese odio, lo sorprendente sería lo contrario.

Hoy la herencia del franquismo, es decir la unidad e independencia nacionales, la paz, la reconciliación, y sobre todo la libertad, están seriamente amenazadas por unos políticos corruptos, totalitarios y estafadores que no viven en la mentira sino de ella. Pero esto es así también porque quienes más o menos entienden los méritos de Franco, son incapaces, por confusión y pasividad,  de contrarrestar a los odiadores y crear opinión pública. Y esto parece tener mal remedio, por ahora. 

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“Una novela dantesca” (Aquilino Duque)

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Otoño de 1943: el franquismo sufre amenazas internas y externas cada vez más serias, pese a lo cual se consolida 205 – El franquismo se consolida frente a amenazas internas y externas – YouTube

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El tiempo extraño (6). 

Como decía, era un lugar común en la oposición antifranquista la elevación moral y cultural que experimentaría la sociedad cuando, por fin hubiera llegado la libertad o lo que llamaban libertad,  tras el fin de “la dictadura”. Sin embargo recuerdo bien los años de la transición, cuando vivía en la clandestinidad pero atento a los fenómenos sociales en marcha. Bien pronto se empezó a hablar del “desencanto” ante aquellas expectativas. Los jóvenes se volvían “pasotas” y las retóricas políticas “les resbalaban”.  Antes, aunque fuera por curiosidad, bastantes personas recogían los “panfletos” que tiraban los partidos en el metro, las calles o las puertas de las fábricas, y ahora quedaban en el suelo, pisoteadas con indiferencia. Se intentaba crear una “épica de la libertad por fin  conquistada”, pero realmente  la democracia llegaba por evolución, sin conquista  de ninguna clase; y era imposible ver nada épico en aquellos políticos y partidos que, salvo en parte los comunistas, se habían dedicado a prosperar y trepar en el franquismo, incluso en su aparato de estado… Saltaba a la vista  que simplemente se proponían hacer lo mismo en la nueva situación declarando su aversión al régimen anterior, del que tantos beneficios habían extraído. Esta “jeta” era particularmente cómica entre los  cómicos, es decir, entre gentes del teatro, del cine, intelectuales, etc. promovidas y premiadas abundantemente en aquellos horribles años de tiranía y páramo cultural.  Y los que habían luchado, pocos, sugerían una historia más bien  algo sórdida que  épica. En fin, más que de épica liberadora eran tiempos de farsa generalizada, en la que casi todo el mundo hacía su papel alegremente.

Típica también  fue la vasta difusión de la droga, desde el porro o la cocaína a la más dañina, la heroína. No conozco ningún estudio al respecto, pero puede afirmarse que miles de jóvenes murieron y muchos más  quedaron más o menos idiotizados por sus efectos. El PCE no era partidario, pero el PSOE fomentaba la nueva tendencia de “libertad”. En la prensa se preguntaba al respecto a los líderes de las juventudes de los partidos, y también los de derecha se mostraban comprensivos, “¿quién no se ha fumado algún porro?”. También la pornografía subió en flecha, a menudo mezclada con la política “democrática”. La revista pornopolítica Interviú alcanzó  una tirada de un millón de ejemplares, absolutamente insólita. Y también subió en flecha la delincuencia común, con revueltas en las cárceles y asesinatos entre presos, creo recordar que llegaron a jugar al balón con la cabeza de alguno. En el lenguaje corriente se introducían muchos términos del caló carcelario, e iba infantilizándose

El negocio de las alarmas, puertas blindadas y empresas de seguridad, antes prácticamente inexistente, se fue convirtiendo en un pilar no desdeñable de la economía. Recuerdo aquel tiempo también por las estridentes sirenas policiales a cualquier hora y en cualquier sitio, y también por el sonido de las alarmas de los coches, que te despertaban a cualquier hora de la noche. 

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  También aparecieron las fiestas con mucho ruido en pisos o simplemente los “botellones” (esta cutre palabra vino más tarde) en la calle y en los bares hasta altas horas de la noche, que no dejaban descansar a los vecinos que  debían levantarse pronto para ir al trabajo, de quienes se burlaban abiertamente, también en prensa como en El País. España había entrado en un jolgorio de libertad, hedonismo, decibelios  y cachondeo a todo trapo. Parecía que “la democracia es así”, o bien que había que tolerar una etapa pasajera de tales alegrías como desahogo por la brutal represión antes sufrida.  . En la prensa se extendía el chismorreo sexual de unos y de otros… Hay que decir que los comunistas explicábamos estos fenómenos “culturales” como manejos de la burguesía para apartar a los obreros y los jóvenes de la lucha y disolver su  “conciencia de clase” o “revolucionaria”. Otros creo que los atribuían a la masonería o al propio comunismo, o al sionismo. En realidad, creo que eran fenómenos espontáneos, solo en parte dirigidos desde la prensa y los medios, donde iban asentándose “los putos y las putas”, como decía un comentarista.

Cualquier protesta era tachada de “represora”, “conservadora”, “puritana”,  adjetivos  de intención negativa… o de “nostalgia del franquismo”, aquel páramo cultural y social donde nadie se divertía bajo un yugo oscurantista de  terror policial.  Lo del “páramo cultural” fue tomando cuerpo de la pluma de unos intelectuales que hoy han pasado en su mayoría a un merecido olvido, aunque no sin dejar su huella.

Este ambiente no muy paradisíaco se completaba con oleadas de huelgas nunca vistas, que hacían quebrar a numerosas empresas; un desempleo tampoco visto anteriormente; y una abundancia de mendigos, que habían prácticamente desaparecido bajo la brutal tiranía del régimen pasado.  Y por supuesto estaba el terrorismo en ascenso,  sobre todo el de la ETA. Llamar a todo esto democracia, cultura, elevación moral o cosa parecida… se puede hacer, por supuesto, por qué no, ¿no estamos en un país libre? Pero es interesante recordar también que cuando el PSOE llegó al poder lo hizo con la consigna del “cambio”, un cambio solo posible con la “honradez y firmeza de cien años” demostrada por aquel partido. Recuerdo que salieron incluso adivinos pronosticando para España, bajo los socialistas, un período de florecimiento económico, cultura y política como nuna se había soñado. Por eso ahora las lumbreras de la “memoria histórica” dicen que la etapa anterior no había sido de  “verdadera democracia”, sino de “crímenes franquistas”.

Debo decir que el PSOE siempre me produjo especial repugnancia, aunque por razones distintas. Entonces porque percibía claramente su  desvergonzada usurpación de una lucha antifranquista  que no realizó, y su demagogia social no menos desvergonzada. Posteriormente, por  razones de más peso. 

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

Persistentes efectos nefastos 

La experiencia del Frente Popular me parece extraordinariamente valiosa para entender la historia desde entonces: por qué hizo imposible la democracia para una larga temporada, y por qué actualmente, por falsear la historia o pretender ignorarla, hemos llegado a la situación actual.

Importa también entender su estrecha relación con la II Guerra Mundial, no en el sentido que normalmente se da a la relación entre esta y la guerra de España, sino en los efectos de la alianza entre Stalin y las potencias anglosajonas. Como previó Franco, esa alianza no iba a prolongarse mucho  en términos militares  y políticos, pero ha pesado mucho, y sigue pesando, en la ideología y la propaganda. Con efectos nefastos para la estabilidad y la libertad en España, hasta hoy mismo. 

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Por qué tiene razón la pandilla del Pollo Doctor

Por qué tiene razón la pandilla de  Pollo Doctor.

Hay que entender la lógica política e ideológica de los procesos que vivimos por debajo de la espumilla de los chismorreos políticos de cada momento. Ya en la transición, la inanidad intelectual de la derecha permitió que se confundiese democracia con antifranquismo. A partir de ahí se abrió un proceso de corrosión de la democracia, porque el antifranquismo nunca fue democrático. De serlo, nada más democrático que la ETA, pues no solo combatió al franquismo, sino que reúne en sí los dos componentes de los vencidos en 1939: separatismo y socialismo sovietizante.

El ápice de ese proceso se alcanzó con Aznar, cuando condenó el alzamiento del 18 de julio y se convirtió en el mayor benefactor político de los separatistas. Con ello despejó el camino a las leyes y medidas de Zapatero, en particular la ley de memoria histórica, que ahora quieren reforzar.  La ley de memoria  remataba la condena hecha por Aznar convirtiendo en ley la deslegitimación del franquismo. Al parecer casi nadie se daba o quería darse cuenta de sus consecuencias lógicas. Con ello se deslegitimaba la herencia de aquel régimen, que en definitiva no era otra cosa  que la paz más larga de España en dos siglos, la prosperidad mayor que se había vivido antes o después, la  unidad nacional, la cultura básicamente cristiana de occidente y la monarquía. Y esta es la herencia que se quiere destruir en nombre de una democracia representada por sovietizantes y separatistas herederos de los vencidos en la guerra civil.

Pero ¿y la democracia? ¿Podía haber venido ella del franquismo? De acuerdo con la falsedad inicial, no podía. Lo que habría ocurrido en la transición habría sido una falsa jugada del propio régimen para perpetuarse lavando su fachada. Sin embargo está el  referéndum de 1976, que todo el mundo quiere olvidar. Por abrumadora mayoría popular se decidió la democracia de la ley a la ley, desde la legitimidad histórica del franquismo.  Una legitimidad que la gente entendía por haber derrotado al Frente Popular, haber librado al país de la guerra mundial, haber mantenido la  unidad nacional y la cultura europea de raíz cristiana, por haber traído la mayor prosperidad  vivida hasta entonces y mantenido una gran libertad personal. El franquismo fue dictatorial, porque las circunstancias históricas no permitían otra cosa, pero no fue tiránico.  Esta es la legitimidad del franquismo, y solo desde ella podía pasarse a una democracia que no reprodujese las convulsiones de los años 30.

Así pensaba la gran mayoría entonces… , muy equivocadamente según la doctrina del antifranquismo democrático. Pues si mantenemos la equiparación de democracia y antifranquismo, el actual frente popular tiene razón: aquel referéndum no puede ser reconocido, como tampoco la transición y la amnistía posteriores. La única democracia posible sería la que saltase hacia atrás cuarenta años para proseguir la supuesta legitimidad del Frente Popular. Solo que este, claro está,  solo puede llamarse democrático desde una absoluta perversión del lenguaje, perversión a la que, abierta o implícitamente, se han prestado ya la UCD y más decisivamente Aznar y su partido, los obispos y la monarquía, en una inmunda quiebra política, intelectual y moral.

Dicen ahora los enterados que la pandilla gobernante en España va contra la transición y la amnistía. No es cierto: va contra el franquismo, contra su herencia, porque sin él, ni  la transición ni la amnistía habrían sido posibles. Y esta es la lección que todos debemos aprender si queremos evitar errores del pasado.

Unas palabras sobre Torcuato Fernández Miranda. Este fue el único político de verdad clarividente de la transición. Él percibió con claridad dos cosas: a) que el franquismo no podía continuar; y b) que la democracia no funcionaría si no se hacía sentir débiles a los antifranquistas.  Lo segundo era esencial, porque en la incertidumbre de una  transición política podían creerse más fuertes de lo que eran, lanzarse a acciones aventureras y volver a las andadas. El modo como hizo saber a los antifranquistas que eran débiles, fue el citado referéndum. Contra él se movilizaron en vano  los que hablaban de ruptura para enlazar con los vencidos de la guerra.  Primero intentaron una huelga general que falló estrepitosamente, y después un boicot al referéndum igualmente fracasado. El pueblo no tenía “memoria histórica”, tenía simplemente memoria real de lo que había vivido, y votó lo justo. Este fracaso obligó al antifranquismo a moderarse… por un período.

¿Y por qué no podía continuar el franquismo? En primer lugar porque, al definirse como  católico y ser rechazado por la Iglesia en el Vaticano II, había caído en un vacío ideológico. En segundo lugar porque, como efecto de ese vacío, los cuatro partidos o familias del régimen estaban disgregados y a la greña, entre sí y dentro de cada uno: ninguno de ellos podía continuar el franquismo, y la mayoría ya no lo querían. Por eso fueron muy pocos los que se opusieron en las Cortes y luego al referéndum. En tercer lugar porque, a consecuencia de lo  anterior, el régimen nunca había desarrollado una ideología propia. Por  tanto, solo  quedaba intentar una democracia que no repitiese las convulsiones de la república, para lo cual el franquismo había creado una sociedad reconciliada y próspera en una nación unida. 

Torcuato era hombre culto, conocedor de la historia y sus líneas de fondo, pero desgraciadamente Suárez, al que creyó erróneamente un discípulo fiel, era un chisgarabís ignorante que solo concebía la política como el chanchulleo de ocasión con estos y los otros. Y  que condujo la transición al peligroso desastre  del 23-f. Y el rey resultó algo muy semejante. No obstante, el franquismo dejó una herencia tan fuerte, que  todavía el frente popular no ha logrado sus objetivos, aun habiendo avanzado mucho hacia ellos.

El caso es que hoy, por estas falsificaciones de la historia, ha vuelto el frente popular de separatistas y sovietizantes, y  el país se encuentra en golpe de estado permanente, en serio peligro de  disgregación nacional y de tiranía comunistoide, empeorado por una renuncia a la soberanía que hace de España un país satélite o títere de otras potencias. Ha vuelto el  poder de “la estupidez y la canallería”, que dijo Gregorio Marañón. El poder que quiere arrebatar la libertad a los españoles, dividirlos  y provocar el choque entre ellos. El poder que intenta, al modo hitleriano, implantar una tiranía empleando torticeramente fórmulas  legales. El poder al que hay que parar los pies de manera absoluta antes de que nos conduzca al choque directo. 

La Segunda República Española: Nacimiento, evolución y destrucción de un régimen 1931-1936Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra CivilLos Mitos Del Franquismo (Historia)

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