La Unión Europea contra Europa (I) El multiculturalismo

Este sábado, en Radio Ya, hablaremos de las fosas del franquismo.

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Para difundir en las redes

*Es preciso que todos los demócratas y amantes de la verdad histórica emprendamos una gran campaña en los medios y en las redes sociales, explicando lo que fue el Frente Popular y el origen de la democracia,. Democracia que  están demoliendo los antifranquistas, es decir, los separatistas y sus cómplice PP y PSOE. Llamo a todos a una movilización contra los planes del Doctor Makarra.

*El Doctor Kanalla está emperrado en ultrajar los restos de Franco. Es decir, en ultrajar la democracia, porque la democracia fue decidida por absoluta mayoría en el referéndum de 1976 “de la ley a la ley”, es decir DESDE el franquismo y no CONTRA él. Y sí CONTRA la ruptura que proponían los herederos del Frente Popular, hoy doctorados. Que hoy quieren vengarse de Franco y del pueblo atacando la historia y la convivencia en paz de los españoles.

*Sobre la profanación de la tumba de Franco (y de la democracia), pueden pasar tres cosas a) que el Supremo lo consienta, vulnerando la ley  (cosa no imposible, por desgracia). Que no lo consienta, con lo que toda la operación del Doctor Kanalla se vendría abajo. O que la banda del Doctor desafíe al Supremo y realice la profanación por la fuerza. en este caso sería posible que el Doctor y su pandilla terminaran en la cárcel, que es donde deberían estar ya.

*El Frente Popular fue una amalgama de totalitarios, separatistas y golpistas, tan aficionados a la guerra civil que organizaron una entre ellos mismos, en mayo de 1937,  y se hundieron en otra, en marzo de 1939. Y tan aficionados al asesinato que se asesinaron entre ellos mismos con entusiasmo. Conviene que todo el mundo lo sepa.  

*El Makarra es esencialmente un matón cobarde. ¿Recuerdan la chulería con que amenazó con acciones penales a quienes acusaran de falso su doctorado? Eduardo Inda le desafió sin el menor respeto a un personaje tan vil, y el matón tuvo que envainársela. El video de Inda  aquel era buenísimo

Los Mitos Del Franquismo (Bolsillo)

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Usted ha dicho varias veces que la Unión Europea es precisamente antieuropea, y en su libro sobre Europa viene a sostener algo parecido.

Lo primero que es preciso aclarar es qué entendemos por europeo. Europa es una civilización, es decir, una cultura muy elaborada a lo largo de más de dos milenios.  Si usted quiere convertirla en  una amalgama multicultural ya está atacando precisamente aquel punto fundamental que distingue a Europa y que la hace algo más que geografía.  Podemos empezar por ahí.

P. Pero también podría verse el multiculturalismo como una evolución  lógica a partir del pensamiento europeo, de lo que ha caracterizado a Europa, en contra de una esclerosis de ese pensamiento en formas ya superadas. Quiero decir, un punto esencial de la tradición europea es la defensa de los derechos de la persona, la lucha contra la tiranía, y el multiculturalismo iría en esa dirección.

Sí es un principio básico, creo que inexistente en otras culturas, aunque de un modo u otro está implícito en todas, como una idea de justicia. Pero hacerlo explícito ha sido fundamental, porque permite su desarrollo. En España tenemos hitos clave como los conceptos de San Isidoro, el Fuero de León,  las Cortes de León o la Escuela de Salamanca. Es ya una larga tradición. Pero esa tradición se ha forjado en lucha con otras contrarias, como la consustancialidad de política y religión, o la presunción de que el status social de los individuos venía determinado por voluntad divina, y cosas parecidas. Y eso no se da en otras culturas, o al menos no con la intensidad y claridad que en la nuestra. Si admitimos a esas culturas en igualdad de condiciones en nuestro propio territorio, estamos diluyendo la nuestra, anulándola. Eso es un completo absurdo.

P. Pero usted debe admitir que  Europa es una de las partes más ricas del mundo y con más libertades políticas y estabilidad interna desde la II Guerra Mundial.  Por tanto el multiculturalismo no tiene por qué ser una amenaza grave. Al revés, esas culturas que inmigran a Europa terminarán asimilándose a la europea, integrándose en ella, precisamente porque ella les otorga los mismos derechos.

Creo que en esa concepción hay dos errores de raíz, una sobreestimación y otra subestimación, como he querido exponer en el libro: se sobreestima la fuerza cultural europea y se la subestima reduciéndola a capacidades técnica y económicas.  Con lo cual se anula precisamente el poder, mayor o menor, de la cultura europea. Se apoya en la idea de que la economía, la técnica, es el fundamento de todo, y que, conforme evoluciona, evoluciona la sociedad, explica su historia, en fin.   Tiene un fondo marxista, asimilable por el liberalismo o ciertas formas de él: la economía es la base y lo demás son ideologías, instituciones o  ilusiones dependientes de ella.

P. Usted no puede negar la importancia de la economía.

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Esa objeción es ridícula. Nadie niega esa importancia. Lo que niego y he intentado demostrarlo en mi libro, es que esa concepción  marxista o marxistoide tenga valor. La economía no es todo, como dijo un pensador español conocido, es que tampoco es la base explicativa de la sociedad.  En todas las sociedades es la religión, y en el caso europeo, sus evoluciones y movimientos proceden de sus contradicciones internas, no voy a repetirlo ahora, de la fe y la razón, esa tensión tan típica del cristianismo y que puede convertirse y se ha convertido en antagonismo. Esta es una clave que habría que desarrollar. Pero observe usted los análisis generales que se hacen: todo son índices económicos, de renta per cápita, de innovación técnica, de productividad, etc. etc. Todo es reducible y se reduce en definitiva  a comercio, a dinero.  En el libro he expuesto la crítica que sobre esa base hace el marxismo al liberalismo: sus libertades son ficticias desde el momento en que la riqueza entre los individuos es desigual. Y es una crítica sólida. Con la caída de la URSS se ha dado por triunfante definitivamente el sistema liberal, pero es un espejismo. Tiene sus propias contradicciones. Se ha sustituido una religión por otra, la del dinero. Que tiene sus ventajas, porque es mensurable y en ese sentido parece más científica. Pero es un espejismo, repito.

    P ¿Es un espejismo la comparación de unas sociedades y otras por el PIB?

Vamos a exponerlo de otro modo. Al hablar de cultura y de historia hablamos de personas, lo cual ya tiene elementos no solo no mensurables, sino también misteriosos. Imagine la biografía de cualquier persona, un zapatero, un político, un artista, un comerciante,  un científico… ¿Podríamos narrarla así: a tal edad ganaba tanto dinero, luego pasó una crisis en que ganaba menos y tuvo que cambiar de profesión, pero nuevamente le llegaron tiempos nuevos y se forró. Al morir dejó muchos millones de pesetas o de euros o de dólares, lo que demuestra que tuvo una vida lograda; o bien: murió en un chamizo y dejando muchas deudas, lo que revela una vida frustrada y desdichada. Porque sí hizo unos zapatos muy buenos, o unas pinturas que algunos dicen que estaban muy bien, pero no las compraban, o unas transacciones comerciales que parecían bien enfocadas pero que resultaron ruinosas… Así que, en resumidas cuentas, y si vamos a lo que importa, el pobre no consiguió nada en la vida. Menos mal que le quedó algo para ir a putas y desahogarse, pero aun así…, una frustración.  Naturalmente, nadie creerá en serio que se pueda tratar de ese modo la biografía de una persona reduciéndola “a lo esencial”, a lo  “científico” y mensurable.  Pero cuando se trata de sociedades enteras, como Europa, ese es el criterio que se aplica: la cultura sería, en definitiva, una manera de ganar dinero: las culturas que más lo facilitan son las mejores. Es una religión, porque se basa en una fe, la fe en el becerro de oro, por retomar el interesante mito de la Biblia.

P ¿Quiere decir que la cultura europea no solo no es la de la Unión Europea, sino que esta  representa su decadencia? Porque no todo se reduce al PIB. Están las libertades, los derechos del individuo, la creatividad cultural… Eso se reconoce también en la UE.

Se reconoce, como también lo hacía el marxismo, pero como derivado y en definitiva como elemento secundario… Y reducible también a comercio y dinero.  La UE significa la degradación de la civilización europea. Si fomenta el multiculturalismo es precisamente porque refleja una decadencia. Debiera estar claro que con la II Guerra Mundial, la Guerra de las Tres Ideologías, Europa, como civilización, ha entrado en una profunda decadencia, aunque le reste cierta voluntad de poder. Otras culturas pueden admirar a la europea por sus logros económicos pero la desprecian desde un punto de vista más amplio. Tengo la convicción de que la civilización europea es superior a las demás, pero eso no significa que no tenga muchos puntos débiles a lo largo de su historia. No sería humana si fuera perfecta. Dista mucho de la perfección.

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La Reconquista Y España (Historia)

 

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Historia y novela (IV) Dos tipos de personajes.

Este sábado, en Radio Ya, hablaremos de las fosas del franquismo.

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Los Mitos Del Franquismo (Bolsillo)

Para reproducir en las redes sociales:

*El Doctor Makarra ha convocado nuevas elecciones. En su convocatoria ha mentido con el descaro típico de los políticos actuales. En cualquier caso es preciso recordar que su “doctorado”  gubernamental es la herencia del Registrador de la propiedad.

*Es muy conveniente recordar siempre al Makarra su doctorado fraudulento. En España hay un grave problema de “respeto”. Se respeta mucho lo que no es nada respetable, lo cual significa falta de respeto por lo que sí lo es. Hablar del “señor Sánchez” sin ironía revela servilismo ante un tiranuelo despreciable.

*Contra lo que finge creer la derecha, el ultraje a los restos de Franco no es una maniobra para “desviar la atención” de asuntos más importantes. Es un asunto importantísimo, realmente el punto estrella del programa del Makarra. La derecha finge no entenderlo porque con ello el Doctor la pone en evidencia. A la derecha, a la Iglesia y a la monarquía.  

*Cuando existía el franquismo, éramos pocos los que luchábamos contra él. Desde que dejó de existir han ido creciendo año tras año los luchadores antifranquistas. Y cada año más ruines, más embusteros y más canallas. Hoy los encabeza el Doctor.

*VOX cometería un grave error si creyera que el PP va a cambiar de orientación. Lo que quiere el PP es recuperar los votos que se van masivamente a VOX, y engañar a la gente como siempre. Mucho ojo con esos cabestros.

*Mientras la gente no se dé cuenta de que el cabestril PP es el mayor peligro para la democracia y para España, poco adelantaremos. Porque ese partido seguirá ahí haciendo lo que el PSOE, chanchulleando con los separatistas e intentando bloquear cualquier alternativa.

*¡Hay que ver cómo estos políticos de pandereta hablan ahora de España y se pretenden patriotas! Ellos que tanto daño, tanto mal han hecho a España y a la convivencia de los españoles en paz y libertad. Uno no cesa de preguntarse cómo se ha generado esa chusma política. Es un problema serio.

* Debo reconocer que El erótico crimen del Ateneo, “novela negra como la vida misma”, se queda corta en comparación con la grotesca farsa político-económico-sexual de estos últimos años. Está escrita hace un cuarto de siglo, y el progreso no se detiene.

 El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo

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Tu novela, me refiero a la de guerra,  ha sido presentada como novela histórica, y Cela, estamos siempre con el mismo, hablaba de La Colmena como algo realmente histórico, y que se había quedado corto en la denuncia y tal.

En cierto sentido todas las novelas son históricas, porque reflejan algo de la situación histórica del que las escribe. Incluso las que cuentan cosas “del futuro”, realmente no dicen nada del futuro, sino de cómo ven algunos ese futuro en el momento de escribirlo. Pero por  novela histórica entiendo las que juegan con personajes reales, interpretados al gusto del autor.  A mí me parecen un fraude de entrada.  Aunque pueden ser interesantes para interpretar al autor. La Colmena expresa quizá más de la psicología de Cela que de la época. Trata de cosas y personajes que existen siempre y la predilección de Cela por ellas no es casual. En todas las obras literarias se refleja la psicología del autor.

¿Eso se puede decir también de tu novela?

Supongo. Sonaron gritos  trata en parte la misma época, pero elige otro tipo de personajes. No son los coitadiños y los sinvergüenzas o hipócritas cuyo horizonte vital es comer y joder. Admito que requiere talento escribir una buena novela con esos mimbres… Por otra parte, la novela europea, yo diría que desde la I Guerra Mundial por lo menos,  siente una atracción por lo sórdido, por personajes un poco como quijotes desencantados ya de entrada, que no intentan nada. Si uno creyera esa literatura, Europa o Usa serían un cúmulo de miserias morales y personales, sobre todo morales. Pero sabemos que, al menos desde el punto de vista económico, de las comodidades, del consumo, no es así, es casi lo contrario, y el individuo tiene más derechos que en otras épocas. Cierto que por debajo de eso existe una gran insatisfacción, una sensación de vacío, más bien de asco  en mucha gente, creo que Houellebeck lo refleja muy bien. Asco es la palabra, asco y desesperanza,  y es comprensible. Vivimos en la civilización del becerro de oro, y no sé en qué terminará. Por mi parte, esa literatura ya me fastidia un poco, por eso me gustó tanto El enamorado de la Osa Mayor.

Pero esa novela contiene una crítica también de aquella sociedad, que es vista como vacía e hipócrita.

Sí, es cierto. Hay una gran corriente en la novela que presenta a los individuos como determinados por la sociedad en que viven, como simples juguetes con una libertad ficticia y al final “víctimas de la sociedad”. Pero el tema de Piasecki es otro, trata de  personajes animosos que se las arreglan para vivir su vida al margen de esa sociedad, arrostran con gusto el peligro y no se sienten solos a pesar de su marginalidad y de los conflictos entre ellos mismos. Porque otro tema  literario típico desde hace mucho tiempo es el de la soledad de la gente en medio de sociedades inquietas, exigentes y con mil relaciones superficiales de dinero y sexo.  Aquellos contrabandistas no se sentían solos, aunque lo estaban bastante en relación con el resto de la sociedad. Y aunque la historia terminara mal, el mero relato de sus peripecias la justificaba. Es decir, en esa novela, la persona cuenta y cuenta mucho, es responsable de sus actos pese a que los mismos surgen de realidades que les escapan. En La Colmena es la sociedad, o una visión de la sociedad, la que manda y los personajes son juguetes de ella, apenas son personas realmente.

No obstante, es difícil ver una relación de los personajes de tu novela con los polacos contrabandistas de la de Pîasecki.

 La historia de una no tiene nada que ver con la otra. Solo se parecen un poco los personajes en que son un tanto marginales y animosos y no temen exponer la vida. Por ejemplo, deciden ir a combatir a Rusia. ¿Por qué? No está del todo claro. Hay un elemento de patriotismo y podríamos decir que han conocido los efectos del comunismo en Cataluña y demás, y eso les mueve. Algo de eso hay, pero son otras cosas. Paco se aburre en la paz, se ha habituado a una vida inquieta  y la paz le hastía, pese a ser el triunfo de los suyos.  Esta podría ser una explicación. Y tampoco son personajes típicos de los alistados en la División Azul, aunque comparten con ellos bastantes cosas.   Alberto tampoco consigue superar sus traumas y siente un temor instintivo a una vida corriente y rutinaria al lado de Carmen.  Sin embargo él y su amigo son personalidades muy distintas. Dirás que, siendo yo el autor debería poder explicar claramente sus motivaciones, pero, aunque parezca raro, tendría que especular bastante sobre ellas, porque el relato ha salido así, sin apenas planificación. Cela, en cambio, los planificaba bastante. Hay de una y otra clase entre los novelistas…

Sonaron gritos y golpes a la puerta (Novela Historica(la Esfera))

 

 

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No están todos en el banquillo

De no ser por VOX, los golpistas (algunos de ellos) no estarían hoy en el banquillo,  estarían de nuevo “dialogando”, es decir, compinchándose con los Rajoy y los Sánchez para ver cómo entre todos hunden más a España y la democracia. Pues lo que hoy se juzga es la conclusión necesaria de políticas proseguidas año tras año desde la transición cuando Suárez creía que “todo es negociable”, como se quejaba Fraga: que no había ningún principio que defender y que era preciso ocultar el pasado franquista, de ellos y en general. Políticas  continuadas por los gobiernos de González, Aznar, y de forma intensificada, Zapatero y Rajoy. 

Al llegar la transición, los separatistas eran pocos y se disimulaban como simples autonomistas, pero los gobiernos, sobre todo los de derecha, se empeñaron en fortalecerlos, incluso directamente con dinero. ¿Por ingenuidad? Había un elemento de ignorancia: aquellos políticos de escaso fuste, salidos del franquismo, habían decidido ignorar la historia, no sabían qué eran realmente los separatistas, como tampoco el PSOE. Eso no es propiamente ingenuidad sino otra cosa. Pero lo hacían fundamentalmente porque su concepto de España era cada vez más evanescente, y su idea de la democracia era la de amigotes que se reparten el poder. La expresión de Rajoy “la economía lo es todo”, ha dirigido esas políticas desde la derecha: habiendo dinero, todo se resuelve. 

   Y bien pronto los “autonomistas”  empezaron a pregonar abiertamente lo que querían y a “recoger las nueces” de los crímenes etarras.  Es decir, no puede creerse que pronto siguieran los gobiernos ignorando lo que realmente estaba en juego. Los separatistas exponían sus objetivos cada vez con mayor claridad, iban eliminando los derechos democráticos en sus regiones, imponían las lenguas regionales contra la lengua nacional, insultaban a cada paso la idea de España, utilizaban la enseñanza para difundir el separatismo entre los jóvenes, acosaban cualquier signo de resistencia. Pues bien, ni los gobiernos del PP ni los del PSOE les opusieron nunca la menor acción coherente. Al contrario, obraron como cómplices conscientes de todo el proceso, vaciando cada vez más de estado a aquellas regiones, facilitando y financiando los propósitos separatistas, expuestos por estos sin ningún disimulo.

Un politicastro tan extremadamente necio como el registrador de la propiedad dijo aquello de “Nadie podía imaginar que se llegara a esto”. Increíble. Y el sinvergüenza no dimitió a continuación. Trató de seguir con los “diálogos” de mafiosos. Fueron el rey y la inesperada movilización popular los que le obligaron a aplicar el artículo 155, que consistió en no aplicarlo realmente, dejando plena libertad a la difusión de la demagogia separatistas, entre otras cosas.

En fin: unos cuantos golpistas están ahora ante los jueces. Veremos  en qué para todo. Decir que la justicia en España es independiente supone un exceso de ingenuidad. También es cierto que quedan jueces decentes, y esta es la última esperanza de la democracia. Pero esos golpistas no han estado solos. La trama incluye a bastantes más. Junqueras y compañía han disfrutado muchos años de la complicidad manifiesta de los gobiernos del PP y del PSOE. Y ningún gobernante de estos se sienta con sus protegidos ante el tribunal.

Veremos, digo, porque la clave está fuera del tribunal. Sin la evidente y creciente indignación popular, que empieza a darles miedo, veríamos de nuevo a todos los políticos y a muchos jueces seguir la línea del chanchullo y la desintegración del país. Es preciso que tengan más miedo.

  Observen el detalle: hasta hace prácticamente nada, proclamarse patriota español era un estigma, propio de “fachas” marginales a los que no debía hacerse caso, encerrarlos en un muro de silencio.  Ahora todos se dicen patriotas. Hasta Sánchez. Por cierto que no es algo nuevo en la historia: lo mismo pasó en la república, cuando proclamarse patriota español solo era admisible en la derecha carca y los “fascistas”. Y de pronto, el Frente popular se dio cuenta, asombrado, de que los nacionales arrastraban a grandes masas de todas las capas sociales. Así que se volvió más patriota que nadie: ahora resultaba que la guerra era de independencia para salvar a la patria de los invasores alemanes e italianos…   

Sonaron gritos y golpes a la puerta (Novela Historica(la Esfera))Los Mitos Del Franquismo (Bolsillo)El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo

 

Debido al cambio de emisora a Radio Ya, el programa Una hora con la Historia se encuentra en seria dificultad económica, por lo que reiteramos a nuestros oyentes la necesidad de sostenerlo. Algunas personas creen que la labor cultural debe ser gratuita, en parte porque mucha  de ella es subvencionada por los gobiernos, que nos obligan así a todos a contribuir aunque se trate de una cultura muy dudosa. Todos sufragamos, nos guste o no, la propaganda y otras actividades de la “memoria histórica”.  Y “Una hora con la Historia” trata precisamente de contrarrestar esa propaganda seudocultural y seudohistórica. No tenemos subvenciones ni las queremos, queremos en cambio que nuestros oyentes comprendan la importancia de recuperar nuestro pasado,  se sientan comprometidos con la labor que realizamos y contribuyan a ella. De este modo  se puede contrarrestar fácilmente la memoria antihistórica.

   La cuenta para contribuir es esta del BBVA “Tiempo de ideas”:

ES09 0182 1364 3302 0154 3346.

 

 

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Novela e historia (III) ¿Es histórica “La colmena”?

Debido al cambio de emisora a Radio Ya, el programa Una hora con la Historia se encuentra en seria dificultad económica, por lo que reiteramos a nuestros oyentes la necesidad de sostenerlo. Algunas personas creen que la labor cultural debe ser gratuita, en parte porque mucha  de ella es subvencionada por los gobiernos, que nos obligan así a todos a contribuir aunque se trate de una cultura muy dudosa. Todos sufragamos, nos guste o no, la propaganda y otras actividades de la “memoria histórica”.  Y “Una hora con la Historia” trata precisamente de contrarrestar esa propaganda seudocultural y seudohistórica. No tenemos subvenciones ni las queremos, queremos en cambio que nuestros oyentes comprendan la importancia de recuperar nuestro pasado,  se sientan comprometidos con la labor que realizamos y contribuyan a ella. De este modo  se puede contrarrestar fácilmente la memoria antihistórica.

   La cuenta para contribuir es esta del BBVA “Tiempo de ideas”:

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Realmente los personajes de Cela son casi todos toscos y vulgares, creo que eso pocos lo discutirán. Se puede excluir a Pascual Duarte, ¿no crees?

 No, en absoluto. Duarte es el colmo de la vulgaridad. Lo que ocurre es que nos conmueve en cierto modo porque el destino le ata a la mala suerte desde el principio. No tiene mucho espíritu ni grandes arrestos, obviamente no tiene nada del nietzscheano que aspiraba a ser su creador. Simplemente todo le sale mal, desde el nacimiento en una familia desastrosa. Solo le salva, en cierto modo, un sentimiento de su propia dignidad que trágicamente le perjudica, porque le lleva al crimen y a la muerte. Pero figúrate una relato al revés. Un personaje estúpido, aunque listillo,  cobarde y desvergonzado,  pero afortunado, al que todo le sale bien y queda como un héroe, como en las novelas de Flashman. O simplemente que es rico  de nacimiento, sin ningún mérito propio, y en lugar de arruinarse le sigue sonriendo la fortuna.  Eso podría ser tan interesante como el Pascual Duarte.  Depende solo del talento del autor. Pero no imagino así a Cela, porque creo que le faltaba sentido del humor. Aunque también podría novelarse en plan dramático, sobre las injusticias de la vida.

 ¿Quizá hay alguien así en tu novela? ¿El personaje que  está a punto de quitarle al protagonista la novia, Carmen?

Bueno, el que está a punto de quitar a Alberto la novia apenas está esbozado: es “un buen partido”, pero Carmen no llega a considerarlo en serio, aunque está a punto de lamentarlo más tarde, cuando Alberto decide arriesgarse una vez más en una aventura muy incierta. Es un tipo de buena posición y rico, sin ningún mérito especial, y que considera que el régimen franquista está a punto de caer, que personajes como el protagonista, que ha estado en la División Azul, va a pagar sus culpas  en cuanto los vencedores de Alemania decidan ajustar cuentas al Caudillo, que parecía inminente… Pero no es un personaje claramente dibujado en la novela, y tampoco aparece como un idiota. Simplemente carece de otros méritos que su buena posición social, y  piensa, como tantos otros, que el final de Franco y los suyos está a punto de ocurrir,  que le gusta Carmen y piensa que le daría mejor vida que Alberto, a quien no ve ningún futuro.  Lo mismo pensaba el personaje que identificas con Cela. Claro, yo creo que por eso escribió La colmena, para lavar su pasado falangista e incluso de aspirante a delator. La colmena es, o intenta ser, un retrato sumamente ácido de la posguerra franquista, y le vendría muy bien para adecuarse a la nueva situación que tantos daban por segura.

Tú mismo has dicho que La Colmena es una gran novela.  ¿Porque retrata aquella sociedad?

Yo no he conocido aquello, pero sí a gente que lo había conocido. Lo que Cela pinta es bastante real, aunque caricaturizado. Lo que pasa es que había otras muchas realidades. Mi novela también retrata aspectos de la época, que pueden seguirse en la prensa y en diversas obras literarias. Fíjate en los años de la transición, de los que casi todo el mundo ha querido dar una imagen muy embellecida. Porque hubo, desde luego bastante ilusión, aunque enseguida llegó el “desencanto”, como le llamaban. Luego una remontada de la ilusión cuando ganó Felipe González… Los años de la “movida madrileña” y demás.  Pero podría novelarse sobre otros aspectos de la época, que he señalado en La Transición de cristal: el repentino auge de la droga, en particular la heroína, que dejó  tantos muertos e incapacitados jóvenes, el aumento de la delincuencia y el sonido de las sirenas policiales por todas partes, los asesinatos y secuestros de la ETA, el rápido aumento de la mendicidad, bien visible en las calles y poco antes casi inexistente, las borracheras, las juergas ruidosas en ciertos barrios a altas horas de la noche, contra las que protestaban en vano los vecinos que tenían que levantarse pronto para trabajar, la prostitución rampante, la habitual y la de travestis… Podría escribirse, por alguien con talento, otra “colmena” sobre aquellos felices tiempos. Digamos que no ha habido talento. No ha habido un segundo Cela.

¿Tú podrías intentarlo?

Quizá lo intente. Mi idea es escribir una trilogía,  primero con Sonaron gritos, después con otra que transcurriría en el ambiente universitario de, más o menos, el año  1967, y una tercera trataría de los tiempos actuales, tampoco la transición. La segunda la tengo bastante avanzada. La tercera, ya veríamos. Es curioso que La colmena no haya creado escuela. Cela imita, sin decirlo Mahattan Transfer de Dos Passos,  aunque yo creo que la mejora. La de Dos Passos me pareció bastante aburrida, no pude terminarla. La Colmena sufrió unos años de censura, una especie de justicia poética, ya se sabe, porque Cela trabajó en la censura. Con el tiempo, Cela la planteó como una novela histórica en el sentido de que retrataba la historia del momento, lo que ciertamente no es el caso, como dije.

¿Puede ser una gran novela si, como dices, los personajes son bastante cutres? ¿No es una contradicción?

Quizá sea excesivo llamarle gran novela. Desde luego, ya digo, requiere mucho talento hacer algo importante, y lo es, con aquel hervidero de personajillos lúgubres, toscos  y sin arrestos. Pero Cela lo consigue. Y  es buena sobre todo como descripción, porque esos personajes existen siempre y en gran número y en todos los países y sociedades. La descripción, aun extremada, es  muy buena. Claro que análisis psicológico no  hay ni Cela o pretende: los personajes son así, y ya está, aunque les echa un poco de moralina. Y hay que agradecer que no lo intente,  porque cuando Cela se pone a filosofar o a moralizar, como en otras novelas,  es de una tosquedad rayana en la tontería.

De acuerdo con tus palabras, la literatura y la historia no solo son distintas, sino que están reñidas.

   Vamos a ver: por influencia del marxismo se ha querido ver en la literatura un reflejo de una sociedad histórica dada, en ese sentido serían realmente libros de historia un poco peculiares. Pero no es así. Tomemos La Ilíada, por ejemplo: se refiere a una época muy remota, y si esa interpretación fuera correcta, hoy no podría interesarnos más de lo que cualquier resto arqueológico, digamos una azada o un hacha de bronce  de la época, es decir, de manera muy relativa y más para los especialistas. Pero su valor permanece igual y sujeto a mil interpretaciones, tanto en la actualidad como entonces, y tanto en nuestra sociedad como en cualquier otra. Y desde el punto de vista histórico nos es también valiosa por muchos detalles, siempre que no creamos que aquella sociedad era exactamente así. Y de paso da  a aquella época una vida que no dan los meros estudios técnicos. Si hablamos historiográficamente de los años 40, tenemos que recurrir a los datos estadísticos fundamentalmente, a contrastar unas opiniones con otras, unos documentos con otros… Pero en ello se pierde algo vivo, que sin embargo se encuentra en las novelas. En algunas, por lo menos.

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La Reconquista tiene un triple interés actual: demuestra la mayoritaria inanidad, rayana en la estupidez, de la historiografía universitaria del momento; recuerda las raíces de España, el país que se empeñan en destruir los partidos del sistema del 78; y  plantea hoy una especie de nueva reconquista, que no debe alargarse.

La Reconquista Y España (Historia)

 

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Historia y novela (II) Cela o la estupidez sublimada.

La Reconquista tiene un triple interés actual: demuestra la mayoritaria inanidad, rayana en la estupidez, de la historiografía universitaria del momento; recuerda las raíces de España, el país que se empeñan en destruir los partidos del sistema del 78; y  plantea hoy una especie de nueva reconquista, que no debe alargarse.

La Reconquista Y España (Historia)

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En tu novela sale esporádicamente un personaje que podría identificarse con tu paisano Cela. Deduzco de la forma como sale que no te gusta demasiado.

No me gusta ni como escritor ni como persona. Pero tenía talento, lo mismo en un caso que en el otro. Eso no se le puede negar. Y es la voz más personal de la literatura española, yo diría que de todo el siglo XX,  por lo menos en la novela.

Quiero decir que en tu novela aparece primero como un franquista dispuesto a acabar a golpes con la menor oposición y luego, según pierde Alemania la guerra, se convierte en un forofo de los vencedores, en un demócrata, vamos.

Eso es puro costumbrismo cutre, y ese es el rasgo típico de Cela, tanto en lo literario como en lo personal. De él y de muchos más, claro. Hay un ensayo de Gibson, de bastante interés, sobre Cela,  El hombre que quiso triunfar o algo así. Él trataba de triunfar no contra las circunstancias sino a favor de ellas. No era un quijote. En realidad despreciaba completamente a los quijotes. Lo más gracioso era su lema: “Quien resiste, gana”. Él no tuvo que resistir nada, tuvo la suerte siempre a su favor, lo que pasa es que era muy quejica, y la más mínima crítica le hacía lamentarse y subirse por las paredes. Recuerdo una de sus frases: “hay que leer más a Nietzsche y menos encíclicas”.  Tiene mucha gracia, como si aquí  leyese encíclicas alguien, aparte de algunos curas. Y él mismo, como nietzscheano, deja mucho que desear. O no, según se mire.

¿Qué es eso de según se mire?

Fíjate en sus personajes: son gente del montón, de lo más vulgar. Ni siquiera vulgar: son sórdidos prácticamente todos, casi animalescos. Resumiendo la cuestión, los hombres son puteros y las mujeres putas.  Entonces podríamos decir que él los contempla, que contempla la vida desde un punto de vista superior, de superhombre despreciativo, ¿no? Pero al mismo tiempo esos personajes son un trasunto de él mismo, que realmente se presenta como un putero empedernido y sin ilusiones sentimentales sobre el amor o sobre la vida en general. Ahora bien, él tiene talento y sus personajes no. Algunos han querido ver en su obra cierta compasión o conmiseración con los perdedores, pero creo que no va por ahí el asunto. Se le ha hecho el reproche, y es verdad, de que no ha sabido crear personajes de alguna enjundia, salvo  el Pascual Duarte, que es un modelo perfecto del perdedor que él no quería ser bajo ningún concepto, sospecho que tenía pánico  a aparecer como tal.  En realidad sus personajes son de hormiguero, y caricaturas.

Cierto que no tienen nada que ver con los personajes de tu novela, que uno podría verlos como héroes. Los de Cela son cualquier cosa menos héroes. Y tú mismo has dicho que son apocados y poco inteligentes.

Yo no diría que los de  Sonaron gritos sean héroes. Al menos no son héroes típicos, tienen muchos problemas. Tampoco son quijotes, porque la vida no les va tan mal, sin que les salgan nunca las cosas a pedir de boca. Viven con mucho esfuerzo, en un ambiente en que se juegan la vida constantemente y en cierto modo disfrutan con ello, ya que lo han elegido. Nada ni nadie les obligaba a estar que la quinta columna… un tanto al margen de ella. Ni a ir a Rusia, ni luego,  Alberto, a intentar acabar con el maquis. ¿Por qué lo hacen? Hay en ello algo de ideología,  pero en cierto modo lo que pasa es que se lo pide el cuerpo, como explicaba Odiseo de sí mismo, “porque un dios lo había puesto en mí”, había puesto esa afición en ellos. Para Cela serían unos cretinos… Un personaje que podría ser celiano es Narcís o Narciso, el tío del narrador. Ese es también un triunfador, siempre a favor de la corriente: separatista, falangista, demócrata… Al final no le sale todo tan bien, pero podría decir “¡que me quiten lo bailao!”.  En Cela, más que Nietzsche yo creo que hay un Freud muy degradado: la obsesión por el sexo, sin aceptar ninguna sublimación del mismo. Claro que para Freud la sublimación no deja de ser una falsificación, y Cela, desde luego, no cree en ella. Visto desde el punto de vista personal, tiene gracia que finalmente, ya viejo, se enamorase como un adolescente de una señora mucho más joven y que, por lo que ha exteriorizado ella misma, parece un tanto vulgar. No me digas que no hay ahí una excelente novela.

¿Tú la escribrías?

No, no es el tipo de personajes que me atraen. Pero alguien con talento podría sacar de ahí petróleo, como ficción, claro… Volviendo a los personajes, los de Cela son bastante estúpidos, es cierto, y ahí está el talento: escribir novelas originales y legibles (no todas, para mí) con un hormiguero de personajes así… Eso no lo hace cualquiera, y en ese sentido sublima la estupidez, igual que una sexualidad algo animal. Pero volviendo a Gibson, en su libro dice que los socialistas criticaban a Cela porque no era un demócrata auténtico, que él nunca  se había metido con el franquismo y que marchaba siempre a favor de la corriente. Aquello me hizo reír mucho. ¡Demócratas los socialistas! ¡Antifranquistas los socialistas más que de boquilla! En eso Cela tuvo mucha más decencia que ellos. Cela podría haber escrito una novela sobre la infinita corrupción moral de los socialistas, que  siempre fueron una banda de cacos, si exceptuamos a algunos ilusos honrados. Y no exagero nada. Los personajes más repulsivos de La Colmena y que siempre se han visto como reflejo de ciertos elementos franquistas, podrían ser perfectamente del PSOE.

Bueno, Cela detestaba a los socialistas, pero no se atrevía a meterse abiertamente con ellos. Le daban miedo. Alguna vez dijo que le parecían muy cultos.

Es verdad. Algo así dijo, que sabían mucho y podían dejarle a uno en ridículo. Y es lógico. Él se presentaba un poco como historiador. En una de sus novelas dice algo así como que España era un país de locos y que unos locos de un bando y de otro, acompañados de unos criminales, habían arrastrado a la guerra civil a los demás españoles.  Esto es pura estupidez, y es lógico que temiera a los socialistas le pusieran en su sitio con algo así como: “¿Es que defender la libertad y la democracia contra un golpe fascista es de locos y malvados?  No confunda las cosas ni dicte sentencia tan simplonas. Los locos y los malvados fueron los que se sublevaron contra un gobierno salido de las urnas. Y usted con ellos”. Desde su simpleza, el pobre Cela no podía oponer a eso nada coherente, claro. Pero esa actitud simplona y seudomoralista se ha dado en muchos franquistas: al decir que, en fin, “fue una guerra fratricida”,  ”todos cometieron crímenes” o “todos eran malos”, solo ponían de relieve su vacío de pensamiento. El franquismo en sus formulaciones ideológicas deja mucho que desear. Eran mejores en los actos que en las ideas. Por cierto, esa versión particularmente sandia, de Cela, es la de personajes como Pedro J o la que ha adoptado el PP. Otra característica de Cela, que ha cundido mucho, es la de atribuir la supuesta vesania y “cainismo” de los españoles a que jodían poco.  Estas cosas, aparte de su tosquedad, revelan la gran ignorancia que existe en España sobre los demás países…  No tiene fácil remedio. Por eso digo que el talento de Cela  consistía en su capacidad de sublimar la estupidez, de hacer con ella arte. No un gran arte, pero sí arte real. El Nobel se lo mereció.

Sonaron gritos y golpes a la puerta (Novela Historica(la Esfera))Los Mitos Del Franquismo (Bolsillo)El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo

 

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