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	<title>Comentarios en: Rebelión cívica / La masonería / &#8220;El Quijote&#8221; y el gran siglo de España.</title>
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	<description>Más España y más democracia</description>
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		<title>Por: Miguel Ángel</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=11419#comment-208652</link>
		<dc:creator>Miguel Ángel</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Oct 2019 10:48:02 +0000</pubDate>
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		<description>A mi me parece que ha estao bien Abascal Alberto, estoy de acuerdo contigo...</description>
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		<title>Por: Pío Moa</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=11419#comment-208645</link>
		<dc:creator>Pío Moa</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Oct 2019 06:47:24 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p&gt;Nuevo hilo&lt;/p&gt;</description>
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		<title>Por: Pablouned</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=11419#comment-208644</link>
		<dc:creator>Pablouned</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Oct 2019 06:35:53 +0000</pubDate>
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		<description>El mensaje de Alberto no aborda lo sustancial sobre la execrable sentencia del Soviet Supremo. Una sentencia que, no se olvide, fue dictada por jueces que tal vez hayan sido pillados en la cámara de Garzón y Delgado, con algún asunto de pederastia o similares.
 
No Alberto, aquí lo esencial es que esta sentencia da carta de naturaleza legal a una ley execrable, como es la de memoria histórica. Una ley que a su vez consagra como el antifranquismo como única opinión válida. Por ejemplo da carta de naturaleza a que no se pueda hablar del franquismo o de la guerra civil, como catarsis, como purificación y como regeneración nacional. Da carta de naturaleza legal, a que en el Valle de los Caídos no pueda ensalzarse a quien fue su artífice. Algo parecido a ver un cuadro de Velázquez y no poder elogiar a su autor. La sentencia reconoce móviles ideológicos en la decisión, y los coloca por encima de derechos fundamentales como la libertad de expresión. Por otra parte, la execrable sentencia justifica la existencia de “extraordinaria y urgente necesidad”, en que el parlamento así lo apreció, como si el parlamento fuera una institución respetable e imparcial, que se moviera en pro del bien común y no por esos móviles ideológicos que la propia sentencia reconoce, y que antepone a algo tan básico como la libertad de expresión. En fin: da carta de naturaleza a que se deba honrar a quien te imponga la execrable ley, a los chequistas y a Companys y no a quien tú creas en conciencia que debes honrar.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El mensaje de Alberto no aborda lo sustancial sobre la execrable sentencia del Soviet Supremo. Una sentencia que, no se olvide, fue dictada por jueces que tal vez hayan sido pillados en la cámara de Garzón y Delgado, con algún asunto de pederastia o similares.<br />
 <br />
No Alberto, aquí lo esencial es que esta sentencia da carta de naturaleza legal a una ley execrable, como es la de memoria histórica. Una ley que a su vez consagra como el antifranquismo como única opinión válida. Por ejemplo da carta de naturaleza a que no se pueda hablar del franquismo o de la guerra civil, como catarsis, como purificación y como regeneración nacional. Da carta de naturaleza legal, a que en el Valle de los Caídos no pueda ensalzarse a quien fue su artífice. Algo parecido a ver un cuadro de Velázquez y no poder elogiar a su autor. La sentencia reconoce móviles ideológicos en la decisión, y los coloca por encima de derechos fundamentales como la libertad de expresión. Por otra parte, la execrable sentencia justifica la existencia de “extraordinaria y urgente necesidad”, en que el parlamento así lo apreció, como si el parlamento fuera una institución respetable e imparcial, que se moviera en pro del bien común y no por esos móviles ideológicos que la propia sentencia reconoce, y que antepone a algo tan básico como la libertad de expresión. En fin: da carta de naturaleza a que se deba honrar a quien te imponga la execrable ley, a los chequistas y a Companys y no a quien tú creas en conciencia que debes honrar.</p>
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	<item>
		<title>Por: Alberto GT</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=11419#comment-208643</link>
		<dc:creator>Alberto GT</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Oct 2019 06:26:45 +0000</pubDate>
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		<description>
El progreso del dogma cristiano
San Vicente de Lerins
Primer Conmonitorio 23

¿Es posible que se dé en la Iglesia un progreso en los conocimientos religiosos? Ciertamente que es posible, y la realidad es que este progreso se da.
En efecto, ¿quién envidiaría tanto a los hombres y sería tan enemigo de Dios como para impedir este progreso? Pero este progreso sólo puede darse con la condición de que se trate de un auténtico progreso en el conocimiento de la fe, no de un cambio en la misma fe. Lo propio del progreso es que la misma cosa que progresa crezca y aumente, mientras lo característico del cambio es que la cosa que se muda se convierta en algo totalmente distinto.
Es conveniente, por tanto, que, a través de todos los tiempos y de todas las edades, crezca y progrese la inteligencia, la ciencia y la sabiduría de cada una de las personas y del conjunto de los hombres, tanto por parte de la Iglesia entera, como por parte de cada uno de sus miembros. Pero este crecimiento debe seguir su propia naturaleza; es decir, debe estar de acuerdo con las líneas del dogma y debe seguir el dinamismo de una única e idéntica doctrina.
Que el conocimiento religioso imite, pues, el modo como crecen los cuerpos, los cuales, si bien con el correr de los años se van desarrollando, conservan, no obstante, su propia naturaleza. Gran diferencia hay entre la flor de la infancia y la madurez de la ancianidad, pero, no obstante, los que van llegando ahora a la ancianidad son, en realidad, los mismos que hace un tiempo eran adolescentes. La estatura y las costumbres del hombre pueden cambiar, pero su naturaleza continúa idéntica y su persona es la misma.
Los miembros de un recién nacido son pequeños, los de un joven están ya desarrollados; pero, con todo, el uno y el otro tienen el mismo número de miembros. Los niños tienen los mismos miembros que los adultos y, si algún miembro del cuerpo no es visible hasta la pubertad, este miembro, sin embargo, existe ya como un embrión en la niñez, de tal forma que nada llega a ser realidad en el anciano que no se contenga como en germen en el niño.
No hay, pues, duda alguna: la regla legítima de todo progreso y la norma recta de todo crecimiento consiste en que, con el correr de los años, vayan manifestándose en los adultos las diversas perfecciones de cada uno de aquellos miembros que la sabiduría del Creador había ya preformado en el cuerpo del recién nacido.
Porque, si aconteciera que un ser humano tomara apariencias distintas a las de su propia especie, sea porque adquiriera mayor número de miembros, sea porque perdiera alguno de ellos, tendríamos que decir que todo el cuerpo perece o bien que se convierte en un monstruo o, por lo menos, que ha sido gravemente deformado. Es también esto mismo lo que acontece con los dogmas cristianos: las leyes de su progreso exigen que éstos se consoliden a través de las edades, se desarrollen con el correr de los años y crezcan con el paso del tiempo.
Nuestros mayores sembraron antiguamente, en el campo de la Iglesia, semillas de una fe de trigo; sería ahora grandemente injusto e incongruente que nosotros, sus descendientes, en lugar de la verdad del trigo, legáramos a nuestra posteridad el error de la cizaña.
Al contrario, lo recto y consecuente, para que no discrepen entre sí la raíz y sus frutos, es que de las semillas de una doctrina de trigo recojamos el fruto de un dogma de trigo; así, al contemplar cómo a través de los siglos aquellas primeras semillas han crecido y se han desarrollado, podremos alegrarnos de cosechar el fruto de los primeros trabajos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El progreso del dogma cristiano<br />
San Vicente de Lerins<br />
Primer Conmonitorio 23</p>
<p>¿Es posible que se dé en la Iglesia un progreso en los conocimientos religiosos? Ciertamente que es posible, y la realidad es que este progreso se da.<br />
En efecto, ¿quién envidiaría tanto a los hombres y sería tan enemigo de Dios como para impedir este progreso? Pero este progreso sólo puede darse con la condición de que se trate de un auténtico progreso en el conocimiento de la fe, no de un cambio en la misma fe. Lo propio del progreso es que la misma cosa que progresa crezca y aumente, mientras lo característico del cambio es que la cosa que se muda se convierta en algo totalmente distinto.<br />
Es conveniente, por tanto, que, a través de todos los tiempos y de todas las edades, crezca y progrese la inteligencia, la ciencia y la sabiduría de cada una de las personas y del conjunto de los hombres, tanto por parte de la Iglesia entera, como por parte de cada uno de sus miembros. Pero este crecimiento debe seguir su propia naturaleza; es decir, debe estar de acuerdo con las líneas del dogma y debe seguir el dinamismo de una única e idéntica doctrina.<br />
Que el conocimiento religioso imite, pues, el modo como crecen los cuerpos, los cuales, si bien con el correr de los años se van desarrollando, conservan, no obstante, su propia naturaleza. Gran diferencia hay entre la flor de la infancia y la madurez de la ancianidad, pero, no obstante, los que van llegando ahora a la ancianidad son, en realidad, los mismos que hace un tiempo eran adolescentes. La estatura y las costumbres del hombre pueden cambiar, pero su naturaleza continúa idéntica y su persona es la misma.<br />
Los miembros de un recién nacido son pequeños, los de un joven están ya desarrollados; pero, con todo, el uno y el otro tienen el mismo número de miembros. Los niños tienen los mismos miembros que los adultos y, si algún miembro del cuerpo no es visible hasta la pubertad, este miembro, sin embargo, existe ya como un embrión en la niñez, de tal forma que nada llega a ser realidad en el anciano que no se contenga como en germen en el niño.<br />
No hay, pues, duda alguna: la regla legítima de todo progreso y la norma recta de todo crecimiento consiste en que, con el correr de los años, vayan manifestándose en los adultos las diversas perfecciones de cada uno de aquellos miembros que la sabiduría del Creador había ya preformado en el cuerpo del recién nacido.<br />
Porque, si aconteciera que un ser humano tomara apariencias distintas a las de su propia especie, sea porque adquiriera mayor número de miembros, sea porque perdiera alguno de ellos, tendríamos que decir que todo el cuerpo perece o bien que se convierte en un monstruo o, por lo menos, que ha sido gravemente deformado. Es también esto mismo lo que acontece con los dogmas cristianos: las leyes de su progreso exigen que éstos se consoliden a través de las edades, se desarrollen con el correr de los años y crezcan con el paso del tiempo.<br />
Nuestros mayores sembraron antiguamente, en el campo de la Iglesia, semillas de una fe de trigo; sería ahora grandemente injusto e incongruente que nosotros, sus descendientes, en lugar de la verdad del trigo, legáramos a nuestra posteridad el error de la cizaña.<br />
Al contrario, lo recto y consecuente, para que no discrepen entre sí la raíz y sus frutos, es que de las semillas de una doctrina de trigo recojamos el fruto de un dogma de trigo; así, al contemplar cómo a través de los siglos aquellas primeras semillas han crecido y se han desarrollado, podremos alegrarnos de cosechar el fruto de los primeros trabajos.</p>
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	<item>
		<title>Por: Lasperio</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=11419#comment-208642</link>
		<dc:creator>Lasperio</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 Oct 2019 03:23:28 +0000</pubDate>
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		<description>Le falta algo.

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