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	<title>Comentarios en: El desastroso diálogo Iglesia-marxismo / Un fracaso intelectual</title>
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	<description>Más España y más democracia</description>
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		<title>Por: doiraje</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=1579#comment-23078</link>
		<dc:creator>doiraje</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Jun 2013 17:30:19 +0000</pubDate>
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		<description># Hegemon  # lead
 
En los comentarios que colgué antes del de lead de &lt;a href=&quot;?p=1579#comment-23052&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;21 junio, 2013 a las 23:47&lt;/a&gt;, puse cuidado en no mencionar el liberalismo en absoluto sabiendo la polémica que podía generar. Pero el citado comentario de lead me obligó a entrar en la cuestión.
 
Quizá para no caer en malentendidos sería bueno distinguir de qué liberalismo estamos hablando, pues como saben existe un liberalismo político, un liberalismo económico, un liberalismo moral, un liberalismo filosófico o especulativo, y, en fin, un liberalismo cultural. Como la cuestión se centraba en la relación o el diálogo entre la Iglesia y el marxismo, al que propuse enfocar más bien como el diálogo de la Iglesia con la modernidad por ser mucho más abarcador y comprensivo dado que engloba al marxismo, al liberalismo, al cientificismo, al idealismo, al materialismo, etc., quisiera volver a centrarme en aquella para desde ahí poder argumentar.
 
Como dije más arriba a la Iglesia le importa esencialmente (con ello no digo que no le interese otras realidades o logros, simplemente señalo cual es su prioridad fundamental) el progreso espiritual y moral del hombre en el conocimiento y en la presencia de Dios en la vida de cada persona y de las sociedades de las que forma parte. Al servicio de la consecución de este objetivo debe ponerse cualquier otro que suponga un bien para el hombre. El hecho de que en toda época existió el pecado, el abuso o la injusticia, aun en miembros eminentes de la Iglesia, no extingue el mandato de hacer presente a Dios en todo y en todos. Asimismo, los logros objetivos o reales que se produzcan en los modos de organización social no lo son tales si ellos suponen un alejamiento de Dios a los hombres y sus comunidades. Una justicia que no reconozca el fundamento divino de su orden no es justicia, aunque circunstancialmente de ella resulten ventajas sociales o un cierto bienestar material. La noción de derecho, de justicia, de libertad o nos llevan a Dios o no son ni derecho, ni justicia, ni libertad. Esta es la postura de la Iglesia en el siglo I, en el IV, en el XI, en el XVIII y en el XXI. Solo Dios garantiza y funda el derecho, la justicia y la libertad humanas, también aquí abajo, en la tierra. Así de simple y así de radical. El cristianismo no es un logro más de una &quot;entidad&quot; superior llamada civilización occidental, la tercera de sus fases, tras los griegos y los romanos. Es cierto que cronológicamente se da esta secuencia de legados, pero con la aparición y hegemonía del cristianismo, se produce un nuevo orden por el cual aquello que resultó bueno al hombre queda reordenado a un fin trascendente que le da pleno sentido. Solo tras el cristianismo cabe hablar de civilización occidental en toda su plenitud.
 
El problema está en que el liberalismo en sus diversas facetas, y muy especialmente el especulativo y el moral (el cultural sería una mera consecuencia de estos dos), y también el político, no reconocen a Dios como fundamento del orden social ni natural del hombre. Su justicia, su libertad y su noción de derecho son autónomos, es decir, el hombre se las da a sí mismo con total prescindencia de todo fundamento trascendente. El hombre ya no necesita a Dios; es más, resulta un obstáculo o un estorbo para la &quot;libre&quot; ambición humana. Por esto el liberalismo no solo es pecado para la Iglesia, sino una de las realidades más anticristianas que existe y que debe ser combatido en todos los planos, pues resulta esencial y muy gravemente inicuo a la naturaleza humana.
 
La brutal y salvaje, sí, injusticia que produjo el liberalismo económico del XIX solo fue posible tras la alienación que las sociedades liberales provocaron en sus miembros (ya ciudadanos) con respecto a su relación con Dios y su orden natural. La falsa salida que el género humano concibió, perdida su dimensión trascendente, fue oponer a una visión alienada del hombre otra alienación aún más terrible, la marxista. Pero ambas con un terrible denominador común: el relegamiento de Dios en la vida de los hombres. A una Arcadia falsa (la libertad de los liberales) le siguió otra Arcadia no menos mentirosa (la justicia revolucionaria obrera). A ambas la Iglesia les plantó cara, cierto es que con iniciales titubeos y excesiva tardanza.
 
Mientras el liberalismo no ponga a Dios en el centro de su concepción del hombre y de la sociedad no es menos anticristiano que lo pueda ser el marxismo, el anarquismo o el nihilismo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p># Hegemon  # lead<br />
 <br />
En los comentarios que colgué antes del de lead de <a href="?p=1579#comment-23052" rel="nofollow">21 junio, 2013 a las 23:47</a>, puse cuidado en no mencionar el liberalismo en absoluto sabiendo la polémica que podía generar. Pero el citado comentario de lead me obligó a entrar en la cuestión.<br />
 <br />
Quizá para no caer en malentendidos sería bueno distinguir de qué liberalismo estamos hablando, pues como saben existe un liberalismo político, un liberalismo económico, un liberalismo moral, un liberalismo filosófico o especulativo, y, en fin, un liberalismo cultural. Como la cuestión se centraba en la relación o el diálogo entre la Iglesia y el marxismo, al que propuse enfocar más bien como el diálogo de la Iglesia con la modernidad por ser mucho más abarcador y comprensivo dado que engloba al marxismo, al liberalismo, al cientificismo, al idealismo, al materialismo, etc., quisiera volver a centrarme en aquella para desde ahí poder argumentar.<br />
 <br />
Como dije más arriba a la Iglesia le importa esencialmente (con ello no digo que no le interese otras realidades o logros, simplemente señalo cual es su prioridad fundamental) el progreso espiritual y moral del hombre en el conocimiento y en la presencia de Dios en la vida de cada persona y de las sociedades de las que forma parte. Al servicio de la consecución de este objetivo debe ponerse cualquier otro que suponga un bien para el hombre. El hecho de que en toda época existió el pecado, el abuso o la injusticia, aun en miembros eminentes de la Iglesia, no extingue el mandato de hacer presente a Dios en todo y en todos. Asimismo, los logros objetivos o reales que se produzcan en los modos de organización social no lo son tales si ellos suponen un alejamiento de Dios a los hombres y sus comunidades. Una justicia que no reconozca el fundamento divino de su orden no es justicia, aunque circunstancialmente de ella resulten ventajas sociales o un cierto bienestar material. La noción de derecho, de justicia, de libertad o nos llevan a Dios o no son ni derecho, ni justicia, ni libertad. Esta es la postura de la Iglesia en el siglo I, en el IV, en el XI, en el XVIII y en el XXI. Solo Dios garantiza y funda el derecho, la justicia y la libertad humanas, también aquí abajo, en la tierra. Así de simple y así de radical. El cristianismo no es un logro más de una &#8220;entidad&#8221; superior llamada civilización occidental, la tercera de sus fases, tras los griegos y los romanos. Es cierto que cronológicamente se da esta secuencia de legados, pero con la aparición y hegemonía del cristianismo, se produce un nuevo orden por el cual aquello que resultó bueno al hombre queda reordenado a un fin trascendente que le da pleno sentido. Solo tras el cristianismo cabe hablar de civilización occidental en toda su plenitud.<br />
 <br />
El problema está en que el liberalismo en sus diversas facetas, y muy especialmente el especulativo y el moral (el cultural sería una mera consecuencia de estos dos), y también el político, no reconocen a Dios como fundamento del orden social ni natural del hombre. Su justicia, su libertad y su noción de derecho son autónomos, es decir, el hombre se las da a sí mismo con total prescindencia de todo fundamento trascendente. El hombre ya no necesita a Dios; es más, resulta un obstáculo o un estorbo para la &#8220;libre&#8221; ambición humana. Por esto el liberalismo no solo es pecado para la Iglesia, sino una de las realidades más anticristianas que existe y que debe ser combatido en todos los planos, pues resulta esencial y muy gravemente inicuo a la naturaleza humana.<br />
 <br />
La brutal y salvaje, sí, injusticia que produjo el liberalismo económico del XIX solo fue posible tras la alienación que las sociedades liberales provocaron en sus miembros (ya ciudadanos) con respecto a su relación con Dios y su orden natural. La falsa salida que el género humano concibió, perdida su dimensión trascendente, fue oponer a una visión alienada del hombre otra alienación aún más terrible, la marxista. Pero ambas con un terrible denominador común: el relegamiento de Dios en la vida de los hombres. A una Arcadia falsa (la libertad de los liberales) le siguió otra Arcadia no menos mentirosa (la justicia revolucionaria obrera). A ambas la Iglesia les plantó cara, cierto es que con iniciales titubeos y excesiva tardanza.<br />
 <br />
Mientras el liberalismo no ponga a Dios en el centro de su concepción del hombre y de la sociedad no es menos anticristiano que lo pueda ser el marxismo, el anarquismo o el nihilismo.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Pío Moa</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=1579#comment-23075</link>
		<dc:creator>Pío Moa</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Jun 2013 16:54:01 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p&gt;Nuevo hilo&lt;/p&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Nuevo hilo</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Hegemon</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=1579#comment-23074</link>
		<dc:creator>Hegemon</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Jun 2013 16:42:39 +0000</pubDate>
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		<description>¿Qué queda del liberalsimo en la Iglesia? Si queda algo es la aceptación de la superación de este sobre el marxismo pero no se puede renucniar, como he dicho antes a su vigilancia y a la denucnia de los posibles abusos. No hace falta que yo siga explicando lo que el porpio Juan Pablo II dijo mejor:
 
 
Juan Pablo II, en la encíclica Centesimus annus, se refiere al &quot;capitalismo&quot; de este modo.
&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&quot;... ¿Se puede quizá decir que, después del fracaso del comunismo, el sistema social vencedor sea el capitalismo, y que hacia él se deban orientar los esfuerzos de los países que buscan reconstruir su economía y sociedad?&lt;/strong&gt; ¿Es quizá este el modelo que hace falta proponer a los países del tercer mundo que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil?&lt;/em&gt;
&lt;em&gt; &lt;/em&gt;
&lt;em&gt;La respuesta es obviamente compleja. &lt;strong&gt; Si por &quot;capitalismo&quot; se señala un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consecuente responsabilidad por los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva,&lt;/strong&gt; aunque sería más apropiado hablar de &quot;economía de empresa&quot;, o de &quot;economía de mercado&quot;, o simplemente de &quot;economía libre&quot;. Pero, si por &quot;capitalismo&quot; se entiende un sistema en el cual la libertad en el sector de la economía &lt;strong&gt;no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad integral humana y la considere como una dimensión particular de esta libertad, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es decididamente negativa&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;[5]&lt;em&gt;.&quot;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;

&lt;strong&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;
Yo. como católico y de ideas liberales, no puedo estar más de acuerdo. No se puede obviar la labor que aún tiene el catolicismo y lo mucho que tiene que decir sobre las sociedades capitalistas y liberales. Una labor que está muy lejos de las tésis de algunos las cuales vienen a sostener la total indiferencia, e inclsuo rechazo de la doctrina de la Iglesia respecto a las ideas liberales.&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt; 
&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué queda del liberalsimo en la Iglesia? Si queda algo es la aceptación de la superación de este sobre el marxismo pero no se puede renucniar, como he dicho antes a su vigilancia y a la denucnia de los posibles abusos. No hace falta que yo siga explicando lo que el porpio Juan Pablo II dijo mejor:<br />
 <br />
 <br />
Juan Pablo II, en la encíclica Centesimus annus, se refiere al &#8220;capitalismo&#8221; de este modo.<br />
<em><strong>&#8220;&#8230; ¿Se puede quizá decir que, después del fracaso del comunismo, el sistema social vencedor sea el capitalismo, y que hacia él se deban orientar los esfuerzos de los países que buscan reconstruir su economía y sociedad?</strong> ¿Es quizá este el modelo que hace falta proponer a los países del tercer mundo que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil?</em><br />
<em> </em><br />
<em>La respuesta es obviamente compleja. <strong> Si por &#8220;capitalismo&#8221; se señala un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consecuente responsabilidad por los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva,</strong> aunque sería más apropiado hablar de &#8220;economía de empresa&#8221;, o de &#8220;economía de mercado&#8221;, o simplemente de &#8220;economía libre&#8221;. Pero, si por &#8220;capitalismo&#8221; se entiende un sistema en el cual la libertad en el sector de la economía <strong>no está encuadrada en un sólido contexto jurídico que la ponga al servicio de la libertad integral humana y la considere como una dimensión particular de esta libertad, cuyo centro es ético y religioso, entonces la respuesta es decididamente negativa</strong></em><strong>[5]<em>.&#8221;</em></strong></p>
<p><strong><em></em></strong><br />
Yo. como católico y de ideas liberales, no puedo estar más de acuerdo. No se puede obviar la labor que aún tiene el catolicismo y lo mucho que tiene que decir sobre las sociedades capitalistas y liberales. Una labor que está muy lejos de las tésis de algunos las cuales vienen a sostener la total indiferencia, e inclsuo rechazo de la doctrina de la Iglesia respecto a las ideas liberales.<em></em><strong><em><br />
</em></strong></p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: lead</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=1579#comment-23073</link>
		<dc:creator>lead</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Jun 2013 16:14:29 +0000</pubDate>
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		<description>doiraje en 13:04:

{&lt;em&gt;el liberalismo salvaje del XIX implantó en las sociedades industrializadas, muy en especial en Inglaterra, fueron tan brutalmente inhumanas y alienantes que propiciaron la reacción marxista y los análisis sobre la economía capitalista.}&lt;/em&gt;

No tanto; de hecho, si tal hubiera sido esa reacción marxista, Inglaterra habría sido el primer país socialista (como profetizó --equivocadamente, como siempre--Marx). Ese &quot;liberalismo salvaje&quot;, es decir, &quot;&lt;em&gt;laissez faire&quot;&lt;/em&gt;, fue rápidamente corregido mediante la acción sindical y la subsigueinte acción reguladora del Estado. Por eso, Marx y Engels odiaban a los sindicatos (antes de que los Partidos políticos marxistas los colonizaran), porque con su acción mejoraban las condiciones sociales de los trabajadores, retrasando &lt;em&gt;sine die&lt;/em&gt; la revolución conducente (según el primer Marx) al &quot;modo de producción socialista&quot;, final y superior (para el segundo Marx, el de &quot;El Capital&quot;, el &quot;modo de producción socialista&quot; vendrá como consecuencia del agotamiento del Capitalismo --término despectivo y erróneo que él utilizó para designar a la economía empresarial y de mercado-- como consecuencia de sus contradicciones --tendencia al monopolio y reducción continua de la &quot;tasa de ganancia del capital&quot;).

Respecto del &quot;salvajismo&quot;, si algo ha quedado meridianamente claro en los últimos 100 años es que nada más salvaje que el socialismo, en cualquiera de sus versiones (desde las extremadamente salvajes, como el comunismo o el nazismo totalitarios, hasta las más suaves pero igualmente ineficaces para producir riqueza y elevar la condición económica y social del hombre). </description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>doiraje en 13:04:</p>
<p>{<em>el liberalismo salvaje del XIX implantó en las sociedades industrializadas, muy en especial en Inglaterra, fueron tan brutalmente inhumanas y alienantes que propiciaron la reacción marxista y los análisis sobre la economía capitalista.}</em></p>
<p>No tanto; de hecho, si tal hubiera sido esa reacción marxista, Inglaterra habría sido el primer país socialista (como profetizó &#8211;equivocadamente, como siempre&#8211;Marx). Ese &#8220;liberalismo salvaje&#8221;, es decir, &#8220;<em>laissez faire&#8221;</em>, fue rápidamente corregido mediante la acción sindical y la subsigueinte acción reguladora del Estado. Por eso, Marx y Engels odiaban a los sindicatos (antes de que los Partidos políticos marxistas los colonizaran), porque con su acción mejoraban las condiciones sociales de los trabajadores, retrasando <em>sine die</em> la revolución conducente (según el primer Marx) al &#8220;modo de producción socialista&#8221;, final y superior (para el segundo Marx, el de &#8220;El Capital&#8221;, el &#8220;modo de producción socialista&#8221; vendrá como consecuencia del agotamiento del Capitalismo &#8211;término despectivo y erróneo que él utilizó para designar a la economía empresarial y de mercado&#8211; como consecuencia de sus contradicciones &#8211;tendencia al monopolio y reducción continua de la &#8220;tasa de ganancia del capital&#8221;).</p>
<p>Respecto del &#8220;salvajismo&#8221;, si algo ha quedado meridianamente claro en los últimos 100 años es que nada más salvaje que el socialismo, en cualquiera de sus versiones (desde las extremadamente salvajes, como el comunismo o el nazismo totalitarios, hasta las más suaves pero igualmente ineficaces para producir riqueza y elevar la condición económica y social del hombre). </p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Ro</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=1579#comment-23072</link>
		<dc:creator>Ro</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Jun 2013 16:12:56 +0000</pubDate>
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		<description>Solo aclarar que cuando yo decía que la única autoridad de la Iglesia que importa es Cristo, no significa que no importen los Curas o los obispos incluido el Papa. Ya explicó el ángel a las niñas de Garabandal que si ellas veían a un Cura y a un ángel juntos antes deben saludar al ángel porque este tiene el poder de convertir el pan y el vino en el Cuerpo de Cristo, y los ángeles, no. Y la misma Virgen María cuando el cura no dejó que se pasara a la Iglesia cuando se aparecía la Virgen porque se la destrozaban por la avalancha de gente, la misma Virgen María fue la primera que respeto la autoridad del Cura. Lo que yo decía es que los Curas no dicen nada nuevo por ellos mismos, de lo que hablamos y lo que importa es únicamente de lo que dijo Cristo.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Solo aclarar que cuando yo decía que la única autoridad de la Iglesia que importa es Cristo, no significa que no importen los Curas o los obispos incluido el Papa. Ya explicó el ángel a las niñas de Garabandal que si ellas veían a un Cura y a un ángel juntos antes deben saludar al ángel porque este tiene el poder de convertir el pan y el vino en el Cuerpo de Cristo, y los ángeles, no. Y la misma Virgen María cuando el cura no dejó que se pasara a la Iglesia cuando se aparecía la Virgen porque se la destrozaban por la avalancha de gente, la misma Virgen María fue la primera que respeto la autoridad del Cura. Lo que yo decía es que los Curas no dicen nada nuevo por ellos mismos, de lo que hablamos y lo que importa es únicamente de lo que dijo Cristo.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
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