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	<title>Comentarios en: Lo más humillante / Metodología (2) Roma y Cartago / Épica y tragedia</title>
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	<description>Más España y más democracia</description>
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		<title>Por: Pío Moa</title>
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		<dc:creator>Pío Moa</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Nov 2021 19:29:07 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p&gt;Nuevo hilo&lt;/p&gt;</description>
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		<title>Por: Pío Moa</title>
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		<dc:creator>Pío Moa</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Nov 2021 16:10:07 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p class=&quot;body-text-indent&quot; style=&quot;text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Georgia, serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Para España,  el interés real  en Flandes, aparte del comercial, radicaba en la  la contención de protestantes y  turcos, pues la relación comercial no exigía unión política. Y Flandes, con su posición geoestratégica, favorecía al máximo a los adversarios  europeos de España,  es decir, Inglaterra, Francia y  protestantes alemanes,  todos situados en torno a una región que, en cambio, distaba mucho de España, con una comunicación  por tierra  indirecta y  tortuosa a partir de Milán, y expuesta por mar a la hostilidad inglesa o francesa&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p class="body-text-indent" style="text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"><span style="font-family: Georgia, serif;"><span style="font-size: small;">Para España,  el interés real  en Flandes, aparte del comercial, radicaba en la  la contención de protestantes y  turcos, pues la relación comercial no exigía unión política. Y Flandes, con su posición geoestratégica, favorecía al máximo a los adversarios  europeos de España,  es decir, Inglaterra, Francia y  protestantes alemanes,  todos situados en torno a una región que, en cambio, distaba mucho de España, con una comunicación  por tierra  indirecta y  tortuosa a partir de Milán, y expuesta por mar a la hostilidad inglesa o francesa</span></span></p>
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		<title>Por: Pío Moa</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=17310#comment-254566</link>
		<dc:creator>Pío Moa</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Nov 2021 16:06:32 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p style=&quot;margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Georgia, serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-weight: normal;&quot;&gt;Recuérdese que aquí empleamos la palabra Flandes en el sentido tradicional, que incluye a Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y zonas hoy francesas, más que al Flandes propiamente dicho. También empleamos Holanda por Países Bajos.. La implicación de España en Flandes databa de la abdicación de Carlos. Este había adjudicado la región a Felipe, segregándola del Sacro Imperio, por la doble causa de la debilidad del Imperio para afrontar las apetencias francesas en la región y el expansionismo protestante y por las estrechas relaciones comerciales con España. El centro financiero y comercial, probablemente el mayor del continente, era Amberes, donde la colonia de comerciantes hispanos era la más nutrida. A Flandes iba el 60% de la lana española y otros productos, también de América, a cambio de efectos navales, maderas, tejidos, armas y cereales. No obstante, &lt;/span&gt;el mutuo interés comercial no generaba solidaridad política. Era España quien debía atender a los gastos de defensa de la región, pese a ser esta la más próspera del continente. Ya Carlos había tenido que sostener una frustrante lidia con la resistencia de los nobles flamencos y sus Estados generales a librarle subsidios, y con Felipe empeoraron los tiras y aflojas. Carlos, al menos, había nacido allí, pero Felipe era mirado como extranjero. Para ambos monarcas era prioritario mantener la unidad cristiana o al menos frenar el avance protestante, por principio y para afrontar a los turcos, pero los flamencos católicos veían muy lejos a los turcos; y detestaban a los protestantes anabaptistas, pero mucho menos a los calvinistas, por razones comerciales y porque los consideraban un contrapeso a la hegemonía hispana. La lejana España les interesaba solo por el comercio y como protectora frente a la inmediata Francia, pero tras las victorias hispano-flamencas de San Quintín y Gravelinas, y la ruina de la hacienda francesa, el peligro parecía más lejano. Además, empezaron en Francia las guerras civiles, llamadas de religión, que debilitaron su capacidad de acción exterior, por o cual la ayuda de Madrid perdía urgencia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"><span style="font-family: Georgia, serif;"><span style="font-size: small;"><span style="font-weight: normal;">Recuérdese que aquí empleamos la palabra Flandes en el sentido tradicional, que incluye a Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y zonas hoy francesas, más que al Flandes propiamente dicho. También empleamos Holanda por Países Bajos.. La implicación de España en Flandes databa de la abdicación de Carlos. Este había adjudicado la región a Felipe, segregándola del Sacro Imperio, por la doble causa de la debilidad del Imperio para afrontar las apetencias francesas en la región y el expansionismo protestante y por las estrechas relaciones comerciales con España. El centro financiero y comercial, probablemente el mayor del continente, era Amberes, donde la colonia de comerciantes hispanos era la más nutrida. A Flandes iba el 60% de la lana española y otros productos, también de América, a cambio de efectos navales, maderas, tejidos, armas y cereales. No obstante, </span>el mutuo interés comercial no generaba solidaridad política. Era España quien debía atender a los gastos de defensa de la región, pese a ser esta la más próspera del continente. Ya Carlos había tenido que sostener una frustrante lidia con la resistencia de los nobles flamencos y sus Estados generales a librarle subsidios, y con Felipe empeoraron los tiras y aflojas. Carlos, al menos, había nacido allí, pero Felipe era mirado como extranjero. Para ambos monarcas era prioritario mantener la unidad cristiana o al menos frenar el avance protestante, por principio y para afrontar a los turcos, pero los flamencos católicos veían muy lejos a los turcos; y detestaban a los protestantes anabaptistas, pero mucho menos a los calvinistas, por razones comerciales y porque los consideraban un contrapeso a la hegemonía hispana. La lejana España les interesaba solo por el comercio y como protectora frente a la inmediata Francia, pero tras las victorias hispano-flamencas de San Quintín y Gravelinas, y la ruina de la hacienda francesa, el peligro parecía más lejano. Además, empezaron en Francia las guerras civiles, llamadas de religión, que debilitaron su capacidad de acción exterior, por o cual la ayuda de Madrid perdía urgencia.</span></span></p>
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		<title>Por: Pío Moa</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=17310#comment-254565</link>
		<dc:creator>Pío Moa</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Nov 2021 15:40:03 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p class=&quot;body-text-indent&quot; style=&quot;text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Georgia, serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Felipe entendió que las concesiones solo habían exacerbado la arrogancia nobiliaria, y los disturbios recordaban demasiado a los que en Francia habían originado una guerra civil. En consecuencia envió al Duque de Alba,  Fernando Álvarez de Toledo, al mando de los tercios de Italia y de tropas alemanas, para restaurar el orden, reducir los diversos estados de la región a uno solo con capital en Bruselas y asegurar que Flandes corriera con la mayor parte de sus gastos de defensa. Alba llegó en 1567, aumentó la contribución fiscal flamenca mediante un impuesto parecido a la alcabala castellana, medida racional pero tildada de imposición extranjera, y por un tiempo, Flandes resultó menos gravosa a España. Para juzgar a los cabecillas  de los  violentos disturbios creó el Tribunal de Tumultos, que ejecutaría a algo más de mil personas, entre ellas a Egmont y Hoorn, y confiscaría sus propiedades.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;body-text-indent&quot; style=&quot;text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Georgia, serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;El tribunal y el duque han sido muy largamente condenados por una crueldad casi sin parangón, pero, observa el historiador inglés Geoffrey Parker, “Las críticas se han basado en la deformación y exageración de los hechos. J. L. Motley, por ejemplo, escribió sobre “los torrentes de sangre” que manaron de las purgas del duque de Alba; pero, según las pautas del siglo XVI, el número de ejecuciones fue relativamente modesto, si se considera la escala de los disturbios. Ningún gobierno de aquella época  estaba dispuesto a dejar vivos a traidores y rebeldes una vez capturados. El trato de la reina Isabel hacia los rebeldes del norte después de 1569 no difirió del de Alba (excepto que las víctimas de Isabel eran católicos  y las de Alba protestantes)”. La mala fama de Alba se debe más a la hábil propaganda calvinista que a su dureza, normal para la época.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;body-text-indent&quot; style=&quot;text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Georgia, serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-weight: normal;&quot;&gt;Egmont y Hoorn habían combatido a los franceses al lado de España,  pero su conducta posterior difícilmente habría sido perdonada por ningún monarca. Guillermo de Orange escapó a Alemania y organizó un ejército para entrar en Flandes. El 25 de abril de 1568  sus tropas de 3.000 hombres fueron aplastadas en Dalen por 1.600 de los tercios de Sancho Dávila y Sancho de Londoño. Un mes después los rebeldes sorprendieron en Heiligerlee a 3.200 soldados del tercio de Cerdeña mandados por el estatúder Johan de Ligne, a quienes causaron casi 2.000 bajas contra solo 50 propias  Dos meses más tarde los tercios, mandados por el propio duque, destrozaron al ejército rebelde de Luis de Nassau en Gemingen, ocasionándole 7.000 bajas contra solo 300, y en octubre  el duque atacó la retaguardia de Guillermo en Jodoigne donde le desbarató a sus 5.000 arcabuceros y le hizo 3.000 muertos contra  20 de los tercios.  Esta iba a ser la tónica de muchas batallas de los tercios, según expone el historiador militar francés  René Quatrefages. Así, en pocos meses la rebelión fue eliminada sin dar tiempo a ayudas turcas u otras. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p class="body-text-indent" style="text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"><span style="font-family: Georgia, serif;"><span style="font-size: small;">Felipe entendió que las concesiones solo habían exacerbado la arrogancia nobiliaria, y los disturbios recordaban demasiado a los que en Francia habían originado una guerra civil. En consecuencia envió al Duque de Alba,  Fernando Álvarez de Toledo, al mando de los tercios de Italia y de tropas alemanas, para restaurar el orden, reducir los diversos estados de la región a uno solo con capital en Bruselas y asegurar que Flandes corriera con la mayor parte de sus gastos de defensa. Alba llegó en 1567, aumentó la contribución fiscal flamenca mediante un impuesto parecido a la alcabala castellana, medida racional pero tildada de imposición extranjera, y por un tiempo, Flandes resultó menos gravosa a España. Para juzgar a los cabecillas  de los  violentos disturbios creó el Tribunal de Tumultos, que ejecutaría a algo más de mil personas, entre ellas a Egmont y Hoorn, y confiscaría sus propiedades.</span></span></p>
<p class="body-text-indent" style="text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"><span style="font-family: Georgia, serif;"><span style="font-size: small;">El tribunal y el duque han sido muy largamente condenados por una crueldad casi sin parangón, pero, observa el historiador inglés Geoffrey Parker, “Las críticas se han basado en la deformación y exageración de los hechos. J. L. Motley, por ejemplo, escribió sobre “los torrentes de sangre” que manaron de las purgas del duque de Alba; pero, según las pautas del siglo XVI, el número de ejecuciones fue relativamente modesto, si se considera la escala de los disturbios. Ningún gobierno de aquella época  estaba dispuesto a dejar vivos a traidores y rebeldes una vez capturados. El trato de la reina Isabel hacia los rebeldes del norte después de 1569 no difirió del de Alba (excepto que las víctimas de Isabel eran católicos  y las de Alba protestantes)”. La mala fama de Alba se debe más a la hábil propaganda calvinista que a su dureza, normal para la época.</span></span></p>
<p class="body-text-indent" style="text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"><span style="font-family: Georgia, serif;"><span style="font-size: small;"><span style="font-weight: normal;">Egmont y Hoorn habían combatido a los franceses al lado de España,  pero su conducta posterior difícilmente habría sido perdonada por ningún monarca. Guillermo de Orange escapó a Alemania y organizó un ejército para entrar en Flandes. El 25 de abril de 1568  sus tropas de 3.000 hombres fueron aplastadas en Dalen por 1.600 de los tercios de Sancho Dávila y Sancho de Londoño. Un mes después los rebeldes sorprendieron en Heiligerlee a 3.200 soldados del tercio de Cerdeña mandados por el estatúder Johan de Ligne, a quienes causaron casi 2.000 bajas contra solo 50 propias  Dos meses más tarde los tercios, mandados por el propio duque, destrozaron al ejército rebelde de Luis de Nassau en Gemingen, ocasionándole 7.000 bajas contra solo 300, y en octubre  el duque atacó la retaguardia de Guillermo en Jodoigne donde le desbarató a sus 5.000 arcabuceros y le hizo 3.000 muertos contra  20 de los tercios.  Esta iba a ser la tónica de muchas batallas de los tercios, según expone el historiador militar francés  René Quatrefages. Así, en pocos meses la rebelión fue eliminada sin dar tiempo a ayudas turcas u otras. </span></span></span></p>
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		<title>Por: Pío Moa</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=17310#comment-254564</link>
		<dc:creator>Pío Moa</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Nov 2021 15:30:08 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p style=&quot;margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Georgia, serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;Durante la década de los sesenta la expansión calvinista creó verdaderos dobles poderes en Francia, Escocia y Flandes. Se trataba de un movimiento internacional muy eficiente, con miles de personas entregadas y destacada habilidad agitativa (se lo compararía en el siglo XX con la Internacional Comunista o Komintern). Con él nació, puede decirse, la propaganda política moderna, en muy alta medida propaganda antiespañola, utilizando a fondo el libelo y la imprenta.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;body-text-indent&quot; style=&quot;text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Georgia, serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;El nuevo frente se abrió en 1566. Los reveses en el Mediterráneo habían aconsejado contemporizar con la creciente insubordinación calvinista en Flandes. Felipe dejó como regente de la región a su hermanastra Margarita de Parma, asesorada por el borgoñón cardenal Granvela, muy identificado con la política de Madrid. Margarita hizo concesiones sustanciales, retirando las tropas españolas en 1561 y apartando del Consejo a Granvela. Estas concesiones aumentaron las exigencias de los nobles Egmont, Hoorn y Guillermo de Orange, deseosos del mayor poder, que acusaban falsamente a Felipe de querer introducir la Inquisición española (la Inquisición de Flandes, más dura, no perdonaba ni a los herejes arrepentidos). Y pedían tolerancia hacia los calvinistas, que entraban en gran número desde Francia. Felipe introdujo a los jesuitas y una nueva universidad católica; y ordenó crear catorce nuevos obispados para ampliar el número de sus partidarios en los Estados Generales, pero la nobleza lo saboteó. A mediados de los 60, la situación se complicó con la larga guerra del Báltico entre Suecia y Dinamarca que cerró vías de tráfico, mientras una inflación causada por el aflujo de plata americana deprimía los negocios de la alta y media nobleza, aumentando del descontento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p class=&quot;body-text-indent&quot; style=&quot;text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-family: Georgia, serif;&quot;&gt;&lt;span style=&quot;font-size: small;&quot;&gt;En 1565 Egmont aprovechó los problemas mediterráneos para alcanzar de Felipe nuevas concesiones y menos presión anticalvinista. A su vuelta de Madrid, exageró el alcance de las promesas obtenidas, lo que creó una situación complicada. Mientras tanto, Guillermo había decidido rebelarse, y al año siguiente pidió y obtuvo la promesa de ayuda de Solimán, como anteriormente había hecho Francisco I de Francia. Pero, al haber fracasado los turcos en Malta y fallecer Solimán al año siguiente (1566), causando revueltas en su imperio, el Mediterráneo se calmó y Felipe pudo ocuparse de Flandes. Los protestante utilizaron la crisis de subsistencias en la región para empujar a parte de la población hambrienta a saquear monasterios e iglesias, destruir imágenes y, según versiones, matar religiosos. Así comenzó la guerra. Las violencias provocaron una indignada reacción católica proespañola, y  Margarita propuso hacer concesiones, pero desde una posición de poder, no de debilidad como hasta entonces.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"><span style="font-family: Georgia, serif;"><span style="font-size: small;">Durante la década de los sesenta la expansión calvinista creó verdaderos dobles poderes en Francia, Escocia y Flandes. Se trataba de un movimiento internacional muy eficiente, con miles de personas entregadas y destacada habilidad agitativa (se lo compararía en el siglo XX con la Internacional Comunista o Komintern). Con él nació, puede decirse, la propaganda política moderna, en muy alta medida propaganda antiespañola, utilizando a fondo el libelo y la imprenta.</span></span></p>
<p class="body-text-indent" style="text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"><span style="font-family: Georgia, serif;"><span style="font-size: small;">El nuevo frente se abrió en 1566. Los reveses en el Mediterráneo habían aconsejado contemporizar con la creciente insubordinación calvinista en Flandes. Felipe dejó como regente de la región a su hermanastra Margarita de Parma, asesorada por el borgoñón cardenal Granvela, muy identificado con la política de Madrid. Margarita hizo concesiones sustanciales, retirando las tropas españolas en 1561 y apartando del Consejo a Granvela. Estas concesiones aumentaron las exigencias de los nobles Egmont, Hoorn y Guillermo de Orange, deseosos del mayor poder, que acusaban falsamente a Felipe de querer introducir la Inquisición española (la Inquisición de Flandes, más dura, no perdonaba ni a los herejes arrepentidos). Y pedían tolerancia hacia los calvinistas, que entraban en gran número desde Francia. Felipe introdujo a los jesuitas y una nueva universidad católica; y ordenó crear catorce nuevos obispados para ampliar el número de sus partidarios en los Estados Generales, pero la nobleza lo saboteó. A mediados de los 60, la situación se complicó con la larga guerra del Báltico entre Suecia y Dinamarca que cerró vías de tráfico, mientras una inflación causada por el aflujo de plata americana deprimía los negocios de la alta y media nobleza, aumentando del descontento.</span></span></p>
<p class="body-text-indent" style="text-indent: 0cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"><span style="font-family: Georgia, serif;"><span style="font-size: small;">En 1565 Egmont aprovechó los problemas mediterráneos para alcanzar de Felipe nuevas concesiones y menos presión anticalvinista. A su vuelta de Madrid, exageró el alcance de las promesas obtenidas, lo que creó una situación complicada. Mientras tanto, Guillermo había decidido rebelarse, y al año siguiente pidió y obtuvo la promesa de ayuda de Solimán, como anteriormente había hecho Francisco I de Francia. Pero, al haber fracasado los turcos en Malta y fallecer Solimán al año siguiente (1566), causando revueltas en su imperio, el Mediterráneo se calmó y Felipe pudo ocuparse de Flandes. Los protestante utilizaron la crisis de subsistencias en la región para empujar a parte de la población hambrienta a saquear monasterios e iglesias, destruir imágenes y, según versiones, matar religiosos. Así comenzó la guerra. Las violencias provocaron una indignada reacción católica proespañola, y  Margarita propuso hacer concesiones, pero desde una posición de poder, no de debilidad como hasta entonces.</span></span></p>
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