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	<title>Comentarios en: Concomitancias para el derrumbe / La inanidad suicida.</title>
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	<description>Más España y más democracia</description>
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		<title>Por: lead</title>
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		<dc:creator>lead</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2014 20:09:15 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;strong&gt;[El significado del &lt;em&gt;l&lt;/em&gt;&lt;em&gt;aissez faire&lt;/em&gt; , en La Acción Humana de L. von Mises](II)

&lt;/strong&gt;Veamos ahora estos otros párrafos de la Sexta Parte, &quot;El Mercado intervenido&quot;,  Cap. XXVI &quot;El Gobierno y el Mercado&quot;, apartado 5 &quot;El significado del&lt;em&gt; laissez faire&quot;&lt;/em&gt;: finalmente es la disyuntiva entre libertad del individuo para realizar sus propios planes frente a imposición del Gobierno so pretexto de &quot;racionalizar&quot;, de superar la supuesta &quot;anarquía&quot; del Mercado libre:

{5 .&lt;strong&gt; E l s i g n i f i c a d o d e l  &lt;em&gt;l a i s s e z f a i r e&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;
Los pensadores liberales de la Francia del siglo XVIII condensaron su&lt;strong&gt; filosofía en la conocida frase &lt;em&gt;laissez faire&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;laissez passer&lt;/em&gt;. Aspiraban a implantar un mercado libre de trabas; abogaban por la abolición de todos los obstáculos que impedían al hombre eficaz e industrioso pre­valecer sobre sus más torpes e ineficientes competidores; de todo lo que perturbaba el desplazamiento de las personas y la circulación de las cosas. Esto era lo que quería decir la famosa máxima.&lt;/strong&gt;
&lt;strong&gt;En nuestra época de apasionado anhelo de la omnipotencia guber­namental la fórmula ha caído en desgracia. La opinión pública la con­sidera hoy como manifestación de depravación moral y de supina ig­norancia.&lt;/strong&gt;
&lt;strong&gt;El intervencionista plantea la disyuntiva entre unas «fuerzas cie­gas y automáticas» y una «planificación consciente».&lt;/strong&gt; Es evidente, deja entender, que confiar en procesos irreflexivos es pura estupidez. Na­die en su sano juicio puede propugnar la inhibición; que todo siga su curso sin que intervenga ninguna voluntad consciente. Cualquier or­denamiento racional de la vida económica será siempre superior a la ausencia de todo plan. El&lt;em&gt; laissez faire&lt;/em&gt; significa: Dejad que perduren las desgracias; no interfiráis, no hagáis nada por mejorar racionalmente la suerte de la humanidad.
&lt;strong&gt;Es éste un planteamiento falaz&lt;/strong&gt;. El argumento a favor de la planifi­cación deriva exclusivamente de una inadmisible interpretación de una metáfora. No tiene otra base que las connotaciones implícitas en el término «automático», que suele aplicarse en un sentido metafórico para describir el proceso de mercado.

(..)
&lt;strong&gt;Lo cierto es que la alternativa no se plantea entre inerte mecanismo, de un lado, y sabia organización, de otro; entre la presencia o la ausen­cia de un plan. La cuestión es: ¿Quién planifica? ¿Debe cada miembro de la sociedad hacer sus propios planes o debe planificar para todos un gobierno benevolente? El dilema no es: automatismo frente a acción consciente, sino acción autónoma de cada individuo frente a acción exclusiva del gobierno, o bien: libertad frente a omnipotencia gubernamental.&lt;/strong&gt;
El &lt;em&gt;laissez faire&lt;/em&gt; no pretende desencadenar unas supuestas fuerzas ciegas e incontroladas. Lo que quiere es dejar a todos en&lt;strong&gt; libertad para que cada uno decida cómo concretamente va a cooperar en la división social del trabajo y que sean, en definitiva, los consumidores quienes determinen lo que los empresarios hayan de producir.&lt;/strong&gt; La planifica­ción, en cambio, supone autorizar al gobernante para que, por sí y ante sí, sirviéndose de los resortes de la represión, resuelva e imponga.
&lt;strong&gt;Pero bajo el &lt;em&gt;laissez faire&lt;/em&gt;, replica el dirigista, no se producen aquellos bienes que la gente «realmente» necesita, sino los que mayor beneficio reportan, y el objetivo de la planificación debe ser encauzar la produc­ción de suerte que queden satisfechas las «verdaderas» necesidades. Pero ¿quién es capaz de decidir cuáles son esas «verdaderas» necesi­dades?&lt;/strong&gt;
(...)
 Los encendidos elogios a las excelencias de la acción estatal difícil­mente ocultan la autodivinización del dirigista. El gran dios estatal lo es tan sólo en razón a que cada defensor del intervencionismo imagina que la deidad pública hará exclusivamente lo que él aspira a ver rea­lizado. El único plan genuino es aquel que el propio dirigista perso­nalmente apoya. Todos los demás son burdas falsificaciones. Al en­salzar «el plan» se está refiriendo exclusivamente a su propio plan, sin aceptar que también pudiera haber otros «planes».&lt;strong&gt; Los intervencionis­tas sólo están de acuerdo en oponerse al &lt;em&gt;laissez faire,&lt;/em&gt; es decir, a que el individuo pueda elegir y actuar.&lt;/strong&gt;


(...)

&lt;strong&gt;El &lt;em&gt;laissez faire&lt;/em&gt; no significa sino autorizar al hombre común para que elija y actúe; que no tenga, en definitiva, que doblegarse ante ningún tirano.} &lt;/strong&gt;

</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>[El significado del <em>l</em><em>aissez faire</em> , en La Acción Humana de L. von Mises](II)</p>
<p></strong>Veamos ahora estos otros párrafos de la Sexta Parte, &#8220;El Mercado intervenido&#8221;,  Cap. XXVI &#8220;El Gobierno y el Mercado&#8221;, apartado 5 &#8220;El significado del<em> laissez faire&#8221;</em>: finalmente es la disyuntiva entre libertad del individuo para realizar sus propios planes frente a imposición del Gobierno so pretexto de &#8220;racionalizar&#8221;, de superar la supuesta &#8220;anarquía&#8221; del Mercado libre:</p>
<p>{5 .<strong> E l s i g n i f i c a d o d e l  <em>l a i s s e z f a i r e</em></strong><br />
Los pensadores liberales de la Francia del siglo XVIII condensaron su<strong> filosofía en la conocida frase <em>laissez faire</em>, <em>laissez passer</em>. Aspiraban a implantar un mercado libre de trabas; abogaban por la abolición de todos los obstáculos que impedían al hombre eficaz e industrioso pre­valecer sobre sus más torpes e ineficientes competidores; de todo lo que perturbaba el desplazamiento de las personas y la circulación de las cosas. Esto era lo que quería decir la famosa máxima.</strong><br />
<strong>En nuestra época de apasionado anhelo de la omnipotencia guber­namental la fórmula ha caído en desgracia. La opinión pública la con­sidera hoy como manifestación de depravación moral y de supina ig­norancia.</strong><br />
<strong>El intervencionista plantea la disyuntiva entre unas «fuerzas cie­gas y automáticas» y una «planificación consciente».</strong> Es evidente, deja entender, que confiar en procesos irreflexivos es pura estupidez. Na­die en su sano juicio puede propugnar la inhibición; que todo siga su curso sin que intervenga ninguna voluntad consciente. Cualquier or­denamiento racional de la vida económica será siempre superior a la ausencia de todo plan. El<em> laissez faire</em> significa: Dejad que perduren las desgracias; no interfiráis, no hagáis nada por mejorar racionalmente la suerte de la humanidad.<br />
<strong>Es éste un planteamiento falaz</strong>. El argumento a favor de la planifi­cación deriva exclusivamente de una inadmisible interpretación de una metáfora. No tiene otra base que las connotaciones implícitas en el término «automático», que suele aplicarse en un sentido metafórico para describir el proceso de mercado.</p>
<p>(..)<br />
<strong>Lo cierto es que la alternativa no se plantea entre inerte mecanismo, de un lado, y sabia organización, de otro; entre la presencia o la ausen­cia de un plan. La cuestión es: ¿Quién planifica? ¿Debe cada miembro de la sociedad hacer sus propios planes o debe planificar para todos un gobierno benevolente? El dilema no es: automatismo frente a acción consciente, sino acción autónoma de cada individuo frente a acción exclusiva del gobierno, o bien: libertad frente a omnipotencia gubernamental.</strong><br />
El <em>laissez faire</em> no pretende desencadenar unas supuestas fuerzas ciegas e incontroladas. Lo que quiere es dejar a todos en<strong> libertad para que cada uno decida cómo concretamente va a cooperar en la división social del trabajo y que sean, en definitiva, los consumidores quienes determinen lo que los empresarios hayan de producir.</strong> La planifica­ción, en cambio, supone autorizar al gobernante para que, por sí y ante sí, sirviéndose de los resortes de la represión, resuelva e imponga.<br />
<strong>Pero bajo el <em>laissez faire</em>, replica el dirigista, no se producen aquellos bienes que la gente «realmente» necesita, sino los que mayor beneficio reportan, y el objetivo de la planificación debe ser encauzar la produc­ción de suerte que queden satisfechas las «verdaderas» necesidades. Pero ¿quién es capaz de decidir cuáles son esas «verdaderas» necesi­dades?</strong><br />
(&#8230;)<br />
 Los encendidos elogios a las excelencias de la acción estatal difícil­mente ocultan la autodivinización del dirigista. El gran dios estatal lo es tan sólo en razón a que cada defensor del intervencionismo imagina que la deidad pública hará exclusivamente lo que él aspira a ver rea­lizado. El único plan genuino es aquel que el propio dirigista perso­nalmente apoya. Todos los demás son burdas falsificaciones. Al en­salzar «el plan» se está refiriendo exclusivamente a su propio plan, sin aceptar que también pudiera haber otros «planes».<strong> Los intervencionis­tas sólo están de acuerdo en oponerse al <em>laissez faire,</em> es decir, a que el individuo pueda elegir y actuar.</strong></p>
<p>(&#8230;)</p>
<p><strong>El <em>laissez faire</em> no significa sino autorizar al hombre común para que elija y actúe; que no tenga, en definitiva, que doblegarse ante ningún tirano.} </strong></p>
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		<title>Por: lead</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=2401#comment-37527</link>
		<dc:creator>lead</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2014 19:41:39 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;strong&gt;[&lt;em&gt;Laissez faire&lt;/em&gt; y Revolución Industrial, en La Acción Huana de L. von Mises]&lt;/strong&gt;

Veamos qué dice Ludwig von Mises sobre el&lt;em&gt; laissez faire&lt;/em&gt; (Cap. XXI, pág. 733):


{&lt;strong&gt;La filosofía del laissez faire y su retoño, la Revolución Industrial, demolie­ron las barreras ideológicas e&lt;/strong&gt;
&lt;strong&gt;institucionales que cerraban el camino al desa­rrollo económico y al bienestar social.&lt;/strong&gt; Derribaron una organización que con­denaba a un número siempre creciente a la indigencia y al abandono más absolutos. La artesanía había trabajado, prácticamente en exclusiva, para los ricos. Los talleres artesanos podían ampliarse sólo en la medida en que los poderosos incrementaban sus pedidos. Salvo la gente dedicada a las produc­ciones básicas, los demás trabajadores únicamente podían colocarse si los de arriba estaban dispuestos a utilizar sus habilidades y servicios. Tal plantea­miento cambió de la noche a la mañana. &lt;strong&gt;Las nuevas industrias arrumbaron los antiguos sistemas de producción y venta. Los bienes económicos no se fabricaban ya pensando sólo en unos cuantos ricos; se producían para atender las necesidades de quienes hasta entonces prácticamente nada habían podido consumir. Mercancías baratas, que muchos pudieran adquirir, eran las que iban a inundar los comercios. La industria textil algodonera fue la típica de los primeros años de la Revolución Industrial. Aquellos tejidos no eran, desde luego, para gente pudiente. Los ricos gustaban de la seda, el hilo y los encajes. &lt;/strong&gt;
&lt;strong&gt;Las fábricas, con su producción en masa, gracias a la implantación de siste­mas mecánicos, al iniciar una nueva producción comenzaban siempre fabri­cando los artículos más económicos, pensando invariablemente en el consu­mo de las grandes masas.&lt;/strong&gt; Sólo más tarde, gracias a la elevación sin precedentes del nivel de vida del proletariado que los propios talleres provocaban, se co­menzó a producir en serie mercancías de mejor calidad. Al principio, por ejem­plo, sólo los «proletarios» gastaban calzado hecho; los ricos lo preferían a me­dida. Los famosos «telares del sudor» no producían ropas para los ricos, sino para los económicamente débiles. Las elegantes damas y los distinguidos ca­balleros preferían los servicios de sus tradicionales sastres y modistas.
&lt;strong&gt;Lo más saliente de la Revolución Industrial es que abrió una nueva era de producción en masa para cubrir las necesidades de las masas. Los trabajadores dejaron de ser personas meramente dedicadas a atender deseos ajenos. A partir de entonces iban a ser ellos mismos los principales consumidores de los artículos que en las fábricas se producían. La industria moderna no puede subsistir sin los amplios mercados que forman los propios trabajadores&lt;/strong&gt;. No hay actualmente en América ninguna gran industria que no se dedique a aten­der las necesidades de las masas.&lt;strong&gt; Como consumidor, este último es el soberano que, comprando o dejando de comprar, enriquece o arruina a los em­presarios&lt;/strong&gt;.&lt;strong&gt; La actividad empresarial capitalista sólo pro­gresa cuando sirve al hombre común.  En la economía de mercado, sólo es posible enriquecerse proporcio­nando a las masas populares, del modo más económico y cumplido, las mer­cancías que reclaman.&lt;/strong&gt;
Cegados por sus prejuicios, muchos historiadores y escritores no logran comprender este hecho fundamental. Creen que los asalariados trabajan para beneficiar a otros. Pero nunca se preguntan quiénes son esos hipotéticos «otros». }</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>[<em>Laissez faire</em> y Revolución Industrial, en La Acción Huana de L. von Mises]</strong></p>
<p>Veamos qué dice Ludwig von Mises sobre el<em> laissez faire</em> (Cap. XXI, pág. 733):</p>
<p>{<strong>La filosofía del laissez faire y su retoño, la Revolución Industrial, demolie­ron las barreras ideológicas e</strong><br />
<strong>institucionales que cerraban el camino al desa­rrollo económico y al bienestar social.</strong> Derribaron una organización que con­denaba a un número siempre creciente a la indigencia y al abandono más absolutos. La artesanía había trabajado, prácticamente en exclusiva, para los ricos. Los talleres artesanos podían ampliarse sólo en la medida en que los poderosos incrementaban sus pedidos. Salvo la gente dedicada a las produc­ciones básicas, los demás trabajadores únicamente podían colocarse si los de arriba estaban dispuestos a utilizar sus habilidades y servicios. Tal plantea­miento cambió de la noche a la mañana. <strong>Las nuevas industrias arrumbaron los antiguos sistemas de producción y venta. Los bienes económicos no se fabricaban ya pensando sólo en unos cuantos ricos; se producían para atender las necesidades de quienes hasta entonces prácticamente nada habían podido consumir. Mercancías baratas, que muchos pudieran adquirir, eran las que iban a inundar los comercios. La industria textil algodonera fue la típica de los primeros años de la Revolución Industrial. Aquellos tejidos no eran, desde luego, para gente pudiente. Los ricos gustaban de la seda, el hilo y los encajes. </strong><br />
<strong>Las fábricas, con su producción en masa, gracias a la implantación de siste­mas mecánicos, al iniciar una nueva producción comenzaban siempre fabri­cando los artículos más económicos, pensando invariablemente en el consu­mo de las grandes masas.</strong> Sólo más tarde, gracias a la elevación sin precedentes del nivel de vida del proletariado que los propios talleres provocaban, se co­menzó a producir en serie mercancías de mejor calidad. Al principio, por ejem­plo, sólo los «proletarios» gastaban calzado hecho; los ricos lo preferían a me­dida. Los famosos «telares del sudor» no producían ropas para los ricos, sino para los económicamente débiles. Las elegantes damas y los distinguidos ca­balleros preferían los servicios de sus tradicionales sastres y modistas.<br />
<strong>Lo más saliente de la Revolución Industrial es que abrió una nueva era de producción en masa para cubrir las necesidades de las masas. Los trabajadores dejaron de ser personas meramente dedicadas a atender deseos ajenos. A partir de entonces iban a ser ellos mismos los principales consumidores de los artículos que en las fábricas se producían. La industria moderna no puede subsistir sin los amplios mercados que forman los propios trabajadores</strong>. No hay actualmente en América ninguna gran industria que no se dedique a aten­der las necesidades de las masas.<strong> Como consumidor, este último es el soberano que, comprando o dejando de comprar, enriquece o arruina a los em­presarios</strong>.<strong> La actividad empresarial capitalista sólo pro­gresa cuando sirve al hombre común.  En la economía de mercado, sólo es posible enriquecerse proporcio­nando a las masas populares, del modo más económico y cumplido, las mer­cancías que reclaman.</strong><br />
Cegados por sus prejuicios, muchos historiadores y escritores no logran comprender este hecho fundamental. Creen que los asalariados trabajan para beneficiar a otros. Pero nunca se preguntan quiénes son esos hipotéticos «otros». }</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: manuelp</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=2401#comment-37523</link>
		<dc:creator>manuelp</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2014 16:29:27 +0000</pubDate>
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		<description>El &lt;strong&gt;&quot;próspero sistema de libertades que antecedió a la primera guerra mundial&quot;&lt;/strong&gt; fue la apoteosis del Imperialismo como reconoce alguien como Hanna Arendt en &quot;Los orígenes del totalitarismo&quot;.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El <strong>&#8220;próspero sistema de libertades que antecedió a la primera guerra mundial&#8221;</strong> fue la apoteosis del Imperialismo como reconoce alguien como Hanna Arendt en &#8220;Los orígenes del totalitarismo&#8221;.</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: lead</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=2401#comment-37522</link>
		<dc:creator>lead</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2014 16:22:57 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;strong&gt;[El hiper-duper Plan E: La Antieconomía de Krugman con su invasión de extraterrestes]&lt;/strong&gt;


{ El pésimo razonamiento de Krugman a cuenta de las bondades de una invasión extraterrestre culmina especialmente al final: según el Nobel, si después de readaptar toda la economía a la guerra intergaláctica descubriéramos que todo había sido un fraude a lo Orson Wells, que nunca había existido riesgo de invasión alguna, todos nos enriqueceríamos notablemente, pues habríamos &lt;em&gt;disfrutado&lt;/em&gt; de todo el gasto militar asociado a las guerras sin ninguna de sus funestas consecuencias.
. 
En otras palabras, una vez descubrimos que&lt;strong&gt; todas las inversiones que hemos efectuado para defendernos de los extraterrestres no tienen ninguna utilidad y que han supuesto una dilapidación de capital que haría parecer la burbuja inmobiliaria como una granito menor, entonces resultará que todos somos más ricos. El razonamiento es brillante: riqueza es pobreza, economizar es despilfarrar, acertar es equivocarse, lo esencial es lo inútil. Orwell redivivo. La Antieconomía.}&lt;/strong&gt;

http://juanramonrallo.com/2011/08/krugman-y-la-antieconomia/ </description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>[El hiper-duper Plan E: La Antieconomía de Krugman con su invasión de extraterrestes]</strong></p>
<p>{ El pésimo razonamiento de Krugman a cuenta de las bondades de una invasión extraterrestre culmina especialmente al final: según el Nobel, si después de readaptar toda la economía a la guerra intergaláctica descubriéramos que todo había sido un fraude a lo Orson Wells, que nunca había existido riesgo de invasión alguna, todos nos enriqueceríamos notablemente, pues habríamos <em>disfrutado</em> de todo el gasto militar asociado a las guerras sin ninguna de sus funestas consecuencias.<br />
. <br />
En otras palabras, una vez descubrimos que<strong> todas las inversiones que hemos efectuado para defendernos de los extraterrestres no tienen ninguna utilidad y que han supuesto una dilapidación de capital que haría parecer la burbuja inmobiliaria como una granito menor, entonces resultará que todos somos más ricos. El razonamiento es brillante: riqueza es pobreza, economizar es despilfarrar, acertar es equivocarse, lo esencial es lo inútil. Orwell redivivo. La Antieconomía.}</strong></p>
<p><a href="http://juanramonrallo.com/2011/08/krugman-y-la-antieconomia/ " rel="nofollow">http://juanramonrallo.com/2011/08/krugman-y-la-antieconomia/ </a></p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: lead</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=2401#comment-37521</link>
		<dc:creator>lead</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2014 16:04:08 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;strong&gt;[A Keynes tampoco le gustaba el &quot;laissez faire&quot;; él prefería la potestades intervencionistas de los estados totalitarios, como la Alemania de Hitler]&lt;/strong&gt;


{Nº 51 - VARIA
&lt;strong&gt;El programa político de Keynes&lt;/strong&gt;
&lt;a href=&quot;http://www.ilustracionliberal.com/autor/juan-ramon-rallo.html&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;
Juan Ramón Rallo


 &lt;/a&gt;


(...)
De hecho, el propio inglés &lt;strong&gt;[Keynes],&lt;/strong&gt; en el prólogo a la edición alemana de la &lt;em&gt;Teoría general&lt;/em&gt;, publicada durante el régimen totalitario del nazismo,&lt;strong&gt; reconoció&lt;/strong&gt; lo que nosotros estamos poniendo de manifiesto:&lt;strong&gt; que su política económica es mucho más compatible con los Estados totalitarios que con una genuina libertad de mercado&lt;/strong&gt;:
. 
&lt;blockquote&gt;
Tengo que confesar que una buena parte de este libro está inspirado y pensado fundamentalmente de acuerdo con las condiciones existentes en los países anglosajones. Sin embargo, &lt;strong&gt;la teoría de una producción agregada, que es lo que este libro trata de proporcionar, se adapta con mucha más facilidad a las condiciones que se dan en un Estado totalitario de lo que lo hace la teoría de la producción y de la distribución de una determinada cantidad de bienes bajo criterios de libre competencia y laissez faire.&lt;/strong&gt;
&lt;/blockquote&gt;
En definitiva, el sistema keynesiano, en caso de aplicarse hasta sus últimas consecuencias, no sólo nos condenaría a la extrema pobreza, también a la completa pérdida de nuestras libertades. Dos caras de la misma moneda que&lt;strong&gt; Keynes se esforzó en disociar para poder justificar un incremento sin parangón del intervencionismo estatal que enterrara el próspero sistema de libertades que antecedió a la Primera Guerra Mundial... y todo ello apelando engañosamente a la prosperidad y a la libertad.&lt;/strong&gt;}

http://www.ilustracionliberal.com/51/el-programa-politico-de-keynes-juan-ramon-rallo.html 

Es decir, que no es nada claro que el progresivo intervencionismo del Estado en la Economía (como en las leyes anti-trust estadounidenses de finales del siglo XIX) haya ayudado a evitar crisis y a aumentar la riqueza de los ciudadanos de los países libres frente al sistema de &quot;Mercado sin trabas&quot;:

http://www.ilustracionliberal.com/30/competencia-y-monopolio-gabriel-calzada.html

 </description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>[A Keynes tampoco le gustaba el "laissez faire"; él prefería la potestades intervencionistas de los estados totalitarios, como la Alemania de Hitler]</strong></p>
<p>{Nº 51 &#8211; VARIA<br />
<strong>El programa político de Keynes</strong><br />
<a href="http://www.ilustracionliberal.com/autor/juan-ramon-rallo.html" rel="nofollow"><br />
Juan Ramón Rallo</p>
<p> </a></p>
<p>(&#8230;)<br />
De hecho, el propio inglés <strong>[Keynes],</strong> en el prólogo a la edición alemana de la <em>Teoría general</em>, publicada durante el régimen totalitario del nazismo,<strong> reconoció</strong> lo que nosotros estamos poniendo de manifiesto:<strong> que su política económica es mucho más compatible con los Estados totalitarios que con una genuina libertad de mercado</strong>:<br />
. </p>
<blockquote><p>
Tengo que confesar que una buena parte de este libro está inspirado y pensado fundamentalmente de acuerdo con las condiciones existentes en los países anglosajones. Sin embargo, <strong>la teoría de una producción agregada, que es lo que este libro trata de proporcionar, se adapta con mucha más facilidad a las condiciones que se dan en un Estado totalitario de lo que lo hace la teoría de la producción y de la distribución de una determinada cantidad de bienes bajo criterios de libre competencia y laissez faire.</strong>
</p></blockquote>
<p>En definitiva, el sistema keynesiano, en caso de aplicarse hasta sus últimas consecuencias, no sólo nos condenaría a la extrema pobreza, también a la completa pérdida de nuestras libertades. Dos caras de la misma moneda que<strong> Keynes se esforzó en disociar para poder justificar un incremento sin parangón del intervencionismo estatal que enterrara el próspero sistema de libertades que antecedió a la Primera Guerra Mundial&#8230; y todo ello apelando engañosamente a la prosperidad y a la libertad.</strong>}</p>
<p><a href="http://www.ilustracionliberal.com/51/el-programa-politico-de-keynes-juan-ramon-rallo.html " rel="nofollow">http://www.ilustracionliberal.com/51/el-programa-politico-de-keynes-juan-ramon-rallo.html </a></p>
<p>Es decir, que no es nada claro que el progresivo intervencionismo del Estado en la Economía (como en las leyes anti-trust estadounidenses de finales del siglo XIX) haya ayudado a evitar crisis y a aumentar la riqueza de los ciudadanos de los países libres frente al sistema de &#8220;Mercado sin trabas&#8221;:</p>
<p><a href="http://www.ilustracionliberal.com/30/competencia-y-monopolio-gabriel-calzada.html" rel="nofollow">http://www.ilustracionliberal.com/30/competencia-y-monopolio-gabriel-calzada.html</a></p>
<p> </p>
]]></content:encoded>
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