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	<title>Comentarios en: La religión como núcleo de las culturas y la revolución protestante</title>
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	<description>Más España y más democracia</description>
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		<title>Por: De Elea</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=5316#comment-109180</link>
		<dc:creator>De Elea</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2017 19:44:04 +0000</pubDate>
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		<description>- III -
 
El tipo de mente que cree en la &quot;bondad&quot; esencial de la naturaleza humana produjo el Liberalismo. Pero hay otra antropología política, que reconoce que el hombre es inarmónico, problemático, dual, peligroso. Ésta representa la general sabiduría del género humano, y es reflejada por el número de guardias, vallados, cajas fuertes, cerraduras, cárceles y policías. Toda catástrofe, incendio, terremoto, erupción volcánica, inundación, evoca el saqueo. Incluso una huelga de policías en una ciudad americana fue la señal para el saqueo de las tiendas por los respetables y bondadosos seres humanos.
 
Así, este tipo de pensamiento parte de los hechos. Esto es pensamiento político en general, opuesto al mero pensar sobre política, o racionalizar. Ni siquiera la gran ola del Racionalismo pudo sumergir esta clase de pensamiento. Los pensadores políticos difieren enormemente en creatividad y en profundidad pero están de acuerdo en que los hechos son normativos.
 
La palabra “teoría&quot; ha sido llevada al descrédito por intelectuales y Liberales que la han usado para describir su punto de vista favorito sobre cómo les gustaría que fueran las cosas. En un principio, teoría significó explicación de los hechos. Para un intelectual ignorante en política, una teoría es un fin, para un verdadero político, su teoría es un límite.
 
Una teoría política busca para encontrar en la historia los límites de lo políticamente posible. Esos límites no pueden ser hallados en el terreno de la Razón. La Epoca de la Razón nació en un baño de sangre, y pasará de moda a través de más baños de sangre. Con su doctrina contra la guerra, la Política y la Violencia, presidió las mayores guerras y revoluciones habidas en cinco mil años y desembocó en la Epoca de la Política Absoluta. Con su evangelio de la Hermandad Humana, instauró el hambre provocado en gran escala, la humillación, la tortura y el exterminio contra poblaciones de la Civilización Occidental después de las dos primeras Guerras Mundiales. Al poner fuera de la ley el pensamiento político y convertir la guerra en una contienda moral en vez de una lucha por el poder arrojó en el polvo a la caballerosidad y el honor de un milenio. La conclusión de todo ello es que la Razón también se convirtió en política cuando entró en el terreno político, aún cuando empleara su propio vocabulario. Cuando la Razón arrebataba un territorio a un enemigo vencido después de una guerra, lo llamaba &quot;desanexión&quot;. El documento que consolidaba la nueva posición era llamado &quot;Tratado&quot; aun cuando hubiera sido dictado en medio de un bloqueo por hambre. El derrotado enemigo político debía admitir en el &quot;Tratado&quot; que él era el único &quot;culpable&quot; de la guerra, que no estaba moralmente preparado para poseer colonias, que sus soldados fueron los únicos en cometer &quot;crímenes de guerra&quot;. Pero por complicado que fuera el disfraz moral, por consistente que fuera el vocabulario ideológico, no era más que política, y la Epoca de la Política Absoluta vuelve de nuevo a la clase de pensamiento político que parte de los hechos, reconoce el poder y la voluntad de poder de los hombres y los organismos más elevados como hechos, y considera que cualquier tentativa de describir a la política en términos morales es como querer describir a la química en términos teológicos.
 
Existe toda una tradición del pensamiento político en la Cultura Occidental, algunos de cuyos principales representantes son Montaigne, Maquiavelo, Hobbes, Leibnitz, Bossuet, Fichte, de Maistre, Donoso Cortés, Hippolyte Taine, Hegel, Carlyle. Mientras Herbert Spencer describía la historia como el &quot;progreso&quot; desde la organización militar-feudal, hasta la comercial-industrial, Carlyle enseñaba a Inglaterra el espíritu prusiano del Socialismo Etico, cuya superioridad interna debería ejercer sobre toda la Civilización Occidental en la venidera Edad Política una transformación igualmente fundamental que la que ejerció el capitalismo en la Edad Económica. Esto era pensamiento político creador, pero desgraciadamente no fue comprendido, y la ignorancia resultante permitió que influencias distorsionadoras arrojasen a Inglaterra a dos Guerras Mundiales sin sentido, de las que emergió arruinada y con casi todo perdido.
 
Hegel propuso un desarrollo en tres etapas de la humanidad desde la comunidad natural, a través de la burguesía hasta el Estado. Su teoría del Estado es profundamente orgánica, y su definición del burgués es completamente apropiada para el siglo XX. Para él el burgués es el hombre que no desea abandonar la esfera de la seguridad política interna, que se sitúa a sí mismo, con su sagrada propiedad privada, como un individuo contra la totalidad, que encuentra un sustituto para su nulidad política en los frutos de la paz, en sus posesiones y en la perfecta seguridad de su gozo, y que, por consiguiente, desea dispensarse del coraje y permanecer seguro contra la posibilidad de una muerte violenta. Con estas palabras, Hegel describe al verdadero Liberal.
 
Los pensadores políticos mencionados no gozan de la popularidad de las grandes masas de seres humanos. Mientras las cosas marchan bien, la mayoría de la gente no desea hablar de luchas por el poder, de violencias, de guerras, o de teorías relativas a ello. Así, por ejemplo, en los siglos XVIII y XIX se puso en boga la actitud de que los pensadores políticos — y Maquiavelo fue la primera víctima — eran hombres malvados, atávicos, sedientos de sangre. La simple aseveración de que siempre habrían guerras bastaba para describir al que lo decía como una persona que quería que las guerras continuaran. Llamar la atención sobre el vasto e impersonal ritmo de la guerra y la paz era prueba de poseer una mente enferma, con deficiencias morales y corrupción emocional. Describir los hechos fue considerado como desearlos e incluso crearlos. En el mismo siglo XX todo el que denunciara la nulidad política de las &quot;ligas de naciones&quot; era un profeta de la desesperación. El Racionalismo es anti-histórico; el pensamiento político es historia aplicada. En la paz es impopular mencionar la guerra; en la guerra es impopular mencionar la paz. La teoría que más rápidamente llega a ser popular es la que enaltece las cosas existentes y la tendencia — que se supone como la mejor ilustrada por esas cosas existentes — predeterminada por toda la historia previa. Así, Hegel fue anatema para los intelectuales a causa de su orientación estatal, que hizo de él un &quot;reaccionario&quot;, y también porque rehusó unirse a la muchedumbre revolucionaria.
 
Como la mayoría de la gente desea oír solamente soporíferas charlas sobre política que no exijan llamadas a la acción, y como bajo condiciones democráticas a la técnica política le interesa lo que a la mayoría de la gente le gusta oír, los políticos democráticos desplegaron en el siglo XIX una dialéctica completa de política partidista. La idea consistía en examinar el terreno de la acción desde un punto de vista &quot;desinteresado&quot;, moral, científico o económico, y descubrir que el oponente era inmoral, anticientífico, antieconómico... de hecho, que era político. Esto era algo diabólico que debía ser combatido. El punto de vista propio era enteramente &quot;no político&quot;. La palabra Política era un término de reproche en la Edad Económica. No obstante, curiosamente, en ciertas situaciones generalmente relacionadas con asuntos exteriores,  la palabra  “impolítico&quot; podía ser también un término despreciativo, significando que el hombre así descrito carecía de habilidad negociadora. El político partidista debía también fingir desgana en aceptar el cargo. Finalmente, una demostración cuidadosamente preparada de la &quot;voluntad popular&quot; vencía su resistencia, y consentía en aceptarlo como un acto de &quot;servicio&quot;. A esto se le llamó maquiavelismo, pero evidentemente Maquiavelo fue un pensador político, y no un experto en &quot;camouflages&quot;. Un político partidista no escribiría un libro como &quot;El Príncipe&quot; sino que elogiaría a toda la especie humana, exceptuando a ciertas gentes perversas: los oponentes del autor.
 
De hecho, el libro de Maquiavelo es defensivo en su tono, justificando políticamente la conducta de ciertos estadistas citando ejemplos extraídos de las invasiones extranjeras de Italia. En el siglo en que vivió Maquiavelo, Italia fue invadida en diferentes ocasiones por franceses, alemanes, españoles y turcos. Cuando las tropas revolucionarios francesas ocuparon Prusia y unieron los sentimientos humanitarios de los Derechos del Hombre con brutalidades y robos en gran escala, Hegel y Fichte tributaron de nuevo a Maquiavelo el respeto debido como pensador. Él representaba un medio de defensa contra la chusma armada imbuida de ideología humanitaria. Maquiavelo mostró el verdadero papel desempeñado por los sentimientos verbales en Política.
 
Uno puede decir que existen tres actitudes posibles con respecto a la conducta humana, al evaluar sus motivaciones: la sentimental, la realista y la cínica. La sentimental atribuye un motivo bueno a todo el mundo; la cínica un motivo malo, y la realista simplemente se ocupa de los hechos. Cuando un sentimental, es decir: un Liberal, se ocupa de política se convierte forzosamente en un hipócrita. La última consecuencia de esa hipocresía crea el cinismo. Una parte de la enfermedad espiritual que siguió a la Primera Guerra Mundial fue una oleada de cinismo que surgió de la transparente, asquerosa e increíble hipocresía de los hombrecillos que se hallaban en los puestos de mando en esa época. Maquiavelo, en cambio, poseía un intelecto incorruptible y no escribió su libro en un espíritu cínico. Sólo deseó plasmar la anatomía de la Política con sus peculiares tensiones y problemas, internos y externos. Para la fantástica enfermedad mental del Racionalismo, los hechos duros son cosas lamentables, y hablar de ellos es crearlos. Un politiquero del tipo Liberal incluso intentó prohibir hablar de la Tercera Guerra Mundial, tras la Segunda. El Liberalismo es, en una palabra, debilidad. Quiere que cada día sea un cumpleaños, y la Vida una larga fiesta. El movimiento inexorable del Tiempo, el Destino, la Historia, la crueldad de la realización, la energía, el heroísmo, el sacrificio, las ideas supra­personales: he aquí el enemigo. El Liberalismo es una evasión de la dureza hacia la blandura, de la masculinidad hacia la feminidad, de la Historia hacia el pastoreo de los rebaños, de la realidad hacia los sueños herbívoros, del Destino hacia la Felicidad. Nietzsche, en su última y principal obra, designó al siglo XVIII como el siglo del feminismo y denunció a Rousseau como líder de la evasión masiva de la Realidad. El mismo Feminismo, ¿qué es, sino un medio para feminizar al hombre? Si hace a las mujeres iguales a los hombres, sólo lo consigue al transformar primeramente al hombre en una criatura que únicamente se preocupa por su economía personal y por su relación con la &quot;sociedad&quot; es decir, una mujer. La &quot;Sociedad&quot; es el elemento de la mujer, es estática y formal, sus contiendas son puramente personales, y se ven libres de la posibilidad del heroísmo y la violencia. Conversación, no acción; formalismo, no hechos. ¡Cuán diferente es la idea de rango si se usa en un asunto social o si se aplica en un campo de batalla! Ahí depende del hado, mientras que en el salón es vano y pomposo. Una guerra se lleva a cabo por afán de control, mientras que las contiendas sociales están inspiradas por la vanidad femenina y por los celos y tienden a demostrar que uno es &quot;mejor&quot; que otro.
 
Y, sin embargo, ¿que hace, finalmente el Liberalismo con la mujer?: la viste con uniforme y la llama &quot;soldado&quot;.  Esta ridícula hazaña no sirve más que para ilustrar el eterno hecho de que la Historia es masculina, de que sus austeras exigencias no pueden ser escamoteadas, que las realidades fundamentales son irrenunciables y no pueden dejarse de lado ni siquiera con la ayuda del más elaborado artificio. El manoseo de los liberales con la polaridad sexual sólo sirve para desatar la cólera en las almas de los individuos, confundiéndolos y distorsionándolos, pero el hombre-mujer y la mujer-hombre que crea están, ambos, sujetos al más alto Destino de la Historia.
 </description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>- III -<br />
 <br />
El tipo de mente que cree en la &#8220;bondad&#8221; esencial de la naturaleza humana produjo el Liberalismo. Pero hay otra antropología política, que reconoce que el hombre es inarmónico, problemático, dual, peligroso. Ésta representa la general sabiduría del género humano, y es reflejada por el número de guardias, vallados, cajas fuertes, cerraduras, cárceles y policías. Toda catástrofe, incendio, terremoto, erupción volcánica, inundación, evoca el saqueo. Incluso una huelga de policías en una ciudad americana fue la señal para el saqueo de las tiendas por los respetables y bondadosos seres humanos.<br />
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Así, este tipo de pensamiento parte de los hechos. Esto es pensamiento político en general, opuesto al mero pensar sobre política, o racionalizar. Ni siquiera la gran ola del Racionalismo pudo sumergir esta clase de pensamiento. Los pensadores políticos difieren enormemente en creatividad y en profundidad pero están de acuerdo en que los hechos son normativos.<br />
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La palabra “teoría&#8221; ha sido llevada al descrédito por intelectuales y Liberales que la han usado para describir su punto de vista favorito sobre cómo les gustaría que fueran las cosas. En un principio, teoría significó explicación de los hechos. Para un intelectual ignorante en política, una teoría es un fin, para un verdadero político, su teoría es un límite.<br />
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Una teoría política busca para encontrar en la historia los límites de lo políticamente posible. Esos límites no pueden ser hallados en el terreno de la Razón. La Epoca de la Razón nació en un baño de sangre, y pasará de moda a través de más baños de sangre. Con su doctrina contra la guerra, la Política y la Violencia, presidió las mayores guerras y revoluciones habidas en cinco mil años y desembocó en la Epoca de la Política Absoluta. Con su evangelio de la Hermandad Humana, instauró el hambre provocado en gran escala, la humillación, la tortura y el exterminio contra poblaciones de la Civilización Occidental después de las dos primeras Guerras Mundiales. Al poner fuera de la ley el pensamiento político y convertir la guerra en una contienda moral en vez de una lucha por el poder arrojó en el polvo a la caballerosidad y el honor de un milenio. La conclusión de todo ello es que la Razón también se convirtió en política cuando entró en el terreno político, aún cuando empleara su propio vocabulario. Cuando la Razón arrebataba un territorio a un enemigo vencido después de una guerra, lo llamaba &#8220;desanexión&#8221;. El documento que consolidaba la nueva posición era llamado &#8220;Tratado&#8221; aun cuando hubiera sido dictado en medio de un bloqueo por hambre. El derrotado enemigo político debía admitir en el &#8220;Tratado&#8221; que él era el único &#8220;culpable&#8221; de la guerra, que no estaba moralmente preparado para poseer colonias, que sus soldados fueron los únicos en cometer &#8220;crímenes de guerra&#8221;. Pero por complicado que fuera el disfraz moral, por consistente que fuera el vocabulario ideológico, no era más que política, y la Epoca de la Política Absoluta vuelve de nuevo a la clase de pensamiento político que parte de los hechos, reconoce el poder y la voluntad de poder de los hombres y los organismos más elevados como hechos, y considera que cualquier tentativa de describir a la política en términos morales es como querer describir a la química en términos teológicos.<br />
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Existe toda una tradición del pensamiento político en la Cultura Occidental, algunos de cuyos principales representantes son Montaigne, Maquiavelo, Hobbes, Leibnitz, Bossuet, Fichte, de Maistre, Donoso Cortés, Hippolyte Taine, Hegel, Carlyle. Mientras Herbert Spencer describía la historia como el &#8220;progreso&#8221; desde la organización militar-feudal, hasta la comercial-industrial, Carlyle enseñaba a Inglaterra el espíritu prusiano del Socialismo Etico, cuya superioridad interna debería ejercer sobre toda la Civilización Occidental en la venidera Edad Política una transformación igualmente fundamental que la que ejerció el capitalismo en la Edad Económica. Esto era pensamiento político creador, pero desgraciadamente no fue comprendido, y la ignorancia resultante permitió que influencias distorsionadoras arrojasen a Inglaterra a dos Guerras Mundiales sin sentido, de las que emergió arruinada y con casi todo perdido.<br />
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Hegel propuso un desarrollo en tres etapas de la humanidad desde la comunidad natural, a través de la burguesía hasta el Estado. Su teoría del Estado es profundamente orgánica, y su definición del burgués es completamente apropiada para el siglo XX. Para él el burgués es el hombre que no desea abandonar la esfera de la seguridad política interna, que se sitúa a sí mismo, con su sagrada propiedad privada, como un individuo contra la totalidad, que encuentra un sustituto para su nulidad política en los frutos de la paz, en sus posesiones y en la perfecta seguridad de su gozo, y que, por consiguiente, desea dispensarse del coraje y permanecer seguro contra la posibilidad de una muerte violenta. Con estas palabras, Hegel describe al verdadero Liberal.<br />
 <br />
Los pensadores políticos mencionados no gozan de la popularidad de las grandes masas de seres humanos. Mientras las cosas marchan bien, la mayoría de la gente no desea hablar de luchas por el poder, de violencias, de guerras, o de teorías relativas a ello. Así, por ejemplo, en los siglos XVIII y XIX se puso en boga la actitud de que los pensadores políticos — y Maquiavelo fue la primera víctima — eran hombres malvados, atávicos, sedientos de sangre. La simple aseveración de que siempre habrían guerras bastaba para describir al que lo decía como una persona que quería que las guerras continuaran. Llamar la atención sobre el vasto e impersonal ritmo de la guerra y la paz era prueba de poseer una mente enferma, con deficiencias morales y corrupción emocional. Describir los hechos fue considerado como desearlos e incluso crearlos. En el mismo siglo XX todo el que denunciara la nulidad política de las &#8220;ligas de naciones&#8221; era un profeta de la desesperación. El Racionalismo es anti-histórico; el pensamiento político es historia aplicada. En la paz es impopular mencionar la guerra; en la guerra es impopular mencionar la paz. La teoría que más rápidamente llega a ser popular es la que enaltece las cosas existentes y la tendencia — que se supone como la mejor ilustrada por esas cosas existentes — predeterminada por toda la historia previa. Así, Hegel fue anatema para los intelectuales a causa de su orientación estatal, que hizo de él un &#8220;reaccionario&#8221;, y también porque rehusó unirse a la muchedumbre revolucionaria.<br />
 <br />
Como la mayoría de la gente desea oír solamente soporíferas charlas sobre política que no exijan llamadas a la acción, y como bajo condiciones democráticas a la técnica política le interesa lo que a la mayoría de la gente le gusta oír, los políticos democráticos desplegaron en el siglo XIX una dialéctica completa de política partidista. La idea consistía en examinar el terreno de la acción desde un punto de vista &#8220;desinteresado&#8221;, moral, científico o económico, y descubrir que el oponente era inmoral, anticientífico, antieconómico&#8230; de hecho, que era político. Esto era algo diabólico que debía ser combatido. El punto de vista propio era enteramente &#8220;no político&#8221;. La palabra Política era un término de reproche en la Edad Económica. No obstante, curiosamente, en ciertas situaciones generalmente relacionadas con asuntos exteriores,  la palabra  “impolítico&#8221; podía ser también un término despreciativo, significando que el hombre así descrito carecía de habilidad negociadora. El político partidista debía también fingir desgana en aceptar el cargo. Finalmente, una demostración cuidadosamente preparada de la &#8220;voluntad popular&#8221; vencía su resistencia, y consentía en aceptarlo como un acto de &#8220;servicio&#8221;. A esto se le llamó maquiavelismo, pero evidentemente Maquiavelo fue un pensador político, y no un experto en &#8220;camouflages&#8221;. Un político partidista no escribiría un libro como &#8220;El Príncipe&#8221; sino que elogiaría a toda la especie humana, exceptuando a ciertas gentes perversas: los oponentes del autor.<br />
 <br />
De hecho, el libro de Maquiavelo es defensivo en su tono, justificando políticamente la conducta de ciertos estadistas citando ejemplos extraídos de las invasiones extranjeras de Italia. En el siglo en que vivió Maquiavelo, Italia fue invadida en diferentes ocasiones por franceses, alemanes, españoles y turcos. Cuando las tropas revolucionarios francesas ocuparon Prusia y unieron los sentimientos humanitarios de los Derechos del Hombre con brutalidades y robos en gran escala, Hegel y Fichte tributaron de nuevo a Maquiavelo el respeto debido como pensador. Él representaba un medio de defensa contra la chusma armada imbuida de ideología humanitaria. Maquiavelo mostró el verdadero papel desempeñado por los sentimientos verbales en Política.<br />
 <br />
Uno puede decir que existen tres actitudes posibles con respecto a la conducta humana, al evaluar sus motivaciones: la sentimental, la realista y la cínica. La sentimental atribuye un motivo bueno a todo el mundo; la cínica un motivo malo, y la realista simplemente se ocupa de los hechos. Cuando un sentimental, es decir: un Liberal, se ocupa de política se convierte forzosamente en un hipócrita. La última consecuencia de esa hipocresía crea el cinismo. Una parte de la enfermedad espiritual que siguió a la Primera Guerra Mundial fue una oleada de cinismo que surgió de la transparente, asquerosa e increíble hipocresía de los hombrecillos que se hallaban en los puestos de mando en esa época. Maquiavelo, en cambio, poseía un intelecto incorruptible y no escribió su libro en un espíritu cínico. Sólo deseó plasmar la anatomía de la Política con sus peculiares tensiones y problemas, internos y externos. Para la fantástica enfermedad mental del Racionalismo, los hechos duros son cosas lamentables, y hablar de ellos es crearlos. Un politiquero del tipo Liberal incluso intentó prohibir hablar de la Tercera Guerra Mundial, tras la Segunda. El Liberalismo es, en una palabra, debilidad. Quiere que cada día sea un cumpleaños, y la Vida una larga fiesta. El movimiento inexorable del Tiempo, el Destino, la Historia, la crueldad de la realización, la energía, el heroísmo, el sacrificio, las ideas supra­personales: he aquí el enemigo. El Liberalismo es una evasión de la dureza hacia la blandura, de la masculinidad hacia la feminidad, de la Historia hacia el pastoreo de los rebaños, de la realidad hacia los sueños herbívoros, del Destino hacia la Felicidad. Nietzsche, en su última y principal obra, designó al siglo XVIII como el siglo del feminismo y denunció a Rousseau como líder de la evasión masiva de la Realidad. El mismo Feminismo, ¿qué es, sino un medio para feminizar al hombre? Si hace a las mujeres iguales a los hombres, sólo lo consigue al transformar primeramente al hombre en una criatura que únicamente se preocupa por su economía personal y por su relación con la &#8220;sociedad&#8221; es decir, una mujer. La &#8220;Sociedad&#8221; es el elemento de la mujer, es estática y formal, sus contiendas son puramente personales, y se ven libres de la posibilidad del heroísmo y la violencia. Conversación, no acción; formalismo, no hechos. ¡Cuán diferente es la idea de rango si se usa en un asunto social o si se aplica en un campo de batalla! Ahí depende del hado, mientras que en el salón es vano y pomposo. Una guerra se lleva a cabo por afán de control, mientras que las contiendas sociales están inspiradas por la vanidad femenina y por los celos y tienden a demostrar que uno es &#8220;mejor&#8221; que otro.<br />
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Y, sin embargo, ¿que hace, finalmente el Liberalismo con la mujer?: la viste con uniforme y la llama &#8220;soldado&#8221;.  Esta ridícula hazaña no sirve más que para ilustrar el eterno hecho de que la Historia es masculina, de que sus austeras exigencias no pueden ser escamoteadas, que las realidades fundamentales son irrenunciables y no pueden dejarse de lado ni siquiera con la ayuda del más elaborado artificio. El manoseo de los liberales con la polaridad sexual sólo sirve para desatar la cólera en las almas de los individuos, confundiéndolos y distorsionándolos, pero el hombre-mujer y la mujer-hombre que crea están, ambos, sujetos al más alto Destino de la Historia.<br />
 </p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Pío Moa</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=5316#comment-109179</link>
		<dc:creator>Pío Moa</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2017 19:40:28 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p&gt;Nuevo hilo&lt;/p&gt;</description>
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		<title>Por: lead</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=5316#comment-109178</link>
		<dc:creator>lead</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2017 19:30:29 +0000</pubDate>
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		<description>Pío Moa en 19:00:

{ &lt;em&gt;Es obvio que en esa crisis tiene una parte grande el liberalismo, ya que se trata, insisto de democracia liberales&lt;/em&gt;)

&lt;strong&gt;Insisto y reinsisto&lt;/strong&gt;: &lt;strong&gt;la democracia liberal no se inmiscuye en la sociedad civil&lt;/strong&gt;; así, en los EE.UU., como ejemplo de sociedad abierta y plural, la religión católica, la presbiteriana, la cuáquera, la confuciana, la judía, la hinduísta o la budista o la que fuere serán lo que quieran los católicos, los presbiterianos, los cuáqueros, los chinos, los judíos, los indios hindúes, los asiáticos budistas (o no asiáticos), los  de &quot;la que fuere&quot; de la ciudadanía estadounidense. Si quieren celebrar públicamente una festividad religiosa, no tiene ningún problema para hacerlo (otra cosa es que prefieran celebrar el año nuevo chino o, los italianos --que tiene su guasa-- el &quot;Día de Colón&quot; como día del descubrimiento de América por un italiano); nada se opone en la legislación estadounidense a cualquier manifestación de la religión (por supuesto, en la High Schools públicas no hay símbolos de ninguna religión, pero en los Estados Unidos hay miles de escuelas y universidades de todos los tipos, como las católicas, con sus símbolos católicos).&lt;strong&gt; ¿Qué es eso de endilgarle a la &quot;democracia liberal&quot; la crisis del catolicismo? ¿No estamos diciendo que la religión islámica goza en los países liberales de muy buena salud?: pues que los cristianos hagan en los países liberales lo que los islámicos hacen en los países liberales (a excepción, por el momento, de realizar atentados contra los otros...que, a este paso, todo llegará pues la paciencia y el aguante no son infinitos).&lt;/strong&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Pío Moa en 19:00:</p>
<p>{ <em>Es obvio que en esa crisis tiene una parte grande el liberalismo, ya que se trata, insisto de democracia liberales</em>)</p>
<p><strong>Insisto y reinsisto</strong>: <strong>la democracia liberal no se inmiscuye en la sociedad civil</strong>; así, en los EE.UU., como ejemplo de sociedad abierta y plural, la religión católica, la presbiteriana, la cuáquera, la confuciana, la judía, la hinduísta o la budista o la que fuere serán lo que quieran los católicos, los presbiterianos, los cuáqueros, los chinos, los judíos, los indios hindúes, los asiáticos budistas (o no asiáticos), los  de &#8220;la que fuere&#8221; de la ciudadanía estadounidense. Si quieren celebrar públicamente una festividad religiosa, no tiene ningún problema para hacerlo (otra cosa es que prefieran celebrar el año nuevo chino o, los italianos &#8211;que tiene su guasa&#8211; el &#8220;Día de Colón&#8221; como día del descubrimiento de América por un italiano); nada se opone en la legislación estadounidense a cualquier manifestación de la religión (por supuesto, en la High Schools públicas no hay símbolos de ninguna religión, pero en los Estados Unidos hay miles de escuelas y universidades de todos los tipos, como las católicas, con sus símbolos católicos).<strong> ¿Qué es eso de endilgarle a la &#8220;democracia liberal&#8221; la crisis del catolicismo? ¿No estamos diciendo que la religión islámica goza en los países liberales de muy buena salud?: pues que los cristianos hagan en los países liberales lo que los islámicos hacen en los países liberales (a excepción, por el momento, de realizar atentados contra los otros&#8230;que, a este paso, todo llegará pues la paciencia y el aguante no son infinitos).</strong></p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: De Elea</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=5316#comment-109177</link>
		<dc:creator>De Elea</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2017 19:27:49 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">https://www.piomoa.es/?p=5316#comment-109177</guid>
		<description>- II-
 
Partiendo de su antropología de la verdad básica de la naturaleza humana en general, el Racionalismo engendró el Enciclopedismo del siglo XVIII, la Francmasoneria, la Democracia y el Anarquismo, así como el Liberalismo, cada uno con sus diversas variantes. Cada uno desempeñó su papel en la historia del siglo XIX y, a causa de la distorsión crítica de toda la Civilización Occidental motivada por las dos primeras Guerras Mundiales, incluso en el siglo XX, donde el Racionalismo se encuentra grotescamente fuera de lugar, lentamente se transformó en Irracionalismo. El cadáver del Liberalismo no había sido aún enterrado a mediados del siglo XX. Por consiguiente, todavía es preciso diagnosticar la seria enfermedad de la Civilización Occidental como Liberalismo complicado con envenenamiento extranjero.
 
Desde el momento en que el Liberalismo considera a la mayoría de los hombres como razonables o buenos, se deduce que deberían ser libres para hacer lo que quisieran. Como no existe ninguna unidad superior a la cual se sientan ligados y cuya vida supra-personal domine las vidas de los individuos, todo campo de la actividad humana sólo se sirve a sí mismo — siempre y cuando no desee convertirse en autoritario — y permanece dentro del marco de la &quot;sociedad&quot;. Así, el Arte deviene &quot;el Arte por el Arte; &lt;em&gt;l´Art pour l´Art&lt;/em&gt;. Todas las zonas del pensamiento y la acción devienen igualmente autónomas. La Religión se convierte en mera disciplina social, ya que trascender ese concepto significa asumir autoridad. La Ciencia, la Filosofía, la Educación, sólo existen para sí mismas, no están sujetas a nada más elevado. La Literatura y la Técnica poseen idéntica autonomía. La función del Estado consiste simplemente en protegerlas mediante patentes y derechos de autor. Pero, por encima de todo, la Economía y el Derecho son independientes de la autoridad orgánica, es decir, de la política.
 
Los lectores del siglo XXI encontrarán difícil de creer que una vez prevaleció la idea de que cada uno debiera ser libre para hacer lo que quisiera en asuntos económicos, aunque su actividad personal causara el hambre de centenares de miles de personas, la devastación de campos y zonas mineras y el debilitamiento del poder del organismo; que fue posible que un individuo se levantara por encima de la débil autoridad pública y dominara, por medios privados, los pensamientos más recónditos de poblaciones enteras, por su control de la prensa, la radio y el drama mecanizado.
 
Todavía les resultará más difícil que tal persona pudiera recabar y obtener el apoyo de la Ley para materializar su voluntad destructiva. Así, un usurero puede, a mediados del siglo XX, invocar con éxito la ayuda de la Ley para desposeer de su propiedad a campesinos y granjeros. Es difícil de imaginar qué daño mayor podría infringir un individuo a un organismo político que convertir la tierra en polvo según la frase del gran Freiherr von Stein.
 
Pero todo esto se deducía inevitablemente de la idea de la independencia de la Economía y el Derecho respecto de la autoridad política. No hay nada más elevado, no hay Estado; sólo hay individuos, unos contra otros. Es perfectamente natural que los individuos económicamente más astutos acumulen en sus manos la mayor parte de la riqueza. Pero, si son auténticos Liberales, no querrán que la autoridad acompañe a esa riqueza, pues la autoridad presenta dos aspectos: poder y responsabilidad. El individualismo, psicológicamente hablando, es egoísmo. &quot;Felicidad&quot; es Egoísmo. Rousseau, el abuelo del Liberalismo fue un verdadero individualista, y mandó a sus cinco hijos al asilo de niños expósitos.
 
El Derecho, como campo del pensamiento y la conducta humanas, tiene tanta independencia, y también tanta dependencia como cualquier otro campo. Dentro de su marco orgánico es libre para pensar, idear y organizar su material. Pero, igual que otras formas de pensamiento, puede ser enrolado al servicio de ideas externas. Así, el Derecho, que fue originariamente el sistema de codificar y mantener la paz interna del organismo mediante la conservación del orden y la prevención de disputas privadas, fue transmutado por el pensamiento Liberal en un sistema para mantener el desorden interno y permitir a individuos económicamente fuertes liquidar a los más débiles. A esto se le llamó &quot;el gobierno de la Ley&quot;, el &quot;Estado Legal&quot; la “independencia del poder judicial”. La idea de utilizar la Ley &lt;a&gt;&lt;/a&gt;&lt;a href=&quot;https://web.archive.org/web/20130410002828/http://laeditorialvirtual.com.ar/Pages/Imperium/n32&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;[32]&lt;/a&gt; para convertir en sacrosanto un determinado estado de cosas no fue una invención del Liberalismo. Ya en tiempos de Hobbes otros grupos lo intentaron, pero la incorruptible mente de Hobbes patentizó con la máxima claridad que el gobierno de la Ley significaba el gobierno de los que determinan y administran la Ley, que el gobierno de un &quot;orden más elevado&quot; es una frase vacía, y sólo recibe contenido a través del gobierno concreto de determinados hombres y grupos sobre un orden más bajo.
 
Esto era pensamiento político, cuya finalidad es la distribución y el movimiento del poder. También es política denunciar la hipocresía, la inmoralidad y el cinismo del usurero que imprudentemente exige el gobierno de una Ley que significa riqueza para él y pobreza para millones de personas; y todo ello en el nombre de algo más elevado, con validez sobrehumana. Cuando la Autoridad resurge contra las fuerzas del Racionalismo y la Economía procede a demostrar que el complejo de ideales trascendentales con que el Liberalismo se equipó a sí mismo es tan válido como el Legitimismo de la era de la Monarquía Absoluta, y nada más. Los monarcas eran los más fuertes protagonistas del Legitimismo, así como los financistas lo fueron del Liberalismo. Pero el monarca estaba ligado al organismo enteramente y durante toda su vida; era orgánicamente responsable incluso donde no lo era de hecho. Tal fue el caso de Luis XVI y Carlos I. Incontables monarcas y gobernantes absolutos han debido enfrentarse con su responsabilidad simbólica. En cambio, el financista sólo tiene poder pero no responsabilidad, ni siquiera simbólica, porque, por lo general, hasta su nombre es desconocido. La Historia, el Destino la continuidad orgánica, la Fama, ejercen su poderosa influencia sobre un gobernante político absoluto, y, además su posición le coloca enteramente aparte de la esfera de la baja corruptibilidad. El financista, en cambio, es privado, anónimo, puramente económico, irresponsable. No puede ser altruista en nada; toda su existencia es la apoteosis del egoísmo. No piensa en la Historia, en la Fama, en la continuidad de la vida del organismo, en el Destino, y, además, es eminentemente corruptible por medios viles, ya que su deseo principal es el dinero; dinero y más dinero.
 
En su contienda contra la Autoridad, el financista Liberal desplegó una teoría según la cual el poder corrompe a los hombres. Sin embargo, lo que los corrompe es la vasta riqueza anónima, toda vez que en la misma no hay limitaciones supranacionales, tales como poner al verdadero estadista completamente al servicio del organismo político, y colocarle por encima de la corrupción.
 
Fue precisamente en el terreno de la Economía y el Derecho donde la doctrina Liberal produjo los más destructivos efectos sobre la salud de la Civilización Occidental. No importó mucho que la Estética se independizara, ya que la única forma artística en Occidente que todavía tenía un futuro, la Música Occidental, no se ocupó de las teorías y continuó su gran curso creador hasta su final en Wagner y sus epígonos. Baudelaire es el gran símbolo de &lt;em&gt;l´art pour l´art&lt;/em&gt;: la enfermedad como belleza. Baudelaire es, pues, Liberalismo en literatura, enfermedad como principio de Vida, crisis como salud, morbosidad como vida espiritual, desintegración como propósito. El hombre como individualista, un átomo sin relaciones, el ideal Liberal de la personalidad. Fue en el terreno de la acción más que en el del pensamiento donde el daño fue más grave.
 
Al permitirse que la iniciativa en asuntos económicos y técnicos quedara en manos de individuos sujetos a escaso control político, se creó un grupo cuyos deseos personales eran más importantes que el destino colectivo del organismo y sus millones de habitantes. La ley que refrendaba este estado de cosas estaba completamente divorciada de la moralidad y el honor. Para desintegrar al organismo, toda moral reconocida estaba divorciada de la metafísica y la religión, y sólo se ocupaba de la &quot;sociedad&quot;. El Derecho Penal reflejó la idiosincrasia del Liberalismo al castigar los crímenes de violencia, y los pasionales, pero olvidándose incluso de mencionar casos tales como la destrucción de los recursos nacionales, dejando a millones de personas en la miseria, o la usura a escala nacional.
 
La independencia de la esfera económica fue un dogma de fe para el Liberalismo. Esto no estaba sujeto a discusión. Incluso se ideó una abstracción denominada &quot;hombre económico&quot; cuyas acciones podían ser predichas como si la Economía fuera el vacío. La ganancia económica era su única motivación, sólo la codicia le excitaba. La técnica del éxito consistía en concentrarse en las propias ganancias e ignorar todo lo demás. Pero este &quot;hombre económico&quot; era el hombre en general para los Liberales. Él era la unidad de su concepción del mundo. La &quot;Humanidad&quot; era la suma de esos granos de arena económicos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>- II-<br />
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Partiendo de su antropología de la verdad básica de la naturaleza humana en general, el Racionalismo engendró el Enciclopedismo del siglo XVIII, la Francmasoneria, la Democracia y el Anarquismo, así como el Liberalismo, cada uno con sus diversas variantes. Cada uno desempeñó su papel en la historia del siglo XIX y, a causa de la distorsión crítica de toda la Civilización Occidental motivada por las dos primeras Guerras Mundiales, incluso en el siglo XX, donde el Racionalismo se encuentra grotescamente fuera de lugar, lentamente se transformó en Irracionalismo. El cadáver del Liberalismo no había sido aún enterrado a mediados del siglo XX. Por consiguiente, todavía es preciso diagnosticar la seria enfermedad de la Civilización Occidental como Liberalismo complicado con envenenamiento extranjero.<br />
 <br />
Desde el momento en que el Liberalismo considera a la mayoría de los hombres como razonables o buenos, se deduce que deberían ser libres para hacer lo que quisieran. Como no existe ninguna unidad superior a la cual se sientan ligados y cuya vida supra-personal domine las vidas de los individuos, todo campo de la actividad humana sólo se sirve a sí mismo — siempre y cuando no desee convertirse en autoritario — y permanece dentro del marco de la &#8220;sociedad&#8221;. Así, el Arte deviene &#8220;el Arte por el Arte; <em>l´Art pour l´Art</em>. Todas las zonas del pensamiento y la acción devienen igualmente autónomas. La Religión se convierte en mera disciplina social, ya que trascender ese concepto significa asumir autoridad. La Ciencia, la Filosofía, la Educación, sólo existen para sí mismas, no están sujetas a nada más elevado. La Literatura y la Técnica poseen idéntica autonomía. La función del Estado consiste simplemente en protegerlas mediante patentes y derechos de autor. Pero, por encima de todo, la Economía y el Derecho son independientes de la autoridad orgánica, es decir, de la política.<br />
 <br />
Los lectores del siglo XXI encontrarán difícil de creer que una vez prevaleció la idea de que cada uno debiera ser libre para hacer lo que quisiera en asuntos económicos, aunque su actividad personal causara el hambre de centenares de miles de personas, la devastación de campos y zonas mineras y el debilitamiento del poder del organismo; que fue posible que un individuo se levantara por encima de la débil autoridad pública y dominara, por medios privados, los pensamientos más recónditos de poblaciones enteras, por su control de la prensa, la radio y el drama mecanizado.<br />
 <br />
Todavía les resultará más difícil que tal persona pudiera recabar y obtener el apoyo de la Ley para materializar su voluntad destructiva. Así, un usurero puede, a mediados del siglo XX, invocar con éxito la ayuda de la Ley para desposeer de su propiedad a campesinos y granjeros. Es difícil de imaginar qué daño mayor podría infringir un individuo a un organismo político que convertir la tierra en polvo según la frase del gran Freiherr von Stein.<br />
 <br />
Pero todo esto se deducía inevitablemente de la idea de la independencia de la Economía y el Derecho respecto de la autoridad política. No hay nada más elevado, no hay Estado; sólo hay individuos, unos contra otros. Es perfectamente natural que los individuos económicamente más astutos acumulen en sus manos la mayor parte de la riqueza. Pero, si son auténticos Liberales, no querrán que la autoridad acompañe a esa riqueza, pues la autoridad presenta dos aspectos: poder y responsabilidad. El individualismo, psicológicamente hablando, es egoísmo. &#8220;Felicidad&#8221; es Egoísmo. Rousseau, el abuelo del Liberalismo fue un verdadero individualista, y mandó a sus cinco hijos al asilo de niños expósitos.<br />
 <br />
El Derecho, como campo del pensamiento y la conducta humanas, tiene tanta independencia, y también tanta dependencia como cualquier otro campo. Dentro de su marco orgánico es libre para pensar, idear y organizar su material. Pero, igual que otras formas de pensamiento, puede ser enrolado al servicio de ideas externas. Así, el Derecho, que fue originariamente el sistema de codificar y mantener la paz interna del organismo mediante la conservación del orden y la prevención de disputas privadas, fue transmutado por el pensamiento Liberal en un sistema para mantener el desorden interno y permitir a individuos económicamente fuertes liquidar a los más débiles. A esto se le llamó &#8220;el gobierno de la Ley&#8221;, el &#8220;Estado Legal&#8221; la “independencia del poder judicial”. La idea de utilizar la Ley <a></a><a href="https://web.archive.org/web/20130410002828/http://laeditorialvirtual.com.ar/Pages/Imperium/n32" rel="nofollow">[32]</a> para convertir en sacrosanto un determinado estado de cosas no fue una invención del Liberalismo. Ya en tiempos de Hobbes otros grupos lo intentaron, pero la incorruptible mente de Hobbes patentizó con la máxima claridad que el gobierno de la Ley significaba el gobierno de los que determinan y administran la Ley, que el gobierno de un &#8220;orden más elevado&#8221; es una frase vacía, y sólo recibe contenido a través del gobierno concreto de determinados hombres y grupos sobre un orden más bajo.<br />
 <br />
Esto era pensamiento político, cuya finalidad es la distribución y el movimiento del poder. También es política denunciar la hipocresía, la inmoralidad y el cinismo del usurero que imprudentemente exige el gobierno de una Ley que significa riqueza para él y pobreza para millones de personas; y todo ello en el nombre de algo más elevado, con validez sobrehumana. Cuando la Autoridad resurge contra las fuerzas del Racionalismo y la Economía procede a demostrar que el complejo de ideales trascendentales con que el Liberalismo se equipó a sí mismo es tan válido como el Legitimismo de la era de la Monarquía Absoluta, y nada más. Los monarcas eran los más fuertes protagonistas del Legitimismo, así como los financistas lo fueron del Liberalismo. Pero el monarca estaba ligado al organismo enteramente y durante toda su vida; era orgánicamente responsable incluso donde no lo era de hecho. Tal fue el caso de Luis XVI y Carlos I. Incontables monarcas y gobernantes absolutos han debido enfrentarse con su responsabilidad simbólica. En cambio, el financista sólo tiene poder pero no responsabilidad, ni siquiera simbólica, porque, por lo general, hasta su nombre es desconocido. La Historia, el Destino la continuidad orgánica, la Fama, ejercen su poderosa influencia sobre un gobernante político absoluto, y, además su posición le coloca enteramente aparte de la esfera de la baja corruptibilidad. El financista, en cambio, es privado, anónimo, puramente económico, irresponsable. No puede ser altruista en nada; toda su existencia es la apoteosis del egoísmo. No piensa en la Historia, en la Fama, en la continuidad de la vida del organismo, en el Destino, y, además, es eminentemente corruptible por medios viles, ya que su deseo principal es el dinero; dinero y más dinero.<br />
 <br />
En su contienda contra la Autoridad, el financista Liberal desplegó una teoría según la cual el poder corrompe a los hombres. Sin embargo, lo que los corrompe es la vasta riqueza anónima, toda vez que en la misma no hay limitaciones supranacionales, tales como poner al verdadero estadista completamente al servicio del organismo político, y colocarle por encima de la corrupción.<br />
 <br />
Fue precisamente en el terreno de la Economía y el Derecho donde la doctrina Liberal produjo los más destructivos efectos sobre la salud de la Civilización Occidental. No importó mucho que la Estética se independizara, ya que la única forma artística en Occidente que todavía tenía un futuro, la Música Occidental, no se ocupó de las teorías y continuó su gran curso creador hasta su final en Wagner y sus epígonos. Baudelaire es el gran símbolo de <em>l´art pour l´art</em>: la enfermedad como belleza. Baudelaire es, pues, Liberalismo en literatura, enfermedad como principio de Vida, crisis como salud, morbosidad como vida espiritual, desintegración como propósito. El hombre como individualista, un átomo sin relaciones, el ideal Liberal de la personalidad. Fue en el terreno de la acción más que en el del pensamiento donde el daño fue más grave.<br />
 <br />
Al permitirse que la iniciativa en asuntos económicos y técnicos quedara en manos de individuos sujetos a escaso control político, se creó un grupo cuyos deseos personales eran más importantes que el destino colectivo del organismo y sus millones de habitantes. La ley que refrendaba este estado de cosas estaba completamente divorciada de la moralidad y el honor. Para desintegrar al organismo, toda moral reconocida estaba divorciada de la metafísica y la religión, y sólo se ocupaba de la &#8220;sociedad&#8221;. El Derecho Penal reflejó la idiosincrasia del Liberalismo al castigar los crímenes de violencia, y los pasionales, pero olvidándose incluso de mencionar casos tales como la destrucción de los recursos nacionales, dejando a millones de personas en la miseria, o la usura a escala nacional.<br />
 <br />
La independencia de la esfera económica fue un dogma de fe para el Liberalismo. Esto no estaba sujeto a discusión. Incluso se ideó una abstracción denominada &#8220;hombre económico&#8221; cuyas acciones podían ser predichas como si la Economía fuera el vacío. La ganancia económica era su única motivación, sólo la codicia le excitaba. La técnica del éxito consistía en concentrarse en las propias ganancias e ignorar todo lo demás. Pero este &#8220;hombre económico&#8221; era el hombre en general para los Liberales. Él era la unidad de su concepción del mundo. La &#8220;Humanidad&#8221; era la suma de esos granos de arena económicos.</p>
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		<title>Por: lead</title>
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		<dc:creator>lead</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 27 Jan 2017 19:07:04 +0000</pubDate>
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		<description>Alexander @19:56

Yo veo muy poco liberalismo en este PP, ni conservador ni de ningún otro tipo; sólo queda un resto  del liberalismo original en la Comunidad de Madrid (horarios comerciales, impuestos bajos, como el de Sucesiones, que es prácticamente nulo,...).</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Alexander @19:56</p>
<p>Yo veo muy poco liberalismo en este PP, ni conservador ni de ningún otro tipo; sólo queda un resto  del liberalismo original en la Comunidad de Madrid (horarios comerciales, impuestos bajos, como el de Sucesiones, que es prácticamente nulo,&#8230;).</p>
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