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	<title>Comentarios en: Imposibilidad del humanismo</title>
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	<description>Más España y más democracia</description>
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		<title>Por: Pío Moa</title>
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		<dc:creator>Pío Moa</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jan 2018 09:44:46 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p&gt;Nuevo hilo&lt;/p&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Nuevo hilo</p>
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		<title>Por: Hegemon</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=6517#comment-152495</link>
		<dc:creator>Hegemon</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jan 2018 08:27:17 +0000</pubDate>
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		<description>Jacques Maritain en una breve explicación de la conversión del Humanismo moderno:


&lt;em&gt;En términos generales, la imagen del hombre que reinó en la cristiandad de la Edad Media se debía a San Pablo y a San Agustín. Esa imagen quedó desintegrada desde la época del Renacimiento y de la Reforma y se repartió entre un extremo pesimismo cristiano, que desesperaba de la naturaleza humana, y un extremo optimismo cristiano, que contaba más con el esfuerzo del hombre que con la gracia divina. La imagen del hombre que reinó en los tiempos modernos se debió a Descartes, John Locke, al Iluminismo y a Juan Jacobo Rousseau. &lt;/em&gt;

&lt;em&gt;Aquí nos hallamos frente al proceso de secularización del hombre cristiano, que se llevó a cabo desde el siglo XVI en adelante. No nos dejemos engañar por el aspecto puramente filosófico de tal proceso. En realidad, el hombre del racionalismo cartesiano era una mente pura concebida de acuerdo a un arquetipo angélico. El hombre de la religión natural era un caballero cristiano que no necesitaba de la gracia, del milagro o de la revelación, y que era virtuoso y justo por su propia naturaleza buena. &lt;/em&gt;


&lt;em&gt;El hombre de Juan Jacobo Rousseau era, de manera mucho más profunda y significativa, el mismo hombre de San Pablo transferido al plano de la naturaleza pura, era inocente como Adán antes del pecado original, ansiaba un estado de libertad y de bienaventuranza divina, y estaba corrompido por la vida social y la civilización, como los hijos de Adán por el pecado original. Ese hombre habría de ser redimido y liberado no por Cristo, sino por la esencial bondad de la naturaleza humana que era menester restaurar mediante una educación sin trabas y que debía revelarse en la Ciudad del Hombre de los futuros siglos, en una forma de Estado en el que “cada uno, obedeciendo a todos, continuaría no obstante, obedeciéndose a sí mismo”. &lt;/em&gt;

&lt;em&gt;Este proceso no fue, en modo alguno, un proceso puramente racional. Fue un proceso de secularización de algo consagrado, elevado por encima de la naturaleza, por Dios, llamado a una perfección divina, y que vivía una vida divina en una frágil y cascada vasija, esto es, el hombre del cristianismo, el hombre de la Encarnación. &lt;/em&gt;

&lt;em&gt;Todo esto significaba sencillamente retraer al hombre a la esfera del hombre mismo (humanismo antropocéntrico), manteniendo una apariencia cristia- Humanismo Cristiano 3 na mientras se reemplazaba el Evangelio por la razón humana o por la bondad humana, y en tanto se esperaba de la naturaleza del hombre lo que antes se había esperado de la virtud de Dios, al darse a sí mismo a sus criaturas. En los albores de los tiempos modernos se le hicieron al hombre enormes, divinas promesas. 

Se creía que la ciencia habría de liberar al hombre y convertido en amo y señor de toda la naturaleza, y que un progreso automático y necesario lo conduciría a un reino terrenal de paz, a esa bienaventurada Jerusalén que nuestras manos construirían al transformar la vida social y política y que sería el Reino del Hombre, en el cual nos convertiríamos en los supremos gobernantes de nuestra propia historia y cuyos resplandores alentaron las esperanzas y las energías de los grandes revolucionarios modernos.


&lt;strong&gt;El hombre moderno aspiraba a los derechos humanos y a la dignidad humana..., pero sin Dios pues su ideología fundaba los derechos del hombre y la dignidad humana en una voluntad humana semejante a la divina, e infinitamente autónoma, que cualquier regla o medición procedente de Otro podría dañar y destruir. El hombre moderno confiaba en la paz y en la fraternidad..., sin Jesucristo, pues no tenía necesidad de un Redentor, ya que iba a salvarse por sí mismo, y porque su amor por la humanidad no tenía necesidad de basarse en la caridad divina.&lt;/strong&gt;

&lt;strong&gt;El hombre moderno constantemente avanzaba hacia el bien y hacia la posesión de la tierra..., sin enfrentarse con el mal que hay en la tierra, pues no creía en la existencia del mal; el mal era tan sólo una fase imperfecta de la evolución que otra fase ulterior habría natural y necesariamente de trascender. El hombre moderno gozaba de la vida humana y reverenciaba la vida humana, considerándola como algo dotado de infinito valor..., sin poseer un alma ni conocer el don de sí mismo, porque el alma era un concepto nada científico, heredado de los sueños de los hombres primitivos. &lt;/strong&gt;


&lt;/em&gt;http://www.jacquesmaritain.com/pdf/08_HUM/13_H_HumCrist.pdf</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Jacques Maritain en una breve explicación de la conversión del Humanismo moderno:</p>
<p><em>En términos generales, la imagen del hombre que reinó en la cristiandad de la Edad Media se debía a San Pablo y a San Agustín. Esa imagen quedó desintegrada desde la época del Renacimiento y de la Reforma y se repartió entre un extremo pesimismo cristiano, que desesperaba de la naturaleza humana, y un extremo optimismo cristiano, que contaba más con el esfuerzo del hombre que con la gracia divina. La imagen del hombre que reinó en los tiempos modernos se debió a Descartes, John Locke, al Iluminismo y a Juan Jacobo Rousseau. </em></p>
<p><em>Aquí nos hallamos frente al proceso de secularización del hombre cristiano, que se llevó a cabo desde el siglo XVI en adelante. No nos dejemos engañar por el aspecto puramente filosófico de tal proceso. En realidad, el hombre del racionalismo cartesiano era una mente pura concebida de acuerdo a un arquetipo angélico. El hombre de la religión natural era un caballero cristiano que no necesitaba de la gracia, del milagro o de la revelación, y que era virtuoso y justo por su propia naturaleza buena. </em></p>
<p><em>El hombre de Juan Jacobo Rousseau era, de manera mucho más profunda y significativa, el mismo hombre de San Pablo transferido al plano de la naturaleza pura, era inocente como Adán antes del pecado original, ansiaba un estado de libertad y de bienaventuranza divina, y estaba corrompido por la vida social y la civilización, como los hijos de Adán por el pecado original. Ese hombre habría de ser redimido y liberado no por Cristo, sino por la esencial bondad de la naturaleza humana que era menester restaurar mediante una educación sin trabas y que debía revelarse en la Ciudad del Hombre de los futuros siglos, en una forma de Estado en el que “cada uno, obedeciendo a todos, continuaría no obstante, obedeciéndose a sí mismo”. </em></p>
<p><em>Este proceso no fue, en modo alguno, un proceso puramente racional. Fue un proceso de secularización de algo consagrado, elevado por encima de la naturaleza, por Dios, llamado a una perfección divina, y que vivía una vida divina en una frágil y cascada vasija, esto es, el hombre del cristianismo, el hombre de la Encarnación. </em></p>
<p><em>Todo esto significaba sencillamente retraer al hombre a la esfera del hombre mismo (humanismo antropocéntrico), manteniendo una apariencia cristia- Humanismo Cristiano 3 na mientras se reemplazaba el Evangelio por la razón humana o por la bondad humana, y en tanto se esperaba de la naturaleza del hombre lo que antes se había esperado de la virtud de Dios, al darse a sí mismo a sus criaturas. En los albores de los tiempos modernos se le hicieron al hombre enormes, divinas promesas. </p>
<p>Se creía que la ciencia habría de liberar al hombre y convertido en amo y señor de toda la naturaleza, y que un progreso automático y necesario lo conduciría a un reino terrenal de paz, a esa bienaventurada Jerusalén que nuestras manos construirían al transformar la vida social y política y que sería el Reino del Hombre, en el cual nos convertiríamos en los supremos gobernantes de nuestra propia historia y cuyos resplandores alentaron las esperanzas y las energías de los grandes revolucionarios modernos.</p>
<p><strong>El hombre moderno aspiraba a los derechos humanos y a la dignidad humana&#8230;, pero sin Dios pues su ideología fundaba los derechos del hombre y la dignidad humana en una voluntad humana semejante a la divina, e infinitamente autónoma, que cualquier regla o medición procedente de Otro podría dañar y destruir. El hombre moderno confiaba en la paz y en la fraternidad&#8230;, sin Jesucristo, pues no tenía necesidad de un Redentor, ya que iba a salvarse por sí mismo, y porque su amor por la humanidad no tenía necesidad de basarse en la caridad divina.</strong></p>
<p><strong>El hombre moderno constantemente avanzaba hacia el bien y hacia la posesión de la tierra&#8230;, sin enfrentarse con el mal que hay en la tierra, pues no creía en la existencia del mal; el mal era tan sólo una fase imperfecta de la evolución que otra fase ulterior habría natural y necesariamente de trascender. El hombre moderno gozaba de la vida humana y reverenciaba la vida humana, considerándola como algo dotado de infinito valor&#8230;, sin poseer un alma ni conocer el don de sí mismo, porque el alma era un concepto nada científico, heredado de los sueños de los hombres primitivos. </strong></p>
<p></em><a href="http://www.jacquesmaritain.com/pdf/08_HUM/13_H_HumCrist.pdf" rel="nofollow">http://www.jacquesmaritain.com/pdf/08_HUM/13_H_HumCrist.pdf</a></p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Hegemon</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=6517#comment-152494</link>
		<dc:creator>Hegemon</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jan 2018 08:17:10 +0000</pubDate>
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		<description>Puede ser que el Humanismo tenga varios significados o concepciones,  como señala Moa, pero el que puede ceñirse más a la concepción real que significa nuestro mundo, el occidental, sea esta:



&lt;em&gt;El humanismo cristiano entendido como expresión politica-social parte de la concepción de la persona humana y de la sociedad fundamentada en los valores y principios del cristianismo.&lt;/em&gt;
&lt;em&gt;Así pues, es una corriente de pensamiento que&lt;strong&gt;proyecta hacia la sociedad humana dichos valores y principios&lt;/strong&gt;, para normar las relaciones entre los seres humanos y para orientar su labor de construir un orden social justo, solidario y ético. Desde luego que este pensamiento también pretende “informar” y “enriquecer” todos los ámbitos de la cultura de una determiada sociedad en un tiempo determinado.&lt;/em&gt;
 
&lt;em&gt;Las fuentes del humanismo cristiano son, principalmente, &lt;strong&gt;la filosofía cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia&lt;/strong&gt; (recogida principalmente en el magisterio de la iglesia), las cuales establecen orientaciones fundamentales sobre la concepción de la persona, los valores del orden social, la justicia en las relaciones humanas y entre los Estados, el bien común como finalidad de la acción política y la ética como sustento de ésta y de la cultura.

&lt;/em&gt;http://es.catholic.net/op/articulos/64588/el-humanismo-cristiano-como-expresion-politico-social.html


Por supuesto que está concepción humanista tiene sus raíces en el mundo grecoromano pero la Iglesia y el Cristianismo la ha ido moldeando superando etapas históricas, una de las cuales es el importante Renacimiento. Esto es así que humanista puede serlo hasta un no creyente. Creer en el hombre tomando conciencia del mundo a partir de él. </description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Puede ser que el Humanismo tenga varios significados o concepciones,  como señala Moa, pero el que puede ceñirse más a la concepción real que significa nuestro mundo, el occidental, sea esta:</p>
<p><em>El humanismo cristiano entendido como expresión politica-social parte de la concepción de la persona humana y de la sociedad fundamentada en los valores y principios del cristianismo.</em><br />
<em>Así pues, es una corriente de pensamiento que<strong>proyecta hacia la sociedad humana dichos valores y principios</strong>, para normar las relaciones entre los seres humanos y para orientar su labor de construir un orden social justo, solidario y ético. Desde luego que este pensamiento también pretende “informar” y “enriquecer” todos los ámbitos de la cultura de una determiada sociedad en un tiempo determinado.</em><br />
 <br />
<em>Las fuentes del humanismo cristiano son, principalmente, <strong>la filosofía cristiana y la Doctrina Social de la Iglesia</strong> (recogida principalmente en el magisterio de la iglesia), las cuales establecen orientaciones fundamentales sobre la concepción de la persona, los valores del orden social, la justicia en las relaciones humanas y entre los Estados, el bien común como finalidad de la acción política y la ética como sustento de ésta y de la cultura.</p>
<p></em><a href="http://es.catholic.net/op/articulos/64588/el-humanismo-cristiano-como-expresion-politico-social.html" rel="nofollow">http://es.catholic.net/op/articulos/64588/el-humanismo-cristiano-como-expresion-politico-social.html</a></p>
<p>Por supuesto que está concepción humanista tiene sus raíces en el mundo grecoromano pero la Iglesia y el Cristianismo la ha ido moldeando superando etapas históricas, una de las cuales es el importante Renacimiento. Esto es así que humanista puede serlo hasta un no creyente. Creer en el hombre tomando conciencia del mundo a partir de él. </p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Catlo</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=6517#comment-152493</link>
		<dc:creator>Catlo</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jan 2018 08:04:30 +0000</pubDate>
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		<description>Tal vez:
 
&lt;a href=&quot;http://www.vozpopuli.com/opinion/ano-prerrevolucionario_0_1095790734.html&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;2018: un año prerrevolucionario&lt;/a&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Tal vez:<br />
 <br />
<a href="http://www.vozpopuli.com/opinion/ano-prerrevolucionario_0_1095790734.html" rel="nofollow">2018: un año prerrevolucionario</a></p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: manuelp</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=6517#comment-152492</link>
		<dc:creator>manuelp</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jan 2018 07:37:38 +0000</pubDate>
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		<description>Respecto al tema que plantea don Pio creo que la mejor respuesta es la que da el historiador Robin G. Collingwood en su libro &quot;Idea de la Historia&quot; cuando señala la debilidad fundamental del humanismo greco-romano que era conceder una importancia que no tiene a la Razón ,error  que se ha repetido desde entonces una y otra vez.
 
&lt;em&gt; &lt;/em&gt;&lt;em&gt; &lt;/em&gt;&lt;em&gt;ÍNDOLE DE LA HISTORIOGRAFÍA GRECO-ROMANA:&lt;/em&gt;
 
&lt;em&gt;i) Humanismo&lt;/em&gt;
 
&lt;em&gt;Considerada en conjunto, la historiografía greco-romana representa, por lo menos, una de las cuatro características enumeradas en la Introducción (§ ii): es humanística. Es un relato de la historia humana, de la historia de los hechos del hombre, de sus propósitos, sus éxitos y sus fracasos. Ciertamente admite agencias divinas; pero la función de semejante intervención se halla estrictamente limitada. La voluntad de los dioses manifestada en la historia aparece raras veces; en los historiadores de primer orden apenas se encuentra y en esos casos se trata tan sólo de una voluntad que apoya y secunda la voluntad del hombre, permitiéndole vencer allí donde, de otro modo, habría fracasado. Los dioses carecen de proyectos propios respecto al curso de los negocios humanos, se concretan a otorgar el éxito o a decretar ej fracaso de los planes humanos. Esta es la razón por la cual un análisis más penetrante de las acciones humanas, al descubrir en ellas mismas los motivos de sus éxitos y de sus fracasos, tiende a eliminar del todo a los dioses para substituirlos por meras personificaciones de la actividad humana, como el numen del emperador, la diosa Roma, o las virtudes troqueladas en las monedas romanas imperiales. El desarrollo final de semejante tendencia consiste en localizar la causa de todos los acontecimientos históricos en la personalidad, ya individual, ya comunitaria, de agentes humanos. La noción filosófica que sustenta esa tendencia es la idea de la voluntad humana eligiendo libremente sus propios fines y limitada en el éxito que logre en su persecución sólo por el despliegue de su propia energía y por la capacidad del intelecto que los aprehenda y que arbitra los medios para su consecución. Esto implica que cuanto acontece en la historia, acontece como resultado directo de la voluntad humana, y que hay alguien directamente responsable de ese acontecer, ya para aplauso, ya para censura, según la cosa sea buena o mala.&lt;/em&gt;
 
&lt;em&gt;El humanismo greco-romano, sin embargo, adolecía de una debilidad especial característica, porque su visión psicológica o moral era inadecuada: estaba fundada, en efecto, en la idea de que el hombre es esencialmente un animal racional, con lo que quiero significar la doctrina de que todo ser humano individual es un animal capaz de razón. En la medida en que cualquier hombre dado desarrolla esa capacidad y se convierte de hecho, y no sólo potencialmente, en racional, triunfa en la vida. Según la idea helénica, ese hombre se convierte en una fuerza de la vida política y en un hacedor de historia; según la idea helenística-romana, se hace capaz de vivir sabiamente, escudado por su racionalidad, en un mundo loco y malvado. Ahora bien, la idea de que todo agente es total y directamente responsable de cuanto hace es una idea ingenua que no toma en cuenta ciertos factores importantes de la experiencia moral. Por una parte, no es posible negar que el carácter del hombre se forma por sus actos y sus experiencias: el hombre mismo sufre cambios de acuerdo con el desarrollo de sus actividades. Por otra parte, hay la circunstancia de que en proporción muy considerable los hombres no saben lo que hacen hasta que lo han hecho, si acaso. Es fácil exagerar el grado en que las gentes obran con una clara noción de sus fines, sabiendo qué efectos persiguen. Lo más del obrar humano es ensayo, es experimental; dirigido, no por un conocimiento de la meta, sino más bien por el deseo de saber cuál será el resultado. Si examinamos retrospectivamente nuestras acciones o cualquier trecho de historia, vemos que algo se va realizando a medida que se despliega la acción y que, sin embargo, no estaba presente en nuestra mente, ni en la de nadie, cuando la acción que lo generó dio comienzo. La doctrina ética del mundo greco-romano concedía demasiada importancia al proyecto deliberado o a los propósitos del agente; y demasiada poca a la fuerza de una actividad ciega embarcada en un proceso de acción carente de finalidad prevista, pero conducida a esa finalidad sólo por el necesario desarrollo del proceso mismo.&lt;/em&gt;
 </description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Respecto al tema que plantea don Pio creo que la mejor respuesta es la que da el historiador Robin G. Collingwood en su libro &#8220;Idea de la Historia&#8221; cuando señala la debilidad fundamental del humanismo greco-romano que era conceder una importancia que no tiene a la Razón ,error  que se ha repetido desde entonces una y otra vez.<br />
 <br />
<em> </em><em> </em><em>ÍNDOLE DE LA HISTORIOGRAFÍA GRECO-ROMANA:</em><br />
 <br />
<em>i) Humanismo</em><br />
 <br />
<em>Considerada en conjunto, la historiografía greco-romana representa, por lo menos, una de las cuatro características enumeradas en la Introducción (§ ii): es humanística. Es un relato de la historia humana, de la historia de los hechos del hombre, de sus propósitos, sus éxitos y sus fracasos. Ciertamente admite agencias divinas; pero la función de semejante intervención se halla estrictamente limitada. La voluntad de los dioses manifestada en la historia aparece raras veces; en los historiadores de primer orden apenas se encuentra y en esos casos se trata tan sólo de una voluntad que apoya y secunda la voluntad del hombre, permitiéndole vencer allí donde, de otro modo, habría fracasado. Los dioses carecen de proyectos propios respecto al curso de los negocios humanos, se concretan a otorgar el éxito o a decretar ej fracaso de los planes humanos. Esta es la razón por la cual un análisis más penetrante de las acciones humanas, al descubrir en ellas mismas los motivos de sus éxitos y de sus fracasos, tiende a eliminar del todo a los dioses para substituirlos por meras personificaciones de la actividad humana, como el numen del emperador, la diosa Roma, o las virtudes troqueladas en las monedas romanas imperiales. El desarrollo final de semejante tendencia consiste en localizar la causa de todos los acontecimientos históricos en la personalidad, ya individual, ya comunitaria, de agentes humanos. La noción filosófica que sustenta esa tendencia es la idea de la voluntad humana eligiendo libremente sus propios fines y limitada en el éxito que logre en su persecución sólo por el despliegue de su propia energía y por la capacidad del intelecto que los aprehenda y que arbitra los medios para su consecución. Esto implica que cuanto acontece en la historia, acontece como resultado directo de la voluntad humana, y que hay alguien directamente responsable de ese acontecer, ya para aplauso, ya para censura, según la cosa sea buena o mala.</em><br />
 <br />
<em>El humanismo greco-romano, sin embargo, adolecía de una debilidad especial característica, porque su visión psicológica o moral era inadecuada: estaba fundada, en efecto, en la idea de que el hombre es esencialmente un animal racional, con lo que quiero significar la doctrina de que todo ser humano individual es un animal capaz de razón. En la medida en que cualquier hombre dado desarrolla esa capacidad y se convierte de hecho, y no sólo potencialmente, en racional, triunfa en la vida. Según la idea helénica, ese hombre se convierte en una fuerza de la vida política y en un hacedor de historia; según la idea helenística-romana, se hace capaz de vivir sabiamente, escudado por su racionalidad, en un mundo loco y malvado. Ahora bien, la idea de que todo agente es total y directamente responsable de cuanto hace es una idea ingenua que no toma en cuenta ciertos factores importantes de la experiencia moral. Por una parte, no es posible negar que el carácter del hombre se forma por sus actos y sus experiencias: el hombre mismo sufre cambios de acuerdo con el desarrollo de sus actividades. Por otra parte, hay la circunstancia de que en proporción muy considerable los hombres no saben lo que hacen hasta que lo han hecho, si acaso. Es fácil exagerar el grado en que las gentes obran con una clara noción de sus fines, sabiendo qué efectos persiguen. Lo más del obrar humano es ensayo, es experimental; dirigido, no por un conocimiento de la meta, sino más bien por el deseo de saber cuál será el resultado. Si examinamos retrospectivamente nuestras acciones o cualquier trecho de historia, vemos que algo se va realizando a medida que se despliega la acción y que, sin embargo, no estaba presente en nuestra mente, ni en la de nadie, cuando la acción que lo generó dio comienzo. La doctrina ética del mundo greco-romano concedía demasiada importancia al proyecto deliberado o a los propósitos del agente; y demasiada poca a la fuerza de una actividad ciega embarcada en un proceso de acción carente de finalidad prevista, pero conducida a esa finalidad sólo por el necesario desarrollo del proceso mismo.</em><br />
 </p>
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