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	<title>Comentarios en: La transición, según Martín Villa.</title>
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	<description>Más España y más democracia</description>
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		<title>Por: Pío Moa</title>
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		<dc:creator>Pío Moa</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jan 2014 21:26:48 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;p&gt;Nuevo hilo.&lt;/p&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Nuevo hilo.</p>
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		<title>Por: LeonAnto</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=1939#comment-30915</link>
		<dc:creator>LeonAnto</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jan 2014 20:51:29 +0000</pubDate>
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		<description>A ver si ahora:

 http://youtu.be/7E0CRkQRf80</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>A ver si ahora:</p>
<p> http://youtu.be/7E0CRkQRf80</p>
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		<title>Por: LeonAnto</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=1939#comment-30914</link>
		<dc:creator>LeonAnto</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jan 2014 20:47:51 +0000</pubDate>
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		<description>Por hoy despedida y cierre:

http://youtu.be/4BbF70QH0Ks </description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Por hoy despedida y cierre:</p>
<p><a href="http://youtu.be/4BbF70QH0Ks " rel="nofollow">http://youtu.be/4BbF70QH0Ks </a></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Por: doiraje</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=1939#comment-30913</link>
		<dc:creator>doiraje</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jan 2014 20:30:16 +0000</pubDate>
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		<description># lead (&lt;a href=&quot;?p=1939#comment-30829&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;31 diciembre, 2013 a las 21:44&lt;/a&gt;):
 
Durante el siglo XVIII la evolución de Occidente estuvo marcada por dos frentes que corrieron en paralelo durante aquella centuria: la Ilustración Francesa y el movimiento Enciclopedista, que culminó con la famosa Revolución de 1789, y la Revolución Industrial surgida en Inglaterra.
 
Es cierto que son dos procesos distintos cuyos fundamentos concretos son de diversa índole. Si bien tampoco es casualidad esa coincidencia temporal. Y no lo es entre otras razones porque las concepciones sobre el hombre, la acción humana, las sociedades y, en general, su posición en el mundo, poseen muchos puntos en común. La Ilustración construye como su gran justificación intelectual liberar al hombre de las supercherías de la fe y de todas las dimensiones de la realidad que no sean susceptibles de ser tratadas por la razón de un modo verificable, empírico y sujeto a una experiencia comprobable y formalizable en un lenguaje científico. Dios debía ser sustituido o aun superado por el imperio de la razón, de una razón autónoma de todo mistificación trascendente a ella. Los ingleses no acometieron de una forma tan frontal ni tan intelectualmente formalizada esa lucha contra Dios y contra la religión. Mucho menos pedantes, pero mucho más pragmáticos que los galos, buscaron esa autonomía del hombre en el desarrollo económico, en la producción sistematizada (también científica) de bienes, en la rentabilidad económica definida por la libertad de sus intercambios en este orden. Aunque no hay que olvidar que la Revolución Industrial lleva aparejada también su cosmovisión propia del ser humano que será definida por el liberalismo filosófico acuñado por el inglés John Locke. Ese liberalismo, en principio de corte especulativo (respetuosa de la ley natural de origen divino), trazará las bases del desarrollo político de la sociedad inglesa y de la norteamericana, que se expresará en su forma de entender el derecho, la soberanía popular y su representación, y su constitucionalismo. En consecuencia, parece que ambos movimientos comparten una suerte de necesidad de liberarse de ataduras, de viejos corsés. En Francia, del Antiguo Régimen, aristocrático y feudal, de legitimación divina; en Inglaterra, de un no reconocimiento de la soberanía de los pueblos para ordenarse políticamente de forma autónoma.
 
No está mal liberarse de corsés cuando estos ya no sirven a su fin, o cuando se ha descubierto como dañino el mantenerlos. Sin embargo, en este movimiento de renovación o de revolución tenemos que saber analizar no solo lo que se lleva por delante; también lo que se propone. Pues puede ocurrir, como cuando se irradia un tejido canceroso que se aniquilan células sanas junto con las enfermas, que destruyamos realidades que son muy válidas, cuando necesitaban solo ser formuladas o articuladas de un modo distinto. A su vez debemos analizar que lo que se propone no solo puede no ser tan óptimo como se pensaba, sino incluso peor de lo que había. Así, intentando liberarnos de viejos corsés, encerramos al hombre nuevo &quot;liberado&quot; en otros aún más implacables.
 
El mercado tal como se lo entiende a partir de la Revolución Industrial o el capitalismo es una realidad que surge de este caldo de cultivo intelectual. Liberar al hombre de determinaciones que no procedan del libre ejercicio de su razón autónoma. Los franceses, de un modo frontal, contra toda dimensión trascendente: el misterio deja de existir o se lo considera como aquello que la razón aún no ha resuelto, pero que resolverá (si es irresoluble, simplemente es un falso problema y como tal deja de existir como realidad). Los ingleses, a través de la instauraciónn de la soberanía popular y el parlamentarismo, y por extensión la autonomía de los intercambios económicos, financieros y mercantiles.
 
Es desde esta perspectiva, lead, desde la que debemos enfocar el problema de las bondades y no bondades del mercado capitalista. Conociendo el contexto intelectual del que surgen: &lt;strong&gt;¿qué concepción de hombre subyace a esta actividad?; ¿cuáles son los límites que ella se impone (y digo se impone, pues el capitalismo nace desde una autonomía sancionada políticamente)?; ¿qué moral define su actuación?; y con la moral, ¿cuáles son sus fines últimos, los objetivos más allá de los cuales no puede haber ningún otro?&lt;/strong&gt;
 
Traes como justificación incontestable de su éxito el avance demográfico que aparece a partir de la segunda mitad del XVIII. Más allá de que sea el capitalismo su única causa, cabe analizar la vida humana, incluso desde ese plano tan genérico, no solo por criterios cuantitativos, sino cualitativos. Me explico. Es indudable que el enorme desarrollo tecnológico y científico que se ha propiciado desde entonces ha producido un bienestar material evidente. Dejo a un lado la cuestión (que es crucial) de la distribución de esa riqueza. Ayer como hoy, el acceso de ese bienestar en forma y grado está muy lejos de ser adecuado ni al esfuerzo ni a lo proporcionado por cada &quot;agente productivo&quot;. Pero a lo que voy es que esos &quot;agentes productivos&quot;, sean ingenieros o albañiles, norteamericanos o tanzanos, son antes que cualquier otra cosa personas. La dignidad de la vida de las personas no depende de su mayor o menor acceso a bienes de consumo, de su poder adquisitivo o productivo, ni siquiera de su esperanza de vida. Un campesino tanzano analfabeto, anclado en una forma de agricultura propia del Medievo o incluso del Neolítico, no tiene menor dignidad que Rockefeller. Y es posible que esté más satisfecho con su vida que el magnate norteamericano.
 
&lt;strong&gt;Lo verdaderamente importante es saber si el mercado libre como se entiende desde el capitalismo moderno es un instrumento que sirve al hombre para lograr su bien.&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;Si el capitalismo se rige por leyes ajenas al bien común del hombre; si no es un instrumento a su servicio, sino un fin en sí mismo; si carece de controles morales que limiten la actividad de aquellos que abusan de sus mecanismos o intercambios, o si estos son puramente formales e ineficaces en la práctica, el capitalismo merecerá desaparecer como cualquier otro régimen de injusticia de unos hombres sobre otros.&lt;/strong&gt;
 
Y vuelvo al comienzo de este largo comentario.&lt;strong&gt; Debemos volver a poner a Dios en primer plano, es decir, a moralizar nuestra vida y nuestra actividad, también la económica, a ordenarla hacia un fin verdadero, bueno, bello.&lt;/strong&gt; Pero es que el capitalismo moderno surge de una divinización ilegítima del hombre, que, si bien no fue buscada en un comienzo (no así en la Ilustración francesa, radicalmente antiteísta), desembocó en ella con una virulencia y gravedad que hizo palidecer el odio religioso del ilustrado galo. Del horror, de una brutalidad y dimensiones sin precedentes, de la explotación capitalista de los patronos durante el siglo XIX tampoco cabe ninguna duda. De hecho,&lt;strong&gt; la liberación del hombre, ya convertido en proletariado en virtud de esta dinámica, adquirió la forma de los pensamientos socialistas y colectivistas revolucionarios porque había sido cortado de raíz el fundamento de orden, de verdad e incluso de consuelo del régimen anterior que los ilustrados franceses y los liberales ingleses abolieron de una vez para siempre. Dejaron a la gente sin fe, sin posibilidad de creer, desenraizados en lo más profundo, sumidos en una insondable desesperación, en definitiva (y en un sentido mucho más profundo al que le dió Marx), alienados no ya como agentes de una producción que escapa de sus manos de la que ellos eran meros engranajes no más valiosos que objetos que se usan y se desechan, sino alienados de su dignidad de personas.&lt;/strong&gt;
 
&lt;strong&gt;En este sentido, incluyo al capitalismo moderno junto con la Ilustración en la evolución profundamente deletérea de la Humanidad en estos casi tres últimos siglos.&lt;/strong&gt; El matiz diferenciador reside en que el capitalismo no nace de un odio contra Dios o la fe, no aspira ni se justifica en tales motivaciones como la ilustración francesa. Y es un matiz muy importante porque significa que puede ser revertido hacia un uso moral, humano y digno para el hombre. Así espero que ocurra algún día aunque yo no lo vea, y aunque sea verdareramente difícil esa reversión. Ahora yo te pregunto, lead: &lt;strong&gt;&lt;em&gt;¿Seréis capaces los liberales de poner a Dios en el centro de vuestras vidas, realmente, no como un puro nominalismo vacío de significado o como meras formulaciones retóricas?&lt;/em&gt; Según respondáis a esta pregunta, habrá esperanza para que el capitalismo sea un gran logro de la humanidad o un terrible fracaso que, como cualquier otro, habrá de ser superado como aquellos viejos corsés que nos asfixian y nos desposeen de nosotros mismos, de nuestra dignidad.&lt;/strong&gt;
 
[Pido perdón por la extensión.]</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p># lead (<a href="?p=1939#comment-30829" rel="nofollow">31 diciembre, 2013 a las 21:44</a>):<br />
 <br />
Durante el siglo XVIII la evolución de Occidente estuvo marcada por dos frentes que corrieron en paralelo durante aquella centuria: la Ilustración Francesa y el movimiento Enciclopedista, que culminó con la famosa Revolución de 1789, y la Revolución Industrial surgida en Inglaterra.<br />
 <br />
Es cierto que son dos procesos distintos cuyos fundamentos concretos son de diversa índole. Si bien tampoco es casualidad esa coincidencia temporal. Y no lo es entre otras razones porque las concepciones sobre el hombre, la acción humana, las sociedades y, en general, su posición en el mundo, poseen muchos puntos en común. La Ilustración construye como su gran justificación intelectual liberar al hombre de las supercherías de la fe y de todas las dimensiones de la realidad que no sean susceptibles de ser tratadas por la razón de un modo verificable, empírico y sujeto a una experiencia comprobable y formalizable en un lenguaje científico. Dios debía ser sustituido o aun superado por el imperio de la razón, de una razón autónoma de todo mistificación trascendente a ella. Los ingleses no acometieron de una forma tan frontal ni tan intelectualmente formalizada esa lucha contra Dios y contra la religión. Mucho menos pedantes, pero mucho más pragmáticos que los galos, buscaron esa autonomía del hombre en el desarrollo económico, en la producción sistematizada (también científica) de bienes, en la rentabilidad económica definida por la libertad de sus intercambios en este orden. Aunque no hay que olvidar que la Revolución Industrial lleva aparejada también su cosmovisión propia del ser humano que será definida por el liberalismo filosófico acuñado por el inglés John Locke. Ese liberalismo, en principio de corte especulativo (respetuosa de la ley natural de origen divino), trazará las bases del desarrollo político de la sociedad inglesa y de la norteamericana, que se expresará en su forma de entender el derecho, la soberanía popular y su representación, y su constitucionalismo. En consecuencia, parece que ambos movimientos comparten una suerte de necesidad de liberarse de ataduras, de viejos corsés. En Francia, del Antiguo Régimen, aristocrático y feudal, de legitimación divina; en Inglaterra, de un no reconocimiento de la soberanía de los pueblos para ordenarse políticamente de forma autónoma.<br />
 <br />
No está mal liberarse de corsés cuando estos ya no sirven a su fin, o cuando se ha descubierto como dañino el mantenerlos. Sin embargo, en este movimiento de renovación o de revolución tenemos que saber analizar no solo lo que se lleva por delante; también lo que se propone. Pues puede ocurrir, como cuando se irradia un tejido canceroso que se aniquilan células sanas junto con las enfermas, que destruyamos realidades que son muy válidas, cuando necesitaban solo ser formuladas o articuladas de un modo distinto. A su vez debemos analizar que lo que se propone no solo puede no ser tan óptimo como se pensaba, sino incluso peor de lo que había. Así, intentando liberarnos de viejos corsés, encerramos al hombre nuevo &#8220;liberado&#8221; en otros aún más implacables.<br />
 <br />
El mercado tal como se lo entiende a partir de la Revolución Industrial o el capitalismo es una realidad que surge de este caldo de cultivo intelectual. Liberar al hombre de determinaciones que no procedan del libre ejercicio de su razón autónoma. Los franceses, de un modo frontal, contra toda dimensión trascendente: el misterio deja de existir o se lo considera como aquello que la razón aún no ha resuelto, pero que resolverá (si es irresoluble, simplemente es un falso problema y como tal deja de existir como realidad). Los ingleses, a través de la instauraciónn de la soberanía popular y el parlamentarismo, y por extensión la autonomía de los intercambios económicos, financieros y mercantiles.<br />
 <br />
Es desde esta perspectiva, lead, desde la que debemos enfocar el problema de las bondades y no bondades del mercado capitalista. Conociendo el contexto intelectual del que surgen: <strong>¿qué concepción de hombre subyace a esta actividad?; ¿cuáles son los límites que ella se impone (y digo se impone, pues el capitalismo nace desde una autonomía sancionada políticamente)?; ¿qué moral define su actuación?; y con la moral, ¿cuáles son sus fines últimos, los objetivos más allá de los cuales no puede haber ningún otro?</strong><br />
 <br />
Traes como justificación incontestable de su éxito el avance demográfico que aparece a partir de la segunda mitad del XVIII. Más allá de que sea el capitalismo su única causa, cabe analizar la vida humana, incluso desde ese plano tan genérico, no solo por criterios cuantitativos, sino cualitativos. Me explico. Es indudable que el enorme desarrollo tecnológico y científico que se ha propiciado desde entonces ha producido un bienestar material evidente. Dejo a un lado la cuestión (que es crucial) de la distribución de esa riqueza. Ayer como hoy, el acceso de ese bienestar en forma y grado está muy lejos de ser adecuado ni al esfuerzo ni a lo proporcionado por cada &#8220;agente productivo&#8221;. Pero a lo que voy es que esos &#8220;agentes productivos&#8221;, sean ingenieros o albañiles, norteamericanos o tanzanos, son antes que cualquier otra cosa personas. La dignidad de la vida de las personas no depende de su mayor o menor acceso a bienes de consumo, de su poder adquisitivo o productivo, ni siquiera de su esperanza de vida. Un campesino tanzano analfabeto, anclado en una forma de agricultura propia del Medievo o incluso del Neolítico, no tiene menor dignidad que Rockefeller. Y es posible que esté más satisfecho con su vida que el magnate norteamericano.<br />
 <br />
<strong>Lo verdaderamente importante es saber si el mercado libre como se entiende desde el capitalismo moderno es un instrumento que sirve al hombre para lograr su bien.</strong> <strong>Si el capitalismo se rige por leyes ajenas al bien común del hombre; si no es un instrumento a su servicio, sino un fin en sí mismo; si carece de controles morales que limiten la actividad de aquellos que abusan de sus mecanismos o intercambios, o si estos son puramente formales e ineficaces en la práctica, el capitalismo merecerá desaparecer como cualquier otro régimen de injusticia de unos hombres sobre otros.</strong><br />
 <br />
Y vuelvo al comienzo de este largo comentario.<strong> Debemos volver a poner a Dios en primer plano, es decir, a moralizar nuestra vida y nuestra actividad, también la económica, a ordenarla hacia un fin verdadero, bueno, bello.</strong> Pero es que el capitalismo moderno surge de una divinización ilegítima del hombre, que, si bien no fue buscada en un comienzo (no así en la Ilustración francesa, radicalmente antiteísta), desembocó en ella con una virulencia y gravedad que hizo palidecer el odio religioso del ilustrado galo. Del horror, de una brutalidad y dimensiones sin precedentes, de la explotación capitalista de los patronos durante el siglo XIX tampoco cabe ninguna duda. De hecho,<strong> la liberación del hombre, ya convertido en proletariado en virtud de esta dinámica, adquirió la forma de los pensamientos socialistas y colectivistas revolucionarios porque había sido cortado de raíz el fundamento de orden, de verdad e incluso de consuelo del régimen anterior que los ilustrados franceses y los liberales ingleses abolieron de una vez para siempre. Dejaron a la gente sin fe, sin posibilidad de creer, desenraizados en lo más profundo, sumidos en una insondable desesperación, en definitiva (y en un sentido mucho más profundo al que le dió Marx), alienados no ya como agentes de una producción que escapa de sus manos de la que ellos eran meros engranajes no más valiosos que objetos que se usan y se desechan, sino alienados de su dignidad de personas.</strong><br />
 <br />
<strong>En este sentido, incluyo al capitalismo moderno junto con la Ilustración en la evolución profundamente deletérea de la Humanidad en estos casi tres últimos siglos.</strong> El matiz diferenciador reside en que el capitalismo no nace de un odio contra Dios o la fe, no aspira ni se justifica en tales motivaciones como la ilustración francesa. Y es un matiz muy importante porque significa que puede ser revertido hacia un uso moral, humano y digno para el hombre. Así espero que ocurra algún día aunque yo no lo vea, y aunque sea verdareramente difícil esa reversión. Ahora yo te pregunto, lead: <strong><em>¿Seréis capaces los liberales de poner a Dios en el centro de vuestras vidas, realmente, no como un puro nominalismo vacío de significado o como meras formulaciones retóricas?</em> Según respondáis a esta pregunta, habrá esperanza para que el capitalismo sea un gran logro de la humanidad o un terrible fracaso que, como cualquier otro, habrá de ser superado como aquellos viejos corsés que nos asfixian y nos desposeen de nosotros mismos, de nuestra dignidad.</strong><br />
 <br />
[Pido perdón por la extensión.]</p>
]]></content:encoded>
	</item>
	<item>
		<title>Por: Hegemon</title>
		<link>https://www.piomoa.es/?p=1939#comment-30912</link>
		<dc:creator>Hegemon</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jan 2014 20:29:43 +0000</pubDate>
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		<description>Y esto:
 
&lt;em&gt;Renuncian a querer entender el mundo real y se complacen en cuatro fobias sin sentido. como casi todo el mundo. 
&lt;/em&gt;

&lt;em&gt;&lt;/em&gt;
Explica muy bien mi reciente recelo por los iluminados liberales que creen saberlo todo, como los otros, los de izquierda, los socialistas, los comunistas y demás demagogos. No renuncio al liberalismo, pero de otra forma, más virtuosa. Sigo leyendo a los liberales, porque sigo creyendo en ellos, pero con análisis crítico no servil. Abusando de una arrogancia ideológica, los ultraliberales, los anarcoliberales, igual que los otros, desprecian todo lo que no huela a lo suyo. Tal vez, lo reconozco, yo era así, pero el mundo real, precisamente el mundo real, un criterio independiente o personal, junto con el descubrimiento de ciertas verdades o realidades históricas y presentes, me han obligado a ser más cauto, menos dogmático, ser más práctico, más pragmático, más realista, más pausado y menos idealista siendo, repito, igualmente liberal.
&lt;em&gt; &lt;/em&gt;
 
Pero bueno, ya tengo una nueva eqtiqueta y van......
&lt;em&gt;&lt;/em&gt;</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Y esto:<br />
 <br />
<em>Renuncian a querer entender el mundo real y se complacen en cuatro fobias sin sentido. como casi todo el mundo.<br />
</em></p>
<p><em></em><br />
Explica muy bien mi reciente recelo por los iluminados liberales que creen saberlo todo, como los otros, los de izquierda, los socialistas, los comunistas y demás demagogos. No renuncio al liberalismo, pero de otra forma, más virtuosa. Sigo leyendo a los liberales, porque sigo creyendo en ellos, pero con análisis crítico no servil. Abusando de una arrogancia ideológica, los ultraliberales, los anarcoliberales, igual que los otros, desprecian todo lo que no huela a lo suyo. Tal vez, lo reconozco, yo era así, pero el mundo real, precisamente el mundo real, un criterio independiente o personal, junto con el descubrimiento de ciertas verdades o realidades históricas y presentes, me han obligado a ser más cauto, menos dogmático, ser más práctico, más pragmático, más realista, más pausado y menos idealista siendo, repito, igualmente liberal.<br />
<em> </em><br />
 <br />
Pero bueno, ya tengo una nueva eqtiqueta y van&#8230;&#8230;<br />
<em></em></p>
]]></content:encoded>
	</item>
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