De la guerra civil a la tercera gran crisis europea
1. La guerra civil es el suceso histórico fundamental del siglo XX español, y sus consecuencias se extienden hasta hoy. En ella se dirimió la continuidad o ruptura histórica de España como nación unida e independiente y cultura de raíz cristiana. Esa continuidad se salvó entonces y no se ha roto, aunque hoy vuelve a estar en cuestión.
2. Aquella contienda concentró, aun si con fuertes particularidades nacionales, las tensiones que afectaban al resto de Europa y llevarían a la II Guerra Mundial (SGM). Y frustró la doble estrategia de Stalin de, a) atraer a las democracias al choque directo con los fascismos, de modo que la nueva guerra mundial, que él juzgaba (acertadamente) inevitable comenzase por el oeste y no entre Alemania y la URSS; y b) la alternativa de encerrar a Europa entre dos regímenes soviéticos. Sin embargo, Stalin consiguió lo primero en Polonia, solo cinco meses después.
3. Otra consecuencia crucial de la guerra fue la abstención de España en la SGM, apartando al país de lo que se ha dado en llamar “el suicidio de Europa”. El dato tiene alcance histórico destacado para nosotros, ya que la SGM marcó el fin de una era en la historia humana, la Era Europea, comenzada con las exploraciones y conquistas españoles del siglo XVI.
4. De haber perdido Franco la guerra, España habría sido arrastrada inevitablemente a la guerra mundial, y de ella habría salido con toda probabilidad fracturada en varios estados manejados por potencias exteriores y sometida a gobiernos como los derrotados en la guerra civil.
5. La guerra en España fue el abocamiento de la profunda quiebra moral e intelectual marcada por “El desastre del 98″, la derrota frente a Usa y la pérdida de las últimas posesiones españolas en América y el Pacífico. Esa quiebra condujo a una agravación de las tensiones naturales en la sociedad, a “las dos Españas”, que causó varias décadas de inestabilidad política hasta concluir en antagonismo y choque bélico.

6. Las dos Españas se polarizaron en torno a la continuidad histórica de España. El referente intelectual de una, Ortega y Gasset, rechazaba el pasado español como enfermo y negativo, tanto en su vertiende política como religiosa. Este punto de vista era compartido, con matices, por socialistas, separatistas, republicanos de izquierda, anarquistas, muchos liberales y otros. El referente intelectual de la otra, Menéndez Pelayo, defendía el valor de la historia española identificándolo con la Iglesia católica, posición compartida con matices por carlistas, falangistas, monárquicos más o menos liberales y católicos ligados al episcopado (CEDA, en la república).
7. Las dos Españas eran muy heterogéneas. Aunque a la por así decir orteguiana, unida en el frente popular, le unía el rechazo a la historia y a la Iglesia, cada uno de sus partidos proponía al “problema España” una solución particular e incompatible con las demás. Los comunistas fueron los únicos que elaboraron una línea política y militar coherente, pero no lograron meter en cintura a sus inestables e intrigantes aliados, pese emplear con ellos una mezcla de argumentación y castigos sangrientos. Causa fundamental de la derrota del frente popular fue no haber logrado que el lazo que unía a sus partidos prevaleciese sobre sus diferencias.
8. También la otra España, la nacional, chocó con un problema parejo: la común adscripción de sus partidos al catolicismo no impedía que sus políticas fueran diversas y que pudiesen chocar entre sí hasta extremos suicidas para el conjunto. Franco demostró un excepcional talento político al meter en vereda a sus partidos o “familias”, logrando que la unidad se impusiera a las diferencias, y sin recurrir a los sangrientos incidentes del bando contrario. Esta fue una de las causas principales de su victoria, junto con un talento militar que le hace uno de los generales más descollantes en Europa. El frente popular no dispuso de un dirigente político o militar a su altura
9. El franquismo intentó acabar con el antagonismo de las dos Españas y elaborar una doctrina política que superase tanto el marxismo como el liberalismo. Tarea difícil por lo heterogéneo de sus “familias”. unidas aobre todo por su carácter católico. Y al declararse católico, se encontró con que el concilio Vaticano II, en los años 60, lo rechazaba, privándolo de futuro y trayendo el riesgo de una repetición del pasado.
10. Pese a su deficiencia doctrinal, la superación de las dos España fue bastante real en la práctica. El franquismo no tuvo oposición democrática ni liberal digna de mención. Ya en los años 40 los antagonismos políticos eran cosa del pasado, y así pudo afrontar los peligros de la guerra mundial y después la presión exterior, criminal por cuanto buscaba crear en España una masiva hambruna. Y aplicar políticas para erradicar el atraso, la ignorancia y las grandes desigualdades de la época anterior, con notable libertad personal y excelente salud social. Al morir Franco se mantuvo una fundamental continuidad histórica en una democracia desde y no contra el franquismo, la España heredera del frente popular apenas tenía fuerza y tuvo que aceptar, en la Constitución del 78, la bandera con que fue vencida, la unidad nacional, la monarquía, la pervivencia de la Iglesia (autodebilitada), la economía de mercado y otros legados esenciales del franquismo.
11. No obstante, desde la Constitución del 78 los autoproclamados herederos del frente popular han realizado una tenaz labor corrosiva de sus principios mediante corrupción, terrorismo o complicidades con él, falsificación de la historia, particularmente sobre la guerra civil, medidas progresivas anticonstitucionales y antidemocráticas, hasta destruir el régimen del 78 mediante una amnistía golpista que corona todo el esfuerzo anterior.
12. Hemos entrado, pues, en un período incierto, que puede derivar hacia una latinoamericanización del país o a una reforma en profundidad que preserve la esencial continuidad histórica de España. El problema se complica en extremo e por la tercera gran crisis europea en los terrenos moral, político y democrático, con destrucción progresiva de las identidades nacionales e impulsos hacia una III Guerra Mundial. Quizá España, que se abstuvo en las dos guerras mundiales anteriores, podría ofrecer, examinando su experiencia, alguna solución general que fuera más allá de ella misma, aunque por ahora nadie lo plantea. Y en todo caso la primera obligación política es la salvaguardia del país, la recuperación de la salvadora neutralidad de antaño.
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