Miseria historiográfica / Azar y voluntad

Si algo indignaba a los comunistas que habían luchado contra Franco y a los socialistas y separatistas, que no lo habían hecho desde la guerra, era que el franquismo les arrebatase la bandera de la democracia, que creían exclusivamente suya. Casualmente, estos “demócratas” se sentían herederos de los que habían destruido la república, lo que tenía de democrática, en dos golpes sucesivos en 0ctubre de 1934 y en febrero de 1936. 250 – Los “demócratas” intentan huelga general contra la democracia | Galería de charlatanes – YouTube

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Miseria de la historiografía actual 

Stanley Payne, en el artículo de Chronicles donde  analizaba las mitificaciones sobre la guerra civil, señalaba algunos rasgos del ambiente cultural español, “inculto” o “ignorante”, o  el lenguaje torpe, tosco y pretencioso de la mayoría de los historiadores (a menudo creen que cuanto más escriben con “lengua de madera”,  más científicos resultan), o el pánico de los más decentes a ser tildados de “franquistas” o “neofranquistas por la jauría académico-política de los herederos del frente popular. 

Y todas estas cosas son ciertas. Un ejemplo es el de los profesores  Álvarez Tardío y Villa García sobre las elecciones de febrero de 1936. Se trata de un trabajo realmente valioso, que demuestra con datos muy concretos la falsificación de aquellas elecciones. Sin embargo, el escaso valor moral de los autores hacía que terminasen su estudio asustados de su audacia, diciendo que no pretendían polemizar, cuando se trataba de un libro inevitablemente polémico. Más tarde se quejarían de que la jauría les ninguneaba en la universidad. El libro, como digo, era muy preciso, pero incompleto. Que las elecciones habían sido fraudulentas ya se sabía, en líneas generales. Otros, Alcalá-Zamora y el propio Azaña lo habían indicado. Por mi parte,  había señalado el carácter muy poco legal de la convocatoria de elecciones por Alcalá-Zamora, acosado él y su criatura Portela por la Diputación Permanente de las Cortes. Y la dimisión, más bien huida,  de Portela antes de concluirse el recuento, la violencia callejera durante el mismo,  la revisión de actas y finalmente la destitución ilegal de Alcalá-Zamora (que no dejaba de constituir una grotesca justicia poética a cargo de sus beneficiados), son hechos  bien conocidos en sus partes pero raramente analizados en conjunto como yo lo había hecho. Un golpe de estado, en definitiva. Naturalmente, dichos profesores no me citaban para nada, y cuando me permití recordarlo se permitieron mostrarse displicentes conmigo los que  hacían reverencias a la jauría.  Estas pequeñeces permiten calibrar la pequeñez general de la historiografía hoy al uso, incluso de aquella que produce trabajos valiosos. (Las elecciones que asesinaron la democracia y trajeron la guerra | Más España y más democracia (piomoa.es)

 Esta es la razón por la que he querido completar Los mitos de la guerra civil con una Galería de charlatanes,  serie de análisis breves y menciones de los más nombrados (unos 50) historiadores de la guerra civil, y de España en general, españoles y extranjeros. El resultado, como comprobará quien lo lea, es demoledor, pero sobre todo entristecedor por lo que revela de una universidad y unos repartidores de premios que, como dicen los castizos “no hay por donde cogerlos”. En esa universidad degradada se ha incubado el “huevo de la serpiente”, las leyes por las que unos políticos incultos y mayormente corruptos se creen los amos de la historia y se  permiten dictar a los españoles lo que debe creer sobre ella. Sirva este libro  de revulsivo, porque estas derivas se tienen que frenar a toda costa, o mereceremos perder nuestra libertad a manos de auténticos mafiosos 

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**A muy pocos nos importa la idea de España,  pero a qué pocos. Ni aún el peligro de la guerra ha servido de soldador. Al contrario: se ha aprovechado para que cada cual tire por su lado (Azaña). En cambio en el bando nacional era clave la idea de España, nacional y cultural,  y eso fue lo que  en definitiva le dio la victoria. Hoy, a  la derecha libercañí, que es casi toda ella, la idea de España tampoco le importa.  Es “europeísta” sin saber casi nada de Europa, y atlantista a la gibraltareña, no partidaria de España

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El azar y la voluntad

Un problema especulativo que se plantea a veces para ilustrar ciertas dificultades de la evolución es el de si mil monos (o un millón), tecleando constantemente en máquinas de escribir durante mil años (o un millón) producirían obras como el Quijote, la Ilíada o Macbeth. No quiero discutir aquí la idea de la evolución, implícita de algún modo en la Biblia (Dios crea la luz, la tierra, los animales y el hombre de forma sucesiva, en cierto orden que parece lógico), sino la idea de que la voluntad, la intención, el sentido, la consciencia, surgen de la materia carente por completo de voluntad,  intención o consciencia. Y que estos tres rasgos u otros  típicamente humanos serían también, en definitiva, ilusorios, un producto del azar material, sin finalidad alguna.

¿Podrían los monos hacer tales cosas? Cualquiera sabe, pero lo importante, aun admitiendo la posibilidad, es que esas obras literarias maestras, producidas sin voluntad, deseo o intención, no diferirían, en definitiva, de las demás combinaciones al azar que también producirían los monos en masas enormes. Cervantes podría creer que su Quijote respondía a una intención suya, pero en realidad sería un producto azaroso y sin sentido de algún gen, por ejemplo, o de la necesidad de ganarse unos ducados para comer. Cuando damos a su obra un valor por encima de otros miles de frutos de esa manía genética humana de contar cosas, caemos en una pura ilusión, o bien implicamos que algunas de esas obras producto del azar tienen una mayor capacidad adaptativa en algún sentido,  y por tanto se difunden (se multiplican) más. Y eso sería todo

También cabría considerar que si la escritura de sus libros respondía a la necesidad genética de alimentarse, probablemente Cervantes habría podido satisfacer esa necesidad de formas más eficientes, más adaptativas, por así decir, ya que pasó gran  parte de su vida entre penurias. Dedicar su tiempo y esfuerzo a la literatura  bien podría haber sido una decisión errónea.

Obviamente el Quijote no existiría sin algo tan material como el cerebro de Cervantes, pero este no difería de forma notable de los demás cerebros humanos, y sin embargo no todos producen quijotes. Es más, él mismo solo fue capaz de producir un quijote, a cuyo lado el resto de su producción desmerece bastante. Y, por supuesto, la intención y la voluntad, aunque necesarias,  no bastan para producir una obra maestra. Interviene otro factor, muy escaso, al que solemos llamar talento o genio. Claro que en última instancia los productos más sobresalientes del talento y del genio no se diferenciarían de cualquier otro producto de la actividad humana  causada por los  genes,  inquietos sin ton ni son.

(En este blog, 21.10-2006)

 

 

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Franco

De Francisco Franco , educado  civil y militarmente en el régimen liberal de la Restauración (1875-1923), que hizo una brillante carrera militar en Marruecos, se puede afirmar con certeza lo siquiente:

  1. En 1930 se declaró partidario de una democracia ordenada en contraposición con su hermano Ramón, golpista republicano.

  2. Preocupado por las cruentas derivas de una caótica democracia republicana, defendió no obstante al régimen contra el alzamiento armado del PSOE y la Esquerra, en octubre de 1934, a cuya derrota contribuyó. Y no intentó ningún contragolpe.

  3. Aunque de preferencias monárquicas, aceptó y respetó la legalidad republicana más que cualquier político, en especial los de izquierda y separatistas, que conspiraron contra ella e intentaron o realizaron golpes de estado. Y no participó en ningún golpe o proyecto de golpe de la derecha.

  4. En 1936 no se alzó contra la república, sino contra un régimen compuesto de sovietizantes y separatistas  que precisamente acababa de destruir la república tras unas elecciones fraudulentas. Después de haber fracasado en su insurrección de 1934.

  5. Mantuvo durante la guerra civil plena independencia política y militar ante Hitler y Mussolini, pese a disponer de escasos recursos financieros y comprar su ayuda a crédito.

  6. No perdió casi ninguna batalla y ganó la guerra, partiendo de una inferioridad de recursos que a casi cualquier otro le habría hecho abandonar ya al principio. Y derrotó después a una peligrosa guerrilla comunista (el maquis) Esto puede decirse de muy pocos generales del siglo XX en cualquier país.

  7. Evitó a España las invasiones bombardeos masivos y deportaciones de la guerra mundial, y nadie más que él podría haberlo hecho, pese a las presiones de Hitler, sorteando también las amenazas y chantajes de los Aliados cuando estos iban ganando.

  8. Para entonces Franco había llegado a dos conclusiones generales. a) Que la democracia era inviable en un país como la España republicana, empobrecida, de grandes desigualdades sociales, repleta de odios políticos y con partidos exclusivistas y sin visión del interés general. b) Que después de la durísima prueba de la república, el frente popular y la guerra, el país necesitaba un largo período para reponerse superando la miseria y los odios que hacían imposible una convivencia en paz y en libertad. Y que ese período debía corresponder a una dictadura sin partidos.

  9. No obstante, el franquismo no cumplió del todo esa concepción. De hecho era un régimen de cuatro partidos, llamados “familias”: carlistas, falangistas, monárquicos y los más decisivos católicos políticos ligados al episcopado. Franco arbitraba entre ellos para impedir que sus fuertes diferencias se hicieran antagónicas.

  10. El franquismo nunca tuvo verdadera oposición democrática, sino totalitaria, es decir, comunista y/o terrorista. Los presos políticos fueron muy pocos desde el final de los años 40.

  11. Franco y su régimen resistieron un aislamiento delictivo decretado contra el país, pese a no haber participado en la guerra mundial, por las potencias vencedoras (soviéticos y anglosajones principalmente). Y en las más difíciles circunstancias reconstruyeron el país con éxito notable y sin la deuda política del resto de Europa occidental con los ejércitos useño y soviético, ni con el Plan Marshall.

  12. Dejó al morir un país más próspero que nunca antes, libre de los odios que habían destrozado a la república, lo que permitió el paso a una democracia en principio no convulsa y con una monarquía reinstaurada por él.

  13. Cabe afirmar, en suma, que durante cuarenta años venció a todos sus enemigos, interiores y exteriores, a menudo muy poderosos y peligrosos. Todo esto es la evidencia misma…, y por ello mismo inadmisible para quienes se empeñan en derrotarlo “por ley” varias décadas después de fallecido. Así, nos enteran de que fue militarmente inepto o mediocre, un dictador políticamente tan incapaz como brutal, sin verdadera inteligencia suplida por una astucia aldeana o “gallega”…, con la que al parecer superaba todos los obstáculos y desbarataba a todos sus adversarios. ¡Cuántos “historiadores” trazan semejante retrato! Ahora, ¿pintan con él a Franco o a sí mismos?

  14. Un problema particular, al margen del anterior, es el del carácter de su régimen. ¿Fue una dictadura? Se lo puede conceptuar así, por carecer de elecciones generales de partidos, por la restricción de las libertades para los partidos que habían perdido la guerra después de haberla organizado y provocado, y por los poderes excepcionales asumidos por Franco. Sin embargo hay dictaduras y dictaduras, como hay democracias y democracias. Las democracias no funcionan bien, y puede llegar a autodestruirse, en sociedades muy desiguales, pobres y plagadas de partidismos irreconciliables, como fue precisamente la II República. Y hoy en el mundo abundan las democracias formales, pero caóticas y corruptas, hacia las que va derivando la española actual. La dictadura de Franco no fue tiránica, sino progresivamente liberalizadora, reconstituyó literalmente a la sociedad española y la dejó preparada para una convivencia en paz y libertad, que es a lo que aspiran en general las democracias reales. Fue un régimen legitimado por las circunstancias históricas y también democráticamente por el referéndum de diciembre de 1976, cuyo olvido sistemático ha llevado a la democracia actual a bambolearse perdiendo sus raíces históricas a merced de cualquier usurpación. Plantear la cuestión de otro modo nos lleva al absurdo de una democracia con leyes tiránicas como las de memoria, al gusto de etarras, comunistas, separatistas o socialistas… Todos ellos autojustificados en su antifranquismo.

    Como conclusión general cabe afirmar que Franco ha sido el mayor estadista que ha tenido España en siglos, posiblemente desde Felipe II. Su herencia ha sido la unidad e independencia  nacional, la paz más larga que haya disfrutado España en siglos, la prosperidad dentro de la libertad personal y una nueva sociedad apta como nunca antes, para desenvolverse en democracia. Y que es por eso, precisamente, por lo que despierta tantos odios en España y fuera de ella. Odios de los que se consideran herederos o simpatizantes  de aquel frente popular que pretendía sovietizar y/o disgregar a España en unos cuantos estaditos manipulables desde el exterior. Y que aquí usurpan el título de demócratas cuando son más bien parásitos de la democracia

 

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Ya no es tiempo de quejas / Hijos de la leyenda negra / Decadencia europea

Ya no es tiempo de quejas

1. Las leyes de memoria no son un asunto más: son la clave de todas las políticas del gobierno, la fraudulenta legitimación moral e histórica de ellas.

2. Ha pasado el tiempo de las quejas. Es preciso desafiar y luchar contra esas leyes, en campaña permanente sobre dos “piernas”: la denuncia, ante los tribunales y la opinión pública, de su carácter antidemocrático y anticonstitucional y el desafío práctico a ella divulgando el conocimiento del pasado. 

3. El ataque judicial y ante la opinión pública a las leyes de memoria corresponde esencialmente a VOX, aunque nos compromete a todos. Después de muchos años a la defensiva es preciso tomar la ofensiva.

4. En el segundo aspecto tiene especial relevancia  el libro Los mitos de la guerra civil, dedicado no solo al público en general, sino especialmente a los jóvenes, los más manipulados por los liberticidas de las “memorias”.

5. He completado  Los mitos con otro libro, Galería de charlatanes. El primero es una descripción de la guerra y el segundo una crítica al “huevo de la serpiente”, por decirlo así, de los historiadores o seudohistoriadores que han elaborado, sin apenas oposición, la falsificación de nuestra historia.

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Hijos de la leyenda negra.

¿Qué une a socialistas, comunistas y separatistas, por encima de sus querellas que en la guerra llevaron a asesinatos mutuos? Les une el odio o desprecio a España, al que se ha unido el PP. El antifranquismo es su expresión actual, pues Franco representa  la victoria sobre sovietizantes y disgregadores, y por tanto  la unidad independencia nacionales.

El origen de la extraña alianza, culminada en el Frente Popular y hoy en un nuevo frente popular de facto, tiene una fecha precisa: el “desastre del 98″. Para ambos grupos, hasta entonces más pintorescos que otra cosa,  la derrota frente a Usa sirvió para denigrar sin tasa, racial, histórica y políticamente, a España y su historia, y cobrar fuerza política gracias a la desmoralización nacional. La leyenda negra se convirtió casi en dogma.

Apoyo indirecto a esas corrientes fue el llamado regeneracionismo, cuya buena intención de modernizar al país venía  lastrada por una visión obtusamente denigratoria del pasado español, sobre todo de la mejor época de él, la de la hegemonía en Europa y el descubrimiento del mundo. Inmensas tonterías al respecto vomitaron Azaña, Costa, Ortega y tantos más. Uno de sus absurdos  fue el empeño de que los españoles sirvieran de carne de cañón a nuestras tradicionales “amigas y aliadas” Francia e Inglaterra en  la I Guerra Mundial. Afirmaban que eso nos ayudaría a “europeizarnos”. 

Todos ellos eran, y son, hijos de la leyenda negra. Cierto que protestaban contra el triste y mediocre ambiente social, económico y político español. Pero no se percataban de que España iba reponiéndose, aunque lentamente, de la pésima herencia de la invasión napoleónica. Los regeneracionistas, incluso los socialistas, exigían una mejora más rápida y brillante, pero ellos mismos eran poco brillantes. Y sus remedios, que desembocaron en la II República y luego en el Frente Popular, fueron peores que la enfermedad. Como ahora mismo.

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Decadencia europea

**En su reciente e importante discurso, Orbán habló de la decadencia de Occidente, que parece haber atribuido a su pérdida de control sobre las  energías y materias primas  (gas, petróleo, tierras raras…). También podría señalar cómo Europa, en solo  ochenta años, ha pasado de albergar a un cuarto de la población mundial a solo un décimo. Pero son aspectos secundarios. Se trata, creo, de una decadencia ante todo  cultural y moral, originada en el gran choque de ideologías de la II Guerra Mundial.

**El problema de la chica esa, ministra de no sé qué, es que tiene, reconocido por ella misma, un  coño más grande que una mesa. Y, claro, tanta amplitud le ocupa el cerebro. Como pasa con las demás ministras y la mayoría de las feministas, muy homosexistas también. Dicho en la forma grosera que exige su osadía,  ni el chocho ni el culo deben dictar la política ni el porvenir de la sociedad española. 

**Parece casi un milagro esta resurrección de Los mitos 20 años después  y a través de Francia. 

**El artículo de S. Payne debería llegar ampliamente a la universidad y a los medios. A ver si se avergüenzan un poco.

**Algo que me sorprende, aunque quizá indebidamente, es que historias que van más allá de la de España, como el que he escrito sobre  Europa, apenas se lean. Lo mismo ocurre con Hegemonía española y Era Europea (lleva solo 2.400 ejemplares). Libros contra la leyenda negra, en especial el de  Roca Barea, se han vendido bien. El problema está en lo de  “Era Europea”. Esto da al libro un enfoque original, pero, simplemente, no se entiende ni interesa a casi nadie en el país más ultraeuropeísta del continente.

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Bajo el poder de los charlatanes.

Bajo el poder de los charlatanes

**Hoy debe salir  al público mi nuevo libro Galería de charlatanes. Se trata de una serie de análisis breves, y creo que contundentes, sobre medio centenar de los historiadores más en boga en ámbitos culturales españoles, sean de izquierda, de derecha o de centro. 

**Esos historiadores, pese a premios y obras parcialmente valiosas, comparten la calidad de charlatanes  en el plano intelectual, y falsificadores en el plano  político. Son los promotores desde la universidad,  por acción u omisión, de las fraudulentas leyes de memoria, por las que una nueva alianza de comunistoides, separatistas y libercañís (Liberalismo cañí / La jornada | Más España y más democracia (piomoa.es) intenta dictar a los españoles lo que deben pensar de su pasado. Se trata de una nueva versión del frente popular  al que se ha unido como apéndice el PP.

**Debe reconocerse que la historiografía española actual es notablemente roma y paleta. Aunque muy “europeísta”, ignora casi todo lo importante sobre Europa, a cuyo estudio no ha colaborado en prácticamente nada. Y sobre América suele seguir las líneas de la leyenda negra.

**Dentro de la baja calidad común, los  estudiosos próximos a la derecha (Eslava Galán, Pedro Corral, Pedro J. Ramírez, Tusell, García de Cortázar, Vilches y otros) resultan intelectualmente  inferiores a los de izquierda.

**Hay en casi todos ellos un fondo de básica incultura, reflejada en su mezcla de dogmatismo, espíritu a un tiempo garbancero y pretencioso, y su aversión al  debate en libertad. No es casual  su odio a  cualquier revisión que ataque sus endebles versiones, que intentan apuntalar con una ley típicamente tiránica. Pretenden reducir el país al reino de la charlatanería 

**Los mitos de la guerra civil,  conmocionó hace 20 años al “gremio” de historiadores, periodistas y políticos del nuevo frente popular, hasta que lograron reducirlo al olvido. Su éxito reciente en Francia ha resucitado al libro como instrumento, creo que  especialmente valioso,  contra la falsificación histórica y los designios antidemocráticos del nuevo frente popular. Pero hacía falta completarlo con estos análisis sobre los promotores intelectuales de la gran fechoría.

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Stanley Payne habla claro

En un artículo en la revista useña Chronicles (The Myth of the Spanish Civil War  (chroniclesmagazine.org)) Stanley Payne pasa revista al modo como se han impuesto en España (y fuera) una serie de mitos, seudomitos o simples patrañas sobre nuestra guerra civil, y su experiencia al estudiar estos asuntos. En el artículo incluye un amplio apartado sobre mi libro Los mitos de la guerra civil, con observaciones muy generosas sobre mi contribución historiográfica, que por su interés reproduzco aquí (las negritas son mías)  en traducción de DeepL con algunas leves correcciones: 

Lo que realmente ocurría era que la generación de la “Nueva Izquierda” de los años sesenta ya había empezado a establecerse en las universidades españolas, incluso bajo un régimen franquista cada vez más tolerante, y el movimiento pronto extendió su dominio al mundo académico español. Además, los intereses políticos moderados y conservadores mostraron sorprendentemente poca atención a la cultura y a la historia reciente, viviendo como estaban en el miedo perpetuo a ser llamados “franquistas”, de modo que en los últimos años del siglo, el control izquierdista de los medios de comunicación, la cultura y la educación era incluso más completo en España que en otros países occidentales. Ciertos temas y tópicos se convirtieron en tabúes, a pesar de que seguía existiendo una libertad de expresión básica en el conjunto del país.

El dilema resultante quedó ejemplificado en la carrera de Javier Tusell, el principal historiador político español de finales del siglo XX. En 35 años, publicó una veintena de libros, todos de gran calidad y la mayoría basados en investigaciones originales de archivo. Sin embargo, para mantener la libertad de objetividad e interpretación crítica, y al mismo tiempo gozar de la simpatía de sus colegas, Tusell se dedicó principalmente a los estudios sobre la derecha española y nunca emprendió un estudio crítico importante sobre ningún aspecto de la izquierda. Así, en los años noventa, la conformidad historiográfica con el mito de la República y la Guerra Civil era casi total.

En medio de esta situación de estancamiento intelectual, apareció de repente en 1999 una obra titulada Los orígenes de la Guerra Civil española de un autor completamente desconocido: Pío Moa. No era un académico, sino un investigador independiente, figura un tanto más rara en España que en el mundo anglosajón. Moa era un antiguo marxista que había comenzado su vida adulta como miembro activo del PCE(R)-GRAPO, una organización terrorista revolucionaria de los años setenta que había combatido con uñas y dientes la democratización de España. En los años siguientes se dedicó a un prolongado estudio y reflexión sobre la historia de su país. Al cabo de dos década  llegó a conclusiones que discrepan ampliamente tanto de sus propias convicciones iniciales como de los mitos convencionales sobre los asuntos españoles recientes.

 Los orígenes, el primer libro de Moa, se enfrentaba directamente no a los mitos sobre la guerra en sí, sino a las ideas habituales sobre sus antecedentes, exponiendo los “orígenes” del conflicto en 1933 y 1934, cuando la izquierda trató primero de imponer un sistema exclusivista y luego, tras fracasar, recurrió a múltiples insurrecciones revolucionarias, culminadas por el violento asalto socialista de 1934. Moa había escrito la obra más dramática y original de la historiografía española reciente y no tardó en seguirla en el año 2000 con Los personajes de la República vistos por ellos mismos, un retrato revelador de los principales líderes de la izquierda según sus propias y ácidas  descripciones originales. Luego, en 2001, apareció El derrumbe de la segunda república y la guerra civil, que trataba con detalle el clímax del proceso revolucionario de la República y el inicio de la guerra. Los lectores españoles respondieron con entusiasmo, sobre todo porque Moa demostró no sólo audacia analítica y originalidad, sino también una inusual habilidad literaria, tanto más notable por contraste con  la expresión torpe, tosca y pretenciosa de tantos historiadores españoles.

Sin embargo, Moa indignó al profesorado izquierdista, y su coro de denuncias, aparentemente unánime, intimidó a cualquiera que se hubiera atrevido a decir una palabra en su favor. Lo notable del diluvio de ofensas fue que la discusión o crítica seria de sus puntos clave e interpretaciones fue prácticamente inexistente. Las críticas se centraron, en  típico estilo español, en ataques ad hominem. La agresividad  enfatizaba especialmente la falta de credenciales académicas de Moa, insistiendo comúnmente en que sólo un “profesor” podía producir un trabajo histórico válido. Este argumento es aún más absurdo si se tiene en cuenta que la mayoría de los profesores de historia españoles suelen ser poco más que burócratas poco esforzados que producen escasas -y a veces nulas- publicaciones historiográficas.  Moa llegó a ocupar una posición única: el historiador más leído del país que, sin embargo, vive en un ostracismo permanente del sistema universitario y de los medios de comunicación establecidos.

El punto álgido de los primeros trabajos de Moa se produjo en 2003, cuando una importante editorial especializada, La Esfera de los Libros, publicó Los mitos de la Guerra Civil. Fue la sensación de no ficción del año en España, llegando a vender más de 150.000 ejemplares, lo que indica la sed de los lectores españoles por una historia crítica dispuesta a romper los tabúes míticos. 

Dado que los medios de comunicación establecidos y las publicaciones académicas ignoraban en general Los mitos, Álvaro Delgado-Gal, el perspicaz director de la Revista de Libros, la principal revista de libros del país, decidió romper el boicot de silencio buscando a un historiador no español para que reseñara el libro. Me invitó a emprender la tarea, y respondí con presteza.  Mi revisión puso de relieve cuestiones clave sobre las que Moa ofreció análisis  incisivos y nuevas interpretaciones significativas basadas en datos convincentes. Aunque varias de las interpretaciones de Moa podían ser cuestionadas, era responsabilidad de los académicos serios debatir o rebatir las cuestiones controvertidas en lugar de imponer una censura a priori. Mi conclusión fue que el libro, aun si fuera  imperfecto, era una contribución importante al debate sobre la Guerra Civil.

Se pidió a Santos Juliá, posiblemente el principal historiador socialista en este tema, que respondiera. Se limitó a repetir la cantinela de que Moa era inaceptable,  e incluso amenazó con mi “expulsión” del gremio de historiadores profesionales por atreverme a sugerir que el tema merecía un debate honesto.

Los mitos de la Guerra Civil no era otra historia general, sino un estudio de personalidades y temas clave que en la interpretación estándar de la izquierda habían sido mitificados, demonizados o simplemente tergiversados. El libro dedica capítulos individuales a 10 de las principales figuras, ofreciendo debates incisivos que a menudo difieren de los relatos habituales. En la parte principal se tratan 17 temas o aspectos clave, como el efecto de “armar a las masas”, la creación del “primer puente aéreo de la historia”, “la mayor persecución religiosa de la historia”, varias de las mayores atrocidades o supuestas atrocidades, el envío de la reserva nacional de oro español a Moscú, el carácter y el papel de las Brigadas Internacionales, varias de las batallas más importantes, la intervención y la no intervención, y la política y el papel de los dos líderes decisivos: El primer ministro del Frente Popular, Juan Negrín, y el general nacionalista Francisco Franco. El libro concluye con un examen del lugar que ocupa la Guerra Civil en la historia de España y en su historiografía.

El libro de Moa fue único en adoptar un enfoque temático y orientado a los problemas y en confrontar agresivamente los mitos dominantes. Debido a su carácter interpretativo, el efecto era polémico, aunque los análisis individuales estaban cuidadosamente razonados en su prosa típicamente lúcida y a menudo elocuente.

 Moa llegó a ocupar una posición única: el historiador más leído del país que, sin embargo, vive en el ostracismo permanente del sistema universitario y de los medios de comunicación establecidos. En otros países, los historiadores no académicos alcanzan a veces posiciones venerables, principalmente si exponen versiones piadosas y aceptadas sobre el pasado nacional. Moa, por el contrario, se ha convertido en un movimiento casi unipersonal que se enfrenta a la clase dirigente de la izquierda nacional, al ofrecer relatos e interpretaciones independientes de los principales problemas históricos. Su esfuerzo ha implicado casi inevitablemente un enfoque cada vez más polémico, una empresa solitaria que requiere una impresionante resistencia personal y valor moral.

El conocimiento histórico avanza principalmente de dos maneras: la ruta estándar es a través de nuevas investigaciones primarias; la menos frecuente pero más desafiante intelectualmente es el reexamen y nuevo análisis de trabajos anteriores. Sólo una parte menor de la producción de Moa se basa en la investigación primaria, refiriéndose la  mayor parte  al reenfoque  de materiales existentes que han sido ignorados o deliberadamente distorsionados en los relatos anteriores.

Moa sigue siendo un prolífico erudito y escritor que, en las últimas dos décadas, ha publicado  numerosas obras que también tratan temas históricos más amplios, entre las que destaca su impresionante  La Reconquista y España (2018), así como dos novelas y volúmenes de ensayos sobre diversos temas. Parece justo decir que ha desempeñado un papel más importante en la vida cultural e intelectual de su país que cualquier otro estudioso independiente en otros países, aunque siempre seguirá siendo un historien maudit (“historiador maldito”) para el inculto  establishment cultural español. Queda un pequeño puñado de profesores en las universidades españolas que hacen un trabajo serio, independiente y objetivo, y que hacen importantes contribuciones, pero tienen que ser muy cuidadosos para evitar los enfoques más controvertidos.

En mi propio trabajo, volví al tema de la Guerra Civil española más o menos en la época en que Moa empezó a publicar. Mi motivación inicial era aprovechar el nuevo material de los archivos soviéticos para dejar por fin clara la política soviética y comunista en España, un tema que siempre había suscitado polémica. Seis años de investigación acabaron convirtiéndose en La guerra civil española, la Unión Soviética y el comunismo (2003), tras lo cual hice un seguimiento de la sentencia de José Ortega y Gasset de 1938 de que lo más importante que había que saber sobre la guerra española era “cómo empezó”. Esta investigación me llevó a El colapso de la República Española, 1933-1936: Origins of the Civil War, que Yale University Press publicó en 2006. En los años siguientes siguieron otros estudios sobre diversos aspectos de la guerra, culminados por mi libro relativamente breve The Spanish Civil War, concebido como un resumen analítico para nuevos lectores y publicado en 2012 por Cambridge University Press como una entrada en su serie “Essential Histories”.

Mi otro trabajo de conclusión en este ámbito fue un esfuerzo por situar la revolución y la guerra civil españolas en su contexto histórico adecuado. Este contexto no fue la Segunda Guerra Mundial, en la que España no fue beligerante, sino las guerras civiles revolucionarias de Europa en esa época. Resumí este análisis en mi libro de 2011, Civil War in Europe, 1905-1949.

Durante el siglo XXI, la politización de la historia ha jugado un papel más importante en España que en cualquier otro país occidental, pues en ningún otro lugar (al menos hasta 2022, en Rusia) el gobierno ha propuesto leyes específicas de censura nacional que regulen la discusión e interpretación de la historia reciente. La primera legislación socialista española de 2006 no iba más allá de las subvenciones estatales para el proselitismo de ciertas versiones aprobadas de la historia; las nuevas propuestas, defendidas desde 2017, ordenan la supresión directa, las penas de prisión y las grandes multas. Todavía no se han podido encontrar los votos para la aprobación definitiva de esta medida estalinesca (ya los han encontrado,) , pero una vez más, como en tantas otras ocasiones desde 1821, la izquierda española ha pretendido ponerse a la cabeza de la radicalización política dentro de los países occidentales.

 

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