Mañana saldrá a las librerías Un libro definitivo, basado en los protagonistas, no en sus “traductores memoriadores”:
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Qué es la democracia para…
¿Qué es la democracia para la izquierda?: su poder absoluto. ¿Por qué? Porque ella representa al pueblo, o al pueblo trabajador. Asegura.
¿Qué es la democracia para los separatistas? La disgregación de España. Porque representan, afirman, a una raza superior a los demás españoles.
¿Qué es la democracia para los antidemócratas? El poder de los más ignorantes y viciosos. Porque ellos se creen muy virtuosos e ilustrados.
Todo esto podría ser cierto a) Si la democracia fuera el “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”(Lincoln). En realidad era el gobierno de Lincoln y su partido sobre el pueblo, con el apoyo de una parte de este. Es así y no puede ser de otro modo. b) Sería cierto si el pueblo fuera homogéneo y homogéneamente inculto y vicioso. Lo es parte –pero no todo– porque nunca tendrá “ideas altas” más allá de su interés más inmediato, o porque quienes le gobiernan tampoco las tienen (Azaña). El pueblo nunca apoya de modo homogéneo ni permanente a un partido u oligarquía, pero existe el peligro de que la parte peor de él imponga a oligarquías que lo reflejen. No obstante, también en ausencia de democracia pueden ser las oligarquías las peores posible, amparadas en el despotismo.
La democracia no es “el poder del pueblo”, un oxímoron. Es la selección periódica de oligarquías (partidos) mediante sufragio universal basado en las libertades políticas y en la garantía judicial. Basta exponerlo para comprender que en la España actual ello no ocurre. Unos partidos de pensamiento único se han especializado en el halago a la parte más atrasada del pueblo, en la falsificación de la historia, han impuesto leyes liberticidas, han corrompido gran parte del aparato judicial, y han socavado la unidad nacional, base histórica de toda posible convivencia en paz y en libertad.
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Los gloriosos años 40. Franco, ante el abismo de Hendaya: https://www.youtube.com/watch?v=Q0i6kaSwA48
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Crónica: ¡Son nuestros hermanos! ¡El pan de nuestros hijos!
**”Pero vamos a ver, idiotas, ¿qué tenéis contra Bildu? Son socialistas como nosotros. Son antifranquistas como nosotros. Son progresistas como nosotros. Son feministas, LGTBI, abortistas… ¡Son nuestros hermanos, ¿es que no lo veis?! Sí, quieren destruir España, pero ¿es eso tan grave? Además, ¿qué nos importa? Lo que cuenta es el progreso. Nuestro progreso”
**”Este Abascal nos toma por tontos. Quiere que le sigamos la corriente, cuando nos está quitando votos, nos está quitando el pan de la boca, ¡el pan de nuestros hijos! Y le llama a eso democracia. ¡Menudo cabrón! Cerremos filas contra él, junto con los demócratas del gobierno y los separatistas. ¡Es nuestro pan, es nuestro pan…!”
**Doctor en estafas y en burdeles/ Doctor en doctorados…/ Con mando en plaza.
**Ventosea por la boca el presidente. / Ha cumplido su deber. / Democrático, afirma.
**El Supremo francés aprueba entregar a Josu Ternera… a sus amigos en España.
**Pedir (humildemente) la oficialidad del español en España ya revela que ni los gobiernos centrales ni los autonómicos son legales. Son bandas de delincuentes. El golpe de estado permanente.
**El problema no es si el franquismo fue una dictadura o no. Es si la democracia pudo venir del franquismo o del antifranquismo. Cosa bien clara hoy. El antifranquismo es el cáncer de la democracia y de su base histórica, la unidad nacional.

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Intentos
**Dices mirar las estrellas /para olvidar las miserias de abajo/ ¿Y acaso no ven las estrellas / que unos lobos devoran a un asno?
** Nuestra razón busca y adora / la ley inexorable. / Y el azar asiente, irónico.
**¿No hay Dios ni sentido en la vida? /De acuerdo, pero entonces,/ ¿a quién te quejarás?
**Maldices al asesino / condenas al criminal… / ¿Y qué, acaso eres juez de la vida?
**En los ojos huecos de su calavera / acechaba todavía / la víbora.
**Lejos, muy lejos de aquí / brilla divertida la estrella / que devorará al planeta.
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Drake y las dos contraarmadas inglesas
La Gran Armada española de 1588 fue un desastre debido a los temporales mucho más que a los ingleses, que procuraron evitar el abordaje y cañonear de lejos con poca puntería en combates que tuvieron más de escaramuzas (propiamente solo consiguieron dañar dos o tres navíos españoles hasta provocar su hundimiento). Después, en una conducta típicamente clasista, los oligarcas ingleses gastaron grandes sumas en festejos y celebraciones, desatendiendo a sus propios marineros y soldados, que morían a millares de enfermedades, heridas y hambre, motivando quejas de cómo podrían contar con gente adecuada para nuevas empresas (Felipe II, en cambio, se preocupó de auxiliar a los enfermos y heridos que volvían a los puertos).
En cualquier caso, al año siguiente Isabel I consiguió reclutar a suficientes miles de hombres para tripular la gran Contraarmada, aunque, como se vería pronto, se trataba de personal poco entusiasta, a juzgar por sus numerosas deserciones y escasa combatividad. Sin embargo, esta Contraarmada estaba estratégicamente muy bien diseñada para aprovechar los puntos débiles de España: destruir los galeones que se reparaban en los puertos cantábricos, provocar la secesión de Portugal y ocupar una base en las Azores que permitiera interrumpir el tráfico con América. De haber tenido éxito, el desastre para España no habría sido menor que el de Lepanto si hubieran vencido los turcos. Una diferencia con la Armada española es que esta vez sí hubo batalla de verdad, en Lisboa, en la que los españoles, en inferioridad material castigaron muy duramente a sus adversarios. Ya hemos hablado aquí de esta campaña, prácticamente olvidada por la mediocre historiografía española hasta hace poco, igual que estaba olvidada la de Cartagena de Indias.
Pero hubo pocos años después en 1595, una segunda Contraarmada, también con excelente diseño estratégico: apoderarse de la mal protegida Panamá, para dejar cortados los dominios españoles, y amenazados en un punto neurálgico. Importaba mucho a la corte inglesa, porque el fracaso de la anterior aventura la había dejado en práctica bancarrota. Por ello, y por precaución, se intentó con una flota bastante menor, de 28 barcos, entre ellos seis galeones reales. El mando lo compartían Drake y Hawkins, los marinos ingleses más reputados. Pero, como en el caso anterior, pronto empezaron los reveses. Atacaron Las Palmas de Gran Canaria, y pese a su gran superioridad recibieron un duro golpe al intentar el desembarco, perdiendo varias barcazas y medio centenar de bajas mortales. El fracaso se repitió enseguida al intentar aprovisionarse en una bahía que creyeron desprotegida donde tuvieron varios muertos más, y dejaron prisioneros que informaron de la misión de la flota.
El objetivo primero de la flota era capturar en San juan de Puerto Rico un galeón desarbolado por una tempestad, que llevaba tres millones de pesos en plata. El aviso de los prisioneros hizo que desde España zarpasen enseguida cinco fragatas de nuevo diseño, pequeñas pero rápidas, maniobrables y bien artilladas. Tan rápidas que llegaron a la Antillas al mismo tiempo que los ingleses. Un primer combate en la isla Guadalupe se saldó con la captura de un barco inglés tripulado por 75 hombres de los que solo sobrevivió un tercio. A continuación, las fragatas se adelantaron hasta San Juan, que se hallaba muy mal protegida. Hawkins, entre tanto había muerto de enfermedad. El intento de desembarco fue repelido causando más de 400 muertos a los de Drake contra solo 40 españoles. Tras un segundo intento con menos brío, Drake levó anclas y perdió algún tiempo saqueando puntos indefensos para elevar la moral de sus hombres, aunque tuvo nuevas pérdidas, mientras las fragatas volvían a España con el tesoro que Drake no pudo capturar.
Por fin los ingleses atacaron Panamá, pero una resistencia inesperada a cargo de 70 hombres en un fuerte, y la llegada de un pequeño auxilio, les hizo retirarse con abundantes bajas. Poco después fallecía Drake, al parecer de disentería. Su segundo, Baskerville, derrotado en Panamá, fue a repararse y aprovisionarse en la isla de Pinos, donde fue sorprendido por una flota española que les ocasionó nuevas pérdidas y numerosos prisioneros. En fin, los restos de la flota inglesa huyeron como pudieron a Inglaterra, adonde solo llegaron ocho de los 28 buques originales.
En las dos contraarmadas Drake reveló una amplia visión estratégica, pero también ineptitud para manejar grandes fuerzas y cumplir su designio. Su especialidad era el corso, el ataque repentino y por sorpresa, con grupos navales pequeños, y las dos veces fracasó, bien por haber perdido el factor sorpresa bien por topar con una resistencia improvisada pero eficaz. Su habilidad organizativa era también escasa, de modo que en ambas ocasiones anduvo pronto corto de víveres e incluso de agua, esperando obtenerlos mediante saqueos, lo que le hizo perder tiempo y sangre en operaciones menores.
Cabe señalar que 145 años después los ingleses intentarían un ataque estratégico muy parecido en Cartagena de Indias, con la mayor flota que había cruzado el Atlántico. Resultando de ello un desastre de mucha mayor envergadura para los atacantes, asimismo olvidado hasta hace poco por la mayoría de nuestros historiadores.