Como siempre, invito a mis lectores a difundir y debatir los contenidos del blog, si creen que merecen la pena.
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En una Constitución defectuosa se encuentra la raíz de muchos de los males que hoy sufrimos. Quizá los errores eran inevitables ante una experiencia nueva, pero desde entonces no se han corregido, sino agravado. Y es precisa una reforma a fondo, que los partidos del tercer frente popular intentan imponer como el práctico desguazamiento de España combinado con su disolución en la UE https://www.youtube.com/watch?v=fpKmfDO683w
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P. Ud atribuye el poco éxito de su libro sobre Europa a la paradoja de que todo el mundo es europeísta, pero sabe muy poco de Europa y además no tiene interés en saber. Pero también podría deberse a un enfoque no científico, pues generalmente se entiende por tal un enfoque basado basado en la economía.
–Si fuera así, habría habido un debate. No, simplemente no hay interés. El intelectual medio español, tomando lo de intelectual en sentido muy amplio, es muy cosmopaleto, quiero decir muy provinciano con pretensiones cosmopolitas. Eso se lleva cultivando mucho tiempo y no va a erradicarse en mucho tiempo. Diría que El País viene a ser el gran órgano de ese cosmopaletismo.
P. Pero se interpreta que usted niega importancia a la economía.
–No la niego, solo que no la sitúo en el centro de la actividad humana. La economía exige también ideas, no es algo por así decir automático, como en el animal. Ya he explicado cuál es el nudo de mi argumento: la historia de Europa es la historia del desarrollo de la tensión propia del cristianismo entre razón y fe. Se suele decir que entre Jerusalén y Atenas, pero yo creo que la importancia de Jerusalén es relativamente escasa. San Pablo estuvo poco en Jerusalén, fue allí muy mal recibido, casi lo linchan, y no por nada, sino porque, en definitiva su doctrina es en puntos esenciales contraria a la de la Biblia. La economía no proviene directamente de las ideas religiosas, pera estas le influyen, como influyen sobre la política, el arte o la ciencia.
P. Usted hace comenzar la historia de Europa en la II Guerra Púnica. Esto también es una novedad que no suele ser aceptada.
–La historia europea comienza propiamente entonces, lo mismo que la de España. Antes había una dispersión de pueblos sin ningún rasgo cultural específico que los uniera como “europeos”. Es absurdo comenzar la historia de España en Atapuerca, como si entonces existiera algo parecido a España. Europa como conjunto cultural, es una creación de Roma, tanto del imperio como del cristianismo, y España es una creación particular de ambos. Si no se ve así, no se escribe de historia, sino de otra cosa. Las épocas anteriores exigen estudios de otro tipo, no propiamente historiográficos, si exceptuamos Grecia, pero esta es una cultura euroasiática, muy limitada política y geográficamente, que la Europa posterior, empezando por Roma, se apropió.
P. Hay en su libro tros puntos de vista poco aceptables para la historiografía corriente.
–No sé si aceptables o no, me parecen evidentes una vez se examinan. Por ejemplo, el papel de las órdenes religiosas, en especial de los benedictinos, para salvar la civilización en medio de la barbarie, o la temprana división del continente en “tres Europas”, la de las naciones en el arco occidental, la de los imperios centrales y la de los imperios orientales. El arco de las naciones, de España a Escandinavia es el responsable de la expansión mundial de la civilización europea, especialmente por parte de España e Inglaterra. También creo que es bastante nueva la división que propongo en edades, que va más allá de la mera nomenclatura, el enfoque del papel de España en el despliegue europeo, la concepción de las ideologías, de las dos guerras mundiales del siglo XX, la propia concepción de la decadencia europea como ligada a unas ideologías prometeicas… Opino que cualquiera que observe la historia con los ojos abiertos tiene que llegar a las mismas o parejas conclusiones…
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La Reconquista es un fenómeno sin equivalente en ningún otro país. No solo es la historia de la lucha contra la invasión musulmana, sino también contra las fortísimas tensiones disgregadoras que ocurrieron en su curso, lucha que llevó a recomponer, en lo esencial, la nación fundada por Leovigildo y Recaredo, sin cuyo precedente la península habría quedado dividida en cuatro o cinco estados hostiles entre sí.

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