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Sitios de interés
De una huelga en la Escuela Oficial de Periodismo
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![Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/41x%2B9j5cNIL.jpg)
(Recuerdos sueltos)
Como es sabido, tras el fracaso del maquis en su intento de encender de nuevo la guerra civil, el PCE se orientó con la mayor desenvoltura a una táctica de “reconciliación nacional” –el pueblo estaba casi todo él reconciliado, como prueba el propio fracaso del maquis— y de infiltración en los sindicatos, en la universidad y en el mundillo intelectual. Esa táctica ya estaba diseñada grosso modo en el informe de Dimítrof al VII Congreso de la Comintern sobre los Frentes Populares. Se trataba de disimular el verdadero carácter propio invocando consignas antifascistas y democráticas, y ganar puestos de representantes, desde los cuales sabotear más eficazmente el sistema capitalista.
De modo que me presenté a delegado. Mi curso era el tercero y por entonces el más alto, porque a nuestra promoción le correspondería estrenar el cuarto; y según el reglamento, el delegado del último curso lo era también de toda la escuela, una norma intencionada porque se suponía que, estando ya a punto de terminar la carrera y buscar trabajo –que entonces era muy fácil–, la gente se volvía menos amiga de jaranas reivindicativas. En las elecciones solían competir unos cuantos alumnos por razones diversas: esperanza de obtener mejor trato de los profesores en los exámenes o alguna otra ventaja, vanidad, o por hacer algunas tareas poco claras con buenas intenciones de “representar a todos”, de “mejorar la escuela” y similares. Por mi parte elaboré una serie de puntos concretos a reivindicar, entre ellos que la EOP dejara el Ministerio de Información y Turismo y pasara a depender del de Educación, y otros que no recuerdo. También protesté del sistema de elección, pidiendo que el delegado general lo fuera tras unas votaciones de toda la escuela, algo que no ocurrió, pero no dejaba de ser un motivo para fomentar el descontento.
Diría que entonces estaba como director Bartolomé Mostaza, periodista que, por lo que leo en Internet, había pasado de la Falange y del Arriba al Ya, y era muy europeísta, más o menos democristiano y moderado, evolución frecuente en el régimen. Pero tal vez me equivoque y Mostaza solo estuviera como director en mis primeros años. En cualquier caso, todo el conflicto que luego resumiré tuvo lugar con Emilio Romero de director y Luis María Ansón de subdirector. El primero procedía de la Falange y dirigía el diario de los sindicatos Pueblo, y el segundo era y es un monárquico juanista muy temido por el régimen, según él mismo ha reconocido: tan temido que el régimen le encargó la formación de los futuros periodistas. Bastantes años después, Ansón me permitiría escribir en ABC, algo muy de agradecer por mi parte, aunque su orientación política nunca me infundió mucho respeto.
El funcionamiento de la escuela estaba muy reglado y no había ningún ambiente de rebeldía, como mucho cierto cinismo sobre el oficio de periodista que, “ya se sabe, es la voz del amo que le paga”; uno de los muchos tópicos tontos, pues unas veces ocurre y otras no. Me di cuenta de que, dijera la dirección lo que dijera o quisiera lo que quisiera, yo tenía el arma del trato más inmediato con la gente, y que bastaba muchas veces comunicar a los alumnos una información de arriba, dándole un ligero tonillo sarcástico, para desacreditarla. Por lo demás, yo preparaba lo que debía decir en las asambleas, con moderación aparente –también es verdad que yo creía en lo que decía–, de modo que generalmente triunfaba sobre los contrincantes. Al mismo tiempo procuré movilizar a los elementos más “progres” y atraer al partido al que viera mejor dispuesto; aunque fallé en el caso de uno que ya estaba con los “pro chinos” y consideraba contraproducentes aquellas tácticas, porque ponían en manos de la represión a quienes las empleaban. En el PCE(r) yo también llegué a pensar así, y de hecho las CCOO y el Sindicato Democrático de Estudiantes habían sido descabezados en buena medida un año o dos antes. Pero el PCE tenía más razón: si se lograba mantener un equilibrio entre el activismo y la amenaza policial, se podía avanzar bastante en la “concienciación” de la gente y en el fomento de huelgas y otros movimientos subversivos. Además, el régimen había aprendido que detener a representantes, sindicales o estudiantiles, solía traer como consecuencia más agitación, noticias de prensa y mala imagen exterior. No se rendía a esas presiones, pero es obvio que le molestaban y procuraba evitarlas.
Resumiré, como digo, en parte porque apenas recuerdo los detalles. Junto con alguno que entró por entonces en el PCE y otros del sector progre, organizamos una huelga que creo fue la primera en la historia de la escuela. Resultó muy instructiva la demagogia de Emilio Romero y más todavía la de Ansón, que procuraba dividirnos elogiando mucho, contra mí, a algunos de mis seguidores, procurando aislarme. No lo logró, la huelga salió a la calle y llegó a la prensa, hubo cierto barullo y finalmente la dirección cedió. La policía anduvo en torno pero no hizo nada. En una asamblea, entre las risas de todo el mundo, incluida la mía, Romero me ofreció hacer las prácticas de verano en el diario Pueblo, cosa que acepté. Conseguimos total libertad para exponer carteles, lo que utilizamos a fondo, criticando desde la guerra de Vietnam hasta las numerosas casas desocupadas existentes; un fondo para conseguir y vender libros a bajo coste, que eran siempre de tinte marxista, incluyendo algunos prohibidos como La función del orgasmo, de Reich; traer a conferenciantes de nuestra cuerda y unas prácticas de radio en la propia escuela que se convirtieron en un continuo ataque “antifascista”; etc. La mayoría de los alumnos aceptaba aquello con bastante pasividad, aunque el ambiente iba cambiando considerablemente en sentido izquierdista. Algunos rezongaban, pero eran totalmente incapaces de dar la batalla con carteles o actividades contrarias.
Otra aparente ganancia de la huelga fue que Romero nos permitió formar una comisión para trazar unos planes de estudio con vistas al paso al Ministerio de Educación. Incluso la escuela nos pagó algunas “comidas de trabajo”. Enseguida entendí la trampa: una comisión de profesores hacía lo mismo en paralelo, y, desde luego, no iban a hacer el menor caso de nuestras propuestas. Además, hubo un desacuerdo fundamental: yo quería que Periodismo funcionase como una escuela especial con tres cursos muy prácticos, y mis compañeros de comisión estaban embelesados con la perspectiva de una facultad de cinco años (que diseñaban los profesores) y la convalidación del título. Para entonces yo estaba algo cansado, también de la falta de seriedad, manía de titulitis y caradura de otros compañeros que, después de haberse mostrado reticentes a la huelga –sin entender, claro, quiénes estábamos detrás—ahora eran los primeros en querer aprovecharse de los resultados conseguidos. Además, para entonces yo dudaba mucho de la línea carrillista después de leer La revolución proletaria y el renegado Kautski, de Lenin, así que fui desentendiéndome, burlándome un poco de todo el asunto, mientras me aproximaba a la OMLE, como relato en De un tiempo y de un país.
Es sorprendente la cantidad de progres e izquierdistas salida de los estudios de periodismo. En parte al menos, el proceso tuvo su inicio entonces. Yo diría que donde recogió más fruto la táctica de infiltración y agitación del PCE no fue en las fábricas, desde luego, sino en la universidad. El clima creado en la Transición por la agitación de izquierdas, la actitud de la mayor parte de la prensa, el respeto casi general al marxismo y la parálisis de ideas de la derecha fueron sus mayores logros. Pero, ironías del destino, sería el PSOE, un grupo entonces insignificante que no hacía casi nada práctico contra Franco, quien recogiera los frutos de la empeñada labor comunista. Y aún más irónico que el PSOE fuera promocionado por todos los medios, por la derecha misma, a fin de oponerlo al temido PCE.
Creado en presente y pasado
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Cretinismo intelectual
–Su historia de la Reconquista ha sido tildada de “tradicional y nacionalista española”.
–Bueno, la situación de la universidad es tan pobre que en lugar de argumentos hay etiquetas. Pero en un sentido sí es tradicional. Hoy existen dos puntos de vista básicos: el tradicional, es decir, una reconquista que reconstruyó la nación española; y el antitradicional: no existió España antes de los árabes, y durante los siglos siguientes solo reinos cristianos muy diversos y a la greña, sin raíz en la situación preislámica, que se inventaron una ficticia relación con el reino godo y terminaron expulsando a los musulmanes, que tenían una cultura muy superior; y a base de mentiras terminaron uniéndose excepto Portugal, en una unidad puramente personal y más bien ficticia. Este punto de vista es el que predomina hoy en la universidad, hasta el punto de que algunos cretinos prohíben a sus alumnos usar siquiera el término “Reconquista”.
–Pero esa descripción de la Edad Media española dividida en distintos reinos cristianos que se peleaban entre sí es cierta.
– Claro que es cierta. Pero no es el único hecho ni el fundamental. Eran reinos que reivindicaban el anterior hispanogodo y por encima de las reyertas y particularismos se consideraban españoles. Es decir, al mismo tiempo que esas tendencias disgregadoras había otras integradoras o unificadoras. Y estas fueron las que prevalecieron, y hay que estudiar el proceso desde ese punto de vista. Si hubiera prevalecido la balcanización de España, no podríamos hablar de reconquista, sino de otra cosa. Pero vamos a verlo con más claridad: desde hace tiempo, y sobre todo desde el “desastre del 98″, se ha formado una tendencia intelectual, basada en la Leyenda Negra, que niega la realidad histórica de España o la retrotrae a tiempos muy recientes para quitarle arraigo. No solo están los separatistas o los movimientos utópicos, casi peor son los regeneracionistas, con Ortega a la cabeza. Esos niegan la realidad histórica de España, o la reducen a un hecho geográfico, o a una enfermedad, lo que es una insigne estupidez. Y de ahí su empeño en negar, o en su caso denigrar, la Reconquista. Por eso tildan de “nacionalismo español” una versión que realmente no precisa demostración, porque es una evidencia. España existe y tiene una larga historia, mal que les pese. Ellos desean disgregar o disolver o “regenerar” a España, pero para ello necesitan tergiversar la historia real, lo que es muy significativo. Salvando las distancias, se parece mucho a los intentos de derrotar post mortem a Franco en nombre de la democracia: para ello tienen que atacar los elementos más fundamentales de la democracia. ¿No es demostrativo?
–Siendo así, ¿en qué difiere su historia de otras tradicionales? ¿Hacía falta repetir lo de siempre?
–En primer lugar sostengo que se trató de una empresa política. Muy ligada a la religión, pero política. Y conviene distinguir. El aserto, creo que de Menéndez Pelayo, de que el catolicismo creó la unidad de España y que sin él volveríamos a las tribus prerromanas es un disparate. La unidad cultural de España la creó la Roma pagana, el catolicismo de la última época no pensaba en España sino en el Imperio romano; y fue el arriano Leovigildo quien planteó a España como nación, dotándola de un estado propio: su hijo Recaredo completó el proceso al hacerse católico, pero su otro hijo, el católico Hermenegildo pudo haber destruido el designio de su padre. Durante la Reconquista, la influencia de la Iglesia fue, en líneas generales, favorable a la unidad de España, pero no siempre, como sabemos: los intereses podían coincidir o no. Decir que España era (y en gran parte sigue siendo) católica, es cierto. Pero identificar catolicismo y España como hacen algunos tradicionalistas, no lo es. Y hay otras muchas cosas en las que discrepo de las versiones más tradicionalistas. Por ejemplo, de la “herencia temperamental”, tan cara a Sánchez Albornoz. Este es el mejor medievalista español del siglo XX y nadie le ha superado hasta ahora, pero su “temperamento” le hace ver, por ejemplo, una “España musulmana”, que, por cierto, han recogido todos los hispanófobos que ahora presionan por una inmigración musulmana sin tasa.
– En cuanto a su nacionalismo español…
–Sí, claro, soy nacionalista español, porque creo que sería un gran desastre la balcanización de España, su división en unos cuantos estaditos impotentes y mal avenidos, juguete de intereses de otras potencias… Vea el caso de Portugal, una semicolonia inglesa; y Cataluña caería de lleno en la esfera francesa. Por cierto, no creo que una hipotética unión con Portugal nos fuera a traer más que problemas. Es un hecho histórico muy asentado y no hay que darle más vueltas. Creo también que una nación con la enorme densidad cultural y política de España no debe disolverse en una “Europa” LGTBI que intenta abolir el pasado y crear una situación de “despotismo democrático” como la que denunciaba Tocqueville… España tiene un serio problema con sus intelectuales. Aunque casi no viene al caso, el otro día comentaba con una amiga la actitud ante la dictadura de Primo de Rivera. Fue una dictadura muy liberal, que no solo impulsó el progreso económico como nunca antes desde la invasión napoleónica, sino que además curó cuatro auténticos cánceres del país: el terrorismo o pistolerismo anarquista, la guerra del Rif, unos separatismos que ya se disponían a la acción armada, y el golpismo y demagogia del PSOE, que pasó a moderarse y colaborar con Primo de Rivera. ¡Unos logros fantásticos en menos de siete años! Pues bien, la mayoría de los intelectuales sobre todo los más influyentes, como Unamuno u Ortega, se pusieron a disparatar como auténticos orates contra un régimen que quería institucionalizarse en un bipartidismo con un gran partido de derechas y otro de izquierdas, un PSOE civilizado. Pues nada, aquellos botarates lo que querían es lo que tuvieron y tuvo el país: una república caótica en rápida degeneración hacia el crimen. Y a día de hoy no se ha aprendido la lección.

Sin conocer el pasado no es posible entender el presente
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Los años dorados del franquismo y el “milagro español”: https://www.youtube.com/watch?v=pzfMPUSWdII
Creado en presente y pasado
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Negrín, el hombre de Stalin
Negrín, venía a ser la antítesis personal de Largo Caballero y rara avis en el propio PSOE y su UGT, donde predominaba un ambiente un tanto puritano en materia sexual, y admirador, al menos teórico, de la sobriedad, incluso “la pobreza honrada”. Ajeno a preocupaciones sindicales en un partido que hacía de la “causa obrera” su razón de ser, rico, médico bastante reconocido, políglota, cosmopolita, sibarita y mundano, tampoco era propiamente un intelectual, pues apenas escribió de cualquier tema ni explicó sus puntos de vista o sus creencias o las razones concretas de sus actos. Si Largo creía firmemente en algunas fórmulas o enfoques marxistas (al menos hasta sus choques con correligionarios y comunistas), Negrín nunca demostró fanatismo alguno al respecto, y no sabemos si conocía o le interesaba mucho o poco la teoría de Marx o de Lenin. Su adscripción al PSOE resulta por ello algo chocante, pues sus actos y actitudes retratan más bien a un tipo de profesional acomodado, pragmático ante todo, ateo o agnóstico pero política e ideológicamente escéptico. Y sin embargo resultó el político más consecuente y hasta despiadado en su defensa del Frente Popular, a toda costa y a todo coste humano.
Al prepararse la insurrección de 1934, Besteiro había denunciado que Largo, Prieto y los suyos pretextaban un peligro fascista que sabían inexistente a fin de justificar una insurrección de la que saldrían “empapados y tintos en sangre” para emprender inevitablemente una segunda guerra civil con otras fuerzas de izquierda. La denuncia de Besteiro sonaba más acorde con el temperamento de Negrín, que sin embargo optó por la insurrección, si bien en segundo plano. Y al no ser perseguido después, pasó a ejercer como presidente de hecho del grupo parlamentario del PSOE, al cual no ilegalizó el supuesto gobierno fascista, a pesar de la insurrección. La actitud parece coherente, no con criterios ideológicos sino con el resentimiento provocado en el PSOE por su gran derrota en las elecciones de noviembre de 1933: entonces lo había comisionado su partido para presionar al presidente de la república, Alcalá-Zamora, en pro de la anulación de unas votaciones tan dañinas a su partido. Sin duda se identificaba con los intereses del PSOE, pero parece que más en un plano de conveniencia práctica que doctrinaria. Lo cual no hacía de él, ciertamente, un demócrata ”burgués” o liberal. Aceptó sin reparo las elecciones de febrero del 36, pese a su evidente anormalidad y se situó más cerca de Prieto que de Largo, lo que tampoco implica actitud democrática ni moderada.
Al reanudarse la contienda en julio de 1936, Negrín contempló, como los demás líderes, la tremenda violencia revolucionaria, ante la cual no demostró incomodidad moral o política, aunque tampoco es probable que le gustase especialmente: como tantos otros, la daba por necesaria, como un coste inevitable de la revolución. Luego se sumó, obviamente, a las maniobras de Prieto, Azaña y los comunistas para derribar a Largo, pero tampoco aparece entonces en primer plano, por lo que su elección como sucesor del defenestrado siempre ha llamado la atención. Realmente no sabemos a qué se debió. Azaña dice que le gustó por su energía y claridad mental, pero la caída de Largo se debió a las maniobras comunistas en Cataluña y luego en el gobierno, en connivencia con Prieto. Y al margen del agrado de Azaña, Negrín había sido el máximo autor del envío del oro español a la URSS, hecho determinante en la evolución del Frente Popular, por lo que también para el Kremlin tuvo que ser un motivo de satisfacción, no menor que el de Azaña.
Como jefe de gobierno, Negrín no trató de dirigir la guerra al modo de Largo, sino que la dejó en manos de Prieto al principio, y solo en su segundo gobierno se ocupó directamente del ministerio correspondiente. Lo cual se tradujo en un mayor poder comunista en el ejército, la policía y la política, si bien no en éxitos militares. También creó, un tanto ilegalmente, un nutrido cuerpo de carabineros con hombres de buena estatura e instrucción, pero que no protagonizaron ninguna acción bélica brillante. “Guardia de corps” le llamaron algunos y, según Santiago Carrillo, demostración de que era persona independiente y no títere de Moscú.
Desde su acceso al poder, Negrín iba a manifestarse como el más fiel aliado y servidor de la política del Kremlin, con algunos desajustes menores. Stalin deseaba la aniquilación del POUM y la marginación de los anarquistas, y ciertamente las tuvo. Cuando Prieto trató de frenar los avances comunistas, como había hecho Largo Caballero, Negrín terminó destituyéndolo y reforzando aún más la presencia comunista en los órganos armados y de poder. También siguió tolerando el montaje policíaco de los servicios secretos soviéticos, independiente del gobierno y con cárceles igualmente secretas en España. No vaciló en utilizar al ejército, a su vez, para intimidar a un cada vez más temeroso y maniobrero Azaña. Una vez desechada la esperanza de victoria, a Moscú le interesaba mantener todo el tiempo posible una guerra tan lejana de sus fronteras y tan próxima a Francia e Inglaterra, y no cabe duda de que Negrín cumplió muy bien el designio, siempre a la espera de que la contienda europea estallase entre ambos países y Alemania.
La conducta de Negrín, largo tiempo condenada por los propios socialistas, ha sido reivindicada en los últimos años y originado uno de esos típicos debates bizantinos: “¿Era Negrín un agente de Stalin o bien un demócrata que no había tenido más remedio que entenderse con la URSS para salvar “la república”? La verdad es que Negrín no tenía necesidad de ser un marxista-leninista ni de ilusionarse con los supuestos logros soviéticos para servir la política de Moscú en España. Le bastaba con su pragmatismo y sentido de la lógica, y es evidente que en todas sus disputas con Largo, Prieto o Azaña, él fue el más racional. Largo y Prieto habían sido coautores del envío del oro, y Azaña, engañado o no, lo había consentido finalmente; pero no querían darse por enterados de sus consecuencias. Sus lamentaciones debían sonarle a Negrín puerilidades patéticas, y sus intrigas una traición en beneficio de Franco. En todo lo cual acertaba, sin duda. Algunos autores afirman que “no tenía intención de entregar el Frente Popular a Stalin”, aserto realmente cómico: ya lo había entregado al comienzo, junto con el oro. Y contra ese cepo se debatían inútil y desesperadamente los adversarios a destiempo de Negrín y de Moscú. Es obvio que aquella política suponía alargar los sufrimientos de la población y aumentar sin fin previsible el número de víctimas. Negrín no manifestó el menor escrúpulo por tales costes, ni tampoco preocupación por el hambre y desabastecimiento creciente en su zona.
Otro rasgo clave de su mentalidad fue la organización, desde que era ministro de Hacienda, de la requisa masiva de bienes públicos y privados, descerrajando las cajas de seguridad de los bancos, expoliando museos, montes de piedad, iglesias, bienes del patrimonio histórico y artístico, etc. Con tales métodos acumuló un tesoro ingente con vistas, en apariencia, a garantizar un exilio sin problemas económicos a sí mismo y a sus seguidores. El plan incluía seguramente el traslado de las obras del Museo del Prado, así como la enajenación de los bienes del estado en el extranjero, a la que se había negado Azaña. Es decir, Negrín, como miembro de un “gobierno de la Victoria” y luego como jefe del segundo, pensó desde el primer momento en la posibilidad de la derrota final, un dato que revela un carácter extremadamente cauto y previsor. Si bien su previsión no llegó, como se quejará amargamente en el exilio, a impedir que Prieto le hurtase limpiamente en Méjico una gran parte de aquellos tesoros, transportados allí en el famoso yate Vita, asunto que trataremos más adelante.
Por haber perdido la guerra a pesar de todos los sacrificios impuestos, y por haber favorecido a los comunistas (pero no por la cuestión del Vita) Negrín recibiría las peores descalificaciones de sus correligionarios, que le expulsaron del PSOE. Tales condenas obedecieron también al clima de la guerra fría, en la que los jefes exiliados del PSOE optaron fervientemente por los anglosajones, de quienes esperaban volver a gobernar, abandonando sus querencias por la URSS. No ha sido hasta el gobierno de Zapatero cuando Negrín fue rehabilitado y readmitido post mortem en el partido. Y desde hace años, cierto número de escritores, como G. Jackson, E. Moradiellos, P. Preston, R. Miralles, A. Viñas y otros, escandalizados por las viejas “condenas, vilipendios y difamaciones” caídas sobre Negrín, han escrito abundantemente en reivindicación de la memoria del, en su opinión, gran estadista y héroe que defendió hasta el final la “república democrática”. Opinión que seguramente compartiría Stalin y que al menos nos permite hacernos una idea de lo que entienden por democracia esos notables autores.
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VOX y la trampa que se cierra / Lo nuevo en “La Reconquista y España”
* Han estado muy en su punto los abucheos del “orgullo” a los cantamañanas de C´s que quieren hacerse los amigos de la mariconería (con permiso de la ministra) y de sus odios.
* VOX no puede admitir en Madrid ni en ningún lado que las pandillas del PP y C´s lo traten como un felpudo. Ya cayó en la trampa de intentar hacerse “respetable” para los mafiosos. Si ahora permite que estos le ninguneen, la trampa se cerrará sobre VOX, que perderá toda respetabilidad. Debe ser muy consciente de ello.
La Reconquista fue un largo y complicado proceso político-militar: un país cristiano y latino con cierta impronta germánica previamente destruido por una invasión musulmana, logró reconstituirse en la mayor parte de la península ibérica. Fue también un proceso único, sin ejemplos en la historia de otros países que faciliten su comprensión al compararlos. He procurado dejar en claro estos elementos, que a menudo quedan nebulosos o confusos en otros estudios.
1.- Según muchos autores, no habría existido tal nación hispanogótica, por tanto tampoco reconquista, sino la formación de reinos peninsulares cristianos y finalmente de España, sin relación con el reino-nación hispanogodo anterior. La propia España resultaría culturalmente de la mezcla de elementos cristianos, musulmanes y judíos. En el libro expongo las contradicciones, realmente absurdas, a que conduce esta versión.
2.- La invasión islámica ha sido negada por unos autores o difuminada por otros como un proceso mayormente pacífico y facilitado por el odio de la población a un estado hispanogodo ajeno y opresivo. En el libro expongo cómo debe entenderse la invasión en el contexto de una expansión islámica yijadista arrolladora desde India hasta el sur de Francia, contexto generalmente desatendido en las explicaciones corrientes. Su éxito en España se explica suficientemente por ese impulso combinado con las divisiones dentro del estado hispanogodo, debilitado además por sequías y pestes.
3.- La Reconquista tuvo un esencial componente religioso y de civilización, pero por lo común los estudios sobre la Reconquista apenas prestan atención al fundamento religioso, dándolo por sabido o por secundario. Ello constituye un grave defecto historiográfico que da pulgar, por ejemplo, a la acuñación de conceptos absurdos como el de “la España islámica”, incluso en autores en otros aspectos excelentes. Por eso he dedicado algunos capítulos a exponer los rasgos básicos del cristianismo y del islam, con atención al componente yijadista del segundo.
4.- Muy a menudo se insiste en la superioridad cultural de Al Ándalus sobre España. Por eso he distinguido la cultura de élite (arte, pensamiento, ciencia…) de la cultura popular. En la primera, la superioridad islámica duró algunos siglos, para estancarse y ser superada por la cristiana y española según se desarrollaban las universidades. En cuanto a la cultura popular (costumbres, artes y técnicas menores, derecho, posición de la mujer, etc.) no cabe hablar de superioridad de Al Ándalus en ningún momento.
5.- Creo que ninguna otra historia ha mostrado el carácter despótico y propiamente extranjero del gobierno andalusí, bien explícito en la descomposición del califato omeya en taifas: pese a que para entonces la mayoría de la población de Al Ándalus ya se había islamizado (población muladí), prácticamente ninguna taifa fue gobernada por muladíes, sino por los componentes del ejército, fueran árabes, bereberes o eslavos. En Al Ándalus eran inimaginables fenómenos como las Cortes o la primera declaración de derechos.
6.- Es muy raro que en las exposiciones generales sobre la Reconquista se trate la tensión entre el elemento político y el religioso, pero la hubo y tuvo gran importancia, por ejemplo en la constitución de Portugal al margen del resto de España. Esto relativiza una concepción muy extendida que identifica excesivamente a España con el catolicismo, dando a esa identificación un valor positivo o negativo, según autores.
7.- Así como la invasión de España entra en un vasto contexto de expansión guerrera islámica, la Reconquista lo hace también en un contexto europeo que crea dos españas iniciales, la cantábrica y la pirenaica, y origina luego numerosas tensiones con repercusiones políticas entre la cultura original de España y la traída de Francia e Italia. Estos elementos tampoco entran en la mayoría de las historias al respecto.
8.- Las cambiantes circunstancias políticas y militares crearon varios reinos peninsulares. Todos se consideraban cristianos –lo que los emparentaba con el resto de Europa occidental–, y españoles –lo que los identificaba por encima de sus diferencias y querellas políticas–. Sin embargo el resultado más “normal” habría sido que los intereses particularistas hubieran primado dibujando una península semejante a la balcánica, dividida entre cuatro y más reinos que habrían derivado en nuevas naciones. El caso de Portugal sería en principio el modelo. Pero Portugal fue la excepción, un hecho que debe ser planteado y explicado. Entre las tendencias disgregadoras y las integradoras existentes en toda sociedad humana, la mayor fuerza de las segundas en este caso no suele ser bien explicada (o siquiera planteada) en la mayoría de las historias.
9.- Otro punto importante es la posición hegemónica que fue alcanzando Castilla en todos los terrenos. Según Ortega, “Castilla hizo a España y la deshizo”, replicada por Sánchez Albornoz con “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”, frases ambas tan sonoras como evidentemente falsas. El hecho real es que Castilla, sin estar en el origen de la Reconquista y siendo durante largo tiempo un factor más de disgregación que de integración, adquiere tras su reunificación con León, un impulso político, militar y, lo que importa más, cultural, superior al de los demás reinos. En el libro trato de explicar el fenómeno por la mayor libertad personal en Castilla y por la mayor fuerza adquirida por sus universidades.
10.- Al desarrollarse la Reconquista en un proceso tan largo, las transformaciones sociales, económicas y demográficas, aunque por naturaleza muy lentas, fueron también intensas. Lógicamente, la sociedad previa a la invasión islámica y la resultante de la Reconquista, habían cambiado grandemente. También es preciso constatar –como problema– cómo la España final cobró una fuerza expansiva extraordinaria, tanto que en poco tiempo se convirtió en primera potencia europea y con un impulso navegador y descubridor sin precedentes en la historia humana. En las historias corrientes esto no suele plantearse.
Creo que estas razones bastan para, sin falsa modestia, proponer La Reconquista y España como la mejor obra de síntesis sobre el tema escrita hasta ahora. Lo cual no quiere decir que no contenga errores de detalle (siempre se cuelan) o que con ella quede solventado cualquier problema al respecto. Por el contrario, supone la elevación de la problemática a un nivel superior, que otros desarrollarán si quieren, y a un necesario debate que supere falsos problemas sobre la invasión, las “tres culturas”, la “consustancialidad religiosa”, la “formación de España”, etc.
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Iniciativas. Propongo a quienes tenga medios e interés un documental con el título: “Madrid, capital de España o colonia inglesa?”. Se trataría de recoger la vasta presencia del inglés como lengua estimada superior por todas partes, en carteles, banderas británicas en ropas, mochilas y colegios “bilingües”, etc. Creo que la mera exposición de estas realidades haría innecesarios muchos discursos.
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Los años dorados del franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=pzfMPUSWdII
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