La ETA como vergüenza inconfesable de una democracia fallida.

Debido al cambio de emisora a Radio Ya, el programa Una hora con la Historia se encuentra en seria dificultad económica, por lo que reiteramos a nuestros oyentes la necesidad de sostenerlo. Algunas personas creen que la labor cultural debe ser gratuita, en parte porque mucha  de ella es subvencionada por los gobiernos, que nos obligan así a todos a contribuir aunque se trate de una cultura muy dudosa. Todos sufragamos, nos guste o no, la propaganda y otras actividades de la “memoria histórica”.  Y “Una hora con la Historia” trata precisamente de contrarrestar esa propaganda seudocultural y seudohistórica. No tenemos subvenciones ni las queremos, queremos en cambio que nuestros oyentes comprendan la importancia de recuperar nuestro pasado,  se sientan comprometidos con la labor que realizamos y contribuyan a ella. De este modo  se puede contrarrestar fácilmente la memoria antihistórica.

   La cuenta para contribuir es esta del BBVA “Tiempo de ideas”:

ES09 0182 1364 3302 0154 3346.

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Se vuelve a hablar de la ETA complicándola innecesariamente con dimensiones casi metafísicas. La realidad es más simple: guerras siempre ha habido, y en ellas cae gente. Pero la ETA se convirtió en un icono del antifranquismo, eran los verdaderos antifranquistas, los demás no pasaban de charlatanes: pintaban al franquismo con los colores más negros posible, como una tiranía insoportable… pero la soportaban muy bien, medraban muy bien en ella.  Todos se sentían en guerra contra el franquismo, pero unos actuaban y otros  se adaptaban a la “tiranía”. La ETA ha sido así la vergüenza inconfesable del antifranquismo, y por eso se la ha tratado con mil consideraciones y negociaciones, rompiendo el  estado de derecho y los principios democráticos desde casi el comienzo de la transición. Y por eso cuando Aznar y Oreja, aplicando precisamente el estado de derecho, la llevaron a la ruina, fue a continuación rescatada por el PSOE  para premiar sus asesinatos  convirtiéndola en una potencia política, destrozando aún más el derecho y la libertad.  Un hecho tan tremendamente escandaloso ha pasado con el apoyo de todos los partidos “democráticos”,  que ahí han demostrado una corrupción intelectual y moral que no tiene vuelta atrás, son irregenerables.

  El antifranquismo siempre vio el asesinato terrorista como algo bueno, como una forma de hacer política,  y aunque no lo practicaba por cobardía o por conveniencia (en el caso del PCE) lo encontraba justificable y aprovechable. Creía que los etarras eran muchachos algo exaltados  pero ingenuos, que  después de hacer el trabajo sucio, dejarían el campo libre a ellos, a los “demócratas”. Pero no fue así, la ETA era tan “demócrata” como ellos, solo que mucho más consecuente. 

 No hay que olvidar tampoco que la ETA es separatista, y que los demás partidos de ese tipo, también en Cataluña, han estado siempre “recogiendo sus nueces”.  Y hoy  no solo los separatistas mandan en Vascongadas y Cataluña, sino que mandan con apoyo y financiación de los gobiernos del PP y del PSOE, que han prácticamente vaciado de estado a esas regiones.   

   La clave del problema está en el miserable antifranquismo, y mientras no se clarifique esa cuestión, la democracia  seguirá pudriéndose y con ella el país. Si pensara que serviría de algo, recomendaría mi Los mitos del franquismo a políticos y periodistas.

Los Mitos Del Franquismo (Bolsillo)

 

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España y el protestantismo

Los increíbles preparativos del separatismo catalán para la guerra civil: https://www.youtube.com/watch?v=HGmyTMD9wNg

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A principios del siglo XVI cundían por Europa las protestas por la degradación moral de la Iglesia y las exigencias de reforma. La reforma eclesiástica fue abordada en España por los Reyes Católicos y el cardenal Cisneros, haciendo de la Iglesia española la de mayor moralidad  y fuerza intelectual. Pero no ocurría lo mismo en otros países, y el fraile agustino alemán Martín Lutero emprendió una protesta que abocó a la llamada Reforma protestante. Decidió que la Biblia era la palabra con la que Dios hablaba a cada hombre, y cada cual podía interpretarla  por  su cuenta al margen de la tradición de la Iglesia. Rechazó la autoridad del papa, llamándole Anticristo, eliminó  los sacramentos  excepto el bautismo y la eucaristía, así como el culto a los santos o a la Virgen, el sacerdocio y los votos monásticos.

  De modo más profundo, y siguiendo una interpretación de San Pablo, estableció que el hombre era un ser demasiado caído y no podía esperar que sus buenas obras ayudasen a su salvación, sino que esta dependería exclusivamente de su fe. Dios había decidido inapelablemente, desde la eternidad, a quiénes concedería su gracia para que se salvasen, y quiénes se condenarían ,sin importar sus obras.  Esto provocaba una duda angustiosa: ¿cómo podría alguien creerse predestinado a salvarse? Por la fe:  “Ningún hombre podrá creerlo por la razón; los elegidos empero lo creerán, los demás perecerán sin creer, entre reproches y blasfemias”. O bien: “Peca y peca fuertemente, pero confíate a Cristo y  goza en él, porque Él vence  al pecado y  la muerte.(…). Basta con reconocer al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, y de Él no nos apartará el pecado, aun si fornicamos y asesinamos miles de veces en un solo día”.

   Esta interpretación rompía con conceptos esenciales en la tradición cristiana anterior, en particular el libre albedrío, raíz de la responsabilidad humana, y la importancia de la razón y las buenas obras (junto a la fe y subordinadas a ella): “El hombre no posee un libre albedrío, sino que es un cautivo, un sometido y siervo ya sea de la voluntad de Dios, o la de Satanás”. En cuanto a la razón,  “Es la ramera de Satanás, que solo calumnia y perjudica  las obras de Dios (…) Debe ser pisoteada”. De acuerdo con sus prédicas, prácticamente toda la tradición eclesial de catorce siglos estaría errada.

    Por todo esto, al movimiento luterano se le llamó Reforma protestante, aunque fue una verdadera revolución. Salvo por su inspiración en los evangelios y en San Pablo podría considerársela una religión  nueva: desmantelaba la Iglesia  asentada en quince siglos, y probablemente se diversificaría en numerosas iglesias –como sucedió–, según  unos u otros interpretasen libremente las Escrituras. Como lamentaría el propio Lutero, “Cualquiera entiende el Evangelio mejor que yo o San Pablo”. “Algunos enseñan que Cristo no es Dios, otros enseñan esto y aquellos lo otro. Ningún patán es tan rudo como cuando tiene sueños y fantasías, cree haber sido inspirado por el Espíritu Santo y ser un profeta”.

   Conforme Lutero radicalizaba su mensaje, sus palabras se tornaban más violentas: “¿Por qué no atacamos (…) a toda la horda de la Sodoma romana con todas las armas de que disponemos y nos lavamos las manos en su sangre?”.  Cuando los campesinos alemanes se sublevaron contra sus señores  creyendo seguir a Lutero, este aconsejó: “Deben ser aniquilados, estrangulados, apuñalados en secreto o públicamente, por quien quiera que pueda hacerlo, como se mata a los perros rabiosos, pues nada puede haber más venenoso, dañino y diabólico que un rebelde (…) Quien vacile en hacerlo, peca (…) Por tanto, apreciables señores, matad cuantos campesinos podáis”. Los judíos, “poseídos de todos los demonios )“engendros de víboras”, “se quejan de estar cautivos entre nosotros, pero nadie los retiene (…). Ellos, archiladrones,  nos tienen cautivos con su usura”.  “Aconsejo que se les prohíba la usura y  se les quiete todo el dinero y las riquezas en plata y oro”. “Sometedlos a trabajo forzado (…) Si esto no basta, tendremos que expulsarlos como perros rabiosos”.

   Lutero encontró apoyo en diversos señores alemanes, que vieron en sus prédicas  un modo de enriquecerse despojando a la Iglesia y a muchos católicos. Surgieron grandes disturbios, primeramente en Alemania, con tendencia a extenderse a toda la cristiandad en unos momentos en que el Imperio otomano avanzaba por todos los frentes. A quienes se lo reprochaban, como el humanista Erasmo, les respondía invocando frases de Jesús en el Evangelio: “No he venido a traer la paz, sino la espada”, por lo que “Estos tumultos y facciones infestan el mundo de acuerdo con el plan y  la obra de Dios (…) Preveo tumultos mayores en el futuro, comparados con los cuales los de ahora semejan el susurro de una ligera brisa o el quedo murmullo del agua”.

   La primera guerra en Alemania fue saldada en la batalla de Mühlberg, ganada por los católicos gracias a las tropas españolas. Sin embargo el protestantismo reviviría y se extendería en una larga serie de disturbios y guerras civiles por gran parte de Europa. Calvino, un discípulo de Lutero, impondría en Ginebra un lúgubre despotismo, fundando una verdadera escuela de agitadores religiosos cuyos seguidores recibieron nombres diversos aparte de calvinistas, así los hugonotes en Francia,  los puritanos en Inglaterra o presbiterianos en Escocia. 

europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

Felipe II había heredado de Carlos I territorios antes parte de Borgoña, en particular los Países Bajos, llamados aquí, por extensión, Flandes. La expansión calvinista originó en Holanda una rebelión que iba a extenderse don interrupciones durante 80 años, entre 1568 y 1648. El calvinismo fomentaba la guerra civil, según aconsejaba Lutero, y usaba a fondo la imprenta para su propaganda, que en sus rasgos modernos  nació entonces, y en gran medida como propaganda antiespañola, combinando las exageraciones y las simples calumnias sin ningún reparo.

   Aplastada la primera rebelión por el Duque de Alba, revivió como alianza internacional. Su jefe, el inescrupuloso Guillermo de Orange, logró el auxilio de los protestantes alemanes, los hugonotes franceses e Inglaterra, todos inmediatos a Flandes. España, aun apoyándose en tropas alemanas, solo podía enviar sus tercios por el célebre Camino Español desde Italia, largo y tortuoso. Los calvinistas buscaron la alianza con los otomanos y apoyaron la rebelión de los moriscos de Granada, así como la piratería berberisca que asolaba las costas hispanas. En España, que de hecho defendía a Europa de la superpotencia turca, tales acciones solo podían entenderse como puñaladas por la espalda. Los apoyos internacionales permitían a los calvinistas volver una y otra vez a la carga, pese a sus frecuentes derrotas, en campañas que los dejaban exhaustos, pero también desgastaban el poder español.

   El esfuerzo  agotador en hombres y dinero contra tantos enemigos hacía impopular la guerra de Flandes en la misma España, donde algunos argüían que si los herejes querían condenarse, ¿por qué no se les dejaba? Pero el problema de fondo tenía mucho mayor alcance. Si los calvinistas dominaban Flandes y Francia, atacarían directamente a España en connivencia con los turcos. Si ya lo había hecho la Francia católica, con mucha más decisión lo harían las nuevas potencias protestantes una vez rechazado el poder hispano. Debía contarse, además, con la táctica protestante de provocar guerras civiles en la propia España como las que devastaban a Francia y al Sacro imperio (suele olvidarse que la fuerza española descansaba en medida muy importante en su interna estabilidad, superior durante tres siglos a la de la mayoría de sus enemigos en Europa).

    Por ello, la implicación hispana en aquellos territorios era forzosa si se querían evitar males mucho mayores. Al final, España logró preservar a Bélgica y a Francia del contagio calvinista, pero, por razones que veremos, el fin de aquella Guerra de los Ochenta Años marcaría también el final de la hegemonía política y militar de España.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

 

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Lo que se quiere y lo que se logra.

Los preparativos concretos del PSOE para la guerra civil: https://www.youtube.com/watch?v=yB_dhkP3cfA   

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Me ha fascinado en Gritos y golpes un personaje que usted no desarrolla y es una pena: el padre biológico del protagonista, que solo aparece al principio y al final. Está más o menos retratado como una de esas personas de ego “salvaje” , que reaccionan con furia homicida ante cualquier ofensa que se les haga. Un medio loco.  O que describe la victoria rusa sobre los alemanes como que se ha debido a él y a un tal Midviédif.  Yo diría que el argumento de la novela es la caza y asesinato del padre, pero el padre apenas sale, por eso me parece una pena. Y por eso me parece algo forzada la reacción final del hijo al descubrir la verdad, una reacción excesiva, como si de repente le hubiera entrado un gran afecto por él, eso es imposible (…) En su segunda novela, la del Ateneo, el personaje Bofarull i Bofarull me parece enormemente simpático, en la novela y en las polémicas de nacionalistas vascos, gallegos y andaluces. Me he partido de risa literalmente con él. “De la Pompeu Fabra y ex detective”, qué hallazgo”… Narciso Jiménez Álvarez.

¿El argumento es la caza y asesinato del padre? Pues en cierto modo… Pero no, el padre queda olvidado casi todo el relato,  su reencuentro es pura casualidad. La reacción del hijo no tiene nada que ver con el afecto. Hasta entonces, para él era un completo extraño, asesino de su familia. Junto con su amigo Paco había intentado localizarlo al principio para darle su merecido, pero se les había escurrido de las manos y ya no había vuelto a  saber de él. Su reacción al conocer quién es, tiene dos fases: se niega a participar en su asesinato, que él mismo había planificado, y sin poder explicárselo a sus compañeros, alguno de los cuales intenta obligarle. La reacción me parece muy normal. No trata de  salvarlo de ninguna manera, como intenta salvar al obrero comunista de Vigo, solo siente que alguna oscura razón moral le impide participar  directamente en la muerte de aquel extraño que resulta ser su padre. No puede llevar en sus manos la sangre de él, a pesar de que la inversa pudo muy bien haber ocurrido.

   La segunda reacción, posterior, es muy diferente y ajena a un sentimiento moral. Es, o he tratado de trasladar la impresión, una especie de conmoción telúrica en su interior: siente cómo él jamás habría llegado a existir sin aquel asesino de su familia, le debe la vida y todo lo que ha pasado. Siente la profundísima unión con su persona a pesar de odiarle, o al menos de no guardarle ningún sentimiento afectuoso: percibe de pronto, hasta lo más íntimo de su ser una unión que va más allá de cualquier consideración moral o convencional. Siente, además, lo mucho de él que lleva dentro, cierta similitud en sus maneras de ser, audaces y atormentadas. Eso arroja inconscientemente una sombra de duda sobre toda su actuación anterior, que bien podría haber considerado heroica, y le hace renunciar a ella y “someterse” , por así decir, a Carmen.  Y no hablar nunca a sus hijos de todo aquello. Aunque esto último ha sido bastante frecuente en personas que vivieron la guerra incluso de forma distinguida.

   Bueno, eso es lo que he querido transmitir en el relato. Parece que no lo he conseguido del todo.

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Sonaron gritos y golpes a la puerta (Novela Historica(la Esfera))El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo

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*Franco fue de los poquísimos estadistas que salvaron judíos durante la II Guerra Mundial. Ahora el Charlamento gallego (mayoría PP) lo ha condenado por “colaboración con el holocausto”. ¿Cómo hemos llegado a esta situación, en que la clase política se compone de la hez de la sociedad? Algo marcha rematadamente mal

*El caso Zaplana demuestra hasta qué punto el PP es un partido basura de señoritos indecentes. Igual que cuando dejó a los pies de los caballos a Rita Barberá para luego intentar explotar su nombre.

*Tenemos mangoneando al país, y sin siquiera pasar por las urnas, a un doctor fraudulento (delincuente) ligado familiarmente al negocio de la prostitución, homosexual y de la otra, y a una serie de ministras y ministros a su vez delincuentes. ¿Se dan ustedes cuenta de lo que esto significa? Piénsenlo, hagan el favor, porque reflejan a putrefacción extrema del sistema. Y la responsabilidad del PP.

 

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“La puta vieja” Celestina y los políticos/as actuales

Los preparativos concretos del PSOE para la guerra civil: https://www.youtube.com/watch?v=yB_dhkP3cfA   

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La Celestina  se ha convertido en el modelo de nuestros políticos y nuestras políticas. Todos y todas demuestran por la vida sexual de los ciudadanos una pasión que podría llamarse alcahuetería industrializada, en la que tampoco falta el móvil económico, pues nuestros mandamases saben cubrir perfectamente esa importante faceta de su vida profesional. Los últimos manejos en ese sentido de la ministra de sanidad o de muchos educadores para, dicen, la ciudadanía, son nuevos avances en esa dirección.

Un fenómeno en ascenso desde hace decenios, y que antes habría parecido increíble, es la progresiva invasión de todos los terrenos de la vida de las personas por el estado, o, mejor, por ciertos gobiernos, en un impulso que solo cabe calificar de totalitario, aunque se dé en las democracias. Ya Tocqueville lo describió proféticamente, llamándole despotismo democrático, una “servidumbre reglamentada, apacible y benigna” bajo un poder inmenso “que busca la felicidad de los ciudadanos, que pone a su alcance los placeres, atiende a su seguridad, conduce sus asuntos procurando que gocen con tal de que no piensen sino en gozar”. “Un poder tutelar que se asemejaría a la autoridad paterna si, como ella, tuviera por objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero que, por el contrario, solo persigue fijarlos irrevocablemente en la infancia”. Este poder, señala Tocqueville, puede mantener aspectos externos de libertad mediante elecciones, pero “a la larga privaría al hombre de uno de los principales atributos de la humanidad”. La descripción parece el programa de la socialdemocracia y recuerda lo que pasa actualmente en la UE y más aún en España, donde la oposición política al gobierno ha desaparecido en la práctica y aspira a hacer cosas muy semejantes a las del PSOE. Frente a esa tendencia, solo el espíritu de la libertad y las asociaciones ciudadanas independientes pueden oponer una barrera adecuada.

Por supuesto, ese poder “benigno” y protector del goce, solo lo es en apariencia. Uno de sus aspectos más chocantes es la autoatribución por los políticos de la calidad de maestros de moral, incluso en el sexo. Chocante, porque una impresión extendida en la ciudadanía, y no del todo irreal ni mucho menos, es que la inevitable cuota de golfos presente en todas las profesiones, resulta desmesuradamente alta entre los profesionales del poder. Y ese poder celestinesco tiene efectos nada benignos, como el número creciente de embarazos de adolescentes, abortos, divorcios, niños criados en hogares monoparentales a menudo arruinados afectiva y educativamente, y otros efectos derivados como la expansión de las drogas, del alcoholismo, de la delincuencia juvenil y general, de la violencia doméstica, etc., es decir, de los que he llamado indicadores negativos de la salud social. Solo hace falta atender a esos indicadores para comprender que la salud social española es muy mala y en trance de empeorar. Y que una de sus causas principales, aun si no la única, es la clase de políticos que nos ha tocado sufrir, Muchos de los cuales habrían sido enviados a sus casas o a la cárcel en una sociedad más sana.

Creo importante resistir a los y las celestinas, empezando por denunciar los hechos, cada cual por los medios a su alcance. En mi blog de Libertaddigital.com he propuesto, en parte por burla pero no solo, que los políticos sean obligados, mediante presión popular, a demostrar de modo práctico, en la televisión, lo bien que saben ponerse el condón y practicar las artes que normalmente se reservan a las “estrellas” del porno. Porque ya que predican, en definitiva, la misma llamémosle filosofía de dichas estrellas, tienen la responsabilidad y la obligación moral de obrar en consecuencia; y ya que se pretenden maestros de “salud” sexual, de exponer a los ciudadanos, de modo práctico y visible, sus saberes, para que todos podamos conocer bien a tales maestros.

 (En Época, febrero de 2010)

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Ramiro de Maeztu consideraba a la Celestina, el Quijote y Don Juan como los grandes mitos creados por la cultura española. Al mismo tiempo sostenía, en la línea de Menéndez Pelayo, que el catolicismo era  el contenido esencial de la Hispanidad. Sin embargo habría que forzar mucho las cosas para entender como católicos los personajes de la Celestina, el Quijote y no digamos el Burlador de Sevilla  o la literatura picaresca. Cierto que hubo una literatura claramente católica en Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, etc., pero aquellas grandes obras tienen poco que ver.

   También en los años 40 de nacionalcatolicismo y un menendezpelayismo vulgarizado surgen novelas como las de Cela, y otras muchas muy poco católicas.

Sonaron gritos y golpes a la puerta (Novela Historica(la Esfera))El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundoNueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

 

Debido al cambio de emisora, el programa Una hora con la Historia se encuentra en seria dificultad económica, por lo que reiteramos a nuestros oyentes la necesidad de sostenerlo. Algunas personas creen que la labor cultural debe ser gratuita, en parte porque mucha  de ella es subvencionada por los gobiernos, que nos obligan así a todos a contribuir aunque se trate de una cultura muy dudosa. Todos sufragamos, nos guste o no, la propaganda y otras actividades de la “memoria histórica”.  Y “Una hora con la Historia” trata precisamente de contrarrestar esa propaganda seudocultural y seudohistórica. No tenemos subvenciones ni las queremos, queremos en cambio que nuestros oyentes comprendan la importancia de recuperar nuestro pasado,  se sientan comprometidos con la labor que realizamos y contribuyan a ella. De este modo  se puede contrarrestar fácilmente la memoria antihistórica.

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La Celestina y Don Quijote

 

Sobre la progresiva acumulación literaria y artística anterior, el gran siglo cultural de España empieza con La Celestina (Tragicomedia de Calisto y Melibea) y culmina con El Quijote. Son seguramente las mayores obras literarias españolas y se cuentan entre las realmente grandes de la literatura universal.

   El tema de La Celestina es el amor sexual, tratado en tres niveles o facetas: el sublime (Melibea) el vulgar (Calisto) y el sórdido (de la prostitución en torno a la hechicera y “puta vieja” Celestina):  los tres terminan en tragedia. Su crudeza se disfraza como lección moral contra “el loco amor”, pero recuerda más bien las frases no moralizantes del coro de Antígona sobre “el amor invencible que enloquece a aquel a quien posee”.

    Celestina es un personaje muy sugestivo. Completamente cínica, entiende que la sociedad funciona por el vicio y la mentira, lo cual no impide desenvolverse en ella a una persona hábil y sin falsas ilusiones éticas. Su aguda penetración psicológica, un tanto demoníaca, le permite captar y explotar los motivos reales de mucha gente bajo declaraciones hipócritamente moralistas. Entiende además la verdad como un mal, como algo dañino y peligroso.  Para ella el amor es (o encubre) simplemente un deseo instintivo de placer, cuya explotación le permite ganarse la vida; y su vida consiste en eso. Será precisamente su codicia la causa de su perdición, al morir asesinada.

   Calisto es un chisgarabís bien parecido,  arrogante, inescrupuloso y algo estúpido. La belleza de Melibea le suscita en algún momento sentimientos elevados, pero “se vuelve loco” por ella, por poseerla sexualmente en realidad, como un trofeo halagüeño para su ego. En suma, su visión se parece a la de Celestina, solo que, al ser rico, no precisa ganarse la vida con las miserias de la vieja: esta resulta más simpática por vivir en la necesidad y por su agudeza, aunque perversa, ausente en Calisto. La muerte de este no es trágica sino trivial como su vida: se descalabra al caer de una escalera.

   Melibea viene a ser lo contrario de Celestina y también de Calisto. Es inteligente, culta y posee una delicadeza espiritual y moral en su concepción del amor, incluso cuando acepta la eventual posición de barragana. ¿Por qué, entonces, se enamora de un sujeto como Calisto, y lo hace hasta el punto de que la vida sin él le parece vacía y sin sentido y le lleva al suicidio? Son cosas que ocurren realmente, difíciles de explicar, por eso se dice que el amor es ciego, o que enloquece. Tendemos inconscientemente a asociar la belleza exterior, que posee Calisto, con una belleza interior que no posee. Seguramente el tiempo la haría desengañarse, pero no hay tiempo porque Calisto se cae de la escalera, y con él todas las ilusiones de Melibea.

   Las grandes obras literarias lo son porque nos obligan a acercarnos o entrever problemas de nuestra condición humana que normalmente rehuimos o apenas percibimos en la preocupaciones de la vida corriente. No somos como esos personajes ficticios y  no obstante sentimos que sus destinos nos afectan en algo profundo.

   El Quijote, primera novela moderna,  pertenece también a esa clase de obras geniales. Hace reír, y en el fondo de nosotros mismos. El ser humano anhela una vida elevada, “plena”, o feliz, cuyo sentido intuimos sin comprenderlo racionalmente. Anhelo esencial, frustrado en mayor o menor grado por la dureza de la vida y la relación con los demás; dureza propia de tiempos de desgracia general, pero también de los pacíficos y tranquilos, y pese a que el individuo no puede sobrevivir sin la compensación de la sociedad.  Ante el choque con la realidad, la aspiración va perdiendo fuerza, llevando a la depresión o al cinismo. O más a menudo a un conformista “ir tirando”, no forzosamente mortecino, pues la mediocridad puede ser “áurea” según Horacio. La experiencia dolorosa nos induce a burlarnos de las ilusiones por lo común concebidas en la adolescencia o expresadas candorosamente. Pero “ilusión” tiene en español un doble sentido, como idea falsa e ingenua de la realidad, propia de “ilusos”; pero también como impulso a superar la mezquindad de la vida limitada a las pequeñas ocupaciones utilitarias. Ahí están los políticos parloteando de “ilusionarnos”

      Don Quijote se parece en eso a Melibea, aunque sus anhelos sigan muy distinto derrotero. Él no se resigna a la existencia anodina de mediano hidalgo de pueblo,  cree que tiene que haber “algo más” y aspira a una vida heroica arrostrando los peligros, sufrimientos y sacrificios anejos. En ese heroísmo, definible como una lucha épica por el bien, quiere encontrar la plenitud y el sentido. Pero no lo consigue: el ambiente social rechaza con mofas y golpes su rebeldía contra la mediocridad, aunque no consigue doblegar al caballero, que insiste una y otra vez.

    Parte del genio de Cervantes consiste en diseñar dos personajes arquetípico, con Sancho de servidor realista que acaba contagiándose en parte de las ideas de su amo, personajes los dos que van evolucionando en su interacción. Incluso en sus empresas más disparatadas, Don Quijote combina los rasgos de persona sensata e inteligente con los del loco, que interpreta la realidad de acuerdo con sus deseos. Y una y otra vez recibe escarmientos que no lo escarmientan, porque el anhelo de una vida superior es demasiado fuerte en él y le domina. Y ahí radica su peculiar grandeza: hay belleza en sus acciones y fealdad en las reacciones que provoca.

    Se trata, como La Celestina, de una obra melancólica sobre la condición humana. Incluso depresiva: el crítico inglés J. Ruskin le achacó ser una mofa de los más nobles sentimientos humanos, y Lord Byron vio en ella el final del heroísmo español. Pero la mofa es solo aparente, y la parodia de las novelas de caballerías solo un pretexto.  También es probable que Cervantes se esté burlando, con humor sin amargura,  de su vida llena de avatares y aventuras, y de ansia de gloria, para terminar en un ambiente poco glorioso, del que solo podía evadirse por su afición literaria y sus amigos quizá de taberna: “Adiós donaires, adiós regocijados amigos, que yo me voy muriendo…”. Sea cual fuere el motivo concreto de una obra genial,  esta desborda siempre la intención del autor. Pocas, si alguna, expresan con mayor acuidad un rasgo definitorio de la condición humana: el misterioso anhelo psíquico de sublimidad frente a la oposición a ella, también misteriosa, del mundo real.

      Entre la publicación de La Celestina a finales del siglo XV y la del Quijote media algo más de un siglo, el de mayor potencia de España en todos los órdenes, y es forzoso citar al menos a algunos de los escritores más conocidos, Garcilaso, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Lope de Vega,  Boscán Fray Luis de León, los pensadores de la Escuela de Salamanca, y tantos más. y tantos más. En esa época nacen géneros originales como la picaresca o la poesía mística  y se cultivan otros como la literatura pastoril, amorosa, de caballerías… La intensa actividad tanto artística como intelectual compone el original Renacimiento español.  Una eclosión que se prolongaría por gran parte del siglo XVII. Aunque según los distinguidos críticos hispanófobos actuales ni España existía o era un país enfermo, ni su cultura tenía mayor relevancia.

   Cabe señalar que este fue también  el período de mayor actividad de la Inquisición, lo cual evidencia la falsedad de la acusación de haber paralizado por el terror la cultura y el pensamiento. Pese a lo cual lo repiten impertérritos mil personajes. La Inquisición es parte esencial de la leyenda negra, propiciada ante todo por los protestantes.

    Conviene, pues  poner las cosas en su punto: la Inquisición fue un tribunal político-religioso que duró tres siglos largos, con mucha actividad en el primero y escasa o muy escasa después. Nació cuando en toda Europa se estimaba la disidencia religiosa un grave peligro para la estabilidad social, lo cual se acentuó con el protestantismo. Toda Europa sufrió persecuciones y tribunales, ninguno tan longevo como el español, lo que compensaban con un carácter mucho más sanguinario. En sus tres siglos, la Inquisición causó la muerte documentada a unas 1.000 personas, y posiblemente de otro millar o dos millares en las etapas no documentadas. En los países protestantes las víctimas fueron muchas más en mucho menos tiempo. Contra las leyendas, la Inquisición era más garantista que los tribunales civiles europeos y practicaba mucho menos la tortura. No se olvide que la idea de la tolerancia nace mucho más tarde en Inglaterra (Locke), para frenar las persecuciones entre protestantes, pero manteniéndolas contra los católicos. Y recuérdese que en nuestros ilustrados días las policías políticas de muchos estados han causado más víctimas en breve tiempo y empleado mucho más la tortura.

   Aunque la idea de la Inquisición no sea hoy aceptable debe contemplarse dentro de las condiciones de su tiempo. Y a su favor pueden decirse al menos dos cosas s: que evitó a España la masiva quema de brujas (se han estimado en más de 100.000 víctimas) de otros países, en especial protestantes; y contribuyó a impedir en España las guerras civiles que solían acompañar a la expansión protestante.

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