Racionalidad del nazismo

Blog I: Los Borbones y las repúblicas http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/los-borbones-y-republicas-20130213

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Cuando se reinicia la guerra de España en julio de 1936, el nacionalsocialismo llevaba tres años y medio gobernando Alemania. Y lo hacía  con un éxito  espectacular en varios aspectos: el enorme paro anterior iba siendo rápidamente absorbido; la continua lucha de partidos, verdadera guerra civil de baja intensidad, había desaparecido; y el grueso de la población había  recuperado la autoestima nacional, gravemente dañada por la anterior guerra europea y sus largos efectos. En plena depresión mundial, el resto del continente miraba la experiencia con asombro, mezcla de admiración y de temor, por cuanto el régimen aplicaba una despiadada represión contra sus enemigos reales o imaginarios, discriminaba y ultrajaba de modo especial a los judíos y no ocultaba sus ambiciones expansionistas, que debían convertir a Alemania en la potencia no solo  hegemónica sino rectora del continente. La preocupación era mayor en la URSS,  ya que el designio hitleriano convertía a Rusia en el territorio a conquistar y anexionar a la Gran Alemania como “espacio vital” de esta.

Se ha solido acusar a la ideología nacionalsocialista de “irracionalismo”, de culminación de una corriente contraria a la razón originada en la reacción romántica alemana contra el racionalismo de la Ilustración. Así vino a explicarlo Lukács, y la idea se ha vuelto común. El hecho de que la crítica fuera hecha desde el marxismo, ya indica algo. Pero tanto el marxismo como el nazismo desplegaron  una intensa actividad racionalizadora, y no podía ser de otro modo, pues el hombre debe recurrir a la razón constantemente para explicar o justificar sus actos e ideas; y la razón no es la inspiradora de las ideas, sino más bien la ordenadora de ellas. La protesta “irracionalista” ante la Ilustración consistió básicamente en introducir el factor de la voluntad y la representación subjetiva en la concepción del mundo. Salvo cuando se niega la realidad exterior del mundo, este enfoque es bien racional, supera  el racionalismo influido por la mecánica newtoniana,  cuya aplicación directa o indirecta al ser humano y su sociedad resultaba muy insatisfactoria (se acusaba a la Ilustración de “fría”,  pero era algo más). Parece muy poco razonable negar la importancia de los sentimientos, por más que estos choquen a menudo con la razón o con ciertas razones. Por otra parte, basta constatar la explosión pasional de la Revolución francesa, inspirada en un crudo racionalismo hijo de la Ilustración, para entender que la relación entre razón y sentimiento es más complicada de lo que sugieren los respectivos conceptos  por separado.

Así como la mentalidad intelectual del siglo XVIII fue muy  influida por la mecánica de Newton, la del XIX lo fue por el biologismo de Darwin. Su concepto de la evolución, según el cual prosperaban las especies que mejor se adaptaban al medio y desaparecían las menos aptas, podía dar lugar a dos ideas diferentes: una evolución mecánica y al azar, en que las especies serían efecto pasivo de la presión del medio; o bien la de una “lucha por la vida” en que de algún modo se manifestaba la voluntad de los integrantes de la especie, con triunfo de la especie más “fuerte”. Ambas ideas solo podrían trasladarse hasta cierto punto al hombre, por cuanto este no solo se adapta, sino que adapta el medio a sus necesidades y deseos de forma muy voluntariosa. En cualquier caso la “lucha por la vida”,  por el  “espacio vital” o por lo que sea, entre distintos grupos humanos es una constante histórica, por lo que sería racional –no necesariamente legítimo—suponer que también en el plano humano se produce esa lucha por la vida, en la que deben imponerse los mejores en sentido biológico. Nietzsche debe  a Darwin gran parte de su pensamiento, y el nazismo puede considerarse en buena medida hijo de ambos. El siglo XIX constató el ascenso de los países del centro-norte de Europa, que impusieron su imperialismo sobre el resto del mundo  (el caso de Usa entraba en la misma dinámica). Lo cual parecía la demostración práctica del aserto de que la raza blanca, especialmente en su variedad rubia, era biológicamente superior a las demás y  tenía por tanto derecho a imponerse. El racismo venía a ser una ética científica, biológica, que echaba por tierra, como fantasmagorías, las éticas religiosas tradicionales (por más que podría aducirse que suplantar a la religión por la ciencia no dejaba de hacer de esta una religión, pero esa es otra cuestión).

Cabe decir que ese tipo de ética, aunque asentado en una interpretación de Darwin, es en realidad muy antiguo  y no fácil de rebatir. Lo muestra Platón contendiendo dialécticamente con Calicles en el diálogo Gorgias. Dice Calicles: “Es frecuente que la ley y la naturaleza se contradigan (…)  Según la naturaleza, lo más feo y desventajoso es sufrir la injusticia; según la ley, es cometerla. Pero sufrirla no es ni propio de hombres (…) La ley, está hecha por los débiles (…). Para asustar  a los más fuertes, a los capaces de superarlos, y precisamente para no ser superados, cuentan que toda superioridad es fea e injusta (…) Pero a mi juicio  la naturaleza misma nos prueba que, en buena justicia, el que vale más debe llevar ventaja al que vale menos; el capaz, dominar al incapaz. Así, lo muestra por todas partes, entre hombres y animales, en las ciudades y en las familias, siendo la marca de la justicia  el dominio del poderoso sobre el débil, y su superioridad incontestable. ¿Con qué otro derecho, si no, viene Jerjes a combatirnos a los griegos y su padre a los escitas? (…) Nosotros, en cambio contrahacemos a los mejores y más vigorosos para esclavizarlos a fuerza de encantamientos y mentiras”, etc.

Encontramos en todo esto un dilema racional de no fácil solución… racional

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La impresión del misterio / Mitos de la Guerra civil

Blog I:  Krasni Bor / Memez anglómana / La División _Azul en perspectiva http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/krasni-bor-division-azul-perspectiva-20130210

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La impresión del misterio

Sobre el misterio ya dijimos algo. En Sonaron gritos…, una Carmen desesperada y enferma se empeña en disuadir a Berto de alistarse en la División Azul. Después de fracasar con argumentos personales prueba otros más del estilo de los que sabe que gustan a Berto y a Paco: “¿Estáis en vuestros cabales? La guerra aquí terminó. ¿Por qué tenéis que buscar otra fuera? Habláis como si la historia dependiera de vosotros, pero ni siquiera depende de los más grandes ni de los más sabios, que se equivocan como cualquiera. La humanidad se mueve por las voluntades de cientos de millones de personas, cada una tirando por su lado, ¿y qué vais a hacer contra esa fuerza? Nadie puede conducirla y solo Dios sabe adónde va. Solo podemos ser felices en nuestra pequeña parcelita…”

Berto admite parte del argumento, pero replica “Ya sé que mi fuerza es insignificante. Pero es la que tengo y de la que soy responsable”. ¿Responsable ante quién? No lo aclara. Mirada con cierta perspectiva, Carmen indica un contraste entre unas fuerzas misteriosas que empujan a la humanidad en una dirección imposible de conocer, y la posibilidad, no obstante, de cumplir nuestros deseos, o lo suficiente de ellos para ser felices, en la “parcelita” que nos ha deparado la suerte. Sobre ese pequeño reducto personal  tenemos cierto control, pero ni siquiera él está a salvo del misterio en forma de azares, accidentes o e malos encuentros, como la misma chica advierte en otra ocasión. Dice un refrán griego, “Nosotros hacemos planes y Dios se ríe”. Además, ¿quién o qué nos ha deparado esa parcelita? ¿Por qué la vida llega a ser tan cruel con algunas personas y benévola con otras, independientemente de lo que consideramos méritos de cada cual, para terminar igualando a todos en la muerte, los que consideramos buenos o malos, listos o torpes…?

El espectáculo del mundo y de la vida humana admira y maravilla a nuestra psique, y al mismo tiempo la golpea con una impresión de misterio que va mucho más allá de nuestros conocimientos prácticos: ¿por qué existe lo que existe, incluido uno mismo, y cuál es el sentido de todo ello?  Cierta versión muy divulgada, de fondo  economicista y aspiración científica sostiene implícitamente que el sentido de la vida, si no en el plano individual, al menos en el social, consiste en la ampliación sin fin de los conocimientos útiles, reflejados en una creciente capacidad de consumo de bienes y energía. Creo que la idea no puede ser más desconsoladora, pese a su pretensión de lo contrario.  El enigma sigue ahí, y no tiene relación solo con el sentimiento general del mundo, sino que se manifiesta en cada aspecto de él, lo mismo que en cada aspecto de la actividad humana: lo flanquea todo. También en nuestras actividades más controladas y rutinarias existe un factor que escapa a nuestras previsiones, a nuestras percepciones, a nuestros cálculos tanto fuera como dentro de nosotros (en el carácter de nuestros deseos, por ejemplo).

Solo puede definirse el misterio de forma negativa: lo que sentimos más allá de nuestra capacidad de comprensión. Suele pensarse que aunque no sepamos ahora, llegaremos a saber, como lo probaría la extraordinaria y continua ampliación de los conocimientos humanos, gracias a las ciencias y sus métodos de estudio de la realidad.  Pero esos conocimientos no responden a las preguntas esenciales, en realidad prescinden de ellas: la ciencia desciende de la filosofía, pero no la sustituye, lo mismo que la filosofía desciende de la religión y tampoco la sustituye, como demuestra la observación más elemental.

El efecto primario del misterio es la angustia, sentida con muchos grados y variedades por los individuos, y que acompaña como una sombra a la vida humana.  Probablemente la religión es, a su vez, el efecto de esa angustia.

Volviendo a la novela, los razonamientos de unos y otros no vienen de un plan deliberado, sino que iban surgiendo según se desarrollaba la acción. Creo que hay una gran verdad en el comienzo de la Ilíada cuando el narrador atribuye la autoría de la obra a “la diosa”, la musa. Una inspiración más laicista habla de inspiración, pero esta no es menos misteriosa. Además, la musa suele ser burlona y gusta de hacer creer al artista que ha creado una gran obra, cuando esta posiblemente resulte una castaña. Eso es tan enigmático como la propia motivación del artista. En plan materialista podríamos atribuir esa motivación o impulso a deseos económicos o sexuales desviados o sublimados. De ser así, cuanto más intensos esos deseos más intensa o lograda la obra de arte, pero sabemos por experiencia que una cosa no tiene que ver con la otra. Y las penurias de todo tipo que aceptado muchos artistas por realizar su obra indica que la motivación debe de ser independiente de las que llamamos materiales.

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Gran Simio: http://vinamarina.blogspot.com.es/

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Mito y mitos de la Guerra Civil: http://www.ilustracionliberal.com/25/mito-y-mitos-de-la-guerra-civil-pio-moa.html

 

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Sexo y economía / Dos apologías del tabaquismo

Blog I: Desprejuiciados / Fenómenos socialmente corrosivos / Creyentes y patriotas. http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Dado que estos comentarios son un poco improvisados, es fácil caer en errores, algunos de los cuales me han señalado los lectores. Por ejemplo, la propuesta ley básica de la economía  no sería la necesaria superioridad del  beneficio sobre el gasto, sino del ingreso (Odiseus). El beneficio puede ser inferior al gasto y seguir siendo ganancia, y por lo común así ocurre.

Otro lector (Daedalos) me ha hecho observar que lo dicho en “Respirar y comer”  sobre la alimentación es aplicable a la sexualidad:  “La respiración es un acto puramente orgánico, ajeno a la cultura, pero no así la búsqueda de pareja, en torno a la cual, así como a su consumación, surgen espontáneamente formas o rangos de distribución, arte (poesía y música, por ejemplo), ritos y costumbres, ideas y tensiones sobre el reparto, relatos, vocabulario, invocaciones de carácter religioso, formas de distribución, incluso chistes, etc. Así, en torno al esfuerzo o la lucha por una pareja notamos los rasgos de eso que llamamos cultura.”

Según Marx, la cultura gira en torno a la economía, considerada principalmente como actividad de los individuos organizados o socializados para saciar la necesidad básica de alimentarse. Pero no solo el individuo debe buscar el alimento en grupo, sino que normalmente piensa además en su familia, la cual tiene un valor económico evidente (posiblemente la primera división del trabajo se diera entre el hombre como cazador y la mujer como recolectora).

Es curioso que Marx intentara explicar la sociedad humana a partir de la alimentación y Freud (otro judío no-judío, es decir, no religioso o ateo), a partir de la sexualidad. Esta gobernaría la psique y la actividad humana, aunque no pretende que la economía sea la base de ella o no la estudia. Sus especulaciones sobre el complejo de Edipo, la muerte del padre, el instinto de placer y de muerte parecen un tanto rebuscadas y hoy pocos las sostienen, pero cabe observar que las mismas han influido de modo extraordinario la cultura occidental, en especial el arte y también la política, como por lo demás ocurrió con las ideas de Marx; y que, tanto las obras de Marx como las de Freud constituyen un enorme esfuerzo intelectual por explicar coherentemente  la cultura. Seguramente son un fracaso, pero a su vez han sentado un desafío espiritual de primer orden, que ha generado refutaciones y nuevas teorías.

Así, al margen de cómo  enfoca Freud  la cuestión, es claro que una parte muy importante de la cultura gira en torno a esa misteriosa división natural entre los principios masculino y femenino y su atracción mutua. Y llama la atención que el tema nunca parece cansar  por mucho que se repita, así en la canción popular y en la culta, en especulaciones más o menos científicas,  en la literatura y el arte en general, incluso en la pornografía. Y a su vez una parte muy considerable de la economía se orienta a satisfacer deseos de orden sexual directos o indirectos: la industria de los cosméticos, la moda, sobre todo femenina, embellecedores de mil clases, potingues diversos, etc. Por no hablar directamente de la prostitución y la pornografía, que mueven inmensas sumas de dinero.

Pero estas digresiones nos apartan un poco del tema, que eran las crisis económicas, sobre las que hay tantas diferencias de análisis entre los economistas.

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Una apología del tabaquismo en la España de los 40: http://www.youtube.com/watch?v=mA9t6TC9jo4

Y otra ídish, de los años 20, supongo:  http://www.youtube.com/watch?v=F9KH8WvETJk

 

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Avatares de la razón / Un “Stalingrado” fallido

Blog I: Regeneración democrática y franquismo http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Avatares de la razón

Europa era en los años 30 un continente fuertemente ideologizado. Antes de seguir, no estará de más señalar algunos rasgos de aquellas ideologías en pugna. Son numerosos los libros de historia que no explican prácticamente nada al respecto, dando por supuesto que el lector  ya sabe  en qué consisten. Es difícil  explicar una ideología, solo pueden darse versiones de ella, pero un autor debe arriesgarse a exponerla. En “El derrumbe de la República dediqué varios capítulos a exponer las ideas que impulsaban a unos y otros.

En la Europa de los años 30, las ideologías eran sobre todo tres, cada una con variantes: el marxismo, el fascismo y el liberalismo. Pese a sus fuertes discrepancias, todas tenían algo en común: su raíz en la Ilustración, en el culto a la Razón. A menudo se ha caracterizado al fascismo y al nazismo como irracionalistas, pero creo que es un error de enfoque. Cualquier ideología se ve obligada a utilizar la razón para explicarse y justificarse. La oposición entre el “frío” racionalismo de la Ilustración y el relieve del sentimiento y la voluntad en el Romanticismo, es muy relativa. Los “irracionalistas” fascistas, por ejemplo, deben  recurrir a la razón para explicar y justificar sus ideas, y lo hacían constantemente; y un racionalismo que concibiera al ser humano como una especie de máquina en cuya conducta no tomaran parte relevante los sentimientos y la voluntad, simplemente no sería racional. Otra cosa es que la razón no llegue a dar cuenta clara de la realidad humana y exterior.

Por otra parte, el culto a la razón por encima del sentimiento y la voluntad, como ocurre en el marxismo y en cierto grado en el liberalismo positivista, origina a su vez voluntades y sentimientos muy poderosos. Solo hay que pensar en la Revolución francesa y su explosión sentimental en torno a la razón, o en el empeño y pasión con que los racionalistas suelen defender sus puntos de vista.

La razón es la facultad que nos permite clasificar y  ordenar mentalmente el mundo exterior, la sociedad y la propia individualidad — la ebullición de los deseos del individuo–, dándoles algún tipo de sentido. Que la capacidad de ordenar todo ello es limitada, lo revela la propia multiplicidad y a menudo contradicción de las  soluciones (teorías e ideologías) nacidas del esfuerzo racional. Porque  los hechos nunca acaban de encajar perfectamente en las teorías, desbordan a estas y obligan una y otra vez a  modificarlas o a abandonarlas. Además, de unas mismas premisas no se siguen consecuencias precisas e  ineluctables, sino que estas pueden ser muy diversas. Y el razonamiento parte siempre de premisas últimas cuya racionalidad se hunde en la bruma. De la idea, generalmente compartida, de la dignidad humana –idea de orden más bien religioso–, marxistas, liberales y nazis sacan conclusiones y doctrinas muy distintas, incluso opuestas.

Característico de esas ideologías es la sustitución, el rechazo o la marginación de la religión tradicional, cristiana en el caso europeo. Los tres parten del supuesto de Laplace extendido a la sociedad y a la individualidad humanas: no hace falta la hipótesis de la divinidad para explicarlas. Algunas corrientes liberales son abiertamente ateas, pero sus puntos de vista en general resultan más complicados, llegan a admitir la realidad y acaso la necesidad de la fe, e incluso le dejan un espacio importante. El marxismo es abierta y agresivamente ateo, ya que no solo cree innecesaria la “hipótesis”, sino que la juzga causante de la alienación y opresión de la humanidad. En cuanto al fascismo, en el fondo ateo o ateoide, no se opone a la religión tradicional, considerándola hasta cierto punto útil políticamente.

Un punto clave en las ideologías es la consideración de la ciencia. Todas ellas –el liberalismo en menor grado–  se proclaman científicas en el sentido laplaciano (Dios sobra, o estorba, o impide la explicación del mundo) Por lo que se refiere a la sociedad humana, objeto primordial de las ideologías, Darwin influyó poderosamente en ellas. Como ocurre con las premisas, su teoría de la evolución dio pie a ideas diversas, como el racismo o la filantropía. Ambas cundieron por las sociedades liberales y formaron parte del bagaje de las ideologías citadas.

Y aunque las ideologías desplazaron considerablemente a la religión cristiana, no acabaron en absoluto con ella, pues en sus tres variantes  siguió influyendo, de forma a veces callada o implícita, sobre grandes masas de toda Europa. En otro sentido, y teniendo en cuenta los tremendos choques sociales, agitación y guerras relacionadas con el auge de las ideologías, podríamos concluir que esos fenómenos se deben al abandono de la religión. Pero las épocas anteriores, más religiosas y menos ideologizadas,  conocieron, como sabemos, abundantes hechos semejantes, lo que obliga a una reflexión más amplia, que aquí no viene al caso.

Como veremos, estas ideologías que recorrían Europa, predominando unas en unos países y otras en otros, también se manifestaron agudamente en España, pero con unas características muy propias.

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http://historia.libertaddigital.com/un-stalingrado-fallido-en-el-norte-de-rusia-1276239212.html

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El deseo y la utopía / Con Stanley Payne en el Valle de los Caídos.

Blog I: ¿Qué está pasando? / Seis tesis sobre la crisis / El matón Mario http://www.intereconomia.com/blog/que-pasando-seis-tesis-mario-20130204

 

Algunas dinámicas del deseo

Puesto que hemos definido el deseo, tan múltiple y variable, como la relación básica del yo con el mundo exterior, podríamos continuar la reflexión, sin pretensiones sistemáticas.

La propia vida humana podría describirse  como los avatares individualizados del deseo, la mezcla de satisfacciones y frustraciones que el mundo ocasiona a las exigencias del yo. Sobre las frustraciones –la radical es la muerte–, ya hemos dicho algo. En general, las frustraciones ocasionan a la psique heridas superficiales de las que el yo se repone fácilmente, y otras de mayor entidad. Algunas nunca llegan a cicatrizar, crean resentimientos permanentes y definen en gran medida la personalidad.  Las frustraciones pueden venir de golpes ocasionados por el mundo exterior, o bien de la propia configuración del yo, que desearía poseer unas cualidades de cualquier tipo, físicas intelectuales  o morales, que no le concedieron los dioses. Las insuficiencias de los dones propios las percibimos constantemente al compararnos con otros individuos, y obligan a la voluntad y el entendimiento a un trabajo con resultados diversos: aceptación productiva y serena, resignación dolida, indignación con la vida, autodesprecio, envidia, etc. La envidia, por ejemplo, es un sentimiento muy natural y probablemente afecta a todo el mundo en distintos grados, desde la llamada “sana envidia” hasta la obsesión ensañada y cargada de odio. Esto se debe a que el yo solo se siente vivir a sí mismo, tiende a ver a los demás yoes en función de sí mismo  y aspira a una plenitud que los otros yoes en competencia le impiden.

Los deseos, sus intensidades,  evoluciones en el tiempo y distintas distribuciones en el individuo, marcan el carácter de este y su experiencia vital, realmente definen su vida. Pero no por completo. Ocurre que hechos no deseados previamente, puramente circunstanciales, pueden causar grandes traumas o bien grandes satisfacciones. Así los accidentes o la aparición no esperada ni esperable de personas que llegan a cambiar decisivamente la peripecia del yo, etc. Ante ellos, el yo se ve obligado a redirigir la energía de sus deseos. A veces un gran fracaso hunde a la persona a veces le permiten redirigirse y llegar a una posición satisfactoria.

Los deseos proliferan de forma desordenada, a menudo contradictoria,  originando pensamientos, ensoñaciones, rumias mentales; y el yo consciente, para no verse desgarrado,  ha de esforzarse constantemente en ordenarlos. Podría decirse que gran parte de nuestro trabajo íntimo consiste en poner orden en los deseos, tanto temporalmente (marcándose objetivos sucesivos, por ejemplo) como espacialmente, si así puede decirse, deliberando o valorando para seleccionar los que parecen más prometedores o más satisfactorios y poner en relación unos con otros. Este es un esfuerzo  que con frecuencia no obtiene buen resultado, por la facilidad de errar en la valoración o deliberación, y porque siempre hay un factor de riesgo y de azar.

Existen además conflictos permanentes entre deseos de distintos niveles. Así, es parte esencial de la vida humana el  contraste entre las exigencias morales (reflejo de un deseo de nivel superior) y las conductas prácticas, en las que a menudo se imponen deseos menos elevados y perentorios.

Finalmente (es un decir), un deseo puede ser en sí mismo contradictorio y por tanto no tener salida. No solo porque, por ejemplo, se quieran los fines pero no los medios para obtenerlos, o porque se quieran cosas incompatibles, sino también porque existen “deseos indeseados”, cosas que se quieren y no se quieren al mismo tiempo,  aparte de los deseos indeseables, como los que conducen a la drogadicción.

Las utopías, en general, prescinden de estas complicaciones y del esfuerzo, a veces agotador, que implican. Imaginan un mundo en que los deseos de todos se satisfacen sin trabas, sin tener en cuenta su complejidad e inestabilidad, la variación individual de ellos y el obstáculo que siempre opone el mundo exterior, el mismo mundo físico. Tienen una idea muy simple del ser humano, y su práctica aspira a reducir a este a esa simplicidad, por no decir simpleza. A animalizarlo, finalmente.

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Este domingo estuvimos comiendo mi mujer y yo con Stanley Payne en el Valle de los Caídos. Tuvimos ocasión de admirar de nuevo esta obra grandiosa y singular, su unidad de estilo  sencilla, su arte sencillo y claro, sin apenas barroquismo, su bellísima sobriedad. Es, simplemente, el monumento más logrado erigido en cualquier lugar del mundo en el siglo XX, digno de pasar al catálogo de auténticas  maravillas creadas por el hombre. Hasta Preston ha tenido la decencia de reconocerlo. Si algo define la insondable vileza y ruindad de nuestra izquierda es su insistencia en destruirlo. Han hablado abiertamente de volarlo estos criminales, y, ya que ello causaría un escándalo excesivo, incluso para su desvergüenza, se han pasado toda la  delincuente zapaterada tratando de arruinarlo, o hablando de cambiarle el carácter con el infundio, difundido masivamente y acogido por la derecha, de que fue construido por decenas de miles de “presos políticos” en régimen de trabajos forzados. El antifranquismo, realmente, no es otra cosa que un denso núcleo de estupidez protegido por gruesas capas de embustes.

“Ni aunque lo hubieran hecho los comunistas habría que destruirlo”,  comenté a Payne.  Si nuestra casta política no hubiera alcanzado un grado tal de indecencia –casi tanto la derecha como la izquierda–  promocionaría el monumento. Aunque sus alcances morales e intelectuales no dieran para más que verlo como una fuente de ingresos. Pues millones de visitantes de todos los países pagarían muy a gusto la modesta entrada. Casualmente, en la tienda de recuerdos a la entrada del templo se venden varias historias de España o de la guerra  civil de tine neutro o más bien progre. Entre ellos uno prologado por el talibán Ian Gibson, uno de los que han hablado de volarlo. Así es  la derecha.

Alguien lo  calificó de “obra faraónica”. Pero de las obras faraónicas comen todavía hoy millones de egipcios. Y esta, por cierto, tengo entendido que se construyó a base de loterías y donativos, creo que costó muy poco o nada al erario. Imaginen lo que nos han costado a todos  faraonadas de izquierda como aeropuertos  sin aviones o líneas de  AVE sin viajeros. Por poner algún caso.

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