Para entender a Rajoy

Blog Gaceta: Sobre Cataluña: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/articulos-sobre-cataluna-20120911

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(Lo siento, la letra sale así a ratos y no sé cómo remediarlo)

La debilidad del análisis político en España, que casi nunca pasa del chismorreo y la obviedad, ha permitido que Rajoy sea un incomprendido. Ya muchos se van dando cuenta de la talla política del personaje, un poco tarde, cuando la misma se va haciendo demasiado evidente. Por lo que a mí respecta, expongo aquí una breve relación de artículos con sus fechas. Creo que la experiencia me va dando –desgraciadamente—la razón. Se trata de un Zapatero bis, e incluso puede resultar peor:

Rajoy (oct. 2006) (Como puede verse, andaba yo todavía algo equivocado con el hombre):

El capital político acumulado por Aznar —excluyendo su pésima explicación de la guerra de Iraq y su nefasta política de medios—, más el descrédito del PSOE, debieran haber dado a Rajoy una gran mayoría absoluta en 2004. Pero él prescindió de aquel capital y de la crítica a fondo a las majaderías de Zapatero. Se dedicó a hacer promesas como si saliera de la oposición sin un pasado reciente que las respaldara; y permitió al PSOE presentar mil ofertas como si no las invalidase su pasado reciente y nunca corregido. Zapatero estuvo a lo ofensiva y Rajoy a la defensiva. Solo las rentas de la gestión de Aznar, a las que él no añadía nada, daban a Rajoy una victoria mínima y probablemente insuficiente para gobernar. Y al final todo lo decidió una jugada oscura y sangrienta.

Desde entonces no es que le hayan faltado a Rajoy buenas ocasiones. Por ejemplo, la nefasta Constitución europea fabricada por el corrupto etarrófilo Giscard d´Estaing. Por supuesto, Rajoy la criticó severamente… para apoyarla al fin. En lugar de una gran victoria política compartió el fracaso de Zapatero, y en la ridícula posición de peón de este.

Vino la mayor traición perpetrada por Zapatero hasta ahora, el mayor precio político pagado a la ETA y el separatismo: el estatuto de Cataluña. Rajoy demostró la ilegalidad del engendro, pero aceptó discutirlo en las Cortes y a continuación lo imitó en Valencia y Baleares… de momento. ¡Y poco después se ofreció al gobierno para ayudarle a evitar un “precio político” en los chanchullos con la ETA!

Acabamos de ver la misma táctica con respecto al envío de tropas al Líbano: tras una crítica feroz… Rajoy apoya a Zapatero. En torno a la investigación del 11-M, la misma llamémosle táctica: “No pero sí, o sí pero no”.

En algún momento, ya no recuerdo por qué, Rajoy rompió estrepitosamente la relación con el gobierno… y tres días después le estaba mendigando una reunión y quejándose de enterarse por la prensa de las decisiones gubernamentales. Difícil un mayor esperpento. Y encima soportando el regodeo de Zapatero y su aparato mediático: “PP, extrema derecha”. En fin, para qué seguir. ¿Qué confianza puede dar esta conducta al electorado?

Y sin embargo Rajoy no es un Piqué o un Gallardón, dispuestos a traicionar cualquier principio y a colaborar con la Infame Alianza. Él ve la realidad, parece sentir la democracia y la unidad de España, seguramente supera a Zapatero en inteligencia. Pero no es capaz de diseñar una estrategia acorde con los hechos y con sus sentimientos, y ahí reside la diferencia. Zapatero obra con una estrategia, la haya elaborado él u otros, y Rajoy no. Su mensaje, contradictorio y desalentador hasta el patetismo, cabe resumirlo así: “El gobierno realiza una política horrorosa, anticonstitucional y antiespañola, pero nosotros estamos dispuestos a colaborar con él, para evitar males mayores”.

¿Qué males mayores? Obviamente, la pérdida de poltronas, obsesión de los Arriolas y tantos otros. Penúltimas encuestas: el PSOE aventaja en varios puntos al PP. ¡Y eso viviendo todavía el PP de las rentas de Aznar, porque nada nuevo o mejor se le ha ocurrido desde entonces! Parodiando a Churchill, cabría advertirles: “Aceptáis el deshonor por conservar las poltronas, y perderéis las poltronas con deshonor”. ¿Sabrá Rajoy aprender de la experiencia?”.

(Como se recordará, este genio perdió las elecciones de 2008)

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                      El  PP de Rajoy (oct. 2007)

Rajoy ha vuelto a dar muestras de su flojera en relación con la pasada guerra contra Sadam Husein. En el PP siempre hubo gran incomodidad por la decisión de respaldar –moral y políticamente, sin intervención directa– el derrocamiento del genocida, que tanto repugnaba a la izquierda y los separatistas españoles (les repugnaba el derrocamiento, no el genocida, cuyo carácter “laico” siempre han ponderado). Ciertamente había argumentos de peso tanto para que España interviniera como para que no interviniera, pero una vez decidido el apoyo a la intervención, el gobierno del PP debió haber volcado todos sus medios de explicación e información, que en aquel momento eran muchos, para aclarar su postura a la ciudadanía y poner en su lugar la violenta demagogia desatada por la Infame Alianza, ya entonces en marcha.

No lo hizo, claro. Los telediarios parecían hechos por el PSOE, y la postura básica del PP fue de inhibición en espera de que pasase la tormenta. El resultado de esta inconsecuencia y básica cobardía moral fue que, al llegar las elecciones, un partido como el PSOE, pringado de la cabeza a los pies en el terrorismo y la corrupción, estuviera rondando la mayoría, y que un atentado monstruoso volcara luego a gran parte de la opinión contra Rajoy.

Rajoy y los suyos no estuvieron a la altura de las circunstancias cuando gobernaban. No lo han estado en la oposición casi en ningún momento. Siguen sin estarlo en la campaña electoral que ha comenzado de hecho: ahora aspiran de nuevo a congraciarse con la izquierda, a costa de Aznar.

 Este PP no es el partido de Aznar, ni de Mayor Oreja, Vidal Quadras o Esperanza Aguirre. Es el partido de Gallardón, Arenas, Camps, Feijoo, Arriola y compañía. Y de Rajoy, claro. Muy lamentablemente.

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La involución política (mayo 2008)

Ningún sistema político es plenamente estable, y puede evolucionar en diversos sentidos. El sistema de libertades establecido en 1978 pudo tender a una democracia más firme, corrigiendo poco a poco las graves deficiencias de la Constitución, o hacia una progresiva descomposición de la convivencia social y la integridad del país. Si observamos su desarrollo desde entonces constatamos, tras la etapa constituyente y poco definida de UCD, un grave deterioro de los valores democráticos bajo Felipe González, una tímida pero cada vez más clara reorientación en la buena vía en tiempos de Aznar, y una reincidencia brutal, una verdadera involución política tras la matanza del 11-M.

La involución se manifiesta en hechos como los siguientes: socavamiento de la Constitución desde el poder, desde los separatismos y desde el terrorismo, todos juntos en el llamado proceso de paz, propiciando un verdadero golpe de régimen mediante hechos consumados; ataque asimismo conjunto a la integridad de España, en proceso de balcanización por medio de la creación de nuevas “naciones” (la nación es la base de la soberanía) y la reducción a residual del estado español en varias de sus regiones; falsificación sistemática de la historia con vistas a enlazar la democracia con el régimen fraudulento y pro totalitario del Frente Popular y recuperar los rencores ya superados en el franquismo; fuerte retroceso y corrupción de la independencia judicial, manifiesto especialmente en el Tribunal Constitucional o en sentencias como la del 11-M; descenso, con ello, de la seguridad jurídica; ataque persistente a la libertad de expresión, prácticamente cercenada en varias regiones y en retroceso en el resto; corrosión persistente de la igualdad ante la ley y de los valores morales sobre los que se asienta la convivencia en libertad, sustituidos por otras pretendidas igualdades, por los ataques a la familia y la intromisión creciente del estado en la esfera de lo privado; aumento de la corrupción y el clientelismo políticos; apoyo internacional a regímenes totalitarios, tiranías diversas y terrorismos…

A estos datos, indudables para quien siga con alguna atención crítica la actualidad, debe añadirse la ausencia de una verdadera oposición democrática. La rectificación emprendida por Aznar y Mayor Oreja naufragó en el seno del PP con el nombramiento de Rajoy: desde la misma campaña electoral del 2004 se percibe en él, claramente, un distanciamiento de fondo con respecto a la política de Aznar y un creciente seguimiento –con matices, pero solo con matices– de la política del Gobierno “rojo”, hasta integrarse, finalmente, en su diseño golpista.

La única oposición real ha sido la de la COPE, Libertad Digital, Intereconomía y unos pocos medios más, o de personajes aislados dentro de esos medios. Y contra ella están cargando, para anularla, el Gobierno y la seudo oposición de Rajoy. Este es el panorama, de momento.

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Para entender a Rajoy (mayo 2008)

Tal como mucha gente se empeña en no entender las fuertes y evidentes bases ideológicas de la colaboración del Gobierno (o del PNV) con los asesinos etarras, otras muchas personas se obstinan en cerrar los ojos ante la carrera de Rajoy, cuya lógica no acaban de percibir. Sería muy largo repasar las muchas ocasiones en que Rajoy se ha retratado, y alguien debería estudiar con detenimiento su trayectoria en estos cuatro años. Recordaré solo algunos casos clave.

Aznar nombró a Rajoy pensando en unas elecciones prácticamente ganadas, tras las cuales se mantendría la estabilidad institucional, el pacto antiterrorista, etc. Pero Rajoy hizo dos cosas: echar a perder en pocas semanas la gran ventaja de partida sobre Zapatero heredada de Aznar, que rebajó hasta un dudoso punto y medio de ventaja en vísperas del 11-M (pudo haber perdido o quedado sin Gobierno, incluso sin la matanza); y traicionar el legado de Aznar, que prácticamente no mencionaba (como tampoco el pasado del PSOE), para, a base de promesas vacías de corte económico, presentarse como “algo nuevo”. Su oportunismo y falta de principios se manifestó también en su negativa al debate con su contrincante, calculando que clarificar las respectivas posturas ante los ciudadanos solo beneficiaría a quien por entonces parecía perdedor. Con todo ello ya dio su talla, su perfil no bajo, sino ínfimo, aunque por entonces muchos lo creímos producto de una corregible ingenuidad del principiante (si bien llevaba muchos años en la política), o de los célebres complejos derechistas, también corregibles en principio.

Algo después dejó en claro su estilo marrullero ante la Constitución europea de Giscard, permanente (y corrupto) enemigo de España. Aquella Constitución dibujaba un eje reforzado París-Berlín a expensas de los demás socios y particularmente de España, que perdía la posición alcanzada por Aznar en Niza. Por supuesto, el antiespañol Gobierno apoyó a Giscard, y Rajoy tuvo una excelente oportunidad de defender el interés de su país. Pero no lo hizo. En medio de pequeñas protestas que causaban la hilaridad del PSOE, Rajoy apoyó a Giscard y al Gobierno, contribuyendo a la infame campaña totalitaria, diseñada para mentes infantilizadas. Rajoy obró así, y no por torpeza ni complejos, sino por la misma ausencia de honradez y de principios políticos ya demostrada en su campaña electoral. Tuvo el merecido castigo cuando casi un 60% de los ciudadanos se abstuvo, castigo remachado por el fracaso del engendro en otros países europeos. Sus patéticos, pero sobre todo nuevamente deshonestos, intentos de hacer recaer sobre Zapatero las consecuencias del “error” compartido solo ponían más de relieve su indignidad. Rajoy simplemente imitaba la desvergüenza de su antagonista, pero, ahora sí, con mayor torpeza.

La experiencia pudo servir, pero no sirvió de lección al estadista, que se encontró con la abierta complicidad del Gobierno con la ETA y los partidos antiespañoles de algunas regiones, con la inversión del pacto antiterrorista, plasmado en el anticonstitucional estatuto catalán. ¿Qué hizo este hombre de principios ante tales actos? Tratar de engañar a la opinión pública ofreciéndose servilmente a Zapatero para ayudarle “cuando los demás le hubieran abandonado” y otras declaraciones de una abyección difícilmente superable, un auténtico fraude a la ciudadanía. El referéndum sobre el estatuto catalán fue un fracaso político para sus promotores, al ser aprobado por menos de la mitad del censo. Nuevamente tuvo Rajoy la oportunidad de defender unos principios claros, y nuevamente hizo lo contrario: tras molestar a la gente con la recogida de cuatro millones de firmas, las olvidó y entró en la carrera disgregadora de la unidad nacional, con una ampliación balcanizante de los estatutos de Valencia, Baleares o Andalucía, no planteada ni querida por la mayoría de la sociedad.

Ha sido toda una carrera de claudicaciones y engaños, trufada de algunos repentes sin plan ni consecuencia, como sus rupturas con Prisa y con el Gobierno, para mendigar al poco la atención de ambos. Por terminar de algún modo, el político acabó de mostrar sus principios –su radical carencia de ellos– con sus declaraciones sobre la economía como “el todo”, con la nena angloparlante que porta, el hombre, “en la cabeza y el corazón”, y con la constante afirmación de sus “ganas de ser presidente”. El discurso de un estadista. Estadista al nivel de Zapo; tal para cual, en verdad.

Muchos erramos al principio, como dije, pensando en un político torpe o acomplejado que rectificaría. De ningún modo. Si ha seguido al Gobierno, con algunos matices, ha sido porque tiene con él cierta identificación de fondo, tal como el Gobierno la tiene con la ETA. Considera, por ejemplo, que la transformación ilegal del país en una confederación sumamente laxa y balcanizante es un hecho inevitable, al que no cabe hacer oposición; que la crítica a otras muchas disposiciones del Gobierno resulta, como piensa Gallardón, “poco moderna” y le identifica demasiado con las posturas de la Iglesia. Si nunca defendió con algún empeño a la AVT, a la COPE o a Jiménez Losantos frente a las asechanzas de los “rojos” no se debe simplemente a flojera, es que no se siente identificado con ellos. Y dentro del PP se está manifestando como hombre resuelto, con ganas de poder, está dando un auténtico golpe de partido, transformándolo al modo como Zapo transformó el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo. No hablo de la honradez personal de Rajoy, que aquí no viene al caso, sino de su falta de honradez política, de su oportunismo y su decisión bien demostrada de explotar la credulidad de sus votantes, de engañarlos.

En las filas de la derecha crece el descontento, pero de momento nadie osa cuestionar la jefatura rajoyana. Un descontento sin programa, plan de acción ni liderazgo sirve de poco, y quizá termine por hacer reventar al PP como ocurrió con la UCD. Los disidentes tienen ahora su gran ocasión, que pasa por entender y desmitificar al transformador del partido. Si la desaprovechan habrán demostrado una talla no mayor que la de la actual dirección partidista. Y una responsabilidad no menor.

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                        Blog, junio de 2008

Nunca dirá Rajoy: “Zapo tenía razón. Debemos sumarnos a la carrera por dar gusto a separatistas y terroristas y liquidar la Constitución mediante hechos consumados”. Dirá más bien: “queremos un partido centrista, dialogante y de futuro. Sin abdicar de nuestros principios”. Que significa exactamente lo mismo

Tampoco dirá: “Debemos aislar a María San Gil y cuanto ella representa como defensa de unos principios que nos parecen molestos y anticuados”. Insistirá: “Se trata de construir un partido centrista, moderado, dialogante y de futuro”. Que vuelve a significar lo mismo.

Ni dirá: “Nos importa un bledo la libertad de expresión, y nos parece muy bien que a Jiménez Losantos le apliquen un correctivo que enseñe a los demás a conducirse adecuadamente”. Volverá a dar la matraca: “Un partido centrista, dialogante y de futuro, con la nena angloparlante en el corazón y el cerebro”. Que, una vez más, significa lo mismo

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  Sexy Rajoy (enero 2009)

El cada día más inspirado y mujeriego señor Rajoy, sobre la sorayescas fotos: “España ha avanzado en tolerancia y respeto a los demás pero no lo suficiente”; “Nos queda mucho por recorrer”. ¡Cómo, don Mariano, la tolerancia y el respeto hacia el puterío, sobre todo por parte de la izquierda, son inmensas en España! A lo que hay escasa tolerancia y respeto es a las víctimas directas del terrorismo, a la moral familiar, a democracias como Israel, a la independencia judicial, a la formación intelectual y moral de los niños y a todas esas cosas, que para don Mariano son seguramente fruslerías. Así que anímese: el país entero está esperando un strip tease de usted: seguro que, dado el alto grado de tolerancia ya alcanzado, con ello gana las elecciones, que es lo que cuenta, arrancando masas de votos al PSOE… si es que Zapo no se le adelanta con la idea propuesta por Matías Crevillente. Sea valiente, tío, sea audaz, adelántese y modernícese. Haga que nos quede menos por recorrer.

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La táctica del señor Rajoy (dic. 2009)

El señor Rajoy ha tenido la amabilidad de aclararnos reiteradamente que a él lo que le apetece es ir a la Moncloa, y no como visitante, sino como inquilino. Noble apetencia a la que, sin duda, tiene pleno derecho, como cualquier ciudadano, hasta el más chiflado. El mismo señor Rodríguez, sin ir más lejos, le preguntó a su madre, en el lecho de muerte: “Mamá, ¿crees que voy a ser presidente?”. Y la madre, “con la parte más íntima de su cariño”, debemos suponer que le dijo que sí, aunque no he llegado a leer la respuesta, si la hubo en trance tan extremo (entiendo que con estas cosas no caben bromas, pero es el señor Rodríguez, con su peculiar idiosincrasia, quien les da un toque no menos peculiar). Como fuere, el señor Rodríguez parece convencido de que la respuesta a su pregunta fue positiva, por lo que se consideró obligado, en lo sucesivo, a cumplir fiel y abnegadamente la creencia materna, y ya ven lo que hace la fe: observadores superficiales dirán que el señor Rodríguez es un bobo solemne, pero, lo sea o no, ahí lo tienen en la Moncloa, como quien no quiere la cosa. Que ya les gustaría a muchos envidiosos.

El señor Rajoy, pues, también quiere ser presidente, por las razones que sea y que él presumiblemente conoce bien y no tiene por qué andar por ahí contándolas al primero que pase. Y, como es lógico y no cabía esperar menos de una persona inteligente, ha estudiado a conciencia la táctica para alcanzar su admirable objetivo, porque en ese terreno no se puede ni se debe obrar a tontas y a locas, máxime cuando él sabe, por experiencia, que tiene enfrente un duro competidor que ya lo ha derrotado dos veces, la primera a pesar de partir el señor Rajoy con un margen de ventaja muy grande. No hay enemigo pequeño, dice con toda razón la sabiduría popular.

Y es que, con todo su derecho ciudadano a cuestas, un aspirante a la Moncloa tiene ante sí una ardua tarea necesitada de hondas reflexiones y de una energía fuera de lo común, razón por la que la Moncloa no está superpoblada de ciudadanos con muchos derechos, sí, pero sin aquellas otras cualidades precisas. Dicho de otro modo, la cosa exige una táctica bien elaborada y una firmeza de carácter que, por doloroso que sea reconocerlo, no están al alcance de cualquiera. Si el aspirante es un hombre burdo y poco cultivado, de esos que llaman de principios o de ideas, ejercerá una oposición digamos robusta denunciando, por ejemplo, que Rodríguez ha colaborado con la ETA, que ha hecho polvo la Constitución, que amenaza la integridad de la nación, corroe la independencia judicial, financia la recuperación de los odios de la guerra civil, impone leyes totalitarias o una enseñanza del mismo estilo, etc. Eso es seguramente lo que haría cualquier aspirante de mente primaria y sin dos dedos de frente. Pero el aspirante Rajoy está muy por encima de esas bobadas: “¿Qué ganamos con denuncias semejantes? Crispar a la gente, angustiarla, inquietarla, y eso es lo último que debe hacer un profesional de la política. Por ahí no vas a ningún lado”. Efectivamente. Un táctico de su categoría se percata al primer golpe de vista de que, si el señor Rodríguez ha hecho lo que ha hecho y ha ganado dos elecciones y sigue en el poder, sólo puede deberse a que ha obrado con acierto, a que lo que ha hecho está muy bien hecho. Y así el señor Rajoy, con sutileza taoísta, imita concienzudamente los logros del señor Rodríguez en todo lo que le permite su momentánea permanencia en la oposición y el poder de que dispone en las regiones donde gobierna el PP.

Una persona poco perspicaz y lega en las sofisticaciones de la política objetará: “Pero si hace lo mismo que Rodríguez, nunca conseguirá desplazarlo, porque la ciudadanía ya tiene a Rodríguez haciendo esas cosas, ¿para qué necesita entonces a Rajoy?”. Este modo de razonar sonará convincente a hombres y mujeres de mentalidad simple, pero no, desde luego, al señor Rajoy, que las caza al vuelo. La objeción antedicha presupone que los ciudadanos son en alguna medida inteligentes, y el señor Rajoy sabe muy bien que distan mucho de ser lumbreras, pues si no, ¿cómo han podido dar sus votos a un bobo solemne, como ha definido, no entramos si con acierto o no, al actual inquilino de la Moncloa? No, la táctica de un aspirante inteligente de verdad tiene que ser doble: hacer como el bobo –solemne pero exitoso–, y esperar pacientemente a que éste se desgaste. Porque una ley de la política es que el poder termina desgastando al más pintado. Y entonces será la gran ocasión del señor Rajoy: entrará en la Moncloa para quedarse allí unos añitos, los españoles nos sentiremos orgullosos de su hazaña, él será feliz y los demás no menos. Porque la felicidad es lo que tiene, que se contagia.

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La honradez de Rajoy (abril 2010)

Oigo a muchos repetir como una consigna que Rajoy podrá ser esto o lo otro, pero por lo menos es honrado. Desde luego, no tengo ninguna duda sobre su honradez personal que, en principio se le supone a todo el mundo. Pero la cuestión aquí es la de su honradez política, y ahí la cosa ya es mucho menos clara. Así como no podemos fiarnos de la honradez de quien empieza por no tener claro si robar o sobornar o dejarse sobornar es bueno o malo, tampoco podemos fiarnos de un político carente de otras convicciones que “la economía lo es todo”, o que es bueno estar en el poder. ¿Podemos considerar honrado a un político que apenas deja oír una queja ante los ya incontables desmanes de un Gobierno pro chekista, pro terrorista, pro pederasta y contrario a la independencia judicial; un político que denuncia un estatuto anticonstitucional para después imitarlo, que admite la invención de “realidades nacionales”, que admite la exaltación de un botarate como Blas Infante a “padre de Andalucía” y los homenajes anuales correspondientes, que fomenta los separatismos en los hechos, que no sale en tanga en la televisión después de defender el derecho de sus mozas a salir en los medios con atuendo cabaretero, que apoya en la práctica el “matrimonio” homosexual y el aborto, que invita a olvidar la historia y cumple sin más la totalitaria “ley de memoria histórica”, ley que deslegitima la democracia presente –ya camino de ser pasada– y la monarquía; un político que presiona para silenciar a periodistas molestos y desactiva la AVT, etc. etc.?

Como decía, Rajoy tiene dos convicciones firmes: el poder y la economía, o una combinación de ambas, el poder de la economía o la economía del poder. Su programa consiste en eso: “es preciso echar al Gobierno actual y colocarnos nosotros en su lugar”. Y mucha gente sólo sueña con que se vaya Rodríguez, sin pensar en quién será el sustituto, es decir, un señor que ha dado sobradas pruebas de su disposición a traicionar cualquier valor o promesa en nombre de la economía y el poder. Aunque Rajoy tampoco demuestra mucha prisa al respecto, pues sin duda le resulta preferible que sea el Gobierno actual quien peche con la crisis, aunque se arriesga a que, si esta va superándose antes de las elecciones, vuelva a perderlas. Pero la vida, ya se sabe, tiene siempre sus riesgos. Por lo demás, parte importante de la economía es la colocación profesional del numeroso personal del partido en cargos políticos, único medio de mantenerlo agradecido, fiel y disciplinado. Y Rajoy dispone de un poder regional y local suficiente para repartir muchos cargos.

Y en cuanto a la economía en general, sus propuestas, de carácter populista, no convencen a muchos economistas expertos, y aun las más aceptables de ellas habría que ver si era capaz de ponerlas en práctica frente a una presión fuerte de sus adversarios, que debe darse por segura. Ahora bien, la economía es un concepto muy amplio, y puede dar serios disgustos: el caso Gürtel, por ejemplo.

(¿Hacía falta mucha perspicacia para darse cuenta de estas cosas? Pues casi nadie más las decía)

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¿Es Rajoy demócrata? (nov. 2011)

Ruego a mis lectores difundan este comentario:

Ayer, en el programa de Carlos Cuesta en VEO 7, intenté explicar con perspectiva histórica estas elecciones a partir de lo que ha significado el zapaterismo. Este no es otra cosa que la ruptura pretendida en la transición por los partidos de izquierda y los separatistas, ninguno de ellos demócrata ni hispanófilo: en dos palabras, el rechazo de la evolución constructiva de la ley a la ley, esto es, de la legitimidad franquista a la democrática, para imponer el entronque con la legitimidad fraudulenta del Frente Popular.

La ruptura fracasó entonces, afortunadamente, pero se ha impuesto desde el poder con Zapatero. El resultado ha sido coherente con el carácter político del rupturismo: una profunda crisis de la democracia, una profunda crisis de la unidad nacional y una profunda crisis económica, aunque esta última debida solo en parte al PSOE y compañía.

A partir de ahí expuse mi opinión sobre el discurso de Rajoy, calificándolo de verborrea, ante todo por una razón: porque no mencionó en absoluto la crisis política y nacional y habló exclusivamente de la económica. Y esto no puede ser más revelador. Cuando perdió Felipe González se hablaba de una necesaria regeneración democrática… que no se produjo, aunque al final del período de Aznar se iba avanzando en esa dirección, gracias al cambio (parcial) de postura hacia la respetadísima ETA. Ahora, la necesaria cuestión ha desaparecido de la agenda política.

 Por ello Rajoy no pronunció un discurso de estadista, sino de oportunista político. Claro que cabría pensar que, dada la urgencia de la catástrofe económica, esta sería lo primero a abordar y después, una vez solucionada, podrían afrontarse los problemas democrático y nacional con la autoridad moral y política de haber resuelto la primera. Sin embargo las tres crisis van muy ligadas y difícilmente esperarán a resolverse sucesivamente, suponiendo que sea esa la idea de Rajoy, cosa muy dudosa.

El discurso de Rajoy es más bien coherente con un político que cree que “la economía lo es todo”. Cabría pensar que esta fue una frase disparatada como tantas que todo el mundo soltamos de vez en cuando, pero creo que revela una concepción de base, puesta nuevamente de relieve en su discurso y en toda su actitud política. Y alguien que cree que la economía lo es todo, no es un demócrata (con esa idea, China sería hoy el país más democrático del mundo). La democracia es mucho más que la economía. Ojalá me equivocara, pero lo que Rajoy ha hecho (más propiamente no ha hecho) en la oposición, será lo que haga o no haga en el poder. No me parece en absoluto el hombre adecuado para afrontar la crisis de la democracia ni la crisis de la disgregación nacional. Ni tampoco la crisis económica si intenta cumplir sus promesas electorales.

Por estas razones no soy optimista sobre su gestión. Creo que ha sido una buena noticia, aunque insuficiente, la derrota del PSOE, pero no la sustitución de Zapatero por Rajoy. En el PP hay una corriente que puede llamarse demócrata y patriota, representada por políticos como Mayor Oreja o Vidal-Quadras, quizá Aznar, a quienes puede calificarse de demócratas y patriotas. A Rajoy, Soraya, Cospedal, Gallardón y tantos más, el grupo dominante hoy en el PP, solo cabe calificarlos de oportunistas dispuestos a chalanear con cualquier principio, porque el único principio que conocen es el “económico”. En sus diversas acepciones.

Creo que estas cosas hay que decirlas ahora, en plena euforia, y no cuando llegan los fracasos y las promesas incumplidas y todo el mundo asegura que ya lo había visto venir. No obstante, repito, ojalá me equivoque.

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Próximos ya al año de gobierno de Rajoy, hay pocas dudas de que no me equivoqué. En tan breve tiempo, este hombre ha superado las marcas de Zapatero en cuanto embustes a la  opinión pública, promesas rotas e ineptitud. Uno se pregunta por qué no se va. Pues no, el poder le atrae irresistiblemente, él mismo lo ha dicho. Como a Zapatero. Rajoy sabe muy bien lo que les conviene a los espñoles. Lo dice a menudo.

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Ha vuelto la república. Hope Aguirry, por el vicio rentable

Blog gaceta: Historia basura de Martínez Reverte / Recuerdos: Primer Cementerio de Atenas: http://www.intereconomia.com/blog/historia-basura-martinez-reverte-20120910

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Para entender la república es imprescindible empezar por los diarios  de Azaña. Aun olvidando su propia responsabilidad en la situación, Azaña retrata a la perfección a aquella clase política de pícaros,  bandidos y gárrulos sofistas: “Zafiedad, politiquería, ruines intenciones, gentes que conciben el presente y el porvenir de España según los dictan el interés personal y la preparación de caciques o la ambición de serlo”  “¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?”. “Veo muchas torpezas y mucha mezquindad, y ningunos hombres con capacidad y grandeza bastantes para poder confiar en ellos. ¿Tendremos que resignarnos a que España caiga en una política tabernaria, incompetente, de amigachos, de codicia y botín, sin ninguna idea alta?” “Terquedad, suficiencia y palabrería” de los diputados: “No se ha visto más notable encarnación de la necedad. Lo que están haciendo me ha hecho pensar, por vez primera, desde que hay República, en la del 73. Así debieron de acabar con ella. El espectáculo era estomagante. Diríase que estaban llamando al general ignoto que emulando a Pavía restableciera el orden”. Con el Frente Popular  aún fue peor, si cabe. La talla moral e intelectual de  aquellos políticos “ha bajado tanto que hombres muy modestos se ofenden si se les ofrece un Gobierno civil”. Nadie parecía contentarse con menos de un ministerio. O, ya durante la guerra, descubrió  “la falta de solidaridad nacional (en las izquierdas y separatistas, claro)  A muy pocos nos importa la idea nacional.  Ni aun el peligro de la guerra ha servido de soldador. Al contrario: se ha aprovechado para que cada cual tire por su lado”.Y así sucesivamente. Por no recordar sus juicios, tan mordaces como agudos,  sobre personajes como Domingo, Prieto, Albornoz, Gordón Ordás, Companys, Aguirre, Negrín,  etc.

Pues bien, todos esos  juicios sirven perfectamente para describir a la casta política actual, que llena el país  de un insoportable hedor a podredumbre.  Gran parte de la población opina que se trata de auténticas bandas de cacos, y esa opinión no está lejos de la verdad. Sin duda hay excepciones, pero eso es lo que priva. Y casi todos ellos han aprendido a envolver sus canalladas en el manto de la “democracia”.

Dice Vidal-Quadras, ante la deriva secesionista en Vascongadas y Cataluña, que  PSOE y PP han renunciado al combate de las ideas, y que quienes, dentro de esos partidos, han querido plantar  cara a los antiespañoles, “han sido eliminados o marginados”.  Pero no dice la verdad del todo. El PSOE  sí ha desarrollado un combate de ideas intensísimo desde la Transición, y luego con más fuerza desde el poder, no digamos ya en la época de Zapatero. Y  esas ideas se apoyaban en el desprecio a España, en dejarla “que no la reconozca ni la madre que la parió”, en falsificar descaradamente la historia, en apoyar a los separatistas y apoyarse en ellos,  en colaborar con la ETA que, según implican, trajo la democracia al asesinar a Carrero Blanco, el máximo obstáculo a ella. Etc.  No,  el partido que renunció desde el principio al combate de las ideas fue el PP (antes UCD y AP). Este es un partido que no solo carece de ideas, sino que las proscribe en su interior. Todo gira, para él, en torno a la economía, presumiéndose que la gestiona mejor que la izquierda, lo que ha resultado ser totalmente falso. Fue el PP el que inició la burbuja inmobiliaria y nos metió en el euro (las dos cosas han ido juntas) con promesas infantiles de  prosperidad eterna. Y que ahora hace lo mismo que hizo al final el delincuente Zapatero: someterse incondicionalmente a los dictados de Bruselas o de Berlín, porque su ideal (también el de Vidal-Quadras) ha sido en todo momento disolver a España en la UE, acabar con nuestra soberanía y nuestra historia: bonita “oposición” a los que intentan disgregar al país.

Quedó muy claro desde el comienzo de la zapaterada la urgencia de hacer un balance de los decenios pasados y elaborar una alternativa que corrigiera sus desaguisados. El PP se convirtió enseguida en colaborador del delincuente y fuera de los dos indecentes partidos no ha surgido nada que valga la pena. Quizá sea ya demasiado tarde. Como sea, hoy tenemos un sistema en avanzado estado de putrefacción. Antaño  se popularizó en España el dicho “¡Esto es una república!” referido a situaciones sin orden ni concierto en que se imponían los más sinvergüenzas y los más gritones.  Pues bien, esto es lo que pasa, que la república ha vuelto. La república que tan bien describió Azaña.    

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Doña Hope es  Honorary Dame Commander of the Order of the British Empire, una distinción otorgada por servicios al  Imperio Británico, cuya representación más conspicua en España es la colonia de Gibraltar. Hope  se felicita porque la industria del vicio a gran escala venga a Madrid. ¡Qué gran triunfo! Dará 200.000 puestos de trabajo (¡y qué trabajo!) aseguran los vendedores de cuentos (como el euro nos iba a proporcionar una prosperidad sin fin). Porque hay vicios detestables, incluso repugnantes, los que no dan dinero; pero si lo dan, ¿qué persona seria y emancipada podría oponerse a ellos? No sé qué privilegios otorgarán  al magnate useño para sus limpios negocios, aparte de gibraltarizar todavía más a España, en este caso a Madrid. Parece que un periodista madrileño le dijo a uno barcelonés: “Vosotros os lleváis Disney y nosotros las putas”.  Algo así. Tiene gracia que periódicos como El País,  parte de cuyo negocio es precisamente la prostitución, critique el proyecto por inmoral, aunque lo sea.  Pero, en fin,  no deja de ser un modo de salir de la crisis, como bien explicaban los pastores de Porriño: https://www.piomoa.es/?p=28

https://www.piomoa.es/?p=72

Otro modo de salir de la crisis es que todos los políticos imitaran a la honesta concejala de Los Yébenes, tan injusta y antiprogresistamente acosada por el populacho:

Niñato Grotesco contra Futurista Zampabollos (mayo de 2009) He aquí a dos grandes hombres de estado en el debate sobre el ídem de la nación, que por lo visto se limita a la crisis económica, dejando de lado la crisis de involución política (¿qué importancia tiene eso?) y otras cosas: http://www.libertaddigital.com/nacional/los-silencios-clamorosos-de-rajoy-y-zapatero-1276359052/

Natural, ya nos ilustró Futurista Zampabollos con su profundo pensamiento: “La economía lo es todo”. Uno esperaría que tan expertos ecónomos tendrían alguna idea clara sobre la salida de la crisis: la realidad la ha expresado concisa y perfectamente Alberto Recarte: “Las recetas del gobierno son malas, y las del PP, horrorosas por lo incoherentes”. Pero eso es lo de menos. De lo que se trata es de hablar de la crisis económica, no vayan a creer los ciudadanos que los políticos se desentiende porque a ellos no les afecte.

Pues esto es lo que hay, señores, unos insignes dirigentes del país que no desentonarían del todo en el progresista Zimbabue mugabeño, régimen ideal para la Alianza de Civilizaciones. Como Mugabe, Grotesco quiere cambiar el modelo económico por ley, y Zampabollos, no lo duden, le secundará.

Y sin embargo los dos tienen su mano una solución que apuntaba Arturito Tinajas, según el brillante informe del infortunado Moh Ul-sih en El erótico crimen del Ateneo de Madrid, y que ya ha empezado a poner en práctica, por más que tímidamente, doña Soraya. ¿Imaginan ustedes lo que sacaría el PP en euros y sobre todo en votos, con un calendario lujoso, bien editado, con posados de alto erotismo de Rajoy, Cospedal, Soraya (por supuesto, ella ha marcado el camino y debe reconocérsele), Pons, la líder del PP en Cataluña, y tantos otros y otras jefes y jefas del PP? ¿No sería una apuesta por el futuro? ¿Y vídeos, etc.? Pero recordemos la inmortal intervención de Tinajas:

“Qué pasaría si los señores excelentísimos ministros, dejándose de remilgos de señoritas beatas, salieran en la televisión a explicar sus experiencias sexuales, ¡con audacia, insisto! ¡Sin falsos pudores! A explicar cómo gracias a la tecnología del condón, se han librado del sida, la blenorragia, los picores… ¡Fuera mojigaterías, excelentísimos señores, señoras, ministros, ministras! Y si ustedes entrasen en acción ante la cámara, lúdicamente (…) ¿Se dan ustedes cuenta de lo que supondría su ejemplo vivo y actuante? ¿Lo que supondría para salvar vidas y emancipar a las masas? ¡Qué altura moral! ¡Qué consecuencia en la actitud! ¡Qué ética! ¡Qué donosura y despiporre y qué belleza de formas! ¿No superaríamos así, de una tacada, siglos de atraso? ¿No nos haríamos más europeos? Considérenlo, se lo ruego, porque lo avanzado siempre choca al principio, pero después se vuelve natural. ¡La Utopía debe guiarnos, como siempre! Además, el primer país cuyos dirigentes pusieran en práctica la idea que desde esta histórica tribuna, desde este foro del pensamiento brindo, ese país iba a ingresar unos royalties de órdago. Piensen en la venta de vídeos, de películas por todo el mundo ¡Quién iba a dejar de adquirir esos documentos únicos! Porque el primero en abrir brecha será el ganador. Otros gobiernos seguirían el ejemplo, pero las imitaciones tendrán después interés escaso. Un filón (…)”

No digo yo que con eso se resolviera del todo la crisis, tampoco conviene exagerar. Pero que la aliviaría bastante, eso es seguro, y de paso divertiría al personal, que bien lo necesita en tiempos duros. Y nuestros líderes harían una demostración de su talla de estadistas.

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El moralismo español. Dos monasterios gallegos

****Muy ilustrativo el estudio comparativo de Luis del Pino por regiones (gasto público, deuda, etc.). Muy recomendable: http://www.libremercado.com/2012-09-09/comparaciones-odiosas-entre-autonomias-1276467867/

****Blog Gaceta: Condiciones para ser demócrata / ¿Historia, aventura, filosofía? http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/condiciones-para-ser-democrata-historia-aventura-filosofia-20120908

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(escr. en 2003)
José María Pemán, uno de los teorizadores de la dictadura de Primo de Rivera, señalaba como rasgo característico de los españoles una acusada exigencia moral. Esto no sólo lo decía él, pues cita de Keyserling: “En lo ético, España se encuentra a la cabeza de la actual humanidad europea”. Y lo han apreciado otros muchos observadores, como se trasluce en la manera como Brenan analiza el anarquismo hispano (podría sostenerse que el anarquismo arraigó en España ante todo por su moralismo). Es también cierto que en la propaganda de las izquierdas —en menor medida, quizá, de las derechas— la apelación moral  surge con extraordinaria fuerza a cada instante. Como señala Pemán, “en otros países de Europa existe una mayor frialdad para separar lo utilizable de cada persona (su talento, su habilidad), de su fondo moral”; en España, “ni el talento ni la elocuencia, ni el acierto político bastaron nunca, al cabo, para hacer olvidar las claudicaciones éticas”. Aquí, por ejemplo, un tanto fundamental en la apreciación de los líderes políticos era la de su austeridad y limpieza moral.
En apariencia esto es buena cosa, si consideramos que el ser humano es ante todo un animal moral, antes que intelectual. Pero ya Ortega señaló cómo la popularidad de algunos políticos y teorizadores republicanos, creo que se refería a Pi y Margall, se asentaba en el prestigio de su personal sobriedad, y no, desde luego, en el fundamento de sus ideas, mediocres cuando no disparatadas. Así como innumerables estupideces ideológicas han colado en todas partes gracias a venir presentadas en un envoltorio de cursilería, en España el envoltorio preferido de la necedad ha sido la pretensión moral.
Ello, insisto, se ha dado de manera preferente en la izquierda, incluso en la comunista, para la cual, al revés que para la anarquista, la ética no pasaba de ser un aspecto accesorio, convencional, una espuma de la sociedad de clases. Pero su propaganda radicaba en la maldad, le bellaquería, la bajeza moral, en definitiva, atribuida al enemigo, más bien que en el análisis de la “explotación” o de las relaciones sociales.
Podríamos ver ahí una especie de superioridad moral de la izquierda. De hecho, en la mala conciencia y los complejos que muestra habitualmente la derecha se percibe el influjo de esa permanente acusación moral desde la izquierda, ante la que los acusados no han sabido replicar muchas veces, o se han batido a la defensiva. La ideología y política derechistas, coincidían incluso algunos conservadores, sólo expresaban los intereses de los “ricos”, y los ricos, en general, disfrutaban de unos bienes ganados indebidamente, por medio de la explotación y el expolio de los pobres. Las derechas resultan, por definición, ladronas y corruptas, y quienes, no siendo ricos, las apoyan, sólo revelan imbecilidad y abyecto servilismo ante la injusticia, o deseos de participar en el botín.
Pero si esos rasgos podían predicarse de las derechas en todo el mundo, cuando llegábamos a España empeoraban hasta los indecible. Los “ricos” españoles, y quienes les apoyaban (“los militares y los curas”, en cabeza) eran los más miserables, crueles, oscurantistas y chulos de todo el mundo, o por lo menos de toda Europa. Esta concepción arcaica sigue vigente en muchos ámbitos populares, y sus ecos resuenan con fuerza en episodios como la propaganda de Simancas en el reciente rifirrafe por la Comunidad de Madrid. Pero no sólo se “piensa” así en ambientes populares sino también, y aun diría que de preferencia, en los intelectuales. Así sigue siendo la línea hegemónica en la historiografía “profesional” y “académica” sobre la guerra civil, espoleada desde fuera por los Preston, Jackson y compañía.
Por cierto, la conducta de los potentados rara vez es ejemplar, y si no se le pusieran trabas legales tendería en general al abuso; también las observaciones de Cambó sobre la ruindad y ostentación vanidosa de los catalanes adinerados —extensibles al resto de España— tienen una gran parte de verdad. Pero eso no hace menos absurdos los juicios absolutos típicos de la izquierda, ni vuelve virtuosos a quienes los emiten.
Si miramos más de cerca ese moralismo español, enseguida le vemos unas cuantas fallas. Empieza por ser fundamentalmente negativo. Las diatribas feroces contra el enemigo carecen del equilibrio y de los matices que caracterizan un auténtico juicio moral. Los acusadores están predicando de sí mismos, implícitamente y por contraste, virtudes tan excelsas como viles serían los vicios denunciados, pero a menudo eso es secundario. El papel de esas diatribas suele ser más bien el de encubrir un deseo de agresión y una avidez extrema de esos bienes poseídos por otros con supuesta ilegitimidad. Durante la guerra civil, o en tiempos más recientes, pudo comprobarse cómo el comportamiento de aquellos virtuosos denunciadores de la maldad ajena imitaba, precisamente, los peores actos atribuidos —no siempre sin razón pero muchas veces sin ella—, a “los ricos”.
Por otra parte ese moralismo se extiende porque halaga la vanidad de cada individuo de sentirse el juez de los demás, especialmente de quienes, en el plano material o en otros, se encuentran por encima de él. Esta especie de envidia, ya se exprese positivamente como espíritu de superación, o negativamente como impulso destructivo hacia el prójimo más favorecido, o de simple pasividad rencorosa, parece constitucional en el ser humano, y será siempre una fuente de motivación para sus actos. Tengo la impresión de que el moralismo español, sobre todo en la izquierda, ha tendido más bien a despertar actitudes negativas.

No estoy muy seguro de que el impulso ético español sea más fuerte que el de otros pueblos —actualmente parece más bien lo contrario, basta mirar la televisión, por poner un ejemplo—, pero en todo caso sólo tendrá valor si pierde algo de la rudeza y negatividad que lo han acompañado, al menos en el siglo XX y ahora mismo.

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RECUERDOS SUELTOS

Dos monasterios gallegos

 

Hace muchos años quedaba a veces en Galicia con mi   hermana Begoña, creo que para pasarle ejemplares de la revista Contracorriente u otra propaganda que ella debía   distribuir por Vigo. Con el tiempo descubriría que aquel esfuerzo apenas nos   servía a quienes confeccionábamos el material, pues casi nadie se molestaba   en leerlo, aun si lo cogían y lo pagaban.

Aprovechábamos estas visitas para darnos un garbeo por la región. Ella se había hecho un nombre como columnista de la Hoja del Lunes de Vigo, muy leídas la hoja y la columna, y desde entonces se ha mantenido fiel a su izquierdismo, me inclino a suponer que por un sentimental apego al pasado. En muchas personas he encontrado esa fidelidad a los tiempos de juventud, embellecidos por la memoria y por encima de cualquier sentido crítico, y el de Begoña podría ser un caso, no voy a afirmarlo con rotundidad. Conviene distinguir, creo, entre la consideración fría de las ideas y el encanto, justificado o no, que a menudo nos llega de aquellos juveniles idealismos, cuando aún no nos habíamos vuelto tan prosaicos.

Uno de esos viajes fue en un invierno, no recuerdo cuál, pero señalado por el hecho insólito de que todo el interior de Galicia estaba cubierto de nieve. El coche patinaba a menudo sobre el pavimento, y mi hermana, que era quien conducía, sugirió renunciar a la excursión, pero la convencí de seguir. Tal vez esté mezclando más de un viaje, pero me parece que en este de que voy a hablar visitamos, entre otros, los monasterios de San Pedro de Rocas, en la provincia de Orense, y el de Monfero, en Coruña, ambos en ruinas y abandonados. A ellos solo acudían entonces algunos devoradores de emociones particulares.

Es curioso que, siendo comunistas, coincidiéramos en esa atracción por los viejos monasterios, manifestaciones de oscurantismo y opresión, según la doctrina. Contradicciones. Ya he contado la anécdota de cómo una vez pasábamos cerca del Museo del Prado, en un coche robado, y uno de los camaradas propuso quemarlo el día feliz de la revolución: “En definitiva, no es más que arte feudal y reaccionario”, explicó. No era fácil, desde nuestro ideario, oponerse a tales iniciativas progresistas; y más recientemente he oído a bárbaros y necios hablar de dinamitar el Valle de los Caídos…

Mi atracción por viejas ruinas monásticas dejaba de lado consideraciones doctrinales. Surgía de un nebuloso sentimiento de consuelo frente a la vulgaridad triunfante en aquellos años y que ha seguido triunfando, sin cansarse. De todas formas, probablemente siempre ocurrió algo así, y las quejas de los espíritus que se pretenden exquisitos se repiten en todas las épocas. Yo no me sentía muy exquisito, pero sí lleno de un profundo descontento, agravado por la desconfianza cada vez mayor respecto de las ideas en que había creído. Las ruinosas piedras daban testimonio indeleble de gentes retiradas del pedestre mundo habitual para vivir una vida por así decir más sublime, y acumular arte y ciencia, quién sabe si conocimientos poco comunes que valdría la pena investigar. No pensaba estas cosas muy en serio, pero la atracción persistía, como pasaba entonces a mucha gente en relación con los templarios, hasta que la moda pasó.

El monasterio de San Pedro de Rocas tiene dos notables peculiaridades: ser uno de los de más antigua fundación de Europa, en torno al siglo VI, y estar construido parcialmente dentro de la misma peña. Begoña y yo paseamos un buen rato entre las musgosas rocas y los sepulcros excavados en ellas. Aquellas tumbas habían albergado los restos de personas cuyas existencias solo podemos imaginar con una dosis excesiva de arbitrariedad, pero que sin duda tuvieron su lugar en el mundo. Quizá hombres notables por su inquietud intelectual, o bien limitados al afán de tener asegurado el condumio. De todo habría. La convivencia, aunque muy reglamentada, debía de ser difícil: las pasiones, las envidias, los roces, los odios, persisten a pesar de las convicciones religiosas, aunque estas, acaso, las atenúen, o mitiguen sus efectos. ¿Y el pecado de la acedía, el tedio, el hastío insoportable que atenazaba a muchos monjes, una angustia vital a menudo inmune a las prédicas? En plan más o menos freudiano, cabría atribuirla a la abstinencia sexual –en la medida en que se diera–, pero, con uno u otro nombre, aparece en todas las épocas y sociedades. Quizá las exigencias morales de la vida monástica hicieran, por aparente paradoja, más vulnerables a muchos espíritus.

Por aquellas rocas y parajes, pues, se habían movido generaciones de personajes que, por un motivo u otro, habían resuelto pasar los años de su vida de un modo no habitual. Sus sentimientos, pensamientos y anhelos se han desvanecido junto con sus cuerpos. ¿No andarán sus fantasmas por ahí, deseosos quizá de hacerse perceptibles de algún modo? Pero la creencia en los fantasmas es una forma de rebelión, ansiosa y temerosa a un tiempo, contra la evidencia. Aquello pasó, pasó radicalmente, sea eso lo que fuere. Las ruinas, se dice, son evocadoras, pero rara vez he conseguido una evocación clara. A menudo he intentado concentrarme para percibir algo de las tragedias o comedias que se habrán desarrollado en tales lugares, a veces sabiendo algo concreto de tales historias. Buscaba tan solo superar la opacidad de los objetos mediante una sensación intensa del pasado, pero casi siempre he fracasado en el empeño. Al cabo de largos minutos en que el pensamiento va de un lado a otro, uno abandona el lugar: las ruinas solo son ruinas.

Al monasterio de Monfero, bastante kilómetros al norte, llegamos separándonos de la carretera por una trocha suficiente para el automóvil. Caía una nevada impresionante, que cuando llegamos al sitio arreció hasta el punto de que apenas dejaba ver a unos pasos. Me parece que había uno o dos coches más parados junto a la entrada del edificio, poco visibles, como el edificio mismo, pero sin nadie en las proximidades. Apenas intentamos visitar los restos del monasterio, en su mayor parte construido ya en la edad moderna, aunque de origen muy anterior. Paseamos bajo los espesos copos y volvimos a entrar en el coche para disfrutar, refugiados, de la impresión de soledad y aislamiento. El mundo exterior se había desvanecido entre la cortina de nieve, la mancha de los murallones y los árboles se hacía notar difusa, y podíamos sentirnos sin esfuerzo en la edad media. Solo faltaba una violenta ventisca con el aire aullando entre las altas ramas de los robles y los pinos, pero aun sin ello el premio era suficiente.

Fue amainando la nevada, y poco a poco los campos, algunas casas dispersas y la carretera, a alguna distancia, se hicieron presentes con su trivialidad. Emprendimos la retirada. En un cruce de carreteras encontramos un pequeño restaurante donde servían comida gallega, seguramente la de mejor género de España, aun si poco refinada a juicio de los expertos. Era un poco tarde y, debido al mal tiempo, no había más comensales, o al menos no los recuerdo; pero nos sirvieron, y fue un yantar excelente, todavía bajo el encanto de la media jornada transcurrida. Una de esas jornadas que, sin detalles precisos, dejan en la memoria una sensación próxima a la felicidad.

 

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Carta abierta a un bellaco

Otro blog:  Maleducados por el franquismo/ Una aventura estrafalaria / Islam y separatismo: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/educacion-franquismo-islam-separatismo-una-aventura-estrafalaria-20120906
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(en abril de 2005)
Señor Ibarreche:
En su reciente discurso ante las Cortes, usted terminaba: “Estoy orgulloso del pueblo vasco, de nuestra historia milenaria, de nuestra lengua, el euskera, una de las lenguas más antiguas de Europa, pero estoy aún más orgulloso de nuestros hombres y mujeres, de todos los vascos y vascas que hoy vivimos y trabajamos en Euskadi, como antes decía, hayamos nacido donde hayamos nacido y votemos al partido político que votemos. Es fundamentalmente a vosotros a quien quiero dirigirme para deciros que el futuro nos pertenece y que lo escribiremos nosotros, pactando con los demás, pero lo escribiremos nosotros de nuestro propio puño y letra”.
Para empezar, habla usted con un tono impropio de un demócrata, un tono revelador del desprecio profundo que, bajo sus grotescos halagos, le inspiran los vascos. Usted se siente “orgulloso del pueblo”, dice con soberbia de demagogo tercermundista. Un poco de humildad, señor Ibarreche. ¿No debiera ser al revés? ¿No debiera ser el pueblo vasco el que se sintiera orgulloso, si fuera posible, de usted? Usted invierte los papeles hablando como el maestro que expresa su satisfacción por la aplicación de sus niños. Me parece que los vascos con criterio propio jamás aceptarán verse tratados así, ni podrán estar orgullosos de quien lo pretenda.
Y menos podrán estar orgullosos de alguien capaz de concentrar tantas mentiras y tonterías en tan pocas líneas. Menciona usted “nuestra lengua, el euskera”. Pero, señor Ibarreche, el vascuence no es la única lengua de los vascos, no es la lengua de la mayoría ni tampoco la de usted mismo. La lengua de usted, su lengua materna, es el castellano, y su vascuence, aprendido a matacaballo, no es fluido ni usted se expresa en él con naturalidad. No es su idioma, o por lo menos no es su idioma principal, en el que pueda usted razonar con alguna soltura. Renegar de la lengua materna, sentirse avergonzado de ella, de la cultura de sus padres, tiene mucho de bellaquería, una de esas que ya califican a la persona. Si hubiéramos de hacerle caso, usted mismo no sería vasco, o sería un vasco deficiente, un vasco averiado. No me extrañaría que así se considerase íntimamente y que, por una típica reacción psicológica, quisiera compensar esa sensación de inferioridad exagerando la nota contraria.
Pero eso es asunto particular suyo. La cosa cambia, y revela nuevamente un espíritu antidemocrático, cuando quiere dar por sentado que todos los vascos, por las buenas o por las malas, deben acompañarle en esa bellaquería, si quieren ser vascos “auténticos”. Cuando trata de definirlos por ese idioma, como hacen usted y su partido. Usted emplea ilegítimamente los resortes del poder para proyectar sobre la sociedad unas ambiciones tiránicas y envenenarla con sus propios sentimientos de insuficiencia. Esto es también profundamente antivasco, pues equivale a mutilar la cultura regional de la mayor y seguramente mejor parte de su cultura, que siempre se ha expresado en castellano. Usted quiere reducir a muy poco la tradición vasca, de modo similar a como los sicarios de la Revolución Cultural destrozaban la cultura china en aras de utopías “populares”. ¿Ve usted cómo bajo sus beatos elogios a unos vascos ideales y futuros se descubre fácilmente el desprecio y la agresividad contra los vascos reales e históricos?
Aunque ustedes suelen etiquetar de nacionalistas españoles a quienes les llevan la contraria, fíjese usted, señor Ibarreche, que a mí, como “nacionalista español”, no me molesta la existencia del vascuence, o que en ese idioma se escriba más y, sobre todo, mejor. Las leyes autonómicas, derivadas de una Constitución que ustedes quieren destruir, admiten el vascuence como idioma cooficial en las Vascongadas, y a ningún “nacionalista español” se nos ocurre pretender que el castellano defina en exclusiva a los vascos, pese a ser la lengua materna de la gran mayoría de ellos, pese a haberse expresado en este idioma, repito, casi toda la cultura vasca, sin excluir la misma literatura, si así queremos llamarla, del PNV.
Y, a propósito, fue Sabino Arana, fundador de su partido, y a quien ustedes suelen o solían llamar “Maestro”, con mayúscula, y de quien quizá ha heredado usted sus ínfulas, fue él quien, aparte de escribir casi toda su obra en castellano, expresaba una verdad pretendiendo ocultarla: “Aun en aquella fecha en que estas provincias vascas eran estados independientes, su lengua oficial era la española. Ni entonces los vascos amaban su independencia”. ¿Cómo iban a amar una independencia que sólo existía en la mente perturbada de Arana? Los vascos se habían integrado voluntariamente en Navarra, y después en Castilla, ambos reinos españoles, y en castellano redactaron sus fueros, no un “fuero vasco”, sino uno para cada provincia. ¿Qué país independiente negocia sus propias leyes con una autoridad extranjera y en el idioma extranjero?
Lo que demuestra este hecho, como tantos otros, es que ya en aquellos lejanos tiempos medievales los vascos no veían como extranjeros a los españoles ni al idioma predominante entre ellos. He aquí la historia real. Y los vascos reales, que se han sentido españoles durante siglos, prácticamente desde que existe España, no podrían estar orgullosos de quien, como usted, falsifica los hechos con tal descaro.
Precisamente por haber sido así la historia y sentimientos de los vascos, toda la doctrina, todo el empeño, toda la injuriosa prédica nacionalista queda sintetizada en las frecuentes lamentaciones de Arana, el “Maestro” de usted, señor Ibarreche, cuando clamaba furioso: “Ni parece que haya maketos y bizkaitarras, sino que todos somos hermanos”, o bien: “El euskeriano y el maketo, ¿forman dos bandos contrarios? ¡Ca! Amigos son, se aman como hermanos, sin que haya quien pueda explicar esta unión de dos caracteres tan opuestos, de dos razas tan antagónicas”. A crear ese antagonismo, a destruir la fraternidad entre “euskerianos y maketos” dedicó su vida aquel orate y han dedicado sus mayores esfuerzos sus seguidores, con tenacidad digna de mejor causa. Esa triste historia de fomento del odio es la única de la que gente como usted puede sentirse orgullosa.
Hoy Arana y sus seguidores, usted mismo, han alcanzado bastante éxito. Han convencido a muchos vascos –insuficientes para su designio, pero demasiados para la tranquilidad y la libertad de España– de constituir “una nación tan distinta de la española como de la china o de la zulú”, una “raza singular por sus bellas cualidades, pero más singular aún por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española, ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo”. Porque esto hay en el fondo de todas sus prédicas. Han fomentado sin tregua el agravio, la aversión, el sentimiento de una pretendida superioridad, y para ello han convertido ilegítimamente la enseñanza y los medios oficiales de masas en aparato de propaganda de su partido, costeado por todos los ciudadanos.
Su desprecio por los vascos reales, por la historia vasca real, se descubre igualmente, señor Ibarreche, en su plan de secesión. Con falsía de pícaro, usted ha declamado ante las Cortes: “La violencia de ETA es dañina, inhumana y, además, hace un daño inmenso, por supuesto, a las personas y a las familias contra las que se cometen atentados, y también a la imagen del pueblo vasco. Y nada ha hecho más daño, nada hace más daño a la imagen de un pueblo pacífico y trabajador como es el vasco que la violencia de ETA”. Naturalmente, señor pícaro. Y por eso usted ha sacado adelante su plan en el Parlamento Vasco con el apoyo de la ETA, explicitado por uno de sus asesinos más sanguinarios, hoy prófugo de la Justicia, en carta leída en ese Parlamento cuya dignidad ustedes han pisoteado una vez más. Por eso ustedes apoyaron en su momento a dicho asesino para la Comisión de Derechos Humanos de su humillado Parlamento. Por eso la policía que usted manipula casi nunca ha perseguido a la ETA, ni a la kale borroka. Por eso ustedes desafían la ley en beneficio del sector político del terrorismo, y mantienen subvenciones, bajo uno u otro disfraz, a la banda asesina y a sus programas de adoctrinamiento. Y por eso tantas otras cosas más.
Entre la violencia etarra y la complacencia o connivencia de usted y su partido con ella, han llevado a la ruina la democracia en esa comunidad autónoma, donde cientos de personas han sido asesinadas, miles tienen que vivir con escolta policial, decenas de miles han debido huir de allí; donde sufren hostigamiento constante, no pocas veces mortal, los partidos no nacionalistas (excepto el comunista, y ya significa algo el dato). Mientras tanto ustedes afirman que “en Euskadi se vive muy bien”. Y se come y se bebe muy bien, todo el mundo lo sabe, pero vivir significa algo más que eso. El PNV y la ETA, se ha dicho con justicia, han arrebatado a la mitad de los vascos su libertad y a la otra mitad su dignidad, sobornándola con eso de la “buena vida” o la “calidad de vida”. Una “buena vida” muy similar a la proporcionada por los nazis mientras imponían su tiranía y su violencia en Alemania. Ese es el bien que han traído los nacionalistas a la sociedad vasca, de la que dice sentirse usted tan orgulloso. Si es verdad lo que usted afirma de la ETA, señor Ibarreche, usted es su primer cómplice político y moral, usted comparte el carácter dañino e inhumano del Terrorismo Nacionalista Vasco, usted es un enemigo del pueblo vasco, como han sido enemigos de sus pueblos tantos tiranos que no paraban de adularlos impúdicamente.
Termina usted con una majadería muy propia: “El futuro nos pertenece y lo escribiremos…”. El futuro no pertenece a nadie, ni nadie puede escribirlo. Simplemente usted, con el apoyo terrorista, intenta llevar a su término el plan de Arana de romper definitivamente la fraternidad de los vascos y los demás españoles. Y con arrogancia de chiflado afirma que tendrá éxito en ello, adobando esa agresión a la libertad y la estabilidad común con fraseología hipócrita de “diálogo, mano tendida, amistad”. Qué locura. Bellacos como usted han causado las desgracias en que tan pródiga ha sido la historia del siglo XX, en España y en Europa.
****Garzón defiende la excarcelación de Bolinaga. Entre pícaros anda el juego
****Mujeres de IU: “Queremos follar seguras. Este gobierno nos está matando con el IVA”. Así son.
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¿Interés de partido o interés nacional? El PP en la encrucijada

Blog Intereconomía: La naturaleza es sexista / Cosas de críos: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/naturaleza-sexista-cosas-crios-20120903#comments

***He entrado en twitter, también en facebook. Me dicen que son muy útiles, veremos.

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El PP actual ya no es el de Aznar. Es el de los seguidores de Zapatero. Siguen a Zapatero en el terreno de las autonomías y sus estatutos de “segunda generación” hechos a favor de la ETA. Le siguen en la política hacia la ETA (legalización, colaboración, dinero público y ataque a las víctimas directas). En el derroche (las comunidades más derrochadoras, varias del PP en competencia con Andalucía y Cataluña). También en el ataque a la independencia judicial. Incluso le siguen en el terreno económico, aquel en que se esperaba que el PP aportase algo propio. Lo único que ha aportado Rajoy  ha sido una ristra de mentiras desvergonzadas –después de acusar de mentir a Rubalcaba— para hacer lo que Zapatero al final: que nos gobiernen desde Bruselas o desde Berlín.

En este contexto, la cuestión de Bolinaga no es asunto menor, sino de aquellos que traslucen todo el conjunto de la política. El ministro del Interior, hombre de necedad demostrada, ha prevaricado, como lo ha hecho el juez de la Audiencia Nacional. Han prevaricado a favor de la ETA, convirtiendo, una vez más, el asesinato en un modo aceptado de hacer política. Y Rajoy, el responsable máximo, ha vuelto a mentir (está batiendo en unos meses la marca de Zapatero)  diciendo que obraba de acuerdo con la ley y que el PP y el PSOE habían seguido siempre la misma política al respecto. Aznar tiene que levantar la voz, como lo ha hecho Mayor Oreja contra la infamia, porque Rajoy le está insultando directa y literalmente, y arrastrando por el fango la labor que mejor hizo su gobierno.

Hablando el lunes en el programa de Esparza de Intereconomía, él usó la palabra rendición del estado ante la ETA. Creo que es un concepto equivocado. No hay rendición, sino colaboración. La ETA monta sus agitaciones defendiendo al asesino, para ellos un héroe, y el gobierno, obediente, le sigue el guión.  El gobierno renuncia a su deber de defender la ley y el estado de derecho para compincharse con los asesinos. Si nos dejamos de lenguaje politiqués, en la práctica es justamente así. Hace tiempo, cuando yo señalaba que Zapatero y su pandilla colaboraban con la ETA, me objetaban algunos que estaba deteniendo a bastantes etarras. “Claro –respondía yo–, porque entre mafias surgen también problemas;  pero es muy distinto detenerlos para que cumplan su condena que hacerlo en la perspectiva de un proceso de paz por el que saldrán libres en no mucho tiempo y convertidos en héroes populares”. Zapatero, y ahora Rajoy, están cayendo en la delincuencia, sin más, y la putrefacción del sistema se muestra en que, en lugar de ir ante el juez (que puede ser un individuo como Garzón o el amigo de Bolinaga,  por otra parte) mandan, ordenan y  se benefician de mil privilegios. Su mentalidad no es servir al país, sino servirse de él, como venía a reconocer el ministro de Asuntos Exteriores, tan dispuesto a entregar “enormes toneladas” de soberanía. 

Cuando un individuo zapateril como Basagoiti dice que el PP no puede permitirse “peleas internas con la que está cayendo” está diciendo que los intereses del partido priman sobre cualesquiera otros, y que los descontentos deben decir amén a la podredumbre. Aznar, Mayor Oreja y muchos otros disconformes, tienen la ocasión de decir ¡basta!, y tratar de echar a la pandilla de embusteros y zapateristas. O de seguir colaborando con ellos, aunque sea a regañadientes. Por un lado, intereses de partido, o mejor, de una camarilla dentro del partido. Por el otro, el interés de la nación y de la democracia. Hay que elegir.

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Muchos de ustedes ya los habrán leído, pero quizá otros no. Es curioso como una misma cosa puede verse con perspectivas muy distintas:

  • I  parte
    1º El suceso que encierra en cierto modo toda la novela: me parece muy original y acertado empezar y terminar con ese motivo.  La narración ágil y plástica con mucha riqueza de sensaciones y sobriedad   y riqueza de la prosa hace imposible que te canse.

         2º En el capitulo 6º las explicaciones prolijas sobre Companys, las considero para un público iniciado en la historia de la Guerra Civil,  seguro que es un bocado delicado para tus lectores. Decayó un poco mi  interés. Página 58 al final muy poético me supo a buena novela.
         3º El personaje Paco es para mí el mejor sin desmerecer al protagonista   Berto. Es un carácter muy bien creado, con sus reflexiones sobre el amor, el sentimiento trágico de la vida y al mismo tiempo su sentido del humor
         4º La novela cobra un vigor insospechado con los viajes a Francia y la  rendición de Barcelona. El final de la 1ª parte es un desenlace  brillantísimo de tragedia sin caer en sentimentalismo.

RESUMEN IMPRESIONES 1ª PARTE

-Un 10 para la acción en la que sin duda eres un maestro, vigorosa narrativa e impecable lenguaje. A partir del capítulo 13 me enganchó muchísimo y leía otros ratos además del que suelo dedicar. Creo que habrá muchos lectores que sigan esa acción tan trepidante y a quienes el ambiente de la Guerra en Barcelona les interese mucho. La ambientación extraordinaria, lugares, pisos, actitudes de los partidos en Cataluña durante la Guerra.
Inconvenientes que yo he visto:
-Conocimientos de historia específicos (Companys y sus compañeros) me resultaron durillos, pero seguro que a tus lectores les encanta.
-Los amores están tratados quizás con cierta asepsia.
Creo que es una novela de aventuras estupenda. De ella puede salir una buena serie de televisión.
II Parte
Increíblemente buena novela de guerra, independiente de la anterior con el nexo del episodio del comienzo y la estupenda amistad de los dos protagonistas. Narración ágil, acción sin desmayos, conocimiento de tácticas de guerra y con la sensación de conocer también el terreno. Muy interesante la visión de la División Azul. Los personajes secundarios son muy buenos: Hipocrates, Diego, el teniente Larumbe y otros mandos de la División Azul (El Zapatero, Saavedra).Esta segunda parte es la que más me ha gustado. Una gran novela de guerra o de aventuras en la guerra.

*Solo los caracteres femeninos no me han parecido a la altura de los otros y tampoco las narraciones amorosas.
III PARTE
El desarrollo de la trama en Madrid me interesó menos sin quitar importancia al sentido del humor derrochado en tertulias y personajes públicos (me dirás como te enteraste de lo de Cela pues yo también lo sabía, creo que de buena tinta), pero ya en Galicia vuelve a ser una novela a la altura de la primera parte. El desenlace trágico que hace pensar en la literatura clásica griega está muy bien (y eso que me lo habías contado).
Esta parte es la que menos me interesó.

EN GENERAL
1º Un 10 en acción.
2º Narrativa vigorosa, quizás abunde en explicaciones históricas pero eso a tus lectores de siempre les gustará.
3º Creación de caracteres masculinos extraordinaria. Paco es el mejor de todos, se parece a los héroes de Grecia. Sentí que lo mataras. Berto muy humano. Todos los secundarios son soberbios, excepto las mujeres. Solo me gustó la madre de Paco. La abundancia de secundarios perfectamente definidos es un lujo.
4º Podría haber sido una trilogía extendiendo un poco más la tercera.
5º De aquí sale una buena serie de televisión.
6º El Epílogo me parece genial. Para ser buen novelista también hay que ser poeta y a lo largo de la novela se palpa. Antes de leer el nombre de Pío Baroja estuve pensando que esta novela me recuerda la trilogía de Madrid “La busca” “Aurora roja”…
Isabel Hernández.

Quien quiera comentar la novela puede hacerlo en estos blogs o en el correo auriga37bis@yahoo.com

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  • Sobre      su novela, y siguiendo el esquema de Isabel Hernández, que usted ha      publicado hace tiempo:

ACCIÓN: la encuentro modulada casi musicalmente. Empieza con brío, deja a uno contundido ya en la primera escena y la tensión se mantiene, magnífica descripción del ambiente revolucionario en Barcelona (¿me equivoco si digo que ha sacado bastante de Orwell?) y las aventuras por la frontera. Hasta que al final de la primera parte, el protagonista descubre un hecho muy traumático sobre sí mismo y no se amolda a la normalidad de la paz, igual que su amigo Paco, a pesar de los esfuerzos que hace Carmen por “normalizarlos”.

Entonces, al final de la primera parte y comienzo de la segunda, ya en Madrid, se muestra la psicología atormentada del personaje, Berto, que anda desconcertado y solitario buscando no sabe qué o huyendo de no sabe qué, la acción se remansa en charlas de tertulia y en descripción del ambiente de la época en que va ganando Alemania. Hasta que de pronto, la División Azul salva a los dos amigos del tedio y de “las ruindades de la paz”, y la acción y la aventura vuelven al primer plano, muy bien, sin nada de la trivialidad ni las convenciones de las novelas de guerra, coincido con Isabel en que es la mejor parte, una gran novela de guerra, y muy distinta de las anglosajonas o francesas, muy original . Termina la aventura casi con el final de la amistad de los dos amigos, debido a su pasión por Iliena. En parte estoy de acuerdo con Miguel Ángel Fernández, en que esa historia de pasión, celos y venganza en una situación alucinada y alucinante, está narrada con extraordinaria eficacia y sobria, nada de “grasa”, pero echaría de menos una mayor extensión del episodio, tampoco hay que pasarse en sobriedad, creo yo.

A continuación, la acción entra de nuevo en un remanso, en Barcelona y Madrid, con el casorio y una espléndida descripción del cambio de ambiente cuando todo el mundo ve que Alemania pierde la guerra y tanta gente cree que Franco está acabado. Las descripciones que se hacen casi siempre en otros libros y novelas sobre aquellos años no tienen matices y no tratan los cambios que se van produciendo al compás de la II Guerra Mundial. Poco a poco la acción vuelve a primer plano con una inteligente intriga para explotar las diferencias entre los que esperaban la caída de Franco para ponerse ellos en el machito gracias a los tanques americanos. Y sobre todo lo del maquis y la revelación final, demoledora, sobre el protagonista. Yo le diría, de nuevo, que debía haber dedicado más páginas a esto último del maquis, que bien lo merecía, y uno se queda con la impresión de que, otra vez, el ambiente de la guerrilla está muy bien estudiado pero tratado con demasiada “sobriedad”. Como novela histórica yo diría que es difícil de superar.

PERSONAJES: Sobre el juicio de Isabel Hernández de los personajes femeninos, no puedo opinar mucho, a mí me parecen espléndidos y muy bien contrastados unos con otros, como Carmen con Luisa, Irina e Iliena, o las que pasan más brevemente como Pilar, Nastia o Mercè, o Eva y Lucía… Hasta la patrona de la pensión, Eufrasia. Pero mi óptica es masculina, claro, y seguramente eso influye, una mujer puede verlo de otra manera. De los masculinos, Berto y Paco son tipos que se dan poco, pues son hombres de acción pero que al mismo tiempo se cuestionan todo, no abundan en la literatura española y creo que en ninguna, y sin embargo parecen muy de carne y hueso. Los secundarios son en su mayoría muy buenos, hasta incluso los que aparecen muy poco en la trama: el tío Narcis, tan oportunista y desvergonzado, los tertulianos Luis y Tenreiro, sobre todo Crates y Contreras y el enloquecido Saavedra, los intelectuales jetas del café Gijón, el chequista Sabater, el cura de la D.A y el que colabora con el maquis de Galicia… que recuerde en este momento. Ninguno de ellos es convencional ni sigue los cánones del costumbrismo y a pesar de todo tienen verdadera vida.

Los fallos que le he visto, aparte de la excesiva “sobriedad” de episodios que yo creo que deberían tener un tratamiento más largo: a pesar de que da casi siempre el relato impresión de realidad, al mismo tiempo tiene todo un aire de cosa como soñada, extraña, no sé si es una virtud o un defecto, y algunas cosas suenan poco realistas, como la forma en que capturan a la teniente soviética y burlan al guardia civil que intenta entregarla a los alemanes, o el azar de los dos empleados taurófilos de la embajada americana en la taberna de Antonio Sánchez, esto tiene un aire un poco de burla. Claro que son insignificancias dentro del conjunto. Las conversaciones de estilo un poco filosófico me han parecido extraordinarias, como a Luis del Pino, y muy bien por quedar inconcluyentes, y no didácticas, a mí al menos no me lo han parecido, pero veo que a Aquilino Duque sí. Le dejan a uno pensando, pero no adoctrinado, dejan cuestiones abiertas en las que normalmente no suele pensarse. Por cierto que la blogia de Aquilino Duque que usted enlaza en su otra blogia es excelente y muy recomendable. La he recomendado (la novela) a amigos, y a todos, hasta ahora, les ha parecido muy bien. Aquí, en Cataluña, vendría muy bien que se leyera mucho, pero no se encuentra fácilmente.
Pere Puig González

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Un mensaje del fundador de Wikipedia, Jimmy Wales

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Wikipedia es el quinto sitio web en la red y es usado por 492 millones de personas diferentes cada mes, con miles de millones de vistas de páginas.

Comerciar es bueno, la publicidad no es algo malo, pero no tiene lugar aquí. No en Wikipedia.

Wikipedia es algo especial. Es como una biblioteca o un parque público. Es como un templo para el pensamiento. Un lugar al que todos podemos ir a pensar, a aprender, a compartir nuestros conocimientos con otros.

Cuando fundé Wikipedia, pude haberla creado como una compañía lucrativa, con anuncios publicitarios, pero decidí hacer algo diferente. A lo largo de los años, hemos trabajado bastante para no gastar de más. Cumplimos nuestra misión, sin desperdiciar nuestros limitados recursos.

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Gracias,

Jimmy Wales
Fundador de Wikipedia

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