blog de gaceta.es: Genocidios y negacionismo / Feminismo y chorizos / César Vidal desbarra de nuevo: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/genocidios-y-negacionismo-feminismo-y-chorizos-cesar-vidal-desbarra-nuevo-201
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Como he explicado, espero que no del todo erróneamente, en Nueva historia de España, el poder es connatural a la sociedad humana, de modo que resulta absurdo pensar en una sociedad sin poder: todos los intentos de abolirlo han conducido a reforzarlo hasta los extremos más brutales. Y la raíz de esa necesidad del poder creo que se encuentra en la desigualdad de los seres humanos, nacida de la individuación. Por supuesto, todas las especies animales constan de individuos, y en ellas, o en muchas de ellas, existen jerarquías, determinadas generalmente por la fuerza y la agresividad, expresión de cualidades genéticas superiores. En las sociedades animales amplias, como las hormigas o las abejas, no existe realmente un poder, y es el instinto el que regula el comportamiento del grupo, como también, de otro modo, lo hace en los animales superiores.
Pero en el nivel humano las diferencias entre individuos son mucho más intensas, llegan fácilmente a la oposición y a la incompatibilidad, lo que impone, para hacer la vida social posible, un orden y unos individuos especializados en mantenerlo. Esa especialización es el poder, que se da, con diversas formas y con mayor o menor rigidez, en cualquier asociación, desde un club de montañeros a un partido o a la comunidad en general: siempre hay, implícitas o explícitas, unas normas o reglas de juego y alguien o álguienes encargados de hacerlas cumplir, lo que implica por otra parte un grado menor o mayor de violencia, explícita o implícita.
El poder, a su vez, tiende a hacerse despótico, y si algo caracteriza a la civilización eurooccidental, creo que en mayor medida que a otras, es el esfuerzo permanente por contrarrestar esa tendencia. Una de las bases de ese esfuerzo ha sido la separación entre el poder religioso, radicado en Roma, y el político, radicado en las naciones e imperios. Por lo que respecta a España, ello se manifiesta muy claramente en la evolución del poder en el reino hispanogodo, que merecería un buen estudio, por no hablar de la Escuela de Salamanca y similares: el poder debe obrar con “justicia”, una noción intuitivamente clara, pero muy complicada en la práctica y la teoría.
En el siglo XVIII y sobre todo el XIX, y hasta ahora, han surgido concepciones del poder basadas en la igualdad, con su consecuencia lógica de que, reinando la igualdad entre los seres humanos, el poder sobra porque no solo tiende al despotismo, sino que sería despótico por naturaleza y podría ser abolido si imperase la razón. No solo el anarquismo y el comunismo, con distintas variantes, han ido en ese sentido, sino algunas tendencias del liberalismo y del catolicismo (la “teología de la liberación”, por ejemplo). Pero fácilmente se entiende que esa razón imperante en pro de una igualdad sin poder no es otra cosa que una vuelta, por otra parte imposible, al mundo instintivo. En realidad, el modelo sería la sociedad de las hormigas o de las abejas. Pero al ser imposible tal retroceso, la pretensión de abolir el poder conduce irremediablemente a su máxima expansión: es este quien define los comportamientos humanos hasta los últimos detalles, a fin de liberar al hombre de la desigualdad: y la desigualdad se polariza al extremo: unos pocos gobiernan de manera absoluta a la masa general humana, reducida a una condición subhumana similar a la de los insectos sociales. Llegar ahí es naturalmente imposible mientras exista el ser humano tal como lo conocemos, y cabría pensar que solo mediante una extrema violencia podría implantarse un régimen parecido. Pero ya Tocqueville intuyó genialmente que el método igualador podría ser diferente, incluso guardando las formas exteriores de la democracia.
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Dice un lector que debería especificar quién es cada pastor de Porriño. La verdad es que también yo me he embrollado a veces con sus nombres e ideas, así que veré de ir al comienzo de la serie para ir situándolos. Ruego un poco de paciencia.
FABRICIO.- ¡Rediez, la misma historia lo del ahorro! ¡Y con qué desprecio habla el gachó, como si él me hubiera desmentido en lo más mínimo! Si tú ahorras, cretino Mauricio, dejas de consumir algo que existe, y por tanto estás perjudicando al que lo ha producido. En otras palabras, el dinero que tú retienes en lugar de gastarlo, lo pierde el productor de la mercancía ahorrada.
MAURICIO.- ¡Ah, desdichado Fabricio! ¡No te enteras de la fiesta! ¡Olvidas el factor tiempo, tan fundamental en la vida humana y hasta en la inhumana! El ahorro es más bien un aplazamiento del gasto, el gasto se efectúa poco a poco mientras se producen otros bienes, unos que se gastan enseguida y otros paulatinamente, como bienes de capital que producen nuevos bienes de consumo, y así sucesivamente.
FABRICIO.- No olvido nada, agudo Mauricio. El tiempo hay que medirlo, y si tomamos un año por referencia, afirmo que lo que se produce en ese año debe ser consumido, o al menos comprado, a fin de que la economía funcione como es debido. Claro está, nunca la producción es exactamente igual al consumo, pero si una u otro divergen demasiado, entramos en crisis. Por tanto, ¿qué significa el ahorro? Que durante ese año yo dejo de consumir una parte de lo producido y ocasionando con ello pérdidas al productor. Si esa conducta se generalizase, da por seguro que la producción se restringiría enormemente, con pésimas consecuencias: muchas personas se encontrarían con dinero, pero sin posibilidad de comprar gran cosa por él, y seguramente los precios de esa escasa producción subirían mucho, porque de otro modo los productores se arruinarían. Eso puede ocurrir un año, y al año siguiente enmendarse el error o empeorar, cualquiera sabe. Como ves, tengo el tiempo muy en cuenta. El ahorro es un contrasentido.
MAURICIO.- ¡Pero Fabricio, hombre de Dios o del demonio! ¡Ahorrar es simplemente abstenerse de una mala inversión, de un mal gasto, con el fin de hacerlo un tiempo después en mejores condiciones y con mejores expectativas.
SALICIO.- ¡Ah, Mauricio, qué cosas dices! Todos queremos hacer las mejores inversiones, gastar en cosas que nos aprovechen o incluso aumenten nuestra riqueza. Y sin embargo, ¿qué garantía tenemos de acertar? ¿Debo yo comprar una nueva zambomba?…
PATRICIO.- ¡No debes en lo más mínimo, Salicio, sería tu perdición! Recuerda que cuando tu amada Amarilis te hizo el favor de romperte el instrumento… me refiero al instrumento musical… tu ganado volvió a pacer y a engordar como es debido, y tus ingresos, a pesar de la crisis, han mejorado, por más que no todo lo que mereces.
FABRICIO.- Tiene ahí toda la razón Patricio: lo de la zambomba sería una pésima inversión o gasto, como prefieras llamarlo, que ya he demostrado que es lo mismo. Volver a acompañar con la zambomba tus tiernos y sentidos lamentos, que tanto distraían a tu rebaño de su obligación de pacer para estar gordos y rendirte pingües ganancias, te arruinaría.
FELICIO.- Míralo así, Salicio: has perdido tu inversión en amor pero has ganado en capital. Después de todo, ¿qué es el amor? Una pura ilusión mientras no se transforma en dinero contante y sonante. De ahí que nuestros distinguidos políticos estén tan ejemplarmente empeñados en utilizar económica y racionalmente ese recurso, hoy por hoy tristemente desperdiciado, y convertir nuestra privilegiada comarca en Sexópolis.
SIMPLICIO.- Sexycity, Patricio, o Sexcity, o Citisex, no recuerdo muy bien cómo lo dijo el alcalde. Hay que adaptarse a un mundo en que el inglés lo decidirá todo. ¡Sexo, juego, delincuencia e inglés!, he aquí el futuro, y al que le pique, que se rasque. Yo ya estoy estudiando inglés todos los días durante un par de horas con un profesor de Londres: “De rain in Espain estais mainli in de plain” ¿Qué os parece?
MAURICIO.- Muy bien, Simplicio, vas progresando, aunque a mí me suena esa pronunciación como a propia de las clases bajas.
FABRICIO.- Yo comparo el amor a unos grandes bosques que están ahí simplemente para embellecer el paisaje, sin que nadie les saque provecho, hasta que alguien, como diría Ayn Rand, tiene la luminosa e individual idea de explotarlos para hacer fuego, para calentarse, para hacer casas y salir de las cavernas… Claro que el pobre que tuvo esa idea la pagó con la vida, porque los cavernícolas, en su miseria comunitarista, rechazaron el progreso. Pero a la larga fue un beneficio para la humanidad.
PICIO.- Para la humanidad sería, mas no para él. Y como individuo ¿qué diablos podía importarle la humanidad? Después de todo, él, asesinado, iba a pudrirse en un hoyo, los gusanos le comerían, y ni siquiera podría ver cómo los demás se beneficiaban de su iniciativa y descubrimiento. Es más, si lo viese, se revolvería en su tumba: los muy cabrones, encima de machacarle a pedradas y palos, se aprovechaban de su descubrimiento. Eso sí que debió de ser triste. Como si alguien te brea a hostias, te mea encima y cuando estás hecho polvo en el suelo, se cepilla a tu mujer en tu presencia. Ya me contarás la gracia. Como decía el sabio, “¡para eso, que inventen ellos!”.
MAURICIO.- Dejémonos de digresiones, mis buenos camaradas y volvamos al asunto. Os digo: el gasto y el ahorro son dos caras de la misma moneda. Gastas un dinero y ahorras otro, y con lo que ahorras facilitas que otros produzcan más y consuman más. Es una rueda eterna. Además, ¿qué pasa si uno gasta todo lo que gana en un año? Que se queda sin recursos para el año siguiente.
FABRICIO.- Veo, buen Mauricio, que por una parte me das la razón mientras finges lo contrario. Así no hay ahorro, porque lo que supuestamente ahorras lo gastas en definitiva. Además, aunque gastes todo lo de un año, sigues produciendo y pudiendo gastar, ¿o dejas de trabajar de un año para otro? Mas admito que mi esquema de producción y consumo pudiera resultar algo insuficiente. Está por medio, como sabemos, el dinero. Generalmente se toma al dinero por un medio de cambio y depósito de valor. Parece muy evidente, pero yo sostengo que es además un instrumento de producción como puede serlo una máquina o los brazos humanos.
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****Basagoiti pide a Rajoy que se vete en la UE a las regiones que se independicen. Este Basagoiti, antifranquista de pega, nunca fue más que un majadero. Si está presto a resignarse a la enormidad que supondría la secesión de las Vascongadas, ¿cómo no iba a resignarse a algo muchísimo menos importante como es su ingreso en la UE? Pero hay más, como hemos visto en relación con la reclamación de Gibraltar por Margallo, quien al mismo tiempo habla de disolver a España como nación independiente, lo mismo que la plana mayor del PP. Con necios como el Basa, los separatistas lo tendrán siempre fácil. Lo han tenido casi siempre fácil, porque él es un modelo de politicastro español desde hace bastantes años. El gran problema no ha sido la ETA ni los separatistas, sino esa gente .
