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Sitios de interés
Secreto de VOX / Por qué ganó Franco / Primo de Rivera /Campaña de VOX
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VOX / Derecha de Glez. Cuevas / Fuera de la ley/ Rusofobia y España / Sugestión
VOX
Los “analistas” habituales dan por liquidado a VOX, olvidándose de que eso lo vienen repitiendo desde que VOX existe. La dimisión de Iván Espinosa puede tener repercusión fuerte si marca un cambio de orientación en VOX, que aún tiene algunas asignaturas pendientes. O puede no tener relevancia más que episódica. Todo está por ver.
El hecho es que nadie ha ganado las elecciones, y que la situación es muy mala. Si el PSOE lograra la investidura, el proceso de disolución de España y la democracia se aproximaría a su fin, lo que justificaría la rebelión cívica a todos los niveles. Y si la consiguiera Pujoliño asistiríamos a una simple ralentización momentánea del proceso. En estas condiciones la repetición es lo mejor, con todos sus riesgos, pues ofrece a VOX la mejor oportunidad, si sabe jugar sus bazas. Repetición que puede llegar por sus pasos ante el empate de PP y PSOE, o por intervención del rey, si es que este se atreve a una medida necesaria para España, incluida la monarquía.
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La derecha de González Cuevas
Veo que ha salido un libro de González Cuevas, de 1080 páginas, al que califica Stanley Payne de “una obra única que investiga exhaustivamente todos los grupos y partido de derecha (…) Analizar este sector ideológico es recorrer la historia contemporánea de España, país al que ha gobernado durante la mayor parte de su existencia”.
Eso es verdad. No existe, que yo sepa, otro estudio general de este género, y González Cuevas ha acreditado ser hombre muy trabajador, cosa apreciable en la intelectualidad española por lo general poco amiga del trabajo esforzado, con la excepciones que se quiera. Otra cosa es que el resultado del esfuerzo sea realmente apreciable pues, por mi experiencia con González, su loable espíritu laborioso y su capacidad para entrar en mil detalles y nombres de personas no se extiende a su capacidad analítica e interpretativa, que generalmente se queda en la pura erudición, un defecto también muy extendido en la provinciana historiografía española. No es que la erudición sea mala, solo que no es suficiente, y de todos modos el lector encontrará de seguro, mejor o peor hilvanados, numerosos datos interesantes o poco conocidos. Por otra parte cabría pensar si la endeble calidad intelectual y política de la derecha española (salvando, hasta cierto punto. el franquismo) justificaría tanto esfuerzo historiográfico, pero eso va en gustos e intereses. El libro abarca “De la Ilustración a la actualidad” (1789-2022). Mejor que de la Ilustración, de la Revolución francesa, aunque esta haya sido producto de la Ilustración.
Observo por el índice onomástico que solo me menciona dos veces, y las dos entre una serie de nombres en relación con Libertad Digital, de Jiménez Losantos, y de la revista Chesterton, de J. A. Fuster. No existo, vamos, aunque él ha recogido algunas ideas mías sin molestarse en citarme. Este ninguneo poco decente, tan habitual a izquierda y derecha, se comprende en González como cabreo por una polémica que quiso entablar conmigo sin venir a cuento, de la que no salió muy bien parado (olvidé incluirla en Galería de charlatanes) Ver:
http://www.nodulo.org/ec/2007/n062p11.htm
http://www.nodulo.org/ec/2007/n063p11.htm
http://www.nodulo.org/ec/2007/n064p13.htm)
De entrada me ha llamado la atención este juicio suyo sobre Jiménez Losantos, a quien califica en una entrevista de “impresentable” y de “influencia nefasta” en la derecha. Empezaremos por tratar este asunto.
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Personajes fuera de la ley
Me comentan en tertulia que mi preferencia novelística por personajes fuera de la ley no se cumple en la segunda novela, Cuatro perros verdes. Y en parte es cierto, pero se trata de jóvenes estudiantes, y los jóvenes, sin estar fuera de la ley, están por su posición un tanto al margen. Y a menudo con cierta rebeldía contra la sociedad en la que viven. De los personajes, solo Diego, el pequeño líder comunista, y en menor medida el ambicioso Chano, están abiertamente contra el “sistema”, en este caso el franquismo (estamos en 1967). Los otros navegan en un mar de incertidumbres sobre un futuro que perciben por así decir gaseoso. Uno de ellos, Moncho, por una experiencia traumática, lo encuentra sin sentido al modo existencialista de Sartre, por entonces bastante en boga en la universidad; otro, Javi, busca deliberadamente prolongar la alegre irresponsabilidad estudiantil, por aversión a la vida profesional, que prevé fastidiosa; y otro, Santi, más razonable e integrado, desea terminar la carrera, trabajar, casarse y vivir “como Dios manda”…, pero con un incidente en su pasado que no deja de perturbarle. ¿En qué termina aquella jornada? Empieza con una discusión a medias seria y a medias bromista, desayunando café y churros en un bar, mientras les observa alguien en quien no reparan, y que, junto con Diego, enlaza con la novela anterior. Y debería terminar con otra cena típica de estudiantes discutidores, pero a la que no podrán asistir dos de ellos. Al principio y al final, el espectáculo de la salida y puesta del sol, que atrae a Santi, se presenta como símbolo del destino
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Rusofobia y política española
La rusofobia estaría justificada si, efectivamente, Rusia pretendiera recuperar el imperio soviético, atacando a Ucrania como primer paso para invadir Polonia, países bálticos, etc.
Sin embargo no hay la menor prueba de ello. Todo lo que exigía Rusia a Ucrania era la neutralidad, la autonomía de las regiones rusófonas y el cese de los ataques contra ellas. En 2015 tuvo la posibilidad de aplastar por completo al ejército ucraniano, como han reconocido Angela Merkel y otros, y se contentó con el acuerdo de Minsk. Sabemos que ese acuerdo fue firmado por Ucrania, amparada por la OTAN, sin la menor voluntad de cumplirlo y con el designio de ganar tiempo y formar un ejército capaz de enfrentarse al ruso sobre el terreno. Esto lo ha reconocido también la Merkel, entre otros.
Desde entonces ha habido al menos una ocasión de volver a la paz, en las negociaciones en Turquía, y fueron Usa e Inglaterra quienes la vetaron. Todo esto demuestra que, al menos hoy por hoy, no es Rusia la que trata de expandirse, sino la OTAN la que acosa y trata de arruinar a Rusia, rodeándola de bases militares y tratando de agotarla por medio del gobierno títere de Kíef. Ya Solzhenitsin observó que Usa no solo buscaba demoler a la URSS, lo que aprobaba, sino debilitar y dividir a Rusia.
En cuanto a España, debemos recordar siempre que no tiene ningún conflicto con Rusia, aparte del que nos está creando la OTAN y la UE. Las cuales no solo son aliadas y protectoras de Marruecos, un país que nos amenaza directamente, sino que invaden nuestro territorio en el punto estratégico de Gibraltar. Los gobernantes españoles se declaran amigos y aliados tanto de la OTAN como de Marruecos, una mentalidad de traición al país. No he visto por ningún lado, entre los autodeclarados o autodeclamados patriotas, la menor mención a estos datos tan demostrativos, no digamos ya denuncia y agitación al respecto. Tenemos solo patriotas ucranianos y patriotas rusos.
La guerra de Ucrania debería tener al menos una repercusión clave: poner sobre la mesa la opción por la neutralidad de España. Opción ante la que tiemblan las piernas a los patriotas.
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La sugestión
Breve charla con una enfermera sobre el “cambio climático”, en el que tampoco ella cree, sin entrar en los intereses detrás de esas políticas. “Pero, advierte, el “cambio” tiene muy preocupados a muchos abuelos”. Recuerdo uno que decía no haber visto en 70 años algo parecido a este calor”. Sin duda el hombre era bastante tonto. Yo recuerdo veranos que derretían el asfalto. Pero es que la gente olvida su propia experiencia y acepta lo que le cuentan los medios. Eso pasó ya durante la transición, cuando de pronto muchas personas que habían prosperado tranquilamente en el franquismo “recordaban” la terrible dictadura que habría sido. Una de las historietas que más se repetían entre jóvenes era la de “haber corrido delante de los grises”. La Complutense tenía por entonces 40.000 alumnos, y nunca vi “correr delante de los grises” más que a unas decenas de estudiantes, junto con algunos centenares de mirones. Pero la gente terminaba creyéndoselo. El poder de la sugestión
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La solución / Inverosímil hegemonía hispana
La solución
1. Que en España haya gobernado durante cuatro años un delincuente y su banda, apoyándose en todos los enemigos de España y de la democracia, ha sido la consecuencia lógica de décadas de falta de oposición. Pues el PP no ha ejercido de tal sino de auxiliar del PSOE y separatistas en todos sus designios totalitarios y disgregadores de la nación.
2. Ahora, las elecciones no las ha ganado ningún partido con mayoría suficiente para gobernar, y asistimos a una carrera entre el PP y el PSOE por hacerse con los votos de los partidos más agresivamente antiespañoles, antidemocráticos y antimonárquicos. Se trata de una situación extrema. Y no por el hecho en sí, sino porque una de las opciones supone el ataque prácticamente definitivo a la unidad nacional y a las libertades públicas, y la otra el intento de congraciarse con ella.
3. Las diferencias políticas e ideológicas entre el PP y el PSOE son mínimas, por eso la investidura de uno u otro candidato no supone un cambio real de políticas. Sin embargo hay algunas diferencias menores, que en un momento crítico pueden resultar decisivas. Por ello VOX ha decidido apoyar sin condiciones la investidura de Feijóo a fin de facilitarle algunos apoyos que no tendría si VOX exigiera participar en el gobierno. El éxito de la maniobra es improbable, pero de tener éxito retrasaría algo la labor de demolición de España, y también daría luego a VOX plena libertad para ejercer de oposición sin trabas, con una Gran Política.
4. Hay, con todo una opción mejor, que ha argumentado el historiador Jesús Palacios, y que me parece la más racional y factible: la acción constitucional del rey en defensa de la legalidad, como cuando el golpismo del separatismo catalán.
5. El rey tiene la obligación constitucional de defender la unidad de España y la democracia, hoy tan peligrosamente amenazadas; y la facultad de proponer la investidura, que puede ser del ganador de las elecciones u otra, o incluso de una una personalidad de consenso sin partido. Dado que nadie ha ganado propiamente las elecciones, lo lógico es que proponga a Feijóo como el más votado y con apoyos que le acercan a la mayoría absoluta. Y no proponer a nadie más, vistos los peligros de la situación, de modo que se fuercen nuevas elecciones.
6.Otra cosa es que el rey se atreva a dar el paso. Esta solución tiene el gran riesgo aparente de que todo el conglomerado en torno al delincuente desencadene una ofensiva general contra la monarquía como remate de su ofensiva contra España. Pero digo aparente porque esa ofensiva, con altibajos, la lleva realizando desde hace años, junto con su ataque a la legalidad constitucional. La monarquía se jugaría su continuidad, pero todo indica que saldría bien del trance, como salió del golpismo anterior, y sus enemigos perderían mucha fuerza.
7. Otro peligro sería la actitud del PP. La apuesta sería difícil para un partido tan falto de sustancia política e ideológica, y de políticos de algún fuste, que casi seguramente respondería al envite golpista buscando el acuerdo con él. Pero esto está por ver ahora. Lo importante es que nuevas elecciones darían principalmente una gran oportunidad a VOX, si sabe jugar bien sus bazas y corregir algunos errores recientes. Toda decisión política comporta riesgos, y el de esta sería convertir a VOX en el “hermano menor del PP”, previo a su propia desaparición.
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La inverosímil hegemonía hispana
La hegemonía española en Europa, y en cierto modo en el mundo, es un hecho de aspecto inverosímil habida cuenta de que se mantuvo durante un siglo y medio frente a potencias que, como Francia o el Imperio otomano, eran mucho más ricas y pobladas, o como Inglaterra sacaban partido de su una posición geoestratégica excepcional, o, como el Sacro Imperio aliado de España, estaba carcomido por la revolución protestante; y junto a ello la exploración y descubrimiento del mundo, y la conquista de partes extensas de él. Todo con “escasez de hombres y dispersión de fuerzas”, como apreció su gran enemigo Richelieu. A explicar este “inexplicable” fenómeno he dedicado, precisamente el estudio Hegemonía española y comienzo de la Era Europea. Lo he situado además, y no menos importante, en un contexto mucho más amplio, que termina con la II Guerra Mundial lo que ofrece nuevas perspectivas sobre todo el problema.
Por su inverosimilitud aparente, la hegemonía española ha sido negada de muchas formas. Henry Kamen, por ejemplo, la rechaza arguyendo que no existía propiamente España, sino un imperio castellano que incluía/oprimía a Cataluña y otras regiones, que tenía poca técnica y, más sorprendentemente, que sus hombres eran muy reacios a emprender nada, por lo que tenían que ser azuzados por los banqueros u otras potencias. Joseph Pérez, con enfoque francés, arguye que en realidad no se trató de España, sino de “los Habsburgo”, que utilizaron a España como instrumento y víctima de sus intereses dinásticos particulares. También Raymond Carr dice creer que España, propiamente, apenas ha tenido nunca consistencia política. A estos y a otros los he tratado en Galería de charlatanes, que no se limita a historiadores o seudohistoriadores de la guerra civil y el franquismo.
Otro enfoque reconoce la hegemonía hispana, pero como una especie de mal histórico, el imperio del mal, podríamos decir. Es la versión de la leyenda negra, cultivada con especial acritud por el mundo protestante, cosa comprensible porque España fue la principal barrera que encontró su expansión (como ocurrió también con el empuje otomano). De un modo u otro se trata de explicar cómo un país tan despreciable (y España lo fue realmente desde la invasión napoleónica hasta hoy, si exceptuamos el período franquista) pudo hacer cosas tales (o tan malvadas), o bien solo se trata de una especie de ilusión óptica. “Un enigma histórico”, podría decir Sánchez Albornoz. Tiene algo de enigma, como todos los hechos históricos, pero también puede explicarse en buena parte.
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Espacio público / Democristianos / Violencia machista / Marx (XVII) Clases y libertad
Invasión del espacio público
La colonización cultural por el inglés se extiende a todos los campos: el español progresivamente expulsado de la ciencia, la infancia adoctrinada implícitamente en la superioridad del inglés, la escasa invención española con marcas en inglés, la economía cada vez más anglizada, el español cada vez más bastardeado por el inglés en el periodismo y la literatura, la imitación torpe en el arte… Y la invasión del espacio público por letreros, nombres de establecimientos, mensajes comerciales, instrucciones… ¿Cómo es posible que no haya reacción, ni siquiera se denuncie tal catástrofe, que ningún partido defienda la cultura y el idioma propio? Pues de momento es lo que hay. Vengo señalándolo desde hace muchos años y las respuestas suelen ser simplemente estúpidas.
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El factor democristiano
Para escribir el libro sobre la transición tuve que consultar una considerable bibliografía. En ninguno de los estudios se planteaba la importancia del Vaticano II ni de la ideología democristiana en la demolición del franquismo, seguramente inevitable, y en la promoción de los separatismos y de los radicalismos izquierdistas. Todos los análisis parten de una especie de chismorreo personalista, ignoran el carácter del franquismo, ya sea desde una visión de izquierda o de derecha, y por supuesto dejan de lado la significación histórica de aquel régimen, que reducen a cuatro generalidades.
Hace años asistí a la presentación de un libro de Otero Novas en el CEU. El autor mostró cierto euroescepticismo, siendo reconvenido por un preboste democristiano, no recuerdo cuál, que le aclaró que “España tenía que ir siempre con Europa”. Qué entendería por Europa el hombre es cosa difícil de precisar, pero lo que entendía por España se notaba: “algo” subordinado a un proyecto supranacional, que inicialmente había sido democristiano pero que se lo había comido la socialdemocracia, hasta llegar a la actualidad en que no se sabe dónde acabará.
Lo que sostenían los intervinientes era en que el mérito de la transición correspondía al grupo de opinión y presión “Tácito”, que había sabido prever por dónde irían los tiros. Y es verdad que la transición fue organizada por la UCD, cuya composición básica era el Movimiento, de tendencia falangista; solo que la ideología falangista estaba en la ruina, por lo que fue adoptada la democristiana. Compartida, casualmente por los separatistas vascos y catalanes. El PP se inspira básicamente en las mismas ideas.
La democracia cristiana no era ni es españolista, sino “europeísta”. Maritain, uno de sus máximos inspiradores, también del Vaticano II, era cualquier cosa menos hispanófilo, y durante la guerra civil hizo cuanto pudo por desacreditar a los nacionales, pese a estar estos salvando a la Iglesia del exterminio. Luego hablan algunos de la masonería.
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¿Violencia machista?
El cuento de la violencia machista (“del macho”) pretende la existencia de intereses antagónicos entre varones y mujeres, tal como el marxismo los establecía entre capitalistas y obreros. De este modo, los marxistas se hacían “representantes” de los obreros, pensaran estos lo que quisieran, y los/las feministas tratan de usurpar a su vez la representación de “las mujeres” o “la mujer”. Es una demagogia histerizante que por ello mismo fomenta precisamente la violencia, no ya “contra la mujer”, sino la violencia doméstica, y no solo. La violencia, como la corrupción o la delincuencia en general, existe en todas las sociedades, aunque, claro, puede ser tan brutal como en algunos países latinoamericanos o tan soportable como hoy por hoy en España, a pesar de su aumento.
Lo que pretende esa sucia ideología es que las mujeres son asesinadas por ser mujeres y que los hombres asesinan por ser hombres. Con lo cual llenan la sociedad y las familias de desconfianza y odio (basta ver sus consignas) y destruyen una de las bases de la democracia: la igualdad ante la ley y la responsabilidad personal. Por eso debe ser denunciada con claridad y sin contemplaciones ni ser tomada a broma, porque aunque básicamente histérica, tiene las peores consecuencias.
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Marx (XVII) Clases y libertad
Como decía, la elaboración económica de Marx, pese a ser esencial para dar valor o apariencia científica a su sistema filosófico materialista, es decir, económico en lo que respecta a la explicación de la historia y del ser humano mismo, no ha tenido tanta influencia como su concepción derivada de las clases y la lucha de clases. Su elaboración económica concreta sobre el capitalismo resulta autocontradictoria y por lo demás no ha sido comprendida por la mayoría de sus seguidores, que ni siquiera se han interesado mayormente en ella. En cambio la división social en clases se presenta como una evidencia, así como una injusticia: ¿no somos todos seres humanos? ¿Por qué tiene que haber diferencias económicas, máxime cuando estas implican la explotación del trabajo de unos por otros que lo parasitan? He aquí un argumento capaz de mover el ánimo de mucha gente. El marxismo proporciona además la esperanza, o más propiamente la seguridad “científica”, de que esa injusticia se va a acabar, y no por inquietudes o indignaciones subjetivas, sino por la propia lógica económica, esto es, humana, pues economía y humanidad vienen a ser sinónimos: es la economía la que da sentido a la acción y la propia vida humana.
Tenemos, pues, dos hechos: la impresión de que la historia es una tremenda, aunque inevitable injusticia, y la esperanza-seguridad científica de que está próxima la igualdad soñada en vano durante milenios.
Es cierto que Marx no habla de injusticia histórica en sentido moral, no parte de concepciones morales, pues considera que estas varían históricamente y en diversas sociedades, sirviendo en general a los intereses de las clases dominantes. Simplemente expone el hecho, si no científico al menos evidente, de que todas las sociedades humanas se dividen en clases, excluyendo la imaginaria comuna primitiva. Sin embargo, esta visión resulta más aterradora por su presunción científica que por su concepción moral: la vida de la humanidad a lo largo de milenios habría sido una pesadilla, una suma de horrores, la inmensa mayoría por estar sujeta al yugo de la explotación, y las ínfimas minorías a sus propios autoengaños ideológicos y vidas parasitarias. Y ello no habría provenido de errores o pecados, sino de una férrea necesidad. Todas las ideas sobre libertad, bondad, belleza, justicia, etc., serían sueños nacidos de la desesperación ante la realidad, o patrañas interesadas de los explotadores.
Puede observarse la diferencia con las concepciones anarquistas, cuya base interpretativa de la historia es moralista más que economicista. En ella tiene más importancia la idea de una comuna primitiva destruida a fuerza de innumerables crímenes y violencias por los explotadores arropados por las religiones. Obviamente es una visión más fácilmente rebatible: el individuo es bueno, pero la sociedad (de clases) es mala. Dado que la sociedad se compone de individuos, es difícil entender por qué cada uno es bueno y el conjunto es malo. A pesar de ello, su visión no resulta tan radicalmente desconsoladora o desesperada como la “científica” de Marx.
La visión moralista ácrata deja un enorme, aunque arbitrario, margen a la libertad, concebida como ejercicio necesario de la voluntad frente a la injusticia social, algo que el marxismo declara de entrada inútil. Para el marxismo, la libertad no es otra cosa que la conciencia de la necesidad. De la necesidad dictada por la economía, en definitiva. Aunque el concepto de libertad es de los más evanescentes, podemos acercarnos a él como, precisamente, la tensión entre la voluntad personal y la presión social. La presión social se ejerce de muchas maneras, sin excluir la pura y simple fuerza (policía, jueces…), y en general trata de ser uniforme para evitar la arbitrariedad. Sin embargo la voluntad personal es todo lo contrario de uniforme: no solo cada persona tiene la suya, a menudo en conflicto con la del prójimo, sino que dentro de la misma persona suele haber voluntades que chocan entre sí. El anarquismo sugiere que la voluntad de las personas es uniforme: aspira siempre a la felicidad de librarse de la opresión social. El marxismo opina lo contrario, que la presión social expresa una necesidad ineluctable frente a las ilusiones voluntaristas, tanto en los regímenes de clase como, por lo menos, en el tránsito dictatorial a la sociedad igualitaria.
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Invasión del espacio público
Violencia machista
Marx
Como decía, la elaboración económica de Marx, pese a ser esencial para dar valor o apariencia científica a su sistema filosófico materialista, es decir, económico en lo que respecta a la explicación de la historia y del ser humano mismo, no ha tenido tanta influencia como su concepción derivada de las clases y la lucha de clases. Su elaboración económica concreta sobre el capitalismo resulta autocontradictoria y por lo demás no ha sido comprendida por la mayoría de sus seguidores, que ni siquiera se han interesado mayormente en ella. En cambio la división social en clases se presenta como una evidencia, así como su injusticia: ¿no somos todos seres humanos? ¿Por qué tiene que haber diferencias económicas, máxime cuando estas implican la explotación del trabajo de unos por otros que lo parasitan? He aquí un argumento aparente capaz de mover el ánimo de mucha gente. El marxismo proporciona además la esperanza, o más propiamente la seguridad “científica”, de que esa injusticia se va a acabar, y no por inquietudes o indignaciones subjetivas, sino por la propia lógica económica, esto es, humana, pues economía y humanidad vienen a ser sinónimos: es la economía la que da sentido a la acción y la propia vida humana.
Tenemos, pues, dos hechos: la impresión de que la historia es una tremenda, aunque inevitable injusticia, y la esperanza-seguridad científica de que está próxima la igualdad soñada en vano durante milenios.
Es cierto que Marx no habla de injusticia histórica en sentido moral, no parte de concepciones morales, pues considera que estas varían históricamente y en diversas sociedades, sirviendo en general a los intereses de las clases dominantes. Simplemente expone el hecho, si no científico al menos evidente, de que todas las sociedades humanas se dividen en clases, excluyendo la imaginaria comuna primitiva. Sin embargo, esta visión resulta más aterradora por su presunción científica que por su concepción moral: la vida de la humanidad a lo largo de milenios habría sido una pesadilla, una suma de horrores, la inmensa mayoría por estar sujeta al yugo de la explotación, y las ínfimas minorías a sus propios autoengaños ideológicos y vidas parasitarias. Y ello no habría provenido de errores o pecados, sino de una férrea necesidad. Todas las ideas sobre libertad, bondad, belleza, justicia, etc., serían sueños nacidos de la desesperación, o elaboraciones interesadas de los explotadores.
Puede observarse la diferencia con las concepciones anarquistas, cuya base interpretativa de la historia es moralista más que economicista. En ella tiene más importancia la idea de una comuna primitiva destruida a fuerza de innumerables crímenes y violencias por los explotadores arropados por las religiones. Obviamente es una visión más fácilmente rebatible: el individuo es bueno, pero la sociedad (de clases) es mala. Dado que la sociedad se compone de individuos, es difícil entender por qué cada uno es bueno y el conjunto es malo. A pesar de ello, su visión no resulta tan radicalmente desconsoladora o desesperada como la “científica” de Marx.
La visión moralista ácrata deja un enorme, aunque arbitrario, margen a la libertad, concebida como ejercicio de la voluntad frente a la injusticia social, algo que el marxismo declara de entrada inútil. Para el marxismo, la libertad no es otra cosa que la conciencia de la necesidad. De la necesidad dictada por la economía, en definitiva. Aunque el concepto de libertad es de los más evanescentes, podemos acercarnos a él como, precisamente, la tensión entre la voluntad personal y la presión social. La presión social se ejerce de muchas maneras, sin excluir la pura y simple fuerza (policía, jueces…), y en general trata de ser uniforme para evitar la arbitrariedad. Sin embargo la voluntad personal es todo lo contrario de uniforme: no solo cada persona tiene la suya, a menudo en conflicto con la del prójimo, sino que dentro de la misma persona suele haber voluntades que chocan entre sí. El anarquismo sugiere que la voluntad de las personas es uniforme, aspira a librarse de la opresión social. El marxismo opina lo contrario, que la presión social expresa una necesidad ineluctable frente a las ilusiones voluntaristas, tanto en los regímenes de clase como, por lo menos, en el tránsito dictatorial a la sociedad igualitaria.
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