Secreto de VOX / Por qué ganó Franco / Primo de Rivera /Campaña de VOX

El secreto de VOX.

Vox partió prácticamente de la nada, se mantuvo marginal durante un tiempo, y de pronto, en los últimos cuatro años se ha convertido en una considerable potencia política, y lo ha hecho “contra todo y contra todos”.

Creo que el secreto de este logro sin precedentes en la democracia ha sido la conjunción de patriotismo y liberalismo. Conjunción no fácil porque, desde la transición, numerosos patriotas se remitían a un franquismo imaginario, y la mayoría de los liberales, un tanto cañís, eran ente todo forofos de una Europa también imaginaria.  Aquellos patriotas formaban pequeño grupos mal avenidos entre sí, y perfectamente marginales, situación en la que muchos se sentían a gusto si podían disfrutar de algunas ventajas. Nunca fueron capaces de examinar la causa de su permanente marginalidad ni desarrollaron algo así como un discurso convincente y con cierta base cultural

En cuanto a los liberales, en el PP y en diversos órganos de opinión, se desentendían de la idea de España, que en el fondo despreciaban, remitiéndose a las excelencias de Anglonia y muy satisfechos con la colonización cultural y la satelización política. 

No sé todavía qué pasa en VOX, pero da la impresión de una lucha por el poder entre una tendencia y otra, lo que sería muy grave. Los patriotas pueden y deben ser también demócratas y los liberales de VOX han demostrado notable patriotismo, aun si con rémoras anglómanas.

Todos los enemigos de VOX se frotan las manos augurando ¡por fin! el hundimiento de ese partido. Y si se produce esa lucha por el poder y la dirección no es capaz de contenerla, esta vez sería verdad. En todo partido hay tendencias diversas (y personalismos) y la destreza del liderazgo consiste en armonizarlas impidiendo que se vuelvan destructivas. Suele olvidarse que la talla de estadista de Franco dependió en gran medida de  saber equilibrar a sus “familias” o partidos, que de otro modo, por propio impulso, se habrían peleado entre ellos y liquidado al régimen. “Familias” con un sector antifranquista cada una de ellas.

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Por qué ganó Franco

Me pregunta un amigo si,  después de Por qué el Frente Popular perdió la guerra, no sería conveniente otro sobre por qué Franco la ganó.

Creo que Miguel Platón está trabajando en ello. En mi opinión se debió a cuatro factores

a) Puesto que lo decisivo en una guerra son las operaciones militares, es claro que Franco destacó sobre sus enemigos tanto estratégica como tácticamente.

b) Asimismo reorganizó un ejército, que había quedado desarticulado,  con más rapidez que sus contrarios, consiguió ayuda exterior en mejores condiciones que ellos, y no dependió políticamente de esa ayuda, como sí dependió el FP.

c) Contó con la adhesión de al menos la mitad de la población, que fue en aumento conforme se desarrollaba el conflicto y aumentaban las victorias.

d) Organizó la economía  de manera más racional y eficaz que el frente popular

Estas condiciones fueron las que le permitieron pasar poco a poco de una situación inicial prácticamente desesperada, que habría hecho tirar la toalla a casi cualquier otro militar, hasta la victoria final.  Imagino que Platón desarrollará con su estilo concienzudo habitual, estos temas y otros que crea oportuno.

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Primo de Rivera en la historia

El historiador francés Michel Festivi ha escrito un trabajo muy necesario sobre la dictadura de Primo de Rivera, una dictadura muy poco dura, y muy maltratada o simplemente olvidada por la historiografía. Primo de Rivera curó los tres cánceres que estaban asesinando al régimen liberal de la Restauración y a la propia España: la rebelión del Rif, el terrorismo anarquista  y unos separatismos al borde del golpismo. De paso domesticó o civilizó al PSOE dio pasos hacia el voto de la mujer, y en esos seis años y poco el país creció económicamente como nunca antes. Luego, la propia derecha le pagó como es sabido, prefiriendo encaminar a España al derrumbe republicano. En estos “pormenores” no entra el buen González Cuevas, que se pierde en detalles y citas de poca monta. Primo de Rivera plantea un problema esencial en la historia española: el carácter intelectualmente nulo y políticamente suicida de su derecha.

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Campaña de VOX

Si hubiera de buscar un fallo en la campaña de VOX fue haber seguido la orientación de  de Jiménez Losantos, pese a los cabreos (ir junto con el PP para echar al PSOE, y quejándose patéticamente de que el PP prefiriera pactar con el PSOE y PNV). Y no seguir mi sugerencia de clarificar al máximo la diferencia con el PP. Cosa lógica, en cierto sentido, porque Jiménez tiene una fuerza mediática y de arrastre electoral  de la que yo carezco por completo. Si es verdad, como dice Nebredo, que Abascal no aspira a hundir al PP (como el PP aspira  a hundir a VOX) sino a reconducirlo a la “buena política”, el futuro de VOX es muy negro. Pero esto no está aún del todo claro, y quizá rectifique. En cuanto a la pérdida de políticos de enjundia intelectual, que abandonan,  es importante, y vamos a ver en qué queda.  En mi opinión, VOX debería exigir nuevas elecciones y arriesgarse con la campaña que no ha hecho. Aun si las cosas salieran poco brillantes, la simple explicación de las diferencias de VOX con los demás partidos quedaría como un capital político de la mayor relevancia.

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Propuesta

Propongo o sugiero la creación de una fundación independiente cuyos objetivos fueran la clarificación del franquismo y la posibilidad/necesidad de una política exterior neutralista. Yo podría elaborar lo esencial del discurso.

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VOX / Derecha de Glez. Cuevas / Fuera de la ley/ Rusofobia y España / Sugestión

VOX

Los “analistas” habituales dan por liquidado a VOX, olvidándose de que eso lo vienen repitiendo desde que VOX existe. La dimisión de Iván Espinosa puede tener  repercusión fuerte si marca un cambio de orientación en VOX, que aún tiene algunas asignaturas pendientes. O puede no tener relevancia más que episódica. Todo está por ver. 

El hecho es que nadie ha ganado las elecciones, y que la situación es muy mala. Si el PSOE lograra la investidura, el proceso de disolución de España y la democracia se aproximaría a su fin, lo que justificaría la rebelión cívica a todos los niveles. Y si la consiguiera Pujoliño asistiríamos a una simple ralentización momentánea del proceso.  En estas condiciones la repetición es lo mejor, con todos sus riesgos, pues ofrece a VOX la mejor oportunidad, si sabe jugar sus bazas.  Repetición que puede llegar por sus pasos ante el empate de PP y PSOE, o por intervención del rey, si es que este se atreve a una medida necesaria para España, incluida la monarquía.

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La derecha de González Cuevas

Veo que ha salido un libro de González Cuevas, de 1080 páginas, al que califica  Stanley Payne de “una obra única que investiga exhaustivamente todos los grupos y partido de derecha (…) Analizar este sector ideológico es recorrer la historia contemporánea de España, país al que ha gobernado durante la mayor parte de su existencia”.

Eso es verdad.  No existe, que yo sepa, otro estudio general de este género, y González Cuevas ha acreditado ser hombre muy trabajador, cosa apreciable en la intelectualidad española por lo general poco amiga del trabajo esforzado, con la excepciones que se quiera.  Otra cosa es que el resultado del esfuerzo sea realmente apreciable pues, por mi experiencia con González, su loable espíritu laborioso y su capacidad para entrar en mil detalles y nombres de personas  no se extiende a su capacidad analítica e interpretativa, que generalmente se queda en la pura erudición, un defecto también muy extendido en la provinciana historiografía española. No es que la erudición sea mala, solo que no es suficiente, y de todos modos  el lector encontrará de seguro,  mejor o peor hilvanados, numerosos datos interesantes o poco conocidos. Por otra parte cabría pensar si  la endeble calidad intelectual y política  de la derecha española (salvando, hasta cierto punto. el franquismo) justificaría tanto esfuerzo historiográfico, pero  eso va en gustos e intereses. El libro abarca “De la Ilustración a la actualidad” (1789-2022). Mejor que de la Ilustración,  de la Revolución francesa, aunque esta haya sido producto de la Ilustración.

Observo  por el índice onomástico que solo me menciona dos veces, y las dos entre una serie de nombres en relación con Libertad Digital, de Jiménez Losantos, y de la revista Chesterton, de  J. A. Fuster. No existo, vamos, aunque él ha recogido  algunas ideas mías sin molestarse en citarme. Este ninguneo poco decente, tan habitual a izquierda y derecha, se comprende en González como cabreo por  una polémica que quiso entablar conmigo sin venir a cuento,  de la que no salió muy bien parado (olvidé incluirla  en Galería de charlatanes) Ver:

 http://www.nodulo.org/ec/2007/n062p11.htm
http://www.nodulo.org/ec/2007/n063p11.htm
http://www.nodulo.org/ec/2007/n064p13.htm

De entrada me ha llamado la atención este juicio suyo sobre Jiménez Losantos, a quien califica en una entrevista de “impresentable” y de “influencia nefasta” en la derecha. Empezaremos por tratar este asunto.

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Personajes fuera de la ley

Me comentan en tertulia que mi preferencia novelística por personajes fuera de la ley no se cumple en la segunda novela, Cuatro perros verdes. Y en parte es cierto, pero se trata de jóvenes estudiantes, y los jóvenes, sin estar fuera de la ley, están por su posición un tanto al margen. Y a menudo con cierta rebeldía  contra la sociedad en la que viven. De los personajes, solo Diego, el pequeño líder comunista, y en menor medida el ambicioso Chano, están abiertamente contra el “sistema”, en este caso  el franquismo (estamos en 1967). Los otros navegan en un mar de incertidumbres sobre un futuro  que perciben por así decir gaseoso. Uno de ellos, Moncho, por una experiencia traumática, lo encuentra  sin sentido al modo existencialista de Sartre, por entonces bastante en boga en la universidad;  otro, Javi,   busca deliberadamente prolongar la alegre  irresponsabilidad  estudiantil, por aversión a la vida profesional, que prevé fastidiosa; y otro, Santi,  más razonable e integrado, desea terminar la carrera, trabajar, casarse y vivir “como Dios manda”…, pero con un incidente en su pasado que no deja de perturbarle.  ¿En qué termina aquella jornada? Empieza con una discusión a medias seria y a medias bromista, desayunando café y churros en un bar, mientras les observa alguien en quien no reparan, y que, junto con Diego,  enlaza con la novela anterior. Y debería terminar con otra cena típica de estudiantes discutidores, pero a la que no podrán asistir dos de ellos.  Al  principio y al final,  el espectáculo de la salida y puesta del sol, que atrae a Santi, se presenta como símbolo del destino 

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Cuatro perros verdes

Rusofobia y política española

La rusofobia estaría justificada si, efectivamente, Rusia pretendiera recuperar el imperio soviético, atacando a Ucrania como primer paso para invadir Polonia, países bálticos, etc.

Sin embargo no hay la menor prueba de ello. Todo lo que exigía Rusia a Ucrania era la neutralidad, la autonomía de las regiones rusófonas y el cese de los ataques contra ellas. En 2015 tuvo la posibilidad de aplastar por completo al ejército ucraniano, como han reconocido Angela Merkel y otros, y se contentó con el  acuerdo de Minsk. Sabemos que ese acuerdo fue firmado por Ucrania, amparada por la OTAN,  sin la menor voluntad de cumplirlo y con el designio de ganar tiempo y formar un ejército capaz de enfrentarse al ruso sobre el terreno. Esto lo ha reconocido también la Merkel, entre otros. 

Desde entonces ha habido al menos una ocasión de volver a la paz, en las negociaciones en Turquía, y fueron Usa e Inglaterra quienes la vetaron. Todo esto demuestra que, al menos hoy por hoy, no es Rusia la que trata de expandirse, sino la OTAN la que acosa y trata  de arruinar a Rusia, rodeándola de bases militares y tratando de agotarla  por medio del gobierno títere de Kíef. Ya Solzhenitsin observó que Usa no solo buscaba demoler a la URSS, lo que aprobaba, sino debilitar y dividir a Rusia.

En cuanto a  España, debemos recordar siempre que no tiene ningún conflicto con Rusia, aparte del que nos está creando la OTAN y la UE. Las cuales no solo son aliadas y protectoras de Marruecos,  un país que nos amenaza directamente, sino que invaden nuestro territorio en el punto estratégico de Gibraltar. Los gobernantes españoles se declaran amigos y aliados tanto de la OTAN como de Marruecos, una mentalidad de traición al país. No he visto por ningún lado, entre los autodeclarados o autodeclamados patriotas, la menor mención a estos datos  tan demostrativos, no digamos ya  denuncia y agitación al respecto. Tenemos solo patriotas ucranianos y  patriotas rusos.

La guerra de Ucrania debería tener al menos una repercusión clave: poner sobre la mesa la opción por la neutralidad de España. Opción ante la que tiemblan las piernas a los patriotas. 

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La sugestión

Breve charla con una enfermera sobre el “cambio climático”, en el que tampoco ella cree, sin entrar en los intereses detrás de esas políticas. “Pero, advierte, el “cambio” tiene muy preocupados a muchos abuelos”. Recuerdo uno que decía no haber visto en 70 años algo parecido a este calor”.  Sin duda el hombre era bastante tonto. Yo recuerdo veranos que derretían el asfalto. Pero es que la gente olvida su propia experiencia y acepta lo que le cuentan  los medios. Eso pasó ya durante la transición, cuando  de pronto muchas personas que habían prosperado tranquilamente en el franquismo “recordaban”  la terrible dictadura que habría sido. Una de las historietas que más se repetían entre jóvenes era la de “haber corrido delante de los grises”. La Complutense tenía por entonces 40.000  alumnos, y nunca vi “correr delante de los grises” más que a unas decenas de estudiantes, junto con algunos centenares de mirones. Pero la gente terminaba creyéndoselo. El poder de la sugestión

 

 

 

 

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La solución / Inverosímil hegemonía hispana

La solución

1. Que en España haya gobernado durante cuatro años un delincuente y su banda,  apoyándose en todos los enemigos de España y de la democracia, ha sido la consecuencia  lógica de décadas de falta de oposición. Pues el PP no ha ejercido de tal sino de auxiliar del PSOE y separatistas en  todos sus designios totalitarios y disgregadores de la nación.

2. Ahora, las elecciones no las ha ganado ningún partido con mayoría suficiente para gobernar, y asistimos a una carrera entre el PP y el PSOE por hacerse con los votos de los partidos más agresivamente antiespañoles,  antidemocráticos y antimonárquicos. Se trata de una situación extrema. Y  no por el hecho en sí, sino porque una de las opciones supone el ataque prácticamente definitivo a la unidad nacional y a las libertades públicas, y la otra el intento de congraciarse con ella.

3. Las diferencias políticas e ideológicas entre el PP y el PSOE son mínimas, por eso la investidura de uno u otro candidato no supone un cambio real de políticas. Sin embargo hay algunas diferencias  menores, que en un momento crítico pueden resultar decisivas. Por ello VOX ha decidido apoyar sin condiciones  la investidura de Feijóo a fin de facilitarle algunos apoyos que no tendría si VOX exigiera participar en el gobierno. El éxito de la maniobra es improbable, pero de tener éxito retrasaría algo la  labor de demolición de España, y también daría luego a VOX plena libertad para ejercer de oposición sin trabas, con una Gran Política.

4.  Hay, con todo una opción mejor, que ha argumentado el historiador Jesús Palacios, y que me parece la  más racional y factible: la acción constitucional del rey en defensa de la legalidad, como cuando el golpismo del separatismo catalán.

5.  El rey tiene la obligación constitucional de defender la unidad de España y la democracia, hoy tan peligrosamente amenazadas; y la facultad de proponer la investidura, que puede ser del ganador de las elecciones u otra, o incluso de una  una personalidad de consenso sin partido. Dado que nadie ha ganado propiamente las elecciones, lo lógico es que proponga a Feijóo como el más votado y con apoyos que le acercan a la mayoría absoluta. Y no proponer a nadie más, vistos los peligros de la situación, de modo que se fuercen nuevas elecciones.

6.Otra cosa es que el rey se atreva a dar el paso.  Esta solución tiene el gran riesgo aparente de que todo el conglomerado en torno al delincuente desencadene una ofensiva general contra la monarquía como remate de su ofensiva contra España. Pero digo aparente porque esa ofensiva, con altibajos, la lleva realizando desde hace años, junto con su ataque a la legalidad constitucional. La monarquía se jugaría su continuidad, pero todo indica que saldría bien  del trance, como salió del golpismo anterior, y sus enemigos perderían mucha  fuerza.

7. Otro peligro sería la actitud del PP. La apuesta sería difícil para un partido tan falto de sustancia política e ideológica, y de políticos de algún fuste, que casi seguramente respondería al envite golpista buscando el acuerdo con él. Pero esto está por ver ahora. Lo importante es que nuevas elecciones  darían principalmente una gran oportunidad a VOX, si sabe jugar bien sus bazas y corregir algunos errores recientes. Toda decisión política comporta riesgos, y el de esta sería convertir a VOX en el “hermano menor del PP”, previo a su propia desaparición.

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La inverosímil hegemonía hispana

La hegemonía española en Europa, y en cierto modo en el mundo, es un hecho de aspecto  inverosímil habida cuenta de que se mantuvo durante un siglo y medio frente a potencias que, como Francia o el Imperio otomano, eran mucho más ricas y pobladas, o como Inglaterra sacaban partido de su una posición geoestratégica excepcional, o,  como el Sacro Imperio aliado de España, estaba carcomido por la revolución protestante; y junto a ello la exploración y descubrimiento del mundo, y la conquista de partes extensas de él. Todo con “escasez de hombres y dispersión de fuerzas”, como apreció su gran enemigo Richelieu. A explicar este “inexplicable” fenómeno he dedicado, precisamente el estudio Hegemonía española y comienzo de la Era Europea.  Lo he situado además, y no menos importante, en un contexto mucho más amplio, que termina con la II Guerra Mundial lo que ofrece  nuevas perspectivas sobre  todo el problema.

Por  su inverosimilitud aparente, la hegemonía española ha sido negada de muchas formas. Henry Kamen, por ejemplo, la rechaza arguyendo que no existía propiamente España, sino un imperio castellano que incluía/oprimía a Cataluña y otras regiones, que  tenía poca técnica y, más sorprendentemente, que sus hombres eran muy reacios a emprender nada, por lo que tenían que ser azuzados por los banqueros u otras potencias. Joseph Pérez, con enfoque francés, arguye que en realidad no se trató de España, sino de “los Habsburgo”, que utilizaron a España como instrumento y víctima de sus intereses dinásticos particulares. También Raymond Carr dice creer que España, propiamente, apenas ha tenido nunca consistencia política. A estos y a otros los he tratado en Galería de charlatanes, que no se limita a historiadores o seudohistoriadores de la guerra civil y el franquismo.

Otro enfoque reconoce la hegemonía hispana, pero como una especie de mal histórico, el imperio del mal, podríamos decir.  Es la versión de la leyenda negra, cultivada con especial acritud por el mundo protestante, cosa comprensible porque España fue la principal barrera que encontró su expansión (como ocurrió también con el empuje otomano). De un modo u otro se trata de explicar cómo un país tan despreciable (y España lo fue realmente desde la invasión napoleónica hasta hoy, si exceptuamos el período franquista) pudo hacer cosas tales (o tan malvadas),  o bien  solo se trata de una especie de ilusión óptica. “Un enigma histórico”, podría   decir Sánchez Albornoz. Tiene algo de enigma, como todos los hechos históricos, pero también puede explicarse en buena parte.

La Segunda Guerra Mundial - 1

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Espacio público / Democristianos / Violencia machista / Marx (XVII) Clases y libertad

Invasión del espacio público

La colonización cultural por el inglés se extiende a todos los campos: el español progresivamente expulsado de la ciencia, la infancia adoctrinada implícitamente en la superioridad del inglés, la escasa invención española con marcas en inglés, la economía cada vez más anglizada, el español cada vez más bastardeado por el inglés en el periodismo y la literatura, la imitación torpe en el arte… Y la invasión del espacio público por letreros, nombres de establecimientos, mensajes comerciales, instrucciones… ¿Cómo es posible que no haya reacción, ni  siquiera se denuncie tal catástrofe, que ningún partido defienda la cultura y el idioma propio? Pues de momento es lo que hay. Vengo señalándolo desde hace muchos años y las respuestas suelen ser simplemente estúpidas.

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El factor democristiano

Para escribir el libro sobre la transición tuve que consultar una considerable bibliografía. En ninguno de los estudios se planteaba la importancia del Vaticano II ni de la ideología democristiana en la demolición del franquismo, seguramente inevitable, y en la promoción de los separatismos y de los radicalismos izquierdistas. Todos los análisis parten de una especie de chismorreo personalista, ignoran el carácter del franquismo, ya sea desde una visión de izquierda o de derecha, y por supuesto dejan de lado la significación histórica de aquel régimen, que reducen  a cuatro generalidades. 

Hace años asistí a la presentación de un libro de Otero Novas en el CEU. El  autor mostró cierto euroescepticismo, siendo reconvenido por un preboste democristiano, no recuerdo cuál, que le aclaró que “España tenía que ir siempre con Europa”. Qué entendería por Europa el hombre es cosa difícil de precisar, pero lo que entendía por España se notaba: “algo” subordinado a un proyecto supranacional, que inicialmente había sido democristiano pero que se lo había comido la socialdemocracia, hasta llegar a la actualidad en que no se sabe dónde acabará.

Lo que sostenían los intervinientes era en que el mérito de la transición correspondía al grupo de opinión y presión  “Tácito”, que había sabido prever por dónde irían los tiros. Y es verdad que la transición fue organizada por la UCD, cuya composición básica era el Movimiento, de tendencia falangista; solo que la ideología falangista estaba en la ruina, por lo que fue adoptada la democristiana. Compartida, casualmente por los separatistas vascos y catalanes. El PP se inspira básicamente en las mismas ideas.

La democracia cristiana no era ni es españolista, sino “europeísta”. Maritain, uno de sus máximos inspiradores, también del Vaticano II, era cualquier cosa menos hispanófilo, y durante la guerra civil hizo cuanto pudo por desacreditar a los nacionales, pese a estar estos salvando a la Iglesia del exterminio. Luego hablan algunos de la masonería.

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¿Violencia machista? 

El cuento de la violencia machista (“del macho”) pretende la existencia de  intereses antagónicos entre varones y mujeres, tal como el marxismo los establecía entre capitalistas y obreros. De este modo, los marxistas se hacían “representantes” de los obreros, pensaran estos lo que quisieran, y los/las feministas tratan de usurpar a su vez la representación de “las mujeres” o “la mujer”. Es una demagogia histerizante que por ello mismo  fomenta precisamente la violencia, no ya  “contra la mujer”, sino la violencia doméstica, y no solo. La violencia, como la corrupción o la delincuencia en general, existe en todas las sociedades, aunque, claro, puede ser  tan brutal como en algunos países latinoamericanos o tan soportable como hoy por hoy en España, a pesar de su aumento.

Lo que pretende esa sucia ideología es que las mujeres son asesinadas por ser mujeres y que los hombres asesinan por ser hombres. Con lo cual llenan la sociedad y las familias de desconfianza y odio (basta ver sus consignas)  y destruyen una de las bases de la democracia: la igualdad ante la ley y la responsabilidad personal. Por eso debe ser denunciada con claridad y sin contemplaciones ni ser tomada a broma, porque aunque básicamente histérica, tiene las peores consecuencias. 

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Marx (XVII) Clases y libertad

Como decía, la elaboración económica de Marx, pese a ser esencial para dar valor o apariencia científica a su sistema filosófico materialista, es decir, económico en lo que respecta a la explicación de la historia y del ser humano mismo, no ha tenido tanta influencia como su concepción derivada de las clases y la lucha de clases. Su elaboración económica concreta sobre el capitalismo resulta autocontradictoria y por lo demás no ha sido comprendida por la mayoría de sus seguidores, que ni siquiera se han interesado mayormente en ella. En cambio la división social en clases se presenta como una evidencia, así como una injusticia: ¿no somos todos seres humanos? ¿Por qué tiene que haber diferencias económicas, máxime cuando estas implican la explotación del trabajo de unos por otros que lo parasitan?  He aquí un argumento  capaz de mover el ánimo de mucha gente. El marxismo proporciona además la esperanza, o más propiamente la seguridad “científica”, de que esa injusticia se va a acabar, y no por inquietudes o indignaciones subjetivas, sino por la propia lógica económica, esto es, humana, pues economía y humanidad vienen a ser sinónimos: es la economía la que da sentido a la acción y la propia vida humana.

Tenemos, pues, dos hechos: la impresión de que la historia es una tremenda, aunque inevitable injusticia, y la esperanza-seguridad científica de que está próxima la igualdad soñada en vano durante milenios.

Es cierto que Marx no habla de injusticia histórica en sentido moral, no  parte de concepciones morales, pues considera que estas varían históricamente y en diversas sociedades, sirviendo en general a los intereses de las clases dominantes. Simplemente expone el hecho, si no científico al menos  evidente, de que todas las sociedades humanas se dividen en clases, excluyendo la imaginaria comuna primitiva. Sin embargo, esta visión resulta más aterradora por su presunción científica que por su concepción moral: la vida de la humanidad a lo largo de milenios habría sido una pesadilla,  una suma de horrores, la inmensa mayoría por estar sujeta al yugo de la explotación, y las ínfimas minorías a sus propios autoengaños ideológicos  y vidas parasitarias. Y ello no habría provenido de errores o pecados, sino de una férrea necesidad. Todas las ideas sobre libertad, bondad, belleza, justicia, etc., serían sueños nacidos de la desesperación ante la realidad, o  patrañas interesadas de los explotadores.

Puede observarse la diferencia con las concepciones anarquistas, cuya base interpretativa de la historia es moralista más que economicista. En ella tiene más importancia la idea de una comuna primitiva destruida a fuerza de innumerables  crímenes y violencias por los explotadores arropados por las religiones. Obviamente es una visión más fácilmente rebatible: el individuo es bueno, pero la sociedad (de clases) es mala. Dado que la sociedad se compone de individuos, es difícil entender por qué cada uno es bueno y el conjunto es malo. A pesar de ello, su visión no resulta tan radicalmente desconsoladora o desesperada como la “científica”  de Marx.

La visión moralista ácrata deja un enorme, aunque arbitrario, margen a la libertad, concebida como ejercicio necesario de la voluntad frente a la injusticia social,  algo que el marxismo declara de entrada inútil. Para el marxismo, la libertad no es otra cosa que la conciencia de la necesidad. De la necesidad dictada por la economía, en definitiva.  Aunque el concepto de libertad es de los más evanescentes, podemos acercarnos a él como, precisamente, la tensión entre la voluntad personal y la presión social. La presión social se ejerce de muchas maneras, sin excluir la pura y simple fuerza (policía, jueces…), y en general trata de ser uniforme para evitar la arbitrariedad. Sin embargo la voluntad personal es todo lo contrario de uniforme: no solo cada persona tiene la suya, a menudo en conflicto con la del prójimo, sino que dentro de la misma persona suele haber voluntades que chocan entre sí. El anarquismo sugiere que la voluntad de las personas es uniforme:  aspira siempre a la felicidad de  librarse de la opresión social. El marxismo opina lo contrario, que la presión social expresa una necesidad ineluctable frente a las ilusiones voluntaristas, tanto en los regímenes de clase como, por lo menos, en el tránsito dictatorial a la sociedad igualitaria.

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Invasión del espacio público

Violencia machista

Marx

Como decía, la elaboración económica de Marx, pese a ser esencial para dar valor o apariencia científica a su sistema filosófico materialista, es decir, económico en lo que respecta a la explicación de la historia y del ser humano mismo, no ha tenido tanta influencia como su concepción derivada de las clases y la lucha de clases. Su elaboración económica concreta sobre el capitalismo resulta autocontradictoria y por lo demás no ha sido comprendida por la mayoría de sus seguidores, que ni siquiera se han interesado mayormente en ella. En cambio la división social en clases se presenta como una evidencia, así como su injusticia: ¿no somos todos seres humanos? ¿Por qué tiene que haber diferencias económicas, máxime cuando estas implican la explotación del trabajo de unos por otros que lo parasitan?  He aquí un argumento aparente capaz de mover el ánimo de mucha gente. El marxismo proporciona además la esperanza, o más propiamente la seguridad “científica”, de que esa injusticia se va a acabar, y no por inquietudes o indignaciones subjetivas, sino por la propia lógica económica, esto es, humana, pues economía y humanidad vienen a ser sinónimos: es la economía la que da sentido a la acción y la propia vida humana.

Tenemos, pues, dos hechos: la impresión de que la historia es una tremenda, aunque inevitable injusticia, y la esperanza-seguridad científica de que está próxima la igualdad soñada en vano durante milenios.

Es cierto que Marx no habla de injusticia histórica en sentido moral, no  parte de concepciones morales, pues considera que estas varían históricamente y en diversas sociedades, sirviendo en general a los intereses de las clases dominantes. Simplemente expone el hecho, si no científico al menos  evidente, de que todas las sociedades humanas se dividen en clases, excluyendo la imaginaria comuna primitiva. Sin embargo, esta visión resulta más aterradora por su presunción científica que por su concepción moral: la vida de la humanidad a lo largo de milenios habría sido una pesadilla,  una suma de horrores, la inmensa mayoría por estar sujeta al yugo de la explotación, y las ínfimas minorías a sus propios autoengaños ideológicos  y vidas parasitarias. Y ello no habría provenido de errores o pecados, sino de una férrea necesidad. Todas las ideas sobre libertad, bondad, belleza, justicia, etc., serían sueños nacidos de la desesperación, o  elaboraciones interesadas de los explotadores.

Puede observarse la diferencia con las concepciones anarquistas, cuya base interpretativa de la historia es moralista más que economicista. En ella tiene más importancia la idea de una comuna primitiva destruida a fuerza de innumerables  crímenes y violencias por los explotadores arropados por las religiones. Obviamente es una visión más fácilmente rebatible: el individuo es bueno, pero la sociedad (de clases) es mala. Dado que la sociedad se compone de individuos, es difícil entender por qué cada uno es bueno y el conjunto es malo. A pesar de ello, su visión no resulta tan radicalmente desconsoladora o desesperada como la “científica”  de Marx.

La visión moralista ácrata deja un enorme, aunque arbitrario, margen a la libertad, concebida como ejercicio de la voluntad frente a la injusticia social,  algo que el marxismo declara de entrada inútil. Para el marxismo, la libertad no es otra cosa que la conciencia de la necesidad. De la necesidad dictada por la economía, en definitiva.  Aunque el concepto de libertad es de los más evanescentes, podemos acercarnos a él como, precisamente, la tensión entre la voluntad personal y la presión social. La presión social se ejerce de muchas maneras, sin excluir la pura y simple fuerza (policía, jueces…), y en general trata de ser uniforme para evitar la arbitrariedad. Sin embargo la voluntad personal es todo lo contrario de uniforme: no solo cada persona tiene la suya, a menudo en conflicto con la del prójimo, sino que dentro de la misma persona suele haber voluntades que chocan entre sí. El anarquismo sugiere que la voluntad de las personas es uniforme, aspira a librarse de la opresión social. El marxismo opina lo contrario, que la presión social expresa una necesidad ineluctable frente a las ilusiones voluntaristas, tanto en los regímenes de clase como, por lo menos, en el tránsito dictatorial a la sociedad igualitaria.

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