Uno de los mitos más divulgados sobre la guerra civil española es el del carácter excepcionalmente mortífero y “cainita” de ella. Cosa que solo puede sostenerse ignorando –como siempre es el caso– de la historia europea y mundial. En el siglo XX hubo gran número de guerras, civiles y exteriores, y si las comparamos con la de España encontramos que las habituales jeremiadas sobre esta son exageradas y a menudo malintencionadas: https://www.youtube.com/watch?v=vpiMmCBi3kM
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Voto útil y Feijóo
**Cuando no existía VOX, el voto útil solo podía ir –lamentablemente– al PP. Hoy, el único voto útil solo puede ser a VOX
**¿En qué se parecen PP y PSOE? En las leyes totalitarias de memoria, en las leyes antijurídicas de género y trans contra la familia, en el reparto del poder judicial, en el apoyo y financiación a los separatismos, en la complicidad con Marruecos, en la entrega de la soberanía a la burocracia de Bruselas, en la agenda totalitaria 2030, en la promoción del despotismo LGTBI, en la promoción del aborto masivo y de la inmigración masiva…. ¡Casi nada! Difieren principalmente en quién debe estar en la Moncloa. El PSOE dice que Sánchez, el PP que Feijóo. Por el bien de España, aseguran. O del progreso.
**Cualquiera que piense en frío se percata de dos cosas: del carácter grotesco, chabacano y cargado de odio de los aquelarres feministas y LGTBI; y de la corrupción antidemocrática con que usan fondos de todos para imponer sus ideas. La pregunta es: ¿por qué no hay una reacción clara y firme en la sociedad contra esas peligrosas derivas que son al mismo tiempo mamarrachadas envilecedoras? Es asombroso que hayan logrado instilar en la sociedad un auténtico miedo a sus estupideces. ¿No es hora ya de replicar, empezando por negarles fondos públicos y denunciando el uso de sus banderas como si fueran oficiales?
**Si Feijóo fuera demócrata, exigiría que en la TV pública se diera a VOX el espacio que le corresponde en función de su representatividad. Y aceptaría un debate público con él.
**Si Feijóo fuera demócrata hablaría en Galicia también en español, y no solo en su mal gallego. Porque el español común es la lengua constitucional y unificadora.
**Si Feijóo se sintiera español no trataría se desplazar la lengua común por lenguas regionales, y la lengua nacional por el inglés.
**Observen esta diferencia: cualquier expresión contraria a LGTBI y similares provoca un alud de protestas, insultos e intimidaciones en las redes sociales y en los medios. Cuando ocurre lo contrario, como en la profanación de la tumba de Franco o los ataques a la unidad de España, lo que salen son quejitas sollozantes por parte de cuatro gatos.
**Observen con qué osadía ocupan el espacio público exhibiendo sus banderas y símbolos los LGTBI. Durante décadas casi nadie se atrevía a exhibir la bandera nacional, incluso la prohibían en los mítines del PP. Había un miedo que solo se superó a medias después del discurso del rey contra el golpismo separatista catalán.
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De tertulia: nazis y liberales anglosajones
***¿Hubo en la SGM una posibilidad de que Inglaterra y Alemania se aliasen o al menos pactasen contra la Unión soviética? ¿Habría sido ello más positivo para Europa?
–Teóricamente sí, y Stalin lo temió en todo momento. Porque, como expongo en el libro, ambos regímenes, liberal anglosajón y nazi, eran mucho más afines entre sí que con el soviético. En mi opinión, aunque ese es un tema que exige mucho más desarrollo, lo que decidió a Churchill y más tarde a Roosevelt, a aplastar por todos los medios a la Alemania nazi no fue ni su racismo (en gran medida compartido) ni el Holocausto, que todavía no se había producido y contra el que nunca hicieron nada relevante, ni el totalitarismo, que era bastante más completo en la URSS. Creo que fue, como en la I Guerra Mundial, el temor a una potencia rival que amenazaría la hegemonía anglosajona más que la URSS. Churchill siguió la política tradicional inglesa de impedir una potencia dominante en el continente. Es curioso que Hitler consideraba a los ingleses una especie de pueblo hermano, mientras que Churchill consideraba a los alemanes un enemigo peligroso al que había que doblegar a toda costa, a ser posible impidiéndole cualquier resurgimiento para el futuro. ¿Habría sido positivo un pacto de ambos contra Stalin? Si vemos como algo positivo que los rusos y los polacos fueran sometidos a una condición servil, sí, claro. Pero desde luego no es mi opinión.
*** ¿Tienes esperanza real de que tus oyentes y lectores se movilicen en estas elecciones con las consignas de tu blog?
–La experiencia me dice que no debo tenerla. En varias ocasiones he hecho llamamientos insistentes a que lectores u oyentes se movilizasen, por ejemplo cuando la profanación de la tumba de Franco, o en relación con Gibraltar, la colonización cultural, la neutralidad y en otras ocasiones ocasiones. Movilizarse significaba simplemente difundir con empeño y la mayor masividad que cada cual pudiera, los argumentos y consignas expuestos en el blog. El esfuerzo requerido era muy poco. Pero el resultado fue mínimo y no llegó a tener influencia real. ¿Qué ocurrirá ahora? No lo sé, quizá la cosa cambie. Hay un lema latino, algo así como sine metu et sine spe, o nec metu nec spe, o algo por el estilo, espero no equivocarme mucho. Creo que lo adoptó Felipe II. Habrá que apropiárselo. En todo caso, por mí que no quede, como decía Julián Marías, también desesperado ante la pasividad en que caían sus análisis y recomendaciones.
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Marx (XII) El valor trabajo
Todos los bienes tienen un valor de uso, aunque sea puramente ilusorio, sin el cual no podría comerciarse con él. El valor de uso de una mercancía es subjetivo, puede ser inmenso y durar toda la vida del poseedor (un reloj artístico, por ejemplo, algún objeto que especialmente apreciado como recuerdo, y del que el poseedor no se desprendería por ningún precio, etc. ). Naturalmente, el valor de uso, por su subjetividad, queda fuera del marco del cálculo económico.
Lo propio del capitalismo es, sin embargo la producción constante y masiva de mercancías, es decir, bienes con valor de uso, pero destinados a la venta, cuyo valor queda objetivado como dinero por su cambio en el mercado: al obtener el dinero, el capitalista pierde la posesión del bien, y con él su valor de como mercancía.
El valor económico total de un país y un año puede expresarse de dos formas: por el precio total de los bienes y servicios comerciados, o por los ingresos totales de los participantes. De las dos formas puede calcularse el PIB. El precio total de las transacciones expresa la parte puramente comercial, mientras que el total de los ingresos expresa la parte productiva, es decir, la remuneración del trabajo personal, y las dos cosas deben ser equivalente. En otras palabras, el trabajo es también un modo de medir el valor del conjunto de las mercancías. Claro que para cada caso particular no es así, pues hay bienes que se venden muy abundantemente o son muy caros, y otros que funcionan mucho peor en el mercado. Pero tratando el problema en su conjunto, está claro que el valor general puede medirse por el conjunto de las retribuciones personales, es decir, por el trabajo contenido en el conjunto de los bienes.
Marx reduce el concepto de trabajo, en última instancia, a las horas empleadas en la producción por los proletarios. Ya hemos visto la falsa crítica de que eso daría más valor a las horas de un obrero vago que a las de uno diligente: es como decir que, ya que algunas empresas quiebran, todas estarían destinadas a lo mismo. Marx soluciona el problema lógicamente señalando que el valor de esas horas es “el socialmente necesario”, es decir, el valor medio en el conjunto de la producción. Solo que esa salida no mejora el asunto, porque entonces el valor general de la economía de India sería muy superior al de la economía de Usa, al englobar una cantidad mucho mayor de horas de trabajo “socialmente necesario”. Lo de “socialmente necesario” convierte al valor en una medida de goma, que se estiraría o encogería según los países y los años. No obstante permanece el concepto de valor trabajo.
Podría pensarse que lo justo y adecuado sería que todos los intervinientes en el mercado, desde los capitalistas a los obreros manuales, percibieran sus ingresos igualitariamente, en proporción a las horas trabajadas. Pero salta a la vista que no es así en modo alguno. Y no solo hay diferencia de ingresos entre el capitalista y el obrero manual, en quien piensa Marx ante todo: por el contrario, existe un cúmulo de diferencias en el valor de las mismas horas de trabajo según oficios y tareas, aparte de que muchos capitalistas, por mucha ganancia que quieran extraer, se arruinan, y esto es una experiencia común, no extraordinaria. Por lo tanto, el concepto marxiano de trabajo, y el consiguiente de ganancia o plusvalía, tienen poco recorrido como explicación de la economía. La cual, según Marx, explica también científicamente la condición humana y su evolución necesaria.

