Los mitos de la Inquisición española

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  El viernes pasado se cumplió el aniversario del encarcelamiento  de fray Luis de León (dos años y medio) por la Inquisición, debido a falsas denuncias de  otros clérigos (las rivalidades entre órdenes religiosas  llegaban a ser feroces). Como escribió la víctima, Dios nos libre de un necio tocado de religioso y con celo imprudente, que no hay enemio peor, o  Es fuerte cosa un necio que presume de santo, que todo le escandaliza y en todo halla su parecer qué reñir. Pero fue también una época de extraordinaria vitalidad religiosa en España, que se anquilosaría ya entrado el siglo XVII.

   Desde luego, esas injusticias han pasado, pasan y pasarán en todos los países y épocas, no son privativas  de la Inquisición o de España, como cree tanto majadero palurdo (Hace algún tiempo salieron de prisión, en Inglaterra, unos irlandeses que habían pasado muchos años en la cárcel acusados falsamente de un crimen del IRA en el que no tenían que ver. Un caso entre muchos en cualquier país). Y no es menos importante el hecho de que  el fraile e intelectual fuera absuelto y reintegrado a su cátedra.   

   Un inflagaitas va soltando por ahí que la “la marca España es la Inquisición”, la cual también atribuye al franquismo. Pero, ojo al dato, el fulano en cuestión es cuñado de Esperanza Aguirre y diplomático con treinta años de carrera, en la que habrá estado insultando y desprestigiando a España allí donde haya ido. Creo recordar que Fernández de la Mora ya se refería en sus memorias a la  degradación de nuestra carrera diplomática, antaño tan prestigiosa.

    Bien, el viernes, en el programa de Javier Esparza tratamos la cuestión de la Inquisición, cuyos puntos resumiré:  

  1. La Inquisición debe entenderse en el clima de la época en toda Europa, cuando la cuestión religiosa iba muy estrechamente ligada a la política, lo que daba lugar a todo tipo de persecuciones. Los protestantes, por ejemplo, realizaron verdaderas matanzas de católicos en Inglaterra, Alemania, Francia y otros lugares, junto con destrozo de templos y robo de bienes eclesiásticos y de católicos recalcitrantes. No tuvieron una institución como la Inquisición, pero ello significaba simplemente que las garantías jurídicas eran mucho menores que en España, y las víctimas muchas más.
  2. Contra una leyenda persistente, la Inquisición empleó la tortura mucho menos que los tribunales habituales en toda Europa. O que la frecuente en el siglo XX en países totalitarios y también democráticos (Francia o Usa, la han empleado ampliamente en sus guerras coloniales o en la de Vietnam o actualmente).
  3. Contra otra leyenda persistente, el número de muertes causadas por la Inquisición fue relativamente muy bajo: un millar bien documentado y probablemente no más de otro millar  que no consta en los archivos. Las policías políticas de muchos países en el avanzado siglo XX y ahora pueden hacer muchas más víctimas en un año o en menos, que la Inquisición en tres siglos largos.
  4. Contra otra leyenda, la Inquisición no perseguía a los no católicos, sino a los que se fingían tales mientras en la práctica “judaizaban” o mantenían la religión musulmana. También a los  católicos que se hacían protestantes (pocos en España).
  5. En un plano más positivo, la Inquisición libró a España de la espantosa caza de brujas  (y brujos, en menor proporción) que  persistió en gran parte de Europa  durantes tres siglos, con especial crudeza en el XVI. Se han calculado en torno a 100.000 brujos y brujas quemados o asesinados de otras formas en Europa (hay que los eleva a varios millones, pero no es creíble). En España, tras algunos episodios iniciales, la Inquisición dictaminó que se trataba de simple histeria, librando al país de tales atrocidades.
  6. En el siglo XVI y XVII, sobre todo, las guerras de religión causadas por el expansionismo protestante causaron enormes daños y víctimas en Francia y Europa central (en otros países, como Inglaterra, no hubo guerras civiles porque los anglicanos se impusieron desde el primer momento aplastando toda oposición). La Inquisición contribuyó a librar a España de tales plagas.
  7. Contra otra leyenda urbana, la Inquisición no paralizó el pensamiento ni la vida  intelectual o, más ampliamente, cultural en España. La máxima actividad inquisitorial se produjo en el siglo XVI, que fue también el de máximo esplendor artístico, intelectual y de pensamiento que haya vivido jamás el país. En cambio, en el siglo XVII y sobre todo el XVIII, en que la actividad inquisitorial decae drásticamente, fue también una época de decadencia cultural, no digamos el XIX, en que la Inquisición desapareció. Obviamente, no se puede decir que el esplendor del Siglo de Oro  se deba a la Inquisición, pero tampoco que esta haya obstaculizado la cultura.

Podríamos seguir, pero basten estos hechos para situar en su justo punto lo que fue la Inquisición,  que no fue algo extraño en las condiciones político-religiosas de Europa, y si lo fue se debió a su mayor garantismo. Sus leyendas, creadas por una desaforada propaganda sobre todo protestante, a la que, como es tradicional, han contribuido bastante española,  están siendo drásticamente revisadas por varios especialistas extranjeros (los de aquí, con excepciones, siguen en sus estúpidas leyendas, como el botarate diplomático aludido. Es el nivel que predomina en nuestra universidad y medios de masas. La misma BBC, tan hispanófoba en general, admitía en un documental que las ideas corrientes sobre la Inquisición eran mitos en un 99%).

He tratado el tema con cierta amplitud en Nueva historia de España. Hace unos años el padre del actual primer ministro israelí, Netaniahu, afirmaba la tesis racista de que la Inquisición no perseguía a falsos conversos, pues se trataba de judíos que efectivamente se habían convertido al catolicismo, y que de lo que se trataba era de asesinarlos y expoliarlos por envidia y odio a sus superioridad cultural o algo así. García Olmo le contestaba en el  libro Las razones de la Inquisición española, muy recomendable.  Lo hemos tratado aquí también: http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/de-judios-e-ideologias-6473/

 

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Pastores de Porriño, economía y poesía.

Blog I: Hace nueve años, y como si fuera hoy mismo. http://www.gaceta.es/pio-moa/9-anos-fiuera-hoy-26032015-1802

 **El mes de abril está salvado para “Cita con la Historia”, gracias a las generosas aportaciones de varios oyentes (alguna de 100 y 200 euros). Pero sería muy conveniente garantizar el resto del año. Se trata de que muchos contribuyan cada uno con poco,, a partir de 5 euros.  El programa vive muy directamente de sus oyentes, y no solo en el aspecto económico, sino en el de su divulgación. Aspiramos a llegar a cientos de miles de personas, sobre todo en la universidad, y para  ir alcanzando esas cifras bastaría con que unos mil de nuestros oyentes dieran a conocer los programas en su círculo y sobre todo asiduamente en las redes sociales. De esta manera romperíamos el muro del gueto en que los grandes medios y partidos intentan  encerrarnos.

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PATRICIO.- Antes de continuar nuestros sesudos debates, ¡oh talludos muchachos!,  permitidme que os recite otros versos más, que he  compuesto en honor a nuestro tema. Versos modestos por venir de quien vienen, mas que no por ello desdeñables. Espero os  deleiten tanto como a mí componerlos:  

¡Oh ciencia, de las ciencias la más seria!

¡La más pura, la más mercantilista!

¡Dechado de virtudes, humanista!

¡Clarividente, ajena a toda histeria! 

¡Oh Economía!, tú haces millonistas

A los pueblos de esta áspera Hesperia.

¡Oh dulce santo y seña de las ferias!

¡Ignora su fulgor tan a la vista, 

Y sufrirás, oh ganso, la miseria!

Quiera Zeus que no venga el comunista

Con recetas del campo de Siberia

Que si a algo aspiramos los artistas,

Es siempre a hacer rentable la quimeria. 

¿Eh? ¿Qué os parece?

 SALICIO–Bueno….vale…Le falta un verso, diría yo. Y no dice nada interesante ni nos enseña a salir de la crisis. Y eso de las “quimerias”….

 PATRICIO–Pero tú, ignaro y prosaico sorbegrelos, ¿has oído hablar alguna vez de las licencias poéticas? Esta es una composición novedosa, “soneto cojo”, lo he bautizado. ¿Y acaso la poesía tiene que decir cosas interesantes? La poesía no es asunto de intereses, siempre bajos. No. Solo cuenta que los versos estén bien medidos y rimen. El arte es así.

 PICIO–Permíteme discrepar, si bien amistosamente, ¡oh vate colega! Ni la rima ni el ritmo precisa hoy la poesía. Cuenta solo el  contenido. También yo, como sabéis le doy al arte de Erato y de Calíope…

 MAURICIO–Le das, ciertamente, le das…

 PICIO–¡Soy poeta, y a mucha honra! Pero, si me es permitida la expresión, más moderno y sofisticado que Patricio. Escuchad y comparad:

   De la luna caen gatos maullantes

Sobre la calva de Hayek

Y en las melenas de Marx florece el plomo

¡Aaaaaaaaaaaaaaaaah!

La osadía de la ostra asombra al heroinómano

¡Nuestro amigo Aristóteles nos valga!

¿Te devora el pantano de la crisis?

Tira con fuerza de tus cabellos hacia arriba

El calvo aprenderá los misterios del subsuelo.

Telúrico consuelo.

 MAURICIO –Chico, nos apabullas. ¿Qué carajo quiere decir todo eso?

 PICIO–Bien se ve, hombre tosco y rupestre, que no has leído Poeta en Nueva York. De otro modo lo entenderías sin dificultad. En él me he inspirado.

 SALICIO–Mas dejemos la poesía, por mucho solaz y gozo que nos proporcionen, pues la crisis, con sus plúmbeas zarpas, nos tiene cogidos, y mucho temo que la poesía no ayude en tan recio trance… En suma, Sulpicio, ¿pretendes que la inflación beneficia a la economía?

 SULPICIO–¿Cómo voy a pretenderlo, muchacho, si empiezo por negar la inflación? Los precios tienden a subir, cierto es, con lo cual pueden ocurrir tres cosas: que los medios de compra y salarios suban al mismo ritmo, y entonces todo queda igual; que suban los medios más aprisa que los precios, que es lo que, en general, ha ocurrido, y entonces la subida de precios nada significa; o que los precios de las cosas suban más que los medios para comprarlas, y entonces viene la crisis y el rechinar de dientes. Podríamos hablar de inflación en este último caso, como de una cosa mala. Pero aun entonces el problema no reside en esa inflación, sino en sus causas.

 SALICIO–Pero, ¿acaso no es cierto que la inflación arruina a los ahorradores? Su dinero pierde capacidad de compra día a día.

 SULPICIO–Bueno, según Fabricio no existe el ahorro. Pero sea como dices: los ahorradores pierden, lo que es lamentable, mas se trata de un hecho sectorial. Tomando la sociedad como un todo, lo que ellos pierden lo ganan otros y la cosa se equilibra, siempre que la producción se mantenga. La subida de precios sin que suban también los salarios, tiene dos efectos simultáneos y opuestos: estimula la producción, porque el empresario espera vender a mejor precio; pero al mismo tiempo  la desestimula, pues la posibilidad de compra de la gente se mantiene igual o baja, y los productos encontrarán menos salida. 

 SIMPLICIO–Pero entonces, ¿no sería preferible un tipo de economía en que precios y medios de compra se mantuviesen fijos, sin ese juego diabólico de la inflación, que redistribuye constantemente las fortunas y posibilidades, sea de forma arbitraria o intencionada?

 SULPICIO–No lo creo preferible, Simplicio amigo. Las oscilaciones de precios supongo que tienen que ver con la introducción de nuevas mercancías, de nuevos inventos, innovaciones, mejoras, intentos fallidos, quiebras, etc. Y con la alteración entre las existencias de cada producto y los cambios de preferencias de la gente. Por eso los precios no pueden ser estables. No solo expresan la relación entre oferta y demanda de cada bien, sino la relación entre los diversos bienes y las preferencias o necesidades de unos y de otros. Así es en la economía individualista.  Una economía como la que dices sería una economía carcelaria y sería peor el remedio que la enfermedad, ¿capiscas?

SIMPLICIO.- No sé, no sé… Esas explicaciones me suenan muy reaccionarias.

 APARICIO.- Permitidme, caros amigos, intervenir en tan docto cuanto sugestivo debate. Opino que juzgáis el dinero desde un punto de vista unilateral, a la par que superficial. Es cierto que mediante el dinero medimos el precio de las mercancías y que, si solo fuera eso, todo estaría claro. Mas observad, por favor: podemos definir el dinero, en principio, como una mercancía que sirve para comprar y vender otras mercancías.  Pero la mercancía se compra y se vende. ¿Acaso se compra y se vende el dinero? ¿Con qué se compraría o vendería? ¿Con supradinero? Eso no existe.

 SIMPLICIO.- Cuando yo trabajo por un salario, ¿no estoy comprando dinero con mi esfuerzo? Cuando vendo una vaca ¿no estoy comprando dinero?

 APARICIO.- En cierto modo es así, en efecto. Pero nadie vende dinero, porque ¿qué recibe a cambio?

 SULPICIO.- No hay tal: ¿acaso el usurero no te vende dinero? ¿Y con qué te lo cobra? Con más dinero.

 APARICIO.- ¡Ah, menudo lío! Pero tendréis que admitir que el dinero es una cosa muy rara.

 SALICIO.- Y tanto. Compramos una mercancía cualquiera y la utilizamos a nuestra voluntad, nos hacemos dueños de ella. Pero parece como si el dinero nos utilizara a nosotros, como si gobernase nuestra voluntad. No solo mide el precio de las mercancías, convierte todo en mercancía: la libertad, la dignidad, el valor, el sexo, la familia… Todo ello puede reducirse a un cálculo de coste y beneficio. Todo lo compra,  todo lo mide, a todo pone precio  ¿Quién no se arrodilla ante el dinero? Ha sustituido a los dioses. Cuando Moisés bajó del Sinaí con las tablas de la ley, vio como el pueblo se había volcado en la adoración del becerro de oro. ¿Y qué hizo? Esto es muy misterioso. Rompió las tablas de los Diez Mandamientos, que contenían valores universales y la alianza de Dios con Israel. Y Dios, enfadado, sustituyó los mandamientos anteriores por otros diez, en las correspondientes tablas, que casi nada tenían que ver con los anteriores.

 FABRICIO.- Carajo, eso no me lo enseñaron en el talego.

 SALICIO.- Pues fíjate en los nuevos mandamientos: Primero: no hagas alianzas con los pueblos de la Tierra Prometida y destruye sus dioses y sus altares y no te mezcles en matrimonio con ellos. Segundo: no te postres ante dioses extraños, porque el Señor es un Dios celoso. Tercero: no hagas imágenes de divinidad alguna en metal fundido. Cuarto: guarda la fiesta de los ácimos. Quinto: todos los primogénitos son míos, animales que debes sacrificar e hijos que debes rescatar. Sexto: trabajarás durante seis días  y el séptimo descansarás, incluso en tiempo de la siega. Séptimo: al comenzar la siega del trigo, harás la fiesta de las semanas  y al final, la de la cosecha. Octavo:  todos los varones se presentarán ante el Dios de Israel tres veces al año. Noveno: si cumples con la presentación tres veces al año, arrojaré de ti a las naciones y extenderé tus fronteras y nadie intentará apoderarse de tu tierra.  Décimo:  no ofrezcas juntos el pan con levadura y la sangre que sacrifiques ni conserves para el día siguiente nada del sacrificio de la pascua;  lleva al templo lo mejor de los primeros frutos de la tierra;  no cuezas el cabrito en la leche de su madre.

 SIMPLICIO.- ¡Cuántas cosas has estudiado, amigo Salicio, y nosotros convencidos de que, enamoradizo, solo sabías tocar la zambomba!

 FABRICIO.- Todo eso está muy bien, ¡oh Salicio! Pero dime a qué viene ahora ese cuento.

 SALICIO.- Es una pequeña digresión, camaradas. Una reflexión que me hago. ¿No habremos sustituido a los dioses por un dios único llamado Dinero? Y de paso la Biblia habla de dos alianzas muy distintas con el pueblo de Israel. No sé cómo interpretarlo.

 SULPICIO.- ¡Ah, queridos amigos!, ¡cómo damos vueltas al asunto  y saltamos de un lado al otro, de una rama a otra, que si galgos, que si podencos, mientras la crisis se cierne sobre nuestras cabezas cual galerna desatada!

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Cómo ETA, PSOE y PP han destrozado el estado de derecho

Blog I:  Terrorismo y una vieja historia: http://www.gaceta.es/pio-moa/terrorismo-vieja-historia-25032015-1035

** Con que solo la décima parte de los oyentes de “Cita con la Historia” aportase cuatro o cinco euros, o uno de cada cien aportase 40 0 50, cifras sobradamente al alcance de casi todo el mundo, el programa podría seguir el resto del año.

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En octubre de 2011 escribí lo siguiente sobre la destrucción del estado de derecho:

¿ Quién gana y quién pierde tras la culminación –por ahora– del proceso de paz, es decir, el proceso de destrucción de la paz y la democracia:

   ¿Qué ha ganado la ETA? 

–Reconocimiento del asesinato como método para hacer política y lograr grandes concesiones. 

–Reconocimiento legal de sus terminales. 

–Grandes cantidades de dinero público para sus actividades antiespañolas y antidemocráticas.

–Espectacular aumento de votos y control público, que obedecen a la expectativa de que la ETA ha ganado una batalla muy importante (aunque todavía no la “guerra”) 

–Reconocimiento internacional, prácticamente como beligerante, algo de suma importancia hoy día, así como la intromisión de una serie de botarates extranjeros en los asuntos internos de España, una nueva humillación para esta. 

–Una humillación más a sus víctimas directas, destinadas por la ETA y el gobierno a ver pisoteados sus derechos más elementales mientras sus asesinos son presentados como héroes en las Vascongadas y, de hecho, por el gobierno. 

–Nuevos avances hacia la secesión, por los que el PNV ha felicitado a Zapatero, que dejan en residual la unidad del estado en las Vascongadas. 

  Ello, sin contar otras concesiones que no conocemos porque los chanchullos entre el gobierno y los asesinos han sido llevados clandestinamente todos estos años. 

   En suma, la ETA y su entorno han pasado, como explican sus líderes, de estar frente al abismo durante el gobierno de Aznar a una situación extraordinariamente favorable. 

¿Qué ha ganado el PSOE? 

–Teniendo en cuenta que se trata de un partido con su propio historial terrorista, pro separatista y en extremo corrupto, las ganancias etarras son también suyas en gran medida: ideológicamente, ETA y PSOE no se diferencian en casi nada. 

–Un balón de oxígeno ante las encuestas que pronostican su derrota electoral 

–Quién sabe si uno de esos degradados premios Nobel de la paz para el delincuente de la Moncloa.

 ¿Quiénes pierden? 

–El estado de derecho, ante la aplicación torticera de la ley a favor de los asesinos. 

–Las víctimas directas. 

–La unidad nacional, que experimenta un nuevo retroceso 

–La democracia, con importantes avances de sus enemigos, que un gobierno delincuente nos obliga a pagar a todos los españoles.  

He aquí los grandes ganadores y los grandes perdedores. Al menos por el momento. Se impone una reacción porque, o la democracia acaba con esta gente o esta gente acaba con la democracia.

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Muchos no imaginaban siquiera que Rajoy fuese a continuar la política “antiterrorista” de Zapo. Pero yo lo advertí con varios años de antelación, ante el escándalo de analistas y comentaristas  superficiales.

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El agnosticismo como doctrina / “El sentido de la libertad”

Blog I: Elecciones andaluzas o el embrutecimiento de un pueblo: http://www.gaceta.es/pio-moa/elecciones-andaluzas-o-embrutecimiento-pueblo-23032015-1027

**La Edad de Asentamiento de Europa, después de las duras circunstancias de la Edad de Supervivencia, cuando pudo haber colapsado en embrión la cultura europea, es tratada en “Cita con la Historia” del domingo pasado. Aunque el continente sufre los graves peligros de una nueva invasión destructora, esta vez mongola y de la Peste Negra,, que redujo la población en un tercio o más, en conjunto Europa mantuvo sus instituciones, desarrolló los movimientos culturales del románico y el gótico, emprendió las Cruzadas (una contraofensiva aunque finalmente fracasada) e hizo retroceder decisivamente al islam en España: citaconlahistoria.es/2015/03/22/la-edad-de-asentamiento-en-europa/ 

 Cita con la Historia depende por completo de sus oyentes en dos sentidos: de crecimiento de la difusión y de respaldo económico. Si los oyentes dan a conocer el programa a sus conocidos, en la universidad o dentro de trabajo, citándolo o comentándolo en las redes sociales, será posible salir del gueto en que, por desgracia, se encuentran algunas iniciativas valiosas. Y si los seguidores del programa lo mantiene económicamente, lo que exige un dispendio insignificante para cada uno, “Cita con la Historia” no se verá ahogada ni quedará finalmente en nada. Por eso apelamos a la responsabilidad de quienes creen que la historia no pasa en balde, y que su tergiversación entraña graves peligros para el presente y el futuro.

La cuenta a la que pasar el micromecenazgo es: ”Tiempo de ideas siglo XXI”, Es09 0182 1364 33 0201543346

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En general, las ideologías vienen a ser religiones sucedáneas, y como tales tienen su fe (en la Ciencia, en el Hombre, en la Materia, en el Proletariado, en el Pueblo, en la Sociedad, incluso la Economía (Dinero, Prosperidad)…), sus creencias secundarias o derivadas, sus ritos, sus “santos”, sus sacerdotes (intelectuales, periodistas y políticos cumplen a menudo esa función moralmente orientadora) sentimientos de identidad… Los ateísmos rechazan el Dios espiritual y personal, pero crean y creen en otros. Pero ¿qué decir de los agnósticos? El agnóstico no tiene evidencia de la existencia de alguna divinidad y por tanto no cree ni deja de creer: lo más seguro es que ¿quién sabe? En realidad, nadie, ni los creyentes más  fanatizados, tienen evidencia de  la existencia de Dios (la palabra “existencia” muy inapropiada en este caso). La fe proviene, como dije, de un sentimiento-intuición, y aunque puede encontrar argumentos y apoyos en la razón, estos nunca son suficientes, y por ello la fe sigue siendo lo que es, y no un producto de la razón (sin contar que no hay en la mente humana, o no produce la mente humana, una sola razón. Hay muchas y contradictorias)   

   En el agnosticismo podemos encontrar dos posturas: la provisional (aunque puede mantenerse toda la vida) de quien, sin convencerse de alguna doctrina religiosa, indaga al respecto; y la de quien considera el agnosticismo una especie de doctrina definitiva.

  Una de las implicaciones de lo argumentado hasta ahora es que  el ser humano no puede sostenerse en la vida sin la fe en algo que le supera y transciende. Obsérvese que los conceptos  ideológicos de la Ciencia, el Progreso, el Hombre, etc., son verdaderos mitos que transcienden la limitada y embrollada vida real de los individuos, marcándoles una orientación. No existen en la realidad son productos de la mente, abstracciones idealizadas de las ciencias, los hombres, los avances técnicos o (más dudosamente) morales, los objetos materiales, etc.   A esas abstracciones se les atribuye –también el agnóstico–  una realidad que se niega a las divinidades y espíritus tradicionales,  una realidad consoladora e inspiradora de conductas y actitudes ante la vida. Si el agnóstico prescindiera realmente de todas esas divinidades sucedáneas o modernas, si prescindiera de la fe o creencia en ellas,  daría en el vacío más inconsolable y difícilmente podría sustraerse a la tentación del suicidio.

   En resumen, si el ser humano es religioso inevitablemente, por su propia constitución, diríamos, el agnosticismo como doctrina vendría a constituir otra manifestación de religiosidad: desecha la creencia en el Dios  tradicional porque su fe en la Ciencia y la Razón le obliga a ello, según su modo de ver: una fe desplaza a otra. Esto ha ocurrido muchas veces en la historia, y sería cuestión de ver las consecuencias.

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El libro coordinado por Francisco J. Contreras El sentido de la libertad, del que habrá que hablar más,  ya plantea desde el principio un problema, el de si la libertad tiene un sentido. El fondo del trabajo, de lectura muy recomendable, es “la historia y vigencia de la idea de ley natural”, una ley  un tanto inaprehensible que subtendería las leyes políticas y sin la cual estas podrían adoptar cualquier sentido. No obstante, la idea de los  derechos humanos, tal como se presentó en la fundación de la  ONU , adoptó tal nombre en oposición clara u oscura a la idea de “derechos naturales”. Es decir, es el hombre quien decide qué derechos aceptar y defender, sin una fundamentación más allá de él, sin una fundamentación diríamos metafísica. Pero ¿qué es el hombre? Se trata de una abstracción interpretada por “algunos” hombres que se arrogan el papel de definidores, institucionalizadores y censores de la idea. He aquí que por todas partes surgen problemas y dificultades. Como digo, habrá que hablar más de este importante libro.

 

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Libertad y angustia vital

Blog I. Islamismo e islamofobia. El caso español: http://www.gaceta.es/pio-moa/islamofilia-e-islamofobia-20032015-0838 

**En la campaña para obtener micromecenazgo emprendida en diciembre para “Cita con la Historia” hemos obtenido algo más de 8.000 euros, que han permitido mantener el programa durante tres meses y medio. Según datos no oficiales, tenemos unos 60.000 oyentes. Pues bien, con que solo la décima parte de ellos aportara poco más de cuatro euros, o uno de cada cien aportase 40, no tendríamos preocupaciones para el resto del año. Y si la suma se doblara, podríamos emprender nuevas iniciativas en una línea más ambiciosa. Es un lugar común que  la convencionalmente llamada izquierda es mucho más activa y solidaria que la derecha. Pero ahora tenemos oportunidad de demostrar lo contrario.  Pues seguramente hay suficientes oyentes del programa que comprenden su necesidad en un tiempo signado por falsedades de todo tipo.

La cuenta para hacer las aportaciones es:  ”Tiempo de ideas siglo XXI”, Es09 0182 1364 33 0201543346

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Isaiah Berlin definió dos tipos de libertad: negativa (estar libre de presiones externas) y positiva (para definir los propios proyectos vitales y los medios de alcanzarlos) También se dice libertad de (alguna opresión) y libertad para (cumplir las aspiraciones). No viene aquí al caso el desarrollo de la idea, pero creo que ambas libertades se resumen en la posibilidad de elección/decisión, que une a ambas. La elección puede quedar limitada o incluso anulada por presiones externas que al mismo tiempo condicionan o imposibilitan hacer lo que uno quiere.

   Pero en realidad la posibilidad de elección/decisión humana es mucho más limitada de lo que suele decirse. Nadie está en el mundo por propia elección, ni decide el tiempo que va a permanecer en él. Ni ha elegido tampoco el momento histórico, el país o el punto geográfico de su nacimiento. Ni el sexo, la carga genética, la familia o la posición social en que viene al mundo. Ni su educación o idioma, al menos en la niñez y la adolescencia. Estos hechos  son tan decisivos como ajenos a la libertad de las personas, y componen un marco férreo de su estancia en el mundo. Además, al contrario de lo que pensaban Rousseau y muchos otros, el hombre no nace libre sino en estrecha dependencia que dura al menos hasta la juventud. A cambio de esa dependencia, recibe protección que le facilita la supervivencia y un “manual de instrucciones” (una moral, básicamente, y conocimientos prácticos) para desenvolverse en el mundo. Un manual inevitablemente defectuoso y parcial, pero que, llegado un momento, le permite adoptar decisiones y elecciones muy diversas. Pero aún entonces su libertad, positiva o negativa, viene condicionada  y a veces impedida por lo que suele llamarse el destino. Pocas frases hay más engañosas que la de “hacerse dueño del propio destino”. Pues este no solo viene determinado en gran parte por los factores antedichos, sino por  una multitud de sucesos imponderables a lo largo de la vida: encuentros agradables o desagradables, tentaciones,  consecuencias imprevisibles de las elecciones/decisiones hechas, buena o mala fortuna… La biología impone también muchas restricciones: nos guste o no, hemos de dedicar enormes energías y tiempo de vida a satisfacer “el ávido y funesto estómago”, o el deseo sexual.

   Otra limitación viene impuesta por los demás individuos, que hacen de la vida, en gran parte,  una contienda casi continua con otras libertades y decisiones que se rozan o chocan con los nuestros y restringen o anulan nuestra voluntad. Si la libertad individual no estuviera severamente restringida, la vida en sociedad se haría imposible, y sin vida social el individuo no podría subsistir, pues de ella obtiene todos sus beneficios, aunque le produzca al mismo tiempo serios pesares. Esa restricción implica normas más o menos aceptadas y  un poder arbitral y ejecutivo que opera por encima de la voluntad de cada individuo, y que este reconoce y acepta de mejor o peor gana  como una necesidad, porque al mismo tiempo sabe que el grado en que puede ejercer su capacidad de elección, su libertad, depende no solo de su voluntad y energía sino, más aún, de las posibilidades que la sociedad ofrece. O bien no acepta ese poder y obra en consecuencia por lo que es considerado delincuente y perseguido. En este orden de cosas se han diseñado muchas formas de poder ordenador, desde los totalitarismos de tipo soviético hasta las sociedades más o menos liberales, que dejan al individuo un margen de elección y acción relativamente amplio (si bien incluso en ellas las restricciones pueden hacerse muy opresivas). El tipo de liberalismo próximo al anarquismo, casi confundido con él, que exalta al individuo y su libertad en detrimento de la sociedad, se autodestruye pues, como queda dicho, los individuos no pueden obtener ningún beneficio ni siquiera vivir al margen de ella. Al final supone  el despotismo de quienes creen tener la concepción del individuo más “apropiada”.

    El curso vital impone un esfuerzo y una atención permanentes para satisfacer las necesidades que la misma vida nos impone, y que se acompaña de angustias menores  relacionadas con los éxitos y fracasos de nuestras decisiones. Y esa atención, que encuentra sus recompensas y alegrías en el éxito o sus decepciones en el fracaso, mantiene a los individuos distraídos normalmente  de las realidades subyacentes a su vida, de sus condicionantes esenciales y de las angustiosas preguntas básicas de por qué y para qué están en este mundo, sin haberlo decidido y con tales imposiciones. En la cultura actual, el trabajo, la diversión y  el consumo llegan a hacerse obsesivos, en  parte como un medio de sustraerse a tales consideraciones perturbadoras, tachadas de enfermizas. Pero incluso en las personas más ocupadas o exitosas se abren de vez en cuando grietas por las que penetra la angustia profunda,. En esa angustia  encuentra su raíz de la religiosidad, probablemente. Y el fruto de ella son los mitos y ritos para conjurarla. 

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