Panorama desde el puente / La muerte de los padres

Blog I: católicos, judíos, protestantes y el trabajo: http://www.gaceta.es/pio-moa/caolicos-judios-protestantes-trabajo-debate-c-vidal-23102014-1815 

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Que el PP se hunda definitivamente no es ninguna tragedia. Esperemos que la alternativa VOX cobre fuerza, claridad y buena táctica.

La semianalfabeta Susana: “Queremos extender a toda España los logros socialistas en Andalucía”: 35% de paro

Podemos es comunista: nada mejor que nazi.

Susana y Pedro podrían terminar de hundir al nefasto PSOE. Si lo lograran merecerían un monumento

Pujol no solo resume el espíritu del separatismo, también de la casta política: 30 años robando y mintiendo y “nadie” se enteraba.

Hay que ver con qué fervor se toman los desgraciados españoletes el desplazamiento de su lengua y cultura por las inglesas.

El término “Latinoamérica” refleja un propósito deliberado de desespañolizar América #NuevaHistoriaDeEspaña

Los asesinatos y asesinos de la ETA cuentan con la complicidad del PSOE y el PP. Se olvidan las evidencias.

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(del otro blog)

Contesto a las dos primeras preguntas:

1.- ¿Tiene algún significado especial en “Sonaron gritos”,  alguna intención literaria, la muerte de los “dos padres” del protagonista?

Los dos mueren muy violentamente. A decir verdad, no había ninguna intención. Al empezar la novela con un episodio que se basa en un hecho real, me di cuenta de que el asesino de quien Alberto consideraba su padre –y que en cierto modo lo era: digamos el padre social— tenía que ser el padre biológico. Pero el modo de su muerte solo se me ocurrió cuando me acercaba al final del relato. Cabe preguntarse: ¿cual es el padre auténtico?  Los dos lo son, y ninguno del todo. El “padre social” carga por amor a su mujer  con el hijo que no es suyo, pero no llega a quererlo, solo a respetarlo, con distanciamiento. Ello explica en parte la considerable neurosis de Alberto y cierto distanciamiento con respecto a su madre, pues de modo inconsciente percibe que para ella él es un motivo de culpa. Por eso, posiblemente, al terminar la guerra  no se ocupa demasiado  en saber qué ha sido de ella, encargando a su tío, a quien desprecia,  que se ocupe del asunto y dando por supuesto que tanto  ella como su hermana han sido asesinadas.  Quien salva a Alberto de una neurosis más definitiva es su amigo de escuela Paco, que vuelve a salvarlo cuando se hunde psíquicamente tras el asesinato de su “padre social”.

   Alberto se entera de que va a provocar la muerte a tiros de su padre biológico  (¿real?)  solo en el último momento, y todo lo que puede hacer es abstenerse de participar en la matanza de él y sus compañeros. ¿Por qué se abstiene? Realmente nunca lo había conocido y  sabía que era el asesino de su madre, su hermana y su “padre social”. Por tanto,  podría estar justificado que tomara venganza directamente, máxime después de haberse endurecido en aventuras sangrientas. No hace nada por evitarlo –ya era demasiado tarde–  pero un tabú le impide tomar parte. No se da del todo cuenta de ello hasta después. ¿De qué se da cuenta? De que aquel personaje a quien, sin haberlo conocido, había odiado y sigue considerando que merecía  ese odio, era la causa directa de su propia existencia, de que él estuviera en el mundo;  y de que  en muchos rasgos se parece a él mismo  más de lo que le habría gustado. Lo percibe de pronto como una especie de revelación, de sentimiento profundo e inexpresable con palabras, como cuando aprende que su padre social no era el auténtico, pero de manera más demoledora para su psique. A partir de ahí decide olvidar  en lo posible aquellos diez años juveniles y “convertirse” a una vida corriente, si se quiere anodina, al lado de Carmen, seguramente violentando sus inclinaciones naturales.

       Ya le digo que no había intención planificada de desarrollar así el relato, simplemente salió de ese modo, con una lógica  poco consciente. Algún lector ha dicho que le recordaba a mitos griegos.  Paul Diel ha explicado algunos de ellos por  el contraste entre el “padre mítico” y el padre real, en esos héroes que son “hijos” de algún dios, aunque aparentemente lo sean de algún humano. El “dios” representaría los dones con que nace  la persona, que no deben nada a la educación del padre real, aunque esta pueda desarrollarlos o frustrarlos. Ahí hay una posible línea de interpretación que no seguiré ahora, porque resultaría algo complicado.

  2.- El relato es muy pesimista: casi nadie consigue lo que quiere, el ímpetu idealista juvenil termina en frustración. ¿Quiere describir con ese pesimismo una situación histórica o una situación general (“la vida lo echa todo a perder”)?

  No estoy seguro de que sea tan pesimista, aunque depende de como se mire. Desde luego, hay una frustración  mayor o menor de todos los protagonistas, pero yo diría que  ello ocurre después de una lucha, de un esfuerzo que, a pesar de todo, podría tener valor por sí mismo. En definitiva es la cuestión de si la vida tiene verdadero valor, puesto que sus esfuerzos, angustias y alegrías terminan siempre en la fosa. El protagonista, después de su última peripecia, prefiere apartar de su memoria todos aquellos avatares, pero a última hora, en la vejez, antes de morir, decide escribirlos. ¿Por qué? Obviamente porque a pesar de que no le quedan muchos años en este mundo, encuentra que aquellas viejas acciones tienen un valor y se siente culpable por su largo olvido, por el desprecio implícito no solo a sí mismo sino también a sus viejos camaradas, muertos o vivos, de los que no ha querido saber más. Es claro  que Carmen ha participado en ese deseo de olvidar, pues para ella habían sido un calvario  las peripecias de su marido, y aunque las respete por  ser parte de la biografía de él,  por otra parte le causan repulsión, porque detesta la violencia y las encuentra muy poco “cristianas”. Muerta Carmen,  Alberto se siente en algún modo liberado  y recupera , en recuerdo añorante, aquellos años perdidos. Ahora bien, ¿cuál es el valor de ellos? Eso no puede cuantificarlo nadie. Simplemente las cosas han sido así, y quizá merezcan recordarse, nadie sabría decir con certeza por qué ni para qué.  

   Paco, en contraste con su amigo Alberto, es un personaje vital, desenfadado,  ingenioso y audaz, sin traumas psíquicos, pero termina también naufragando de la manera que él menos habría querido o esperado, sintiéndose “esclavo” de un amor súbito que provoca  la desgracia de todos los implicados. Su hermana Carmen sí se sale con la suya, pero la otra hermana, Luisa, mucho más complicada, terminará de mala manera, como su padre, en la oscuridad del Gulag. También en ello ha tomado parte el padre biológico de Alberto. Cosas parecidas han ocurrido muchas veces  en la vida real, sobre todo en circunstancias tan agitadas  como las de aquellos tiempos.  Son parte de la vida. Otra cosa es que yo haya acertado a narrarlas debidamente, espero que en alguna medida sí.  

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Treglown (y IV) “Explicación” de las atrocidades típicas de los ingleses

Blog I: Preguntas sobre una novela: http://www.gaceta.es/pio-moa/preguntas-novela-21102014-2123 

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Voy a proponer al señor Treglown un relato simétrico al suyo sobre las muchachas “enterradas vivas” en Grazalema: Hace unos años se descubrieron en el patio de una casa inglesa los restos de numerosas personas asesinadas. Según la versión habitual, se trataba de víctimas de algún asesino en serie, cosas que pasan de vez en cuando en Inglaterra. Pero cabe la sospecha de que se trataba en realidad de católicos irlandeses liquidados por los servicios secretos de Su Graciosa Majestad. No había huellas de balas, pero probablemente fueron torturados salvajemente antes de morir y les obligaron a cavar la fosa a ellos mismos. Es sabido que, dada la eficaz guerrilla de resistencia irlandesa, los jamesbond ingleses han recurrido a todos los recursos para aplastarla, desde acusaciones con pruebas  falsas (no hace mucho salieron absuelto varios que habían pasado muchos años de cárcel bajo falsa acusación de terrorismo), hasta el asesinato puro y simple. Otro objetivo habitual ha sido capturar mujeres para utilizarlas como rehenes  con la esperanza de inducir a los republicanos irlandeses a rendirse. La ideología imperialista inglesa  era intrínsecamente brutal, mucho más que la fascista. El fascismo italiano cometió muy pocos asesinatos, pero los salvajes bombardeos británicos sobre niños, mujeres y ancianos alemanes, también franceses y anteriormente árabes en Irak y otros puntos, hablan por sí mismos, y están estrechamente relacionados con las políticas de exterminio de indígenas en Usa, Canadá o Australia,  hambrunas inducidas como en Irlanda o Bengala, expulsión de poblaciones como en Escocia y otros lugares, más antiguamente las de judíos, la piratería y el comercio de esclavos, o las feroces persecuciones contra los católicos en la misma Inglaterra, mucho más sanguinarias que las atribuidas a la Inquisición (acerca de la cual debería el señor Treglown informarse un poco).

   ¿Qué tal?  Desde luego, ni el señor Treglown ni yo tenemos la menor idea de lo que haya podido ocurrir con las muchachas de Grazalema. Solo que yo no me fío, de entrada, de las explicaciones y menos todavía de los explicadores de la  “memoria histórica”, mientras que nuestro buen profesor no solo los cree a pies juntillas, sino que les añade  sus propias lucubraciones para hacerlas más creíbles al público anglosajón, quizá más ignorante, aunque no más lleno de prejuicios,  que quien pretende informarle.

   En el artículo anterior expliqué por qué los relatos de la “memoria histórica” no son ni pueden ser fiables, sino muy  al contrario. Están elaborados por gentes subvencionadas,  muy ideologizadas y poco respetuosas con la verdad, convencidas de que contra Franco valen las más absurdas patrañas y calumnias. Algunos historiadores y yo mismo hemos demostrado una y otra vez sus embustes,  pero no parece importarles mientras tengan subvenciones y medios a su disposición: siguen en plan de fiscales cuando tendrían que estar en el banquillo. Lo cual no impide que algunas de sus acusaciones sean ciertas porque, claro está, atrocidades las cometieron los dos bandos, como pasa en todas las guerras – y, por cierto, en la SGM las atrocidades de todos los bandos superaron en enorme proporción a las cometidas en España–. Solo que aquí quienes empezaron, lo hicieron con mayor sadismo y llevaron su afición hasta asesinarse copiosamente entre ellos mismos fueron esos “republicanos” tan respetados  y llorados por quienes se sienten identificados con ellos, o sea, con sus crímenes, pues ese es el verdadero intríngulis del asunto.  Por algo definen como “víctimas” del franquismo tanto a chekistas como a los inocentes que hayan caído en unas circunstancias muy emocionales.

   El libro, por lo demás, no perdona tópico alguno, por supuesto está García Lorca –pero no el número mucho mayor de intelectuales asesinados por el Frente Popular—y empezando por el que sirve de  título a su libro, el Valle de los Caídos, sobre el que no para de soltar sandeces, desde lo de los  “presos republicanos” hasta que  está gestionado por la Fundación Francisco Franco, organismo presidido por la temible hija de Franco”. Pero este hombre ¿cómo no ha realizado el mínimo esfuerzo exigible para enterarse un poco en serio? Uno duda de si se trata del típico extranjero iluso que da con pícaros o golfos que le cuentan trolas  y él se las cree sin más,  o bien participa deliberadamente en la farsa para divertirse a costa de la credulidad del  público angloestadounidense, para el que está escrito, según él nos informa (una reseñista del NYT lo califica, como Muñoz Molina, de “un libro sagaz y sugerente” dice la mala traducción de la contraportada). El hombre cree al delincuente  Garzón “quijotesco”. Su resumen de la historia de España, con, entre otras cosas, la “feroz” conquista de América, entra simplemente en el pintoresquismo.  El libro está repleto de “datos” por el estilo, y no puedo dedicar más espacio a sus dislates porque  exigiría demasiadas entradas.

   Treglown dedica el grueso de su obra al comentario de libros y películas, en las que vierte a gusto sus prejuicios con pretensiones de sagacidad. Al menos no es tan necio de negar la existencia de una importante cultura en el franquismo (alguno de sus colegas le comentó riendo que “cabría en una tarjeta postal”); pero el esfuerzo que realiza no pasa, una vez más, de una colección de tópicos mejor o peor hilvanados. Y lo que queda es precisamente esto, aunque su sagacidad no le permita entenderlo: en el franquismo se creó una cultura importante, parte de ella antifranquista –a menudo comunistoide—otra parte favorable al régimen  y la mayor parte apolítica. Es decir, la censura no impidió una diversidad ideológica y de enfoques ni condenó a la oscuridad  ningún libro o película importante. Contra todos los mitos, fue un régimen notablemente liberal hacia la alta cultura, con una censura más bien grotesca e ineficaz. Hoy, en cambio, existen numerosas censuras y un ambiente general más asfixiante. Y no solo aquí. ¿Por qué no se han traducido libros míos al inglés o al francés, pese a no haber sido rebatidos y tratar temas sobre  los que parece haber considerable interés en esos países? Una censura semejante hubo de sufrir Orwell cuando se le ocurrió hablar de sus experiencias en España en un tono que no admitía la corrección política, es decir, la tendencia totalitaria de entonces. 

   Sobre la cultura en el franquismo diré dos cosas, aunque no sea el momento de explayarlas: fue bastante más variada e importante que en la actualidad. Y lo fue sobre todo en los años 40.  Creo que la de los 50 y posteriores fue descendiendo de nivel hasta llegar a la situación actual, que sí merece el nombre de páramo, aunque muy abundante en monte bajo.

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J. Treglown (III) El turbio negocio de la “memoria histórica”, cunetas y fosas

Blog I. La vergonzosa decadencia de España:http://www.gaceta.es/pio-moa/vergonzosa-decadencia-espanola-20102014-1439

**Horarios corregidos del seminario sobre “Los separatismos  catalán y vasco, teoría y práctica”: En Centro Riojano de Madrid, Serrano 25. Cuatro sesiones, días 23, jueves; 25 sábado; 29,  miércoles; y 31, viernes Todos los días a las 19,30, menos el sábado, a las 10,30. Inscripción, 50 euros. Los separatismos son un elemento crucial en la crisis histórica que sufre España en la actualidad, y sin embargo son un fenómeno mal conocido en sus bases doctrinales y desarrollo hasta la actualidad.  Información: 915 766 766

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El libro de Treglown debe de tener algunos méritos, puesto que le ha valido una dura “crítica” de Helen Graham por no encomiar lo bastante, a juicio de esta señora, el turbio negocio de la “memoria histórica”, no atacar con el suficiente empeño la censura de la época que supuestamente arruinaba  la cultura española, etc.  En rigor, Graham parece no conocer de la historia reciente de España mucho más que la propaganda de quienes se siguen llamando con plena impropiedad  republicanos y simpatizantes.  Y sobre el embarrado cimiento de esa propaganda ha elevado ella una historiografía que califica  de profesional con optimismo envidiable. Aquellos republicanos tenían de la libertad y la democracia un concepto poco alejado del stalinismo, algo que también ocurre con una tradición de intelectuales británicos, como es sabido. Pues bien,  el enfado de doña Helen se justifica porque el señor Treglown hace algunas tímidas insinuaciones de que la “memoria histórica” está politizada; o una suave crítica implícita a los “republicanos”;  o admite que la cultura española del franquismo no fue tan insignificante como se pretende.

   Pero en conjunto Treglown sigue casi plenamente la línea del antifranquismo más tópico. Su libro empieza con una impresionista visita al cementerio de San Rafael, en Málaga, donde yacen “más de  4.000 personas—en su mayoría hombres, pero también mujeres y niños— ejecutadas sin juicio previo  entre 1936 y 1955”. Explica también: “Los soldados de Franco eran una mezcla de duros legionarios españoles, mercenarios del norte de África, a los que en la región de Málaga se sumaron rápidamente las tropas rebeldes con base en la península y columnas motorizadas de la Italia fascista (…) Bombardearon el puerto de Málaga desde el aire, lo cañonearon desde el mar y luego lo invadieron por tierra. La cantidad de bajas de civiles que trataban de escapar horrorizó a los observadores más encallecidos”. Luego habla de la represión “hasta bien entrada la década de  1940 bajo el célebre fiscal Carlos Arias Navarro, el “carnicero de Málaga”.

   El siguiente capítulo empieza con la relación de “quince mujeres veinteañeras cuyos  restos  –junto con los de un chico adolescente que, según se dice en el lugar (Grazalema) fue obligado a cavar la tumba–  se encontraron en 2008 (…) No tuvieron nada que ver con la política, a menos que se considere la posibilidad de que una de ellas haya estado prometida a un republicano. Cuatro estaban embarazadas. No se asegura cómo murieron: no se encontraron balas. Si hemos de creer las narraciones de otras atrocidades en la misma región, es probable que las mujeres fueran violadas, torturadas y enterradas vivvas”. Y “explica”: “En muchos casos el motivo principal eran las represalias: en la zona había hombres leales al gobierno republicano que llevaban a cabo una eficaz campaña de guerrillas contra las fuerzas rebeldes. Otro objetivo habitual  de capturar mujeres era utilizarlas como rehenes con la esperanza de inducir a los republicanos ocultos a rendirse (…) La ideología “nacional” era intrínsecamente brutal, estrechamente relacionada  como estaba al fascismo, fundamentada en décadas de escaramuzas imperiales en Marruecos y, antes de eso, en las nociones de limpeza étnica e ideológica que se remontaba, por vía de Inquisición, a las antiguas expulsiones de musulmanes y judíos de España”. Y así sucesivamente. En suma,  Desde hace varios años España busca a sus desaparecidos. Están en todas partes, en todas las comunidades autónomas, en todo tipo de terrenos”.

   Esto es propaganda antifranquista de 24 quilates.  ¿Qué más se puede pedir? Hace falta un fanatismo exacerbado  para quejarse  del buen Treglown como hace doña Helen. Que, por cierto, fue nombrada para la cátedra Rey Juan Carlos I de la universidad de Nueva York por nuestras oficiosas  e incultas autoridades político-académicas, de cuyo nivel intelectual tenemos constantes pruebas.

   Bien, vamos a analizar estas tiradas del señor Treglown. En primer lugar un historiador, o un simple periodista, tiene la obligación de valorar sus fuentes, cosa que él no hace en lo más mínimo, sea por una culpable ingenuidad o por complicidad. Si lo hubiera intentado, se habría percatado de algunos hechos esenciales:

1.    La excavación de tumbas lleva ya al menos 14 años; De los dos últimos no tengo   datos, pero en los primeros 12 años se exhumaron 1.328 restos, que incluyen a personas presuntamente asesinadas, otros  enterrados en combate o muertos por otras causas. No se mencionan  las excavaciones infructuosas  ni los restos de inequívocos asesinados nacionales, que han sido recubiertos según testimonio de Fernando Paz

2.      No obstante la cifra, exigua para tantos años de trabajos, los excavadores pretenden que hay 100.000 o 150.000  restos por desenterrar, lo que daría para muchos decenios de tarea. Estas excavaciones están subvencionadas, lo que debe indicar algo a un historiador medianamente perspicaz. No es cierto que “España” busque a desaparecidos. Los buscan ciertos personajes poco escrupulosos, interesados en  seguir indefinidamente con el cuento.

3.      Las excavaciones han estado llenas de fraudes, algunos descubiertos y otros encubiertos. Uno de los más “fuertes” fue el del osario del barranco de Órgiva en Granada, donde habrían sido asesinados entre 3.000 y 5.000 republicanos –salían hasta testigos—y acerca del cual preparaban una gran campaña la universidad de Granada y autoridades locales, la prensa de izquierdas, redes sociales y el diario El País. El montaje se derrumbó cuando los forenses dictaminaron que los huesos eran de perros y cabras (Ver http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/la-tecnica-del-odio-1451/6.html).  Está por hacer una investigación a fondo sobre este infame negocio, aunque las cifras  y el carácter de las represiones están bien aclaradas desde  los estudios de R. Salas Larrazábal hasta los de A. D. Martín Rubio, pasando por los míos y otros. Sin conocerlos, no es posible escribir con alguna solvencia sobre estos asuntos. Un historiador medianemente serio se habría preocupado de conocer los estudios y versiones contrarias a las de estas campañas, cosa que nuestro profesor no hace en absoluto. De haberlo hecho no caería en tales trampas, a no ser que deseara  colaborar con ellas.

4.      Otro aspecto del fraude está relacionado con las subvenciones oficiales  e indemnizaciones sustanciosas a quienes se proclamen víctimas o familiares de víctimas. Es fácil entender que esas recompensas estimularán muchos “recuerdos”, a menudo de difícil comprobación, ayudados por la multitud de bulos y rumores que crean la propaganda o el simple chismorreo.

5.      Un historiador competente se percataría enseguida de que todo ese negocio tiene que ver con una “ley de memoria histórica” propia de un régimen totalitario, pero no de una democracia, por cuanto en ninguna de estas se impone por ley una versión de la historia. Quien fuera a investigar en Cuba y se contentara con los datos ofrecidos por el gobierno, se desacreditaría de inmediato. Pero en España están sucediendo cosas semejantes y casi nadie se escandaliza.

 

6.      Un historiador medianamente serio sabría que nadie fue asesinado simplemente por ser republicano, sino que aquellos republicanos eran en su gran mayoría extremistas que destruyeron la legalidad de la II República y  perpetraron innumerables crímenes y atrocidades sádicas –en Málaga, desde luego, y en numerosos lugares más –. Y que fueron ellos los que empezaron con el terror y los asesinatos bastante antes de la guerra, en plena república.  

 

7.      Un investigador de alguna solvencia se daría cuenta del revelador fraude de la “memoria” histórica con solo el calificativo de “víctimas” que se da a todos. En aquellas circunstancias es obvio que caerían algunos inocentes. Pero es también evidente que cayeron muchos más culpables, chekistas, etc.  Al igualar a todos como “víctimas”, la ley de memoria histórica se desenmascara como una ley auténticamente chekista: ensalza a los asesinos al nivel de los inocentes y rebaja a estos al nivel de los asesinos.

 

8.        En fin, por lo que respecta a Málaga, los terribles bombardeos de que habla, y todos los demás, fueron absolutamente insignificantes comparados con los de los ingleses y useños sobre la población civil alemana (mujeres, niños y ancianos sobre todo, pues los hombres jóvenes estaban movilizados). Pero parece que estos no acaban de “horrorizar a los observadores más encallecidos”. Por cierto, lo de “carnicerito de Málaga” lo inventó un periodista algo golfo “antifranquista” retrospectivo. Arias Navarro fue fiscal en Málaga antes y después de la guerra, y uno de varios, sin que haya pruebas de haber sido especialmente duro.

   Salta a la vista que escribir la historia como hacen Treglown o Graham conduce a una mezcla de chifladura y de disparate, no por ello menos dañinos. No me alargo más sobre esta cuestión. Me había propuesto no dedicar al libro de Treglown  más de tres artículos, pero le dedicaré otro más.

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Jeremy Treglown (II) Un par de bellaquerías

Blog I. El enfoque marxista sigue en pie:http://www.gaceta.es/pio-moa/enfoque-marxista-sigue-pie-17102014-2159 

**Horarios corregidos del seminario sobre “El separatismo catalán, teoría y práctica”: En Centro Riojano de Madrid, Serrano 25. Cuatro sesiones, días 23, jueves; 25 sábado; 29,  miércoles; y 31, viernes Todos los días a las 19,30, menos el sábado, a las 10,30. Inscripción, 50 euros. El cursillo tratará sobre las bases doctrinales y políticas de dicho movimiento, semejanzas y diferencias con el  separatismo vasco, y comportamniento en la historia del siglo XX y hasta ahora.  Información: 915 766 766

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Parece que, aparte de Franco un balance histórico que, según Treglown “exasperó a sus opositores” — y  al propio Treglown, lo que no es de extrañar, dada la cantidad de embustes sobre Franco en circulación desde hace décadas–,  nuestro profesor ha leído  De un tiempo y de un país, mis memorias de la época de la OMLE (Organización de Marxistas-Leninistas Españoles), más tarde PCE (r)-GRAPO. Desgraciadamente le ha pasado como con el libro anterior, sea por  mala  comprensión lectora en español o por otras causas. Así, trata de ilustrarnos:  Algo parecido sucede con una misión a Bilbao donde se suponía que Moa  iba a formar enlaces con ETA, pero donde descubrió que los miembros de esta organización eran insólitamente difíciles de encontrar. En situaciones como esta no sería extraño que hubiera sospechas de que se trataba de un espía de la policía, pensamiento que, una vez que penetra en la mente, es difícil de desterrar”. Al leerlo no pude menos de exclamar: “¡pero qué bellaco!”.  Una bellaquería repetida recientemente por  un caradura como César Vidal y una locuela como Pilar Urbano (http://www.gaceta.es/pio-moa/cesar-vidal-pilar-urbano-golfos-30042014-2035). Y  obedece, con toda evidencia, a lo de siempre: la incapacidad de refutar mis libros conduce a los ataques personales más infames. Así están las cosas.

   Aparte de eso es obvio, una vez más, que Treglown entiende  muy mal lo que lee. Yo fui a Bilbao, como después a Vigo, no para enlazar con la ETA sino para reorganizar los núcleos de la OMLE allí, donde había quedado casi desmantelada. Y a eso, y no a tratar con la ETA, dediqué mi esfuerzo, como puede comprobar quien lea la historia con honestidad y un mínimo de comprensión lectora (tampoco hace falta demasiada, porque creo que escribo con mucha claridad ).  ¡Y este es un intelectual de prestigio en Inglaterra, cuyo libro entiende como “muy perspicaz” el dudosamente perspicaz Muñoz Molina!

   Siguiendo con su bellaquería, escribe Treglown: “Moa explica  que su conversión al franquismo llegó entre los acontecimientos descritos y su tarea de escribirlos. Uno se pregunta por qué necesitó tanto tiempo para darse cuenta de que las acciones de la OMLE y su sucesora, los GRAPO (…) se parecían al tipo de conducta que veían mal en el otro bando”.  Ante todo, yo nunca me he convertido al franquismo ni pienso que un régimen como aquel, aunque haya sido necesario históricamente,  deba volver. La frase de Treglown es una majadería entre muchas. A lo que me he “convertido” es  a la investigación de la realidad histórica, con datos y argumentos que ni don Jeremy ni ningún otro en España han podido desmentir (ya vemos los “argumentos” que utilizan). En segundo lugar, las acciones del GRAPO  no tenían que ver con la conducta del franquismo: el 90% o más del terrorismo en aquella época y en la democracia, como en la república,  tuvo carácter  izquierdista o separatista. En tercer lugar, en España ha cambiado “de camisa” casi todo el mundo de la política y la intelectualidad, basta consultar las hemerotecas para comprobarlo. Pero casi nadie ha explicado el por qué de sus cambios. Yo sí lo he hecho, en De un tiempo y de un país y en otros escritos. Por lo demás, gran número de antiguos comunistas (Koestler es caso típico) precisaron un largo período de reflexión para romper con una doctrina tan absorbente. Una doctrina  que ha disfrutado siempre, además, de gran número de “compañeros de viaje”, bastante más repugnantes, si es cierta la frase de Marx :“Hay alguien más despreciable que el verdugo: el ayudante del verdugo”. Y en España e Inglaterra ha habido y hay muchos de esos ayudantes.

   Con respecto a De un tiempo y de un país ha ocurrido un hecho revelador. La izquierda en general, en España, veneraba a la ETA y celebraba sus asesinatos (como veneraba a Castro o a la URSS, según puso de manifiesto el episodio Solzhenitsin). Pero el GRAPO empezó demasiado tarde, cuando aquella oposición (comunista la única real) vislumbraba la legalidad. Entonces los atentados del GRAPO la asustaron tanto, por temor a que los franquistas les echaran la culpa de ellos, que inventaron la patraña de que se trataba de una organización de “extrema derecha” o infiltrada por la policía. Cuando quienes sí estaban infiltrados eran el PCE, el PSOE y tutti quanti. Pues bien, el libro, que clarifica plenamente esa cuestión y unas cuantas cuestiones más, fue acogido con el silencio. ¡Si sabrían ellos de qué se trataba!

   A Treglown, De un tiempo…le parece “soso” y “cómico”. Está en su derecho, y más siendo tan perspicaz como demuestra a cada paso, porque los gustos son muy personales. En cambio al mismo Preston le pareció muy interesante en su momento (ahora quizá diría otra cosa). El libro no está descatalogado, pero en general hay que encargarlo en librerías o a la Editorial Encuentro

   Hay algo en lo que acierta Treglown: “La OMLE estaba frustrada  por encontrar tan poco favor popular”.  Así era. Solo que esa frustración acompañaba a toda la oposición antifranquista. La única que podía presumir de cierta influencia popular, muy limitada pero muy superior a los demás, era el PCE. Mas para ello llevaba actuando desde el mismo final de la guerra civil, primero mediante el terrorismo del maquis y después infiltrándose en los sindicatos franquistas y en la universidad. En esta obtendría los mejores resultados, cuya influencia perdura, también en patochadas como las de Treglown.

   Y dejaremos aquí la parte digamos personal,  para entrar en la próxima entrega en las pintorescas ideas de don Jeremy sobre el franquismo.

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Un golfete metido a historiador: Jeremy Treglown (I)

Blog I.  Los engaños de la pasión: http://www.gaceta.es/pio-moa/los-enganos-pasion-15102014-1204

****Seminario: “El separatismo catalán, teoría y práctica”. En Centro Riojano de Madrid. Cuatro sesiones, días 17 y 23 por la tarde, a las 19,30, y días 18 y  25 (sábados), a las 10,30 de la mañana. Matrícula, 50 euros. El cursillo tratará sobre las bases doctrinales y políticas de dicho movimiento y su comportamniento en la historia del siglo XX y hasta ahora. No puede afrontarse debidamente un problema si no se lo entiende bien.  Inscripciones: 915 766 766

** En el programa de Radio Inter “Cita con la Historia”, próximo domingo de 4 a 5 de la tarde, hablaremos de Azaña, Alcalá-Zamora y las elecciones del Frente Popular. Una cuestión clave para explicar la guerra civil

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Hace tiempo que apenas leo novedades sobre la guerra civil, la república o el franquismo. La razón es que, aunque se trata de temas inagotables en detalles y aspectos, desde hace tiempo están bien aclaradas  las cuestiones básicas: los orígenes de la guerra, el carácter del Frente Popular y de las elecciones del 36, las razones de la rebelión de Franco y las causas que defendía cada bando en la contienda, las razones de que Franco ganase y triunfase siempre sobre todos sus enemigos políticos y militares o crease una sociedad nueva, apta en principio para una democracia no convulsa, etc. Todo ello está hoy básicamente claro para quien quiera enterarse, aunque ello no evita que tenga aún mucho camino que abrir para calar en la universidad y en una opinión pública deformada por una falsificación masiva. 

   Pero hace unas semanas Miguel Platón me indicó que había hojeado en una librería un libro de un tal Jeremy Treglown en que me aludía dando una de cal y otra de arena. En fin, ayer hojeé a mi vez el libro  en cuestión, y comprobé que  el bueno de Treglown no me aludía, sino que me atacaba a fondo, o al menos lo intentaba.  Así que dedicaré algún esfuerzo a aclarar las cosas a Treglown o a quien sienta interés por estas cuestiones, empezando por el ataque personal que me dedica.

   Según Treglown, mis “afirmaciones” son “tan peligrosas como faltas de inteligencia”. ¿Peligrosas para quién? Evidentemente para quienes piensan y escriben como Treglown. Pero ¿cómo pueden ser peligrosas si carecen de inteligencia? Solo puede deberse, me temo, a que la inteligencia de Treglown y compañía deben ser todavía menores. Y realmente nuestro amigo no demuestra mucha, como veremos, aunque sus tiradas también pueden ser efecto de mala comprensión lectora en español, y hasta sospecho que a veces de mala fe.  Así que veamos.

   Me describe el autor como “un avezado propagandista (…) Parte de su impacto se debe  al ardid bien ensayado  de presentarse como el personaje aislado que batalla contra el poder de las instituciones”. Lo único cierto ahí es que batallo contra numerosas ideas cuya falsedad he demostrado, sin que la recíproca se haya dado hasta ahora; y que la respuesta ha sido el intento aislarme, nunca del todo conseguido. Yo siempre me he ofrecido a debatir, pero la oferta ha sido rechazada casi siempre,con pretextos infantiles. Comprendo que a gran número de intelectuales que han hecho su carrera y su prestigio con versiones o enfoques que se han demostrado falsos, les cueste mucho reconocerlo, ya que ello exigiría una honestidad intelectual por desgracia harto escasa en estos medios. En cambio defienden sus posiciones  funcionariales u otras con uñas y dientes, es decir, con métodos poco honrados, procurando crear el vacío y el silencio a mi  alrededor. Cosa que en parte está a su alcance, pues predominan en la universidad y en los medios; pero tampoco en la medida  que les gustaría.  No solo Stanley Payne, también Seco Serrano, Cuenca Toribio, Ricardo de la Cierva, David Gress, Rob Stradling, Jesús Salas Larrazábal, Andrés-Gallego, Bullón de Mendoza y otros historiadores han apreciado o citado mis libros. Y aunque me han vetado en la mayoría de los medios, todavía dispongo de algunos, aunque menores, y de las redes sociales. Que tratan de aislarme es cierto; que el apoyo que recibo es escaso, también. Pero no que lo consigan del todo. Y presentar el hecho indudable como un ardid, según  toscamente supone ese autor, revela una dosis considerable de desvergüenza.

   Treglown afirma  que mi aislamiento no deja de ser una pose, porque  pocos autores han puesto tanta resistencia  a las entrevistas o a tomar parte en acontecimientos  en los que los humanistas  profesionales  presentan y explican sus obras nuevas”. ¿Ven como nuestro crítico cae en la golfería? La resistencia no es mía, sino de esos “humanistas profesionales” a invitarme o a entrevistarme. Y es fácil saber por qué, teniendo en cuenta que nunca han logrado rebatir ningún punto sustancial de mis obras. Por supuesto, tampoco lo hace Treglown, que en lugar de intentarlo se lanza a estos ataques personales y menos inteligentes de lo que él piensa. Dice también que mis obras no se encuentran en inglés, lo que es cierto. Porque en Inglaterra y en Usa, los ambientes universitarios están inmersos en versiones digamos progre-izquierdistas por lo que se refiere a España y más aún que aquí. Y los mandamases  intelectuales saben aplicar la censura desde su prepotencia.  La situación allí, por lo que se refiere a estas cuestiones, es todavía más totalitaria que en España, y la ausencia de traducción de algunos libros míos es precisamente una prueba de ello. Por cierto,  Los mitos de la Guerra Civil  iba a salir en francés, anunciada por la prestigiosa editorial Tallandier. Pero después del anuncio no hubo producto. Al parecer encontraron el libro demasiado  peligroso para sus sensibles lectores.  En Inglaterra se precaven todavía más eficazmente contra el  peligro que tanto preocupa a Treglown.

    Para este profesor, mi argumentación (se refiere a Franco, un balance histórico ), se basa en tres puntos, dos de los cuales acepta y el tercero rechaza:  “que el estalinismo fue una tiranía espantosa”;  ”que el estalinismo actuó  despiadadamente en ciertos sectores del movimiento español”; y  que “ese elemento  (estalinista)  fue la causa de la guerra civil”. Lo último le parece falso, al menos en parte porque, dice, “la mayoría de los historiadores estarán en contra del indignante desprecio de  Moa por las causas sociales y económicas  del descontento contemporáneo”. Lo del desprecio lo inventa él; pero la cosa tiene mayor alcance teórico. La situación social y económica no fue en absoluto la causa de la guerra. Esa situación había sido mucho peor en España en otras épocas y no había generado guerra civil; y también era mucho peor en gran parte de Europa, sin ocasionar tales contiendas. Pues no son las condiciones sociales, sino cómo piensan y actúan en ellas los políticos y  partidos influyentes,  los que pueden llevar al extremo bélico los conflictos naturales en toda sociedad.  Treglown cita de mi libro por él comentado:  “El pensamiento conservador, como el religioso, acepta  la presencia de la injusticia, la insuficiencia y el malestar  de la vida como parte de la condición humana“, implicando que el pensamiento revolucionario o “progre” no lo acepta, lo cual parece bien a Treglown.  Por eso la demagogia izquierdista siempre ha invocado esas “causas” socioeconómicas; pero la causa real de la guerra radicó en que las izquierdas  y separatistas aspiraban al poder, creían que su poder abriría el camino a una sociedad  “sin injusticia, insuficiencia y malestar”, y que estaban dispuestos a quebrantar todas las normas de convivencia llamadas “burguesas” para alcanzar su objetivo.  Por lo demás, la experiencia bien conocida –aunque parece que no para Treglown–  revela que el poder de esas izquerdas revolucionarias, si algo ha conseguido es extremar la injusticia, la insuficiencia y el malestar. En España, sus dos primeros años republicanos fueron tan desastrosos que el pueblo votó muy mayoritariamente a las derechas en 1933; y en los cinco meses previos a la guerra, el Frente Popular, con su demagogia y tiranía, hundió literalmente la economía española, además de la legalidad republicana. 

   Y yo tampoco digo que el elemento  stalinista fuera el determinante de la guerra, sino que lo fueron el elemento revolucionario (socialista, comunista y anarquista) y el elemento golpista (Azaña, Companys, etc.). Otro ejemplo de mala lectura de mis tesis: “Moa hace concesiones importantes. Por ejemplo, pese a las afirmaciones en contra de los nacionales, acepta que en España no hubo una revolución de la izquierda”. Lo que yo digo es que hubo un asalto revolucionario al poder en octubre del 34; que hubo un proceso revolucionario muy violento a partir de febrero del 36; y que hubo una revolución extremadamente sanguinaria durante la guerra civil. No me explico cómo puede haber entendido otra cosa. Y  si relaciono el terror  de los nacionales con el de las izquierdas me acusa de caer “en un ejercicio de ojo por ojo”, cuando simplemente expongo la evidencia del terror rojo, disimulado o justificado por los autores de su cuerda, y sin el cual no puede entenderse nada.  Ya que el terror rojo  empezó a ejercerse apenas llegada la república y causó cientos de víctimas antes de ser replicado por el terror de los nacionales. Sigue: “Defender casos perdidos es la especialidad de Moa. ¿Antisemitismo de los nacionales? ¿Y qué del abandono de los refugiados  judíos por los aliados?”  El hecho indiscutible es que Franco salvó a miles de judíos, y que los Aliados no hicieron gran cosa por ellos, como si no creyeran el Holocausto, del que  el Caudillo no sabía nada. Había antisemitismo en los nacionales, pero más retórico que práctico.  Continúa en la misma línea: “Dictadura? El disidente ruso Solzhenitsin dijo que a los ciudadanos soviéticos de hoy les asombrarían las libertades de que disfrutaban los españoles. (A Moa  no parece molestarle que la observación de Solzhenitsin date de 1976, es decir, después de la muerte de Franco)”. El franquismo duró  por lo menos hasta junio de 1977, o si se prefiere, hasta la Constitución de 1978. Y las libertades que explicaba Solzhenitsin eran perfectamente comunes en España desde muchos años antes. Y las señalaba también Kolakowski viviendo Franco, contra la beatería “antifascista” de unos laboristas cantamañanas. Ello aparte,  y pese a lo que cree el oportunista Treglown, defender la evidencia histórica nunca es un “caso perdido”, por más que el embuste parezca tener fuerza aplastante, como ocurre hoy por hoy.

   Seguiré con un par más de entregas, y ya se verá que el calificativo  de golfete que dedico a Treglown, que puede sonar maleducado o gratuitamente ofensivo, resulta merecido.    

 

 

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