¿Quién no es mejor que su propia biografía?

Me viene de nuevo a la cabeza esa frase famosa leyendo Yo tenía un camarada, de César Alonso de los Ríos, sobre “el pasado franquista de los maestros de la izquierda”, personajes representativos de la Generación del 36, como Laín, Aranguren, Tovar, Vicens Vives, Torrente Ballester, Ruiz-Giménez, Areilza, Sastre, Castellet, Ridruejo, etc. Algunos, como Areilza o Torrente, nunca fueron propiamente de izquierda, pero todos, y otros muchos, sí se hicieron antifranquistas, furiosamente varios de ellos. Y la mayoría –no todos– mostraban gran incomodidad con su pasado franquista, más concretamente falangista en bastantes casos. Dice el autor que Torrente

había llegado a convencerse de que nunca había sido falangista y de que había estado en la retaguardia cultural de Burgos, durante la guerra civil, por casualidad. Había sido ganado Gonzalo Torrente Ballester por una desmemoria tan grave y había sido respetado tanto en ella por los críticos culturales que muchos jóvenes (periodistas en ocasiones) habían llegado a creer que había sido un perseguido del franquismo. [La vicepresidenta Vega acaba de recordar que su padre fue otra víctima de aquel régimen, quizá piense cobrar la indemnización correspondiente].

Y como Torrente, tantos más que en 1982 “eran la gran orla del socialismo español que acababa de tomar el poder después de medio siglo. Algo verdaderamente histórico”. “Los Laín Entralgo, López Aranguren, Tovar y Haro Tecglen publicaban en El País. Cuando murieron se les despidió con coronas de elogios”, procurando –ya entonces funcionaba la memoria histórica–olvidar su pasado, como hacía ya ejemplarmente ese maestro de la corrupción intelectual, vulgo la trola, que es Juan Luis Cebrián.

El ansia, paroxística en Cataluña y Vascongadas y desatada en el resto, de oscurecer, tergiversar o falsificar el pasado es uno de los rasgos típicos de una transición comenzada muy bien y pronto echada a perder en gran medida por la desvergüenza de unos y la inhibición culpable y oportunista de otros. Y es también un signo de identidad de nuestra época de farsa y consiguiente páramo cultural.

Pero observemos la evolución de estos personajes. Durante la guerra y la posguerra fueron franquistas devotos; después –sobre todo después de que los Aliados ganasen la guerra y casi nadie diese un duro por la supervivencia del régimen (en Años de Hierro me refiero a la sospechosa elaboración de La colmena por Cela)– cambiaron, poco a poco o con rapidez, sus principios y convicciones hasta llegar adonde llegaron. El problema no radica tanto en esa evolución, en España todo el mundo ha cambiado muchísimo, como en el tan revelador empeño por disimular o falsificar la propia biografía, con excepciones como Ridruejo o Laín. Sospecho que esa debilidad moral repercute fuertemente en el valor de la obra de la mayoría de ellos, condenada ya hoy al mismo olvido que pretendían para su pasado. No sin haber contaminado de esa corrupción al mundillo cultural hispano.

Pero aún tiene mayor interés el sentido político de esa evolución, que llegó a renegar del personaje y el movimiento que vencieron al Frente Popular, y a la loa de este, añadiendo a la falsificación biográfica la falsificación política: el Frente Popular representaría “la república, la democracia, el pueblo trabajador”. Por consiguiente, habían perdido los buenos y ganado los malos, y sería precisa una gran dosis de agua del olvido para purificarlos del crimen de haber estado entre los vencedores. Muchos mantenían considerable desconfianza hacia los comunistas, pero se acercaban a los socialistas, olvidando –siempre la oportuna amnesia– que había sido el PSOE, y no el PCE, el principal responsable de la guerra civil. Aun así, no hacían ascos a colaborar con los agentes del Imperio del Gulag en España, y el mismo Areilza, que llegado un momento iba de monárquico liberal por la vida, colaboró en alguno de los tinglados montados por el héroe de Paracuellos, el “Pacto para la Libertad” o cosa por el estilo. Tales eran los opositores antifranquistas, en quienes se unían las simpatías casi generalizadas hacia la ETA o Fidel Castro con el odio a sus propias biografías, al parecer mucho menos ejemplares de lo que ellos, muy en el fondo, eran o creían o aspiraban a ser.

No fue una evolución a mejor, sino a peor, a mucho peor. Un problema del país ha sido, ya desde principios del siglo XX, el escaso aprecio de gran parte de la intelectualidad por las libertades, como ha mostrado José María Marco. En otra ocasión señalé que el motivo profundo de estas oposiciones no era que considerasen a Franco un dictador, sino que lo consideraban demasiado poco dictador por comparación con los sistemas que ellos admiraban, como el de Castro o los del este de Europa. Nada pudo exhibir mejor esa tendencia subyacente que el episodio Solzhenitsin, al que me he referido varias veces por su valor ilustrativo. Pues la de Franco fue solo una dictadura autoritaria, mientras que las otras lo eran totalitarias, y el totalitarismo ha ejercido una gran fascinación sobre muchos intelectuales, no solo españoles.

En LD, 3-1-2010

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Ortega, Azaña y Franco ante la II República

Blog I. Tiempo de horror: http://www.gaceta.es/pio-moa/horror-22092014-1832 

**Próximo domingo en Radio Inter: trataremos de la transición, tan falseada…

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Ortega, Azaña y Franco ante la república

 

El filósofo Ortega y Gasset, que había flagelado la Restauración y aplaudido la dictadura de Primo de Rivera para después repudiarla, publicó el 15 de noviembre de 1930, poco antes del golpe militar republicano, un retumbante artículo en El Sol, titulado ‘El error Berenguer’. Ortega estaba muy ilusionado con la República, viendo en ella la concreción de una España “vertebrada”, refundada como una “auténtica nación” capaz de grandes empresas internas y externas.

 

Por ello rechazaba de raíz el intento de normalizar la situación mediante unas elecciones, según proponían los monárquicos. La propia Monarquía debía hundirse, tras haber amparado una dictadura a la que de pronto pintaba con las más negras tintas: “Un régimen de absoluta anormalidad“, cuyos métodos “anormales nadie, así, de pronto, podrá recordar haber sido usados nunca (…) en todo el ámbito de la historia, incluyendo los pueblos salvajes. Sólo el que tiene una idea completamente errónea de lo que son los pueblos salvajes puede ignorar que la situación de derecho público en que hemos vivido es más salvaje todavía, y no sólo es anormal con respecto a España y al siglo XX, sino que posee el rango de una insólita anormalidad en la historia humana. Hay quien cree poder controvertir esto sin más que hacer constar el hecho de que la dictadura no ha matado. Creer que el derecho se reduce a no asesinar es una idea del derecho inferior a la que han solido tener los pueblos salvajes”.
Todo esto, “hablando en serio y con todo rigor”. Por tanto, no podía ni pensarse en pasar por alto aquella gran viltá y volver sin más a la “normalidad”, como pretendían Berenguer y el rey. Nada de eso. La Monarquía debía darse por abolida y construirse un nuevo Estado.
Todos los estudiosos concuerdan en la extraordinaria repercusión del artículo, formador de amplia opinión pública prorrepublicana entre las clases medias. Rara vez, sin embargo, se ha analizado el contenido mismo del artículo. Ortega enfocaba no sólo la dictadura, sino la historia completa de España –”anormal”, a su juicio–, con arreglo a un concepto de “normalidad” perfectamente nebuloso y de nulo valor analítico. Los filósofos rara vez han sido linces en política, y Ortega, desde luego, no fue la excepción. Pensaba, en un alarde de ingenuidad, formar una Junta Magna de ciento cincuenta o doscientas personalidades selectas de la política, el capital, los sindicatos, la universidad y la prensa, para diseñar el nuevo Estado.
Esa nebulosidad conceptual le impedía ver, por ejemplo, que los métodos “anormales” de Primo habían resuelto, con escasa violencia y sorprendente facilidad, aquellos problemas insolubles para los políticos anteriores que habían llevado el país al borde de una crisis revolucionaria: el terrorismo anarquista, el golpismo socialista, la rebelión del Rif, la confabulación separatista… Le cegaba a la evidencia de que tanta “anormalidad” había cortado la convulsión permanente de los últimos años de la Restauración e impulsado un progreso económico y una modernización social sin precedentes.
Josep Pla.Hace falta mucho radicalismo hueco para desdeñar tales logros, en lugar de construir sobre ellos. Pero éste es un rasgo también muy extendido entre la intelectualidad española. Decía Josep Pla, de Cataluña:
En este país hay una forma cómoda de llevar una vida suave, tranquila y regalada: consiste en afiliarse al extremismo (…) En todo el mundo, las posiciones extremas de la política se mantienen por la gente más abnegada, más idealista, más romántica. En nuestra casa, el cercado extremista está poblado de escépticos, individualistas, pedantes y despistados“.
En Cataluña y en el resto de España, por lo menos entonces, como deja bien patente el célebre artículo, quizá el más influyente y también el más necio que nunca escribiera Ortega, y del que tendría abundante ocasión de arrepentirse.
Todavía menos examen suelen dedicar la mayoría de los historiadores a otra manifestación premonitoria: el discurso ‘Tres generaciones del Ateneo’ con que Azaña, ya comprometido en el golpe acordado en el Pacto de San Sebastián, inauguró el curso académico del Ateneo de Madrid. Este discurso, quizá el menos citado de Azaña, es seguramente el más esclarecedor de su trayectoria republicana, pues rara vez un político ha expuesto con tanta claridad las líneas maestras de sus proyectos, confirmadas luego rotundamente por los hechos.
Como Ortega, Azaña tenía por desastrosa la historia de España y aspiraba a reconducirla arrasando la herencia de los siglos. Afirmó: “Ninguna obra podemos fundar en las tradiciones españolas”; y las comparó con la sífilis. Se proponía, por tanto, llevar a cabo “una vasta empresa de demoliciones” de aquella herencia, sin especial preocupación por los resultados o por el futuro, pues éste “no me importa. Tan sólo que el presente y su módulo podrido se destruyan”. Tampoco le asustaban otras posibles consecuencias: “Si agitan el fantasma del caos social, me río”. Y aclaró: “No seré yo quien siembre desde esta tribuna la moderación”. No se trataba de simple retórica, debemos insistir, pues aquellas expresiones gobernaron sus actos hasta la Guerra Civil, aunque los enmascarase a veces con frases más suaves.
También trazó la estrategia para alcanzar sus objetivos demoledores. Se trataba de establecer una vasta alianza entre lo que llamaba “la inteligencia republicana” y “los gruesos batallones populares”, es decir, los socialistas y posiblemente los anarquistas, a fin de eliminar cualquier resistencia de la derecha, mirada como representante de la sifilítica herencia española. La derecha sería siempre el enemigo principal, el enemigo que abatir en todo caso, para lo cual podían admitirse incluso alianzas que en principio repugnaban a Azaña, como la de los separatistas o los comunistas. Tal postura resaltaría muy vivamente en la actitud del alcalaíno ante el éxito electoral de las derechas en 1933, ante la revolución del 34 o ante el Frente Popular, como iremos viendo.
Asombra, realmente, la concordancia entre los propósitos expuestos por Azaña en el otoño de 1930 y las líneas generales de su actuación posterior. Por eso el discurso del Ateneo debe considerarse un documento absolutamente iluminador, sin el cual muchos sucesos se vuelven ininteligibles. También cabe observar aquí una constante de la izquierda española, que en el siglo XXI ha vuelto a aliarse con el separatismo y el terrorismo a fin de aislar y reducir a la impotencia la derecha democrática.
Y al igual que en el caso de Ortega, destaca ese carácter zascandil que Pla adjudicaba a los extremistas catalanes, manifiesto en la ignorancia de con quién se jugaba los cuartos. Azaña y los demás republicanos de izquierda desconocían casi todo sobre la ideología marxista y sus potencialidades políticas: de otro modo habrían comprendido que la idea de una “inteligencia republicana” dirigiendo a tales aliados no pasaba de ser una quimera. Máxime cuando, como el mismo Azaña comprendería y denunciaría amargamente, aquella inteligencia iba a resultar escasísima.
Miguel Azaña.Una y otra vez serían los “gruesos batallones populares” quienes desbordasen y arrastrasen a los presuntos inteligentes, pese a lo cual nunca supieron éstos cambiar su estrategia, tan obsesionados estaban con la “demolición” del enemigo derechista. Sólo serían capaces de oponerse con violencia a los anarquistas, pero sólo porque desde el principio éstos hicieron la vida imposible a los republicanos, llevándoles al derrumbe político en 1933, con ocasión de la matanza de Casas Viejas.
Acorde con su estrategia extremista y en el fondo disparatada, Azaña exhibía una ideología reminiscente del despotismo ilustrado: la República, insistió reiteradamente, sería para todos los españoles, “pero gobernada por los republicanos”, por los inteligentes. De ahí que no aceptase la victoria electoral de las derechas, entre otras actitudes posteriores. Los numerosos hagiógrafos de Azaña insisten en presentarlo como demócrata y moderado, a pesar de sus palabras y, sobre todo, de sus hechos, componiendo una historiografía ilusoria y beata, sin el menor nervio crítico.
Tiene interés, como contraste, señalar brevemente la posición de otro personaje que iba a influir en los destinos de la República: Francisco Franco. Conocemos su actitud por una carta escrita a su hermano Ramón, participante en el fallido golpe militar republicano de diciembre de 1930, y obligado por ello a exiliarse. Francisco, totalmente en desacuerdo con su hermano, le explica:
Lo que podía encajar en el cuadro de mediados del pasado siglo es imposible hoy, en que la evolución razonada de las ideas y los pueblos, democratizándose dentro de la ley, constituye el verdadero progreso de la patria, y que toda revolución extremista y violenta la arrastrará a la más odiosa de las tiranías“.
Siendo éste un documento íntimo, no destinado a exhibición propagandística, tiene interés especial, y sin embargo, nuevamente, recibe nula atención de los historiadores de izquierdas (no así de otros más serios, como Ricardo de la Cierva o Luis Suárez). La carta indica que Franco percibía la debilidad de la Monarquía y aceptaba en principio una democracia, incluso republicana, siempre que llegara en orden y sin riesgos revolucionarios.
Como en el caso de Azaña, podemos preguntarnos si los hechos correspondieron a las palabras. Opino que sí. Franco respetó la República y la defendió de la intentona revolucionaria del 34. En rigor, fue el último en rebelarse, y cuando lo hizo ya no existía legalidad republicana o democrática digna de ese nombre. Claro que tampoco creía él ya en la posibilidad de una democracia en España, pero esa es otra historia.
 (En LD, 5-1-2006)
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Sexo antifranquista

Blog I: Tesis sobre los separatismos: http://www.gaceta.es/pio-moa/tesis-los-separatismos-espanoles-20092014-1021
Próximo domingo en Cita con la Historia, de Radio Inter: cuán empieza la historia de España

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FABRICIO.- Lo que sospechaba. Es la novelilla esa Los hombres que no amaban a las mujeres, de que tanto hablan.

SIMPLICIO.- ¡Cómo, novelilla, con casi setecientas páginas! Una novela no se dedica a poner estadísticas, hombre. Es un informe, un reportaje. Y me he permitido cambiar el título por los suecos porque sucede en Suecia, se trata de los hombres suecos, por lo menos en eso me darás la razón.

FELICIO.- ¿De qué va?

FABRICIO.- Bueno, es un cuento muy largo y algo enrevesado, una chica desapareció hace muchos años, los protagonistas toman mucho café, follan bastante, le dan al ordenador, hay torturas y violaciones, unos capitalistas perversísimos y unos periodistas honradísimos que descubren el pastel y al final todo termina muy bien, los buenos triunfan, se forran y echan algunos polvos adicionales, la tía desaparecida aparece en Australia convertida en la dueña de una gigantesca empresa de ovejas y de no sé cuántas industrias… En fin, un culebrón algo infantiloide, si quieres saber lo que opino.

MAURICIO.- Entonces tiene el éxito asegurado

SIMPLICIO.- Perdona, Fabricio, pero el autor del informe, insisto en que se trata de un informe, lo explica muy bien: reconoce Estiego Larsón que su informe, insisto, deja a Shakespeare en un cuento para niños, y yo lo creo. A ver dónde encuentras a un padre que se dedica a torturar y asesinar en serie a mujeres, porque es nazi, y que por esa razón también viola a su hijo y a su hija, y el hijo sigue los pasos del padre, viola a su hermana y como tiene mucho dinero, se hace una cámara de tortura en el sótano de sus casa, y allí tortura, viola y asesina a montones de mujeres, y las hace desaparecer, y así durante decenas de años, creo que porque tiene instintos de cazador o algo así. Yo no he leído a Shakespeare, de acuerdo, pero me extrañaría que hubiera escrito algo semejante.

MAURICIO.- ¿Mataban a muchas mujeres y nunca se encontraba la pista? ¿Desaparecían otras sin dejar rastro? ¿Tan incapaz es la policía sueca?

SIMPLICIO.- Pues no, no las encontraban porque los tíos, padre e hijo, eran muy malvados, pero muy inteligentes, eso lo explica muy bien Larsón, claro que no tan inteligentes como el periodista y, sobre todo, su amiga, que además son de una honestidad a prueba de bomba. Yo leí en El Pis una crítica muy buena.

FABRICIO.- Los héroes del cuento son la repera. Hay una tía, especie de marimacho furiosa y perfectamente estúpida, pero que tiene algo así como superpoderes, vamos, que el autor le confiere superpoderes. Apenas empieza a describirla me recordaba a Pippi Calzaslargas, aquella serie gilipollesca, demasiado infantil incluso para niños muy pequeños. La Pippi, ya sabéis, un contrapeso imaginario anarquista para una sociedad como la sueca, tan ordenada, según cuentan…

SIMPLICIO.- ¡Para el carro, para el carro! Yo de pequeño veía esa serie y me gustaba mucho.

FABRICIO.- Porque ya desde pequeño estabas predestinado a ser lector del El Pís, y eso tiene mal remedio Lo que me hace gracia es que luego el autor dice que a la chica no le gustaría que la llamaran Pippi etc.

MAURICIO.- ¿Y cómo eran tan honrada aquella buena gente? Hoy ya no se estila.

SIMPLICIO.- El periodista es honrado porque es más bien socialista, y ya sabemos que los socialistas han sido siempre modelos de honradez, capaces de soportarlo todo por sus principios… Y la chica parece más bien ácrata, ahí le doy la razón a Fabricio. Y los ácratas son todavía más honrados, si cabe.

SULPICIO.- La sabiduría y la experiencia hablan por tu boca, Simplicio…

SIMPLICIO.- Por eso me cabrea que, frívolamente, se eche la culpa del maltrato a las mujeres en Suecia a los socialdemócratas y no a los nazis, como es evidente. Los socialdemócratas son suaves y respetuosos.

MAURICIO.- Bueno, hay que reconocer que la socialdemocracia sueca siempre ha sabido respetar suavemente. Durante la II Guerra Mundial colaboró con los alemanes, pero solo hasta que se vio claro que estos no iban a ganar, entonces fue cambiando suavemente de postura para acomodarse sin traumas a la nueva situación. Y hacia los soviéticos siempre mostraron una notoria simpatía, después de todo, los comunistas y los socialistas siempre han estado por los obreros…

SIMPLICIO.- Y no me negarás, Mauricio, el carácter profundamente democrático de la socialdemocracia sueca, bien explícito en su aversión a la España de Franco, vamos, que es que no podían ni verla, recordarás a Olof Palme, que también lo cita el informe, y por eso insisto en que no es una novela, aunque tenga algunos rasgos de novela, para hacerlo más ameno… Recordarás a Palme pidiendo dinero con una hucha para la ETA y demás, cuando el régimen franquista cometió aquel crimen horripilante con el que cerró su carrera de asesinatos…

FELICIO.- Algunos no lo recordaréis, por ser tan jóvenes, pero yo me acuerdo muy bien: el franquismo asesinó a cinco luchadores por la libertad del FRAP y de la ETA, por el supuesto delito de haber ajusticiado a unos cuantos policías, ya se sabe, pistoleros del fascismo.

SIMPLICIO.- Yo es que no paro de admirar a los socialdemócratas suecos. Fijaos: los capitalistas malvados del informe tenían una característica: nunca se divorciaban. ¿Cómo no iban a ser unos asesinos en serie? Y parece que leían mucho la Biblia, otra mala señal. Os leo algo más: “No había conocido a una sola chica que no se hubiera visto obligada a realizar algún acto sexual en contra de su voluntad en, al menos una ocasión”. O sea, que allí violan a casi todas. ¿Alguno de vosotros puede imaginarse siquiera a un socialdemócrata o a un anarquista haciendo tales cosas? ¡Vamos, eso no le cabe a nadie en la cabeza! ¡Esos son nazis, hombre! Es la evidencia misma.

MAURICIO.- Pero reconocerás, Simpli, por pura lógica, que resulta muy raro que los nazis no ganen en Suecia todas las elecciones, siendo tantos…

FABRICIO.-  Es por la chica esa de los superpoderes, que se lo impide

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FELICIO.- ¡Silencio!

FABRICIO y MAURICIO.- ¿Qué?

FELICIO.- ¿No habéis oído un repugnante gorgoteo ahí, detrás de ese seto? ¿Algo así como un cerdo o un burro riéndose?

PATRICIO.- Pero mirad, ahí sale Aparicio. ¿Qué hacías ahí, escondido tras el seto?

APARICIO.- ¡Bah, bah! Solo estaba embebido en edificantes lecturas y me distraje escuchando vuestras chorradas sobre el Estiego Larsón y demás. De ahí mis risas. Te perdono, oh Felicio, tus alusiones porcinonoasnales, porque sé que las haces con la mejor intención.

PATRICIO.- ¿De qué tratan esas lecturas que tanto te absorben, Aparicio?

APARICIO.- Aquí tenéis un ejemplo: “En la Barcelona de los 60 todos éramos muy progres y liberales, y casi todos defensores del amor libre. En el grupito de la gauche divine, el sexo era uno de los juguetes preferidos, las llamadas “perversiones” un refinamiento exquisito (un ilustre escultor brindaba a sus invitados el deleite de ver defecar a su bellísima compañera, en cuclillas, en mitad de la sala) (…) Una ilustre hispanista, por otra parte muy atractiva, me tenía en su lista (pero) vio que yo no le daba facilidades y se dirigió apresurada a Juan Benet, que estaba sentado en el bar tomándose tranquilamente un café y la llevó encantado a su habitación”… ¿Qué os parece? ¡Ah, gente envidiable! ¡Qué ejemplo para los demás, qué bien se lo montaban! Como ellos mismos decían, todo lo que hacían era divertidísimo, divino, sofisticado…

FELICIO.- Imagino que la bellísima aquella cagaría sobre la alfombra persa del salón.

SIMPLICIO.- ¡Hombre, tío, por supuesto, qué cosas tienes! Quedaría demasiado hortera que lo hiciese en un orinal. O sobre la tarima, eso sería de mal gusto, poco glamuroso…

SULPICIO.- O tal vez lo hiciera encaramada sobre un jarrón Ming. Eso tendría, a mi juicio, más mérito, si se me permite la expresión.

APARICIO.- Pues yo los imagino cantando a coro la Internacional en torno a la bellísima y a su legítimamente orgulloso compañero escultor. Porque… Os leo:

Mi hermano mantuvo charlas interminables, y escandalosas y divertidas, con Luis Berlanga, un tipo inteligente y encantador, en torno a la posibilidad de hacer un libro sobre erotismo. Es curioso hasta qué punto izquierdismo y pornografía, al ser objeto ambos de la represión franquista, iban hermanados en la España de los 60. Muchos de nosotros asistíamos a un burdo espectáculo porno en una cutre taberna del puerto de Hamburgo o a un sofisticado striptease del Crazy Horse como si participáramos en un acto revolucionario. Y poco faltaba para que, al meterse en el coño la putita portuaria el último objeto que le venía a mano (en una ocasión fueron las gafas de mi padre, lo que a él le enfadó mucho y a nosotros nos provocó un ataque de risa desaforada) o al desprenderse una de las mujeres más bellas del mundo de la última prenda de ropa, nos pusiéramos en pie y entonáramos La Internacional“.

SIMPLICIO.- Madre mía, qué envidia…Pero ¿cómo es posible llevar una vida tan apasionante?

SULPICIO.- Intensa, diría yo. Una vida intensa. Llena de emociones, si se me permite hablar así.

FELICIO.- Comprendo que en el burdel de Hamburgo o por ahí les diese algo de corte, pero cuando estaban entre ellos, sin ninguna inhibición, seguro que cantaban himnos revolucionarios mientras echaban sus casquetes o hacían sus necesidades… Es combinar el placer carnal con el artístico.

SALICIO.- A mí, la verdad, no me parece bien nada de eso. Me resulta muy poco romántico.

FELICIO.- Porque eres un pequeño cateto, Salicio, has perdido el tren de la historia, por así decir. Tú proponle a tu Amartilis hacer, en fin, lo de la bellísima, y verás como la conquistas irreversiblemente. Tienes que espabilar, tío, liberarte, evolucionar. Como el gobierno de Zapo, sin ir más lejos, o el Futurista y los suyos, que ellos sí que van abriendo nuevos caminos al pueblo…

APARICIO.- No tanto, Feli, no tanto. Dejad que os lea: “Tras una larga sobremesa donde se habló mucho de sexo y todos nos mostramos partidarios del más absoluto libertinaje y de las más audaces experiencias, un ilustre pintor nos propuso a Nuria Serrahima, de excelente familia y uno de los miembros más glamorosos del grupo, y a mí, subir los tres a mi dormitorio. Ambas nos levantamos y le seguimos sin vacilar. Aunque la idea había partido de él, se puso muy nervioso. No podía con las dos, terminó por confesar. Nosotras estuvimos comprensivas y divinas. “Yo me voy. Quédate tú”, nos insistimos la una a la otra, como si nos cediésemos el último bocadillo de jabugo. Me quedé yo. Pero, apenas habíamos empezado, se oyeron voces en la sala. La esposa del pintor estaba en pleno ataque de nervios. La velada terminó sentados todos a su alrededor, dándole cucharaditas de manzanilla y palmadas en la espalda”.

SULPICIO.- No puedo creerme que esa gente cediese a cosa tan reaccionaria como los celos.

FELICIO.- ¡Celos! ¡Pero qué dices! Es que probablemente se les olvidó cantar La Internacional, y eso indignó a la esposa del pintor. Cosa muy natural, por lo demás. O tal vez le cabreó que subieran ellos solos al dormitorio, en lugar de hacerlo todo en el salón, para deleite de los demás. ¿Qué otra razón podía haber?

APARICIO.- Pues no, pues no. Atended: “Hacer el amor libremente, sin barreras, todos con todos. Podía ser magnífico… de no haber existido una fuerza ancestral, omnipresente, más poderosa que los eslóganes y las ideologías y las modas y los buenos deseos, una fuerza animal que podía con todo y nos sumía en las mayores contradicciones y en el ridículo más espantoso: los celos. El letraherido proustiano perseguí a su esposa con un cuchillo; la ilustre novelista mallorquina comparecía en la sala, llena de invitados, con las venas abiertas; Gabriel aseguraba no ser celoso, pero había un pequeño detalle sin importancia: si su pareja se acostaba con otro, él quedaba impotente; otro de nuestros grandes poetas temía que una noche, mientras dormía, su mujer le cortara el pene con unas tijeras… Y cuando Ramón Eugenio, el ex de Ana María Matute, fue abandonado por Matilde –una de las mozas que llevaba lista de los polvos echados cual si de trofeos se tratara–, que se aparejó con uno de mis amigos más queridos, el escritor Andrés Bosch, primero amenazó con lanzarse al vacío desde el altillo del restaurante donde todos estábamos cenando…”

MAURICIO.- Si os lo vengo diciendo, pero no me hacéis caso. Todo eso es completamente irracional, por lo que digo y sostengo que la masturbación es, dentro de la irracionalidad, lo que menos repugna a la razón.

SULPICIO.- ¡Por los cuernos de Belcebú! ¡Me tenían admirado esas gentes, y ahora me decepcionan!

SALICIO.- ¿Te admiraban, Sulpicio? ¿Harías tú lo mismo?

SULPICIO.- Hombre… pues no. Es como lo de nuestro común amigo Miguel Ángel y su Capilla Sixtina. Admiro todo eso que él hace, pero no me siento capaz de imitarlo, ¿entiendes?

SIMPLICIO.- Noto en algunos de vosotros un ligero tonillo de cachondeo, de irreverencia, vamos, y me parece a mí que esa gente de la que habla Aparicio merece un respeto. Fue la que acabó con la dictadura, derrocó a Franco y lo fusiló.

MAURICIO.- Jamás había oído yo tal cosa.

SIMPLICIO.- Porque solo lees a historiadores reaccionarios, a ex terroristas conversos a la extrema derecha, neofranquistas y gente así. Pero ahora, con la ley de la memoria y esas cosas, todo se está aclarando, que los franquistas nos han mentido de manera bárbara.

MAURICIO.- Por cierto, Aparicio, no nos has dicho qué gran obra de memoria histórica es esa de la que nos has leído esas cosillas.

APARICIO.- Es de doña Ester Tusquets, y se titula Confesiones de una vieja dama indigna.

FELICIO.- ¿Es que se considera indigna esa dama por hacer tales cosas? Sería el colmo

APARICIO.- Pues no, a decir verdad , ella está repleta de buenos sentimientos, una chica excelente y de muy buena familia…

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Los suecos no aman a las mujeres

Blog II: Escocia no amenaza a Europa (al contrario):http://www.gaceta.es/pio-moa/escocia-amenaza-europa-18092014-1806  

Flor de Escocia:https://www.youtube.com/watch?v=TwNTWaMHv2E

** Dicen que la Duquesa de Alba tiene la obligación de reclamar el trono escocés.

**Sospecho que en Escocia saldrá el NO. Tampoco me interesa demasiado, no es asunto nuestro, aunque el ambiente lacayuno crea lo contrario

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PATRICIO.- Pasada la horrísona tormenta de anoche, hoy los prados resplandecen, frescos, a la luz de este tibio sol mañanero, mientras balan las ovejas pingüemente lanares y alguna de las pacientes vacas entona mugidos en saludo al nuevo día, y de los castaños, robles, pinos y abedules nos llegan los dulces trinos de las avecillas. ¿No es esta la imagen misma de la felicidad? Tanto es así, mis dilectos amigos, que he dejado por unas horas mi trabajo de zapatero remendón para disfrutar de tanta dicha en vuestra compañía.

FABRICIO.- Pues aquí llega Salicio, que no parece compartir esa felicidad… ¿Por qué se escapan de tus ojos, incontenibles, las lágrimas, estimado compañero?

SALICIO.- ¡Oh, zagales, aunque alguno talludito! Hoy es un muy triste día para mí… Venía yo por la calle del arrabal porriñés do mi choza se halla, conduciendo mi pequeño, mas no por eso menos apreciado rebaño lanar, cuando sale de una bocacalle mi Amartilis. Si os digo que mi corazón se detuvo, os juro que no exagero un ápice. Sentía la boca seca y fui tras ella, que no me había divisado, hasta que, haciendo de tripas corazón, la llamé con un hilo de voz. Volviese y fijó en mí sus ojos con una intensidad que casi me provoca un desmayo. “¡Oh, esquiva Amartilis! –dije en cuanto pude recobrarme un poco–. ¿Algún día te dignarás bajar tu altiva mirada hasta este pobre que te adora y que la víscera cordial tiene hecha pedazos por tu causa?” Y comencé a afinar la zambomba para entonar un triste recital. Ella se me acercó con sonrisa enigmática y llegué a creer que por fin la había conquistado, gracias a mi arte, tan apreciado por mi rebaño. Mas ella se llega hasta mí, me arranca de las manos el instrumento… el instrumento musical… y, cambiando súbitamente de expresión, lo rompe y pisotea, y acaba destrozándolo con un considerable y sucio pedrusco que para mi mal allí cerca yacía. Luego da un par de palmadas para sacudirse la tierra del pedrusco y, sin una palabra, da la vuelta y se marcha… En verdad, caros colegas, que jamás me he sentido tan despreciado y miserable, y desde entonces, por más que lo intento como un hombre, no logro contener las lágrimas.
MAURICIO.- ¿Lloras por Amartilis o por la zambomba?
SALICIO.- Confieso que por un momento me enfurecí con la destrozadora de mi espléndida zambomba, compañera deliciosa en tantas soledades como sufre de ordinario un pastor, que no todo en nuestra vida son amenidades… Pero, y en esto veo la fuerza poderosa del amor, que subyuga las más recias voluntades, salvo un primero y fugaz instante de ira, debo admitir que mi amor por Amartilis no ha cesado, se ha intensificado incluso, ¿alguien puede entenderlo?
MAURICIO.- Pues míralo por el lado bueno: sin zambomba, tus ovejas pacerán como es debido, en lugar de distraerse: ahora están en los huesos, pero se pondrán sanas y robustas, y darán abundantes lanas y leches, con perdón. ¡Te harás rico, Salicio!
SALICIO.- ¡Ah, despiadado Mauricio, no sabes qué dices! Si obras como obras, en nombre de tu puñetera razón, solo puede ser porque no has conocido el amor, o más bien porque el amor ha preferido no conocerte…
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PATRICIO.- Venga, Mauricio, no repliques ahora al enamorado Salicio o será el cuento de nunca acabar…

FELICIO.- ¡Eh, muchachos, mirad! Ahí viene Complejicio por el sendero, leyendo cual suele, a punto de romperse la crisma en algún tropezón. Cuando no lee El Pis, lee algo de más enjundia todavía. Menudo culturón se está trajinando el gachó…

SULPICIO.- ¿Qué lees, Complejicio?

SIMPLICIO.- ¡Si no dejas de cachondearte vamos a acabar aquí a hostias! bien sabes que me llamo Simplicio, y si a alguno le fastidia, que se aguante.

SULPICIO.- Perdona, hombre, también a mí me llaman Suplicio…

SIMPLICIO.- Leo un informe muy especial, Los suecos no aman a las mujeres, de Estiego Larsón. Os vais a caer de culo: el 46% de las suecas ha sufrido violencia por parte de algún hombre!

SALICIO. ¡Rediez! ¡Y luego hablan de los países islámicos…!

SIMPLICIO.- ¿Te parece una barbaridad? Pues escucha esto: “El 13% de las suecas han sido víctimas de una violencia sexual extrema fuera del ámbito de sus relaciones sexuales.

MAURICIO.- ¿Y eso qué quiere decir?

SIMPLICIO.- Ni idea. Pero me quedo con lo del trece por ciento y la violencia sexual extrema. Supongo que quiere decir violaciones o algo así.

SALICIO.- ¡Por todos los demonios…! ¿Y cuántas habrán sufrido violencias sexuales menos extremas?

SIMPLICIO.- Atended, atended: El 18% han sido amenazadas alguna vez por un hombre

MAURICIO.- Aún lo entiendo menos. Normalmente la amenaza precede a la violencia, y si es el 46…

SIMPLICIO.- Deja de buscar cinco pies al gato, racional Mauricio. Fijaos: en Suecia el 92% de las mujeres que ha sufrido abusos sexuales en la última agresión, no lo han denunciado a la policía

FELICIO.- ¿Tan poco se fían de la policía?

SIMPLICIO.- Ten en cuenta que la mayoría de los policías son hombres, y por tanto…¡Igual, si van a denunciar, las violan otra vez, no me extrañaría un pelo!

MAURICIO.- Pero vamos a ver, Simpli, querido colega, ¿quiere decir que en la agresión penúltima denunciaban más? ¿O menos?

SIMPLICIO.- ¡Y yo qué sé! Es lo que pone el informe. Parece claro que los suecos no aman a las mujeres… Bueno, supongo que algunos sí.

MAURICIO.- Pues pocos serán, porque si el 46% les pega, habrá que suponer que otro porcentaje parecido pasará de ellas, le serán más o menos indiferentes, no voy a entrar en las razones, así que no sé si quedará un 8 ó un 10% de excepciones. Lo digo por la campana de Gauss y esas cosas, ya sabes.

FELICIO.- ¡Quién nos lo iba a decir! Aquí parece ocurrir al revés, fíjate en lo que le acaba de pasar al pobre Salicio, el destrozo moral que le ha causado Amartilis… ¡Y por aquí todos convencidos de que las suecas eran unos pendones verbeneros que se divertían de lo lindo…

SIMPLICIO.- Bueno, un poco putones, sí parecen. Según el informe, apenas conocen a un tío que les gusta se van con él a la piltra, y casi siempre por iniciativa de ellas. ¡Y a mí me parece muy bien, que conste, yo soy hombre progresista de amplia visión, no como algunos de vosotros… Lo que no parece claro es que se diviertan tanto.

MAURICIO.- Pues yo creo que debemos establecer relaciones lógicas: los suecos llevan casi toda la vida con la socialdemocracia, quitando unas pocas temporadas, y eso, seguramente, explica muchas cosas.

SIMPLICIO.- Pues el informe dice que quienes maltratan a las mujeres son los nazis

SALICIO.- ¡El diablo me lleve! ¿Tanto nazi hay en Suecia?

FELICIO.- ¡Voto a tal, que son raros estos suecos! Pues yo afirmo y sostengo que la naturaleza no ha hecho cosa más bella que un par de buenas tetas.

SULPICIO.- ¡Profundas y acertadas palabras, Felicio! Por lo cual yo propongo que en adelante no califiquemos a la naturaleza de “sabia”, sino de “sapientísima”.

PATRICIO.- Abundo en vuestra opinión, que hago propia. Más aún: entre nosotros podemos referirnos a la naturaleza como “la Sapientísima”, sin más, y ya sabríamos de quién hablamos. Una vez arraigue la cosa en Porriño, no tardará en extenderse al mundo entero, en esta época de globalización

MAURICIO.- ¿Pero no os dais cuenta de que con vuestras chorradas desdecís del increíble nivel intelectual y racional de nuestra amada villa de Porriño? Como sigáis así, habrá que instar a la autoridad competente a que os expatríe.

FABRICIO.- Vamos a ver, Simplicio, cacho bergante, ¿Cómo dices que se llama el autor de ese gordo informe?

SIMPLICIO.- Estiego Larsón

FABRICIO.- Déjame ver ese tocho, maldita sea

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Una cosa es estudiar un idioma extranjero, y otra que obliguen al país a ser colonizado por él. El PP es más hispanófobo que los separatistas

El PP trata de desplazar y destruir la cultura española: una de cada tres carreras universitarias se estudiará en inglés o bilingüe.

El hispanófobo y bolinaguesco Rajoy, con 5 millones de parados y la economía estancada, cree que no hay vida fuera de la UE.

Los lacayos hispanos deberían nacionalizase ingleses.Aunque no sé si los ingleses admiten a lacayos foráneos

Realmente impresiona la fuerza que han alcanzado Podemos y los lacayos anglómanos. La putrefacción de la sociedad española.

El oficioso y lacayuno PP dedica una plaza a M. Thatcher, la imperialista inglesa de “bombardeemos Madrid”.

Thatcher era nacionalista-imperialista inglesa.Despreciaba lo hispano, como sus lacayos españoletes

La Thatcher era una gran patriota inglesa, e imperialista. Defendía lo suyo y hacía bien. El PP defiende también lo suyo. Lo de Inglaterra.

 

 

 

 

 

 

 

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Educación y enseñanza

Blog I. El PP destruye la cultura española: http://www.gaceta.es/pio-moa/destruccion-cultura-espanola-16092014-1927 

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Siguiendo la tendencia anglosajona, se va perdiendo la diferencia entre educación y enseñanza. La educación  atañe a la formación del carácter, y la enseñanza a la capacitación práctica mediante conocimientos y destrezas.  Por lo general, la primera se adquiere fundamentalmente en familia y la segunda en la escuela.  El concepto de educación abarcando las dos cosas tiene relación con la tendencia actual a que la educación sea monopolio de la escuela, es decir, del estado o más propiamente de los políticos que lo dirigen.  Una tendencia muy fuerte en todos los países. Claro está que no hay una diferencia absoluta entre ambos conceptos, porque la educación implica ciertas enseñanzas y la enseñanza una dosis de educación (por ejemplo, la disciplina).

   Antaño la educación corría a cargo de los padres, y más inmediatamente de  las madres, pero en una época en que un hogar no puede sostenerse  con un solo sueldo, en la mayoría de los casos, la tarea educativa recae fundamentalmente en la televisión y en internet, además de la escuela. Los padres pintan cada vez menos, máxime cuando la institución familiar se halla en crisis  con la  abundancia de divorcios, niños con un solo padre, etc.; y  a su vez, los padres suelen estar “educados” ya, por la televisión.

     La televisión educa  de manera difusa, pero eficaz, por medio del ejemplo en todo tipo de productos, particularmente en series y entretenimientos para todas las edades. Estos transmiten un determinado modo de ver la vida, de “funcionar”; una moral  cada vez más alejada de la tradicional y más empapada de cultura anglosajona, que desplaza aceleradamente a la hispana. Los valores máximos son el éxito y el hedonismo. No es de extrañar que la salud social haya bajado tanto en las últimas décadas: abortos, prostitución, delincuencia, drogas, alcoholismo, violencia doméstica, fracaso familiar y  escolar, etc. Se diría que la televisión está hecha por una mezcla de pervertidos y descerebrados, carentes en todo caso de arraigo en la cultura hispana, y tampoco en la tradicional anglosajona.

   En el otro blog trato una de las facetas de esta tendencia, que está simplemente desplazando y anulando nuestra cultura.

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#SonaronGritosyGolpesALaPuerta: “La gran novela sobre los Años de Hierro de la historia de España” http://www.esferalibros.com/libro/sonaron-gritos-y-golpes-a-la-puerta/…”Por 1ª vez tengo una idea concreta de como se desarrolló la república, la guerra civil y la posguerra” Emile Bravo, #SonaronGritosyGolpesaL“Visión distinta de una parte crucial de la historia de España. Gana en calidad según… avanza el relato” Enrique Campos #SonaronGritosyGolpes

“Excelente novela…inmensa talla del autor.Atrapa al lector de la primera a la última página con un final inesperado” Indivil #SonaronGrito

“Ofrece una visión muy interesante de la guerra civil desde el bando republicano, especialmente en Barcelona” Trotamundos #SonaronGritosyGol

“¡De imprescindible lectura!” Emile Bravo, #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“La temática de la Guerra Civil no se trata como una historia de buenos y malos lo cual se agradece” aticatac72 #SonaronGritosyGolpesaLaPuer

“La versión contraria a esta, ya estaba empachado de escucharla” Emile Bravo! #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“Sólo por ser el autor que es no vale la pena ni mirarla.Y no soy sectario. No gasten un euro en ella” MiguelRo #SonaronGritosyGolpesaLaPuer

“Brillante novela” Indivil #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“No apta para aquellos que sean sectarios” Jesús #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

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