Goytisolo aclara la situación

**Blog I: Rescatar la historia y “abrir el horizonte de España: http://www.gaceta.es/pio-moa/rescatar-historia-yabrir-horizonte-espana-27042015-0858

**Último programa de “Cita con la Historia”: Antifranquismo y democracia (título de un capítulo de Los mitos del franquismo) https://www.youtube.com/watch?v=UGl4zmaxiuc

*****************************

Con motivo de la concesión del premio Cervantes a Juan Goytisolo se ha destacado mucho su tajante negativa anterior a aceptarlo, ya que, según él se trata de un premio fraudulento.  Fray Josepho: -Don Juan, ¿aceptaría el Premio Cervantes? -Nunca, jamás, aceptaré el Premio Cervantes. -¿Y si se lo conceden? -Bueno, en ese caso sí. En fin, las comicidades de tantos intelectuales reivindicativos, “comprometidos” con lo que sea.

   ¿Por qué le han dado el premio? La clave, bajo la hojarasca retórica, está en un artículo de César Alonso de los Ríos, de hace catorce años,  Don Julián, hoy”, donde denunciaba el tono antiespañol de la mayor parte de nuestra mediocrísima intelectualidad. Juan Goytisolo, en su reivindicación del conde famoso fue, en efecto, el más claro formulador de ese talante, en realidad viejo: “la negación del suelo patrio, de las tradiciones, de la moral convencional, incluida la heterosexualidad… Quizá esta última nota fue la menos celebrada: se tomó como un dato puramente personal aun cuando la consigna de Goytisolo era bien clara: la revolución total, la traición total, el entreguismo total pasaba por la reconversión sexual“. Le han dado el premio precisamente por eso.

   Los premiantes han obligado al rey a soltar tonterías sobre el “carácter cervantino” del  premiado. Si algo representa Goytisolo, quizá a partir de sus amores  homosexuales, es precisamente a quienes apresaron y esclavizaron a Cervantes durante cinco años, estando a punto de enviarlo a Constantinopla para su pérdida definitiva para la historia y la literatura.  Cervantes, soldado precisamente contra lo que defiende Goytisolo,  era  lo que podríamos llamar  hoy un españolista profundo: “Y soilo, y soilo (español); lo he sido y lo seré mientras que viva y aun después de ser  muerto ochenta siglos”, hace decir a uno de sus personajes. La concesión del Cervantes, en este caso, lleva el absurdo  malintencionado al colmo de lo grotesco. Pero tiene la virtud de reflejar la calidad intelectual y moral hoy predominante entre los intelectuales o quienes se consideran tales.

Alberto Cardín, otro escritor homosexual, llamaba Álvaro Sologaitas al nuevo “cervantes”,  y da grima leer las oficiosidades  de los del jurado, empezando por Caballero Bonald. Pero debe reconocerse al galardonado su mérito al despreciar y prácticamente injuriar sin remilgos a sus charlatanescos benefactores, dejándolos en evidencia: “Ser objeto de halagos por la institución literaria me lleva a dudar de mí mismo”, dijo entre otras cosas. Un premio fraudulento, en efecto. En fin, un majadero poniendo las peras a cuarto a otros majaderos. Y estos elementos calificaban de “páramo cultural” a otros tiempos culturalmente harto más dignos.

Creado en presente y pasado | 109 Comentarios

Problemas absurdos con el dinero

Blog II: Plena actualidad de un artículo de hace 18 años: Julián Marías. “¿Por qué mienten?”:http://www.gaceta.es/pio-moa/julian-marias-mienten-24042015-1744

********************

FABRICIO.- ¡Ah, es cierto, buen Sulpicio! La crisis empieza a golpearnos rudamente, mas ¿qué podemos hacer frente a ella si no entendemos qué es, de dónde viene y adónde va? Dejemos, al menos por ahora, las cuestiones algo metafísicas que nos plantea Salicio sobre dioses y dineros y divaguemos sobre estos misterios.

SULPICIO.- Yo propongo que volvamos al dinero, pues parece estar en la base de todo el problema. Si hemos de considerar una mercancía al dinero, admitamos, con Aparicio,  que se trata de una mercancía muy especial. El usurero no te vende dinero, te lo da a cambio de nada palpable, solo de la garantía de que se lo devolverás con creces, respondiendo con tus propiedades y hasta con tu persona. Hay una base de confianza. Cuando el Cid consigue un préstamo de los judíos dando en prenda la arena, solo los engaña a medias: los judíos esperaban que el Cid les devolviera el préstamo –como se supone que hizo cuando le sonrió la fortuna–, y entre tanto la prenda real era su prestigio.  En los negocios siempre hay un margen de incertidumbre, puesto que se hacen pensando en el futuro. Pero en definitiva es lo mismo. Quiero decir, si me lo permitís, que el dinero es más que un simple instrumento de apreciación de las mercancías. Tiene su propia lógica, su propio dinamismo, que en parte se parece al de las mercancías corrientes y en parte no. Las mercancías se aprecian en dinero, pero el dinero ¿en qué se aprecia?

SALICIO.- En su capacidad para adquirir mercancías, supongo.

SULPICIO.- Pero la capacidad es algo impalpable, intangible. Depende de la confianza. Y la confianza depende de dos cosas: de la autoridad del gobierno o el estado que crea el dinero,  y de la experiencia. De modo que un estado puede hacer las cosas mal, y entonces la confianza desaparece y el dinero pierde su propio precio, su capacidad de compra. Admitamos que el estado puede hacer las cosas bien, y entonces hay prosperidad, o hacerlas mal, y entonces viene la crisis.

APARICIO.-  Y digo yo, ¿no estará el problema en el estado? ¿No sería más razonable que el dinero, como cualquier otra mercancía,  se fabricase privadamente, es decir, que cada quisque emitiese su propio dinero y la gente lo aceptase o no?

SALICIO.- No sé por qué, me parece que eso sería como dejar que cada cual fuese por la carretera por la mano que le pareciese, aparcase en ella donde le diera la gana, etc.

SULPICIO.- En cualquier caso sospecho, si me lo permitís, que sería un galimatías, porque te encontrarías con que un dinero que tú aceptas podría no ser aceptado por otra persona con la que comercias, o que te lo acepta, pero a un cambio distinto de aquel por el que lo has obtenido. Además, tendríamos que quienes ofrecieran un dinero más fiable se irían adueñando del mercado del dinero, y al final quedarían unas pocas monedas… Ocurriría en cada país lo que ocurre en el plano internacional con las monedas, que suben y bajan, son más o menos aceptables, etc. Sería un tremendo galimatías, a mi modesto entender.

Creado en presente y pasado | 59 Comentarios

“Antifranquismo y democracia” en “Los mitos del franquismo”

**Recuerdo a mis amables lectores que el programa “Cita con la Historia” puede acabarse si el micromecenazgo no logra cubrir los próximos meses.  Es cuestión de decidir si preferimos la queja inane a la acción y apoyo a iniciativas que pueden ser fructíferas. “Cita con la Historia” hace 13 meses con la intención de convertirse en un referente para muchos frente al “Himalaya de falsedades”, que decía el socialista Besteiro de su propio bando, y que ha  vuelto a elevarse en estos tiempos. Mientras no entendamos que una historia veraz es esencial  para una política actual sana, democrática y no corrupta, el mal seguirá progresando.

**Hoy, a las 22,00 estaré en El gato al agua para hablar de Los mitos del franquismo

—————————————

El capítulo 27 de Los mitos del franquismo va dedicado al carácter del antifranquismo y su relaciòn con la democracia. He aquí su comienzo:

Hemos visto algunas de las versiones más circuladas en estos años sobre el franquismo y el antifranquismo, concretables en estos puntos:

  1. El franquismo nació de un golpe militar contra “la democracia republicana”
  2. El franquismo tuvo carácter fascista, al menos al principio, y totalitario siempre.
  3. Si España se libró de la II Guerra Mundial no se debió a Franco, sino a Hitler, o bien a los sobornos ingleses o a la habilidad de un político useño.
  4. La represión franquista tuvo carácter “genocida”, sin parangón con otras represiones aplicadas en Europa durante o después de la guerra mundial. Solo cabe emparentarla con el terror nazi y se habla incluso de “holocausto”.
  5. Los judíos salvados por España lo fueron contra las instrucciones del gobierno, que en realidad colaboró en la persecución del III Reich.
  6. La División Azul cometió numerosos crímenes de guerra y se componía de delincuentes o de desharrapados que querían escapar del hambre. O bien fue un expediente de Franco para librarse del sector revolucionario de la Falange.
  7.  El maquis  luchaba por la libertad y la democracia.
  8. El Valle de los Caídos fue construido por 20.000 presos “republicanos”.
  9. Don Juan y sus partidarios representaban una viable solución democrática
  10. El franquismo practicó un genocidio, al menos cultural, contra Cataluña y “Euskadi”. Y  oprimió de manera especial a “la mujer”.
  11. Si en algunos casos el régimen se liberalizó o disminuyó su terror se debió al temor a las presiones del exterior o de la oposición antifranquista.
  12. El franquismo salió del aislamiento sin mérito especial, a costa de venderse a Usa  y simplemente porque le convino a Usa en la guerra fría.
  13. La década de los años 40 se caracteriza por el hambre, la tristeza y el terror. Los años 50 fueron también una década económica y políticamente “perdida”.
  14. La prosperidad económica de los años 60-75 fue un simple reflejo de la prosperidad occidental y basada en “factores exógenos”, como el turismo y las remesas de emigrantes.
  15.  Los aumentos en las rentas,  la enseñanza,  y cualquier  cambio social positivo se habrían realizado al margen o contra el franquismo, pese a ser descrito este como una dictadura terrorífica.
  16.  Culturalmente, el franquismo fue un páramo o erial. Las manifestaciones culturales que se separaban de la línea oficial eran censuradas y sus autores sañudamente perseguidos.
  17.  El franquismo “utilizó” a la Iglesia (al parecer contra la voluntad de esta).
  18.  Los que luchaban contra el franquismo (básicamente los comunistas y los separatistas de la ETA) eran demócratas. El PCE luchaba por las libertades y la reconciliación entre los españoles.
  19. La tortura fue siempre práctica habitual, y las cárceles del régimen estaban repletas de demócratas sometidos a pésimas condiciones.
  20.  Franco era un individuo militar y políticamente inepto y sanguinario, e intelectualmente nulo, aunque dotado de “astucia aldeana”.
  21. La crueldad de Franco se revela también en que murió condenando a muerte a varios “luchadores por la libertad”.
  22.  La transición a la democracia se debe fundamentalmente a la política y las movilizaciones antifranquistas. O bien fue planeada por Usa, siendo sus actores españoles simples ejecutores secundarios y más o menos inconscientes.
  23. La reconciliación entre los españoles se alcanzó en la Transición

    Otras versiones más particulares atañen al magnicidio de Carrero, la ejecución de Julián Grimau, el Juicio de Burgos, etc. Y dejo aparte los mitos de la propia guerra civil, como el alcance del bombardeo de Guernica, la matanza de Badajoz,  el “salvamento” de los cuadros del Museo del Prado, etc., analizados en otro libro; tampoco menciono  mitos recientes forjados por la inventiva de unos u otros, como el de “los niños robados”, el asesinato del general Balmes por Franco…  Una vez definido el franquismo como un totalitarismo al estilo nazi, y como luchadores por la libertad a sus opositores, la capacidad mitificadora no encuentra más límites que los de la imaginación.

   Las enumeradas versiones antifranquistas, todas o en parte, han cundido masiva y tenazmente a través de los medios de comunicación, de numerosos departamentos universitarios, historiadores y escritores muy varios. Han destacado al efecto el grupo PRISA con sus potentes instrumentos ElPaís y la SER; el derechista ABC, el grupo ElMundo y las televisiones públicas y algunas privadas; todos los medios separatistas;  películas, novelas y  series televisivas tipo Cuéntame, o Amar en tiempos revueltos. Y han destacado en la labor figuras como Ansón desde ABC, Cebrián, inspirador de PRISA, los historiadores Preston, Gibson, Jackson, Malefakis y la nutrida cohorte de sus imitadores castizos, Juliá, Viñas, Moradiellos Reig Tapia, y decenas más;  políticos, desde Alfonso Guerra a Rajoy o Garzón, pasando por Zapatero, así como, por omisión o vacío intelectual, Suárez y Aznar, más, naturalmente, los separatistas. El acuerdo entre tantos  e ideológicamente tan dispares medios y personajes inclinaría a creer en la veracidad de tales versiones, pero no ha sido rara en la historia la imposición de tesis absurdas durante un tiempo. Muchas de esas tesis sucumben al primer análisis lógico, y todas sin excepción chocan con los hechos y documentos conocidos,  quedando en grandes exageraciones, desenfoques o puras falsedades, como hemos ido viendo.

    Ello nos obliga a plantearnos la razón de tales desvirtuaciones y el carácter de sus promotores

Creado en presente y pasado | 150 Comentarios

La igualdad moral o el liberalismo totalitario

**Blog I: La destrucción de la cultura española:http://www.gaceta.es/pio-moa/destruccion-cultura-espanola-20042015-1407

Me comunican algunas personas que en algunas librerías se niegan a vender Los mitos de la guerra civil. El caso no es nuevo  y lo he denunciado otras veces. Y me temo que los grandes medios de masas harán el vacío al libro, como lo han hecho a  muchos otros míos, hasta a la novela Sonaron gritos y golpes a la puerta. Estos hechos, entre tantos otros, revelan una degradación intelectual y comercial contra la que es preciso luchar. Como venía a decir Stanley Payne, uno se pregunta si España es realmente un país democrático y culto.

**”Cita con la Historia tiene cubierto económicamente el mes de abril y la mayor parte del mes de mayo. Recordamos a nuestros oyentes y lectores que es un programa independiente y no subvencionado, por lo que cu continuidad  depende de sus aportaciones. Las cuentas son: por  paypal : tiempodeideassigloXXI@gmail.com  Directa del  banco: Es09 0182 1364 33 0201543346

*******************************

 Un rasgo típico de las utopías consiste en partir de algún principio simple en el que  encuentran la solución a todos o los principales problemas sociales o más en general humanos.  En el caso de Rallo y otros liberales de su escuela, su concepto básico es la igualdad moral de todos hombres. Pero ya empiezan las incoherencias al aseverar: Moa se niega a admitir que quienes se oponen a la libre inmigración sean moralmente inferiores a los liberales. Ahí está la cuestión: si yo no acepto su idea de la inmigración (y otras), resulta que no soy  igual moralmente a los liberales  tipo Rallo, sino inferior. ¿En qué quedamos?  ¿Son iguales moralmente los nazis, los comunistas, los islámicos los liberales, los católicos, los animistas…?  ¿O unos son más morales que otros? Porque  humanos lo son todos.

   Añade: “No podemos  considerar que  los fines existenciales de ninguna persona posean prevalencia moral sobre los fines de ninguna otra persona”. El mismo problema: ¿no tienen prevalencia los liberales sobre los marxistas, según el propio Rallo?  ¿Cómo se soluciona  el problema?  Necesitaremos de un conjunto de normas que permitan coordinarnos y resolver nuestras disputas imparcialmente: normas que no pueden ser ni las tuyas ni las mías (pues en tal caso tú estarías imponiéndome tus fines a través de tus normas y viceversa) sino que han de ser las de ambos. ¿Y cómo alcanzar normas comunes y universales dentro de un grupo? Sólo a través del consentimiento unánime dentro de un grupo o reconociendo la existencia de meta-normas que minimicen la interferencia de unos individuos sobre otros (o de unos grupos sobre otros)”. Pero el consentimiento unánime no es humano, y en realidad solo puede existir en sociedades como las de las abejas o las hormigas. Y reconocer  “meta-normas” es ya alejarse de ese consenso unánime y entrar en terrenos  muy interpretables.  En dos palabras, el consentimiento solo funcionaría (teóricamente) si todo el mundo fuera o pensara como esos liberales, negando así de paso la igualdad moral a quienes no coincidieran con ellos. Sería un liberalismo totalitario.

    Pero ni siquiera si todo el mundo pensara como Rallo sería posible la unanimidad más allá de una declaración de principios típicamente buenista, pues en su interpretación nos pasaríamos la vida discutiendo sin llegar a la unanimidad. Además, en la práctica los seres humanos y sus “fines existenciales” entran constantemente en conflicto, hasta entre los propios liberales, pues no todos pensamos como Rallo. Y, supuesto alcanzada esa unanimidad, ¿quiénes  harían cumplir las normas y las metanormas?  Las unanimidades en torno a declaraciones abstractas y buenistas, aparte de ser interpretables de muchos modos,  desaparecen tan pronto se baja a la práctica real. Haría falta un poder ejecutivo que las interpretase y las impusiese, gustase o no a quienes tuvieran “fines existenciales” no acordes con los establecidos.  Él dice que es concebible un derecho sin estado igual que un estado sin derecho. Lo último es concebible, en efecto (estados tiránicos) pero lo primero solo lo es desde el puro deseo arbitrario, no desde un pensamiento serio y atenido a la realidad. Suena a frases como “la anarquía es la máxima expresión del orden” de los anarquistas, simple juego de palabras.

   Rallo detesta al estado-nación porque en él No hay igualdad moral: el Estado-nación sólo reconoce la igualdad moral entre los nacionales que se sientan nacionales; el resto de personas o son extranjeros con derechos separados o son nacionales que deben someter sus fines vitales a las obligaciones superimpuestas por la mayoría.  Exactamente como pasa con los liberales de Rallo, supuesto que obtuviesen la mayoría. ¿O daría iguales derechos a los nazis o a los yijadistas con sus fines existenciales?  El Estado-nación no tiene nada que ver con una peña o una asociación, pues la filiación a estas últimas es voluntaria: deriva del consentimiento individual de cada miembro. Pues, de nuevo, lo mismo ocurre con el estado-nación: sus miembros pueden irse o nacionalizarse en otro país, si lo prefieren, y algunos, o muchos, siempre lo han hecho. Sobre la base de la argumentación de Rallo, un estado-nación solo podría constituirse con inmigrantes que voluntariamente hayan adoptado la nacionalidad. Los demás, los naturales de él, a quienes nunca se les ha ocurrido que debían “consentir”  su nacionalidad,  no tendrían el mismo derecho. Por lo demás, tampoco ha elegido ningún individuo la familia, la posición social, la cultura, la lengua,  el lugar o la época en que ha nacido, sin que a nadie se le ocurra hasta ahora protestar porque ello coarta su libertad  individual. Creo que el argumento de Rallo conduce directamente al absurdo utópico.

  Por lo demás, si los estados- nación subsisten es solo porque la inmensa mayoría de sus miembros acepta su cultura, sus leyes, sabe que su nación va mucho más allá de su existencia individual, y se siente identificado con todo ello. ¿Habrá que someter a un consenso unánime la existencia de la nación porque algunos ciudadanos se declaren contrarios a ella, ya que no se les ha consultado  al respecto?  ¿Y cada cuánto tiempo?  ¿Habrá que negar la historia y  el valor de los esfuerzos de los antepasados como absurdos o moralmente inválidos? ¿Qué es aquí lo absurdo?

   Si no existe una obligación positiva a compartir nuestro domicilio con españoles, tampocola habrá con los no españoles. No hay  esa obligación para quienes rechazan la inmigración irrestricta, pero  sí para los liberales que propone Rallo. ¿No es pura hipocresía hablar de igualdad moral cuando gran número de inmigrantes viven en la miseria, sin casa ni trabajo o forzados a tareas muy malas o degradantes…?  La hipocresía solo dejaría de serlo si quienes piensan como Rallo tomaran medidas individuales para hacer efectiva esa igualdad moral, aunque me temo que piensen más bien en que esas medidas las tome coercitivamente el poder del estado… rompiendo la unanimidad de quienes estamos en desacuerdo y obligándonos a pagar los costes.

   Por otra parte, Rallo expresa una concepción del estado típicamente marxista: Convertir al Estado en un mecanismo institucional para que las élites dominantes (sean mayorías electorales o no) impongan normativamente sus valores morales al conjunto de la población es una forma de imponer una solución violenta a las controversias humanas: aquella norma engendrada por el Estado —por el mero hecho de haber sido engendrada por el Estado como aparato militar— es válida y ha de ser acatada por todos. Por lo visto, él supone que la unanimidad que él predica puede aplicarse sin un fuerte aparato coercitivo. En realidad, cuanto más unánime se pretenda, más fuerte e impositivo tendrá que ser el “derecho sin estado”  que haga cumplir las unanimidades frente a los renuentes. Y no debe olvidar que quienes han formado los estados son las sociedades compuestas de individuos moralmente iguales.

   No voy a extenderme sobre los temas particulares tratados. El principio sobre el que asienta Rallo sus construcciones es una frase vacía, fuera de generalidades de escasa aplicación práctica como la de que “Todos somos hijos de Dios”. Puede ser verdad, pero las sociedades humanas nunca han funcionado ni pueden funcionar sobre tales igualdades. Habría que especificar además, en qué consiste ahí la moral. Seguramente entraríamos en interpretaciones muy diversas, lejos de consentimientos unánimes. No: los problemas de la realidad han de resolverse teniendo en cuenta la realidad, actual e histórica. No cabe denunciar  o rechazar  esas realidades simplemente porque no se acoplen a tal o cual principio supuestamente liberador.

Creado en presente y pasado | 230 Comentarios

En torno al liberalismo: objeciones a Juan Ramón Rallo

En “Cita con la Historia”, este domingo, hablaremos  de algunos problemas relacionados con el libro Los mitos del franquismo 

*********************************** 

Juan Ramón Rallo ha escrito un artículo sobre el liberalismo y las libertades (http://vozpopuli.com/blogs/5752-juan-r-rallo-lo-que-tambien-es-el-liberalismo), al que creo que pueden hacerse algunas objeciones:

- Inmigración: El liberalismo defiende la libertad de movimientos de mercancías, capitales y personas. Los derechos individuales no son una licencia o una concesión que cada Estado-nación les otorgue a sus súbditos, sino el reconocimiento de la igualdad moral entre todos los seres humanos

La igualdad moral entre todos los seres humanos no depende de la licencia o concesión de alguna ideología, liberal o no. O existe o no existe. En cuanto a la  libertad de movimiento de mercancías (que no se mueven solas), no puede equipararse a las personas. En nombre de esa libertad se organizaron las guerras del opio, por ejemplo.  El estado-nación tiene, no ya el derecho sino la obligación de impedir la libre circulación de mercancías peligrosas y dañinas, así como de capitales relacionados con ellas. Asimismo, la de proteger al país de una invasión “pacífica” de inmigrantes moralmente iguales, pero con culturas, costumbres y valores que pueden entrañar graves conflictos. Además, una cosa es moverse y otra asentarse. El concepto de igualdad moral del ser humano es muy anterior al liberalismo, y la igualdad, en ese plano, se manifiesta en una multitud de desigualdades.  Las naciones y las culturas y estados nacionales, con sus diferencias unos de otros, son asimismo manifestaciones de la igualdad moral de los humanos, lo mismo que la formación de asociaciones, peñas o clubs que exigen determinadas normas de pertenencia. La igualdad moral tampoco obliga a nadie a ceder su casa a otros. Los que se oponen a la inmigración irrestricta no son moralmente inferiores a los que la defienden en nombre de un supuesto liebralismo.  Ahora bien, quienes defienden la  inmigración  en nombre de la moral, tienen, por esa razón, obligación también moral de compartir su domicilio y su trabajo con esos inmigrantes, al menos mientras estos no encuentren otro. Y no tienen derecho a imponer su postura y que el estado-nación, es decir, los demás que no comparten sus ideas, carguen con los costes de sus propuestas.

 La vida va inexorablemente ligada a la muerte y, por tanto, la concepción de buena vida de algunas personas puede pasar por escoger el momento y las condiciones de su muerte. Eso, y no otra cosa, es la eutanasia: una buena muerte o muerte digna según la particular perspectiva de quien desea someterse a ella.

   Todo suicidio es una eutanasia desde el punto de vista de la persona que lo practica. También puede decirse que es una libertad, por cuanto, aunque se lo prohíba, nunca puede impedirse.Un problema de ese derecho al suicidio es que cada individuo puede tener  una idea distinta de lo que es buena y mala vida, o buena y mala muerte. Sobre ese tema hay otras concepciones: no somos dueños de nuestra propia vida, que realmente nos ha sido dada. Por mi parte no me pronuncio al respecto. Por lo demás, la “muerte digna” no es una concepción necesariamente liberal: los nazis o los comunistas la aceptaban igualmente.


- Drogas: El liberalismo reivindica el derecho a la integridad sobre el propio cuerpo, pero no porque el cuerpo humano sea un objeto sacro que merezca una protección absoluta frente a cualquier posible perjuicio, sino porque los daños sobre nuestro cuerpo pueden limitar (en ocasiones, estructuralmente) nuestra capacidad de acción y de consecución de nuestros objetivos vitales.

Obviamente, el argumento es falso. El único que puede decidir sobre la capacidad de acción y consecución de objetivos vitales es el individuo, y si prefiere las drogas y su adicción, es cosa suya, si seguimos el resto de la argumentación ultraindividualista de cierto liberalismo simple. El argumento contra las drogas no puede ser ese: el drogadicto no solo se daña a él, daña también a todo su entorno familiar y social. El individuo no es una isla, y lo que hace repercute  inevitablemente en ese entorno. Por eso existen leyes que limitan inevitablemente la libertad individual. Y las leyes provienen del estado-nación.

- Prostitución: El liberalismo también defiende la libertad sexual. Los actos consentidos a este respecto entre adultos no deben ser violentados por otras personas: a saber, lo que pasa en la alcoba es sólo de la incumbencia de las personas que están en ella, no de terceros no invitados.

Con esa libertad sexual sucede lo mismo que con las drogas. Una cosa es decir que la prostitución es inevitable, y otra presentarla como algo inocuo o incluso bueno como resultado de la “libertad sexual”. La prostitución no es solo incumbencia de dos (o más) personas en una alcoba, y suele ir ligada a las drogas y diversas formas de degradación personal y social, a menudo también a enfermedades. ¿Por qué no emplea  el mismo argumento que con las drogas en el sentido de que la prostitución daña la “capacidad de acción”, etc.?

- Gestación subrogada: Las tecnologías reproductivas actuales permiten la gestación del embrión en el vientre de una mujer distinta de aquella que aporta la carga genética.

   Como en los casos anteriores, aquí desaparece la cuestión moral, que es la que precisamente define  al ser humano en relación con los animales. Una cosa es que las técnicas permitan mil cosas, y otras que esas cosas sean buenas o aceptables. El problema no se resuelve tan simplemente.

–El liberalismo no se restringe a asuntos reduccionistamente económicos, sino que promueve una convivencia pacífica y mutuamente respetuosa entre los heterogéneos planes vitales de todas las personas.

De nuevo entramos en un dogmatismo que elude cuestiones fundamentales. La convivencia pacífica y mutuamente respetuosa no existe ni puede existir, al menos con carácter general: las relaciones humanas son inevitablemente conflictivas y generadoras de violencias de mil tipos. Y es el estado nación con sus leyes –y no buenas intenciones  de paz y respeto que todo el mundo puede tener sin gasto alguno– el que procura impedir, sin lograrlo nunca del todo, que la convivencia sea aceptablemente pacífica y respetuosa.

   Obviamente, el estado tiende a volverse despótico y extender su poder sobre todas las relaciones humanas, y gran parte del pensamiento político occidental se ha dirigido a evitar el despotismo. Pero entender al estado, al modo de los anarquistas, como el enemigo clave que impide a las personas “una buena vida y una buena muerte”, ya cae en el utopismo dogmático. 

El fondo de todas las utopías es la negación del carácter moral del ser humano, que sería naturalmente “bueno” y “libre” si no lo impidieran tales o cuales instituciones, el “poder”, el estado o “la sociedad”… que son todos ellos creaciones de ese ser humano naturalmente “bueno y libre”. Los utopistas no admiten el “pecado original”, un mito muy expresivo del paso del instinto a la moral. Es decir, de la animalidad propiamente dicha a la humanidad, con sus cargas, riesgos  y dificultades característicos.

Creado en presente y pasado | 83 Comentarios