La vida sigue…

Blog I: Por qué el PP es proetarra:http://www.gaceta.es/pio-moa/pp-proetarra-01092014-1535

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El próximo domingo recomienza “Cita con la Historia”. Un programa anterior: http://www.ivoox.com/cita-historia-la-caida-de-audios-mp3_rf_3353458_1.html 

Una derecha intelectual y políticamente inane recoge la terminología, las leyes y las actitudes de la izquierda. Rajoy sigue a ZP

Aznar llevó a la ETA al borde del precipicio. ZP y Rajoy la han rescatado brillantemente: http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/lagrimas-de-gratitud-61602/ 

Si la ETA tuviera alguna vergüenza, agradecería a ZP y a Rajoy los magníficos servicios que le han prestado.

Cuanto más corruptos o proterroristas, más antifranquistas.

El oficioso y lacayuno PP va a dedicar una plaza de Madrid a Margaret Thatcher. La de “Bombardeemos Madrid”.

Los únicos con autoridad moral para proclamarse antifranquistas son los que lucharon contra Franco: comunistas y terroristas.

¿Es casual que los gobiernos colaboradores de la ETA lo sean también de la colonia inglesa de Gibraltar? ¿Y que sean tan corruptos?

La izquierda y separatistas españoles tienen en su haber una persecución anticristiana mucho peor que la de los yijadistas en Irak y Siria.

“No hace tanto, la izquierda asesinaba a curas y a monjas tras violarlas.No es de extrañar que ante los degollados de Iraq mire a otro lado”

¿Es casual que todos los corruptos de PP, PSOE y separatistas sean antifranquistas furibundos?

La “ley de memoria democrática”, fabricada por los más corruptos y antidemocráticos partidos.Hasta cuándo la farsa http://www.gaceta.es/pio-moa/memoria-democratica-los-chekistas 

Antifranquistas ilustres: De Juana, Arzallus, Zapatero, Cebrián, los de los EREs falsos, Rajoy, Dienteputo, Carod, Roldán, Mienmano…

Más antifranquistas distinguidos: Carrillo, Cándido Méndez, Josu Ternera, Freddy Faisán, las Sorayas, Aido, Pajín, “Mobutu”, Mas, Urkullu… Buena gente.

Reparto de papeles. @PSOE y separatistas atacan a España y la democracia. El PP impide la defensa.

Podemos es solo un resultado de la putrefacción traída a la política por PP y PSOE.

Los líderes de VOX deben comprender que están ante una ocasión histórica. Y ante una necesidad histórica

El problema no es que PP y PSOE pierdan votos. Es que pierden demasiado pocos.

Mientras no se entienda que el problema del separatismo tiene más raíces en Madrid que en Barcelona o Bilbao, no se entenderá nada.

Después de tantas fechorías del PP, seguir votándole es hacerse cómplice.

“Podemos” avanza. Buena noticia para el PP

 

 

 

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Divagaciones, el amor y la práctica.

XI y XII

 

FABRICIO.- He aquí un buen problema, amigo Sulpicio, pero afortunadamente de solución no muy complicada. Mises dice dos cosas que no veo por ninguna parte: que el ahorro es un sacrificio voluntario y que gracias al sacrificio de generaciones pasadas pueden vivir mejor las siguientes, debido a que ese ahorro se canaliza a la inversión de bienes de capital. Ahora, piensa un poco: tú ahorras de tus ganancias una cantidad y la metes en el banco. Pero en realidad no sacrificas nada. Ahorras lo que te parece superfluo, no les quitas el pan a tus hijos para ahorrar. Claro que ese ahorro significa una posibilidad de consumo de bienes que ya existen en el mercado y que tú no compras, pues si no existieran esos bienes del llamado consumo, ¿qué mérito tendría el ahorrar su compra? ¿Qué pasa con esos bienes? Pues que se echan a perder, en su mayoría. Y al año siguiente igual, etc., y nuevos bienes perdidos.

MAURICIO.- O sea, gran hombre, que el ahorro perjudica la economía.

FABRICIO.- La perjudicaría, magnífico Mauricio, si todo el mundo ahorrase. Pero es preciso que esos bienes se consuman, es decir, que se paguen, para que no haya quiebras en cadena. Y ya te expliqué cómo ocurre en realidad: lo que los ahorradores dejan de consumir, otros desahorradores lo consumen a crédito. Porque es una falacia que el dinero ahorrado se transforme exclusivamente en los llamados bienes de inversión. Muchas empresas no recurren al crédito, o solo parcialmente, sino que reinvierten sus beneficios. Y una parte importante del crédito se va a bienes de los llamados de consumo. Una casa ¿qué es? ¿Inversión o consumo? ¿Y un coche? ¿Y el que pide un crédito para llegar a fin de mes? ¡Hasta el que roba aumenta el consumo, porque obliga a otros a consumir más de lo que tenían previsto!

MAURICIO.- Pe…pe…pero, ¡qué burradas hay que oír!

FABRICIO.- Venga, Mauri, que es lo de Robinsón elevado a nivel social: Robinsón dedica tiempo a cazar pajaritos a pedradas, pero le queda tiempo de sobra para construir también un arco y cazar con más eficacia. En la sociedad, unos cazan los pajaritos, por así decir, y otros hacen los arcos, y dedican el tiempo libre a distraerse. Y, por cierto, todos comen. Por eso te digo que el análisis basado en el ahorro, el consumo y la inversión juega con conceptos equivocados y no puede tener buen resultado. Ni hay sacrificio en el ahorro ni una generación vive del sacrificio de la precedente. Por cierto, eso de sacrificar a una generación era lo que decía Stalin. Recuerda cómo empezó la discusión: muy pocos economistas la vieron venir, y casi ninguno en toda su amplitud, por tanto hay que plantearse si el análisis está bien fundado. Y recuerda también que han dado el premio Nobel a economistas que sostenían una teoría y a otros que sostenían la contraria.

SULPICIO.- ¡Y tú vas a solucionar ese problema, pastor ensoberbecido y cojitranco!

PATRICIO.- Hola, camaradas, ¡salud pública! Está cayendo tal chaparrón que no habría venido si no estuviera seguro de encontraros aquí, pase lo que pase. Vengo oyéndoos desde la puerta y, si queréis que os diga la verdad, Salicio tiene una cabeza bien amueblada, siempre lo he dicho y aquí vuelvo a comprobarlo: mientras vosotros parloteáis, divagáis sobre abstrusos misterios, él se dedica a las cosas prácticas. ¡Tres veces ha vaciado el vaso en su gaznate mientras yo caminaba despacio desde la puerta, observándoos!

SULPICIO.- ¡Salud, Patricio, bravo zapatero remendón y poeta!..

FELICIO.- ¡Claro, Salicio está a lo suyo y por eso no dice esta boca es mía! El tío bebe para olvidar los desdenes de su Amartilis. Está enamorado, qué le vamos a hacer.

SULPICIO.- Y como es hombre práctico, aprovecha para comer a dos carrillos, ¡nos está dejando sin nada!

FABRICIO.- Es que es un filósofo y sabe muy bien que las penas con pan son menos.

SALICIO.- Con vuestras chorradas me limpio lo que yo sé.

PATRICIO.- ¿También te has vuelto zerolo, Salicio? ¡Por las musas, que me espanta modernidad tanta!

MAURICIO.- Qué suerte, tener aquí a nuestros dos poetas, Picio el tabernero y Patricio el remendón. Ya nos soltaréis algunas de vuestras inspiradas composiciones, vates… Pero explícanos, Fabricio, ¿qué está haciendo ahora Salicio? ¿Consume? ¿Invierte? ¿Ahorra? ¿O ninguna de esas cosas? Porque según tú son conceptos equivocados…Fabricio insiste en refutar a Mises.

FABRICIO.- Te diré, hombre nada excepcional, lo que hace Salicio: consume, como es obvio; al mismo tiempo invierte, porque aunque coma y beba sin necesidad, así se siente mejor, invierte, digamos, en su propia felicidad, que le permite o ayuda luego a producir, tal como el aceite y la gasolina permiten producir a una máquina. Decís que el consumo es un fin en sí mismo y la inversión no, pero no hay ningún fin en sí mismo, como acabamos de ver. Y también ahorra Salicio, si bien indirectamente, porque lo que él se zampa ya no se lo podrán zampar otros, ya dijo Sulpicio que nos está dejando sin nada que comer ni beber mientras nosotros charlamos amigablemente. Así que, considerada la situación en su conjunto, está ahorrando, consumiendo e invirtiendo, todo a un tiempo.

PICIO.- ¡Eh, eh, que más raciones serviros puedo, mis amigos queridos!

SULPICIO.- ¡Claro que puedes! Y nosotros a pagar.

PICIO.- El negocio hundirme no querréis, digo yo, ¿adónde ibais a reuniros entonces? Tabernas como esta no hay, vosotros mismos habeislo reconocido.

MAURICIO.- No puedes negar, Fabricio, que manuelp el del blog te está hundiendo en la miseria.

FABRICIO.- Lo cree él, porque no acaba de ver el problema. Mises y Keynes operan con los mismos conceptos, ahorro, inversión, consumo… aunque les dan valores y sentidos diferentes, y lo que yo digo es que esos conceptos son por lo menos confusos, y eso explica por qué, entre otras cosas, no se ponen de acuerdo sobre las crisis y sobre tantas otras cosas.

MAURICIO.- ¡Pero el keynesianismo ha fracasado!

FABRICIO.- ¿Ha fracasado? Durante años y años antes y después de la guerra mundial, todo el mundo se volvió keynesiano, la economía funcionaba, no se hundía y los economistas, bueno, la mayoría de ellos, decían que las crisis eran cosa del pasado, que ya podían dominarse gracias a las recetas de Keynes. Sí, podrás decir que a la larga han fracasado, pero ¿por qué no fracasaron mucho antes? Además, todo en la vida se desarrolla en el tiempo, y todos fracasamos cuando morimos, pero entre tanto… ¿eh? Eso es lo que importa, el tiempo: todo dura y todo se acaba. ¿Por qué la posguerra mundial, al menos desde principios de los 50, vio la mayor expansión económica de la historia? ¿Por el keynesianismo o a pesar de él? Es lo que os decía: una teoría de la crisis tiene que explicar también la prosperidad precedente. Si no, cojea.

SULPICIO.- ¿Entonces vale tanto lo del Keynes como lo del Mises? ¡Mauricio, saca la cayada y vamos a darle su merecido a este enreda jorobeta y tartaja, que yo le atizaré con el zurrón, que me lo he traído porque no pasé antes por casa! ¡A ver si le hacemos entrar en razones!

PATRICIO.- No te exaltes, Sulpicio, no te exaltes. Eres hombre de certezas y te molestan los problemas, te comprendo bien… Pero yo diría, caros amigos, que deberíamos imitar a Salicio consumiendo, invirtiendo y ahorrando todo a una, no vaya a ser que no nos quede ni una rodaja de chorizo ni una gota de vino, que este Picio es amistoso, pero pesetero como buen poeta.

MAURICIO.- ¡Ah, y otra cosa, Fabricio, no creas que olvido tu aserto, tan ridículo como los demás, de que los conflictos internacionales no los causa el nacionalismo, sino el Derecho. Que me lleve el diablo si he oído en mi vida majadería semejante.

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Fabricio insiste en rebatir a Mises

Fabricio insiste en refutar a Mises.
IX

FELICIO.- Pero en tan amena conversación, mis dilectos amigos, la tarde ha cumplido su amigable tarea y se despide. Tendremos que imitarla nosotros, recoger los ganados y dejarlos estabulados cual conviene. ¿Nos vemos luego en la taberna del Bauprés, como de costumbre?

MAURICIO.- Por supuesto, faltaría más. Pero tú, ¡oh Salicio!, haz el favor de no traerte la zambomba o te la romperé en la cabeza. No soy violento, bien lo sabéis, pero todo tiene un límite.

***

FELICIO.- En verdad que no sé si habrá fuera de nuestro Porriño, en el mundo entero, otra taberna con tales méritos como esta. Amplia, con una penumbra que no impide, sin embargo, leer, con estas vigas de noble maderamen, dice el dueño, don Picio, que están hechas con baupreses de barcos antiguos…

SULPICIO.- Y yo lo creo, Felicio, lo mismo si me dice que son de baupreses que de palos de mesana o de cedros del Líbano del templo de Salomón. Decía un personaje de nuestro añorado Cunqueiro: “Créeme, Paquiño, tienes que creerme, total ¿qué te cuesta?”. A mí no me cuesta nada, y en cambio salgo ganando: el dueño, Picio, se esponja de satisfacción cuando le felicito por sus vigas de bauprés, y me da alegría verle a su vez contento, aparte de que, a cambio de ese elogio nos trata mejor, nos da buenos vinos y no nos cobra más de lo conveniente, aunque alguna rara vez hayamos terminado borrachos como cubas y él habría podido saquearnos a placer… Hago un bien con mi credulidad, y recibo otro bien, ¿Qué más hay que rascar? Pero he aquí que se acerca nuestro bravo tabernero. No le aduléis más de la cuenta.

PICIO.- Hola, camaradas, como veis, hoy solo por clientes tengo a aquel par de labriegos que cabe aquella retirada mesa sus posaderas asientan, y con la lluvia que ha empezado a caer, seguro que no vienen más. Discutir a voces, pues, podéis libremente, y cantar destempladamente cual soléis, aunque otras veces haya tenido que regañaros, no porque me disguste, voto a bríos, sino por las de la clientela protestas, pues, como sabéis, el negocio he de cuidar.

MAURICIO.- Descuida, Picio, poético tabernero, que somos pastores cultivados y de honor, y cuando alguna vez nos pasamos de rosca, sabemos rectificar. Pero estábamos diciendo que esta es la taberna más espléndida que existe en todo el ancho mundo. No es que yo conozca todo el mundo, claro está, pero es que no concibo ninguna mejor. Estuve hace poco en una realmente maravillosa en Lübeck, donde fui por un negocio lanero, una taberna marinera que dicen viene de tiempos de la Liga Hanseática, pero, sin quitarle méritos, la encontré algo recargada. Y esa de Bayona, ¿cómo lle chaman? Non macordo agora, está moi ben, pero é algo cativa, no tiene esta amplitud espacial…

FABRICIO.- Pero esas grandes telarañas que adornan los rincones, ese hollín que tapiza las paredes, esta oscuridad que el fuego de la chimenea a disipar no alcanza… Las mujeres no entrarán aquí, Picio.

SULPICIO.- ¡Coño, mira a Fabricio, el ligón! ¡Cómo si alguna mujer fuera a fijarse en ti, hombre excepcional!

PICIO.- As mulleres e as tabernas non fan boa mistura, Fabricio. Pra elas inventáronse as cafeterías.

FABRICIO.- A una mujer tonta le gustarán los tontos como tú, bellaco Sulpi. Estoy seguro de que ligas muchísimo, pues de esas hay muchas. Pero a una inteligente le gustará un hombre inteligente, a pesar de … de excepcionalidades como las mías. Cierto que no he conocido a ninguna de mi agrado, pero estoy seguro de que algún día…

PICIO.- Esas querellas a un lado dejemos, rapaces, ¿Qué queredes?

MAURICIO.- Lo de siempre: queso, chorizo, jamón, aceitunas, buen vino…¡Ah, y filloas, que es la temporada!

PICIO.- ¿Filloas con mermelada?

SULPICIO.- ¡Qué mermelada ni qué…! Filloas de sangre y de las otras, sin más caralladas. Y luego ven a sentarte con nosotros, que disfrutemos de tu conversación amena. ¡Picio! En verdad los tópicos mienten a menudo, porque eres hermoso como un dios griego, y no menos ocurrente.

FABRICIO.- Me siento solidario de Picio. Es, en efecto, como un dios griego bizco, de nariz como un bauprés, dientes mellados, panzudo, calvo a la Anasagasti…

MAURICIO.- La belleza es según quién la contempla, Fabricio. Por cierto, de paso para aquí, entré un momento en la peña pastorácea, y me dieron otro mensaje de manuelp, que vuelve a atacarte con el ariete de Von Mises, y esta vez me parece que entre todos haremos pedazos el muro de sofismas y falacias tras el cual parapetas tus dislates.

X

FABRICIO.- Venga ese ariete, Mauricio, que tendré sumo gusto en hacerlo astillas.

MAURICIO.- Ja, ja, pues nos es chulo el tartaja… Sobre tu argucia de que “no puedes ahorrar la carne o la leche de hoy para consumirla dentro de cinco años, por ejemplo”, dice manuelp: “A mí me lo pueden decir, que en 1976, en el campamento militar, comía carne de Uruguay sacada del frigorífico con un sello que ponía fecha de producción 1947.

FABRICIO.- ¿Y eso te parece un argumento, Mauricio? ¿Dónde esta esa poderosa capacidad de raciocinio que todos te concedemos y que te impide echar un polvo? Si dejas de comer carne ahora y la comes treinta años después, supuesto que sobrevivas, lo que haces no es ahorrar en 1947, puesto que la has pagado a tus proveedores, y en cambio en 1976 estás impidiendo que otros proveedores te suministren una carne seguramente en mucho mejor estado. El ahorro lo haces en 1976, y contra tu propio interés.

MAURICIO.- Bueno, eso lo dice seguramente por lo que tú decías de ahorrar el consumo de hoy…

FABRICIO.- Eso lo dice Mises, y muy mal dicho.

MAURICIO.- Dejémonos de detalles escabrosos, y atiende ahora: “Cuando la gente desea iniciar procesos productivos de más dilatado período de producción, tiene forzosamente que comenzar por acumular mediante el ahorro los bienes de consumo precisos para satisfacer durante el período de espera todas aquellas necesidades que considera más importantes que el incremento de bienestar que considera más importantes que el incremento de bienestar que confían en obtener de ese proceso que requiere un mayor consumo de tiempo…”

FABRICIO.- Parece un trabalenguas, pero si mal no lo entiendo quiere decir lo mismo que antes: para dedicarte a empresas de largo alcance tiene que acumular cosas de consumo más urgente, porque si no, antes de concluir la gran empresa puedes morirte de hambre. Por ejemplo, los que preparaban un largo viaje a las islas de las especias tenían que acumular en el barco gran cantidad de víveres. Pero acumular no es lo mismo que ahorrar, yo diría que es lo contrario: tienes que hacer un esfuerzo y un gasto mucho mayores que el consumo habitual, para distribuirlo en un largo período, ¿no te parece? Es concentrar en poco tiempo el gasto que normalmente harías en más tiempo.

SULPICIO.- No juegas limpio, Fabricio, has interrumpido a Mauricio, déjale que siga.

MAURICIO.- Sigo: “La acumulación del capital se inicia al almacenar bienes de consumo destinados a ulterior empleo. Cuando tales excedentes simplemente se acumulan, guardándose para posterior consumo, constituyen tan solo meras riquezas o, más exactamente, reservas para épocas de carestía o situaciones de emergencia, quedan fuera del mundo de la producción. Se integran –en sentido económico, no en sentido físico– en la actividad productiva solo cuando son aprovechados por los trabajadores dedicados a esos procesos que exigen un mayor lapso temporal. Así gastados, físicamente, son riquezas consumidas. Desde un punto de vista económico, sin embargo, no puede decirse que hayan desaparecido. Se han transformado, primero, en los productos intermedios del proceso que exige un período productivo más dilatado y, luego, en los bienes de consumo que son el fruto final del proceso en cuestión” ¡Chúpate esa!

FABRICIO.- En un sentido económico, Mauricio, los bienes de consumo acumulados para posterior uso son bienes de inversión lo mismo que los empleados para construir un galeón. Son inversión en el ser humano y se han transformado en él mismo y su capacidad productiva. Ya te he dicho que, económicamente, el ser humano es como una máquina: su consumo es en último extremo un consumo de energía, es decir, una inversión, ya que esa energía se utiliza para transformaciones diversas. Sin esa inversión básica no funcionaría ninguna otra. Ya sabes el lema de la Hansa: Navigare necesse est, vivere non est necesse.  Es un gran lema, pero en el fondo inaplicable. Como dijo Stalin, el hombre es el capital más preciado.

MAURICIO.- ¡Gran economista Stalin, tío!

FELICIO.- ¿Pero vas a desmentir tú, un pobre aun si meritorio pastor, a alguien como Von Mises? ¡Has perdido la chaveta!

FABRICIO.- Ten en cuenta, honrado Felicio, que no somos unos pastores cualesquiera, somos pastores de Porriño, y eso marca una diferencia… Sigo: piensa en Robinson Crusoe. Quizá, movido por el hambre del primer momento, intente cazar pájaros a pedradas. Pero pronto se dará cuenta de que más le vale hacerse con un arco, o bien preparar trampas. Tú puedes decir: el tiempo que dedica a preparar esos bienes de capital tiene que detraerlo del tiempo y esfuerzo que dedique a comer. Pero no es verdad. Pongamos que, tras un largo esfuerzo, mata seis pajarillos a pedradas y se los come. Tiene todavía tiempo para construirse un arco o unas trampas o un arco. No puede pasarse el día comiendo pájaros, por muchos que cace. Con esto de la inversión pasa lo mismo: es preciso consumir la producción, sea como inversión inmediata para satisfacer el hambre sea como bienes de capital para satisfacer las necesidades con menos esfuerzo. Y es lo que realmente ocurre. En la sociedad, lo que hace Robinson él solo, lo hacen gentes muy diversas. Aquí, en nuestro Porriño, por ejemplo, nosotros dedicamos nuestro tiempo y esfuerzo a los animales, para conseguir carne, leche y lana, y otros se dedican a fabricar ordeñadoras mecánicas, medicinas para el ganado y todo eso. Ellos tienen que comprarnos lo nuestro y ellos lo suyo. ¿Dónde está el ahorro? Si nosotros ahorrásemos, ellos nos venderían menos trastos, y si ellos ahorran, nos comprarían menos leche y demás.

SULPICIO.- Pero vamos a ver, majadero, ¿cómo explicas que tanta gente, en lugar de gastar todo lo que gana, deje algo y lo meta en el banco o en una cuenta de ahorros? ¿Qué significa eso?     

 

 

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Semejanzas fundamentales entre Ragnarök y Apocalipsis

Blog I. La pobre historia del liberalismo español (Autocrítica, y III):http://www.gaceta.es/pio-moa/pobre-historia-liberalismo-espanol-autocritica-iii-28082014-2145

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Dejando aparte muchos detalles y símbolos, parecen análogas las dos profecías  que predicen el catastrófico fin del mundo conocido, en medio de batallas titánicas, y el advenimiento posterior de un mundo feliz, por así decir un mundo sin mal.

   Es fácil ver el origen psicológico de tales relatos. La vida de los hombres transcurre en una lucha a menudo angustiosa, a veces  trágica, entre lo que denominamos bien y mal, conceptos muy difíciles de concretar, pero claros como intuición general: los principios esenciales del comportamiento humano. Siendo el ser humano parte del cosmos, elevar esa lucha a un plano cósmico parece bastante natural: el universo estaría regido, entonces, por los mismos principios. Por lo mismo surge casi inconscientemente la pregunta de cuál será la conclusión final de esa lucha gigantesca. Comprendemos que el mal es una fuerza poderosísima,  por lo que la batalla final reunirá a todas las potencias de un lado y de otro, liberadas de su confusión y mezcla en las personas individuales. El destino al que aspiran los hombres es a vivir sin mal, al lado de los dioses supervivientes después del Ragnarök o crepúsculo de los dioses; destino que el Apocalipsis reservaría solo para una parte de los humanos, los que no hubieran servido demasiado al mal. Esta es una diferencia muy importante, en la que no entraré aquí. También hay que decir que en el Ragnarök los hombres actuales perecerán sin remedio ni redención, aunque de una pareja superviviente renazca el género humano.

  Pero  en las dos visiones hay una diferencia entre la parte referida al combate entre las potencias cósmicas, que viene a simbolizar en su máximo grado lo que ocurre a diario en la Tierra, y la promesa de paz y felicidad posterior, sin la cual el propio combate anterior careceríca de sentido, pero que no expresa o simboliza una realidad, sino solo  una  fe o una esperanza.

   En nuestra época científica, sin embargo, esa esperanza se disuelve. Lo expresaba bien  B. Russell en unas frases recogidas por  Maeztu y que he citado otras veces: “Breve e impotente es la vida del hombre: el destino lento y seguro cae despiadada y tenebrosamente sobre él y su raza. Ciega al bien y al mal, implacablemente destructora, la materia todopoderosa rueda por su camino inexorable. Al hombre, condenado hoy a perder los seres que más ama, mañana a cruzar el portal de las sombras, no le queda sino acariciar, antes que el golpe caiga, los pensamientos elevados que ennoblecen su efímero día; desdeñando los cobardes terrores del esclavo del destino, adorar en el santuario que sus propias manos han construido; sin asustarse del imperio del azar, conservar el espíritu libre de la arbitraria tiranía que rige su vida externa; desafiando orgulloso las fuerzas irresistibles que toleran por algún tiempo su saber y su condenación, sostener por sí solo, Atlas cansado e inflexible, el mundo que sus propios ideales han moldeado, a despecho de la marcha pisoteadora del poder inconsciente”.

   Maeztu  ridiculiza la propuesta de Russell de cultivar un valor  sin esperanza con cierto toque de pose, la propuesta de que el hombre se adore a sí mismo y a sus obras perfectamente inútiles ante las fuerzas de un universo terrorífico. La ciencia, en efecto, deja de lado la idea de una proyección cósmica de la condición humana, la condición moral, el bien y el mal. El universo, como la ciencia, es ajeno a esa peculiaridad humana, con lo cual el ser humano quedaría aislado del cosmos. ¿De dónde vendría entonces un ser tan extraño al resto del universo?  La ciencia, desde luego, no aceptaría esa diferencia radical, pero explicarla le resultaría complicado.

Dejo aquí de lado las interpretaciones del Apocalipsis que lo entienden como una alusión críptica a las persecuciones de Nerón y Domiciano. Aunque fuera así, parece clara su proyección a un nivel mucho más general.

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El ahorro no existe, dicen algunos

VII

MAURICIO.- Vamos a suponer, Fabricio, que no existe, efectivamente, ninguna diferencia esencial entre consumo e inversión. Sin embargo podríamos caer en una mera discusión palabrera, porque siempre será posible establecer una diferencia entre un consumo incompleto, esto es, un consumo del que sale el ahorro, y un consumo completo, empleado en el capital. O, si preferimos emplear la palabra inversión, hablaremos de una inversión directa e incompleta, causa del ahorro, y una inversión indirecta y completa en bienes de capital. También podríamos llamarles consumo ahorrativo y consumo no ahorrativo, o inversión directa e inversión indirecta, etc. Pero ¿para qué gastar palabras innecesarias? Eso no es racional. Llamamos a la una consumo y a la otra inversión. Esto es más útil, y lo explica todo igualmente.

FABRICIO.- Quizá tengas razón, amigo mío, pero antes de examinarlo vamos a otra cuestión: el ahorro no existe, es algo imposible.

SULPICIO.- ¡Pardiez, lo que hay que oír! Vamos a ver, si yo cobro por la venta de vacas y por la leche, digamos, cien millones de lerus en un año…

FELICIO.- ¡Oh, hombre afortunado…! Ja, ja, ja…

SULPICIO.- Lo digo por redondear, zoquete… Y dedico tres millones a mi consumo y siete millones a mejoras en los piensos, veterinaria, máquinas ordeñadoras, alojamiento de los animales, etc., me quedan noventa millones que ahorro. Es tan evidente que me cuesta trabajo oírte decir eso sin darte una buena hostia, por insultar mi inteligencia.

FABRICIO.- Eso es porque tu inteligencia es débil, simpático Sulpicio. Míralo desde un punto de vista más general: supón que Porriño vive de tus vacas y ovejas, y produce también todas esas máquinas ordeñadoras y demás que necesitas para mantener y mejorar tus rebaños. Supón ahora que el valor de toda esa producción de un año alcanza a doscientos millones de lerus, pero a la gente le da por no gastar más que cien millones. ¿Qué pasa con el producto por valor de los otros cien? ¿Que se ahorran? No, mi querido amigo, pasa que se echan a perder. Pasa que los productores de máquinas ordeñadoras y piensos y todo eso ven cómo su material se pudre o se oxida, por así decir, y tú verás cómo se estropea la mitad de la carne y de leche que produces. El Producto Porriñés Bruto tiene que consumirse (o invertirse, si lo prefieres) por entero, porque si no es así, hay pérdidas para todos. Si a la gente le da por consumir, pongamos por caso, la mitad de la carne y la leche que producimos, esos productos no se ahorran, se pierden, el dinero correspondiente no lo ahorramos, lo perdemos. Aun te lo diré de otra manera, y perdona la reiteración: tú dices que ahorras noventa millones de lerus, pero esos lerus solo tienen valor porque corresponden a productos reales, de otro modo serían dinero ficticio. Pues bien, si te abstienes de consumir esos productos reales, ¿qué pasa con ellos? Que quienes los fabricaron se arruinan.

MAURICIO.- ¡Pero chico!.. Todo el mundo sabe que el dinero para la inversión tiene que salir de algún lado, y solo puede salir del ahorro en el consumo. ¿De dónde, si no? Como dice Felicio, ahorramos de lo que ganamos, es decir, nos abstenemos de muchas cosas que podríamos consumir, y ese dinero no se pierde: lo metemos en el Banco de Porriño, y luego ese banco lo presta a quienes quieren crear una tienda o un taller o lo que sea, es decir, a quienes quieren invertir. De este modo nada se pierde y cada vez tenemos todos más, porque al aumentar el capital aumenta la producción. ¡Si es clarísimo! Explícanos, si no, de dónde sale la inversión. Me parece que tu forma de razonar va contra la evidencia y se parece a ti mismo: una forma de razonar chepa, tuerta, tartaja…

FABRICIO.- Atiende, ilustre cantamañanas: eres tú quien tiene que refutarme a mí. Yo digo que ese esquema de consumo, ahorro e inversión no puede funcionar tal como es generalmente explicado, y te he dado una razón. Si lo que se produce no se consume, se pierde. Podemos suponer varias cosas: que lo que unos ahorran consumiendo de menos, otros lo desahorran consumiendo de más, por algún mecanismo que habría que ver. O que el dinero representa algo más que el valor de la producción real, por ejemplo. ¡Qué sé yo!

VIII

UN CHAVAL.- ¡Mauricio, Mauricio! Un mensaje para ti, del ordenata de la peña pastoril.

SALICIO.- ¿Qué dice el mensaje, rapaz? Vamos, si no es secreto.

CHAVAL.- ¡A mí que me cuentas! Como no sé leer… Solo sé imprimir.

SALICIO.- ¡Ah, canalla! ¿Cómo sabes entonces que es para Mauricio?

FELICIO.- Venga, dejadlo. Léenoslo, Mauricio, anda.

MAURICIO.- Pues mira, viene de no sé qué blog, y lo firma manuelp, dice que rebate a Fabricio y me apoya, vía Von Mises: “Tan pronto quedan atendidas aquellas necesidades actuales cuya satisfacción se considera de valor superior a cualquier acopio para el futuro, la gente empieza a ahorrar una parte de los bienes de consumo existentes con miras a disfrutarlos más tarde. Tal posposición del consumo permite a la acción humana apuntar hacia objetivos temporalmente más lejanos”.

FABRICIO.- ¡Oh, Mauricio, mi pequeño saltabardas! ¿Habrá iluminado al gran Von Mises el maestro Pero Grullo? Cuando se consideran atendidas ciertas necesidades urgentes suele pensarse en otras menos urgentes porque las anteriores están atendidas. ¿Cómo podría estar alguien en desacuerdo? Pero a continuación viene lo del ahorro, y ahí está el problema…Si ahorras los bienes de consumo actuales, por lo común no podrás disfrutarlos más tarde, porque la mayoría de esos bienes se estropea, como decía yo antes, o bien se deprecia. No puedes ahorrar la carne o la leche de hoy para consumirla dentro de cinco años, por ejemplo, ni dejar de utilizar una máquina todo ese tiempo, porque esa máquina dentro de varios años valdrá mucho menos, o nada.

MAURICIO.- Pero vamos a ver, Fabricio, con tus peregrinas ideas solo estás demostrando que lo que existe, que lo que vemos que pasa en la realidad, ¡no puede existir! Me precio de ser en extremo racional, como creo haber demostrado con lo del sexo, pero eso me parece ir demasiado lejos…

FABRICIO.- Lo cual se debe a que los sentidos te engañan, igual que al individuo poco advertido, que mira el paisaje y concluye que la tierra es plana. Es más, puede dar la vuelta a la tierra sin percatarse de que es más o menos esférica. Los sentidos, buen racionalista, parecen estar hechos para engañar a sus poseedores, y ahí tienes a Salicio enamorado como un jilguero de alguien como Amartilis…¡Voto a tal, que hasta yo mismo soy más apetecible! Para una mujer, quiero decir, fuera bromas.

SALICIO.- ¡El diablo te lleve, tartaja desvergonzado!

FABRICIO.- No haré caso a tus trinos, Salicio, no vaya a pasarme lo que a tus ovejas con esa horrísona zambomba que no cesas de masturbar… Pero vamos al cuento, distinguidos zagales. Vosotros veis que unos tíos (o tías), ganan un dinero, el cual pueden fundirlo todo en comprar cosas que necesitan o que simplemente les gustan. Muchos lo hacen, pero otros dejan de comprar parte de esas cosas, y guardan el dinero sobrante con vistas a tener algo para su vejez, o para la enfermedad o lo que sea. Llamáis a lo que gastan, consumo, y a lo que dejan de gastar, ahorro. Ese ahorro lo llevan a un banco en vez de meterlo en un calcetín como antaño, porque el banco les ofrece un pequeño beneficio, un interés, muy pequeño generalmente, por hacerse con su ahorro. ¿Y por qué le ofrecen esa recompensa? Pues porque el banco se dedica a prestar ese dinero con un interés mayor, en eso consiste su negocio. Y a ese dinero que otra gente toma prestado del banco le llamáis inversión: ahorro igual a inversión, decís, una igualdad que no precisa ser exacta, pero sí muy aproximada.

MAURICIO.- Bien, pues eso es la observación más obvia, el sentido común.

FABRICIO.- ¡Demasiado obvia! Porque, como decía, si unos bienes dejan de ser consumidos, si lo que la gente podría gastar en ellos lo ahorra, esos bienes no consumidos no sirven para fundamentar una mayor riqueza futura, como se pretende, sino para arruinar a un montón de proveedores ahora mismo. Ya vio don Carlos Marx que ahí había truco, unas pretensiones morales, es decir, la virtud de la abstención, de la frugalidad, recompensada por una mayor riqueza, pretensiones que no encajaban en el esquema.

SULPICIO.- ¿A estas alturas vas a creer a Marx, jorobeta?

FABRICIO.- Dejemos eso ahora, excelente Sulpi… Esa pretensión de virtud es pura filfa. Lo que hay es, cabe suponer, es que, como decía antes, lo que unos ahorran, otros lo desahorran comprando un montón de cosas que no pueden pagar ahora, pero que esperan pagar en el futuro, es decir, que viven a crédito. De esa manera, los bienes producidos no se echan a perder, como pasaría si a la gente le diese por ahorrar sin más ni más. Porque, reconoced una cosa: de acuerdo con lo que os dicen los sentidos, ese dinero que ingresáis, o bien supone una cantidad de cosas que podríais consumir, o bien solo una parte de él supone esas cosas, para que no haya destrucción de ellas por el ahorro. Pero entonces, ¿qué significa la otra parte del dinero que no os gastáis? ¿Acaso puede hacerse dinero simplemente para meterlo en el banco, sin otra utilidad? En fin, ¿os dais cuenta de cómo os engaña lo que parece evidente? Os parecéis a los que dicen que el nacionalismo es la causa de los conflictos entre naciones. No, señor, la causa de los conflictos está en el derecho. Unos atacan y otros se defienden porque creen tener derecho a hacerlo… Si no hubiera derechos, no habría conflictos.

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