El todo y la nada / Goytisolo o el odio a España

Blog I: Por qué Gibraltar no está en la agenda / El donjulianismo en la izquierda (y la derecha). http://www.gaceta.es/pio-moa/gibraltar-agenda-gibraltar-ii-28112014-1508

** Más vale un gramo de acción que una arroba de quejas. “Cita con la Historia ” es una alternativa a una historiografía demostradamente falsa que quiere imponerse oficialmente y mediante subvenciones.  Apoyarla es combatir la corrupción intelectual  que abona muchas otras corrupciones.  Puedes difundir el programa entre tus conocidos y en las redes sociales, así como apoyarla en microfinanciación, en la cuenta de Asociación Tiempo de Ideas Siglo XXI, en el BBVA ES09 0182 1364 33 0201543346

  Este domingo, en Cita con la historia, hablaremos del franquismo. Radio Inter, 16.00 a 17.00

Podcast:  http://www.ivoox.com/podcast-radio-inter-cita-historia_sq_f1126428_1.html

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En Sonaron gritos… se produce una breve discusión cuando Contreras afirma que el signo básico de las matemáticas es el de igualdad, por lo que en definitiva, todo es igual a todo  (todas las cosas son iguales entre sí) en determinadas condiciones y proporciones, y pone el ejemplo de la masa y la energía. Paco le contesta que si todo es igual a todo, todo es igual a nada. Quizá se parezca al dicho “si todos somos culpables, nadie es culpable”. La verdad es que en la novela se trata de un simple juego de ideas, o el relator de sus recuerdos, aunque es profesor de filosofía, no quiere ir más allá. La verdad es que no había pensado en ello hasta que don Jerónimo me llamó la atención.

En realidad nos es imposible imaginar el todo y la nada. Tendemos a concebir la nada como un espacio vacío y el todo como un espacio lleno de cosas, aunque el espacio ya es algo; y lo concebimos  sin tener en cuenta el tiempo que , como el espacio, no sabemos en  qué consiste, aunque notemos sus efectos. Sobre la corteza terrestre percibimos una gigantesca variedad de seres y de formas,  mayor que en el resto del universo conocido, y podemos abstraer del conjunto la idea del “todo”. Pero sus muchísimas partes nos parecen claramente irreductibles unas a otras (una mariposa es totalmente distinta de una ballena, o de un hoyo en el suelo, o de un cometa).

Pero si vamos descendiendo a sus componentes físicos, encontramos ciertas igualdades, y siguiendo por esa vía  llegamos a una situación física indiferenciada,  hasta culminar a la Grex o la preGrex, que dirían los pastores. La situación imaginaria previa a la Grex sería la nada, o algo equivalente a la nada, sin tiempo ni espacio. Así, no parece imposible sostener que el todo es igual a la nada, porque el universo, la corteza terrestre con su infinita variedad de formas y combinaciones, debía de estar contenida en aquella nada, aunque ello sea muy difícil de concebir. ¿De dónde podría salir lo existente, si no? Todo lo existente serían combinaciones de la nada, creadas por el tiempo. Esto es un sinsentido, pero de una abstracción en otra llegamos a él. Podemos decir entonces que nuestro pensamiento, al igual que todo lo existente, equivale a nada.  El concepto de “nada” solemos asociarlo al de “sin sentido” o “sin valor”.

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Goytisolo o el odio a España

Goytisolo encarna como nadie ese odio visceral a la España histórica que tanto daño ha hecho a la cultura de nuestro país.

Hubo un momento en el que la izquierda española decidió que su enemigo no era sólo Franco, ni los ricos, ni la Corona, ni siquiera Dios. Hubo un momento –pongamos 1970- en el que la izquierda española decidió que su enemigo era, simplemente, España; una España idealizada –vale decir diabolizada- como encarnación histórica de todos los males, a saber, el oscurantismo, la cerrilidad, el analfabetismo, la arrogancia, la prepotencia, la violencia, el fanatismo, la injusticia. De repente toda la vieja literatura del “malestar de España”, que antaño tuvo un afán regeneracionista (incluso en un odiador como Azaña), se condensaba ahora en una execración sumaria y sin paliativos, una condena global que iba más allá del tiempo y del espacio. Ese día la izquierda empezó a pensar que romper España era un acto revolucionario. En semejante operación tuvo un cierto peso el autor al que ahora el Gobierno del PP ha concedido el premio Cervantes: Juan Goytisolo.

No debieron ganar los cristianos, sino los musulmanes. No debió ganar Roma, sino los protestantes. No debieron ganar los “blancos”, sino los moros o los gitanos. Cada rezo es una mueca grotesca, cada batalla ganada es una miserable carnicería, cada verso encierra un insulto, cada palabra de amor enmascara un complejo sexual. Caín era el bueno y Abel, el malo. Isabel la Católica era una atroz madrastra de cuento y más nos valdría habernos quedado con los Omeyas. La “Reivindicación del conde Don Julián” de Goytisolo es la mayor obra de odio a España –a la España real- jamás escrita. Y esa sensibilidad –más que la obra en sí- terminó permeando a una, dos, tres generaciones de progresistas españoles. Sus efectos perduran en la cultura española, sobre todo en la educación. Nada más lógico que verla ahora premiada por el acomplejadísimo Gobierno Rajoy.

El Cervantes suele darse a un autor por el conjunto de su obra. Pero lo de Goytisolo no es una obra; lo de Goytisolo es un complejo o, más precisamente, un montón de complejos puestos uno encima de otro y revueltos en sórdida mezcolanza. Complejo del niño que se queda sin madre en un bombardeo y que crece junto a un padre franquista al que detesta (porque le falta la madre). Complejo de niño bien que, por acomodado, siente una especie de simpatía reactiva hacia el pobre, al que desea redimir por el narcisista procedimiento de hacerse pasar por pobre también. Complejo de una sexualidad culpable e indefinida –siempre la falta de la madre-, de una homosexualidad vergonzante, de una heterosexualidad ocasional que se desmiente para volver a la pederastia. Complejo de blanco malo frente al moro bueno, complejo de español que no quiere serlo porque en España ve al padre que le sobra y a la madre que le falta. Complejo de burgués que se hace comunista para lavar su conciencia y que después, descubierto el podrido pastel estalinista, abraza una existencia de turista universal para predicar nihilismo desde una bonita casa en Marrakech. Juan Goytisolo es todo eso. Como no podía ser de otro modo, recaló en El País, depósito inagotable de ese plúmbeo izquierdismo que desde hace largos años descarga sobre España su despotismo intelectual. También por esto le han premiado los chicos de Rajoy.

Hace seis años, para Goytisolo fue precisamente el último premio importante que otorgó el Gobierno Zapatero: el de las Letras Españolas. Ahora el de Rajoy le concede el galardón más relevante de la literatura en español. Todo cobra sentido.

P.S.: Ya sé que el Cervantes, nominalmente, no lo concede el Gobierno, sino un docto sanedrín. Pero, créame, conozco el paño: los jurados de designación gubernamental (o de órganos satélites) tienen suficiente peso como para determinar el fallo. Este ha sido un premio gubernamental. Y eso es precisamente lo más preocupante.

 

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El feminismo libera a los hombres

Blog I, Importancia de Gibraltar (I) “¡Con la que está cayendo…”!:http://www.gaceta.es/pio-moa/importancia-gibraltar-i-cayendo-26112014-1916.

Muchas gracias a los que venís aportando para hacer posible la continuidad de “Cita con la historia”.

Vale más un gramo de acción que una arroba de lamentaciones. Para cuantos entiendan que apoyar el programa “Cita con la Historia” de Radio Inter es salir de la queja inútil para apoyar una labor práctica fundamental, aunque sea a plazo medio-largo, volvemos a poner la cuenta de la Asociación Tiempo de Ideas Siglo XXI, del BBVA, Sagrados Corzazones 1, de Madrid , en la que pueden ingresar sus aportaciones, a partir de 10 euros mensuales:  ES09 0182 1364 33 0201543346 

Podcast del programa, con ruego de difusión: http://www.ivoox.com/podcast-radio-inter-cita-historia_sq_f1126428_1.html

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FELICIO.- Perdonad, ¡oh magnánimos ordeñavacas de la ilustre villa de Porriño, cuya belleza y enjundia intelectual  solo admite comparación, en Europa, con la de Becerreá! Por  sugestivas que sean vuestras profundas divagaciones en torno a la crisis económica y la economía en general, reconoced que se trata de asuntos grises, pesados, tediosos… Escuchadme, os ruego: estoy indignado por la lectura de unos escritos de un tal Moa metiéndose con el feminismo…

SIMPLICIO.- ¿Se mete con el feminismo? Me huelo que ese tipo no puede ser progresista. ¿Quiere mantener a las pobres mujeres en la opresión tradicional, bajo la férula del machismo, que todavía perdura? 

 FELICIO.- ¡Pero qué dices, botarate! A quienes ha liberado el feminismo es a nosotros, a los tíos, y aun queda bastante para que la liberación sea completa.

FABRICIO.- Pásmasme, Felicio.

FELICIO.- Pero ¿acaso no tenéis memoria? ¿Tan rápido olvidáis lo que habéis vivido y aún vivimos, por desgracia? Diríase que los varones  fuéramos todos unos déspotas del hogar, unos pichasbravas dedicados a poner los cuernos a nuestras esposas y  a hacer el vago. Algunos siempre ha habido de esos, claro, pero ¿qué pasa con la inmensa mayoría? ¿Y qué pasaba no hace tantos años? Para empezar, tenías que tener muchísimo cuidado en no dejar embarazada a una chica, porque entones la presión social, amenazante incluso, te obligaba a casarte con ella y eran pocos los valientes que se resistían. Es más, muchas chicas procuraban quedarse embarazadas para  obligar a los maromos a casarse. ¿Es así o no?

MAURICIO.- En cuanto a ese extremo, excelente Felicio, no me queda sino darte la razón.

FELICIO.- ¿Y qué era para un fulano la vida de casado? Para la inmensa mayoría suponía tener que mantener el hogar, lo que significaba trabajar como una mula, no solo la jornada normal, sino horas extras, pluriempleo, aguantar a jefes absurdos… Y cuando volvía a casa derrengado, ¿le esperaba la paz y el consuelo en el hogar? Nada de eso. Le esperaba una mujer gruñendo porque el sueldo no le daba para llegar a fin de mes, que si la carne estaba por las nubes, y contándole mil historias fastidiosas de la jornada, más los críos alborotando y riñendo entre ellos o quejándose al padre de esto o de lo otro, porque, claro, los críos venían enseguida. ¿Qué podía hacer el pobre hombre? Largarse cuanto antes hasta el bar de la esquina para beber un poco y relajarse con los amigos. Con lo cual, al volver a casa se encontraba con nuevas y mayores quejas de la señora, que si no me atiendes, que si no me haces caso, que si me tienes abandonada… Y no faltaban las que tomaban ese cuento como pretexto para ponerle los cuernos. Algunos se volvían alcohólicos, lo que no puede extrañar a nadie con experiencia del mundo, pero servía para humillar más a los miserables parias, que suscitaban el desprecio general. ¡Borrachos! No solo tenían que soportar una verdadera esclavitud sino que se les exigía ¡ser hombres!,  ¡soportarlo estoicamente!,  ¡incluso con alegría! ¡Sé hombre, tío, y no llores! ¡Anda, jódete y baila! La vida de los tíos era una auténtico calvario. Y encima, eso: está muy mal visto que te lamentes o reivindiques.  En cuanto lo haces, te tratan de abusón, de chulo, de machista…

FABRICIO.- Admito, Felicio, que has pintado un cuadro muy realista. Es más, me has recordado muy vivamente mis experiencias familiares…

SULPICIO.- No obstante, eran los cabezas de familia, los que mandaban.

MAURICIO.- Hombre, Sulpicio, lo de cabeza de familia era  un título honorífico, sin más, una especie de consolación para tontos… ¿Habría que concluir entonces, ¡oh Felicio!, que las mujeres han sido más hábiles para quejarse y que por eso casi siempre consiguen sus objetivos?

FELICIO.- Que se quejan con más habilidad, eso no admite duda. Sin embargo no siempre salen bien libradas. Te digo que los tíos debemos mucho al feminismo. Hoy, si dejas embarazada a una tía, pues es cosa de ella, no haber sido tan tonta. Que aborte o que haga lo que le dé la gana, pero tú no tienes por qué sentirte comprometido si no quieres… Tenemos mucha más libertad. Y la mayoría de las mujeres trabajan fuera de casa, eso ha sido una gran conquista, sobre todo para nosotros. Ya no tenemos que matarnos como antes para sostener el hogar y todas esas zarandajas. Además, la mayoría de ellas ya no quiere tener hijos, o como máximo uno o dos, lo que nos aligera a todos el trabajo y nos da más calidad de vida. Claro, muchas insisten, como mi Rojilis, en que compartamos las tareas del hogar, y ya lo hago un poco, de vez en cuando, pero eso siempre ha sido cosa de mujeres, a mí me da igual si la casa está un poco guarra, no tengo por qué compartir sus manías con la limpieza, el orden casero y esas gaitas… Salicio, si llegas a enmaromarte con Amarilis, recuerda estas lecciones.

PATRICIO.- Me parece que el pobre Salicio no tiene muchas esperanzas, desde que su Amarilis le rompió su zambomba stradivarius con la que tanto deleitaba a las ovejas…

SALICIO.- Hablas, ¡oh Felicio!, al sórdido modo de Mauricio. Tus barbaridades solo pueden conducir a las aberraciones de Mauricio, que afirma que la masturbación significa la cura de todos los males del amor y sustituye ventajosamente a este. ¿Qué sería de la humanidad si teorías como la tuya prosperasen? En dos o tres generaciones no quedaban seres humanos.

FELICIO.- Posiblemente, Salicio, pero, ¿y qué importaría eso? El hombre apareció sobre la tierra como quien dice ayer, si medimos en tiempo geológico, por lo que no sería raro que desapareciese en cualquier momento. ¿Por qué te preocupa eso? ¿Eres tú responsable de que la humanidad  haya de continuar siglo tras siglo, milenio tras milenio? ¿Lo somos cualquiera de nosotros? ¿Nos ha impuesto alguien ese deber? Nosotros estamos aquí, en este mundo, porque le ha dado la gana a doña Natura, y nuestro único deber es ser lo más felices posible, pasarlo bien,  aprovechar al máximo los años que la naturaleza nos da de vida, que con bastantes pesares nos obsequia también sin que nosotros los busquemos. Preocuparse de otra cosa es asunto vano, pues la naturaleza que nos hizo, que hizo a la humanidad, sin pedirnos permiso para nada, bien puede eliminar igualmente a los humanos, por las buenas, porque le dé la gana. La Naturaleza es sabia,  sabe lo que se hace, ¿por qué habríamos de preocuparnos?

SULPICIO.- ¡Cómo que sabia, Felicio! ¡Sapientísima! Es más, insisto en que nos refiramos a ella como la Sapientísima, según expliqué en su momento y corroboró Patricio. (Ver http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/los-suecos-no-aman-a-las-mujeres-i-franco-vicioso-5116/)

SIMPLICIO.- Por otra parte, si la población bajase a la mitad, pongamos por caso, o a la cuarta parte o más, ¿no sería eso muy ecológico? ¡Estamos destrozando el medio ambiente!

SALICIO.- ¡Oh, santos cielos! ¡Lo que hay que oír!

—-

SIMPLICIO.-  Pero Felicio, no dices más que memeces. ¿Acaso las mujeres no trabajaban más que los hombres? Atendían las faenas del hogar, del campo, sin límite de horario, y por las noches apenas podían dormir atendiendo a los niños pequeños;  además, ya la fuerza física no es nada importante porque ya casi no hay guerras. Ya el hombre no es el único protagonista de la sociedad y las mujeres acceden legítimamente a la formación académica,  a la vida laboral y la política. ¿No te gusta? Pues te jodes.

FELICIO.- Complejicio, ¿qué gansadas salen de tus protuberantes labios? El derecho a la estulticia es el más fundamental de todos los derechos, lo admito; sin él, ¿qué sería de nosotros? Pero como todos los derechos, no hay que abusar de ellos, y tú abusas, tú te excedes, tú estulteas más de la cuenta. La mujer vivía muy bien, en general. Si era de clase alta no trabajaba y si era de clase baja solía trabajar en la casa, ¿Una jornada más larga? Puede ser, pero más tranquila, la organizaba a su manera, sin ningún jefe que le diera órdenes ni le exigiera una cantidad de trabajo por hora. Y el dinero que ganaba el marido lo administraba ella la mayor parte de las veces.  ¿O acaso tu madre trabajaba en otros oficios antiguos y todavía menos laboriosos? Y los niños, pues ¿qué culpa tenemos de que  la Sapientísima los haya encomendado más a las madres que a los padres? Y ahí tengo otro motivo de loa al feminismo: eso de “nosotras parimos, nosotras decidimos” me parece espléndido. Significa que por primera vez, en lugar de pasarte a ti parte de la carga de los críos, aceptan libre y voluntariamente, sea  abortarlos, sea encargarse en  exclusiva de ellos. ¿Qué más se puede pedir?  Por eso no me extraña que la mayoría de ellas prefiera no tener hijos. Si yo tuviera que parir, me negaría en redondo, así que me parece muy encomiable e igualitario que ellas hagan lo mismo… Todos somos más libres y felices. Además, esa vida académica, laboral y política que dices, la han inventado y desarrollado los tíos, y me parece muy bien que las mozas entren a saco en ella, si quieren,  hay que ser generosos. Ahora bien, no niego que las féminas necesitan hombres como tú, que las comprendan, las protejan del machismo y las animen a emanciparse. Haz el favor de mantenerte sano para cumplir con tan bella misión.

SIMPLICIO.- Pese a tu detestable acritud, ¡oh Felicio!, algo en tus palabras me ha hecho reflexionar. Estas malditas y retrógradas diferencias entre hombres y mujeres, que persisten, no sé hasta cuándo… ¿No crees que vienen de la primitiva división de tareas entre los sexos? Los hombres se dedicaron a la caza, las mujeres a la recolección y a criar los niños… Los hombres, claro, se quedaron con la mejor parte, con lo más divertido,  y  de ahí que desarrollaran más los músculos, la agresividad y la correspondiente vida académica… Y ahí está la raíz de todas esas injustas diferencias posteriores.

MAURICIO.- Vamos a ver, Simplicio, ¿quién obligaba a las mujeres a quedarse con la peor parte? Además,  la caza no eran tan sencilla y divertida, tenía sus riesgos. Las chicas podían ir por ahí tranquilamente en busca de frutas y raíces silvestres, charlando entre ellas, escuchando a los pajarillos y mirando las florecillas, era un trabajo agradable y entretenido. Pero la caza exigía mucha más atención, mucha más concentración. Por ejemplo, imagina que te encuentras de pronto, y sin refugio posible, con un mamut…

PATRICIO.- O con un tiranosaurio rex… O con un trilobites gigante…

MAURICIO.- Eso es, y no tienes adónde escapar, y si echas a correr la fiera te alcanza en un abrir y cerrar de ojos, y te ensarta en los colmillos o lo que sea. ¿Qué harías?

SIMPLICIO.- No se me ocurre nada, la verdad.

FABRICIO.- Los expertos aconsejan, en esos casos, quedarse quieto como una estaca. El animal se desconcierta, se te acerca, te mira, te olfatea, y cuando se cansa da la vuelta para irse. En ese momento, lo más útil y sensato  es saltarle a la chepa –perdón, Fabricio–  y agarrarse con manos y pies al pelo, a los cuernos o a lo que sea. La fiera corre como un demonio, se encabrita, da brincos, pero tú no te despegas a ella, porque sabes que te va la vida. Por fin,  el tiranosaurio o lo que sea cae exhausto, sin fuerzas, lo más fácil es que le dé un infarto. En  ese momento te apeas de él, corres hasta  la aldea más próxima, y ya está: carne para todo el mundo durante una semana.

SIMPLICIO.-Reconozco que yo no tendría sangre fría para tanto…

FELICIO.- Pero como, además, a la gente le gusta la carne, los pobres cazadores se verían obligados a pasarse la vida correteando de aquí para allá en busca de presas, en jornadas agotadoras, a menudo para no conseguir nada y que luego, a la vuelta al hogar, las mujeres se enfurruñaran y les negaran sus favores. Siempre ha sido así.

SIMPLICIO.- Pero yo he leído, Felicio, que en realidad los cazadores se repartían la carne entre ellos y no dejaban casi nada para las mujeres y los niños.

FABRICIO.- ¡Bah, bah! Paparruchas. ¿Estaban allí para verlo los que dicen eso? Además, ¿acaso los hombres no trabajaban y se sacrificaban por la mujer y los niños? ¿No han seguido haciéndolo hasta hace nada, como explicaba Felicio?

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La importancia de clarificar el pasado

 

La clarificación de nuestro pasado interesa a todos. Interesa frente a la falsificación y tergiversaciones con que lo tratan los separatismos y unos partidos con talante dictatorial que intentan imponer por ley una determinada versión de la historia. Interesa porque, como decía Cicerón, “Si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño”, y una sociedad infantilizada es fácil presa de demagogos. Y porque, en palabras de Santayana, “Un pueblo que olvida su historia se condena a repetirlo”. A repetir lo peor de ella. La clarificación del pasado nunca se logra de forma completa, pero siempre es posible acercarse a ella y evitar muchas distorsiones, lo que nos permite entender mejor el presente. Una visión distorsionada del pasado es muy peligrosa, porque  motiva políticas actuales también distorsionadas, como vemos constantemente. 

   “Cita con la Historia” dirigida y organizada  por Pío Moa y presentada por Javier García-Isac, es un programa semanal de alta divulgación que persigue, precisamente, realizar esta imprescindible labor aclaratoria para el gran público. Lleva emitiéndose desde marzo, todos los domingos de 16,00 a 17,00, y su continuidad exige un respaldo económico que todavía no tiene.

    Es muy frecuente en nuestra sociedad la queja pasiva, que deja de ser aceptable cuando se ofrece la posibilidad de hacer algo práctico, de actuar contra alguno de los males que sufre el país, precisamente en un asunto tan de fondo y a la larga decisivo como este. Por ello llamamos continuamente a nuestros oyentes a dar a conocer el programa en sus círculos de conocidos y en las redes sociales, a difundir sus podcast y a comprometerse con su sostenimiento mediante pequeñas cuotas, que pueden ser a partir de e 10 ó 20 euros al mes. Lo ideal es ingresar la cantidad correspondiente a un año, para evitar  el trasiego mensual. Estas pequeñas cantidades permitirán además evitar  aportaciones demasiado grandes que limitarían la independencia del programa.

   Para esto último existe ya una cuenta de la Asociación Tiempo de Ideas Siglo XXI, en el BBVA de Madrid, Sagrados Corazones 1, con el número ES09 0182 1364 33 0201543346 

Nuestros oyentes y lectores deben ser conscientes de que iniciativas como esta pueden quedarse en meras anécdotas, acciones pasajeras sin continuidad ni eficacia real. Así ha ocurrido a menudo, precisamente por la falta o insuficiencia de compromiso de quienes lamentan el rumbo que están tomando las cosas en España pero no encuentran la  forma de oponérsele. Vuestra aportación es esencial.

http://www.ivoox.com/podcast-radio-inter-cita-historia_sq_f1126428_1.html

 

 

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Dios y paradojas de la moral

Blog I, Un disparate de Juan Pablo Fusi. http://www.gaceta.es/pio-moa/disparate-juan-pablo-fusi-24112014-1240

“Cita con la historia” domingo pasado, en Radio Inter Los comienzos de la Reconquista: http://www.ivoox.com/podcast-radio-inter-cita-historia_sq_f1126428_1.html

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–Vamos a ver, Santi, tu argumento parece sólido, pero no lo es. Empiezas diciendo que si hay Dios, quienes no creen en él cometen un error. Y hay que suponer que será un error de envergadura, porque  atañe nada menos a que a Dios. Pero enseguida dices que en todo caso el error no tiene importancia, porque a Dios ¿qué puede importarle que el hombre crea en él o no? Pero a Dios tiene que importarle  el producto de su creación, aunque hablar en estos términos sea abusivo, ya que hacemos de Dios un ser parecido a nosotros…

– Exactamente, Pepe, exactamente: al inventar un Dios preocupado por nosotros, es decir, antropomorfizado, ya estamos abusando de la idea misma de Dios y rebajándolo de su omnipotencia.  Lo cual tiene mucho que ver con la idea de que necesite que lo  adulemos  para obtener de él gracias y beneficios. Que por cierto, eso es lo que hacen todos los pueblos. Y si se le piden tales cosas es por una conciencia de que nuestra vida, o gran parte de ella, es miserable, es sórdida, está llena de penas. Es decir, que a Dios debemos agradecerle y debemos alabarle por habernos traído a la vida; pero como a menudo es una vida perra, tenemos que implorarle que tenga piedad de nosotros y nos dé algunas facilidades. Pero con la misma lógica podríamos maldecirle por hacernos la vida tan incómoda o con tantos sufrimientos.

– Dejemos eso ahora, si te parece. Tu segundo argumento para quitar importancia a ese error de los ateos es que en la práctica vemos cómo unos ateos se portan bien y unos creyentes de portan mal. Y luego hablas de las muchas morales que existen en el mundo y cómo cambian también con la época. Bien, entonces reconoce que decimos que alguien se porta bien o mal de acuerdo con unos principios que nos han inculcado en nuestra cultura, que es casualmente una cultura cristiana. Por tanto, si un ateo se porta bien, lo hace en el sentido de la moral cristiana, y lo mismo si un creyente de porta mal. Pero entonces un ateo es incoherente al aceptar esos principios y no obrar de modo contrario a ellos, puesto que los principios cristianos se basan en la creencia en Dios. Si tú te reconoces ateo debes obrar “como si cualquier cosa fuera posible”, pues los crímenes y demás no dejarían de ser  puras convenciones, que cambian  con las sociedades. Y que dentro de cada sociedad cambian con el tiempo.

– Está bien, pero me estás haciendo trampa, diría yo. Cuando hago o dejo de hacer una cosa, ¿pienso en órdenes del  Dios cristiano o cualquier otro, o en órdenes de la sociedad, en órdenes del estado, que ese sí que es tangible y te castiga por unas cosas, aunque rara vez te premie por otras? El tío que se dedica a robar  a lo mejor cree en Dios, pero no anda preocupado por lo que diga o crea que dice Dios, sino por si la policía lo pilla y va a purgar su delito, su llamado delito, a la cárcel. Claro, dirás que está haciendo un daño a la sociedad, pero también puede mirarse de otra manera: está haciendo un bien a la policía, a los abogados, a los jueces, a los constructores que hacen las cárceles… Dudo mucho de que haya una actividad que dé tantos puestos de trabajo como la llamada delincuencia. Luego, lo que llaman delito no es tan malo, al menos para mucha gente. Qué paradoja: el ladrón se porta como un ateo, y da de comer a un montón de personas.  Parece un chiste, ¿verdad?

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Sr. Moa, ha dejado Vd sin contestar  una de las preguntas que le hacía sobre su novela, la de en qué  género la encuadraría usted. Además, me gustaría que la valorase dentro de la producción literaria actual, por más que ya comprendo que eso puede quedar ridículo en un autor. Y algo más, realmente hay muchas cuestiones relacionadas, pero no he entendido bien la discusión entre el todo y la nada, cuando un personaje dice que la esencia de las matemáticas es  el signo de igualdad y que así equipara finalmente todas las cosas en según qué proporciones y condiciones (no tengo el texto presente ahora), y Paco replica que si todo es igual a todo, también es igual a nada. ¿Es un comentario casual y superficial, o quiere Vd darle  alguna relevancia en la novela?  J. P. B.

Sería divertido que cada autor valorase  sin tapujos su propia obra y la comparase sin inhibiciones con las de otros autores. Tendría algo de cómico, como usted dice, pero sería un ejercicio de sinceridad y daría lugar a muchas querellas graciosas. Por mi parte no puedo comparar Sonaron gritos… con otras, porque apenas leo literatura actual, y de ella tengo una impresión muy mala., aunque me arriesgo a ser injusto por leerla tan poco.  Ni siquiera leo las reseñas desde hace muchos años, porque la mayoría son tan malas y tan pretenciosas como las obras reseñadas. Las novelas “históricas” que se centran en  un personaje real, antiguo o menos antiguo me parecen de entrada una estafa ya sin necesidad de leerlas: el autor proyecta sobre el personaje sus propios prejuicios e ideas que hoy predominan, en especial la plaga del feminismo, etc. Del realismo cutre  ya he hablado, creo que también se cultiva hoy;  lo mismo del tremendismo,  o la literatura “social”,  todo eso no me interesa. Ni la violencia gratuita o las tramas en torno al dinero, tan típicas de la literatura anglosajona. La novela negra me parece una colección de trucos con un fondo social tópico, aunque por su propia temática suela ser entretenida. Luego está la novela rosa mezclada con detalles escabrosos  o más o menos pornográfica… que tanto se vende hoy. En fin.

  Creo, sin leer gran cosa, es cierto,  y sin querer por eso sentar cátedra, que la literatura pasa por horas bajas en España y en casi todo el mundo. Es casi toda ella una literatura “de consumo”,  trivial y sin mayor alcance. En cuanto a Sonaron gritos… se aparta de todo eso, lo cual no la convierte necesariamente en una obra maestra como a mí, claro está, me gustaría. Para eso el criterio del autor  vale poco y no quiero hacer el ridículo aunque fuera divertido.  La novela transcurre en una época muy dura de la historia reciente de España, que unos han tratado en plan de realismo cutre, o de lucha de clases y similares, o intimista,  y yo con una concepción de fondo más bien épica.

De lo del todo y la nada, ya hablaremos. No me había planteado la cuestión. Son ideas que surgen al hilo de la acción, a veces sin que uno mismo sea muy consciente de sus implicaciones.

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Dos autorretratos del antifranquismo

Blog I: Los motivos del antifranquismo:http://www.gaceta.es/pio-moa/los-motivos-antifranquismo-20112014-1133 

**“Cita con la historia”: el próximo domingo de 4 a 5 de la tarde, en Radio Inter, hablaremos de la primera etapa de la Reconquista, tema ligado al de Al Ándalus

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Hay algo que une en un haz a multitud de políticos, periodistas e intelectuales varios. Pueden discrepar en tales o cuales aspectos, y hasta pelearse entre ellos, pero coinciden en algo esencial: su antifranquismo. En el aniversario de la muerte de Franco, no viene mal recordar por lo menos a algunos: Josu Ternera, Mas, Cebrián, Carrillo, Rajoy, Bolinaga, Ángel Viñas, Soraya, Pajín, Dienteputo,  Mienmano Alfonso Guerra, Chaves, Ansón, Arzallus el recogenueces, Zapatero, Aido, Rubianes, la “Doctora Burrianes” Carmen Chacó,  Freddy Faisán Rubalcaba, Pakito,  Roldán, la Trini, Kubati, Maleni, Santos Juliá, Urkullu, Pujol, la Albóndiga, Carod, Junqueras, los de los EREs falsos, los de Gürtel, Monedero, Pablo Iglesias… La lista puede ampliarse indefinidamente. Un club realmente distinguido. Se dirá que hay antifranquistas digamos de otro tipo, pero que acepten ser miembros del club no dice mucho en su favor.

   Todos ellos se dicen demócratas. Pero me temo que para ellos democracia es sinónimo de corrupción. Empezando por una profunda corrupción intelectual, que ha instalado en España el reino de la mentira, institucionalizada en la ley de memoria histórica, es decir, de falsificación sistemática de la historia. Ellos mismos se han mretratado en muchas ocasiones, de las que rescataré dos:

   El 16 de marzo de 2005, hasta 400 políticos,  periodistas y otros personajes significados,  homenajearon a Santiago Carrillo con motivo de su 90 cumpleaños. La figura principal y más representativa fue el presidente del gobierno, Zapatero, que abrazó al homenajeado y lo calificó de “ejemplo”.  Esta es una mesa larga y unitaria”, dijo Ibarreche, político de nada oculta ambición separatista, dirigente del PNV fundado por Sabino Arana, racista violento bien explícito en sus escritos. Ibarreche aseveró que él y toda la sociedad vasca aprecian a Carrillo por su trayectoria política. El jefe socialista extremeño Rodríguez Ibarra, lo definió como “patriota que se sacrificó por la democracia”. Asistieron al acto Herrero y Rodríguez de Miñón –premio Sabino Arana– , ministros de Zapatero, como la vicepresidenta Fernández de la Vega, junto con ex ministros y líderes autonómicos como el separatista catalán Jordi Pujol,  J. Barrionuevo, relacionado con el terrorismo gubernamental de Felipe González y encarcelado por ello; cantantes como Víctor Manuel, Ana Belén o Joaquín Sabina… El rey designado por Franco hizo llegar una misiva transmitiendo su respeto y amistad “fraguada durante muchos años” al anciano comunista que había declarado: “La condena de muerte a Franco yo la firmaría”. Se da la circunstancia de que Carrillo fue también el responsable principal de la mayor masacre de prisioneros en Paracuellos, durante la guerra civil, y de otros numerosos homicidios, incluyendo  el de muchos miembros de su propio partido.

   El festejo fue organizado por los periodistas María Antonia Iglesias, cristiana-socialista, e Iñaki Gabilondo, inventor o difusor del bulo de los terroristas suicidas hallados en los trenes de la matanza del 11-m. No faltaron personajes de derecha y ex falangistas, como Rodolfo Martín Villa; ni Gregorio Peces-Barba, intelectual y político encargado de silenciar a las víctimas del terrorismo  a fin de facilitar  la política socialista de  acuerdos con la ETA… El homenajeado recibió un libro de recortes de prensa con el título Noventa años de historia y vida. Y, en fin, la jolgorio culminó, en medio de la noche, con la retirada de la estatua de Franco  del edificio madrileño de Nuevos Ministerios, donde permanecen las de Prieto y Largo Caballero, principales jefes de la guerra civil de 1934. El homenaje a Carrillo refleja en todos sus rasgos un carácter y una situación política.

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Con motivo de una reimpresión de Archipiélago gulag el diario El Mundo publicó un reportaje donde hablaba José María Iñigo, partidario de que la canción española se haga en inglés y entrevistador de Solzhenitsin en TVE en aquel ya lejano año. Los comentarios, tanto del reportero como de Iñigo, eran perfectamente banales. El segundo aseguró que la entrevista había gustado tanto a Franco que había llamado a TVE y la había hecho repetir… cuando el dictador llevaba cuatro meses muerto.

Solzhenitsin dijo: “Sus progresistas llaman dictadura al régimen vigente en España. Hace diez días que yo viajo por España y me he quedado asombrado. ¿Saben ustedes lo que es una dictadura? He aquí algunos ejemplos de lo que he visto. Los españoles son absolutamente libres de residir en cualquier parte y de trasladarse a cualquier parte de España. Nosotros, los soviéticos, no podemos hacerlo. Estamos amarrados a nuestro lugar de residencia por la propiska (registro policial). Las autoridades deciden si tengo derecho a marcharme de tal o cual población. También he podido comprobar que los españoles pueden salir libremente de su país para ir al extranjero. Sin duda saben ustedes que, debido a las fuertes presiones ejercidas por la opinión mundial y por los Estados Unidos, se ha dejado salir de la Unión Soviética, con no pocas dificultades, a cierto número de judíos. Pero los judíos restantes y las personas de otras nacionalidades no pueden marchar al extranjero. En nuestro país estamos como encarcelados.

“Paseando por Madrid y otras ciudades, he podido ver que se venden en los kioscos los principales periódicos extranjeros. ¡Me pareció increíble! Si en la Unión Soviética se vendiesen libremente periódicos extranjeros, se verían inmediatamente decenas y decenas de manos tendidas y luchando por procurárselos. También he observado que en España uno puede utilizar libremente las máquinas fotocopiadoras. Cualquier individuo puede hacer fotocopiar cualquier documento, depositando cinco pesetas por copia en el aparato. Ningún ciudadano de la Unión Soviética podría hacer una cosa así. Cualquiera que emplee máquinas fotocopiadoras, salvo por necesidades de servicio y por orden superior, es acusado de actividades contrarrevolucionarias.

“En su país –dentro de ciertos límites, es cierto– se toleran las huelgas. En el nuestro, y en los sesenta años de existencia del socialismo, jamás se autorizó una sola huelga. Los que participaron en los movimientos huelguísticos de los primeros años de poder soviético fueron acribillados por ráfagas de ametralladoras, pese a que sólo reclamaban mejores condiciones de trabajo. Si nosotros gozásemos de la libertad de que ustedes disfrutan aquí, nos quedaríamos boquiabiertos. Hace poco han tenido ustedes una amnistía. La califican de “limitada”. Se ha rebajado la mitad de la pena a los combatientes políticos que habían luchado con armas en la mano (alude a los terroristas). ¡Ojalá a nosotros nos hubiesen concedido, una sola vez en veinte años, una amnistía limitada como la suya! Entramos en la cárcel para morir en ella. Muy pocos hemos salido de ella para contarlo”.

Estas palabras despertaron en los antifranquistas una furia increíble. Juan Benet, en Cuadernos para el diálogo (excelente título) escribió: “Todo esto, ¿por qué? ¿Porque ha escrito cuatro novelas, las más insípidas, las más fósiles, literariamente decadentes y pueriles de estos últimos años? ¿Porque ha sido galardonado con el premio Nobel? ¿Porque ha sufrido en su propia carne –y buen partido ha sacado de ello– los horrores del campo de concentración? Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexandr Solzhenitsin, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Alexandr Soljenitsin no puedan salir de ellos. Nada más higiénico que el hecho de que las autoridades soviéticas –cuyos gustos y criterios sobre los escritores rusos subversivos comparto a menudo– busquen la manera de librarse de semejante peste”.

Benet, escritor medianillo, esnob y superficial, pero muy promocionado, ejercía una “resistencia” cómoda y remuneradora a la limitada dictadura de entonces, y venía a actuar como altavoz de la oposición antifranquista, la cual pocas veces quedó tan al desnudo. El subdirector de Cuadernos para el diálogo, Eduardo Barrenechea, también arremetía contra el “hombrecillo Solzhenitsin”, que según él, había hecho “enrojecer … de vergüenza” a muchos telespectadores. La procomunista Triunfo, una de las revistas de mayor tirada entonces, denunciaba el “escándalo” de la “operación Solzhenitsin”, organizada para “acometernos por medio de una disertación fanática y apasionada. El señor Solzhenitsin llega con retraso de una guerra fría, y la Televisión Española, de una guerra civil renovada”. Denunciar la situación en la URSS y compararla con la de España significaba, pues, renovar la guerra civil y atacar “la democracia española” en ciernes. En la revista Por Favor, Soledad Balaguer cantaba las excelencias del sistema soviético, y denostaba al “premio Nobel barbudo” que daba “gato por liebre diciéndonos que los rusos eran muy malos porque eran comunistas, sin conseguir que nadie le creyese”. El semanario izquierdista Personas informaba: “Solzhenitsin es un paranoico clínicamente puro. La voz del viejo patriarca zarista penetró en los campos y ciudades españolas como un viento glacial. Fue una vergüenza”.

En la revista Posible, Arturo Rubial clamaba: “Ese Solzhenitsin es un Nobel por nada. Miente a cada instante. Habrían debido hacer de manera que Soljzhnitsin contase todo esto al estilo de music-hall, rodeado de lindas muchachas del ballet Set 96; este caballero tiene pasta de showman”. Montserrat Roig, en Mundo, no le cedía en agudeza: “La barba de Solzhenitsin parece la de un cómico de pueblo, la de un cómico ambulante pagado por una alianza de señores feudales. El escritor hace reír al gallinero. Un día le arrancarán las barbas postizas”. Hasta en una publicación de Soria podía leerse: “Solzhenitsin, turista privilegiado, multimillonario a costa de los sufrimientos de sus compatriotas, vive bien, muy bien, de sus discursos”. Y es que la simpatía hacia el totalitarismo soviético, incluidos sus campos de concentración, era una de las señas de identidad más íntimas de la oposición izquierdista.

Y no menos reveladora fue la reacción del antifranquismo de derechas. Cela, en vena progre, escribió: “Solzhenitsin no está solamente contra España, nuestro pequeño y amado país, lo cual no sería nada. Está contra Europa. Heraldo de la tristeza. No tenemos necesidad de pájaros de mal agüero”. Para Jiménez de Parga, “uno pierde la calma delante de quien, sirviéndose de las pantallas de TV, pretende tomarnos por imbéciles, permitiéndose explicar precisamente en España lo que es una dictadura”.

Los diversos comentaristas trataban a uno de los grandes escritores del siglo XX, a uno de los grandes testigos de la barbarie totalitaria, de “chorizo”, “enclenque”, “mendigo desvergonzado”, “espantajo”, “bandido”, “hipócrita”, “mercenario”, etc. Ciertamente, tales dicterios rebotaban como flechas de goma sobre el así agredido, pero ¿sería exagerado considerarlos perfectamente aplicables a aquella oposición antifranquista trivial, mediocre e hinchada de ruindad, fuente de los mayores peligros que ha sufrido y sigue sufriendo nuestra democracia? Pues el antifranquismo, con su enorme carga de odio y de mentira, está envenenando a la sociedad.

(En LD, 18-10-2002, con un final algo distinto)

 

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