Un crimen del mayor alcance histórico

Desde que el Doctor y la Arpía Marimacho anunciaron su propósito de profanar  los restos de Franco y el Valle de los Caídos, señalé que estábamos ante una batalla política de máximo alcance, pues afectaba a la historia, a la monarquía, a la Iglesia, a la democracia y al estado de derecho. Por desgracia, casi nadie entendió o quiso entender esta evidencia, ni siquiera los que la comprendieron parcialmente. Como nadie acaba de entender que si tenemos democracia se debe al franquismo, no solo a la sociedad pacífica y próspera creada por él, sino a la decisión popular abrumadora de construirla desde los logros del franquismo y contra  los demagogos descerebrados que quería retrotraer al país al criminal Frente Popular. Y que lo van logrando gracias a una derecha radicalmente infame.

El gran problema en España es la falsificación de la democracia por el Himalaya de falsedades, que decía Besteiro, y que resurgió como un vendaval poco después de la victoria póstuma de Franco en el referéndum del 76. Un vendaval de embustes desatado por la izquierda y los separatistas, al que ha colaborado un PP cuyo concepto de la democracia consiste en un reparto corrupto  de poder y dinero con los separatistas y los totalitarios. Al que han colaborado y colaboran la farisaica jerarquía eclesiástica y los monárquicos del ABC desde Ansón, demostrando  una inmoralidad profunda y completa ausencia de sentido del  estado y de la historia. Y al que han colaborado involuntariamente, con griterío vacuo,  franquistas nostálgicos que nunca entendieron lo que había sido el franquismo, ni el papel de la Iglesia, culturalmente inanes sin otro  pensamiento político, si así puede llamársele, que la denostación de una masonería a la que atribuyen poderes mágicos.

Y esta es la situación desde la que hay que partir. La profanación se está haciendo mediante la ocupación militar de la abadía (la Guardia Civil es un cuerpo militar) y basándose en la ley norcoreana de memoria histórica. Y ha sido posible porque cuarenta años de cultura del embuste embrutecen a mucha gente y desconciertan a la mayoría. Pero la guerra, pues esa profanación es una declaración de guerra, no ha hecho más que empezar, de momento en el terreno político a fin de que no llegue a otros terrenos.

El PSOE comenzó su subida al poder en la democracia con un doble delito: la anulación de la victoria política de España en relación con Gibraltar para convertir la colonia en un foco de corrupción masiva sobre el resto de España;  y poco después con el gigantesco robo de Rumasa, madre de mil corrupciones, la peor de ellas la del Tribunal Constitucional que prevaricó escandalosamente por primera vez.  No en vano decretó el PSOE la muerte de Montesquieu, verdadero golpe de estado si bien se mira. Y el proceso criminal ha culminado, de momento,  con la actual profanación de todo lo profanable valiéndose de una ley totalitaria y de  un Tribunal supremo al servicio del Doctor y la Marimacho. Corrupción (intelectual, política y económica), es la palabra que mejor define la historia del PSOE y sus efectos sociales, verdadera plaga bíblica que ha caído sobre España desde su primera insurrección en 1917.

Hoy es  preciso derogar la ley norcoreana o bolivariana, lo cual exige, además de su denuncia directa e incesante, el restablecimiento de la verdad histórica, una tarea que, según la habilidad, la energía y el apoyo con que se lleve a cabo, puede ser a largo o a medio plazo. Esa tarea es urgente e imprescindible, y convoco a ella a cuantos sientan a España y la democracia, aun si de momento son tan pocos como se ha demostrado en relación con este penúltimo crimen de un partido de historia criminal.

 

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¿Puede VOX superar al PP, incluso ganar las elecciones?

La situación a la que ha llegado  España, en golpe de estado permanente, creciente crispación y polarización social debe ser afrontada con tres líneas básicas o consignas: Unidad de España, Regeneración democrática y Respeto a la historia.

La Unidad de España está cada vez más en peligro  y la causa es clara: las políticas colaboracionistas de PP y de PSOE con los separatismos. Debe subrayarse que los separatismos, además de pretender disgregar España en una porción de estaditos impotentes y hostiles entre sí, juguete de políticas de otras potencias, son radicalmente antidemocráticos. Se fundan en un racismo, que antaño pregonaban y tras  la derrota del nazismo ya no osa decir su nombre. Este dato clave es sistemáticamente oscurecido por unos y otros, pero  sin sus absurdas pretensiones de superioridad sobre los demás españoles, esos separatismos quedarían sin sustancia y se desharían. Los despotismos de esos separatistas contra quienes no seguían sus directrices han sido apoyados y financiados sistemáticamente por el PP y el PSOE hasta llevarnos a la grave crisis actual, en golpe de estado permanente contra España, la democracia y la Constitución.

  Por ello  la defensa de la unidad de España debe ir unida a una Regeneración democrática en profundidad. La crisis separatista va unida a la imposición de leyes de tipo norcoreano o bolivariano como las de memoria histórica o de género, a “la muerte de Montesquieu” o socavamiento de la división de poderes, bien clara en las recientes sentencias sobre los golpistas y sobre el ultraje a la tumba de Franco o en la propia colaboración de los gobiernos de PP y PSOE con los racismos separatistas o la corrupción rampante de los partidos. La regeneración democrática es una exigencia que viene ya de la primera época del gobierno socialista, pero fue traicionada desde el principio por el PP. A la vista de sus consecuencias, se vuelve de extremada necesidad.

El Respeto a nuestra historia debe manifestarse de modo general contra la pervivencia de la Leyenda Negra en las mentes de los actuales partidos, que han contagiado a gran parte de la opinión pública. Y de modo más inmediato contra actos como el ultraje a la tumba de Franco. El ultraje se realiza  en nombre de la democracia, pero solo puede apoyarse en una ley totalitaria de tipo norcoreano como la de memoria histórica y en el debilitamiento, práctica anulación, de la división de poderes. Y proviene de un gobernante falsario desde su mismo título académico, trepado al poder con el soporte de los separatistas. Su democratismo es tan fraudulento como el doctorado del individuo hoy en el poder. La profanación y ultraje es, precisamente, un ataque extremadamente brutal  a la historia y a la democracia.

  Franco representa una época histórica que no puede juzgarse desde el partidismo, y menos de partidos separatistas, de historia criminal como el PSOE, o comunistas, que en los años 30 hicieron imposible la convivencia en paz y en libertad y parecen empeñados de volver a hacerlo. Del franquismo provienen, guste o no, la monarquía, la conservación de la cultura cristiana, la prosperidad que ingresó a España en el club de los países ricos del mundo, y la propia democracia, que no podía funcionar en la república debido a la miseria, las demagogias y los odios exacerbados, que ahora intentan revivir algunos desalmados o descerebrados .

   Creo que con este triple argumentario, muy claramente expuesto, VOX puede desbancar al PP, denunciando su colaboracionismo con separatistas y PSOE y proponiendo una salía positiva. Puede incluso ganar las elecciones. Es decisivo atenerse al triple tronco sin desviarse a asuntos secundarios. Se trata de defender un programa positivo más allá de la simple oposición al Doctor, cuya derrota electoral no serviría de nada en manos de un partido como el PP. Por eso estas elecciones son históricas. Abascal, que en conjunto lo está haciendo muy bien, ha cometido un error, no grave pero error, al restarles importancia,  y al centrar su denuncia de los separatismos en el tema judicial, que no debe abandonarse pero poniendo a esa gente contra las cuerdas recordando su racismo frente a sus pretensiones de “voto democrático”. También Hitler llegó al poder con el voto democrático. El enemigo real de VOX es el PP, que usurpa un terreno que no le corresponde, que bajo consignas hipócritas de España mantiene la política de siempre y fomenta los separatismos en las regiones donde gobierna, y  que aspira a lo que siempre ha sido su orientación: repartirse el poder y los dineros con sus amigotes, los de la historia criminal y  los racistas antiespañoles. Que ha sido la barrera más efectiva que ha impedido hasta ahora una política en defensa de España y la libertad.

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ch6 La angustia esencial en la condicion humana/ El espíritu de España

Dice usted que la explicación profunda de la historia está en la religión y no en la técnica y la economía, porque el hombre precisa de la fe para sostenerse en un mundo misterioso que le desborda. ¿Qué quiere decir con eso, en concreto?

La historia política es muy viva, muy cambiante y dramática, en cambio la religión es muy lenta, puede mantenerse con escasos cambios durante cientos y hasta miles de años. También la economía puede seguir esencialmente igual durante muchos siglos, por lo que hallamos ahí un contraste interesante: ¿puede lo que apenas cambia explicar lo que cambia constantemente?

¿Puede?

Sí, claro. La historia, y el mundo en general, se nos presentan  como un caos de sucesos e impresiones, y la mente busca una explicación, que llamamos profunda,  a ese caos superficial. Lo buscamos  en movimientos de largo plazo, igual que intentamos explicar las acciones a menudo inconexas o incoherentes de las personas por lo que llamamos “su carácter” o “su temperamento”, que apenas varían. Sobre esa base podemos entender mejor sus actos y tendencias.

Pero, ¿por qué la gente precisa una fe para sostenerse? La gran mayoría se sostiene, es decir, vive con naturalidad sin pensar mucho en religiones ni en fe.

Volvamos a Omar Jayam, creo que nadie ha explicado mejor y más concisamente que él el carácter misterioso de la condición humana. Ha expresado de modo totalmente racional lo que casi siempre, a la gran mayoría, se les presenta como un sentimiento vago, que surge en tal o cual momento, generalmente relacionado con la muerte. Lo que expone Jayam racionalmente son los límites de la razón, la imposibilidad de la razón para penetrar en el fondo de nuestra propia condición, en un misterio que sobrepasa todas nuestras capacidades:  ¿por qué y para qué está aquí cada uno de nosotros o la propia humanidad? Esto desborda de paso la explicación económica de la historia. Naturalmente, necesitamos comer, y sin ello nos morimos, pero la visión economicista no dice que necesitemos comer para vivir, sino que inevitablemente vivimos para comer. Para comer más y mejor. El prometeísmo nos dice en definitiva eso, que vivimos para comer, la religiosidad nos plantea para qué vivimos.

Si la cuestión de por qué y para qué vivimos es un misterio inaccesible a nuestra razón, ¿qué capacidad explicativa puede tener? ¿Y por qué debería importarnos?

Veamos, esa imposibilidad es causa de una angustia esencial: ¿qué sentido tiene nuestra vida? A esa pregunta no podemos contestar racionalmente, y sin embargo nos atenaza y es preciso darle una salida. Esa solución son  los mitos y los ritos, es decir, las religiones, que nos explican el origen y fin del mundo y el papel del hombre en él. Obviamente, son explicaciones imaginativas, basadas en analogías, que exigen la fe porque no pueden reducirse a algo como “estudio para ser ingeniero”, o “evito el alcohol por razones de salud” . Las religiones calman esa angustia esencial, esa es su función, y al calmarla permiten al hombre dedicarse a los afanes de la vida, disfrutar de ella, mejor o peor, o soportar sus frustraciones y sufrimientos sin desesperarse. Por eso todos los pueblos han concedido enorme importancia a la religión como el eje de su moral, y más ampliamente de su cultura.

Sin embargo está claro que las religiones no son verdaderas. Muchas han existido y se han extinguido, dicen cosas diferentes y nadie creería hoy  en sus viejos mitos.

Decir que no son verdaderas es aplicar la razón a algo que la desborda, eso ocurre también con el arte. Son verdaderas, por así decir, en la medida en que consiguen aplacar la angustia dando impresión de sentido a las actividades humanas y a la propia muerte. Y aunque racionalmente no puedan justificarse, creo que la razón puede, por así decir, pulimentarlas. Esto ya ocurrió en Grecia, que sometió los mitos a crítica, en buena medida incomprendiéndolos. La razón trató de sustituirlos por la búsqueda del sustrato necesario de la vida, por la Necesidad. Pero la necesidad tiene el inconveniente de su total indiferencia a los deseos, preocupaciones y libertad de los humanos. Es inapelable y el hombre solo puede tratar de adaptarse a ella o quitarse de en medio. A los dioses se les puede implorar, confiarse a ellos, pedirles cosas… En la Biblia, los profetas piden a Dios clemencia cuando este decide castigar a los judíos, o se le pide buena suerte en las empresas de los creyentes. Las calamidades podían interpretarse como resultado de faltar a la fe o de ofender a la divinidad, y todo ello calmaba la angustia, nunca por completo, desde luego, pero sí en grado suficiente.  En cambio el concepto de necesidad no permite imploración, es un Dios por completo indiferente a la inquietud humana. Esta diferencia es muy importante. Modernamente se ha querido sustituir la religión por la ciencia, pero ya hemos visto cómo la ciencia no aplaca la angustia, sino que la exacerba sin remedio.  

   Usted no cree en el esquema de Comte. Ni tampoco explica las grandes diferencias entre unas religiones y otras.

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Galería de antifranquistas ilustres en “Una hora con la Historia”: https://www.youtube.com/watch?v=-fn3bGUQrSg

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El espíritu de España

Si hablamos del Siglo de oro y lo comparamos con las generaciones actuales, cabe recordar un comentario de Vicens Vives sobre la existencia histórica, difícilmente explicable, de generaciones de tremendo empuje creativo y de otras opacas y anodinas. Indudablemente, en las críticas habituales a aquellos tiempos cabe percibir cierta envidia de los anodinos e incapaces  hacia los creativos, digámoslo así. El espíritu del Siglo de oro era muy distinto del de los españoles actuales. Esto viene planteando muchos problemas el principal de ellos es el por qué se produjo la decadencia, por qué cambió el espíritu. Es fácil entender que en la segunda mitad del siglo XVII, España no solo va siendo derrotada militar y políticamente, sino que también pierde originalidad e impulso cultural, hay cierta sensación de agotamiento, que ya expresaba agudamente  Quevedo en su célebre soneto “Miré los muros de la patria mía”.

   Así, pocos años después de la Paz de Westfalia,  la impresión que daba España era de una decadencia tan profunda que Luis XIV trató de satelizarla;  y no menos significativas son las palabras con que el tratadista católico Fénelon se lo desaconsejaba: “De España no tenéis más que el peso, como un peso muerto: os abruma y os agotará”.  “Es una nación no menos envidiosa y suspicaz que imbécil y envilecida (…) Los españoles no harán nada bueno y os harán sucumbir con ellos”. Es cierto que España resurgió como gran potencia militar,  capaz de derrotar todos los intentos ingleses de destruir su imperio (si bien no logró recobrar Gibraltar), pero políticamente pasó a una posición auxiliar de Francia. Y culturalmente  su retraso podría resumirse en tres puntos: anquilosamiento de la universidad, expulsión de los jesuitas y ausencia de una academia de ciencias.

El hecho es que cuando, un siglo después de la Guerra de Sucesión, Napoleón emprende la conquista de España, lo hace convencido de atacar a un país en profundo atraso y  declive, lo cual  era cierto en lo referente a sus oligarquías políticas e intelectuales. En cuanto a la población, se equivocó: demostró no ser decadente, sino muy vital; pero también incapaz de producir una cultura y organización superior. A la derrota de Napoleón no le sucedió un resurgimiento del país sino su época de mayor decaimiento, que se prolonga hasta la actualidad, con la excepción parcial de “la era de Franco”.

Diversos tratadistas han explicado la decadencia por el abandono del “espíritu español”, sustituido por el afrancesamiento primero y luego por el caos entre afrancesado y anglisizados del XIX. Pero la cuestión es: ¿podía haber sido de otro modo? ¿Estaba agotado el espíritu del Siglo de oro y ya había dado de sí todo lo que podía? ¿O se había practicado una especie de traición a él y cabría recobrarlo de algún modo? Ya he señalado la dificultad de abordar el problema desde el catolicismo.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))

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20 de noviembre. Errores de Franco

Un 20 de noviembre, hace 44 años, fallecía Franco, el mejor gobernante que ha tenido España desde Felipe II, y con cierta semejanza con este, ya que tuvo que bregar con una oposición exterior amplísima, y como él consiguió vencerla o tenerla a raya. Es el mejor, y también el mayor estadista de Europa occidental por sus logros, que repetiré brevemente: venció en una muy difícil guerra civil contra totalitarios y comunistas, salvando a España de la disgregación y la tiranía, cosa que merece la gratitud también del resto de los europeos, a quienes evitó verse entre dos regímenes comunistas; libró a España de la guerra mundial, otra proeza que merecerá eterna gratitud; venció una peligrosa guerra de guerrillas comunista; inició el período de paz más largo que haya vivido España en siglos, y que continúa a pesar del empeño de algunos desalmados en destruirá; venció a un criminal aislamiento impuesto por regímenes soviéticos, democráticos y dictaduras varias; reconcilió a los españoles haciéndoles olvidar los odios locos que destrozaron la república, y dejó un país próspero y con la mejor salud social de Europa. Gracias a todo ello, la democracia pudo venir por la propia evolución interna de España y no impuesta por el ejército useño e indirectamente por el soviético; es ahora, tantos años después de muertos Franco y el franquismo,  cuando la libertad y el estado de derecho y la misma paz e integridad nacional se ven amenazados por un conglomerado de partidos supuestamente nacionales y separatistas.

Comparado con este conjunto de logros y hazañas, palidece cualquier otro estadista español desde hace siglos, y también los europeos contemporáneos de Franco, como he explicado en otros momentos. Un amigo me preguntaba haciéndose el irónico: “¿Cometió algún error Franco, según tú?”. Ciertamente tuvo errores y seguramente cometió injusticias. Esto es inevitable. Pero comparando los errores con los aciertos, estos pesan más,  incomparablemente más.  No obstante, tuvo un error de gran calado y fue la excesiva identificación de su régimen con la Iglesia, declarándose católico y tratando de cumplir todas las exigencias de los obispos. Era inevitable, porque él se sentía muy católico, porque identificaba la propia historia de España con el catolicismo, cosa francamente excesiva y no muy cristiana (“Al César lo que  es del César, etc.”), porque la Iglesia fue durante más de dos décadas un importante apoyo internacional, y porque los cuatro partidos del franquismo solo se identificaban en declararse católicos.  Coincidían también en un espíritu patriótico,  algo menos los católicos políticos, cosa natural, y no debe olvidarse que desde pronto sufrió el régimen las maniobras e intrigas  de la parte antiespañola del clero vasco y catalán, que pretendían resucitar los separatismos.  Como es sabido, tras el Concilio Vaticano II, la Iglesia, antes tan favorable a la confesionalidad, declaró la separación de la Iglesia y el estado, lo que podría haber sido positivo si no hubiera acompañado esa separación de una solapada hostilidad y corrosión al régimen que la había salvado del exterminio y a la propia idea de España, al colaborar con separatistas y comunistas. Aun así, el franquismo no se derrumbó como podía haber ocurrido y provocado una nueva catástrofe, sino que Franco supo mantenerlo, liberalizándolo progresivamente y encauzándolo a una transición hacia una democracia no convulsa, decidida finalmente por un referéndum en condiciones que suponían una victoria póstuma del propio Franco.

Ahora los delincuentes que se identifican con los demagogos y chekistas del Frente Popular quieren lograr una peligrosa revancha a sus derrotas  ultrajando los restos del gran estadista. Por desgracia, varios decenios del “Himalaya de falsedades” y calumnias  en que son tan expertos los aludidos delincuentes, auxiliados por el indecente PP, han creado una enorme confusión y falsificación de la memoria histórica, que han impedido la movilización necesaria para impedir el crimen. Pero el combate no ha hecho más que empezar, y debe centrarse desde ahora mismo en la abolición de la ley norcoreana de falsedad histórica, sobre la que ya están ocupando militarmente el Valle de los Caídos y profanando la tumba. Esa ley debe ser derogada, Franco devuelto al lugar que le corresponde, y los delincuentes castigados. Es la labor en la que debemos volcar los mayores esfuerzos quienes sintamos a España y la democracia y mantengamos conciencia de la historia.

 

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Claves del Siglo de oro y la decadencia / La verdad inquietante.

Galería de antifranquistas ilustres en “Una hora con la Historia”: https://www.youtube.com/watch?v=-fn3bGUQrSg

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Pese a  las grandes hazañas, si quiere llamarlas así, de los españoles en los siglos XVI y XVII, el esfuerzo fiscal y los gastos excesivos sumieron al país en la pobreza.

–El esfuerzo fiscal fue común a las potencias enemigas de España, que estuvieron también al borde del colapso en varias ocasiones. En todo caso, eso es secundario. Todo ocurre en el tiempo y todos los imperios terminan desmoronándose. A España le tocó enfrentarse sucesiva o simultáneamente con otomanos, franceses, ingleses y protestantes, y luchar no en dos sino en tres o más frentes. Y lo más notable es que no era la potencia más rica ni la más poblada. Francia sola era mucho más rica y poblada que España, cosa natural cuando la economía dependía sobre todo de la agricultura: Francia tiene más lluvias, mejores suelos y menos montañas, y lo mismo puede decirse de los demás. Esta inferioridad solo pudo compensarse con una superioridad cualitativa: además de un especial espíritu combativo, España tenía  una organización militar superior a la de sus adversarios y una gran habilidad diplomática. Eso en el terreno militar. También en el político y administrativo, el esfuerzo de organización de un imperio transoceánico sin precedentes en la historia humana, exigió  una extraordinaria capacidad de organización y numeroso personal muy especializado, que surgía sobre todo de la enseñanza superior, que era por entonces la más nutrida de Europa. A estos factores casi nadie les da su debido valor, pero son los que explican muchas cosas. No solo fue el valor y la audacia, aunque también. O  el espíritu católico, pues también era católica Italia, que política y militarmente representaba muy poco, o Francia.

Pero usted no menciona precisamente  otro de los grandes éxitos de España, la evangelización de gran parte de América y de Filipinas.

Sí lo menciono, igual que la contención de protestantes y turcos.  Pero la evangelización fue posible por la conquista. Y  la contención del protestantismo y del islam no habría sido posible sin esos esfuerzos políticos y militares. Si usted quiere poner las cosas al revés, que fue el espíritu evangélico el que permitió los éxitos militares, creo que yerra. Porque en sí misma, una guerra no es demasiado evangélica, y por otra parte, insisto, no era menos católicas Italia o Francia.  Pero es cierto que el catolicismo tiñó de modo especial las empresas de España y también su cultura, como lo es que dichas empresas y cultura no se explican por el catolicismo, o no solo por él. de otro modo no habría sobrevenido la decadencia.

Como fuere, la edad de oro  ocurrió hace mucho tiempo, y no hay perspectivas de que resurja. ¿No es una pérdida de tiempo preocuparse mucho de ella?

–No creo que lo sea, porque si España es hoy un país  económicamente boyante pero cultural y políticamente  trivial, casi  insignificante, se debe en gran medida a la estéril y esterilizante versión negrolegendaria de aquella época, a su influjo tan extendido.

¿Quiere decir que superando la leyenda negra España volvería a un siglo de oro?

–No, por supuesto. La superación de la leyenda es condición necesaria pero no suficiente. Además, se intenta superar a menudo con una retórica vacua,  grandilocuente y patriotera, o con una apreciación errónea o torcida del catolicismo en relación con la política. Creo que el asunto merece más análisis, y  Nueva historia de España va en esa dirección. Por decirlo de manera simple: he propuesto aquí la importancia de la enseñanza, sobre todo la superior, en el desarrollo de una cultura. España no puede pensar hoy en convertirse en una superpotencia política o militar, pero en el terreno cultural podría ganar muchos puntos. El atraso de España se deja explicar con bastante sencillez: aquí apenas se desarrollaron la ciencia y la técnica. Sin embargo, eso es fácilmente superable. Basta con que la  sociedad y el estado se tracen un programa ambicioso y de gran alcance. Que puede y   debe hacerse precisamente en conjunto con el resto de países hispanohablantes, mientras que volver a la unidad política resulta inviable. Claro está, hay cosas que el estado no puede impulsar: puede impulsar la ciencia y la técnica, pero no el pensamiento y el arte,  que se desarrollan al margen de la política.

Pero usted sostiene que la explicación más íntima o más profunda de la historia se encuentra en la religión.

–Así lo creo y he tratado de explicarlo, también en mi libro sobre Europa en relación con el cristianismo. Aplicándolo de manera muy simple, podríamos decir que el desarrollo cultural de los países protestantes a partir del siglo XVII demostraría la superioridad del protestantismo sobre el catolicismo. De hecho así lo afirman muchos. Pero creo que el asunto requiere análisis algo más finos.

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

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La verdad inquietante 

TARSICIO. Pero vamos a ver, Salicio, ¿Por qué me vienes con esas preguntas absurdas y palurdas que hasta un niño de tres años podría contestar? ¿Que por qué se llevan a hostias la tierra y el sol? ¿Y por qué habían de llevarse bien, burrobestia? ¿Quieres que te lo explique? Pues para que veas lo complaciente que soy. El sol no hace más que soltar luz y calor, ¿no es cierto? Pero eso lo va consumiendo poco a poco. Por lo tanto, lo que quiere es que la tierra caiga hacia él y poder tragársela para tener más energía y durar más,  ¡la gravedad, tío, eso es lo que le gusta al sol! ¿Lo captas, ceporro? Así de simple. En cambio la tierra no hace más que girar y girar  alrededor, a mucha distancia, y eso, ya se comprende, tiene al sol muy mosqueado. Vamos, que es para cabrearse. Y a la tierra le pasa lo mismo: da vueltas y más vueltas, pero no consigue largarse libremente por el espacio, convertida en un gran pedrusco y sin tener que aguantar a la vida en su superficie. Porque admitirás, torpe Salicio, que la vida puede que le guste a la tierra, no te digo que no, pero al mismo tiempo la joroba mucho, le causa un cosquilleo que a veces le hará reír, pero otras veces tiene que fastidiarle bastante,  es natural. ¿Vas cogiendo la idea?  Además, tiene que alimentarla,  cuidar esa vida  y no creas que es poco trabajo, y más desde que apareció el hombre, que no para de perforar la corteza, sacar de ella de todo y armar ciscos de  mucho cuidado, causar explosiones, qué sé yo. No todos los humanos son pastores apacibles como nosotros, que se contentan con lo que la tierra les da… De ninguna manera, la mayoría se pasan la vida perturbando a la tierra todo lo que pueden y más… ¿Pero qué tiene que ver el Pim-pam, como tú llamas a la Grex, so asno bípedo? Estoy hablando de la realidad, de lo que todo el mundo puede ver, no de esas fantasías de los físicos. ¡Claro! Como la gravedad está  difusa por todo el universo, pues uno puede pensar que todo el universo estaba concentrado originariamente en un punto. Entonces, ¿por qué se expande, según dicen, que yo no acabo de creérmelo? ¿Que por qué no me lo creo? ¿Que si hay muchas pruebas y tal y tal? Pues mira, si se expande será que hay otra fuerza contraria a la gravedad. Además, ¿por dónde se expande si todo el espacio está contenido en el cosmos? ¡Ya me contarás! Pero a lo que vamos, ¡Dios, cuánto trabajo da la ignorancia! ¡Y no vuelvas a interrumpirme con chorradas que no vienen al caso, desgraciado! A lo que íbamos. ¡Que sí hombre, que sí, de acuerdo, la tierra disfruta con la vida, eso es seguro, porque si no algo haría para librarse de ella. Y observarás que de vez en cuando lo hace, eh, de vez en cuando te suelta unos terremotos que te dejan tieso. O unas  inundaciones  que si no acaban con todo, poco le falta. Así que el sol le atiza la vida, y eso  por una parte le da gusto y por otra la pone hecha una furia. De vez en cuando le entra una mala leche contra el sol, la vida y todos lo demás, que ríete tú de los agujeros negros. Sí, hombre sí, la tierra es contradictoria, y por eso nosotros, que somos hijos de ella somos contradictorios, siempre queremos una cosa y la contraria, siempre hablando mal unos de otros y haciéndonos los amigos al mismo tiempo. Es triste, ¿verdad? Es tristísimo. Pero ¿por qué te estoy contando estas cosas que seguramente te deprimirán y no te dejarán dormir por las noches? ¡Ah, Salicio, amigo mío! Tú, que eres tan feliz con tu ignorancia simplona, con tus cabras y cerdos y tu zambomba,  con tus amores tontos por Amarilis, y yo aquí, venga a perturbarte con estas cosas… ¡Olvida cuanto te he dicho, caro Salicio, olvídalo! No quiero cargar sobre mi conciencia haber perturbado tu dicha sencilla y tontorrona  con estas consideraciones, muy reales, sí, pero muy jodidas… Pero mira, por ahí vienen  Simplicio, Patricio y Mauricio con sus modestos rebaños, y pronto llegarán los demás a estos prados.  Yo, como si no te hubiera dicho nada, ¿eh, amigo mío? Y charlaremos en delante de cosas más risueñas.  

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