Putrefacción de un sistema/ El ejemplar e ilustrativo caso Azaña

**La importancia de la corrupción en España quedó de relieve cuando la pandilla de Rajoy fue expulsada del poder. ¡En España no se tolera la corrupción! Lástima que el partido que lo expulsó sea más corrupto todavía. He aquí el panorama real.

**Otro aspecto del panorama: después de sus innumerables abusos, PP y PSOE siguen consiguiendo millones de votos. 40 años de embrutecimiento progresivo.

**La sentencia sobre los ERES, después de que una juez prevaricadora alargase cuanto pudo el proceso, no deja de ser un chiste de los habituales en la antidemocrática ”justicia” española:  6 años por más de 800 millones de euros. Que apenas se cumplirán, y sin devolución de lo robado.

**Con ser grave la corrupción, lo son mucho más otros datos: España cuenta con los únicos gobiernos del mundo que favorecen y financian por sistema los separatismos, se declaran amigos y aliados de la potencia que invade un punto estratégico de su territorio y regalan alegremente la soberanía nacional.

**Otro dato de la putrefacción de una seudodemocracia: en España el PP no ha sido oposición, sino auxiliar del PSOE y los separatismos.

**Obsérvese el exquisito respeto de nuestros políticos hacia los estafadores: ninguno recordó en la campaña electoral el doctorado del sujeto. Ni el negocio de las saunas.

**Dos puntos esenciales a sostener y difundir, al margen de los partidos: la memoria de Franco y el carácter criminal del PSOE. Sin claridad en la historia de ambas, la democracia se pudre. Putrefacción bien a la vista

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

En Por qué el Frente Popular perdió la guerra, usted empieza la parte de las semblanzas de sus dirigentes por la de Azaña, pese a que antes insiste en que su papel fue de mero adorno.

–Así es, sirvió de adorno o más propiamente de disfraz al carácter cada vez más comunista del Frente popular.  Sin embargo Azaña y Prieto son sus verdaderos fundadores. No con ese nombre, claro, solo como coalición de izquierdas.  El nombre de Frente Popular es comunista y muy pronto también lo fue su contenido. Además. Azaña cumplió un papel fundamental, precisamente como disfraz de una realidad totalitario-separatista. Ese disfraz, que era parte de la estrategia comunista, no funcionó pero creó una enorme confusión política e histórica en España y en Europa, una confusión que se mantiene, y permite a totalitarios y separatistas presentarse como demócratas.  Gracias a los equívocos sobre Azaña y otros republicanos.

Pero a Azaña no se le puede considerar totalitario ni separatista…

–No. En realidad era un liberal digamos exaltado, jacobino pese a estar dispuesto a aliarse con los separatistas y los totalitarios, a quienes creyó poder dirigir. “La inteligencia republicana dirigiendo a los gruesos batallones populares”, o algo así era su programa. Este programa de acción, que no solo era político, sino también vital, biográfico, lo expuso en 1930, en vísperas del golpe militar que debía traer la república.

Usted sostiene que en realidad fueron los batallones populares, es decir, los sindicatos y partidos marxistas, quienes dirigieron a la “inteligencia republicana”.

–Eso es. Más que dirigirla, la arrastraron. Por otra parte esa inteligencia nunca existió, y nada mejor que el propio Azaña para demostrarlo. Él decía cosas tremendas de sus colegas republicanos: “rodeado de imbéciles, gobierne usted si puede”, y cosas parecidas. Sin embargo él mismo demostró poca inteligencia al pensar que podría dirigir a fuerzas mucho más potentes y motivadas que la suya. Nunca entendió el marxismo, por ejemplo, pese a que por entonces en toda Europa era el marxismo una presencia política de enorme influencia. Lo mismo ocurría con Ortega.

Pero en su libro, usted concede importancia fundamental a su discurso “Tres generaciones del Ateneo”, de 1930  más bien que a sus diarios de guerra. ¿No es una contradicción?

–No, porque lo interesante de Azaña, desde el punto de vista de su evolución, es que siempre se mantuvo en la línea conceptual y de estrategia política que expuso en aquella conferencia. Se mantuvo en ella pese a que cada mes iba comprobando su fracaso, como expone en sus diarios de la república. Para él, lo esencial era la  “empresa de demoliciones” de la España tradicional, lo que se traducía en la práctica en impedir gobernar a la derecha, aunque esta ganara las elecciones. Con todo, cada vez estaba más preocupado por el rumbo que seguían los acontecimientos, y ya durante la guerra quedó preso en su propia trampa: no tenía alternativa, pues si los nacionales lo apresaban, lo fusilarían probablemente. Tuvo que desempeñar hasta el final el papel que él mismo había elegido. Y lo hizo entre  gemidos de impotencia, como revelan sus diarios de guerra.

Según usted, en su libro sobre las causas de la derrota del Frente Popular, el caso de Azaña tiene, desde el punto de vista biográfico, unos rasgos especiales.

–Son los que he dicho: su tenaz adhesión a una línea de acción no solo política, sino vital, que diseñó mucho antes de la guerra, y que condujo a ella en la práctica, obviamente sin que él lo quisiera deliberadamente. Digamos que él creía que al menos medio país iba a someterse, lloriqueando pero sin lucha, a su programa de demoliciones junto con marxistas y separatistas. Pero calculó mal.

Por tanto, usted aspira a demoler las versiones izquierdistas sobre Azaña…

– Las izquierdistas o más bien progres  (Marichal y otros) llegan a presentarlo como un estadista incomparable en España, a la altura de Churchill o de Adenauer y en la misma línea política liberal. Esto es simplemente grotesco, y el mismo Azaña se habría quedado perplejo. Sin embargo han sido aceptadas por gran parte de la derecha que quiere ir de liberal. Las versiones digamos franquistas son también demasiado simples y hasta simplonas, no llegan a entender la lógica profunda del personaje.

La república estuvo muy controlada por la masonería. ¿Era Azaña masón?

–Una cosa es decir que había una proporción muy alta de masones entre los políticos republicanos y otra que controlasen el régimen. La masonería llegó a considerar la república como un régimen suyo, y hay mil detalles de su influencia, pero también es verdad que pronto se les escapó de las manos, sobre todo al llegar la guerra, en que son los comunistas, muy poco amigos de los masones, los que llevan cada vez más la batuta. El programa de demoliciones de Azaña era seguramente compartido por la mayoría de los masones, pero cuando Azaña lo diseñó no estaba en esa sociedad. Entró más tarde en la masonería por puro interés  político momentáneo, pero sus ritos le parecieron ridículos, lo expone en sus diarios, y nunca más frecuentó una logia. Más interés tiene su peculiar relación con Prieto, que tampoco era masón (dijo que prefería una misa a los barrocos ritos masónicos).

¿Cómo juzgar el caso de Prieto?

 Prieto venía a ser la antítesis de Azaña. Era hombre visceral, muy inculto y poco intelectual, aunque algo leído, sin nada parecido a un diseño de vida y política como el de Azaña. Creo que dijo una vez que sus memorias, las cuales no escribió, las titularía “Una vida a la deriva” o cosa así. Azaña es interesantísimo por la lógica de su evolución, y Prieto por sus derivas. Sin embargo formaron un verdadero equipo entre los dos, y el origen del frente popular fue una sola de las aventuras en que se embarcaron juntos. Sugiero en el libro que un historiador  serio aborde el tema de las relaciones entre Azaña y Prieto, que tan decisivas fueron en la evolución de la república y de la guerra. Porque fue una relación verdaderamente asombrosa por sus efectos y sus maquinaciones. Entender estas cosas es fundamental para entender a su vez la política actual y sus peligros.

 

 

 

 

 

 

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Tragedia y moral / Tres damas de la revolución

–Según Aristóteles, la tragedia nos conmueve porque trata de grandes  desdichas que ocurren a otros sin merecerlo, por lo que provocan miedo y compasión, la catarsis. Algo así creo recordar.  Por lo tanto, no hay crimen y castigo, es decir, la tragedia es un relato amoral. Según tu novela, así sería, entonces.

–No me parece buen planteamiento ese. Un grave accidente sería también una tragedia y de hecho así se dice muchas veces. Pero es un problema serio. ¿Son culpables Irina e Iliena? ¿Lo es Paco? ¿En qué sentido provoca una catarsis la narración de los hechos? No estoy seguro. ¡Hombre!, compasión sí producen, desde luego, porque por insensibles que seamos siempre las desdichas ajenas nos afectan de algún modo.

–Pero no las desdichas merecidas, esas no nos causan compasión.

–Lo mismo pasa con el otro caso, el de la poetisa, su tía y el actor fracasado. Nos causa compasión porque ninguno se lo merece, son “las cosas de la vida”.

–El problema de fondo es ese. Los personajes somos nosotros mismos, nos identificamos con ellos con más o menos intensidad. ¿Nos merecemos los males que nos caen? ¿O los bienes?

–La mayor culpa del hombre es haber nacido, ¿no lo decía el Segismundo de Calderón?

–No me convence. O, bueno, solo en el hecho de que la vida humana va asociada a la culpa. Los animales no experimentan la culpa, parece ser. Pero una cosa es la asociación y otra decir que la vida humana es una culpa, bueno, un pecado.

–Veamos: si hay un culpable en el episodio de Rusia ese es Paco. Está acostumbrado a hacer su voluntad, se enamora de  Iliena después de mentir a la otra, y provoca la cadena de catástrofes. Podría haberse contenido, sabiendo el daño que hacía a su amigo, además de que la chica no le quería a él.

–Pero en esos enamoramientos súbitos, que se dan, eh,  y pueden ser muy violentos, hay un factor que escapa a la voluntad y al razonamiento. Qué, en concreto, se ve en la otra persona, es imposible saberlo. Pero es algo que hechiza, por así decir, y parece que sin ella la vida se vuelve insoportable.  No pasa con frecuencia, afortunadamente. De todas formas, Paco parecía el menos indicado para sufrir un ataque así.

–¿Quieres decir que es inverosímil?

–No. Pero creo que se da más en personas solitarias, o que no han tenido relación sexual, o poca, a lo mejor gente aburrida que de pronto se deslumbra con una visión beatífica en alguien del otro sexo. Ojo, también puede darse entre homosexuales, pero propiamente es lo que digo.  En cambio Paco es todo lo contrario, tiene gran facilidad con las mujeres y tampoco espera mucho de ellas. En ese sentido me parece raro. No inverosímil, pero raro.

 –A mí me interesa el problema moral. En la tragedia griega son las acciones de los personajes los que les llevan a la catástrofe. Ellos saben defender muy bien su causa, pero por debajo corre la hibris.

–¿Qué es eso? Espero no parecerte muy inculto, pero lo mío es la física.

–Es el exceso, el abuso, la soberbia o más bien la vanidad. El desafío a los dioses. Prometeo es el símbolo de la hibris, precisamente. Tomemos a Edipo: Freud lo trata con demasiada literalidad e incoherencia. Edipo está dañado psíquicamente, es un resentido con tendencia a reacciones excesivas, como matar a Layo, su padre, por sentirse humillado. Es inteligente, pero sus acciones posteriores están determinadas por ese carácter.  

–Como en tu novela, ¿no?

–No. Alberto está dañado psíquicamente, pero no de ese modo, además provoca la muerte de su padre a sabiendas y desde luego no se casa con su madre. Su choque emocional consiste en el sentimiento desconcertante de matar en definitiva a su padre, un tabú terrible en sí mismo, junto a la conciencia repentina de que él no habría llegado a existir sin aquella persona a la que considera un asesino brutal y medio enloquecido, y tiene todas las razones para  aborrecerlo. Sin embargo todo lo que ha vivido Alberto, bueno o malo, y él no tiene tendencias suicidas, se lo debe a aquel en último extremo. Esa impresión-revelación le resulta demoledora… O bien,  ¿se merece el padre, por sus actos,  terminar muerto por su propio hijo, por alguien que no habría llegado a vivir sin él? ¿Cómo es posible eso? ¿Es Alberto un justiciero en ese caso? Alberto, en general, no va de justiciero de nada, no es esa su motivación.  No obstante se puede ver una lógica subterránea, una especie de justicia, el karma de los orientales quizá, en que un criminal  como el padre termine siendo muerto por su propio hijo. Pero, ¿qué autoridad moral tiene  Alberto para considerar a su padre un criminal y hacer justicia, si se puede decir así? También se pueden mirar las cosas desde la perspectiva de unos tiempos muy turbulentos, de los que ellos no son responsables, y que los arrastran les guste o no… ¿Cuál es su responsabilidad, su culpa? ¿Son como animales?

Sonaron Gritos Y Golpes A La Puerta (Ficción Bolsillo)

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Por Que El Frente Popular Perdio La Guerra Civil

Dice usted que su libro Por qué el Frente Popular perdió la guerra puede comenzarse por cualquier de sus cuatro partes. Esto no suele ocurrir en libros de historia.

–Cada parte arroja una perspectiva distinta, y permite comprender mejor el conjunto. Fue una guerra ideológica, de modo que se puede empezar por la última parte, donde se describen a grandes rasgos las ideologías en juego. O por la segunda,  que son semblanzas político-vitales de los dirigentes.

Usted dedica un capítulo a “las tres damas de la revolución”. ¿Es un título irónico? Por lo demás, su influencia fue muy escasa.

–El título tiene algo de ironía porque a una revolucionaria no se le suele tratar de dama, un tratamiento típicamente burgués. Pero sí influyeron, y mucho. La propaganda comunista hizo de la Pasionaria un mito internacional. Cierto que ni ella ni José Díaz eran quienes realmente dirigían al Partido Comunista, que era mandado desde Moscú, pero desempeñó un papel moral de primera importancia, lo mismo que las otras dos, o más aún que ellas. Representaban a la mujer nueva dentro de la concepción revolucionaria del hombre nuevo. Montseny fue además ministra durante seis meses o así. El fervor que despertaban las tres era increíble.

Pero su labor dirigente fue mínima.

–Fue mínima en el caso de la Pasionaria y de Margarita Nelken, pero no en el de Federica, que codirigió una facción anarquista, la FAI, y lo siguió haciendo en el exilio. Simbolizaban, ya digo, la mujer nueva, y por eso las siguen admirando tanto tanta gente simpatizante de esas cosas.

Usted no las admira demasiado, parece.

–Verá. Tenemos a Preston, por ejemplo, que ha escrito una hagiografía de Nelken  en un libro suyo. Ella era periodista, experta en arte y una mujer “liberada” (le llamaban “el colchón de todas las redacciones”), aunque sospecho que lo que ella deseaba era una relación matrimonial estable. Pero eso es como se quiera ver. Lo importante de Nelken era su capacidad prodigiosa de mentir e inventar atrocidades de los contrarios, y su prédica de una guerra realmente terrorista. Según García Oliver, ella capitaneaba las acciones de las juventudes socialistas en las “noches de espanto” de los asesinatos en retaguardia, en Madrid. Y sus artículos en la prensa eran llamamientos al terror más amplio posible. Esto a Preston no le preocupa, claro. Lo que cuenta es que era una mujer “liberada” “sin prejuicios”, y que por eso, dice,  suscitaba las fobias de los reaccionarios.

¿Fueron más  moderadas las otras dos?

–La Pasionaria no, desde luego. Era del mismo estilo que la Nelken. En cambio Montseny resulta más humanitaria, aunque le encantaba el espectáculo del “pueblo” quemando iglesias y demás. Tiene unas memorias bastante más humanas que las de la Pasionaria. Le dediqué un ensayo hace unos años. Un dato interesante de ella, Federica, es su concepción del amor, un amor libre típicamente ácrata pero que concluía en una especie de puritanismo. En ese terreno es de lo más pintoresco. En cuanto a Nelken, es una lástima que no escribiera sus memorias, porque era la más culta de las tres. Ya se sabe que esas memorias están llenas de distorsiones o mentiras, es natural, pero siempre digo que  cuando uno habla de sí mismo revela mucho más de lo que cree.

En el bando contrario no hay mujeres al mismo nivel.

–El bando nacional no era feminista, pero sí hay mujeres al mismo nivel. Pilar Primo de Rivera y otras organizadoras de la Sección Femenina de la Falange hicieron una labor cultural y asistencial realmente extraordinaria en unos años difíciles. Nunca predicaron el terror ni nada por el estilo, más bien lo contrario. Y en el franquismo, por poner un indicio, hubo muchas más mujeres escritoras o intelectuales que nunca antes. En fin, puede usted mirar en internet documentales sobre la llegada de los nacionales a Madrid o a Barcelona y constatar la gran proporción de mujeres entusiastas que los recibían. Parece que los feminismos revolucionarias no las habían convencido demasiado.

 Volviendo a las tres damas, ¿cual de ellas le parece más interesante?

–Las tres lo son. No resultan muy atractivas moralmente, y políticamente eran simplemente nefastas, pero son interesantes por lo que revelan de una época, un feminismo algo marimachesco y el espíritu de la revolución: una comunista, una anarquista y una socialista que evolucionó a un comunismo que terminó pareciéndole algo flojo. Son interesantes, aun si nada atractivas, como personas y como políticas. Rasgos de la condición humana.

Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Los jefes del Frente Popular /Dem (III) Poder y oligarquía

**Nada podría ser más nefasto para VOX que pactar o identificarse en algún modo con un PP cuya política ha sido el seguidismo del PSOE y de los separatistas, y la disolución de la soberanía española. Es de esperar que no caigan en esa tentación a la que le empujan tantos “analistas”, y  que resultaría letal no solo para VOX, sino para el país.

**No debe olvidarse que la situación actual es la herencia directa del PP.

**Dado el laberinto a que ha conducido la segunda transición al régimen zapaterista, unas nuevas elecciones resultarían una oportunidad para salir de él.

**La inanidad, por no decir estupidez, del noventa por ciento del análisis político en España se debe a su falta de perspectiva histórica en unos casos (los que pretenden “olvidar y mirar al futuro”) y la falsificación de la historia en otros.

Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Como he dicho, el libro Por qué el Frente Popular perdió la guerra se divide en cuatro partes, y puede ser empezado por cualquiera de ellas.  Uno de los temas es el de sus personajes. En una ocasión, cuando Besteiro se oponía a la deriva sovietizante del PSOE, señalaba el bajo nivel intelectual y el simplismo político de los bolcheviques españoles, comparados con los rusos.  Lenin, o Stalin y otros, desde luego, combinaban al intelectual y al revolucionario de acción, no solo organizaron y dirigieron, sino que escribieron y teorizaron incesantemente, enfrentándose a mil problemas. Su obra escrita ocupa muchos volúmenes, y su cultura y capacidad teorizadora son también excepcionales. Por comparación, los dirigentes y “teóricos” españoles apenas superan el nivel del militante de filas (tal como, podríamos decir, el nivel del análisis político de los expertos en los medios  supera poco el del paisano en la  barra de un bar),. Eran incapaces de plantearse en serio ningún problema y solo querían aplicar cuatro esquemas  teóricos mal digeridos. Naturalmente, los principios y concepciones generales de que partían Lenin, Trotski o Stalin, eran falsos, y de ahí que por mucha inteligencia y esfuerzo que dedicasen a su ejecución y análisis resultaran en pesadillas. Pero comparados con ellos, sus seguidores españoles eran unos simplones brutales.

   Esta deficiencia  no se aplica solo a los líderes socialistas y comunistas. Los intelectuales regeneracionistas tipo Azaña u Ortega, convencidos de que “Europa” era la solución a no se sabe bien qué, jamás se plantearon ningún problema sobre Europa, a pesar de sus convulsiones, que tenían ante los ojos. Era la postura del iluminado.

En Una hora con la Historia: Franco, reflejado en sus palabras: https://www.youtube.com/watch?v=Ev1joWze594 

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 Poder y oligarquía

  1. 1.       En todas las sociedades  humanas encontramos siempre  el fenómeno del poder. Este hecho proviene de la diversidad y a menudo oposición de intereses, sentimientos, gustos e ideas que existen en toda sociedad humana. Esta diversidad tiende por si misma a la disgregación social y a la lucha permanente de unos grupos contra otros y dentro de cada grupo. Esta fuerte tendencia a la disgregación se manifiesta siempre, desde las asociaciones culturales a los imperios, y exige una fuerza o poder que evite la disgregación y permita una convivencia tolerablemente pacífica y productiva.
  2. 2.      La anarquía o ausencia de poder solo sería posible en una sociedad homogénea, de intereses, gustos e ideas iguales y no chocantes entre sí, regida por algo parecido al instinto. La anarquía sería un retroceso al nivel puramente animal, y su intento, en la práctica humana, no elimina el poder, sino que crea gran número de poderes que generan más despotismo y  confusión. El funcionamiento interno de los grupos ácratas y la experiencia española en la guerra civil son suficientemente ilustrativos.
  3. 3.      La necesidad del poder genera grupos pequeños que lo ejerzan, lo que a veces se llama “clase política” o más propiamente oligarquías. Un gran país, un imperio, puede ser gobernado y de hecho lo es, por un número proporcionalmente escasísimo de personas. Por contra, la inmensa mayoría tiene interés muy limitado por el ejercicio del poder, del que espera más bien que le permita vivir y trabajar sin caer en una lucha generalizada
  4. 4.      Por tanto, el poder consiste en el gobierno de la gran mayoría por una pequeña minoría: es siempre y forzosamente oligárquico, como por lo demás atestigua la historia, incluso en el caso de poderes que afirman negar el poder.  No es posible que la mayoría gobierne a una oligarquía o que el pueblo, donde se rozan o chocan intereses tan diversos, gobierne o ejerza el poder sobre algo por lo demás inexistente fuera de él.
  5. 5.      Las formas del poder pueden ser muy variadas, pero siempre e inevitablemente son oligárquicas. La división tradicional entre monarquía, oligarquía (o aristocracia) y democracia, es falsa. De hecho, todo régimen estable resulta de una combinación de monarquía (casi siempre hay una sola persona a la cabeza de la oligarquía) y democracia considerada como consentimiento de la mayoría; pero su base es forzosamente oligárquica. Incluso en la monarquía absolutista o en un régimen totalitario, un solo hombre no puede gobernar sin un grupo que haga cumplir sus órdenes y que le asesore. Ni mantenerse largo tiempo sin algún grado de consentimiento y apoyo de una parte suficiente del pueblo. De ahí que todo poder estable combine en diversas proporciones las tres formas clásicas, que tomadas aisladamente con una ficción.
  6. 6.      A su vez, las oligarquías nunca son homogéneas en ideas e intereses, por lo que los choques dentro de ellas se forman partidos y camarillas, cuyos choques pueden ser violentos. La historia política es en gran medida la de la lucha entre facciones oligárquicas
  7. 7.      Dada la diversidad y oposición de intereses sociales, el poder se basa necesariamente en la violencia: solo hay que prestar atención a los enormes aparatos armados (policía y militares) o de arbitraje forzoso.  El control de los medios de violencia permite la imposición de unos intereses sociales (o de facción oligárquica) sobre otros. Según la llamada ley de hierro de las oligarquías, de Michels, estas acceden al poder sirviendo en principio a intereses sociales más generales, pero una vez en el poder su mayor interés es permanecer en él, utilizándolo en su propio interés. Según Pareto, ello daría lugar a ciclos de auge y decadencia oligárquicos, hasta ser sustituida una oligarquía por otra.
  8. 8.     La violencia, siendo connatural al poder, no garantiza por sí sola  la estabilidad y duración de este.  Aunque ella permita imponer unos intereses particulares  (tiranía, despotismo),  la justificación del poder consiste en su capacidad de establecer un equilibrio (justicia)  entre los diversos intereses sociales, y  sobre ese equilibrio se legitima. Así pues, sin legitimidad, la mera violencia (tiranía, despotismo)  no puede sostenerse largo tiempo. El principio espiritual de la legitimidad es tan necesario que incluso las mayores tiranías se lo fabrican y despliegan una intensa propaganda que convenza a suficientes personas.
  9. 9.      Así, las críticas supuestamente democráticas al franquismo, afirman que este se sostenía meramente por la violencia, careciendo por ello de legitimidad. De ahí la importancia de clarificar esta cuestión, a la que doy especial importancia en el libro Por qué el Frente Popular perdió la guerra.

 

 

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La gran estrategia de Hitler y España

En Una hora con la Historia: palabras de Franco: https://www.youtube.com/watch?v=Ev1joWze594 ********

En Mein Kampf, Hitler expuso una gran estrategia a la que intentó atenerse cuanto le fue posible. Su máximo objetivo era convertir a Alemania en una potencia mundial, para lo cual precisaba una extensión semejante a las de Usa, China o la URSS. Y esto solo sería posible precisamente a costa de Rusia.  Existía cierta tradición política en Alemania de alianza con Rusia, pero con el triunfo soviético (judío en su opinión),  las condiciones habían cambiado, con lo que quería decir que la propia revolución rusa le daba el pretexto para conquistar y colonizar aquellas inmensas extensiones llenas de recursos. Al respecto tampoco había que pensar en los derechos de los colonizables, pues se trataba de una necesidad imperiosa para Alemania, y por lo demás los “arios” siempre se habían impuesto por la guerra y desarrollado los niveles más altos de civilización humana. Los eslavos quedarían sometidos a servidumbre sin importar el número de víctimas. Esta concepción tiene muy largas raíces históricas (desde la dominación de los arios en  India), que aquí no vienen al caso.

Para llevar a cabo su gran diseño era preciso tener cubierta la retaguardia, evitando luchar en dos frentes. En suma, se trataba de neutralizar a Francia, el mayor enemigo tradicional de Alemania. Para ello planteaba una alianza con Inglaterra e Italia que obligase a Francia a mantenerse quieta cuando los alemanes atacasen a su vez a los soviéticos (a los eslavos, en realidad). Hitler no pensaba atacar al Imperio inglés, por eso quedó sorprendido cuando Inglaterra y Francia le declararon la guerra, e incluso después de vencer fulminantemente al ejército francoinglés ofreció la paz a Londres. Paz que no estuvo lejos de conseguir.

Naturalmente, todas las grandes estrategias chocan en la práctica con mil dificultades y han de aplicarse con rodeos y  concesiones, y pueden venirse abajo por errores de cálculo o por imponderables. En el plan de Hitler, España no contaba, por ser desde la invasión napoleónica una potencia de tercer orden. Sin embargo, la guerra civil le ofreció una oportunidad de debilitar a Francia o, de otro modo, de impedir que Francia se fortaleciese con un nuevo régimen izquierdista satélite suyo. Política de mayor importancia cuando el triunfo del Frente Popular pudo significar una victoria de gran alcance de Moscú.

Para agredir a la URSS, Stalin tenía delante a otros dos países a los que era preciso subyugar: Checoslovaquia y Polonia. Consiguió invadir la primera con la aquiescencia francoinglesa, pero en el segundo caso le convino el acuerdo con la URSS. Persiste cierta oscuridad sobre este pacto y los movimientos relacionados, pero en definitiva, las dos potencias establecían una amplia línea de contacto previo a la ofensiva final en la que una o otra pensaban por encima del pacto momentáneo.

El primer gran contratiempo en la estrategia hitleriana fue que, contra lo que esperaba, Inglaterra y Francia le declaraban la guerra (aunque no a Moscú). La idea de neutralizar a Francia pactando con Inglaterra se vino abajo. La política tradicional de Londres en Europa era asegurar su propia seguridad impidiendo que una potencia dominase sobre el conjunto, y una Alemania hegemónica no entraba en sus proyectos, como no había entrado una  Francia hegemónica con Napoleón. En cuanto a Italia, demostró pronto una potencia militar tan escasa que se convirtió en una rémora, más que en un aliado, para Alemania. Por otra parte, la invasión de Inglaterra, si se la planteó Hitler en serio en algún momento, se demostró inviable, debido al control del mar por los ingleses. La batalla de Inglaterra terminó en tablas: Hitler no podía invadir la isla ni esta podía atacar e serio al continente. Con una retaguardia relativamente segura, podía dedicarse a su objetivo principal en el este. Esto le urgía antes de que Usa entrase en guerra al lado de Inglaterra, lo que había de suceder antes o después, dado que la estrategia de Churchill consistía en resistir hasta que el momento llegase, y Usa aumentaba rompía progresivamente las normas de neutralidad.

En estas condiciones, España cobraba mayor importancia para Alemania: se trataba de cerrar el estrecho de Gibraltar y ampliar el dominio alemán por la costa de Marruecos para impedir un eventual desembarco (que tendría lugar más tarde). En contra de lo que se afirma a menudo, el propio ejército español, como aliado, tenía interés para Hitler, pues había demostrado su capacidad en la guerra civil y lo demostraría con la División Azul en Rusia, muy estimada por el propio Führer. Solo necesitaba armamento moderno.

Y nuevamente sufrió Hitler un revés de alcance estratégico. Franco no solo evitó la beligerancia, sino que tampoco permitió el paso del ejército alemán para tomar Gibraltar. En Hendaya, en octubre de 1940, los alemanes consiguieron arrancarle la promesa de entrar en guerra, pero sin fecha fija. Para Franco se trataba de ganar tiempo, y lo hizo con la táctica de plantear demandas exageradas, cuyo carácter dilatorio entendieron muy bien los alemanes y los italianos. A partir de Hendaya, Hitler presionó, casi imploró  (su carta a Franco es expresiva por demás) a Franco el rápido cumplimiento del compromiso de beligerancia, señalando la importancia del tiempo  en la guerra. La respuesta de Franco no fue menos expresiva: siguió ganando tiempo a toda costa, hasta que el peligro pasó.

¿Por qué no invadió Hitler España, cosa fácil para su Wehrmacht, al menos en un primer momento? La razón es fácil de entender: España podría convertirse en una úlcera incurable en su retaguardia, que aprovecharía Inglaterra como había ocurrido a Napoleón. Al final, Hitler tuvo que contentarse con la neutralidad de España, un mal menor. Neutralidad que Franco procuró extender a Portugal mediante un pacto ibérico. Aunque Portugal era tradicionalmente un satélite inglés desde mucho tiempo atrás, había salido muy escaldado de su intervención en la I Guerra Mundial, que tantas protestas e inestabilidad interna había generado en el país.

La estrategia de Franco está, por lo demás, bien clara: al derrotar los alemanes al ejército francoinglés, parecía imponerse en Europa un nuevo orden, y Franco se apresuró a ofrecerse a Hitler con el objetivo –no había otra opción– de participar en la nueva Europa como potencia amiga. Pero cuando el Imperio inglés se mantuvo beligerante, la postura de Franco cambió, como explicó en las instrucciones que dio a Serrano Suñer: “entramos si hay garantía de guerra corta”. Si no, esperar. Sabía perfectamente, ya entonces,  que la guerra corta se había esfumado, también que las divisiones alemanas estaban al otro lado de los Pirineos, y que a los ingleses tampoco les convenía atacarle, para mantener abierto Gibraltar. Desde ese momento su estrategia es perfectamente comprensible, y llevada adelante con extraordinaria clarividencia y capacidad de maniobra para adaptarse a unas circunstancias que cambiaban con notable rapidez.

Casi nunca se tiene en cuenta la razón profunda de la política de Franco: su objetivo principal se cifraba en la reconstrucción del país después de la destructiva guerra civil, con el objeto de llevarla a convertirse en una gran potencia. Esto se habría vuelto irrealizable si a las destrucciones y víctimas  de la guerra civil se añadían las previsiblemente mucho mayores de la guerra europea, cuyo carácter excepcionalmente destructivo él había pronosticado poca antes de su comienzo. Desde luego, simpatizaba más con los alemanes que con los anglosajones. Estos eran enemigos tradicionales de España, que ocupaban Gibraltar, mientras que con Alemania no  había conflictos históricos. Además, Hitler había ayudado a Franco en la guerra civil. Por lo demás, los genocidios nazis todavía no se habían producido, y cuando llegaron noticias de ellos, Franco debió interpretarlos como clásica propaganda de guerra.

En Años de hierro recordé el triple fracaso sufrido por Hitler cuando trataba se asegurar su retaguardia con vistas a invadir Rusia: en Hendaya, a donde se molestó en viajar para convencer a Franco, no consiguió nada real. Inmediatamente fracasó en lograr una mayor colaboración con la Francia de Pétain, y a continuación se enteró de la invasión de Grecia por Italia, otro revés de alcance estratégico. Con ello, su estrategia de asegurar la retaguardia frente a los  ingleses fracasaba en gran medida y le obligaba a retrasar la invasión de Rusia.

De Hendaya recordará Franco que Hitler quería convencerle de que la guerra en el oeste estaba ya en realidad ganada, y Franco le había replicado que la estrategia inglesa consistía en esperar la intervención de Usa. El traductor alemán, P-O. Schmidt, presente en Hendaya (aunque no fuese el traductor oficial) corrobora esta y otras observaciones. Nunca podremos agradecer bastante a Franco su clarividencia y habilidad al librar a España de las miserias y atrocidades cometidas por los tres grandes bandos de aquella guerra

  Un argumento usado por Hitler en su carta  para convencer a Franco era que los anglosajones “jamás le perdonarán su victoria”. Esto se demostró cierto, como demuestran las provocaciones de Londres y Washington cuando estuvieron seguros de ganar la guerra, culminadas en el aislamiento criminal establecido junto con los soviéticos y regímenes de todas clases. Pero también el aislamiento fue derrotado por Franco, sin duda el estadista mayor que ha producido España en varios siglos.

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La Guerra Civil SÍ fue de buenos y malos / ¿Amoralidad de la tragedia?

 

VOX ha presentado una propuesta en Castilla-León contra la ley de memoria histórica diciendo que no hay que mantener una historia de buenos y malos.

–Creo que ha cometido un grave error. Si va en plan neutral de “ni buenos ni malos” cae enseguida en la trampa. La cuestión no debe plantearse en esos términos sentimentales y seudomoralistas,  sino como una ley totalitaria, inadmisible en democracia, que dice a los españoles lo que deben pensar sobre su historia. Obviamente quienes defienden esa ley no son demócratas, y ese es el segundo punto a denunciar.  Si no quieren ir más allá, pueden señalar que hay mucha gente que tiene una visión de la guerra civil muy diferente de la que señala dicha ley y sus antidemócratas defensores. Y que harían bien en leer a un tal Pío Moa, en vez de evitar citarme porque la izquierda y los separatistas quieren declarar mi muerte civil y la derecha les obedece. Por lo demás, sí fue una historia de buenos y malos. Muy malos, precisamente.

Pero reconocerá la dificultad de cambiar de pronto una visión que se ha impuesto, que la han impuesto todos los partidos.

–Precisamente porque es difícil, el esfuerzo debe ser mayor. No tiene VOX por qué decir ahora mismo que los malos y principales asesinos fueron los perdedores, pero debe ir preparando la idea. Y el primer paso es señalar que se trata de una ley antidemocrática hecha por enemigos de la democracia.

Pero saldrán con lo de las cunetas y los represaliados por pensar de otra forma…

–Hay que decir dos cosas: que el Frente Popular asesinó y torturó a mansalva, incluso entre ellos mismos, y que lo de las cunetas exagera enormemente el asunto. Incluso decir que se ha convertido en un negocio sucio. Precisamente mi libro sobre el Frente Popular debería ser promocionado masivamente por VOX y por cualquier persona preocupada por las derivas actuales. Hay que combatir la ignorancia y la falsificación de la historia por todos los medios, puesde ello depende el rumbo que sigan las políticas actuales. En cuanto a que pensaban de otra forma es cierto: pensaban y actuaban para disgregar España e implantar regímenes totalitarios. Es lógico que los antidemócratas autores de la ley se identifiquen con ellos.

He leído algunas reseñas de su novela Sonaron gritos y golpes a la puerta, y coinciden en que no es un relato de buenos y malos.

–Una novela trata de destinos personales. Indudablemente hubo personas buenas, malas y regulares en los dos campos, y una novela debe tenerlo en cuenta para no convertirse en un panfletillo de propaganda. Pero la historia tiene otro carácter, es un hecho colectivo en el que se dilucidan objetivos políticos e ideológicos generales. El Frente Popular se componía, como ahora mismo, de separatistas y totalitarios, más algunos liberales que les servían de disfraz. Por consiguiente, un bando libró la guerra para disgregar España e imponer uno o varios estados totalitarios, erradicar la cultura cristiana, la propiedad privada y la familia tradicional. Y el bando contrario luchó para impedir tales cosas. Claro está,  para quienes prefieren una España disgregada y totalitaria, los buenos solo pueden ser los del Frente Popular, pero como no lo pueden decir abiertamente, aseguran que ellos era simplemente demócratas. Cómo puede tener  algún crédito una patraña tan gigantesca es algo que asombraría si no tuviéramos en cuenta el ínfimo nivel intelectual de las élites españolas actuales. A ver si mi libro contribuye un poco a cambiar las cosas.

Pero los franquistas tampoco eran demócratas.

Al analizar la guerra  debemos olvidar la falsa cuestión de si eran demócratas unos u otros y menos aún la de si unos y otros cometieron atrocidades. En las guerras muere mucha gente, de un bando y de otro. y, si se quiere ir por ahí, las atrocidades peores, más sádicas, las cometió el Frente Popular. No estaba en cuestión la democracia porque precisamente el Frente Popular la arruinó, la hizo imposible y la desacreditó para muchos años. Estaban en cuestión los asuntos mencionados, mucho más básicos. No puede haber convivencia en paz y en libertad, que eso es lo que significa la democracia, si se intenta disolver la nación, que es el suelo en que se asientan los regímenes, y por supuesto la democracia. Se luchó por cuestiones más básicas, como digo: la unidad nacional,  la cultura cristiana y la libertad personal, aunque se restringieran las libertades políticas. Y ahora vuelven a plantearse las mismas cosas con el régimen zapaterista, un nuevo frente popular informal pero real, impuesto como por descuido. Descuido culpable, delictivo, del PP, si se quiere ver así.  No podemos andarnos con paños calientes, porque ni la izquierda ni los separatistas ni el PP han aprendido nada de la historia, con lo que vuelven a plantearse problemas que debían estar completamente superados.  Hay que defender la verdad, con habilidad pero sin miramientos. Y para eso hay que empezar por enterarse un poco y valorar de lo que pasó realmente.

VOX defiende que nuestros abuelos de los dos bandos se abrazaron y reconciliaron, y que esa ley vuelve a crear divisiones.

–Los sentimentalismos en estas cuestiones son muy perjudiciales. Los abuelos no se abrazaron, simplemente hubo una reconciliación de hecho, sin necesidad de abrazos y lágrimas,  ya en los años 40, como he demostrado. Y esa reconciliación se demostró radicalmente en el inmediato posfranquismo, cuando los partidos de la ruptura querían impedir esa reconciliación y volver a las andadas. Según ellos, el pueblo español sufría lo indecible bajo el franquismo y añoraba la república. El pueblo español les demostró radicalmente lo contrario y eligió evolucionar a la democracia pero desde la legitimidad franquista, de la ley a la ley. Esa gente ha tenido que volver a levantar, empecinada y estúpidamente, el Himalaya de mentiras sobre la guerra y el franquismo para llegar a la situación actual, con leyes totalitarias golpe de estado permanente y amenazas muy serias de disgregación, como hace 83 años.

¿Debería VOX, entonces, apoyar abiertamente al franquismo?

–Mire, eso es una cuestión de estrategia y de táctica. Tácticamente debe evitar ese debate, porque hoy por hoy la ignorancia y el fanatismo están demasiado extendidos. Lo que debe hacer es denunciar el carácter  totalitario de la ley y defender el derecho de los españoles a pensar sobre su pasado de modo distinto a como pretenden los antidemócratas.  Al mismo tiempo debe facilitar que la gente se vaya enterando de la realidad histórica, tal como el PSOE y los separatistas han estado bregando durante decenios para implantar su falsedad histórica. Derogar la ley es posible a corto plazo denunciando su carácter totalitario: es política de ocasión. Combatir la ignorancia y falsificación entre la gente va a requerir más tiempo, es política estratégica, de fondo. Un partido que olvide  la política de fondo cae inevitablemente en el oportunismo y se condena a medio, incluso a corto plazo. Solo hay que ver el caso de Ciudadanos.

Pero no puede negarse que el franquismo fue una dictadura.

Lo fue, pero ha historia demuestra que las dictaduras son a veces necesarias. Y que quienes las hacen necesarias son los demagogos y fanáticos, que fue lo que pasó con el Frente Popular. Una dictadura puede ser estéril o fructífera, y la de Franco fue  fructífera en grado sumo. Y una democracia no garantiza ni siquiera la estabilidad si está gobernada por “la estupidez y la canallería”, que decía el liberal Gregorio Marañón. El Frente Popular destruyó lo que tenía de demócrata la república, y el nuevo frente popular actual está haciendo lo mismo con la democracia decidida de la ley a la ley en 1976. Un análisis político que carezca de perspectiva histórica puede ser muy inteligente pero termina reduciéndose a mero chismorreo político. Es lo que hoy predomina entre lo analistas y en los medios.  Mi libro sobre el Frente popular no es “de ocasión”. Va directamente a clarificar estas cuestiones, porque la democracia no puede construirse sobre el fraude historiográfico que tanto predomina hoy.

Juicios pro y contra Franco, en Una hora con la historia:
https://www.youtube.com/watch?v=4vTedAZOkFg

Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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(Tertulia)

–No acabáis de entenderme. A los literatos les han dado el premio Nobel por sus visiones provocadoras de la naturaleza humana y cosas por el estilo. Entonces, una novela basada en la cuestión de las cerdas, verdad, ¿por qué no iba a ser también una visión provocadora del desvalido ser humano? Hasta podría crear un género literario. Solo tendría que atreverse alguien para abrir camino…

–El género literario porcinista, podríamos llamarlo…

–Eso ya existe. La mayor parte de la literatura es porcinista…

–Perdonad que os interrumpa, pero ya basta, ¿eh? Ya basta de desbarre. A ver, psiquiatra, volvamos al principio. Lo de Irina e Iliena.  Me interesa saber si psicológicamente los personajes se sostienen según un criterio experto.

–Vale, venga. Así que había misas negras en plenos años 40… Perdona. Veamos,  Irina es una anticomunista que trabaja en la lavandería de los españoles. Se enamora de Paco, y para Paco es una aventurilla más. No digo que no la quiera, pero no es lo mismo. Hasta aquí, dentro del ambiente de una guerra, parece normal. ¿Cuándo surge el problema? Cuando Irina comprende que los soviéticos no van a ser derrotados. Sabe lo que eso significará para ella y  se vuelve medio loca tratando de escapar, se obsesiona con que Paco la lleve a España a toda costa. Paco sabe que es prácticamente imposible, porque está prohibido, pero le deja mantener esa esperanza. Estas reacciones son normales y dadas las circunstancias terminan en una doble traición y suicidio.  De todas maneras me parece que la personalidad de Irina no está del todo bien definida. La de Iliena está mejor. Ella no es comunista ni anticomunista, se deja llevar por unos acontecimientos que no puede dominar de ningún modo y renuncia por anticipado a entenderlos. Su gusto por el poema de Verlaine “pareil à la feuille morte” ya la define bastante bien. Sabe que su belleza especial atrae a “cierta clase de hombres”, y lo lamenta más bien que la envanece. Así que vive un poco en las nubes, semiausente de la realidad. Y eso, no lo explicas,  pero parece que es lo que atrae precisamente a tipos tan realistas como Alberto y Paco, esa sensación de irrealidad de ella. Entre los cuatro, con Irina forman una especie de refugio bastante infantil dentro de la dureza de la guerra. ¿Dices que fue mucho más dura que la de España?

–Sin duda fue mucho más dura. Los relatos son terroríficos. La de España, en comparación, fue poca cosa. Aquí lo peor fueron los asesinatos de retaguardia, sobre todo en la izquierda. Pero en conjunto, allá fue mucho peor.

– Ya, ya lo tenía entendido. Nunca viví una guerra, pero tal como la describes tuvo que tener una ferocidad casi imposible de soportar  hasta para los que la habían elegido voluntariamente.  Bueno, ¿tiene todo eso coherencia psicológica? Yo diría que sí.  Porque también en la locura hay una coherencia profunda, no racional, pero con su lógica.

–Creo que mis personajes no están locos.

–No, no digo eso, digo que a tu pregunta siempre se podría contestar con un sí, porque también la locura tiene lógica, si exceptuamos la que se debe estrictamente a deficiencias fisiológicas… Y también es coherente que el mujeriego Paco se enamore de Iliena y desate un cadena de desgracias que casi acaban con todos.

–Yo veo tu novela como una historia trágica. Por eso no acaba de gustarme aunque tenga toques de humor. Son unas desgracias enormes, nadie termina bien.

–Excepto Carmen. ¿Has querido significar algo especial con su figura? ¿Cómo el personaje más positivo, o lo que debería haber, o cómo deberíamos comportarnos,  en vez de tanto “ruido y furia”?

–No, en absoluto. Cada uno es positivo a su manera, por lo menos los veo así conscientemente, vamos me han salido así. Lo que llamas tragedia resulta del choque de personalidades que no son en sí mismas malvadas o equivocadas. Y los personajes mantienen el ánimo, mejor o peor…

–Luego, ¿es un relato amoral? ¿No hay buenos ni malos? ¿Las desgracias se deben al destino, simplemente?

 

 

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