Ante una crisis como la de la república

Este viernes comenzará en el Centro Riojano de Madrid, Serrano 25, el seminario sobre “España en Europa”, al que se refiere en parte el artículo anterior. A las 7,30 de la tarde.  

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Este domingo firmaré en la Feria del libro, de 12.00 a 14.00 horas, en la caseta 301 (librería Fortuna)

La reconquista y España

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 Es posible que la justicia acabe con el duopolio oligárquico PP-PSOE, como en Italia acabó con la corrupta democracia cristiana mientras el PCI se hundía con la URSS. No sería otra cosa que el final de una putrefacción  política que viene arrastrándose inexorablemente desde el triunfo del PSOE de ZP en 2004.

   ZP logró imponer la ruptura que habían intentado la izquierda y los separatistas en 1976, fracasando entonces  estrepitosamente. No obstante, una derecha que nacía olvidando la historia y sin señas de identidad precisas, fue cediendo el campo de las ideas, de modo que, subrayados por el terrorismo de la ETA, izquierda y separatistas no han cesado de ganar terreno. Zapatero solo culminó ese proceso con cuatro grandes medidas: 1) Operación rescate de la ETA, salvándola del precipicio a cuyo borde la había llevado Aznar aplicando –por primera vez desde la transición—la ley y el estado de derecho; operación en la que participó pronto el PP de Rajoy. 2. Imposición de la ley de memoria histórica, ley totalitaria, falsificadora de la historia  y reivindicativa de los criminales del Frente Popular. 3. Imposición de leyes lgtbi asimismo anticonstitucionales y totalitarias que intentan regular y censurar los sentimientos, algo sin precedentes. 4. Declaración implícita de soberanía del parlamento catalán y de un nuevo estatuto no pedido por casi nadie y votado por una pequeña minoría:  un paso decisivo del que nació el famoso “prusés”.

   Se suponía que el PP, bajo dirección de Rajoy, corregiría tales desmanes contra la Constitución, contra el estado de derecho, contra la realidad histórica y contra la unidad nacional. Pero ocurrió lo contrario. Rajoy y los suyos han colaborado abiertamente en todas las medidas de ZP, aplicándolas a fondo, han financiado los separatismos y prácticamente eliminando el estado en Cataluña y Vascongadas; han  rendido pleitesía a la potencia invasora de nuestro territorio por Gibraltar, a la que consideran “amiga y aliada” (y lo es de ese partido, como del PSOE, pero ciertamente no de España); han entregado ilegalmente “grandes toneladas de soberanía” a Bruselas, etc.

  Y todo ello bajo el único principio reconocible en ese partido: “la economía lo es todo”,. Lema muy aplicable a un burdel, y cuyo resultado ha sido una radicalización de los separatismos, de las injurias inglesas, de la pérdida de respeto y dignidad en la UE, de avances del totalitarismo y degradación de la justicia (afortunadamente no completa)… Todo ello sin abandonar una corrupción endémica, tanto de ese partido como del PSOE, la cual no deja de ser una manifestación más de “la economía lo es todo”. Otra faena de ese partido, ante la acelerada pérdida de intención de voto ya en su primera legislatura, fue la promoción mediática de Podemos como un modo de provocar miedo social y recobrar esos votos; al paso que bloqueaba cualquier alternativa.

    Es obvio que esta visión “economicista” de Rajoy y los suyos muestra entre otras cosas su total carencia de enfoque realmente político, no digamos de visión de estadista, y de principios ideológicos, pues en este terreno han asumido por entero o casi, los del PSOE de ZP . Creen que las muy relativas  e inseguras mejoras económicas alcanzadas en siete años de gestión compensan por los tremendos empeoramientos de la democracia y la propia unidad nacional.

    Así pues, el balance del PP es un profundo retroceso de la democracia y una grave crisis de disgregación del país en medio de una especie de golpe de estado permanente. El PP ha llevado a España a una crisis semejante a la de la república.

   Afortunadamente ese partido no ha logrado arrasar por completo toda alternativa, y actualmente está despuntando VOX. No sabemos a día de hoy qué papel desempeñará, pero es muy difícil que pueda ser peor que el del PP.  Asimismo ha surgido Ciudadanos, que al menos defiende la unidad nacional, si bien con el propósito declarado de disolverla toda entera en una UE utópica. Como quiera que sea, dos partidos moderados y nuevos, como VOX y Ciudadanos, podrían superar la profunda crisis de putrefacción que atraviesa una democracia fallida. Pues el duopolio corrupto, antinacional y antidemocrático PP-PSOE ya no puede hacer otra cosa que arrastrar al país al abismo, a cuyo borde estamos llegando.

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Son recuerdos de toda clase, de infancia, del GRAPO, de juventud, de viajes a pie… muchos de un tiempo ido definitivamente en España, otros más reconocibles por todos…”https://www.amazon.es/Adi%C3%B3s-tiempo-Recuerdos-sueltos-relatos-ebook/dp/B075L82G5B …

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

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Etapas hispanogodas y etapas francas en la historia de España

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La reconquista y España

El dicho de que África empieza en los Pirineos es al parecer de origen francés, se ha atribuido a Alejandro Dumas, aunque no es nada seguro. Podría proceder incluso de algún español afrancesado e hispanófobo, y ha sido muy utilizado en España. La frase  revela ignorancia y presunción: ignorancia sobre África y presunción de Francia como quintaesencia de Europa. Simplemente, Francia termina en los Pirineos. Que España es parte de una Europa mucho más amplia, variada y compleja que Francia, es una evidencia y por tanto no precisa demostración. No obstante, decir esa evidencia queda en afirmación un tanto roma si no se examina la posición de España en Europa y sus profundos cambios a lo largo de los siglos. De eso tratará el seminario que empieza en el Centro Riojano de Madrid este viernes y seguirá otras tres semanas.

    Pero vamos a extendernos ahora un poco. Creo que la frase expone también una realidad que trato en mi libro sobre la Reconquista, que en ese período aparece como tensión entre la base y raíz  hispanogoda de la cultura española y del designio de reconquista, y la influencia franca o borgoñona. El designio de reconquista es de origen claramente hispanogodo. A los francos, que aliados con el papado, influirían fuertemente en los asuntos de España, ese designio no les importaba, y precisamente por ello la España pirenaica, de la Marca Hispánica, tardó tres siglos en incorporarse al programa de reconquista; y luego la influencia franca  fue causante de la secesión de Portugal. Es decir, hubo una fuerte tensión política y cultural entre esa influencia externa y el impulso interno propiamente hispano.

   Pero ya hablaremos de cómo fue transcurriendo esa tensión durante la Reconquista. Ahora quiero decir, en relación con el seminario que hemos empezado este viernes, cómo esa tensión marca muchas alternativas en la historia de España. Así, hay épocas que podemos definir como de claro predominio hispanogodo, y otras en que la influencia francesa llega a preponderar. Una clara época hispanogoda, y además abiertamente antifrancesa, se produjo entre el final de la Reconquista y mediados del siglo XVII. En ella, España crea una cultura original; obra  como baluarte contra el expansionismo turco, contra el expansionismo francés y contra el expansionismo protestante; salva a la Iglesia católica de una probable destrucción por turcos y protestantes, y al mismo tiempo explora el mundo y construye el primer imperio transatlántico de la historia sobre bases y experiencias propias.  En cambio el siglo XVIII es muy “afrancesado” y en él el substrato propiamente hispano queda un tanto disminuido o relegado por el francés. La cultura pierde originalidad, España queda además un tanto supeditada a la política francesa, y la propia concepción del imperio cambia hacia modelos también franceses de pura explotación económica. Desde luego, ese afrancesamiento tuvo aspectos positivos, y si se impuso se debió al agotamiento del modelo cultural anterior, que apenas acertó a reverdecer sobre sus propias raíces.

   Con todo, en ese siglo España se mantuvo como gran potencia, amplió sus exploraciones y posesiones llegando hasta Alaska, donde se encontró con rusos e ingleses, y fue capaz de frustrar los planes ingleses de destruir el imperio,. Aunque desde entonces quede Gibraltar como símbolo de decadencia e impotencia.

   El siglo XIX no vio una mejora, sino un gran empeoramiento. La invasión napoleónica trajo la pérdida de casi todo el imperio, el paso del país a potencia de tercera o cuarta categoría, supeditado internacionalmente a Inglaterra y Francia, y la entrada en un período de guerras civiles e inestabilidad, pronunciamientos, etc. Uno de los tópicos más absurdos, por no decir algo peor, habla de los españoles como un pueblo cainita, proclive a las guerras civiles. Así lo dice Américo Castro, que además lo atribuye al triunfo de los cristianos en la Reconquista. La realidad es que en los tres siglos largos que van de los Reyes Católicos al siglo XIX, España fue probablemente el país internamente más estable de Europa, el que sufrió menos disturbios internos. Es la invasión francesa la que cambia radicalmente la historia, dejando un país empobrecido, semiarrasado y profundamente dividido entre liberales y tradicionalistas.

    La guerra de Napoleón destruyó además un enorme patrimonio cultural, pérdida aumentada todavía por la desamortización de Mendizábal. El patrimonio histórico-artístico de España, acumulado en la época más hispanogótica, ha sufrido tres enormes estragos, el primero a cargo de la invasión francesa, el segundo con la desamortización, y el tercero con la guerra civil de 1936, comenzado ya en 1931 con la llamada quema de conventos, que no solo destruyó joyas artísticas, sino también bibliotecas y centros de enseñanza. Asombra que todas estas depredaciones y brutalidades se hayan realizado en nombre del progreso y la cultura.

    Así, el siglo XIX vuelve a ser una época de muy fuerte influencia francesa y también inglesa, y de declive  de la herencia que he llamado hispanogoda, por simplificar. Una época de fuerte decadencia, aunque el país se mantuvo sin disgregarse y en algunos aspectos se modernizó y conservó parte menor de sus posesiones.

   El siglo XX amanece entre cierta recuperación política, económica y cultural, gracias a la Restauración, y al mismo tiempo un incremento de las tensiones al aparecer el socialismo, el anarquismo y los separatismos, junto con una orgía de palabrería intelectual.  Con ello, el país se ve abocado a la guerra de 1936-39, empezada de hecho en 1934. El triunfo de Franco inicia una nueva época hipanogoda, pues el franquismo trató de recuperar  el espíritu y la herencia que por simplificar llamaremos de los Reyes Católicos. En parte lo consiguió, desde luego, como he tratado en Los mitos del franquismo, aunque es un tema que está por estudiar a fondo. Pero finalmente el intento naufragó por obra fundamentalmente de la Iglesia, que ya en la etapa llamada nacional-católica mostró escasa fuerza intelectual, comprobada después en el Concilio Vaticano II, donde tampoco se lució mucho.  

  Y después del franquismo entramos en una nueva fase de influencia exterior, sustituida la tradicional francesa por otra anglosajona, quizá más apabullante que nunca, y que está satelizando materialmente al país tanto en el terreno político como el cultural.

   Para acabar de entender la cuestión, debe señalarse que no existen cultura “puras”, pues todas tienen influencias externas mayores o menores. Sin embargo hay una diferencia esencial entre asimilar esas influencias, reforzando y enriqueciendo la propia, o ser asimilado por ellas, con lo que la cultura original tiende a desaparecer o a quedar como apéndice de la llegada de fuera. En buena medida esto último es lo que ha ocurrido  en varias ocasiones con España, y notoriamente en la actualidad.

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Este viernes comenzará en el Centro Riojano el seminario sobre “España en Europa”, al que se refiere en parte el artículo anterior. A las 7,30 de la tarde.

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   Este domingo firmaré en la Feria del libro, de 12.00 a 14.00 horas, en la caseta 301 (librería Fortuna)

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Al Ándalus, o la fascinación por la quimera

El dicho francés de que África empieza en los Pirineos revela una mezcla de ignorancia y de presunción: ignorancia sobre África y presunción de Francia como quintaesencia de Europa. Simplemente, Francia termina en los Pirineos. Que España es parte de una Europa mucho más amplia, variada y compleja que Francia, resulta una evidencia y por tanto no precisa demostración. No obstante queda en afirmación un tanto roma si no se examina la posición de España en Europa y sus profundos cambios a lo largo de los siglos. De eso tratará el seminario que comenzamos en el Centro Riojano de Madrid el viernes próximo, a las 7,30. Como en el anterior sobre Gibraltar, del que es continuación, se cobrará  una entrada simbólica de 5 euros, necesarios para pagar el local.

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La reconquista y España

 

P. ¿A que atribuye la fascinación por Al Ándalus dentro y fuera de España?

–Hay que distinguir entre  la época actual y la más anterior. Antaño era una especie de capricho romántico, en la actualidad va ligada, curiosamente, a la ideología LGTBI y multiculturalista. Se supone, con perfecta falsedad, que al Ándalus era una sociedad muy libre, tolerante, poco religiosa, de gran cultura en la que convivían tres religiones sobre la base de que ninguna era muy estricta… Realmente es una quimera, una lusión increíble, como la que atribuía a la URSS un modelo de felicidad, democracia e igualdad… Viéndolo de manera concreta, se trata de una auténtica estupidez, pero en un sentido más amplio testimonia la tendencia ideológica a buscar un paraíso en la tierra. Esto es muy significativo, porque revela cómo el ser humano está por así decir disconforme con su propia condición, su condición moral en la que el bien y el mal coexisten dolorosamente, y  busca redimirse de algún modo, mediante la técnica, o mediante una “tolerancia” que no distinguiría el bien del mal o por otras vías. El efecto casi siempre es una pesadilla. Tiene algo de misterioso el porqué esas ilusiones abocan a pesadillas.

  P. Realmente me parece una especulación demasiado brumosa para un libro de historia, que debe ser concreto y atenido a los hechos distinguibles…

–En mi libro sobre Europa lo trato con más detenimiento, porque en él trato de explicar desde ese punto de vista  su historia desde la Ilustración. En el libro sobre la Reconquista lo doy un poco por sabido, aunque también lo abordo. Por ejemplo, expongo unas líneas generales sobre las religiones cristiana e islámica, que en los libros de historia sobre aquella época se dan por supuestas y no se tratan, pese a que la lucha entre ambas religiones en España fue definitoria. Se tiende a creer que las religiones y sus diferencias son ilusiones  irrelevantes, y que los motivos reales de las acciones son otros. O se da por supuesto  en el lector un conocimiento del asunto que en la inmensa mayoría de los casos no existe. Claro que es muy difícil reducir a un par de capítulos el contenido de ambas religiones, y no pretenderé haber acertado de lleno en la síntesis, pero algo me habré aproximado, y en todo caso es imprescindible hacerlo en un libro de historia. De otro modo todo se vuelve un barullo de hechos, personajes etc. Es cierto que nunca se percibe del todo el sentido de los acontecimientos, solo muy parcialmente se muestra, pero las ideas y concepciones generales de una sociedad son al menos  tan importantes como los hechos concretos o las biografías de los personajes.

P.  Pero eso, ¿no le obliga a entrar en filosofías de la religiones, etc., algo tradicionalmente al margen de la historiografía no especializada en ese tema?

–No necesariamente. Por mi parte me fío poco de las grandes síntesis histórico-filosóficas, como las de Spengler, Toynbee, Danilevski, Berdiáief, etc. La historiografía común, tanto marxista como liberal (historiografía fascista o nazi apenas existe) atiende esencialmente a la economía, juzgada como base y como objetivo de la acción humana. El concepto de la economía difiere entre marxistas y liberales, pero en los dos casos se resuelve en una concepción materialista. Ahora bien, el historiador no tiene por qué decidir si el materialismo es mejor o peor, le basta con exponer y comparar ambas concepciones del mundo y de la vida, para entrar a continuación en los hechos y consecuencias  de la actuación de los representantes de esas ideologías. Por ejemplo, si usted escribe sobre el comunismo, no le basta señalar tales o cuales crímenes o consecuencias malas o buenas de él: tiene que explicar con la mayor claridad posible su doctrina, su crítica de la religión, del liberalismo, etc., y las razones por las que ha atraído a tanta gente. Lo mismo si se trata del hitlerismo o del liberalismo. Los seres humanos no son meros juguetes de supuestas leyes económicas, sobre las cuales tampoco se ponen de acuerdo los “economicistas”: los hombres  tienen siempre un punto de vista general y obran con mayor o menor consecuencia en función de él. En el libro de Europa, y de modo derivado en el de la Reconquista,  he procurado situarme, al menos hasta cierto punto, por encima de esas ideologías, contrastándolas en alguna medida, en lugar de adoptar el punto de vista de una de ellas, como suele ser lo más habitual.  

P. Ud sostiene que la realidad de al Ándalus es radicalmente opuesta al mito creado sobre ella…

–Ya le digo, el contraste entre la realidad y las ilusiones es parte constante de la condición humana. De la URSS se decía que era el país de la Gran Mentira. De Al Ándalus no puede decirse lo mismo, porque los andalusíes se habrían sorprendido mucho de las ilusiones que, tantos siglos después, han puesto tantos ideólogos en su sociedad. Simplemente no entenderían de qué hablaban sus mitificadores… 

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La reciente sesión de “Una hora con la Historia: https://www.youtube.com/watch?v=libu57-d7Z8&t=3001s

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Constitución 40 años (IV) La ETA como revelador del antifranquismo

Aunque se intente negar la Reconquista, no existe un problema al respecto. El problema es más bien el de la debilidad intelectual de la universidad: https://www.youtube.com/watch?v=libu57-d7Z8

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En Los nacionalismos vasco y catalán en la guerra, el franquismo y la democracia  he expuesto uno de los efectos  de la falsificación histórica e intelectual concentrada en la identificación de democracia y antifranquismo –falsificación  aceptada de hecho por la UCD–: la concesión de legitimidad a la ETA,  concesión materializada en la búsqueda de un fin negociado a sus crímenes. Implícitamente dichos crímenes quedaban reconocidos como adecuados o al menos justificados para el período anterior a la Transición; ahora había que convencer a los etarras de que ya había una “democracia genuina” y no un simple cambio de fachada del franquismo. En cierto modo se convertía a los terroristas en héroes y árbitros para decidir la autenticidad de la democracia.

Desde luego, la UCD se resistió en un principio, pero finalmente aplicó una amnistía general. Si esta hubiera sido puesta en práctica desde el principio, el nuevo régimen habría nacido con mayor solvencia moral para reprimir sin contemplaciones a la ETA, si esta continuaba. Pero la amnistía a los terroristas llegó después de campañas de manifestaciones en la calle y presiones de todo tipo, de modo que no quedó como una concesión desde el poder con vistas a promover una concordia general, sino como una imposición desde la calle a un poder débil; mal comienzo. Así la ETA, que en los últimos tiempos del franquismo había quedado casi desarticulada, recobraba fuerza política, moral, y pronto operativa.

Con todo, la combinación de golpes policiales y de reinserción obtuvo algunos éxitos importantes, el principal la disolución del grupo etarra “polimili”: una parte de él entró en el PSOE, pero otros pasaron a los “milis”. De todas maneras las mayores presiones  en favor de la negociación venían de la izquierda y del diario El País, configurado –fraudulentamente– como máximo portavoz del espíritu y el talante democrático-antifranquista y progresista,  cuya influencia política llegó a ser casi determinante a izquierda y derecha.

La línea de negociación-justificación de la ETA no se aplicó en cambio a otros grupos, como el GRAPO, Terra Lliure FRAP o Comandos anticapitalistas. Creo que la razón se encuentra en la prioridad temporal de la ETA. Los asesinatos de esta comenzaron en 1968, cuando aún se veía lejos el final del régimen. Y apenas comenzó a asesinar, y precisamente por ello, recogió la máxima simpatía y apoyo moral y propagandístico de prácticamente toda la oposición española, tanto la activa (es decir comunista) como la meramente charlatana; y de gran parte del clero vasco, catalán y también del resto de España; y de la Europa occidental liberada por las acciones militares useñas. Suecia, Holanda y Francia destacaron en su apoyo a la ETA, y el de Francia fue decisivo, porque bendijo a los terroristas con un santuario al lado de la frontera, desde el cual planear nuevos atentados y donde refugiarse después de sus desarticulaciones por la policía franquista. También Argelia y probablemente Cuba desempeñaron en todo ello un papel.

Al llegar la transición, la oposición antifranquista llevaba ya siete años de apoyo a la ETA, y no podía cambiar de postura de  la noche a la mañana, si bien ya en vísperas de la muerte de Franco miraba con miedo las audacias etarras, temiendo que ellas propiciaran un “golpe involutivo”.  Tenía además sentimiento de inferioridad, pues los etarras habían luchado realmente y arriesgándose contra el execrado régimen, mientras que los antifranquistas de salón se habían limitado a toscas intriguillas y a progresar incluso en el aparato del estado, aprovechando un clima general de prosperidad y crecientes libertades. En cambio el GRAPO, el FRAP y otros empezaron a  actuar justamente en los últimos tiempos del régimen, no había compromiso moral o político con ellos, y sus acciones generaban el mencionado temor a un golpe involutivo. Pues si algo estaba claro para casi todo el mundo (menos para García Trevijano, parece ser), es que toda la fuerza de la oposición junta apenas lograría conmover ligeramente al régimen. Por tanto había que esperar a la muerte de Franco y a que de las corrientes liberalizadoras del franquismo saliera el remedio, del que pudieran aprovecharse los demás. Y  los atentados de última hora podían propiciar un retroceso de esas corrientes.

Hay que entender dos razones importantes de esta simpatía por el terrorismo etarra: el referente moral y político de la oposición antifranquista era el derrotado Frente Popular, alianza básicamente de totalitarios de izquierda y separatistas; y la ETA reunía, justamente ambas características. El PCE (aunque algo inquieto), quería ver en los asesinos  a unos “patriotas vascos” que en definitiva contribuían a la lucha común; y la oposición palabrera los consideraba unos jóvenes valientes, algo exaltados pero políticamente ingenuos, que le hacían el trabajo sucio, para dejarle a ella cargos y prebendas cuando cayera el régimen. Unos linces. Los etarras demostraron ser mucho menos ingenuos o ilusos que ellos.

Los nacionalismos vasco y catalán: En la guerra civil, el franquismo y la democracia de [Moa, Pío]

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Próximo viernes 25, en el Centro Riojano de Madrid, a las 19,30, la primera sesión del seminario sobre la posición (cambiante) de España en Europa, versará sobre la reconstitución de un país europeo en la Reconquista, el papel de ese país, es decir, España,  frente a la amenaza islámica (otomana) y frente al protestantismo, el balance de esas luchas, su decadencia, marcada por el paso de un papel protagonista  en Europa a un papel de objeto de intereses ajenos en la Guerra de Sucesión, y las consecuencias de la invasión napoleónica, que determinan el paso de España a una posición muy secundaria y sin influencia real en Europa.

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Reconquista (IV) El esplendor de Al Ándalus/ Constitución destrozada (III) El peso de la ETA.

Nueva sesión de “Una hora con la Historia”: los problemas de la Reconquista: https://www.youtube.com/watch?v=libu57-d7Z8

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–¿En qué sentido puede hablarse del esplendor de Al Ándalus? Solamente  en el de la cultura de élite, desde luego muy importante, y solo por un período, hasta el siglo XII aproximadamente. Durante ese tiempo puede hablarse de una cultura de élite o cultura superior de mayor nivel en Al Ándalus que en España; después ya fue lo contrario: la cultura superior no cesó de desarrollarse en España, y  en el islam quedó estancada.

   Pero si atendemos a la cultura popular, costumbres, etc., la de los españoles era superior en muchos aspectos, empezando por la posición de la mujer, una esclavitud mucho menos extendida, un concepto de la libertad personal ajeno al islam, etc.

P. Esa distinción entre cultura de élite y cultura popular no la señalan otros historiadores

Pues habrá que empezar a señalarla, porque es crucial. La cultura de élite es la del pensamiento, la ciencia, el arte a cierto nivel, la literatura, la gran arquitectura… Porque solo una élite la creaba y disfrutaba de ella, como por lo demás sigue ocurriendo.  Las invasiones árabes fueron en una primera etapa muy destructivas, pero después recogieron elementos  de las culturas superiores vencidas y  los desarrollaron con características propias, mientras que en el plano de la cultura popular impusieron sus concepciones y costumbres con gran fuerza. Pero, ya digo, a partir del desarrollo de las universidades cristianas, España y el occidente europeo en general, fueron adquiriendo una gran ventaja también en la cultura de élite (prefiero élite a elite). No debe olvidarse tampoco que fueron los propios musulmanes los que destruyeron gran parte de las joyas arquitectónicas de Córdoba , o la gran biblioteca de Alhakén II, o persiguieron a pensadores o poetas… La tolerancia era muy relativa. Y nunca existió hacia los cristianos o los judíos, a menos que llamemos tolerancia a su posición  humillada y discriminada…

P. No debe olvidarse el trasiego cultural entre Europa y el islam a través de España, con la Escuela de Traductores de Toledo

–Claro que hubo ese trasiego, que disgustaba a los árabes, pero no debe exagerarse pensando que el despliegue cultural europeo se deba a los árabes, aunque sea indirectamente. La cultura cristiana en Europa occidental se desarrolló sobre sus propias bases, cimentadas en las difíciles circunstancias de la edad de las invasiones. Sobre sus propias bases pudo asimilar las aportaciones árabes y parte de las griegas recogidas por estos. No es lo mismo asimilar que ser asimilado. Pero interesa observar cómo la llamada Escuela de Traductores benefició en principio muy poco a España  y sí principalmente a otros países de Europa occidental. La causa se encuentra en una actitud mental de antagonismo entre cristianoespañoles e islamoandalusíes, actitud que recorrió toda la Reconquista, de principio a final. 

   Debe recordarse  además, otro rasgo clave de Al Ándalus: la gran brecha entre la sociedad y el estado. El estado estaba dominado enteramente por clanes árabes, a menudo en guerra entre ellos, mientras que la sociedad, compuesta de mozárabes y de indígenas islamizados o muladíes, se encontraba en permanente rebeldía larvada o abierta. Y esta fue una de las causas principales por las que los reinos españoles, material y demográficamente mucho más débiles durante siglos, fueron poco a poco imponiéndose. Hay un fenómeno muy demostrativo  que creo haber sido el primero en señalar: al caer Córdoba y surgir las taifas, prácticamente ninguna de estas la gobernaban los muladíes, todas eran de poder árabe, bereber o  eslavo. La razón es que Córdoba fue un estado basado muy directamente en un ejército compuesto mayoritariamente de bereberes y esclavos (de procedencia eslava muchos de ellos, también negros), debido a la desconfianza hacia la población común, incluso cuando la mayor parte  de esta se convirtió al islam. Y fueron los componentes del ejército los que se hicieron con el poder en las taifas al implosionar el califato. El estado andalusí fue siempre muy despótico, en Córdoba y en las taifas, incomparablemente más despótico que los reinos cristianoespañoles, cuyos ejércitos se componían de naturales. Y esto también es cultura…  

La reconquista y España

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 Un rasgo que casi nunca se destaca, o incluso se oculta, en la evolución política de España en estos cuarenta años, es la importancia extraordinaria de la ETA.  Por el referéndum del 76,  la muy gran mayoría la población aprobó la democratización “de la ley a la ley”, es decir, desde la legitimidad franquista y no contra ella; pero una vez ganada esta batalla, la convencionalmente llamada derecha renunció a la lucha de las ideas,  abandonando el campo a los derrotados del referéndum, que basaban su política en la condena al franquismo. Claro que los únicos que habían combatido de verdad al franquismo habían sido los comunistas y la ETA, separatista y también  comunistoide,   cuyo carácter democrático no precisa comentario. Los socialistas, sin haberse opuesto a Franco de modo algo significativo, adoptaron la misma idea básica, y gran parte de la derecha salida del franquismo aceptó la identificación entre democracia y antifranquismo. De acuerdo con tal identificación, nadie sería más demócrata que la ETA, más incluso que el PCE, cuyos manejos con personalidades procedentes del régimen anterior eran conocidos. Más aún, la ETA habría sido la verdadera conseguidora de la democracia al haber asesinado a Carrero Blanco, quien, según coincidían antifranquistas y muchos franquistas nostálgicos, había sido la gran barrera que mantenía en pie  al régimen anterior.

   El problema de la ETA se complicaba en tales condiciones, y más aún porque para los etarras el cambio habido no era “suficiente”, pues por una parte rechazaba la secesión de Vascongadas y Navarra, y por  otra mantenía en el poder a políticos salidos directamente del régimen anterior, por lo que debía interpretarse como un simple cambio de disfraz, según sostenían también el GRAPO y otros. Que aquellos gobernantes fueran votados por más o menos gentes carecía de valor, es más,  demostraba que la nueva democracia no pasaba de ser una farsa, ya que el antifranquismo era la condición más básica de una democracia “real”.

   Solo teniendo en cuenta estas desvirtuaciones y falsificaciones de principio se puede entender el rumbo que tomó la nueva democracia hasta abocar al actual régimen fallido.

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Próximo viernes 25, en el Centro Riojano de Madrid, a las 19,30, la primera sesión del seminario sobre la posición (cambiante) de España en Europa, versará sobre la reconstitución de un país europeo en la Reconquista, el papel de ese país, es decir, España,  frente a la amenaza islámica (otomana) y frente al protestantismo, el balance de esas luchas, su decadencia, marcada por el paso de un papel protagonista  en Europa a un papel de objeto de intereses ajenos en la Guerra de Sucesión, y las consecuencias de la invasión napoleónica, que determinan el paso de España a una posición muy secundaria y sin influencia real en Europa.

 

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