La fe como creencia en lo inexistente

Este sábado en “Una hora con la historia”, la Comisión de la verdad sobre el PSOE tratará el llamado “salvamento de los cuadros del Museo del Prado”, otra “hazaña” socialistas, junto con la destrucción de bibliotecas y obras de arte. Sesión pasada: https://www.youtube.com/watch?v=5KTanH1mvdc&t=4s …,

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La vieja definición de la fe en el catecismo (“creer lo que no vimos”) apunta en la buena dirección, pero es un tanto tosca. Quiere decir que en la realidad hay aspectos que escapan a lo que vemos (a lo que nuestros sentidos nos indican o descubren). En ese sentido estrecho, la fe es un componente esencial de la actividad humana. De entrada, por lo que se refiere al futuro: tenemos fe en el éxito de una empresa, algo que no podemos ver y que puede resultar completamente falso; pero sin esa fe apenas realizaríamos esfuerzos, lo cual modificaría la propia realidad futura. Es decir, el futuro escapa a nuestras posibilidades de conocimiento, nos podemos hacer una idea de él basada en la experiencia del pasado, siempre insuficiente.

   En cambio no decimos tener fe en sucesos que pensamos desgraciados o en fracasos. Más bien eso nos provoca angustia o miedo. Es decir, la fe va íntimamente ligada a la esperanza en algo bueno. Del futuro solo hay algo seguro, que es la muerte. No tenemos fe en la muerte, sino miedo o angustia por ella, una angustia que puede ser sublimada o simplemente apartada de la consciencia, aunque ni una cosa ni otra se consiguen del todo, porque es un suceso demasiado radical en relación con la vida.

   Por otra parte hay muchas cosas que no vemos y que no precisan fe, simplemente tenemos un grado considerable de certeza sobre ellas porque otros nos lo han dicho, por comprobaciones indirectas, etc. Dado que nuestra experiencia es muy limitada, la mayoría de nuestras ideas sobre las cosas son lo que llamaba Tocqueville “ideas dogmáticas”, con un grado mayor o menor de incertidumbre, y que tampoco precisan fe. Creo que Chile existe o que la ley de la gravedad actúa de modo general, o que las estrellas están a la distancia que dicen los científicos, sin necesidad de fe, aunque no pueda comprobarlo. Todo esto, incluso el futuro, lo consideramos parte de la realidad, y aunque ello exija cierta dosis de fe, es una dosis por así decir reducida.

    La realidad y lo existente son lo mismo. Se pueden definir como todo aquello que está presente u ocurre en el tiempo y el espacio. Sin embargo, cuando hablamos de fe nos referimos generalmente a otra cosa, a la fe en la divinidad. Hay una vieja discusión bizantina en torno a si Dios existe o no. Esto tiene que ver con la realidad: ¿tiene Dios realidad o no? Pero el propio concepto de existencia o de realidad parten de nuestros sentidos y experiencias, son ajenos a la idea de Dios y se precisarían otros conceptos para indicarla, por eso los judíos prohibían hasta nombrarla. La idea de Dios no podemos situarla en esas coordenadas, por lo tanto su objeto, la divinidad, escapa a la realidad, no existe. Para definirlo necesitaríamos otro verbo que el referido a la existencia; por  eso es algo indefinible, salvo por comparaciones imaginativas con lo que existe (“infinito, eterno, omnipotente, etc.)

 A partir de ahí podemos pensar al modo llamado panteísta, en realidad ateísta: que el conjunto de la realidad (mundo, cosmos,  universo) se fundamenta en sí mismo, consiste en un conjunto de cambios y evoluciones sin fin ni finalidad. Esta idea está presente en ideas como la de la reencarnación, el eterno retorno, etc. Esto resulta angustioso, pues los cambios no tendrían otro sentido, en definitiva, que el cambio en sí mismo. Pero no solo resulta angustiosa, sino que no puede ser cierta: la ciencia indica que toda realidad, la parcial de los sucesos y la total del cosmos, tiene principio, por tanto ha de tener fin, y por ello no puede sustentarse en sí misma. Razonamos, pues, que debe haber algo externo, una fuerza, llamémosla así, que ha producido el mundo, tal como cada suceso dentro de él es efímero y producido por fuerzas ajenas a él mismo: cada uno de nosotros no existe por sí mismo, no ha venido al mundo por sí mismo, etc: “si el mundo no puede fundamentarse en sí mismo por tener principio y fin, su fundamento debe estar en “algo” ajeno a él”. Esta es una conclusión de aspecto bastante racional

   Pero no es lo mismo fin (por tanto principio) que finalidad. Y nos preguntamos necesariamente por la finalidad de todo este inmenso despliegue de fuerzas y sucesos en perpetuo cambio, sucesos y cambios en el entorno y en nuestras propias vidas. Aquí la razón fracasa. Porque la fe, racional al menos hasta cierto punto, va unida, como decíamos a la esperanza: la esperanza en una divinidad buena para nosotros y para el mundo en general. Si el cosmos ha de tener finalidad, la divinidad que lo ha creado debe ser buena para nosotros incluso por encima de nuestra comprensión, inevitablemente limitada. Dicho de otro modo, la divinidad debe dar una finalidad, es decir, un sentido, al mundo y a nuestras propias vidas. Pero dada la combinación inextricable de sucesos que nos parecen buenos y malos, de desdichas y alegrías, no tenemos modo de comprobarlo. La angustia nunca se aplaca del todo. (la felicidad como ausencia de angustia). Aun así, cabe suponer que la angustia tiene varios tratamientos, destructivos o lo contrario. Es otra cuestión.

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La evolución cultural europea expuesta como resultado de la tensión entre razón y fe propia del cristianismo. Tensión implica conflicto, que recorre toda la historia de Europa. La difícil convivencia entre ambas dio lugar a dos rupturas: el protestantismo como rebelión de la fe contra la razón, y la Ilustración como rebelión de la razón contra la fe:

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El moralismo español

“Una hora con la Historia”. Azaña en la guerra civil, la caída de un mito. https://www.youtube.com/watch?v=5KTanH1mvdc&t=2s

**Este sábado empezaremos con la Comisión de la verdad sobre el PSOE: El “salvamento” de los cuadros del Museo del Prado

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José María Pemán, uno de los teorizadores de la dictadura de Primo de Rivera, señalaba como rasgo característico de los españoles una acusada exigencia moral. Esto no sólo lo decía él, pues cita de Keyserling: “En lo ético, España se encuentra a la cabeza de la actual humanidad europea”. Y lo han apreciado otros muchos observadores, como se trasluce en la manera como Brenan analiza el anarquismo hispano (podría sostenerse que el anarquismo arraigó en España ante todo por su moralismo). Es también cierto que en la propaganda de las izquierdas —en menor medida, quizá, de las derechas— la apelación moral  surge con extraordinaria fuerza a cada instante. Como señala Pemán, “en otros países de Europa existe una mayor frialdad para separar lo utilizable de cada persona (su talento, su habilidad), de su fondo moral”; en España, “ni el talento ni la elocuencia, ni el acierto político bastaron nunca, al cabo, para hacer olvidar las claudicaciones éticas”. Aquí, por ejemplo, un tanto fundamental en la apreciación de los líderes políticos era la de su austeridad y limpieza moral (25).

En apariencia esto es buena cosa, si consideramos que el ser humano es ante todo un animal moral, antes que intelectual. Pero ya Ortega señaló cómo la popularidad de algunos políticos y teorizadores republicanos, creo que se refería a Pi y Margall, se asentaba en el prestigio de su personal sobriedad, y no, desde luego, en el fundamento de sus ideas, mediocres cuando no disparatadas. Así como innumerables estupideces ideológicas han colado en todas partes gracias a venir presentadas en un envoltorio de cursilería, en España el envoltorio preferido de la necedad ha sido la pretensión moral.

Ello, insisto, se ha dado de manera preferente en la izquierda, incluso en la comunista, para la cual, al revés que para la anarquista, la ética no pasaba de ser un aspecto accesorio, convencional, una espuma de la sociedad de clases. Pero su propaganda radicaba en la maldad, le bellaquería, la bajeza moral, en definitiva, atribuida al enemigo, más bien que en el análisis de la “explotación” o de las relaciones sociales.

 Podríamos ver ahí una especie de superioridad moral de la izquierda. De hecho, en la mala conciencia y los complejos que muestra habitualmente la derecha se percibe el influjo de esa permanente acusación moral desde la izquierda, ante la que los acusados no han sabido replicar muchas veces, o se han batido a la defensiva. La ideología y política derechistas, coincidían incluso algunos conservadores, sólo expresaban los intereses de los “ricos”, y los ricos, en general, disfrutaban de unos bienes ganados indebidamente, por medio de la explotación y el expolio de los pobres. Las derechas resultan, por definición, ladronas y corruptas, y quienes, no siendo ricos, las apoyan, sólo revelan imbecilidad y abyecto servilismo ante la injusticia, o deseos de participar en el botín.

Pero si esos rasgos podían predicarse de las derechas en todo el mundo, cuando llegábamos a España empeoraban hasta los indecible. Los “ricos” españoles, y quienes les apoyaban (“los militares y los curas”, en cabeza) eran los más miserables, crueles, oscurantistas y chulos de todo el mundo, o por lo menos de toda Europa. Esta concepción arcaica sigue vigente en muchos ámbitos populares, y sus ecos resuenan con fuerza en episodios como la propaganda de Simancas en el reciente rifirrafe por la Comunidad de Madrid. Pero no sólo se “piensa” así en ambientes populares sino también, y aun diría que de preferencia, en los intelectuales. Así sigue siendo la línea hegemónica en la historiografía “profesional” y “académica” sobre la guerra civil, espoleada desde fuera por los Preston, Jackson y compañía.

Por cierto, la conducta de los potentados rara vez es ejemplar, y si no se le pusieran trabas legales tendería en general al abuso; también las observaciones de Cambó sobre la ruindad y ostentación vanidosa de los catalanes adinerados —extensibles al resto de España— tienen una gran parte de verdad. Pero eso no hace menos absurdos los juicios absolutos típicos de la izquierda, ni vuelve virtuosos a quienes los emiten.

Si miramos más de cerca ese moralismo español, enseguida le vemos unas cuantas fallas. Empieza por ser fundamentalmente negativo. Las diatribas feroces contra el enemigo carecen del equilibrio y de los matices que caracterizan un auténtico juicio moral. Los acusadores están predicando de sí mismos, implícitamente y por contraste, virtudes tan excelsas como viles serían los vicios denunciados, pero a menudo eso es secundario. El papel de esas diatribas suele ser más bien el de encubrir un deseo de agresión y una avidez extrema de esos bienes poseídos por otros con supuesta ilegitimidad. Durante la guerra civil, o en tiempos más recientes, pudo comprobarse cómo el comportamiento de aquellos virtuosos denunciadores de la maldad ajena imitaba, precisamente, los peores actos atribuidos —no siempre sin razón pero muchas veces sin ella—, a “los ricos”.

Por otra parte ese moralismo se extiende porque halaga la vanidad de cada individuo de sentirse el juez de los demás, especialmente de quienes, en el plano material o en otros, se encuentran por encima de él. Esta especie de envidia, ya se exprese positivamente como espíritu de superación, o negativamente como impulso destructivo hacia el prójimo más favorecido, o de simple pasividad rencorosa, parece constitucional en el ser humano, y será siempre una fuente de motivación para sus actos. Tengo la impresión de que el moralismo español, sobre todo en la izquierda, ha tendido más bien a despertar actitudes negativas.

No estoy muy seguro de que el impulso ético español sea más fuerte que el de otros pueblos —actualmente parece más bien lo contrario, basta mirar la televisión, por poner un ejemplo—, pero en todo caso sólo tendrá valor si pierde algo de la rudeza y negatividad que lo han acompañado, al menos en el siglo XX y ahora mismo.

(LD, 28-11-2003)

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¿De qué trata la novela “Sonaron gritos y golpes a la puerta”? La opinión de Aquilino Duque, premio nacional de literatura: http://vinamarina.blogspot.com.es/2012/07/una-novela-dantesca.html …pic.twitter.com/LyAYI6k0kY

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Cinco minutos de risa

Me reprocha alguien que en Adiós a un tiempo, en uno de los relatos, atribuya el juego “cinco minutos de risa” al barrio de Vigo en que vivía. Bueno, en parte tiene razón. En nuestra calle no se jugaba a eso. En otras más próximas al puerto (calle Real y aledaños) sí se jugaba.  La cosa consistía en encerrarse en un portal a oscuras y empezar a tortas indiscriminadamente unos con otros. Claro que cinco minutos eran una eternidad para los niños, y la puerta se abría al cabo de un minuto o así, y la gracia consistía en ver a los que se habían refugiado en algún rincón para que no les alcanzasen las tortas. En fin, perdonen el desliz.

Lo que sí había con cierta frecuencia eran “batallas” como las llamábamos ( “pedreas” en otros sitios), en las que los de mi calle (Pilar y travesía de Finisterre) llevábamos siempre las de perder, porque eran calles muy cortas. Entonces no nos  parecían cortas, pero volví a verlas de mayor y me sorprendió lo pequeñas que eran. Pasó lo mismo con el piso en que vivíamos mis padres, cuatro hermanos (al final cinco, dos chicos y tres chicas) una tía y una prima, y por un tiempo otra tía que marchó a Río de Janeiro. Cuando, con veinte años  subí a la casa – estaba en vías de demolición–, me asombré de cómo podíamos caber tantos allí. De pequeño me parecía bastante grande.   

Como nuestras dos calles eran muy cortas, éramos pocos niños frente a los que subían de la calle de Núñez y de la Falperra, que no solo eran más, sino más golfos, quizá porque lindaban con calles de putas. Y solían ser mayores, nosotros ente seis y nueve años, mientras que entre ellos había “mangallones” de hasta quince.  A veces nos ayudaban los de Taboada Leal, que era una calle algo más larga y poblada.

En aquellas batallas yo recibí unas cuantas pedradas en la cabeza, porque me quedaba de los últimos  antes de emprender la huida. No porque fuera especialmente valiente, sino porque calculaba bastante bien el espacio necesario para escapar sin que me alcanzasen. Claro que las piedras volaban más rápido que las piernas de los perseguidores.

La calle del Pilar, hoy tan transformada que no se la imagina uno de entonces, era muy apropiada para las batallas, porque apenas tenía tráfico, ya que un extremo de ella  no comunicaba con otras calles, sino que lindaba con un descampado donde jugábamos también a indios siux contra apaches (los vaqueros dejaron de simpatizarnos desde que alguien nos informó que robaban las tierras a los indios).

Bueno, pues eso. Eran otros tiempos.

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15 tesis básicas sobre el franquismo

Como podrán comprobar, las siguientes tesis suponen una revisión en profundidad o reenfoque del régimen anterior, que he detallado en mi libro Los mitos del franquismo Creo que sin esa imprescindible revisión, la democracia continuará involucionando y poniendo en peligro nuevamente la propia existencia de España, como ocurrió con el Frente Popular. Va siendo hora de aclarar la realidad histórica de la que venimos a la gran turba de ilusos de izquierda y separatistas que tanto embuste han tragado, y a los aún más necios derechistas que dicen que hay que olvidarla

1. El franquismo derrotó a un Frente Popular compuesto de totalitarios y separatistas. Sin ser democrático, salvó elementos más fundamentales que un determinado sistema político: la unidad nacional, la cultura cristiana, la libertad personal y la propiedad privada. Esta es una gran deuda que tenemos los españoles con aquel régimen.

2. Al derrotar al Frente Popular, el franquismo evitó que Europa se viese emparedada al este y al oeste por regímenes soviéticos, con el añadido de una Francia izquierdista muy simpatizante de ellos. Esta es una deuda que tienen los europeos con aquel régimen español.

3. El franquismo permitió a España librarse de la II Guerra Mundial, lo que por lo pronto ha significado dos cosas: evitó a los españoles víctimas y destrucciones sin cuento; y ahorró a España la carga moral de las atrocidades cometidas por nazis, soviéticos y también por los aliados anglosajones.

4. En el plano internacional, la no participación de España en aquella contienda benefició estratégicamente y en gran medida  a los Aliados, beneficio que estos pagaron con mil provocaciones y un aislamiento no ya injusto sino criminal, pues intentaba crear en España una hambruna masiva para derribar a un régimen que los españoles se empeñaban en no derribar.

 5. Junto con el aislamiento, España tuvo que soportar una guerra de guerrillas comunista, el maquis, que fue vencido al no conseguir apoyo popular. Lo que revela que la reconciliación era ya un hecho para la gran mayoría. Por contraste, en Grecia, otra guerra de guerrillas comunista obligó a Inglaterra a darse por vencida en su apoyo al gobierno griego, siendo relevada por Usa, y solo así lograron vencer a los comunistas.

6. Al terminar la II Guerra Mundial, Europa quedó dividida en una parte occidental bajo tutela de Usa, y otra oriental bajo el poder directo de Moscú. Fue el resultado de la inevitable colaboración de los anglosajones con Stalin para derrotar a Alemania. Por ello Europa Occidental tiene una deuda moral y política con el ejército de Usa, deuda de la que está libre España, gracias al franquismo.

7.- Asimismo, Europa occidental y los aliados tienen una gran deuda con la URSS de Stalin, que corrió con el grueso del esfuerzo y el sacrificio de la guerra. España también está libre de esa deuda, pues derrotó indirectamente a Stalin en España.

8.- En la posguerra, la España de Franco debió reconstruirse en condiciones extremadamente adversas. Y, contra lo que pretenden historiadores propagandistas pero demuestran las estadísticas, consiguió reconstruirse con verdadera brillantez dadas las circunstancias, sin deber nada al Plan Marshall, es decir, sin la deuda económica que, sumada a la moral y política, pesa sobre Europa occidental. Y al mismo tiempo que se reconstruía, derrotaba al maquis, frustraba los peores estragos del aislamiento y finalmente derrotaba también a este en la escena internacional. Nunca desde hacía siglos podían estar los españoles más satisfechos de sí mismos  y confiar tanto en sus propias fuerzas

9. Una vez liberado del aislamiento, y aprovechando la base económica creada en los años 40 y 50, España se convirtió en uno de los países de más rápido crecimiento económico del mundo, reduciendo con rapidez la brecha con los países ricos de Europa. Fue otra victoria de máximo alcance, pues permitiría el paso a una democracia sin convulsiones, hoy puesta en serio peligro por los antifranquistas nostálgicos del Frente Popular.

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10. El franquismo, sin ser democrático, careció de oposición democrática. No hubo un solo demócrata en sus cárceles. La oposición fue siempre totalitaria: comunista y/o terrorista. Fue un régimen que frente a los totalitarismos mantuvo un alto grado de libertad personal, aunque para ello y para preservar la unidad nacional y las bases cristianas de la cultura europea, necesitó restringir –pero no anular–, las libertades políticas de los partidos.

11. A falta de oposición democrática interna, el franquismo debió afrontar siempre la hostilidad de diversas democracias de Europa occidental. De países que no se debían a sí mismas ni su democracia ni su prosperidad, sino a la intervención militar useña y a la ayuda económica posterior.  

12. En la lucha contra el expansionismo soviético de la guerra fría,  la España franquista colaboró de manera invalorable no solo permitiendo bases militares useñas – sin perder soberanía– sino, más aún, asegurando en la retaguardia eurooccidental un país estable, fiable, sin las poderosas quintas columnas comunistas existentes en Francia o Italia, y sin convulsiones periódicas de huelgas generales y disturbios graves como los que culminaron en el Mayo francés. Por supuesto, los países de Europa occidental jamás agradecieron tampoco este importante beneficio  

13. El franquismo se volvió improrrogable, no por oposición política interna ni por la hostilidad exterior, sino por dos razones muy distintas: a) porque el Concilio Vaticano II vació ideológicamente al régimen que había salvado a la Iglesia del exterminio y se había declarado católico. Dicho vaciamiento pudo haber provocado un derrumbe catastrófico del régimen.  b) Si el derrumbe, con el consiguiente caos, no ocurrió, se debió a que el franquismo había creado una sociedad muy distinta a la de la república, una sociedad próspera, mucho más culta e ilustrada que antes, políticamente moderada y sin los odios que condujeron a la guerra civil, y que por lo tanto ya no precisaba las restricciones políticas anteriores. Ello hizo posible el paso a la democracia de la ley a la ley, por la evolución propia y no por intervenciones militares useñas, como en el resto de Europa occidental.

14. En suma, el franquismo venció todo lo que el Frente Popular significaba por su propia composición política: separatismo, totalitarismo, persecución religiosa, destrucción del patrimonio histórico y artístico del país, anulación de las libertades personales y políticas; rehízo material y moralmente a España en las condiciones más arduas; desafió y venció las agresiones y las peores presiones internacionales; libró al país de las tremendas cargas morales y políticas que contrajeron los demás países de Europa occidental; y ayudó a estos frente al expansionismo soviético, pese a la hostilidad que le manifestaban los propios ayudados; y finalmente dejó un país próspero, reconciliado, libre de los odios que destrozaron la república, apto para una democracia no convulsa.

15. Pese a todos esos logros históricos sin parangón en al menos dos siglos de España, no ha habido régimen más calumniado y sobre el que se han contado tantas mentiras a los españoles. Todo ello a cargo de los nostálgicos del Frente Popular, cuyas señas de identidad son, como lo fueron en la guerra y antes, una enorme corrupción; promoción y financiación de los separatismos; ataque permanente a las libertades políticas y personales con leyes antidemocráticas; cesión ilegal de la independencia y soberanía, antaño a Stalin, hoy a oscuras burocracias exteriores; falsificación sistemática de la historia y recuperación de los viejos odios republicanos. Y hay que añadir  actualmente:  acelerada colonización cultural por el inglés y desplazamiento progresivo del español como lengua de cultura; conversión de las fuerzas armadas en un ejército inmerso en operaciones de interés ajeno, bajo mando ajeno y en idioma ajeno; conversión de la colonia de Gibraltar en un emporio de negocios opacos, siendo el peñón la única colonia en territorio europeo, que invade nuestro país en un punto estratégico, verdadera violación permanente de España por un país a quien tienen por amigo y aliado tales partidos y políticos…  

Urge, evidentemente, una reacción, que debe pasar por restablecer la verdad histórica. Nada hay más peligroso para la cultura, la democracia y la integridad de España que el continuo ataque y falsificación de su historia, que no se limita al franquismo sino que llega a todas sus épocas, para desmoralizar a los españoles con una visión negativa y envilecedora de su pasado y oscurecer su presente y su porvenir.

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Es llamativo cómo la figura de Azaña fue convertida en una especie de ídolo o santo laico tanto por la izquierda como por la derecha desde la Transición,  queriendo algunos (Marichal, por ejemplo) elevarlo a la categoría de estadista comparable a Churchill, etc. Sin embargo basta leer con algo de espíritu crítico sus diarios para comprobar cuán arbitraria y errados eran tales supuestos. En “Una hora con la Historia”:  https://www.youtube.com/watch?v=5KTanH1mvdc&t=1s

 

 

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La Cheka historiográfica

   En Memoria del comunismo, Jiménez Losantos caracteriza “a los Juliá, Preston, Moradiellos, Viñas, Casanova y demás figurones como la Cheka historiográfica” (p. 399). No se me había ocurrido la definición, pero es realmente ajustada. Podrían añadírseles un buen número de “chekistas” más.

   ¿Por qué es adecuada esta definición? Al menos por tres razones: en primer lugar por su punto de vista sobre la guerra civil, defendiendo como democrático al Frente Popular,  un régimen directamente criminal formado por izquierdas y separatistas, salido de unas elecciones violentas y fraudulentas, dinamitador de la legalidad republicana, terrorista, que en solo cinco meses hundió la economía y  cuya mayor aportación institucional fueron las chekas, aquellas cárceles de partido, de sindicato y de gobierno en las que fueron torturados, asesinados y robados miles de personas tanto de ideas derechistas como de actos izquierdistas pero rivales. Porque siempre se olvida que aquellas izquierdas y separatistas se asesinaron generosamente entre ellos mismos. Para esos historiadores de trata de peccata minuta ¿Por qué? Porque en lo esencial  comparten las mismas ideas corruptas del Frente Popular .

    Esta aberración se percibe igualmente en su actitud ante las leyes de memoria histórica a y b, que son, precisamente, leyes chekistas, en las que los asesinos y torturadores son ensalzados como luchadores por la libertad y la democracia, víctimas del franquismo, cuando si de alguien fueron víctimas fue de sus jefes, que huyeron de España llevándose enormes tesoros y abandonando a sus “luchadores”para que se apañasen como pudiesen con los nacionales. Y como la cheka siempre fue asociada al robo, nuevamente estos peculiares historiadores callan ante la infamia de obligarnos a todos a pagar “indemnizaciones” a los familiares de las “víctimas”,  que, lógicamente, se muestran muy dispuestos a “recordar” y denunciar los crímenes del franquismo, el mayor de ellos haber hecho pagar los suyos a tales “demócratas”. El silencio es a menudo la forma más vil de la complicidad,

   Y en tercer lugar por la actitud de estos individuos ante el actual proyecto de silenciar con amenazas de cárcel y multas a cuantos no tragamos su “Himalaya de falsedades”. Pues no es que ellos discrepen de nuestras investigaciones y estudios: saben perfectamente que son mucho más veraces que los suyos. Y saben perfectamente que sus lamentables libros de “historia” son un compendio de embustes, pero los defienden con uñas y dientes porque viven de ellos, viven no en la mentira, sino DE la mentira. Y en consecuencia no pueden aceptar el debate intelectual honrado y abierto: saben bien que quedarían pronto en evidencia. Por consiguiente adoptan la actitud chekista del ninguneo personal, el silencio y ahora la complicidad de hecho con el proyecto de ley contra la libertad de opinión, de expresión, de investigación y de cátedra. Tan “demócratas” como siempre.

   Porque ellos, que tantos años han vivido, subvencionados a menudo por el poder, ansían ahora que el poder despótico, el poder chekista, el poder totalitario, impida cualquier oposición a sus versiones tan cargadas de falsedad como de odio. Y uno tiene que preguntarse cómo es posible que durante décadas hayan monopolizado  prácticamente la enseñanza y los medios de masas. Claro que han disfrutado del dinero y el amparo del poder. Pero mucho más importante y grave ha sido que numerosos historiadores e intelectuales que no comulgaban con tales “historias” hayan sido sido totalmente incapaces, por pura cobardía moral, de hacerles frente en el terreno de las ideas. Y  no es solo que hayan callado o desviado la atención, o aplicado pellizcos de monja como si fuera un asunto menor. Han hecho más,  han sido cómplices, al menos con el eficaz silencio, en la labor chekista de aislar y marginar a cuantos sí hemos afrontado abierta,  clara y documentadamente ”esa constante mentira de la izquierda”, como decía Gregorio Marañón.  Y ahí está lo peor del mal. Ese mal que envilece a la universidad, la academia y en definitiva la cultura española. Pero ahora, ante la nueva ley totalitaria de memoria histórica, todos van a tener que retratarse.

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La conducta de Azaña con el Frente Popular ya antes del 18 de julio revela una mezcla de complicidad con los totalitarios y su terrorismo, y de pérdida de sentido de la realidad https://www.youtube.com/watch?v=5KTanH1mvdc

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Amazon. Recuerdos y algunos poemas: http://amazon.es/Adi%C3%B3s-tiempo-Recuerdos-sueltos-relatos-ebook/dp/B075L82G5B/ …

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

Con la Transición se han querido olvidar muchas cosas, entre ellas los movimientos llamados maoístas, muy activos en los años  anteriores. Y sobre todo el hecho realmente crucial de que el franquismo no tuvo oposición democrática sino, principalmente comunista y/o terrorista. En torno a estos partidos  y al PCE de Carrillo pululaba cierto número de simpatizantes o colaboradores que luego han querido pasarse por “demócratas”, y cuya especialidad era pintar al régimen de Franco con los colores más oscuros, que justificaban cualquier acción contra él, incluida la terrorista, aunque, desde luego, ellos se limitaban a parlotear, pasar alguna ayuda y, en la medida de lo posible, prosperar y trepar en el aparato de aquella según ellos, terrorífica dictadura. (la ETA se hizo muy popular entre ellos, así como el Che Guevara, que nunca dejó de ser un practicante del terror). 

Otro mito sin el menor fundamento real es la pretensión de que muchos estaban dentro de PCE de Carrillo sin ser comunistas sino solo amantes de la democracia. Carrillo y su PCE eran marxistas-leninistas, y si aparentaban ser más o menos pacíficos se debía exclusivamente al fracaso de su maquis, que fue un movimiento también esencialmente terrorista. El escarmiento le obligó a cambiar de táctica, infiltrándose especialmente en la universidad, un hecho histórico importante porque sus consecuencias duran hasta hoy. Y su tan encomiada “reconciliación nacional” pretendía simplemente que el pueblo se reconciliase con los comunistas para aplastar con más eficacia a quienes les habían vencido

   En cuanto a los comunistas mismos, en los años en que tantos desmemoriados dicen haber luchado en el PCE o sus aledaños “por las libertades”, circulaba en España una gran cantidad de literatura marxista y quien entraba en “el partido” sabía de sobra la clase de “libertades” por las que luchaba, por lo demás a la vista de todos en el muro de Berlín. Luchaban por una tiranía de terror de la que, paradójicamente, se esperaba una especie de plena liberación de la humanidad.

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