Educación y enseñanza

Blog I. El PP destruye la cultura española: http://www.gaceta.es/pio-moa/destruccion-cultura-espanola-16092014-1927 

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Siguiendo la tendencia anglosajona, se va perdiendo la diferencia entre educación y enseñanza. La educación  atañe a la formación del carácter, y la enseñanza a la capacitación práctica mediante conocimientos y destrezas.  Por lo general, la primera se adquiere fundamentalmente en familia y la segunda en la escuela.  El concepto de educación abarcando las dos cosas tiene relación con la tendencia actual a que la educación sea monopolio de la escuela, es decir, del estado o más propiamente de los políticos que lo dirigen.  Una tendencia muy fuerte en todos los países. Claro está que no hay una diferencia absoluta entre ambos conceptos, porque la educación implica ciertas enseñanzas y la enseñanza una dosis de educación (por ejemplo, la disciplina).

   Antaño la educación corría a cargo de los padres, y más inmediatamente de  las madres, pero en una época en que un hogar no puede sostenerse  con un solo sueldo, en la mayoría de los casos, la tarea educativa recae fundamentalmente en la televisión y en internet, además de la escuela. Los padres pintan cada vez menos, máxime cuando la institución familiar se halla en crisis  con la  abundancia de divorcios, niños con un solo padre, etc.; y  a su vez, los padres suelen estar “educados” ya, por la televisión.

     La televisión educa  de manera difusa, pero eficaz, por medio del ejemplo en todo tipo de productos, particularmente en series y entretenimientos para todas las edades. Estos transmiten un determinado modo de ver la vida, de “funcionar”; una moral  cada vez más alejada de la tradicional y más empapada de cultura anglosajona, que desplaza aceleradamente a la hispana. Los valores máximos son el éxito y el hedonismo. No es de extrañar que la salud social haya bajado tanto en las últimas décadas: abortos, prostitución, delincuencia, drogas, alcoholismo, violencia doméstica, fracaso familiar y  escolar, etc. Se diría que la televisión está hecha por una mezcla de pervertidos y descerebrados, carentes en todo caso de arraigo en la cultura hispana, y tampoco en la tradicional anglosajona.

   En el otro blog trato una de las facetas de esta tendencia, que está simplemente desplazando y anulando nuestra cultura.

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#SonaronGritosyGolpesALaPuerta: “La gran novela sobre los Años de Hierro de la historia de España” http://www.esferalibros.com/libro/sonaron-gritos-y-golpes-a-la-puerta/…”Por 1ª vez tengo una idea concreta de como se desarrolló la república, la guerra civil y la posguerra” Emile Bravo, #SonaronGritosyGolpesaL“Visión distinta de una parte crucial de la historia de España. Gana en calidad según… avanza el relato” Enrique Campos #SonaronGritosyGolpes

“Excelente novela…inmensa talla del autor.Atrapa al lector de la primera a la última página con un final inesperado” Indivil #SonaronGrito

“Ofrece una visión muy interesante de la guerra civil desde el bando republicano, especialmente en Barcelona” Trotamundos #SonaronGritosyGol

“¡De imprescindible lectura!” Emile Bravo, #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“La temática de la Guerra Civil no se trata como una historia de buenos y malos lo cual se agradece” aticatac72 #SonaronGritosyGolpesaLaPuer

“La versión contraria a esta, ya estaba empachado de escucharla” Emile Bravo! #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“Sólo por ser el autor que es no vale la pena ni mirarla.Y no soy sectario. No gasten un euro en ella” MiguelRo #SonaronGritosyGolpesaLaPuer

“Brillante novela” Indivil #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“No apta para aquellos que sean sectarios” Jesús #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

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Naciones y nación española, o algunos desbarres de Álvarez Junco

Blog I: Cataluña y Escocia: http://www.gaceta.es/pio-moa/cataluna-escocia-14092014-1432

** ¿Por qué sigue siendo tan importante conocer la guerra civil?Porque el falseamiento del pasado envenena el presente #LosMitosDeLaGuerraCivil

El desconocimiento o falseamiento de la guerra civil vuelve superficiales o falsos los análisis políticos actuales #LosMitosDeLaGuerraCivil

A muchos les irrita la falsedad rampante de la “memoria histórica”.Pero por ignorar los hechos se ven impotentes ante ella #LosMitosDeLaGuerra

  Muchos dicen “rebatir” #LosMitosDeLaGuerraCivil… jactándose de no haber leído el libro. La ignorancia satisfecha.

Cuando quedó en evidencia la imposibilidad de rebatir #LosMitosDeLaGuerraCivil llegó el ninguneo total en los medios.

No colabores con tu silencio a fomentar la industria del embuste #LosMitosDeLaGuerraCivil

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En el aula de cultura del grupo “El Correo”, al presentar su libro Mater Dolorosa, sobre el concepto de España como nación en el siglo XIX, el profesor Álvarez Junco ha expuesto: “Sé que ustedes creerán que el concepto, la realidad, de naciones ha existido siempre, pero no es así, ni mucho menos. En las sociedades antiguas, la gente se dividía de otras muchas maneras: eran cristianos o musulmanes, nobles o plebeyos, y, por supuesto, hombre o mujeres. Las naciones se convirtieron en el criterio más importante de definición social a partir de las revoluciones liberales (…) Para nosotros es fundamental ir por el mundo diciendo “yo soy alemán”, por ejemplo, y lo decimos mucho antes que “soy médico” o “soy hombre”, o “soy anciano”.

¡Hombre!, decimos “soy alemán”, o “soy anciano” etc., en contextos diferentes y difícilmente comparables. Al pasar la frontera, o en una reunión internacional, decimos nuestra nacionalidad, pero no cuando vamos al médico o a comprar zapatos. Y mucho antes del siglo XIX, contra lo que parece imaginar Álvarez, la gente se presentaba como española, italiana, inglesa o francesa, y no sólo como “cristiana” o “musulmana”. Y al revés, las personas se siguen presentando, según el contexto, como cristianas, ateas, musulmanas, periodistas, hombres, mujeres, niños o lo que cuadre. Asombra la confusión del discurso, pero con tan penosos rebajamientos del nivel intelectual topamos muy a menudo en los últimos años, y en los lugares más insospechados.

Un error muy extendido nace de la importancia peculiar que la nación y el estado nacional adquieren en los siglos XIX y XX. Lo que entonces se construyó no fue la nación, sino el nacionalismo, la noción de que la soberanía residía en la nación, en el pueblo. Fue entonces cuando ese ente algo difuso que solemos llamar “burguesía” intentó sistematizar y racionalizar el concepto de nación, llegando a convertirlo, por una parte, en una especie de absoluto moral, sustitutorio de la religión, y por otra en ámbito y base social para la aplicación de derechos y libertades (o de privación de ellos). Pero esas construcciones teóricas y políticas no crean la nación, sino que operan sobre ella, una realidad preexistente de mucho tiempo atrás.

Se han intentado muchas definiciones de nación, ninguna de ellas abarcadora de todos los casos nacionales existentes. La causa es que una nación no es un conjunto de rasgos objetivos, sino el producto de un sentimiento colectivo de identidad en torno a rasgos comunes, que pueden ser muy variados, y que, sobre todo en la época contemporánea, suelen entrañar aspiraciones a disponer de un estado propio. Y el sentimiento de pertenencia a una nación, se llamara así o de otro modo, fue desde tiempo muy antiguo la base emocional para defenderse de agresiones extrañas o para imponerse imperialmente a las vecinas. Difícilmente concebiremos una comunidad más fragmentada políticamente que los griegos antiguos, y sin embargo ellos se consideraban una nación, por el triple lazo de “lengua, religión y sangre”. En los momentos de peligro consiguieron cierta unidad y realizaron hazañas comunes, en especial frente a los persas, pero en general estuvieron desunidos, sin que ello hiciese decaer en ellos su sentimiento de identidad. Algo así ocurría en España durante la Reconquista o en la Italia del Renacimiento, pese a lo cual españoles a italianos se reconocían como tales y eran así reconocidos por los demás. O, al contrario, será inútil, mientras no cambien otras cosas, convencer a peruanos y bolivianos, o a argentinos y chilenos, de ser una misma nación, por muchos rasgos culturales y étnicos que tengan en común. Creo que tampoco será posible hacer una nación de Europa. En cuanto a España, basta leer Bravuconadas de los españoles, del francés Brantôme, para percibir con cuánta fuerza se sentían sus habitantes una nación particular y eran sentidos como tal fuera de España, en pleno siglo XVI.

Y, en realidad, mucho antes. Según Álvarez Junco, antes del siglo XIX no existía nación española, sino sólo “identidad”, acaso desde que los griegos visitaron la península en el siglo IX antes de Cristo (debió de ser algo más tarde). Pero, advierte aquél, antes habían existido grandes civilizaciones, la egipcia, la china, la india, la persa, la babilonia, etc., “y en ninguna de ellas hay la más mínima referencia a España (…) ¿Por qué? Por una razón que los nacionalistas españoles no entienden ni entenderán nunca —en realidad, sean del nacionalismo que sean, los nacionalistas en general no comprenden estas cosas—: que España no es el centro del mundo”. Al atribuir tal simpleza a los nacionalistas, es Álvarez —profesor universitario ganador del Premio Nacional de Ensayo, dirigiéndose, no se olvide, a gente ilustrada— quien cae en la simpleza, y sospecho que incluso Batasuna es capaz de razonamientos más refinados que el suyo.

Parece razonablemente claro que España, como buena parte de las naciones europeas, se formó sobre la base cultural romana y las invasiones germánicas, adquiriendo forma política desde Leovigildo y Recaredo. Sin ello resulta imposible explicar un fenómeno como la Reconquista. El profesor critica severamente algunas desvirtuaciones históricas de los nacionalismos, pero cae en otro error elemental al suponer a que esas desvirtuaciones niegan la realidad nacional. Todas las comunidades tienen relatos más o menos legendarios, falsos o no, transmitidos por la tradición o producto de la inventiva nacionalista. Pero es como las personas: si alguien miente sobre su pasado, no por eso dejan de existir ese alguien y su pasado. La “identidad”, concepto excesivamente amplio que Álvarez Junco opone al de nación, es precisamente la identidad nacional. En Quevedo, en Cervantes, y mucho antes que ellos, la identidad española, cultural y política, está bien explícita.

Álvarez comete un nuevo error al burlarse de quienes niegan el carácter de español al emirato y luego califato de Córdoba, pues éste, arguye él, ocupó un 85 por ciento de la península, viviendo pacíficamente unos tres siglos, según asegura (en realidad, el poder musulmán en España, incluso entonces, transcurrió en guerras civiles permanentes, gracias a las cuales los mínimos reinos españoles del norte pudieron consolidarse y expandirse). Al parecer, el criterio básico con que opera Álvarez es el territorial, pero su conclusión resulta tan poco seria como la de que israelíes y palestinos forman una misma nación por vivir en el mismo territorio, o que tan israelí, o tan palestina, es la Autoridad de Arafat como el estado hebreo. Lo ocurrido, aunque a Álvarez le cueste trabajo creerlo, es que sobre el territorio peninsular lucharon dos naciones distintas: España y Al Andalus. La primera era cristiana y europea, la segunda musulmana y afroasiática no en sentido territorial, sino cultural. Las implicaciones de todo tipo, desde la idiomática a un concepto de libertad personal inexistente en el islam, como ha recordado Sánchez Albornoz, son enormes, aunque alguna gente no quiera verlas.

En la actualidad proliferan en varias regiones de España partidos contrarios a la nación española. Tienen dos rasgos: una necesidad extraordinaria de desvirtuar la historia, y una oposición a las libertades y la democracia, gravemente vulneradas en Cataluña y, sobre todo, en Vascongadas. Por supuesto, ello no impediría que llegasen a constituir nuevas naciones, si consiguieran transmitir a la gente un sentimiento lo bastante intenso y extendido de ruptura con la común nación española. A desprestigiar a ésta contribuyen las confusiones de Álvarez Junco, funcionario de la administración…española.

(En LD, 29-11-2002)

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Del amor y otras menudencias

SULPICIO.- Vamos a ver, Mauricio, perdonad el inciso, admito que tu razonamiento en pro del vicio solitario es irreprochable, y que merecías forrarte a subvenciones con el actual gobierno igualador de Karajolandia, pero debes admitir que no va a ser así, porque el gobierno no es consecuente con sus propios principios, como decía Matías Crevillente: predica la oración, pero no reza, valga la metáfora.

MAURICIO.- Muy cierto, oh Sulpicio, pero yo, con mis vacas y ovejas tengo bastante, y no necesito subvenciones como los artistas del cazo, digo de la ceja. A menos que me alcance la crisis, toquemos madera. Aquí, en las floridas campiñas de Porriño, en tabernas acogedoras como esta de Picio, me siento autosuficiente y no preciso que me paguen mis ideas, por lo general brillantes.

SULPICIO.- Eso es muy cierto, pero no implica que el mérito lo tengas, y un mérito no recompensado no deja de ser una injusticia social. Te diré más: el español medio tampoco te hará el menor caso. Lógicamente debería haber una inmensa recogida de firmas para que el gobierno llevara una política consecuente e igualitaria en pro de la masturbación, y saliera en las televisiones públicas practicando la cosa…pero no lo conseguirás. Porque estarás de acuerdo conmigo en que el español medio, obviamente, es un julay. Dejando aparte las excepciones obligadas, por supuesto. Y a los de Porriño, claro está.

PATRICIO.- ¿Y qué entiendes por julay, bravo Sulpicio?

SULPICIO.- ¡Pardiez, Patricio, hombre de letras! ¿No sabes qué es un julay? Julay es una palabra del caló carcelario, vale decir, y designa un individuo entre ingenuo, tonto y mindundi, tiene algo que ver con primavera, un tío primavera es también un ingenuo, aunque julay tiene una carga más despectiva. Pero tienes razón en preguntar: yo le doy un sentido algo distinto. Para mí, un julay es una persona incapaz de razonar.

PICIO.- ¿De razonar incapaz el español es?

SULPICIO.- Te pondré un ejemplo: estás hablando de un asunto general, y el julay te sale con algo particular suyo. Digamos que comentas que hay crisis y cuatro millones y pico de parados, y el julay te salta con que él no ve la crisis por ningún lado, porque en las fiestas de su barrio, el otro día, había que ver la de gambas que consumía la gente. O le planteas pongamos por caso, el valor de una obra de cine, o de literatura, y zanja la discusión diciendo que a él le gusta, o que no le gusta, como si su gusto particular y no razonado fuera la última palabra sobre el tema. Les expones cualquier asunto medianamente complejo y te salen con cualquier cuestión anecdótica e insignificante. O es incapaz de ver la consecuencia más simple de una idea o de una toma de posición: le basta con que esa idea se la presenten como buena, bonita y barata, o todo lo contrario, y ya no entiende ni quiere entender más. ¿Te das cuenta de por qué a Zapo le ha sido tan fácil convertir a España en Karajolandia?

PATRICIO.- Bueno, bueno, gente así hay en todas partes, en Francia, sin ir más lejos, los diputados ladrones, que eran casi todos, se autoindultaron de sus ilegalidades en el Parlamento, arguyendo que para eso representaban la soberanía popular. Y los franceses tan tranquilos, ya ves, sólo arman bulla si les amenazan con algún recorte en los sueldos o cosa así.

FABRICIO.- ¿Y qué me dices de los useños? ¿No se han dejado seducir por un charlatán barato como Obama? Aquello parece ya Chorrilandia…

PATRICIO.- Además, por mucho que la masturbación sea más racional, según afirmas…

MAURICIO.- Según demuestro…

PATRICIO.- Además, digo, el ser humano es racional, pero animal, así que hay que tener en cuenta las dos cosas, el instinto y todo eso.

MAURICIO.- ¡Por eso, Patricio, por eso! La vida humana es una lucha permanente entre el animal y el racional, y en esa lucha prevalece uno o prevalece la otra. Yo, que soy hombre de progreso –y a quien le pique, que se rasque–, defiendo a la otra. La razón, ¡qué haríamos sin la razón!

FABRICIO.- Pero Mauricio, loco de la vida, eso de que no follarás hasta que no sepas el porqué y el para qué, es la cosa más idiota que he oído. Tú estás vivo, ¿sabes acaso por qué y para qué estas vivo? No lo sabes, ¿verdad? ¿Y vas a dejar de vivir hasta que lo sepas? Y ahora todos empezamos a tener sueño, por la hora y por el vino, ¿sabes acaso por qué y para qué vas a dormir? Simplemente vas a rendirte al sueño, ¿o piensas mantenerte en vela hasta que soluciones el enigma? Te volverías aún más chiflado de lo que estás.

MAURICIO.- La naturaleza nos presenta en efecto, ¡oh eximio asamantecas!, muchos enigmas, no uno solo. Y es propio del hombre sabio y razonable irlos aclarando uno a uno, sin pretender resolver todos a la vez. Así que por alguno hay que empezar.

SULPICIO.- ¡Picio, maldita sea! ¡Deja de hurgarte las narices mientras nos sirves las raciones, que vamos a tomar la mitad de ellas con mocos, y encima nos los cobras!

PICIO.- ¡Coño! Mira tú al señorito con tanta limpieza. Sabrás, ignaro, y lo digo para todos, que los mocos tienen propiedades antisépticas, vienen a ser como unos antibióticos caseros, según han demostrado los doctos en el asunto, así que…

PATRICIO.- ¡Será posible tío tan guarro!. Y, hombre, por una vez ha dejado de hablar en ese plan que llama poético, cambiando el orden de las palabras sin ton ni son, que no hay quien le entienda…

SALICIO.- ¡Pues tú debes callar, poetastro, que cada vez que hablas riegas la mesa de salivillas! Estoy por decir que la mitad del vino que bebemos procede de la boca de Patricio.

MAURICIO.- ¡Venga, pardiez, dejaos de menudencias, o vamos a terminar a hostias! Los mocos y la saliva de estos dos vates solo pueden contagiaros su talento poético, y ya me veo a todos hablando en verso. ¡Al tema, al tema! Hablaba Patricio del amor platónico para demostrar que el placer físico no es nada…

PATRICIO.- Quiero decir que lo del placer no explica todo, porque si así fuere, nadie podría enamorarse, el amor no existiría propiamente, solo las ganas de… Todos conocemos el caso de un ilustre porriñés que, con cuarenta años, mujer y tres hijos, los dejó porque va y se enamora de una tía veinte años más joven, y se larga con ella, ¿Cómo explicáis eso?

MAURICIO.- ¿Intentas convencerme de que todo el asunto es de lo más irrazonable? Lo del placer físico introduce al menos un toque de racionalidad, muy relativo, desde luego, pero algo es. No tan racional como la masturbación, que por lo menos no causa daños a terceros, ni siquiera a segundos. Pero contribuye a explicar, a dar algo de sentido a la cosa. En cambio eso que convencionalmente suele llamarse amor me parece el colmo del absurdo. Y, como has visto, tiene las peores consecuencias.

SALICIO.- Quiere decir, Mauricio, que a la gente, por lo menos a algunos de nosotros, no sé si muy especiales o qué, no nos da lo mismo una que otra, y cuando encontramos a una moza determinada…, ¿entiendes?, nada más nos importa en el mundo, así que si fuera solo cuestión de placer, nos daría igual una u otra.

FABRICIO.- Según lo que yo veo, hay tipos muy exclusivistas, que se vuelven locos por una sola tía, y otros, al contrario, les da igual con tal de que tengan lo que tienen… Pero yo me voy, me entra el irrazonable sueño, Mauricio. La tempestad ha amainado, ya no repiquetea con furia la lluvia en los cristales ni se oye el apagado mugir del viento. Así que me retiro a mi choza.

PATRICIO.- Creo que todos nos largamos. Picio, ¿cuánto se debe?

PICIO.- Debía cobraros el doble, por vuestras intemperancias. Pero hoy, mira, estoy contento, así que paga la casa.

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Una apología de la masturbación

**Este domingo, en “Cita con la Historia” (Radio Inter, de 4 a 5 de la tarde), hablaremos del fundamento histórico de la diada y del Valle de los Caídos

Programa anterior: http://www.ivoox.com/cita-historia-inicio-temporada-audios-mp3_rf_3470620_1.html

**Blog I: Anticlericalismo y libertad de conciencia:http://www.gaceta.es/pio-moa/anticlericalismo-libertad-conciencia-12092014-1718

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PATRICIO.- ¡Venga. Sulpicio, que está de broma el animal racional!

MAURICIO.- De broma nada, Patricio. La masturbación tiene una ventaja de entrada que incluso Sulpicio está en condiciones de entender: no compromete a nadie. Si tú te lías con una señora o señorita, siempre resultará que surgen discrepancias, diferencia de caracteres, formas de ser que chocan, etc., etc., y es inevitable que la fastidies o te fastidie ella. Fíjate en Salicio, cómo sufre el pobre desgraciado por su horrible Amartilis…Eso no ocurre con la masturbación, y si la naturaleza nos ha dado esa posibilidad es porque la naturaleza es sabia, que diría Moh Ul-sih. Tampoco tienes posibilidad de ocasionar embarazos no deseados ni de cargar con críos que, por mucho que los quieras, o te creas que los quieres, pueden ser un verdadero peñazo, y si no, fíjate en Castilla del Pino, que si se deja llevar por el sentimentalismo le estropean la carrera. O imagina los líos en que te puedes meter si te da por la opción sexual de la pederastia… La cosa no puede ser más conveniente, y sobre todo más racional…

PATRICIO.- Pero reconocerás, Mauricio, que es mucho menos satisfactoria.

MAURICIO.- Para nada, chaval, para nada. Con ayuda de la fantasía no resulta menos, y de paso desarrolla una facultad mental tan imprescindible como la imaginación. ¿Qué haríamos en la vida sin la imaginación?

PICIO.- Y de Mauricio en apoyo, aunque, la verdad, nada de lo que diciendo viene un pelo me gusta, hay que tener las muñecas inflables en cuenta. Hoy, con lo avanzada que está la ciencia, hacerse pueden muñecas con todas las ventajas de una mujer y ninguno de sus inconvenientes. En Internés lo vi tiempo ha.

FELICIO.- ¡Y a la inversa, Picio, muñecos inflables para ellas, o para los que practican con orgullo la opción homosexual! No seamos machistas…

SULPICIO.- Vamos a ver, mendrugo racional, ¿no te das cuenta de que así se acabaría la humanidad? ¿Te parece bien eso, tío loco?

MAURICIO.- Sostengo, arcaico sujeto, que con un poco más, muy poco más de tiempo y ciencia, los críos se harán en máquinas ad hoc, y nadie tendrá que cargar con ellos, bien sea que se ocupe el estado u oenegés de la tarea. Pero, objetarás, ante de que llegara ese feliz momento la humanidad se habría acabado. A lo cual yo y Bertrand Russell, que en paz descanse, replicamos: ¿y qué?, ¿qué nos puede importar? La tierra se ha pasado miles de millones de años sin seres humanos que la fastidiasen, y ha estado tan a gusto con sus virus, bacterias o diplodocus, o sin nada, así que dime, ¿qué falta hacía el hombre?, ¿no dicen los ecologistas que lo único que hacemos es fornicar el equilibrio natural? Además, antes o después se acabará la tierra, como han explicado los cosmólogos, de modo que, ¿importa mucho si es un poco antes o un poco después? En términos cosmológicos, eso no es nada. Las cosas hay que mirarlas sub specie aeternitatis, como hacemos los filósofos racionales.

FELICIO.- Voto a tal, que me horroriza lo que oigo. En otro tiempo la Inquisición te habría llevado directamente a la hoguera.

SALICIO.- Has de saber, absurdo Mauricio, que yo soy muy feliz con mis sufrimientos por Amartilis, y que no los cambiaría por todas tus satisfacciones en el paraíso de Onán.

MAURICIO.- ¡He ahí, Salicio, que has dado en el clavo sin quererlo! Sufres, pero te gusta, te muestras orgulloso de tus penas y nos las pasas por las narices, como diciendo: “Vosotros no conocéis este dulce tormento, esta deleitable servidumbre, no sabéis nada de la vida…” Esa es una de las razones por las que yo no soporto esas cosas: ¿a qué vienen?, ¿qué objeto tienen? Ni sabemos el por qué de ese impulso casi incontrolable por la supervivencia humana (menos incontrolable para quienes somos realmente racionales), ni tampoco por qué la supervivencia tiene que realizarse mediante esos actos sexuales, o por qué ellos van acompañados de placer. Y sin preocuparnos siquiera de aclarar esas cuestiones elementales para un ser racional, nos revolcamos en el fango de la irracionalidad. ¿Os parece lógico? ¿Os parece razonable? ¿O acaso vosotros sabéis el porqué de esas cosas y no me lo queréis contar?
PICIO.- Pasmados nos dejas, Mauricio.

MAURICIO.- Y os diré más, las habilidades de Onán tienen otra virtud: el igualitarismo. Porque con toda evidencia el acto sexual a dúo revela la más profunda desigualdad entre la mujer y el hombre, mientras que en esta otra práctica, más racional aun sin acabar de serlo del todo, la desigualdad pierde todo sentido…. Creo que debería dar la idea a la ministra extranjera Pipiana Kagaperlas, supongo que me subvencionaría con generosidad; después de todo a ella no le cuesta un duro, digo un leru.

SULPICIO.- ¡Cuidado, Mauricio! Podrías hacerte de oro, se te subiría a la testa y te haría cambiar: abandonarías este oficio, quizá no muy lucrativo, mas no por ello menos repleto de encanto, te irías a vivir a la Citi o a Manjatan, o fingirías no conocernos si con nosotros te topases por esos prados o tabernas… Pero tienes razón, pocas cosas hay más desiguales que eso que llaman hacer el amor, y con más desiguales consecuencias. El gobierno debería tomar medidas contra semejante abuso…Te has librado de mi alegre cayada. Por cierto, siempre me ha asombrado que a las mujeres les guste que las follen. ¿No es como muy humillante …?

MAURICIO.- Mira, Sulpi, esa es otra irracionalidad, y sobre eso hay mucho que decir, porque ¿acaso no es menos humillante para el sujeto masculino? Mas si te parece dejaremos el tema para mejor ocasión, pues si no, se pierde el discurso.

PATRICIO.- Pero aquí tenemos a Fabricio, antes tan parlanchín, y que no dice esta boca es mía. ¿Qué opinas, hombre, del asunto?

FABRICIO.- ¿Qué voy a opinar? Aquel gran poeta que fue Alberti ya elogiaba mucho las peras en sus memorias, se ve que las practicó a mansalva. En cuanto a mí, de puro irracional que soy, prefiero el amor mercenario, ya que las mujeres, debido a su ceguera para los valores espirituales y excesiva vista para los corporales, no quieren saber nada conmigo, a menos que les pague.

SALICIO.- Ja, ja, me imagino a Fabricio declarándose: T…t……te…te…q…q…quie…quiero. Tiene que ser un espectáculo.

FABRICIO.- Cállate, bestia, y mira en tu interior tus porquerías.

SALICIO.- Bueno, hombre, perdona. Ya sabes, como dice el refrán, la mierda ajena a todos nos huele peor que la propia.

PATRICIO.- Mas yo te diré, Mauricio, que lo que contaba Felicio esta tarde en los amenos praderíos, antes de que la galerna empezase a rugir, y que me habéis repetido poco ha, me refiero a las palabras de Moh Ul-sih, es completamente falso. Yo os diría que aún en ausencia de placer físico inmediato, la afición de los hombres por las mujeres y viceversa, dejemos aparte la cosa homo…, es tan fuerte que incluso sin ese placer nos apasionaríamos. Fíjate, si no, en la intensidad del amor romántico y del platónico, en la Laura de Dante o en la Beatriz de Petrarca…

FABRICIO.- Al revés, poetastro, al revés.

PATRICIO.- Bueno, da igual…

FABRICIO.- Además, Petrarca confesaba que le gustaría haber estado libre de los deseos de la carne, pero que mentiría si lo afirmase.

MAURICIO.- Lo cual multiplica, si posible fuere, la absurda irracionalidad de todo el asunto.

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Conveniencia de la educación cristiana

Blog I: Un programa de historia único:http://www.gaceta.es/pio-moa/programa-historia-unico-11092014-1629

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La enseñanza cristiana en la escuela me parece muy conveniente, y no sólo porque la pida una gran mayoría de padres. Lo lamentable sería que dejaran de pedirla. Por resumirla mucho, podemos sintetizar la instrucción cristiana en la enseñanza y comentario de los Diez Mandamientos, más la historia y cultura ligada a ellos. Esos mandamientos condenan la corrupción económica y sexual, la mentira y la calumnia, prohíben matar salvo en defensa propia, prescriben honrar a los padres, es decir, en sentido amplio, a la tradición y el legado cultural heredado, hablan de deberes además de derechos, y de la responsabilidad ligada a la libertad etc.

Lógicamente estos mandamientos no pueden gustar a los hedonistas ávidos de fondos públicos y de toreo de alcoba, convencidos de que la historia empieza, y acaso termina, con ellos, pues la muerte acaba con todo; convencidos de que la droga constituye ante todo una experiencia placentera, de que la familia, sobre todo la cristiana, es una institución opresora que el estado debería socavar y erradicar en lo posible, de que las no menos opresivas nociones de bien y mal debieran dejar paso a lo divertido y lo fastidioso, etc. El hedonismo progre ha alentado un tipo de enseñanza acorde a esas concepciones, y no puede negarse que ha tenido resultados importantes: expansión de la droga y el alcoholismo entre la juventud, la pérdida de referentes morales, altos índices de fracaso escolar, de fracaso matrimonial, de delincuencia juvenil y no juvenil (pues llevan muchos años de aplicación), de embarazos y abortos de adolescentes, enfermedades sexuales y otros así. No estoy seguro de si son éstos los objetivos de esa enseñanza, me inclino a creer que sí, porque año tras año sus promotores persisten en ella, y aun la extreman, sin prestar atención a sus efectos.

¿Se forman así buenos ciudadanos? Lo dudo, pero reconozco que eso va en gustos. Por ello, los partidarios de esa educación debieran reservarla para sus hijos y no obligar a todo el mundo, utilizando los fondos públicos, a someterse a sus criterios. Esto último me parece una actitud abusiva y de corte totalitario. Además, he leído que la mayoría de los dirigentes socialistas y similares evitan mandar a sus hijos a centros públicos.

En cambio creo que la enseñanza cristiana, por lo ya dicho, tiende a formar el carácter individual y también a ciudadanos responsables. Es una opinión particular, si quieren, pero extendida, hoy por hoy, entre una amplia mayoría de la población. Por lo tanto, la enseñanza pública debiera atender a los deseos de esa mayoría, sin menoscabar los de la minoría progre-hedonista.

Además, considero que los valores y la proyección ciudadana de una enseñanza cristiana pueden ser compartidos por mucha gente no cristiana (yo mismo), e incluso atea, exceptuando en tal caso los dos primeros mandamientos, pero no entraremos aquí en la fundamentación de la moral.

Hay otra razón de mucho peso en pro de la enseñanza cristiana: la cultura española está impregnada de cristianismo hasta la médula. Viajando por el país encontramos en todas partes iglesias, ermitas o catedrales, muy a menudo los edificios más bellos y sugestivos de cada población, e incluso una fuente de atracción de turismo. O monasterios que han sido focos de cultura y a veces siguen siéndolo. Instituciones clave de la vida actual, como las universidades, tienen también origen cristiano. Nuestro lenguaje, nuestra literatura, nuestras artes, nuestras tradiciones de todo tipo, están empapadas de cristianismo católico. Renunciar a ese inmenso bagaje o diluirlo poniéndolo al mismo nivel que cualquier otra religión o creencia, sólo puede ocurrírseles a auténticos bárbaros, herederos de aquellos que, no hace tanto, asesinaban a mansalva a clérigos y creyentes, quemaban iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza o destruían obras de arte invalorables por el delito de ser católicos. Vale la pena notar que quienes se sienten sucesores de aquellos “progresistas” no han expresado nunca el menor arrepentimiento ni la menor lamentación por tales actos. Persiste, por el contrario, una satisfacción mal disimulada al respecto.

No hablo, obsérvese, de una enseñanza religiosa en general, sino precisamente cristiana. Por supuesto, el estado es laico, pero no debe hacer del laicismo una seudorreligión sustitutoria. Y debe atender a otras religiones minoritarias, en especial a la musulmana, actualmente en auge debido a una política deliberada de los gobernantes progre-hedonistas. Pero sin olvidar dos cosas: que los musulmanes llegan a España con la peligrosa idea de que este país les pertenece, y que la religión musulmana quizá no sea incompatible con la democracia, pero no ha producido o tolerado un solo estado musulmán democrático, con la parcial excepción de Turquía.

El cristianismo, en cambio, no sólo es compatible con la democracia pues constituye la raíz misma de ella, aunque la Revolución francesa se haya manifestado furiosamente antirreligiosa, y haya originado, de paso, los totalitarismos genocidas del siglo XX. La corriente liberal anglosajona ha resultado mucho mejor, más pacífica y más evolutiva, como es sabido. Y a nosotros nos convendría recobrar las tradiciones pre liberales y pre democráticas del Siglo de oro, formuladas por diversos pensadores eclesiásticos.

No ignoro la existencia de una vastísima literatura, a menudo panfletaria, virulenta e insultante, dedicada a probar la incompatibilidad del catolicismo con la democracia. Sin embargo la experiencia histórica pesa más que los panfletos: durante la república, la derecha influida por la Iglesia respetó la legalidad y derrotó la insurrección izquierdista del 34 invocando las libertades y manteniendo después éstas. Y fueron esas izquierdas comecuras, siempre con la palabra libertad en la boca, las que destruyeron la democracia y causaron, con ello, la guerra civil.

Savater y otros muchos tienen derecho a exponer y defender sus posiciones en estos asuntos, pero no tanto derecho a pretender imponerlas a los demás. Y no deben cometer el error de pensar que quienes discrepamos de ellos carecemos de argumentos. Insistiré con otras palabras: creo que la enseñanza cristiana formará a mejores ciudadanos que la enseñanza progre-hedonista, y que una religión que empapa nuestra cultura no puede erradicarse de la enseñanza sin destruir esa cultura misma.

Y a partir de ahí critiquemos a la Iglesia, tan digna de crítica en muchas cosas.

(En LD, 16-11.2005)

 

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