Fallecimiento de un amigo / Hechos en torno a Ucrania.

Me escribe mi amigo Joaquín Puig, de parte de Miguel Marañón: “Os comunico que nuestro querido amigo Enrique ha fallecido esta madrugada. Hasta el momento final ha estado amorosamente asistido y apoyado por su mujer, María Luisa. O mando a todos un abrazo muy fuerte”.

Enrique Pérez Mengual, como Joaquín y Miguel, asistían habitualmente  a una tertulia que manteníamos todos los martes en el restaurante Rasputin, de Madrid. Enrique era hombre profundamente honrado, había militado en un grupo maoísta y sufrido seis años de cárcel, luego, con el tiempo y la reflexión, como nos ha pasado a otros, terminó viendo o entreviendo las contradicciones de aquella doctrina, tan aparentemente bien trabada;  contradicciones que generaban innumerables falsedades, por no decir falsedad sistemática. Pero en la tertulia muy rara vez hablábamos de tales cosas: era más bien una reunión de amigos, entre cuatro y hasta trece, según las ocasiones, para pasar un par de horas agradables hablando de todo un poco, por encima,  riendo y contando anécdotas. Asistí a ella durante quizá seis años, pero la dejé hace mucho. Todos lo habíamos pasado bien, pero –creo que se nota en el blog–, yo estaba muy preocupado, por no decir angustiado, ante las derivas aberrantes de la política  española, más evidentes para quien conozca un poco la república, y la tertulia terminó por parecerme algo frívola y sin sentido, incluso irritante. 

   Aquella era casi mi única actividad social: si he escrito tanto en estos años ha sido acuciado por esa preocupación y por la de aclararme yo mismo, y el coste ha sido un considerable aislamiento, que me ha hecho perder el contacto con muchos amigos y conocidos.  Posteriormente me enteré de que Enrique había sufrido un ictus,  del que se había recuperado bastante mal;  y había ido empeorando, pero nunca fui a visitarle, cosa que me causaba remordimiento,  sin encontrar la ocasión de enmendarlo. Hace unos días me comunicaron que estaba ingresado con neumonía bilateral. Pensaba ir a verlo, pero el desenlace ha sido muy rápido. La muerte siempre nos deja sin palabras. Vayan estas líneas en recuerdo de Enrique.

Como decía,  lo que destacaba en él era su honradez intelectual. Buen conocedor de las “mazmorras franquistas”, escribió esta carta al ABC cuando se decidió demoler la cárcel de Carabanchel: La gloriosa oposición antifranquista – Pío Moa – Libertad Digital

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Hechos en torno a Ucrania 

Con frecuencia oímos este argumento “decisivo” acerca de la guerra de Ucrania: “Ha sido Rusia la que ha invadido Ucrania, un país independiente y reconocido en la ONU, y no a la inversa”. Se trata de una obviedad, pero también de una simpleza si no se tienen en cuenta otros hechos:
1. La guerra no es entre Ucrania y Rusia, sino entre Rusia y la OTAN (Usa e Inglaterra, más países satélites), con Ucrania como intermediaria. Y Rusia considera la expansión de la OTAN por Ucrania como una amenaza a su seguridad, por lo que exigía la neutralidad ucraniana.
2.  Rusia tenía razones para considerar a la OTAN una amenaza porque a) es la OTAN la que rodea de bases militares a Rusia, y no a la inversa. b) Es la OTAN y no Rusia la que ha invadido directamente a Irak y Afganistán, países independientes y reconocidos internacionalmente, y ha destrozado por intermediarios a Libia y Siria, aparte de la destrucción sistemática de las infraestructuras en Serbia, amparándose en una total superioridad técnica..
3. Los gobiernos ucranianos salidos del golpe de estado del Maidán han seguido en todo momento una política antirrusa, al extremo de intentar erradicar la lengua y cultura rusas de una gran parte de la población. Y han lanzado sus tanques y aviones para aplastar la resistencia de las regiones étnicamente rusas, creando una verdadera guerra civil localizada.
4. La respuesta de Rusia a esa guerra localizada ha sido ayudar a la población rusohablante y desbaratar militarmente al ejército del gobierno ucraniano, tras lo cual no continuó la guerra, sino que pidió llegar a acuerdos (los acuerdos de Minsk), que respetaran los derechos de la población rusohablante ucraniana.
5. Esos acuerdos nunca fueron respetados por el gobierno de Kíef, que prosiguió una escalada de provocaciones, respaldada silenciosamente por la OTAN, que durante siete años reforzó y adiestró a su ejército. 
6. Llegado un momento, después de siete años, en que Kíef exigía la entrada en la OTAN y proseguía las acciones contra los rusohablantes, con una demagogia que pintaba a los rusos como una amenaza asiática para Europa, comenzó la guerra actual.
7. Rusia trata de que esta guerra sea localizada. La OTAN trata de prolongarla al máximo para desgastar a Rusia usando a los ucranianos como carne de cañón, y Zelenski trata de extenderla por Europa. 
8. Por lo que se refiere a España, no tiene nada que ganar y mucho que perder en esta guerra, si esta se prolonga y amenaza extenderse. El interés de España es que la guerra termine cuanto antes y que no se extienda. España no tiene problemas con Rusia, y en cambio está invadida y satelizada por la OTAN. Su interés de fondo, traicionado por sus gobiernos, es la neutralidad. Una neutralidad que en el caso ucraniano habría evitado la guerra.
9. Punto especial es el de la democracia. La OTAN ha justificado sus agresiones, causantes de destrucciones inmensas, con  cientos de miles de muertos y  millones de desplazados, alegando que los países víctimas no eran democracias. El mismo argumento emplea contra Rusia. Evidentemente, se trata de una argucia insidiosa: un país puede no ser una democracia sin ser tampoco una tiranía.  En cuanto a  España, la OTAN es amiga y aliada de la tiranía marroquí, que amenaza nuestro territorio. Tiranía amiga y aliada también del gobierno español, sea PP o PSOE.

10. La propaganda de la OTAN se basa en que Putin pretende rehacer el imperio zarista o el soviético. Es posible ese designio, pero no hay ninguna prueba tangible, y en tal caso Zelenski tendría razón: ¿por qué la OTAN no se involucra a fondo y derrota a Rusia antes de que sea tarde? Pero el ataque a Ucrania se ha debido a la guerra civil contra la población ruso-ucraniana, y al rechazo de la neutralidad por parte de un  Zelenski que habla de su país como tapón entre Europa y Asia. Cuando el análisis deriva de los hechos constatables a especulaciones, ya caemos en la mera propaganda.

 La deriva mesiánica de Usa-Inglaterra la ha expresado con precisión Putin: “Al caer la URSS, han creído ser la voz de Dios sobre la tierra,  y que no tenían responsabilidades, sino solo intereses, y que esos intereses eran sagrados”.

Hay que decir que el acoso a Rusia ha empujado a esta hacia la órbita de China, que sí es un país totalitario hasta la pesadilla, mucho más peligroso debido a su espectacular éxito económico. Y todo puede derivar a una tercera contienda mundial.

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Qué es una gran novela (I)/ Locuelas con poder / Reseña de 2013

Qué es una gran novela (I).

Vi el otro día la película de Woody Allen Medianoche en París, una burla suave y graciosa de la “Generación perdida”, con un autor de guiones useño que intenta imitar a Hemingway y convertirse en verdadero escritor.  Me recordó cierta afición a Hemingway de cuando yo era adolescente, no sé si ahora me gustaría, pero me he puesto con sus memorias de juventud París era una fiesta (A moveable feast). Nunca la había leído y la tomaba por  una obra de juventud, pero fue de las últimas que escribió, terminándola en 1959  0 60,  después de haber descubierto  que  el hotel Ritz de París conservaba un baúl con  materiales suyos  dejados allí casi treinta años antes. Cuando se puso a escribirla estaba enfermo y deprimido. El libro termina: “Pero así era París en aquellos días tempranos, cuando éramos muy pobres y muy felices”.  Al año siguiente, 1961, se suicidó, no sé si habría relación entre ese  hecho y  la nostalgia por la época probablemente más feliz de su vida, con su primera esposa.

El libro se compone de recuerdos sueltos, personales y sobre otros escritores, algún ajuste de cuentas y evocación de situaciones. Probablemente no pretende ser demasiado veraz, aun si lo hubiera deseado, pues  treinta años son muchos para recordar con precisión. Uno de los escritores que trata es a Scott Fitzgerald, a quien pinta como un tipo aprensivo y exigente, algo capullo, preocupado también por el tamaño de su pene, pues su mujer,  Zelda, le había dicho que era demasiado pequeño. Zelda, en opinión de Hemingway, estaba loca, lo cual se demostraría cierto. Escritora mediocre y celosa del talento de su marido, dice Hemingway, procuraba perturbarlo en su trabajo e inducirle a beber, aunque Fitzgerald  aguantaba mal la bebida.  Zelda,  retribuía a Hemingway asegurando que era un marica que se fingía muy macho.

No obstante, Hemingway  y Fitzgerald se hicieron buenos amigos. Zelda también  presionaba a su esposo para que escribiera relatos  de escaso valor literario, pero bien pagados, mientras  que  Hemingway le aconsejaba despreciar ese tipo de literatura, ya que tenía verdadero talento: ”Si era capaz de escribir un libro tan bueno como El gran Gatsby, yo estaba seguro de que podría escribir alguno aún mejor”, y le insistía: “Has escrito una novela excelente, no debes escribir basura”.  Pero el relato no  se había vendido bien, y eso preocupaba  mucho a Fitzgerald. Algo de todo esto queda insinuado, sin hincar el colmillo,  en la película de Woody Allen.

Aquella era la novela por la que Fitzgerald es más recordado. ¿En qué sentido es tan buena como apreciaba Hemingway (y muchos otros, hasta valorarla como la mejor novela useña del siglo XX)?  También  la leí en mi adolescencia, y de ella solo me quedó en la memoria algo así como un vago perfume, había olvidado la trama, cosa que me ocurre con la mayoría de las novelas, así que he mirado en internet algún resumen de ella.  Si me preguntaran “¿es una gran novela?”, no sabría qué decir. Sin duda está bien construida,  la acción y los personajes, como Gatsby, un arribista gangsteril  obsesionado por compartir la “gran sociedad” y ocultar su origen humilde,  y románticamente enamorado de Daisy, la mujer encantadora como una sirena, pero egoísta y convencional, esposa del brutal millonario Tom Buchanan: o el único no corrompido por la riqueza, George Wilson, propietario de un taller mecánico, leal  y enamorado de su  mujer, Myrtle, que le desprecia y le engaña con  Tom. El coche de Gatsby, conducido por Dolly, mata accidentalmente a Myrtle, y su marido, que descubre la  infidelidad de ella, aunque sin saber con quién, siente que su mundo se desmorona. Tom le informa de que el coche que mató a su mujer  es el de Gatsby,  el cual está dispuesto a  aceptar la culpa, por proteger a Daisy, pero Wilson, enajenado por creer también que Gatsby es el amante de su mujer, asesina a este y se suicida.

   Parece un reflejo de los ambientes opulentos y corrompidos (¿pero todos los opulentos eran corrompidos?) de los años 20 useños, calificados de “locos” o de “felices” según gustos. Reconociendo su coherencia y sutileza psicológica, no me impresionó cuando la leí,  ni demasiado ahora,  creo que porque básicamente es una historia de gente rica, con sus falsedades o no falsedades y sus devaneos, y esos ambientes nunca me interesaron. Pero eso no tiene mucho que ver. Puedo aceptar que es una gran  novela, y que mi gusto particular no puede ser juez literario definitivo.  

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Locuelas con poder

**Las locuelas de Podemas, contra “los pantanos franquistas”. Cretinos y cretinas así siempre existirán, el problema es: ¿cómo han llegado a tener tanto poder? Y no dejan de tener razón, hasta el mismo PP se la ha dado. Los pantanos son una herencia, en definitiva, del 18 de julio, condenado en 2002 por ese partido.

**¿Cómo un timador barato como Pujoliño está encandilando a tanta gente? No debemos olvidar que las víctimas de un timo también colaboran a él.

**Lo llevo diciendo mucho tiempo: el mayor éxito del PCE fue su infiltración en la universidad, hasta dominarla. No porque todos los profesores y alumnos sigan las versiones comunistoides de la historia, sino porque los disconformes están literalmente acojonados. 

**Un partido que no se plantee influir con fuerza en la universidad, carece de programa cultural, el decisivo a medio plazo. 

**Nunca se dice, y por eso hay que repetirlo, que el discurso del criminal Zelenski contra Rusia es idéntico al de los separatistas contra España. En los dos casos es un discurso de autoodio, paradójicamente.

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Reseña de 2013

Veo ahora esta reseña en internet (es de 2013): 

Ahora mismo, acabo de terminar una obra de Pío Moa:  “Sonaron gritos y golpes a la puerta”. Nunca había leído a este autor. Sinceramente la empecé con desgana tras ver lo brusco de su introito sumario y desbocado en sucesos. A medida que iba pasando páginas hizo nacer mi amistad hacia Paco y Berto, como si yo mismo fuera una prolongación de ellos. 

 Realmente soy el menos indicado para emitir juicios u opiniones ante escritores de la talla de D. Pio Moa, o de cualquier otro de ahora o de siempre. El arte también nos llena de sensaciones y esas son las que quiero transmitir tras su lectura. Destaco que con una increíble facilidad el autor me lleva a vivir todas las dichas y desdichas de los protagonistas, especialmente de Berto como si fuera junto a él, a su mismo lado, sufriendo por momentos y alegrándome en otros. Esquivando las balas y las traiciones. Superando los odios.

¿Es realmente una novela?. Para mí no; es bastante más que una narración de aventuras, de buenos y de malos, de ficción al gusto para deleite, de intrigas odios y sangre, crueldades, de encadenar hechos sin posicionamientos apodícticos. 

Siempre he dicho que un buen libro es el que te hace pensar y que pensar es como vivir más de dos veces. Con esta obra se han superado mis expectativas de vida, ya que en ella misma está la propia esencia del ser humano, también la mía, un poco la de todos. Es un torbellino de filosofía también, una búsqueda constante de algo que se desarrolla a lo largo de toda la obra. Es un desafío vivaracho a sistemas y etiquetas hodiernas, va muy por encima de todo eso. No busca lo correcto en ella, sino el razonamiento y la verdad esquivando la absoluta, haciendo al lector partícipe y protagonista de sus propios pensamientos. No indica un camino, señala posibilidades de sendas. 

Estoy convencido que Berto es el propio autor, o que habla por boca de aquél y vive en él mismo. De ahí tantas reflexiones y preguntas, pues solo desde las dudas se puede avanzar. 

A su vez está repleta de anécdotas, de datos y de historia misma. Desde los clásicos griegos que vienen a darle la bienvenida asomándose en alguna ocasión a ella, hasta los autores y pensadores más recientes o contemporáneos. Y conviven entre sí pacíficamente, mientras el frío en el frente de Rusia parece calarte el alma también. 

Esta obra tiene en sí misma el don de la ubicuidad, mucha realidad y ficción en su regazo. Sobre todo no te obliga a odiar al otro bando en contienda. Une más a España desde las diferencias, también con la humanidad y la comprensión de ideas opuestas. Todos somos un poco todos y juntos uno. 

Me he sentido apenado y triste tras la muerte de algunos de los protagonistas que iban quedando por el camino. Pero consigue que sigan vivos, de alguna manera hasta el Epílogo  He visto odio, pero también mucho amor, en situaciones fáciles y difíciles. De un arma mortífera me queda la canción al viento de la muchacha enamorada al bajar al río por la mañana: la Katiusha. 

Realmente me sentí un poco D. Augusto Pérez ante el Maestro Unamuno, no para exigirle ni discutirle nada sino para agradecerle el placer inesperado de la lectura de su obra. 

Beatus ille,

Blog de José Cuevas

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Madre Tierra… y Padre Sol / Historia fascinante

La madre tierra… y el padre sol

Escribe Cristina Losada en LD: “Cómo pueden votar contra Dios? Dios se enfada de vez en cuando y esta ley nos ayudará a calmarlo”. Supongamos que un dirigente político hubiera dicho tal cosa. No un dirigente político de una teocracia (…) sino de una democracia. Y no de una democracia del montón, sino de una de las potencias democráticas del mundo. ¿Qué se hubiera pensado y dicho de una declaración como la que encabeza el párrafo?  No es difícil de imaginar qué se hubiera dicho, y qué hubieran dicho los laicistas de oficio. Pero lo interesante es que no estallaría ningún escándalo si en el lugar de Dios, exactamente en su sitio, ponemos a la Madre Tierra. Esa deidad está admitida. Plenamente. Por eso, una política como la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, puede decir: “¿Cómo pueden votar contra la Madre Tierra? La Madre Tierra se enfada de vez en cuando y esta ley nos ayudará a afrontar todo eso”. Pelosi puede decir eso tranquilamente, sin que nadie se lleve las manos a la cabeza, por ejemplo, en señal de luto por la racionalidad”.

Se me ocurren algunas observaciones

a) El nuevo culto de la  Madre Tierra, que también parece venerar Pancho I, está íntimamente ligado a las ideologías LGTBI, que a su vez descansan, confesada o inconfesadamente, acertada o erróneamente, en la idea de que la población humana debe disminuir porque está alterando el “equilibrio ecológico”  del planeta, cosa que enfada mucho a la Madre Tierra, la cual castiga al hombre con el “cambio climático”.

b) Nadie sabe si se está produciendo un cambio climático a largo plazo, ni si el mismo sería  hacia una era más cálida o más fría. Pero los ecologistas parecen seguros:  sí está habiendo un cambio a largo plazo, y hay un culpable del mismo: el hombre, que cabrea así a la Madre Tierra. Es posible que haya algo de eso, pues la acción humana altera las condiciones  ecológicas en su beneficio. Solo que pretender que ello perjudica “al planeta”  es pura especulación de parte de quienes se creen las voces de la nueva diosa.

c) Los cambios climáticos que registra la historia geológica conocida, ya desde mucho antes de la aparición del hombre, se deben en parte, sin duda, a fenómenos, desde luego muy poco conocidos, de la propia tierra. Quizá el hombre, por asegurar su supervivencia, pueda llegar a dominarlos mediante la técnica, y quizá no. Pero hay otros fenómenos que escapan y previsiblemente escaparán siempre a sus capacidades: la actividad solar, que a su vez, dista bastante de ser regular, tranquila y previsible. El Padre Sol, fecundador de la Madre Tierra, resulta mucho menos controlable que esta. Si los cambios climáticos se deben a su actividad, habrá muy poco que hacer al respecto, solo confiar en que no se vuelvan catastróficos para nosotros.

d) Lo que expresa el nuevo culto  es una angustia profunda en la psique humana ante su destino, angustia fácilmente transformable en histeria. Y no es en absoluto irracional (Lo irracional en la Pelosi es creerse la voz de la Madre Tierra). La razón nos indica que el ser humano tiene capacidades dependientes hasta cierto punto de su voluntad, pero que, en definitiva, lo más esencial escapa por completo a sus capacidades y voluntad. El sentimiento religioso no es irracional, es perfectamente lógico, en su origen una especie de terror cósmico o telúrico, que trata de hacer benévolas a esas fuerzas superiores. La idea científica es que, efectivamente, existen leyes a las que no podemos escapar, pero que las mismas son totalmente indiferentes a los deseos, anhelos  e intereses humanos. Lo cual no calma precisamente la angustia.

e) Episodios de histeria colectiva ha habido muchos en la historia, y creo que estamos ante uno de ellos. Y ya que partimos de la  Pelosi, esa histeria está polarizando a la sociedad useña hasta el punto de una guerra civil latente, que, aunque improbable, no es imposible. Lo mismo se manifiesta en la actitud continuamente provocadora de la Pelosi, la Kamala y sobre todo el perturbado Biden, empujando a la guerra de Ucrania y embrollando las relaciones con China hasta un punto que hace temer a Kissinger (y no solo a él) una guerra general. Una guerra nuclear haría descender muy notablemente la población mundial, culpable de incomodar  a la Madre Tierra. Y la necesidad de este descenso es uno de los tópicos de sus adoradores.

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Historia fascinante

Me comenta un amigo lo fascinante que le ha resultado la historia de España en su época de hegemonía, después de haber leído mi libro. “La imagen que tenía de aquel tiempo era más bien pesada y poco agradable”. Le digo que, efectivamente, lo es , por obra de numerosos historiadores e intelectuales a su vez pesados y mediocres. Esa historia es apasionante mientras que, hay que reconocerlo, el siglo XVIII resulta un tanto romo, comparado con lo anterior, y el XIX  y la mayor parte del XX es una época bastante estúpida.

Como la historia economicista o tecnicista se ha impuesto, se ha vuelto incomprensible que un país que, según Kamen, era “pobre, poco poblado y aislado de Europa”, y según la mayoría de los expertos destacaba por su pobreza y poca población,  pudiera no solo ganar  la hegemonía en Europa, sino descubrir el mundo y abrir una nueva era en la historia humana. Como en su cabeza no entra que un país así descrito pudiera haber logrado tales cosas, o destacan los factores que las  habrían hecho imposibles, o directamente las niegan, como hace Kamen, o las desvalorizan como Joseph Pérez, tan premiado por  el oficioso y anodino  mundillo intelectual-político hispano. Sin ser pobre, España era menos rica que otros países, que sin embargo tardaron un siglo en empezar a emular los logros españoles, limitándose hasta entonces a parasitarlos. Así fue, y esto es precisamente lo que vuelve tan fascinante aquella historia. 

Sí, podemos estar orgullosos de aquellos antepasados. No podemos estarlo, en cambio, de nuestro presente, de nosotros mismos. 

 

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Silenciado, no controvertido

 

Parece que Los mitos de la guerra civil está teniendo éxito en Francia:  https://twitter.com/Le_Figaro/status/1557736595150757888?s=19. Este vídeo tiene 1.1 millones de reproducciones, y  el libro en Amazon está en el nº 1 de ventas de historia del siglo XX. Sería interesante que en España también se difundiera mucho, sobre todo entre los periodistas, aunque pocos sepan francés. Porque el libro fue sometido a un estricto muro de silencio en Europa occidental y Usa, lo que ha ayudado a que las gentes de la “memoria” lo hayan hecho olvidar en la propia España. Pero la verdad es que si el libro tiene razón, el 90% de lo que se ha publicado sobre la guerra civil (y sus consecuencias) en España o fuera, son  fábulas y manipulaciones. Y que Los mitos  tiene razón lo demuestran los mismos fabuladores al ser incapaces de aceptar un debate, y en cambio  responder con   leyes liberticidas.

Ya están saliendo algunas réplicas. Observen por ejemplo la del panfleto Huffington Post en francés: acusa a Le Figaro de “revisionismo sobre Franco” por “dar la palabra a un historiador muy controvertido”.  ¿Se puede expresar mejor toda una concepción “intelectual”?:  hay que impedir la controversia, hay que negar la palabra a quien “revise” las versiones que pretenden  perpetuarse como dogmas.

Porque, efectivamente, soy revisionista, que es lo contrario de dogmatista Y porque soy consciente de que casi todo lo que se ha publicado sobre Franco en España y fuera está basado directa o indirectamente en la propaganda comunista, y es perfectamente falso.

Y miente el Huffington  al llamarme “controvertido”. Debería decir mejor silenciado. En Francia lo ha estado  el libro hasta hace pocos meses, en Inglaterra,  Usa,  Alemania o Italia  sin cambios hasta ahora;  y en España, donde no ha habido controversia o debate digno de ese nombre, se intenta con leyes totalitarias.

Pero por fin, veinte años después de publicado el libro,  se ha abierto una brecha en el muro de silencio. Quizá empiece así su derrumbe.

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Charlatanería y estafa

En junio-agosto del año pasado publiqué en el blog una recopilación de artículos críticos, que titulé “Galería de charlatanes”, y que recojo ahora aquí. Abarcaba desde Joseph Pérez a Ángel Viñas, pasando por Preston y tantos más. Alguno me reprochó entonces que calificara de ese modo a historiadores reconocidos, con currículos impresionantes y premios oficiales. Para entenderlo deben tenerse en cuenta tres aspectos: a) Las leyes de “memoria” a la soviética, que casi todos sustentan intelectualmente o a las que, en el mejor de los casos, no han hecho oposición clara, lo cual ya es bastante definitorio. b) El fondo común de las versiones históricas que defienden prácticamente todos los denominados charlatanes. c ) La distinción entre enfoques y detalles, o, de otro modo, entre el estudio de los sucesos y el del encuadre general de ellos.

Las leyes de memoria llamada histórica o para más injuria “democrática” significan que unos políticos, generalmente incultos y a menudo corruptos, pretenden dictar a los españoles lo que deben creer y pensar sobre la guerra civil y el franquismo, dos sucesos clave que han modelado la historia de España hasta hoy. Pretensión en sí misma corrupta y un ataque en toda regla a las libertades democráticas más elementales, y entre ellas, de modo destacado, a las propiamente universitarias de investigación y cátedra. El asunto entraña tal gravedad que debemos preguntarnos, ¿cómo es posible que la osadía de tales políticos de fuerte tradición liberticida, nuevamente confirmada, no haya provocado una auténtica revuelta en la universidad? La única respuesta posible es que la universidad se ha degradado a límites insondables, pues precisamente esos políticos apoyan sus leyes en una corriente o gremio de profesores universitarios, aquí tratados de charlatanes. Ese gremio se ha impuesto en la universidad al punto de que los profesores disconformes apenas osan levantar la voz, por temor a verse aplastados con consignas políticas, condenados a una suerte de aislamiento, y ahora atemorizados por la amenaza de fuertes multas. Tenemos entonces por un lado a los profesores inspiradores de las citadas leyes, y por otra los que apenas les hacen resistencia, lo cual termina por ser una forma de complicidad.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Desde los años 80 se consolidó en la universidad la aludida versión histórica con formas agresivas y amenazantes, que tachaban cualquier discrepancia de fascista o franquista, condenando a quien levantase la voz a una especie de muerte académica, como pasó con Ricardo de la Cierva, el disidente más destacado, y a su exclusión de las bibliografías universitarias. Agresividad despótica que combinaba muy bien con un lenguaje seudohumanitario y sentimental, que llegaba a la cursilería y añadía algo como indignación ética contra el disidente. A principios del siglo actual podía darse por absoluto el triunfo del que se llamaba a sí mismo “gremio de los historiadores”, y sus “consensos básicos”, apoyados por los grandes medios de masas y partidos, incluido el PP, que en 2002 condenó oficialmente el alzamiento del 18 de julio del 36, con lo que no solo condenaba a sus propios padres y abuelos, sino que dejaba en el aire la transición, la democracia y la monarquía, salidas finalmente del suceso histórico condenado. No había necesidad de ninguna ley, simplemente la versión de había vuelto oficial en la práctica, en la política y hasta en la sociedad.

En estas circunstancias, llegué por mi cuenta, examinando entre otros los archivos del PSOE, a conclusiones muy contrarias a las ya dominantes, y publiqué en 1999 Los orígenes de la guerra civil, seguido de otros dos títulos. Apenas hubo reacción gremial, pues estos libros, de escasa difusión, quedarían como unas curiosidades más, desdeñosamente marginadas en la gran corriente oficialista. Sin embargo, en 2003 ocurrió algo nuevo: Los mitos de la guerra civil, no solo desmontaba en puntos clave la versión oficializada, sino que tuvo un éxito de público impresionante, haciendo peligrar los “consensos” entonces alcanzados. Lo cual causó una alborotada furia en el gremio y en medios periodísticos, políticos y sindicales, con clamores de censura contra “el revisionismo”, el “neofranquismo”, etc. Exigencias que han desembocado en las leyes de “memoria” contra las libertades democráticas… ¡en nombre de la democracia!. Al modo staliniano.

Llamar charlatanes a tales universitarios y a los que callan ante ellos resulta algo inadecuado y en cierto modo eufemístico. Por supuesto, tienen derecho a exponer sus versiones, que en principio podrían acercarse a la verdad histórica…, sólo que si fueran veraces no precisarían imponerlas por ley, sino que prevalecerían en un debate intelectual, como pasa en las democracias y parecía haber ocurrido ya a principios de siglo.

En cuanto al común esquema historiográfico base de las leyes de memoria, puede resumirse así: en los años 30, unas fuerzas reaccionarias o fascistas, sintiendo amenazados sus privilegios por las reformas progresistas y democráticas de la II República, se rebelaron contra esta provocando una sangrienta guerra civil. Ganaron la guerra combinando el apoyo de la Italia fascista y sobre todo de la Alemania nazi, con una feroz represión sobre el pueblo trabajador, causante de infinidad de víctimas entre los demócratas republicanos. Luego, durante casi cuarenta años, sometieron a España a una brutal dictadura, oscurantista y explotadora, residuo del fascismo derrotado en la II Guerra Mundial. Si bien, aceptan algunos, desde finales de los años 50, el régimen se vio forzado a liberalizarse levemente y el país logró una modesta mejora económica, superando un poco los primeros “veinte años perdidos”. Añádase que el jefe de la reacción o fascismo, Francisco Franco, sería un sujeto tan malvado como mediocre, ignorante y tosco, militar y políticamente.

Este es, con tales o cuales matices, el fondo del relato común prevaleciente en la universidad y en la política españolas desde los años ochenta, hasta el punto de haber sido aceptada en lo esencial por corrientes católicas y políticas derivadas directamente de aquel régimen “opresor, explotador y oscurantista”. A poco que se piense, el relato no solo choca con multitud de hechos y detalles bien conocidos, sino que se contradice de modo esencial: ¿cómo podría el franquismo, dirigido por un inepto, haber vencido a fuerzas y dirigentes mucho más ilustrados y capaces, haber escapado a la guerra mundial y haberse mantenido hasta el final sobre un pueblo en estado de rebeldía latente contra tanta opresión y en un medio internacional, sobre todo europeo, que lo execraba? No resulta fácil explicarlo, máxime cuando el número de presos antifranquistas fue muy pequeño desde finales de los años 40. De entrada ya cabe sospechar que las versiones “memoriadoras” son pura palabrería o tienen demasiado de ella.  Todo el problema se resume en el aserto “teórico” de que el franquismo fue una dictadura, y por tanto contrario a la democracia, una simplificación que sería simplemente burda si no fuera deliberadamente falsaria. ¿Quiénes representaban la democracia? ¿Eran los demócratas los partidos sovietizantes PSOE, PCE y otros que atacaron a la república buguesa hasta destruir su legalidad? ¿Eran demócratas los comunistas que constituyeron la casi única oposición real al franquismo? ¿Podía haber salido de ellos una democracia? Sabemos bien quiénes hicieron inviable la democracia en la II República, de dónde ha salido la democracia actual y quiénes la están destruyendo con leyes como las de memoria.

 

El tercer punto exige, como decía, distinguir dos aspectos en el relato historiográfico: los sucesos y detalles parciales estudiados con mayor o menor precisión metódica, por una parte, y el enfoque o concepción general con que se los encuadra por otra. Un enfoque falso desvirtúa o distorsiona en profundidad el relato, aunque puede dar lugar a infinitos trabajos parciales: baste pensar en la inmensa bibliografía generada por el marxismo. Sin duda muchos de los que autores aquí criticados han hecho estudios más o menos acertados sobre cuestiones parciales o de detalle, pero si, como ha sido demasiado frecuente, enfocan la historia reciente de España como originada en una guerra civil de reaccionarios o fascistas contra demócratas republicanos, ya todo va mal, aun si aciertan en tales o cuales puntos. Es como reconstruir una estatua pegando los pies a la cabeza, o fabricar un coche con buenos materiales, pero con volante rígido, ruedas desiguales o tubo de escape orientado al interior, etc. El coche no funcionaría, y sus elementos, por buenos que fueran, solo serían útiles como material de desguace.

Así sucede cuando la historia general se distorsiona mediante “metodologías” marxistas o similares (las he llamado lisenkianas en honor al ilustre biólogo soviético Lisenko, que casi arruinó la agricultura rusa), o acordes en líneas generales con la leyenda negra. Julián Marías lo expresó justamente en su España inteligible (de enfoque tan distinto a los dislates historiográficos de su maestro Ortega): “Explican la hegemonía española destacando los rasgos que la habrían hecho imposible”. En otras palabras: esos autores pueden ser maestros en algunos asuntos parciales, secundarios o de detalle, pero falseadores en el conjunto. En ese sentido cabe hablar de charlatanería.

Los historiadores nunca podemos estar por completo seguros de nuestras conclusiones o tesis, pues percibimos la gran variedad de factores y perspectivas que pueden entrar y combinarse en casi cualquier suceso. La historiografía consiste en una pugna por acercarse a la verdad del pasado, nunca plenamente alcanzada, aunque hay grandes diferencias de aproximación; o incluso alejamiento de la verdad, motivado por otros intereses. Por ello estamos siempre dispuestos a la crítica y el debate público, que he ofrecido innumerables veces. Pero el charlatán rechaza el debate, y se entiende por qué: teme, es más, está seguro de perderlo, por lo que recurre a descalificaciones arbitrarias, a menudo personales y amenazantes, para finalmente buscar refugio en tales leyes. Qué mejor prueba de que ellos mismos perciben, aunque sea oscuramente, la falsedad de sus tesis.

Por mi parte, ya que no querían debatir (salvo raras excepciones, y a medias, como veremos), me he ocupado en someter a crítica libros o artículos de los más significados. Lo hice durante años, en el periódico Libertad digital sobre todo. Algunos de los criticados han fallecido, pero casi ninguno juzgó oportuno en su momento contestar a las críticas, se ve que tenían más que hacer. Por lo común prefirieron el silencio acompañado de poses de superioridad, mezcla de pedantería e insospechada arrogancia infantil: ¿cómo iban a dignarse a cuestionar, máxime con alguien ajeno al “gremio”, los tópicos con los que han forjado sus carreras y prestigios?

Tarea para mí harto pesada, pues obligaba a repetir e insistir mucho en los temas clave, a menudo desfigurados con datos secundarios o tergiversados: pero tarea necesaria por su relevancia no solo académica sino también política actual. Porque ¿no tiene algo de extraño y hasta enfermizo esa cerrazón fanática en torno a una guerra terminada hace más de ochenta años, o un régimen franquista inexistente desde hace cuarenta y cinco? Pero el cerrilismo tiene su propia racionalidad, pues la identificación con los vencidos en la guerra civil y la repulsa radical al franquismo se usan como supuesta autoridad moral que cubre muy bien a políticas actuales, así sean corruptas o liberticidas. Sirve para que partidos y políticos de la “memoria”, sean etarras o golpistas separatistas, comunistas y socialistas, hasta la derecha PP, se presenten como demócratas y autores de una democracia con cuyo origen no tuvieron en rigor casi nada que ver. La verborrea sobre el pasado  sirve así a la estafa en el presente. Pero clarificar el pasado ayuda a clarificar el presente y a despejar el porvenir.

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