Consecuencias actuales del golpe de estado de las elecciones del Frente Popular

Blog I: ¿Existe amenaza islámica?: http://gaceta.es/pio-moa/existe-amenaza-islamica-23032017-1917

****Una hora con la Historia: ¿Cuándo se derrumbó realmente la república? / ¿Es Inglaterra realmente un país amigo y aliado?: https://www.youtube.com/watch?v=wk1Zcs-3c7E&t=5s

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Madrid, 22 de Marzo de 2017

En este mes de marzo se ha publicado en España el libro “1936: Fraude y Violencia” de los historiadores de la Universidad Rey Juan Carlos don Manuel Álvarez Tardío y don Roberto Villa García (editorial Espasa), que demuestra con cifras y documentos el pucherazo electoral llevado a cabo por los partidos y sindicatos del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, en las que dichas fuerzas se atribuyeron mediante el fraude electoral y la violencia sobre las personas y las cosas, al menos, cincuenta escaños que pertenecían a otras fuerzas políticas, logrando así una mayoría absoluta que les permitió formar gobierno en solitario.

Estos hechos constituyeron un delito de fraude electoral que equivale de facto a un golpe de estado contra la Segunda República, que no fue el primero por ellos protagonizado (recordemos la revolución de Asturias y la proclamación de la secesión de Cataluña por Companys), aunque sí el único que triunfó, formándose un gobierno ilegal e ilegítimo compuesto de marxistas, anarquistas, secesionistas y racistas, en contra de la Ley y del derecho de todos los españoles.

Sin embargo, aunque estos hechos eran conocidos desde antiguo, y ya esbozados a través de las memorias del expresidente de la Segunda República don Niceto Alcalá-Zamora, memorias previamente robadas por el gobierno del Frente Popular y posteriormente secuestradas por orden del gobierno de Zapatero cuando se hallaron en una caja fuerte, no ha sido hasta ahora cuando se han aportado cifras exactas y documentos originales con enmiendas y raspaduras en actas electorales, recuentos de votos a puerta cerrada, violencia contra candidatos y electores, y un largo etcétera de actos contrarios a la libertad que conformaron un ambiente viciado, radicalizado, polarizado y caníbal en palabras de los propios autores del libro, llegándose a contar en la campaña electoral hasta 41 muertos y 80 heridos de gravedad.

Estas pruebas irrefutables dan al traste definitivamente con la falsa mitología izquierdista y secesionista con la que los políticos actuales han impuesto una verdad oficial, también de manera totalitaria, sobre los hechos acaecidos en aquellos años y que, según ellos, hicieron ilegítimo el Alzamiento Nacional contra el supuesto gobierno legítimo proveniente de aquellas elecciones.

Queda demostrado que los verdaderos golpistas y enemigos de la democracia y de la libertad fueron, precisamente, los que se han autoproclamado sus defensores a lo largo de los 80 años transcurridos. La toma del poder mediante la falsificación de las actas electorales constituye un golpe de estado, y los posteriores actos violentos promovidos y amparados por el Frente Popular provocaron la desaparición del estado de derecho, incluyendo una campaña de exterminio de las personas e instituciones no afectas a su ideología, que culminó con el asesinato del parlamentario y líder opositor Calvo Sotelo. Ello hizo inevitable y legítimo un alzamiento combinado del ejército y del pueblo contra el poder ilegítimo, que pasó a la historia como Alzamiento Nacional. Más de media España decidió no dejarse exterminar, plantando cara al golpe de estado, los asesinatos, la barbarie, la sinrazón y el caos con las únicas armas que les quedaron, en defensa de sus propias vidas y haciendas, del derecho, de la Iglesia y de la unidad de España.

Queda demostrado que el PSOE, el PCE, la UGT, la CNT-FAI, el PNV y la ERC asaltaron el poder mediante un golpe de estado, en el que usaron la violencia y algunas instituciones públicas para falsificar actas y privar al pueblo español del legítimo resultado de los comicios, haciéndose con el poder de forma totalitaria y delictiva, y llevando a la nación entera a la difícil elección entre dejarse

matar o rebelarse para tratar de sobrevivir. No existe ya duda de ningún tipo de que el Alzamiento Nacional fue la única alternativa posible ante el totalitarismo de los que se hicieron fraudulentamente con el poder.

Ante esta evidencia histórica irrefutable, la Fundación Nacional Francisco Franco exige al gobierno y al Parlamento, en nombre de la Verdad y en beneficio del pueblo español, que lleven a cabo las siguientes acciones:

1.- Una declaración institucional condenando tanto el fraude electoral del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, como los actos de violencia llevados a cabo por los partidos y sindicatos del Frente Popular en el período comprendido desde la precampaña electoral de las elecciones del 16 de febrero de 1936 y el final de la Guerra Civil.

2.- La exigencia a esas organizaciones políticas y sindicales miembros del Frente Popular, cuyas siglas son aún hoy legales y subvencionadas, PSOE, PCE, UGT, CNT, PNV y ERC, de que pidan perdón públicamente a todos los españoles y a la Iglesia Católica, que fue una de sus principales víctimas.

3.- La derogación inmediata de la Ley mal llamada de Memoria Histórica, por basarse en falsificaciones de la verdad, así como la devolución con intereses de todas las subvenciones recibidas por cualquier organización a raíz de su implantación.

4.- La restitución de honores, estatuas y nombres de calles y espacios públicos a todas las personas e instituciones que han sido despojadas de los mismos como consecuencia de la aplicación sectaria de la falsificadora Ley mal llamada de Memoria Histórica, así como la supresión de todos los honores, estatuas y nombres de calles y espacios públicos, atribuidos a personas u organizaciones relacionadas con el Frente Popular.

5.- La ilegalización de las organizaciones citadas en el punto segundo que no se avengan a pedir perdón al pueblo español por su pasado delictivo.

6.- Convocatoria de elecciones generales, con el fin de que el pueblo español, una vez informado del pasado delictivo de las organizaciones citadas en el punto segundo, pueda expresar libremente su juicio sobre las mismas.

Esta FNFF entiende que el gobierno español no puede desentenderse ni inhibirse de la defensa de la Verdad Histórica de la nación, ni de la persecución del delito y de sus promotores en cualquier tiempo y lugar. El delito de genocidio no prescribe nunca, según establece la legislación que le da cabida en el ordenamiento jurídico internacional. Es evidente que el genocidio fue uno de los muchos delitos atribuibles a aquellos miembros de las organizaciones integrantes del Frente Popular, y que nunca han sido juzgados por ello. El odio a la fe católica y la aspiración de romper la unidad de España fueron el motor de aquel genocidio. Las víctimas reales del golpe de estado en febrero de 1936 aún claman por el reconocimiento de sus derechos, mientras los herederos ideológicos de los delincuentes imponen en el Parlamento leyes revanchistas y revisionistas basadas en una mentira histórica que se ha impuesto de forma ilegítima a todos los españoles.

El honor, el reconocimiento a su valentía y el agradecimiento a todos aquellos héroes, Caídos y Mártires por Dios y por España a manos del Frente Popular han de ser restituidos por el Gobierno y el Parlamento a la mayor brevedad. No caben excusas de ningún tipo. Sólo caben el deber cumplido y la lealtad a la patria y a la historia.

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Destrucción de la cultura española / Utilidad del inglés

Uno de los fenómenos más significativos de nuestra época es la progresiva destrucción de la cultura hispana. En otro tiempo, no tan antiguo, la mayoría de los españoles sentía orgullo por su historia y cultura, aun si en general las conocían solo en rasgos generales. Después de todo, los resultados estaban ahí: cientos de millones de hispanohablantes; numerosos países con esa lengua oficial; el rastro de nombres hispanos por América, África y el Pacífico; las universidades creadas por España en América y Filipinas; las ciudades fundadas por españoles, las más bellas de América; la conquista, colonización y civilización de inmensas extensiones; la evangelización; el pensamiento de la escuela de Salamanca; una literatura original  que ha alcanzado cumbres excelsas; una pintura y arte en general comparables a las mejores del mundo;  la lucha, con un balance en general  exitoso, contra los expansionismos turco, protestante, inglés y francés y por salvaguardar la cultura católica… Todo ello resultado de la historia naval más interesante de la humanidad, de unas universidades con el mayor número de estudiantes de Europa, y algunas  de muy alto nivel; de instituciones como los Tercios, la orden jesuita, etc.

   Es cierto que desde mediados del siglo XVII aquella gran cultura ha sufrido una decadencia muy palpable, llegada a su punto más bajo en el siglo XIX y que, con altibajos y mejoras en el siglo XX, continúa hoy de forma acentuada. Simplemente el gran ámbito cultural hispano creado en otros tiempos se muestra hoy muy poco creativo, casi insignificante en comparación con el ámbito anglosajón. Y precisamente lo que padecemos hoy es una auténtica colonización no solo en el idioma (ya he escrito sobre ello, y solo un sordo y ciego podría no percibirlo), sino en todos los aspectos culturales, cada vez más reducidos a mero remedo de Anglosajonia. Lo significativo es que este proceso, acelerado de año en año, se produce no ya sin la menor reacción, sino con el apoyo entusiasta de políticos, periodistas e intelectuales. Si no conociera los hechos, me asombraría de ver cuánto cantamañanas lacayuno cree que los anglosajones son ineptos para la publicidad y necesitan de sus habilidades para difundir más y más su lengua, su cultura,  sus formas de entender el mundo, a costa de España y los países hispanos.

    En Madrid tenemos a Esperanza Aguirre (Hope Aguirry) o Ana Botella (Annie Bottle), supongo que también Cifuentes y muchos más,  esa generación de progres anglómanos de derecha que se aplica con el mayor empeño a la labor destructiva… ¡Y hasta, en su ignorancia e inconsciencia, lo hacen hablando de patriotismo! Vengo diciendo que Hope, por ejemplo es patriota, una patriota inglesa. Y como ella, casi todos los políticos. ¿No acaban estos idiotas de dedicar una plaza a Margaret Thatcher, otra patriota inglesa (“¡Bombardeemos Madrid!”) al lado del precario monumento a Blas de Lezo?  Doña Hope es Dame Commander of the Order of the British Empire, es decir, del imperio que tiene una colonia en nuestro territorio, Gibraltar, dedicada a los negocios más sucios, en los  que participan, como no, numerosos empresarios y políticos españoles (ahora ha salido Rato, otro patriota). ¿Por qué la han recompensado así los ingleses? Porque ha impuesto, ilegal e inconstitucionalmente, el bilingüismo en inglés en la enseñanza pública en Madrid. Un gran servicio. Salvo en algunas regiones, y no en inglés, España no es un país bilingüe, y el inglés o cualquier otro idioma extranjero debe ser estudiado como lengua extranjera, no en igualdad de condiciones y menos aún en superioridad, como es el caso. Porque, observen la propaganda con que justifican su fechoría: el inglés es “el idioma de la ciencia, de la economía (los economistas se expresan habitualmente en espanglish), de la técnica, de la música y la canción, incluso de la literatura y el arte en general, aparte de la moda…” en fin, de todo lo significativo culturalmente; y “si quieres encontrar trabajo,¡en la propia España!, debes saber inglés (Por cierto, en Grecia siempre han hablado mucho más inglés que en nuestro país, también en Portugal). Por tanto, el español queda desplazado, implícita pero muy claramente en la intención, a idioma doméstico y propio para infraculturas como las de los culebrones o la televisión basura, que llena prácticamente el 80% de los contenidos televisivos.  

   Esta gente lleva la traición en la sangre, como los comunistas para quienes los intereses de la Unión Soviética estaban muy, pero que muy por encima de los de España. Todos ellos, personajes  estériles intelectual, cultural y moralmente, vinculados de un modo u otro a la corrupción en todos los terrenos, se las ha arreglado para mandar, mangonear  y extender entre la gente sus propias miserias.

   Pero seamos realistas. La cuestión es: ¿debemos resignarnos a  la colonización y consiguiente desplazamiento de nuestra lengua y relegación de nuestra cultura a un asunto museístico, o es posible una revitalización, ya que en el pasado, aunque lejano,  sí lo fue? Si esa revitalización no se da –y no hay por ahora grandes indicios de ello—todo será inútil.  En cualquier caso, la primera medida es denunciar y hacer consciente a la gente de la degradante colonización  que hoy sufrimos.

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El debate, llamémoslo así, de anteayer (escrito el 2 de febrero de 2010) en el blog, sobre el desplazamiento del español por el inglés en la propia España y países hispanos, acompañado de un declive progresivo y al parecer imparable de la productividad cultural hispana (una cosa va con la otra, y esto sí que es un páramo) demuestra lo que a su vez sostenía: la incapacidad, debida probablemente a un defecto de la enseñanza, del universitario medio para discutir con un poco de rigor sobre cualquier tema que vaya más allá del fútbol o de cosas demasiado obvias. Un anglófilo –nada que ver con los ingleses, que suelen ser poco beatos y más conscientes de sus intereses– afirma que el español no es idioma adecuado para la democracia; otro se burla diciendo que con el alemán se terminará indefectiblemente en el nazismo y con el ruso en el bolchevismo, aunque falla en el inglés, exagerando los méritos de Churchill o de la Thatcher (tenía que haber dicho: con el inglés se termina por exterminar a los aborígenes y bombardear masivamente a las poblaciones civiles, incluso con bombas atómicas…) En el concurso de disparates, uno aporta el pensamiento de que el rock es la principal vía por la que se impone el inglés, ya que a él y a otros les gusta mucho ese género musical, y hay quien rebate, algo patrioteramente, que “A nivel cultural, la literatura, la canción, libros de ensayo, de historia, los mejores literatos, poetas, cantantes, cantautores y en muchos más sectores el español es muy importante por no decir predominante. Y eso es una evidencia” La evidencia es exactamente la contraria: ni en literatura, en ensayo historia o música popular está España, como media, a mejor nivel que en el cine. Y que el resto de Europa no esté mejor, no es un consuelo. Y también en esos campos el inglés avanza avasalladoramente por España.

Se ha creado el mito de “la utilidad del inglés”, que obligaría a ponerlo en la enseñanza al mismo nivel que el español en lugar de enseñarlo como idioma extranjero. El inglés es útil para muchos profesionales, científicos e investigadores, porque la mayor parte de las cosas interesantes que se publican en la mayor parte de esos terrenos está en inglés. Aun así, cuando existen buenos traductores y traducciones, esa utilidad disminuye. No recuerdo que Ramón y Cajal dominase el inglés, y en todo caso era un gran defensor del español. Pero para la inmensa mayoría de la gente que vive en España, el inglés es perfectamente inútil, salvo en sus viajes turísticos para preguntar en el hotel el número de la habitación u otras informaciones banales, y aun en eso hay cada vez más recepcionistas que hablan español. El inglés es, por otra parte, fácil de chapurrear pero difícil de hablar con corrección, y la mayor parte de quienes lo estudian hace muy mal negocio económico, pues no pasan de chapurrearlo a un coste muy alto en tiempo y dinero. No obstante, es muy conveniente estudiar idiomas extranjeros, y ante todo el inglés, porque, al margen de su dudosa utilidad práctica para la gran mayoría, y aun conocido someramente, abre ventanas sobre otras culturas y amplía el horizonte vital.

Pero estas son cosas casi triviales, y no son en absoluto el problema. El problema es que la utilidad del inglés se está creando mediante la obligación impuesta desde arriba de saberlo, innecesariamente, para numerosas profesiones y empleos en la propia España; mediante su empleo en las comunicaciones internas de empresas en España misma;, mediante universidades que ya dan sus clases en inglés como la SEK, cuyos alumnos se convertirán casi automáticamente en nuevos promotores e impositores del idioma “superior” dentro del país, mediante la exigencia de redactar en ese idioma trabajos científicos de todo tipo, incluida la filología española; mediante la exposición creciente de anuncios que van llenando el espacio público y desplazando de él al español; mediante el intento de equipararlo en todas las actividades cultas, lo que equivale no a igualarlo, sino a situarlo en un nivel superior como idioma de prestigio… una verdadera colonización cultural, que nosotros mismos pagamos. En tantísimos otros procesos en marcha ante los ojos bovinos de una mayoría falta de sentido crítico o de conciencia de la propia cultura, o bien educada en la telebasura y el botellón.

Este es el problema, un problema extremadamente grave, y este el debate. Pero no parece haber forma de encauzarlo.

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La brillante iniciativa de Hazte Oír

**Una hora con la Historia: Cuándo y cómo cayó en realidad la II República. Debate: ¿Es conveniente y posible volver a la política de neutralidad para España, después de la caída del Pacto de Varsovia? ¿Cuál es el balance de las actuaciones de la OTAN en estos años? ¿Hasta qué punto son amigos y aliados de España países como Inglaterra (Gibraltar), Francia o Usa?  https://www.youtube.com/watch?v=wk1Zcs-3c7E

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Hazte Oír viene trabajando desde hace años, defendiendo causas que debieran interesar a cuantos no han perdido el sentido de la realidad y de la moral. Pero una cosa es tratar de hacerse oír y otra conseguirlo, en una sociedad en que los grandes medios de masas son simplemente medios de manipulación y desinformación, que marcan un cerco de muerte civil en torno a los discrepantes,  aunque nunca lo consigan del todo. El ambiente sociopolítico del país está marcado por una triple corrupción –intelectual, económica y sexual– que solo puede causar asco a quien guarde al menos un resto de criterio moral y de respeto por la verdad. Pues bien, con su famoso autobús Hazte Oír  ha conseguido remover las aguas del estanque hediondo en que quieren los actuales políticos ahogar a la sociedad. El escándalo de los déspotas y fanáticos ha sido mayúsculo, lo que ha aumentado el eco de su necesaria denuncia.

   Oigo decir a algunos que detrás de esa organización existe otra misteriosa, secreta y delictiva, llamada “El yunque”. He preguntado: ¿qué pruebas hay de su existencia? Y si existe, ¿qué delitos ha cometido? ¿Han sido juzgados sus componentes por algún crimen? Hasta ahora nadie ha podido aclararme estas cuestiones. En cambio, lo que he venido viendo a lo largo de años es que Hazte oír  realiza una actividad  absolutamente necesaria que nadie más hace. Con defectos como la ridiculez de poner a una revista el título de Actuall, que no sé a qué memo se le habrá ocurrido; o de utilizar una foto franquista de unos niños como expresión supuesta de lo que combaten (los memos, por desgracia, abundan); pero defectos menores, en definitiva.  Si un día se descubriera que detrás existe una conspiración contraria en el fondo a las cosas que aparenta defender, me llevaría una gran decepción; pero aún así, su labor de estos años permanecería. Y tiendo a sospechar que detrás de esas acusaciones se encuentran los fariseos que solo defienden de boquilla valores necesarios.  

    La iniciativa de Hazte Oír ha puesto en evidencia muchas cosas. Para empezar, la putrefacción de una democracia en la que intenta imponerse un despotismo brutal, no ya sobre las ideas, sino sobre los mismos sentimientos de las personas. Una putrefacción en que los más obsesivos y más matones  sembradores de odio  se presentan como víctimas e intentan aplastar la más elemental libertad de expresión. Ha puesto en evidencia al gobierno, al PP y a algunos obispos cuya política ante la marea de porquería que nos invade consiste en cederle el terreno cuando no colaborar con ella. Una marea en que se confunden los separatismos, las perversiones sexuales, el abortismo (que no es otra cosa que el fomento del asesinato de vidas humanas), el multiculturalismo (que consiste en el intento de destruir nuestra identidad cultural y nacional construida con enorme esfuerzo por nuestros padres y abuelos a lo largo de siglos), la rapiña de los bienes públicos, etc. 

    Es preciso llevar a cabo iniciativas semejantes, que rompan el muro de silencio y ocultación con que los elementos más corruptos y tiránicos de la sociedad socavan y destruyen una moral, una cultura y una nación cien veces mejores que ellos.  Y es preciso que los buenos no cedan ante los malos. Se trata de una lucha cultural de gran alcance, y es necesario conquistar la universidad y la opinión pública que por dejadez se dejan arrastrar por el fango. Nadie debe ver iniciativas como la de Hazte Oír como un espectáculo curioso, sino apoyarlo activamente.

    Un ejemplo práctico en el mismo sentido: este blog es visitado por al menos 20.000 personas en cada sesión. A pesar de ello, su proyección en las redes sociales apenas varía entre unas decenas y unos pocos cientos de reproducciones. Ha habido alguna excepción, como el artículo en que se preguntaba si Cifuentes y Carmena tenían pene: ese artículo superó las 4.000 proyecciones en Facebook y varios centenares en twitter (en realidad fueron bastantes más). Lo cual demuestra que las posibilidades son muchas veces superiores a las efectivamente realizadas. Corregir esta situación solo depende de que nuestros lectores y seguidores se sacudan la modorra y la tendencia a la queja inane. Es muy fácil y cuesta muy poco: solo hay que hacerlo.  

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Tusell, Viñas, archivos y falsedades bastante tontas.

Blog I: Tusell o la falsedad de la historiografía progre-derechista: http://gaceta.es/pio-moa/tusell-o-falsedad-historiografia-progre-derechista-18032017-1333

**Este sábado, en Una hora con la Historia en Radio Inter, a las 9,30 de la noche, trataremos dos temas importantes: lo que tiene de nuevo el último libro publicado sobre el fraude de las elecciones del “frente popular” (incluida la cobardía intelectual de la derecha, auxiliar de la falsificación sistemática de la izquierda), y la cuestión de si la neutralidad española, tan fructífera en las dos guerras mundiales, debiera convertirse, tras la caída del Pacto de Varsovia,  en principio rector  de la política exterior española, y si ello es posible o no. Hoy España carece de política exterior digna de ese nombre, dato esencial en la posición política del país. También puede escucharse en youTube y en podcast.  https://www.youtube.com/results?search_query=una+hora+con+la+historia *********************

Cuando preparaba la trilogía sobre la Guerra Civil, pude percatarme de que los archivos (el de la Fundación Pablo Iglesias, el de Salamanca, la biblioteca de las Cortes, etc.) estaban casi vacíos, y pasé muchas tardes y muchas mañanas solo o casi solo en ellos.

La afición de nuestros historiadores al escrutinio de los archivos ha sido tradicionalmente escasa. Otras veces mandan a sus esclavillos estudiantes o becarios a hacer la pesada tarea, una mala costumbre. No obstante, muchos de esos historiadores, por lo común lisenkianos, me han acusado (“con un par”, como dicen los castizos) de no haber pisado archivos, cuando cualquier lector de los libros de esa trilogía puede comprobar lo contrario. Pero a ese nivel ha descendido la crítica historiográfica en España.

La crítica anterior no vale para historiadores como Javier Tusell o Ángel Viñas, cuya afición por los archivos es bien conocida. Lo malo es que los dos han ido a ellos con un enfoque prejuiciado, a buscar lo que querían, cegándose ante otros datos y sin valorar bien el contexto general. En los archivos, como en las memorias o en la prensa, se encuentra de todo, e interpretarlo exige una cuidadosa confrontación documental y con la realidad conocida, distinguir entre papeles que revelan vacilaciones o contradicciones parciales y los que marcan la línea más decisiva de una persona o partido. Así, todos los documentos que he exhumado en relación con Largo Caballero o Companys en 1933-34 tendrían que ser vistos a una luz muy diferente si al final no hubieran intentado la insurrección y la guerra civil: sin lo último, todo la documentación solo habría demostrado una fraseología sin consecuencias. Asimismo, las contradictorias declaraciones de Azaña durante y después de las elecciones del 36 adquieren su verdadero sentido observando cómo, en la práctica, liquidó la legalidad republicana y sus restos de democracia, en connivencia de hecho con los revolucionarios.

Estas exigencias elementales no siempre son, sin embargo, tenidas en cuenta. Tusell, obcecado con negar a Franco el mérito por la neutralidad española durante la guerra mundial, buscaba cualquier documento que disminuyera ese mérito, para concluir que la postura de Franco fue en extremo imprudente. ¿Y por qué, de tan imprudente, no entró en la guerra? Como Tusell, aunque muy progre, era católico, sólo pudo explicarlo por “un verdadero milagro”. Lo cual sugiere, contra la intención del propio historiador, que Franco contaba con protección divina. Stalin.El caso de Viñas es bastante parejo. Él estudió buena parte de los papeles referidos al envío del oro español a Moscú para concluir que fue una operación legítima y similar a la de otros países en situación de guerra; operación debida, además, al “abandono” de la “república” por las democracias… Desprecia así hechos elementales como la ilegalidad de la medida, o la entrega del oro a un país financieramente opaco, lo que convirtió a este en principal suministrador de armas y por ello árbitro del destino del Frente Popular. Olvida convenientemente que el gobierno de Madrid entonces era revolucionario y que sus jefes más influyentes veían en la URSS un modelo. O que, si bien las democracias no consideraron –con toda razón, aunque a Viñas le subleve– al Frente Popular un régimen afín, en asuntos financieros dejaban aparte los “prejuicios ideológicos”, permitiendo a aquel negociar parte del oro en Francia y toda la plata en Usa. En suma, el contexto de la entrega del oro a Moscú fue, aunque después se quisiera justificar de otras formas, la afinidad política del Frente Popular y el régimen de Stalin, y puso en manos de este el control de la situación. Pero este caso puede darse hoy por resuelto.

Así como Tusell y otros se empeñan en negar el papel de Franco en la neutralidad o no beligerancia española, Viñas tiene la misma obsesión por negárselo en su victoria en la guerra civil, cuya clave él encuentra en la intervención exterior; como si Franco hubiera sido un satélite de Hitler y Mussolini al modo como, en gran medida, lo fue el Frente Popular de Stalin. Ahora, Viñas ha escrito en Revista de Libros un embrollado artículo sobre un libro de Frank Schauff, con vistas a reescribir la historia de la guerra civil. No he leído ese libro, pero por la referencia de Viñas debe de ser bastante malo, dados los gruesos errores de detalle y de enfoque que cita de ellos; y hay que dar la razón al crítico cuando señala el absurdo de la cuestión de si Stalin “traicionó” a la república, falso problema similar al de si Franco “engañó” a Hitler. Viñas concluye: “Ni Kowalsky ni Schauff conocen demasiado sobre historia de España o de la Guerra Civil y sus libros se escribieron para un público que sabe incluso menos”, aunque señala extrañamente a continuación que “esto no es una crítica”. Pues no sé qué será.

En cualquier caso, cabría preguntarse si Viñas, pese a su afición a los archivos, no comparte algo del desconocimiento de sus criticados. Pues su obcecación no le permite darse cuenta de que, hoy, los archivos no pueden alterar los puntos principales, ya bien establecidos, sobre la Guerra Civil: solo pueden matizarlos o enriquecerlos con detalles más o menos interesantes. Por sintetizar al máximo la cuestión, ningún archivo logrará establecer que el Frente Popular fue democrático. Y no solo por sus actos, bien conocidos desde las elecciones del 36, pues a cualquier persona con dos dedos de frente le basta repasar la lista de sus partidos y personajes percibir la radical imposibilidad de tal democratismo. No obstante, la identificación, carente de otra base que una fe, algo cómica a estas alturas, entre república, Frente Popular y democracia es la piedra angular de todas las embrolladas construcciones de Viñas (y de muchos otros, todavía).

Tampoco cambiará ningún documento de archivo el hecho de que Negrín fue un auténtico y sistemático saqueador de bienes nacionales y privados que intentó prolongar la contienda a costa de cualquier sacrificio para enlazarla con la guerra mundial, o que fue el principal autor del envío del oro a la URSS, con todas sus consecuencias políticas y militares. Ningún archivo demostrará jamás que Stalin fue un demócrata o un protector de la democracia. O que el PCE no fue un partido agente y sometido voluntariamente a los intereses soviéticos. O que este partido no llegó a controlar la mayor parte del ejército y la policía política en la España izquierdista. O que las izquierdas no se pelearon y asesinaron entre sí. Y así otras claves de la historia de entonces, ya hoy perfectamente aclaradas.

Ángel Viñas.Unas observaciones finales. Viñas se pregunta: “¿Cómo se explica la carencia de victorias militares republicanas? No hay que olvidar que la República fue derrotada porque perdió una guerra en último término en el campo de batalla”. Esto suena a perogrullada, pero no lo es, dejando aparte que la derrotada no fue la República, sino el Frente Popular, otra confusión muy corriente. Las guerras se deciden ante todo por la conducción de las mismas, y resulta que Franco venció prácticamente siempre, a menudo en una gran inferioridad material, sobre todo al principio. Para Viñas y otros, ello se debió a la ayuda germano-italiana; olvida que el mando supremo siempre lo ejerció Franco de forma independiente, o que la búsqueda de ayudas y alianzas es en todas las guerras un aspecto muy importante de la estrategia de cada bando, en lo cual también demostró Franco más habilidad que sus contrarios. Y, en fin, que el Frente Popular gastó en esas ayudas (propiamente compras) muchísimo más dinero que Franco, como mínimo un 50% más, probablemente mucho más todavía. Pero, según Viñas, recibió a cambio mucho menos o peor material. A ver si lo explican alguna vez.

Asimismo olvida Viñas el fracaso de los llamamientos izquierdistas a los obreros y campesinos para que produjesen más por la causa republicana. Parece que la gente común se esforzaba poco por esa causa. No menos arbitraria suena la conclusión –puramente propagandística– de que, “como consecuencia de aquellos fracasos [del Frente Popular y de Stalin], la guerra que Hitler quería desatar, y que ya anticipó en su discurso a los generales alemanes el 3 de febrero de 1933, exactamente a los cuatro días de llegar a la Cancillería, se hizo inevitable”. No se hizo inevitable por tal fracaso, sino por las propias aspiraciones hitlerianas. El problema, para Stalin, consistía en evitar que la “guerra imperialista”, que él daba por descontada desde antes del ascenso de Hitler al poder, se produjese entre Alemania y la URSS.

Su estrategia, también en España, trataba de hacerla estallar entre Alemania y las democracias. Si las democracias se involucraban en la guerra de España, la guerra en Europa occidental habría sido imposible de evitar, los países habrían quedado arruinados, surgirían movimientos revolucionarios y la URSS quedaría como árbitro de la situación: todo habrían sido ganancias para los comunistas. Pero, por esas mismas razones –aparte de por su conocimiento de lo que era el Frente Popular–, las democracias procuraron tenerse al margen. Pregunta Viñas: “Cuando se demuestra que lo que estuvo en juego entre 1936 y 1939 no era salvar a España de las garras del comunismo, ¿cómo debe caracterizarse hoy la Guerra Civil?”. ¿Se demuestra? El asunto está también básicamente dilucidado, mal que le pese a Viñas. La guerra estalló, o más propiamente se reanudó, debido al proceso revolucionario en la calle combinado con la destrucción de la legalidad desde el gobierno, a partir de las elecciones no democráticas de febrero de 1936. El carácter comunista de la revolución por entonces provenía mucho más del PSOE que del pequeño PCE. Y durante el curso de la contienda el PCE, partido agente del Kremlin, creció hasta hegemonizar el Frente Popular, mientras que Stalin mandaba en éste infinitamente más que Hitler o Mussolini en el bando franquista. ¿No tuvo nada importante que ver el comunismo en la contienda, entonces?

Un detalle final: Schauff, escribe Viñas, “descubrió en los antiguos archivos soviéticos un informe del entonces agregado militar en Madrid, el coronel/general Vladimir Goriev, del que se desprende, a mi entender inequívocamente, que en último término el impulsor de las matanzas de Paracuellos fue uno de los killers del período, Alexander Orlov”. Es muy posible que así fuera “en último término”, y los diarios de Kóltsof indican algo al respecto, así como la confidencia de Carrillo a Gibson en que achaca la matanza a inspiración soviética. Ahora bien, “en primer término” el principal agente de las instrucciones soviéticas era entonces el propio Carrillo, responsable de orden público en la Junta de Defensa madrileña. Son misterios muy fáciles de aclarar con un poco de simple sentido común, como el de la democracia del Frente Popular. (En LD, 10-3-2010)

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Historia neochekista. Casanova y Álvarez Junco.

Blog I: Ortega y Gasset, Cela, Julián Marías: http://gaceta.es/pio-moa/ortega-gasset-cela-julian-marias-16032017-1913

**En Una hora con la Historia tratamos este sábado la experiencia de la neutralidad y su posible proyección como principio de política exterior tras la caída del Pacto de Varsovia.  Es una cuestión clave en un país cuyo gobierno y partidos parecen haber renunciado no solo a una política exterior propia,  sino a la misma soberanía española. Trataremos también el libro recientemente publicado sobre las elecciones de febrero del 36 y lo que revela no solo sobre la política actual, sino también sobre la intelectualidad y los historiadores.

   La sesión anterior:  https://www.youtube.com/watch?v=6vaDWRde2Ec

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El nivel de la historiografía española sobre hechos contemporáneos es como el que podrán ustedes apreciar, según reseña que me envía un amigo acerca de la presentación de un libro de Julián Casanova. Descubre el hombre cosas como que “nada hacía ineludible la guerra civil”, o que “es evidente que en julio de 1936 hubo un golpe de estado que, al fracasar, provocó la guerra civil”.

  Verdaderamente, es un lince este historiador. Desde luego, no era ineludible que los partidos de izquierda organizaran o apoyaran la insurrección armada de octubre de 1934: podrían haberse echado atrás, como ha sucedido con tantas conspiraciones. Ni era ineludible que, después de fracasar en 1934, los partidos golpistas y revolucionarios hubieran seguido con las mismas concepciones que les llevaron a asaltar la república: podrían muy bien haber aprendido la lección y haberse moderado. En lugar de ello formaron un Frente Popular que subió al poder tras una elecciones fraudulentas (ni siquiera se publicaron las votaciones), y desde el gobierno subvirtió la legalidad republicana mientras desde la calle desataba un sangriento proceso revolucionario que, a su vez, tampoco era ineludible. Como no lo fue que las derechas y parte de los militares se rebelaran contra tales derivas, pues habrían podido someterse boyunamente a la tiranía de aquellos que el liberal Marañón describió –y no por capricho– como necios, canallas y criminales. Tampoco era ineludible que los sublevados del 18 de julio siguieran luchando en lugar de huir…

En fin, como puede ver nuestro admirable Casanova, casi nada en la historia ni en la vida de las personas es ineludible, y sin embargo las cosas ocurren y tienen su lógica interna, que el historiador debe buscar y exponer de forma a su vez lógica, en lugar de plantearse problemas como el de la ineludibilidad de los acontecimientos, demasiado profundos para el común de los mortales, exceptuando a Pero Grullo.

Otro distinguido catedrático, don José Álvarez Junco, hizo esta interesante reflexión: “Octubre de 1934 fue un desastre, hubo desprecio a las instituciones por los dos lados”. ¿Desprecio? ¿Asaltar el estado mediante una insurrección es desprecio? Sabemos perfectamente hoy, lo he estudiado en Los orígenes de la guerra civil, cuál fue el “desprecio” del PSOE y los nacionalistas catalanes, más las restantes izquierdas, que los apoyaron. El señor Álvarez parece haber encontrado desprecios equivalentes por parte de la derecha. Esperamos atentamente que publique sus investigaciones.

Luego señaló Casanova: “No está claro que el poder militar quiera subordinarse al poder civil hasta 1981″. Lo que él llama “poder militar” fue autor de incontables pronunciamientos en el siglo XIX, la inmensa mayoría de ellos de carácter izquierdista, esto es, liberal “exaltado” o “progresista” o “republicano”, como el propio Casanova; y lo primero que pensaron en 1930 los políticos republicanos reunidos en el Pacto de San Sebastián fue dar un golpe militar, en la vieja tradición. Los golpes derechistas apenas se produjeron más que cuando las descerebradas izquierdas españolas (recuérdese que nunca tuvieron un solo pensador de mediana talla) llevaron al país al caos y al peligro de disolución. Por otra parte, la tradición intervencionista militar no es solo militar: siempre estuvo muy ligada a poderes civiles que la reclamaban o querían instrumentalizarla. ¿Y a qué poder civil tendría que subordinarse un militar en 1936? Al poder de un gobierno ilegal y de una revolución en marcha, pequeña cuestión que olvida nuestro brillante historiador. ¿Y fue un “poder militar”? Pues resulta que la mayoría de los generales y casi la mitad de los oficiales apoyaron a las izquierdas (por eso fracasó el golpe) ¿Qué parte del ejército era el “poder militar”? El señor Casanova no entra en estas cuestiones, para él banales, prefiere las profundidades de Pero Grullo. Opción a la que tiene pleno derecho, eso no se le puede negar.

Sigue Casanova: “El siglo XX fue el siglo de los ciudadanos”, a pesar de lo cual “estos no pudieron votar durante 40 años”. Sí pudieron votar, en referendos y en las elecciones municipales, sindicales, etc. En los años 30 dos elecciones, al menos, fueron falsificadas por las izquierdas, las municipales de 1931 y las de 1936. O sea, que no fue tan “siglo de los ciudadanos”, sino más bien de convulsiones, salvo desde 1939. En la URSS también podían votar de forma muy curiosa, en Alemania la democracia cayó por decisión ciudadana y, de no ser por la intervención useña, en la mayor parte de Europa occidental no habría habido ciudadanos desde 1940. Y España pasó a la democracia por evolución propia y no por intervención armada externa gracias a esos 40 años sin votar, no gracias a la oposición antifranquista que, como el mismo Casanova, no dejó de soñar con las delicias del Frente Popular.

Afirma el historiador que la dictadura franquista fue una “excepcionalidad trágica”. Según para quién: para la inmensa mayoría de la población, que pasó del hambre y el analfabetismo republicano a un alto grado de desarrollo, no lo fue, y, salvo en los años 40, tampoco para sus enemigos: en la transición solo había unos 300 presos políticos, comunistas o terroristas, que de demócratas tenían lo que Casanova de historiador veraz. Éste, por supuesto, tiene tanto derecho a identificarse con ellos como a su opción perogrullista, eso no se le discute.

Finaliza, en fin, Casanova, loando la ley totalitaria de memoria histórica como “retribución jurídico-política a unas víctimas a las que no se había hecho ningún reconocimiento”. ¿Reconocimiento de qué? Unos lucharon, de grado o por fuerza, por idealismo o porque no les quedó más remedio, en pro de revoluciones espeluznantes, y otros eran chekistas y asesinos a quienes, hay que repetirlo, dejaron en la estacada sus jefes, que huyeron con inmensos tesoros expoliados. Pero para Casanova son todos iguales, asesinos e inocentes: “víctimas”, sin más. Todo ello está hoy bien reconocido en lo esencial. Faltan por estudiar a fondo las víctimas que se causaron las izquierdas entre sí. De ellas no dice palabra nuestro historiador, que, si no expone en absoluto la historia real, al menos debe agradecérsele que se exponga a sí mismo como lo hace.

(En LD, 2-12.2009)

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