Judíos en la España del siglo XV

Es interesantísima la evolución del separatismo catalán durante la guerra civil.  Permite explicar muchas cosas de ahora mismo: https://www.youtube.com/watch?v=5Q3GbeIOHOs 

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(De Nueva historia de España)

La actitud  hacia los judíos en toda Europa  alternaba de antiguo entre la tolerancia  (en el sentido estricto de ser tolerados, no queridos), la persecución y la expulsión.  Francia, Inglaterra y Austria los habían expulsado en distintos momentos, y los pogromos habían sido recurrentes. Los judíos solían ser protegidos por reyes y nobles y, de modo ambivalente, por el papado y odiados comúnmente por el pueblo llano.  Las causas de esa aversión eran la cosideración de “pueblo deicida” y  su carácter inasimilable, pues eran vistos como un grupo social extraño y peligroso, por el efecto corrosivo achacado a su religión ; en España, la antipatía se extendía a la memoria de su colaboración con la invasión islámica. Precisados a protegerse entre sí como “pueblo elegido” en un ambiente hostil,  los judíos practicaban formas de solidaridad que a los ojos de los gentiles les convertían en una sociedad opaca, dedicada a ocultos manejos anticristianos, acusación ya presente entre los visigodos. No menos inquina causaba la dedicación de la élite hebrea a negocios como el cobro de impuestos y la usura, o la ostentación de su riqueza  por algunos. Aunque los judíos ricos eran pocos, se creó el estereotipo del judío avaro, explotador de la necesidad de los cristianos y con un poder oscuro, más ultrajante por venir de una minoría ajena al país y a su cultura. Por esa habilidad para hacer dinero los protegían los reyes y los grandes… y por los impuestos a las aljamas o juderías, mayores que los que gravaban a los cristianos.

    Se han dado diversas explicaciones de la destreza comercial y financiera de los judíos –es decir, de la capa superior de ellos–, pero una causa suena probable: las persecuciones les impulsaban a buscar bienes poco tangibles y de fácil transpote, creándose un crículo vicioso: sus actividades generaban odio, pero eran su salvaguardia en caso de necesidad.

   La misma causa, posiblemente, tenía el interés de muchos de ellos por conseguir una preparación profesional que les permitiera valerse en distintas circunstancias. Esa instrucción formó una élite culta, profesionalmente experta e intelectualmente ávida, que intervino destacadamente en la Escuela de traductores de Toledo y otras empresas culturales hispanas, como las de Alfonso X el Sabio; y una cultura propia en hebreo, árabe o lenguas españolas, de la que Maimónides es el máximo ejemplo. Maimónides había inaugurado una interpretación racionalista de las Escrituras  que muchos otros judíos rechazaban como herejía. Dirección opuesta había tomado la Cabalá (Tradición), predominante en la penínsua ibérica donde, en Castilla en la segunda mitad del siglo XIII se escribió el Sefer ha-Zohar (libro del esplendor), obra central cabalística.  La Cabalá buscaba descifrar el sentido profundo de la Biblia por métodos como el valor numérico de las letras, la descomposición de las palabras en sus letras para formar con ellas nuevas palabras, o la alteración del orden de las letras para obtener siggnificados ocultos.

   La presión ambiente minaba las juderías con una corriente de bautismos, pero que el puebo hebreo no se desintegrase pese a vivir siglo tras siglo sometido a tal presión es un hecho de los más singulares de la historia. Sin duda la idea de ser el puebo elegido por Dios le daba una capacidad de resistencia excepcional A ello se unía la esperanza, nunca perdida, de un mesías y la vuelta a Jerusalén: esperanza exacerbada a mediados del siglo XIV por las  profecías, basadas en cálculos matemáticos, de Abraham bar Hiyam, dos siglos anterior (su Tratado de geometría fue durante siglos texto en las escuelas cristianas). La religión se mantenía por el estudio, repetición y comentario de la Torá o Pentateuco. Los omentarios habían dado lugar a la Misná o Mishná, base del Talmud, compilación de historias, especulaciones y preceptos sobre el trabajo, el derecho civil y comercial, el  matrimonio, la purificación, etc. La vida política y social se identificaba  con la religión de modo absorbente, y la repetición y comentario de los textos sagrados, generación tras generación, daba a las comunidades un recio sentido de pertenencia. Para los cristianos, el Talmud era otro motivo de sospecha, puesto que ya no se trataba de la Biblia común a las dos religiones.

   Las diferencias en la interpretación religiosa desgarraban a veces la comunidades hebreas en conflictos violentos, como había ocurrido en tiempos de Roma, atenuados luego por la falta de poder político y militar. Sus disputas guardaban paralelo con las cristianas desde la introducción de Aristóteles y giraban en torno al racionalismo de Maimónides, el probema del bien y el mal, etc.  Algunos judíos consideraban el mal como un principio activo y poderoso (el tomismo lo entendía, de modo más bien pasivo, como ausencia de bien) y se orientaban al gnosticismo. También brotaron en algunas aljamas ideas similares a las franciscanas, con exigencia de pobreza total y diatribas contra los judíos acaudalados. Y esperanza en un mesías próximo.

   Las juderías de España habían vivido en el siglo XIII una época de esplendor, también intelectual. Las de Cataluña habían sido las más nutridas, también las de Aragón, y la de Valencia ciudad, con 250 familias, quizá la mayor de la península. Se les concedían privilegios (relativos) para atraerlos como fuente de ingresos para los reyes y las oligarquías nobiliarias. A principios del siglo XIV, el antisemitismo en Alemania y Francia, así como en Mallorca y zonas pirenaicas, había provocado la emigración de  bastantes de ellos a Aragón y aún más a Castilla. Pero pronto iba a recrudecerse el antijudaísmo en toda la península a partir de Navarra, muy influida por Francia. A mediados del siglo, con motivo de la peste negra circularon las habituales calumnias sobre el envenenamiento de pozos, que ocasionaron matanzas en Cataluña y Aragón, pese a que las aljamas sufrían la peste no menos que las ciudades cristianas, por tratarse de barrios estrechos.  La animosidad había persistido hasta estallar a finales de siglo, en 1391, en matanzas extendidas desde Andalucía por Castilla, Valencia y Cataluña, provocando numerosos bautismos forzados.

   La política oficial había oscilado entre intentos de conversión mediante prédicas y el uso de restricciones legales. Las leyes de Ayllón, en 1412, habían impuesto en  Castilla una rígida separación de los judíos en barrios cerrados, vestimenta, etc.,  y prohibición de oficios provechosos o prestigiosos. En Aragón, la Inquisición  había presionado en pro de medidas resolutivas, por las buenas o las malas. Un converso, Jerónimo de Santa Fe, presentó al papa Benedicto XIII una serie de textos bíblicos que justificaban a Jesús como el mesías. Benedicto  había ordenado a los rabinos de la corona de Aragón acudir a Tortosa, a partir de enero de 1413, para instruirse, preguntar y objetar al respecto. En Tortosa, los rabinos arguyeron que  aun si el mesías hubiera venido, lo  decisivo era la ley sagrada, es decir la Torá. El mesías, además, debía obrar como líder político y restaurar Jerusalén pero, aunque no llegase hasta el final de los tiempos, las almas no precisaban de él para salvarse, pues para ello les bastaba cumplir la ley.

   Como entre judíos comunes y  rabinos hubo discrepancias, se abrió paso la acusación de que los jefes religfiosos engañaban y tiranizaban a su pueblo. A su vez, un rabino acusó a Jerónimo de Santa Fe de utilizar textos inseguros, y otros insistieron en que la ley expuesta en la Torá es eterna e incambiable: el mesías solo podía venir a cumplirla, no a transformarla, devolviendo a su pueblo la tierra que Dios le había otorgado. Los sufrimientos  que comportaba la lealtad a la fe debían entenderse como pruebas que Dios recompensaría. Las discusiones de Tortosa duraron meses, muchos rabinos y judíos comunes se bautizaron, lo cual confirmaba a los demás el peligro del contacto  con los cristianos y la idea de que el aumento de renegados era preciso para que la virtud resplandeciera entre los justos: eran aquellos banqueros y usureros  más en contacto con los cristianos quienes despertaban con su codicia la cólea de los gentiles, y eran ellos los primeros en abandonar su fe a la hora de la prueba. Por su parte, Santa Fe consideró herejes contumaces a quienes persistieron en la fe mosaica y recomendó a Benedicto obrar en consecuencia. Por ello muchos judíos de Aragón emigraron a Castilla, a pesar de las leyes de Ayllón, escasamente cumplidas.

   Otro converso, Alonso de Pslencia, denunciaba a los conversos judaizante, que obraban entre sí como una sociedad sereta de auxilios mutuos “Estraordinariamente enriquecicos por oficios muy particulares, se muestran por ello sobernbios, y con arrogancia insolente intentan apoderarse de los cargos públicos, después de haberse hecho admitir, a precio de oro y contra todas las reglas, en las órdenes de caballeía, y se constituyen en bandos”. Disponían de fuerza armada  y “no temen celebrar, con la mayor audacia y a su antojo, ceremonias judaicas”

   Según vimos, Enrique II de Trastámara explotó contra Pedro el Cruel el odio antihebreo, pero cambió de conducta al ganar el trono. En 1432 el jefe religioso Abraham Bienveniste, protegido por Álvaro de Luna, convocó una asamblea para redactar los Estatutos (takanoz) de Valladolid, de aplicación en Castilla. Sus normas daban a los judíos autonomía judicial, con prohibición de acudir a jueces cristianos, e imponían pena de muesrte  para los delitos de delación ycalumnia, aunque no tenían medios de hacerla efectiva salvo aprobación del Consejo Real. Las aljamas funcinaban con una libertad que suscitaba críticas en otros países  y del papado, yesterilizaba los esfuerzos por convertirlas. Los estatutos obligaban también a todas las familias a pagar un impuesto especial  para sostener cass de oración y maestros que enseñasen a los niños la Torá y el Talmud. Esta atención a la enseñanza religiosa, extendida a la instrucción práctica, daba a los hebreos cierta ventaja cultural sobre los cristianos comunes

   Gracias a la actividad de rabinos como Bienveniste o Abraham Seneor, las juderías se rehicieron parcialmente de la aguda crisis  de los decenios anteriores, pero aun así su población había decaído mucho, debido a las pestes, pogromos y conversiones. También había decaído la productividad intelectual y la participación de judíos en los empleos más lucrativos, teniendo la inmensa mayoría de ellos oficios de poco lucimiento como pequeños artesanos, tenderos, etc.  

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Nueva historia de España

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Cómo Atenea sigue protegiendo a Atenas

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Antes de seguir con el mito, podemos expresar de otro modo la evidencia que lo  origina en la psique.  Nada de lo existente se fundamente en sí mismo:  cada ente y cada hecho existen por causas ajenas a él. Podemos decir que estamos aquí porque nuestros padres nos han traído al mundo, pero nuestros padres no han decidido que fuéramos como somos, y los medios, los organismos  que han permitido la fecundación son previos y ajenos a la consciencia, voluntad y poder de los padres, como ocurre con la mayor parte de nuestras vidas. Podríamos pensar que, de todas formas,  aunque cada ente particular no puede fundamentarse en sí mismo, el conjunto de los entes que forman el cosmos sí puede. Este es el criterio del panteísmo, pero parece muy poco probable que el conjunto tenga unas propiedades tan distintas de sus partes. Para que el mundo se fundara en sí mismo, sin necesidad de un agente exterior,  tendría que ser eterno e infinito,  sin lo cual tampoco sería omnipotente, y por cuanto sabemos ello no es así.

  La ciencia indaga las relaciones entre las cosas existentes, pero encuentra al menos tres limitaciones básicas, que por lo demás no forman parte de su método: el fin de la cadena de causas y efectos, el designio presente en las cosas, y el sentido de la propia vida humana. El ciencismo pretende que esas cuestiones son innecesarias o falsas, simplemente porque la ciencia no puede abordarlas,  pero obviamente no es así. El mero hecho de que nuestra psique las plantee, aunque no pueda resolverlas por métodos científicos, y que sin alguna forma de respuesta  se hunda en la depresión, ya indica que se trata de cuestiones reales y no simples fantasmagorías.

   Para volver brevemente al mito y sus consecuencias. Nadie cree actualmente en la existencia de Atenea, diosa de la sabiduría y la guerra, que Atenas eligió como patrona o protectora. Pero sí existió en la mente de los griegos como expresión de una de esas fuerzas evidentes. Por esa creencia, los atenienses elevaron en la Acrópolis  uno de los edificios más logrados por su armonía, potencia y belleza, que impresiona incluso arruinado. Es decir, que el mito tiene, por lo pronto, unas consecuencias, un valor inspirador. Y, curiosamente, podría decirse que en cierto modo Atenea sigue protegiendo a Atenas, a pesar de la infidelidad de los actuales atenienses, ya que el turismo es fundamental para la vida de la ciudad y del propio país: sin la Acrópolis, sin sus ruinas y las del ágora, muy poca gente acudiría a visitar una capital  moderna  no especialmente atractiva.

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De tuíter:

*La UE fomenta la cristianofobia y persigue la islamofobia.

* La UE fomenta el aborto , la homosexualidad y la inmigración. Cree que los  inmigrantes (islámicos y otros) pagarán las pensiones de los vejestorios europeos

*La anarquía no es la ausencia de poder. Es la multiplicación de poderes y despotismos.

* Si Podemos ha sido generado por la política PPSOE, es obvio que esos partidos no son alternativa, sino cómplices. Como de la ETA.

*Un partido que cree que “la economía lo es todo” (Rajoy) abre paso a las peores aberraciones políticas: Separatismos, ETA, Podemos…

*Ciudadanos, Vox y UPyD  defienden la unidad nacional, absolutamente básica. Solo por eso son preferibles a PPSOE. Salvo porque C´s y UPyD defienden la desintegración de España en la UE.

*Sin defender la unidad nacional de España, todo lo demás se convierte en politiquería barata. España es el fundamento de la democracia, no a la inversa.

*Llamar españolas a esas marcas (Inditex, Mango, etc.) es un chiste. Culturalmente son inglesas. Detestan el idioma  y cultura españoles.

*Es interesantísima la evolución del separatismo catalán durante la guerra civil.  Permite explicar muchas cosas de ahora mismo: https://www.youtube.com/watch?v=5Q3GbeIOHOs

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Raymond Carr y la España milagrosa

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Nueva historia de España

En el prólogo de la obrita de síntesis sobre historia de España coordinada por Raymond Carr (la primera edición en inglés data de 2001),  se propone un nuevo enfoque sobre el pasado y el presente españoles. “La diversidad de España constituye una clave de su historia”, se dice allí. “En primer lugar, hay que tener en cuenta la marcada división entre la España húmeda y la seca. Las provincias noroccidentales, observaba Richard Ford en la década de 1830, son más lluviosas que el Devonshire, mientras que las llanuras centrales están más calcinadas que las de los desiertos de Arabia”.

   Desde luego, España es un país muy variado, pero la cita, recogida acríticamente por Carr, no pasa del nivel de la tontería, y el profesor inglés no la mejora cuando afirma que Galicia recibe más de 2.000 milímetros de precipitaciones anuales, la Meseta Central menos de 26 y Almería, en ciertos casos, ninguno. Una simple consulta a los índices pluviométricos le habría sacado de su considerable error. Luego, añade: “El contraste más espectacular es el que se daba entre esas fincas pobres y las del campesinado castellano y los latifundios de Andalucía y Extremadura, contraste parangonable únicamente con el existente entre el mezzogiorno, asolado por la pobreza, y el próspero norte italiano”.

    El contraste entre regiones ricas y pobres no ha seguido el esquema España húmeda-España seca, sino que presenta llamativos cambios a lo largo de los siglos, en que unas regiones han ganado o perdido en riqueza relativa al margen de su pluviosidad. Durante muchos siglos la parte más rica de España ha sido precisamente el valle del Guadalquivir, posición que pasó después a Castilla la Vieja y posteriormente a algunas regiones periféricas, sin relación con la humedad o con la latitud geográfica. Por otra parte, contrastes regionales más o menos acentuados se han dado y se dan en todos los países del mundo, sin excluir a Inglaterra. ¿Son un caso tan excepcional los de España? Cabe dudarlo.

    Mucho más dudosa parece su conclusión, extraída de unas citas del mencionado Ford y de Gerald Brenan. Para el primero, España es “un manojo de unidades locales atado por una cuerda de arena”. Por lo que hace al segundo, afirma: “En lo que puede llamarse su situación normal, España es un conjunto de pequeñas repúblicas, hostiles o indiferentes entre sí, aunadas en una federación escasamente cohesionada. En algunos grandes períodos (el Califato, la Reconquista, el Siglo de Oro), esos pequeños centros se han sentido contagiados por un sentimiento o una idea común y han actuado al unísono; pero cuando declinaba el ímpetu originado por esa idea, se dividían y volvían a su existencia separada y egoísta”. Estas opiniones las confirma Carr con otra de Olavide, quien veía al país como

Un cuerpo compuesto por otros menores separados y en oposición mutua, que se oprimen y desprecian entre sí y se hallan en un continuo estado de guerra civil. Cada una de las provincias, conventos religiosos y profesiones está separada del resto de la nación y vuelta hacia sí misma… La España moderna se puede considerar (…) una república monstruosa formada por pequeñas repúblicas enfrentadas unas con otras.

Pero la historia no puede explicarse a partir de algunas citas aceptadas sin mayor crítica. Ford se consideraba miembro de una cultura superior encargada de civilizar al resto del mundo, por supuesto a España, y miraba el entorno con ese prejuicio, tan propenso a crear espejismos. En cuanto a Brenan, mantenía una visión de España un tanto romántica e influida por distorsionantes clichés socialdemócratas, que tan a menudo le ciegan a aspectos clave del país donde vivió largo tiempo, si bien siempre en un ambiente anglosajón. Ambos hicieron algunas observaciones agudas sobre España, y otras reveladoras de una profunda ignorancia o falta de sentido común, entre ellas las seleccionadas por Carr. Sobre Olavide, el historiador debe plantearse si sus frases reflejan la realidad o más bien las impaciencias y exageraciones propias de un reformista que encuentra resistencia a sus planes.

    Es cierto que en España subsistieron largo tiempo aduanas interiores, fueros, etc., pero se trataba de instituciones feudales presentes en el resto del Continente hasta tiempos históricamente recientes. Por lo demás, las expresiones de Olavide, Ford y Brenan podrían describir bastante bien la situación de la mayor parte de Europa, empezando por Alemania e Italia, que no lograron formar una nación con Estado propio hasta muy avanzado el siglo XIX. En cambio, coliden con el hecho de que España no hubiera estallado por todas sus costuras, sino que mantuviese hasta el siglo XIX una paz interna mucho más estable que la de casi cualquier otro país europeo, y las fronteras asimismo más estables y de las más antiguas de Europa, contra las cuales se rompería los dientes Napoleón.

    Si creyésemos en las citas mencionadas (“cuerda de arena”, “repúblicas enfrentadas entre sí”, “en continuo estado de guerra civil”), la existencia de España habría sido un milagro inexplicable. Pero ya estamos habituados a esas peculiaridades, no del país sino de tantos historiadores, y los disparates corrientes sobre la Guerra Civil, Franco, etc., sólo continúan una larga tradición. Parodiando el famoso lema turístico de Fraga, diríamos que “España es diferente, pero los historiadores de España lo son más aún”.

También valdría la pena comparar la evolución de España con la del Reino Unido. En cierto sentido, este último ha sido el intento de crear una nación similar a la primera, pero el término español ha tenido siempre un contenido mucho más denso –emocional, cultural y políticamente hablando– que el de británico, formado a partir de una hegemonía inglesa impuesta históricamente a sangre y fuego o por sobornos, muy distinta del caso hispano.   Aun en los siglos XVIII y XIX, diversas acciones u omisiones inglesas en Escocia e Irlanda causaron deportaciones o hambres masivas mucho peores que cualquier suceso ocurrido en España, y que no dejan de recordar a determinadas actuaciones de Stalin en el siglo XX, con rasgos de guerra civil contra una población desarmada. A su vez, las fronteras del Reino Unido hubieron de modificarse de forma muy sustantiva en época tan reciente como 1922, completada en 1948 con la plena independencia de la mayor parte de Irlanda.

    Vistas así las cosas, debe admitirse que, en la pugna de tendencias centrífugas y centrípetas propia de toda sociedad humana, la nación española ha mostrado una persistencia y una estabilidad sorprendentes, si la comparamos con el resto de Europa. 

    Carr, casualmente, ha  ejercido influencia extraordinaria sobre muchos historiadores españoles que se consideran de su escuela. Escribe Juan Pablo Fusi:

Bajo la dirección última de Carr trabajamos en el Centro de Estudios Ibéricos los que creo que podemos considerarnos sus discípulos: Romero Maura, José Varela Ortega, Shlomo Ben Ami, yo mismo, Paul Preston (que hacia 1970 estaba ya en la Universidad de Reading, con Hugh Thomas), Leandro Prados, Antonio Gómez Mendoza (ambos, como historiadores económicos, muy vinculados al tiempo a Patrick O´Brien y Max Hartwell) y Charles Powell…

   En fin, ¿alguna conclusión de todo esto con respecto a la calidad de la historiografía española?

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¿Animal racional, moral o religioso?

Cómo Rajoy completa la labor de Zapatero demoliendo la democracia y amenazando la existencia de España

https://www.youtube.com/watch?v=k5Iw5YUkdMk&t=2s

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Decía que la cultura tenía contenido religioso, moral, político y económico, cada aspecto muy interrelacionado. Obviamente, ahí entra también el arte. Pero importa saber si cada uno de esos aspectos es básicamente autónomo y simultáneo, o hay alguno más fundamental que de algún modo impulse a los demás. Ello tiene relación con la definición del hombre.  Siguiendo a Aristóteles, el hombre suele definirse como “animal racional” o, sobre la misma idea, como “animal técnico”. Las definiciones suelen hacerse situando lo definido en un ámbito más amplio (en este caso la animalidad) y señalando el rasgo o rasgos que lo diferencian dentro de ese ámbito. Dentro de los animales, al hombre le caracterizaría la razón. Esta podría definirse como la capacidad para la especulación guiada por la lógica, sea para alcanzar principios generales, para ordenar la experiencia o para definir fines y medios de la acción práctica. La razón está relacionada, por tanto, con las capacidades de sentir, imaginar, prever y calcular.

Ahora bien, la razón está naturalmente subordinada a la moral, que baña toda la actividad humana y la distingue de los animales aún más radicalmente que la razón. En los animales superiores percibimos cierta capacidad de razón práctica en algunas de sus reacciones, pero su conducta se guía por el instinto, subsistente pero muy debilitado en el hombre. Este solo puede subsistir en sociedades muy diferentes de las animales, lo que comporta relaciones muy varias y complicadas, a menudo conflictivas y de contenido esencialmente moral, sin las cuales no podría organizarse para sobrevivir. Se supone que los productos de la razón, al menos a su nivel más alto, no deben contradecir  la moral aceptada, aunque vemos constantemente cómo existe oposición entre ambas. Hay una profunda racionalidad en doctrinas como el marxismo, el fascismo, el nazismo, pero si hoy tendemos a descartar tales doctrinas lo hacemos ante todo por consideraciones morales  que van más allá del utilitarismo y que se apoyan en la experiencia, la principal de ellas es la oposición entre dichas doctrinas y lo que consideramos bienestar y libertad humanos. El mito del Génesis alude probablemente al paso del instinto a la esfera de la moral, que constituye al hombre por encima de la técnica o de la razón, no solo de la instrumental.

Una esfera que, por otra parte, dista de ser tranquilizadora, porque  los principios morales son difíciles de definir, a menudo cambian de aspecto, son traicionados o surgen ideas contrarias que pretenden justificarse por su valor moral. Gran parte del esfuerzo intelectual del hombre se ha desarrollado en la búsqueda de principios que permitan una conducta clara y precisa, sin las variaciones y choques que encontramos en la realidad, una aspiración que nunca llega a su fin. Un ejemplo elaborado de esos principios son los Diez Mandamientos, mandatos imperativos, por tanto no racionales,  atribuidos a Dios… y constantemente vulnerados por su pueblo elegido, que solía considerar como “perros” a los gentiles.

Con el desarrollo de la ciencia y del racionalismo, se han hecho grandes esfuerzos por establecer una moral racional e incluso científica, pero no han tenido éxito hasta ahora, ni parece probable que lo tengan. El “mandamiento de Dios” tiene sin duda más autoridad que el de algunos hombres, sean estos muchos o pocos, y la moral no puede decidirse por una decisión “democrática” de mayorías.

La moral, por lo tanto, depende de la religión. Por ello, si definiésemos al hombre como el animal religioso, quizá estaríamos más acertados que definiéndolo como animal racional o incluso animal moral. La religión, por primaria que sea, ha sido lo primero en las sociedades y ello indica, precisamente, que es un factor más fundamental y constitutivo que los desarrollos posteriores de la razón.  Claro que esto exige una fundamentación más detenida y un mayor análisis de la irreligiosidad aparente de las actuales sociedades europeas.

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“La dureza de la convivencia española”, dice GFM. Dureza y tosquedad, que tantas cosas esterilizan.

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Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

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Inutilidad del proyecto vital / el nombre de los pueblos

 

Del mismo número (185) de Razón española copio este fragmento de una carta (4-5-68) de Gonzalo Fernández de la Mora a Sánchez Silva:  “Tu carta me produjo un escalofrío. La dureza de la convivencia española obliga a protegerse, capacitándose para la soledad. Desde mi trinchera avanzada de crítica de libros de pensamiento de ABC llevo ya seis años con la convicción creciente de que lucho enteramente solo. He acabado entregándome al destino de la fidelidad a mí mismo con un estado de ánimo que tiene algo de trágico. Tu gesto de solidaridad generosa me trae a otro mundo, a un mundo con el que uno sueña; pero con el que no se debe contar  (…) Un cierto conocimiento de la Historia y alguna experiencia de la vida me han llevado a la conclusión de que casi nadie consigue realizar su propio proyecto vital”

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

Me escribe un distinguido investigador:

Evidentemente la explicación a este ninguneo del periodo visigodo se debe a las implicaciones políticas: en cierto congreso nacional al que asistí se ha llegado a felicitar a los asistentes por no hablar de “la España visigoda” y sí de Hispania visigoda (lo cual, desde mi punto de vista, es claramente erróneo) mientras se hablaba de Cataluña visigoda o Euskalherría. A mí en particular se me reprochó el haber utilizado tres veces el término Reconquista (y eso lo utilizaba simplemente como referencia temporal). Evidentemente  va a llevar tiempo restablecer la verdad, a pesar de García Moreno y algún otro historiador honrado. La Universidad está prácticamente en manos de la progresía y fuera de ahí es difícil combatir.

En cualquier caso, hoy día es rara la publicación que hable de España como tal y, con la excusa de que es un término incorrecto para denominar al reino de los godos (falso de toda falsedad), se sustituye por Península Ibérica o por Hispania (lo cual es más incorrecto si nos atenemos a las fuentes literarias). Un poco al estilo de los políticos nacionalistas que han sustituido España por Estado (español). Es una neolengua orwelliana impuesta desde la Universidad que ha hecho que los estudios históricos sean un verdadero calvario para el lector (e incluso para el investigador) porque apenas entiende de qué se habla. En realidad, no creo que sepan ni de qué escriben. En la actualidad es realmente complicado encontrar un libro de historia que sea inteligible. Algún autor se salva, claro. Entre los visigotistas, J. Orlandis, L. A. García Moreno o Javier Arce, pero pocos más.

Dicho esto me gustaría proponerle un tema de análisis: la relación (para mí evidente) entre la neolengua ininteligible de los estudios universitarios y el auge de ventas de la novela histórica a pesar de la mediocre calidad de ésta.

Lo de A. Castro, estoy de acuerdo con ud. El que el gentilicio de una nación sea extraño a ésta no prueba nada de lo que este autor dice y, además, es un fenómeno más que extendido. P. e. “germanos” es un nombre celta para las poblaciones del este y luego utilizado para nombrar a las poblaciones germanas y a los alemanes. Galés (welsh) es un término despectivo dado por los normandos para los habitantes autóctonos de Britannia (luego para los galeses).También sucede con los canadienses y otros. Incluso hay naciones que no tienen gentilicio propio y no por eso se les niega ese carácter de nación: los useños son “americanos” (americans) sin más, como los guatemaltecos, y normalmente llaman a su país “los Estados” (the States). Sin embargo, en lo del origen provenzal y su penetración a través del catalán estoy más que de acuerdo. Una cosa curiosa que señala Castro es que da cuenta de la ausencia de “español” en el Diccionario etimológico de Corominas, lo que explicó porque siendo ese vocablo “provenzal en su origen, suene demasiado a catalán; con lo cual el término para designar el conjunto de los pueblos peninsulares no habría sido impuesto por los castellanos, políticamente dominadores, sino que habría penetrado por el nordeste de la Península.” (A. Castro, 1985: 32).

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