O Sánchez y sus delincuentes acaban entre rejas o acabaremos entre rejas los demócratas.

Pocas cosas hay más grotescas que las indignaciones por los homenajes a los etarras en Vascongadas y las exigencias irrisorias de que pidan perdón. El mayor homenaje rendido a la ETA ha sido su rescate de la ruina por ZP y Rajoy, premiando sus asesinatos con legalidad, gran cantidad de dinero público, acceso a los censos de la población, presencia institucional y proyección internacional. Este fue un crimen decisivo que de hecho ha convertido la democracia y el estado de derecho  en una farsa de arriba abajo. Pero al parecer, los que se indignan y exigen “arrepentimiento” no se han enterado de nada. Es cierto que el nivel del análisis político en España es de chiste, pero se ha llegado a un punto de bajura y de bajeza incomparable.

   Ya he explicado por qué ZP rescató a la ETA. En primer lugar, porque el PSOE coincide con ella en un 90% de ideología: antifranquismo febril, socialismo, LGTBI, “memoria histórica”… La diferencia está en el grado de odio a España, que en la ETA es feroz y en el PSOE se acerca más a la indiferencia. En segundo lugar, porque la ETA siempre fue vista como un modelo de antifranquismo, y en cierto modo como autora de la democracia. Y en tercer lugar porque ZP esperaba conseguir el premio Nobel de la paz, con que le tentaban los propios etarras.

   En cuanto al PP, siguió con Rajoy al PSOE porque carece de cualquier principio que no sea engañar a sus votantes para disfrutar del poder y el dinero. Simplemente carece de ideología y de patriotismo, es un partido-mafia típico.

    El resultado es una política cada vez más “a la venezolana”. Y conviene recordar la tranquilidad y seguridad con que se afirmaba en Venezuela que “eso, aquí, no puede pasar”. Los ilusos y los necios llegan a hacer más daño que los malvados.

   La evolución histórica ha sido esta: la gran mayoría de la población se decantó por una democracia desde y no contra el franquismo. Quienes querían la ruptura para enlazar ideal y legalmente con el Frente Popular estaban muy débiles (a pesar del apoyo recibido de la Iglesia) y hubieron de contemporizar más o menos, centrando  el principal ácido de su propaganda en un permanente ataque al franquismo, al que la derecha apenas replicaba. Es más, gran parte de la derecha (Cebrián y Ansón son sus representantes “ideológicos” mayores, seguidos por los políticos, desde Suárez )  se sumó a la campaña antifranquista, para pasar por demócrata. Y fue finalmente Zapatero el que creyó llegada la oportunidad de pasar a la ruptura que no fue posible en 1976. Lo cual se manifestó, para empezar, en la complicidad criminal con la ETA y la imposición de una ley totalitaria llamada de memoria histórica, junto con otras semejantes en favor de los separatismos y el despotismo LGTBI.

   Por su propia dinámica, este proceso lleva a una especie de venezolanización, que Sánchez quiere culminar con el ultraje a la tumba de Franco y la liquidación de las libertades políticas, empezando por las de quienes defiendan la verdad histórica.  Lo más asombroso de este proceso es que en un país donde se proclama demócrata casi todo el mundo, desde la ETA o Podemos al PP, así como políticos, intelectuales y periodistas, una corrosión tan clara de los principios y libertades políticos no haya sido denunciada por casi nadie. En rigor no conozco a nadie aparte de mí mismo. Y esto es precisamente lo alarmante: la estupidez es, una vez más, peor que la maldad.

   Muchos hablan de que ya es hora de superar la guerra civil. Solo se superará cuando se admita la verdad evidente: en ella lucharon los que querían disgregar España, imponer regímenes totalitarios y arrasar la cultura cristiana, y los que se oponían y afortunadamente vencieron. No hay ninguna otra posible superación que el reconocimiento de la verdad.

   Y más en los concreto y actual, la profanación de  la tumba de Franco, si se produce, debe ser la chispa de una resistencia enérgica contra los criminales herederos del Frente Popular que están destrozando la democracia y la misma España. O Sánchez y compañía acaban entre rejas, o acabaremos entre rejas los demócratas.

  ***************

Solo un escritor satírico tipo Quevedo o Valle Inclán podría describir adecuadamente la farsa esperpéntica de la actual política española:

https://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2018-08-18/involucion-permanente-el-erotico-crimen-del-ateneo-127489.html

******************

 

Creado en presente y pasado | 65 Comentarios

El mayor espía del siglo XX/ El mejor militar del siglo XX

He releído el libro de Yuri Modin Mis camaradas de Cambridge. Lo compré hace muchos años y prácticamente lo había olvidado. Modin fue el agente soviético que sirvió de enlace u operador  del grupo de Cambridge (Philby, Burgess, Maclean, Cairncross, Blunt) desde 1948, y antes trataba parte de las informaciones recibidas de ellos n la Lubianka. El libro es interesante porque está escrito por un profesional poco fantasioso y trae datos sobre la batalla de Kursk, sobre las reticencias anglosajonas ocasionales en su ayuda a la URSS (sin duda aspiraban a que la URSS saliera victoriosa, pero lo más desangrada posible), pese a ser “la mejor inversión”, en palabras de Churchill; y sobre otros muchos temas.

Probablemente la mayor hazaña inglesa durante la guerra fue el desciframiento del código alemán en las máquinas Enigma: “Para que todo el mundo ignorara  que poseían el secreto de Enigma, los ingleses atribuían  los mensajes al trabajo sobre el terreno de agentes en Alemania o en  los países conquistados (…) Pocos eran los que conocían la precedencia de las informaciones. Churchill lo sabía, claro, algunos responsables de los servicios secretos también, y nosotros” (…) El Carelio (Cairncross) en su nuevo puesto, pudo proporcionarnos todo lo que el Gobierno británico guardaba celosamente para sí”.

La historia en líneas generales es conocida.  Los servicios soviéticos llegaron a situar a sus agentes en lugares decisivos del espionaje y los servicios extranjeros ingleses, y lo hicieron con tal habilidad que sus espías fueron descubiertos muy tardíamente, más por el FBI que por los ingleses, y entonces los trasladaron a Rusia con tal maña que  ninguno fue detenido. Más aún, varios de ellos, salvo Maclean, creían poder resistir cualquier interrogatorio, pues no había pruebas concluyentes contra ellos. Y Blunt tardó todavía muchos tiempo en  ser descubierto.

Según Modin, todos se sentían muy ingleses, eran patriotas, criticaban la política soviética, y su traición provenía de unas ideas de juventud, adquiridas en momentos de grave crisis del capitalismo,  sobre la  “necesaria” revolución mundial, que se había originado en Rusia pero debería culminarse “en inglés”. Maclean aspiraba a enseñar inglés a los niños rusos.

Modin hace un esfuerzo notable por penetrar en la psicología de los “cinco”.  El más hermético le pareció Philby: “Sigo pensando que nunca se mostró como realmente era. Ni los ingleses, ni las mujeres con las que vivió, ni nosotros mismos, pudimos penetrar nunca el halo de misterio que rodeaba a aquel hombre. Esta formidable historia de espionaje fue la obra de su vida, pero me parece que, en definitiva, se burló de todo el mundo, y de nosotros en primer lugar”. Tendría que haber añadido que fue una burla extremadamente benévola y beneficiosa para los soviéticos. Del grupo de los cinco, Burgess es quizá quien llevó la peor parte. Además de no adaptarse a la vida soviética, era un homosexual muy promiscuo, provocador y borracho, y Philby no le perdonó que por su culpa hubiera tenido que  huir a Moscú. Sin embargo el aristocrático Blunt, un personaje muy esteta y que había sido amante suyo, lo defendió hasta el final: “En una entrevista concedida en noviembre de 1979  a un periodista del Time, cuando Margaret Thatcher acababa de revelar oficialmente que había sido un espía soviético, Blunt declaró de Burgess: “Era uno de los hombres más brillantes e inteligentes que nunca he conocido. Es cierto que ya en aquella época molestaba a muchos”.

   Según Modin, “creo que podemos decir, sin exagerar, que Philby, a pesar de sus defectos, fue el agente de espionaje del siglo. A menudo me he preguntado si el más grande no sería Maclean (…) Si el criterio de valoración es la cantidad y calidad de los datos facilitados, Philby proporcionaba una información perfecta e inmediatamente explotable, ya se tratara de la actividad de los servicios secretos adversarios, del descubrimiento de sus agentes o de las operaciones de sabotaje. Pero si se considera que el objetivo principal es presentar informaciones políticas al gobierno y al jefe del estado para que no se equivoquen en sus decisiones, el mayor agente secreto de nuestro siglo es Maclean. Supo, más que cualquier otro, espigar informaciones políticas, económicas y científicas que permitieron orientar a nuestros gobernantes su estrategia durante una decena de años, y qué años…”

Pese a revolcones semejantes, los ingleses siguen manteniendo su orgullo como los grandes maestros del espionaje, con una abundante literatura, cine, etc. Eso no deja de ser admirable. Imaginemos si algo semejante hubiera ocurrido en España: la autodenigración y la burla de todos los abundantísimos idiotas del país habrían paralizado cualquier recuperación.

*********************

El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo de [Moa, Pío, Moh, Ul-Sih]Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas https://www.amazon.es/El-er%C3%B3tico-crimen-del-Ateneo-ebook/dp/B07GD83ZN8/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1534250734&sr=1-1&keywords=er%C3%B3tico+crimen+del+ateneo

Un “mal militar”

Un botarate escribe en El País (periódico ligado, entre otras cosas, al negocio de la prostitución) que Franco fue un mal militar. Es el nivel intelectual que hoy predomina, nada mejor que el retratado en El erótico crimen del Ateneo. Aparte de su excelente actuación en Marruecos y de dirigir las operaciones contra la guerra civil iniciada por socialistas y separatistas en 1934, venció en una larga y difícil contienda sin perder ninguna batalla y partiendo de una situación de tal inferioridad material y financiera que casi cualquier otro militar o político habría claudicado de entrada. Y aparte de evitar a España la guerra mundial, derrotó en condiciones aparentemente ímprobas, una peligrosa guerra de guerrillas comunista del tipo de la que hizo tirar la toalla a los ingleses en Grecia. Me pregunto qué otro militar del siglo XX puede jactarse de tales hazañas. Pero no son solo los herederos del derrotado Frente Popular los que sueltan  aquellas sandeces, que en el fondo van contra ellos mismos. Es muy frecuente entre los “enterados” de derecha decir que Franco fue, sí, un militar notable, bastante bueno,  pero que “tampoco era un Napoleón”.

   En Los mitos del franquismo dedico un capítulo a Cebrián y Ansón, los grandes artífices de ese cáncer de la democracia y de la inteligencia que es el antifranquismo.

Los mitos del franquismo (Historia) ************************

Creado en presente y pasado | 44 Comentarios

La masonería (y XIV) Conclusiones

Mañana, con Luis del Pino, hablaremos sobre El erótico crimen del Ateneo  en el programa Sin complejos”

 

El erótico crimen del Ateneo: La novela negra como la vida misma que arrasa en el mundo de [Moa, Pío, Moh, Ul-Sih]Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas

https://www.amazon.es/El-er%C3%B3tico-crimen-del-Ateneo-ebook/dp/B07GD83ZN8/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1534250734&sr=1-1&keywords=er%C3%B3tico+crimen+del+ateneo

******************

A todo lo anterior pueden hacerse varias observaciones:

a)      La masonería, claramente, dista mucho de ser una inocua  sociedad filantrópica. Su intromisión en la política es constatable por la abundancia de hijos de la luz en numerosos acontecimientos y puestos decisorios. Más difícil resulta especificar el modo concreto como se ha producido su intervención, debido al secretismo de la orden.

b)       También encontramos masones en partidos y posiciones dispares y hasta opuestos, sin faltar algunos choques sangrientos entre ellos. Masones como Lerroux evolucionaron de un extremismo proterrorista a una acción moderada y patriótica. Por ello no es fácil creer en una acción ordenada desde un órgano central masónico y cumplida disciplinadamente por sus miembros. Sin embargo, pese a discrepancias y enfrentamientos, cabe discernir en la Fraternidad  una orientación general, siendo uno de sus rasgos el anticristianismo. Esa orientación puede ejercerse a través de consignas o por tendencias generadas de modo natural a partir de  sus principios religiosos o seudorreligiosos,

c)      No es probable que la Masonería esté en la matriz de  los numerosos fenómenos revolucionarios o anticristianos de nuestro tiempo, pero sin duda  constituye uno de los factores que los impulsan.

d)     Los rasgos anticatólicos y antidemocráticos (desde la propia concepción de sociedad secreta) se han manifestado de forma especialmente aguda en la historia de España e Hispanoamérica.

e)      Así como la masonería en Inglaterra y Usa, quizá en Francia, no parece haber obstaculizado el progreso y desarrollo de sus países, y de algún modo quizá haya  contribuido a ellos, en España e Hispanoamérica ha tenido efectos claramente contrarios,  ocasionando todo género de convulsiones y crímenes.

¿A qué obedece el  nefasto efecto de la Masonería en España e Hispanoamérica?  Creo que entra ahí el papel de defensora del catolicismo desempeñado por España durante dos siglos frente al islamismo y el protestantismo. Para combatir y denigrar a España se utilizó a fondo la Leyenda Negra, tanto más efectiva por la decadencia sufrida por el país desde mediados del siglo XVII y luego por el semihundimiento del XIX (debido en parte no desdeñable a la misma acción masónica). En las grandes campañas europeas como las arriba comentadas en defensa del terrorismo anarquista, de Ferrer Guardia, de Macià, en torno a la supuesta represión de Asturias, etc., el argumento típico era siempre el de “la España inquisitorial, oscurantista, asesina, etc.”. No hay datos sobre el papel masónico en otras campañas de enorme repercusión en la época de Franco, como las orquestadas por la ejecución del chekista Julián Grimau o en defensa de la ETA en 1970 y 1975,  pero es razonable suponer que la orden no fue ajena a ellas.

Encontramos de preferencia a masones en las corrientes y partidos izquierdistas (republicanos, anarquistas, socialistas, separatistas), cuyo común denominador ha sido la negación o denigración de las tradiciones, la historia y la cultura de España. No se ha querido trabajar evolutivamente sobre esas tradiciones, sino abolirlas o arrasarlas. No por azar la Guerra Civil presenció un plan de genocidio,  realizado en amplia medida,  de la cultura católica y sus representantes. Muchos miles de personas fueron asesinadas  simplemente por ser clérigos o católicos practicantes, e incendiados o destruidos de otras formas miles de  edificios religiosos (templos, monasterios, bibliotecas, centros de enseñanza y hasta las cruces de los cementerios). Se trataba de aniquilar toda una cultura y un pasado, y sustituirlos por consignas generales, a veces sugestivas pero exaltadas, abstractas y vacías. Más vacías aún en manos de personajes de tan escasa talla intelectual y moral como los retratados por Azaña, Marañón y tantos más.

No se puede atribuir a la Masonería toda la responsabilidad por las convulsiones de los siglos XIX y XX en España  e Hispanoamérica, pero creo que sí una parte considerable de ella.

***************

*Donde debería estar Torra es en la cárcel. Si no lo está es porque cuenta con la complicidad de Sánchez, como antes de Rajoy, en una seudodemocracia bananera.

*El catalán es lengua regional española, muy poco útil y con escaso bagaje cultural. Para colmo, convertida en lengua del embuste y falsificación histórica por los catalufos, que se creen una raza superior. La cultura catalana en español es muy superior a la catalana en catalán..

*En 1714 se abolieron en Cataluña unas leyes oligárquicas feroces contra el pueblo llano. Gracias a eso, Cataluña salió de la miseria. Pero culturalmente la lengua catalana siguió siendo pobre. Y hoy más: el separatismo hace del catalán lengua del odio y la falsedad histórica.

*Otra cosa, buen hombre: “comunidades de historiadores” solo existen en regímenes como el soviético, el cubano o el chino. Seguramente ud los añora.

*Una universidad donde unos profesores ignorantes, mediocres y malintencionados abusan de su posición para inculcar a los alumnos el fraude de la “memoria histórica”, es necesariamente una universidad basura

*Cataluña no puede separarse de España porque es parte de España histórica, cultural económica y demográficamente. Que los separatistas se crean una raza superior no cambia la realidad, solo revela su estupidez.

*Si no fuera por el castellano, que tanto ha enriquecido a Cataluña, la cultura catalana sería extremadamente provinciana e insignificante. La literatura catalana en castellano es muy superior a la escrita en catalán, por ejemplo.

*Los catalufos aún no han entendido que llevan más de cien años fracasando y haciendo el ridículo, y que van a hacerlo una vez más, con toda probabilidad, a pesar del apoyo y financiación recibidos del PP y el PSOE.

*En el franquismo hubo poca represión en Cataluña. A menos que llamemos represión a juzgar y encarcelar o fusilar a los chekistas y otros autores de crímenes espeluznantes durante el Frente Popular. Empezando por su mayor responsable, Companys

*¿Debe Europa occidental su democracia a Stalin? Sorprendentemente, sí, en proporción considerable. España es la excepción gracias a Franco.

*Un régimen que funciona con las leyes de memoria histórica y de género no es una democracia.

*España debe a Rajoy el auge y ofensiva de los separatismos, el vaciamiento del estado en varias, regiones, la liquidación paulatina de su soberanía, el engorde de Gibraltar, de Podemos… Y finalmente el triunfo de Sánchez. Una gran deuda, desde luego.

Creado en presente y pasado | 165 Comentarios

Masonería (XIII) La II República

A pesar de sus logros  en casi todos los aspectos, Primo de Rivera no logró instaurar una alternativa política a la Restauración, y el resultado final fue la llegada de la II República. Los republicanos, al principio pocos y desavenidos, fueron  unificados en el Pacto de San Sebastián por los derechistas no masones Miguel Maura y Alcalá-Zamora, y su primera decisión  consistió en imponerse mediante un golpe militar. Cuenta Vidarte en el tomo de sus memorias No queríamos al Rey (p. 255 y ss), que un implicado, Fermín Galán, animó a la Cámara de Maestros de las logias informándole de  que no había habido “nunca tan gran número de militares comprometidos como en esta ocasión”.  Luego “se destacó desde el primer banco en que estaba sentado, extendió la mano sobre la Biblia –abierta encima del ara por el evangelio de San Juan, según costumbre— volviose hacia el Venerable Maestro y declaró: “Juro solemnemente ante el Gran Arquitecto del universo y ante vosotros, mis hermanos, que el día que reciba las órdenes del Comité revolucionario, proclamaré la república en Jaca y lucharé por ella aunque me cueste la vida”. Como  es sabido, se adelantó algo al plan y fue fusilado después de haber  matado a su vez a varias personas. Los republicanos le  convirtieron junto con otro golpista fusilado, en un héroe sui generis.

Sobre el modo, en general bien conocido, como cayó la monarquía, hay algún punto oscuro, en especial la llamativa  actuación de Romanones. De hecho, la república llegó por un golpe de estado llevado a cabo por los monárquicos contra su propio régimen: después de una elecciones municipales que habían ganado, despreciaron a sus votantes y entregaron el poder sin resistencia ante unos primeros alborotos en las calles de algunas ciudades. Sobre Romanones,  instigador de la claudicación del rey, vuelve a explicar Vidarte: Cuando salimos en unión de Marcelino Domingo de su despacho, le pregunté a éste si don Gregorio [Marañón] era o había sido masón, ya que con tanta libertad se habló con él del trabajo en las Logias. Domingo me informó de que Marañón fue iniciado en secreto por su suegro Miguel Moya, cuando éste era Gran Maestre. Estas iniciaciones constan en un libro especial que lleva la Gran Maestría, y sólo figuran en él los nombres simbólicos. El caso del ilustre médico y escritor era semejante al del conde de Romanones, quien también había sido iniciado en secreto por Sagasta y quien siempre cumplió bien con la Orden (…). Ya comprenderá usted, terminó Domingo, que muchas veces nos interesa que no se sepa que son masones algunos políticos de nuestra confianza. Fallecidos, lo mismo el conde de Romanones que el querido y admirado doctor Marañón, me encuentro en libertad para revelar estos secretos” ( No queríamos al rey. Pp. 227-8). Digamos que Marañón, uno de los “padres espirituales de la República”, terminó por considerarla un “fracaso trágico”, y a sus políticos como “desalmados mentecatos”, lamentando doloridamente haber sido amigo de tales “escarabajos”. Y apoyó a Franco.

Ricardo de la Cierva considera la II República como el tercer período de apogeo de la masonería. Y no cabe duda de que lo fue, por lo menos al principio. Baste señalar el dato, recogido por  Gómez Molleda, de que de los 470 diputados en las primera Cortes, eran masones nada menos que 151, bastantes más que los del partido más votado, el PSOE, que alcanzó 115. Todos los partidos de izquierda estaban muy masonizados: los partidos Radical, Radical Socialista y Acción Republicana de Azaña y Republicano Federal  oscilaban en torno al 50% de hijos de la Viuda en sus escaños (muchísimos menos en sus bases, obviamente, lo que nos da un indicio de la utilidad de una sociedad secreta).  Los demás, entre el 21% de  los nacionalistas gallegos y el 35% del PSOE.  En los partidos de derecha, la proporción era mínima o inexistente. Además, de los seis jefes de gobierno de la república antes del Frente Popular,  cinco era masones con un grado mayor o menor de compromiso. En las organizaciones masónicas cundió el entusiasmo, llegando a considerar  como suya a la república,   y la Gran Asamblea de la Gran Logia Española  propuso a la izquierda una serie de medidas  como la “expulsión de las órdenes religiosas extranjeras” y “la escuela única, neutra”, privando a millares de familias de una enseñanza religiosa que deseaban, y otras medidas de rasgos totalitarios como “Trabajo obligatorio controlado por el Estado y repartido a medida de las fuerzas y aptitudes de cada uno”, dando a los políticos la potestad de determinar las fuerzas y aptitudes de cada cual. Asimismo pedía un “Estado federal”.

Evidentemente, los masones militaban en credos políticos  diferentes, a veces opuestos, pero a todos ellos les unía, y era prácticamente lo único que los unía, la aversión a la Iglesia católica. Aun así, los había propicios a algún entendimiento con una religión que era la absolutamente mayoritaria entre los españoles, cosa que no podían pasar por alto sin exponerse a meter al régimen en aprietos antes de tiempo. No obstante, los sectores más extremistas irían imponiéndose. Ya la república se inauguró, antes de un mes de establecida, con la quema de más de un centenar de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza católicos, iniciada por grupos radicales salidos del Ateneo de Madrid, donde por aquel tiempo predominaba la Masonería, y alentada por el gobierno, cuya pasividad equivalía a cooperación. El golpe tambaleó al régimen, recién nacido sin la menor oposición, y a partir de ahí el país quedó profundamente dividido. Así lo reconoció Alcalá-Zamora, a la sazón presidente del gobierno provisional y que, aunque católico, claudicó ante la presión de Azaña y otros para impedir que la fuerza pública detuviese a los incendiarios.

Sobre el problema religioso, los diputados de izquierda coincidían en el propósito de  despojar de toda influencia a la Iglesia, pero con posturas divergentes ante el peligro de empeorar la ya visible división popular. De hecho, se llegó entre bastidores a acuerdos para que la nueva Constitución respetase la libertad de enseñanza, aun si con restricciones. Sin embargo se impuso finalmente, y por sorpresa, la medida radical. Así fue disuelta la orden jesuita y a las demás se les prohibió no solo la enseñanza, sino también  cualquier actividad económica o la beneficencia, tratando de  convertirlas en indigentes. La medida contentó a muchos masones, no a todos, y  fue obra de Azaña,  que no pertenecía aún a la orden. En definitiva se trataba a los clérigos como ciudadanos de segunda, negándoseles libertad, igualdad y desde luego fraternidad. Como tendía a negárseles en  la práctica a los católicos en general y a los partidos de derechas, a los cuales el gobierno izquierdista hostilizaba de muchos modos. El mismo Azaña declaró temerariamente que España había dejado de ser católica. La política de Azaña, dedicada a un programa de demoliciones de las tradiciones católicas y españolas en general, casa muy bien con la orientación masónica. Pero vuelve a demostrar que la masonería es solo una manifestación de otras inclinaciones sociales siempre presentes, no la única ni forzosamente la directiva, aunque la refuerce.

Aun así, los primeros enemigos de la República no fueron las derechas ni los católicos, sino los comunistas, que llamaron desde el primer día a derrocarla (más tarde cambiarían de táctica), y sobre todo los anarquistas, mucho más poderosos entonces,  que organizaron varias insurrecciones sangrientas, una de las cuales, la de Casas Viejas,  determinó la caída de Azaña en 1933. Los socialistas entendían la república como transición a la dictadura de su partido (del  proletariado). Los nacionalistas catalanes la aceptaban a cambio de una autonomía que miraban como un paso adelante hacia la secesión. Tanto Macià como Companys,  sus principales jefes, eran masones, así como el 37% de sus diputados. Un pequeño sector de la derecha, capitaneado por el general Sanjurjo, intentó un pronunciamiento ante el rumbo que tomaba la política. Se da la circunstancia de que Sanjurjo, jefe de la Guardia Civil en 1931,  había desempeñado un papel clave para traer la república,  pues desertó de la monarquía y se puso al servicio del gobierno provisional. Quizá la seña de identidad más precisa de la república fuera la deslealtad hacia ella por parte de sus partidos y políticos.

El primer período de la república suele  llamarse  Bienio izquierdista, y tampoco sería muy exagerado calificarlo de masónico. Con rasgos que apuntan al caos. Así, la ultraizquierda anarquista hizo un daño terrible a la coalición republicano-socialista. Y quedó marginado el Partido Radical de Lerroux,  el más masonizado entre los importantes, siendo además el partido republicano con mayor apoyo popular, con diferencia.  Sin detallar el balance desastroso del bienio, recordaré que el hambre, como índice de la miseria, aumentó hasta los niveles de principios de siglo, mientras la delincuencia y los choques políticos, sobre todo entre las izquierdas, no cesaron y las reformas fracasaban debido a la extrema ineptitud de los líderes republicanos, según denuncia una y otra vez el propio Azaña. Como consecuencia, en las  elecciones de noviembre de 1933, el PSOE  bajó de 115 a 59 diputados; el partido de Azaña, de 26 a 5; el Radical Socialista, de 59 a 4. En cambio la  católica CEDA, inexistente en las elecciones anteriores, sumaba 115 escaños;  el partido de Lerroux subía de 90 a 102, y los monárquicos de 15 a 40.  Gil-Robles, líder de la CEDA, pudo haber exigido la presidencia del gobierno, pero una timidez contraproducente e interpretada como debilidad (lo era), dejó el gobierno al partido de Lerroux, limitándose a apoyarlo.

Las izquierdas contestaron a la  derrota electoral poniéndose “en pie de guerra”, como decía la Esquerra de Companys. Azaña y otros líderes presionaron (sin éxito) al presidente Alcalá-Zamora, para que diese un golpe de estado anulando los comicios y amañando otros que les dieran la victoria. La CNT lanzó su insurrección más sangrienta. Y el PSOE decidió que había llegado el momento de lanzarse a una revolución, que planificó textualmente como guerra civil, mientras Azaña intentaba un nuevo golpe en connivencia con Companys. Por fin la CEDA entró en el gobierno y así se llegó a la insurrección de octubre de 1934, que causó enormes destrucciones y 1.300 muertos en 26 provincias, sobre todo en Asturias, bastantes en Cataluña y en Madrid.

Aquella derrota debió haber causado el derrumbe de la izquierda, pero ocurrió lo contrario: los socialistas, Vidarte en primera fila, organizaron una masiva campaña dentro y fuera de España acusando al gobierno de haber practicado en Asturias una represión de crueldad infinita. Así pasaban de acusados a acusadores.  Las denuncias, con relatos escalofriantes, cundieron de tal modo que durante decenios han sido recogidas  sin examen crítico por historiadores, incluso de derecha. Creo haber sido el primero que las ha analizado a fondo, así como sus consecuencias políticas. Desde luego, se trató de embustes y exageraciones en un 90%. La campaña guardaba estrecha semejanza con las de Ferrer Guardia, Macià y otras anteriores, contra la “España inquisitorial, oscurantista y militarista”. Vidarte explica cómo lograron engañar a millones de personas  por medio de las Internacionales socialista y comunista y de los organismos masónicos en el exterior: “La Masonería, la Segunda Internacional, la Liga de los Derechos del Hombre (creada por los masones)  informaban al mundo de los crímenes cometidos por el fascismo español. Los partidos socialistas y comunistas del mundo entero enviaron al gobierno español sus más enérgica protestas. Y el diputado socialista francés Vincent Auriol  organizó, junto con  el presidente del Partido socialista belga, Émile Vandervelde, una campaña internacional”. Auriol y Vandervelde eran masones. Participaron el genio de la propaganda comunista Willi Münzenberg, diputados laboristas ingleses, etc., y consiguieron que la mayoría de las logias condenaran a Lerroux, él mismo masón aunque al parecer durmiente. Esta campaña tuvo  un efecto histórico, pues devolvió la popularidad a las izquierdas y envenenó el ambiente social de un modo que explica la crueldad con que se reanudó la guerra en julio de 1936.

Así, la derecha católica y sus ocasionales aliados lerrouxistas, estos repito que muy masonizados, fueron brutal y golpistamente hostigados por las izquierdas a fin de desestabilizarlos e impedirles gobernar. ¿Podemos considerarlo una maniobra o serie de maniobras masónicas? En parte sí, muy claramente, pero tal como los autores principales del declive de Azaña fueron los anarquistas –entre quienes no faltaban masones–, el principal agente de la caída de Lerroux y de Gil-Robles fue Alcalá-Zamora, católico y ajeno a la Masonería, a la que critica en sus memorias (el museo de la Masonería en Salamanca lo presenta falsamente como iniciado). Según he analizado en varios libros, los dirigentes del PSOE fueron los responsables más directos de la guerra civil en 1934 y 1936, pero el mayor causante de ella fue Alcalá Zamora por sus manejos dudosamente legales, que le forzaron a convocar elecciones en febrero del 36.

En el derrumbe de la república hacia la guerra hay un episodio de interesantes connotaciones masónicas, la intriga para arruinar la carrera política de Lerroux y de rebote la coalición entre su partido y la CEDA: el escándalo del straperlo. Dos judíos holandeses habían inventado un juego más o menos de azar, llamado el straperlo, por los apellidos de ambos, Strauss y Perle,  y quisieron explotarlo en España. Los juegos de azar habían sido prohibidos por Primo de Rivera y la prohibición no se había revocado. Los autores hicieron algunos regalos a políticos lerrouxistas, como relojes de oro, unos sobornos  “de calderilla”, para que facilitaran la introducción  del juego en  el casino de San Sebastián y en un hotel de Mallorca. No estaba del todo claro si el straperlo contravenía la ley, pero en los dos sitios fue prohibido rápidamente. Los straperlistas se sintieron estafados y quisieron resarcirse. Y aquí entran en juego Azaña y Prieto (este último no era masón), que instruyen a Strauss para dar el mayor alcance político al asunto presentando una denuncia. Con ella medio presionaron , medio chantajearon a Alcalá-Zamora  contra Lerroux, sabiendo que ambos se tenían inquina. Alcalá-Zamora terminó destituyendo a Lerroux de la jefatura del gobierno por una corrupción de poca monta que no le afectaba directamente. Enseguida  las izquierdas desataron otra campaña de prensa para desacreditar tanto a Lerroux como, de rebote, a la CEDA y destrozar así la coalición entonces gobernante. Vidarte vuelve a darnos datos de interés: “Yo había conocido en París a Gaston Cohen Debassan, abogado muy compenetrado con nosotros y primer pasante de Henri Torrès. Recibí su visita en Madrid. Ahora me habló de un asunto que iba a traer muy graves consecuencias, el del straperlo. Me comunicó que Prieto y Azaña estaban perfectamente enterados”. Torres era el mismo que había orquestado la campaña de apoyo a Macià en 1926 y ejercía entonces de abogado de Strauss. He analizado el asunto en detalle en Los personajes de la República vistos por ellos mismos y aquí no puedo extenderme más allá de explicar sus efectos: el escándalo, muy  magnificado, enterró políticamente a Lerroux, debilitó a la CEDA y fue utilizado por Alcalá-Zamora para atacar al sistema parlamentario, excluyendo a Gil-Robles del poder, y terminar imponiendo como jefe de gobierno a Portela Valladares, también masón y sin apoyo de las Cortes.

Así, hubo masones (y no masones) en la maniobra, pero el mayor responsable fue el católico Alcalá-Zamora. El resultado final fueron las elecciones fraudulentas de febrero de 1936, en las que se arrogó la victoria el Frente Popular. El general Núñez de Prado, masón, describió así el traspaso de poderes de Portela al nuevo gobierno de Frente Popular: “Parecía una ceremonia masónica. El Gran Maestre de la Gran Logia (Portela) da posesión a su sucesor (Azaña, también masón aunque algo escéptico), delante del Gran Oriente Español (Martínez Barrio) y en presencia de dos generales masones (Pozas y el propio Núñez de Prado)” “El Gobierno parecía  haber nacido bajo nuestros auspicios”, pues contaba con siete ministros masones. Así lo relata  Vidarte en Todos fuimos culpables (p. 47).

Aquellas elecciones significaron la definitiva aniquilación de la legalidad republicana por el Frente Popular y fueron el prólogo a la Guerra Civil, a su reanudación propiamente hablando.  Durante la guerra, la gran mayoría de los masones (aunque no todos) defendió al Frente Popular aun sabiendo que este era un conglomerado de totalitarios marxistas del PSOE y del PCE, de  anarquistas, de racistas del PNV y de golpistas como Azaña o Companys. Nada remotamente parecido a un bando democrático. La propaganda en el exterior, en parte masónica, se inclinaba netamente por las izquierdas –casi todas ellas contaban con numerosos masones–. A pesar de lo cual los gobiernos de Usa, Inglaterra o Francia procuraron aislar el conflicto español, para evitar su contagio.  Franco, no es de extrañar, aumentó su aversión a los hijos de la Viuda y prohibió su actuación en España.

En Años de hierro (p. 380) extracté  unos documentos de 1942, guardados en la Fundación Francisco Franco: “El espionaje franquista accedió, por medio de una agente, a mensajes alarmantes de círculos masónicos que parecían preparar psicológicamente la mutilación del país. Uno de ellos, de una Asociación Masónica Internacional, con sede en Ginebra, instruía sobre el peligro comunista, juzgando a Inglaterra la única potencia capaz de contrarrestarlo tras la deseada derrota alemana: “La reivindicación de Gibraltar y otros puntos para España y la conservación forzosa y sin consideraciones universales de Cabo Verde, Baleares y Canarias en sus soberanías actuales, constituyen un germen de destrucción del equilibrio mundial de la paz, por ser ventajoso a todos que un arma, potente y difícilmente manejable, esté en manos fuertes y expertas y no de las naciones caducas. La fuerza de Inglaterra es garantía plena –la Historia es testigo– de conservación de la Humanidad”. Los masones peninsulares eran exhortados a superar dudas, reservando “en lo hondo del corazón el sentimiento de un pueblo para apoyar el bien de todos los pueblos y por tanto del vuestro”. Propugnaba asimismo “desprestigiar la figura del Generalísimo Franco, ahondar en el malcontento entre Ejército y Falange, muerte política de Serrano Súñer”, así como “Abrir las puertas de las cárceles en que gimen, en dantesco infierno, rebaños desdichados de hombres honrados, prisioneros de la tiranía más espantosa que registra la Historia (…) sometido todo a la voluntad despótica de un solo hombre, pigmeo-idiota, engreído por la adulación más baja y servil que haya deshonrado a la Humanidad”. Otra comunicación atribuida a Martínez Barrio animaba a los masones, si bien eludiendo detalles escabrosos”. Nuevamente encontramos el servicio a Inglaterra en un amplio sector de la Masonería, en nombre de la “Humanidad”.

Dejo aquí de lado la evolución de la Masonería bajo el franquismo y la democracia, dado el exceso de de especulación sobre ella. Sí interesa señalar su peso en el Parlamento europeo, que según algunos cálculos de difícil comprobación supera en porcentaje al que se dio en las Cortes de la II República. La idea de una Unión europea después de la II Guerra Mundial, en su origen democristiana, tomó progresivamente un tinte socialdemócrata con influjo masónico y línea predominante  anticristiana.

Creado en presente y pasado | 12 Comentarios

Masonería (XII) Influencia. De la Restauración a la II República.

Tras un período intermedio, en 1875 el pronunciamiento de Martínez Campos y la labor previa de Cánovas del Castillo trajeron a Alfonso XII, hijo de Isabel II, y comenzó un período liberal respetuoso con la Iglesia y  mucho más tranquilo y fructífero, el de la Restauración. Se acabaron prácticamente los pronunciamientos. Con  mayor estabilidad España volvió a crecer económicamente y la sociedad a modernizarse, o “europeizarse”, como se decía, de forma lenta pero persistente. El problema mayor fue la Guerra de Cuba, verdadero cáncer que consumía a decenas de miles de soldados, la inmensa mayoría por enfermedades tropicales.

Y de nuevo tropezamos con masones en puestos clave, en esta contienda.  Lo fueron  José Martí, inspirador de la revuelta cubana y el filipino José Rizal, promotor de la filipina. El primero, en especial, encontró apoyo en la masonería de Usa, país que aspiraba a dominar las posesiones españolas en América y el Pacífico. Y también encontraron apoyos entre la masonería española. El Partido Liberal, dirigido por otro hijo de la luz, Sagasta,  entorpecía el esfuerzo de guerra español. Cánovas, partidario de mantener la lucha a toda costa, fue asesinado en 1897 por el anarquista italiano Angiolillo. La conjura al respecto es oscura, pero hay pistas. El asesino se relacionaba con el independentismo cubano a través del puertorriqueño Emeterio Betances, y había sido encubierto, en Madrid, por el republicano Nakens. Este y  Betances, posiblemente también Angiolillo, coincidían en su pertenencia a la Fraternidad, lo que sugiere una identidad de miras por encima de discrepancias particulares. Al año siguiente, Usa intervendría en la guerra, que terminó rápidamente con la pérdida de las últimas posesiones españolas en América y el Pacífico, es decir, Cuba, Puerto Rico, Filipinas y otros archipiélagos. Sagasta presidía entonces el gobierno español. El presidente useño que declaró la guerra, McKinley, también masón, seguiría la suerte de Cánovas en 1901, al ser asesinado a su vez por otro anarquista.

El Desastre del 98, causó en España una profundísima crisis moral cuyos ecos resuenan  aún hoy día. Cundieron versiones denigratorias de la historia de España.  La vieja propaganda francesa y protestante de la Leyenda Negra se popularizó, sobre todo entre los intelectuales. La hispanofobia dio auge a separatismos y regeneracionismos, al socialismo y al anarquismo. Aunque esas tendencias se detestaban entre sí, las unían tres puntos básicos: la concepción de España como una nación frustrada y de historia nefasta, “enferma” o “anormal”, como se decía;  una inquina radical  hacia la Iglesia; y la aversión extrema al régimen liberal de la Restauración. La defección de los intelectuales, en particular, dejó al régimen sin respaldo moral, lo que arruinaba su futuro  a plazo no largo. La masonería formaba parte de esa corriente.

Y volvemos a encontrar al citado Nakens encubriendo en Madrid, en 1906,  a Mateo Morral, autor del atentado de la calle Mayor, que dejó decenas de muertos y un centenar de heridos. El asesino quería acabar con la vida de Alfonso XIII y su esposa, que volvían de casarse en los Jerónimos. Se trató de una conspiración republicana-anarcoide que debía dar  la señal para un levantamiento que derrocase al régimen liberal e instaurase una república anarquizante. Su origen se encuentra en la llamada Escuela Moderna, donde trabajaba Morral y que había fundado Ferrer Guardia para “introducir  ideas de revolución en el cerebro de los niños”, a fin de “destruir la sociedad desde sus fundamentos”.  Ferrer predicaba una “revolución sangrienta, ferozmente sangrienta”, pues “si ha de salir de ahí la purificación de las conciencias, que corra la sangre a torrentes”. Lerroux, muy admirado por Ferrer y complicado  a su vez en el terrorismo de la época,  da en sus memorias interesantes pistas al respecto, que he tratado en Los personajes de la República vistos por ellos mismos. Casualmente Lerroux, Ferrer, Morral y Nakens eran masones. Nadie ignoró la relación entre Morral y Ferrer, cuyas prédicas exaltadas eran conocidas, pero Morral se suicidó al no poder escapar, y Ferrer salió indemne por insuficiencia de pruebas y protección de las logias, que también dejaron en casi nada  la condena a Nakens.

Tres años después, los grupos radicales, muy influidos por la retórica de Ferrer, promovieron la Semana Trágica de Barcelona, en la que las armerías fueron asaltadas e incendiados unos cien edificios, en su mayoría religiosos. Hubo 118 muertos y fueron ejecutados cinco responsables, entre ellos Ferrer Guardia. Inmediatamente se orquestó una campaña en toda Europa en protesta por la condena de Ferrer. En muchas ciudades de Europa  se alzó un clamoreo con manifestaciones, disturbios, decenas de heridos y algún muerto. Ferrer era exaltado como el “nuevo Galileo”, “pedagogo genial” “educador de España”, asesinado por “el clericalismo criminal y sus aliados militaristas” en “el país de la Inquisición”, y dicterios parecidos. El nacionalista catalán Cambó lo caracterizaba de  otro modo: “Aquel hombre inculto, grosero, cuyos méritos  consistían en haberse apoderado de la fortuna de una pobre vieja para consagrarse a una vida de holgorio y abrir una escuela anarquista, apareció como el símbolo de la virtud y la cultura. La España que lo había fusilado en cumplimiento de la ley aparecía como la España de la Inquisición. No hay que olvidar que Ferrer Guardia ocupaba uno de los lugares prominentes en la Masonería  y que la Masonería internacional tomó el affaire con el más grande entusiasmo”.  

El acoso al régimen de la Restauración fue realmente frenético desde todos los ángulos, con protagonismo subterráneo, pero indudable, de muchos masones introducidos en  diversos partidos, fundamentalmente de izquierda: socialistas, anarquistas, republicanos y nacionalistas catalanes y gallegos principalmente. Y ello a pesar de que no escaseaban los masones en los propios partidos oficiales, particularmente el Liberal,  por lo que hallamos de nuevo a hijos de la Luz en campos contrarios. Pero la tendencia principal de la Masonería iba contra el régimen, a menudo con auténtica furia, y  fomentaba y explotaba la Leyenda Negra en el exterior. La mejor estudiosa de la masonería española en el siglo XX, María Dolores Gómez Molleda (La Masonería en la crisis española del siglo XX), ha señalado cómo el Grande Oriente Español,  la organización masónica más fuerte por entonces, federada con la Gran Logia Española, derivada de la Gran Logia catalano-balear, era hostil al régimen liberal de la Restauración, y más conforme avanzaba el tiempo.

La mayor parte de la historiografía se ha recreado en subrayar los defectos de la Restauración, como el caciquismo, los manejos electorales, la escasa atención a la enseñanza, y similares. Sin embargo, en el balance general pesan mucho más sus aciertos: aseguró una considerable estabilidad que permitió un progreso acumulativo del país en todos los órdenes, recuperándose de las convulsiones anteriores; evitó la entrada en la I Guerra Mundial, que habría resultado desastrosa para España; fue un régimen de libertades en el que se desarrollaron partidos muy diversos, incluyendo los más antiliberales o totalitarios, que participaban en las elecciones y ganaban puestos en los ayuntamientos y en las Cortes; y tenía un carácter evolutivo que permitía enmendar progresivamente sus defectos.  No obstante,  el terrorismo contra él se hizo endémico, siendo asesinados varios de sus mejores políticos, como el citado Cánovas, así como Canalejas y Dato, escapando por poco Maura y el rey Alfonso XIII; en 1917, las fuerzas antirrégimen se concertaron para una intentona revolucionaria, que fracasó. Finalmente, en una crisis extrema, el general Primo de Rivera dio un golpe para frenar   el desbarajuste. Su dictadura, muy poco dura, se mantendría siete años escasos, contó con la colaboración de los socialistas, acabó con las agitaciones y el terrorismo, frenó fácilmente y sin sangre a los separatistas, anarquistas y comunistas, aunque permitió su propaganda; y modernizó al país con más rapidez que nunca. La masonería perdió peso, sin desaparecer.

Un episodio significativo de la época fue el intento de invasión de separatistas catalanes desde la localidad francesa de Prats de Molló, en 1926,  frustrado de forma un tanto irrisoria. La dirigió el antiguo teniente coronel del ejército español Macià, propenso a entenderse con los comunistas. Importó menos la intentona que su continuación.  Las autoridades francesas arrestaron a los “almogávares”, como los llamaba Macià, y a este mismo, a quienes permitieron desusadas libertades, como que el propio Macià pasara revista a los suyos  y les arengase a luchar hasta la muerte, repitiendo los “almogávares” “¡Hasta la muerte! ¡Hasta la muerte!”, cuando se habían dejado detener sin resistencia  por unos cuantos gendarmes. El juicio posterior  se convirtió en un fenomenal acto de propaganda gracias al abogado Henri Torrès, que reaparecerá ocho años más tarde en otro ilustrativo complot. Se trataba de convertir a Macià en un héroe papel al que se prestó bien el líder separatista, muy jaleado por la prensa francesa. Afirmó que Cataluña era una “nación esclava” considerada por España como “país conquistado y última de sus colonias a explotar”. Seguía: “Nuestro ideal democrático  y de libertad no se aviene con el de la España atrasada que durante la guerra mundial soñaba con la victoria de los enemigos del derecho y la justicia”. De nuevo salió el tópico de la España atrasada, inquisitorial y oscurantista. El exmilitar halagaba a los franceses con la idea de una Cataluña amiga eterna de Francia, aunque esta imponía un centralismo mucho más rígido que España. Buen actor, preguntó con dramatismo al tribunal: “¿Qué sería una juventud sin rebeldía? ¿Qué sería una vida sin dignidad?”. Fue condenado a dos meses de cárcel, que ya había cumplido, y después, en vez de preparar otra aventura con la juventud rebelde, se fue a Hispanoamérica  a recoger medios económicos entre los catalanes adinerados. El suceso viene a cuento porque tanto Macià como Henri Torrès eran masones, lo cual les facilitaba mucho, evidentemente su agitación en un país donde la masonería tenía gran peso político.

Otro hecho relacionado con la Fraternidad, una trama para secuestrar y posiblemente asesinar a Primo de Rivera, lo relata Juan Simeón Vidarte, masón ferviente y casi el único que da cuenta de la constante intromisión de la sociedad secreta en la política de entonces. Por contraste, Martínez Barrio, que llegaría a los más altos grados de la orden, escribió unas memorias en las que la masonería casi no existe. Sobre algunas revelaciones de Vidarte, hechas con la mayor buena conciencia, seguiremos hablando.

No está claro que todos aquellos hijos de la luz obraran por consignas directas  y concretas de la jerarquía masónica, pero indudablemente lo hacían conforme a unas ideas generales bastante claras. Y queda el dato no irrelevante de que, de forma sistemática, encontramos a masones en puestos y sucesos clave de la época, nueva prueba de la extremada afición política de la Fraternidad.

Creado en presente y pasado | 4 Comentarios