La evolución de la SGM a principios de 1943 volvió a poner a España en posición interesante para uno y otro bando, pero de manera diferente a la del otoño-invierno de 1940-41. Ahora ni a los aliados ni a los alemanes les interesaba la entrada de España en la guerra, pero cada uno temía que el contrario invadiese la península. Por ello unos y otros mostraban disposición a ayudar a Franco contra el presunto invasor. (10) 200 – Aliados y alemanes quieren defender a Franco – YouTube
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Malas novelas
– …¿Con qué criterio podemos decir que una novela es mala? Esto tendría que ser más fácil que decidir si es buena o “grande”.
–No has comentado nada de la feria del libro. ¿Qué tal te fue con la novela?
–No mal. Firmé más ejemplares de los que esperaba, pero menos que del libro sobre la República, que va por la quinta edición, y que el del Frente Popular, que va por la tercera. Lógicamente, la gente me identifica más como historiador que como novelista. De todas formas, no estoy contento, estos dos últimos libros tendrían que tener una difusión mucho mayor, son libros de síntesis y con enfoques nuevos, y los he escrito pensando en la situación actual. Porque es preciso entender bien aquel pasado, ya que, por desgracia, sigue siendo actual y todo el mundo debería tener ideas claras, para que no se repita. Mucha gente cree que sabe y en realidad solo tiene cuatro ideas pobres y simplonas. Espero que los lea mucha más gente que hasta ahora.
–Pues mira lo que dicen en un digital de izquierda “La victoria de “los moas”: el revisionismo alcanza la cúspide de la derecha española“. Mencionan a varios historiadores, Francisco Espinosa, Casanova, Enrique Díez, que se quejan de que tú y otros como tú hayan infectado al PP. Eso me resulta cómico. ¿Cuándo te defendió el PP? Creo recordar que los has señalado, a esos tíos en la galería de charlatanes.
–¿Cuántos historiadores sacan un libro que consigue cinco ediciones en un año? Te quejas de vicio.
–No me refiero a eso, solo digo que es muy insuficiente. Un libro de historia solo llega a ser influyente cuando vende mucho más, o cuando llega a las llamadas élites políticas y culturales. Como estas me hacen el vacío, importa que lleguen a cientos de miles y no solo a decenas de miles.
–Bueno, y a lo de antes: tu novela de los perros verdes, ¿es buena o mala? ¿Qué criterio podría valer aparte del “me gustó” o “no me gustó”? En realidad es a eso a lo que llevamos tiempo dándole vueltas.
–Vamos a ver: ¿de qué trata la literatura? De la vida humana, expresa sentimientos como en la poesía, pero la novela es un relato, lo cual significa unos personajes y unos sucesos. ¿Por qué nos interesan esas vidas ficticias de los demás? Por una razón general, yo creo, porque nadie sabe para qué está aquí, como decía Gerard de Nerval, y busca en esos relatos una respuesta, un atisbo de respuesta. La prensa de chismorreo responde a esa inquietud que está en la base de la psique humana. Y luego, por razones particulares de cada cual. Para empezar, hay muchos géneros, el épico con final feliz, el épico-trágico, el de humor, el de terror, el de amor, el de aventuras… qué sé yo. Y ya de entrada unos prefieren alguno o algunos y no otros. Y dentro de esa preferencia hay otras preferencias. ¿Es posible un criterio que valga, aunque sea parcialmente, para todo el mundo?
–Hombre, la inmensa mayoría opina que el Quijote es una gran novela, aunque solo haya leído algunos trozos, o que también lo es Guerra y Paz, o Crimen y castigo, aunque solo hayan leído alguna reseña… Es que la “gran novela” se hace cuesta arriba leerla a la gran mayoría, se impresionan con lo que se dice de ella…
–Bien, pero eso es irse por las ramas. Cualquier lector siente que algunas obras le “llegan”, le afectan emocionalmente con especial intensidad, mientras que la mayoría simplemente le entretienen, si le gusta distraerse con la lectura. Pasa con todo, con la música, el cine… La cosa requiere cierta educación y sensibilidad. Hay quien prefiere Manolo Escobar a Beethoven. Con todo derecho, claro.
–En el último acto de VOX han metido algunas cosillas de esas, música hortera y tal. Es peligroso, parece que quieren acercarse a los jóvenes más macarrillas.
–A lo que vamos: Paul Diel ha hecho una magnífica interpretación de algunos mitos griegos. Os la recomiendo. Eso puede darnos un criterio también para la novela. Porque toda novela trata de una manera u otra del destino humano.
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Héroes de nuestro tiempo (V). La sangre del guacamayo
(Basado en hechos reales)
Así me lo contaron, dijo el tabernero poeta: “Dos ejecutivos medianos, directores de algo en una empresa más que mediana, querían tirarse a las respectivas secretarias, pero estas tenían sendos novios. No es que ello fuera un impedimento demasiado serio, pues no faltan chicas liberadas, de mentalidad abierta y con visión de futuro que se hubieran prestado a la faena. Una faena no necesariamente desagradable y acaso oportuna profesionalmente, de la que los novios no tenían por qué enterarse si eran demasiado quisquillosos o con ideas poco modernas. Pero, por lo visto, aquellas dos secretarias, si bien físicamente apetitosas, sufrían de una mentalidad estrecha y atrasada, por no decir retrógrada. Por estas deficiencias, los ejecutivos habían pensado amenazarlas con el despido, pero una de ellas les advirtió claramente que protestaría donde hiciera falta dando a conocer sus proposiciones. Aparte de que el novio de la otra, un animal de gimnasio repleto de músculos y bastante chulo, causaba en los dos cierto reparo por si, irracionalmente, se enojaba por tan poca cosa. Además, en realidad no pensaban despedirlas, era solo una forma de persuadirlas amistosamente.
“Pero nuestros ejecutivos no eran hombres que se dieran por vencidos fácilmente. Tenían ánimo combativo –no en vano habían llevado la empresa a las alturas—y después de todo se consideraban con ciertos derechos implícitos y no pensaban renunciar a ellos por las buenas. “El amor es así”, aseveraba uno, y con argumentos tales (“Me tienes loco de amor”, le contaba a su cerril pretendida) libraba su particular y poco exitosa batalla. Un día, el otro recogió del parabrisas de su coche un pequeño anuncio: “Profesor x. Maestro y Medium Espiritual graduado en San Salvador de Bahía de Todos los Santos. Resuelve todo tipo de problemas de relaciones sexuales, impotencia, pérdida de poder atractivo, recuperación de pareja, enfermedades crónicas. Resultados positivos garantizados al 100%”. Eufórico, enseñó el papelillo a su compinche y de común acuerdo acordaron consultarle.
“Ustedes considerarán inverosímil que unos señores modernos, educados en los fríos cálculos financieros, del debe y el haber, alérgicos a las supersticiones, escépticos y más bien descreídos, se dirigieran a un brujo, que es como la gente vulgar denomina a tales maestros. Pero si así piensan es porque saben muy poco de la vida y se guían por estereotipos. La gente más impensable visita a magos, echadoras de cartas, del tarot, pitonisas y adivinos varios. Después de todo, ¿quién no está algo inquieto por su futuro, o no alberga deseos, confesables o no, de cumplimiento incierto? Y, por desgracia, ni la economía ni la contabilidad ni la física cuántica son de mucha utilidad para esos menesteres.
“El profesor no les defraudó: para él la cosa resultaba de lo más sencilla, ya había tenido muchos casos semejantes. Les prepararía una pócima que los volvería sexualmente irresistibles, de modo que las dos secretarias caerían ardorosas en sus brazos, y los citó para la semana siguiente. Cuando volvieron, la pócima estaba lista. “Sangre de guacamayo”, les informó y se la mostró en dos copas. Pero para que surtiera el debido efecto debían masturbarse –le señaló una cortina detrás de la cual podían efectuar la tarea con discreción relativa–, mezclar el semen con la sangre del guacamayo, revolver lentamente con una cucharilla que les entregó, y tragárselo todo. Los dos ejecutivos vacilaron, pero, en fin, hicieron de tripas corazón y obedecieron al maestro, que tan seguro parecía. Mientras tragaban la poción, el profesor x elevaba las manos por encima de la cabeza y murmuraba frases ininteligibles. Los dos enamorados –si así queremos llamarles—, en un alarde de entereza, lograron no vomitar, lo que habría echado a perder el tan anhelado efecto. “En fin, quien algo quiere algo le cuesta”, comunicó uno al otro. Y bien les costó, porque el profesor tenía dos convicciones firmes: a) lo gratuido no es apreciado, y b) lo que es apreciable debe tener un precio acorde, y sus servicios valían mucho más, sin duda, que los de una peluquera o un vendedor de peines. Al marcharse, un tanto pálidos, bromearon sobre si la sangre no sería en realidad de pollo, ya se sabe que para llegar alto conviene ser desconfiado y no creerse lo primero que a uno le cuentan.
“Al día siguiente acudieron al trabajo, ilusionados como colegiales. Mas las dos mozas seguían igual de estrechas. Esperaron dos días más, por si la cosa requería más tiempo, pero que si quieres arroz, Catalina. Harto desconcertados, volvieron al ilustre maestro graduado en San Salvador, etc., quien mostró su sorpresa. “¿Están ustedes seguros de que las chicas ni siquiera han dado la menor muestra …? ¿No estarán disimulando para hacerse más de desear?” “Que no, que no, maestro, seguro que no”. “¡Ah! Entonces la cosa está clara. A veces falla una ración y es precisa una segunda. Vengan mañana, sacrificaré otro guacamayo y ya verán ustedes como esta vez…”
“No quiero explayarme en los detalles de la nueva operación, con tarifa aumentada, que a los directores ejecutivos les pareció demasiado alta: una mezquidad impropia, pero tampoco rara en personas de economía boyante. Sin embargo, ni la doble ración del brebaje doblegó los prejuicios de las secretarias. Después de discutirlo, ambos por así decir enamorados llegaron a la conclusión de que les había estafado el brujo (ya no le llamaban “profesor” entre ellos). Así pues, le telefonearon para exigirle la devolución del dinero. El maestro se enfureció, les calificó de aprovechados y personas sin honor ni respeto a los acuerdos, les aclaró que él no trabajaba para tipos de tan baja condición moral y que inútiles como ellos jamás tendrían éxito con las mujeres, ni aún degollando cien guacamayos. Que gente así deshonraba su profesión, lo que no estaba dispuesto a tolerar. Y que, por supuesto, no les devolvería ni un céntimo
“Los dos ejecutivos adoptaron una resolución heroica. Si no iban a recuperar el dinero, se resarcirían en especie. Por sus visitas sabían que al terminar sus sesiones, el brujo se marchaba de casa; y a la hora oportuna, armados con una palanqueta, se dirigieron al piso, decerrajaron la puerta y empezaron a arramblar con la tele, un ordenador y todo lo valioso y portátil a su alcance. Mas el ruido alertó a un vecino, el cual vio el estropicio de la puerta y por si las moscas avisó a la policía. Llegaron los probos servidores de la ley y arrestaron a los vengativos directores. En comisaría, el agente que les tomó la declaración casi sufrió un síncope, al parecer porque el reglamento le obligaba a contener la risa. Dicho policía tenía fama de falta de calor humano y escasa empatía, y algunos compañeros se alegraron de su malestar”.
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Sobre algunos temas recurrentes: La batalla literaria. No compren Adidas. Europeísmo carpetovetónico. | Más España y más democracia (piomoa.es)
Hipótesis sobre Oregón: Catalunya, hispanitat immemorial | Dolça Catalunya (dolcacatalunya.com)





