“Galería de charlatanes” tiene por objeto explicar, mediante la crítica, aspectos generales o de enfoque sobre la historia y sus efectos en la política actual. Y de paso limpiar en lo posible los establos de Augías de la actual universidad. Por eso cabe pedir a la mayoría de los lectores del blog un esfuerzo por difundir esos artículos, especialmente en medios universitarios. De otro modo se perderían en la barahúnda de la “cultura” actual.
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Crónica El PP contra España
**”El presidente de Ceuta pide por carta socorro a Sánchez”. Lo mismo podía pedírselo a Mohamed.
**¡Qué suerte tiene el Doctor! Nadie le trata de acuerdo con su título-estafa. Mucho peor: nadie le recuerda que su política con el virus ha hecho de España uno de los países con mayor mortalidad proporcional. Y debería recordársele hasta la náusea.
**El PP no es partidario de España, sino de “Europa”. ¿Y qué es Europa para el PP? Una selva de tópicos vacuos en la que quiere disolver a España.
**Como el PP cree que el español es un idioma secundario que debe supeditarse al inglés en la propia España, se ha declarado “cordialmente trilingüe” en Cataluña. La democracia no sanará mientras no se libre de ese partido de señoritos mangantes.
**Los mandangas del PP fueron a las anteriores elecciones en Cataluña con el lema “Yes, we Cat”. Con ello demostraban su desprecio a España, su espíritu de lacayos y su perfecta nulidad intelectual.
**Cuando la izquierda habla de combatir al “fascismo” o a la “extrema derecha”, es que están preparando nuevas medidas totalitarias. Con apoyo del PP.
**La patriota inglesa del PP, Esperanza Aguirre ha extendido a la comunidad de Madrid la cultura de la colonia de Gibraltar.
**Sería necesaria una televisión nueva. Pero tendría que serlo realmente, con un criterio nuevo tanto sobre el mensaje como sobre el medio, que no son lo mismo, contra la teoría de McLuhan.
**No debiera ser normal que una serie de personajillos y personajillas intelectualmente nulos, moralmente extraviados y políticamente despóticos, impongan sus manías y sandeces a la sociedad. Y sin embargo es justamente lo que ocurre.
**La fiscalía de Madrid ha presentado una denuncia falsa contra Rocío Monasterio. Con la partida de la Delgado, gran número de fiscales se convierten en delincuentes como ella misma.
**La mafia gobierno-separatistas sigue humillando al rey, que se deja tratar como un felpudo. Por olvidar la historia.
**Según la Montero “el masculino “neutro” dice a las mujeres que no valemos”. Deje usted de representar a las mujeres, doña Irene. Si fuera verdad que las representa, sería también verdad que no valen.
**”Japanese summer”, un oasis japonés en el museo Lázaro Galdiano”. Los gilipollas de ese museo creen que el idioma de Japón es el inglés; y que debería serlo también el de España.
**Uno de los mayores problemas de la democracia en España ha sido y es la creciente corrupción de gran número de jueces. Es imposible la confianza
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La editorial hace una presentación ajustada: “Cuatro estudiantes desayunan en una tabernilla discutiendo, bromeando y disparatando sobre Sartre y el sentido de la vida. El tabernero, burlón, los define: ‘más raros que perros verdes’. En medio del caos vital de la ciudad, aquella discusión va a señalar para los cuatro una jornada singular, marcada por el trauma de un viejo amor, un nunca aclarado crimen brutal en el ambiente gay, una ambición política irrealizable, una primera experiencia amorosa, un atentado…” (F. Bellón):

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Fernando Suárez y el europeísmo
En el boletín de la Fundación Nacional Francisco Franco expone Fernando Suárez una serie de datos económicos que muestran el formidable cambio experimentado por España durante el franquismo. Pero hay en el artículo un párrafo chocante: “La televisión homogeneizaba las mismas costumbres y acercaba a los españoles al horizonte de la Europa de su tiempo como nunca había sucedido con anterioridad. Una Europa, por cierto, que muchos miles de trabajadores españoles conocieron directa y personalmente en la aventura de la emigración, en la que aprendieron a convivir, con tanta naturalidad como acierto, con los usos y costumbres de las sociedades modernas, industrializadas y democráticas”.
Deja este párrafo cierto regusto al extendidísimo europeísmo tópico y un tanto servil, que está en la base de la desnacionalización que sufre España desde hace muchos años, y que viene de Ortega y sus famosas ocurrencias. Una admiración beata por eso que llaman “Europa” y que curiosamente no ha cuajado en el menor análisis o estudio serio del motivo de tanta admiración. Salvo que ¡por fin! habíamos entrado o nos habíamos aproximado a esa Europa. ¿Había ocurrido esa aproximación en el franquismo o con el PSOE? Parece que da lo mismo. Y parece que la guerra y todos los sacrificios y desafíos posteriores no habían tenido otro objetivo que “homogeneizarnos” con aquella Europa suicida, con sus “usos y costumbres”, que “ser como todos”, es decir a dejar de ser uno mismo. Pero había y hay grandes diferencias históricas entre la mayor parte de Europa (poco homogénea internamente, por lo demás), y la parte española.
“España es diferente”, acertó a decir un lema de la época franquista, limitado al turismo y sin que esa diferencia, percibida superficialmente, llegara a explicarse, cuando tenía un gran calado. Pues, observando las cosas en su conjunto y no en los mil detalles contradictorios de la vida corriente y sus usos y costumbres, aquella “Europa” tan envidiada se había hundido en dos atroces guerras mundiales que la llevaron a una decadencia manifiesta y a quedar dividida entre una parte tutelada por Usa y otra dominada por la URSS. La parte tutelada lo debía todo, es decir, su liberación, al ejército useño e indirectamente al soviético, y debía su despegue económico a las finanzas useñas. España, y es una diferencia del mayor significado histórico, se había abstenido de las guerras europeas, y estaba libre, por tanto, de la inmensa deuda moral, política y económica de la Europa tutelada a Usa y a la URSS. Es más, se había librado de la sovietización y la disgregación y se había reconstruido con sus propias fuerzas, sin deber nada a nadie y contra la hostilidad delictiva del resto de Europa, tanto la tutelada como la dominada, juntas en el empeño. Más aún, España había superado las taras internas nacidas de la invasión napoleónica y de la derrota del 98 frente a Usa.
Así, nunca, desde principios del siglo XIX, habían podido los españoles estar tan satisfechos de sí mismos y confiados en sus capacidades. Esto es lo que hizo el franquismo al salvaguardar la unidad nacional, la libertad personal y la cultura cristiana. Es algo que está por estudiar a fondo. Y sin embargo, en el propio franquismo y por debilidad intelectual, comenzó a adoptarse una actitud servil y beata hacia “Europa” tratando de “entrar” en ella, como si antes España estuviera en otro continente o no participase, con sus acusadas peculiaridades, de la historia europea; y relegando de paso el gran ámbito cultural hispanohablante. Los politicastros e intelectualillos de un país ejemplar en muchos aspectos, vienen arrodillándose desde la transición ante el trasero de lo que llaman Europa, sobre la cual, repito, han sido incapaces de elaborar el menor estudio decente. El europeísmo hispano nunca fue otra cosa que una beatería sobre un fondo de hispanofobia. Ya sé que Fernando Suárez no va por ahí, desde luego, pero también muestra en su artículo cierta contaminación de esa enfermedad moral tan extendida.


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Galería de charlatanes (XIX) Un disparate de J. P. Fusi
Comparado con la mayoría de los memoriadores, Juan Pablo Fusi es bastante objetivo en muchas cuestiones, y evita la charlatanería desbocada de los Viñas, Juliá, Reig y tantos más. Puede decirse que es “centrista”, lo que le lleva a componendas y a unos cuantos disparates, como este. No debe olvidarse que es discípulo de Raymond Carr, cuya visión de España, pintoresca por decirlo suavemente, he comentado en el artículo de ayer.
En una entrevista, algo antigua, preguntaban a Juan Pablo Fusi: “Algún historiador (léase, Pío Moa) ha puesto en circulación la tesis de que la izquierda fue la responsable en 1934 de la posterior sublevación de Franco”.
Yo nunca he sostenido tal cosa. ¿Cómo iba Franco a sublevarse en 1936 porque la izquierda lo hubiera hecho en el 34? Lo que dijo Madariaga, tesis que sólo comparto a medias, es que la insurrección del 34 le había quitado a la izquierda todo derecho para condenar la derechista del 36. Fusi cae en la trampa y contesta:
Otro disparate, y por cierto, ésa era la tesis oficial del franquismo, que siempre sostuvo que la revolución de octubre de 1934 había deslegitimado a la República, lo que no es cierto. La revolución fue un error de los partidos y sindicatos de la izquierda, no un fracaso de la democracia republicana como sistema. La responsabilidad de la guerra corresponde a los sublevados: a una parte del Ejército con más apoyo popular del que se dice; sobre todo aquí, en Navarra y Álava, que intentó un golpe de Estado para impedir el retorno de la izquierda republicano-socialista al poder tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, en una situación –primavera del 36– de desorden público preocupante. La división del Ejército y de las fuerzas de orden público hizo que el golpe fracasara y derivara en una guerra civil; el levantamiento militar provocó, además, un verdadero proceso revolucionario de la clase obrera en la zona republicana.
Que yo sepa, el franquismo no sostuvo que la revolución del 34 hubiera deslegitimado a la República: ¡si fue el mismo Franco y la derecha quienes entonces defendieron la República y vencieron a los revolucionarios! ¿Y se puede llamar “un error” a la planificación de una guerra civil y al intento de llevarla a cabo con la máxima amplitud, como hicieron el PSOE y la Esquerra? Por supuesto, aquello fue un fracaso de la democracia republicana, porque ninguna democracia puede sostenerse si algunos de sus principales partido resuelven echarla abajo, como pasó entonces con el PSOE y los separatistas catalanes, apoyados por casi todo el resto de las izquierdas. Fue, desde luego, un enorme fracaso. Pero no necesariamente un fracaso definitivo.
La situación habría podido enderezarse si aquellas izquierdas hubieran corregido a fondo las ideas y posiciones que les habían llevado a rebelarse contra la República. Sin embargo, su trayectoria posterior revela que no hubo corrección. Todas ellas, empezando por Azaña, justificaron y aplaudieron aquel comienzo de guerra civil, realizaron maniobras desestabilizadoras y desataron una campaña masiva de falsedades que envenenó de odio a la población. Por estas razones, cuando la izquierda, unida en el Frente Popular, volvió al poder en febrero de 1936, tras unas elecciones que ya no cabe calificar de democráticas, lo que hubo fue un doble proceso destructivo de la República: desde el poder, la demolición de la legalidad republicana con el fin de implantar un régimen parecido al del PRI mejicano e impedir la vuelta de la derecha al Gobierno; y desde la calle y los campos, un violento proceso revolucionario (mucho, muchísimo más que “un desorden público preocupante”). Contra ese doble proceso, y con la convicción de que en España la democracia había llegado a ser inviable, se alzaron Franco y las derechas.
Por eso la insurrección de octubre del 34, que pudo quedarse como un suceso aislado, un fracaso superable, fue en realidad, como bien lo vio Brenan, “la primera batalla de la guerra civil”. Guerra que en 1936 se reanudó cuando quienes habían defendido y mantenido la República y la democracia en 1934, se vieron muy cerca de un completo aplastamiento. La República y la democracia empezaron a derrumbarse en febrero del 36. Por eso la guerra civil, sólo interrumpida en octubre del 34, se reanudó en un julio: hay un lazo de hierro entre ambas.
Tampoco tiene base, por tanto, la tesis de que la rebelión de julio del 36 “provocó un verdadero proceso revolucionario”. El proceso venía de bastante atrás y en aquel momento sólo perdió los últimos frenos. Y quien rompió esos frenos fue, en todo caso, el Gobierno del Frente Popular al armar a los sindicatos.
(En LD, 20-11-2008. Un disparate de J. P Fusi)

La sección “Galería de charlatanes” quiere mostrar hasta qué punto los españoles han sido estafados, desde antes de la transición, por grupos de historiadores (“memoriadores”) que, en nombre de una supuesta democracia se creían con derecho a los embustes más desmesurados y a atacar los mismos fundamentos históricos de la convivencia nacional. Hoy llama especialmente la atención el comentario de Fusi sobre la influencia de Raymond Carr en la penosa historiografía hispana, y en especial cómo se sienten autorizados los Preston, Powell, Carr, Balfour, y otros a aleccionar a los españoles sobre su propia historia e intereses actuales, con espíritu tan colonialista como el de Gibraltar. Y sobre todo cómo su papel de “maestros” ha sido asumido por tanto historiador castizo.
La triste transición
Tengo de aquella época un recuerdo más bien triste. Y no porque la viviera en una clandestinidad unipersonal de varios años. Como he relatado en De un tiempo y de un país, pude subsistir gracias sobre todo a mi compañera de entonces y a algunos trabajillos ocasionales Por lo demás, tengo un ligero toque de lobo solitario, que no excluye el interés por la sociedad y, más allá, por el misterioso destino humano, y estaba habituado a la clandestinidad. Así que aproveché para revisar mis ideas sobre el marxismo-leninismo. Revisar es una exigencia científica que detestan los dogmáticos, para quienes el “revisionismo” atenta contra sus conclusiones, que no suelen pasar de simplezas.
Lo que terminó frustrándome fue la visión de la nueva sociedad: proliferación de drogas y alcoholismo juvenil, heroína que mató o dejó tarados a miles, jeringuillas en los parques, niños “colocándose” con pegamento, atentados, constantes sirenas de la policía para alertar a los delincuentes, que de todas formas eran liberados enseguida; pornografía y auge de la prostitución, entre ella la de travestis; desempleo y mendicidad, antes casi inexistentes; manifestaciones sindicales, feministas, insolencias separatistas, incluso en Castilla; motines de presos comunes en las cárceles; CCOO y UGT saqueando al sindicato franquista y hundiendo empresas con sus “justas reivindicaciones”; luego la “movida madrileña”, copiada en otras ciudades: drogas, canciones significativamente insustanciales, peregrinaciones de bar en bar en medio de un ruido brutal que no dejaba oír al interlocutor (total, para qué), degradación de centros históricos, escandaleras nocturnas que desvelaban a quienes debían madrugar, expansión de un lenguaje chocarrero y chabacano, en especial entre las chicas… Nada de esto era nuevo, pero ahora llenaba el espacio público.
Al principio me felicitaba por aquel ambiente, pues testimoniaba una descomposición social de la burguesía, que solo podía acercar la revolución socialista; pero terminé percatándome de que ni iba a acercar ninguna revolución ni el socialismo tenía nada de deseable, salvo para sinvergüenzas (enseguida expandiría el PSOE su corrupción a los cuatro vientos) y gentes perturbadas por la palabrería “teórica”. Una caterva de ex franquistas se descubrían de pronto socialistas, “demócratas de toda la vida” o lo que creyeran mejor para trepar en la nueva situación. Algo que merece un estudio serio son los cambios en la intelectualidad y el periodismo de entonces, siempre afectos a “la libertad y la democracia”. De entrada, en su mayoría se sentían próximos o muy respetuosos hacia al marxismo, como reveló la visita de Solzhenitsin. Luego muchos pasaron a adoptar pose de anarquistas, a saber por qué, y todos muy críticos con “el poder”, de cuyas tetas mamaban sin remilgos. Gran parte de la derecha pasó a admirar a Inglaterra o a Usa con la misma devoción que los comunistas a la URSS. Los franquistas resistentes no se enteraban de que su propio régimen había tenido cuatro partidos poco amigos entre sí y sin futuro en ausencia del prestigio de un Franco que los arbitrara. Algunos invocaban una especie de nacionalcatolicismo que Roma había condenado en el Vaticano II, mientras sectores de la Iglesia promovían los separatismos, hasta el terrorismo. No había salida.
¿Por qué no acabó todo en un derrumbe de la sociedad española? Por la herencia social del franquismo. Uno de los más desvergonzados mitos de los políticos actuales es que en la transición “se reconciliaron los españoles” (la tesis ya no es aceptada por separatistas y socialistas, pero durante mucho tiempo la sostenía casi todo el mundo). Que los españoles, su inmensa mayoría, estaban bien reconciliados y desde mucho tiempo antes, lo demostró el referéndum de diciembre de 1976, que admitió la democracia de la ley a la ley, es decir, reconociendo la legitimidad histórica del franquismo como raíz del nuevo régimen. Ese referéndum fue pronto traicionado, pero reveló también la potente base social sobre la que unos políticos muy mediocres pudieron bordear un despeñamiento traumático sin caer en él. La herencia del franquismo era, efectivamente, la unidad nacional, la paz asentada en ella, la libertad personal, la propiedad privada y la cultura cristiana. Salvo por la labor autodestructiva en la Iglesia, todo ello permaneció y permitió que el país siguiera adelante pese a tales partidos y políticos. Hasta que, tras cuarenta años de constante corrosión de aquella herencia, hoy nos encontramos cerca del derrumbe que entonces no llegó a ocurrir.


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Crónica. La amenaza LGTBI
**Los LGTBI siempre han existido, por lo que podríamos llamar errores de la naturaleza, sin proyección moral. Se empeñan en sentirse orgullosos de ellos, lo que no pasa de ser un problema personal suyo. Pero intentan también imponer su “orgullo” a toda la sociedad, penar a los discrepantes y hasta controlar incluso los sentimientos. Y ello ya es un problema muy distinto, moral y político.
**Los ideólogos LGTBI son personas visiblemente trastornadas. Fernando Paz lo ha tratado en varias ocasiones. Algunas personas trastornadas intentan proyectar e imponer sus trastornos a toda la sociedad, para engañarse a sí mismos sobre su problema. Y hoy gran parte de la sociedad está trastornada bajo el yugo político-sentimental de ellos.
**La Unión Europea ha evolucionado desde una ideología democristiana a otra socialdemócrata y actualmente a la LGTBI. Evolución a la degradación.
**LGTBI, feminismo y abortismo van juntos. Parece que la UE va a oficializar la liquidación de vidas humanas en el seno materno como un “derecho de la mujer”, que, para más miseria, no compartiría el padre.
**Importa señalar este punto: la ideología LGTBI-feminista-abortista no solo tiende a destruir la familia y el derecho paterno, sino que intenta imponerse con un despotismo históricamente nuevo: el control no ya del pensamiento, sino de los sentimientos.
**El control de los sentimientos por la Unión europea-LGTBI se logra combinando la cursilería sentimentaloide con una tiranía nunca vista. Ni los regímenes comunistas se habían atrevido a tanto.

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Galería de Charlatanes. Raymond Carr, maestro de hispanofobia.
El prólogo de la obrita de síntesis sobre historia de España coordinada por Raymond Carr (primera edición inglesa en 2001), propone un nuevo enfoque sobre el pasado y el presente españoles: “La diversidad de España constituye una clave de su historia”. “En primer lugar, hay que tener en cuenta la marcada división entre la España húmeda y la seca. Las provincias noroccidentales, observaba Richard Ford en la década de 1830, son más lluviosas que el Devonshire, mientras que las llanuras centrales están más calcinadas que las de los desiertos de Arabia”.
Desde luego, España es un país muy variado, pero la cita, recogida acríticamente por Carr, no pasa del nivel de la bobada, y el profesor inglés no la mejora cuando afirma que Galicia recibe más de 2.000 milímetros de precipitaciones anuales, la Meseta Central menos de 26 y Almería, en ciertos casos, ninguno. Una simple consulta a los índices pluviométricos le habría sacado de su considerable error. Luego, añade: “El contraste más espectacular es el que se daba entre esas fincas pobres y las del campesinado castellano y los latifundios de Andalucía y Extremadura, contraste parangonable únicamente con el existente entre el mezzogiorno, asolado por la pobreza, y el próspero norte italiano”.
El contraste entre regiones ricas y pobres no ha seguido el esquema España húmeda-España seca, o norte-sur, sino que presenta llamativos cambios a lo largo de siglos, en que unas regiones han ganado o perdido en riqueza relativa al margen de su pluviosidad o latitud. Durante muchos siglos la parte más rica de España ha sido el sureño valle del Guadalquivir, posición que ocupó después Castilla la Vieja y posteriormente algunas regiones periféricas, sin relación con la humedad o con otro factor geográfico. Por otra parte, contrastes regionales más o menos acentuados se han dado y se dan en todos los países del mundo, sin excluir a Inglaterra. ¿Son un caso tan excepcional los de España? Cabe dudarlo.
Mucho más dudosa parece su conclusión, extraída de unas citas del mencionado Ford y de Gerald Brenan. Para el primero, España es “un manojo de unidades locales atado por una cuerda de arena”. Por lo que hace al segundo, afirma: “En lo que puede llamarse su situación normal, España es un conjunto de pequeñas repúblicas, hostiles o indiferentes entre sí, aunadas en una federación escasamente cohesionada. En algunos grandes períodos (el Califato, la Reconquista, el Siglo de Oro), esos pequeños centros se han sentido contagiados por un sentimiento o una idea común y han actuado al unísono; pero cuando declinaba el ímpetu originado por esa idea, se dividían y volvían a su existencia separada y egoísta”. Estas opiniones las confirma Carr con otra de Olavide, quien veía al país como
un cuerpo compuesto por otros menores separados y en oposición mutua, que se oprimen y desprecian entre sí y se hallan en un continuo estado de guerra civil. Cada una de las provincias, conventos religiosos y profesiones está separada del resto de la nación y vuelta hacia sí misma… La España moderna se puede considerar (…) una república monstruosa formada por pequeñas repúblicas enfrentadas unas con otras.
Pero la historia no puede explicarse a partir de tres o cuatro citas más o menos arbitrarias y aceptadas sin mayor crítica. Ford se creía miembro de una cultura superior encargada de civilizar al resto del mundo, por supuesto a España, a la que miraba con esa presunción, tan propensa a crear espejismos. Y Brenan tenía una visión de España entre romántica y lastrada por clichés socialdemócratas, que tan a menudo le ciegan a aspectos clave del país donde vivió largo tiempo, si bien siempre en un ambiente anglosajón. Ambos hicieron algunas observaciones agudas sobre España, y otras reveladoras de una profunda ignorancia o falta de sentido común, entre ellas las seleccionadas por Carr. Sobre Olavide, el historiador debe plantearse si sus frases reflejan la realidad o más bien las impaciencias y exageraciones propias de un reformista que encuentra resistencia a sus planes.
Es cierto que en España subsistieron largo tiempo aduanas interiores, fueros, etc., pero se trataba de instituciones feudales presentes en el resto del Continente hasta tiempos históricamente recientes. Por lo demás, las expresiones de Olavide, Ford y Brenan podrían describir bastante bien la situación de la mayor parte de Europa, empezando por Alemania e Italia, que no lograron formar una nación con Estado propio hasta muy avanzado el siglo XIX. En cambio, coliden con el hecho de que España no hubiera estallado por todas sus costuras, sino que mantuviese hasta el siglo XIX una paz interna mucho más estable que la de casi cualquier otro país europeo, y las fronteras asimismo más estables y de las más antiguas de Europa, contra todo lo cual se rompería los dientes Napoleón.
Si creyésemos en las citas mencionadas (“cuerda de arena”, “repúblicas enfrentadas entre sí”, “en continuo estado de guerra civil”), la existencia de España habría sido un milagro inexplicable. Pero ya estamos habituados a esas peculiaridades, no del país sino de tantos historiadores, y los disparates corrientes sobre la Guerra Civil, Franco, etc., sólo continúan una larga tradición. Parodiando el famoso lema turístico de Fraga, diríamos que “España es diferente, pero los historiadores de España lo son más aún”.
También valdría la pena comparar la evolución de España con la del Reino Unido. En cierto sentido, este último ha sido el intento de crear una nación similar a la primera, pero el término español ha tenido siempre un contenido mucho más denso –emocional, cultural y político– que el de británico, formado a partir de una hegemonía inglesa impuesta históricamente a sangre y fuego o por sobornos, muy distinta del caso hispano. Aun en los siglos XVIII y XIX, diversas acciones u omisiones inglesas en Escocia e Irlanda causaron deportaciones o hambres masivas mucho peores que cualquier suceso ocurrido en España, y que no dejan de recordar a determinadas actuaciones de Stalin en el siglo XX, con rasgos de guerra civil contra una población desarmada. A su vez, las fronteras del Reino Unido hubieron de modificarse de forma muy sustantiva en época tan reciente como 1922, completada en 1948 con la plena independencia de la mayor parte de Irlanda.
Vistas así las cosas, debe admitirse que, en la pugna de tendencias centrífugas y centrípetas propia de toda sociedad humana, la nación española ha mostrado una persistencia y estabilidad sorprendentes, si las comparamos con el resto de Europa.
Carr, casualmente, ha ejercido influencia extraordinaria sobre muchos historiadores españoles que se consideran de su escuela. Escribe Juan Pablo Fusi:
Bajo la dirección última de Carr trabajamos en el Centro de Estudios Ibéricos los que creo que podemos considerarnos sus discípulos: Romero Maura, José Varela Ortega, Shlomo Ben Ami, yo mismo, Paul Preston (que hacia 1970 estaba ya en la Universidad de Reading, con Hugh Thomas), Leandro Prados, Antonio Gómez Mendoza (ambos, como historiadores económicos, muy vinculados al tiempo a Patrick O´Brien y Max Hartwell) y Charles Powell…
En fin, ¿alguna conclusión de todo esto con respecto a la calidad de la historiografía española?
(Sobre un artículo en LD, 12-2-2008: Raymond Carr y la diversidad de España)

Sería muy interesante que la Galería de charlatanes se difundiera ampliamente en la universidad
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La gran ocasión perdida
La cuestión de los indultos creó la gran ocasión histórica para echar al Doctor y su banda y revertir el golpe de estado permanente en que convirtió Rajoy el discurso del rey en 2017. Al rey le habría bastado con negarse a firmar los indultos. Tenía obligación de hacerlo aun si fuera al margen de la Constitución, porque la unidad de España está antes y por encima de la Constitución. Esto habría creado una profunda crisis legal en España, enfrentando claramente a los defensores de la unidad nacional con quienes quieren destruirla. Pero es que constitucionalmente, el rey tenía derecho a negarse, con lo que la crisis sería meramente de gobernabilidad, que habría obligado a echar al Doctor. El rey ha preferido firmar sin más el decreto delictivo. Como insinuó claramente Ayuso, se ha hecho cómplice. Es obvio que Felipe VI no cree en la unidad ni en la historia de España ni en la Constitución. ¿En qué cree, entonces? En el Doctor, acaso por puro miedo. Se ha convertido en el felpudo (“Felpudo VI” le llaman las redes) de una caterva de estafadores y corruptos, que no cesan de humillarle. Y con él humillan a España, sin que él quiera darse por enterado. Es preciso sacar las consecuencias. De todas formas, una vez expuesta su connivencia con el Doctor, hay que dejar a Felipe al margen de la lucha política, concentrándola contra la banda del gobierno. Insistir sobre el rey sería hacer el juego a esa banda.

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¿Es posible reformar la universidad?
Usted achaca la ínfima calidad del personal político, periodístico e intelectual español, a la baja calidad de la universidad. Pero es un círculo vicioso, porque son esos políticos y demás quienes orientan a la universidad.
Es cierto, por eso dudo de que la cosa tenga remedio. La situación se parece a la que dio lugar al humanismo: la universidad escolástica estaba agotada, y la solución salió de academias, incluso tertulias y centros intelectuales varios. La universidad no desapareció, pero fue cambiando, y la propia escolástica, con rasgos humanistas, vivió un nuevo tiempo creativo en España, en las universidades de Alcalá y Salamanca. En mi opinión se plantea ahora una situación pareja. El fin de la modernidad no está dando lugar a un “renacimiento”, sino a un proceso de descomposición ideológica y por tanto social.
Pero, usted ha reconocido que el nivel de las facultades científicas y técnicas en España es bastante bueno.
Es aceptable, aunque cada vez más colonizado culturalmente. Alcanzar un buen nivel en ese terreno es cuestión sobre todo de aplicar recursos, es decir, dinero. Pero lo esencial son las llamadas humanidades, y ahí importan mucho más las ideas. Después de todo, la ciencia y la técnica nos proporcionan comodidades y poderes, incluso el de destruirnos nosotros mismos, pero no nos dicen cómo obrar, cómo ejercer esos poderes, por simplificar el asunto. Lo primero es plantear el problema. Por otra parte, habría que reformar la enseñanza entera, desde la primaria, con criterios nuevos. Algo de eso lo tratamos hace años en el blog y podríamos volver a ello. Si queda tiempo.

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Crónica. Moción de censura y avance golpista
**Los preparativos golpistas del estafador Doctor incluyen el nombramiento de canallas afines para los puestos directivos de las fuerzas armadas y el poder judicial. Ante nuestros ojos, el golpe avanza.
**¿Por qué firmó el emérito una ley a la soviética que deslegitima a la monarquía? Por falta de sentido de la historia y de la democracia. No es de extrañar que se dedicara a amasar ilegalmente una fortuna: “El día menos pensado, estos me echan”, se habrá dicho. Su hijo manifiesta la misma falta de sentido de la historia y la democracia.
**La moción de censura de VOX debe ser el primer paso de una ofensiva contra los canallas. VOX no debe presionar al PP, sino asumir de una vez el liderazgo. El PP va en otra dirección.
**Dicen los mandangas del PP que el gobierno ha cruzado “líneas rojas”. Siempre con el mismo tópico infantil. Lleva cruzando todas las líneas desde que se encaramó al poder con ayuda de separatistas, a quienes prometió más que el propio Rajoy.
**En el fin de la modernidad, unos personajes seriamente desequilibrados, LGTBI y similares, tratan de desequilibrar a la sociedad entera
**”Concordia real española” quiere celebrar el séptimo aniversario de Felipe VI como rey. ¿Celebrar su complicidad en el delito de los indultos?
**Dice el periódico totalitario El País, que “la democracia entra por fin en el pazo de Meirás”. Estos mangantes llaman democracia a la corrupción y la tiranía. La perversión del lenguaje es su gran seña de identidad.

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Galería de charlatanes (XVII) : Álvarez Junco, o la tontería metódica
Álvarez Junco recibió en 2002 el premio nacional de ensayo por un libro en verdad tonto, Mater Dolorosa. Desde la transición o algo antes se produjo en la universidad un concurso informal a ver quién falseaba más tontamente la historia de España. No es que no hicieran aportaciones parciales interesantes pero su enfoque echaba a perder el conjunto. Así el de Álvarez, que también sostiene el enfoque de la guerra civil como un golpe de estado contra la democracia. Hace poco, con otro conjunto de charlatanes, firmó un “informe técnico” sobre Largo Caballero. Y era la técnica de la estafa histórica.
En el aula de cultura del grupo “El Correo”, al presentar su libro Mater Dolorosa, sobre el concepto de España como nación en el siglo XIX, el profesor Álvarez Junco ha expuesto: “Sé que ustedes creerán que el concepto, la realidad, de naciones ha existido siempre, pero no es así, ni mucho menos. En las sociedades antiguas, la gente se dividía de otras muchas maneras: eran cristianos o musulmanes, nobles o plebeyos, y, por supuesto, hombres o mujeres. Las naciones se convirtieron en el criterio más importante de definición social a partir de las revoluciones liberales (…) Para nosotros es fundamental ir por el mundo diciendo “yo soy alemán”, por ejemplo, y lo decimos mucho antes que “soy médico” o “soy hombre”, o “soy anciano”.
¡Hombre!, decimos “soy alemán”, o “soy anciano” etc., en contextos diferentes y difícilmente comparables. Al pasar la frontera, o en una reunión internacional, decimos nuestra nacionalidad, pero no cuando vamos al médico o a comprar zapatos. Y mucho antes del siglo XIX, contra lo que parece imaginar Álvarez, la gente se presentaba como española, italiana, inglesa o francesa, y no sólo como “cristiana” o “musulmana” o “plebeya”. Y al revés, las personas se siguen presentando, según el contexto, como cristianas, ateas, musulmanas, periodistas, hombres, mujeres, niños o lo que cuadre. Asombra un nivel intelectual tan penoso, con el que topamos tan a menudo en los últimos años, y en los lugares más insospechados.
Un error muy extendido nace de la importancia peculiar que la nación y el estado nacional adquieren en los siglos XIX y XX. Fue entonces cuando ese ente algo difuso que solemos llamar “burguesía” intentó sistematizar y racionalizar el concepto de nación, llegando a convertirlo, por una parte, en una especie de absoluto moral, sustitutorio de la religión, y por otra en ámbito y base social para la aplicación de derechos y libertades (o de privación de ellos). Pero esas construcciones teóricas y políticas no crean la nación, sino que operan sobre ella, una realidad preexistente de mucho tiempo atrás.
Se han intentado muchas definiciones de nación, ninguna de ellas abarcadora de todos los casos nacionales existentes. La causa es que una nación no es un conjunto de rasgos objetivos, sino el producto de un sentimiento colectivo de identidad en torno a rasgos comunes, que pueden ser muy variados, y que, sobre todo en la época contemporánea, suelen entrañar aspiraciones a disponer de un estado propio. Pero que casi siempre tuvieron algún contenido político: el sentimiento de pertenencia a una nación, se llamara así o de otro modo, fue desde tiempo muy antiguo, la base emocional para defenderse de agresiones extrañas o para imponerse imperialmente a las vecinas. Difícilmente concebiremos una comunidad más fragmentada políticamente que los griegos antiguos, y sin embargo ellos se consideraban una nación, por el triple lazo de “lengua, religión y sangre”. En los momentos de peligro consiguieron cierta unidad y realizaron hazañas comunes, en especial frente a los persas, pero en general estuvieron desunidos, sin que ello hiciese decaer en ellos su sentimiento de identidad. Algo así ocurría en la Italia del Renacimiento, pese a lo cual los italianos se reconocían como tales y eran así reconocidos por los demás. O, al contrario, será inútil, mientras no cambien otras cosas, convencer a peruanos y bolivianos, o a argentinos y chilenos, de ser una misma nación, por muchos rasgos culturales y étnicos que tengan en común. Creo que tampoco será posible hacer una nación de Europa. En cuanto a España, basta leer Bravuconadas de los españoles, del francés Brantôme, para percibir con cuánta fuerza se sentían sus habitantes una nación particular y eran sentidos como tal fuera de España, en pleno siglo XVI.
Y, en realidad, mucho antes. Según Álvarez Junco, antes del siglo XIX no existía nación española, sino sólo “identidad”, acaso desde que los griegos visitaron la península en el siglo IX antes de Cristo (debió de ser algo más tarde). Pero, advierte, antes habían existido grandes civilizaciones, la egipcia, la china, la india, la persa, la babilonia, etc., “y en ninguna de ellas hay la más mínima referencia a España (…) ¿Por qué? Por una razón que los nacionalistas españoles no entienden ni entenderán nunca —en realidad, sean del nacionalismo que sean, los nacionalistas en general no comprenden estas cosas—: que España no es el centro del mundo”. Al atribuir tal simpleza a los nacionalistas, es Álvarez —catedrático muy premiado, dirigiéndose, no se olvide, a gente ilustrada— quien cae en la simpleza, y sospecho que incluso Batasuna es capaz de razonamientos más refinados que el suyo.
Parece bastante claro que España, como buena parte de las naciones europeas, se formó sobre la base cultural romana, adquiriendo forma política desde Leovigildo y Recaredo. Sin ello resulta imposible explicar un fenómeno como la Reconquista. El profesor critica severamente algunas desvirtuaciones históricas de los nacionalismos, pero cae en otro error elemental al suponer a que esas desvirtuaciones niegan la realidad nacional. Todas las comunidades tienen relatos más o menos legendarios, falsos o no, transmitidos por la tradición o producto de la inventiva nacionalista. Pero es como las personas: si alguien miente sobre su pasado, no por eso dejan de existir ese alguien y su pasado. La “identidad”, concepto excesivamente amplio que Álvarez Junco opone al de nación, es precisamente la identidad nacional. En Quevedo, en Cervantes, y mucho antes que ellos, la identidad española, cultural y política, está bien explícita. Y los separatistas no representan ninguna nación. Tratan, precisamente, de construir otras contra la existente española.
Álvarez comete un nuevo error al burlarse de quienes niegan el carácter de español al emirato y luego califato de Córdoba, pues éste, arguye él, ocupó un 85 por ciento de la península, viviendo pacíficamente unos tres siglos, según asegura (en realidad, el poder musulmán en España, incluso entonces, transcurrió en guerras civiles permanentes, gracias a las cuales los mínimos reinos españoles del norte pudieron consolidarse y expandirse). Al parecer, el criterio básico con que opera Álvarez es el territorial, pero su conclusión resulta tan poco seria como la de que israelíes y palestinos forman una misma nación por vivir en el mismo territorio, o que tan israelí, o tan palestina, es la Autoridad de Arafat como el estado hebreo. Lo ocurrido, aunque a Álvarez le cueste trabajo creerlo, es que sobre el territorio peninsular lucharon dos naciones distintas: España y Al Ándalus. La primera era cristiana y europea, la segunda musulmana y afroasiática no en sentido territorial, sino cultural. Las implicaciones de todo tipo, desde la idiomática a un concepto de libertad personal inexistente en el islam, como ha recordado Sánchez Albornoz, son enormes, aunque alguna gente no quiera verlas.
En la actualidad proliferan en varias regiones de España partidos contrarios a la nación española. Tienen dos rasgos: una necesidad extraordinaria de desvirtuar la historia, y una oposición a las libertades y la democracia, gravemente vulneradas en Cataluña y, sobre todo, en Vascongadas. Por supuesto, ello no impediría que llegasen a constituir nuevas naciones, si consiguieran transmitir a la gente un sentimiento lo bastante intenso y extendido de ruptura con la común nación española. Y a debilitar y desprestigiar ésta en beneficio de los separatismos, contribuyen las confusiones de Álvarez Junco, funcionario de la administración…española.
(En LD, 29-11-2002: Naciones y nación española)
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Tentativas
*Cada ocaso incandescente /nos anuncia/ el fin del mundo
*¿Has reparado en que al llegar la noche / la realidad se esfuma / y extrañas visiones te asaltan?
*Pasa un día y otro./ Cada uno nos va advirtiendo: / todo se ha de acabar.
Con “Galería de charlatanes” trato de mostrar hasta qué punto se ha estado engañando a los españoles sobre su propio pasado, con el fin de justificar las políticas que están llevado al país al golpismo permanente y al borde de la disgregación
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Monarquía y república
He sostenido siempre que la monarquía en España solo podían derribarla los propios monárquicos, empezando por el rey. Así ocurrió en 1930-31, como he expuesto en La Segunda República Española. Y no habría durado mucho la que pretendió Don Juan derrocando con alta traición a Franco mediante una invasión anglosajona, en las Canarias o la península, para poner de primer ministro a Prieto, uno de los mayores antimonárquicos y culpables de la guerra civil (quizá pensaba ganárselo regalándole un marquesado). Luego, Franco procuró educar a Juan Carlos como un rey “honrado y amante de España”, pero –eso es imprevisible–, le salió un campechano socialista que ha hecho un daño enorme a la monarquía, llegando a firmar su propia ilegitimidad y creando en el exterior la impresión de que España es un país de pandereta.
Su hijo Felipe VI hizo un gran discurso, del que quizá se ha arrepentido, cuando el golpe secesionista de 2017, pero desde entonces no ha hecho nada parecido. Ha pasado sobre la profanación de la tumba de Franco como si no afectase a la monarquía (“Felpudo VI”, le motejan en las redes). Y ahora se ha unido a sus enemigos para firmar innecesariamente, es decir, para hacerse cómplice de un grave delito de golpismo contra la Constitución y contra España. Haciéndose merecedor, de paso, del desprecio de un gobierno abiertamente antimonárquico que no ha cesado de humillarle en los últimos dos años. Hay un instinto suicida en los borbones, pero si quieren suicidarse hay que impedir que arrastren con ello al país.
El gran problema de España es que la república no es alternativa. Y no solo, por las dos funestas experiencias anteriores, sino porque los republicanos de hoy son casi idénticos a los de antaño, tan bien caracterizados por Azaña, Lerroux o Marañón. Puede que incluso los empeoren. Son en el mejor de los casos unos botarates medio iluminados, como era Trevijano, y más a menudo tropas de mangantes que combinan la vieja “estupidez y canallería”, ahora encabezados por un estafador profesional. Hay algo que trajo el PSOE y es una corrupción, ante todo moral, extendida a todos los ámbitos, desde la universidad a las “paguitas”, pasando por el resto. Y de la que ha participado ampliamente el PP.
¿Hay solución? La gran mayoría del país, estafada por los partidos, detesta esas derivas. Hay que confiar en que VOX sepa ganársela y ver el camino para acabar con el golpismo permanente, el proceso de disgregación y satelización del país, y la leyes totalitarias que resumen la política seguida desde la transición. No era fácil echar abajo la unidad nacional de siglos ni la libertad de los españoles: han precisado varias décadas, pero ahora se ven cerca de conseguirlo. Y la reacción debe ser por España, no por monarquía o república, y ponerse al nivel del reto en todos los terrenos.

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Crónica. El gran proyecto
**Los indultos son la punta del iceberg de un gran proyecto contra la Constitución y la unidad de España. Grande, no por lo miserable y golpista, sino porque en él colabora gran parte del empresariado y de la Triple M, la conferencia de los obispos fariseos y, por supuesto, los golpistas y sus cómplices del gobierno, el PP y, parece ser, el propio monarca. Por eso el desafío exige una respuesta a su altura.
**La banda de fariseos de la conferencia episcopal, a favor de la paz y el diálogo. El golpismo contra la ley y la integridad de España es “paz y diálogo”. Los mismos que aprobaron de hecho la profanación de la tumba de Franco, que salvó a la Iglesia del exterminio. Hoy, los propios obispos están exterminando a la Iglesia. Con paz y diálogo.
**Uno se pregunta si de una Iglesia tan degradada como la española podría surgir una reforma capaz de invertir al Vaticano II, culminación de una impotencia arrastrada desde la Revolución francesa.
**El loquillo Inda, que ha tenido algunas actuaciones muy buenas contra el Doctor, compara a este con Franco. Apenas se puede calificar de otro modo que como idiotez. Tan extendida entre los periodistas, por lo demás.
**Dice el portavoz del PP en “kitchen”: “Si creemos a Villarejo, lo creemos en todo”. Pues sí, hay que creerle. Lo que no podemos creer de ningún modo es a los políticos mangantes, es decir, a la mayoría.
**La homosexualidad es motivo de orgullo. Una muestra más, muy significativa, de la orgullosa estupidez que hoy preside todos los aspectos de la vida del país.
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“En una novela yo distingo cuatro niveles: Amenidad, pues sin ella la lectura se hace pesada. Interés de los personajes, pues si son de cliché o de tópico, sentimos la amenidad como un engaño. Interés de la trama, porque si no, ni la amenidad ni los personajes salvan la novela de la mediocridad. Profundidad en los problemas humanos, pues si no alcanza cierta profundidad, la novela no pasa de vulgar, por bien tramada y legible que resulte. Sobre sus dos novelas: en los cuatro niveles me han parecido excelentes, además de originales, fuera de los topismos en boga..” Sabueso
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Galería de charlatanes (XVI). César Vidal, un protestante simplón
César Vidal escribió algunos libros de historia oportunos y bastante buenos, corrigiendo otros suyos anteriores y después de haber leído mi Los orígenes de la guerra civil y Los personajes de la república vistos por ellos mismos. Luego mantuvo en LD unas polémicas conmigo de las que no salió bien parado, a juzgar por las opiniones de los lectores; algo que no perdonó su robusto ego, por lo que intrigó para que me echaran de aquel periódico.
Es una verdadera lástima que César Vidal, que a menudo hace análisis políticos e históricos inteligentes, se vaya por los cerros de Úbeda en cuanto sale a relucir el protestantismo. Dice, por ejemplo: No pocos españoles, a diferencia de la generalidad de los ciudadanos de esas naciones donde triunfó la Reforma, normalmente, siempre encuentran excusas para sí o para el sector al que pertenece a la hora de no someterse al imperio de la ley. Esta visión beatífica de sometimiento a la ley en los países protestantes puede constatarse mediante las estadísticas de la delincuencia. ¿Se atreverá don César a afirmar que hay en España más delincuencia que en países protestantes (o ex protestantes) como Alemania o Inglaterra? He expuesto, en los artículos sobre la salud social, que España cuenta con una de las poblaciones penales más altas de Europa, sin que ello suponga que la tasa de delincuencia sea más alta que en otros países. ¿Significa esto más o menos “imperio de la ley”? En la admirada Usa protestante de César Vidal, el número de delitos y presidiarios es asombrosamente alto. ¿Prueba el dato mucho respeto a la ley en esa sociedad, o lo contrario? ¿Y los índices en Inglaterra o Alemania? Don César, además, no tiene en cuenta, como de costumbre, los cambios que se producen con el tiempo. No hace tantos años (unos 35), España era uno de los países del mundo con menos delincuencia y menos presos, muchos menos que los de los países “donde triunfó la Reforma”. ¿Qué le parece?
Y ciertamente en España existe un desprecio por la ley, lo vemos a diario, y más en unas épocas que en otras, como ocurre en todos los países. Más acentuada en los últimos treinta años, supongo que los ejemplos están en la mente de todo el mundo y he puesto algunos en La Transición de cristal. Pero no siempre fue así. En la época de Franco, contra lo que don César sugiere enarbolando algunos hechos particulares, la ley se aplicaba de forma más segura que ahora. Y, repito, con mucha menos delincuencia y muchísima menos población penal no solo que ahora, sino que en cualquier país protestante.
Asegura don César que el aporte jurídico de los españoles ha sido “el apaño”. Esto no es una injusticia sino una sandez malintencionada, pues no creo que provenga de la ignorancia, y no vale la pena dedicarle más espacio. Cae asimismo don César en el mal método, que he señalado en Nueva historia de España, de utilizar obras literarias (El alcalde de Zalamea, Fuenteovejuna) dándoles un sentido socio-histórico totalmente fuera de lugar (los marxistas también lo han hecho a menudo). La literatura trata generalmente sucesos no corrientes, extraordinarios, en los que se describe la condición humana; por eso una obra literaria lograda sigue teniendo el mismo valor en una época que en otra, así la Ilíada, por poner un caso, que ofrece una visión muy distorsionada de la sociedad micénica y al mismo tiempo nos dice mucho sobre el ser humano entonces y ahora. Y por ese camino, don César podría plantearse por qué las novelas policíacas han nacido y se han desarrollado especialmente en los países protestantes, para narrar crímenes, utilizaciones fraudulentas de la ley, corrupciones, abusos y apaños de los poderosos, etc. ¿Indica ello que en esos países abunden especialmente tales plagas? No estoy seguro. En cuanto a los crímenes de estado que atribuye a Felipe II, tengo la impresión de que han sido más habituales, precisamente, entre los protestantes. En Nueva historia de España recuerdo algunos, de los hugonotes o en Holanda, por no hablar de los de Inglaterra.
Sus explicaciones sobre la actitud de Lutero hacia los judíos… Bueno, solo pueden convencer a los ya muy convencidos. Y la expulsión que proponía Lutero, en plan de aplastar a los perros rabiosos, no se pareció en nada al modo como se hizo la expulsión en España, infinitamente más legal y considerada que otras expulsiones en otros países. O que otras expulsiones de no judíos practicadas por los protestantes Puede consultar el señor Vidal a Luis Suárez, a quien cito en Nueva historia de España. Es cierto que siguió habiendo judíos en los países protestantes, pero a menudo recluidos en guetos y privados de derechos cívicos (como lo fueron los católicos hasta tiempos recientes).
Sobre la defensa de los judíos por los protestantes en la II Guerra mundial, pone el caso de Dinamarca, donde había pocos judíos; pero en Holanda, donde había más, la deportación y colaboración con los nazis alcanzó altas proporciones. Y en la propia Alemania, ¿dónde arraigó más el nazismo si no en las regiones protestantes, como bien sabe el señor Vidal? Y quien más judíos salvó fue el Vaticano; por cierto que la católica España de Franco también hizo su importante contribución al salvamento.
Don César nos dice, asombrosamente, que Calvino impuso la primacía de la ley. ¿Qué ley? “La Biblia”, aclara. Lo cual significa tomar las Escrituras al modo del Corán por los musulmanes . Pero ¿cómo puede utilizarse la Biblia como ley, si ella admite muchas interpretaciones, y más en virtud del libre examen? Solo podía servir de ley si UNA interpretación, obviamente la de Calvino, se imponía como LEY. Esa supuesta primacía permitió a Calvino quemar a Miguel Servet y a otras gentes, en especial a gran número de “brujas”. La quema de brujas se extendió masivamente en territorios protestantes y algunos católicos, pero la Inquisición las cortó rápidamente en España. ¿Primacía de la ley? ¿De qué ley? Aparte de que su interpretación de la Biblia le llevaba a proscribir el teatro (Shakespeare, por ejemplo, tuvo problemas para representar, por parte de los puritanos de Londres), el baile, y hasta hizo sospechosa la risa. Cuando se habla de la ética del trabajo calvinista se olvida su carácter neurótico, obsesivo, nacido de una interpretación particular de la gracia.
Pero vamos a mencionar algunos otros hechos que don César pasa sistemáticamente por alto. En la patria del protestantismo, Alemania, la nueva religión no se impuso en modo alguno mediante ninguna primacía de la ley, sino mediante la rebeldía de numerosos grandes señores, estimulados por Lutero con la perspectiva de adueñarse de los bienes eclesiásticos, lo que hicieron con la mayor violencia y asesinatos. ¿Primacía de la ley? Pero cuando los campesinos sometidos a un yugo infernal se sublevaron, Lutero encontró que conculcaban la ley, puesto que se rebelaban contra sus señores, y llamó a exterminarlos con frases de increíble ferocidad. ¿Primacía de la ley? Y de nuevo, ¿cuál era la versión correcta de la Biblia si, según él, todo dependía del libre examen y la fe subjetiva de cada cual?
Hay más: los conflictos y guerras civiles promovidos por los protestantes se solventaron, si así puede decirse, sobre la base cuius regio eius religio, es decir, que allí donde habían vencido los príncipes luteranos tenían derecho a imponer su religión al pueblo, y ciertamente lo hicieron, mediante mil violencias. ¿Qué ley primaba entonces?
El propio Lutero llamó repetidamente a la rebeldía contra la Iglesia católica, que era la asentada y legitimada desde muchos siglos atrás y excitó a atacarla con la máxima saña, a lavarse las manos en su sangre, inspirándose en una interpretación del Evangelio (“no he venido a traer la paz, sino la espada”), con frases, nuevamente, de verdadero salvajismo. ¿Primacía de la ley?
Podemos recordar asimismo cómo se impuso el anglicanismo, a base de innumerables crímenes y violencias, muchas más que las de la Inquisición y precisamente por un problema, digamos de bragueta, del rey, revelador de gran respeto a la ley. A su vez, los señores sostenedores del anglicanismo ampliaron sus posesiones expoliando los bienes eclesiásticos y las tierras comunales, reduciendo a los campesinos a la más absoluta miseria. ¿Era aquello imperio de la ley o pura y simple tiranía? Esta conducta fue seguida en muchas ocasiones en los siglos siguientes, y no digamos nada de su aplicación a Irlanda o Escocia hasta épocas próximas, dando lugar a hambrunas que pueden considerarse auténticos genocidios. U otras más recientes todavía, como la de Bengala. ¿La ley, de nuevo? Nada de esto ocurrió nunca en España, si bien la desamortización de Mendizábal tuvo algunos rasgos de lo mismo. La persecución y privación de derechos a los católicos en esos países se mantuvo hasta tiempos recientes, a veces con crueldad espeluznante.
Cabe decir, por otra parte, que el liberalismo surgió en parte como reacción a los excesos protestantes. La Carta sobre la tolerancia, de Locke, trata precisamente, de limitar las persecuciones, con frecuencia brutales, entre los distintos grupos protestantes; y no extiende la tolerancia a los católicos, para quienes exige la más dura intransigencia, por motivos, digamos “patrióticos”, ya que obedecían a un poder extranjero.
Por no hablar de la política de exterminio de los indios norteamericanos o de otras poblaciones aborígenes en Australia; o de las guerras del opio. O de las peleas entre la calvinista Holanda y la anglicana y en parte puritana Inglaterra por controlar el tráfico de esclavos. O la piratería, en la que la reina de Inglaterra tomaba desvergonzadamente su parte. Una vez más, ¿primacía de la ley?
Y todas estas cosas no son ninguna leyenda negra inventada a partir de las disparatadas invenciones de un fraile chiflado.
Ahora mismo tenemos aquí el problema de Gibraltar, única colonia en un país europeo, donde la agresividad británica ha infringido sistemáticamente todos los tratados y leyes, y continúa haciéndolo. ¿Primacía de la ley?
El hecho real que queda es que el protestantismo nació como un movimiento de rebeldía en extremo sanguinario, según justificaba el mismo Lutero, y que su concepción de “pueblo elegido”, “pueblo de los justos”, “la ciudad sobre la colina”, etc., ha sido el foco de políticas racistas y de exterminio. Podría reflexionar el señor Vidal sobre el hecho de que fue en la Alemania protestante donde más cundieron movimientos totalitarios como el marxismo o el nazismo, por ejemplo.
Esto no es más que un breve resumen que podría ampliarse y detallarse muchísimo más.
No quiero dar la impresión, como el señor Vidal pretende del catolicismo, de que estos masivos crímenes, se amparasen o no en leyes ad hoc, definen al protestantismo o lo caracterizan en exclusiva. En la historia de todos los pueblos y religiones hay episodios atroces, pero también hay cosas mucho mejores. Si recuerdo estos datos es porque el señor Vidal, en su afán de condenar a España por su catolicismo histórico, cae en un constante unilateralismo, y sería muy lamentable que muchas personas, llevadas de la ignorancia corriente sobre la historia, le creyeran o sacaran conclusiones poco acordes con la realidad. Y me gustaría que el señor Vidal encontrase algunas razones para vacilar en sus dogmáticas interpretaciones, que tanto me recuerdan a mis tiempos de marxista-leninista. Vuelvo al principio: es lástima, porque don César no se prestigia a sí mismo con semejantes tiradas.
Este artículo, parte de una polémica en LD, lo reproduje en el blog en 1-12-2011 con esta entradilla: En mis polémicas con César Vidal en LD procuré mantener un tono cortés, a pesar de las evidentes simplezas y destemplanzas del personaje. Hasta hace poco no me había percatado de hasta qué punto llega su bellaquería y desvergüenza.
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Ante un plan de disgregación
**Como dije, el PP, si exceptuamos a Ayuso, está a favor de los indultos. Por supuesto, Casado también lo está, pero ve que el coste político recae sobre el PSOE y quiere explotarlo para abrirse camino a la Moncloa, la gran ambición de este hombre de humo.
**El PP y otros “se oponían” al separatismo amenazando con que Cataluña separada sería inviable económicamente y no sería admitida en “Europa”. No solo eran ambas cosas una estupidez muy propia de ese partido siniestro, sino que revelan claramente que no creían en la unidad de España, considerándola un hecho de mero interés económico.
**No solo está a favor de los indultos el PP, también lo está evidentemente un rey sin fuste, como acaba de demostrar. Es cierto que en 2017 tuvo otra actitud, que pudo ser un golpe real al separatismo (pero que Rajoy convirtió en golpismo permanente). Es obvio que ha cambiado de actitud.
**El rey ha despreciado la historia y continuidad de su país permitiendo sin mover un dedo el gravísimo atentado de la profanación de la tumba de Franco. Posiblemente crean, él y sus cortesanos, que eso “ya pasó”. Se trata de uno de esos hechos históricos que no pasan, que siguen ahí como un fantasma acusador.
**Con los indultos, el rey ha despreciado a su pueblo y a su país en función de lo que cree ser intereses inmediatos de la monarquía. Sigue, sin darse cuenta la trayectoria de su abuelo y bisabuelo. Y la de su padre con la firma de la ley soviética de memoria histórica.
**Los indultos vulneran tan de frente la legalidad, la Constitución y la unidad de España, que solo pueden entenderse como un paso intencionado hacia una próxima disgregación del país. La profanación de la tumba de Franco fue otro hito en el proyecto: recuérdese que Franco simbolizó la unidad y continuidad de España.
**Dentro del proyecto disgregador, no solo están a favor de los indultos el PP o el monarca. También lo está la mayoría de la Triple M, buena (o mala) parte del gran empresariado, los fariseos de la conferencia episcopal y la UE. Una disgregación que en su momento podría muy bien encubrirse bajo el lema: “¿Qué más da, si todos seguimos en Europa?“
**Recuérdese al respecto un fenómeno casi único en el mundo y que ha transcurrido ante los ojos de todos sin que casi nadie quisiera percatarse: hemos tenido unos gobiernos que han promovido la liquidación de la soberanía nacional por un lado y alentado y financiado los separatismos por otro, mientras anulaban cualquier reacción en contra. Hay un precedente histórico en la invasión francesa, cuando la mayor parte de la casta política española se puso al lado de Napoleón y contra el pueblo español
**La reacción contra el proceso actual exige organizar sobre la marcha el evidente descontento e indignación de millones de españoles. VOX parece que va a plantear otra moción de censura, cosa muy importante para informar al pueblo de la situación y para volver a poner en evidencia al PP. Sería una primera medida.
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Novela y profecía
Suelen considerarse entre las más significativas novelas del siglo XX La montaña mágica, de T. Mann, Ulises de Joyce, En busca del tiempo perdido, de Proust, El proceso de Kafka, Viaje al fin de la noche, de Céline, quizá Santuario, de Faulkner… Hay algo común en ellas y es, más suavizado en Proust, un retrato lóbrego del ser humano, pérdida del optimismo humanista asociado al culto a la razón. Expresan de modo profético el agotamiento de la modernidad, culminado posteriormente con la II Guerra Mundial. Desde la segunda mitad del siglo pasado, la literatura ha seguido incidiendo, más medianamente, en sugestiones parecidas o naufragado en la trivialidad de las pequeñas peripecias de personajes vulgares.
La pregunta sería: “después de la modernidad, ¿qué?” Según el “fin de la historia”, de Fukuyama, una nueva sociedad absorbida por los problemas del consumo y del medio ambiente, en la que el arte o la filosofía estarían de más. El agotamiento de la modernidad sería precisamente la consecución de su objetivo profundo. En términos míticos sería el encadenamiento de Prometeo a la roca, el encadenamiento de la humanidad al sinsentido de una existencia banal.
Lo que no se percibe es la salida. ¿Sería la solución una vuelta general a la religión cristiana u otra? No parece que sus ofertas de salvación encuentren mucha demanda, a pesar del desconcierto reinante en la sociedad. Como después de los desastres de la Revolución francesa y las guerras napoleónicas fue imposible volver a la religión y sociedad del antiguo régimen. Y la novela, descendiente del mito, parece haber perdido su capacidad profética, solo remedada en juegos imaginarios de catástrofes apocalípticas, climáticas o similares. Y sin embargo, el hombre sigue siendo el mayor misterio para él mismo.
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Galería de charlatanes (XV): Ángel Viñas o “Antoñita la fantástica”.
Viñas llegó a ser un funcionario franquista de cierta confianza, que oportunamente se descubrió antifranquista hasta la médula. Con ello demostró una notable perspicacia, aunque debe decirse que en esa virtud estuvo muy acompañado desde la transición y poco antes. Lamentablemente, cuando pasó de la mera actitud política al estudio de la historia, la perspicacia se transformó en una indigesta y arbitraria garrulería, también muy común en ámbitos más o menos intelectuales.
Una manifestación de la derrota intelectual de la izquierda es la falta de resuello de sus historiadores, hasta hace poco tan sobrados y despectivos (mi admirado Reig Tapia lleva tiempo extrañamente callado). La casi totalidad de ellos renunciaron desde el primer momento al debate, sustituyéndolo por poses despectivas, censura y argumentos de ese estilo (y han terminado en la ley soviética de memoria histórica para protegerse. Esto lo señalo ahora). Pero queda el pintoresco e incombustible Ángel Viñas, que vuelve una y otra vez a la carga, movido por un fervor ideológico inasequible a los hechos y sustentado en cinco tesis fantásticas: a) que el Frente Popular era la continuación de la república del 14 de abril, b) que el Frente Popular era democrático, c) que la lucha de Franco contra el comunismo (la cruzada) es una falsedad, d) que el PCE durante la guerra estuvo subordinado a Negrín y e) que la democracia actual enlaza con el Frente Popular.
Como hoy únicamente los muy indocumentados o fanáticos ignoran que el Frente Popular no solo no continuó la república, sino que destruyó sistemáticamente su legalidad, y que ni uno solo de los partidos que lo componían era democrático, trataré aquí brevemente las tres últimas fantasías de Viñas.
De siempre la propaganda izquierdista, especialmente la comunista, que ha sido la más efectiva (no hay sino pensar en la escuela del stalinista Tuñón de Lara), ha sacado mucho partido de la insistencia del franquismo en el carácter anticomunista de su lucha: ¿cómo podría ser ello posible, si en julio de 1936 los comunistas formaban un partido pequeño, secundario dentro del Frente Popular? Muy bien, pero entonces había otros partidos comunistas: el PSOE y la CNT-FAI (esta, comunista libertaria). Y quienes habían llevado la república a su peor crisis habían sido, precisamente, los socialistas (Besteiro al margen). El PSOE fue el principal organizador de la insurrección del 34 y base real del Frente Popular hasta la reanudación de la guerra, en el 36. Partido más radical e inmediatista que el PCE, pues este pensaba en una revolución un poco más aplazada. El PSOE fue el que llevó a cabo la mayor parte del terrorismo de la época, las invasiones de fincas, las huelgas salvajes (en esto le superó la CNT), el asesinato de Calvo Sotelo, y participó como el primero en los incendios de iglesias, de centros políticos y periodísticos de la derecha, etc. Todo lo cual realizó bajo la cobertura de los gobiernos de Azaña y Casares.
Para el PSOE, la URSS de Stalin era el modelo a imitar, seguía una política típicamente marxista revolucionaria, y su agitación contribuyó poderosamente a que poco antes de julio del 36 miles de empresas quebraran y fuesen al paro cientos de miles de trabajadores, un modo excelente de favorecer a estos. Fue el PSOE, y no el PCE, el que arrojó luego al régimen en brazos de Stalin, al entregarle en condiciones inauditas el grueso de las reservas de oro del país. Y fue tan entusiasta promotor de chekas como podrían haberlo sido los propios chekistas soviéticos. Comprendo que estos hechos no preocupen a Viñas, pero él debe comprender que otros los consideremos definitorios.
Por consiguiente, cruzada o no cruzada, la lucha de Franco fue, efectivamente, contra el comunismo, sin género de duda. Pero Viñas, siguiendo la clásica propaganda comunista, sostiene que en realidad fue contra “la modernización económica, social y política de la república”. Esas modernizaciones están hoy bien estudiadas: cuando no se trató de simples disparates, se echaron a perder por el absurdo radicalismo y la demagogia que las adornaron. El pueblo tuvo sobrada experiencia de ellas en los dos primeros años de la república y, harto de tanta modernización, votó masivamente a la derecha en 1933. Algo que no perdonaron los izquierdistas, que al volver al poder en 1936, tras elecciones no democráticas, solo supieron aumentar masivamente el desempleo, el hambre, los asesinatos y los incendios, vale la pena repetirlo. Pero a muchos estas cosas siempre les han parecido síntomas de progreso revolucionario.
En cuanto a la idea de que el PCE iba “a remolque de Negrín” y de que era este quien “cortaba el bacalao”, Viñas dice haber encontrado un “informe secreto del PCE a Stalin” que refrenda ese punto de vista. Asegura que se trata de un documento “de hechos, descriptivo”, “no marxista”, que “podría haberlo escrito un militar franquista” (atribuye objetividad a estos militares). No sabe uno si admirar más la ingenuidad de Viñas o su incapacidad para un análisis mínimamente serio. El PCE hubo de rendir cuentas a Stalin, que no en vano era su verdadero jefe, y hacerlo de modo que la culpa por la derrota recayera sobre otros, pues con Stalin no se bromeaba. Así, debía presentarse a Negrín como actuando demasiado por su cuenta, para hacerle compartir la responsabilidad de la catástrofe con el resto de la izquierda, y quedar libre de ella el propio PCE. De un historiador que no sabe situar los documentos en su contexto no pueden esperarse grandes conclusiones.
Viñas parece tener la esperanza de encontrar algún documento que borre los hechos conocidos y demuestre que Franco no ganó la guerra (Preston y muchos otros ya han demostrado que no podía haberla ganado, de tan inepto como era). Yo no creo que Negrín fuera un simple juguete de los comunistas, pero sí el jefe socialista que más se identificaba con ellos y con Stalin, después de que Largo Caballero se volviera antisoviético, tras una dura experiencia. Negrín, principal autor de la entrega del oro a Moscú y de la pérdida de su control, sabía muy bien que, desde ese momento, no podía hacer nada sin la ayuda y el beneplácito soviéticos, de ahí que permaneciera en el poder, en lugar de ser desplazado como Largo Caballero o Prieto. Él fue de la mano con los comunistas porque sabía que no tenía otra opción, él mismo había quemado sus naves con la entrega del oro. ¿O cree Viñas que esa entrega no tuvo consecuencias políticas y bélicas?
Y había otra razón: el PSOE perdió durante la guerra la mayor parte de su fuerza inicial, al dividirse entre caballeristas, prietistas y negrinistas. Negrín no podía contar más que con una fracción minoritaria de su partido, y solo podía apoyarse en el PCE, que ganó en poco tiempo la hegemonía en el Frente Popular, tenía una verdadera estrategia militar y política (los demás partidos carecían de ella) y había tomado el control de la mayor parte del ejército y la policía. Sin el PCE y Stalin, Negrín no era nada, simplemente (ello aparte de que este, tan ensalzado por Viñas, tenía de demócrata lo que Stalin). Pero este análisis elemental se le escapa a nuestro brillante historiador.
¿Y qué decir del “nexo entre la II República y la democracia” actual, que él defiende? Todos sabemos cómo llegó la democracia, mediante una reforma desde el franquismo y por el franquismo, en lugar de la ruptura que proponían los partidos admiradores del Frente Popular. Pero quizá tenga algo de razón nuestro original historiador: si la acelerada involución política a que estamos asistiendo desde el 11-M sigue adelante, puede muy bien ocurrir que volvamos a la democracia que gusta a los Viñas, a los socialistas orgullosos de su revolución del 34, a los comunistas de IU y similares. Esperemos que haya una reacción a tiempo.
(En LD 28-10-2009: Cinco fantasías de Ángel Viñas)
