Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:
**Entender la transición: https://www.youtube.com/watch?v=1If68u97b1A
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Una tiranía sin precedentes históricos.
La ley de memoria histórica plantea un problema de fondo muy grave: cómo un parlamento presuntamente democrático puede votar una ley que ataca las libertades políticas y el estado de derecho. Con el agravante, en este caso, de falsear descaradamente la historia e identifica como “víctimas” y representantes de la libertad a miles de asesinos y torturadores, e identificándose a su vez con ellos el parlamento. O cómo, en función de esa ley, unos jueces prevaricadores pueden perpetrar una injusticia monstruosa contra el estado de derecho y contra la democracia y contra la historia. Y todo invocando un “antifranquismo” radicalmente irrisorio y no por ello menos amenazador.
Lo que revelan estos hechos es que una democracia puede degenerar y abrir paso a aquella sociedad de pesadilla prevista por Tocqueville como “despotismo democrático”, que arropa en formas externas de libertad un contenido totalitario. Ese nuevo despotismo se ocupa de todos los asuntos de las personas, tratando de crear una sociedad-guardería que somete a las personas a una infancia irrevocable y “a la larga llegaría a privarlas de los principales atributos de la humanidad”. Pues no otra cosa es la pretensión de dictar desde el poder lo que deben pensar los ciudadanos del pasado de su país y hacerlo por medio de una decisión parlamentaria contra el estado de derecho y la Constitución.
En otras palabras: ¿puede implantarse una tiranía totalitaria por métodos formalmente democráticos? Estamos viendo que así puede ser, y no por primara vez en la historia ni solo en este caso. Últimamente los déspotas “democráticos” pretenden incluso cambiar la biología e introducir el mayor confusionismo posible en los conceptos de hombre y mujer y la relación entre ambos. Aceptar tales aberraciones nos conduciría, en efecto, a perder los propios atributos de humanidad. Por lo demás, la infantilización de la sociedad, que impediría la reacción, se produce actualmente a todos los niveles y merece el estudio más concienzudo. El diagnóstico de Tocqueville debe servir de base para un nuevo pensamiento político.
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La profanación de la tumba de Franco y del Valle de los Caídos, pretendida por el gobierno de una estafador y los separatistas contra el estado de derecho mediante una ley totalitaria de “memoria histórica”, es un ultraje político de tal calibre a la democracia, la historia y la identidad de España, que su denuncia debe ser uno de los ejes principales, si no el principal, de la campaña electoral en curso. Ninguna otra cuestión tiene actualmente más relevancia. Es preciso situar en el centro de las política la regeneración democrática, y si VOX acierta a encabezarla, será posible detener el acelerado proceso de destrucción de la libertad, el estado de derecho y de la propia nación. No debe repararse en esfuerzos para conseguirlo.
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La historia criminal del PSOE
Ha dicho Abascal que el PSOE tiene una historia de crímenes, y es verdad. Fue el PSOE, y no los comunistas, el que desató la insurrección de 1934, impulsó junto con otros el fraude electoral de 1936, asesinó al jefe de la oposición, contribuyó como el primero a organizar la revolución de las chekas, entregó (el PSOE, no el PCE) el Frente Popular a Stalin al enviarle el oro del Banco de España, desvalijó a conciencia el tesoro histórico y artístico de la nación junto con bienes públicos y privados…
Al llegar la transición se quiso creer que ese partido habría aprendido algo de su historia y de la historia en general, pero no fue así. Por el contrario, apenas llegado al poder comenzaron sus actos ilegales con la expropiación de Rumasa, madre de mil corrupciones, y con la declaración de muerte de Montesquieu. A lo largo de estos años no ha cesado de falsificar la historia, empezando por la propia (“¡Cien años de honradez y firmeza!”, nunca se inventó una consigna más falsaria) y de colaborar con el terrorismo separatista de la ETA, a la que rescató de la ruina cuando la banda se hallaba en la ruina, para convertirla en una potencia política desestabilizadora. Y ahora pretende un nuevo golpe criminal contra el Valle de los Caídos y contra los restos de Franco, maniobra indirecta contra la monarquía, la Iglesia y sobre todo la democracia, que jamás se debió ni pudo deberse a ese partido, sino justamente al hombre allí enterrado.
Estoy convencido de que si sus embustes y pretensiones al llegar la transición hubieran encontrado la réplica y denuncia debidas, el PSOE habría podido aprender algo de la historia. Su parcial y meramente formal abandono del marxismo podría haber servido de algo si hubiera ido acompañado de una revisión crítica de su historia. Pero ni hizo tal cosa el PSOE ni la UCD o luego el PP. Estos últimos, en lugar de clarificar las patrañas y pretensiones de los socialistas, colaboraron a ellas bajo el chantaje de que, de otro modo, les harían pasar por “franquistas”. Tan inepta ha sido esa derecha intelectual y políticamente, que no fue capaz de defender una democracia basada en los logros históricos del franquismo.
En 1999 publiqué Los orígenes de la guerra civil, donde queda claro por completo quienes fueron los que en 1934 quisieron textualmente la guerra civil, la planearon y llevaron acabo, con 1.400 muertos y grandes destrucciones. Y en El derrumbe de la república y la guerra civil señalé cómo las elecciones de 1936 tuvieron carácter anómalo y antidemocrático. Pero la derecha señoritil y bergante no hizo uso de aquella historia, que había olvidado por completo y que concebía la democracia como un reparto de poder y dinero entre amigotes, incluyendo entre estos al PSOE y los separatistas. ¿Estaremos a tiempo de cambiar estas cosas ante de que las fechorías del PSOE se vuelvan irrevocables?
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Las Trece rosas
Me cuentan que Ortega Smith ha dicho que las famosas “Trece Rosas” eran asesinas y hasta “violadoras”. En Años de hierro traté el caso. Imagino que Ortega quizá pensó que los rojos habían asesinado y violado a muchas más “rosas”, lo cual es cierto, y se trabucó. Los hechos reales fueron básicamente que, apenas terminada la guerra, aquellas mujeres formaban parte de un grupo comunista que trataba de reorganizar el partido y que había practicado actos terroristas, en particular el asesinato de un teniente coronel del ejército, de su hija de 17 años y del conductor de su coche. Los asesinos fueron pronto capturados y la organización desmantelada. Hubo 57 condenas a muerte, entre ellas las de las trece mujeres (los hombres han sido olvidados por la propaganda). La sentencia fue justificada en estos términos: “Terrible ha sido el fallo (…) Porque hay un propósito resuelto que es este: nadie, y por ningún motivo, podrá volvernos a la tragedia y al espanto que exigieron una guerra de tres años”. Fue realmente una sentencia monstruosa, en particular para las chicas que poco habían hecho, y cumplida casi inmediatamente, al parecer sin esperar al preceptivo enterado o conmutación de Franco.
Resulta grotescamente siniestro que los comunistas y similares, cuyos partidos fueron autores de incontables torturas, violaciones y asesinatos de mujeres, se presenten como apóstoles de la decencia, la libertad y las mujeres ultrajadas, y pongan en el lugar de su ejecución que “dieron su vida por la libertad y la democracia”. La libertad y la democracia de Stalin, de la Cheka y del Gulag, a los que nunca han renunciado los comunistas
No hace mucho una escritora de su bando se burlaba de las violaciones de monjas por “milicianos sudorosos”. Al parecer esto no causa mayor problema de conciencia a nuestra izquierda, que nunca expresó el menor pesar por sus muchos crímenes y en cambio no cesa de explotar demagógicamente los excesos contrarios para envenenar la conciencia de la gente.




