Españoletes cosmopaletos/ Por qué la guerra civil no acaba de asimilarse.

¿Pudo el KGB estar detrás del asesinato de Carrero? Sin ser probable, lo es mucho más que la CIA. https://www.youtube.com/watch?v=2i2MkxBvw5I

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Europa, la gran desconocida de los europeístas españoles:

europa: introduccion a su historia-pio moa-9788490608449

Breves textos para difundir en las redes y por otro medios:

**No hay españolete cosmopaleto que no se sienta superior a su país y admire a algún otro del que ignora casi todo.

**Yo no compro en establecimientos españoles con nombre o publicidad en inglés. Hay que rechazar la colonización cultural

**Es asombrosa la preocupación por que el PSOE gobierne con el apoyo  antiespañol de los separatistas. El PP no ha hecho otra cosa en todos sus gobiernos. Unos son antiespañoles, los otros los apoyan y financian.

**Me dicen personas solventes que en el PP se abre paso la “solución” de una España confederal. Por lo pronto, el PP, como el PSOE, ya es confederal y copia de los separatismos en todas las regiones

** El PP no va a cambiar: percibe que el auge del patriotismo español puede quitarle votos, y maniobra hablando mucho de “España” para anular a VOX y reencauzar su política hacia el “confederalismo”. El partido de los cabestros.

**No puede decirse que el PP sea antiespañol. Simplemente es indiferente a España. Por eso combina la entrega de soberanía a los separatistas y a la UE. Cree que defender a España es perjudicial para sus intereses de partido.

**No creía que Inda fuera tan ingenuo como para felicitar al Doctor por frenar a Podemos. El Doctor “frena” a Podemos podemizando el PSOE. En España el análisis político es un chiste.

**Para el Doctor, ultrajar la tumba de Franco es un objetivo esencial. Porque Franco es la monarquía, la salvación de la Iglesia y las condiciones para una democracia. Las tres cosas que odia el Doctor en fraudes.

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Los Mitos Del Franquismo (Historia)La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)el derrumbe de la segunda republica pio moa 9788499201849

 

Errores de Vázquez

El artículo de Francisco Vázquez sobre la memoria histórica,  comentado aquí el otro día, no deja de ser un avance para proceder de un socialista. Pero comete una serie de errores que conviene resaltar.

1. La ley de memoria histórica debe ser derogada, pero no por el argumento sentimental de superar una “guerra entre hermanos”, sino, en primer lugar, porque es una ley totalitaria, propia de un estado de tipo norcoreano. En ninguna democracia decide el poder lo que los ciudadanos deben pensar del pasado, vulnerando los derechos de expresión, conciencia y cátedra. Su promulgación ya indica la práctica ausencia de cultura democrática en la mayoría de los actuales políticos y en la universidad. Su derogación argumentada, en cambio, constituiría un avance hacia una democracia real

2.- Esa ley debe ser derogada también por ser eminentemente falsaria. La guerra no se libró contra una democracia, sino contra un conglomerado de  totalitarios y separatistas, muy destacadamente el PSOE.  Al atribuirse ese conglomerado la defensa de la democracia, desacreditaron esta para muchos años. Como la están desacreditando ahora con la memoria histórica, también en nombre de una democracia tan fraudulenta como el doctorado del fulano que hoy gobierna el país.

3. Debe ser derogada también porque exalta como “víctimas del franquismo2 por “el delito de pensar de modo diferente a los peores torturadores y asesinos de las chekas con quienes se identifican evidentemente los autores de la ley, empezando por el PSOE

4. No se puede equiparar esa ley con la de la represión del comunismo y la masonería, pues esta última no se dirigía contra libertades de conciencia y pensamiento, sino contra las acciones criminales, demasiado recientes, del comunismo y muy presuntas de la masonería.

 5. La reconciliación nacional no se alcanzó en la transición sino enseguida después de la victoria de los nacionales, y se alcanzó precisamente sobre la derrota de totalitarios y separatistas. En la Transición volvió a darse a estos cancha, dinero y facilidades excesivas, pese a no representar por entonces casi nada. Gracias a esas prebendas otorgadas sin contrapartida, hoy España vive en golpe de estado permanente, se imponen leyes antidemocráticas como esta o las de género, y se intenta disolver la soberanía de España.

6. No se puede equiparar la matanza real de Paracuellos con la inventada por la propaganda en la plaza de toros de Badajoz. Hacerlo revela, o una deshonestidad muy profunda o una ignorancia indisculpable en un político, periodista o intelectual a estas altura.

7. Tampoco viene al caso hablar de la connivencia nazi-soviética con que empezó la guerra mundial. Porque duró más la connivencia entre democracias anglosajonas y Stalin, con que terminó la guerra. ¿Deberíamos condenar también oficialmente a los gobiernos inglés y useño en nombre de no sé qué memoria? Basta decirlo para entender el absurdo en que se cae cuando no se parte de un discurso claro y se embrollan unas cosas y otras.  España es el único país europeo  que no debe nada ni al ejército useño ni al soviético, ni a las finanzas useñas, ni a los fascismos (la ayuda recibida en la guerra civil, bastante antes de que los nazis cometieran sus genocidios, fue pagada). Por eso sobra también la referencia a Roosevelt, de quien podrían recordarse también algunas infamias que en todo caso nosotros no podemos juzgar hoy, y mucho menos de manera oficial.

8. Incidentalmente, el “moderado José Giral”, que por lo visto “lloró” cuando la matanza de la Cárcel Modelo, fue el que armó a los sindicatos, desatando persecuciones de crueldad espantosa, y su gobierno creó la cheka de Fomento, la peor de aquellos meses, cerrada por Carrillo y no precisamente para disminuir el terror. En cuanto a Azaña, se pasó la guerra dimitiendo pero sin dimitir. A él se debe gran parte de lo que pasó.

   Estas cosas deberían entrar hoy en el bagaje de conocimientos históricos de cualquier persona, sin necesidad alguna de leyes al efecto. Pero resulta que no es así, y mientras siga sin serlo, la guerra civil seguirá gravitando como  una pesadilla sobre la sociedad española

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Francisco Vázquez, cunda el ejemplo… con reparos

Un distinguido amigo me ha enviado este comentario:

Bien por Francisco Vázquez sobre la (des)Memoria Histórica, pero, ¿fue Badajoz igual a Paracuellos?

En el ABC del 23 de agosto, Francisco Vázquez, una figura política de referencia en Galicia dentro y fuera del PSOE, gran alcalde de La Coruña, con un brillante desempeño en la embajada en el Vaticano, siempre defensor y promotor de las mejores iniciativas culturales, ha publicado una muy buena reflexión sobre la llamada Ley de Memoria Histórica. Nacida como una de las aportaciones más estúpidas y peligrosas de Rodríguez Zapatero, un verdadero rebuzno contra la Transición democrática, Rajoy, asombrosamente, no quiso tocarla a pesar de su mayoría absoluta en ambas Cámaras.  Y el actual gobierno de Sánchez se propone hacer aún peor el disparate.

La “Memoria Histórica” que defienden ahora el PSOE, Podemos y sus aliados exterroristas, separatistas y tutti quanti, trata de imponer una versión única  de lo que ocurrió durante la II República, la guerra civil y los 35 años de régimen franquista.  Las demás versiones estarían prohibidas y quienes se atrevan a defenderlas podrían ser objeto de sanción penal. El silencio -cuando no el apoyo- de la Universidad, de los historiadores, de la gran mayoría de los políticos -algunos sectores del PP y VOX excluidos- y de casi todos los medios de comunicación -las televisiones, casi sin excepción, en primer lugar- son una demostración de la bajísima calidad intelectual y moral  de nuestra vida política y académica. 

Por eso, es muy de agradecer el artículo de Francisco Vázquez explicando su rechazo a todo este engendro, que hace pensar en tiranías muy alejadas de las democracias occidentales. Pero algunos de los bulos de la versión que quiere imponer la “Memoria Histórica” están tan instalados que, en su Tercera de ABC, Vázquez se ha dejado llevar por el que es, quizá, el más correoso y popular de todos: la supuesta matanza de la Plaza de Toros de Badajoz. 

Vázquez pone en paralelo lo supuestamente ocurrido en Badajoz, en agosto de 1936, con el asesinato en Paracuellos y Torrejón, en noviembre y diciembre de ese año, de unas 4.000 personas, cuyo único delito era ser hipotéticamente sospechosas de simpatizar con la sublevación militar. El problema es que la matanza de Badajoz, según la propagandeó el gobierno del Frente Popular y han repetido y divulgado, desde entonces, la mayoría de los historiadores, nunca existió.

 Si Vázquez quiere ponerse al día sobre lo que se ha investigado y averiguado durante los últimos veinte años se convencerá enseguida de que en Badajoz hubo una durísima lucha entre las fuerzas atacantes -en gran parte, legionarios- y los defensores de la ciudad, soldados del Ejército fieles al gobierno del Frente Popular y milicianos, con centenares de muertos por ambos bandos, seguida, tras la toma de la ciudad, de ejecuciones de milicianos y soldados combatientes que se habían rendido o habían sido capturados por los atacantes. Pero ni hubo matanzas en la Plaza de Toros, amenizadas por la orquestina que se inventó en Madrid algún creativo de la propaganda frentepopulista, ni el número de ejecutados después de los combates por las fuerzas de Yagüe debió de superar el 5% de los asesinados en Paracuellos y Torrejón.

No, Paracuellos y Torrejón no tuvieron nada que ver con lo realmente ocurrido en Badajoz y no se pueden poner en paralelo.

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Sobre la matanza de Badajoz en “Una hora con la Historia”: https://www.youtube.com/watch?v=xWeyfHiI8zk

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Un caso de heroísmo: el debate parlamentario entre Dencàs y Companys

(El debate en el Parlament entre Dencàs y Companys es enormemente esclarecedeor, y quizá por ello no aparece en casi ninguna historia de la época. Arrarás se refiere a él brevemente, y muy pocos historiadores más. Me extendí más de lo común en Los orígenes de la guerra civil)

En reacción a la campaña de Companys y los suyos contra Dencàs y Badía para convertirlos en el chivo expiatorio del desastre de la rebelión de octubre del 34, y que indirectamente costaría la vida a los hermanos Badía (http://historia.libertaddigital.com/el-asesinato-de-los-hermanos-badia-1276238379.html), Dencàs consiguió un debate en el Parlament  los días 6 y 7 de junio de 1936, poco antes de recomenzar la guerra civil.

“Companys acusó a Dencàs de que le había telefoneado la noche de aquel 6 de octubre (fecha del alzamiento de los separatistas), “haciéndole saber que “estábamos absolutamente batidos, que estábamos rodeados” y pidiéndole  refuerzos (y que) Dencàs le animó prometiéndole 400 milicianos.

   Alegaría Dencàs que había decidido retener  a los escamots en sus locales para evitar los tiros entre ellos, y esperar al alba, cuando la claridad permitiría evitar las confusiones. Además pensaba reservar aquellas fuerzas para encuadrar  a las masas populares que, según se esperaba, acudirían al amanecer desde fuera de Barcelona. Companys le replicó acremente: “Su Señoría esperaba la mañana para que, entonces, llegasen los elementos de fuera, los cuales, junto con las concentraciones que Su Señoría había preparado, derrotarían a los ejércitos  que estaban emplazados estratégicamente en todas las plazas y en todas las calles de Barcelona”. Dencàs, indignado, le interrumpió: “¡Un centenar! ¡Ciento veinte soldados, señor Presidente” aludiendo a la compañía que hostigaba a la Generalidad [y que, según Companys le tenían “absolutamente batido y rodeado”. El edificio nunca estuvo rodeado] Companys fingió no oírle e insistió impertérrito: “Entonces, cuando hubiera claridad y estuvieran todas las fuerzas emplazadas con los cañones, ametralladoras, etc., bajarían todos los refuerzos del exterior y en un momento derrotarían a aquel ejército establecido de forma estratégica en las plazas y calles de Barcelona (…) Si era así, ¿por qué no me lo dijo cuando le hablé, a las dos y a las cuarto?”

   Culpó a Dencàs de inducirle a engaño por haberle asegurado que las tropas tardarían “cuatro días en alcanzar la Generalidad, aunque fallasen las cuatro quintas partes de las fuerzas y disposiciones que tenían dadas: Presidente, no hace falta más que vuestra orden (…) Pero a las once y media nos tiroteaban el Palacio de la Generalidad”. Lo que Dencàs rebatió: “Dijo usted que que los cuatro días que yo decía que tardaría  en llegar el ejército (…) era el argumento en virtud del cual el Consejo se pronunció  por ir a la acción revolucionaria (…) Lo dije y lo mantengo (…) No lo decía yo, (sino) el comité de técnicos (…) una serie de señores preparados en estas materias que nos habían dicho que en la plaza de la República, en el Palacio de la Generalidad y en el Palacio del Ayuntamiento, enclavados en medio de una serie de callejas (…) cien hombres armados y resueltos harían imposible que una columna se acercara. Esta emplearía cuatro días, cuando menos, en poder cumplir su misión. Y usted sabe perfectamente que yo había dejado en el Palacio de la Generalidad no cien hombres como nos habían aconsejado los técnicos, había dejado allí la totalidad de los mozos de escuadra (…) mandados por un comandante valiente y a vuestras órdenes, que era el comandante Pérez Farràs (…) y que este núcleo selecto, este núcleo heroico, ese núcleo preparado yo lo dejaba en  el Palacio de la Generalidad”. A Companys le defendían, en efecto los 400 policías bien armados más 150 voluntarios, número mucho mayor que el de los sitiadores.

   En su libro sobre aquellos avatares, Dencàs citó una carta de Pérez Farràs: “La Generalidad (…) es un edificio sólido que no se derrumba así como así (…) Yo te aseguro que mientras hubiese vivido, ahí no entra nadie”. Pérez  habría estado dispuesto a resistir a ultranza, lo que “hubiera ocurrido si el Gobierno sale por la puerta de atrás, como yo le propuse; con ellos dentro, imposible, pues la moral era muy distinta”.(…) Companys tenía otras intenciones. Hacia las seis de la madrugada –acusó en el Parlament– “Por primera vez se oyó de labios del señor Dencàs un ¡viva España!, acompañado de aplausos”, lo cual “produjo una sensación muy deplorable (…) Pudo colegirse que todo estaba perdido” (…). Con tal motivo habían llovido sobre Dencàs los peores escarnios. Pero él lo explicó mejor al Parlament:  había dejado que un diputado socialista  radiara a los obreros catalanes un discurso de encendido nacionalismo, así que, “por pura gentileza”, apeló a su turno a los obreros españoles para que juntasen sus armas con las de los asturianos y catalanes. Lo cual “no era una negación de mi separatismo”.

   En torno a aquella hora un desolado Companys había telefoneado a Dencàs para anunciarle que capitulaba y pedirle su opinión. Dencàs afirmará, en 1936,  que la decisión de Companys le había sorprendido: “No sé cuales serán los motivos, los móviles y la justificación  de lo que me dice. Cataluña no nos podrá hacer ningún reproche si creéis honradamente que no hay posibilidad de resistir (…) Yo no sé qué hacer”. Companys le replicó en aquella sesión parlamentaria: “No me niegue Su Señoría un elogio que me conmovió. Su Señoría me dijo: “Señor Presidente, se ha portado usted como un héroe”. ¡No lo niegue, señor Dencás, sea honrado”. Dencàs lo admitió, y remachó el presidente: “Si dijo usted que yo había sido un héroe, es que confirmaba la capitulación”.

   La acerba y esclarecedora disputa entre Dencàs y Companys en el Parlamento catalán, año y medio después de los sucesos, obedecía a que Dencàs y Badía habían sido convertidos en cabeza de turco por aquella calamitosa noche. Sobre ellos se cebaban las burlas y maldiciones, mientras Companys salía glorificado como héroe nacional. Para defenderse  a sí mismo y la memoria del asesinado Badía, Dencàs leyó ante los diputados una carta  del finado, en la que ironizaba: “No cuenta nada el que aquella noche aciaga algunos nos jugáramos la vida. Nuestra obligación, sobre todo la mía, era capitular enseguida, sin luchar como lo hicimos [la verdad es que apenas habían luchado tampoco]. Y tenía la obligación de quedarme escondido en un despacho y sacar bandera blanca en cuanto hubiera oído un par de cañonazos. Di mal ejemplo al ser el único que con un grupo de voluntarios salió a la calle, y ahora lo he de pagar (…) Reconozco que merezco sólo desprecios e insultos, mientras que el apoyo material y moral lo tienen bien ganado aquellos valientes que permanecieron bien escondidos para rendirse a cambio de que les perdonasen la vida. Sí, hace muy bien la gente en ayudar y plañir por esos pobretes…” La lectura de la carta fue interrumpida por la furiosa protesta de los parlamentarios de la Esquerra. (En Los orígenes de la guerra civil española)

   Las mismas interrupciones impidieron a Dencàs terminar de exponer datos reveladores de los preparativos y planes armados de la Generalitat. Companys y los suyos, en efecto, habían sostenido ante los jueces que ellos no habían intentado ningún golpe, solo protegerse “¡de la CNT!”. Un historiador muy peculiar, el benedictino o ex benedictino Hilari Raguer, afirma que la sedición de Companys “no es una acción bélica, sino un gesto político por el cual se suma a las izquierdas españolas”. Con un par, como dicen los castizos.

(Hace cuatro años)

LOS ORIGENES DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

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El itinerante corazón de Macià / Un desbarre de César Vidal

Por qué la CIA no mató a Carrero y por qué Carrero no representaba “al franquismo”. https://www.youtube.com/watch?v=2i2MkxBvw5I

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Cuando murió Macià, primer presidente de la Generalidad en la república, le fue extraído el corazón, que según los separatistas, representaba el corazón de Cataluña. Macià tenía mucho de orate, como reconoce implícitamente su amigo Alcalá Zamora. En 1926 organizó una invasión de Cataluña desde Prats de Molló con sus “bravos almogávares”, al objeto de imponer por las armas la secesión de Cataluña. Como es habitual en las grandes empresas separatistas, la invasión quedó en nada cuando un grupo de gendarmes franceses detuvo sin la menor resistencia a los “almogávares”. Después, diversas complicidades masónicas permitieron a Macià convertir el juicio por su astracanada en Francia, en una plataforma de propaganda contra España.

  Los “hechos” de Prats de Molló convirtieron a Macià en motivo de irrisión en Cataluña. Sin embargo, por una reacción sentimental no inhabitual en circunstancias históricas cambiantes, Macià se convirtió en “héroe nacionalista” al llegar la república, como recuerda un asombrado Cambó. Y procedió a nuevas maniobras golpistas sin consecuencias. Macià murió en diciembre de 1933 y en una ceremonia (masónica, según algunos) el corazón le fue arrancado y guardado en una urna. Hacia el final de la guerra civil, Tarradellas se llevó el corazón a Francia, tras advertir a la familia que el cadáver había sido trasladado a un panteón diferente (Collaso Gil) para evitar profanaciones.

  Llegada la transición, el ayuntamiento de Barcelona preparó una gran ceremonia para devolver el corazón a su lugar de origen. Pero he aquí que el cadáver no se hallaba en el panteón, sino en su tumba original, que los nacionales no habían profanado. La sorpresa mayor se produce cuando se encuentra que el corazón no había sido extraído del cuerpo del pobre Macià. El escándalo fue eficazmente tapado y olvidado, pero no puede negarse que representa bastante bien lo que algunos llaman “la cultura del nacionalismo”, propiamente del separatismo.. Como “la misa negra en la cama de Macià”, de la que ya he hablado.

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   Tres antídotos  contra la ley de memoria histórica, demoledora de la democracia y de la historia:

Los Mitos Del Franquismo (Historia)La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)el derrumbe de la segunda republica pio moa 9788499201849

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Afirma  César Vidal: En no escasa medida, el siglo XIX español fue un desangramiento nacional provocado por el intento –no siempre feliz– de los liberales por crear un estado moderno y la insistencia de la iglesia católica por abortar esa posibilidad

¿De verdad? El poco estimulante siglo XIX español fue un regalo de la invasión napoleónica, de carácter estrictamente contrario a la Iglesia. Hubo una resistencia no solo de gran parte de la Iglesia, sino popular, a unas reformas liberales bienintencionadas aunque sin mucho talento, que el pueblo identificaba con la Revolución y la invasión francesa y sus destrozos. Por desgracia, en la mentalidad popular el liberalismo llegó a España como un acompañamiento de dicha destructiva invasión y en parte también del brutal comportamiento (saqueos, asesinatos, violaciones, destrucción de manufacturas) de los “aliados” protestantes ingleses. Por ello fue una tendencia muy minoritaria que tomó auge apoyándose fundamentalmente en el ejército y en capas minoritarias.  

  Una muy dura guerra civil resolvió el asunto a favor de los liberales (las otras dos guerras carlistas tuvieron mucha menor importancia y las ganaron también los liberales). Por consiguiente, la inestabilidad de la época procedió en parte fundamental de las discordias entre la facción liberal moderada, más fructífera,  y la extremista, ansiosa de imitar a la Revolución francesa y autora de persecuciones y matanzas de religiosos. De ahí provino la plaga de los pronunciamientos, los espadones, las conspiraciones masónicas hasta derivar a una I República desastrosa que estuvo a un paso de destruir la nación española en una triple guerra civil. 

  El antagonismo creado entre amplios sectores de la Iglesia (y del pueblo) y los liberales, entró en vías de arreglo con la Restauración, un liberalismo moderado en relación bastante buena con la Iglesia y con el Vaticano. El “desangramiento” fue así contenido. Había sectores católicos muy reaccionarios, pero minoritarios y sin influencia política, a los que don César trata de dar un protagonismo definitorio, con poco respeto a la verdad.  Y la Restauración se vino abajo precisamente por el surgimiento de mesianismos ateos o ateoides, enemigos frontales de la Iglesia. Mesianismos inspirados, en gran medida, en la propaganda protestante de la Leyenda negra.  

    Creo que don César debiera matizar algo más tanto sus esquemas históricos como su admiración un tanto beata y acrítica por el protestantismo, que, aunque a don César le cueste creerlo, tiene en su haber crímenes y desastres de cierta consideración.  Sin olvidar que hay cierto abuso en  hablar de protestantismo, cuando las doctrinas de Lutero han dado lugar a decenas o cientos de iglesias enfrentadas entre sí, a menudo violentamente y cuyo único común denominador es la aversión a la Iglesia católica, única institución, si no estoy equivocado, que ha permanecido dos mil años superando a menudo crisis extremas frente a mil enemigos. Solo por este hecho debiera ser enfocada esa Iglesia con más precaución y menos “alegría” de la que suelen haber tenido sus muchos enterradores; que han terminado al final enterrados.

(Los dos textos en este blog hace cuatro años)

 

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Los cleros separatistas ante la persecución religiosa

 

Apenas desatada la guerra civil, en octubre de 1934, comenzó la matanza de clérigos, 34 de ellos en Asturias, y tres más en Palencia y Cataluña. En julio de 1936, apenas armadas las masas por el gobierno de Giral, la matanza tomó proporciones gigantescas hasta convertirse, probablemente, en la mayor persecución religiosa de la historia, más mortífera que la de la Revolución francesa o a las de la época romana.

 Acosados como alimañas, unos 7.000 religiosos, más 3.000 laicos, fueron sacrificados a menudo con extrema crueldad, por el mero hecho de sus creencias. Hubo sacerdotes toreados, y a algunos les sacaron los ojos, o les cortaron la lengua o los testículos. Otros fueron arrastrados por tranvías u otros vehículos hasta morir. Once detenidos en una checa de Valencia fueron golpeados y descuartizados con mazas y cuchillos. Un cadáver tenía una cruz incrustada en los maxilares. Algunos fueron arrojados a fieras del zoo madrileño…, y así un largo catálogo de horrores. Los cadáveres solían ser ultrajados, quemados, objeto de burlas, desenterrándose incluso ataúdes de monjas fallecidas años antes, para irrisión pública.

También fueron incendiadas o destrozadas innumerables obras de arte, edificios, pinturas, esculturas, etc., así como bibliotecas antiguas y valiosísimas de monasterios e instituciones educativas (recuérdese que, al instaurarse la República, varias bibliotecas fueron pasto de las llamas a manos de los anticlericales, entre ellas la principal de los jesuitas en Madrid, considerada por muchos como la segunda de España después de la Biblioteca Nacional). Diversos dirigentes izquierdistas hicieron declaraciones felicitándose de la erradicación de la Iglesia en España, y en periódicos republicanos, como el azañista Política, podían leerse verdaderas incitaciones a la destrucción del patrimonio histórico de carácter religioso.

Esta persecución estaba inscrita en el ideario jacobino y revolucionario como algo necesario para alcanzar los fines de emancipación humana a que las izquierdas decían aspirar. A tal punto les parecía urgente aquella “limpieza” que la llevaron a cabo sin atender a su tremendo coste político, pues aquella indisimulable oleada de crímenes y destrucciones impidió al Frente Popular “vender” adecuadamente en el exterior la imagen de democracia y cultura con la que pensaban ganar el respaldo de las democracias. Sólo los regímenes soviético y del PRI mejicano apoyaron, como es sabido, a las izquierdas españolas: ambos habían llevado a cabo sus propias y sangrientas persecuciones religiosas.

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En los libros de historia encontramos a menudo dos tipos de errores: de detalle y de enfoque. También puede decirse de descripción y de análisis. Los de detalle son inevitables, por cuidado que esté el texto, pero no  destruyen este, salvo cuando son demasiados o grotescos. Los de enfoque son los más peligrosos porque echan a perder el conjunto, y son los más frecuentes en las historias de España, desde la leyenda negra, la negación de la Reconquista o la pretensión de un Frente Popular “republicano” y  “legítimo.

la reconquista y españa-pio moa-9788491643050Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Lógicamente –y éste fue otro efecto político de gran alcance–, la Iglesia, en su inmensa mayoría, tomó partido por quienes la salvaban y contra quienes la exterminaban. Con eso contaban los perseguidores, pero no les importó, sobre todo en los primeros y especialmente mortíferos meses de la guerra, cuando estaban seguros de vencer y de poder ajustar cuentas en todo el país a sus enemigos. Sin embargo, hubo excepciones entre los eclesiásticos, como el famoso padre Lobo, colaborador de la propaganda revolucionaria, o sectores importantes del clero vasco y catalán.

En Cataluña se dio el caso curioso de que la Esquerra, pese a su intenso jacobinismo, hiciera lo posible por salvar a los curas… nacionalistas. Un informe al cardenal Gomá, guardado en su archivo y recientemente publicado por José Andrés-Gallego y A. M. Pazos, dice: “Ha llamado poderosamente la atención el hecho de que los sacerdotes militantes del catalanismo hayan salido todos indemnes, mientras sucumbían a centenares sus hermanos”. Cabe dudar de que todos salieran indemnes, pero hubo una operación política para favorecerlos, excluyendo a los curas catalanes no nacionalistas. El propio Vidal i Barraquer pudo librarse, dejando abandonado, al parecer por un malentendido, a su obispo auxiliar, Manuel Borrás, asesinado poco después.

La solidaridad de los clérigos nacionalistas con los demás fue muy escasa. Madariaga cita a una de sus “lumbreras”, acaso el mismo Vidal: “Los revolucionarios han destruido las iglesias, pero el clero había destruido primero a la Iglesia”. Para aquella lumbrera, las víctimas eran las culpables. Pero si tal hizo el clero, ¿por qué habían de masacrarlo –no sólo quemaban iglesias– los revolucionarios, primeros interesados en erradicar la religión? ¿No debieran haberlo felicitado, más bien? Posturas similares continúan hoy, por ejemplo en el fraile ideólogo e historiador Hilari Raguer.

Insolidaridad pareja vemos en el clero nacionalista vasco. Buena parte de él se sentía estrechamente ligado al PNV, en el cual veía un defensor de la religiosidad de los vascos, considerados una especie de nuevo “pueblo elegido”. Quien quizá expresó mejor esa insolidaridad de raíz fue el muy católico Irujo, ministro de Justicia en el Frente Popular, en una propuesta de decreto encaminada a mejorar la imagen exterior de las izquierdas: “La pasión popular, confundiendo la significación de la Iglesia con la conducta de muchos de sus prosélitos, [hizo] imposible en estos últimos tiempos el ejercicio normal del derecho de libertad de conciencia y práctica del culto”. La matanza y destrucción sistemáticas quedaban reducidas, para consumo exterior, a la simple eliminación del derecho al culto, atribuido, además, a una “confusión popular”. Las víctimas, por su “conducta”, habían merecido de algún modo el castigo.

Al revés que los nacionalistas de Álava y Navarra, los de Guipúzcoa y Vizcaya, creyendo a los revolucionarios destinados a vencer, optaron por éstos a cambio de un estatuto de autonomía, que se proponían rebasar aprovechando las circunstancias. Cuando los navarros ocuparon Guipúzcoa, la autoridad militar fusiló a 12 ó 14 sacerdotes nacionalistas por sus actividades políticas. El PNV y el clero adicto hicieron grandes protestas en la prensa extranjera y en el Vaticano, apoyándose en sectores “progresistas”, especialmente franceses, pese al carácter tradicionalmente muy reaccionario y antiliberal del nacionalismo vasco. Franco cortó los fusilamientos, pero el clero peneuvista persistió en su campaña para negarle el carácter de defensor de la Iglesia. En realidad, dicho clero se desentendió por completo de la suerte del clero perseguido, justificando de diversas maneras la persecución.

El proyecto de decreto de Irujo señalaba además: “una parte de la Iglesia católica, concretamente la de Euzkadi, ha sabido en todo momento cumplir su misión religiosa con el máximo respeto al Poder civil (…) Por eso no ha sufrido el más leve roce con sus intereses”. Sin embargo esta parte era tan falsa como la anterior. En la zona bajo autoridad del PNV habían sido asesinados nada menos que 55 sacerdotes que, por no ser nacionalistas, no merecieron la menor atención reivindicativa ni protesta del clero ni de los políticos sabinianos, contra lo ocurrido con los fusilados en Guipúzcoa por los franquistas. Otros cientos de religiosos vascos fueron masacrados en el resto del país ante la misma fundamental indiferencia de los clérigos nacionalistas.

Por supuesto, Irujo hizo aquí y allá algunas gestiones en favor de los perseguidos, y algunas denuncias ocasionales. Por ello ha recibido un reconocimiento algo excesivo, si lo comparamos con su política básica de ocultación de la realidad al exterior, de connivencia de hecho y desde el gobierno con los perseguidores, y de apoyo a la propaganda revolucionaria, todo ello sin asomo de protesta de los religiosos peneuvistas. En realidad, ésta era la moneda de cambio por las vulneraciones del estatuto, como exponía el lehendakari Aguirre ante las protestas de las autoridades izquierdistas: “Euzkadi sirvió con su ejemplo de único argumento en el exterior, invocado tantas veces en la Sociedad de Naciones y por numerosos políticos, incluso comunistas, como la señora Ibárruri en sus mítines de propaganda exterior”. Los servicios prestados por el PNV y su clero al Frente Popular fueron muy estimables, pero las izquierdas creían excesivo el pago que por ellos se tomaban los sabinianos.

Creo que estos precedentes ayudan a entender sucesos actuales.

(En LD, 20-12-2002, hace 17 años)

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