Cretinismo intelectual

Su historia de la Reconquista ha sido tildada de “tradicional y nacionalista española”.

–Bueno, la situación de la universidad es tan pobre que en lugar de argumentos hay etiquetas.  Pero en un sentido sí es tradicional. Hoy existen dos puntos de vista básicos: el tradicional, es decir, una reconquista que reconstruyó la nación española; y el antitradicional: no existió España antes de los árabes, y durante los siglos siguientes solo reinos cristianos muy diversos y a la greña, sin raíz  en la situación preislámica, que se inventaron una ficticia relación con el reino godo y terminaron expulsando a los musulmanes, que tenían una cultura muy superior; y a base de mentiras  terminaron uniéndose excepto Portugal, en una unidad puramente personal y más bien ficticia. Este punto de vista es el que predomina hoy en la universidad, hasta el punto de que algunos cretinos prohíben a sus alumnos usar siquiera el término “Reconquista”.

Pero esa descripción de la Edad Media española dividida en distintos reinos cristianos que se peleaban entre sí es cierta.

– Claro que es cierta. Pero no es el único hecho ni el fundamental. Eran reinos que reivindicaban el anterior hispanogodo y por encima de las reyertas y particularismos se consideraban españoles. Es decir, al mismo tiempo que esas tendencias disgregadoras había otras integradoras o unificadoras.  Y estas fueron las que prevalecieron, y hay que estudiar el proceso desde ese punto de vista. Si hubiera prevalecido la balcanización de España, no podríamos hablar de reconquista, sino de otra cosa. Pero vamos a verlo con más claridad: desde hace tiempo, y sobre todo desde el “desastre del 98″, se ha formado una tendencia intelectual,  basada en la Leyenda Negra, que niega la realidad histórica de España o la retrotrae a tiempos muy recientes para quitarle arraigo. No solo están los separatistas o los movimientos utópicos, casi peor son los regeneracionistas, con Ortega a la cabeza. Esos niegan la realidad histórica de España, o la reducen a un hecho geográfico, o a una enfermedad, lo que es una insigne estupidez. Y de ahí su empeño en negar, o en su caso denigrar, la Reconquista. Por eso tildan de “nacionalismo español” una versión que realmente no precisa demostración, porque es una evidencia. España existe y tiene una larga historia, mal que les pese.  Ellos desean disgregar o disolver o “regenerar”  a España, pero para ello  necesitan tergiversar la historia real, lo que es muy significativo. Salvando las distancias, se parece mucho a los intentos de derrotar post mortem a Franco en nombre de la democracia: para ello tienen que atacar los elementos más fundamentales de la democracia. ¿No es demostrativo? 

–Siendo así, ¿en qué difiere su historia de otras tradicionales? ¿Hacía falta repetir lo de siempre?

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–En primer lugar sostengo que se trató de una empresa política. Muy ligada a la religión, pero política. Y conviene distinguir. El aserto, creo que de Menéndez Pelayo, de que el catolicismo creó la unidad de España y que sin él volveríamos a las tribus prerromanas es un disparate. La unidad cultural de España la creó la Roma pagana, el catolicismo de la última época no pensaba en España sino en el Imperio romano; y fue el arriano Leovigildo quien planteó a España como nación, dotándola de un estado propio: su hijo Recaredo completó el proceso al hacerse católico, pero su otro hijo, el católico Hermenegildo pudo haber destruido el designio de su padre. Durante la Reconquista, la influencia de la Iglesia fue, en líneas generales, favorable a la unidad de España, pero no siempre, como sabemos: los intereses podían coincidir o no. Decir que España era (y en gran parte sigue siendo) católica, es cierto. Pero identificar catolicismo y España como hacen algunos tradicionalistas, no lo es. Y hay otras muchas cosas en las que discrepo de las versiones más tradicionalistas. Por ejemplo, de la “herencia temperamental”, tan cara a Sánchez Albornoz. Este es el mejor medievalista español del siglo XX y nadie le ha superado hasta ahora, pero su “temperamento” le hace ver, por ejemplo, una “España musulmana”, que, por cierto, han recogido todos los hispanófobos que ahora presionan por una inmigración musulmana sin tasa.  

En cuanto a su nacionalismo español…

–Sí, claro, soy nacionalista español, porque creo que sería un gran desastre la balcanización de España, su división en unos cuantos estaditos impotentes y mal avenidos, juguete de intereses de otras potencias… Vea el caso de Portugal, una semicolonia inglesa; y Cataluña caería de lleno en la esfera francesa. Por cierto, no creo que una hipotética  unión con Portugal nos fuera a traer más que problemas. Es un hecho histórico muy asentado y no hay que darle más vueltas.  Creo también que una nación con la enorme densidad cultural y política de España no debe disolverse en una “Europa” LGTBI  que intenta abolir el pasado y crear una situación de “despotismo democrático” como la que denunciaba Tocqueville… España tiene un serio problema con sus intelectuales. Aunque casi no viene al caso, el otro día comentaba con una amiga la actitud ante la dictadura de Primo de Rivera. Fue una dictadura muy liberal, que no solo impulsó el progreso económico como nunca antes desde la invasión napoleónica, sino que además curó cuatro auténticos cánceres del país: el terrorismo o pistolerismo anarquista, la guerra del Rif, unos separatismos que ya se disponían a la acción armada, y el golpismo y demagogia del PSOE, que pasó a moderarse y colaborar con Primo de Rivera. ¡Unos logros fantásticos en menos de siete años! Pues bien, la mayoría de los intelectuales sobre todo los más influyentes, como Unamuno u Ortega, se pusieron a disparatar como auténticos orates contra un régimen que quería institucionalizarse en un bipartidismo con un gran partido de derechas y otro de izquierdas, un PSOE civilizado. Pues nada, aquellos botarates lo que querían es lo que tuvieron y tuvo el país: una república caótica en rápida degeneración hacia el crimen. Y a día de hoy no se ha aprendido la lección.

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Sin conocer el pasado no es posible entender el presente

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Los años dorados del franquismo y el “milagro español”: https://www.youtube.com/watch?v=pzfMPUSWdII

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Negrín, el hombre de Stalin

Negrín, venía a ser la antítesis personal de Largo Caballero y rara avis en el propio PSOE y su UGT, donde predominaba un ambiente un tanto puritano en materia sexual, y admirador, al menos teórico, de  la sobriedad, incluso “la pobreza honrada”. Ajeno a preocupaciones sindicales en un partido que hacía de la “causa obrera” su razón de ser,  rico, médico bastante reconocido, políglota, cosmopolita, sibarita y mundano, tampoco era propiamente un intelectual, pues apenas escribió de cualquier tema ni explicó sus puntos de vista o sus creencias o las razones concretas de sus actos. Si Largo creía firmemente en algunas fórmulas o enfoques marxistas (al menos hasta sus choques con correligionarios y comunistas), Negrín nunca demostró fanatismo alguno al respecto,  y no sabemos si conocía o le interesaba mucho o poco la teoría de Marx o de Lenin. Su adscripción al PSOE resulta por ello algo chocante, pues sus actos y actitudes retratan  más bien a un tipo de profesional acomodado, pragmático ante todo, ateo o agnóstico pero  política e ideológicamente escéptico. Y sin embargo resultó el político más consecuente y hasta despiadado en su defensa del Frente Popular, a toda costa y a todo coste humano.

    Al prepararse la insurrección de 1934, Besteiro había denunciado que Largo, Prieto y los suyos pretextaban un peligro fascista que sabían inexistente a fin de justificar una insurrección de la que  saldrían “empapados y tintos en sangre” para emprender inevitablemente una segunda guerra civil con otras fuerzas de izquierda. La denuncia de  Besteiro sonaba más acorde con el temperamento de Negrín, que sin embargo optó por la insurrección, si bien  en segundo plano. Y al no ser perseguido después, pasó a ejercer como presidente de hecho del grupo parlamentario  del PSOE, al cual no ilegalizó el supuesto gobierno fascista, a pesar de la insurrección. La actitud parece coherente, no con criterios ideológicos sino con el resentimiento provocado en el PSOE por su gran derrota en las elecciones de noviembre de 1933: entonces lo había comisionado su partido para presionar al presidente de la república, Alcalá-Zamora, en pro de la anulación de unas votaciones tan dañinas a su partido. Sin duda se identificaba con los intereses del PSOE, pero parece que más en un plano de conveniencia práctica que doctrinaria. Lo cual no hacía de él, ciertamente, un demócrata ”burgués” o liberal.  Aceptó sin reparo las elecciones de febrero del 36,  pese a su evidente anormalidad y se situó más cerca de Prieto que de Largo, lo que tampoco implica actitud democrática ni moderada.

   Al reanudarse la contienda en julio de 1936, Negrín contempló, como los demás líderes, la tremenda violencia revolucionaria, ante la cual no demostró incomodidad moral o política, aunque tampoco es probable que le gustase especialmente: como tantos otros, la daba por necesaria, como un coste inevitable de la revolución.  Luego se sumó, obviamente, a las maniobras de Prieto, Azaña y los comunistas para derribar a Largo, pero tampoco aparece entonces en primer plano, por lo que su elección como sucesor del defenestrado siempre ha llamado la atención. Realmente no sabemos a qué se debió. Azaña dice que le gustó por su energía y claridad mental, pero la caída de Largo se debió  a las maniobras comunistas en Cataluña y luego en el gobierno, en connivencia con Prieto. Y al margen del agrado de Azaña, Negrín había sido el máximo autor del envío del oro español a la URSS, hecho determinante en la evolución del Frente Popular, por lo que también para el Kremlin tuvo que ser un motivo de satisfacción, no menor que el de Azaña.

    Como jefe de gobierno, Negrín  no trató de dirigir la guerra al modo de Largo, sino que la dejó en manos de Prieto al principio, y solo en su segundo gobierno se ocupó directamente del ministerio correspondiente. Lo cual se tradujo en un mayor poder comunista en el ejército, la policía y la política, si bien no en éxitos militares. También creó, un tanto ilegalmente, un nutrido cuerpo de carabineros con hombres de buena estatura  e instrucción, pero que no protagonizaron ninguna acción bélica brillante. “Guardia de corps” le llamaron algunos y, según Santiago Carrillo, demostración de  que era persona independiente y no títere de Moscú.

     Desde su acceso al poder, Negrín iba a manifestarse como el más fiel  aliado y servidor de la política del Kremlin, con algunos desajustes menores. Stalin deseaba la aniquilación del POUM y la marginación de los anarquistas, y ciertamente las tuvo. Cuando Prieto trató de frenar  los avances comunistas, como había hecho Largo Caballero, Negrín terminó destituyéndolo y reforzando aún más la presencia comunista en los órganos armados y de poder. También siguió tolerando el montaje policíaco de los servicios secretos soviéticos, independiente del gobierno y con cárceles igualmente secretas en España. No vaciló en utilizar al ejército, a su vez, para intimidar a un cada vez más temeroso y maniobrero Azaña. Una vez desechada la esperanza de victoria, a Moscú le interesaba mantener todo el tiempo posible una guerra tan lejana de sus fronteras y tan próxima a Francia e Inglaterra, y no cabe duda de que Negrín cumplió muy bien el designio, siempre a la espera de que la contienda europea estallase entre ambos países y Alemania.

     La conducta de Negrín, largo tiempo condenada por los propios socialistas, ha sido reivindicada en los últimos años y originado uno de esos típicos debates bizantinos: “¿Era Negrín un agente de Stalin o bien un demócrata que no había tenido más remedio que entenderse con la URSS para salvar “la república”? La verdad es que Negrín no tenía necesidad de ser un marxista-leninista ni de ilusionarse con los supuestos logros soviéticos para servir la política de Moscú en España. Le bastaba con su pragmatismo y sentido de la lógica, y es evidente que en todas sus disputas con Largo, Prieto o Azaña, él fue el más racional. Largo y Prieto habían sido coautores del envío del oro, y Azaña, engañado o no,  lo había consentido finalmente; pero no querían darse por enterados de sus consecuencias. Sus lamentaciones debían sonarle a Negrín puerilidades patéticas, y sus intrigas  una traición  en beneficio de Franco. En todo lo cual acertaba, sin duda. Algunos autores afirman que “no tenía intención de entregar el Frente Popular a Stalin”, aserto realmente cómico: ya lo había entregado al comienzo, junto con el oro. Y contra ese cepo se debatían inútil y desesperadamente los adversarios a destiempo de Negrín y de Moscú. Es obvio que aquella política suponía alargar los sufrimientos de la población y aumentar sin fin previsible el número de víctimas. Negrín no manifestó el menor escrúpulo por tales costes, ni tampoco  preocupación por el hambre y desabastecimiento creciente en su zona.

   Otro rasgo clave de su mentalidad fue la organización, desde que era ministro de Hacienda, de la requisa masiva de bienes públicos y privados, descerrajando las cajas de seguridad de los bancos, expoliando museos, montes de piedad,  iglesias, bienes del patrimonio histórico y artístico, etc. Con tales métodos acumuló un tesoro ingente con vistas, en apariencia, a garantizar un exilio sin problemas económicos a sí mismo y a sus seguidores. El plan incluía seguramente el traslado de las obras del Museo del Prado, así como la enajenación de los bienes del estado en el extranjero, a la que se había negado Azaña.  Es decir, Negrín, como miembro de un “gobierno de la Victoria” y luego como jefe del segundo, pensó desde el primer momento en la posibilidad de la derrota final, un dato que revela un carácter extremadamente cauto y previsor. Si bien su previsión no llegó, como se quejará amargamente en el exilio, a impedir que Prieto le hurtase limpiamente  en Méjico una gran parte de aquellos tesoros, transportados allí en el famoso yate Vita,  asunto que trataremos más adelante.    

   Por haber perdido la guerra a pesar de todos los sacrificios impuestos, y por haber favorecido a los comunistas (pero no por la cuestión del Vita)  Negrín recibiría las peores descalificaciones de sus correligionarios, que le expulsaron del PSOE. Tales condenas obedecieron también al clima de la guerra fría, en la que los jefes exiliados del PSOE optaron fervientemente por los anglosajones, de quienes esperaban volver a gobernar, abandonando sus querencias por la URSS. No ha sido hasta el gobierno de Zapatero cuando Negrín fue rehabilitado y readmitido post mortem en el partido. Y  desde hace años, cierto número de escritores, como G. Jackson, E. Moradiellos, P. Preston,  R. Miralles, A. Viñas y otros, escandalizados por las viejas “condenas, vilipendios  y difamaciones” caídas sobre Negrín, han escrito abundantemente en reivindicación de la memoria del, en su opinión,  gran estadista  y héroe que defendió hasta el final la “república democrática”.  Opinión que seguramente compartiría Stalin y que  al menos nos permite hacernos una idea de lo que entienden por democracia esos notables autores.

 

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VOX y la trampa que se cierra / Lo nuevo en “La Reconquista y España”

* Han estado muy en su punto los abucheos del “orgullo” a los cantamañanas de C´s  que quieren hacerse los amigos de la mariconería (con permiso de la ministra) y de sus odios.

* VOX no puede admitir en Madrid ni en ningún lado que las pandillas del PP y C´s lo traten como un felpudo. Ya cayó en la trampa de intentar hacerse “respetable” para los mafiosos. Si ahora permite que estos le ninguneen, la trampa se cerrará sobre VOX, que perderá toda respetabilidad. Debe ser muy consciente de ello.

 

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 La Reconquista fue un largo y complicado proceso político-militar:  un país cristiano y latino con cierta impronta germánica previamente destruido por una invasión musulmana, logró reconstituirse en la mayor parte de la península ibérica. Fue también un proceso único, sin ejemplos en la historia de otros países que faciliten su comprensión al compararlos.  He procurado dejar en claro estos elementos, que a menudo quedan nebulosos o confusos en otros estudios.

 1.-  Según muchos  autores, no habría existido tal nación hispanogótica,  por tanto tampoco reconquista,  sino la formación de reinos peninsulares  cristianos y finalmente de España, sin relación con el reino-nación hispanogodo anterior. La propia España resultaría culturalmente de la mezcla de elementos cristianos, musulmanes y judíos. En el libro expongo las contradicciones, realmente absurdas,  a que conduce esta versión.

2.- La invasión islámica ha sido negada por unos autores o difuminada por otros como un proceso mayormente pacífico y facilitado por el odio de la población a un estado hispanogodo ajeno y opresivo.  En el libro expongo cómo debe entenderse la  invasión en el contexto de una expansión islámica yijadista arrolladora  desde India hasta el sur de Francia, contexto generalmente desatendido en las explicaciones corrientes. Su éxito en España se explica suficientemente por ese impulso combinado con las divisiones dentro del estado hispanogodo, debilitado además  por sequías y pestes.

3.- La Reconquista tuvo un esencial componente religioso y de civilización, pero por lo común los estudios sobre la Reconquista apenas prestan atención al fundamento religioso, dándolo por sabido o por secundario. Ello constituye un grave defecto historiográfico que da pulgar, por ejemplo, a la acuñación de conceptos absurdos como el de “la España islámica”, incluso en autores en otros aspectos excelentes. Por eso he  dedicado algunos capítulos a exponer los rasgos básicos del cristianismo y del islam, con atención al componente yijadista del segundo. 

4.- Muy a menudo se insiste en la superioridad cultural de Al Ándalus sobre España. Por eso he distinguido la cultura de élite (arte, pensamiento, ciencia…) de la cultura popular. En la primera, la superioridad islámica duró algunos siglos, para estancarse y ser superada por la cristiana y española según se desarrollaban las universidades. En cuanto a la cultura popular (costumbres, artes y técnicas menores, derecho, posición de la mujer, etc.) no cabe hablar de superioridad de Al Ándalus en ningún momento.

5.- Creo que ninguna otra historia ha mostrado el carácter despótico y propiamente extranjero del gobierno andalusí, bien explícito en  la descomposición del califato omeya en taifas: pese a que para entonces la mayoría de la población de Al Ándalus ya se había islamizado (población muladí), prácticamente ninguna taifa fue gobernada por muladíes, sino por los componentes del ejército, fueran árabes, bereberes o eslavos. En Al Ándalus eran inimaginables fenómenos como las Cortes o la primera declaración de derechos.

6.- Es muy raro que en las exposiciones generales sobre la Reconquista se trate la tensión entre el elemento político y el religioso, pero la hubo y tuvo gran importancia, por ejemplo en la constitución de Portugal al margen del resto de España. Esto relativiza una concepción muy extendida que identifica excesivamente a España con el catolicismo, dando a esa identificación un valor positivo o negativo, según autores.

7.- Así como la invasión de España entra en un vasto contexto de expansión guerrera islámica, la Reconquista lo hace también en un contexto europeo que crea dos españas iniciales, la cantábrica y la pirenaica, y origina luego numerosas tensiones con repercusiones políticas  entre la cultura original de España y la traída de Francia e Italia. Estos elementos tampoco entran en la mayoría de las historias al respecto.  

8.- Las cambiantes circunstancias políticas y militares crearon varios reinos peninsulares. Todos se consideraban cristianos –lo que los emparentaba con el resto de Europa occidental–, y españoles –lo que los identificaba por encima de sus diferencias y querellas políticas–. Sin embargo el resultado más “normal” habría sido  que los intereses particularistas hubieran primado dibujando una península semejante a la balcánica, dividida entre cuatro y más reinos que habrían derivado en nuevas naciones. El caso de Portugal sería en principio el modelo.  Pero Portugal fue la excepción, un hecho que debe ser planteado y explicado.  Entre las tendencias disgregadoras y las integradoras  existentes en toda sociedad humana, la mayor fuerza de las segundas en este caso no suele ser bien explicada (o siquiera planteada) en la mayoría de las historias.

9.- Otro punto importante es la posición hegemónica que fue alcanzando Castilla en todos los terrenos. Según Ortega, “Castilla hizo a España y la deshizo”, replicada por Sánchez Albornoz con “Castilla hizo a España y España deshizo a Castilla”, frases ambas  tan sonoras como evidentemente  falsas. El hecho real es que Castilla, sin estar en el origen de la Reconquista y siendo durante largo tiempo un factor más de disgregación que de integración, adquiere tras su reunificación con León, un impulso político, militar y, lo que importa más, cultural, superior al de los demás reinos. En el libro trato de explicar el fenómeno por la mayor libertad personal en Castilla y por  la mayor fuerza adquirida por sus universidades.

10.- Al desarrollarse la Reconquista en un proceso tan largo, las transformaciones sociales, económicas  y demográficas, aunque por naturaleza muy lentas,  fueron también intensas. Lógicamente, la sociedad  previa a la invasión islámica y la resultante de la Reconquista, habían cambiado grandemente. También es preciso constatar –como problema–  cómo la España final cobró una fuerza expansiva extraordinaria, tanto que en poco tiempo se convirtió en primera potencia europea y con un impulso navegador y descubridor  sin precedentes en la historia humana. En las historias corrientes esto no suele plantearse.

   Creo que estas razones bastan para, sin falsa modestia, proponer La Reconquista y España como la mejor obra de síntesis sobre el tema escrita hasta ahora. Lo cual  no quiere decir que no contenga errores de detalle (siempre se cuelan) o que con ella quede solventado cualquier problema al respecto. Por el contrario, supone la elevación de la problemática a un nivel superior, que otros desarrollarán si quieren, y a un necesario debate que supere falsos problemas sobre la invasión, las “tres culturas”, la “consustancialidad religiosa”, la “formación de España”, etc.

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 Iniciativas. Propongo a quienes tenga medios e interés un documental con el título: “Madrid, capital de España o colonia inglesa?”. Se trataría de recoger la vasta presencia del inglés como lengua estimada superior por todas partes, en carteles, banderas británicas en ropas, mochilas y colegios “bilingües”, etc.  Creo que la mera exposición de estas realidades haría innecesarios muchos discursos.

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Los años dorados del franquismo: https://www.youtube.com/watch?v=pzfMPUSWdII

 

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Mariconería sagrada (con permiso de la ministra)

 Una de las grandes tonterías beatas sobre la guerra civil es que “no hubo buenos y malos”. Eso depende. Para quienes desean disgregar o disolver a España, o ven el comunismo como algo deseable, los buenos fueron indudablemente los componentes del Frente Popular. Pero los que desean la conservación de España, la libertad personal, la propiedad privada, los buenos fueron los que finalmente vencieron. Claro que hubo buenos y malos. ¡Y tanto! Y debe recordarse más cuando el país está siendo empujado a un nuevo totalitarismo, precisamente por los políticos y partidos que se consideran herederos del Frente Popular.

La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)Los Mitos Del Franquismo (Historia)Mitos de la Guerra civil, los (Bolsillo (la Esfera))

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No voy a discutir el indudable derecho de los homosexuales a sentir orgullo por sus prácticas particulares. La homosexualidad –la sexualidad estéril– como tantas otras cosas, existe, existió y presumiblemente existirá siempre, otra cosa es que sea buena  o  equiparable a la sexualidad normal, pero tampoco me opongo a su derecho a creerlo. Opino que la sexualidad es algo personal, y que su exhibición la convierte en algo proclive al chiste, por así decir. Lo digo porque un argumento que usan los homosexistas  es que a quién le importa con quién se acuestan o lo que “coman”. Cierto, no debería importarle a nadie, pero ellos están siempre ostentándolo y jactándose de ello, mientras quieren prohibir a los demás opinar siquiera al respecto.

Pero, en fin, lo que no es en modo alguno tolerable es el homosexismo o conversión de una digamos peculiaridad sexual en política.  Y en política que intentan imponernos a todos como un dogma; que nos obliguen a pagar sus jolgorios; que de pronto la veneración de sus dogmas se convierta en piedra de toque de la moral política y social, y de que nos amenacen con penas judiciales por “odio”. La sacralización, vamos, de la sexualidad estéril. No es solo que ellos rezumen odio hacia cualquier discrepancia o discrepante, como he podido comprobar por mí mismo. Es que estamos llegando a la sacralización de una sexualidad cuyo rasgo definitorio es la esterilidad. A un totalitarismo que no se contenta con prohibir el pensamiento disconforme sino que pretende regular hasta los sentimientos de la gente normal.

  El homosexismo es una ideología totalitaria y en ese sentido criminal, pero que pretende sacralizarse.  Hoy no pueden hacerse chistes al respecto, salvo en la intimidad , ni emplear términos populares como “maricón” o “tortillera” que “ofendan su sensibilidad”. Hay miles de chistes con la sexualidad normal, los cuernos, el puterío, muchos dichos y actos, libros y escritos altamente ofensivos y a menudo calumniosos contra la iglesia, el franquismo, las ideas liberales, los políticos, etc.; cosa por otra parte normal– si dejamos aparte las calumnias– en una sociedad democrática. Pero hemos llegado a esta situación grotescamente tiránica por la que los homosexistas y sus amigos pretenden dictar la ley, el pensamiento y los sentimientos de la gente, algo sin precedentes históricos. Lo más asombroso es que lo van consiguiendo, sin apenas resistencia, y hoy la UE puede definirse como un gobierno general LGTBI de casi toda Europa (salvo Polonia, Hungría y, ya fuera de su alcance, Rusia. Por lo visto eso es el progreso, aunque no se especifica hacia dónde.

   Digamos, en fin, que el homosexismo va unido y reforzado con otras políticas: el feminismo histérico (mi ensayo al respecto,, primero de crítica al feminismo en España, lo titulé, no por casualidad, “la sociedad homosexual”, aunque no tratara directamente de esta), el abortismo, el socavamiento de la familia, un perverso y por su naturaleza totalitario adoctrinamiento desde la infancia, un anticristianismo de base (por lo menos hasta Pancho I de la Pampa,  que parece muy comprensivo con todas esas cosas). También, curiosamente con los intentos de disgregar España o disolverla: todos esos partidos son ardientemente homosexistas y compiten por desfilar en los festejos del “orgullo” y obligarnos a pagárselos.  VOX debería articular un discurso poderoso de conjunto y no meras quejas, contra todo eso. Y exponerlo de manera tenaz y consistente.

   Incidentalmente, hace años sostuve una polémica sobre estas cuestiones en Libertad Digital con César Vidal, Jiménez Losantos, José María Marco y algunos más. Creo que gané el debate por goleada, y eso no me benefició finalmente. En todo caso pueden encontrarlos los textos tecleando juntos los respectivos nombres. La polémica empezó por este artículo: 

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/soy-homofobo-naturalmente-asesinatos-en-masa-6642/  

Desgraciadamente la polémica no ha servido de nada: los contrarios a los LGTBI han resultado ser muy “mariquitas” y no han sabido hacer nada práctico

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Una hora con la historia no consigue salir a flote. Los sucesivos llamamientos en petición de apoyo económico y difusión de los programas tienen muy escaso resultado, salvo por  un pequeño grupo de valientes. Parece una labor casi imposible hacer comprender la necesidad de acción a un gran número de gente que prefiere la queja inane. No sea usted de esos. La cuenta para colaborar es BBVA “tiempo de ideas”  ES09 0182 1364 3302 0154 3346

Una hora con la Historia. España en la guerra fría. Franco: “Nos necesitan más que nosotros a ellos”: https://www.youtube.com/watch?v=_pFTC1ppRLI

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Em Adiós a un tiempo:

https://www.libertaddigital.com/opinion/fin-de-semana/bublichki-1276231494.html

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

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Miseria de la historiografía española (II) Joseph Pérez

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))Hace pocos años Joseph Pérez  publicó hace siete años un libro “Para entender la historia de España”. Así quiere entenderla él (lo comenté en su momento):

Joseph Pérez, sospecho que como respuesta indirecta a mi Nueva historia de España, ha publicado un libro de altos propósitos no sé si muy logrados: Entender la historia de España. En sus propias palabras, ¿Puede hablarse, en rigor, de España antes de la invasión árabe de 711? Tengo mis dudas (en realidad no tiene ninguna: lo niega). En 711 la Península Ibérica queda dividida entre dos civilizaciones: moros y cristianos. Estos acaban venciendo en 1492, pero siguen divididos en distintas comunidades políticas que acaban configurando tres coronas (…) Los Austrias inauguran una nueva era que termina con los tratados de Westfalia (1648), era de hegemonía en Europa y en el mundo, era de gloria, si se quiere (no me parece que Pérez lo quiera demasiado), pero ¿para quién y para qué? La que ocupa entonces el primer puesto en Europa no es precisamente España, sino la dinastía reinante. Manuel Azaña lo vio claramente; tal vez, como buen conocedor de la historia de Francia, se haya acordado de lo que (…) aprendían los alumnos franceses en la escuela (…) Francia se enfrentó, no tanto con España, sino con la Casa de Austria. La hegemonía era cosa de la dinastía, pero a los españoles les costó caro: les impidió desarrollar sus intereses propios como nación. La llegada de los Borbones, a principios del siglo XVIII, cambia muchas cosas. Aparentemente, España pierde territorios, pero territorios que no eran hispánicos (Flandes, Italia); en cambio conserva las posesiones peninsulares y el imperio de América, lo que la convierte en la tercera potencia de Europa, después de Inglaterra y Francia; en contra de lo que se escribe a veces, la España del siglo XVIII no es una nación decadente. La decadencia y la marginación son posteriores, son consecuencia de la Guerra de Independencia, de las guerras civiles del siglo XIX y de la emancipación del imperio colonial. Entonces sí es cierto que España pasa a ser una nación de segunda categoría (…) La recuperación viene mucho más tarde, a mediados del siglo XX y se confirma después de la muerte de Franco. Con una economía renovada, una sociedad moderna y un régimen político semejante al de las demás democracias, España se reincorpora a Europa; vuelve a ser una de las grandes potencias, con todos los inconvenientes que ello supone en el mundo de hoy. Estos van a ser los ejes principales de mi reflexión (…) siguiendo a mi manera (…) la pauta de mi maestro Perre Vilar: importa menos dar a conocer que dar a entender lo que ha pasado”.

Tiene interés explicitar qué quería “dar a entender” su maestro  Pierre Vilar: trataba de divulgar una visión marxista (es decir, lisenkiana, como he explicado en otras ocasiones) de la historia. Me temo que ninguno de los asertos de Pérez resiste una crítica algo rigurosa, o bien deben ser muy matizados como iremos viendo.

España no existe “en rigor” antes de la invasión musulmana (aunque el reino hispanogodo se llamara España) . ¿Aparece España gracias a la invasión árabe?  Tampoco, solo hay “dos civilizaciones” (una de las cuales hablaba continuamente de España y el reino perdido, pero eso carece de importancia). ¿Aparece España, por fin, al expulsar a la otra “civilización”? Pues tampoco, sigue habiendo tres coronas. ¿Y con los Austrias? Pues tampoco todavía, porque lo que hay es una dinastía extranjera que no pasa de perjudicar a España impidiéndole desarrollar sus propios intereses nacionales (intereses de una nación que sigue sin existir).  ¿Cuándo aparece España, por fin? Aparece después de la Paz de Westfalia, propiamente con los Borbones y obviamente gracias a Francia. (Azaña vio bien todas estas cosas, dice incidentalmente. Quizá por ello llevó al país a la  guerra civil).  Y aparece como tercera potencia europea porque conserva un gran imperio (que viene  de cuando  los Austrias se dedicaban a perjudicar los intereses de una nación “n rigor” inexistente ).  Al surgir España como nación en la historia, sufre  algunas pérdidas territoriales en Europa, pero como no eran hispánicas, no pasa nada en ese aspecto. No hay decadencia en el siglo XVIII,  aunque en la práctica España quede como  satélite político y cultural de Francia. Luego, sí, en el siglo XIX encontramos una decadencia real, que se prolonga hasta que la muerte de Franco permite a España volver a ser una “gran potencia” (aunque más satelizada cultural y políticamente que nunca).

   Bien, Joseph Pérez tiene los siguientes títulos y premios: Príncipe de Asturias (donde empezó la Reconquista que según él no existió) Premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las letras (en Alcalá nació  Cervantes, un agente de la antinacional dinastía de los Austrias) Gran cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio (un rey en una España inexistente), Comendador de la Orden de Isabel la Católica (que seguía sin ser española “en rigor”). Y otras cuantas distinciones más.  La oficiosidad y la miseria de la universidad y las instituciones supuestamente culturales españolas. ¿No saldremos de ahí?

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Hace siete años:                                              Dice Esperanza Aguirre que hay que ser patriota sin duda ni complejos. Y ella lo es, claro: patriota… anglosajona. Empeñada en meternos inconstitucionalmente el inglés como segundo idioma desde la infancia y colaboradora en su imposición como primer idioma en la cultura superior (y no solo). Un patriotismo lacayo. He dicho, e insistiré aquí, en que la amenaza para nuestra lengua y cultura no viene tanto de las pequeñas fechorías de los separatistas como del entusiasmo de los políticos en general por desplazar el español a favor del inglés a todos los niveles. Uno se asombra de la penetración del inglés en cualquier ámbito público y no se asombra menos de la falta de denuncia y resistencia hacia tal fenómeno, indicio de un pueblo estéril y estragado, es de esperar que no por completo. Insistiré más en ello, porque la confusión al respecto es enorme.
Y le dice García Margallo a Hillary Clinton, “¡España ha vuelto!”. Inconscientemente uno espera la continuación: “… a ponerse a sus órdenes”. Este Margallo, que insiste en la recuperación de Gibraltar, quiere al mismo tiempo hacer desaparecer a España como nación independiente convirtiendo a la UE en federación entregando “grandes toneladas de soberanía. El mayor peligro para España viene ahora mismo de la derecha con su “patriotismo” impostado y contradictorio.

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Una hora con la historia no consigue salir a flote. Los sucesivos llamamientos en petición de apoyo económico y difusión de los programas tienen muy escaso resultado, salvo por  un pequeño grupo de valientes. Parece una labor casi imposible hacer comprender la necesidad de acción a un gran número de gente que prefiere la queja inane. No sea usted de esos. La cuenta para colaborar es BBVA “tiempo de ideas”  ES09 0182 1364 3302 0154 3346

Una hora con la Historia. España en la guerra fría. Franco: “Nos necesitan más que nosotros a ellos”: https://www.youtube.com/watch?v=_pFTC1ppRLI

 

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