Gran parte de las disputas entre ideologías giran en torno a la noción de individuo. El concepto es idéntico al de átomo, e igualmente falso: resulta de una reducción racionalista de lo complejo a lo simple. Parece lógico que si lo más variado y complicado se explica por lo más simple, se llegue de nivel en nivel a un elemento totalmente simple, indivisible, que fundamente todo lo demás. Realmente, esa idea nunca podría explicar lo complejo y lo variable, pues el mundo resultaría solo de una acumulación de átomos todos iguales, sin que se explique muy bien por qué existe una multitud de átomos en lugar de uno solo. Por lo demás, el llamado átomo en física es a su vez divisible y complejo.
Algo semejante ocurre con el individuo en relación con la sociedad. El supuesto individuo es divisible físicamente en el doble sentido de que puede subsistir aun seriamente mutilado y de que su biología, lejos de ser simple, es infinitamente compleja Y no lo es menos en su psicología y conducta. Dentro de cada individuo pugnan individuos diversos, es decir, deseos, aspiraciones e intereses no solo distintos sino a menudo opuestos, y de hecho tiene que hacer un esfuerzo permanente para elegir o buscar equilibrios entre unos y otros. De ahí la frecuencia de los trastornos mentales. Además, su conducta no nace de sí mismo, sino que está muy condicionada y moldeada por el choque continuo con los deseos, etc., ajenos; y moldeada por ciertos calores y actitudes que la sociedad le impone. Para hacerlo más complicado, gran parte de sus impulsos no son conscientes ni racionales.
Las ideologías han opuesto a menudo al individuo y la sociedad. Debido a que las ideologías parten de sociedades cristianas, a las que se oponen, han solido pintar a los individuos como “víctimas de la sociedad”, oprimidos por esta. Se daba por supuesto que se trataba de la sociedad tradicional cristiana, que oprimiría, alienaría o deformaría a los individuos. Era preciso, por tanto, destruir las viejas sociedades opresoras.
Pero es obvio que ni los individuos pueden vivir sin la sociedad ni existe la sociedad sin sus individuos, lo que planteaba el problema de la liberación a partir de los individuos o a partir de la sociedad. En general, la ideología comunista se centraba en la sociedad: esta es la que moldea y hace posible la vida de los individuos, por lo tanto se trata de transformarla, de extirpar viejas opresiones y supersticiones: a partir de ahí, el individuo se liberaría a su vez; es más, se forjaría un tipo de individuo, “el hombre nuevo”, cuyas virtudes de altruismo y demás coincidían bastante, paradójicamente, con las preconizadas por el cristianismo.
En cambio el liberalismo ponía el acento en el individuo. Partiendo del supuesto de que la economía se regula por sí misma sin necesidad de intervención exterior, meramente poniendo en juego el concurso de los intereses de unos y de otros, la sociedad en conjunto podría funcionar de igual modo. Esta visión es consecuencia de la idea generadora del “individuo libre” y su línea de demarcación con el anarquismo es tenue. El liberalismo supone un mito originario, el estado de naturaleza en el que nada se opondría al intento de cada individuos de imponer sus deseos (cada individuo sería verdaderamente un átomo libre), mientras que el socialismo suponía una comunidad primitiva sin diferencias de clases ni poder. Para el socialismo, la evolución humana a partir de esa situación pobre pero libre y en cierto modo idílica, habría consistido en una creciente división en clases, con el poder convertido en aparato, el estado, para asegurar la dominación de los privilegiados. Para el liberalismo, el estado de naturaleza supondría la lucha de todos contra todos y la imposibilidad de vivir en sociedad, por lo que la evolución humana habría conducido a un “contrato social”: los individuos recortarían su libertad –eso sí, lo harían libremente– para hacerla menos mortífera.
Mediante la idea de los dos estados primigenios, una y otra ideología intentan explicar imaginativamente la situación del momento y especular sobre sus perspectivas futuras; pero son puro mito en el doble sentido del propio intento y de ser falsos. Ni la comunidad primitiva, ni el estado de naturaleza ni el contrato social han existido nunca. En ninguna situación histórica conocida o concebible han existido esos individuos-átomos libres, que nunca habrían podido vivir en sociedad. Y para complicar la situación, desde el principio hay considerables diferencias entre los individuos en cuanto a dotes naturales como inteligencia, fuerza, sensibilidad, así como en carácter e inclinaciones. Las costumbres, normas y leyes y la fuerza o violencia capaz de hacerlas cumplir, es lo que permite la vida social entre individuos tan poco indivisibles y tan complicados y opuestos no ya entre unos y otros, sino en lo más íntimo de sí mismos, y tan pugnaces unos con otros.
Cabría discutir si es primero la sociedad o el individuo, al estilo del huevo y la gallina. Pero en este caso sería más bien la sociedad. El individuo nace de una sociedad de hombre y mujer. Si ambos permanecieran aparte, no habría individuos. Es más, el nuevo individuo no nace libre y formado, sino que se va formando, física y anímicamente, a lo largo de muchos años, y lo forma la sociedad, antes de que él sea capaz de influir a su vez en ella. Adán y Eva no decidieron unirse libre y voluntariamente, fueron creados así, como partes de una sociedad.
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El inmenso y desvergonzado fraude de las “fosas del franquismo” nos obligan a pagarlo a todos. Es una mentira “norcoreana”, que no debiera existir en una democracia. “Una hora con la Historia”, dedicado a combatir la “memoria antihistórica” no está subvencionada. Depende del apoyo voluntario de sus oyentes: escúchelo y difúndalo https://www.youtube.com/watch?v=8uprMK8nvi4
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Me dicen que hace unos días, en “El gato al agua”, Pedro Insua paró los pies a la charlatana señora que lleva el PP para la Comunidad de Madrid. La charlatana se explayaba sobre las maravillas del inglés, e Insua le recordó que España no es un país bilingüe español-inglés, que el inglés se debe enseñar como lengua extranjera y no en igualdad, de hecho en superioridad, con el español, y que lo que hace el PP es impulsar una verdadera colonización y desplazamiento del español como lengua de cultura. Así me lo han contado. Me alegro muchísimo. Llevo unos quince años hablando de estas cosas y daba la impresión de que los políticos han logrado volver a los españoles serviles e indiferentes o despreciativos hacia su propia lengua y cultura. Parece que empieza a haber una reacción. A ver si cunde.









