El hecho de que el hombre se pregunte por su propia condición implica dos cosas: que no la conoce; y que es capaz de situarse psíquicamente fuera de sí para hacerse la pregunta como si la hiciera a otro, e indagar sobre ella. Ambas cosas, la ignorancia de su propia condición y la salida fuera de sí para tratar de conocerla resultan realmente sorprendentes una vez expresadas. Un animal, que sepamos, es incapaz de preguntarse sobre sí mismo. Y este es precisamente el primer rasgo de la condición humana, la capacidad para salirse de sí y plantearse no solamente qué es el mundo sino también qué es él mismo. Estas preguntas se presentan más como un sentimiento que como una elaboración intelectual. Son preguntas previas a la razón, la cual solo entra en funcionamiento a consecuencia de ellas. El sentimiento de la propia ignorancia obliga al hombre a salir de sí y empuja las demás capacidades humanas
**************
En Una hora con la Historia: el ignorado y no muy ejemplar ni democrático proceso como se elaboró la Constitución: https://www.youtube.com/watch?v=eVcokWrLTz8
P. No obstante, también cabría sostener que la decadencia de Europa supone su mayor triunfo, por cuanto las ideas morales, políticas, económicas, etc. elaboradas allí a lo largo de siglos se han expandido por el mundo entero.
–Se puede mirar así, pero es engañoso. Es la impresión de que la historia ha llegado a su culminación, impresión que ya tenían los romanos con su ciudad eterna, sus leyes y su elaborada civilización, a la que tanto debemos. La división de Cellarius en edades antigua, media y moderna responde a esa misma idea, y cada dos por tres oímos hablar de la “modernidad” en el mismo sentido. Al ser humano le acucia conocer el sentido de su historia, pero este siempre se le escapa. Mi ensayo sobre Europa comienza de este modo: La historia se nos presenta algo así como un inmenso puente de comienzo y fundamento inciertos, que va construyéndose con las vidas de una miríada de personas y avanza en el vacío en dirección imposible de conocer. Es una analogía como podría hacerse otra, pero me parece evidente, no precisa demostración. Lo cual no implica que la inquietud por conocer ese sentido sea inútil. Aunque no lleguemos al objetivo, el esfuerzo nos permite ir aprendiendo otras muchas cosas, tal como marchar hacia el horizonte nos permite descubrir nuevos paisajes, aunque el horizonte nunca lo alcancemos. Y si prescindimos de la marcha hacia el horizonte nos estancaremos en un paisaje determinado, ciertamente muy estrecho. Vivimos en el tiempo, y el tiempo no se somete a nuestra razón. El pasado lo conocemos muy parcialmente, el presente nos atosiga con mil exigencias que nos vienen impuestas, y el futuro se mantiene oculto.
P. Según usted, no sería posible invertir la actual decadencia mediante una vuelta al cristianismo
–Yo no he dicho eso. Solo he dicho que por ahora no le veo la traza. Aparte de que el cristianismo no ha desaparecido, solo ha perdido gran parte de su influencia. A mí lo que me asombra es la potencia de una doctrina que, analizada, está llena de contradicciones y de exigencias imposibles. Imposibles, al menos, para la gran masa de los humanos. De ella, del cristianismo, ha surgido toda la civilización europea, incluso las creencias que lo atacan. Y creo que el secreto de esa potencia creativa radica en la tensión entre fe y razón, que ha seguido dando lugar a mil cuestiones y tendencias, incluido el marxismo, el existencialismo, cualquiera de la ideologías que han querido abolir la fe y paradójicamente han construido fes nuevas y, por lo que se ve, no muy satisfactorias.
P. ¿Podría decirse que usted rechaza las interpretaciones más comunes de la historia, básicamente económicas, hoy predominantes?
–Bueno, el libro no es de filosofía, es de historia, pero una historia que dé a la religión y a las ideas un papel secundario, casi de adorno de la economía y la técnica, no es historia real. En el libro voy examinando también, en líneas generales, claro, las evoluciones económicas, de estructura social, políticas o militares. Pero ¿cuál o cuáles de esas condiciones determinan el movimiento general de la historia? ¿Son las ideas, en primer lugar las religiosas y filosóficas, o es la economía o la “voluntad de poder” político-militar? Creo que son las ideas. Todas las culturas dan la máxima importancia a la religión, a un tiempo como generadora cultural y estabilizadora social. La religión es la fe. Vea el hundimiento de la URSS y el aparente triunfo absoluto de la democracia liberal representada por Usa. La democracia liberal se ha convertido a su vez en una verdadera fe, que ha movido pensamiento político, intereses económicos y acciones militares. Las invasiones y agresiones a diversos países islámicos, las provocaciones a Rusia, la rivalidad creciente con China, la promoción de las inmigraciones masivas, del aborto masivo, etc., nacen directamente de esa fe mesiánica, que choca con otras fes. Teóricamente, la aplastante superioridad económica, técnica y militar de Usa y sus aliados de la UE debería haberse impuesto rápidamente sobre países materialmente muy inferiores. Sin embargo Usa y la UE van dándose cuenta de que se están metiendo en avisperos muy peligrosos, de los que están saliendo bastante malparados. No voy a desarrollar ahora el asunto, pero creo que en la historia las ideas –la fe en primer lugar es una idea– son el elemento principal.




