Contra el ataque a la libertad, movilización

Con todo, parece imposible que una ley así cuaje. Todo el mundo con quien he hablado coincide en que es una monstruosidad.

–Si ese “todo el mundo” dice que es una monstruosidad, y se queda ahí, es que está dispuesto a aceptar la monstruosidad. En la degradación a que ha llegado esta democracia fallida, que ha embrutecido a la mayoría de la gente, ello es perfectamente posible. Para empezar, la ley de memoria histórica de Zapatero es lo mismo que la que proponen ahora. La única diferencia es que en aquella la amenaza sobre las libertades quedaba pendiente, como una espada de Damocles, y en esta ya se explicita sin lugar a dudas: quien no piense como la pandilla de matones y delincuentes de la izquierda y los separatistas, puede ser encarcelado o arruinado a multas por orden de cualquier mangante de la política;  y el espacio público será ocupado exclusivamente por esa caterva de rufianes. Es que la ley anterior era una monstruosidad exactamente como esta. Era una ley totalitaria y de apología de los torturadores, ladrones y asesinos de las chekas. ¡Y fue promulgada y cumplida también por el PP!

Usted no deja títere con cabeza entre los partidos. El PP se opuso a aquella ley.

–Vamos a ver: el PP no se opuso ni se opone. Decir que “hay que mirar al futuro” ante un ataque semejante a la libertad de todos y a la verdad de la historia es colaborar de entrada con los matones, haciendo un paripé para seguir embaucando a los votantes más obtusos o más ilusos. Como se demuestra cuando, ya en el poder y con mayoría absoluta, el PP cumple esa ley de la cheka con  el mismo celo que el PSOE. Pero déjeme seguir con la monstruosidad. Que una ley así haya sido aceptada para discusión en el Congreso ya revela la gentuza que se ha mentido en el Congreso, unos personajes que no son simplemente corruptos en el sentido económico, sino que lo son mucho más en el sentido político, intelectual y moral. Unos supuestos representantes del pueblo, que han llegado ahí engañando desvergonzadamente a la gente, votan leyes contra las libertades más elementales del pueblo. ¿Cómo es posible? Pues así es. Lo hacen con todo descaro ante nuestras narices. Esos cuatro partidos más los separatistas forman desde el punto de vista ideológico un solo partido, un partido zapaterista. A eso hemos llegado. Esta ley los retrata a todos sin el menor lugar a dudas. O España y la democracia se libran de esa chusma, o España y la democracia estarán acabados dentro de no mucho tiempo.

Su lenguaje es muy fuerte, muy irrespetuoso, sonará excesivamente radical a mucha gente

–Mire usted, cuando estamos ante un ataque de esta envergadura no caben eufemismos ni respetos. En España la derecha,  la gente común de derecha, resulta muy “respetuosa”. En concreto, sienten enorme respeto por los matones. Y cuando se respeta lo que no es respetable se pierde el respeto a lo que sí lo es. Y este es uno de los grandes males que sufrimos. Porque ya el franquismo, aunque excelente en muchos aspectos prácticos,  era muy débil intelectualmente, y la derecha posterior lo es más aún. Como es muy inculta e ignora la historia, empieza por considerar “con respeto” el vocerío y la demagogia de izquierda y separatistas, es incapaz de aclarar sus sofismas y enredos intelectuales, y termina por aceptar en gran parte sus ideas.

¿Qué habría que hacer, en su opinión?^

–Partamos de la realidad. Esa ley puede ser aprobada lo mismo que la anterior, porque viene impulsada por un partido que sigue siendo muy fuerte y que se está radicalizando en un sentido bolivariano, porque será apoyada por los comunistoides de Podemos, y muy probablemente también por Ciudadanos. Y, por supuesto, por los separatistas. Y el PP no se va a oponer, no ha dicho ni una palabra porque ni la democracia, ni la verdad ni España le importan un pepino, como ha demostrado de sobra. Se harán los locos, como con la ley de Zapatero.  Hay además otra cuestión: esa ley explota el antifranquismo cultivado por todos los partidos y por el PP de forma especialmente eficaz, por hipócrita, para atacar la libertad de todos. Ya es significativo que para atacar el franquismo tengan que demoler los principios más elementales de la democracia. Porque no viven en la mentira sino DE la mentira. En otras palabras, el antifranquismo viene siendo el cáncer de la democracia, la coartada o el pretexto para reducir la democracia a una caricatura.

   Muy bien, pero ¿qué hay que hacer?

Pues mire usted: la respuesta la tiene  con el golpe separatista, que ha movilizado espontáneamente a millones de españoles que parecían totalmente adormecidos por la demagogia de la chusma política. La movilización de la gente puede y debe dar al traste con esta ley, y de paso con los partidos que la defienden. Solo si hay una movilización esos partidos pueden dar marcha atrás, desacreditándose de paso. Y la movilización debe pasar de la pura espontaneidad a la organización. Si hubiera un partido realmente alternativo cogería la oportunidad, como Ciudadanos ha cogido de manera oportunista la oportunidad del golpe separatista. Me gustaría creer que VOX podría cumplir ese papel, pero lo veo con muy pocos ánimos, muy poca capacidad política. Por consiguiente, la movilización debe partir de nosotros mismos, de los ciudadanos de a pie que vemos con claridad lo que pasa. Es preciso ganar la opinión pública y la calle. El descontento está muy extendido en la sociedad, pero es difuso, desorganizado y sin claridad de objetivos. Difundamos el manifiesto masivamente, preparemos acciones en la calle que obliguen a los degenerados medios de masas a mencionarlos. En fin, esto debe ser el comienzo de un movimiento de resistencia que sea también de regeneración con el lema MÁS ESPAÑA Y MÁS DEMOCRACIA

******************

Manifiesto

“No se puede imponer por ley un único relato de la historia. No se debe borrar por ley  la cultura e historia de un pueblo, por razones ideológicas. El “historicidio” viene perpetrándose en España, con total impunidad, desde 2007. Ninguna razón moral, ni derecho subyacente, puede primar sobre la analítica verdad de los hechos, en las circunstancias en que se produjeron. Ninguna ley variará los hechos de la historia. La verdad interpretada de unos hechos, cualquiera que sea, no puede ceder a ninguna interesada propaganda política. Resulta del más puro estilo totalitario legislar sobre la historia o contra la historia.

 La nueva ley de memoria histórica propuesta por el PSOE, consecuencia y empeoramiento de la anterior, pretende ilegalizar cualquier  asociación o fundación que sostenga puntos de vista contrarios a los de ese y otros partidos sobre la historia reciente de España. Y amenaza con penas de cárcel y elevadas multas a quienes sostengan opiniones o estudios favorables a la figura de Franco y a su régimen. Intenta asimismo expropiar, destruir o transformar el patrimonio histórico y artístico procedente de aquel régimen.

     Esta proposición ataca directamente los fundamentos de la Constitución y los valores superiores que su ordenamiento jurídico consagra: la libertad (de opinión, expresión, investigación y cátedra); la justicia (sólo atribuible a jueces y tribunales);  la igualdad (que impide la discriminación ideológica, de sexo, raza, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social);  el pluralismo político (ejercido como actividad libre dentro del respeto a la constitución).

   El proyecto de ley viola  asimismo el artículo 19  del Pacto de Naciones Unidas sobre derechos cívicos y políticos, suscrito por España, que en su apartado 49 especifica: “Las leyes que penalizan la expresión de opiniones sobre hechos históricos son incompatibles con las obligaciones que el Pacto impone a los Estados partes en lo tocante al respeto de las libertades de opinión y expresión. El Pacto no autoriza las prohibiciones penales de la expresión de opiniones erróneas o interpretaciones incorrectas de acontecimientos pasados”.

 Se trata por tanto de un proyecto radicalmente antidemocrático, por cuanto pretende decidir desde el poder la realidad de la historia. Esto solo ocurre en regímenes totalitarios tipo Cuba, Corea del Norte, Venezuela y similares, hacia los que no estamos dispuestos a transitar.

  El proyecto vulnera asimismo la verdad documentada de la historia, como demuestra el mero hecho de que su versión quiera imponerse por la fuerza y la violencia del estado, al ser incapaz de sostenerse en un debate e investigación libres e  independientes. Sus argucias invocando la dignidad de las víctimas o equiparando el franquismo al nazismo y similares son solo el envoltorio sentimental y falso de una ofensiva contra la libertad de los españoles, contra la democracia y la verdad histórica. E incita además al odio contra cuantos no compartan la opinión del PSOE sobre estas cuestiones.

     Es obvio que un proyecto de ley semejante no puede provenir de un partido democrático. La historia del PSOE no es democrática. Muchos esperaban que después de la transición ese partido hubiera cambiado su trayectoria anterior, pero comprobamos que  muchas tendencias  antiguas siguen en él peligrosamente arraigadas. Además es bien sabido que ese partido no hizo prácticamente oposición al régimen franquista, en el que medraron muchos de sus líderes posteriores, lo que hace especialmente grotesca su pretensión de derrotar a aquel régimen cuarenta años después de su desaparición.  Y que su virulento antifranquismo actual le exija atacar la libertad de los españoles y la democracia.

    Esta propuesta debe ser rechazada radicalmente por toda la sociedad, pues España no puede permitirse una involución hacia regímenes del tipo implícito en ella.

 

 

Creado en presente y pasado | 175 Comentarios

La debilidad intelectual del franquismo

En su libro Memoria del comunismo, de Jiménez Losantos se toca de pasada, porque tampoco es su  tema central, la actitud del franquismo ante el libro de El Campesino  sobre su experiencia en el GULAG  y otras peripecias:  Si la derecha no entendió bien la naturaleza del comunismo antes de la guerra, once años después de terminada seguía sin enterarse ¡Bastantes checas hemos tenido en España –se lee entre líneas como para que nos cuentes tú, precisamente tú, cómo son las de Rusia! Y sin embargo debió pasarse de lo particular a lo general. La consecuencia de no hacerlo fue, que, como vimos a propósito de Paracuellos y Fernández de la Mora, la guerra se convirtió en una peripecia familiar, sin alcance ideológico”.

   Ni la derecha, ni tampoco los republicanos de izquierda, como Azaña, tenían más que una idea muy vaga sobre el marxismo, que generalmente no iba más allá de lo anecdótico y personal. Y la cosa sigue más o menos parecida. El franquismo ha sido singularmente inepto en el terreno intelectual, como en el estético –excluyendo alguna obra tan realmente extraordinaria como el Valle de los Caídos– Y es una lástima, porque aquel régimen fue en casi todos los demás aspectos realmente espléndido, libre, además de la tremenda carga de la deuda moral, política y económica, del resto de Europa occidental hacia Usa. Ortega y Gasset hizo una observación general muy acertada al volver a España desde el exilio: “Mientras los demás pueblos se hallan enfermos el nuestro, lleno sin duda de defectos y pésimos hábitos, da la casualidad de que ha salido de esta turbia y turbulenta época con una sorprendente, casi indecente salud. Hoy no se podría decir lo mismo

Pero empecemos por aclarar que eso no tiene nada que ver con el cuento del “páramo cultural del franquismo”, inventado y explotado a fondo por los parameros del posfranquismo, fueran los comunistas o los venenosos cantamañanas de El País. El hecho es que en la cultura, como en la economía, el franquismo fue notablemente liberal, de modo que el grueso de la cultura producida en su época fue más bien a-franquista, es decir, ni franquista ni lo contrario.

   Para entender el franquismo hay que empezar por señalar que, contra lo que se dice habitualmente, no fue un régimen de partido único. Dentro de él había al menos cuatro tendencias, cada una de ellas con un sector minoritario antifranquista: carlistas, falangistas, monárquicos y católicos episcopales, por definirlos de algún modo.  Se las llamaba “familias” por no llamarlas partidos, pero todas tenían bastante de partido: órganos de expresión propios, organizaciones propias, incluso juveniles u obreras al margen del Sindicato Vertical. Lo único que tenían en común era el catolicismo, y el régimen se definió como tal. Ya sabemos que esto terminó siendo su suicidio, por mucho que las corrientes digamos menendezpelayistas siguieron y siguen empeñadas en identificar España con el catolicismo.

    Pues bien, las dos “familias” intelectualmente más inquietas y robustas fueron la falangista y la episcopal (la carlista simplemente seguía aferrada a ideas “tradicionales” (una parte evolucionó hacia el trostkismo) y los monárquicos siempre fueron muy “pragmáticos” a un nivel muy mediocre. Desde muy pronto hubo una fuerte tensión entre falangistas y episcopales, en la que solieron ganar los segundos, aunque Franco procuró cierto equilibrio.   Y precisamente entre ellas se dio la interesante polémica en torno a Ortega y otras cuestiones, a las que ha dedicado un estudio A. Martín Puerta. Polémica  que podríamos definir como “orteguistas” (falangistas, más Julián Marías) contra menendezpelayistas (episcopales, realmente Opus y jesuitas). La posición  de los primeros era intelectualmente más abierta, y la de los segundos más dogmática, reducida finalmente a demostrar que Ortega no solo no era católico, sino que era anticatólico, lo que en parte era cierto; y por tanto antiespañol o ajeno a España. La polémica, aunque muy interesante, no salió de ciertos carriles estrechos, llegó a un callejón sin salida con el Vaticano II, y se extinguió  sin dejar un rastro muy preciso.

 Hace poco comentaba en el blog: “Dos buenos motivos de reflexión: la jerarquía católica española, después de las durísimas pruebas de la guerra y de los privilegios que recibió en el franquismo, debía tener un peso moral e intelectual muy elevado en el conjunto de la Iglesia. Pero llegó el Vaticano II y demostró que su peso era mínimo. Y el diálogo (evidentemente intelectual) con los marxistas, salido del Vaticano II: muchísimos católicos se hicieron marxistas o marxistoides. Prácticamente ningún marxista de hizo católico. Esto debiera dar qué pensar, pero no da que pensar nada en el presente páramo cultural”. Debe reconocerse que aquel concilio fue el intento de salir de una crisis creciente y “aggiornarse”, como se decía.  Que la crisis se profundizase desde entonces es otra cuestión. La Iglesia en España pasó a colaborar o admitir la colaboración con separatistas, terroristas y comunistas, pensando que el futuro les pertenecía y había que adaptarse. El sector menos influyente que trató de guardar las esencias demostró el mismo vigor intelectual que la representación española en el Vaticano II, es decir, muy poco: creía que la solución era mantenerse en lo  anterior.

   En cuanto a los falangistas, su evolución no resultó menos patética: dejando aparte a alguna minoría aferrada a los viejos dogmas, esa familia resultó un venero de anarquistas, comunistas, socialdemócratas, liberales y finalmente su Movimiento sirvió de base para organizar una transición que trató de olvidar muy pronto de dónde procedía.

    Todo  esto, en particular las derivas eclesiásticas, resulta penoso, porque las  ideologías que han venido sustituyendo la religión tradicional están abocando a España, y no solo a España, a un callejón sin salida. Creo que el franquismo debería ser reestudiado y reenfocado de otro modo, porque en él es muy posible que se encuentren elemento utilizables ante la crisis de hoy.

*************

En esto no se le pueden poner pegas: ha cumplido: la deuda pública sobrepasa ya al PIBpic.twitter.com/Sr7qmEFgDl

1
Creado en presente y pasado | 45 Comentarios

Ante un ataque frontal a la democracia y a España

Usted ha sido el primero en denunciar públicamente una ley que considera totalitaria, o bolivariana.

–No sé si he sido el primero, pero desde luego uno de los primeros. Y eso me alarma, como me alarma el hecho de que hasta ahora las reacciones hayan sido mínimas. Hay muchos idiotas, sí auténticos idiotas listillos que dicen que no vale la pena hacer nada, porque ese proyecto de ley no se aprobará y no va a ninguna parte, que es solo demagogia para quitar votos a Podemos, y cosas por el estilo. Esos memos son peores que los que defienden todo lo que está contenido en esa ley, porque desarman de antemano cualquier reacción. Es un proyecto de ley contra la libertad de todos y por imponer desde el poder la falsedad histórica institucionalizada.

Pero usted admitirá que, efectivamente, puede haber algo de verdad en lo de que el PSOE está perdiendo votos a favor de Podemos y que esto es una maniobra para recobrarlos.

–No me importa absolutamente nada si es una maniobra o si son cien maniobras. Lo que importa es el contenido de la ley, y eso está clarísimo. Esta ley no es más que la conclusión  lógica de la anterior,  que ya  por sí era  totalitaria deslegitima la transición y la monarquía y trataba de imponer desde el poder una versión de la  historia y convertir a los asesinos de las chekas en luchadores por la libertad víctimas del franquismo. Pues aquella ley miserable pasó, fue aprobada por un Congreso igual de miserable. Y todo el mundo hace como que no se da cuenta, y el PP la aplica a conciencia con el cuento de que las leyes hay que cumplirlas. Una ley tiránica, despótica y falsaria, que atenta contra la democracia,  debe aplicarse, dicen esos tiparracos…  Cuando han visto cómo la izquierda se ha opuesto con eficacia a sus leyes como la de enseñanza… Ahora está ese partido metido hasta el cuello en la corrupción, y Granados está destapando parte del chanchullo institucionalizado. ¿Cómo responden los del PP? Acusando a Granados, textualmente: “cínico, mentiroso,  presunto corrupto y cobarde como una rata”. He comentado  en tuíter: “vaya, parece un retrato robot del político medio del PP”. Habría que añadir, “y frívolo y chulo”.

 

¿No está usted exagerando? Se vienen diciendo muchas cosas apocalípticas desde hace años, y el país sigue más o menos igual, y hay libertades, etc.

–Mire, desde el principio de la Transición, desde Suárez, los gobiernos y los partidos vienen infringiendo la Constitución y con la llegada del PSOE llegó la corrupción a lo grande. Esto es muy grave, pues la convivencia pacífica y libre en cualquier sociedad, en la que siempre hay intereses, sentimientos  e ideas contrarias,  se basa en el cumplimiento de la ley, una ley, claro, que respete los principios de libertad, etc. Y es muy grave vulnerar la ley como se ha hecho sistemáticamente, solo tiene que pensar en Cataluña y Vascongadas, y por tanto en el conjunto de España, porque un gobierno que permite a los separatistas, decenio tras decenio, hacer lo que hacen y encima financiarlo, ese gobierno es cómplice e igual de delincuente. La experiencia histórica demuestra lo peligroso que es eso, porque la guerra civil  llegó, en definitiva por la destrucción de la ley republicana por los mismos que con todo descaro y falsedad se presentan como “el bando republicano”. Pero en España la historia no sirve de nada, o es ignorada o es falseada.

 Pero, le insisto, aquí estamos muy lejos de una guerra civil, pese a las denuncias que usted hace, y que muchos podrían considerar histéricas,

–Es cierto, estamos aún lejos de ello, y es muy improbable que lleguemos hasta ahí. Pero lo  improbable no es imposible y la historia está llena de cosas improbables que sin embargo ocurrieron. No hay que ser frívolos con estas cosas. En cualquier caso debemos preguntarnos por qué, a pesar de la crispación y el odio que separatistas e izquierdas vienen fomentando y convirtiendo en un auténtico negocio, no parece creíble un enfrentamiento violento dentro de la sociedad. Cómo es posible que con unos políticos tan extremadamente ruines como los que tenemos, la sociedad marche medianamente bien. Pues es posible porque el franquismo dejó un país libre de los odios que acabaron con  la república. Se habla mucho de la prosperidad legada por el franquismo, pero aún más importante es la reconciliación de la gran mayoría, que por cierto ya se alcanzó en los años 40, gracias a que nadie en sus cabales quería repetir la experiencia del Frente Popular.  Gracias a esa herencia es muy difícil hoy llegar a aquella explosión de odios que acabó en guerra civil. Pero las cosas van a peor, y el proyecto de ley de que hablamos es un paso muy fuerte en la misma dirección del Frente Popular, es la liquidación de las más elementales libertades  políticas. Y, por cierto, algo así se está aplicando ya en Andalucía, con el silencio cómplice del PP, Ciudadanos, etc. La llaman “memoria democrática”, para más injuria.

Hay gente que dice que nunca firmaría un manifiesto propuesto por usted

–Pues que no lo firmen, otros muchos sí lo harán.  Y que hagan otro manifiesto, si quieren,  que no tendrá más remedio que decir las mismas cosas que yo. Pero esa excusa es claramente un pretexto para no hacer nada en la mayoría de los casos. Porque lo más grave no es el proyecto de ley, propio de unos gangsters políticos. Lo más grave es que haya sido admitido para discutirse en las Cortes, y que no haya suscitado la menor reacción  en mucha gente, políticos, periodistas, historiadores o escritores que crean opinión pública y a los que se supone cierta sensibilidad democrática. Pero el hecho real, y de ahí el peligro, es que la sensibilidad democrática de la gran mayoría de intelectuales, periodistas y políticos es tan inexistente como su respeto por la historia. Y así estamos, dando vueltas a la noria sin que la experiencia del pasado sirva de nada. Y de ahí resulta una democracia fallida, que es preciso reconducir o si lo prefiere, regenerar. Algo que se viene proponiendo desde la derrota de Felipe González, pero que no se hace.  Ahora necesitamos reaccionar ante esta ley, y eso puede ser parte de una regeneración.

 

 

 

 

Creado en presente y pasado | 34 Comentarios

Las revoluciones imaginarias

Las revoluciones imaginarias.  Los cambios políticos en la España contemporánea

José Miguel Ortí Bordás, ediciones Encuentro

****************

En contra de lo que en ocasiones  equivocadamente se ha manifestado, el fenómeno revolucionario es un fenómeno rigurosamente impredecible. Nadie es capaz de adivinarlo, de anticiparlo o de pronosticarlo. Por muchos y muy fuertes que sean los síntomas que al respecto aparezcan en la etapa prerrevolucionaria  (…) Dicho de otro modo, la revolución no se anuncia: prorrumpe, simplemente.

   Por otra parte, nadie ni nada es capaz de controlar realmente el proceso revolucionario una vez que este se ha puesto en marcha. Pese a no ser lineal y pese a mostrarse las más de las veces como caótica e incongruente en su desarrollo, la revolución tiene su particular dinámica interna e impone a todos su propio interés y su propia voluntad. Se desencadena por sí misma y en la forma que ella misma dispone, con independencia la mayoría de las veces de la intención, de los deseos y de los proyectos de los movimientos revolucionarios y de sus dirigentes, por muy preparados que estos estén, por perfilada que sea su estrategia y por abundantes que sean sus conocimientos teóricos (…)

 Hay que señalar, además, que las revoluciones clásicas afectaron todas ellas al régimen de propiedad. Tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos, tanto en Francia como en Rusia, se procedió rápidamente a una más o menos amplia confiscación de la tierra, de la que, como es de presumir, se derivaron sustanciales ventajas patrimoniales para los revolucionarios, como Crane Brinton afirma”.  

   En la mayoría de los casos se observa también que el triunfo de la revolución conlleva  no solo un mayor sino también un mucho más intenso grado de centralización en la organización territorial del Estado”.

   Con estos rasgos   no es de extrañar que el autor señale que no se ha producido ninguna revolución real en España en los siglos XIX y XX, a cuyo efecto examina las llamadas revoluciones de 1820 y  1868. La primera solo lo fue en la medida en que garantizó el hundimiento de casi todo el Imperio español, pero, como observa Ortí, los “revolucionarios” no solo respetaron al rey, sino que declararon su intención de ser lo menos revolucionarios y lo más respetuosos posible con el orden establecido. El golpe de Riego dio lugar a un trienio un tanto demencial terminado con una vuelta al orden por imposición de un ejército extranjero, que en esta ocasión no vieron como enemigo la mayoría de los españoles.  La de 1868 sí considera Ortí, acertadamente, que fue una revolución política, si bien fracasada por su deficiencia social. Muy ligada a la figura de Prim, el asesinato de este la terminó, despeñándose poco después por la I República, aún más demencial que el trienio.

   Quizá habría que decir que, por lo común, los revolucionarios  estaban enfermos de retórica y solo tenían “clara” una cosa: la eliminación de la Iglesia de la política y, en lo posible, de la sociedad española, tal como había ocurrido con la revolución francesa –aunque no en Inglaterra con la anglicana–. Una revolución a un tiempo culminada y abortada en la I República.  

   Como hilo conductor de su ensayo, Ortí Bordás recoge la definición de Ortega sobre España como un país no revolucionario,  como queda expuesto, tardígrado (es decir, de movimiento políticos muy lentos),  y constitutivamente gubernamental.

  El carácter tardígrado queda descrito así: Es un pueblo que no reacciona con prontitud o no reacciona en absoluto ante las incitaciones. Las invitaciones que objetivamente le hace la historia para cambiar no las atiende con la presteza debida (…) Carece de capacidad de movilización. No reaccionó ante la incitación política que, a principios del XIX, supuso la pérdida de legitimidad de ejercicio de la monarquía, si tan siquiera hizo frente a la enorme e irrepetible conmoción histórica que objetivamente representó la emancipación de América. No reaccionó políticamente ante el desastre del 98 ni frente al expediente dictatorial al que la Primera Restauración recurrió en los años veinte del pasado siglo. No reaccionó tampoco ante el estímulo que constituyó la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, ni tan siquiera frente al declive tanto físico como político del general Franco y, con él, del franquismo.

    Creo que todo esto es muy discutible. Cada país tiene su ritmo histórico. Si lo comparamos con el francés, este ha sido mucho más “reactivo”, aunque no siempre. Una reactividad poco envidiable si tenemos en cuenta cosas como la tremenda brutalidad de la Revolución francesa y de las guerras napoleónicas que siguieron. Precisamente la invasión del “reactivo” pueblo francés dejó a España agotada, casi en ruinas, con inminente pérdida del imperio y dividida internamente con propensión a guerras civiles y pronunciamientos. Su derrota frente a Prusia en 1870 dio lugar a una poco estimable y sangrienta revolución de la Comuna, y a un sistema republicano un tanto  despótico y posteriormente a la I Guerra Mundial, de la que España se libró, por suerte. Francia construyó su imperio en el siglo XIX y lo perdió en el XX sin ninguna reacción especial salvo el golpe de De Gaulle. Y en el siglo XX volvió a ser vencida con increíble facilidad por Alemania, de nuevo sin reacción especial, pues debió su liberación al ejército useño fundamentalmente. Quizá pueda decirse que Francia o Alemania han sido mucho más “reactivos” que España, pero no estoy seguro de que esas reacciones sean muy deseables. Gracias a la tardigradez, que decía Ortega, España pudo reponerse de las convulsiones republicanas y vivir los cuarenta  años más fructíferos de su historia en al menos dos siglos.

    Característica del pueblo español sería asimismo la tradicional pasividad antes, en medio  e incluso después de cada cambio político (…) El protagonismo de los cambios políticos corresponde inalterablemente a reducidas minorías, instaladas, por si fuera poco y en no pocas ocasiones, en el Poder  que se altera o modifica o en sus proximidades y aledaños.  El diagnóstico es, como antes, muy cierto,  aunque tengo la impresión de que  ocurre lo mismo en todos los países, por más que “el pueblo” se mueva ocasionalmente como comparsa. Porque además nunca es el pueblo, sino una parte muy pequeña de él, que llena de gente un par de plazas y calles de la capital del país, como llenó la Puerta del Sol al llegar la II República. La pasividad popular puede ser una ventaja en ocasiones de efervescencia demagógica, como ya observaba Julián Marías de la agitación política de los años 60 entre tantos jóvenes y estudiantes de Europa occidental y Usa.  

   Cita Ortí de Ortega: “Este es el secreto hondo y por demás interesante de los destinos españoles: somos un pueblo sustancialmente gubernamental”, pues, explica el autor, “ No nos limitamos a respetar el principio de autoridad, acatar el Poder y obedecer al Gobierno. Ni tan siquiera nos circunscribimos a mostrarnos comprensivos con él y sus decisiones. Nos inclinamos ante el Poder y nos sometemos al Gobierno, cualquiera que este sea y por el solo hecho de serlo (…) Nos comportamos como sujetos pasivos del Poder. Esto parece algo excesivo: no hay más que recordar las enormes movilizaciones aún recientes por el Prestige, la guerra de Irak, las complicidades con la ETA… Podríamos decir que las movilizaciones se producen solo contra gobiernos de izquierda, pero también el PSOE sufrió huelgas generales, mientras que el PP lleva mucho tiempo sin apenas oposición callejera. Lo que sí es verdad es que hay una gran masa de españoles dispuestos a aceptar cualquier gobierno, incluido el más tiránico, y que apenas se dan cuenta de los peligros que corre la libertad, como ahora mismo por la infame ley de memoria histórica. Es un grave problema  porque no se limita a personas de bajo nivel cultural, sino que se encuentra igualmente en políticos profesionales e intelectuales. Apenas ha habido hasta ahora reacciones sobre el nuevo proyecto de ley bolivariana, aunque algo empieza a haber, en gran medida por mi intensa agitación al respecto. Lo digo porque así es.

   Ortí Bordás procede de la Falange y del SEU, tan admiradores de Ortega (una admiración que no comparto, desde luego, en cuanto al Ortega ensayista político o histórico, como he explicado muchas veces) . Y suele olvidarse que fue precisamente el Movimiento el que realizó fundamentalmente el paso a la democracia, que de otro modo habría sido imposible. Ortí pudo haber sido incluso quien la encabezase, pues llevaba años trabajando en esa dirección. En su opinión fue fundamentalmente un gran logro que dio más protagonismo al pueblo,  corrigió la “tardigradez” tradicional y nos integró “en Europa” No obstante, como cita de Julián Marías sobre la Constitución,  este no la veía capaz de “despertar el menor entusiasmo” de ningún tipo y temía que los compromisos con que había sido alumbrada “comprometiesen la realidad política de España”, por lo que no tenía reparo alguno en calificarlo como “La gran renuncia”.

   En cuanto a la integración en Europa, constata cómo  La auténtica mutación (…) es la del rapto cultural por Europa. Nuestra cultura ha sido absorbida por la del Continente (…) Al revés de lo que ha venido aconteciendo hasta hace poco. Recuérdese al respecto la afirmación de que la cultura propiamente española se determina en gran parte  por un proceso de asimilación e hispanización de las influencias europeas. Peo ahora (…) nos diluimos y disolvemos en ella (…) Somos integrantes de una sociedad blanca como la europea, sin fibra moral (…) Claudicación y decadencia son las dos palabras clave que la definen”

   Esta es otra evidencia, si bien debemos recordar que la cultura europea entra en decadencia profunda después de la II Guerra Mundial y que lo que pasa hoy por cultura europea es más bien un seguidismo de la dinámica y avasalladora cultura useña.

   Y rasgo de esta decadencia en España es el resurgimiento de los “demonios familiares”. Bien visible en este mismo momento.

   Ortí Bordás es un ex político ensayista que razona sobre lo que ha venido pasando y sobre las perspectivas, nada satisfactorias, de la historia presente. Una excepción en el panorama de políticos mediocres y golfos que hoy nos aqueja. Por mi parte, como he explicado muchas.

Creado en presente y pasado | 44 Comentarios

Por una Comisión de la Verdad independiente del poder

   Los liberticidas que han elaborado el proyecto de ley de Memoria histórica hablan, con su retórica falsaria, de crear una “comisión de la verdad” con personajes de su cuerda a los que llaman “prestigiosos” y demás. Pero la idea no es mala. Es precisa una comisión de la verdad. Uno de los graves problemas que tiene la democracia en España es la ignorancia de la historia, y en concreto de la historia del PSOE. Esta es la razón por la que muchas personas creen que un partido capaz de proponer una ley despótica como esta es democrático, cuando ese partido, el PSOE, es, ahora como en la república, el peligro más grave  para la convivencia de los españoles en paz y en libertad. Uno de los pocos socialistas decentes, Besteiro, describió la propaganda del Frente Popular, especialmente la socialista, como “un Himalaya de falsedades”. Y ese Himalaya pretenden echarlo nuevamente encima de todos para aplastar nuestras libertades más elementales.

   Pues bien, de momento la comisión está creada. Soy yo mismo más cuantos quieran sumarse al movimiento de aclaración de la historia, en particular  la del PSOE. ¿Cómo haremos? En principio nuestros medios son escasos. No somos personajes subvencionados como los que pretende alquilar el PSOE… y subvencionados quiere decir que nos obligan a todos a pagarles sus falsedades. Tampoco disponemos de los grandes medios de masas, por lo común subvencionados de la misma forma, directa o indirectamente,  en esta democracia fallida. Sin embargo la verdad debe ser defendida, y tenemos muchos más medios de los que parece, máxime en una época en que las redes sociales  permiten una difusión mucho más allá de dichos medios corruptos.  Las propias redes están tremendamente contaminadas por gente afín a os trepadores del Himalaya, pero ahí cada uno de nosotros tiene voz, no puede ser silenciado fácilmente, y se trata simplemente de combatir a los del Himalaya de manera sistemática y lo más masiva posible.

   Mientras dure esta campaña, el editorial del programa “Una hora con la Historia” versará sobre el pasado y el presente del PSOE. El editorial  puede ser difundido tal cual en Facebook. Y acompañaré frases cortas para  tuíter y otra redes.

   Ahora repetiremos un resumen, que ya hicimos hace unas semanas:

Es muy preciso, por tanto, que la opinión pública conozca la ocultada historia de ese partido, hoy bastante bien estudiada, aunque todavía pocos la conozcan. Muy en breve,  en los años 30 el PSOE quiso, buscó y organizó la guerra civil, textualmente, para imponer en España un régimen de tipo soviético. La preparación de la guerra incluyó abundante uso del terrorismo. Fracasado el intento en octubre de 1934, volvió a la violencia tras  las elecciones de febrero de 1936, demostradamente fraudulentas, para destruir la legalidad republicana, con uso abundante de un terrorismo que culminó en el asesinato del líder de la oposición Calvo Sotelo; y ya durante la guerra fueron actos suyos el terror de las chekas, el envío de las reservas de oro a Moscú — haciendo de Stalin el jefe real del bando llamado republicano–  y el robo sistemático de bienes nacionales y particulares, que suscitaría luego peleas sórdidas entre sus líderes en el exilio.

  Si hay alguien responsable de la guerra civil, es el partido que ahora intenta arruinar del todo la democracia mediante la violencia del estado combinada con ”esa constante mentira”, que decía Gregorio Marañón. Volviendo a Besteiro recordemos que fue  el socialista que denunció la guerra civil y el baño de sangre que preparaba su partido en 1934, y que por eso fue calumniado y marginado en su propio partido.  Por desgracia permaneció en él y eso le valió una condena a cadena perpetua al terminar la guerra, aunque como deben saber, aquellas cadenas perpetuas podían durar de cuatro a seis años.  Besteiro fue, además,  el único líder socialista que no huyó al extranjero. Los otros se fugaron con tesoros expoliados y dejado a sus sicarios que se arreglaran como pudieran con los vencedores. Personas comprometidas en delitos de sangre a veces terribles y a quienes los de la memoria histórica quieren hacer pasar por luchadores demócratas y víctimas del franquismo. Todo esto  no es un panfleto del tipo de los de la memoria histórica. Es un resumen de hechos abundantemente investigados y documentados, entre otros por mí mismo en mi trilogía sobre la república y la guerra civil.

   Luego, durante el franquismo, el PSOE no hizo la menor oposición digna de reseña, al revés que los comunistas. Y es ahora, ochenta años después de la guerra y cuarenta de la transición a la democracia, cuando este partido intenta derrotar a aquel régimen a base de derrotar al mismo tiempo la libertad de los españoles e instalar en la sociedad los mismos odios que llevaron a la destrucción de la república.

  El PSOE se ha venido presentando como partido democrático, cuando la verdad es que solo se ha resignado  a una democracia llegada históricamente desde el franquismo, “de la ley a la ley”. La democracia no debe nada al PSOE, sino que, al revés, ese partido debe todo a una democracia a la que en cambio  ha aportado grandes dosis de corrupción, “comprensión” hacia los separatismos y los crímenes de la ETA,  y leyes siniestras como las de  su fantástica memoria histórica.  Por falta de fuerza ha tenido que aceptar un régimen de libertades,  pero manteniendo su ideología contraria en espera de ocasión, que parece creer llegada ahora.

    Estamos, por tanto, ante un proyecto de ley orientado directamente contra los derechos de los españoles, contra las libertades más elementales y contra la verdad mejor documentada sobre nuestro pasado. Un proyecto hecho, como no podía ser menos, por un partido de historial e ideología radicalmente antidemocráticos.

   Y contra estas derivas nos toca movilizarnos muy en serio a cuantos amamos la libertad, la verdad y a España. Es preciso demostrar a los totalitarios que no somos un pueblo de borregos que se deje embaucar por su turbia charlatanería ni amedrentar por sus amenazas.

   Y ahora, unas frases, solo tres, para poner en marcha en tuíter:

*La nueva ley de memoria histórica materializa en persecución totalitaria lo que en la antigua ley quedaba como simple amenaza

*La histeria antifranquista no habría tenido curso sin la inhibición culpable  de quienes deberían defender la verdad, y sin la corrupción despótica que ha significado obligarnos a todos a subvencionar sus mentiras

*¿Quieren una prueba irrefutable de que la “memoria histórica” es falsa de arriba abajo? Reparen en que se ha impuesto a base de subvenciones que nos han obligado a pagar a todos, y ahora amenazan con la violencia del estado a quienes piensen de otro modo

   Obviamente, mientras ustedes escuchan no pueden copiarlas, pero pueden hacerlo en mi blog www.piomoa.es u oyéndolas en YouTube “Una hora con la historia”.

******************

Azaña, el falso mito de izquierdas y derechas: https://www.youtube.com/watch?v=tM1ej5f4snc&t=8s

 

Creado en presente y pasado | 69 Comentarios