Un recuerdo del 68: el recital de Raimon en Economicas.

Hoy, en “Una hora con la Historia” trataremos las maniobras de Companys y los suyos con Londres y París, a espaldas de sus aliados y traicionándolos.

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La OMLE fue, como hemos dicho, un producto del “mayo francés” o “revolución de mayo del 68”, nacido en el mismo París, entre españoles exiliados. Naturalmente, ni yo ni prácticamente nadie en el mundo se enteró por entonces del evento. Por mi parte, yo era simplemente izquierdista, activo pero “por libre” en la Escuela Oficial de Periodismo. En España hubo ese año bastante agitación, aunque muy minoritaria,  en la universidad Complutense. El acto más relevante fue un recital de Raimon en la facultad de Económicas.  Hablaré un poco de él porque algunos han querido mitificarlo, como de costumbre. Raimon, hoy bastante olvidado, era un cantante valenciano que ponía música a poemas de Salvador Espriu. Este escribía en catalán obras interpretables como subversivas, en las que llamaba a España “Sefarad”, o Konilosia en plan despectivo. Raimon se identificaba como antifranquista radical, no obstante lo cual podía dar recitales en diversos lugares, Vascongadas,  Levante o Madrid. El de Madrid, el 18 de mayo,  iba a ser el más importante y significativo de su carrera y previamente a él los grupos comunistas habían hecho gran agitación.

   Recuerdo que había inquietud de que a última hora prohibieran el recital de Raimon. Muchos daban por sentado que así sería, pues su carácter político y antirrégimen estaba clarísimo, y corrían rumores entre los enterados de que  Raimon cedería la recaudación a Comisiones Obreras, el sindicato comunista.  Y París, –entonces una referencia incomparablemente más próxima que ahora a España—daba saltos de fiebre revolucionaria, y estaba en marcha todavía la ofensiva comunista del Tet en Vietnam, militarmente fracasada para el Vietcong, pero políticamente desastrosa para Usa. También estaba en su ápice la adoración al Che Guevara, muerto siete meses antes. Hoy es difícil entender aquel ambiente, que realmente afectaba solo a una minoría, si bien muy activa, de estudiantes.  El recital iba a celebrarse en la facultad más politizada de España, la de Políticas y Económicas de Madrid , hoy de Filosofía B o algo parecido.

   De modo que ¿cómo iban a permitirlo?  Sin embargo la autorización oficial se mantuvo. Y sí, aquella tarde fue aglomerándose en la facultad un gentío nunca visto en un acto antifranquista universitario o de cualquier tipo. Quizá tres o cuatro mil personas. No solo estudiantes. Por la calle que baja a la facultad venía una comitiva con una pancarta de acera a acera: “Los obreros estamos con los estudiantes contra la dictadura” o algo similar. Firmaba Comisiones Obreras o Comisiones juveniles.

   La policía no daba señales de vida (hoy un acto semejante estaría bien controlado por gran número de agentes). Conforme se acercaba la hora menudeaban los grupos, las pancartas, banderas rojas, retratos del Che, alguno de Ho Chi-min.

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   Asistía seguramente la casi totalidad de los estudiantes radicales, revolucionarios, organizados, izquierdistas  y progres, también muchos otros harto más tibios  frente a la dictadura o las “injusticias sociales”, y que venían simplemente a oír cantar al ídolo. La mayoría de los rojos, que también llamaremos radicales, aunque entonces no se usaba  esa palabra,  eran comunistas sobre todo de la facción “carrillista” o sea “revisionista” o “revi”. A cierta distancia en cuanto a número venían los maoístas, divididos en numerosos grupos, convencidos de ser los genuinos representantes del marxismo-leninismo (o del marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-tung, como se especificaba con extraña sintaxis); un FELIPE marxista harto diferente del fundado por Julio Cerón años antes; muy pocos trotskistas; todavía menos anarquistas. Socialistas, puede que alguno, de las escuálidas juventudes del grupo de Tierno Galván.

   Por fin llegó Raimon, y el ambiente en aquel gran vestíbulo se caldeó hasta lo indecible. No me acuerdo bien, pero creo que empezó con al vent, canción bastante inspirada aunque suave para el revolucionarismo general que tantas cosas había superado: ¡aquello de “buscant a Deu” o incluso de “buscant la pau”! Pero, en fin, no venía al caso protestar por estas menudencias pequeñoburguesas. Cantó La nit, interpretada como al franquismo, aunque el autor declaró posteriormente, me parece, que no tenía esa intención, que era simplemente un lirismo; Diguem no y D´un temps, dún país, más directamente políticas. Raimon anunció que dedicaba una canción al Che Guevara, aquella, creo, donde afirmaba que “a veces la paz no es más que miedo”. Eso gustó mucho a los asistentes, poco creyentes en el pacifismo. Otra, Tots el colors del vert, era dedicada a “Euskadi”, en realidad a la ETA, que ya empezaba a hacerse conocida.

   Y así otras. Los gritos del público acompañaban, coreaban o interrumpían al cantante. No los recuerdo ya con precisión, pero serían los habituales: “Obreros y estudiantes, contra la dictadura”, “Democracia sí, dictadura no” (esto, los comunistas), “La solución, la revolución” “Franco no, socialismo sí”; se cantaría el No nos moverán, canción sindicalista useña con ritmo africano perdido en la versión española; o lo de “Y si a Franco no le gusta la bandera tricolor, le impondremos una roja con el martillo y la hoz”. Se voceaba con tanta furia y brío que daba la impresión de que aquello desembocaría en algo muy serio

   Cantó, pues, Raimon en el gran vestíbulo de Económicas rebosante de público enfervorizado. Terminó el acto y muchos estábamos medio afónicos  y los ánimos enardecidos.  ¿Cuántos de manifestaban invadiendo la calzada?  Quizá unos mil, no más de un tercio de los asistentes. Los demás ahuecaban el ala o se esparcían por las aceras y descampados que subían hacia Filosofía (hoy filosofía A), menos vallados que ahora: se disponían con la mayor desvergüenza a contemplar las esperables cargas de la policía a prudente distancia ¡y sin pagar un duro por el espectáculo! Los de la calzada empezamos a abuchearles: “¡Mirones no! ¡Mirones no!” pero los aludidos se hacían los suecos.

   Éramos, de todas formas una multitud si la comparábamos con las manifestaciones habituales, que nunca pasaban de uno o dos centenares de asistente. Y la marcha prosiguió entre cánticos y lemas a menudo chabacanos, propios de tales ocasiones. Increíblemente llegamos a la avenida Complutense sin que los grises se dignaran aparecer.  Continuamos hacia los comedores llamados “del SEU”, el sindicato falangista universitario, que había sido desmantelado creo que aquel mismo curso. En aquellos amplios locales se comía bastante bien y muy barato y estaban frente a la facultad de Medicina; hoy son oficinas de no sé qué.

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

   Y de pronto, la desbandada. Algunos daban saltos para ver por encima de las cabezas lo que sucedía. Y he aquí lo que sucedía: un solitario jeep avanzaba cautelosamente. ¡Y ello había bastado para disolver una concentración de quizá mil personas! Claro, los huidores tomaban a los cuatro policías por la vanguardia de una legión, aunque tardaron bastante en aparecer otros más.  Y en una muchedumbre, ya se sabe, si unos pocos de delante echan a correr, los de atrás les imitarán con apasionamiento. Al cabo de un rato llegaron más vehículos y la impetuosa marcha se deshizo como una pompa de jabón. Diez o quince nos sostuvimos un cuarto de hora, a inútiles pedradas, en la esquina de Geológicas, entones en construcción, y cuando nos cansamos rodeamos la Ciudad Universitaria por los colegios mayores. En una calle frente al colegio San Juan había, tendidos  en el suelo de la acera,  largos postes para la luz, de hormigón, dispuestos para ser colocados. Por iniciativa de un servidor, entre todos atravesamos uno en la calzada para detener el tráfico. Según bajábamos, pudimos ver mirando atrás que otros estudiantes salían del colegio y volvían a colocarlo en la acera.

   En fin, fuimos a Moncloa. Allí y en Argüelles sí había cierto despliegue policial. También pululaban por las aceras unos cientos de superviviente de la reciente catástrofe. Con más valor que antes, unos grupos saltaron repetidamente en la calle Princesa, gritando y cortando el tráfico, casi en medio de los grises.

 Tengo entendido que Raimon dedicó otra canción a aquella heroica jornada, que ha entrado en los fastos de la memoria histórica del 68 .  

 

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Decadencia e histeria en Europa

 

(La OMLE fue, como hemos visto, un producto del “mayo francés” o revolución del 68)   En mi ensayo Europa, una introducción  a su historia,  al enfocar la edad de decadencia europea después de la II Guerra Mundial, exponía:

” ¿Estaba superando Europa (occidental) su decadencia gracias al éxito económico? Mas bien no. Donde mejor se aprecia esa decadencia es en aquellos puntos en que descollaba desde varios siglos atrás: el pensamiento, la filosofía, el arte, la ciencia, la técnica. En todos estos campos, también en las modas populares y juveniles, la vanguardia y la iniciativa pasaron a Usa después de 1945, siguiendo Europa con más o menos matices y escasa originalidad. También el marxismo soviético continuó influyendo poderosamente por medio de partidos comunistas de masas como los de Italia y Francia, y asimismo en la universidad y medios intelectuales. La Escuela de Frankfurt, asentada en Usa después del triunfo nazi, intentó un nuevo materialismo combinando a Marx con Freud. Otro rasgo de la época fue la popularidad del existencialismo de Sartre, puro nihilismo voluntarista: el hombre está “condenado a ser libre”, y puede construir su moral y su vida al margen de cualquier constricción externa, aunque en definitiva se trata de una “pasión inútil”.  Sartre terminó  defendiendo el comunismo extremo, algo no tan paradójico como pudiera sonar. En general, el pensamiento europeo de posguerra tiene un aire de epigonismo un tanto gris. El contraste entre la boyante economía y la pobreza cultural sugiere la roca de Prometeo en la interpretación de Paul Diel.

   Aquella prosperidad tendría efectos no esperados. El persistente influjo marxista en medios universitarios era muy fuerte en Francia, Italia y Alemania, y significativo en Inglaterra y otros países, también en España después del Vaticano II.  La ideología economicista o consumista creaba cierta insatisfacción vital en los jóvenes que no habían conocido las miserias de posguerra. La sensación de vivir bajo permanente amenza de guerra nucear ayudaba a fomentar un ambiente  nihilista en unos medios universitarios que se habían masificado y en los que cundían las drogas y conductas no disímiles de las de los años veinte. El pacifismo, exigido solo en la parte occidental de Europa pero no en la oriental, se masificó, mezclado con la oposición a la guerra de Vietnam, en la que se había embarcado Usa desde principios de los sesenta y sobre todo desde 1964, para impedir la ocupación del sur vietnamita por los comunistas. Aquella guerra fascinó al mundo entero por la incapacidad del coloso useño para dominar a un enemigo tan inferior económica y técnicamente. De tales factores surgieron protestas universitarias casi permanentes en Francia, Alemania, Italia,  en Usa, en menor medida en Inglaterra. Diversos teóricos marxistas o similares entendieron que el “sujeto revolucionario” pasaba de la clase obrera, absorbida por el “sistema”, al estudiantado, y que el capitalismo prosperaba con nuevas formas de explotación, saqueando a las ex colonias del “Tercer Mundo”.

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   Otra variante del descontento juvenil, también dirigido básicamente contra los padres y la familia, se expresaba en consignas como “sexo, drogas y rock and roll”, o en movimientos como los beatniks y los hippies, oiriginados en Usa como casi todos, por no decir todos, los movimientos sociales de posguerra, y entre los que el consumo de drogas constituia una seña de identidad definitoria.

   Las protestas culminaron en “la revolución del mayo francés”, en 1968, un movimiento confuso, entre comunista, anarquista y freudo-marxista, deseoso de derribar el orden burgués  mezclando la “revolución proletaria” , la “revolución estudiantil” y la “revolución sexual”. Hablaba de “liberación” y admitía el maoísmo, sin importar sus contradicciones, La Cuba castrista fue otro de sus iconos. De tiempo atrás, el marxismo sufría una descomposición intelectual, varios de cuyos subproductos eran un feminismo que trasladaba la lucha de clases a la lucha de sexos, con implicaciones abortistas y homsexistas; o un ecologismo que planteaba la lucha entre el hombre la anaturaleza, en laque el malvvado era el hombre. La conmoción fue vencida, con pocas víctimas, pero sus efectos ideológicos antifamilia, juvenilistas, nihilistas, de desprecio al pasado (por lo demás ignorado o interpretado en términos de lucha de clases), querencia totalitaria, etc., proseguirían con plena fuerza hasta hoy. El “mayo francés” vino a ser una explosión de “pensamiento histérico”, irradiante aun hoy.

   Pero importa ver en todo ello la mencionada insatisfacción con la ideología trivializante del consumo como baremo del valor de la vida humana, en las ideologías prometeicas.

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Mañana en “Una hora con la Historia” trataremos las maniobras de Companys y los suyos con Londres y París, a espaldas de sus aliados y traicionándolos.

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Manifiesto contra una ley bolivariana.

Mañana en “Una hora con la Historia” trataremos las maniobras de Companys y los suyos con Londres y París, a espaldas de sus aliados y traicionándolos.

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La nueva ley de memoria histórica propuesta por el PSOE, consecuencia y empeoramiento de la anterior, establece la ilegalización de cualquier asociación o fundación que sostenga puntos de vista contrarios a los de ese partido con respecto a la historia reciente de España. Y amenaza con penas de cárcel y elevadas multas a quienes sostengan opiniones o estudios favorables a la figura de Franco y a su régimen. Pretende asimismo expropiar, destruir o transformar el patrimonio histórico y artístico  procedente de aquel régimen.

   Este proyecto ataca directamente la más elemental libertad de opinión, expresión, investigación y cátedra, y ataca por ello directamente la Constitución, que en varios artículos empezando por el título preliminar establece “la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. Esa ley, de llevarse a la práctica,  anularía por completo la Constitución o lo que queda de ella.

   Es asimismo un proyecto radicalmente antidemocrático, por cuanto en ninguna democracia decide ningún partido desde el poder cuál ha sido la realidad de la historia. Esto solo ocurre en regímenes totalitarios tipo Cuba, Corea del Norte, Venezuela y similares, hacia los que quieren llevarnos los autores de ese texto inicuo.

   Y es un proyecto contra la verdad histórica como demuestra el mero hecho de que su versión quiera imponerse por la fuerza y la violencia del estado, siendo incapaz de sostenerse en un debate e investigación libres e  independientes. Sus argucias invocando la dignidad de las víctimas o equiparando el franquismo al nazismo y similares son solo el envoltorio sentimental y falso de una ofensiva contra la democracia y la libertad de los españoles.

   Nos hallamos, por tanto, ante un ataque en toda regla contra las más elementales normas de convivencia social en libertad, mediante una ley de tipo bolivariano o soviético. Y ello nos obliga a plantearnos el origen ideológico de quienes pretenden tales cosas.

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       Es muy necesario, por tanto, que la opinión pública conozca la ocultada historia de ese partido, hoy bastante bien estudiada, aunque su conocimiento sea todavía restringido. Muy en breve,  en los años 30 el PSOE quiso, buscó y organizó la guerra civil, textualmente, para imponer en España un régimen de tipo soviético. La preparación de la guerra incluyó abundante uso del terrorismo. Fracasado el intento en octubre de 1934, volvió a la violencia tras  las elecciones de febrero de 1936, demostradamente fraudulentas, para destruir la legalidad republicana, con uso abundante de un terrorismo que culminó en el asesinato del líder de la oposición Calvo Sotelo; y ya durante la guerra fueron actos suyos el terror de las chekas, el envío de las reservas de oro a Moscú — haciendo de Stalin el jefe real del bando llamado republicano–  y el robo sistemático de bienes nacionales y particulares, que suscitaría luego peleas sórdidas entre sus líderes en el exilio.

  Si hay alguien responsable de la guerra civil, es el partido que ahora intenta arruinar del todo la democracia mediante la violencia del estado combinada con  lo que definió Besteiro como un “Himalaya de falsedades”. Besteiro fue el socialista demócrata que denunció los proyectos del PSOE de empujar al país a un baño de sangre, y que por eso fue aislado y calumniado en su partido. Lo dicho aquí sobre el PSOE no es un panfleto del tipo de los de la memoria histórica, subvencionados con dinero que nos obligan a pagar a todos. Es un resumen de hechos abundantemente investigados y documentados.

   Luego, durante el franquismo, el PSOE no hizo la menor oposición digna de reseña, al revés que los comunistas. Y es ahora, ochenta años después de la guerra y cuarenta de la transición a la democracia, cuando este partido intenta derrotar a aquel régimen a base de derrotar al mismo tiempo la libertad de los españoles e instalar en la sociedad los mismos odios que llevaron a la destrucción de la república.  

  El PSOE se ha venido presentando como partido democrático, cuando la verdad es que solo se ha resignado  a una democracia llegada históricamente desde el franquismo, “de la ley a la ley”. La democracia no debe nada al PSOE, sino que, al revés, ese partido debe todo a una democracia a la que en cambio  ha aportado grandes dosis de corrupción, “comprensión” hacia los separatismos y los crímenes de la ETA,  y leyes siniestras como las de  su fantástica memoria histórica.  Por falta de fuerza ha tenido que aceptar un régimen de libertades,  pero manteniendo su ideología contraria en espera de ocasión, que parece creer llegada ahora.

    Estamos, por tanto, ante un proyecto de ley orientado directamente contra los derechos de los españoles, contra las libertades más elementales y contra la verdad mejor documentada sobre nuestro pasado. Un proyecto hecho, como no podía ser menos, por un partido de historial e ideología radicalmente antidemocráticos.

   Y contra estas derivas nos toca movilizarnos muy en serio a cuantos amamos la libertad, la verdad y a España. Es preciso demostrar a los totalitarios que no somos un pueblo de borregos que se deje embaucar por su turbia charlatanería ni amedrentar por sus amenazas.

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Todo está en la Biblia, dicen

 

Azaña y Companys en la guerra civil: https://www.youtube.com/watch?v=C123_LXuroE&t=13s

El próximo sábado hablaremos de las maniobras de Companys en París y Londres para traicionar s sus aliados del Frente Popular

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Vaya por delante que las estimaciones de los economistas sobre el PIB histórico, así como sobre las tasas de crecimiento,  suelen variar mucho, por lo que no deben tomarse “como la Biblia”. Pero, en fin, a algo hay que atenerse.

Cuando yo era comunista, tenía respuesta para todo. Sabía que la historia era una sucesión de conflictos, injusticias y crímenes, en suma, de explotación y opresión con algunos chispazos de genio “progresista”. Pero ese “relato de ruido y de furia” tenía un sentido, contra lo que pensaba Macbeth: se explicaba por la lucha de clases, que finalmente había derivado al enfrentamiento decisivo entre una burguesía necesariamente explotadora y un proletariado que, al derrocar al capital y emanciparse, emanciparía a la humanidad de sus males ancestrales. Así lo demostraban los países socialistas donde estaba abolida la explotación del hombre por el hombre, existía una básica igualdad de hombres y mujeres, todos con trabajo asegurado y acceso a la instrucción, donde  la ciencia había sustituido a la superstición religiosa y el pueblo se regía por una moral superior. Ante este esquema fracasaban todas las objeciones. ¿Que en los países socialistas habría “problemas”, incluso crímenes? Nada más natural, pues se trataba de una experiencia nueva y sin paralelo en la historia, y no podía salir todo a la perfección desde el principio; aparte del continuo sabotaje y agresión del imperialismo burgués. En cuanto a los aparentes éxitos del capitalismo, continuaban basados en la explotación y la superstición, la anarquía del mercado producía desastrosas crisis cíclicas, y  bajo una superficie brillante bullían tremendas desigualdades y miserias; y la sociedad se regía por una moral ínfima y engañosa, en la que el triunfo material lo era todo, a pesar de ser accesible, por su propia naturaleza,  solo a una pequeña minoría. Los hechos que discordaban del esquema eran descartados como irrelevantes o propaganda burguesa.

     A veces tengo la impresión de que don César Vidal sigue un esquema y enfoque análogos, inasequibles a los hechos históricos y con la dudosa metodología correspondiente. Para él, todo está en la Biblia, ya que esta es la palabra de Dios. Es decir, en una determinada interpretación, ya menos divina y más humana, de la Biblia. Así, las Escrituras habrían sido traicionadas y paganizadas por el catolicismo, para ser recuperadas en su pureza por los protestantes, y de ahí un sinfín de bendiciones que don César no se cansa de ponderar, en contraste con las miserias católicas que afligen a España.

    El señor Vidal interpreta la Biblia al estilo judeo-protestante (a pesar de las maldiciones y execraciones, a veces con tintes exterminadores, de los líderes protestantes hacia los judíos); cree que en la Biblia se  encuentra el espíritu y la bendición del trabajo (a pesar de que también encontramos en ella su consideración como un castigo y los esfuerzos humanos como pura vanidad); que allí  nace el pensamiento científico (a pesar de que este nace en Grecia y “renace” en la católica Italia, y que los judíos no destacaron en ciencias hasta tiempos recientes, y siempre adoptando un espíritu exterior, ajeno –aunque no opuesto– a la Biblia); que las finanzas encuentran también el mismo origen (a pesar de que históricamente toman impulso en países católicos); que la alfabetización procede también de los judíos y los protestantes (olvidando hechos tan decisivos como la labor de los monasterios, de las escuelas catedralicias, o las universidades, todo ello creaciones católicas; o la expansión de la alfabetización no solo en los países católicos, sino también en otras religiones o ideologías, sin relación alguna con la Biblia). Y ahora encuentra la “primacía de la ley” como otra característica protestante en contraste con los países católicos y muy especialmente con España.

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    Si uno hubiera de creer a don César, España habría sido de siempre un país de vagos, parásitos e ignorantes voluntarios y sumido, por tanto, en la mayor pobreza y en una ilegalidad rampante. Ya he explicado que solo hay una época, el siglo XIX (un siglo en que la influencia francesa se complica con la inglesa), en la que España queda significativamente atrasada en el plano económico no solo por relación a algunos –no todos—  los países protestantes y a otros católicos, como Francia o Bélgica. El resto del tiempo ha estado entre los más ricos, y el bache del siglo XIX –debido en gran medida a efectos de la invasión napoleónica– fue superado bajo el franquismo, cuando España vuelve a ingresar en el club de los países opulentos, cosa que parece llenar de pesar a algunos. En mi blog, el señor Lead  ha aportado algunas estimaciones generalmente desconocidas, que rompen uno de los mitos más difundidos, sobre todos desde la crisis moral del 98:

 En efecto, la generación de riqueza se mide por el PIB (Producto Interior Bruto, suma de los VABs-Valores Añadidos Brutos de todos los sectores productivos). Y el PIB español ha sido, desde hace más de 2.000 años, uno de los 10 mayores del mundo (a veces de los 5 mayores), según las famosas series de PIB/GDP (Gross Domestic Product) retrospectivas del famoso economista (fallecido el año pasado) de la OCDE Angus Maddison:

http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_regions_by_pa…(PPP)

 http://en.wikipedia.org/wiki/Angus_Maddison

 Decir, así a pelo, que España “genera, relativamente, poca riqueza” sin dar un criterio cuantitativo suena frívolo. Y si el “relativamente” se refiere al PIB per cápita, veamos la otra tabla de Maddison (en dólares de 1990):

= En el año 1 dC, 498, el 3º del mundo, tras Italia y Asia Occidental.

= En el año 1.000, 450, el 2º del mundo (empatado con Italia) tras Asia Occidental.

= En el año 1.600, 853, el 5º del mundo, tras Holanda, Italia, Bélgica y Dinamarca.

= Desde el año 1.700 la renta per capita española se estabiliza en aproximadamente el 83% de la renta de la Europa a 12, cota que pierde después de 1.820 (año en que nos alcanza EE.UU.) y que recupera hacia 2003.

    Bueno, en realidad el 80%  lo recuperó en los años 60 del siglo XX con una CEE de 9 miembros.  Naturalmente, se trata de estimaciones, a veces toscas, pero ciertamente mucho más serias que los gruesos brochazos  del señor Vidal, y que bastan para echar por tierra las lucubraciones de este. ¿Cómo explica el señor Vidal tales datos, o cómo los rebate, si no está de acuerdo con ellos?   Tengo la  impresión de que ni se le pasa por la cabeza explicarlos o rebatirlos. Simplemente los desdeña, ya que no entran en sus esquemas previos, tal como yo, cuando era comunista, descartaba todo lo que podía hacer vacilar unas convicciones que imaginaba científicas.

   Y por no alargarme, dejo para la próxima entrega del blog un pequeño análisis sobre la “primacía de la ley” que nuevamente, me temo, no es exactamente como nos la cuenta don César. 

  ****Escribe César Vidal:  Como en otras áreas, España había perdido siglos precisamente cuando más necesitaba por su condición de potencia no quedarse rezagada. Cuando, siglos después, intentó remontar esa situación lo hizo además en no pocas ocasiones con la mancha del sectarismo que no veía la educación como algo bueno per se sino como un instrumento de adoctrinamiento. ¿Cómo pudo ser España una potencia si el catolicismo, según él, la invalidaba en todos los terrenos? ¿Y cómo, siendo católica, recuperó su atraso del siglo XIX? ¿Y acaso los protestantes no utilizaban la Biblia, precisamente, como un instrumento de adoctrinamiento? La enseñanza en España y en casi todos los países, se impulsó antigua y modernamente al margen de la Biblia, precisamente como instrumento para adquirir muy diversos saberes.

   Veo que algunos niegan interés al debate planteado (quizá involutariamente) por César Vidal. Pero compruebo que  sí despierta un interés considerable, y debe ser por algo. Naturalmente, autorizo (y animo) a mis lectores a difundir estos artículos sin más requisito que citar su origen en este blog de LD.

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*Los 50 años del rey, documentales. Supongo que alguien explicará a los jóvenes a quién  se debe la monarquía en España. Felipe VI parece haberlo olvidado. La mala memoria es una plaga en este país.

*Un homosexual que se cree mujer mata a una mujer de verdad en un combate de boxeo. ¿Será “violencia de género”?

*Como la historia ha sido ocultada y prostituida durante tantos años por políticos, periodistas y seudohistoriadores, pocos conocen la historia criminal del PSOE https://www.piomoa.es

*Yo también soy periodista, pero procuro no decirlo, porque tal y como se ha degradado la profesión, jactarse de ser periodista es como jactarse de ser prostituta.

*Juan Carlos firmó la ilegitimidad de la monarquía con la ley de memoria histórica. Desde entonces el país vive en el esperpento, a lo que todos los chorizos llaman “democracia consolidada” o “madura”.

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Los protestantes respetan la ley, los católicos no.

 

 Companys y Azaña: en el mismo  barco sin entenderse: https://www.youtube.com/watch?v=C123_LXuroE&t=11s 

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Como pueden ver, era yo muy suave con D. César (la letra sale así, no sé por qué)

Es una verdadera lástima que César Vidal, que a menudo hace análisis políticos e históricos inteligentes, se vaya por los cerros de Úbeda en cuanto  sale a relucir el protestantismo. Dice, por ejemplo: No pocos españoles, a diferencia de la generalidad de los ciudadanos de esas naciones donde triunfó la Reforma, normalmente, siempre encuentran excusas para sí o para el sector al que pertenece a la hora de no someterse al imperio de la ley. Esta visión beatífica de sometimiento a la ley en los países protestantes puede constatarse mediante las estadísticas de la delincuencia. ¿Se atreverá don César a afirmar que hay en España más delincuencia que en países protestantes (o ex protestantes) como Alemania o Inglaterra? He expuesto en los artículos sobre la salud social, que España cuenta con una de las poblaciones penales más altas de Europa, sin que ello suponga que la tasa de delincuencia sea más alta que en otros países. ¿Significa ello más o menos “imperio de la ley”? En la admirada Usa protestante de César Vidal, el número de delitos y presidiarios es asombrosamente elevado. ¿Prueba el dato mucho respeto a la ley en esa sociedad, o lo contrario? ¿Y los índices en Inglaterra o Alemania?  Don César, además, no tiene en cuenta, como de costumbre, los cambios que se producen con el tiempo. No hace tantos años (unos 35), España era uno de los países del mundo con menos delincuencia y menos presos, muchos menos que los de los países “donde triunfó la Reforma”. ¿Qué le parece? 

Y ciertamente en España existe un desprecio por la ley, lo vemos a diario, y más en unas épocas que en otras, como ocurre en todos los países. Más acentuada en los últimos treinta años, supongo que los ejemplos están en la mente de todo el mundo y he puesto algunos en La Transición de cristal. Pero no siempre fue así. En la época de Franco, contra lo que don César sugiere enarbolando algunos hechos particulares, la ley se aplicaba de forma más segura que ahora. Y, repito, con mucha menos delincuencia y muchísima menos población penal no solo que ahora, sino que en los países protestantes. 

Asegura don César que el aporte jurídico de los españoles ha sido “el apaño”. Esto no es una injusticia sino una sandez malintencionada, pues no creo que provenga de la ignorancia, y no vale la pena dedicarle más espacio. Cae asimismo don César en el mal método, que he señalado en Nueva historia de España, de utilizar obras literarias (El alcalde de Zalamea, Fuenteovejuna) dándoles un sentido socio-histórico totalmente fuera de lugar (los marxistas también lo han hecho a menudo). La literatura  trata generalmente sucesos no corrientes, extraordinarios, en los que se describe la condición humana; por eso una obra literaria lograda sigue teniendo el mismo valor en una época que en otra, así la Ilíada, por poner un caso, que ofrece una visión muy distorsionada de la sociedad micénica y al mismo tiempo nos dice mucho sobre el ser humano entonces y ahora.  Y por ese camino, don César podría plantearse por qué las novelas policíacas han nacido y se han desarrollado especialmente en los países protestantes, para narrar crímenes, utilizaciones fraudulentas de la ley, corrupciones, abusos y apaños de los poderosos, etc. ¿Indica ello que en esos países abundan especialmente  tales plagas? No estoy seguro. En cuanto a los crímenes de estado que atribuye a Felipe II, tengo la impresión de que han sido más habituales, precisamente, entre los protestantes. En Nueva historia deEspaña recuerdo algunos, de los hugonotes o en Holanda, por no hablar de los de Inglaterra.  

Sus explicaciones sobre la actitud de Lutero hacia los judíos… Bueno, solo pueden  convencer a los ya muy convencidos.  Y la expulsión que proponía Lutero, en plan de aplastar a los perros rabiosos, no se pareció en nada al modo como se hizo la expulsión en España, infinitamente más legal y considerada que otras expulsiones en otros países. O que otras expulsiones no de judíos practicadas por los protestantes  Puede consultar el señor Vidal a Luis Suárez, a quien cito en Nueva historia de España. Es cierto que siguió habiendo judíos en los países protestantes, pero a menudo recluidos en guetos y privados de derechos cívicos (como lo fueron los católicos hasta tiempos recientes).  

Sobre la defensa de los judíos por los protestantes en la II Guerra mundial, pone el caso de Dinamarca, donde había pocos judíos; pero en Holanda, donde había más, la deportación y colaboración con los nazis alcanzó altas proporciones. Y en la propia Alemania, ¿dónde arraigó más el nazismo si no en las regiones protestantes, como bien sabe el señor Vidal?  Y quien más judíos salvó fue el Vaticano; por cierto que la católica España de Franco también hizo su importante contribución al salvamento. 

  Don César nos dice, asombrosamente, que Calvino impuso la primacía de la ley. ¿Qué ley? “La Biblia”,  aclara. Lo cual significa tomar las Escrituras al modo del Corán por los musulmanes . Pero ¿cómo puede utilizarse la Biblia como ley, si ella admite muchas interpretaciones, y más en virtud del libre examen? Solo podía servir de ley si UNA interpretación, obviamente la de Calvino, se imponía como LEY.  Esa supuesta primacía permitió a Calvino quemar a Miguel Servet y a otras gentes,  en especial a gran número de “brujas” La quema de brujas se extendió masivamente en territorios protestantes y algunos católicos, pero la Inquisición las cortó rápidamente en España.  ¿Primacía de la ley?  ¿De qué ley? Aparte de que su interpretación de la Biblia le llevaba a proscribir el teatro (Shakespeare, por ejemplo, tuvo problemas para representar, por parte de los puritanos de Londres), el baile y hasta hizo sospechosa la risa. Cuando se habla de la ética del trabajo calvinista se olvida su carácter neurótico, obsesivo, nacido de una interpretación particular de la gracia.  

Pero vamos a mencionar algunos otros hechos que  don César pasa sistemáticamente por alto. En la patria del protestantismo, Alemania, la nueva religión no se impuso en modo alguno mediante ninguna primacía de la ley, sino mediante la rebeldía de numerosos grandes señores, estimulados por Lutero con la perspectiva de adueñarse de los bienes eclesiásticos, lo que hicieron con la mayor violencia y asesinatos. ¿Primacía de la ley? Pero cuando los campesinos sometidos a un yugo infernal se sublevaron, Lutero encontró que conculcaban la ley, puesto que se rebelaban contra sus señores, y llamó a exterminarlos con frases de increíble ferocidad. ¿Primacía de la ley? Y de nuevo, ¿cuál era la versión correcta de la Biblia si, según él, todo dependía del libre examen y la fe subjetiva de cada cual? 

Hay más: los conflictos y guerras civiles promovidos por los protestantes se solventaron, si así puede decirse,  sobre la base cuius regio eius religio, es decir, que allí donde habían vencido los príncipes luteranos tenían derecho a imponer su religión al pueblo, y ciertamente lo hicieron, mediante mil violencias. ¿Qué ley primaba entonces?  

El propio Lutero llamó repetidamente a la rebeldía contra la Iglesia católica, que era la asentada y legitimada desde muchos siglos atrás y excitó a atacarla con la máxima saña, a lavarse las manos en su sangre, inspirándose en una interpretación del Evangelio (“no he venido a traer la paz, sino la espada”), con frases, nuevamente, de verdadero salvajismo. ¿Primacía de la ley? 

Podemos recordar asimismo cómo se impuso el anglicanismo, a base de innumerables crímenes y violencias, muchas más que las de la Inquisición y precisamente por un problema, digamos de bragueta, del rey, revelador de gran respeto a la ley.  A su vez, los señores sostenedores del anglicanismo ampliaron sus posesiones expoliando los bienes eclesiásticos y las tierras comunales, reduciendo a los campesinos a la más absoluta miseria. ¿Era aquello imperio de la ley o pura y simple tiranía?  Esta conducta fue seguida en muchas ocasiones en los siglos siguientes, y no digamos nada de su aplicación a Irlanda o Escocia hasta épocas próximas, dando lugar a hambrunas que pueden considerarse auténticos genocidios. U otras más recientes todavía, como la de Bengala. ¿La ley, de nuevo?  Nada de esto ocurrió nunca en España, si bien la desamortización de Mendizábal tuvo algunos rasgos de lo mismo. La persecución y privación de derechos a los católicos en esos países se mantuvo hasta tiempos recientes, a veces con crueldad espeluznante.  

Cabe decir, por otra parte, que el liberalismo surgió en parte como reacción a los excesos protestantes.  La Carta sobre la tolerancia, de Locke, trata precisamente de limitar las persecuciones, con frecuencia brutales, entre los distintos grupos protestantes; y no extiende la tolerancia a los católicos, para quienes exige la más dura intransigencia, por motivos, digamos “patrióticos”, ya que obedecían a un poder extranjero.   

Por no hablar de la política de exterminio de los indios norteamericanos o de otras poblaciones aborígenes en Australia; o de las guerras del opio. O de las peleas entre la calvinista Holanda y la anglicana y en parte puritana Inglaterra por controlar el tráfico de esclavos. O la piratería, en la que la reina de Inglaterra tomaba desvergonzadamente su parte. Una vez más, ¿primacía de la ley?   

Y todas estas cosas no son ninguna leyenda negra inventada a partir de las disparatadas invenciones de un fraile chiflado. 

Ahora mismo tenemos aquí el problema de Gibraltar, única colonia en un país europeo, donde la agresividad británica ha infringido sistemáticamente todos los tratados y leyes, y continúa haciéndolo. ¿Primacía de la ley? 

El hecho real que queda es que el protestantismo nació como un movimiento de rebeldía en extremo sanguinario, según justificaba el mismo Lutero, y que su concepción de “pueblo elegido”, “pueblo de los justos”, “la ciudad sobre la colina”, etc., ha sido el foco de políticas racistas y de exterminio. Podría reflexionar el señor Vidal sobre el hecho de que fue en la Alemania protestante donde más cundieron movimientos totalitarios como el marxismo o el nazismo, por ejemplo. 

Esto no es más que un breve resumen que podría ampliarse  y detallarse muchísimo más. No quiero dar la impresión, como el señor Vidal pretende del catolicismo, de que estos masivos crímenes, se amparasen o no en leyes ad hoc, definen al protestantismo o lo caracterizan en exclusiva. En la historia de todos los pueblos y religiones hay episodios atroces, pero también hay cosas mucho mejores. Si recuerdo estos datos es porque el señor Vidal, en su afán de condenar a España por su catolicismo histórico, cae en un constante unilateralismo, y sería muy lamentable que muchas personas, llevadas de la ignorancia corriente sobre la historia, le creyeran  o sacaran conclusiones poco acordes con la realidad. Y me gustaría que el señor Vidal encontrase algunas razones para vacilar en sus dogmáticas interpretaciones, que tanto me recuerdan a mis tiempos de marxista-leninista. Vuelvo al principio:  es lástima, porque don César no se prestigia a sí mismo con semejantes tiradas. 

 

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