
La Inquisición, que continuaría por más de tres siglos, con varias etapas, ha sido inmensamente criticada y sigue siéndolo, primero por la propaganda protestante, después por la ideología ilustrada del siglo XVIII, y sigue siéndolo desde los más diversas ideologías, comunistas, liberales, anarquistas, algunas fascistas, etc. Se le ha achacado un número descomunal de víctimas, hasta como causa de una supuesta despoblación de España (J. A. Llorente); el uso masivo de las torturas más refinadas; una “extraordinaria crueldad” (Gabriel Jackson)…; Se la ha acusado de haber paralizado el pensamiento y la cultura en general, de ser un precedente de las policías políticas del siglo XX, del racismo nazi o del Holocausto (C. Stallaert), “germen del moderno totalitarismo” (Joseph Pérez); de ser un aparato de robo y opresión gratuitos, de haberse cebado en judíos auténticamente cristianizados debido a un complejo de inferioridad de los cristianos viejos, causante del “anormal y horrendo placer que sentían en sus malvados actos” (Benzion Netanyahu). Y un largo etcétera. Importa por ello apartar la cuestión del mito y la propaganda, situándola en la historia real. Otros historiadores como M. A. García Olmo, e investigaciones sobre los archivos inquisitoriales, como los de G. Henningsen o J. Contreras, también de R. García Cárcel, demuestran que más del noventa por ciento de esos juicios acusatorios se basan en una propaganda sostenida durante siglos y en falsas analogías con fenómenos actuales.
Se ha dicho, y es verdad, que las persecuciones religiosas fueron comunes en toda Europa durante siglos, y exacerbadas por la revolución protestante y las guerras civiles que desató, muy alabadas por Lutero. Pero debe señalarse que el número de víctimas en España fue significativo no por lo numerosas, sino por lo contrario. Así, el número total de muertes documentadas y atribuibles a la Inquisición durante tres siglos están en torno al millar. Faltan archivos del período desde la fundación hasta 1560, lo que permite, como en el caso de los inicios de la Reconquista, toda suerte de especulaciones y estimaciones, de acuerdo con las simpatías ideológicas del autor, aunque no es probable que pasen de otro millar. Se los tiene por años de intensa actividad, y algunos hablan de hasta 4.000 ejecuciones, mientras otros, como el investigador Tarsicio de Azcona limita a unos cientos los ejecutados durante el reinado de Isabel la Católica.
Y ya que las acusaciones provienen principalmente de fuentes protestantes, no sobran algunas comparaciones (saco parte de los datos de M. E. Roca Barea Imperiofobia y leyenda negra). Aunque los protestantes no crearon un órgano sistemático como la Inquisición, funcionaron de hecho muchas inquisiciones parciales, cuyas víctimas multiplican las de la Inquisición española en mucho menos tiempo. Se ha calculado que en solo diez años Calvino hizo quemar o ejecutar de otros modos a unas 500 personas (entre ellas a Miguel Servet) en una ciudad de 10.000 habitantes como Ginebra. Las persecuciones protestantes no se dirigían solo contra los católicos, sino también se producían entre las diversas confesiones luteranas o calvinistas. En los mismos tres siglos de la Inquisición, en Inglaterra se produjeron 264.000 condenas a muerte, una cifra gigantesca, según los cálculos de James Stephen, parte sustancial de las cuales se deberían a persecuciones religiosas. Solo en el período isabelino fueron asesinados unos mil católicos, sin contar los irlandeses, contra quienes continuó durante siglos una represión brutal. No hablemos de los asesinatos y confiscación de bienes extrajudiciales. El número de protestantes quemados en España entre 1520 y 1820 fue de doce. Ya veremos por qué. No hace falta incidir aquí en las víctimas de las policías políticas, comunistas y otras, en el siglo XX y ahora mismo.
Las víctimas más numerosas de la Inquisición fueron conversos judíos y moriscos. Su actuación más intensa transcurrió entre su fundación y 1530, remitiendo después durante más de un siglo para recrudecerse entre 1640 y 1660. Desde esa fecha, su actividad decayó mucho.
También queda claro hoy que la Inquisición empleó la tortura en mucha menor medida y con menor dureza que los tribunales laicos en toda Europa, y que la abolió cien años antes de lo que se hizo común en Europa… o no tan común en realidad, como demuestran las persecuciones ideológicas del siglo XX. Por ejemplo, de los 7.000 procesos en Valencia solo se empleó la tortura en un 2 por ciento de los casos, nunca más de quince minutos y casi nadie fue torturado dos veces. En Inglaterra, Francia o Alemania la tortura podía llevar a la mutilación, la ceguera y a la muerte, e incluía métodos como el desollamiento en vivo. La Inquisición abolió los azotes y argollas para las mujeres y limitó a cinco años la pena de galeras, que solía ser perpetua en los tribunales civiles. Sus cáceles eran mejores que las comunes y los presos podían recibir visitas de familiares y practicar su oficio; a menudo solo sufrían arresto domiciliario.
Muchas descripciones crean la imagen de un clima generalizado de denuncias y temor, pero los datos conocidos no abonan tal impresión. A lo largo de tres siglos hubo un máximo de 150.000 procesos, quizá menos de 100.00, pues se conservan las actas de los 50.000 ocurridos entre 1560 y 1600, casi un siglo y medio: los procesos posteriores a 1700 fueron pocos, y resulta difícil creer que los de los ochenta años anteriores a 1560 duplicaran a los posteriores Aun aceptando la improbable cifra máxima, da un promedio de 420 procesos por año, no muchos para una población que fue subiendo de 5 a 12 millones de habitantes e insuficientes para crear ese presunto clima de terror.
Otro dato muy relevante es que, tras algunas persecuciones puntuales, la Inquisición descartó la “caza de brujas”, considerando su existencia como un mero fenómeno supersticioso. Por el contrario, en los países protestante como gran parte de Alemania o de Francia, Suiza, Escandinavia Escocia, también en otros católicos, la quema de brujas se hizo obsesiva e histérica durante los siglos XVI y XVII, calculándosele una mortandad de entre 50.000 y 100.000. No hay forma de conocer cifras correctas, pero sin duda fueron muchísimo más elevadas que las atribuidas a la Inquisición, que salvó directamente a España de la plaga.
Se ha acusado a la Inquisición de haber paralizado el desarrollo intelectual de España con su represión e índices de libros prohibidos; pero estos, aún más rigurosos, estaban en boga por gran parte de Europa; y, casualmente, los siglos XVI y XVII, de mayor actividad inquisitorial, fueron los de mayor florecimiento del arte y el pensamiento en toda la historia de España. Lope de Vega, Calderón de la Barca, Juan de Mariana, entre tantos, pertenecieron a la Inquisición, y otros como Cervantes estuvieron próximos a ella. Es a finales del siglo XVII, con débil actividad inquisitorial, cando desciende el nivel creativo de la cultura española, lo cual prueba la ausencia de relación de causa a efecto ente ambos fenómenos.
Hace años enlacé en el blog un documental de la BBC que señalaba que el 99% de lo que se había dicho sobre ella era mito, y ofrecía los datos reales expuestos por varios historiadores, entre ellos Kamen. Parece que habían colado un gol a la BBC. Pero la verdad resultaba indigerible, de modo que posteriormente emitió otro documental, (leo en el libro de Roca Barea, titulado “Spanish Inquisition: the brutal truth” La “truth” era la repetición de la propaganda protestante y más moderna, con escenas en que la bandera española actual ondeaba entre hogueras y desfiles nazis. “El primer y más terrorífico ejemplo de policía de pensamiento”, afirmaba. El documental mismo era una buena muestra de manipulación totalitaria para imponer cierto “pensamiento”.
************ Es interesantísima la evolución del separatismo catalán durante la guerra civil. Permite explicar muchas cosas de ahora mismo: https://www.youtube.com/watch?v=5Q3GbeIOHOs