Raymond Carr y la España milagrosa

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Nueva historia de España

En el prólogo de la obrita de síntesis sobre historia de España coordinada por Raymond Carr (la primera edición en inglés data de 2001),  se propone un nuevo enfoque sobre el pasado y el presente españoles. “La diversidad de España constituye una clave de su historia”, se dice allí. “En primer lugar, hay que tener en cuenta la marcada división entre la España húmeda y la seca. Las provincias noroccidentales, observaba Richard Ford en la década de 1830, son más lluviosas que el Devonshire, mientras que las llanuras centrales están más calcinadas que las de los desiertos de Arabia”.

   Desde luego, España es un país muy variado, pero la cita, recogida acríticamente por Carr, no pasa del nivel de la tontería, y el profesor inglés no la mejora cuando afirma que Galicia recibe más de 2.000 milímetros de precipitaciones anuales, la Meseta Central menos de 26 y Almería, en ciertos casos, ninguno. Una simple consulta a los índices pluviométricos le habría sacado de su considerable error. Luego, añade: “El contraste más espectacular es el que se daba entre esas fincas pobres y las del campesinado castellano y los latifundios de Andalucía y Extremadura, contraste parangonable únicamente con el existente entre el mezzogiorno, asolado por la pobreza, y el próspero norte italiano”.

    El contraste entre regiones ricas y pobres no ha seguido el esquema España húmeda-España seca, sino que presenta llamativos cambios a lo largo de los siglos, en que unas regiones han ganado o perdido en riqueza relativa al margen de su pluviosidad. Durante muchos siglos la parte más rica de España ha sido precisamente el valle del Guadalquivir, posición que pasó después a Castilla la Vieja y posteriormente a algunas regiones periféricas, sin relación con la humedad o con la latitud geográfica. Por otra parte, contrastes regionales más o menos acentuados se han dado y se dan en todos los países del mundo, sin excluir a Inglaterra. ¿Son un caso tan excepcional los de España? Cabe dudarlo.

    Mucho más dudosa parece su conclusión, extraída de unas citas del mencionado Ford y de Gerald Brenan. Para el primero, España es “un manojo de unidades locales atado por una cuerda de arena”. Por lo que hace al segundo, afirma: “En lo que puede llamarse su situación normal, España es un conjunto de pequeñas repúblicas, hostiles o indiferentes entre sí, aunadas en una federación escasamente cohesionada. En algunos grandes períodos (el Califato, la Reconquista, el Siglo de Oro), esos pequeños centros se han sentido contagiados por un sentimiento o una idea común y han actuado al unísono; pero cuando declinaba el ímpetu originado por esa idea, se dividían y volvían a su existencia separada y egoísta”. Estas opiniones las confirma Carr con otra de Olavide, quien veía al país como

Un cuerpo compuesto por otros menores separados y en oposición mutua, que se oprimen y desprecian entre sí y se hallan en un continuo estado de guerra civil. Cada una de las provincias, conventos religiosos y profesiones está separada del resto de la nación y vuelta hacia sí misma… La España moderna se puede considerar (…) una república monstruosa formada por pequeñas repúblicas enfrentadas unas con otras.

Pero la historia no puede explicarse a partir de algunas citas aceptadas sin mayor crítica. Ford se consideraba miembro de una cultura superior encargada de civilizar al resto del mundo, por supuesto a España, y miraba el entorno con ese prejuicio, tan propenso a crear espejismos. En cuanto a Brenan, mantenía una visión de España un tanto romántica e influida por distorsionantes clichés socialdemócratas, que tan a menudo le ciegan a aspectos clave del país donde vivió largo tiempo, si bien siempre en un ambiente anglosajón. Ambos hicieron algunas observaciones agudas sobre España, y otras reveladoras de una profunda ignorancia o falta de sentido común, entre ellas las seleccionadas por Carr. Sobre Olavide, el historiador debe plantearse si sus frases reflejan la realidad o más bien las impaciencias y exageraciones propias de un reformista que encuentra resistencia a sus planes.

    Es cierto que en España subsistieron largo tiempo aduanas interiores, fueros, etc., pero se trataba de instituciones feudales presentes en el resto del Continente hasta tiempos históricamente recientes. Por lo demás, las expresiones de Olavide, Ford y Brenan podrían describir bastante bien la situación de la mayor parte de Europa, empezando por Alemania e Italia, que no lograron formar una nación con Estado propio hasta muy avanzado el siglo XIX. En cambio, coliden con el hecho de que España no hubiera estallado por todas sus costuras, sino que mantuviese hasta el siglo XIX una paz interna mucho más estable que la de casi cualquier otro país europeo, y las fronteras asimismo más estables y de las más antiguas de Europa, contra las cuales se rompería los dientes Napoleón.

    Si creyésemos en las citas mencionadas (“cuerda de arena”, “repúblicas enfrentadas entre sí”, “en continuo estado de guerra civil”), la existencia de España habría sido un milagro inexplicable. Pero ya estamos habituados a esas peculiaridades, no del país sino de tantos historiadores, y los disparates corrientes sobre la Guerra Civil, Franco, etc., sólo continúan una larga tradición. Parodiando el famoso lema turístico de Fraga, diríamos que “España es diferente, pero los historiadores de España lo son más aún”.

También valdría la pena comparar la evolución de España con la del Reino Unido. En cierto sentido, este último ha sido el intento de crear una nación similar a la primera, pero el término español ha tenido siempre un contenido mucho más denso –emocional, cultural y políticamente hablando– que el de británico, formado a partir de una hegemonía inglesa impuesta históricamente a sangre y fuego o por sobornos, muy distinta del caso hispano.   Aun en los siglos XVIII y XIX, diversas acciones u omisiones inglesas en Escocia e Irlanda causaron deportaciones o hambres masivas mucho peores que cualquier suceso ocurrido en España, y que no dejan de recordar a determinadas actuaciones de Stalin en el siglo XX, con rasgos de guerra civil contra una población desarmada. A su vez, las fronteras del Reino Unido hubieron de modificarse de forma muy sustantiva en época tan reciente como 1922, completada en 1948 con la plena independencia de la mayor parte de Irlanda.

    Vistas así las cosas, debe admitirse que, en la pugna de tendencias centrífugas y centrípetas propia de toda sociedad humana, la nación española ha mostrado una persistencia y una estabilidad sorprendentes, si la comparamos con el resto de Europa. 

    Carr, casualmente, ha  ejercido influencia extraordinaria sobre muchos historiadores españoles que se consideran de su escuela. Escribe Juan Pablo Fusi:

Bajo la dirección última de Carr trabajamos en el Centro de Estudios Ibéricos los que creo que podemos considerarnos sus discípulos: Romero Maura, José Varela Ortega, Shlomo Ben Ami, yo mismo, Paul Preston (que hacia 1970 estaba ya en la Universidad de Reading, con Hugh Thomas), Leandro Prados, Antonio Gómez Mendoza (ambos, como historiadores económicos, muy vinculados al tiempo a Patrick O´Brien y Max Hartwell) y Charles Powell…

   En fin, ¿alguna conclusión de todo esto con respecto a la calidad de la historiografía española?

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¿Animal racional, moral o religioso?

Cómo Rajoy completa la labor de Zapatero demoliendo la democracia y amenazando la existencia de España

https://www.youtube.com/watch?v=k5Iw5YUkdMk&t=2s

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Decía que la cultura tenía contenido religioso, moral, político y económico, cada aspecto muy interrelacionado. Obviamente, ahí entra también el arte. Pero importa saber si cada uno de esos aspectos es básicamente autónomo y simultáneo, o hay alguno más fundamental que de algún modo impulse a los demás. Ello tiene relación con la definición del hombre.  Siguiendo a Aristóteles, el hombre suele definirse como “animal racional” o, sobre la misma idea, como “animal técnico”. Las definiciones suelen hacerse situando lo definido en un ámbito más amplio (en este caso la animalidad) y señalando el rasgo o rasgos que lo diferencian dentro de ese ámbito. Dentro de los animales, al hombre le caracterizaría la razón. Esta podría definirse como la capacidad para la especulación guiada por la lógica, sea para alcanzar principios generales, para ordenar la experiencia o para definir fines y medios de la acción práctica. La razón está relacionada, por tanto, con las capacidades de sentir, imaginar, prever y calcular.

Ahora bien, la razón está naturalmente subordinada a la moral, que baña toda la actividad humana y la distingue de los animales aún más radicalmente que la razón. En los animales superiores percibimos cierta capacidad de razón práctica en algunas de sus reacciones, pero su conducta se guía por el instinto, subsistente pero muy debilitado en el hombre. Este solo puede subsistir en sociedades muy diferentes de las animales, lo que comporta relaciones muy varias y complicadas, a menudo conflictivas y de contenido esencialmente moral, sin las cuales no podría organizarse para sobrevivir. Se supone que los productos de la razón, al menos a su nivel más alto, no deben contradecir  la moral aceptada, aunque vemos constantemente cómo existe oposición entre ambas. Hay una profunda racionalidad en doctrinas como el marxismo, el fascismo, el nazismo, pero si hoy tendemos a descartar tales doctrinas lo hacemos ante todo por consideraciones morales  que van más allá del utilitarismo y que se apoyan en la experiencia, la principal de ellas es la oposición entre dichas doctrinas y lo que consideramos bienestar y libertad humanos. El mito del Génesis alude probablemente al paso del instinto a la esfera de la moral, que constituye al hombre por encima de la técnica o de la razón, no solo de la instrumental.

Una esfera que, por otra parte, dista de ser tranquilizadora, porque  los principios morales son difíciles de definir, a menudo cambian de aspecto, son traicionados o surgen ideas contrarias que pretenden justificarse por su valor moral. Gran parte del esfuerzo intelectual del hombre se ha desarrollado en la búsqueda de principios que permitan una conducta clara y precisa, sin las variaciones y choques que encontramos en la realidad, una aspiración que nunca llega a su fin. Un ejemplo elaborado de esos principios son los Diez Mandamientos, mandatos imperativos, por tanto no racionales,  atribuidos a Dios… y constantemente vulnerados por su pueblo elegido, que solía considerar como “perros” a los gentiles.

Con el desarrollo de la ciencia y del racionalismo, se han hecho grandes esfuerzos por establecer una moral racional e incluso científica, pero no han tenido éxito hasta ahora, ni parece probable que lo tengan. El “mandamiento de Dios” tiene sin duda más autoridad que el de algunos hombres, sean estos muchos o pocos, y la moral no puede decidirse por una decisión “democrática” de mayorías.

La moral, por lo tanto, depende de la religión. Por ello, si definiésemos al hombre como el animal religioso, quizá estaríamos más acertados que definiéndolo como animal racional o incluso animal moral. La religión, por primaria que sea, ha sido lo primero en las sociedades y ello indica, precisamente, que es un factor más fundamental y constitutivo que los desarrollos posteriores de la razón.  Claro que esto exige una fundamentación más detenida y un mayor análisis de la irreligiosidad aparente de las actuales sociedades europeas.

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“La dureza de la convivencia española”, dice GFM. Dureza y tosquedad, que tantas cosas esterilizan.

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Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

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Inutilidad del proyecto vital / el nombre de los pueblos

 

Del mismo número (185) de Razón española copio este fragmento de una carta (4-5-68) de Gonzalo Fernández de la Mora a Sánchez Silva:  “Tu carta me produjo un escalofrío. La dureza de la convivencia española obliga a protegerse, capacitándose para la soledad. Desde mi trinchera avanzada de crítica de libros de pensamiento de ABC llevo ya seis años con la convicción creciente de que lucho enteramente solo. He acabado entregándome al destino de la fidelidad a mí mismo con un estado de ánimo que tiene algo de trágico. Tu gesto de solidaridad generosa me trae a otro mundo, a un mundo con el que uno sueña; pero con el que no se debe contar  (…) Un cierto conocimiento de la Historia y alguna experiencia de la vida me han llevado a la conclusión de que casi nadie consigue realizar su propio proyecto vital”

Adiós a un tiempo: Recuerdos sueltos, relatos de viajes y poemas de [Moa, Pío]

Me escribe un distinguido investigador:

Evidentemente la explicación a este ninguneo del periodo visigodo se debe a las implicaciones políticas: en cierto congreso nacional al que asistí se ha llegado a felicitar a los asistentes por no hablar de “la España visigoda” y sí de Hispania visigoda (lo cual, desde mi punto de vista, es claramente erróneo) mientras se hablaba de Cataluña visigoda o Euskalherría. A mí en particular se me reprochó el haber utilizado tres veces el término Reconquista (y eso lo utilizaba simplemente como referencia temporal). Evidentemente  va a llevar tiempo restablecer la verdad, a pesar de García Moreno y algún otro historiador honrado. La Universidad está prácticamente en manos de la progresía y fuera de ahí es difícil combatir.

En cualquier caso, hoy día es rara la publicación que hable de España como tal y, con la excusa de que es un término incorrecto para denominar al reino de los godos (falso de toda falsedad), se sustituye por Península Ibérica o por Hispania (lo cual es más incorrecto si nos atenemos a las fuentes literarias). Un poco al estilo de los políticos nacionalistas que han sustituido España por Estado (español). Es una neolengua orwelliana impuesta desde la Universidad que ha hecho que los estudios históricos sean un verdadero calvario para el lector (e incluso para el investigador) porque apenas entiende de qué se habla. En realidad, no creo que sepan ni de qué escriben. En la actualidad es realmente complicado encontrar un libro de historia que sea inteligible. Algún autor se salva, claro. Entre los visigotistas, J. Orlandis, L. A. García Moreno o Javier Arce, pero pocos más.

Dicho esto me gustaría proponerle un tema de análisis: la relación (para mí evidente) entre la neolengua ininteligible de los estudios universitarios y el auge de ventas de la novela histórica a pesar de la mediocre calidad de ésta.

Lo de A. Castro, estoy de acuerdo con ud. El que el gentilicio de una nación sea extraño a ésta no prueba nada de lo que este autor dice y, además, es un fenómeno más que extendido. P. e. “germanos” es un nombre celta para las poblaciones del este y luego utilizado para nombrar a las poblaciones germanas y a los alemanes. Galés (welsh) es un término despectivo dado por los normandos para los habitantes autóctonos de Britannia (luego para los galeses).También sucede con los canadienses y otros. Incluso hay naciones que no tienen gentilicio propio y no por eso se les niega ese carácter de nación: los useños son “americanos” (americans) sin más, como los guatemaltecos, y normalmente llaman a su país “los Estados” (the States). Sin embargo, en lo del origen provenzal y su penetración a través del catalán estoy más que de acuerdo. Una cosa curiosa que señala Castro es que da cuenta de la ausencia de “español” en el Diccionario etimológico de Corominas, lo que explicó porque siendo ese vocablo “provenzal en su origen, suene demasiado a catalán; con lo cual el término para designar el conjunto de los pueblos peninsulares no habría sido impuesto por los castellanos, políticamente dominadores, sino que habría penetrado por el nordeste de la Península.” (A. Castro, 1985: 32).

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España debe salir de la OTAN

1.- La OTAN fue creada como barrera al expansionismo soviético sobre Europa occidental. La posibilidad de tal expansionismo desapareció en 1991 con la desintegración de la Unión Soviética y del Pacto de Varsovia y por ello tal organización perdía su razón de ser. Su área de actuación de limitaba en principio al Atlántico Norte, es decir, al área de Usa y Europa occidental. Sin embargo, caída la URSS no solo se ha mantenido, sino que, con diversos pretextos,  ha ampliado su área de actuación a prácticamente todo el mundo.

 2.- El elemento dirigente de la OTAN fue desde el primer momento Usa. Ello era natural, ya que no solo era la potencia capaz de contrarrestar el expansionismo soviético, sino que  fue su intervención bélica en la II Guerra Mundial la que preservó o impuso la democracia en Europa occidental y reinició su prosperidad con el Plan Marshall. Dentro de la OTAN, la segunda potencia, muy estrechamente ligada a Usa, era y es Inglaterra. Sin embargo España no tiene esa enorme deuda política, moral y económica con Usa, siendo el único país europeo en esa circunstancia. No tenía, por tanto, razón para ingresar en la alianza, máxime cuando sus países europeos compartían con los comunistas la hostilidad al régimen español.

3.- Además, tanto Usa como, sobre todo Inglaterra, han sido históricamente potencias enemigas de España.  Inglaterra sigue siéndolo plenamente, como demuestra su retención de Gibraltar. Y los intereses de Usa y de España en América son claramente divergentes.

 4.- No obstante, la amenaza soviética afectaba también a España, donde persistía la actividad subversiva comunista, y por esa razón, y por solidaridad con Europa occidental, España abandonó su tradicional neutralidad y apoyó a Usa, facilitándole bases militares, aunque sin supeditarse a su política exterior.

5.- Asimismo, España denunció la invasión de una parte estratégica de su propio territorio, mediante una colonia pirática,  por la segunda potencia influyente de la OTAN, Inglaterra. España hizo reconocer su derecho en la ONU y ante la actitud arrogante e imperial de Inglaterra, aisló el peñón por tierra, convirtiendo la colonia en una ruina para el país invasor. Esta política habría dado fruto con el tiempo, pero fue invertida por el gobierno socialista de Felipe González, convirtiendo Gibraltar en un emporio de negocios opacos para el ocupante. Con ello, el gobierno de Madrid convertía a España, automáticamente en lacayo y subordinado al de Londres en una política técnicamente descriptible como traición al propio país.

6.- Se da el caso, además, de que así como la OTAN cubre Gibraltar, no cubre las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. Ello no es casual, sino que responde a un claro designio de mantener la colonia y utilizar a España como peón en una política general. Designio compartido por todos los gobiernos teóricamente españoles desde Felipe González.

7.- Desaparecida la amenaza soviética,  España ya no tiene ningún enemigo potencial aparte de Marruecos. Se trata de un enemigo comparativamente muy débil y vulnerable frente al cual España no tiene necesidad de  ninguna alianza ni tampoco del respaldo useño. Pero el entusiasmo de los políticos y de bastantes militares por permanecer en esa organización demuestra su nula identificación con España y sí con intereses ajenos. Pues España tampoco tiene interés en invadir o imponer su forma de vida a otros países. Y menos por cuenta ajena.

8. La política de “primaveras árabes” seguida por la OTAN, así como de intervenciones en Afganistán y otros países, generadora de guerras civiles brutales y de situaciones caóticas con cientos de miles de víctimas, son precisamente muy perjudiciales para España, que por su posición geoestratégica se encuentra particularmente expuesta a las convulsiones en los países islámicos del norte de África. En ese sentido, España desempeña en la OTAN un papel de peón de brega al servicio de intereses ajenos, con sus fuerzas armadas en calidad real  de ejército cipayo.  

9. La integración en la OTAN, no solo significa una supeditación militar y política a intereses ajenos, sino también una verdadera colonización cultural, propia también de un ejército cipayo. La instrucción de los oficiales e incluso de la tropa se hace cada vez más en inglés, que se convierte en lengua cooficial de nuestro ejército, en directa vulneración no solo de la Constitución sino de la propia dignidad y honor del país.

10. La posición de España se vuelve más dañina por cuanto su gobierno actual muestra  fervor en hostigar a Rusia, una política completamente ajena a nuestros intereses y potencialmente muy perjudicial.  La OTAN se ha convertido en una organización agresiva, que ha destruido la paz en diversas regiones. Y nuestros intereses están, desde luego, muy alejados del hostigamiento antirruso.

11. Por todo lo anterior España debe volver cuanto antes a una política de neutralidad, mantenida en las dos guerras mundiales en circunstancias sumamente difíciles,  y extraordinariamente beneficiosa para España e indirectamente  para los demás países. Es obvio que la vuelta a la neutralidad exige la eliminación de la actual clase o casta política corrupta, zapateril y antidemocrática. La exigencia de neutralidad debería cuajar en la opinión pública y servir de ariete contra un sistema político salido de la transición y hoy podrido y agotado.

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El mito de la “Pepa”

Cuando uno lee que Juan Carlos en el aniversario de la Pepa,  califica a las Cortes de Cádiz de “eslabón decisivo en el esfuerzo por la liberación de la Patria y símbolo de una empresa colectiva que benefició a España, a Iberoamérica y también al resto de Europa”,  solo puede quedarse pasmado. El esfuerzo decisivo por la liberación de España no correspondió a Cádiz, sino a la resistencia popular y militar, y desde luego un resultado fue la separación definitiva de “los españoles de los dos hemisferios”, contra lo deseado por aquellas Cortes, lo cual puede verse como un beneficio…  según el punto de vista. El hecho es que tanto España como Hispanoamérica  entraron en  un siglo simplemente calamitoso.  En cuanto a Europa… La Constitución española tuvo ciertas imitaciones, pero poco futuro, y ya el sobrenombre chabacano de La Pepa con que fue conocido certifica ese aire populachero que tomó gran parte de nuestro liberalismo. Fue, con todo,  una Constitución mejor que la que hoy tenemos,  para lo cual no hacen falta mucho méritos, pero harto peor que la  useña, modelo de otras que no la mejoraron.

Y ha dicho o han hecho decir también al rey:   “Es mucho lo que la causa de la libertad debe a un pueblo que decidió ser dueño de su destino y que no se doblegó ante las dificultades”. Ningún pueblo ni ninguna persona es dueña de su destino (salvo que decida suicidarse, claro). Y lo de la libertad, según lo que se entienda por ella. Está claro que el pueblo español luchaba por su libertad nacional, pero no pensaba en el liberalismo, que por entonces asimilaba mayoritariamente a los desastres y brutalidades de la Revolución francesa y de la invasión napoleónica, y veía en Fernando VII el restaurador de la legitimidad y la tradición nacionales.  Esta serie de equívocos abonó la división y la tragedia que vinieron después.

Hay que señalar también la mediocridad o cosa peor de la mayoría de nuestros liberales. Fueron capaces de vencer al carlismo –con malas artes, también hay que decirlo, véase por ejemplo la Desamortización de Mendizábal–  y tuvieron la ocasión de modernizar el país. En lugar de ello comenzaron las querellas entre facciones liberales, los pronunciamientos,  el estancamiento económico y el retroceso cultural y educativo. El siglo XIX,  ha sido el más decadente para España desde el final de la Reconquista, hasta que la Restauración abrió nuevas perspectivas, echadas nuevamente a perder por aquella mezcla de liberales exaltados y mesiánicos obreristas y separatistas que crecieron como setas después del 98.

España ha tenido dos malas suertes:  que el liberalismo viniera identificado en la mentalidad popular con una invasión foránea y el Terror de la Revolución francesa; y que los propios liberales fueran tan a menudo gente mediocre, con la mente cargada de una retórica vacua y agresiva. Parece que ello ha creado una verdadera tradición, de la que no logramos salir.

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Nueva historia de España

(febrero 2012):

Repaso el blog, en el que llevo años, y me asombra su escasísimo efecto práctico. Siento una especie de fatiga por la inutilidad del esfuerzo. Pero alguien tiene que decir estas cosas. No es que pretenda tener siempre la razón, naturalmente. Es que, por una parte, nadie me ha rebatido con verdaderos argumentos y datos (opinan que el silencio es un arma más efectiva) y por otro aquellos a quienes complacen mis asertos, muestran una extraña pasividad. Me recuerda las frases del camarada Mao (cito de memoria): “Hay gentes que encuentran una flecha muy bien hecha y se complacen en ella, ponderándola, en lugar de lanzarla contra el enemigo”.

Nada como la ETA ha definido la mala catadura de la clase política española y la Constitución elaborada por ella bajos los auspicios del indocumentado Suárez. La ETA, la actitud ante ella,  ha sido el verdadero revelador de la miseria moral e intelectual de esa “clase”, llamémosla así. La demostración de que para ella el estado de derecho no es una cuestión de principio, y menos aún la igualdad ante la ley, de que la Constitución y las leyes pueden interpretarse según convenga en cada caso. El crimen etarra paga en España, y mucho. Lo estamos viendo ahora mismo en las Cortes, cuando todos menos UPyD (partido con el que, en general no simpatizo, pero en esto sí) buscan el acomodo con los separatistas asesinos que dicen que no van a seguir matando si el gobierno sigue siendo bueno con ellos. Parece que PP, PSOE y PNV van a elaborar un papelajo pidiendo a la ETA que se disuelva. ¿Se lo pedirán con humildad? ¿Con altanería? ¿Qué le ofrecerán a cambio? ¿Le dirán que es suficiente lo que ya le han regalado, a costa de la más elemental decencia democrática y patriótica? ¿Que todavía pueden exigir algo más? En 2008 hice algunas observaciones:

5.VI. 2008: Admirable espectáculo el de Rosa Díez defendiendo derechos elementales de los españoles entre los abucheos de los diputados. La chusma política. ¿De dónde habrá salido esta gente? Repito, del blog del 16 de mayo, un comentario de Taraza: “Ningún partido político se atreve a atacar de frente el asunto terrorismo. Ayer mismo, el PP, rectifico, los Diputados del PP, algún Diputado del PP, por lo menos uno, tras la “oración funebre” por el guardia civil asesinado debió cargar contra ZP, y contra todos aquellos Diputados que en la legislatura anterior autorizaron al Gobierno ZP a tomar contactos con ETA. Esa autorización sigue en vigor, pues no ha sido derogada expresamente. ¡Ni un solo Diputado del PP cargó contra el Gobierno! Si yo lo fuese, tendrían que echarme del hemiciclo, para callarme. ¡Por Dios: entre 154, ni uno solo cargó contra ZP!”. Ni uno solo. Todos unidos, ¿contra el terrorismo? No. Para estafar una vez más a los ciudadanos.

1-VI. 2008: Tal como Zapo llama “proceso de paz” al desmantelamiento de la constitución y de la unidad de España en obsequio de los terroristas y los secesionistas, o “alianza de civilizaciones” a sus chanchullos con las dictaduras potencialmente más dañinas para España, o “igualdad de género” a la destrucción de la igualdad ante la ley, Gallardón llama “centrismo y moderación” a la integración del PP en los diseños políticos de Zapo. Vamos, que “moderación y centrismo” es, para él, la colaboración con la delincuencia política. La política como farsa delictiva.

 9-VI.2008: Rajoy, el pro etarra.
Cada vez se descubre más el personaje: “Quiero un partido en el centro, un partido que dialogue con todos, sin excepción”. Como Zapo, ofrece el diálogo, el negocio político, en palabras más claras, a los asesinos, a la ETA. No directamente, no lo precisa, pero sí en la práctica. De hecho ya lo ofreció al entrar en la carrera de la revisión de los estatutos, la carrera por complacer a los balcanizadores de España. Que era, justamente, la clave de la colaboración de Zapo con la ETA. Hay una diferencia entre la actitud de Zapo y la del Futurista Solemne. Zapo obra así por afinidad ideológica con la ETA. Rajoy, nada afín en ese sentido, obra por un ingobernable afán de poder. Diferencia irrelevante a efectos prácticos. Y necedad futurista: en esa carrera de “diálogos”, Zapo tiene las de ganar. Rajoy y su camarilla, faltos de cualquier espíritu creativo y con inteligencia muy limitada, imitan las tácticas que han dado el poder a Zapo. Recuerda a las muchas imitaciones de El País que se intentaron por toda España a raíz del éxito de ese periódico: no caían en la cuenta de que El País ya existía, y de que los sucedáneos difícilmente encontrarían espacio.Y, por cierto, al caballero del Futuro no se le ha oído una palabra en defensa de la libertad de expresión, hoy tan acosada. Tendrá cosas más importantes en qué pensar: el diálogo, la nena angloparlante en el corazón y el cerebro…Rajoy, con el Tiranosaurio y Gallardón: los políticos más miserables de la derecha, hoy.

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