“Una hora con la Historia”: Zapatero, el cretino que cambió la historia de España y convirtió a todos los partidos en seguidores suyos:https://www.youtube.com/watch?v=Xs-opkHOO5g …
–Veamos algo más concreto: sus recuerdos de París “El hombre que quizá vio al diablo”, el peruano aquel ligón, el supuesto Campesino de la guerra civil…
–Siguiendo con lo anterior, siempre me ha impresionado esa frase que leí en algún sitio y que no acabo de saber de quién es: “¿Quién no es mejor que su propia biografía?”. Ahí está condensada la condición humana. Le doy vueltas a menudo.
–De acuerdo, lo veremos, pero lo de París…
–Aunque le parezca mentira, durante bastantes años olvidé lo de París, como otras muchas cosas, también lo de la prisión de Caranza, porque a causa de que la revolución no podía admitir cosas pequeño burguesas, aunque aquellas más que pequeño burguesas eran lumpen o algo así… Casi peor todavía. Pero luego volvieron los recuerdos, o algunos de ellos. Y me pregunto, ¿qué habrá sido de ellos, quiero decir, de aquella gente? Yo por entonces tenía diecisiete años, o dieciocho, ya no recuerdo bien, y el hombre que pudo haber visto al diablo debía de ir por los treinta, de modo que, si aún vive o no ha terminado en un manicomio… en un psiquiátrico, o ha muerto, andará ahora por los ochenta y pico. El peruano estaría en los veinticinco, de modo que calcule usted. Pero yo no lo llamaría ligón, eso suena muy trivial. Tenía una labia y un descaro especiales, pero también cierta profundidad anímica, y recordaba un poco al del diablo con sus experiencias fuera de lo ordinario. O aquellos con los que subsistíamos con una baguette y algo de vino todo el día, tirando migajas “pa los pobres”. Sí, me pregunto qué habrá sido de ellos. Entonces éramos jóvenes y aquellas condiciones de vida nos parecían, no diré que agradables pero sí interesantes, como experiencias que valía la pena tener, aunque, la verdad, no es que yo las buscase. Estaba allí así porque me había quedado sin un duro. Pero tanto mejor, al cabo.
– Según dice, uted vivió en París solamente durante un mes de diciembre o algo así, y sin embargo le concede mucha atención en sus recuerdos.
–Ahora que lo dice… Y podría concederle más, y no solo a aquello. Quizá fue un mes muy especial. Durante años, durante bastantes años, he vivido un tanto “al margen de la sociedad”. Y en ese mundo conoces a gente me parece que más interesante que en los ambientes de ricos o de clase media, aunque ya digo, la vida de cada uno es un misterio, empezando también para el que la vive. De París tengo otros recuerdos posteriores, como cuando fuimos otro de la OMLE, la organización de marxistas-leninistas, y yo a poner orden en los grupos de Francia, en Estrasburgo, y dormimos en una habitación en Pigalle donde había manchas de sangre por las paredes… Pero vamos a lo de entonces. Yo casi no tenía un duro, por las razones que explico en el libro, creo. Dormir en las escaleras del metro o en aquel albergue “de la jeunesse et de la culture”, creo que se llamaba, pintorescamente sórdido… Bueno, de pronto me parecen recuerdos en cierto sentido maravillosos. No por sentimentalismo. El tío que podía ser El Campesino, lo dudo pero quién sabe… Ese con certeza ha muerto. El argentino que nos daba la vara con el psicoanálisis, de lo que yo solo tenía una vaga idea… ¿Qué vida habrá llevado cada cual? No es que me preocupe personalmente, está claro, me preocupa de un modo teórico, abstracto, el destino humano… Es difícil de explicar. Supongamos que ahora me encuentro con cualquiera de ellos: probablemente su visión de aquellas cosas será distinta, muy posiblemente ni las recuerde siquiera, como yo he olvidado muchos hechos que a veces otros me recuerdan. No, me gustaría conocer sus destinos al margen de lo que ellos pensaran de sí mismos…
–¿No es sentimentalismo todo eso?
–Creo que soy poco sentimental, aunque quién sabe. Algunas cosas objetivamente bastante idiotas me hacen saltar las lágrimas sin saber por qué, y me hacen sentirme idiota… En fin, esas cosas me interesan porque me presentan un enigma, al parecer irresoluble. Y cada uno tiene su tendencia. Hace años me decía alguien: “Tienes que haberlo pasado muy mal esos años de clandestinidad tú solo, después de salir del todo aquello del partido”. Pero no tenía la sensación de haberlo pasado mal. Para empezar no estuve solo, tenía una compañera, lo que me salvaba de la miseria, aunque viviéramos con mucha estrechez, que a mí no me importaba y creo que a ella tampoco mucho, mientras era joven. Y hablando hace poco con mi mujer me di cuenta de la razón, o de una de las razones, por las que estaba a gusto en la clandestinidad: porque a efectos oficiales, yo no existía. El único “papel” burocrático que tenía era un carné de identidad falsificado, que casi nunca tuve que usar. Ahora en cambio, estás fichado y controlado por todas partes, tienes que dar un montón de datos aquí y allá. No estás vigilado, pero es como si lo estuvieses, porque en cualquier momento, si al gobierno o a alguien le interesa, pueden saber casi todo sobre tu situación. En la clandestinidad me sentía más libre.
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