Teoría de las tres minorías/ Gibraltar y la ETA / Amelia Valcárcel

Recordamos a nuestros amigos oyentes la urgente necesidad de que este programa siga adelante, pues los fondos se están acabando. Cita con la Historia no es un simple programa ilustrativo, sino que quiere ser movilizador contra la falsificación histórica y contra su consecuencia que convierte la política en una farsa dañina y sin gracia. Es preciso que cientos o miles de nuestros oyentes con conciencia de la importancia de esta tarea, difundan el programa comentándolo y  enlazándolo en las redes sociales a partir de you tube, de podcast o de www.citaconlahistoria.es. Y que contribuyan económicamente. Seguimos con la campaña de 300 por veinte, trescientos oyentes que den en su banco la orden de ingresar 20 euros cada mes a la cuenta del programa, Tiempo de ideas siglo XXI, en el BBVA, que es la siguiente: ES09 0182 1364 33 0201543346.

 Nuestro propósito es llegar ampliamente a la Universidad, hoy tan envilecida, porque es de ella de donde sale el pensamiento político y  los formadores de opinión pública. Esta es una tarea de gran aliento y a largo plazo, pero la estamos empezando, y entre todos haremos que vaya adelante.

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La sociedad humana se distingue de las animales por su extrema individuación y desigualdad, de ahí que dentro de ella haya una tendencia al movimiento desordenado y al choque entre personas y grupos.  Dentro de ello, propongo que pueden encontrarse básicamente tres minorías: una que podemos llamar culta y activa, una inculta y pasiva, y otra inculta y activa. Por cultura, en este sentido, no entiendo solo una acumulación de conocimientos, sino sobre todo cierto criterio para ordenarlos y entender su lógica –nunca del todo, por cierto–, y cierta conducta no demasiado desequilibrada. Este sector es el que fundamentalmente mantiene y hace avanzar a la sociedad. Según la teoría, creo que de Pareto, no me hagan mucho caso ahora, el 20% hace el 80% de las cosas, por lo que podríamos decir que se trata de ese sector. Otro gran grupo social es pasivo y no se interesa por más asuntos que los que le atañen personalmente y a sus intereses más inmediatos, generalmente tener algún dinero y diversión. Se amolda a cualquier régimen o a cualquier situación, viene a ser un peso muerto, pero en situación de crisis profunda puede ser  el que impide o dificulta un hundimiento social generalizado.  La última minoría se compone de personas como las anteriores, con una visión muy estrecha de sus intereses personales, pero  al mismo tiempo descontenta y dispuesta a creer cualquier idea o teoría general que satisfaga su “mala leche”. Este grupo se revela con gran violencia y a menudo con extrema crueldad  en ocasión de crisis revolucionarias.

    Los tres grupos no están separados claramente, no se les puede distinguir, por ejemplo, por los ingresos económicos o como clases sociales, sino que se interpenetran y además varían cuantitativamente. En momentos de convulsión, el tercer grupo puede crecer repentinamente, y en general los tres aumentan y disminuyen según las circunstancias.

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**He seguido la discusión sobre su novela “Sonaron gritos y golpes a la puerta”. Al contrario de  lo que decía uno, me parece que la reacción de Alberto ante la muerte de su padre biológico está muy conseguida, muy bien trabajada,  la traslada del plano anímico al plano físico, biológico. Intelectualmente, a Alberto no puede afectarle demasiado el haber ocasionado la muerte de su padre. Es una reacción lógica y normal: no le importa mucho esa muerte, no puede importarle gran cosa, la ocasiona pero prefiere estar ausente de ella por quién sabe si motivos estéticos o algo de ese estilo. Es algo al margen de su conciencia, de su intención, es algo físico, biológico, lo que le provoca una gran convulsión, también física, una convulsión que  le “culpa y le libera” al mismo tiempo, una cosa realmente contradictoria. (Miguel Ángel Gutiérrez)

   A decir verdad, esa interpretación no figuraba en mis intenciones al escribir la novela. Salió así, simplemente.

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La izquierda tiene convicciones y principios, aunque sean falsos. La derecha española solo tiene intereses, y muy pedestres.

Mientras subsista la colonia de Gibraltar, España no podrá ser un país respetable ni respetado.

La colaboración de los gobiernos con la ETA y con Gibraltar son dos aspectos de una misma política.

El PP no se ha rendido ante la ETA: colabora con ella, siguiendo la política del PSOE de ZP

Tampoco ha vencido la ETA. Ha avanzado desde estar al borde del abismo con Aznar. Avance gracias a ZP y PP.

Dice una tal Amelia Valcárcel que no tenemos por qué permitir a los imames lo que no permitimos a los curas. Con esa frase solo revela una arrogante estupidez y mala fe.

La cultura europea tiene su raíz más profunda en el cristianismo, en los curas, que diría doña Amelia, y no en las amelias valcárcel

Quién será esa Amelia Valcárcel para permitir o dejar de permitir nada. Como si la democracia dependiera de ella y sus amigos.

El despotismo, la ignorancia histórica y la tontería contenidas en la frase de Amelia Valcárcel. Creo que es filósofa. Así va el pensamiento en España.

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Rusia tras “el fin de la historia”.

**”Las cuestiones básicas de la guerra civil están perfectamente aclaradas en el plano intelectual, aunque no en el plano popular. La cuestión, a estas alturas, solo puede tratarse relacionando aquel pasado con la actualidad. Es lo que he querido hacer con el libro La Guerra Civil y los problemas de la democracia en España.

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Así como Usa ha provocado numerosas guerras después del derrumbe soviético, Rusia no quedó en condiciones de causar ya ningún conflicto serio exterior por largo tiempo. Las reformas de Gorbachof, llamadas perestroika, solo funcionaron en el sentido de crear  una sensación de derrumbe, sin conseguir reactivar la economía.  El modo como se produjo el colapso fue interesante. En marzo de 1991 se hizo un referéndum con una pregunta sobre la continuidad de la Unión Soviética, como federación de estados soberanos (lo que era una contradicción). Un 78% votó a favor de que continuase la Unión Soviética. En agosto hubo un intento de golpe de estado de los duros del comunismo para frenar las tendencias disgregadoras, pero fracasó rápidamente, pues para entonces el ejército estaba desmoralizado y no sabía a quién obedecer. Boris Yeltsin  apareció como el líder principal, por encima de Gorbachof.  Yeltsin declaró ilegal la anexión de los países bálticos y decretó la disolución del partido comunista. En diciembre, haciendo caso omiso del referéndum, Yeltsin y los presidentes de Ucrania y Bielorrusia decidieron por su cuenta, la disolución de la Unión Soviética, mediante el tratado de Belavezha, convirtiéndola en Comunidad de Estados Independientes, una nueva contradicción, por lo que Gorbachof quedó desplazado y tuvo que dimitir.

   A partir de ahí, el imperio se desintegró  con rapidez, aunque en algunos casos se mantuvieran unos lazos unitarios poco más que simbólicos, de modo que Moscú no solo perdió su control sobre los países satelizados de su entorno, sino  también gran parte de lo que había sido Imperio ruso antes de la revolución. Se independizaron Ucrania, Bielorrusia, los países bálticos, Moldavia Usbekistán, Kazajistán, Tayikistán, Kirguistán, Turkmenistán; en el Cáucaso se le fueron Georgia y Armenia y Azerbayán y estuvieron cerca de lo mismo Chechenia y otros, lo que motivó dos guerras entre 1994 y 2009. Todos estos fenómenos habrían sido inimaginables muy poco antes.

   Yeltsin aplicó una “terapia de choque” diseñada por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial para transformar con rapidez la economía socialista en capitalista. Las reformas fueron acometidas con gran entusiasmo y esperanza por gran parte de los rusos, pero no dieron los resultados esperados. La privatización rápida de inmensos recursos creó una capa de los llamados oligarcas, inmensamente ricos y corruptos, en su mayoría antiguos comunistas, que llevaban a cabo peleas mafiosas entre ellos, incluso con empleo de tanques. Moscú se convirtió en la ciudad más violenta del mundo. Todo ello debería ser compensado por la expansión de la democracia liberal al país,  que fue  acometida con entusiasmo, como otro de los elementos del “fin de la historia”, con la esperanza de que pasados unos años de penurias, todo mejorarían más que nunca antes.

    Pero los resultados fueron desalentadores, Solzhenitsin, el opositor más emblemático al régimen soviético, había escrito un ensayo sobre como reorganizar Rusia, mediante un régimen presidencialista fuerte y advirtiendo que una democratización rápida no tendría efecto si no se construían sólidas administraciones locales con una considerable autonomía. Para entonces mostraba una gran desilusión con los países occidentales, criticando su hedonismo pedestre y su pérdida de valores morales, por lo que dejaba de ser un modelo para los rusos. En todo caso, sus recomendaciones sirvieron de poco, y en 1992 escribió Rusia bajo los escombros, una denuncia de los mil abusos y tropelías creados por el modo como se estaba llevando a cabo la democratización y la transformación económica.

   Yeltsin gobernó desde 1991 a 1999, y su gobierno no fue un éxito. Económicamente,  la economía se desplomó en gran parte, llevando a condiciones dramáticas el nivel de consumo de las masas, y el PIB quedó reducido a la mitad, los precios aumentaron a gran velocidad, lo mismo que la deuda externa, lo que privaba a Rusia de capacidad de maniobra internacional. El alcoholismo se disparó, que siempre había sido un problema serio en Rusia (el propio Yeltsin era alcohólico). Las protestas populares fueron subiendo de tono, por lo que en 1993 Yeltsin disolvió el Soviet Supremo y el Congreso de Diputados, medidas que fueron declaradas ilegales por ambas instituciones, que lo destituyeron. Pero Yeltsin tenía suficientes apoyos en el ejército para contraatacar con tanques a la sede del  Parlamento, en una acción que dejó más de medio millar de muertos. Nuevas elecciones vieron un resurgir de los comunistas y de grupos nacionalistas, aunque Yeltsin no solo continuó gobernando, sino haciéndolo con más poderes mediante una nueva Constitución.

   En estas circunstancias, el gobierno intentó parar la ola de independencias, que se había extendido a Chechenia, por lo que comenzó una dura guerra en la zona,  que duró dos años. El ejército ruso demostró entonces escasa capacidad, aunque su superioridad militar le dio una victoria dudosa. Por otra parte el país seguía disponiendo de un enorme arsenal nuclear cuyas condiciones de mantenimiento distaban de ser excelente, lo que generaba preocupación fuera del país.

    A pesar de su creciente impopularidad, Yeltsin ganó las elecciones de 1996, gracias a su control de los grandes medios de masas, que estaban en manos del grupo de supermultimillonarios que habían hecho su fortuna gracias a sus conexiones políticas, pero la economía no mejoraba, sino que empeoraba, y abocó a la imposibilidad de pagar las deudas, provocando un pánico financiero en Occidente, que hundió el rublo. Sus enemigos políticos intentaron procesarle por ilegalidades como la disolución de la Unión Soviética, evidentemente ilegal, la disolución del Parlamento en 1993, y la guerra de Chechenia, pero no tuvieron éxito.

   Era evidente que el presidente estaba cada vez más fuera de la realidad, y cuando la OTAN decidió atacar a Serbia para asegurar la secesión de Kosovo, Yeltsin advirtió a la OTAN de que si se desplegaban tropas terrestres en Kosovo, Rusia intervendría aunque con ello se produjese una guerra europea e incluso mundial. En todo caso, la OTAN no tuvo necesidad de desplegar tropas terrestres, sino que se limitó a machacar sistemáticamente desde el aire a los serbios, protegiendo a las guerrillas kosovares. Cuando estaba a punto de intervenir en tierra, el propio Yeltsin presionó a los serbios para que aceptaran las condiciones de paz, en el fondo de rendición, que separó a la región de Serbia, la cual seguía con el nombre oficial de Yugoslavia.

   A su vez, Usa, con Clinton, atacó a Yeltin por sus bombardeos en Chechenia, por lo que Yeltsin le recordó que Rusia seguía teniendo un gran arsenal nuclear. A su vez, Clinton le recordó lo falso de sus amenazas cuando el caso de Kosovo.. El ejército  convencional ruso padecía de mala organización y baja moral, y la amenaza de emplear armas nucleares no era creíble, cuando no se habían utilizado en la guerra fría y en aquellos momentos la ventaja de Usa era abrumadora en todos los terrenos.

   Sin embargo, estos incidentes demuestran que los intereses rusos y los de Usa y la OTAN no eran fácilmente armonizables  en base a una democracia liberal. En los primeros tiempos, tanto Gorbachof como Yeltsin había sido elogiados con estilo protector, como héroes en Usa y Europa occidental, y ellos, a su vez, habían mostrado la mejor disposición a dejarse aconsejar e incluso conducir por sus antiguos enemigos. Pero ocho años después era evidente que Yeltsin y Rusia en general, se estaban resintiendo moralmente de aquella política, que consideraban humillante, y de los retrocesos políticos y económicos, y pérdida de prestigio internacional que había sido la tónica desde 1991. La historia, una vez más, no había terminado, sino que las tensiones entre los antiguos adversarios iban subiendo de tono, si bien la absoluta supremacía militar useña garantizaba por un largo espacio de tiempo que la sangre no llegaría a río.

   A finales de 1999, Yeltsin dimitió inesperadamente, dejando paso a Putin, lo que abría una nueva etapa en Rusia. Putin ha gobernado Rusia desde entonces, con un período intermedio de Medvédef, hombre de confianza suyo, entre 2008 y 2012. Procede del KGB, el aparato de policía secreta, espionaje y contraespionaje soviético, rival de la CIA useña durante muchos años  y desde el principio mostró una determinación  y realismo que contrastaban con la conducta cada vez más errática de Yeltsin. Putin  ha considerado como una tragedia la desaparición de la Unión soviética, no solo para los rusos, sino también para la estabilidad mundial, un aserto bastante discutible. No obstante, había dejado de ser comunista y ha procurado congraciarse con los sectores religiosos y conservadores, afirmando haber sido bautizado de niño en secreto.  Una de sus frases es que quien no añora la Unión Soviética no tiene corazón, y quien cree que puede volver no tiene cabeza. En realidad actuó desde el principio como un nacionalista ruso, muy molesto con la supremacía useña y de la UE, asumiendo las críticas de Solzhenitsin al decaimiento moral atribuido a Occidente. Otra de sus frases es: “Sin los valores familiares tradicionales, la sociedad se degrada. Esto, por supuesto, es conservadurismo”. De hecho, aunque menos arbitrario que Yeltsin, viene gobernando con gobiernos “fuertes”, lo que le ha valido fama de autoritario, incluso de dictador, y de haber suprimido a rivales suyos.

   Hay que decir que, dado el desbarajuste económico y político creado anteriormente, la mayoría de la población estaba deseando un gobierno fuerte que impusiera orden y frenase los elementos que podían conducir a la disolución social. Putin demostró ser el hombre que respondía a esas exigencias, hasta el punto de que la democracia, tal como se interpreta en Occidente, ha sufrido retrocesos considerables. Putin ha sido criticado por promover leyes que  restringen las posibilidades de la oposición –la mayor parte de ella comunista o ultranacionalista–, por imponer un control creciente de su partido, llamado Rusia Unida, sobre los medios de comunicación, lo que le proporciona una ventaja de partida en las elecciones (algo parecido, aunque no limitado a un partido, ocurre en los muchos países occidentales, empezando por Usa), se le ha criticado por utilizar la justicia  de manera selectiva contra sus enemigos políticos o contra los supermultimillonarios que financiaban a partidos de oposición, por estar complicado en el asesinato de una periodista muy crítica con él o por el encarcelamiento de uno de los mayores  “oligarcas” llamado Jodorkovski, acusado de delitos económicos, y que casualmente financiaba a partidos de oposición. Varios de los más importantes multimillonarios consideraban que debían intervenir en la política, mientras que Putin ha preferido, y les ha impuesto, ocuparse de sus negocios y no utilizarlos políticamente. Excepto, claro, si le beneficiaban a él.  Otras críticas le tachan de haber reanudado la guerra de Chechenia con violaciones de los derechos humanos, cosa que también ha hecho Usa en sus guerras recientes.

    También ha sido acusado de fraude electoral, cosa poco probable por innecesaria, pues las encuestas demuestran que Putin disfruta de un apoyo popular bastante superior al de cualquier líder occidental, superior incluso al de Reagan en su segunda elección. Al parecer, después de la desastrosa década de Yeltsin, los rusos en su mayoría desean resultados concretos aunque sea a costa de suprimir algunos rasgos de la democracia liberal. Putin ha sido definido en países occidentales como un autócrata, lo que es bastante excesivo, pues las elecciones permanecen, así como las libertades políticas, aunque restringidas y en algunos aspectos falseadas.

   Durante el período de Putin, que en la práctica va ya por los dieciséis años, formalmente por doce, Rusia ha vuelto a crecer económicamente a fuerte ritmo, el orden público se respeta, acabaron las reyertas entre mafias y oligarcas, y Moscú ha dejado de ser una ciudad violenta, los niveles de corrupción han descendido notablemente.  El Producto interior bruto en 2007 era dos veces y medio superior al del último año de Yeltsin. Después sufrió los efectos de la crisis mundial, pero en medida mucho menor que en otros países, no solo en España. Y en 2010 volvió a crecer con bastante rapidez. En 2014, con motivo de la crisis de Crimea, la economía volvió a experimentar una contracción, debida a las restricciones financieras y a su comercio exterior impuestas por Usa y la Unión Europea, así como a la bajada de los precios del petróleo y el gas, de cuya exportación ha dependido en alto grado la relativa prosperidad de aquellos años.

    La cuestión de Crimea nos lleva a otra cuestión relacionada con el fin de la historia. El hecho de que Rusia se fuera rehaciendo notablemente después de su caótica experiencia de los años 90 no podía dejar de sembrar inquietud entre sus vecinos, en los cuales está fresca la memoria del tradicional expansionismo ruso y soviético. También la OTAN y Usa vienen demostrando inquietud, y creando una situación que los rusos interpretan como de intento de cerco. Realmente Rusia no está ni de lejos en condiciones de representar una amenaza militar ni lo estará en mucho tiempo, a pesar de que presta gran atención a la modernización de su armamento. Baste considerar que los presupuestos militares useños casi septuplican a los rusos, y los del conjunto de Francia, Inglaterra y Alemania juntos casi los doblan.  La percepción rusa es que la OTAN está desarrollando una estrategia de cerco militar por medio de bases y presencia militar en torno a sus fronteras, para imponerle la voluntad de Usa y la OTAN en cualquier caso.

En Occidente se ha criticado el aumento en los presupuestos rusos de defensa como una conducta “agresiva”, cuando en realidad no son grandes aumentos, que tampoco soportaría la economía rusa, que dista todavía de ser lo bastante diversificada y voluminosa como para competir no ya con Usa, sino con las principales naciones de la UE.  Putin ha replicado: “Usa tiene bases por todo el planeta. ¿Y me dice que nosotros desarrollamos una política agresiva?”.  Y ha contraatacado con críticas a las acciones occidentales en los países árabes: “Quienes generaron los conflictos de Oriente Medio, ¿se dan cuenta de lo que han hecho?”, o sobre el asesinato de Gadafi, sacando partido para el interior de Rusia: “No queremos la clase de democracia que han llevado a Irak”.

     La alarma de Moscú creció mucho más con motivo de las manifestaciones –que seguían la tónica de las “primaveras árabes—con la que parte de los ucranianos decidieron derrocar al gobierno –salido de las urnas—del proruso Yanúkovich, en 2014, e implantar otro favorable a la OTAN y la UE. Moscú lo interpretó como un golpe de estado contra sus intereses, que afectaba de modo inmediato a su capacidad militar, puesto que en Crimea estaba la principal base naval rusa en el Mar Negro. De hecho, Crimea pertenecía a Rusia hasta que Nikita Jruschof, un dirigente soviético de origen ucraniano, decidió arbitrariamente  traspasarla a Ucrania en 1954. En aquel momento, el traspado no significaba nada política ni militarmente, pues nadie pensaba que la Unión Soviética fuera a desaparecer en un futuro previsible. Pero en 2014, con una Ucrania hostil a Moscú y deseosa de integrarse en la OTAN, es normal que Rusia se sintiera amenazada. Como resumió el líder ruso, “Queremos que la OTAN venga a visitarnos a Sebastopol, no que nosotros tengamos que ir allí a visitar a la OTAN”. Y dado que parte importante de la población ucraniana es rusa o prorusa, Moscú decidió apoyar movimientos separatistas contra el nuevo gobierno ucraniano. Estos hechos han sido descritos generalmente en Occidente como actos agresivos contra el orden mundial. Francamente, esta acusación es muy difícil de sostener, pues lo cierto es que se estaba planteando una clara amenaza a los intereses rusos, y que pocas potencias habían alterado más el orden mundial en los últimos años más que Usa y sus aliados de la UE.  

    Otro nuevo foco de tensión se produjo en Siria, cuando Usa y la UE, en particular Inglaterra, decidieron el derrocamiento de Al Asad arguyendo que era un tirano, y apoyando a los enemigos de aquel régimen, externos e internos, mediante la consabida táctica primaveral de las manifestaciones supuestamente pacíficas. Rusia mantiene una alianza con Siria, que le permite la única base naval rusa fuera de su territorio, en Tartús. Si el régimen de Asad caía, perdería esa baza, aparte de un aliado estratégico. Por su parte, Asad no estaba dispuesto a ceder el poder, máxime a la vista de lo ocurrido con Gadafi o Mubarak. La situación degeneró rápidamente en una guerra civil de grandes proporciones, con los occidentales apoyando a supuestos demócratas, y con el surgimiento de un Estado islámico especialmente espantoso, que de paso masacraba a los cristianos y otros grupos, y que gozaba de evidentes ayudas y complicidades en otros países musulmanes y en Occidente. Desde luego, aquellos grupos no fueron ni remotamente atacados del modo como lo había sido el Irak de Sadam Husein o la Serbia de Milósevich.  Asad, por tanto, pidió ayuda a Moscú, que atacó a los rebeldes, incluido el Estado islámico. Ello obligó a otros países occidentales a “hacer algo”, ciertamente muy poco y de paso a acusar a los rusos de realizar bombardeos sobre escuelas y hospitales, una acusación reiterada también mil veces contra Israel, curiosamente. El hecho real es que Siria está siendo destrozada por una feroz guerra civil en la que las responsabilidades de Usa y de la UE son evidentes.

    En todo ello están involucrados como siempre intereses económicos sobre el trazado de oleoductos y explotación de yacimientos petrolíferos.

   Lo que observamos es que Rusia ha venido rehaciéndose desde el año, 2000, que ello es visto con alarma por algunos de sus países vecinos, que Usa y la UE parecen creer en una amenaza a largo plazo que quieren tener bajo control mediante injerencias y hostigamiento, y que en Rusia existe la decisión de seguir fortaleciéndose frente a lo que juzga amenazas muy reales.

   Podemos plantearnos adónde puede llegar Rusia. Su economía, pese a los éxitos, es muy vulnerable, sus intentos de formar una gran asociación económica con China no es probable que puedan rivalizar con otros intereses y socios chinos, como la propia Usa o la UE. Además, la pobladísima China tiene al lado los inmensos territorios semideshabitados de Siberia, lo que plantea una amenaza potenial para Rusia y dificulta una cooperación real a largo plazo. Añádase que la población rusa desciende por la baja natalidad y la emigración, y que está bastante envejecida (como por lo demás, la europea occidental) Pero, por otra parte, Usa no está tampoco en condiciones de realizar una agresión directa como la de Irak, puesto que Rusia mantiene un arsenal nuclear y dispone también, aunque en pequeño número, de armas avanzadas. Y tampoco parece probable que pueda repetir en Moscú la táctica de las manifestaciones primaverales. Por tanto, la historia continúa  de modo parecido a la guerra fría, por medio de movimientos diplomáticos y subversivos en unos lugares u otros, con Rusia tratando de explotar los puntos débiles y el descontento que la hegemonía useña o europea suscitan en muchos lugares; y viceversa.  Desde luego, el mesianismo ruso ha desaparecido o no tiene ninguna posibilidad de ejercerse. No ocurre lo mismo con el mesianismo useño

 

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El mesianismo useño después del “fin de la historia”

En “Cita con la Historia”, sobre el mesianismo ruso y soviético, y la evolución tras la caída de la URSS: https://www.youtube.com/watch?v=3d7g0KLIf_8

“Cita con la Historia” es el único programa orientado contra la sistemática falsificación del pasado por los totalitarios de la “memoria histórica”.  La tarea no solo es necesaria, es también urgente.  Que el programa rompa los muros del gueto del silencio y llegue ampliamnte a la gente, en especial a la universidad, puede conseguirse si nuestros oyentes colaboran con él  difundiéndolo en las redes y entre sus círculos de conocidos, y sosteniéndolo económicamente en la “Campaña 300 por 20″: trescientos seguidores que encarguen a su banco la aportación mensual de 20 euros.

**”Las cuestiones básicas de la guerra civil están perfectamente aclaradas en el plano intelectual, aunque no en el plano popular. La cuestión, a estas alturas, solo puede tratarse relacionando aquel pasado con la actualidad. Es lo que he reido hacer con el libro La Guerra Civil y los problemas de la democracia en España.

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Puede definirse como un mesianismo democrático combinado con expansionismo económico  y militar por América y por todo el mundo, aunque, generalmente, sin anexionarse a otros países al modo del colonialismo o el imperialismo clásicos. En la II Guerra Mundial, Usa ayudó a librar a Europa del totalitarismo nazi, para lo que necesitó aliarse con el totalitarismo  soviético, algo inevitable, pero libró a Europa occidental de uno y otro. Es probablemente el mayor servicio que ha hecho a la causa de la democracia en el mundo, aunque desde luego no siempre fue así. Cabe señalar que fue también el único país participante en la guerra mundial que salió de ella mucho más próspero, habiendo superado la Gran Depresión comenzada en 1929. Inglaterra, en cambio,  salió quebrada y endeudada hasta las cejas, aunque Usa le condonó las deudas a cambio que de Inglaterra abriese sus posesiones al comercio e inversiones useñas, creando así cierta dependencia. Así, Usa se hizo con el control del petróleo de Oriente Próximo, antes en manos inglesas, por ejemplo.

   Lo anterior nos permitirá entender lo que ha venido ocurriendo desde la caída del Imperio soviético. Como es sabido, la II Guerra Mundial, en la que soviéticos, useños e ingleses fueron juntos, fue sucedida por la Guerra Fría, en la que los antiguos aliados compitieron por imponer su sistema por todo el mundo, evitando el enfrentamiento directo, que habría provocado una destrucción mutua. La guerra fría se compuso de golpes de estado, intervenciones militares, revoluciones, carreras de armamentos, etc. por gran parte del mundo. Cuando la Unión Soviética se vino abajo por su atraso científico y tecnológico en relación con Usa, y por su incapacidad de reformarse, quedó Usa como única superpotencia mundial. Ello debía provocar la imitación de su sistema político por todos los países, y para asegurarse de que fuera así, la fuerza militar useña superaba a todas las demás fuerzas militares juntas, y la OTAN, creada contra el expansionismo soviético, se mantuvo intacta ante posibles nuevos desafíos. De este doble hecho, la victoria política del sistema useño y su enorme superioridad militar, surgía la idea del fin de la historia expuesta por Fukuyama, en el sentido de que  las guerras serían cada vez más imposibles, debido por una parte a la atracción de la democracia liberal y por otra a la amenaza militar contra quienes pudieran resistirse.

    La política señalada recibió un rudo golpe con la guerra de Vietnam, que desmoralizó al país por bastantes años. No fue hasta la llegada de Ronald Reagan al poder, en 1981, cuando la antigua política fue reanudad con creciente ímpetu. Mediante la CIA y ocasionalmente mediante los marines, se propiciaron golpes de estado e intervenciones contra regímenes izquierdistas o de tendencia comunista, como el de Nicaragua, reimpulsó la carrera armamentística con la URSS y una actitud dura ante cualquier desafío, como en Libia y en otros lugares, como la isla de Granada o el derrocamiento de Noriega en Panamá.  No todas las operaciones le salieron bien, pues en 1983 los marines desplegados en Beirut sufrieron un atentado que mató de un golpe a 241 de ellos, además de a 58 paracaidistas franceses. Como consecuencia, los dos países tuvieron que retirar su presencia militar del país.

   Pero el enemigo principal era la URSS, y Reagan aplicó a fondo la doctrina de los derechos humanos para doblegar la ideología igualitaria comunista, insistiendo a Gorbachof, el entonces líder soviético, a derribar el muro de Berlín, que por sí solo constituía un ejemplo práctico de lo que significaba un régimen soviético. Todo ello contribuyó a la caída de la Unión Soviética en 1991. También debe señalarse la influencia del papa Juan Pablo II, que rectificó la política eclesiástica de “diálogo con los marxistas” y de tendencias  llamadas progresistas y filocomunistas que estaban despoblando seminarios y arruinando a las órdenes religiosas. Su visita a Polonia en 1979 desató una creciente movilización popular que debilitó fuertemente la dictadura soviética, abriendo una brecha en su sistema de estados satélites.

   Como decimos, a partir del derrumbe de la URSS, pareció que el mundo solo podía avanzar en una dirección, y de modo abierto o implícito, Usa prosiguió con sus injerencias y negación de la soberanía de otros países, con amenazas de “volver a la edad de piedra”, mediante bombardeos, a quienes no obedecieran, expresión ya utilizada en Vietnam, y vuelta a emplear en relación con Afganistán y Pakistán.  Rusia quedó por una buena temporada fuera de combate a todos los efectos, sumida en graves problemas internos. Mientras, Japón, aunque una democracia homologable a las occidentales, se estancaba económicamente  después de décadas de crecimiento espectacular. China, en cambio, ha venido creciendo a unas tasas casi nunca vistas una vez abandonó la economía de Mao, aunque no el monopolio del poder por el Partido Comunista.  

     Las intervenciones militares se planteaban a veces como misiones de paz o humanitarias, como la de Somalia, en 1993, que terminó asimismo en retirada ante el terrorismo de los cabecillas militares que se repartían el país, y la hostilidad de la población.

    Pero sin duda los hechos más instructivos y a gran escala fueron las dos guerras de Irak, la de Afganistán, y las llamadas “primaveras árabes” en los últimos años y la guerra civil en Siria.

    La primera guerra de Irak o del Golfo, en 1991, fue precedida por otra entre Irak e Irán desde 1980 a 1988.  Irán era un país integrista islámico (chiíta) que fomentaba las corrientes más fundamentalistas, mientras que el régimen de Sadam Husein en Irak era más o menos laico, con bastante libertad para los cristianos. Se dieron cosas como la venta de armamento useño a Irán, pese a estar prohibido, para con sus ganancias financiar movimientos contra el gobierno comunistoide de Nicaragua, un maquiavelismo que causó gran escándalo en Usa. En general, Usa, Francia y la URSS ayudaron a Irak, que también empleó armas químicas, prohibidas, que le vendieron Usa y Alemania. Después de entre medio millón y un millón de muertos, la contienda terminó sin vencedor. De aquella guerra, Irak salió muy endeudado, y en 1991 invadió Kuwait para hacerse con sus pozos petrolíferos. Sadam Husein alegaba que Kuwait  era una provincia irakí, segregada por el imperialismo inglés después de la I Guerra Mundial, en su política de repartirse el territorio árabe con Francia, y que Kuwait estaba robando petróleo que pertenecía a yacimientos irakíes. Tras unas vacilaciones, el gobierno de Usa decidió atacar a Irak asegurándose el respaldo de la ONU y capitaneando una coalición de 34 países, entre ellos España. Aunque Irak poseía un potente ejército convencional, la superioridad técnica de Usa era tan absolutamente aplastante que la guerra propiamente dicha duró poco más de un mes, y el ejército irakí fue literalmente aplastado.

  Terminada la guerra, Sadam permaneció en el poder, pero  durante diez años Irak fue sometido a un embargo que empobreció a la población, y las aviaciones useña e inglesa siguieron realizando ocasionalmente bombardeos sobre objetivos militares y económicos. Se suponía que la lección serviría para que otros países se guardasen de alterar el orden internacional como había hecho Husein al invadir Kuwait, pero no al invadir Irán. El gobierno de Bush padre recibió fuertes críticas al ser acusado de no haber completado la operación derrocando a Sadam.

   Entre tanto, en Europa se producía, en Yugoslavia una larga guerra en la que Usa y la OTAN intervinieron, en 1995 y 1999, para asegurar la desmembración del país en seis nuevos estados y finalmente en siete, uno de ellos musulmán y otro albanés, aplastando el hegemonismo de Serbia, que resultò la gran perdedora.

      Y el 11 de septiembre de 2001 terroristas islámicos destruyeron las torres gemelas en Nueva York, símbolos del poderío useño.  La represalia de Usa consistió en invadir Afganistán, que después de la expulsión de la URSS había caído en poder de los talibanes, a quienes había ayudado Usa contra los soviéticos, y donde residía Ben Laden, considerado el cerebro del atentado de Nueva York y fundador del grupo terrorista Al Qaeda. Se repitió lo sucedido en Irak y en Yugoslavia, con participación de la OTAN, y los talibanes fueron derrocados con gran rapidez, aunque Ben Laden logró escapar.  Parecía confirmarse la teoría: quienes alterasen la paz y el orden internacional, si perjudicaban a Usa, serían drástica e irremisiblemente castigados por una fuerza militar sin parangón en la historia,  respaldada por la ONU y la OTAN.

   Y en la misma estela, en 2003, once años después de la primera guerra de Irak, Usa decidió rematar la faena derrocando a Sadam Husein. Para ello lo acusó de  almacenar armas de destrucción masiva. La acusación tenía todo el aspecto de constituir un pretexto, pues las instalaciones militares y administrativas de Irak estaban sometidas a permanente control de enviados de la ONU, y después de la guerra nunca se encontraron tales armas. Esta segunda invasión de Irak resultó militarmente más fácil que la primera, pero políticamente encontró un fuerte rechazo popular en Europa, orquestado sobre todo por unas izquierdas que en España y otros países siempre habían tenido vertiente totalitaria, lo que en parte lo desacreditaba. Muchos gobiernos se desentendieron, aunque algunos, entre ellos el español, apoyaron la intervención. Aunque se ha dicho que el objetivo era hacerse con el petróleo irakí, se trataba fundamentalmente de imponer una democracia de estilo occidental en Irak, mediante un período de ocupación militar. Se esperaba que un régimen así trajese mayor prosperidad y libertad a la población, atrajese a otros países de la zona, frenase el auge de los terrorismos y del islamismo radical  y constituyese un seguro para Israel. Frente a quienes alegaban que aquellas poblaciones nunca habían vivido en democracia al estilo occidental, ni la deseaban, ni su cultura parecía compatible, la doctrina era que los mismos problemas habían existido en Alemania y en Japón después de la guerra mundial, y sin embargo se había logrado asentar allí democracias bastante homologables a la useña o a la inglesa.

    Sin embargo, allí fracasó toda la estrategia. La resistencia a las tropas de ocupación convirtió una fácil victoria tecnológica en una guerra prolongada, muy costosa, con un chorreo de muertos useños que la opinión pública aceptaba cada vez menos. Y las disputas y el terrorismo entre las propias facciones musulmanas y la corrupción de los gobiernos, volvió la situación ingobernable. Finalmente, Usa tiró la toalla, después de perder grandes cantidades de dinero y un número significativo de soldados. Con Sadam Husein, el islamismo radical prácticamente no existía en Irak, pero después  el país se convirtió en un foco de fundamentalismo y yijadismo, parte de él en la forma de un Estado islámico increíblemente cruel y sanguinario. Y en Afganistán ocurrió un proceso muy semejante: las fuerzas de ocupación no han conseguido controlar el país, los talibanes se sostienen en varias regiones, y hablar de democracia suena a broma. Previsiblemente el poder vuelva de nuevo a manos de quienes fueron derrotados con tanta facilidad inicial. La enorme superioridad militar useña y de sus ayudantes de la OTAN ha demostrado servir de muy poco frente a otros tipos de guerra, como ya había ocurrido en Vietnam y los soviéticos habían sufrido antes en Afganistán. Se ha criticado a Obama por anunciar plazos de retirada, pero no parece que pueda lograrse nada alargando la sangría económica y también de muertos, sin perspectivas de arreglo.

 Como alternativa a la invasión directa, entre 2010 y 2013, el mesianismo democrático de Usa y la UE decidió apoyar y valerse de supuestos movimientos democráticos en varios países árabes para derribar  a gobiernos dictatoriales, pero en la mayoría de los casos no fundamentalistas ni antioccidentales, de modo que fueran ellos mismos, respaldados por dinero y armas cuando fuera preciso, los que transformaran en democracias a varios de aquellos países. La técnica  consistió en fomentar manifestaciones en lugares públicos que concitasen la atención de todos los medios del mundo, hasta que los gobiernos cayesen. El primer caso fue Túnez, que en realidad era el país más parecido a una democracia en el norte de África, pero el gobierno, fue acusado de corrupto.

   A imitación de Túnez, en Egipto salieron a la calle decenas de miles de personas (en un país de 90 millones de habitantes) contra el gobierno de Mubarak, pro occidental y en relaciones aceptables con Israel. Se suponía que la democratización mejoraría aún más las cosas. Todos los medios occidentales se volcaron en atacar a Mubarak y ensalzar a los manifestantes, presentándolos como demócratas y denunciando la represión contra ellos. Y efectivamente, el gobierno cayó y hubo elecciones libres… que dieron la victoria a los Hermanos Musulmanes, un movimiento integrista. El susto en todo occidente fue mayúsculo, y para evitar un nuevo Irán, esta vez sunní, los militares dieron un golpe de estado e impusieron su dictadura, esta vez aceptada con complacencia por Usa y la UE. Aún peor fue lo ocurrido en Libia,  un país muy próspero en que su dictador, el iluminado Gadafi, había dejado de representar un peligro para Occidente desde hacía tiempo, y que incluso parece haber contribuido a financiar a partidos conservadores como el de Sarkozy en Francia. Allí la “democratización” fue más difícil, y para evitar que “el pueblo” fuera vencido por Gadafi, la OTAN, con participación una vez más de España, se dedicó a apoyar con aviones a los rebeldes y paralizar a un gobierno reconocido internacionalmente, hasta culminar en la tortura y asesinato de Gadafi, uno de los episodios más miserables y sórdidos de la operación “primaveras árabes”, por así llamarla.

    La técnica fue en todos los casos la misma: de repente los medios y los políticos useños y de la UE descubrían que tal o cual  gobernante árabe era un dictador horrible, incluso un genocida, que robaba y mataba a su propio pueblo y encarcelaba y torturaba a los demócratas. Se creaba así, manipulándola, una opinión pública favorable en último caso, como en el de Gadafi, a intervenir en los asuntos internos del país en cuestión haciendo trizas su soberanía.

     El penúltimo episodio ha sido el de Siria.  De nuevo los periodistas y los políticos  empezaron a rasgarse las vestiduras por la crueldad dictatorial del gobierno de Al Asad,    

 Aparecieron de pronto unos manifestantes venidos muchos de ellos de Irak y otros países, según denunciaba una monja que llevaba muchos años viviendo allí, y sobre ellos se volcaron los medios afirmando, contra toda evidencia, que se trataba de manifestaciones pacíficas. Y así se ha creado una monstruosa guerra civil, donde el Estado islámico, con complicidades occidentales y de Turquía, ha ocupado extensos territorios. Ha sido Rusia la primera potencia en atacar  abiertamente a los rebeldes y al estado islámico, y lo ha hecho además legalmente, a petición de un estado soberano. Las acciones llevadas a cabo por países de la UE, por Turquía y por Usa son claramente ilegales, una invasión mal disimulada. Un resultado de todo ello son las oleadas de refugiados e inmigrantes islámicos a la UE, que están provocando serias crisis políticas en Europa. Además, estas injerencias y agresiones son vistas en esos países como nuevas formas de colonialismo o imperialismo bajo disfraz democrático.

    ¿Quiénes ganan y quiénes pierden? En conjunto van perdiendo los occidentales e Israel, por sus propias culpas. Israel, en particular, ha perdido dos apoyos muy importantes, Egipto y Turquía, que se está islamizando a buen ritmo. Han perdido también los cristianos, que en toda la región están siendo expulsados cuando no masacrados, y de los que ni Usa ni la UE se acuerdan. Van ganando el terrorismo y el yijadismo, pero sobre todo se ha creado una situación caótica e inestable de salida muy incierta, en la que los mesianismos  democráticos de Usa y la UE, naturalmente subrayados por intereses económicos, han desempeñado un papel nefasto.  De ahí que algunas voces clamen por no hacer nada decisivo contra el Estado islámico y grupos similares porque consideran que todas las facciones musulmanas en pugna son igual de perjudiciales, y si se matan entre ellas, mejor. Es un maquiavelismo sumamente peligroso, como todos los maquiavelismos. Como decíamos en la reciente sesión sobre el resurgimiento del ímpetu islamista, el mundo musulmán vuelve a ser un peligro para una Europa que en gran medida ha dejado de ser cristiana, pero a la que los musulmanes insisten en calificar de tal.

    Y también ha perdido España, que desde hace mucho tiempo carece de política exterior, supeditándose a la de Usa y tratando al mismo tiempo de entregar su soberanía a la burocracia de Bruselas.  Como se recordará, durante el siglo XX España mantuvo una política exterior neutralistas, similar en eso a la de Suecia o Suiza, y que ha sido extraordinariamente beneficiosa para el país. Esa política cambió por la guerra fría, porque en caso de guerra caliente en Europa no sería respetada por nadie y porque era preciso contribuir al esfuerzo común contra el comunismo. Pero una vez caída la Unión Soviética, la mejor política para España solo podría ser la vuelta a la neutralidad. Con motivo de la segunda guerra de Irak, Aznar convirtió a España en un peón  de Usa, cuando nuestros intereses no estaban afectados. Importa señalar alguna de las consecuencias: el mayor atentado de nuestra historia, el ll de marzo de 2004. No en el sentido de que lo perpetrasen los islamistas, que eso es dudoso, sino en el de que la izquierda y los separatistas lo presentaron como una venganza que solapadamente justificaban por la participación española en aquella guerra, aunque no hubiera sido una participación militar directa. Esta versión aun siendo perfectamente infundada, pareció lógica a mucha gente, y va relacionada con una extensa simpatía, en España, hacia los musulmanes y palestinos.  Sin duda aquella manipulación, que el gobierno del PP no estaba en condiciones de desmentir, ayudó a la victoria de Zapatero. Y la victoria de Zapatero ha resultado en los mayores ataques a la democracia y a la unidad de España desde la transición. No sabemos quiénes realizaron el atentado, que según la sentencia no tuvo nada que ver con Al Qaida y similares. Pero sabemos a quiénes benefició, o quiénes sacaron tajada de él: el PSOE, los separatistas catalanes y vascos, y la ETA, que de estar al borde del abismo pasó a ser obsequiada con legalidad, dinero público y otras muchas ventajas.

   En España es tradicional la desatención a la política exterior, a la que los gobiernos han renunciado hace tiempo. Pero vemos cómo lo que pasa en el mundo repercute sobre nosotros, lo queramos o no. 

   Volviendo al asunto inicial: ¿debemos considerar esta serie de guerras y conflictos violentos como un fracaso de la teoría del fin de la historia o como incidentes pasajeros, en una tendencia general hacia la paz perpetua? Creo que considerarlos de un modo u otro depende más de la voluntad o los prejuicios de cada cual que de un cálculo racional. Sí puede afirmarse  que, al menos desde la Paz de Westfalia que terminó con la Guerra de los treinta años, a mediados del siglo XVII, se han sucedido unos acuerdos tras otros que debían garantizar la paz perpetua basada en el desarrollo económico y comercial, y con ella el fin de la historia, lo que nunca ha ocurrido.

 

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Evidencias soslayadas. “La caballería de San Jorge”

**En la sesión pasada de “Cita con la Historia” tratamos las raíces del mesianismo imperial-democrático de Usa y sus manifestaciones después del “fin de la historia”, haciendo un comentario breve sobre la posición internacional de España, que desarrollaremos más adelante: https://www.youtube.com/watch?v=lvvxM20_uEo y www.citaconlahistoria.es

   Este domingo trataremos los orígenes del mesianismo ruso como “Tercera Roma” y, asimismo, su evolución política después del “Fin de la historia”, con Yeltsin y Putin. En Cadena Ibérica, que enseguida reproduciremos en you tube y podcast.

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Una evidencia no precisa argumentación o discusión, y en ella debe basarse el análisis. Existen, sin embargo, gran número de evidencias que son generalmente soslayadas en los análisis historiográficos y políticos corrientes, y que muestran la debilidad de ambos en España. Expondré algunas:

1.- Una democracia no puede funcionar en un ambiente de miseria y odios políticos enconados, como ocurrió en la república. Fue el franquismo quien creó prosperidad y disolvió los viejos odios. Así creó condici0nes para una democracia aceptable.

2.- No obstante, prácticamente todos los partidos y políticos actuales, y la mayoría de los periodistas y creadores de opinión se proclaman antifranquistas. Así, el antifranquismo une a etarras, socialistas, separatistas de todo tipo,  derechistas del PP, comunistas, abortistas, homosexistas, anglómanos, eurómanos, etc.

3.- Todos esos políticos, periodistas, intelectuales, etc., se proclaman asimismo demócratas y se llenan la boca con la palabra democracia. Es obvio que no lo son: solo explotan unas condiciones históricas que nada les deben, y las degradan falseándolas.

4.- Ese antifranquismo es algo más que una mezcla inocua de falsedad histórica, frivolidad, esnobismo y estupidez política. No tiene nada de inocente y sí serias consecuencias.

5.- Al margen de quienes cometieran los atentados del 11-m en Madrid, es fundamental  para el análisis empezar por la evidencia de quiénes fueron sus beneficiarios políticos: PSOE, y a través de este, la ETA, los separatistas catalanes y vascos, y los islámicos.

6.- Al rescatar a la ETA de la situación crítica a que la había llevado el gobierno de Aznar, premiándola con legalidad, dinero público, opciones políticas, etc.,  el PSOE ha convertido el asesinato en una forma aceptada y recompensada de hacer política, destruyendo el estado de derecho.

7.-PSOE y ETA comparten la misma base doctrinal como partidos socialistas. Y comparten un furioso antifranquismo. Antifranquismo que también comparte el PP

8.- La política del PSOE con respecto a la ETA, los separatismos y otras cuestiones básicas, como el homosexismo,  el abortismo, etc. ha sido seguida punto por punto por el PP.

9.- En boca de esos partidos, políticos, etc., el concepto de democracia es una especie de palabra mágica que usan a conveniencia y dándole significados  arbitrarios. Como vemos, el antifranquismo que les une es una clave de su miseria y farsa políticas, que están llevando al país a una situación cada vez más peligrosa.

En La guerra civil y las dificultades de la democracia en España  he querido analizar estas cuestiones. Pues “un pueblo que olvida su pasado se condena a repetir lo peor de él”, como venía a decir Santayana.

   Sin tener en cuenta estas evidencias, el análisis político se transforma en poco más que cotilleo.

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La “Caballería de San Jorge” y la neutralidad española en la guerra mundial

La cuestión de los sobornos ingleses a generales españoles durante la II Guerra Mundial resurge de vez en cuando, como el Guadiana, no sé si con alguna intención oculta. En el libro  Años de hierro lo traté: “Con Hoare como nuevo embajador, Churchill mataba dos pájaros de un tiro: impresionaba favorablemente a Madrid y alejaba a un político proclive a la paz con Berlín, y por tanto molesto para su línea de resistencia. Cadogan, alto funcionario del Foreign Office, expresó su cálida esperanza de que los alemanes o los italianos asesinasen a Hoare en España. El embajador tenía práctica de espionaje y acciones clandestinas. Durante la I Guerra mundial había usado fondos secretos para sufragar el periódico de Mussolini Il popolo d´Italia,  ayudando así, inopinadamente, al surgimiento del fascismo. En 1935, como secretario del Foreign Office, había maniobrado en secreto con Francia (Pacto Hoare-Laval), para ceder a Italia la mayor parte de Abisinia, debiendo dimitir al salir a la luz el hecho. Ya en Madrid, Hoare aceptó un plan de su agregado naval, Hillgarth, para sobornar a treinta altos mandos españoles y usarlos contra el sector belicista. La operación correría a través del financiero Juan March y de una cuenta en la Swiss Bank Corporation. Los sobornos vendrían, pretendidamente, de empresarios españoles ansiosos de paz, para no dar a los militares la impresión de servir a un país extranjero.

“March, negociante sin muchos escrúpulos, conocido como El último pirata del Mediterráneo, ya en la I Guerra Mundial había tratado indistintamente con ingleses y alemanes, no dudando, según se dice, en estafar a ambos para aumentar su ganancia. Al comenzar la II Guerra, ideó aprovechar los mercantes alemanes retenidos en puertos españoles para ponerlos bajo bandera neutral y traficar con América. Ello beneficiaría al comercio español, al inglés y al alemán, pues ofreció a cada uno de ellos, con ignorancia del contrario, transportarle mercancías de tapadillo. Y beneficiaría sobre todo a Juan March. El negocio no llegó a cuajar, pero ilustra las destrezas del financiero. Los ingleses desconfiaban de él, pero utilizaron sus servicios bajo la impresión de que no podían permitirse desperdiciar ninguna oportunidad. Entre los generales sobornados estarían Varela, Kindelán, Orgaz, Ponte, Vigón, Solchaga, Tella, Barrón, Espinosa, Yagüe… Algunos nombres chirrían, como el de del muy germanófilo Yagüe.  El principal de todos ellos habría sido Aranda, héroe de la resistencia de Oviedo en 1936.

“Londres gastaría la alta suma de trece millones de dólares en esta empresa, a la que llamó Caballería de San Jorge, por la imagen del santo en las monedas de oro, usadas en otras ocasiones para fines semejantes. Dos millones de dólares, cifra fabulosa, habrían ido a los bolsillos de Aranda. Es difícil decir hasta qué punto sirvieron aquellos militares a los británicos, pues varios de ellos mostraron notable germanofilia o prepararon planes de entrada en guerra al tiempo que informaban al gobierno de la supuesta incapacidad española para hacerlo en aquellos días”.

¿Qué hay de todo ello? Aranda vivió hasta su muerte con una modestia que hace difícil creer en la enorme suma supuestamente recibida. Por su parte, altos cargos ingleses tenían la sospecha de estar tirando el dinero, en palabras de uno de ellos: “Esa gente con la que tratamos, o parte de ella, es venal,  y por tanto capaz de vendernos (a los alemanes)”. Eden, que dirigía la cartera de Asuntos Exteriores, también mostraba escepticismo sobre el rendimiento de aquellas costosas operaciones. Cabe, además, la presunción de que March cobrara su intermediación con más generosidad de lo estipulado.

Para hacerse idea de las intrigas disparatadas de la época, véase otro ejemplo: Eden había expresado  su “caluroso deseo” de la eliminación (en principio política) de Serrano Súñer e incluso de Franco. Y al parecer los generales supuesta o realmente sobornados no estaban dispuestos solo a presionar en pro de la neutralidad: en noviembre del mismo año (1941) en que tenían lugar estas maniobras, el sustituto momentáneo de Hoare en Madrid, Yencken,  informaba a Londres de una conjura militar para  deponer y hasta fusilar a Franco y a Serrano Súñer. El agregado militar inglés en Madrid creía que prácticamente todos los generales, excepto los tres más incompetentes (Saliquet, Serrador y Moscardó), estaban  comprometidos en  la conspiración, a cambio de cuyo servicio pedían a la embajada inglesa una generosa ayuda económica. Ayuda que Londres no estaba en condiciones de otorgar, por lo que el agregado calificaba la demanda de  wishful thinking. Los supuestos conjurados pedían también que el gobierno inglés controlase la prensa de su país para que no exteriorizara alegría por el proyectado golpe, a fin de no alarmar a los alemanes. Esto y los sobornos dejan la impresión de una serie de engaños mutuos aprovechando el agudo temor de Londres a que España, con Alemania, cerrase el estrecho de Gibraltar.

No hay constancia de que los generales presionaran especialmente contra la entrada en guerra. Como fuere, la decisión solo podía tomarla Franco y, por todo lo que sabemos, influyeron en ella sobre todo los informes de Carrero Blanco, de segura incorruptibilidad.  Pero ya en septiembre de 1940, antes del encuentro de Hendaya, Franco tenía clara su estrategia, y la especificó a Serrano Súñer para las conversaciones de este en Berlín: “Hay que considerar dos casos: guerra corta y guerra larga” En el primer caso, no habría problema en abandonar  la neutralidad. En el segundo solo podía pensarse en ello hacia el final de la contienda, cuando supusiera los mínimos sacrificios para España a cambio de los máximos beneficios. Y entendía que precisamente la  guerra iba para largo. Esta concepción guio su política, tan extraordinariamente beneficiosa para España… y, sin buscarlo expresamente, para Inglaterra, a la que libró de un revés extremadamente grave.

En resumen, si la caballería de San Jorge desempeñó algún papel real, solo pudo ser anecdótico y en un contexto de mutuas artimañas entre Londres, algunos generales españoles y el propio March.

Creo que este último sería el único que podría suministrar información fidedigna sobre el rocambolesco asunto. Por cierto, parece que los useños lo consideraban  agente germano o algo por el estilo.

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Mesianismo useño y mesianismo ruso

La declaración de independencia de Usa afirma: Sostenemos como evidentes por sí mismas estas verdades: que todos los hombres son creado iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos derechos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. No eran verdades: la observación más elemental prueba que los hombres nacen desiguales por posición social, medios, y carácter de las familias, así como por las capacidades, inclinaciones y carácter personal que  “los dioses han puesto en ellos”, como ya advertía Homero. Además, la igualdad de derechos no los extendían a indios y negros, que por algo apoyaron a los ingleses. Tampoco se extendían a todos los blancos, pues solo tenían derecho a voto los propietarios, y el voto universal masculino solo se otorgó en todos los estados en 1868, y los negros solo pudieron acceder a él con garantías en 1965. Si los hombres nacieran iguales, continuarían iguales, pues las sociedades son creaciones suyas. Y no serían necesarios gobiernos que garantizasen esos derechos, los cuales estarían impresos en toda la sociedad de manera natural, al estilo de un instinto. En fin, no se trata de evidencias, sino de elaboraciones intelectuales trabajadas a lo largo de siglos de historia y de reflexión sobre la experiencia.

   A pesar de ello, estas ideas tuvieron un poderoso impulso motivador. Los useños se consideraron desde el principio un caso aparte en la historia, autores de una nueva civilización basada en la democracia, “la ciudad en la colina” bíblica, ciudad de paz y  felicidad que serviría de modelo y ejemplo para el resto del mundo. “El faro que orienta al mundo”, etc.  Al terminar la I Guerra mundial, el presidente useño Woodrow Wilson resumió: Por fin el mundo reconoce que Estados unidos es su salvador.

   La idea de la excepcionalidad y mesianismo de Usa viene del puritanismo de los padres fundadores, que habían huido de Inglaterra para escapar a las persecuciones de los anglicanos. El puritanismo o calvinismo recogía la idea judía del “pueblo elegido”. Según los protestantes, Dios, desde la eternidad, ha elegido a quiénes se salvarán y quiénes se condenarán, sin que las buenas obras sirvan de nada, porque el ser humano ha caído tan profundamente desde el pecado original, que ni siquiera tiene un criterio claro sobre qué obras son buenas o malas. Esta idea puede provocar una enorme angustia, pero los calvinistas creían que una señal de la predilección divina consistía en la buena marcha de sus negocios en la tierra. Por ello cultivaron una moral de trabajo duro y sobriedad que ha hecho mucho por el impulso económico de Usa.

   En su calidad de nación predilecta de la divinidad, Usa se atribuyó desde el principio derechos sobre toda América del norte.  El presidente John Quincy Adams  escribió a principios del siglo XIX que toda América del Norte estaba “destinada por la divina providencia a ser poblada por una nación con un idioma y un sistema general de principios religiosos y políticos, y habituado a unos usos y costumbres sociales”. Esa idea fue llamada “destino manifiesto”, que daba a Usa “el derecho de poseer todo el continente que nos ha otorgado la Providencia para aplicar nuestro gran designio de libertad”.  Después de la guerra de 1848 con Méjico  hubo la tentación de anexionarse a todo Méjico, pero la tentación fue resistida porque “más de la mitad de los mejicanos son indios, y el resto se compone sobre todo de razas mezcladas. Nuestro gobierno es de raza blanca”, y solo quería dentro de sus fronteras a esa “libre raza”. 

   Una vez fue conseguida la expansión desde el Atlántico al Pacífico, que acciones de exterminio  contra los indios e invasión de territorios españoles, como Florida, o  mejicanos que equivalían al territorio actual de Méjico, el destino manifiesto se orientó a finales del siglo hacia Cuba, Puerto Rico y el Caribe. Usa debía dominar aquellas regiones por el bien de todos, arrebatándoselas a España.  Para ello provocó una guerra, que repercutió en una dramática crisis moral y política en España, que asombrosamente dura hasta hoy, de la que hemos hablado en otra sesión del programa.  Las posesiones y ex posesiones españolas tenían el inconveniente de que estaba pobladas en gran parte por negros, indios y mestizos, por lo que, más que ocuparlas directamente, se dedicaron a invertir y a proteger sus inversiones mediante la presión política y la fuerza militar. Así, en el primer cuarto del siglo XX, Usa mandó sus marines  a Honduras  en siete ocasiones, a Nicaragua y Cuba en tres, impuso la secesión de Panamá de Colombia para asegurarse el control del canal que iba a construir. También agredió a Méjico y Guatemala, y ocupó militarmente a varios de esos países durante años. Igualmente cultivó la diplomacia de las cañoneras, inventada por los ingleses en las guerras del opio contra China, y la aplicó en América y también en China

  La idea de la libertad y la democracia siempre estuvo íntimamente asociada en la mentalidad useña a la de la ganancia económica. Así, sus intervenciones militares en Hispanoamérica siempre favortecieron los intereses de grandes compañías como la United Fruit Company. Su conquista de las Filipinas fue de una crueldad y brutalidad no menores que las campañas nazis en la URSS. Un general de marines, Smedley Butler, escribió lo siguiente: He prestado servicio activo treinta años. La mayor parte de este tiempo no he sido más que un matón a sueldo al servicio de la gran empresa, Wall Street y la banca. En breves palabras: he sido un extorsionador, un gángster del gran capital. En 1914 contribuí a que Méjico, y en especial Tampico, se convirtiera en un lugar seguro para el petróleo americano. Luego ayudé a que Cuba y Haití fueran sitios tranquilos donde los muchachos del National City Bank pudieran recaudar su dinero. Ayudé también a destruir media docena de repúblicas centroamericanas por el bien de Wall Street . Etc.  Me da la sensación de que podría darle unos cuantos consejos a Al Capone. Al fin y al cabo él montó un tinglado en tres barrios. Yo, en tres continentes.

    Estas vulneraciones de la soberanía e injerencia sistemática en los asuntos internos de otros países se basaba en el mesianismo democrático que otorgaba a Usa el derecho a intervenir en cualquier otro país, sobre todo si los intereses económicos useños estaban en juego. En Usa pensaban además que las oligarquías de aquellos países eran muy corruptas, lo cual era cierto, y les beneficiaba. Se suponía que imponiendo respeto por  los intereses de las compañías useñas y exhibiendo una superioridad político-militar ligada a su democracia, los países víctimas de tales agresiones avanzarían también hacia la democracia o al menos las inversiones useñas estarían seguras. De este modo, Usa sostenía o derrocaba gobiernos según le conviniera, mezclando la intimidación, la corrupción y el soborno, cosas fáciles, insisto, dada la escasa calidad moral e intelectual de las oligarquías latinoamericanas. Teóricamente, las intervenciones económicas y militares debían ayudar a la democracia y la paz, pero ciertamente fue lo contrario, sometiendo a aquellos países a un auténtico colonialismo comercial.

   Tales agresiones crearon un ambiente antiuseño, culpando a los yanquis de todos los males de Hispanoamérica, lo que era cierto solo en parte. Además, el ambiente antiuseño ha sido impulsado por comunistas y similares, lo que suponía salir del cazo para caer en la sartén, como muestra el caso de Cuba. Por otra parte, diversos gobiernos latinoamericanos, muy influidos por la masonería, trataron de imitar las formas políticas useñas, fracasando una y otra vez, lo cual plantea un problema de pensamiento político sobre alternativas posibles.

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Vimos la semana pasada cómo la política de Usa no puede entenderse sin un mesianismo democrático subtendido por muy fuertes intereses económicos, hasta el punto de que las dos cosas se confunden. Por mesianismo entendemos la creencia en un mesías que vendrá a salvar a la humanidad. Mesías, en este caso, no sería una persona, sino una colectividad guiada por una ideología.

   Otro ejemplo clásico de mesianismo ha sido el soviético. El mesianismo de ambos está implícito ya en los nombres que se pusieron: Estados Unidos de América los primeros, es decir, con aspiración a dominar, por lo pronto, toda América; y Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, con aspiración implícita a que todos los países del mundo se convirtieran en repúblicas socialistas, bajo inspiración soviética. Por esa razón yo propuse en su momento cambiar el nombre, de modo que no recordase continuamente sus aspiraciones imperiales y mesiánicas y se pareciera a los de los países normales. Nadie sabe lo que significaba Hispania, y nadie piensa en los francos cuando nombra a Francia o en los vikingos suecos cuando nombra a Rusia, etc. Así, Estados Unidos quedaría en Usa con solo la primera letra mayúscula, y la URSS quedaría en Ursia, que suena a algo de osos, no del todo inadecuadamente. Pero dado que la URSS pasó a la historia, no vale la pena insistir en este caso.

   Bien. Cuando hablamos del mesianismo soviético no debemos olvidar que en cierto modo sigue una tradición rusa que se remonta a la caída de Constantinopla, en 1453, en manos de los turcos. Constantinopla solía titularse la Segunda Roma, y además de capital política del Imperio bizantino era la capital religiosa de la cristiandad que se consideraba a sí misma ortodoxa, es decir, correcta, en contraste con la católica. Poco después, el papa Pablo II y el emperador Federico III tentaron a Iván III, el Gran Duque de Moscovia, para que intentase recuperar Constantinopla, lo que le daría gran gloria y ofreciendo coronarle rey de Moscovia. Pero Iván III se negó, y adujo que no necesitaba ser coronado rey por nadie, ya que él era soberano por la gracia de Dios. Así que no hizo nada entonces por luchar contra los turcos.

   En el fondo, Iván III estaba bastante satisfecho de la caída de Constantinopla, porque dejaba a Moscú como cabeza principal de la Iglesia ortodoxa, es decir, de la cristiandad verdadera a su juicio. Y Constantinopla habría merecido su caída precisamente por haber intentado pactar la reunificación con la herética Iglesia católica. Y por entonces se abrió paso la teoría de que Moscú era la Tercera Roma, y la definitiva. Al parecer, tanto Roma, como Constantinopla y Moscú se habían desarrollado sobre siete colinas, lo que les daba un contenido simbólico de continuidad, aparte de que el siete solía considerarse desde los judíos un número sagrado. ¿Qué significaba Roma? Significaba precisamente la universalidad, el Imperio universal y la sede de ese imperio pasaba ahora a Moscú.

   Este mesianismo ruso contribuyó sin duda a un programa expansivo parecido al useño, que expandió Rusia desde los mares Báltico y Negro hasta el Pacífico, al modo como Usa se extendió desde el Atlántico hasta el Pacífico. El mesianismo useño nación con los puritanos Padres peregrinos que escapaban de las persecuciones religiosas   en Inglaterra junto con la novedad histórica que representa, basada en una ideología nacida de la Ilustración, respondía a un mesianismo muy anterior, en el que había crecido el expansionismo ruso de manera bastante similar al useño.

   El mesianismo ruso tomó forma a principios del siglo XVI, un siglo largo antes de que los puritanos fueran dando forma al suyo. Hubo, sin embargo, una interrupción a partir del reinado Pedro I el Grande. Como es sabido, este construyó, a un enorme precio humano, la ciudad de San Petersburgo, a principios del siglo XVIII, e instaló allí la capital. Su programa esencial consistía en casi lo contrario de la tradición anterior: se trataba de occidentalizar al país en la línea de la Ilustración, imponiendo nuevas ideas y combatiendo o prohibiendo tradiciones antiguas. Y abandonando a Moscú como capital. Rusia no abandonó su política expansiva, desde luego, pero el mesiánismo anterior se debilitó y se hizo más pragmático o laico. Las reformas, realizadas con métodos autocráticos, darían origen, en el siglo XIX a una creatividad cultural realmente extraordinaria, que parecía surgir desde casi la nada. Y también a una fuerte tensión cultural entre los occidentalizadores y los eslavistas, que veían en la occidentalización el abandono de los principios espirituales que habían hecho a Rusia.

   Es importante captar las diferencias entre el mesianismo ruso y el useño. Este último tuvo desde el principio tendencias democráticas e individualistas, a pesar de admitir largo tiempo la esclavitud, no solo la de los negros, sino con otras formas. Por ejemplo, los inmigrantes blancos pobres quedaban sujetos a varios años de auténtica esclavitud para pagar el precio del pasaje, y esto fue muy frecuente no solo en tiempos de la colonia, sino después de la independencia. Pero, con todo, la característica dominante era ese individualismo, alentado además por las enormes extensiones de territorio poco poblado que estaba a su disposición. Así se crearon los mitos de la conquista del oeste, etc. Se llamaban a sí mismos “los libres y los valientes”, quizá exagerando algo. En el caso ruso, el ideal del poder fue extremadamente autocrático y basado en la expansión de una servidumbre cuyo estado se diferenciaba muy poco de la esclavitud y que no fue abolida hasta 1861, decenas de años y en algunos casos algún siglo más tarde que en Europa occidental, donde tampoco había adquirido tal amplitud y dureza.

   Pues bien, es enormemente significativo que los comunistas trasladaran de nuevo la capital a Moscú, a pesar de que su triunfo inicial partió de San Petersburgo. De esta manera enlazaban con el mesianismo tradicional, de manera quizá inconsciente, pero real. El mesianismo comunista era mucho más potente y expansivo que el tradicional, pues creía encarnar un ideal de emancipación general humano, extensible a todos los países. Por otra paradoja, ese ideal era precisamente anticristiano, con una ideología que partía de la Ilustración que habían adoptado Pedro y Catalina llamada también la Grande. El comunismo soviético llevó a extremos sin precedentes en el zarismo la represión de la disidencia y de las ideas, y organizó sistemas de trabajo esclavo nuevas en la historia, y de adoctrinamiento ideológico sistemático.  Ya hemos visto la tremenda fuerza expansiva que adquirió el comunismo y cómo finalmente se colapsó por su rigidez. La guerra fría no se libró solo entre la Unión Soviética y Usa, sino entre una ideología marxista, que  en nombre de la igualdad social privaba a los individuos de toda autonomía, con sus vidas dirigidas férreamente por un poder que se decía liberador, y la ideología demoliberal, que concedía al individuo mucha mayor libertad, procuraba la igualdad ante la ley –a menudo ficticia pero sostenida como principio—pero no otras formas de igualdad que, como demostraba la experiencia, resultaban esclavizadoras.

    El comunismo se valió por  una parte del ideal igualitario, que demostró ser muy potente y movilizador en gran parte del mundo, y  utilizó también una crítica tenaz y sistemática a los sistemas demoliberales, a los que identificaba como pura explotación capitalista disfrazada con libertades supuestamente ficticias, solo aparentes. Por otra parte, las agresivas políticas useñas, su continua injerencia en otros países, facilitaba esa propaganda, de modo que su mayor éxito fue la guerra de Vietnam.

   En definitiva, a pesar de sus justificaciones ideológicas, en apariencia razonables, dejó un balance muy parecido en todos los lugares donde se impuso: privación de libertades y a menudo matanzas y genocidios, una economía prácticamente cuartelaria, empobrecimiento y enormes hambrunas superadas solo con sistemas de distribución deficientes. No todo fueron fracasos, porque la Unión Soviética pudo industrializarse de manera que consiguió resistir primero la ofensiva alemana en la II Guerra Mundial y luego contraatacar con éxito, si bien a un coste humano altísimo. El emblema máximo ha sido el muro de Berlín, construido no contra una amenaza exterior, sino para evitar que los berlineses escaparan al lado occidental. Ya hemos visto cómo el régimen soviético implosionó, y vamos a ver ahora en resumen, cómo ha seguido su historia después del fin de la historia.

   Así como Usa ha provocado numerosas guerras después del derrumbe soviético, Rusia no quedó en condiciones de causar ya ningún conflicto serio exterior por largo tiempo. Su mesianismo ha desaparecido prácticamente, no así el useño

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