La consciencia de la muerte y sus efectos. Trevijano y los terroristas

 

Algunos efectos de la consciencia de la muerte

Uno de los muchos datos que diferencian al hombre del animal es la consciencia de la muerte, que, por todo lo que sabemos, no existe en los animales superiores, aunque en algunos puede haber un leve esbozo de ella. La situación puede compararse con la diferencia entre los gritos de los monos para mostrar alarma, celo terror, etc., y el lenguaje humano. Es una diferencia cualitativa.

   La consciencia de la muerte difiere del simple miedo a morir cuando el fin es inminente, sobre todo si es traumático, y  que el humano comparte con los animales. Es otra cosa:  el conocimiento de que la existencia individual, y presumiblemente la de la especie y del mundo, terminará en la muerte algún día. Spinoza decía que “el hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación sobre la muerte, sino sobre la vida”. Aunque lo dijera Spinoza, no deja de ser una tontería. En la meditación sobre la vida está presente siempre la esfinge de la muerte, que nos mira con sonrisa enigmática, acaso burlona. Por lo demás, y por esa misma razón, la mayoría de los hombres, libres o no, tiende a alejar de sí esa conciencia y concentrar su atención en las exigencias del día a día y en planes para un futuro  próximo o lejano. Pero en todo ello subyace una angustia por la presencia inevitable del fracaso en las acciones y del fracaso final en  la muerte; angustia que aflora de pronto con enorme fuerza ante el diagnóstico de una enfermedad grave o el fallecimiento de una persona querida. En algunas personas, esa angustia es permanente y enfermiza, y en otras apenas existe más que en los animales, aunque nunca llega a bajar a ese nivel, por lo que se la combate a menudo con un trabajo o una diversión compulsivas.

    Puede decirse que pensar en la muerte, propiamente, es imposible, es como pensar en la nada (a pesar de que en las matemáticas tenga importancia crucial, si queremos identificar el cero con la nada). Pero la consciencia de ella nos plantea el misterio de la vida, una vida que ningún hombre, por “libre” que sea, se debe a sí mismo, y cuyo sentido parece quedar reducido a cenizas por el conocimiento de su final. Esto, la vida sin sentido,  no puede aceptarlo la psique, porque entonces no tendría nada a qué aferrarse para vivir, para soportar las penas y fatigas y golpes de la vida o para apreciar sus logros y placeres. Solo quedaría un instinto de supervivencia puramente animal, imposible ya en el nivel humano.

   La consciencia de la muerte es decisiva en la conformación psíquica, porque permite contemplar la propia vida como un conjunto más allá de los avatares diarios.  “Algo”, una fuerza o voluntad muy distinta de la nuestra, nos ha traído al mundo y nos elimina de él en un momento u otro que no podemos prever salvo si es inminente. El sentimiento-intuición-emoción de, esa “fuerza” es la religiosidad, que en sus formas más primitivas parece expresarse como animismo y culto a los muertos. Y de ella deriva la moral como la necesidad de ordenar la vida por encima de los deseos momentáneos y particulares.: ¿cómo debo vivir el tiempo que se me ha dado? El mundo moral es considerablemente atormentador, porque haber comido de la fruta del árbol del bien y del mal, no dio al hombre la ciencia del mismo, o solo en pequeña medida. La moral se entiende como el mandato de esa fuerza o voluntad, el mandato de los dioses, para llevar una vida con sentido. Los estoicos, con tendencia panteísta, trataban de derivar la moral de la naturaleza, cuyos mandatos son igualmente enigmáticos; es más, esa moral no marcaría ninguna dirección, porque en la naturaleza ocurren las mayores violencias, y en el mundo humano los mayores crímenes, todos los cuales serían igualmente naturales; ni siquiera sería posible hablar de crímenes, vicios o virtudes.

   De ese carácter incierto e inseguro de la vida humana deriva una tendencia morbosa a volver a la seguridad del instinto, a la libertad sin responsabilidad, etc. Una enfermedad social de nuestro tiempo.

   Se ha intentado repetidamente crear una “moral racional”. Es imposible porque la razón no es la Razón, tiene muchas limitaciones, y una de ellas es que no produce resultados unívocos. De unas mismas premisas pueden salir conclusiones distintas y aún opuestas: las ideologías originadas por el culto a la Razón en la Ilustración, por ejemplo.

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Me mandan una intervención de García Trevijano en la que afirma que él no acepta tratar con terroristas, y que una vez que coincidió conmigo en un programa de televisión lo hizo notar con duras palabras.  Solo coincidimos en un programa de Sánchez Dragó donde él afirmó que la justicia actual es más corrupta que en el franquismo (lo cual me parece muy probable). Y no recuerdo que se hubiera puesto tan chulo conmigo como afirma, pues me habría bastado mencionar cómo participó subordinado al comunista Carrillo en un montaje que con toda la “jeta” llamaron “junta democrática”. Carrillo es el mayor terrorista español del siglo XX, y no solo por Paracuellos. Ya en 1933-34 fue uno de los máximos organizadores de las acciones terroristas de la Juventudes Socialistas, y después del maquis, una de cuyas actividades predilectas fue precisamente el terrorismo, del que siempre se manifestó orgulloso. No sé si Trevijano habrá tenido tratos con Felipe González (GAL), pero si no los ha tenido habrá sido más bien porque González no haya querido. En La Transición de cristal comento algunas de las fantasías que se hacía Trevijano sobre la situación política de entonces. Creo recordar también que fue expulsado de la junta “democrática” cuando alguien, no sé si los socialistas, sacaron algo sobre las relaciones de Trevijano con el benéfico y nada terrorista Macías (perdonen si hablo con cierta vaguedad, pero es que no merece la pena andar buscando ahora las referencias precisas; pero las cosas fueron así, muy aproximadamente).

  Y vean al tramposuelo: “Por aquellos años había en Madrid tres periódicos especialmente críticos con el régimen (aunque sin meterse directamente con Franco): el Madrid,  Nuevo Diario y El Alcázar (sí, ese), los tres en manos, por entonces, de personas vinculadas al Opus Dei, que preparaban su futuro.  Pues bien, ha explicado hace poco García Trevijano: “Me llama un día Rafael Calvo Serer a su despacho, con el gerente del periódico (Madrid), y ahí el contable me informa de la situación del periódico porque estaba en quiebra. Yo les di la solución: “Hay que provocar que el régimen cierre el periódico, para que el desprestigio vaya al régimen y para que dé derecho a una indemnización“. ¡Y buena indemnización obtuvieron algunos, mientras el personal quedaba en la calle! Luego,  otra empresa compró el edificio del diario y lo dinamitó para construir otro en su lugar. Trevijano y compañía se las arreglaron para convertir  el suceso en una acusación mundial contra el régimen, después  de haber llevado ellos el diario a la quiebra. Aquellos  antifranquistas de cóctel y  salón eran así.

   En fin, aparte de estas “cosillas”, comparto muchas de las críticas de Trevijano a la farsa política permanente en que vive España.

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Una democracia sin demócratas…

¿No se ha escrito ya de sobra acerca de la guerra civil? ¿No debemos olvidarla, ochenta años después?

Se ha escrito mucho de muy baja calidad, y poco con verdadera sustancia. Por lo que  a mí respecta, yo empecé dejando claro cómo y por qué empezó la guerra en 1934,  en Los orígenes de la guerra civil. La documentación simplemente no deja lugar a dudas. En otros libros he tratado el desarrollo del conflicto, sus orígenes lejanos en el fracaso de la Restauración y he analizado los mitos que se han impuesto desde  la Transición, que desfiguran los hechos y chocan con ellos de un modo tan increíblemente desvergonzado que dejan el nivel de la universidad española por los suelos,. Con excepciones, claro, no muchas. El nivel de la universidad y de las políticas derivadas, como la ley de memoria histórica, una ley totalitaria de exaltación de los chekistas y asesinos de izquierda, presentándolos como “víctimas”.

   En cuanto a  La guerra y los problemas de la democracia en España , no dice nada nuevo sobre la guerra misma, sino que resume su evolución y expone críticamente los diversos enfoques historiográficos, pero el grueso del libro es un estudio sobre por qué la democracia tiene tantas dificultades para cuajar en España, en los años 30 y ahora mismo. Y por qué se trata de un sistema político que dista de ser la panacea que nuestros políticos y periodistas creen, utilizándola como una palabra mágica a la que dan el contenido que les parece. La democracia no es lo que indica su significación literal, “poder del pueblo”. Es un sistema que ha funcionado bien o muy bien en algunos países, y mal o muy mal en otros, y que entraña una serie de peligros. Uno de esos peligros queda de manifiesto precisamente en cosas como la ley de memoria histórica. Si no somos conscientes de ellos, es fácil que la democracia se desvirtúe y se convierta en una pesadilla. En la UE están ocurriendo fenómenos peligrosos muy parecidos.

 ¿Se deduce de ahí que ud es escéptico hacia la democracia?

   Prefiero la democracia, que es un producto históricamente muy reciente a partir de mil experiencias y desarrollos contradictorios durante dos mil años en Europa, algo que también voy a tratar en un próximo libro: Introducción a la historia de Europa. Pero, como historiador, soy muy consciente de sus peligros, de la facilidad con que degenera en concursos de demagogias o de la tendencia a unas formas de despotismo “blando” y deshumanizador que ya describió genialmente Tocqueville, adelantándose a su realidad.

   En cuanto a lo que decía de si debemos olvidar la guerra civil, por mi parte no pienso escribir más sobre ella, al menos en forma de libro, porque considero que sus aspectos fundamentales están suficientemente clarificados, aunque siempre queden detalles y aspectos secundarios. Pero es importante insistir en esa clarificación por dos razones: porque es nuestro pasado y  no se lo puede birlar a los españoles, como intenta el PP. Y porque ese pasado está influyendo de manera evidente y desdichada en nuestro presente y condicionando nuestro futuro, debido a la persistencia de seudomitos grotescos. De hecho, los problemas que dieron lugar a la guerra y que fueron superados en el franquismo, han resurgido, piense ud en el separatismo o en la carrera de demagogias, por ejemplo, han resurgido y nos condicionan hoy. Me parece esencial luchar contra todo eso. En el plano de la investigación, lo principal está hecho. Pero falla en cambio la divulgación, que está en manos de historiadores, políticos y periodistas irresponsables, aunque con unos intereses fáciles de percibir.  Mantengo la lucha, por así decir, mediante el programa “Cita con la Historia”, que también está en dificultades.

¿Cómo va la difusión de “La guerra civil y la democracia”?

Es un libro en parte de historia y en parte de pensamiento sobre la historia, y ya se sabe que el pensamiento produce rechazo en la mayoría de la gente, me refiero también a muchos profesores y universitarios. Por otra parte, habrá ud observado que solo ha sido comentado en medios más bien marginales, los grandes medios le han hecho el vacío, como a todos mis libros desde hace años. Y los peores son los de derecha, si exceptuamos alguno menor, como Intereconomía o el programa de Luis del Pino. Para ellos simplemente no existo. Hace tiempo me llamaban todavía de vez en cuando a la televisión de los obispos, la 13, gracias a Carlos Cuesta. Pero un buen día Cuesta me informó de que le habían prohibido llevarme más (esto no es novedad, me ha ocurrido ya muchas veces). Estaba a punto de salir Los mitos del franquismo y le sugerí que al menos me hiciera una entrevista: ni eso. “Pero al menos comenta la salida del libro”, le dije.  “Imposible, prohibición absoluta”. Creo que los curas de la televisión esperaban alguna concesión del gobierno y, claro, el gobierno debió de hacerles ver que mantenerme allí, aunque fuera de cuando en cuando, perjudicaría la concesión.

   A pesar de todo, el libro va por la segunda edición, y espero que siga vendiéndose.

Habla ud como si hubiera una conspiración contra su obra. ¿No será un poco de paranoia?

   Vamos a ver, me han echado de una larga serie de publicaciones, estoy vetado en casi todas las televisiones, mis libros reciben un silencio sistemático, sobre todo en los grandes medios de derecha, como le dije. Esto no es ninguna paranoia. Podrían argumentar que mis libros son de mala calidad, pero la idea resulta grotesca, máxime teniendo en cuenta la ínfima calidad intelectual  y moral que predomina en los medios de difusión. No son cosas que yo imagine, como los paranoicos, son hechos perfectamente constatables. Ud me pregunta por libre, para ver si consigue publicar la entrevista en algún medio importante. Ya le adelanto que no lo conseguirá, aunque me gustaría que no fuera así, claro. Es la experiencia. Si no le sale, la expondré en mi Blog. Por Julián Pérez Saúco

 

 ¿A qué atribuye ud ese boicot?

Tiene ud que relacionarlo con muchos otros hechos, empezando por la ley de memoria histórica. Esa ley entraña incluso un peligro de persecución a quienes discrepen, aunque hoy por hoy la persecución no sea policial o judicial, sino en forma de intento de muerte civil por medio del silencio. Políticos y periodistas han aplaudido la colaboración con la ETA y con los separatismos, y  todos consideran que el recuerdo del pasado es peligroso para tales políticas, de modo que unos lo tergiversan de forma ensañada y otros tratan de olvidarlo. La política en España ha degenerado en una farsa cada vez más burda, que hace temible la verdad. No me diga que no tiene triste gracia ver a todos esos mandamases “demócratas” de los partidos con sus cambalaches y siendo incapaces de formar gobierno, a pesar de que son todos iguales y defienden prácticamente lo mismo, una cuarta legislatura de Zapatero. Auténticos estadistas,  desde luego. El problema es que no son patriotas ni son demócratas ni entienden lo que es es. Digamos más bien que explotan o parasitan una democracia, o lo que queda de ella, y que no les debe nada. Y una democracia sin demócratas a la larga es inviable, ya paso en la república. Luchar contra este clima social y político  es difícil, pero hay que hacerlo.

¿Se considera ud un David luchando contra Goliat?

Ja, ja… David venció a Goliat con un solo golpe, y  esta es una lucha prolongada, en la que no está tan claro que  ningún David vaya a vencer. Pero quién sabe…. Creo que somos unos cuantos davides, y que cada vez seremos más.

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Cita con la historia, editorial. Una nueva etapa

Conste que no he dado a Luis del Pino ni un duro por lo que dice de mí: http://esradio.libertaddigital.com/fonoteca/2016-09-03/involucion-permanente-septimo-aniversario-104548.html

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Hoy empezamos una nueva etapa de “Cita con la Historia”. Hasta ahora hemos tratado temas muy variados, desde el Cid o la División Azul hasta el separatismo vasco o el resurgimiento del islam. Vamos a cambiar ligeramente de formato, eliminando las canciones, ya que es difícil encontrarlas en relación con los temas tratados. Y trataremos un temario más sistemático que podríamos titular “La historia después del final de la historia”, recordando el célebre libro del ensayista useño Francis Fukuyama. Por supuesto, la historia no se ha detenido, pero importa mucho analizar las trayectorias y políticas seguidas desde entonces por las principales potencias, así como la parte de España en ellas.

  Un segundo tema al que dedicaremos varias sesiones girará en torno a España en Europa, y un tercero lo dedicaremos a la cuestión “¿Qué podemos aprender del franquismo?”, muy relacionado con los anteriores.

     ¿Y por qué es tan importante clarificar la historia? Porque, contra lo que a menudo se oye, el pasado sigue presente. Muchos dicen: hoy los problemas ya no tienen que ver con el pasado, hay que mirar al futuro. Sí tienen que ver, y muy profundamente, y la falsificación del pasado envenena el presente y oscurece el futuro, como comprobamos cada día.

  Hoy sufrimos gran parte de los problemas que en los años 34 y 36 desembocaron en la guerra civil, más otros nuevos o derivados. Problemas que estaban realmente superados y que han resurgido debido a una política de olvidar el pasado y dejarlo en manos de los mismos que en los años 30 pretendían disgregar España, establecer dictaduras comunistas y erradicar la cultura cristiana. Hoy, de nuevo, los separatismos amenazan balcanizar España en varios estaditos pequeños e impotentes. Los antiguos comunismos y anarquismos han derivado en movimientos como el abortismo, el homosexualismo, los excesos ecologistas, la islamofilia; la cultura cristiana, base de la cultura europea, está siendo erradicada por medios no violentos, pero eficaces, en los que tienen mucho que ver políticas extrañas dentro de la propia Iglesia, etc.  Existe, además, el designio de disolver la soberanía española, es decir, a la propia España, en la burocracia de la Unión Europea. Y otros problemas de fondo, no muy disímiles de aquellos por los que se libró la guerra.

   “Cita con la Historia” entra en una estrategia de fondo para clarificar estos problemas, superar las respuestas simplonas y superficiales tan frecuentes, crear opinión pública e ir ganando la universidad, donde de un modo u otro se gestan las ideas predominantes. Frente a los desafíos de la época, la respuesta más frecuente han sido las quejas y denuncias parciales, desarticuladas, al modo como Demóstenes criticaba a los atenienses antes las amenazas de Filipo: “hacéis como los bárbaros cuando boxean: reciben un golpe y allí llevan las manos” y son incapaces de tomar la iniciativa. Es preciso plantear clarificaciones y alternativas intelectuales de mayor alcance.

    Esta labor no podemos hacerla solos. Por eso insistimos en que nuestros oyentes sean también actuantes, se movilicen y obren lo más organizadamente posible. Hay muchas formas de hacerlo, y sobre ellas iremos tratando.

  Dijimos desde el principio que no queremos hacer un programa de gueto, de esos que solo oyen pequeñas minorías y cuyo efecto se pierde. Se trata de llegar a cientos de miles de oyentes. Para ello necesitamos dos cosas: apoyo económico y actividad difusora de nuestros seguidores.

   En cuanto al apoyo económico, emprendimos el año pasado la campaña de 300 por 20, es decir, 300 personas que den orden en sus bancos de ingresar todos los meses 20 euros en la cuenta de Cita con la Historia en el BBVA. Como la insistencia se estaba volviendo pesada, dejamos de hablar del asunto, pero ello no quiere decir que los resultados sean satisfactorios. El número de personas que se han apuntado a la campaña no ha superado en ningún momento las cincuenta o sesenta personas, y hemos perdido algunos al cambiar de emisora. Si no fuera porque hemos recibido otros apoyos puntuales y otros aportes mensuales de entre 5 y 200 euros, habríamos tenido que cerrar hace tiempo. Hoy nos queda fuelle económico para un mes y medio más. ¿A qué se debe esta situación? Parece que se debe a la tradicional pasividad de la llamada derecha, a la idea de que “ya lo harán otros”. Basta comparar esa actitud con el activismo de la izquierda para entender por qué la mentira triunfa hoy en España en toda la línea, con una defensa de la verdad histórica tan desganada.

    Una manera de romper el cerco de silencio es también, como venimos diciendo, que nuestros oyentes den a conocer el programa por todos sus medios, que son muchos y cuestan muy poco, en particular las redes sociales. Cada sesión de Cita con la Historia debe aparecer anunciada y enlazada en las redes sociales por cientos y por miles. Pero también en eso siguen siendo pocos los que obran en consecuencia. Aparte de ello, tenemos en proyecto lanzar campañas de publicidad de otro tipo para dar a conocer lo más ampliamente posible el programa, lo cual tampoco será factible si la campaña de 300 por 20 sigue estancada a un nivel tan bajo. Se crea así un círculo vicioso: con pocas aportaciones y actividad difusora no podemos salir de la insignificancia, y esa insignificancia dificulta la obtención de aportaciones y colaboración difusora. Por otra parte, al recurrir a la microfinanciación de nuestros oyentes, no solo queremos disponer del dinero indispensable, sino también movilizar al mayor número de personas en un apoyo activo. No queremos ser una voz que clama en el desierto, y eso no depende solo de los que hacemos el programa.

   En cuanto al apoyo económico recordamos: este es un programa que requiere poco dinero, pero que no puede funcionar sin él, tanto para sostenerse como para hacer publicidad y difundirse mucho más. No tenemos vocación de gueto. Tomemos conciencia de lo que se juega la sociedad y obremos en consecuencia.

   Es preciso cambiar la mentalidad actual predominante en España. Es preciso crear opinión pública. Es preciso que todos contribuyamos, sin excusas.

   El número de cuenta al que aportar 20 euros mensuales es el siguiente: “ Tiempo de Ideas Siglo XXI” – BBVA ES09 0182 1364 33 0201543346. Lo repetiremos al final. Pueden verlo también en la web www.citaconlahistoria.es

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Facebook, engendro totalitario

Facebook, engendro totalitario

 

Con ruego de máxima difusión:

Me conecto a Facebook y me encuentro con que me han eliminado por no“cumplir las normas”. ¿Cuáles son esas “normas”? Básicamente evitar amenazas o “lenguaje que incite al odio”. En mi caso no había la menor amenaza, de modo que hay que pensar que mis intervenciones incitaban al odio. En un primer momento estos hipócritas señalaron alguna de esas intervenciones, que luego no aparecieron en la notificación. Eran una serie que según recuerdo, señalaba lo siguiente:

 ** Una pareja homosexual no puede tener hijos. Es el “amor estéril” por naturaleza.

 **El primer derecho de un niño es a tener un padre y una madre reales, no la parodia de  dos papás o dos mamás.

    Lo anterior, desde luego, es una constatación de la más elemental realidad, aunque a los homosexualistas, no necesariamente a los homosexuales, les pueda parecer “ofensivo”. Seguía:

 ** Por accidente, un niño puede verse privado de padre o de madre, o de ambos, y ser criado por otras parejas normales. Pero en el caso de la homosexualidad  no es un accidente, sino un “principio” que pretende equiparar la familia normal a una parodia de ella.

 ** El argumento o argucia usado a menudo,  de que lo importante es el cariño cae aquí por su peso: el cariño real empieza por reconocer el derecho más básico del niño.

 ** Si no se reconoce el derecho más elemental del niño a una figura paterna y materna, el “cariño” se parece al que pueda tenerse a una mascota. La adopción homosexual reduce al niño, efectivamente, a una mascota.

 -** tra argucia homosexualista se refiere a padres que maltratan a los niños. Este es un problema serio, y que va en aumento conforme la familia se degrada sistemáticamente, como hoy ocurre. Pero privar a los niños de la figura paterna y materna es ya un maltrato de principio, por mucho “cariño” que se le eche.

 ** El hecho de que en las parejas homosexuales uno de los miembros remede el papel masculino y otro el femenino, no mejora la situación, desde luego.

 ** No debe olvidarse, además, que los curas y no curas pederastas son en su mayoría también homosexuales. Hace poco Ramón Pi señalaba cómo en las webs homosexualistas se encuentran a menudo apologías de la pederastia.

 Cualquier persona  que conserve algo de racionalidad y sentido común encuentra que las afirmaciones anteriores responden a hechos evidente, sin necesidad de mayor explicación. Pero los homosexualistas –la mayor parte de los cuales no son homosexuales, sino simplemente enemigos de la familia y de la Iglesia– son muy aficionados a crear embrolladas teorías que, como los comunistas, pretenden “científicas”. En relación con ello, escribí:

 ** No me opongo a que los homosexualistas expongan sus enrevesadas  sandeces. Me opongo absolutamente a que  las impongan y a que promuevan leyes totalitarias que les permitan perseguir a quienes discrepamos de ellos.

    Estas opiniones, naturalmente han sacado de quicio a los homosexualistas, que me acusan de “incitación al odio”. Es como si los nazis me acusaran de incitación a odiarles por poner de relieve su racismo. Pero mis opiniones sí han sido respondidas con verdaderas oleadas de insultos, obscenidades y deseos de muerte. Eso sí es incitación al odio, aparte de una expresión de odio enfermizo muy significativa. En Facebook, en twitter, en los medios en general, la calumnia e incitación al odio a la Iglesia, por ejemplo, son constantes, pero por lo visto eso es “normal”.

    Esto de “incitación al odio” es la argucia más repugnantemente hipócrita  que ha inventado el totalitarismo hasta ahora para silenciar y perseguir a los inconformes. A su lado, las acusaciones de “antisovietismo”, por ejemplo, eran al menos más precisas y permitían saber a qué atenerse. Pero estos miserables pretenden montar una policía de los sentimientos, algo inédito, porque eso del “odio” resulta de lo más etéreo e interpretable, como se ven en la felonía de Facebook contra mí.

  Para colmo, los hipócritas de facebook me invitan a que me autocensure: “Puedes –el maleducado tuteo. Creen estar tratando con coleguis– revisar el contenido de la página” para que me autoricen a volver a publicar. Dicen algunos que las redes sociales son una garantía de libertad. Ya ven con cuánta facilidad pueden convertirse en lo contrario

   Esto no debe consentirse, y hago una llamada a todas las personas que conserven un mínimo sentido de la libertad y la dignidad, a movilizarse contra los nuevos totalitarios que, poco a poco, van imponiendo en la sociedad una tiranía nueva, la más vil que se recuerde.

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Felipe II y los protestantes

El próximo domingo comenzaremos en “Cita con la Historia” una serie de sesiones bajo la denominación “La historia después del final de la Historia”, en que analizaremos las políticas principales que han venido conformando el mundo después del derrumbe de la Unión Soviética. www.citaconlahistoria.es

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Felipe II y los protestantes

La situación creada en Francia por los protestantes no difería mucho de la de Europa Central y del Norte. Lutero, en nombre de la crítica a la corrupción del papado, había roto con normas y signos tenidos hasta entonces por connaturales al cristianismo. Entre otros puntos clave, negaba el libre albedrío, descartaba las obras piadosas como méritos para la salvación –la cual solo podía venir de la gracia divina, otorgada arbitrariamente por Dios– o establecía la relación directa entre el creyente y Dios a través de la interpretación individual de la Biblia, sin necesidad de intermediarios eclesiásticos.

No vienen aquí al caso las disquisiciones teológico-doctrinales, pero sí cabe constatar que las prédicas luteranas tuvieron más de revolución que de reforma, con trascendentales efectos políticos: una conmoción de extraordinaria violencia en Europa Occidental.

Por ello, Erasmo y otros acusaron a Lutero de propiciar la guerra civil y la desintegración de la cristiandad. En lo primero, el fundador del protestantismo estaba de acuerdo, y citaba en su favor el Evangelio de San Juan: “No he venido a traer la paz, sino la espada”; “He venido a echar fuego a la tierra”; “Lee en los Hechos de los Apóstoles los efectos de las palabras de Pablo (…) cómo él solo excita a gentiles y judíos o, según decían sus mismos enemigos, trastorna el mundo entero“; “El mundo y su dios no pueden ni quieren tolerar la palabra del Dios verdadero, y el Dios verdadero no quiere ni puede callar. Y si estos dos Dioses están en guerra entre sí, ¿qué puede producirse en el mundo entero, sino tumulto? Querer aplacar los tumultos es querer abolir la palabra de Dios e impedir su predicación”.

Este designio chocaba con el programa de paz entre los cristianos para afrontar a los turcos impulsado por Erasmo, Vives y otros intelectuales. Pero Lutero replicaba a Erasmo:

Estos tumultos y facciones infestan el mundo de acuerdo con el plan y la obra de Dios, y temes que el cielo se venga abajo; en cambio yo, a Dios gracias, entiendo las cosas correctamente, porque preveo desórdenes aún mayores comparados con los cuales los de ahora semejan el susurro de una ligera brisa o quedo murmullo del agua.

Carlos V se había arrepentido de haber “tardado tanto en adoptar medidas contra él”.

De cualquier modo que se las considere, las concepciones protestantes suscitaban continuas guerras en la cristiandad, incluso entre distintos grupos simpatizantes de Lutero. Así, los campesinos alemanes se levantaron en 1524-25 contra la insufrible opresión de la nobleza, también luterana, y, para su sorpresa, se encontraron con que Lutero llamaba a “aniquilar, estrangular, apuñalar en secreto o públicamente (…) como se mata a los perros rabiosos” a aquellos campesinos rebeldes. El calvinismo, una derivación protestante, fundó en gran parte de Europa un movimiento políticamente muy activo, que causaría grandes convulsiones en los Países Bajos, Francia e Inglaterra.

Lepanto, según el Veronés.Para la España católica en general, y para Felipe II en particular, era absolutamente prioritaria la lucha contra el Imperio Otomano y tener a raya a Francia, por lo que desde nuestro país la expansión protestante solo podía entenderse como una especie de puñalada por la espalda, máxime cuando los calvinistas buscaban aliarse con los otomanos, con la anglicana Inglaterra o con Francia contra los intereses españoles.

La oposición de Felipe II provocó, naturalmente, la máxima animadversión contra él. Los protestantes fueron también los iniciadores de la propaganda político-religiosa moderna, al punto de que lograron compensar muchas de sus derrotas políticas y militares con éxitos publicitarios, uno de los cuales fue el estereotipo, aún muy influyente en Europa, del Demonio del Mediodía, aplicado al rey español.

Enfrentada a enemigos tales, tan tenaces y en tantos frentes, la España de Felipe II no podía esperar, a la larga, una victoria decisiva, sino más bien una contención. Los turcos derrotados en Lepanto tomaron poco tiempo después Túnez y La Goleta, aunque a un coste que hizo de esos éxitos una victoria pírrica; la ayuda española tuvo gran valor para asegurar una Francia católica, si bien esta continuaría siendo hostil a España; en los Países Bajos la rebelión calvinista fue contenida y, aunque a la larga se impondría en Holanda, Bélgica continuó como país católico; contra Inglaterra fracasó (no fue propiamente derrotada) la Gran Armada, pero los ingleses padecieron a continuación un desastre no menor y España permaneció como primera potencia naval. La piratería berberisca, inglesa, francesa y holandesa siguió dañando las posesiones y comunicaciones, pero nunca logró infligir golpes de verdadera importancia a la posición internacional hispana. El imperio no solo fue conservado, sino ampliado, por expansión en América y el Pacífico y por la unión con Portugal.

Como he señalado en Nueva historia de España,el balance político-militar de Felipe II dista mucho de ser un fracaso, pese a la agotadora lucha impuesta al país por tantos enemigos. Algunos historiadores sostienen que más habría valido ser derrotados por los protestantes, por haber sido estos quienes más progresaron en los siglos XIX y XX. El aserto, absurdo históricamente, ignora hechos como que la Revolución Industrial nació en Inglaterra, cuyo anglicanismo está probablemente más cerca del catolicismo que del calvinismo; que se desarrolló mucho antes en la católica Bélgica que en la calvinista Holanda; que la luterana Escandinavia continuó siendo mucho tiempo una región muy pobre, o que el norte de Alemania experimentó un desarrollo muy irregular. Cada época tiene sus desafíos, y España estuvo a la altura de tremendos retos durante el siglo XVI y parte del XVII. Achacar la ineptitud de las generaciones posteriores a unos éxitos indebidos de aquellos siglos revela simple majadería. Majadería muy desarrollada desde mediados del siglo XIX, y empeorada con el lisenkiano materialismo histórico del XX.

En LD, 27-IV-2011)

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