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Espíritu, materia y realidad.
Tanto materia como espíritu son dos abstracciones producto de la necesidad explicativa de nuestra mente. Nadie ha visto, pesado o sentido de alguna manera el espíritu, pero tampoco la materia. Llamamos generalmente materia a todo lo que podemos detectar o manejar físicamente, y espíritu a la causa, tanto eficiente como final, de su presencia o existencia. Es decir, la causa es algo ajeno a los propios objetos materiales (al decir de Hume, se trata de un prejuicio).
Podemos ejemplificarlo con la construcción de una mesa: el carpintero utiliza una serie de objetos materiales incluyendo madera (creo que la etimología de materia tiene que ver con madera), clavos, martillos y otros instrumentos. Pero la causa de la mesa no estará en la combinación de tales elementos, sino en la cabeza del carpintero, e incluye elementos inmateriales indetectables físicamente como el diseño, complicado con otros elementos como el interés, la experiencia, la habilidad o el precio que espere obtener: lo que convencionalmente llamamos espíritu del carpintero es el que da forma y utilidad a un objeto que permanece material, como es la mesa. Encontramos, pues, una causa eficiente y una causa final. en la mente del carpintero.
También podemos suponer que en realidad lo que llamamos espíritu es simplemente una manifestación más sutil y compleja de la materia. Así, el diseño, el interés, etc., del carpintero podrían reducirse a flujos eléctricos en su cerebro, y así lo proponen algunos. Esto parece improbable, pero admitiéndolo, abriría el campo a técnicas que permitieran conocer y dominar no solo el producto material exterior de la mente del carpintero, sino también lo que erróneamente habríamos llamado espíritu del carpintero. Es decir, el hombre podría dominar materialmente al supuesto espíritu. Ahora bien, detrás de esas técnicas estaría algo todavía más sutil, el hombre mismo empeñado y capacitado para conocer, dominar, encauzar y utilizar a la humanidad al modo como lo hace con una mesa: podría establecer designios, diseños, etc., más allá de los que utiliza para crear mesas u ordenadores. El hombre se haría amo de sí mismo, en un sentido muy distinto del que usamos para afirmar moralmente que el individuo debe saber dominarse. He aquí entonces que lo que hemos llamado espíritu de cualquier individuo y que se reduciría a movimientos eléctricos o de cualquier otro tipo físico, pasaría a estar determinado por algo más sutil todavía, y de hecho ya nada material, porque el Hombre, la humanidad, se encontraría detrás de sí misma para diseñarse y darse una utilidad. Se convertiría en causa, si no eficiente, sí final de sí misma (algo imposible en la práctica, ya que lo que los miles de millones de seres humanos opinan, se interesan o gustan, con los correspondientes movimientos físicos en el cerebro, es enormemente variado. Sería preciso que unos pocos capaces de ponerse de acuerdo se impusieran sobre los demás, por la violencia, la manipulación u otros medios.
La cuestión del diseño (el espíritu) está en los debates sobre la evolución. La inconcebible complejidad de los organismos vivos, del propio ser humano, el hecho de que a pesar de ello los organismos “funcionen”, aunque expuestos a mil anomalías, ¿puede explicarse por una infinita sucesión de casualidades? Esta es la tendencia que se dice científica: tanto la causalidad eficiente como, sobre todo, la final, quedan reemplazadas por la casualidad. Ahora bien, los cálculos de probabilidades a partir de los puros azares no parecen permitir explicar la evolución, por mucho tiempo que se le eche. Pero, además, la causa final permanece, implícita: es la naturaleza la que selecciona los rasgos que habrán de conservarse e imponerse. Claro que la naturaleza no es nadie, pero le atribuimos un designio, una finalidad: que los organismos funcionen “mejor” y de manera más compleja. Si doña Naturaleza fuera ciega, como se quiere, cualquier rasgo genético serviría.
En relación con todo ello podríamos decir que la realidad consiste en el paso continuo de lo existente a la inexistencia. El ayer ya no existe, no lo encontraríamos en ninguna parte.
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La religión como núcleo generador de las culturas.
Hoy casi todas las explicaciones e interpretaciones históricas y culturales giran en torno a la técnica y más en general a la economía: estas serían el elemento determinante y valorador de una cultura, idea compartida tanto por el liberalismo (o por amplios sectores liberales) como por el marxismo. En ambas ideologías se da por supuesto que las culturas, en concreto la cultura europea anterior a la aparición de ellas, eran sociedades de miseria, abuso, tiranía y explotación, así como de un profundo oscurantismo de origen religioso. La religión, en concreto la cristiana y en especial la católica, serían e origen del mal, del atraso, de la pobreza, s diga con mayor o menor énfasis. Mi punto de vista es que la religión es precisamente el núcleo generador de cualquier cultura. Y aunque el sentimiento religioso es (o ha sido) universal, tiene, como cualquier otra actividad humana, muchas diferencias de nivel y de calidad.
Decía que de las numerosas culturas existentes en Europa y el Mediterráneo en el siglo V antes de Cristo solo han sobrevivido la griega y la judía (la romana estaba en formación) y en ellas el factor religioso es bien visible. No hace falta insistir en el caso de la judía, pero la influencia de la mitología griega, tan pribllante y sugestiva, en todas las artes y el pensamiento clásicos salta bien a la vista. Y se prolongaría en Europa a través del cristianismo. Cuando decimos que la cultura cristiana es característica de Europa nos referimos a su capacidad para imponerse a las religiones germánicas y otras, y conquistar a los conquistadores. En la gran época de España, el catolicismo desempeñó un papel crucial. Asimismo, ese núcleo generador puede “secarse” o anquilosarse, como ocurrió con el islam a partir del siglo XII o con el catolicismo español y no solo español a partir del XVII.
La Ilustración cambió las cosas, atacando directa o indirectamente al cristianismo, socavándolo en nombre de la razón. Pero he querido señalar que ello solo ha podido hacerlo al precio de convertir la razón y la filantropía (la técnica y la economía, en definitiva) en una religión sustitutoria, con su fe, sus ritos y sus mitos correspondientes. Sin embargo la fe en el Hombre y sus capacidades técnicas es una fe contradictoria, porque ese Hombre es una abstracción muy diferente de los hombres de carne y hueso, frágiles, inseguros, capaces de crímenes y de miserias; y es una fe trivial, porque reduce la vida a una interminable carrera por diversificar y satisfacer una miríada de deseos materiales, de consumo, como viene a decir Fukuyama. Por decirlo de otro modo, creo que el marxismo ha fracasado y que el liberalismo economicista anglosajón, impuesto sobre toda Europa por la victoria militar, va camino de lo mismo. En esas circunstancias me pregunto si el viejo tronco cultural español puede reverdecer en algo nuevo y propio, o está condenado a ser un apéndice de la cultura anglosajona, con una economía o una técnica mejor o peor, pero gobernada por la religión de Prometeo.
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Entrevista en el país de la Gran Patraña
ENTREVISTA. Pío Moa: “En el bombardeo de Gernika no murieron 800, 1.600 o hasta 3.000 personas sino un máximo de 126”
REDACCIÓN – 18/08/2016
Ikusle: Eres el único historiador al que otros colegas han dedicado un libro titulado Antimoa. ¿Es para ti un motivo de orgullo?
Pío Moa: Me hace gracia, sobre todo porque el autor menciona a un buen montón de historiadores de diversas universidades españolas y extranjeras que le ayudaron. Intenta ser una respuesta a mi estudio “Los mitos de la Guerra Civil”, pero verdaderamente es un chiste, por su pedantería e inanidad intelectual. Lo analicé en una serie de artículos en Libertad Digital, no refuta ninguna de mis tesis, pero da idea del nivel de cierta historiografía académica, hoy por hoy dominante, pero que no puede mantenerse indefinidamente, porque es manifiestamente una gran patraña.
A diferencia de la historiografía académica, aseguras que la Guerra Civil no comenzó el 18 de julio de 1936 sino en octubre de 1934, con la revolución de Asturias, puesta en marcha por las izquierdas. ¿Qué objetivo tenía ese levantamiento?
En la insurrección de octubre del 34 había varias corrientes: la principal, la del PSOE, buscaba destruir la república burguesa e implantar la dictadura del proletariado, es decir, del propio PSOE. En Cataluña, los separatistas trataban de destruir la república tal como era e imponer otra que les permitiese una práctica secesión. Secundariamente participaron los comunistas, en algunos sitios los anarquistas, y los republicanos de izquierda la apoyaron rompiendo con las instituciones republicanas. Al revés que en el golpe de Sanjurjo, que no fue apoyado por la derecha y quedó en casi nada, en este otro participó a un nivel u otro, toda la izquierda y los separatistas catalanes. Fracasó enseguida casi todas partes, pero en Asturias fue una verdadera guerra durante dos semanas y dejó muertos en la mitad de las provincias, sobre todo en Barcelona, Madrid y el País Vasco. 1.300 en total, y enormes daños materiales.
Gerald Brenan la calificó como “Primera batalla de la guerra civil”, y así fue. La izquierda no sacó ninguna lección positiva de su fracaso, sino que se empecinó aún más en destruir a la derecha y a la Iglesia, que era lo único en que estaban todos de acuerdo. La alianza de hecho entre izquierdas revolucionarias, izquierdas republicanas y separatistas, se reprodujo con motivo de las elecciones de febrero de 1936, en las que izquierdas y separatistas subieron al poder después de unas violencias y maniobras que las invalidan como elecciones democráticas. Fueron un fraude, como es un fraude considerar democrático al Frente Popular.
La base de la Gran Patraña en que sostiene gran parte de la historiografía, de los periodistas y los políticos es esta: pretender que aquellas elecciones fueron democráticas y que el Frente Popular también lo era. Lo primero que hizo el Frente Popular, desde el poder y desde la calle, fue destruir la legalidad republicana para impedir que la derecha pudiera volver al poder y para aniquilarla en un proceso revolucionario muy violento, que terminó provocando la rebelión de julio del 36.
El Frente Popular se componía, de hecho o de derecho, de marxistas revolucionarios, stalinistas, anarquistas, golpistas de izquierda como Azaña, que intentó golpes de estado cuando perdió las elecciones del 33, y de separatistas catalanes y al final vascos, cuya base doctrinal era un racismo irrisorio. Estos eran los demócratas según los historiadores de la gran patraña. Se decía que la URSS era el país de la Gran Mentira. España es hoy el país de la Gran Patraña, una especie de mentira particularmente cutre y estúpida, pero que de momento funciona.
¿Tuvo repercusión la revolución de 1934 en el País Vasco?
Tuvo repercusión considerable, con numerosos muertos, incendio del Palacio Salazar de Portugalete, que albergaba una importante biblioteca y colecciones de arte, etc.
¿Cuál fue la actitud del nacionalismo vasco en general y del PNV en particular ante estos sucesos?
El PNV se abstuvo en la lucha, pero no así en las maniobras desestabilizadoras que la precedieron en el verano de 1934. En ellas colaboró con socialistas, comunistas y republicanos de izquierda para desestabilizar al gobierno de derecha salido de las únicas elecciones realmente democráticas de la república, las de noviembre de 1933. Fue algo así como lo del Prestige, pero a lo bestia, mientras el PSOE y los separatistas catalanes se armaban clandestinamente. He estudiado esas maniobras, generalmente ocultadas, en “Los orígenes de la guerra civil”. Pero a la hora decisiva, en octubre, el PNV se abstuvo. ¿Por qué? Porque vio enseguida que el golpe no iba a triunfar. Lo mismo hicieron los republicanos de izquierda después de unas iniciales declaraciones muy comprometedoras. El PNV siempre tuvo una habilidad especial para traicionar a todos.
¿Qué actitud mantuvo el PNV y el resto de partidos nacionalistas durante la II República?
El PNV estuvo socavando todo lo que pudo a la república, promoviendo maniobras desestabilizadoras y finalmente integrándose de hecho en el Frente Popular. Incluso rechazó la petición del Vaticano de que hiciera causa común con el resto de la derecha española. Su conducta se guiaba por la idea de Sabino Arana de que cuanto peor y más caótica fuera la situación en toda España, mejor partido podrían sacar los separatistas.
A pesar del carácter laico del Frente Popular y de ser una formación profundamente católica, el PNV optó por apoyar a la II República tras el alzamiento del 18 de julio de 1936. ¿Qué motivos llevaron a los jeltzales a apoyar al gobierno presidido por Manuel Azaña?
Hubo dos razones principales, la primera, que los sublevados de julio quedaron en tal inferioridad de fuerzas que parecía imposible que ganasen, como dijo Prieto. La segunda, que el Frente Popular representaba un caos que el PNV podía explotar, y de hecho lo explotó a fondo haciendo caso omiso del gobierno izquierdista. Además, el PNV colaboró con la persecución religiosa disimulándola o negándola ante la opinión pública internacional, de lo que se jactó abiertamente. Y cuando la situación fue poniéndose difícil para sus aliados del Frente Popular, el PNV no tuvo el menor reparo en sabotearlo. Son muy curiosos los diarios de Azaña al respecto.
¿Cómo fueron las relaciones entre el Gobierno de Euzkadi y la II República durante el conflicto?
Es un error hablar de II República durante la guerra, aunque casi todo el mundo cae en él. La II República, es decir, su legalidad, cayó por tierra ya en las fraudulentas elecciones de febrero del 36 y en el virulento proceso revolucionario que siguió. Simplemente, el PNV se dedicó a traicionar a todos: a la Iglesia católica, colaborando de hecho en la persecución como dije, y a las izquierdas, intentando obrar como país independiente en Vizcaya que fue la única provincia que realmente dominó hasta cierto punto por un tiempo. El resultado fue un verdadero caos, que indirectamente benefició mucho a Franco. El PNV, cuando vio que los suyos, como decía, iba perdiendo, se dedicó a sabotearlo hasta llegar a la rendición de Santoña. Intentó congraciarse con los nazis, luego con los fascistas italianos, y al mismo tiempo maniobraba con Londres y París para una paz separada, ofreciendo a ingleses y franceses una especie de protectorado al norte del Ebro. Los ingleses y los franceses apenas les hicieron caso, pensando que proponían chifladuras, y los alemanes e italianos preferían a Franco. Respecto al apoyo de Hitler a Franco, debe recordarse que el Hitler de 1936 no es el de 1942, cuando comienza el Holocausto y los genocidios. El único genocida por entonces era Stalin, que casualmente apoyaba al Frente Popular, incluyendo de hecho al PNV. Lo he expuesto en “Una historia chocante” y en “Los nacionalismos vasco y catalán en la guerra, el franquismo y la democracia”. Debieran leerlos muchos ingenuos que se han tragado unas ruedas de molino de gran diámetro.
Uno de los sucesos bélicos que más ríos de tinta ha dejado la Guerra Civil fue el bombardeo de Gernika, la histórica capital foral vasca. Bajo tu punto de vista, ¿qué sucedió realmente?
Excepto el hecho mismo del bombardeo, todas y cada uno de los aspectos que han cimentado la leyenda, son de una grosera falsedad. No murieron 800, 1.600 o hasta 3.000 personas como se ha dicho, sino un máximo de 126, según la detalladísima investigación de Jesús Salas Larrazábal. Guernica era un objetivo militar importante, y de haber avanzado Mola en su dirección, en lugar de hacerlo sobre Durango, habrían podido copar a grandes fuerzas izquierdistas-separatistas. Franco había ordenado evitar bombardeos sobre núcleos poblados, y después reiteró la orden. Fue desobedecido en este caso y algunos más, más por los italianos que por los alemanes. Después de Guernica, el PNV llamó a luchar a ultranza contra los nacionales, pero bajo cuerda intensificó los contactos con los fascistas italianos para rendirse y sabotear a sus aliados de izquierda, al “gobierno legítimo”, según siguen diciendo. Es decir, que finalmente Guernica sí tuvo importancia militar, aunque indirecta.
Una vez finalizada la guerra en el País Vasco, ¿qué actitud tomó el PNV y el resto de los nacionalistas vascos ante el régimen de Francisco Franco?
Pues como en el resto del país. La gran mayoría de los separatistas se acomodaron al régimen, algunos fueron represaliados, porque los nacionales consideraban al PNV especialmente traidor, por la cuestión religiosa, pero de todos modos sufrieron mucha menos represión que los comunistas o los socialistas, porque, en definitiva, habían contribuido a la victoria nacional, aunque de modo involuntario. En la emigración. El PNV coqueteó con los nazis y finalmente sus jefes se instalaron en Estados Unidos. Los socialistas organizaron, con bienes robados a todos el mundo y al patrimonio histórico-artístico, dos organizaciones rivales de ayuda (JARE y SERE). El PNV intentó comer a dos carrillos beneficiándose de ambas, pero no le fue posible. Terminó sirviendo al FBI para espiar a los demás exiliados izquierdistas, entre los que tenía vía libre por aquello de la hermandad antifascista y el compañerismo de lucha. En el FBI había quejas de que los separatistas vascos cobraban más de lo que valían sus servicios. Creo que en la historia de las traiciones, ningún partido ha superado al PNV en España. Insisto en que vendría bien a muchos intoxicados por la propaganda conocer estos casos, que he tratado en mis libros y en artículos fáciles de encontrar en internet.
¿Hubo muchos nacionalistas vascos que colaboraron con el franquismo o terminaron congraciándose con el nuevo régimen tras la contienda?
No he seguido en detalle esas evoluciones, pero bueno, pasó en líneas generales como con los demás partidos contrarios a los nacionales. Unos colaboraron e incluso treparon o trataron de trepar en la nueva situación, otros se mantuvieron al margen, resentidos, aunque pasados los primeros años, en que el peligro de ser arrastrados a la guerra mundial o luego de ser invadidos por los vencedores de Alemania y el peligro del maquis, obligó al régimen a actuar con dureza. Después, la inmensa mayoría pudo rehacer sus vidas. Hubo pocas condenas a muerte de separatistas, la mayoría conmutadas por cadena perpetua, y esa cadena perpetua no solía durar más de seis años. Por cierto, las penas de muerte totales después de la guerra fueron en torno a las 24.000, en su mayoría a culpables de asesinatos y torturas, y en torno a la mitad fueron conmutadas. Nada que ver con las cifras fantásticas de la memoria histórica. Seguramente cayeron también algunos inocentes, pero eso está por investigar. Para los de la memoria histórica todos son víctimas del franquismo, lo que insulta a los inocentes y enaltece a los chekistas y similares, con quienes de hecho se identifican esos memoriosos. Esas cuestiones las he tratado en “Los mitos del franquismo”.
¿Cuál fue, en términos generales, la actitud tomada por los diferentes gobiernos de Franco hacia el País Vasco? Desde algunos sectores concretos, se asegura que, durante el franquismo, el País Vasco fue una de las regiones más beneficiadas, a pesar de no apoyar Bizkaia y Gipuzkoa el alzamiento.
Mira, hay unos datos que resumen todos los demás y que evitan mil discusiones: al final del franquismo, Guipúzcoa, Vizcaya y Álava eran las provincias con mayor renta per cápita de España. Gracias a la paz y la seguridad jurídica, el franquismo favoreció como nunca antes el dinamismo y la iniciativa empresarial de los vascos. En los primeros tiempos hubo cierta persecución al vascuence, debido al modo como lo habían utilizado los separatistas para sembrar odio y división, y pretensiones de superioridad racial, pero eso pasó pronto. En el franquismo se organizaron los primeros premios a la literatura en vascuence, se lo promocionó, se publicaron más libros en vascuence que nunca antes, la Academia Vasca unificó los dialectos en el batua, etc. Esta es la realidad, lo demás son cuentos.
Existe cierta división entre los historiadores sobre cuáles fueron los motivos que llevaron a la creación de ETA. Algunos consideran que, en un primer momento, fue una organización eminentemente antifranquista mientras que otros opinan que, desde sus inicios, su objetivo fue la independencia y la implantación del socialismo en el País Vasco. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
Me parece un asunto irrelevante. La ETA nació de cristianos radicalizados y simpatizantes con las revoluciones argelina y cubana, que creían poder imitarlas para imponer en el País Vasco un estado digamos socialista. Pronto adoptó unas posturas más extremistas y sádicas, léase a Krutwig. Durante bastantes años era un grupillo más, que se quejaba de que los vascos cometían el horrible pecado de no hacerle caso. Empezó a asesinar en 1968 mucho después de haberse formado, un asesinato sórdido por un estudiante medio drogado… En fin, todo esto está bien documentado a partir de fuentes de la propia ETA, y yo me he dedicado a recogerlas en los libros citados. Lo que ocurre es que a raíz de ese asesinato y otro posterior, la ETA recibió un apoyo de todo tipo del PNV, de toda la oposición antifranquista y sobre todo de gobiernos como el argelino y especialmente el francés, que le garantizó un santuario donde rehacerse y planificar, al lado mismo de una frontera abierta y poco vigilada. Esos apoyos crearon una especie de leyenda de valientes gudaris cuya especialidad era el asesinato por la espalda. El gran problema de la ETA ha sido el de los enormes apoyos que ha recibido y sigue recibiendo. Con Aznar, y según confesión propia de la ETA, esta se encontraba al borde del precipicio, simplemente porque se le aplicó la única solución adecuada a un estado de derecho democrático, la solución policial, mientras que antes se hablaba sobre todo de la salida política, que equivalía a hacer del asesinato un método de acción política en democracia. No solo la ETA fracasaba en casi todos sus atentados, sino que su apoyo popular, que siempre distó mucho de ser mayoritario, estaba cayendo drásticamente. En tales condiciones el PSOE de Zapatero rescató al grupo, premiando su carrera de crímenes con legalidad, dinero público, excarcelaciones, proyección internacional, etc., y la misma política ha seguido Rajoy. Algunos etarras políticos han mostrado gratitud a Zapatero, no sé por qué no se la expresan también al PP actual.
Los últimos años del franquismo y los primeros tiempos de la Transición fueron agitados en el País Vasco. ¿Cuáles fueron los motivos que provocaron esa época tan convulsa en las calles vascas?
La convulsión en el franquismo es en gran parte un mito. Yo estuve trabajando en los astilleros de Euskalduna y la Naval de Sestao, lo cuento en mis memorias de entonces De un tiempo y de un país, y, por ejemplo, había bastante menos presencia policial que en Madrid. La mayor agitación era la de los comunistas, en distintos grupos, Comisiones Obreras, algo la UGT de Nicolás Redondo, trotskistas y otros, pero en general muy minoritaria. La ETA recibía sobre todo el respaldo de los demás y el mediático debido a sus atentados. Pero, exceptuando el asesinato de Carrero y la matanza de la calle del Correo, cuando la ETA actúa de verdad, causando cientos de víctimas, es en la democracia. En la transición sí hubo mucha agitación en el País Vasco, porque se volcaron en ella, aprovechando una legalidad de hecho, los comunistas del PCE y otros grupos, cristianos radicales, etc., la ETA aprovechó la leyenda favorable que le habían construido entre todos. No hay que olvidar que, como explico en “Los mitos del franquismo”, fue la Iglesia la que condenó a muerte a aquel régimen, al privarle de sostén y sustancia ideológica a partir del Vaticano II. El franquismo no podía continuar, pero hay que agradecerle que, a pesar de todo, lograse organizar una transición poco traumática, aunque un tanto chapucera desde Suárez, en lugar de llevar al país a convulsiones graves.
En tus columnas de opinión, te has mostrado muy crítico con el modelo de Estado autonómico. ¿Cuál crees que debería ser la organización territorial española?
Creo que las autonomías deben reconducirse. Entregarles la sanidad y sobre todo la enseñanza fue una locura, pensando que los separatistas iban a moderarse y mantener una esencial lealtad al país y a la democracia. Cuando muere Franco, hay muy pocos separatistas, que prefieren disimularse como autonomistas. Pero unos políticos ignorantes de la historia les entregan tales ventajas que han podido utilizarlas a lo largo de todos estos años para crear una opinión pública antiespañola, es decir, antivasca, porque la historia vasca real tiene muy poco que ver con la que han estado inventando todos estos años. Tal como están diseñadas, las autonomías son una ruina y un apoyo a la balcanización del país. No podemos ser frívolos con estas derivas, pues la historia demuestra que son muy peligrosas.
El próximo 25 de septiembre se celebran las elecciones al Parlamento Vasco. ¿Qué resultados crees que se producirán? ¿Iniciará el País Vasco un proceso soberanista similar al catalán?
Francamente, no sigo las elecciones. Las demagogias de esos políticos y partidos mediocrísimos, sus mentiras y estupideces, me dan grima. Ya he dicho que gane quien gane, ganará Zapatero, porque él ha iniciado una deriva y unas leyes de las que parten como si fueran inamovibles tanto el PP como los demás. La tendencia general es la que he dicho: una audacia separatista creciente, amparada en unos gobiernos ideológicamente insignificantes e ignorantes de la historia, y no identificados con una idea de España y la democracia. Acabo de publicar “La guerra civil y los problemas de la democracia en España”. Un grave problema es que una democracia sin demócratas, sin verdadero pensamiento democrático en la izquierda o en la derecha, necesariamente funcionará mal. La palabra “democracia” se ha convertido en un concepto mágico, una panacea que cada partido y casi cada político interpreta a su gusto. Si eso no cambia, estamos en un proceso de putrefacción que se irá acentuando.
¿Crees que el País Vasco puede terminar siendo un estado independiente a medio o largo plazo?
Es muy difícil, porque la inercia de un pasado común, de una cultura común, de una población y lengua comunes, es demasiado fuerte. Sin embargo, con gobiernos como los que llevamos sufriendo, en los que la ley no se aplica y el estado de derecho es burlado y la corrupción es rampante, cualquier cosa podría suceder. Y todos lo lamentaríamos, sin exceptuar a esos separatistas que mezclan la frivolidad, el fanatismo y la incultura, como los propios gobiernos de PP y PSOE.
Para finalizar esta entrevista, ¿qué les dirías a aquellos que te tildan de no ser un historiador sino un apologeta del franquismo?
Un historiador es quien investiga y escribe sobre el pasado. Lo puede hacer mejor o peor, y le he repetido mucho a esa gente que ellos lo hacen mediocremente, mal o muy mal. Salvando las excepciones de rigor, la historiografía española actual es simplemente penosa. Cuando me pregunta un joven que quiere ser historiador y estudia en un departamento universitario corriente –insisto en que hay excepciones–, le digo: tendrás que hacer un gran esfuerzo por librarte de la mayor parte de esas influencias. Me apena tener que hablar tan claro, pero alguien tiene que hacerlo. Actualmente mantengo en Cadena Ibérica un programa de radio llamado Cita con la Historia, que puede oírse en YouTube, en podcast y en su página web. Carece de subvención y se mantiene con ciertas dificultades, pero creo que vendrá bien escucharlo a muchos jóvenes.
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Dilema cultural para España
Blog I En favor de Otegui: http://gaceta.es/pio-moa/favor-otegui-17082016-1044
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Se ha extendido mucho el mito de que el aislamiento cultural es un mal que se paga con el estancamiento y el retroceso, y que por eso la evolución cultural exige la máxima apertura a las demás. Eso es falso en el sentido de que apenas existen culturas realmente aisladas, al estilo de la de la isla de Pascua o la de los guanches, que no sabían navegar, según parece. Pero aun así, después de todo, incluso una cultura tipo isla de Pascua se componía de seres humanos sujetos a las mismas dinámicas generales que las demás, y evidentemente podían evolucionar y lo hicieron, mejor o peor. Y es falso en el sentido de que la mayor parte de las culturas del pasado han desaparecido, a menudo por haberse relacionado en exceso, hasta diluirse en otras. Por otra parte, el conjunto de la humanidad puede considerarse una supercultura aislada, a su vez.
En la realidad, prácticamente todas las culturas tienen un grado de apertura y un grado de aislamiento, y su capacidad creativa no depende exclusivamente de ninguna de las dos cosas. En Nueva historia de España he considerado el caso ilustrativo de las culturas griega y hebrea, las dos únicas que han sobrevivido hasta hoy, transformadas o incorporadas a otras, entre las muchas existentes en el siglo IV antes de Cristo en torno al Mediterráneo oriental. Culturas ambas muy distintas entre sí, antagónicas en muchos aspectos, y que se caracterizaban por un fuerte sentimiento de su identidad, de sus peculiaridades, que en buena medida las diferenciaban y aislaban de las del entorno. Es más, ambas se forjaron precisamente en una voluntad de contraste y diferenciación con respecto a las otras, en un proceso de “reconcentración” (se puede buscar otra palabra). Por supuesto, sabemos que en la cultura judía, como en la griega, influyeron las más próximas, hasta el punto de que la hebrea corrió el riesgo de disolverse en la helenística, algo que solo impidió la enérgica reacción de los Macabeos. Pero eran muy distintas de ellas. La griega ha sobrevivido incorporada a la cultura europea a través del cristianismo, y en alguna medida renació después del dominio turco.
Sin ese fenómeno de reconcentración cultural no habría culturas diversas, sino una sola general y probablemente estancada. Es decir, las culturas se han desarrollado mediante la diferenciación, y a menudo se han extinguido al diluirse en otras. Otro caso típico, por lo que nos atañe, fue el iniciado en España con los visigodos y luego en la Reconquista, un proceso único en la historia europea, que debe ligarse directamente al Siglo de Oro. Se ha dicho que después, la decadencia fue debida a un aislamiento (“tibetanización” la llama Ortega, de España con respecto a otras culturas europeas). Creo que nunca hubo tal aislamiento y mucho menos tibetanización, mientras que es verdad que la cultura hispana fue muy original y sus raíces más fuertes proceden de su “reconcentración” histórica previa. Hasta podría sostenerse que la decadencia se debió a una excesiva apertura (en el siglo XVIII, por ejemplo, a la francesa, y en el XIX, con efectos mucho peores, a la inglesa), si no fuera porque los síntomas de declive venían de antes. El fenómeno de la reconcentración y de la pérdida posterior de creatividad cultural hispana es muy interesante, porque parece único en Europa: la decadencia llegó a los extremos del siglo XIX, casi increíbles para una nación que había sido antaño una de las máximas potencias mundiales.
Esa pérdida del espíritu o del impulso creativo se aprecia hoy con gran fuerza, después de la esbozada reconstitución entre finales del XIX y 1975. Es a partir de esta última fecha cuando se instala en España la esterilizante cultura de (dicho con cierta vulgaridad) que reniega de su pasado y parece desear voluntariamente disolverse como apéndice algo grotesco de la cultura anglosajona, al paso que cede su soberanía a la burocracia de Bruselas.
Según Fukuyama la historia de la diversidad política y cultural se ha terminado, y en adelante prevalecerá cada vez más la cultura anglosajona acompañada de su lengua. El argumento principal al respecto sería que la misma aseguraría una paz general. La historia muestra cuántas veces ha habido acuerdos internacionales para garantizar una paz permanente: baste pensar en Westfalia, Utrecht, Versalles (tras la Primera Guerra Mundial) o la constitución de la ONU al terminar la Segunda. Desde luego, la paz no se ha logrado después de caído el Muro de Berlín, y la ideología anglosajona parece llevar en sí gérmenes autodestructivos, como trato de indicar. En esta situación se plantea para nosotros un problema: ¿sería posible una nueva reconcentración inspirándose en la mejor época de España, o debemos resignarnos a la colonización y la aculturación?
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Unas notas antiguas: “Nuestros demócratas
**Zarrías ha estado muy en su punto al acusar a Aznar de querer a España “una, grande y libre”, la cual, según este votante cuadrumano en el Senado, “no trajo más que desgracia, pobreza y desesperación”. Esto último es verdad en parte: trajo la desgracia y la desesperación a los totalitarios y ladrones del Frente Popular. Pobreza, no tanta, al menos a sus jefes que, como es sabido, se fueron al exilio con los tesoros robados al patrimonio artístico y nacional, incluso a los montes de piedad. Queda la evidencia de que él y los suyos quieren una España “desunida, pequeña y cautiva”, en la que ejercer sus dotes de corrupción. Bien por la sinceridad del falsificador del voto. (Por cierto, Zarrías, imputado en el asunto de los EREs es también otro con abuelito “asesinado” por Franco simplemente por haber sido un alcade elegido democráticamente. Casualmente había hecho asesinar a numerosas personas en su pueblo. Lo recuerdo en Los mitos del franquismo).
**Javier Marías: “Pajín y Zapatero habrían estado a gusto en la España de Franco”. Como lo estaban la gran mayoría de los españoles, no lo dude. Y a pesar de que no les dejarían hacer ninguna de sus golfadas de ahora. Pero cuando muriese Franco se transformarían en intransigentes y feroces antifranquistas. Esa gente es así.
****Peces Barba: “España merece tener un poco de anticlericalismo” ¿Más todavía? ¿No les ha bastado el genocidio que practicaron en la guerra civil? Después de aquello, las palabras de este necio silenciador de las víctimas de la ETA solo pueden tomarse como amenazas.
(En enero de 2011)
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