¿Entró Europa en decadencia a partir de 1945? https://www.youtube.com/watch?v=yHtEpD4zxOw
**¿Por qué han premiado ZP y Rajoy a los asesinos de Miguel Ángelcon legalidad, dinero público, excarcelaciones, etc.?
*En los análisis políticos corrientes no existen ni la historia reciente ni la política exterior de España. Cotilleo político, no análisis
*A todos los corruptos, ignorantes y necios les cae muy mal Franco. Por qué será.
*Dice Cebrián que Franco era “mediocre y cutre”. Por eso venció a sus geniales enemigos durante 40 años. “Los mitos del franquismo”
*Castilla del Pino,comunista, decía haber odiado a Franco durante 40 años. “El odio hace progresar a la humanidad” “Los mitos del franquismo”
*Según Indalecio Prieto, Franco alcanzaba el grado máximo del valor: “Es sereno en la lucha”, “Los mitos del franquiismo”, ya en bolsillo.
*Dice Ansón que Franco persiguió ferozmente el catalán.Coincide con el honradísimo Pujol. No es obligatorio creerles. “Los mitos del franquismo”.
*Cebrián, que vivió privilegiadamente en el franquismo, dice que el pueblo no tenía idea de la “horrorosa represión”. “Los mitos del franquismo”.
*Pujol decía que Franco era un corrupto y corruptor. Que por eso le odiaba. “Los mitos del franquismo” En Cadena Ibérica. “Los mitos del franquismo”.
*La idea de que la CIA mató a Carrero revela la profunda estupidez e incapacidad de análisis de nuestra extrema derecha.
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La gigantesca contienda había empezado con un pacto entre los regímenes totalitarios nazi y comunista, y terminado con una alianza entre las potencias democráticas anglosajonas y el totalitarismo staliniano. La rendición alemana había exigido el esfuerzo conjunto del Imperio inglés, Usa y la URSS, una alianza que, dentro de las mutuas desconfianzas, funcionó bien. En cambio el Eje Berlín-Roma-Tokio apenas tuvo eficacia o coordinación, y la contribución italiana fue mucho más una rémora que una ventaja para Alemania. El escenario ruso fue con diferencia el decisivo, y los soviéticos se impusieron, a un coste enorme en sangre: el primer año sin ayuda anglosajona, y los siguientes con ayuda creciente, aunque los elementos principales, tanques, artillería y aviación, fueron siempre soviéticos. El ejército alemán se mostró cualitativamente superior a sus contrarios, pero llegó a estar en tan abrumadora inferioridad material que ninguna destreza podía compensarla. Al final, Alemania perdió su independencia, repartiéndose su territorio entre la URSS, Usa, Inglaterra y Francia.
Desarrollada con todos los medios técnicos y científicos de la época, estimulados por la lucha a vida o muerte (la lucha por la vida, cabría decir), las víctimas mortales del conflicto se han estimado entre 50 y 60 millones, civiles la mitad de ellas, aunque tal vez estudios más detallados las reduzcan hasta en alguna decena de millones. Cifras enormes, en cualquier caso. La proporción de muertos por relación a la población varía en extremo, entre un 13,5-14,2% en la URSS o un 8-10 en Alemania, y un 0,32 en Usa y en torno al 1% en Francia, Italia e Inglaterra. Gran parte de Europa quedó en ruinas, pero Usa superó definitivamente la Gran Depresión y, dueña de la bomba atómica, quedó por unos años imbatible, hasta que la URSS consiguió también dicha arma.
Cabe comparar las dos guerras mundiales. Políticamente, ambas podrían describirse como resultado de la emergencia de nuevas grandes potencias en un mundo ya repartido, pero eso es solo una faceta y no la principal. La primera se libró entre regímenes básicamente liberales y aproximadamente democráticos, y tuvo un marcado carácter comercial. En la segunda, las democracias liberales fueron solo una de las partes, siendo las otras dos regímenes más o menos totalitarios, aunque de opuesta naturaleza, y lo comercial desempeñó un papel secundario. Se trató de una lucha esencialmente ideológica, entre concepciones no solo de la política sino de la vida, opuestas a pesar de su tronco común. Las tres podrían describirse como ramas de la religión prometeica, arraigada en la Razón, con sus fes correspondientes en la Humanidad, la Raza, el Proletariado, el poder salvífico de la Economía…
Los vencedores juzgaron en Núremberg a los jefes nazis, acusándoles de guerras de agresión, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Los juicios no eran legales en términos jurídicos, pues se acusaba en nombre de leyes antes inexistentes y con efectos retroactivos. Claro que exigían castigo las atrocidades nazis: asesinatos en masa, deportaciones, el Holocausto judío, trabajo esclavo, hambrunas intencionadas, saqueos, violaciones, torturas, etc. El problema era que aquellas atrocidades, salvo el Holocausto, habían sido perpetradas a su vez por los vencedores, tanto los anglosajones (que hicieron muy poco por rescatar a los judíos o estorbar su exterminio) como, más aún, los soviéticos; de modo que cabía cuestionar su autoridad moral como jueces. Y las guerras de agresión, condenadas al menos desde el padre Vitoria, habían sido una constante en la historia: Usa e Inglaterra las habían practicado, como tantos otros países, en el siglo XX; aquella concreta había empezado con la agresión a Polonia por Berlín y Moscú, pese a lo cual esta última no solo era exonerada, sino que ejercía de fiscal. Y Persia también había sufrido la agresión anglo-sociética. La guerra entre las tres ideologías había dejado al continente en ruinas físicas, pero también en ruina moral.
El castigo de Núremberg no fue muy duro: diez líderes ahorcados. Cerca de un millar más de dirigentes menores o ejecutores lo fueron en otros juicios, pero decenas de miles de nazis reales o supuestos, o colaboradores, fueron asesinados sin trámite legal en Alemania, Italia, Francia y los países del este. O fueron despojados de sus bienes y derechos, y expulsados. Las poblaciones alemanas dispersas por el centro de Europa, así como las de la parte germana cedida a Polonia, unos 16 millones de personas, fueron forzadas a abandonar sus hogares y desplazarse en marchas penosas al territorio reducido de Alemania, ya inexistente como nación: más de dos millones perecieron. Tal vez dos millones de mujeres alemanas fueron violadas por soldados del Ejército rojo, y las violaciones tampoco fueron nada extraño en las zonas occidentales, donde solían disfrazarse como prostitución obligada por el hambre. En los campos de prisioneros soviéticos y en Yugoslavia, pero también en los useños y franceses, morirían más de un millón. Otros millones fueron reducidos a trabajadores esclavos por toda Europa (una propuesta de origen inglés).
Roosevelt había dicho: “Hay que enseñar al pueblo alemán su responsabilidad por la guerra, y durante mucho tiempo deberían tener solo sopa para desayunar, sopa para comer y sopa para cenar”. Muchos no tendrían siquiera sopa. Nuevos millones de víctimas por hambre habrían causado los planes iniciales de reducir al país a una economía agraria y pastoril, por miedo a su capacidad para reponerse de cataclismos; sin embargo muy pronto la alianza entre la URSS y los anglosajones hizo agua, mostrando la conveniencia de robustecer la parte ocupada por los occidentales como barrera frente a los soviéticos, y en 1949 se le permitió reunificarse con una independencia relativa. La parte oriental siguió bajo dominio estricto de Moscú.
El despiadado castigo a los alemanes venía dictado en gran medida por la idea de que aquella guerra debía ser á última en la historia humana, lo cual exigía un escarmiento ejemplar a los tachados de máximos culpables de ella, de modo que a nadie volviera a ocurrírsele imitarlos. Y así, el 25 de abril de 1945, a un paso ya de la victoria, se inauguraba la Conferencia de San Francisco para poner en pie la Organización de las Naciones Unidas, la ONU, con participación de cincuenta estados que habían declarado la guerra a las potencias vencidas. Se trataba de mejorar la fallida experiencia de la Sociedad de Naciones, nacida a raíz de la I Guerra Mundial. La ONU no era ni es propiamente una organización democrática, pues los Tres Grandes, Usa, la URSS e Inglaterra, se reservaban el derecho especial de veto sobre cualquier acuerdo tomado por la Asamblea General y el Consejo de Seguridad. Ese privilegio se fundaba en la atribución a los Tres Grandes (se les añadirían Francia y China) del papel de garantes mayores de la paz mundial.
La Carta Programática, votada el 26 de junio, afirmaba la resolución de “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”, ponderaba “la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas”, y prometía garantizar la justicia y “promover el progreso social y elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad”. La Carta fue aprobada por unanimidad, seguida de una ovación de los delegados, los periodistas y los 3.000 espectadores puestos en pie. El representante inglés, lord Halifax, expresó la emoción del momento definiéndola como “la cuestión más importante de nuestras vidas”. El documento podía interpretarse como un ejercicio de palabrería grandilocuente, con poca sustancia, o como una exposición de anhelos humanos ancestrales, que por primera vez se juzgaban realizables partiendo de la mejora económica y las libertades ligadas a ella. Una filosofía no compartida, desde luego, por la URSS, y que tampoco tenía fondo cristiano, sino más bien prometeico.
Bien pronto la profunda diferencia de ideología e intereses entre la URSS y sus aliados antifascistas iba a dar lugar a la llamada Guerra Fría entre ellos. Por temor a la mutua destrucción, la rivalida por le hegemonía global se manifestaría en una larga serie de guerras menores, revoluciones, golpes de estado, terrorismo sistemático por todo el mundo, aparte de contiendas regionales no ligadas directamente a la Guerra Fría. Tal vez los fundamentos de la paz perpetua no estaban bien asentados o no había forma de asentarlos.