Racionalidad del liberalismo

Blog I Recuerdos (37) Primera visita a París

**Mañana, en “Cita con la Historia” nos extenderemos sobre el fondo y fundamento racista del separatismo catalán, mucho menos  conocido que el racismo del PNV. En Radio Inter, de 4 a 5 de la tarde. También será accesible el lunes en podcast, en YouTube y en www.citaconlahistoria.com

“Cita con la Historia” es el único programa de radio (o de cualquier otro medio) opuesto a la “mentira profesionalizada” sobre la historia de España, que pretende imponerse por ley totalitaria. El programa depende exclusivamente del apoyo económico y del esfuerzo de los lectores por difundirlo. La cuenta para aportar económicamente es: “Tiempo de ideas Siglo XXI, BBVA, ES09 0182 1364 33 0201543346

********************

Trataré aquí la racionalidad del liberalismo, el marxismo y el fascismo, exponiendo el esbozo al comentario y aguda crítica de los lectores.

Europa era en los años 30 un continente hirviente de ideologías en pugna, por lo que no estará de más exponer algunos rasgos de ellas. La mayoría de los libros de historia sobre la época explican poco al respecto, sea porque dan  por supuesto que el lector  ya sabe a qué atenerse o por la propia dificultad de explicar ideologías contrarias sin caer en la propaganda; pero conviene intentarlo, y en  El derrumbe de la República dediqué varios capítulos a exponer las ideas que impulsaban a unos y otros en España, y sin las cuales no se puede entender nada. Aquí expondré un breve esbozo que ayude a interpretar los sucesos.

   Predominaban por entonces en Europa  tres ideologías, el liberalismo, el marxismo y el fascismo, cada una con su propia racionalidad y concepción del mundo y de la historia, y cada una también con sus variantes. 

   El liberalismo era la más antigua. Su pensamiento político explicaba el poder como consecuencia de la necesidad de poner fin a un mítico “estado de naturaleza”, donde los individuos, aislados y en plena libertad, no se  ajustaban a ningún otro orden que sus deseos. Para impedir la guerra de todos contra todos resultante  fue preciso instituir la sociedad mediante un “contrato” igualmente mítico, que crearía el poder y el estado. De ese contrato podía derivar un estado totalitario (Hobbes) para impedir una anarquía violenta,  o un estado liberal (Locke), mantenedor del orden asegurando la vida, la  propiedad, la libertad y busca de la felicidad de los individuos como derechos naturales anteriores a la formación de la sociedad, es decir, provenientes del estado de naturaleza. Para que ello funcionara sin caer en tiranía, los poderes del estado (ejecutivo, legislativo y judicial) debían mantenerse separados o autónomos (Locke, Montesquieu). 

   La noción de propiedad privada y su derivada, el comercio, tiene importancia  clave en el pensamiento liberal: el interés particular en busca de ganancia articulaba el comercio y sería la base de la riqueza (Adam Smith). El comercio habría permitido pasar de la barbarie a la civilización, la cual facilitaba a sus miembros la paz, la prosperidad y la felicidad posible. El objetivo de la vida social consistía de modo muy relevante en el enriquecimiento. Y como la economía se regulaba por sí sola, según sus propias leyes (“la mano invisible”), el estado no debía intervenir ni regular, o hacerlo lo menos posible (política del laisser faire). En suma, el liberalismo propugnaba un estado mínimo,  que monopolizase la violencia para asegurar el cumplimiento de los contratos y la seguridad interna y externa del país. De hecho, un estado herramienta de los propietarios y comerciantes, controlado por estos mediante el voto en los parlamentos. Un voto restringido (censitario) ya que  por lo común, los propietarios son más cultos y emprendedores que la masa, y políticamente más responsables debido al cuidado por sus propiedades. El resto de la población, más ignorante y con escaso o nulo patrimonio, más expuesto por ello a demagogias, debía ser tenido lo más posible al margen de la política. Tal discriminación entraba en fricción con las libertades políticas (de expresión, asociación, imprenta, conciencia…) y la igualdad jurídica preconizadas por los propios liberales, y por ello no podía durar mucho. De ahí numerosas luchas sociales hasta imponerse finalmente el sufragio universal.

   La importancia de la propiedad privada y el comercio fueron desarrolladas en el liberalismo (por ejemplo en la Escuela Austríaca) como el fundamento mismo de la libertad y de lo propiamente humano, explicando “la acción humana” como una permanente  y compleja ocupación racional por obtener el máximo bienestar, medido en términos esencialmente económicos o en todo caso comerciales. La idea misma de la sociedad como un contrato, es decir, una relación comercial, partiendo de un imaginario estado “de naturaleza” incide en esta concepción del ser humano.

    Una fuente del  liberalismo habían sido las persecuciones entre grupos protestantes, para terminar con las cuales se desarrolló en Inglaterra el concepto de tolerancia (excepto hacia los católicos), que poco a poco se iría aplicando con creciente amplitud. La idea suponía, de modo implícito y después explícito, que la religión debía ser relegada de lo público a la privacidad individual, un designio poco tolerante y  no muy coherente con las libertades. Ello suponía una revolución drástica con respecto a todas las culturas anteriores, en las que la religión había desempeñado un papel crucial en todos los órdenes de la cultura, incluyendo el político. Algunos liberales se declaraban ateos, muchos más agnósticos y, no obstante,  otros muchos profesaban alguna forma de cristianismo. Una corriente liberal respetaba la religión, otra la hostigaba con violencia diversa. Aunque el liberalismo no pretendía ser una ciencia social, sino más bien una filosofía, influía en él la atención a las novedades científicas, y el darwinismo tuvo, en el siglo XIX,  gran impacto en sus enfoques.

    Durante el siglo XIX, la mayoría de los países liberales, en especial Inglaterra, habían conocido una prosperidad sin precedentes históricos, acompañada de considerable libertad política y esplendor cultural. Si tal había ocurrido, no parecía haber ninguna razón para no persistir en el liberalismo, aun a pesar de revoluciones  y guerras o de episodios siniestros como la Gran Hambruna irlandesa o los exterminios de indígenas en las colonias. Pesaban además las crisis y depresiones económicas recurrentes, luego la Gran Guerra de 1914-18 y, en los años 30, la Gran Depresión, que los liberales entendían como desgracias pasajeras y sus adversarios como prueba de su fracaso o de que su experiencia histórica se había agotado.

    En contraste con otros países europeos, el liberalismo en España no había sido precisamente brillante, y el siglo XIX puede considerarse el de su más profunda decadencia: no produjo pensadores  ni estadistas de talla, con la excepción de Cánovas. La invasión napoleónica de 1808 había dejado al país dividido entre liberales y tradicionalistas, resolviéndose la pugna a favor de los liberales en una dura guerra civil, y otras dos secundarias. El triunfo liberal no trajo estabilidad, pues sus partidarios se dividieron en dos corrientes,  exaltada y moderada (luego tomarían otros nombres), que  se agredieron entre sí en una serie de pronunciamientos militares y golpes políticos. Los exaltados, drásticamente anticatólicos, querían imitar la Revolución francesa,  organizaron matanzas de frailes, y su agitación culminaría en la I República, en 1973, la cual estuvo cerca de hundir al país en el caos y las guerras civiles. El rescate vino de las manos de Cánovas, que estableció una Restauración monárquica que permitía la alternancia en el poder con sus adversarios y mostraba mayor respeto a la Iglesia. 

   La corriente liberal exaltada volvería a tener su oportunidad con la II República de 1931. Entonces no vaciló en aliarse con fuerzas revolucionarias obreristas y  totalitarias, así como con los separatismos, dando lugar a unos años convulsos, con destrucción de la legalidad republicana y el descrédito del liberalismo y la democracia, que la mayoría terminó asimilando a aquella experiencia. La guerra subsiguiente incrementaría en el resto de Europa las animadversiones ideológicas, al identificarse, de modo falso, la causa del Frente Popular con la de la democracia y la contraria con el fascismo[1].


[1] Me he extendido sobre esto puntos en varios libros: El derrumbe de la República, Los mitos de la Guerra Civil o Los mitos del franquismo.

Creado en presente y pasado | 68 Comentarios

El odio a la verdad en España

La verdad absoluta e  inalcanzable, obviedad que se utiliza a veces para justificar cualquier mentira. Pero hay grados de aproximación y de alejamiento de ella, de otro modo no valdría la pena siquiera  abrir la boca. En España, la verdad produce más bien fobia.

Ya hablé el otro día del libro de Moisés Domínguez En busca del general Balmes, echando por tierra las majaderías de Ángel Viñas, muy publicitadas por la prensa, sobre el supuesto asesinato del general Balmes por Franco.  Domínguez ha sido coautor también de un trabajo definitivo sobre la “matanza de Badajoz”, uno de los mitos predilectos de la izquierda, apoyada por la derecha,  que asimismo recibió mucha menos atención de la merecida. El autor me ha escrito al respecto sobre su experiencia negativa con los medios y con  ciertos autores: Sé que este presunto historiador-Viñas- sabe de la existencia de mi libro, igual que lo sabe Preston, pues tiene un ejemplar, pero a buen seguro y como en otras ocasiones meterán el rabo entre las piernas y no dirá/n ni rebatirá/n nada,  pues por ejemplo para Viñas sería desmontar el libelo que escribió en 2011 “La conspiración…..”y claro ,eso sería tanto como asumir que si se ha equivocado en un caso tan claro como el de Balmes qué no habrá hecho en otras ocasiones.

 Mi libro se basa en documentos inéditos sobre la muerte del General y las circunstancias que rodearon su accidente y en estudios científicos de forenses y peritos balísticos. Nada que ver con el cúmulo de elucubraciones, chismes y chascarrillos con los que Viñas escribió ese pasquín de feria. ni tan siquiera se han puesto en contacto conmigo. Simplemente no interesa y mejor silenciar que dar una noticia que rompa los moldes de una historia preconcebida y hecha a medida  de la izquierda y de una derechona cobardona.

A veces siento impotencia por no poder expresarme a través de los medios pero es que si no eres un desmemoriado historio-cuentista nadie te hace el menor caso. En fin, seguiremos gritando en el desierto.

Por cierto, parece que,  en respuesta a  Los mitos del franquismo, Viñas  amenaza con un nuevo libro sobre Franco, a quien presenta al nivel de un vulgar corrupto socialista.  Es el nivel intelectual predominante hoy en España. A algunas personas les ha chocado que mi libro vaya tan a contracorriente: “¿Cómo es posible que tanta gente esté equivocada?”, me dicen. Les pregunto: “¿Usted daría crédito a las acusaciones de personas demostradamente corruptas y mentirosas? ¿Daría crédito intelectual a Zapatero y todo lo que él representa? ¿A Pujol y compañía, con todos sus intelectuales e historiadores más o menos subvencionados? Piense en quiénes son esos que atacan la memoria del franquismo y  mandan en el país”. Asombrosamente, muchas personas son conscientes de que esos individuos son cualquier cosa menos de fiar. Pero cuando se trata de una época trascendental de la historia de España, les siguen la corriente.

Y por eso hemos llegado a la crítica situación política (y moral) de nuestros días, en el reino de la falsedad y el embuste.

***********************

En “Cita con la Historia” nos oponemos a la  falsificación del pasado y el envenenamiento del presente que intenta imponerse por ley (de “memoria histórica”). Las cuatro sesiones de este mes las dedicamos a los mitos del separatismo catalán, que gracias a la colaboración de la izquierda y la derecha “españolas” han creado una situación muy peligrosa en el país. El problema es serio y debe tratarse seriamente.  El domingo pasado hablamos de la Diada. Este domingo hablaremos del racismo como un elemento clave, hoy encubierto a medias, en el separatismo catalán.

   Sobre la Diada: http://citaconlahistoria.es/ 

Creado en presente y pasado | 50 Comentarios

Cambio de valores. Cómo empezó la canallería del PP con la ETA

**Companys, héroe y mártir del separatismo catalán: http://citaconlahistoria.es/2015/07/12/la-figura-de-luis-compayns/

Blog I Recuerdos (36) Primer viaje a dedo: http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-36-primer-viaje-dedo-10092015-0936  

***************************

Héctor y Paris

27 de Octubre de 2006 – 12:33:38 – Pío Moa – 417 comentarios

Héctor y Alejandro, más conocido por Paris, aparecen en La Ilíada como caracteres opuestos, reflejo también de distintas actitudes masculinas hacia la mujer. Por dos veces Héctor increpa así al otro: “Miserable Paris de bella figura, mujeriego, seductor …”. Helena, a su vez, manifiesta desprecio hacia su amante: “Ya que los dioses decidieron causar estos males, debió tocarme ser mujer de un varón mejor, a quien dolieran la indignación y los reproches de la gente. Pero éste no tiene firmeza de ánimo ni la tendrá nunca, y creo que terminará cosechando su fruto”.

Héctor, en cambio, parece hombre de una sola mujer, fiel a Andrómaca, a quien expresa su angustia insoportable: “Bien lo entiende mi inteligencia y lo presiente mi corazón: vendrá el día en que perezcan la sagrada Ilión y el pueblo de Príamo armado con lanzas de fresno. Pero la futura desdicha de los troyanos, de la misma Hécuba, del rey Príamo y de mis hermanos, tantos y tan valerosos, que caerán en el polvo bajos sus enemigos, no me importan tanto como la que sufrirás tú cuando algún aqueo de coraza de bronce te lleve llorosa, privándote de la libertad. Y quizá tejas tela en Argos bajo el mando de otra mujer, o vayas por agua a la fuente Meseida o Hiperea, agobiada por la pena y la dura necesidad. Y acaso alguien exclame, al ver como derramas lágrimas: “Esta fue la esposa de Héctor, el héroe más descollante entre los troyanos domadores de caballos, cuando combatían en torno a Ilión”. Así dirán, y sentirás un nuevo pesar al verte sin el hombre que pudiera librarte de la esclavitud. Pero ojalá cubra mi cadáver un montón de tierra antes que oír tus gritos y ver cómo te arrastran”.

La cultura española ha creado dos personajes de fondo parecido, aunque con una presentación muy diferente: Don Quijote y Don Juan. Dos de los tres grandes mitos, junto con el de Celestina, creados por nuestra literatura, según Maeztu.

¡Lo que pueden cambian los valores! Los insultos de Héctor a Paris sonarían hoy a halagos, y la burda película de W. Petersen hace de Paris el héroe, de acuerdo con las convenciones actuales. Héctor sería mirado más bien como un pobre hombre, o suscitaría burlas.

Paris replica en una ocasión a hermano: “No me eches en cara los amables dones de la áurea Afrodita, pues no son despreciables los eximios regalos de los dioses, ni puede nadie elegirlos a su gusto”. Palabras llenas de sentido y merecedoras de comentario, ya habrá ocasión, espero. Y Helena expresa otro pensamiento entre burlesco y enigmático: “Zeus nos dio un mal sino, a fin de que sirvamos a los hombres venideros de asunto para sus relatos”.

¿Puede regenerarse el PP?

31 de Octubre de 2006 – 14:55:19 – Pío Moa – 387 comentarios

Rajoy no teme el ridículo. Acaba de ofrecer a Zapo el Rojo, por enésima vez, su apoyo frente a la ETA. ¿Por qué creerá que Zapo colabora políticamente con los asesinos? ¿Por ingenuidad? ¿Es Rajoy ingenuo cuando supone que Zapo se engaña con respecto al carácter de la ETA? Sería ingenuo creer en la ingenuidad de cualquiera de ellos.

El episodio me recuerda otro de la Anábasis: “Así habló Jenofonte. Los capitanes, después de oírle, le invitaron a que los dirigiera, excepto un tal Apolónides, que hablaba con acento beocio; éste dijo que era un necio quien pensase en salvarse de otro modo que mediante un acuerdo con el rey. Y se puso a enumerar las dificultades. Pero Jenofonte le interrumpió y dijo: “Buen hombre, me parece que tú no te percatas de las cosas aunque las veas, ni las recuerdas aunque te las hayan contado. Estabas presente cuando el rey, después de morir Ciro y envalentonado por ello, envió mensajeros para que entregáramos las armas. Y cuando nosotros, lejos de ello, marchamos armados y acampamos junto a sus tropas, ¿qué hizo sino enviarnos heraldos pidiendo treguas y ofreciendo víveres hasta que se acordaran? Y cuando los generales y capitanes, haciendo como tú pides, fueron desarmados y confiados a conferenciar con ellos, ¿no es cierto que, golpeados, heridos, ultrajados, ni morir pueden los desdichados a pesar de desearlo vivamente, según creo? Y sabiendo tú todo esto, ¿llamas necios a quienes aconsejamos la defensa, y dices que debemos volver a los tratos? Un griego que tiene tal carácter deshonra a su ciudad y a toda Grecia”.

Rajoy tampoco parece percatarse de las cosas aunque las vea, ni recordarlas aunque se las hayan contado, acaso porque, empeñado en mirar al futuro, pierde de vista el presente y el pasado. Por ello no solo entrega, metafóricamente, las armas, sino que ofrece su ayuda al mayor enemigo de la democracia y la unidad de España.

¿Podrá cambiar Rajoy o regenerarse el PP? Me temo que a quienes prefieren no percatarse de las cosas solo el varapalo de los electores puede inducirlos a dar un viraje. Si yo viviera en Cataluña votaría a “Ciudadanos”, de ningún modo al PP. Y si éste recibe allí su merecido, tal vez el aviso le induzca a volver a la línea de Vidal Quadras, Mayor Oreja, Esperanza Aguirre etc. Aunque solo sea por no perder las poltronas.

———-

¿Se rearma la ETA? De ningún modo. Tiene, seguramente, muchas más armas de las que precisa. El robo de las pistolas es sólo un gesto político. La banda asesina tiene la sartén por el mango, chantajea al país y advierte a Zapo: has de pasar por el aro hasta el final. La democracia española a merced de dos bandas de canallas.Blog de Del Pino:

El testaferro de ETA en la Moncloa (que creo que se llama Zapatero) no sólo no va a tomar ninguna medida tras el robo de centenares de pistolas en Francia, sino que se ha descolgado con unas declaraciones en las que afirma que el sanguinario etarra Ignacio de Juana Chaos “es favorable al proceso de paz”.

Y yo me pregunto: ¿serán favorables al proceso de paz, según Zapatero, las personas que fueron asesinadas por ese etarra exquisito que sólo ingiere jamón de york y miel durante las huelgas de hambre? ¿Serán favorables al proceso de paz, según Zapatero, los familiares de esos asesinados? ¿Serán favorables al proceso de paz, según Zapatero, las viudas, los huérfanos y los mutilados por esos chicos tan simpáticos que comparten objetivos con Zapatero?

Decididamente, este hombre es un canalla.

Creado en presente y pasado | 103 Comentarios

Holodomor y Gran hambruna

 

Blog I: Recuerdos (35) Calzadas romanas:  http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-35-calzadas-romanas-09092015-1003

**Por qué el aislamiento internacional promovido por Stalin y sus aliados, y que buscaba crear una gran hambruna, no consiguió poner a España de rodillas:

Enlace permanente de imagen incrustada
***************************************************

Holodomor  se llama a las grandes hambrunas de Ucrania en los años 30,   provocadas por la colectivización y la política staliniana de castigo al campesinado burgués o pequeño burgués. Se calcula que perecieron  4-5 millones de personas (algunas estimaciones duplican la cifra, y otros la reducen a la mitad. En todo caso fue una mortandad tremenda). Ucrania tendría por entonces unos 30 millones de habitantes  pereciendo uno de cada siete u ocho habitantes.    La Gran Hambruna irlandesa, 85 años antes del Holodomor,  mató a en torno a 1- 1,5 millones de personas de una población estimada en 8 millones, es decir, una proporción semejante o superior a la de Ucrania (para hacernos una idea, la guerra civil española causó algo más de 260.000 víctimas mortales en una población de 24 millones, y el hambre de posguerra  menos de 4.000, en total algo más de una víctima por cada 100 personas). Hubo además otros dos millones o más de irlandeses forzados a emigrar en condiciones a menudo atroces.

Las semejanzas entre Holodomor y Gran Hambruna van más allá de lo meramente cuantitativo: ambas provinieron de unas políticas que, sin tratar de provocar deliberadamente el hambre, llevaban a ella. En un caso fue la colectivización,  en el otro la ocupación  de las mejores tierras irlandesas  por  ingleses y otros protestantes, reduciendo a la gran masa de los irlandeses a la miseria y a una subsistencia paupérrima a base de patatas.  La colectivización, una idea absurda, se hacía no obstante con la intención de mejorar la producción y las condiciones de vida del campesinado, aunque diera los resultados contrarios. La expropiación de las tierras de los irlandeses se hacía con la intención de mejorar las condiciones de vida… de los ocupantes.

  En los dos casos había grandes depósitos de alimentos (cereales, carne, etc.), protegidos por guardias armadas para que las víctimas no tuvieran acceso a ellos: mientras el hambre cundía dramáticamente, Irlanda exportaba productos agrarios, con gran beneficio para los terratenientes foráneos. Los emigrantes, hacinados en pésimas condiciones en barcos insalubres, fueron otra fuente de beneficios para los navieros ingleses. En los dos casos, además, hubo una propaganda culpando a las víctimas de su propia situación, incluso opiniones  lamentando que la cosa no fuera a más, para acabar de una vez con el “problema” irlandés o la resistencia de los campesinos “kulaks” en Ucrania.

    Estos son los datos globales. ¿Podemos hablar de genocidio en los dos casos? Parece que sí. Falta, sin duda, la intención abierta de exterminio, con lo que aquellas terrible hambres pueden achacarse a circunstancias no deseadas. Pero en ninguno de los dos casos se intentó siquiera imponer medidas efectivas que paliaran la catástrofe, lo que viene a ser algo muy parecido, una especie de genocidio hipócrita. Los hechos han dado lugar, sobre todo en el caso de Irlanda, a abundante literatura exculpatoria, difuminando o haciendo borroso el balance global para centrar la atención en tales o cuales detalles contradictorios (como “había también algunos terratenientes católicos que explotaban a sus colonos”, o “ingleses que simpatizaban con los irlandeses”,  o “medidas de beneficencia”, o “los astilleros de Belfast marchaban muy bien”), que de ningún modo alteran dicho balance, sino que constituyen más bien una muestra más de hipocresía.

   Lo mismo ocurre cuando se denigran las luchas por la independencia de Irlanda. La isla fue conquistada a sangre y fuego, esclavizados muchos de sus habitantes y despojados la mayoría, lo cual no queda desmentido por el hecho de que hubiera ingleses compasivos, o que algunos se volvieron nacionalistas irlandeses; o irlandeses muy prestos a colaborar con los invasores o a disculparlos (como pasó en España cuando la invasión francesa,  o en Francia con los nazis en la SGM). También está claro que Irlanda solo se sacudió el “suave yugo” inglés por medio de la lucha armada y no por una acción pacífica y constitucional que Londres sabía manejar muy bien a su favor, partiendo de su posición de fuerza (y cuando no consigue manejarla, simplemente impone la fuerza desnuda, según vemos en Gibraltar). . Y es evidente que si en el Ulster ha mejorado la situación de los católicos y se les ha concedido un poco de autonomía,  se debe en medida importante a la lucha armada del IRA, aunque muchas de sus acciones sean repulsivas y condenables. Como otras de sus contrarios. El hecho es que la violenta ocupación de Irlanda y reducción de la mayoría de sus habitantes a la miseria, un resultado de lo cual fue la Gran Hambruna, ha motivado un lógico resentimiento histórico entre la mayoría de los irlandeses, que les llevó en su momento a liberarse de sus “protectores”.

************************

Los simbolismos de la Diada están completamente equivocados. http://citaconlahistoria.es/

Creado en presente y pasado | 79 Comentarios

Carta a Arturo Mas

Blog I Recuerdos (34) Dos monasterios gallegos: http://gaceta.es/pio-moa/recuerdos-34-monasterios-gallegos-08092015-0809

**Por qué el franquismo fue la mejor época para España en al menos dos siglos: pic.twitter.com/rUPtw9Fdlf

Enlace permanente de imagen incrustada
 *****************************

(Es de hace dos años o así)

Sr. Mas:

Quiero recordarle algunas cosas que usted conoce pero prefiere olvidar, y sobre todo hacer olvidar a los demás. En primer lugar, usted está atacando a Cataluña. A la Cataluña real e histórica que, mal que le pese, ha sido y se ha sentido siempre parte de España. No  es esta carta una lección de historia, pero sí debo recordarle algunas distorsiones básicas en las ustedes apoyan su separatismo. La Marca Hispánica –ya el nombre lo dice todo–  englobaba el norte de las posteriores Cataluña y Aragón, cuyos habitantes eran conocidos por  hispanos o  godos, las dos palabras con sentido idéntico entonces, y nunca se sintieron a gusto con el poder franco. Cuando  empieza a hablarse de catalanes –en el siglo XII– es en el contexto de las empresas  bélicas de la corona de Aragón, de la que formaba parte la naciente Cataluña, que nunca quiso declararse reino y se comprometió, como el resto, en la tarea de la Reconquista.  Ni siquiera en el siglo XIV, cuando alcanza su mayor dinamismo, dejó Cataluña de considerarse parte de la corona aragonesa, sin pensar en secesión o independencia.  Y también como parte de Aragón se integró en la España reconstituida de los Reyes Católicos.  Y así hasta hoy, con el breve período de sumisión a Francia en el siglo XVII, causado por la traición de algunos oligarcas y muy penoso para el pueblo catalán y que redundó en la pérdida de parte del territorio. La Guerra de Sucesión por el trono de España, a principios del siglo XVIII no fue de Secesión, como ustedes intentan hacer creer, sino todo lo contrario;  y Casanova, el héroe de las “libertades catalanas” se asombraría de la manipulación grotesca que ustedes han  hecho con su persona.

Por cierto, ustedes llaman “libertades catalanas” al régimen feudal más opresivo de España, que  por ese carácter motivó guerras civiles, bandidaje  endémico y empobrecimiento secular de la región que durante parte del siglo XIV  había sido quizá la más próspera de la península. Precisamente la pérdida de semejantes “libertades” volvió a abrir paso a la prosperidad a los catalanes, beneficiándose extraordinariamente de la pertenencia a España y  beneficiando de paso al resto de ella.

Sus distorsiones han llegado a extremos alucinados como pretender que la última guerra civil enfrentó a España con Cataluña. No solo fue  guerra civil entre catalanes, como entre los demás españoles, sino que la mayoría de los catalanes, harta de la siniestra experiencia revolucionaria-separatista, recibió  con entusiasmo a los nacionales.  Los suyos, señor Mas, no hicieron más que entorpecer con sus aventuritas y usurpaciones el esfuerzo común del Frente Popular, como denunció Azaña; aparte de  maniobrar  con felonía lo mismo con Roma o Berlín que con Londres o París.  Sus paisanos encuadrados en el ejército del Frente Popular mostraron muy poco entusiasmo, mientras que los que lucharon en el bando nacional se portaron a menudo como héroes. Y la abundancia de carteles llamando a los obreros a trabajar duro por la causa prueba justamente  que  los obreros trabajaban poco por esa causa. Podría señalar mil datos más, demostrativos de las falacias en que ustedes apuntalan sus historias.

Después, lo cierto es que nunca prosperó tanto Cataluña –con el resto del país– como en la época franquista. Esto es un hecho perfectamente  medible y constatable. Y solo ver los documentos gráficos de las multitudinarias acogidas  a Franco en Barcelona y otras ciudades permite entender hasta qué punto falsea la realidad la pretensión de una sociedad oprimida y resentida, como ustedes la pintan. Una sociedad en que la resistencia separatista prácticamente no existió, pese a tener, según ustedes, los mayores motivos.  La oposición real  al franquismo tuvo ahí, como en el resto de la nación, carácter obrerista y comunista. Otra cosa es que en la democracia posterior fueran ustedes los mayores beneficiarios,  y lo fueran con protección y estímulo, no debe olvidarse,  de Madrid. Ustedes no han contribuido a las libertades, nacidas de la evolución del anterior régimen “de la ley a la ley”,  sino que simplemente las han aprovechado. Y perjudicado la democracia con sus fobias a España, sus intentos de proscribir el español común de la vida pública, perjudicando a la mayoría de la población, mientras degradaban el catalán a vehículo de sus manías y disparates. Han inventado la consigna del catalán como “idioma propio”, implicando que el español común era “extraño”. El catalán es la lengua originaria de Cataluña, cierto,  pero nunca el castellano fue del todo extraño a ella, y hoy lo es menos que nunca: un idioma propio, como el catalán. De hecho la parte mayor y probablemente mejor de la literatura y otras manifestaciones culturales catalanas, se ha expresado y expresa en el idioma común a toda  la nación.

No hace falta aquí extenderse más: simplemente constatar que, contra el falso problema que ustedes plantean, los catalanes, a través de los siglos, han sido y se han sentido parte de España. Ustedes se rebelan ante este hecho indudable y decisivo, que condensa miles de otros hechos,  y desprecian  a las generaciones anteriores que nunca encontraron  oposición entre su región y la nación española. Y hay que preguntarse: ¿por qué ese empeño en la secesión?  ¿Es que son ustedes tan magníficos y representan una alternativa tan espléndida que valga la pena romper con la Cataluña histórica, y dividir  y debilitar a toda España? Les diré lo que ustedes, en el fondo, saben bien: ustedes tienen muy poca talla de estadistas, de personas clarividentes o de figuras heroicas. Han tenido que inventarse un Casanova a su (mal) gusto, y sus  personajes inspiradores tienen algo de lamentable, de demagógico e insustancial. Así  Prat de la Riba, empeñado en convencer y convencerse de que los catalanes no podían entenderse con los vascos, andaluces o gallegos y que debían preferir la compañía de sus perros. O un perturbado como Macià y sus empresas tartarinescas; o Companys, presidente de una de las peores épocas históricas de Cataluña, corresponsable de aquel período de crímenes. Y tantos más. Como ahora los Pujol con sus chanchullos, los Carod, los del Palau, usted mismo… Mírense al espejo: ¿podrían ustedes llevar a Cataluña a otro sitio que no fuera un desastre?  Lo más gracioso es que ustedes pretenden que criticarles equivale a “atacar a Cataluña”.  ¿Tanto desprecian, en el fondo, a su región y a su historia para equipararlas a ustedes mismos?  El único personaje de verdadera talla que ha dado  la tentación secesionista, Cambó, evolucionó en un sentido mucho más  razonable hasta apoyar a Franco en la crisis histórica causada, entre otras cosas, por los delirios de Companys y  similares. Como apoyó a Franco lo más destacado de la intelectualidad catalana: D´Ors, Dalí, Valls Taberner, Sert, Agustí, Pla… Y otros muchos, que, sin apoyarlo, vivieron perfectamente y sin problemas en aquel régimen.

Señalar estas cosas, tan “incorrectas” desde un punto de vista hoy muy frecuente, resulta esencial porque solo una memoria veraz del pasado podrá orientarnos razonablemente en el presente, mientras que una visión falsa solo producirá desatinos.

Algo más. Desde el principio los separatistas dedicaron sus mayores esfuerzos a injuriar e insolentarse con el resto de España o con la región castellana. Lo expresó el fundador práctico del separatismo, Prat de la Riba, al preconizar, textualmente “el odio” para lograr sus objetivos: “Rebajamos y menospreciamos todo lo castellano, a tuertas y a derechas, sin medida”. Lo que, de modo más eufemístico, explicó Cambó al hablar de “algunas exageraciones y algunas injusticias” en su propaganda.  Esa  mezcla de insidias, injurias abiertas e invenciones calumniosas, continúa hoy. El objetivo es doble: exaltar a los catalanes más sugestionables y provocar una reacción simétrica de aversión e injurias en otras regiones,  a fin de pasarse por víctimas.  Su  táctica explota de modo enfermizo dos sentimientos  primarios: el narcisismo y el victimismo. Algo muy peligroso, como sabemos por la experiencia nazi, por poner un ejemplo. Y no cito  el ejemplo porque sí, ya que en el fondo de su secesionismo, señor Mas, en la exaltación sin medida de  lo que llaman “hecho diferencial”, late un racismo estrafalario.  Hoy no es de buen tono, como en tiempos de Pompeu Gener o del propio Prat, invocar una “raza” especialmente imaginaria, pero la idea, como en los secesionistas vascos, yace inconfesadamente en el núcleo de sus manías.  Una sátira de Boadella lo expresaba bastante bien.  Incluso han invocado la industria catalana como prueba de una diferencia “racial”.

Pero esa industria catalana no debió nada al separatismo, fue construida por catalanes con iniciativa  y con la protección, incluso sobreprotección de los gobiernos nacionales,  aprovechando el mercado español y la mano de obra barata, catalana y de otras regiones. Al examinar sus pretensiones, siempre encontramos los mismos dislates.

¿Comprenden ustedes, además, lo que supondría la secesión? Y no me refiero a las pérdidas económicas ni me explayaré sobre su corrupción –en la que tampoco son ustedes únicos–  sino a otras consecuencias de mayor alcance. Sus intentos van a la par, y en parte coordinados, con los de otros políticos parecidos a usted en Vascongadas, en Galicia, en Valencia, en Andalucía y otras regiones. Su éxito solo convertiría a España en unos nuevos Balcanes, en un mosaico de pequeños estados impotentes, resentidos y  mal avenidos entre sí, y objeto del juego político de las verdaderas potencias. Por ese fin estúpido y nefasto trabajan los apóstoles de la disgregación de España.  Tengo la impresión de que usted y los suyos no recapacitarán, porque han ido ya muy lejos en ese funesto camino, pero al menos alguien tiene que cantarles algunas verdades.

- Ver más en: http://www.diarioya.es/content/carta-abierta-a-artur-mas-de-p%C3%ADo-moa#sthash.WK0hVzPo.dpuf

Creado en presente y pasado | 95 Comentarios