Sexo antifranquista

Blog I: Tesis sobre los separatismos: http://www.gaceta.es/pio-moa/tesis-los-separatismos-espanoles-20092014-1021
Próximo domingo en Cita con la Historia, de Radio Inter: cuán empieza la historia de España

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FABRICIO.- Lo que sospechaba. Es la novelilla esa Los hombres que no amaban a las mujeres, de que tanto hablan.

SIMPLICIO.- ¡Cómo, novelilla, con casi setecientas páginas! Una novela no se dedica a poner estadísticas, hombre. Es un informe, un reportaje. Y me he permitido cambiar el título por los suecos porque sucede en Suecia, se trata de los hombres suecos, por lo menos en eso me darás la razón.

FELICIO.- ¿De qué va?

FABRICIO.- Bueno, es un cuento muy largo y algo enrevesado, una chica desapareció hace muchos años, los protagonistas toman mucho café, follan bastante, le dan al ordenador, hay torturas y violaciones, unos capitalistas perversísimos y unos periodistas honradísimos que descubren el pastel y al final todo termina muy bien, los buenos triunfan, se forran y echan algunos polvos adicionales, la tía desaparecida aparece en Australia convertida en la dueña de una gigantesca empresa de ovejas y de no sé cuántas industrias… En fin, un culebrón algo infantiloide, si quieres saber lo que opino.

MAURICIO.- Entonces tiene el éxito asegurado

SIMPLICIO.- Perdona, Fabricio, pero el autor del informe, insisto en que se trata de un informe, lo explica muy bien: reconoce Estiego Larsón que su informe, insisto, deja a Shakespeare en un cuento para niños, y yo lo creo. A ver dónde encuentras a un padre que se dedica a torturar y asesinar en serie a mujeres, porque es nazi, y que por esa razón también viola a su hijo y a su hija, y el hijo sigue los pasos del padre, viola a su hermana y como tiene mucho dinero, se hace una cámara de tortura en el sótano de sus casa, y allí tortura, viola y asesina a montones de mujeres, y las hace desaparecer, y así durante decenas de años, creo que porque tiene instintos de cazador o algo así. Yo no he leído a Shakespeare, de acuerdo, pero me extrañaría que hubiera escrito algo semejante.

MAURICIO.- ¿Mataban a muchas mujeres y nunca se encontraba la pista? ¿Desaparecían otras sin dejar rastro? ¿Tan incapaz es la policía sueca?

SIMPLICIO.- Pues no, no las encontraban porque los tíos, padre e hijo, eran muy malvados, pero muy inteligentes, eso lo explica muy bien Larsón, claro que no tan inteligentes como el periodista y, sobre todo, su amiga, que además son de una honestidad a prueba de bomba. Yo leí en El Pis una crítica muy buena.

FABRICIO.- Los héroes del cuento son la repera. Hay una tía, especie de marimacho furiosa y perfectamente estúpida, pero que tiene algo así como superpoderes, vamos, que el autor le confiere superpoderes. Apenas empieza a describirla me recordaba a Pippi Calzaslargas, aquella serie gilipollesca, demasiado infantil incluso para niños muy pequeños. La Pippi, ya sabéis, un contrapeso imaginario anarquista para una sociedad como la sueca, tan ordenada, según cuentan…

SIMPLICIO.- ¡Para el carro, para el carro! Yo de pequeño veía esa serie y me gustaba mucho.

FABRICIO.- Porque ya desde pequeño estabas predestinado a ser lector del El Pís, y eso tiene mal remedio Lo que me hace gracia es que luego el autor dice que a la chica no le gustaría que la llamaran Pippi etc.

MAURICIO.- ¿Y cómo eran tan honrada aquella buena gente? Hoy ya no se estila.

SIMPLICIO.- El periodista es honrado porque es más bien socialista, y ya sabemos que los socialistas han sido siempre modelos de honradez, capaces de soportarlo todo por sus principios… Y la chica parece más bien ácrata, ahí le doy la razón a Fabricio. Y los ácratas son todavía más honrados, si cabe.

SULPICIO.- La sabiduría y la experiencia hablan por tu boca, Simplicio…

SIMPLICIO.- Por eso me cabrea que, frívolamente, se eche la culpa del maltrato a las mujeres en Suecia a los socialdemócratas y no a los nazis, como es evidente. Los socialdemócratas son suaves y respetuosos.

MAURICIO.- Bueno, hay que reconocer que la socialdemocracia sueca siempre ha sabido respetar suavemente. Durante la II Guerra Mundial colaboró con los alemanes, pero solo hasta que se vio claro que estos no iban a ganar, entonces fue cambiando suavemente de postura para acomodarse sin traumas a la nueva situación. Y hacia los soviéticos siempre mostraron una notoria simpatía, después de todo, los comunistas y los socialistas siempre han estado por los obreros…

SIMPLICIO.- Y no me negarás, Mauricio, el carácter profundamente democrático de la socialdemocracia sueca, bien explícito en su aversión a la España de Franco, vamos, que es que no podían ni verla, recordarás a Olof Palme, que también lo cita el informe, y por eso insisto en que no es una novela, aunque tenga algunos rasgos de novela, para hacerlo más ameno… Recordarás a Palme pidiendo dinero con una hucha para la ETA y demás, cuando el régimen franquista cometió aquel crimen horripilante con el que cerró su carrera de asesinatos…

FELICIO.- Algunos no lo recordaréis, por ser tan jóvenes, pero yo me acuerdo muy bien: el franquismo asesinó a cinco luchadores por la libertad del FRAP y de la ETA, por el supuesto delito de haber ajusticiado a unos cuantos policías, ya se sabe, pistoleros del fascismo.

SIMPLICIO.- Yo es que no paro de admirar a los socialdemócratas suecos. Fijaos: los capitalistas malvados del informe tenían una característica: nunca se divorciaban. ¿Cómo no iban a ser unos asesinos en serie? Y parece que leían mucho la Biblia, otra mala señal. Os leo algo más: “No había conocido a una sola chica que no se hubiera visto obligada a realizar algún acto sexual en contra de su voluntad en, al menos una ocasión”. O sea, que allí violan a casi todas. ¿Alguno de vosotros puede imaginarse siquiera a un socialdemócrata o a un anarquista haciendo tales cosas? ¡Vamos, eso no le cabe a nadie en la cabeza! ¡Esos son nazis, hombre! Es la evidencia misma.

MAURICIO.- Pero reconocerás, Simpli, por pura lógica, que resulta muy raro que los nazis no ganen en Suecia todas las elecciones, siendo tantos…

FABRICIO.-  Es por la chica esa de los superpoderes, que se lo impide

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FELICIO.- ¡Silencio!

FABRICIO y MAURICIO.- ¿Qué?

FELICIO.- ¿No habéis oído un repugnante gorgoteo ahí, detrás de ese seto? ¿Algo así como un cerdo o un burro riéndose?

PATRICIO.- Pero mirad, ahí sale Aparicio. ¿Qué hacías ahí, escondido tras el seto?

APARICIO.- ¡Bah, bah! Solo estaba embebido en edificantes lecturas y me distraje escuchando vuestras chorradas sobre el Estiego Larsón y demás. De ahí mis risas. Te perdono, oh Felicio, tus alusiones porcinonoasnales, porque sé que las haces con la mejor intención.

PATRICIO.- ¿De qué tratan esas lecturas que tanto te absorben, Aparicio?

APARICIO.- Aquí tenéis un ejemplo: “En la Barcelona de los 60 todos éramos muy progres y liberales, y casi todos defensores del amor libre. En el grupito de la gauche divine, el sexo era uno de los juguetes preferidos, las llamadas “perversiones” un refinamiento exquisito (un ilustre escultor brindaba a sus invitados el deleite de ver defecar a su bellísima compañera, en cuclillas, en mitad de la sala) (…) Una ilustre hispanista, por otra parte muy atractiva, me tenía en su lista (pero) vio que yo no le daba facilidades y se dirigió apresurada a Juan Benet, que estaba sentado en el bar tomándose tranquilamente un café y la llevó encantado a su habitación”… ¿Qué os parece? ¡Ah, gente envidiable! ¡Qué ejemplo para los demás, qué bien se lo montaban! Como ellos mismos decían, todo lo que hacían era divertidísimo, divino, sofisticado…

FELICIO.- Imagino que la bellísima aquella cagaría sobre la alfombra persa del salón.

SIMPLICIO.- ¡Hombre, tío, por supuesto, qué cosas tienes! Quedaría demasiado hortera que lo hiciese en un orinal. O sobre la tarima, eso sería de mal gusto, poco glamuroso…

SULPICIO.- O tal vez lo hiciera encaramada sobre un jarrón Ming. Eso tendría, a mi juicio, más mérito, si se me permite la expresión.

APARICIO.- Pues yo los imagino cantando a coro la Internacional en torno a la bellísima y a su legítimamente orgulloso compañero escultor. Porque… Os leo:

Mi hermano mantuvo charlas interminables, y escandalosas y divertidas, con Luis Berlanga, un tipo inteligente y encantador, en torno a la posibilidad de hacer un libro sobre erotismo. Es curioso hasta qué punto izquierdismo y pornografía, al ser objeto ambos de la represión franquista, iban hermanados en la España de los 60. Muchos de nosotros asistíamos a un burdo espectáculo porno en una cutre taberna del puerto de Hamburgo o a un sofisticado striptease del Crazy Horse como si participáramos en un acto revolucionario. Y poco faltaba para que, al meterse en el coño la putita portuaria el último objeto que le venía a mano (en una ocasión fueron las gafas de mi padre, lo que a él le enfadó mucho y a nosotros nos provocó un ataque de risa desaforada) o al desprenderse una de las mujeres más bellas del mundo de la última prenda de ropa, nos pusiéramos en pie y entonáramos La Internacional“.

SIMPLICIO.- Madre mía, qué envidia…Pero ¿cómo es posible llevar una vida tan apasionante?

SULPICIO.- Intensa, diría yo. Una vida intensa. Llena de emociones, si se me permite hablar así.

FELICIO.- Comprendo que en el burdel de Hamburgo o por ahí les diese algo de corte, pero cuando estaban entre ellos, sin ninguna inhibición, seguro que cantaban himnos revolucionarios mientras echaban sus casquetes o hacían sus necesidades… Es combinar el placer carnal con el artístico.

SALICIO.- A mí, la verdad, no me parece bien nada de eso. Me resulta muy poco romántico.

FELICIO.- Porque eres un pequeño cateto, Salicio, has perdido el tren de la historia, por así decir. Tú proponle a tu Amartilis hacer, en fin, lo de la bellísima, y verás como la conquistas irreversiblemente. Tienes que espabilar, tío, liberarte, evolucionar. Como el gobierno de Zapo, sin ir más lejos, o el Futurista y los suyos, que ellos sí que van abriendo nuevos caminos al pueblo…

APARICIO.- No tanto, Feli, no tanto. Dejad que os lea: “Tras una larga sobremesa donde se habló mucho de sexo y todos nos mostramos partidarios del más absoluto libertinaje y de las más audaces experiencias, un ilustre pintor nos propuso a Nuria Serrahima, de excelente familia y uno de los miembros más glamorosos del grupo, y a mí, subir los tres a mi dormitorio. Ambas nos levantamos y le seguimos sin vacilar. Aunque la idea había partido de él, se puso muy nervioso. No podía con las dos, terminó por confesar. Nosotras estuvimos comprensivas y divinas. “Yo me voy. Quédate tú”, nos insistimos la una a la otra, como si nos cediésemos el último bocadillo de jabugo. Me quedé yo. Pero, apenas habíamos empezado, se oyeron voces en la sala. La esposa del pintor estaba en pleno ataque de nervios. La velada terminó sentados todos a su alrededor, dándole cucharaditas de manzanilla y palmadas en la espalda”.

SULPICIO.- No puedo creerme que esa gente cediese a cosa tan reaccionaria como los celos.

FELICIO.- ¡Celos! ¡Pero qué dices! Es que probablemente se les olvidó cantar La Internacional, y eso indignó a la esposa del pintor. Cosa muy natural, por lo demás. O tal vez le cabreó que subieran ellos solos al dormitorio, en lugar de hacerlo todo en el salón, para deleite de los demás. ¿Qué otra razón podía haber?

APARICIO.- Pues no, pues no. Atended: “Hacer el amor libremente, sin barreras, todos con todos. Podía ser magnífico… de no haber existido una fuerza ancestral, omnipresente, más poderosa que los eslóganes y las ideologías y las modas y los buenos deseos, una fuerza animal que podía con todo y nos sumía en las mayores contradicciones y en el ridículo más espantoso: los celos. El letraherido proustiano perseguí a su esposa con un cuchillo; la ilustre novelista mallorquina comparecía en la sala, llena de invitados, con las venas abiertas; Gabriel aseguraba no ser celoso, pero había un pequeño detalle sin importancia: si su pareja se acostaba con otro, él quedaba impotente; otro de nuestros grandes poetas temía que una noche, mientras dormía, su mujer le cortara el pene con unas tijeras… Y cuando Ramón Eugenio, el ex de Ana María Matute, fue abandonado por Matilde –una de las mozas que llevaba lista de los polvos echados cual si de trofeos se tratara–, que se aparejó con uno de mis amigos más queridos, el escritor Andrés Bosch, primero amenazó con lanzarse al vacío desde el altillo del restaurante donde todos estábamos cenando…”

MAURICIO.- Si os lo vengo diciendo, pero no me hacéis caso. Todo eso es completamente irracional, por lo que digo y sostengo que la masturbación es, dentro de la irracionalidad, lo que menos repugna a la razón.

SULPICIO.- ¡Por los cuernos de Belcebú! ¡Me tenían admirado esas gentes, y ahora me decepcionan!

SALICIO.- ¿Te admiraban, Sulpicio? ¿Harías tú lo mismo?

SULPICIO.- Hombre… pues no. Es como lo de nuestro común amigo Miguel Ángel y su Capilla Sixtina. Admiro todo eso que él hace, pero no me siento capaz de imitarlo, ¿entiendes?

SIMPLICIO.- Noto en algunos de vosotros un ligero tonillo de cachondeo, de irreverencia, vamos, y me parece a mí que esa gente de la que habla Aparicio merece un respeto. Fue la que acabó con la dictadura, derrocó a Franco y lo fusiló.

MAURICIO.- Jamás había oído yo tal cosa.

SIMPLICIO.- Porque solo lees a historiadores reaccionarios, a ex terroristas conversos a la extrema derecha, neofranquistas y gente así. Pero ahora, con la ley de la memoria y esas cosas, todo se está aclarando, que los franquistas nos han mentido de manera bárbara.

MAURICIO.- Por cierto, Aparicio, no nos has dicho qué gran obra de memoria histórica es esa de la que nos has leído esas cosillas.

APARICIO.- Es de doña Ester Tusquets, y se titula Confesiones de una vieja dama indigna.

FELICIO.- ¿Es que se considera indigna esa dama por hacer tales cosas? Sería el colmo

APARICIO.- Pues no, a decir verdad , ella está repleta de buenos sentimientos, una chica excelente y de muy buena familia…

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Los suecos no aman a las mujeres

Blog II: Escocia no amenaza a Europa (al contrario):http://www.gaceta.es/pio-moa/escocia-amenaza-europa-18092014-1806  

Flor de Escocia:https://www.youtube.com/watch?v=TwNTWaMHv2E

** Dicen que la Duquesa de Alba tiene la obligación de reclamar el trono escocés.

**Sospecho que en Escocia saldrá el NO. Tampoco me interesa demasiado, no es asunto nuestro, aunque el ambiente lacayuno crea lo contrario

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PATRICIO.- Pasada la horrísona tormenta de anoche, hoy los prados resplandecen, frescos, a la luz de este tibio sol mañanero, mientras balan las ovejas pingüemente lanares y alguna de las pacientes vacas entona mugidos en saludo al nuevo día, y de los castaños, robles, pinos y abedules nos llegan los dulces trinos de las avecillas. ¿No es esta la imagen misma de la felicidad? Tanto es así, mis dilectos amigos, que he dejado por unas horas mi trabajo de zapatero remendón para disfrutar de tanta dicha en vuestra compañía.

FABRICIO.- Pues aquí llega Salicio, que no parece compartir esa felicidad… ¿Por qué se escapan de tus ojos, incontenibles, las lágrimas, estimado compañero?

SALICIO.- ¡Oh, zagales, aunque alguno talludito! Hoy es un muy triste día para mí… Venía yo por la calle del arrabal porriñés do mi choza se halla, conduciendo mi pequeño, mas no por eso menos apreciado rebaño lanar, cuando sale de una bocacalle mi Amartilis. Si os digo que mi corazón se detuvo, os juro que no exagero un ápice. Sentía la boca seca y fui tras ella, que no me había divisado, hasta que, haciendo de tripas corazón, la llamé con un hilo de voz. Volviese y fijó en mí sus ojos con una intensidad que casi me provoca un desmayo. “¡Oh, esquiva Amartilis! –dije en cuanto pude recobrarme un poco–. ¿Algún día te dignarás bajar tu altiva mirada hasta este pobre que te adora y que la víscera cordial tiene hecha pedazos por tu causa?” Y comencé a afinar la zambomba para entonar un triste recital. Ella se me acercó con sonrisa enigmática y llegué a creer que por fin la había conquistado, gracias a mi arte, tan apreciado por mi rebaño. Mas ella se llega hasta mí, me arranca de las manos el instrumento… el instrumento musical… y, cambiando súbitamente de expresión, lo rompe y pisotea, y acaba destrozándolo con un considerable y sucio pedrusco que para mi mal allí cerca yacía. Luego da un par de palmadas para sacudirse la tierra del pedrusco y, sin una palabra, da la vuelta y se marcha… En verdad, caros colegas, que jamás me he sentido tan despreciado y miserable, y desde entonces, por más que lo intento como un hombre, no logro contener las lágrimas.
MAURICIO.- ¿Lloras por Amartilis o por la zambomba?
SALICIO.- Confieso que por un momento me enfurecí con la destrozadora de mi espléndida zambomba, compañera deliciosa en tantas soledades como sufre de ordinario un pastor, que no todo en nuestra vida son amenidades… Pero, y en esto veo la fuerza poderosa del amor, que subyuga las más recias voluntades, salvo un primero y fugaz instante de ira, debo admitir que mi amor por Amartilis no ha cesado, se ha intensificado incluso, ¿alguien puede entenderlo?
MAURICIO.- Pues míralo por el lado bueno: sin zambomba, tus ovejas pacerán como es debido, en lugar de distraerse: ahora están en los huesos, pero se pondrán sanas y robustas, y darán abundantes lanas y leches, con perdón. ¡Te harás rico, Salicio!
SALICIO.- ¡Ah, despiadado Mauricio, no sabes qué dices! Si obras como obras, en nombre de tu puñetera razón, solo puede ser porque no has conocido el amor, o más bien porque el amor ha preferido no conocerte…
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PATRICIO.- Venga, Mauricio, no repliques ahora al enamorado Salicio o será el cuento de nunca acabar…

FELICIO.- ¡Eh, muchachos, mirad! Ahí viene Complejicio por el sendero, leyendo cual suele, a punto de romperse la crisma en algún tropezón. Cuando no lee El Pis, lee algo de más enjundia todavía. Menudo culturón se está trajinando el gachó…

SULPICIO.- ¿Qué lees, Complejicio?

SIMPLICIO.- ¡Si no dejas de cachondearte vamos a acabar aquí a hostias! bien sabes que me llamo Simplicio, y si a alguno le fastidia, que se aguante.

SULPICIO.- Perdona, hombre, también a mí me llaman Suplicio…

SIMPLICIO.- Leo un informe muy especial, Los suecos no aman a las mujeres, de Estiego Larsón. Os vais a caer de culo: el 46% de las suecas ha sufrido violencia por parte de algún hombre!

SALICIO. ¡Rediez! ¡Y luego hablan de los países islámicos…!

SIMPLICIO.- ¿Te parece una barbaridad? Pues escucha esto: “El 13% de las suecas han sido víctimas de una violencia sexual extrema fuera del ámbito de sus relaciones sexuales.

MAURICIO.- ¿Y eso qué quiere decir?

SIMPLICIO.- Ni idea. Pero me quedo con lo del trece por ciento y la violencia sexual extrema. Supongo que quiere decir violaciones o algo así.

SALICIO.- ¡Por todos los demonios…! ¿Y cuántas habrán sufrido violencias sexuales menos extremas?

SIMPLICIO.- Atended, atended: El 18% han sido amenazadas alguna vez por un hombre

MAURICIO.- Aún lo entiendo menos. Normalmente la amenaza precede a la violencia, y si es el 46…

SIMPLICIO.- Deja de buscar cinco pies al gato, racional Mauricio. Fijaos: en Suecia el 92% de las mujeres que ha sufrido abusos sexuales en la última agresión, no lo han denunciado a la policía

FELICIO.- ¿Tan poco se fían de la policía?

SIMPLICIO.- Ten en cuenta que la mayoría de los policías son hombres, y por tanto…¡Igual, si van a denunciar, las violan otra vez, no me extrañaría un pelo!

MAURICIO.- Pero vamos a ver, Simpli, querido colega, ¿quiere decir que en la agresión penúltima denunciaban más? ¿O menos?

SIMPLICIO.- ¡Y yo qué sé! Es lo que pone el informe. Parece claro que los suecos no aman a las mujeres… Bueno, supongo que algunos sí.

MAURICIO.- Pues pocos serán, porque si el 46% les pega, habrá que suponer que otro porcentaje parecido pasará de ellas, le serán más o menos indiferentes, no voy a entrar en las razones, así que no sé si quedará un 8 ó un 10% de excepciones. Lo digo por la campana de Gauss y esas cosas, ya sabes.

FELICIO.- ¡Quién nos lo iba a decir! Aquí parece ocurrir al revés, fíjate en lo que le acaba de pasar al pobre Salicio, el destrozo moral que le ha causado Amartilis… ¡Y por aquí todos convencidos de que las suecas eran unos pendones verbeneros que se divertían de lo lindo…

SIMPLICIO.- Bueno, un poco putones, sí parecen. Según el informe, apenas conocen a un tío que les gusta se van con él a la piltra, y casi siempre por iniciativa de ellas. ¡Y a mí me parece muy bien, que conste, yo soy hombre progresista de amplia visión, no como algunos de vosotros… Lo que no parece claro es que se diviertan tanto.

MAURICIO.- Pues yo creo que debemos establecer relaciones lógicas: los suecos llevan casi toda la vida con la socialdemocracia, quitando unas pocas temporadas, y eso, seguramente, explica muchas cosas.

SIMPLICIO.- Pues el informe dice que quienes maltratan a las mujeres son los nazis

SALICIO.- ¡El diablo me lleve! ¿Tanto nazi hay en Suecia?

FELICIO.- ¡Voto a tal, que son raros estos suecos! Pues yo afirmo y sostengo que la naturaleza no ha hecho cosa más bella que un par de buenas tetas.

SULPICIO.- ¡Profundas y acertadas palabras, Felicio! Por lo cual yo propongo que en adelante no califiquemos a la naturaleza de “sabia”, sino de “sapientísima”.

PATRICIO.- Abundo en vuestra opinión, que hago propia. Más aún: entre nosotros podemos referirnos a la naturaleza como “la Sapientísima”, sin más, y ya sabríamos de quién hablamos. Una vez arraigue la cosa en Porriño, no tardará en extenderse al mundo entero, en esta época de globalización

MAURICIO.- ¿Pero no os dais cuenta de que con vuestras chorradas desdecís del increíble nivel intelectual y racional de nuestra amada villa de Porriño? Como sigáis así, habrá que instar a la autoridad competente a que os expatríe.

FABRICIO.- Vamos a ver, Simplicio, cacho bergante, ¿Cómo dices que se llama el autor de ese gordo informe?

SIMPLICIO.- Estiego Larsón

FABRICIO.- Déjame ver ese tocho, maldita sea

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Una cosa es estudiar un idioma extranjero, y otra que obliguen al país a ser colonizado por él. El PP es más hispanófobo que los separatistas

El PP trata de desplazar y destruir la cultura española: una de cada tres carreras universitarias se estudiará en inglés o bilingüe.

El hispanófobo y bolinaguesco Rajoy, con 5 millones de parados y la economía estancada, cree que no hay vida fuera de la UE.

Los lacayos hispanos deberían nacionalizase ingleses.Aunque no sé si los ingleses admiten a lacayos foráneos

Realmente impresiona la fuerza que han alcanzado Podemos y los lacayos anglómanos. La putrefacción de la sociedad española.

El oficioso y lacayuno PP dedica una plaza a M. Thatcher, la imperialista inglesa de “bombardeemos Madrid”.

Thatcher era nacionalista-imperialista inglesa.Despreciaba lo hispano, como sus lacayos españoletes

La Thatcher era una gran patriota inglesa, e imperialista. Defendía lo suyo y hacía bien. El PP defiende también lo suyo. Lo de Inglaterra.

 

 

 

 

 

 

 

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Educación y enseñanza

Blog I. El PP destruye la cultura española: http://www.gaceta.es/pio-moa/destruccion-cultura-espanola-16092014-1927 

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Siguiendo la tendencia anglosajona, se va perdiendo la diferencia entre educación y enseñanza. La educación  atañe a la formación del carácter, y la enseñanza a la capacitación práctica mediante conocimientos y destrezas.  Por lo general, la primera se adquiere fundamentalmente en familia y la segunda en la escuela.  El concepto de educación abarcando las dos cosas tiene relación con la tendencia actual a que la educación sea monopolio de la escuela, es decir, del estado o más propiamente de los políticos que lo dirigen.  Una tendencia muy fuerte en todos los países. Claro está que no hay una diferencia absoluta entre ambos conceptos, porque la educación implica ciertas enseñanzas y la enseñanza una dosis de educación (por ejemplo, la disciplina).

   Antaño la educación corría a cargo de los padres, y más inmediatamente de  las madres, pero en una época en que un hogar no puede sostenerse  con un solo sueldo, en la mayoría de los casos, la tarea educativa recae fundamentalmente en la televisión y en internet, además de la escuela. Los padres pintan cada vez menos, máxime cuando la institución familiar se halla en crisis  con la  abundancia de divorcios, niños con un solo padre, etc.; y  a su vez, los padres suelen estar “educados” ya, por la televisión.

     La televisión educa  de manera difusa, pero eficaz, por medio del ejemplo en todo tipo de productos, particularmente en series y entretenimientos para todas las edades. Estos transmiten un determinado modo de ver la vida, de “funcionar”; una moral  cada vez más alejada de la tradicional y más empapada de cultura anglosajona, que desplaza aceleradamente a la hispana. Los valores máximos son el éxito y el hedonismo. No es de extrañar que la salud social haya bajado tanto en las últimas décadas: abortos, prostitución, delincuencia, drogas, alcoholismo, violencia doméstica, fracaso familiar y  escolar, etc. Se diría que la televisión está hecha por una mezcla de pervertidos y descerebrados, carentes en todo caso de arraigo en la cultura hispana, y tampoco en la tradicional anglosajona.

   En el otro blog trato una de las facetas de esta tendencia, que está simplemente desplazando y anulando nuestra cultura.

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#SonaronGritosyGolpesALaPuerta: “La gran novela sobre los Años de Hierro de la historia de España” http://www.esferalibros.com/libro/sonaron-gritos-y-golpes-a-la-puerta/…”Por 1ª vez tengo una idea concreta de como se desarrolló la república, la guerra civil y la posguerra” Emile Bravo, #SonaronGritosyGolpesaL“Visión distinta de una parte crucial de la historia de España. Gana en calidad según… avanza el relato” Enrique Campos #SonaronGritosyGolpes

“Excelente novela…inmensa talla del autor.Atrapa al lector de la primera a la última página con un final inesperado” Indivil #SonaronGrito

“Ofrece una visión muy interesante de la guerra civil desde el bando republicano, especialmente en Barcelona” Trotamundos #SonaronGritosyGol

“¡De imprescindible lectura!” Emile Bravo, #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“La temática de la Guerra Civil no se trata como una historia de buenos y malos lo cual se agradece” aticatac72 #SonaronGritosyGolpesaLaPuer

“La versión contraria a esta, ya estaba empachado de escucharla” Emile Bravo! #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“Sólo por ser el autor que es no vale la pena ni mirarla.Y no soy sectario. No gasten un euro en ella” MiguelRo #SonaronGritosyGolpesaLaPuer

“Brillante novela” Indivil #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

“No apta para aquellos que sean sectarios” Jesús #SonaronGritosyGolpesaLaPuerta

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Naciones y nación española, o algunos desbarres de Álvarez Junco

Blog I: Cataluña y Escocia: http://www.gaceta.es/pio-moa/cataluna-escocia-14092014-1432

** ¿Por qué sigue siendo tan importante conocer la guerra civil?Porque el falseamiento del pasado envenena el presente #LosMitosDeLaGuerraCivil

El desconocimiento o falseamiento de la guerra civil vuelve superficiales o falsos los análisis políticos actuales #LosMitosDeLaGuerraCivil

A muchos les irrita la falsedad rampante de la “memoria histórica”.Pero por ignorar los hechos se ven impotentes ante ella #LosMitosDeLaGuerra

  Muchos dicen “rebatir” #LosMitosDeLaGuerraCivil… jactándose de no haber leído el libro. La ignorancia satisfecha.

Cuando quedó en evidencia la imposibilidad de rebatir #LosMitosDeLaGuerraCivil llegó el ninguneo total en los medios.

No colabores con tu silencio a fomentar la industria del embuste #LosMitosDeLaGuerraCivil

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En el aula de cultura del grupo “El Correo”, al presentar su libro Mater Dolorosa, sobre el concepto de España como nación en el siglo XIX, el profesor Álvarez Junco ha expuesto: “Sé que ustedes creerán que el concepto, la realidad, de naciones ha existido siempre, pero no es así, ni mucho menos. En las sociedades antiguas, la gente se dividía de otras muchas maneras: eran cristianos o musulmanes, nobles o plebeyos, y, por supuesto, hombre o mujeres. Las naciones se convirtieron en el criterio más importante de definición social a partir de las revoluciones liberales (…) Para nosotros es fundamental ir por el mundo diciendo “yo soy alemán”, por ejemplo, y lo decimos mucho antes que “soy médico” o “soy hombre”, o “soy anciano”.

¡Hombre!, decimos “soy alemán”, o “soy anciano” etc., en contextos diferentes y difícilmente comparables. Al pasar la frontera, o en una reunión internacional, decimos nuestra nacionalidad, pero no cuando vamos al médico o a comprar zapatos. Y mucho antes del siglo XIX, contra lo que parece imaginar Álvarez, la gente se presentaba como española, italiana, inglesa o francesa, y no sólo como “cristiana” o “musulmana”. Y al revés, las personas se siguen presentando, según el contexto, como cristianas, ateas, musulmanas, periodistas, hombres, mujeres, niños o lo que cuadre. Asombra la confusión del discurso, pero con tan penosos rebajamientos del nivel intelectual topamos muy a menudo en los últimos años, y en los lugares más insospechados.

Un error muy extendido nace de la importancia peculiar que la nación y el estado nacional adquieren en los siglos XIX y XX. Lo que entonces se construyó no fue la nación, sino el nacionalismo, la noción de que la soberanía residía en la nación, en el pueblo. Fue entonces cuando ese ente algo difuso que solemos llamar “burguesía” intentó sistematizar y racionalizar el concepto de nación, llegando a convertirlo, por una parte, en una especie de absoluto moral, sustitutorio de la religión, y por otra en ámbito y base social para la aplicación de derechos y libertades (o de privación de ellos). Pero esas construcciones teóricas y políticas no crean la nación, sino que operan sobre ella, una realidad preexistente de mucho tiempo atrás.

Se han intentado muchas definiciones de nación, ninguna de ellas abarcadora de todos los casos nacionales existentes. La causa es que una nación no es un conjunto de rasgos objetivos, sino el producto de un sentimiento colectivo de identidad en torno a rasgos comunes, que pueden ser muy variados, y que, sobre todo en la época contemporánea, suelen entrañar aspiraciones a disponer de un estado propio. Y el sentimiento de pertenencia a una nación, se llamara así o de otro modo, fue desde tiempo muy antiguo la base emocional para defenderse de agresiones extrañas o para imponerse imperialmente a las vecinas. Difícilmente concebiremos una comunidad más fragmentada políticamente que los griegos antiguos, y sin embargo ellos se consideraban una nación, por el triple lazo de “lengua, religión y sangre”. En los momentos de peligro consiguieron cierta unidad y realizaron hazañas comunes, en especial frente a los persas, pero en general estuvieron desunidos, sin que ello hiciese decaer en ellos su sentimiento de identidad. Algo así ocurría en España durante la Reconquista o en la Italia del Renacimiento, pese a lo cual españoles a italianos se reconocían como tales y eran así reconocidos por los demás. O, al contrario, será inútil, mientras no cambien otras cosas, convencer a peruanos y bolivianos, o a argentinos y chilenos, de ser una misma nación, por muchos rasgos culturales y étnicos que tengan en común. Creo que tampoco será posible hacer una nación de Europa. En cuanto a España, basta leer Bravuconadas de los españoles, del francés Brantôme, para percibir con cuánta fuerza se sentían sus habitantes una nación particular y eran sentidos como tal fuera de España, en pleno siglo XVI.

Y, en realidad, mucho antes. Según Álvarez Junco, antes del siglo XIX no existía nación española, sino sólo “identidad”, acaso desde que los griegos visitaron la península en el siglo IX antes de Cristo (debió de ser algo más tarde). Pero, advierte aquél, antes habían existido grandes civilizaciones, la egipcia, la china, la india, la persa, la babilonia, etc., “y en ninguna de ellas hay la más mínima referencia a España (…) ¿Por qué? Por una razón que los nacionalistas españoles no entienden ni entenderán nunca —en realidad, sean del nacionalismo que sean, los nacionalistas en general no comprenden estas cosas—: que España no es el centro del mundo”. Al atribuir tal simpleza a los nacionalistas, es Álvarez —profesor universitario ganador del Premio Nacional de Ensayo, dirigiéndose, no se olvide, a gente ilustrada— quien cae en la simpleza, y sospecho que incluso Batasuna es capaz de razonamientos más refinados que el suyo.

Parece razonablemente claro que España, como buena parte de las naciones europeas, se formó sobre la base cultural romana y las invasiones germánicas, adquiriendo forma política desde Leovigildo y Recaredo. Sin ello resulta imposible explicar un fenómeno como la Reconquista. El profesor critica severamente algunas desvirtuaciones históricas de los nacionalismos, pero cae en otro error elemental al suponer a que esas desvirtuaciones niegan la realidad nacional. Todas las comunidades tienen relatos más o menos legendarios, falsos o no, transmitidos por la tradición o producto de la inventiva nacionalista. Pero es como las personas: si alguien miente sobre su pasado, no por eso dejan de existir ese alguien y su pasado. La “identidad”, concepto excesivamente amplio que Álvarez Junco opone al de nación, es precisamente la identidad nacional. En Quevedo, en Cervantes, y mucho antes que ellos, la identidad española, cultural y política, está bien explícita.

Álvarez comete un nuevo error al burlarse de quienes niegan el carácter de español al emirato y luego califato de Córdoba, pues éste, arguye él, ocupó un 85 por ciento de la península, viviendo pacíficamente unos tres siglos, según asegura (en realidad, el poder musulmán en España, incluso entonces, transcurrió en guerras civiles permanentes, gracias a las cuales los mínimos reinos españoles del norte pudieron consolidarse y expandirse). Al parecer, el criterio básico con que opera Álvarez es el territorial, pero su conclusión resulta tan poco seria como la de que israelíes y palestinos forman una misma nación por vivir en el mismo territorio, o que tan israelí, o tan palestina, es la Autoridad de Arafat como el estado hebreo. Lo ocurrido, aunque a Álvarez le cueste trabajo creerlo, es que sobre el territorio peninsular lucharon dos naciones distintas: España y Al Andalus. La primera era cristiana y europea, la segunda musulmana y afroasiática no en sentido territorial, sino cultural. Las implicaciones de todo tipo, desde la idiomática a un concepto de libertad personal inexistente en el islam, como ha recordado Sánchez Albornoz, son enormes, aunque alguna gente no quiera verlas.

En la actualidad proliferan en varias regiones de España partidos contrarios a la nación española. Tienen dos rasgos: una necesidad extraordinaria de desvirtuar la historia, y una oposición a las libertades y la democracia, gravemente vulneradas en Cataluña y, sobre todo, en Vascongadas. Por supuesto, ello no impediría que llegasen a constituir nuevas naciones, si consiguieran transmitir a la gente un sentimiento lo bastante intenso y extendido de ruptura con la común nación española. A desprestigiar a ésta contribuyen las confusiones de Álvarez Junco, funcionario de la administración…española.

(En LD, 29-11-2002)

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Del amor y otras menudencias

SULPICIO.- Vamos a ver, Mauricio, perdonad el inciso, admito que tu razonamiento en pro del vicio solitario es irreprochable, y que merecías forrarte a subvenciones con el actual gobierno igualador de Karajolandia, pero debes admitir que no va a ser así, porque el gobierno no es consecuente con sus propios principios, como decía Matías Crevillente: predica la oración, pero no reza, valga la metáfora.

MAURICIO.- Muy cierto, oh Sulpicio, pero yo, con mis vacas y ovejas tengo bastante, y no necesito subvenciones como los artistas del cazo, digo de la ceja. A menos que me alcance la crisis, toquemos madera. Aquí, en las floridas campiñas de Porriño, en tabernas acogedoras como esta de Picio, me siento autosuficiente y no preciso que me paguen mis ideas, por lo general brillantes.

SULPICIO.- Eso es muy cierto, pero no implica que el mérito lo tengas, y un mérito no recompensado no deja de ser una injusticia social. Te diré más: el español medio tampoco te hará el menor caso. Lógicamente debería haber una inmensa recogida de firmas para que el gobierno llevara una política consecuente e igualitaria en pro de la masturbación, y saliera en las televisiones públicas practicando la cosa…pero no lo conseguirás. Porque estarás de acuerdo conmigo en que el español medio, obviamente, es un julay. Dejando aparte las excepciones obligadas, por supuesto. Y a los de Porriño, claro está.

PATRICIO.- ¿Y qué entiendes por julay, bravo Sulpicio?

SULPICIO.- ¡Pardiez, Patricio, hombre de letras! ¿No sabes qué es un julay? Julay es una palabra del caló carcelario, vale decir, y designa un individuo entre ingenuo, tonto y mindundi, tiene algo que ver con primavera, un tío primavera es también un ingenuo, aunque julay tiene una carga más despectiva. Pero tienes razón en preguntar: yo le doy un sentido algo distinto. Para mí, un julay es una persona incapaz de razonar.

PICIO.- ¿De razonar incapaz el español es?

SULPICIO.- Te pondré un ejemplo: estás hablando de un asunto general, y el julay te sale con algo particular suyo. Digamos que comentas que hay crisis y cuatro millones y pico de parados, y el julay te salta con que él no ve la crisis por ningún lado, porque en las fiestas de su barrio, el otro día, había que ver la de gambas que consumía la gente. O le planteas pongamos por caso, el valor de una obra de cine, o de literatura, y zanja la discusión diciendo que a él le gusta, o que no le gusta, como si su gusto particular y no razonado fuera la última palabra sobre el tema. Les expones cualquier asunto medianamente complejo y te salen con cualquier cuestión anecdótica e insignificante. O es incapaz de ver la consecuencia más simple de una idea o de una toma de posición: le basta con que esa idea se la presenten como buena, bonita y barata, o todo lo contrario, y ya no entiende ni quiere entender más. ¿Te das cuenta de por qué a Zapo le ha sido tan fácil convertir a España en Karajolandia?

PATRICIO.- Bueno, bueno, gente así hay en todas partes, en Francia, sin ir más lejos, los diputados ladrones, que eran casi todos, se autoindultaron de sus ilegalidades en el Parlamento, arguyendo que para eso representaban la soberanía popular. Y los franceses tan tranquilos, ya ves, sólo arman bulla si les amenazan con algún recorte en los sueldos o cosa así.

FABRICIO.- ¿Y qué me dices de los useños? ¿No se han dejado seducir por un charlatán barato como Obama? Aquello parece ya Chorrilandia…

PATRICIO.- Además, por mucho que la masturbación sea más racional, según afirmas…

MAURICIO.- Según demuestro…

PATRICIO.- Además, digo, el ser humano es racional, pero animal, así que hay que tener en cuenta las dos cosas, el instinto y todo eso.

MAURICIO.- ¡Por eso, Patricio, por eso! La vida humana es una lucha permanente entre el animal y el racional, y en esa lucha prevalece uno o prevalece la otra. Yo, que soy hombre de progreso –y a quien le pique, que se rasque–, defiendo a la otra. La razón, ¡qué haríamos sin la razón!

FABRICIO.- Pero Mauricio, loco de la vida, eso de que no follarás hasta que no sepas el porqué y el para qué, es la cosa más idiota que he oído. Tú estás vivo, ¿sabes acaso por qué y para qué estas vivo? No lo sabes, ¿verdad? ¿Y vas a dejar de vivir hasta que lo sepas? Y ahora todos empezamos a tener sueño, por la hora y por el vino, ¿sabes acaso por qué y para qué vas a dormir? Simplemente vas a rendirte al sueño, ¿o piensas mantenerte en vela hasta que soluciones el enigma? Te volverías aún más chiflado de lo que estás.

MAURICIO.- La naturaleza nos presenta en efecto, ¡oh eximio asamantecas!, muchos enigmas, no uno solo. Y es propio del hombre sabio y razonable irlos aclarando uno a uno, sin pretender resolver todos a la vez. Así que por alguno hay que empezar.

SULPICIO.- ¡Picio, maldita sea! ¡Deja de hurgarte las narices mientras nos sirves las raciones, que vamos a tomar la mitad de ellas con mocos, y encima nos los cobras!

PICIO.- ¡Coño! Mira tú al señorito con tanta limpieza. Sabrás, ignaro, y lo digo para todos, que los mocos tienen propiedades antisépticas, vienen a ser como unos antibióticos caseros, según han demostrado los doctos en el asunto, así que…

PATRICIO.- ¡Será posible tío tan guarro!. Y, hombre, por una vez ha dejado de hablar en ese plan que llama poético, cambiando el orden de las palabras sin ton ni son, que no hay quien le entienda…

SALICIO.- ¡Pues tú debes callar, poetastro, que cada vez que hablas riegas la mesa de salivillas! Estoy por decir que la mitad del vino que bebemos procede de la boca de Patricio.

MAURICIO.- ¡Venga, pardiez, dejaos de menudencias, o vamos a terminar a hostias! Los mocos y la saliva de estos dos vates solo pueden contagiaros su talento poético, y ya me veo a todos hablando en verso. ¡Al tema, al tema! Hablaba Patricio del amor platónico para demostrar que el placer físico no es nada…

PATRICIO.- Quiero decir que lo del placer no explica todo, porque si así fuere, nadie podría enamorarse, el amor no existiría propiamente, solo las ganas de… Todos conocemos el caso de un ilustre porriñés que, con cuarenta años, mujer y tres hijos, los dejó porque va y se enamora de una tía veinte años más joven, y se larga con ella, ¿Cómo explicáis eso?

MAURICIO.- ¿Intentas convencerme de que todo el asunto es de lo más irrazonable? Lo del placer físico introduce al menos un toque de racionalidad, muy relativo, desde luego, pero algo es. No tan racional como la masturbación, que por lo menos no causa daños a terceros, ni siquiera a segundos. Pero contribuye a explicar, a dar algo de sentido a la cosa. En cambio eso que convencionalmente suele llamarse amor me parece el colmo del absurdo. Y, como has visto, tiene las peores consecuencias.

SALICIO.- Quiere decir, Mauricio, que a la gente, por lo menos a algunos de nosotros, no sé si muy especiales o qué, no nos da lo mismo una que otra, y cuando encontramos a una moza determinada…, ¿entiendes?, nada más nos importa en el mundo, así que si fuera solo cuestión de placer, nos daría igual una u otra.

FABRICIO.- Según lo que yo veo, hay tipos muy exclusivistas, que se vuelven locos por una sola tía, y otros, al contrario, les da igual con tal de que tengan lo que tienen… Pero yo me voy, me entra el irrazonable sueño, Mauricio. La tempestad ha amainado, ya no repiquetea con furia la lluvia en los cristales ni se oye el apagado mugir del viento. Así que me retiro a mi choza.

PATRICIO.- Creo que todos nos largamos. Picio, ¿cuánto se debe?

PICIO.- Debía cobraros el doble, por vuestras intemperancias. Pero hoy, mira, estoy contento, así que paga la casa.

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