¿Representantes democráticos o delincuentes?

Blog I: VOX, acosado y  en la encrucijada: http://www.gaceta.es/pio-moa/vox-encrucijada-10072014-1957   

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¿Representantes democráticos o delincuentes?

   Ha llamado mucho la atención la sentencia de un juez exculpando a los que intentaron asaltar el Parlament. La tónica ha sido denunciar la sentencia por antidemocrática, ya que los asaltantes no solo obraban con violencia, sino que agredían nada menos que a los representantes del pueblo, elegidos por los ciudadanos. ¿Qué hay de eso, en realidad?

    La noción estrafalaria que se tiene en España de la democracia hace creer a muchos que los “representantes”, los políticos “democráticos”, tienen poder omnímodo para hacer y deshacer legalmente. El Charlamento catalán  ha aprobado leyes contrarias a la Constitución, sus jefes han anunciado que se pasaban por la entrepierna las decisiones del tribunal constitucional –el cual tampoco merece demasiado respeto–, muchos de ellos están implicados  en redes de corrupción… ¿Qué es esto sino delincuencia? Pero esos “demócratas” saben blindarse.  Se aforan y pretenden que cualquier decisión que ellos tomen está por encima de la Constitución y sobre todo de España, a la que pretenden balcanizar. Para ellos, la ley, la moral, no existen por sí: consisten en lo que ellos mismos decidan por mayoría en cada caso. Lo mismo ocurre con las Cortes españolas: han aprobado la colaboración con la ETA, leyes inadmisibles de  aborto, la totalitaria ley de memoria histórica, están entregando “toneladas de soberanía” a la burocracia de Bruselas, se desentienden del problema de Gibraltar… Todo esto es pura y simple delincuencia. En torno a la colaboración con la ETA, he hablado con abogados y por lo visto nada se puede hacer, porque estos individuos se han blindado convenientemente: ellos hacen la ley, con lo que no puede perseguírseles. Pero sí, al menos, denunciarlos ante la opinión pública, porque el delito persiste, incluso agravado. Como cuando el Parlamento francés decidió amnistiarse sus corrupciones. Llamar a eso democracia es una burla indecente.

   Por otra parte, ¿son representantes de verdad? ¿Los conocen acaso los supuestos representados, fuera de la docena que suena habitualmente en los medios? Ciertamente, los representados no conocen a la inmensa mayoría de sus representantes, y de los que conocen tienen ideas a menudo peregrinas. Esta realidad llega al súmmum en la Unión Europea. En definitiva, la representación es una ficción en todas partes. Pero se trata, en general, de una ficción útil, como hay tantas: permite cierto grado de cambio político de modo  pacífico y sin mayores convulsiones. Ahora bien: ¿qué pasa cuando los supuestos representantes son en gran medida corruptos, no vacilan en vulnerar la ley, en atacar los cimientos de la propia nación e imponer leyes cada vez más antidemocráticas?

   Suelen pasar muchas cosas, empezando por la putrefacción de la democracia. Una de cuyas manifestaciones es, precisamente, el mencionado acoso al Parlamento o Charlamento  catalán,  por obra de unos ciudadanos a su vez delincuentes. Por eso urge una alternativa clara y razonable, que podría venir de VOX. Y por eso fuerzas oscuras, o botarates, o mezcla de ellos, se están afanando en destruir ese partido.

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En qué y por qué patinan Viñas y Moradiellos/ El perverso Alberti y García Lorca

Blog I: Sofismas homosexualistas (El PP sodomiza a Madrid, II)/ Fracaso familiar:http://www.gaceta.es/pio-moa/sofismas-homosexualistas-pp-sodomiza-madrid-ii-08072014-1033

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La falta de atención hizo que en un artículo anterior diera por buena una frase de Preston atribuyendo a Von Rundstedt la dirección de las operaciones alemanas en los Balcanes, en abril de 1941. Se trataba de Von List.

Los ejemplos vistos de Azaña y de Franco en relación con Hitler ilustran suficientemente, creo, la calidad de la crítica histórica del señor Reig y de la polémica que son capaces de producir los historiadores del gremio. Me extenderé brevemente más adelante.

Por lo que se refiere al caso de Franco, decía, los análisis lisenkianos vulneran constantemente el principio de que el máximo dirigente político o militar es el acreedor al éxito o fracaso de sus decisiones. Quien tenía en su mano la decisión de entrar o no en la guerra era Franco, el cual ejerció su poder con mucho celo, consciente de todo lo que estaba en juego entonces,  y apartando a quienes pudieran perturbar su capacidad de decisión, como Yagüe o, más tarde, Serrano Súñer y Varela. Tuvo que bandearse entre las presiones de Hitler y las de Churchill –que estaba reduciendo a España al hambre, o incrementándola notablemente–, atento a ambas pero gobernando él la nave. Nuestros distinguidos historiadores progres, en cambio, solo destacan a Franco cuando fracasa o creen que fracasa, y lo borran cuando tiene éxito, y así prefieren dar el crédito de la neutralidad española a Hitler. Algunos, más generosos, se lo hacen compartir a Churchill. La impaciencia del primero con las exigencias del Caudillo y la habilidad del segundo para apretar el cinturón de los españoles serían las verdaderas causas de la permanencia de España al margen del conflicto. Así lo indica Enrique Moradiellos.

Este historiador es un caso especial entre los lisenkianos, pues aceptó un debate conmigo en la revista digital de Gustavo Bueno El Catoblepas, no sé si por una básica honradez intelectual o por alarma ante el terreno que estaba perdiendo el gremio; para el caso da lo mismo. Después de la polémica ninguno más siguió su ejemplo, prefiriendo la táctica de combinar el ninguneo, la apelación a la censura y las pullas ocasionales. De cualquier modo, el debate con Moradiellos fue muy instructivo respecto a cómo estos intelectuales suelen perderse en cuestiones secundarias. Él planteó su crítica en torno a las cifras de las intervenciones soviética, alemana e italiana, negando mi aseveración de que fueron más o menos equivalentes, y pretendiendo que la mayor aportación germanoitaliana habría decidido la guerra. Como le indiqué, la cuestión de las cifras, aun si interesante, no es fundamental, y su fuente principal, el libro de Howson, resulta muy poco fiable. Como en el caso de las relaciones con Hitler, fue la conducción de la guerra por Franco –incluyendo en esa conducción la obtención y utilización de las aportaciones italogermanas– el factor clave, a menos que Moradiellos demuestre –ni siquiera lo intenta– que los italianos y alemanes operaron en España al margen de la dirección del Caudillo y en masa suficiente para decidir el resultado.

La cuestión principal, le insistí en varias réplicas, no era esa, sino el efecto político de las intervenciones extranjeras. Hay una diferencia radical entre unas y otras: Franco mantuvo en todo tiempo la independencia frente a sus amigos, y el Frente Popular no. Hitler nunca dictó la política ni la dirección militar del bando nacional, mientras que Stalin sí lo hizo con las de sus aliados, sus tutelados en realidad, en medida muy grande aun si no completa. Resumiré brevemente la argumentación y los datos: Stalin no solo indicó personalmente a Largo Caballero la política a seguir, sino que cuando éste empezó a mostrarse rebelde lo hizo defenestrar, como también haría con Prieto por la misma razón. Para dirigir su política se valió de Negrín, seguidor fiel, en lo esencial, de la línea soviética, y aquí importa poco si lo hacía por convicción o por otras razones.

A Moradiellos, la conducta de Negrín le parece excelente, por la única razón de que se opuso hasta el final a Franco, sin importarle que esa oposición supusiese muchas decenas de miles de muertos innecesarios, la pérdida de las reservas financieras de España, el saqueo en unos casos y la destrucción en otros de un invalorable patrimonio histórico-artístico, el expolio de incontables bienes de particulares, ilegalidades como la de formar un verdadero ejército particular, una corrupción masiva, la represión con multitud de torturas y asesinatos de sus propios aliados, el intento de prolongar la guerra hasta enlazarla con la mundial que habría multiplicado las víctimas y destrucciones, etc. El hecho de luchar contra Franco lo cubre y justifica todo, a su juicio.

Pero Negrín no era el único instrumento de Stalin para dominar el Frente Popular. Tenía otro más efectivo, un partido comunista orgulloso de ser su instrumento ciego y que llegó a convertirse en el partido más fuerte de las izquierdas, sobre todo en el ejército y la policía. Estaban, además, los asesores soviéticos que, siendo menos que los militares alemanes e italianos, influían muchísimo más, hasta el punto de impedir operaciones de gran alcance del mando “republicano” como el plan de ofensiva por Extremadura, negándoles la cooperación aérea o blindada. Por no hablar de la policía secreta soviética, que operaba en España independientemente y con sus propias cárceles y dirigía de hecho a la policía política izquierdista española. Nada ni remotamente parecido ocurrió en el bando nacional. A Moradiellos todo esto le parece algo sin mayor importancia, mientras que yo opino lo contrario. Cuestión de enfoque.

Volviendo a Negrín, al margen de sus convicciones personales había un lazo de oro que le supeditaba inevitablemente a Stalin, cosa que no acertó a comprender el rebelde Largo Caballero, pese a haber contribuido a forjarlo. Ese lazo era el tesoro del Banco de España, enviado a Moscú. Enviado, como señala Martín Aceña, a un régimen opaco, financieramente y en todos los aspectos, lo cual significaba la pérdida de control del mismo por parte del Frente Popular. De la buena o mala voluntad de Stalin iba a depender absolutamente la suerte de las izquierdas, pues el jefe soviético iba a dominar los suministros de armas.

Algunos autores, como Ángel Viñas, han justificado el envío del oro a la URSS pretendiendo no ver nada anormal en la operación, causada, afirman, por la “traición” o defección de las democracias con respecto a la “República”. Como si el Frente Popular no se compusiera, precisamente, de los partidos que hundieron el inicial proyecto de democracia liberal con que nació la república. Mis críticas a Viñas indignan a Reig: “Moa acusa a ambos (¿?) de ‘oficiosidad prosoviética’, por lo que, en tanto que ‘funcionarios españoles’, parece dar a entender, serían una especie de traidores a su propia patria. A Viñas le acusa de ‘servilismo pro soviético’, así como de continuar ‘la tradición de ciertos funcionarios del Frente Popular’“. Así es, amigo Reig, así es. Los textos de Viñas rezuman desprecio no solo al franquismo, sino a España en general, quiero decir a la España histórica, y una admiración beata y snob hacia cualquier país ocasionalmente enfrentado al nuestro, sea la URSS o Gran Bretaña. Actitud muy extendida en la izquierda, por otra parte.

Para defender a Viñas, nuestro buen Reig, castizo a su pesar, exhibe los títulos de Viñas, “técnico comercial del estado, catedrático de Economía Aplicada, (…) ha desempeñado importantes responsabilidades en la Dirección General de Relaciones Exteriores de la Comisión Europea donde se ocupó de las relaciones con Asia y América Latina amén de relaciones multilaterales, política de seguridad, implementación democrática y derechos humanos”, etc. Lo de la implementación democrática y los derechos humanos queda muy bien en quien encuentra normal la supeditación del Frente Popular a Stalin. Desgraciadamente Reig olvida, como acostumbra, algunos otros datos interesantes del currículo del señor Viñas: fue largos años funcionario de la administración franquista, y en puestos de confianza.

 (en LD, 1-1-2007)

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Me lo envía un amigo:
“¿Tú sabes lo de la poesía (inventada, muy probablemente, por Alberti) que García Lorca habría enviado, según el propio Alberti, a Madrid en agosto de 1936, insultando soezmente a los sublevados, y que Alberti leyó por radio en torno, parece, al 10-15 de agosto, que dio lugar a una llamada angustiada de la hermana de Federico, Isabel, a Mª Teresa León -esta lo contó- pidiéndole que no hablasen de su hermano, que estaba escondido y estaba bien, pero que no hablasen ? ¿Y la prácticamente nula reacción de Alberti, Zamacois y demás ralea ante la noticia del asesinato? ¿Sabías que para negar esta acusación Alberti se negó toda su vida a aclarar qué día de agosto había llegado a Madrid, pues estaba en Ibiza el 18 de julio? Yo nunca lo había visto hasta leerlo en David Jato Miranda, Madrid, capital republicana. pp. 445-446. Que Alberti era bastante mala persona se sabe, que colaboró en la cheka de Bellas Artes, también, pero esto de Lorca es muy fuerte, como ahora se dice, ¿no crees?”
No conocía esos datos.
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Concomitancias para el derrumbe / La inanidad suicida.

Blog I:  “Orgullo” homosexual o el triunfo de lo grotesco: http://www.gaceta.es/pio-moa/orgullo-homosexual-o-triunfo-grotesco-02072014-1714

**Próximo domingo, en “Cita con la Historia”: las bases ideológicas del separatismo catalán. En radio Inter, frecuencias 93,5 de fm y el 918 de am

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CONCOMITANCIAS

Observen estos fenómenos sociales, políticos e ideológicos, tan extendidos en nuestra sociedad:

*Fracaso escolar
*Expansión de la droga y el alcohol, fundamentalmente entre la juventud
*Divorcio masivo
*Aborto masivo
*Aumento de la delincuencia
*Extensión de la pederastia
*Telebasura y  trivialización del sexo
*Violencia doméstica
*Homosexualismo militante
*Feminismo
*Ecologismo radical
*Corrupción de los políticos
*Separatismo o simpatías o pasividad ante él
*Terrorismo o colaboración con él o pasividad ante él
* “Muerte de Montesquieu”, es decir, ataque a la independencia judicial
*Ignorancia de España mezclada con aversión o indiferencia hacia su historia y unidad
*Simpatía, pasividad o indiferencia por el islamismo y su penetración social
*Aversión a Israel y simpatía por el terrorismo musulmán
*Aversión a la democracia useña
*Simpatía más o menos explícita por el régimen de Castro y por el mito de Che Guevara
*Simpatía por el Frente Popular español durante la guerra civil
*Aversión a la Iglesia y, en general, al cristianismo
*Simpatía, en general, por las dictaduras y totalitarismos de izquierda
*Odio más o menos visceral al franquismo

Podríamos alargarnos con algunas tendencias más, pero creo que es suficiente: se trata de  hechos concomitantes. Concomitancia, explica la RAE, es la “acción y efecto de acompañar una cosa a otra, u obrar juntamente con ella”. Tales tendencias coinciden hoy en muchísimas personas, si bien no en todas del mismo modo o con la misma intensidad. Conforman lo que se ha dado en llamar, vagamente, “ideología progre”, aunque ella suela echar sobre los contrarios la culpa de algunos efectos de sus modos de pensar, como la pederastia o la violencia doméstica. Esta ideología se identifica mayormente  con las izquierdas,  pero está  muy extendida también en la derecha, y tópicos del feminismo o del ecologismo se han hecho casi universales. Hay aspectos, como el odio a Israel y el apoyo al terrorismo islámico, compartidos por la izquierda y la extrema derecha. La antaño extendidísima complacencia con el TNV (terrorismo nacionalista vasco) ha decaído mucho, pero, paradójicamente, la colaboración de los políticos con él ha llegado a extremos nunca antes vistos.

Estas ideologías vienen en gran parte del marxismo o siguen su método, aunque sin la coherencia de aquella doctrina: como trozos del Muro de Berlín llevados a todas partes y que intentan reconstruirse sobre el viejo  modelo, con variadas formas y demagogias. Pues, aunque sorprenda, la caída del Muro nunca suscitó la menor reflexión crítica o autocrítica un poco seria en los marxistas, y menos en los españoles, cuya capacidad teorizadora siempre tendió a cero. Lo mismo entre la vasta tierra intermedia de los compañeros de viaje, simpatizantes o respetuosos del marxismo. Todos ellos, desconcertados, han perdido, como digo, la antigua coherencia doctrinal y analítica, pero han aumentado su componente histérico y obran juntos en la tarea de destruir los cimientos de la civilización occidental, de modo especialmente virulento en España. Y lo nuevo es que una derecha desprovista de ideas, adopta esas 

 (Publicado en blog de LD, 31 de julio de 2009. Desde entonces todo va a más)   

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La sociedad española, en estado de inanidad

Recordarán ustedes que hace unas semanas anuncié un seminario sobre los separatismos vasco y catalán, para explicar sus presupuestos ideológicos y  desarrollo histórico. Se trata del problema más grave que tiene hoy España, y aparentemente indigna a cada vez más gente. La cual, se supone, debería estar ansiosa de entender bien la cuestión, pues desde luego la inmensa mayoría, empezando por periodistas y políticos, tiene al respecto solo unas ideas muy sumarias y con frecuencia erradas.  El seminario fue anunciado en mi programa de Es-radio, en el programa de historia, en tuíter y en facebook, además de estos blogs. ¿A cuánta gente llegaría?  Estamos, obviamente, en posición marginal con respecto a los grandes medios, pero aún así pudieron enterarse 200.000 o más oyentes y lectores, la mayoría de Madrid. Pues bien, el seminario se suspendió, porque se apuntaron… ocho personas. Algunas más se interesaron, pero solo si era gratis, siguiendo esa concepción tan española de que merece la pena gastarse sesenta euros en una o dos comidas o en unas cuantas cañas y aperitivos, pero no en una actividad cultural algo seria. Se cree que esta no cuesta nada al que la dirige, o que su trabajo no tiene por qué ser pagado. Creo recordar que Julián Marías, en plenos años 40 “años del hambre”, pudo vivir con cursillos de filosofía que daba particularmente en un piso:  hoy no le sería posible a pesar de que, en plena crisis, la gente dispone de muchísimos más medios que entonces.  No hay más que ver las terrazas  por todo el centro de Madrid, repletas de gente, y eso que no tienen nada de baratas.

    Es decir, la sociedad parece incapaz de generar una reacción ante tendencias y políticas que la están corroyendo desde la raíz. Quizá ello se deba a casi cuatro décadas de estado de farsa en política y otras cosas. Sin duda la desorientación es enorme, a manos de unos partidos verdaderamente estafadores en lo intelectual, y un periodismo a tono. Alguien me aconsejaba “crear escuela”, como había hecho Tuñón de Lara en su tiempo. Eso, desde lo que convencionalmente llamamos derecha, parece imposible. Otro me proponía realizar un documental serio, neutro, estilo BBC, sobre Franco. Pensaba lograr el dinero mediante  eso que llaman crowdfunding, que por lo visto ha practicado Podemos y le ha reportado 50.000 donantes, que por poco que hayan dado ya le permitían una campaña electoral bien lucida.  Le dije: “puede intentarse, pero no soy optimista, pues he tenido ya algunas experiencias. Como cuando intenté impulsar un movimiento en defensa de la Constitución, pisada casi jactanciosamente por Zapatero. Describí él lamentable caso en el blog, en su momento. O cuando intenté obtener donativos para publicar en los grandes medios un manifiesto en defensa del Valle de los Caídos. Creo que solo dio para publicarlo, poco destacado, en El Mundo y a precio de amigo, así como en El economista.  Y se supone que estaría de acuerdo alguna gente adinerada.

    Cuando hablo de inanidad, no me refiero a la sociedad entera, sino a la parte conservadora  y más o menos de derecha. Las izquierdas, por  el contrario, están pletóricas de vida: constantemente sacan programas de televisión, ideas, películas, libros, canciones… Basura en gran parte, cierto, pero es que la derecha  no produce nada ni apoya a los pocos que intentan hacer algo. Es decir, colabora a promover la basura, porque los propietarios de Tele-5, por ejemplo, y de otras televisiones, no son precisamente izquierdistas ni revolucionarios. Y la política del PP consiste en continuar la de Zapatero. Es una derecha sin ideas ni deseo de tenerlas. Observen, además, que en las últimas elecciones el PSOE ha quedado en crisis, pero la izquierda se ha movido y radicalizado. La derecha, a pesar de las continuas y ya infinitas traciones del PP, ha seguido votándole o absteniéndose.  El carácter del votante del PP es boyuno, y el de la izquierda caprino

    Y ante este panorama poco se puede  hacer. El 29 de junio transcribí en este blog unas palabras poco estimulantes de Fernández de la Mora. Pues eso

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España y el catolicismo

Blog I: Ideas para ¿VOX? / El fracaso matrimonial (Salud social, VI): http://www.gaceta.es/pio-moa/ideas-vox-fracaso-matrimonial-salud-social-vi-01072014-1923

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Consideremos este párrafo de Menéndez Pelayo: “España, evangelizadora de la mitad del orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma, cuna de San Ignacio…; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vetones o de los reyes de taifas“.

Presenciamos el lento suicidio de un pueblo que, engañado por gárrulos sofistas, emplea en destrozarse las pocas fuerzas que le restan y hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada momento las sombras de sus progenitores, huye de todo contacto con su pensamiento, reniega de cuanto en la Historia hizo de grande, arroja a los cuatro vientos su riqueza artística y contempla con ojos estúpidos la destrucción de la única España que el mundo conoce, la única cuyo recuerdo tiene virtud bastante para retardar nuestra agonía. Un pueblo viejo no puede renunciar a su cultura sin extinguir la parte más noble de su vida y caer en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil

Este segundo describe bastante bien una corriente que alcanzó su apogeo tras la quiebra moral del 98, repleta de interpretaciones simples, cuando no meramente sandias. Me he ocupado algo de ellas en Nueva historia de España, y un debate al respecto sería interesante, aunque difícil, vista la incapacidad aparente para debatir hoy en España, indicio de otras incapacidades más profundas. En cuanto al primero, no puede menos de sorprender en un intelectual de la inteligencia y altura de don Marcelino.

En primer lugar, suena a exceso de simplificación reducir el Siglo de Oro a algunas hazañas de tipo religioso, por muy notables que fueran. En segundo lugar, el texto es profundamente derrotista: los tiempos de la espada de Roma, etc., habían terminado dos siglos y medio antes, y desde entonces España había pasado a recibir bastantes martillazos de los herejes, su luz había palidecido extraordinariamente, si le quedaba alguna, y había dejado de producir sanignacios, pese a haberse mantenido católica en todo momento. En tercer lugar, describe una historia falsa: en ese largo período de decadencia, la unidad de España se había mantenido, y atribuir a retrocesos religiosos las tensiones disgregadoras de la I República o los separatismos posteriores resulta extraño, cuando en dichos separatismos influyeron tanto, precisamente, interpretaciones religiosas no tan lejanas de las defendidas por Menéndez Pelayo: tras la derrota carlista en la tercera guerra, Vascongadas y Cataluña quedaban como los reductos más auténticamente católicos en un régimen liberal que traicionaba las supuestas esencias hispanas de antaño. Sin olvidar que, en épocas anteriores, el Papado había favorecido decisivamente la secesión de Portugal. Quizá el gran erudito era a veces más papista que el Papa.

Hay otras objeciones al texto citado: de ser el catolicismo la esencia de España, nuestro país sería indiscernible de otros países católicos, como Italia, Polonia, Irlanda o Francia (esta última, “la hija predilecta de la Iglesia”). Además, la tesis no es propiamente cristiana, de acuerdo con el dicho “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. Por otra parte, ¿habría que excluir de la calificación de españoles a los oriundos no católicos? ¿O reducirlos a una ciudadanía de segunda clase?

Obviamente, el cristianismo es la base de la cultura occidental y un factor clave en nuestra historia, pero ¿cómo ha afectado ese hecho al carácter e historia de nuestro país? España pudo ser especialmente católica, o católica de un modo particular, por haberse reconstituido como país de frontera ante el Islam, y luego como la potencia que hubo de bregar en primera línea con el Imperio otomano y las potencias protestantes, además de con la “hija predilecta de la Iglesia” y, a veces, con las intrigas del mismo Papado. El esfuerzo hispano no fue solo político y militar, sino en el pensamiento, el arte, etc. Pero desde el siglo XVII el país fue quedando cada vez más superado por los progresos y fuerzas de otras naciones que habían pasado a ser punteras: Francia, Inglaterra y, en un sentido cultural, Alemania. Nuevo hecho demostrativo de que el catolicismo, por sí solo, no suponía la grandeza o la potencia del país. Es más, cuando aparecen, a principios del siglo XIX, los estados nacionalistas o liberales, más homogeneizadores y fuertes que los de tiempos pasados, la Iglesia, o gran parte de ella, se convierte en una rémora, al pretender la pervivencia de formas de derecho, propiedad y soberanía anticuadas, que no solo impedían a España ponerse a la altura de otros países, sino que, de imponerse, la habrían hundido definitivamente, reduciéndola a una colonia de los más fuertes, los cuales podrían incluso habérsela repartido.

España tuvo la mala suerte histórica de que el liberalismo llegara asociado a la Revolución Francesa y la invasión napoleónica, lo que creó un sinfín de malentendidos en cuanto a patriotismo, nacionalismo, religión y política. Los antagonismos empezaron a reducirse y armonizarse con el régimen liberal de la Restauración, pero este sufrió, a partir del trauma del 98, el embate de los utopismos y los separatismos, un nuevo reto histórico ante el que fracasó, dando lugar a las ulteriores convulsiones de la II República y la Guerra Civil. La tremenda experiencia de esta última provocó una fuerte reacción en el sentido querido por Menéndez Pelayo, acompañada, paradójicamente, de un desarrollo social en sentido divergente.

Los desencuentros entre catolicismo y liberalismo no son forzosos, pero han marcado los siglos XIX y XX, causando desastres, mientras ahora el gobierno socialista vuelve a las andadas. No estaría de más explorar esa experiencia histórica y buscar una síntesis que respetase lo de Dios y lo del César.

(En LD, 16-3-2011)

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¿Está la raíz de nuestros problemas en la apokatástasis?

Blog I: ¿Fue por Helena la Guerra de Troya? / Aborto y salud social en España:http://www.gaceta.es/pio-moa/helena-guerra-troya-salud-social-aborto-29062014-2010 

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En Nueva historia de España dediqué estas breves líneas a la cuestión:  La concepción agustiniana busca salvar al creyente de la desesperación y de la soberbia, pero no llega a conciliar la gracia con la libertad, o la predilección gratuita de Dios por algunos hombres con el amor divino a toda la humanidad. San Agustín rechazaba la tesis de  Orígenes de que, al final de los tiempos, pecadores y no pecadores volverán a unirse en Dios (apocatástasis), pues el castigo eterno por los pecados chocaría con la infinita misericordia divina.  Agustín afirmó  el castigo será eterno (concepto extraño, pues en su opinión el tiempo aparece con el mundo, por lo que la eternidad negaría el tiempo); y sentó las bases para la doctrina de la predestinación: unas almas están predestinadas a la condenación, otras a la salvación. Estas ideas moldearon la filosofía cristiana y darían pie a controversias y a la gran escisión protestante  del siglo XVI, decisiva en la historia posterior de Europa y de España”.

   Y acaba de publicar Dalmacio Negro en Razón española un interesante artículo, “Las herejías en España”,  tratando el problema desde el punto de vista de las tendencias hoy dominantes en Occidente, cuya base encuentra en la apocatástasis, la cual “explica o contribuye a entender no solo la actitud modernista, de la que sería su meollo, sino muchos entresijos de la situación actual de la fe cristiana, como una causa remota per muy eficaz, y no solo en España. Al menos desde el punto de vista político, parece ser la herejía dominante hoy en día en Occidente, culturalmente cristiano pero en el que, atendiendo a los hechos, lo sagrado habría abandonado a la Iglesia, según el teólogo Cavanaugh, para encarnarse en el Estado (…) Esta herejía sería también la causa soterrada de la difusión del socialismo y el estatismo, que prometen y ofrecen la salvación en este mundo (…) Se extendió la idea de que  la reconciliación de todas las cosas tendrá lugar en este mundo, superando así el pecado original, una de las obsesiones del pensamiento moderno”. “La apokatástasis, confundida o mezclada con ideas modernistas y gnósticas, es la herejía omnipresente hoy subliminalmente en España, donde oficia en el fueron interno como una suerte de religión civil”.

    La idea de la apokatástasis es difícil de rebatir, pues cuesta imaginar un castigo absoluto por unos pecados que inevitablemente son relativos y limitados por la propia limitación del ser humano. Y, en un plano más amplio, si Dios ha creado el universo, este al final tendrá que volver y reconciliarse en Él, pues no es concebible que partes de su propio producto se vuelvan absolutamente contra su designio. La idea tiene sus inconvenientes, dado que entonces la pugna entre el bien y el mal, la moral en definitiva, se reduciría a un juego sin sentido,  con el que Dios se complacería en atormentarnos. La lógica humana pierde pie al llegar a esos límites, y la posición que se adopte no puede basarse del todo en la razón.  Hay también otra faceta muy digna de ser considerada: todos estos conceptos giran en torno al ser humano, sus necesidades y temores, ya que suena muy improbable que los astros o las rocas de este planetas están sometidos al bien y al mal; lo que de, paso, vuelve difícil explicar el origen de la moral humana por alguna forma de evolución: ¿de dónde viene? Máxime cuando, como sabemos, la humanidad es tan solo  un pequeño hormiguero sobre un planeta que ocupa un espacio y un tiempo ínfimos  dentro del universo. ¿Por qué tendría Dios que ocuparse de esa minucia, puestos a ello?

 Por lo que respecta a las tendencias sociales y políticas hoy en boga, parece bastante razonable el análisis de Dalmacio Negro: la reconciliación prometida no solo por los socialismos sino por algunos tipos de liberalismo, conduce a la abolición de la responsabilidad moral (y por tanto de la libertad), pues todo es “humano”. Aunque no todo, y desde luego es una reconciliación falsa, pues se promete sobre el aplastamiento de ideas y conductas no “apropiadas”. Viene a constituir un retorno a la animalidad, impuesto desde instancias “superiores”. El caso de la UE, donde una pequeña oligarquía se esfuerza en imponer, con diversas presiones,determinadas formas de pensar y obrar, incluso en los terrenos más íntimos del comportamiento, es  lo bastante claro. Y las consecuencias sobre la salud social pueden constatarse. Estas consecuencias prácticas nos ofrecen una orientación, aunque sea parcial,  por mucho que, tratado en su mayor abstracción, el problema desborde nuestra capacidad racional.

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Del mismo número (185) de Razón española copio este fragmento de una carta (4-5-68) de Gonzalo Fernández de la Mora a Sánchez Silva:  Tu carta me produjo un escalofrío. La dureza de la convivencia española obliga a protegerse, capacitándose para la soledad. Desde mi trinchera avanzada de crítica de libros de pensamiento de ABC llevo ya seis años con la convicción creciente de que lucho enteramente solo. He acabado entregándome al destino de la fidelidad a mí mismo con un estado de ánimo que tiene algo de trágico. Tu gesto de solidaridad generosa me trae a otro mundo, a un mundo con el que uno sueña; pero con el que no se debe contar  (…) Un cierto conocimiento de la Historia y alguna experiencia de la vida me han llevado a la conclusión de que casi nadie consigue realizar su propio proyecto vital”

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