¿Qué queda del franquismo? / Hispanofobia / Mitos de Ángel Viñas

Blog I: “España contra España. Claves y mitos / “Cara al sol” : http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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¿Qué queda del franquismo? Algunos dicen que casi nada. En realidad queda mucho.

En primer lugar, la paz, aunque algo deteriorada por el terrorismo o la colaboración con él. En segundo lugar, la unidad de España, muy amenazada antaño por el Frente Popular y nuevamente ahora. En tercer lugar,  la prosperidad, aunque medio arruinada por los políticos actuales. En cuarto lugar, la reconciliación y el olvido de los odios de la república, que no han logrado resucitar del todo los políticos de ahora. En quinto lugar la soberanía nacional,  amenazada por los políticos que quieren disolver a España en la UE, haciéndola un apéndice del eje Berlín-París. En sexto lugar una Seguridad Social ahora también medio arruinada por el derroche y la incompetencia. En séptimo lugar, numerosas leyes tan racionales que no han podido ser derogadas por sus enemigos retrospectivos….

   Hay muchas herencias más, casi todas positivas. Pero estas siete bastan para situar la cuestión en su verdadera perspectiva histórica.

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Magnífica conferencia, ayer en el Casino de Madrid, de Otero Novas.  Uno de los principales temas abordados: la relación con la UE. En cualquier país serio, a estas alturas se habría hecho un balance de ventajas y perjuicios de la integración en lo que los ignaros llaman “Europa” (como es preciso un balance del estado de las autonomías,  del que es incapaz la casta política, más interesada en “otras cosas”). El proio Otero Novas ha pedido  ese análisis, en vano.  A falta de un estudio global y pormenorizado, el conferenciante ofreció una serie de datos significativos, exponiendo cómo, por encima de la oscurantista beatería “uropeísta”, nuestra integración en la UE tiene cargas negativas, económicas y políticas, de gran peso.  Varias de las cuales han influido de modo muy poderoso en la ruinosa crisis en que estamos sumidos. Y a esa crisis, los jefes de partido, empezando por Rajoy, reaccionan tratando de anular más aún la soberanía y las posibilidades de maniobra de España.

Por mi parte sostengo que la hispanofobia es una enfermedad moral y una de las claves esenciales de la ruina de la nación española. Tanto en su versión disgregadora como en su versión disolvente.

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Los mitos de  Ángel Viñas

Ángel Viñas y Fernando Hernández han escrito en El País sobre los últimos días de lo que ellos (y tantos otros) llaman la República y que en realidad era el Frente Popular, precisamente la coalición izquierdista que destruyó la legalidad republicana y provocó la guerra civil. Por lo demás, aquellas semanas últimas de la guerra han sido estudiadas inmejorablemente por Ricardo de la Cierva. Pero, en fin, veamos los puntos de Viñas y Hernández:

La victoria franquista, tras la caída de Cataluña, parecía inevitable“. No tanto:  el Frente Popular disponía de al menos medio millón de soldados, una  escuadra muy considerable y grandes ciudades. Con desventajas mucho  mayores se habían defendido los nacionales en bastantes ocasiones. Además   estaba la perspectiva de enlazar la guerra civil con la europea que se   vislumbraba próxima, como deseaban Negrín y los comunistas: fallaron por sólo por cinco meses.

Madrid padecía hambre  y privaciones” ¿Sólo Madrid? ¿Y sólo entonces? El año 1938 fue el de  mayor hambre en España en todo el siglo XX, y empeoró en los primeros  meses de 1939. Y esa hambre se produjo casi exclusivamente en la zona  izquierdista, producto de la pésima gestión y corrupción de los dirigentes  y del desinterés de los obreros y campesinos por defender una causa en la que, evidentemente, pronto dejaron de creer.

No había ninguna      conspiración comunista“. La cuestión carece del menor interés: había      la decisión de Negrín y el PCE de seguir la lucha con el designio  señalado, sin importar las víctimas ni las destrucciones; y la decisión   contraria de Casado, Besteiro, Mera, etc., de impedirlo. Esto fue lo  importante.

Negrín no actuaba al dictado del PCE”. Otra cuestión insignificante. En la práctica,      Negrín, Stalin y los comunistas actuaron siempre de acuerdo, con  diferencias ocasionales y menores. Eso es lo que cuenta. Las razones de la  colaboración de Negrín tampoco son difíciles de encontrar: él había sido el  principal autor del envío de las reservas financieras españolas a la URSS,  poniendo el suministro principal de armas y otras cosas en manos de  Stalin. Y, hombre realista, comprendía que no tenía más remedio que seguir      ese camino hasta el final. No era preciso que le dictasen gran cosa.

Ya antes del golpe  casadista Stalin se había lavado las manos de la República, en parte      porque no existían posibilidades de que resistiera y en parte, también,  porque el Gobierno francés había entorpecido los flujos de suministro”.   Por supuesto, Stalin atendió ante todo a sus propios planes, que  consistían en utilizar el Frente Popular al servicio de su política  exterior, como bien saben, pero disimulan un tanto, los dos autores. Y el Gobierno francés facilitó casi siempre el suministro, incluso cuando oficialmente lo cerraba. Las dificultades de última hora, en Cataluña, se debieron a que el avance franquista fue tan rápido que impidió a la   izquierdas aprovechar el gran número de aviones y otro material que les  estaba llegando.

La Flota huyó y cortó  toda posibilidad de evacuación masiva”. Ni Negrín ni los suyos tenían  la menor intención de una evacuación masiva, pues querían enlazar con la      guerra mundial, como dijimos, lo que habría multiplicado los daños y  víctimas en España. De hecho no se preocuparon en absoluto de evacuar a nadie, ni siquiera a sus chekistas y sicarios más comprometidos. Sí se  preocuparon, en cambio, y con total eficacia, de evacuar inmensos tesoros  robados al patrimonio nacional. “Detalles” que ni se molestan en  citar los dos autores. No los considerarán relevantes.

“La consigna casadista, paz sin represalias, resultó irresistible“. No para todos,      pues Franco nunca engañó a nadie: exigió la rendición incondicional y   prometió castigo para los culpables de crímenes.

“En el ínterin, una corta resistencia comunista en Madrid fue ahogada en sangre” (por sus aliados). Esto tiene gracia: como si los comunistas no derramaran sangre a su vez. Aparte de que ¿por qué la rebelión comunista fue “corta”, cuando contaba con total superioridad militar en la zona? Un enigma que  escapa a la perspicacia de los dos historiadores, aunque ha dado mucho que pensar.

Franco no tuvo piedad con los vencidos”. ¿Y qué piedad tuvieron los jefes del Frente      Popular con sus prisioneros o entre ellos mismos? Por lo demás, tampoco es del todo cierto lo que dicen Viñas y Hernández. Cuando se hundió el frente, el 26 de marzo, las tropas nacionales no irrumpieron en masa y con rapidez para capturar el mayor número de enemigos, como podían haber hecho, sino que avanzaron con parsimonia pese a no encontrar resistencia. Así, los revolucionarios tuvieron cuatro días para concentrarse y ser  evacuados desde Alicante u otros puertos. En realidad tuvieron bastantes más días, porque el final se veía venir desde antes. Pero la absoluta imprevisión y despreocupación de los jefes del Frente Popular por su propia gente hizo que apenas pudieran escapar unos pocos miles, a la desesperada. También este hecho, tan significativo, escapa a la atención de los dos sesudos historiadores.

La historiografía  académica, Aróstegui, Bahamonde, Cervera, Graham, Preston (…) (y otras  aportaciones), permiten recuperar los entresijos de lo que sucedió y, por ende, apuntalar una historia que prescinde de mitos y, en los posible, de  prejuicios“. No cabe duda de que estos dos historiadores son unos humoristas.

Tres perlas finales para      confirmar el humorismo de estos autores y de la no menos sesuda Helen Graham: “El PCE carecía de plan para salir de la guerra“. Lo mismo que Negrín: querían enlazarla con la guerra mundial, como han  explicado con la mayor claridad. Otra cosa es que el pacto Hitler-Stalin  les hubiera pillado en una posición grotesca, pero eso escapaba a sus  previsiones. O bien: “El sectarismo de la política comunista, imbuida –como ha dicho Graham—del deseo de defender un ‘republicanismo  fundacional‘, pero de tal forma que condujo inevitablemente a su      aislamiento”. Claro, Stalin y el PCE (o Negrín) defendían el ”republicanismo fundacional”, democrático. Como Hitler defendía a los judíos. Otra más: “El triunfo franquista sería el fin de todo  lo que la clase obrera y la burguesía de izquierdas habían conquistado durante décadas“. ¿La clase obrera o los partidos mesiánicos que  decían representarla? ¿Y qué conquistas habían hecho durante la República,  no digamos bajo el Frente Popular? Como estos historiadores no  especifican, me permitiré señalar algunas conquistas de esos partidos: la vuelta del hambre a niveles de principios de siglo; un estado de excepción casi permanente; Casas Viejas; la planificación de la guerra civil; las    elecciones no democráticas de febrero del 36; la oleada de crímenes y el  crecimiento en vertical del paro después de esas elecciones; los asesinatos entre esos mismos partidos; la enorme corrupción durante la guerra en la compra de armas y otras actividades… Grandes conquistas,  ciertamente, y muy merecedoras de recordación.

 

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José Antonio, Durruti, Franco

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****En facebook: Pío Moa.

Blog I: Miseria del antifranquismo / El himno de Riego / ¿Detective chapuzas? http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/miseria-antifranquismo-himno-riego-detective-chapuzas-20121119

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José Antonio, Durruti,  Franco.

Los tres personajes murieron el mismo día del año, y dos de ellos también  el mismo año, 1936.  Se trata de una simple casualidad, pero puede dar pie a alguna comparación entre los tres. José Antonio y Durruti estaban en bandos opuestos (un hermano de Durruti militó a su vez en la Falange), y tuvieron una muerte violenta, siendo relativamente jóvenes: el líder falangista con 33 años y el anarquista con 40.  Franco falleció por enfermedad  con casi 83 años, en 1975. José Antonio fundó un partido con una ideología de emergencia, por así decir, de combate ante la amenaza revolucionaria cada vez más densa que se cernía sobre España Su doctrina mezclaba ideas fascistas con cierto tradicionalismo católico, lo que le alejaba considerablemente del fascismo a la italiana y mucho más del nacionalsocialismo (http://libros.libertaddigital.com/jose-antonio-en-perspectiva-1276232724.html).  Aunque defendía el uso de la violencia “cuando se ofende a la justicia o a la patria”, era poco proclive a ella. Cuando los socialistas y comunistas empezaron a asesinar indiscriminadamente a militantes de Falange, desde 1933, se opuso a aplicar la misma medicina: “Una represalia puede ser lo que desencadene en un momento dado (…) una serie inacabable de represalias y contragolpes. Antes de lanzar así sobre un pueblo el estado de guerra civil deben los que tienen la responsabilidad del mando medir hasta dónde se puede sufrir y desde cuándo empieza a tener la cólera todas las excusas”). Los monárquicos se burlaban y le incitaban llamándole “Juan Simón”,  por la copla. Sin embargo, la cadena de asesinatos, con un estado que no protegía con un mínimo de eficacia a los ciudadanos, le obligó a ceder a las exigencias de sus seguidores. Los atentados falangistas fueron muchos menos que los contrarios, y además de réplica a estos, pero la hábil propaganda izquierdista, secundada por numerosos historiadores ignorantes  o tergiversadores, ha logrado crear la imagen contraria. Cuando llegó el  Frente Popular recomenzaron los asesinatos de falangistas, con alguna represalia. El gobierno, salido de unas elecciones no democráticas, proscribió ilegalmente a la Falange, comienzo de una larga serie de ilegalidades.  José Antonio fue fusilado por el Frente Popular. Parece que hubo posibilidad de canjearlo por un hijo de Largo Caballero apresado por los nacionales, pero el propio padre se opuso (el hijo saldría de prisión en 1944, y en 1948 se le permitió emigrar a Méjico). Las especulaciones sobre el interés de Franco en que fuera fusilado son solo eso: especulaciones, en general de mala fe, como las de Preston. También se dice que, estando libre, habría rivalizado con Franco. Otra especulación muy poco seria.

En cuanto a Durruti, nunca quedó claro si murió al disparársele su arma o liquidado por comunistas o incluso por  compañeros suyos. Transcribo de mi novela  Sonaron gritos… 

Bien…El destino juega con nuestros impulsos –la frase me sonó pomposa–. Sí, son hipócritas muchos, pero no la mayoría. Ahí tienes: nunca en Barcelona había asistido tanta gente a un entierro. Adoran a un pistolero de ideas simples, estoy seguro de que tú o yo sabemos más de anarquismo que él. O mira a García Oliver, un antiguo pistolero, y… ¡ministro de Justicia! ¡Anarquistas en el gobierno! ¡Vaya si es una revolución!

– Ya, los de a pie no son hipócritas, pero ¿qué quieren expresar levantando el puño?  ¿Qué intereses? Desean cultura, saber, mejorar su vida. Yo visité una vez un ateneo libertario, la gente quería progresar, no eran simples sanguinarios. Quizá todo se calme después, y la sociedad mejore. Quizá haga falta esta convulsión para avanzar.

   Mi salida, algo estrafalaria, le indignó.  

– ¡Qué locura! Eso creí yo al principio, lo de Marx: la violencia es la partera de la historia. Y  la guerra la madre de todas las cosas, dice La Celestina, ¿no citaba a Heráclito?  –éramos capaces de expresarnos así, un tanto pedantescamente–. Pero aquí es la madre de la miseria y el delito. ¿Hacía falta el asesinato de tu familia?  No te engañes –hablaba  nervioso, contra nuestra costumbre de especular sin enfadarnos–, ellos tienen intereses, claro: mandar y derrochar dinero. Creen que lo han ganado con su sudor y que se lo han robado. Para ellos no cuentan la iniciativa y el riesgo de gente como tu padre. Sus crímenes no son el coste de un mundo mejor, son la  medida de esos deseos de cultura, como los llamas. Sí, todo el mundo quiere saber, mejorar, valer más y todo eso… Y también lo contrario, no pensar, dejarse gobernar por los bajos instintos y sentirse dioses. ¡Recuerda a nuestros compañeros de estudios! Nos miraban como a bichos raros porque discutíamos y leíamos cosas que ni entendían ni les preocupaban. Y eran de  “buena familia”. Les jodía que no fuéramos como ellos, y si no hubiéramos sacudido a más de uno, nos habrían amargado. Pues con la revolución,  peor. Las cuentas no les han salido y tienen hambre. Y echan la culpa a los fascistas.

–No olvido lo de mi familia. Pero me gustaría tener una visión más amplia. Tú lo has dicho de nuestros compañeros de clase: ¿son mejores esos ricos vacíos, viciosos y estúpidos? Y los de abajo lo perciben. Se dicen que esa gente no es mejor que ellos y no comprenden cómo puede estar por encima y gozando de tanto lujo…

– En todas partes hay buenos y malos, pero después de sufrir su revolución creo que lo que quieren, lo que envidian, son los lujos y los vicios de los ricos. Después de ocupar y dejar como pocilgas los antros y clubes de los ricachos, les han llegado las vacas flacas, mientras a sus jefes no les falta de nada.

– Durruti era un jefe y no un aprovechado. Se batió como el primero.

–Aprovechado no, ¡demente!

– Bien, no es momento de discutir… Pero todo me parece como si no me ocurriera a mí. ¡Acabar con el presidente de la Generalidad…! Me da mareos.

– ¡Pues claro que no es momento! Meterse a esas averiguaciones solo nos debilita. Debemos hacer lo nuestro y olvidar lo demás. Lo que ha de ser, ha de ser, no vayas a echarte atrás ahora, por favor (…)

  –¡Hasta tengo la impresión de parecerme a Durruti! –insistí.

–¡Burradas! Durruti habría acabado con la sociedad civilizada. Nosotros, al contrario.

–Él no lo consideraría así.

–¿Y qué importa? No cuenta cómo lo considere cada cual, sino cómo es de verdad. A tu familia quizá la han exterminado. ¿Y por qué? ¿Hacía algún mal tu padre con su taller? Al contrario, daba trabajo a unos cuantos, pero los durrutis lo consideran un crimen.

–Ya sé, hombre, ya sé. Pero te lo repito: vivo como en sueños. Si no estuvieras tú tan firme y tan seguro, lo dejaba. No temas, iré cueste lo que cueste. Lo que no quiero es descender a una rufianería como la de Mario.

    En cuanto a Franco, no hará falta repetir sus méritos, que quieren ignorar sus enemigos. Salvó a España de muchas catástrofes  y dejó un país en las mejores condiciones. No tuvo oposición democrática y murió en cama, tras una penosa agonía  con la que tanto se han regocijado sus ruines enemigos. Después, sus herederos han  resultado no menos ruines casi todos.  Unos, incapaces de defender su memoria, otros confundiendo la reconciliación popular, lograda de mucho tiempo atrás, con una reconciliación falsa con quienes habían llevado a España al borde del abismo.

Tres  personajes definitorios de una época histórica.

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“Sepalanes”, “sepascos”.

Me sugiere un amigo que es muy fastidioso tener que decir a cada paso “nacionalistas catalanes” o vascos, o lo que sea, y que por eso la gente prefiere decir simplemente  “catalanes”, “vascos” etc., lo que es mucho peor, porque introduce una falsedad esencial. Como se trata de separatistas, propone que en adelante se habla de “sepalanes”, sepascos”, “sepallegos”, “sepaluces”,  etc.  Con lo que quedarían englobados en una sola palabra que daría más ligereza al discurso. Me parece una propuesta muy plausible. En adelante la emplearé aquí. Como todos los neologismos, suenan un poco raros al principio (así “useño”, por ejemplo), pero el uso los vuelve normales.

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Violar a las mujeres y las leyes / Importancia naval de España

****Lunes, 19: presentación de Menéndez Pelayo. Genio y figura. Intervendrán Aquilino Duque, César Alonso de los Ríos y José Miguel Oriol. A las 13,00 horas, en la Academia de la Historia, c/ León 21, Madrid

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Blog I:  ¿No es Rajoy masón? / Lili Marleen en Vitebsk / ¿Gallego o catalán  http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

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Parece que ha dimitido o han dimitido al jefe de uno de esos organismos extraños y probablemente parasitarios de nuestra administración:  dijo que a las mujeres y a las leyes hay que violarlas. Por pura casualidad he encontrado esto en las memorias de Pío Baroja:

Otro de los tópicos de Silverio Lanza era una misoginia agresiva. “Amigo Baroja –me decía–, en sus novelas es usted muy galante y respetuoso con las damas. A las mujeres y a las leyes hay que violarlas para hacerlas fecundas”. Yo me reía.

   Un día (…)  volvió Silverio  con la historia (…) Gil se reía, y como hombre irónico y enfermo hacía observaciones burlonas y un tanto lánguidas. Yo, ya cansado, le dije a Lanza: “Mire usted, (…) , todo eso es literatura y literatura manida. Ni usted ni yo podemos violar las leyes y las mujeres a nuestro capricho. Eso se queda para los César, para los Napoleón y para los Borgia. Usted es un buen burgués que vive en su casita de Getafe con su mujer, y yo soy otro pobre hombre  que se las arregla como puede para vivir. Usted, como yo, tiembla si tiene que transgredir, no una ley, sino las ordenanzas municipales; y, respecto a las mujeres, tomaremos algo de ellas si ellas nos quieren dar algo, que me temo que no nos darán gran cosa a usted ni a mí, y eso –añadí en broma—que somos dos de los cerebros más privilegiados de Europa”

   Mi primo Goñi dijo a esto, con la gracia rara que le caracterizaba, que dentro de la mezquindad de la vida, de la realidad palpable, yo tenía razón;  pero que Lanza se colocaba en un plano más alto,  más romántico, más ideal. Después dijo que Lanza y él eran bereberes, violentos y apasionados, y yo un ario vulgar, de ideas corrientes, como las de todo el mundo.  A Lanza no le hicieron gracia las explicaciones de mi pariente, y se separó de nosotros con marcada frialdad

No sé si la extravagante  idea era original de Silverio. De él dice Baroja: “Silverio Lanza era un hombre de cierta originalidad y que tenía un fondo  enorme de ambición fracasada y de vanidad, cosa muy lógica, porque siendo un escritor notable, no había tenido, no ya el éxito, ni siquiera la consideración que otros hemos disfrutado”.

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España y el mar

Fui el otro día al Museo Naval. Es muy interesante, aunque podría tener explicaciones más detalladas y visibles. Había una exposición sobre mujeres en la conquista y colonización de América, que no vi: me bastó leer la hoja explicativa para desanimarme. Según ella,  la mujer en el siglo XVI “tenía un destino marcado”, aunque algunas, muchas por lo visto, “se sobrepusieron”.  “Supeditada a la tutela del varón y desprovista de toda relevancia intelectual, ser mujer en la España del siglo XVI  era esencialmente un estigma”. Uno se pregunta cómo una institución como el Museo Naval puede tolerar estas cretinadas que insultan la inteligencia. Busco quién es el comisario de la exposición. Se trata de dos  señoras,  Mariela Beltrán García-Echaniz y Carolina Aguado Serrano. De ellas sí puede decirse que demuestran carecer  de cualquier relevancia intelectual. Me recuerdan a otra señora que defendía el papel de la Celestina como puta:

Modelos de mujer: http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/modelos-de-mujer-un-gran-fallo-en-los-estudios-sobre-la-transicion-8652/

Feminismo y prostitución: http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/gran-hambruna-y-holodomor-feminismo-y-prostitucion-8694/

Cambiando de tercio, me preguntaba  por qué se desdeña o ignora tanto la historia naval de España. A cualquiera que se le pregunte recordará seguramente  dos desastres, el de la “Invencible” y el de Trafalgar, e ignorará el resto, y considerará que  la primacía histórica naval del mundo corresponderá a Inglaterra, suponiendo que esta siempre venció a España en el mar. Creo, sin embargo que podría argumentarse la primacía española. Fueron las flotas españolas los que por primera vez cruzaron el Atlántico y el Pacífico, los océanos más grandes del mundo,  los que dieron la primera vuelta al mundo, descubrieron teritorios inmensos,y pusieron en comunicación todos los continentes habitados y crearon rutas comerciales, mientras en el Mediterráneo las flotas españolas rivalizaron y terminaron venciendo a la marina más poderosa de la época, la otomana.  Son proezas  de una envergadura  histórica que ninguna otra marina ha  igualado, y en una época en que las demás potencias europeas, excepto Portugal,  apenas pasaban de practicar  la piratería o el tráfico negrero en los grandes océanos. Contra una impresión extendida,  la flota española, durante la Guerra de los Cien años, derrotó a la inglesa, que a su vez había vencido a la francesa, castigó duramente la costa sur de Inglaterra y llegó muy cerca de Londres. La Armada “Invencible” fue seguida por parte inglesa de una Contraarmada al mando de Drake, que terminó en un desastre no menor que la española, y en la que participaron “los elementos” en menor medida que en la “invencible” (este nombre le fue puesto por los ingleses, no por los españoles). Todavía en el siglo XVIII los ingleses lanzaron contra el nudo del Imperio español, Cartagena de Indias, la escuadra más grande que había visto la historia, que fracasó  por completo frente a una defensa numérica y materialmente muy inferior. Cabe recordar que Nelson fracasó a su vez en las Canarias, donde estuvo a punto de perder la vida (perdió un brazo). En fin, A. R. Rodríguez González, entre otros, han escrito libros muy interesantes sobre la historia naval hispana. Pero son desconocidos del gran público y no influyen para nada en la enseñanza de la historia en nuestro país. La historia de España, tal como se impone actualmente a los niños, provoca en ellos desagrado o sensación de pesadez.

Bien, un poco en contra de las pésimas versiones de la historia hoy en boga, a partir del martes próximo creo que estará en las librerías mi  penúltimo libro, España contra España.

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Pío Baroja, sobre Oscar Wilde / Otro mito republicano se viene abajo.

Blog I: Un error, creo, de Julián Marías / El entierro de Durruti / Un pasado algo oscuro. http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/un-error-creo-julian-marias-entierro-durruti-un-pasado-oscuro-20121114

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España cañí: http://www.youtube.com/watch?v=EMHywFSe4Sc

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Pío Baroja, sobre Oscar Wilde

“Oscar Wilde era alto, demasiado alto, con un cuerpo grande y un tanto destartalado. Iba vestido de gris; llevaba un sombrero blanco y una indumentaria vulgar. Tenía la cara larga, pálida, un poco caballuna; las manos, enormes, así como fláccidas, muertas, y los pies por el estilo. Sabiendo quién era, daba la impresión de un fantasma. No sabiéndolo, parecía un hombrón vulgar. No tenía nada de ese aire trágico y dramático que tienen a veces las ruinas humanas. En el tiempo que le vi no contaba más de cuarenta y tres años, pero parecía un hombre de cincuenta.

El hombre aquel, triste y decaído, podía ser en su decadencia el autor de El retrato de Dorian Grey y de otros libros un poco aparatosos y petulantes escritos para snobs; pero no parecía que pudiera ser el que había escrito comedias tan chispeanes y alegres como El abanico de lady Windermere y, sobre todo, como La importancia de llamarse Ernesto (“The importance of being earnest”).

Los escritores franceses se mostraron muy severos con Oscar Wilde. Esto podía explicarse en una sociedad puritana; pero en un ambiente de estetismo y de corrupción no se comprendía.

La severidad inglesa en la cuestión de Oscar Wilde fue estúpida y torpe. Un hombre puede empeñarse en desafiar la opinión pública de un país; pero un país grande y fuerte, por lo mismo de ser fuerte, no debe aceptar el desafío de un cínico, sino resueltamente alejarlo y no ocuparse de él.

Era difícil explicar una actitud tan mezquina, tan ruin como la que tomaron los escritores con tipos como  Oscar Wilde o como Verlaine. Que el uno era un invertido y el otro un borracho y quizá también invertido. Cierto; pero había un gran número de escritores  que eran también invertidos y borrachos y no se les insultaba ni se les aislaba al ponerles este inri. (…)

Esta cuestión de Oscar Wilde a mí no me interesó nunca. Me pareció un tema de pensión de solteronas, una verdadera cursilería. La justicia inglesa estuvo también muy torpe. El juez debía haberle dicho al escritor:

–Mire usted, señor Wilde. Ese problema de usted nos importa poco a nosotros. Tome usted el barco, vaya usted al continente e instálese usted donde le parezca y viva donde quiera y como quiera.

El proceso de Oscar Wilde fue tan ridículo como el Corydon de Gide. Este libro parece, por lo poco que he leído de él,  la apología del homosexualismo. ¿Para qué esa apología y esa pedagogía? No se ve para qué. Lo mismo creo que podría hacer la apología del herpetismo o de las hemorroides.

Oscar Wilde era, evidentemente, un escritor  de talento; pero en aquel tiempo estaba rechazado por  todos sus colegas franceses, a pesar de que a muchos de estos, como a Jean Lorrain y a otros varios, se les atribuían las mismas costumbres que al autor de Salomé. El homosexualismo era un mérito. Un escritor francés me decía:

–A mí nunca me han tachado de homosexual, y, naturalmente, no tengo éxito.

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El mito de las 27.000 escuelas construidas por la república:

Sobre la república, como sobre todo lo que hace la izquierda, se ha construido una increíble cantidad de embustes. Según este estudio, la cantidad real de edificios escolares terminados antes de la Guerra Civil asciende a unos 700,  con unas 3.000 aulas. De ellos, una buena parte se inauguraron con la república, pero habían sido comenzados en la dictadura de Primo de Rivera. También es falsa la especie de que durante el segundo bienio, llamado “negro” por  los golpistas  izquierdas y separatismos, se ralentizase la construcción de escuelas. En realidad, los presupuestos de enseñanza aumentaron durante el segundo bienio, como he explicado en varias ocasiones.  Para entender la república y la compulsión de los “republicanos” a la mentira, solo hay que leer los juicios de Azaña, de Marañón o de Pérez de Ayala:

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=25756

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Oligarquía goda y formación de España / Tipismo y División Azul /Prensa prostituta.

Blog I: Calumnias en la ONU / Tercera canción / Bofarull responde: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/verdad-prensa-prostituta-20121113

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Como observa Christopher Dawson en La religión y el origen de la cultura occidental, “los reyes merovingios no habían dejado de ser bárbaros al convertirse al cristianismo. En realidad, a medida que se alejaron del trasfondo tribal de la antigua realeza germánica parecieron volverse más feroces, traidores y corrompidos (…) El mundo que Gregorio de Tours describe es un mundo de violencia y corrupción, donde los jefes dan ejemplo de injusticia y desprecio de la ley, y donde se perdieron las virtudes bárbaras del lealtad y honor militar”.

Esto parece bastante más próximo a la realidad que las arbitrarias ocurrencias de Ortega (cuando Ortega habla de política o de historia –en esto tenía razón Azaña– no solía expresar pensamientos, sino ocurrencias) sobre los visigodos y los francos, y la presunta decadencia de los primeros frente a la vitalidad de los segundos. Ambos pueblos (sus capas dirigentes) se encontraron con el mismo problema: con unas instituciones y tradiciones tribales, muy primarias, no estaban en condiciones de administrar o gobernar los extensos países, de cultura superior, creados sobre las ruinas del imperio romano, lo que produjo tres efectos: la profunda degeneración señalada por Dawson; la considerable barbarización de Europa occidental; y la pervivencia tolerada de una especie de poder paralelo de tipo no solo espiritual sino también cívico, constituido por la estructura eclesiástica, que en aquel trance salvó la civilización.

La dominación franca –y los francos tenían detrás un contacto con Roma, “corruptor” a juicio de Ortega, no menos intenso y prolongado que los visigodos– fue con los merovingios una auténtica y caótica pesadilla, dividió las Galias en diversos reinos enfrentados entre sí, y apenas llegó a crear una estructura parecida a un Estado. Por contraste, los visigodos no solo mantuvieron su reino en una política de tenaz unificación de Hispania, sino que construyeron un Estado de cierta entidad. Considerar estos logros –entre otros– manifestaciones de “decadencia y corrupción” entra ya en el campo de las tonterías.

Pero Dawson no parece tan acertado, por decirlo suavemente, cuando afirma: “Los reinos bárbaros del sur (España y el Magreb) tuvieron corta existencia y poco influjo en el futuro de la cultura occidental, salvo negativamente, en la medida en que prepararon el camino para la conquista musulmana de África y España en el siglo VIII”. Sorprende una comparación tan inverosímil entre el reino vándalo y el visigodo, incomparablemente más sólido el segundo, política y culturalmente, y mucho más duradero: casi tres siglos contra muy poco más de uno: el islam no derrotó allí a los vándalos, sino a los bizantinos y los beréberes. Además, el reino godo ejerció gran influencia en la cultura occidental, a través de Isidoro, Tajón y otros, incluso en la época carolingia. De hecho España fue (a partir de Leovigildo) el reino germánico más civilizado, con diferencia, de Europa occidental, en una época en que los demás apenas eran capaces de levantar arquitectura de piedra, no digamos fundar ciudades. Y decir que los visigodos prepararon el camino a la conquista musulmana no pasa de frivolidad… excepto en un sentido.

Cuando hablamos de los godos solemos referirnos a su oligarquía nobiliaria y a sus monarcas, y, desde luego, sería muy exagerado atribuir a la primera la formación política de España. Si observamos el proceso de nacionalización iniciado con Leovigildo y Recaredo notamos que sus impulsores son, en general, los monarcas, en contra de las tradiciones germánicas y del poder nobiliario; y que de este último provienen en cambio todas las dificultades, trifulcas y contiendas civiles que terminarían en la “pérdida de España”. Pero aún mayor peso que el interés unitario y nacionalizador de los monarcas o la mayoría de ellos, y de algunas facciones nobiliarias, tuvo el episcopado, propiamente la organización civil hispanorromana.

La historia del reino hispanogodo desde Leovigildo es la de una tensión permanente entre las tendencias de la realeza y el episcopado (representante, en aquellas condiciones, de la mayoría de la población) y una aristocracia que nunca se debilitó lo suficiente ni perdió del todo sus tradiciones germánicas, si bien cada vez más degradadas. El carácter electivo de la monarquía y la “costumbre” del regicidio parecieron cambiar cuando Leovigildo fue sucedido por su hijo Recaredo y este por el suyo Liuva II, un sistema hereditario mucho más estable y racional, dadas las circunstancias. Pero con el temprano asesinato de Liuva volvieron, en parte, las tradiciones bárbaras, y el episcopado hubo de aceptar también el sistema electivo y participar en él. Si el sistema hubiera dependido exclusivamente del carácter levantisco, banderizo e intrigante de aquella aristocracia, el país pronto se habría disgregado inapelablemente, como ocurrió con los francos en las Galias, y nunca habría alcanzado el notable grado de unidad nacional que efectivamente logró, ni se hubiera mantenido esta unidad cerca de un siglo y medio.

Ninguna de estas tendencias –la de la oligarquía, la del episcopado y la de los monarcas, al menos los más ilustrados– predominó del todo, por ello hablamos de tensión entre ellas. El desgraciado fin de la España goda puede hacer creer que finalmente la oligarquía fue haciéndose el poder decisivo, empujando el reino a la decadencia y preparando el camino a la conquista musulmana, como dice Dawson; pero sospecho que esa impresión es también un espejismo a lo Perogrullo, causado precisamente por la derrota ante los musulmanes. A pesar de los datos contradictorios, me parece muy sostenible la tesis de que el reino godo no fue abatido en un momento de decadencia, sino de progresivo fortalecimiento, pues estas cosas ocurren a veces en la historia.

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   Me critican algunos que los dos protagonistas de la novela que van a Rusia no reflejan el espíritu del divisionario corriente. Y es verdad. Ya he dicho que he huido del costumbrismo y el tipismo. Por la División Azul pasaron casi 50.000 hombres, y entre ellos había de todo como personas, con motivaciones muy mezcladas. Aunque la media podía definirse como el joven idealista, católico y patriota, con cierta ingenuidad intelectual. Paco y Berto son patriotas, sin duda, aunque no exaltados; Paco es muy poco creyente y Berto no mucho más, pero no son indiferentes sino que siempre se están haciendo preguntas, no son ingenuos (algún divisionario cuenta en sus memorias cómo un ex fraile allí presente afirmaba que Dios no existía, sorprendiendo a todos). En los dos entra un afán de aventuras y de independencia, pese a aceptar una dura disciplina. Paco se parece a su hermana Luisa en su tendencia a la promiscuidad, mientras que Berto se debate entre la atracción por Carmen y su temor a encadenarse a una vida “normal”. Pese a todo, un motivo que comparten con los demás divisionarios es la idea de acabar de una vez con el foco del comunismo, después de la experiencia de la guerra española. Como catalanes, tampoco responden a estereotipos. Tampoco el cura con quien discuten es típico. Pero atípico no significa imposible ni inverosímil. 

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Prensa prostituta.

En algunos libros he señalado el hecho, bastante asombroso pero que se ha vuelto normal, de que la gran prensa con pretensiones serias se lucrase de la prostitución mediante secciones de anuncios. Quiero decir, se lucrase directamente, porque de forma indirecta, otro rasgo de la mayoría de los medios de masas ha sido la promoción masiva de personajes y hechos asimilables a la prostitución. Esa “normalidad” no deja de ser un dato definitorio. Se ha impuesto desde hace muchos años una triple corrupción, intelectual, económica y sexual. La peor de ellas es la primera: el imperio de la mentira. Del que derivan en gran medida las otras dos.

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