El moralismo español. Dos monasterios gallegos

****Muy ilustrativo el estudio comparativo de Luis del Pino por regiones (gasto público, deuda, etc.). Muy recomendable: http://www.libremercado.com/2012-09-09/comparaciones-odiosas-entre-autonomias-1276467867/

****Blog Gaceta: Condiciones para ser demócrata / ¿Historia, aventura, filosofía? http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/condiciones-para-ser-democrata-historia-aventura-filosofia-20120908

*********************

(escr. en 2003)
José María Pemán, uno de los teorizadores de la dictadura de Primo de Rivera, señalaba como rasgo característico de los españoles una acusada exigencia moral. Esto no sólo lo decía él, pues cita de Keyserling: “En lo ético, España se encuentra a la cabeza de la actual humanidad europea”. Y lo han apreciado otros muchos observadores, como se trasluce en la manera como Brenan analiza el anarquismo hispano (podría sostenerse que el anarquismo arraigó en España ante todo por su moralismo). Es también cierto que en la propaganda de las izquierdas —en menor medida, quizá, de las derechas— la apelación moral  surge con extraordinaria fuerza a cada instante. Como señala Pemán, “en otros países de Europa existe una mayor frialdad para separar lo utilizable de cada persona (su talento, su habilidad), de su fondo moral”; en España, “ni el talento ni la elocuencia, ni el acierto político bastaron nunca, al cabo, para hacer olvidar las claudicaciones éticas”. Aquí, por ejemplo, un tanto fundamental en la apreciación de los líderes políticos era la de su austeridad y limpieza moral.
En apariencia esto es buena cosa, si consideramos que el ser humano es ante todo un animal moral, antes que intelectual. Pero ya Ortega señaló cómo la popularidad de algunos políticos y teorizadores republicanos, creo que se refería a Pi y Margall, se asentaba en el prestigio de su personal sobriedad, y no, desde luego, en el fundamento de sus ideas, mediocres cuando no disparatadas. Así como innumerables estupideces ideológicas han colado en todas partes gracias a venir presentadas en un envoltorio de cursilería, en España el envoltorio preferido de la necedad ha sido la pretensión moral.
Ello, insisto, se ha dado de manera preferente en la izquierda, incluso en la comunista, para la cual, al revés que para la anarquista, la ética no pasaba de ser un aspecto accesorio, convencional, una espuma de la sociedad de clases. Pero su propaganda radicaba en la maldad, le bellaquería, la bajeza moral, en definitiva, atribuida al enemigo, más bien que en el análisis de la “explotación” o de las relaciones sociales.
Podríamos ver ahí una especie de superioridad moral de la izquierda. De hecho, en la mala conciencia y los complejos que muestra habitualmente la derecha se percibe el influjo de esa permanente acusación moral desde la izquierda, ante la que los acusados no han sabido replicar muchas veces, o se han batido a la defensiva. La ideología y política derechistas, coincidían incluso algunos conservadores, sólo expresaban los intereses de los “ricos”, y los ricos, en general, disfrutaban de unos bienes ganados indebidamente, por medio de la explotación y el expolio de los pobres. Las derechas resultan, por definición, ladronas y corruptas, y quienes, no siendo ricos, las apoyan, sólo revelan imbecilidad y abyecto servilismo ante la injusticia, o deseos de participar en el botín.
Pero si esos rasgos podían predicarse de las derechas en todo el mundo, cuando llegábamos a España empeoraban hasta los indecible. Los “ricos” españoles, y quienes les apoyaban (“los militares y los curas”, en cabeza) eran los más miserables, crueles, oscurantistas y chulos de todo el mundo, o por lo menos de toda Europa. Esta concepción arcaica sigue vigente en muchos ámbitos populares, y sus ecos resuenan con fuerza en episodios como la propaganda de Simancas en el reciente rifirrafe por la Comunidad de Madrid. Pero no sólo se “piensa” así en ambientes populares sino también, y aun diría que de preferencia, en los intelectuales. Así sigue siendo la línea hegemónica en la historiografía “profesional” y “académica” sobre la guerra civil, espoleada desde fuera por los Preston, Jackson y compañía.
Por cierto, la conducta de los potentados rara vez es ejemplar, y si no se le pusieran trabas legales tendería en general al abuso; también las observaciones de Cambó sobre la ruindad y ostentación vanidosa de los catalanes adinerados —extensibles al resto de España— tienen una gran parte de verdad. Pero eso no hace menos absurdos los juicios absolutos típicos de la izquierda, ni vuelve virtuosos a quienes los emiten.
Si miramos más de cerca ese moralismo español, enseguida le vemos unas cuantas fallas. Empieza por ser fundamentalmente negativo. Las diatribas feroces contra el enemigo carecen del equilibrio y de los matices que caracterizan un auténtico juicio moral. Los acusadores están predicando de sí mismos, implícitamente y por contraste, virtudes tan excelsas como viles serían los vicios denunciados, pero a menudo eso es secundario. El papel de esas diatribas suele ser más bien el de encubrir un deseo de agresión y una avidez extrema de esos bienes poseídos por otros con supuesta ilegitimidad. Durante la guerra civil, o en tiempos más recientes, pudo comprobarse cómo el comportamiento de aquellos virtuosos denunciadores de la maldad ajena imitaba, precisamente, los peores actos atribuidos —no siempre sin razón pero muchas veces sin ella—, a “los ricos”.
Por otra parte ese moralismo se extiende porque halaga la vanidad de cada individuo de sentirse el juez de los demás, especialmente de quienes, en el plano material o en otros, se encuentran por encima de él. Esta especie de envidia, ya se exprese positivamente como espíritu de superación, o negativamente como impulso destructivo hacia el prójimo más favorecido, o de simple pasividad rencorosa, parece constitucional en el ser humano, y será siempre una fuente de motivación para sus actos. Tengo la impresión de que el moralismo español, sobre todo en la izquierda, ha tendido más bien a despertar actitudes negativas.

No estoy muy seguro de que el impulso ético español sea más fuerte que el de otros pueblos —actualmente parece más bien lo contrario, basta mirar la televisión, por poner un ejemplo—, pero en todo caso sólo tendrá valor si pierde algo de la rudeza y negatividad que lo han acompañado, al menos en el siglo XX y ahora mismo.

———————————————

RECUERDOS SUELTOS

Dos monasterios gallegos

 

Hace muchos años quedaba a veces en Galicia con mi   hermana Begoña, creo que para pasarle ejemplares de la revista Contracorriente u otra propaganda que ella debía   distribuir por Vigo. Con el tiempo descubriría que aquel esfuerzo apenas nos   servía a quienes confeccionábamos el material, pues casi nadie se molestaba   en leerlo, aun si lo cogían y lo pagaban.

Aprovechábamos estas visitas para darnos un garbeo por la región. Ella se había hecho un nombre como columnista de la Hoja del Lunes de Vigo, muy leídas la hoja y la columna, y desde entonces se ha mantenido fiel a su izquierdismo, me inclino a suponer que por un sentimental apego al pasado. En muchas personas he encontrado esa fidelidad a los tiempos de juventud, embellecidos por la memoria y por encima de cualquier sentido crítico, y el de Begoña podría ser un caso, no voy a afirmarlo con rotundidad. Conviene distinguir, creo, entre la consideración fría de las ideas y el encanto, justificado o no, que a menudo nos llega de aquellos juveniles idealismos, cuando aún no nos habíamos vuelto tan prosaicos.

Uno de esos viajes fue en un invierno, no recuerdo cuál, pero señalado por el hecho insólito de que todo el interior de Galicia estaba cubierto de nieve. El coche patinaba a menudo sobre el pavimento, y mi hermana, que era quien conducía, sugirió renunciar a la excursión, pero la convencí de seguir. Tal vez esté mezclando más de un viaje, pero me parece que en este de que voy a hablar visitamos, entre otros, los monasterios de San Pedro de Rocas, en la provincia de Orense, y el de Monfero, en Coruña, ambos en ruinas y abandonados. A ellos solo acudían entonces algunos devoradores de emociones particulares.

Es curioso que, siendo comunistas, coincidiéramos en esa atracción por los viejos monasterios, manifestaciones de oscurantismo y opresión, según la doctrina. Contradicciones. Ya he contado la anécdota de cómo una vez pasábamos cerca del Museo del Prado, en un coche robado, y uno de los camaradas propuso quemarlo el día feliz de la revolución: “En definitiva, no es más que arte feudal y reaccionario”, explicó. No era fácil, desde nuestro ideario, oponerse a tales iniciativas progresistas; y más recientemente he oído a bárbaros y necios hablar de dinamitar el Valle de los Caídos…

Mi atracción por viejas ruinas monásticas dejaba de lado consideraciones doctrinales. Surgía de un nebuloso sentimiento de consuelo frente a la vulgaridad triunfante en aquellos años y que ha seguido triunfando, sin cansarse. De todas formas, probablemente siempre ocurrió algo así, y las quejas de los espíritus que se pretenden exquisitos se repiten en todas las épocas. Yo no me sentía muy exquisito, pero sí lleno de un profundo descontento, agravado por la desconfianza cada vez mayor respecto de las ideas en que había creído. Las ruinosas piedras daban testimonio indeleble de gentes retiradas del pedestre mundo habitual para vivir una vida por así decir más sublime, y acumular arte y ciencia, quién sabe si conocimientos poco comunes que valdría la pena investigar. No pensaba estas cosas muy en serio, pero la atracción persistía, como pasaba entonces a mucha gente en relación con los templarios, hasta que la moda pasó.

El monasterio de San Pedro de Rocas tiene dos notables peculiaridades: ser uno de los de más antigua fundación de Europa, en torno al siglo VI, y estar construido parcialmente dentro de la misma peña. Begoña y yo paseamos un buen rato entre las musgosas rocas y los sepulcros excavados en ellas. Aquellas tumbas habían albergado los restos de personas cuyas existencias solo podemos imaginar con una dosis excesiva de arbitrariedad, pero que sin duda tuvieron su lugar en el mundo. Quizá hombres notables por su inquietud intelectual, o bien limitados al afán de tener asegurado el condumio. De todo habría. La convivencia, aunque muy reglamentada, debía de ser difícil: las pasiones, las envidias, los roces, los odios, persisten a pesar de las convicciones religiosas, aunque estas, acaso, las atenúen, o mitiguen sus efectos. ¿Y el pecado de la acedía, el tedio, el hastío insoportable que atenazaba a muchos monjes, una angustia vital a menudo inmune a las prédicas? En plan más o menos freudiano, cabría atribuirla a la abstinencia sexual –en la medida en que se diera–, pero, con uno u otro nombre, aparece en todas las épocas y sociedades. Quizá las exigencias morales de la vida monástica hicieran, por aparente paradoja, más vulnerables a muchos espíritus.

Por aquellas rocas y parajes, pues, se habían movido generaciones de personajes que, por un motivo u otro, habían resuelto pasar los años de su vida de un modo no habitual. Sus sentimientos, pensamientos y anhelos se han desvanecido junto con sus cuerpos. ¿No andarán sus fantasmas por ahí, deseosos quizá de hacerse perceptibles de algún modo? Pero la creencia en los fantasmas es una forma de rebelión, ansiosa y temerosa a un tiempo, contra la evidencia. Aquello pasó, pasó radicalmente, sea eso lo que fuere. Las ruinas, se dice, son evocadoras, pero rara vez he conseguido una evocación clara. A menudo he intentado concentrarme para percibir algo de las tragedias o comedias que se habrán desarrollado en tales lugares, a veces sabiendo algo concreto de tales historias. Buscaba tan solo superar la opacidad de los objetos mediante una sensación intensa del pasado, pero casi siempre he fracasado en el empeño. Al cabo de largos minutos en que el pensamiento va de un lado a otro, uno abandona el lugar: las ruinas solo son ruinas.

Al monasterio de Monfero, bastante kilómetros al norte, llegamos separándonos de la carretera por una trocha suficiente para el automóvil. Caía una nevada impresionante, que cuando llegamos al sitio arreció hasta el punto de que apenas dejaba ver a unos pasos. Me parece que había uno o dos coches más parados junto a la entrada del edificio, poco visibles, como el edificio mismo, pero sin nadie en las proximidades. Apenas intentamos visitar los restos del monasterio, en su mayor parte construido ya en la edad moderna, aunque de origen muy anterior. Paseamos bajo los espesos copos y volvimos a entrar en el coche para disfrutar, refugiados, de la impresión de soledad y aislamiento. El mundo exterior se había desvanecido entre la cortina de nieve, la mancha de los murallones y los árboles se hacía notar difusa, y podíamos sentirnos sin esfuerzo en la edad media. Solo faltaba una violenta ventisca con el aire aullando entre las altas ramas de los robles y los pinos, pero aun sin ello el premio era suficiente.

Fue amainando la nevada, y poco a poco los campos, algunas casas dispersas y la carretera, a alguna distancia, se hicieron presentes con su trivialidad. Emprendimos la retirada. En un cruce de carreteras encontramos un pequeño restaurante donde servían comida gallega, seguramente la de mejor género de España, aun si poco refinada a juicio de los expertos. Era un poco tarde y, debido al mal tiempo, no había más comensales, o al menos no los recuerdo; pero nos sirvieron, y fue un yantar excelente, todavía bajo el encanto de la media jornada transcurrida. Una de esas jornadas que, sin detalles precisos, dejan en la memoria una sensación próxima a la felicidad.

 

Creado en presente y pasado | 50 Comentarios

Carta abierta a un bellaco

Otro blog:  Maleducados por el franquismo/ Una aventura estrafalaria / Islam y separatismo: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/educacion-franquismo-islam-separatismo-una-aventura-estrafalaria-20120906
*****
(en abril de 2005)
Señor Ibarreche:
En su reciente discurso ante las Cortes, usted terminaba: “Estoy orgulloso del pueblo vasco, de nuestra historia milenaria, de nuestra lengua, el euskera, una de las lenguas más antiguas de Europa, pero estoy aún más orgulloso de nuestros hombres y mujeres, de todos los vascos y vascas que hoy vivimos y trabajamos en Euskadi, como antes decía, hayamos nacido donde hayamos nacido y votemos al partido político que votemos. Es fundamentalmente a vosotros a quien quiero dirigirme para deciros que el futuro nos pertenece y que lo escribiremos nosotros, pactando con los demás, pero lo escribiremos nosotros de nuestro propio puño y letra”.
Para empezar, habla usted con un tono impropio de un demócrata, un tono revelador del desprecio profundo que, bajo sus grotescos halagos, le inspiran los vascos. Usted se siente “orgulloso del pueblo”, dice con soberbia de demagogo tercermundista. Un poco de humildad, señor Ibarreche. ¿No debiera ser al revés? ¿No debiera ser el pueblo vasco el que se sintiera orgulloso, si fuera posible, de usted? Usted invierte los papeles hablando como el maestro que expresa su satisfacción por la aplicación de sus niños. Me parece que los vascos con criterio propio jamás aceptarán verse tratados así, ni podrán estar orgullosos de quien lo pretenda.
Y menos podrán estar orgullosos de alguien capaz de concentrar tantas mentiras y tonterías en tan pocas líneas. Menciona usted “nuestra lengua, el euskera”. Pero, señor Ibarreche, el vascuence no es la única lengua de los vascos, no es la lengua de la mayoría ni tampoco la de usted mismo. La lengua de usted, su lengua materna, es el castellano, y su vascuence, aprendido a matacaballo, no es fluido ni usted se expresa en él con naturalidad. No es su idioma, o por lo menos no es su idioma principal, en el que pueda usted razonar con alguna soltura. Renegar de la lengua materna, sentirse avergonzado de ella, de la cultura de sus padres, tiene mucho de bellaquería, una de esas que ya califican a la persona. Si hubiéramos de hacerle caso, usted mismo no sería vasco, o sería un vasco deficiente, un vasco averiado. No me extrañaría que así se considerase íntimamente y que, por una típica reacción psicológica, quisiera compensar esa sensación de inferioridad exagerando la nota contraria.
Pero eso es asunto particular suyo. La cosa cambia, y revela nuevamente un espíritu antidemocrático, cuando quiere dar por sentado que todos los vascos, por las buenas o por las malas, deben acompañarle en esa bellaquería, si quieren ser vascos “auténticos”. Cuando trata de definirlos por ese idioma, como hacen usted y su partido. Usted emplea ilegítimamente los resortes del poder para proyectar sobre la sociedad unas ambiciones tiránicas y envenenarla con sus propios sentimientos de insuficiencia. Esto es también profundamente antivasco, pues equivale a mutilar la cultura regional de la mayor y seguramente mejor parte de su cultura, que siempre se ha expresado en castellano. Usted quiere reducir a muy poco la tradición vasca, de modo similar a como los sicarios de la Revolución Cultural destrozaban la cultura china en aras de utopías “populares”. ¿Ve usted cómo bajo sus beatos elogios a unos vascos ideales y futuros se descubre fácilmente el desprecio y la agresividad contra los vascos reales e históricos?
Aunque ustedes suelen etiquetar de nacionalistas españoles a quienes les llevan la contraria, fíjese usted, señor Ibarreche, que a mí, como “nacionalista español”, no me molesta la existencia del vascuence, o que en ese idioma se escriba más y, sobre todo, mejor. Las leyes autonómicas, derivadas de una Constitución que ustedes quieren destruir, admiten el vascuence como idioma cooficial en las Vascongadas, y a ningún “nacionalista español” se nos ocurre pretender que el castellano defina en exclusiva a los vascos, pese a ser la lengua materna de la gran mayoría de ellos, pese a haberse expresado en este idioma, repito, casi toda la cultura vasca, sin excluir la misma literatura, si así queremos llamarla, del PNV.
Y, a propósito, fue Sabino Arana, fundador de su partido, y a quien ustedes suelen o solían llamar “Maestro”, con mayúscula, y de quien quizá ha heredado usted sus ínfulas, fue él quien, aparte de escribir casi toda su obra en castellano, expresaba una verdad pretendiendo ocultarla: “Aun en aquella fecha en que estas provincias vascas eran estados independientes, su lengua oficial era la española. Ni entonces los vascos amaban su independencia”. ¿Cómo iban a amar una independencia que sólo existía en la mente perturbada de Arana? Los vascos se habían integrado voluntariamente en Navarra, y después en Castilla, ambos reinos españoles, y en castellano redactaron sus fueros, no un “fuero vasco”, sino uno para cada provincia. ¿Qué país independiente negocia sus propias leyes con una autoridad extranjera y en el idioma extranjero?
Lo que demuestra este hecho, como tantos otros, es que ya en aquellos lejanos tiempos medievales los vascos no veían como extranjeros a los españoles ni al idioma predominante entre ellos. He aquí la historia real. Y los vascos reales, que se han sentido españoles durante siglos, prácticamente desde que existe España, no podrían estar orgullosos de quien, como usted, falsifica los hechos con tal descaro.
Precisamente por haber sido así la historia y sentimientos de los vascos, toda la doctrina, todo el empeño, toda la injuriosa prédica nacionalista queda sintetizada en las frecuentes lamentaciones de Arana, el “Maestro” de usted, señor Ibarreche, cuando clamaba furioso: “Ni parece que haya maketos y bizkaitarras, sino que todos somos hermanos”, o bien: “El euskeriano y el maketo, ¿forman dos bandos contrarios? ¡Ca! Amigos son, se aman como hermanos, sin que haya quien pueda explicar esta unión de dos caracteres tan opuestos, de dos razas tan antagónicas”. A crear ese antagonismo, a destruir la fraternidad entre “euskerianos y maketos” dedicó su vida aquel orate y han dedicado sus mayores esfuerzos sus seguidores, con tenacidad digna de mejor causa. Esa triste historia de fomento del odio es la única de la que gente como usted puede sentirse orgullosa.
Hoy Arana y sus seguidores, usted mismo, han alcanzado bastante éxito. Han convencido a muchos vascos –insuficientes para su designio, pero demasiados para la tranquilidad y la libertad de España– de constituir “una nación tan distinta de la española como de la china o de la zulú”, una “raza singular por sus bellas cualidades, pero más singular aún por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española, ni con la francesa, que son sus vecinas, ni con raza alguna del mundo”. Porque esto hay en el fondo de todas sus prédicas. Han fomentado sin tregua el agravio, la aversión, el sentimiento de una pretendida superioridad, y para ello han convertido ilegítimamente la enseñanza y los medios oficiales de masas en aparato de propaganda de su partido, costeado por todos los ciudadanos.
Su desprecio por los vascos reales, por la historia vasca real, se descubre igualmente, señor Ibarreche, en su plan de secesión. Con falsía de pícaro, usted ha declamado ante las Cortes: “La violencia de ETA es dañina, inhumana y, además, hace un daño inmenso, por supuesto, a las personas y a las familias contra las que se cometen atentados, y también a la imagen del pueblo vasco. Y nada ha hecho más daño, nada hace más daño a la imagen de un pueblo pacífico y trabajador como es el vasco que la violencia de ETA”. Naturalmente, señor pícaro. Y por eso usted ha sacado adelante su plan en el Parlamento Vasco con el apoyo de la ETA, explicitado por uno de sus asesinos más sanguinarios, hoy prófugo de la Justicia, en carta leída en ese Parlamento cuya dignidad ustedes han pisoteado una vez más. Por eso ustedes apoyaron en su momento a dicho asesino para la Comisión de Derechos Humanos de su humillado Parlamento. Por eso la policía que usted manipula casi nunca ha perseguido a la ETA, ni a la kale borroka. Por eso ustedes desafían la ley en beneficio del sector político del terrorismo, y mantienen subvenciones, bajo uno u otro disfraz, a la banda asesina y a sus programas de adoctrinamiento. Y por eso tantas otras cosas más.
Entre la violencia etarra y la complacencia o connivencia de usted y su partido con ella, han llevado a la ruina la democracia en esa comunidad autónoma, donde cientos de personas han sido asesinadas, miles tienen que vivir con escolta policial, decenas de miles han debido huir de allí; donde sufren hostigamiento constante, no pocas veces mortal, los partidos no nacionalistas (excepto el comunista, y ya significa algo el dato). Mientras tanto ustedes afirman que “en Euskadi se vive muy bien”. Y se come y se bebe muy bien, todo el mundo lo sabe, pero vivir significa algo más que eso. El PNV y la ETA, se ha dicho con justicia, han arrebatado a la mitad de los vascos su libertad y a la otra mitad su dignidad, sobornándola con eso de la “buena vida” o la “calidad de vida”. Una “buena vida” muy similar a la proporcionada por los nazis mientras imponían su tiranía y su violencia en Alemania. Ese es el bien que han traído los nacionalistas a la sociedad vasca, de la que dice sentirse usted tan orgulloso. Si es verdad lo que usted afirma de la ETA, señor Ibarreche, usted es su primer cómplice político y moral, usted comparte el carácter dañino e inhumano del Terrorismo Nacionalista Vasco, usted es un enemigo del pueblo vasco, como han sido enemigos de sus pueblos tantos tiranos que no paraban de adularlos impúdicamente.
Termina usted con una majadería muy propia: “El futuro nos pertenece y lo escribiremos…”. El futuro no pertenece a nadie, ni nadie puede escribirlo. Simplemente usted, con el apoyo terrorista, intenta llevar a su término el plan de Arana de romper definitivamente la fraternidad de los vascos y los demás españoles. Y con arrogancia de chiflado afirma que tendrá éxito en ello, adobando esa agresión a la libertad y la estabilidad común con fraseología hipócrita de “diálogo, mano tendida, amistad”. Qué locura. Bellacos como usted han causado las desgracias en que tan pródiga ha sido la historia del siglo XX, en España y en Europa.
****Garzón defiende la excarcelación de Bolinaga. Entre pícaros anda el juego
****Mujeres de IU: “Queremos follar seguras. Este gobierno nos está matando con el IVA”. Así son.
Creado en presente y pasado | 74 Comentarios

¿Interés de partido o interés nacional? El PP en la encrucijada

Blog Intereconomía: La naturaleza es sexista / Cosas de críos: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/naturaleza-sexista-cosas-crios-20120903#comments

***He entrado en twitter, también en facebook. Me dicen que son muy útiles, veremos.

**********************************

El PP actual ya no es el de Aznar. Es el de los seguidores de Zapatero. Siguen a Zapatero en el terreno de las autonomías y sus estatutos de “segunda generación” hechos a favor de la ETA. Le siguen en la política hacia la ETA (legalización, colaboración, dinero público y ataque a las víctimas directas). En el derroche (las comunidades más derrochadoras, varias del PP en competencia con Andalucía y Cataluña). También en el ataque a la independencia judicial. Incluso le siguen en el terreno económico, aquel en que se esperaba que el PP aportase algo propio. Lo único que ha aportado Rajoy  ha sido una ristra de mentiras desvergonzadas –después de acusar de mentir a Rubalcaba— para hacer lo que Zapatero al final: que nos gobiernen desde Bruselas o desde Berlín.

En este contexto, la cuestión de Bolinaga no es asunto menor, sino de aquellos que traslucen todo el conjunto de la política. El ministro del Interior, hombre de necedad demostrada, ha prevaricado, como lo ha hecho el juez de la Audiencia Nacional. Han prevaricado a favor de la ETA, convirtiendo, una vez más, el asesinato en un modo aceptado de hacer política. Y Rajoy, el responsable máximo, ha vuelto a mentir (está batiendo en unos meses la marca de Zapatero)  diciendo que obraba de acuerdo con la ley y que el PP y el PSOE habían seguido siempre la misma política al respecto. Aznar tiene que levantar la voz, como lo ha hecho Mayor Oreja contra la infamia, porque Rajoy le está insultando directa y literalmente, y arrastrando por el fango la labor que mejor hizo su gobierno.

Hablando el lunes en el programa de Esparza de Intereconomía, él usó la palabra rendición del estado ante la ETA. Creo que es un concepto equivocado. No hay rendición, sino colaboración. La ETA monta sus agitaciones defendiendo al asesino, para ellos un héroe, y el gobierno, obediente, le sigue el guión.  El gobierno renuncia a su deber de defender la ley y el estado de derecho para compincharse con los asesinos. Si nos dejamos de lenguaje politiqués, en la práctica es justamente así. Hace tiempo, cuando yo señalaba que Zapatero y su pandilla colaboraban con la ETA, me objetaban algunos que estaba deteniendo a bastantes etarras. “Claro –respondía yo–, porque entre mafias surgen también problemas;  pero es muy distinto detenerlos para que cumplan su condena que hacerlo en la perspectiva de un proceso de paz por el que saldrán libres en no mucho tiempo y convertidos en héroes populares”. Zapatero, y ahora Rajoy, están cayendo en la delincuencia, sin más, y la putrefacción del sistema se muestra en que, en lugar de ir ante el juez (que puede ser un individuo como Garzón o el amigo de Bolinaga,  por otra parte) mandan, ordenan y  se benefician de mil privilegios. Su mentalidad no es servir al país, sino servirse de él, como venía a reconocer el ministro de Asuntos Exteriores, tan dispuesto a entregar “enormes toneladas” de soberanía. 

Cuando un individuo zapateril como Basagoiti dice que el PP no puede permitirse “peleas internas con la que está cayendo” está diciendo que los intereses del partido priman sobre cualesquiera otros, y que los descontentos deben decir amén a la podredumbre. Aznar, Mayor Oreja y muchos otros disconformes, tienen la ocasión de decir ¡basta!, y tratar de echar a la pandilla de embusteros y zapateristas. O de seguir colaborando con ellos, aunque sea a regañadientes. Por un lado, intereses de partido, o mejor, de una camarilla dentro del partido. Por el otro, el interés de la nación y de la democracia. Hay que elegir.

****************************

 

Muchos de ustedes ya los habrán leído, pero quizá otros no. Es curioso como una misma cosa puede verse con perspectivas muy distintas:

  • I  parte
    1º El suceso que encierra en cierto modo toda la novela: me parece muy original y acertado empezar y terminar con ese motivo.  La narración ágil y plástica con mucha riqueza de sensaciones y sobriedad   y riqueza de la prosa hace imposible que te canse.

         2º En el capitulo 6º las explicaciones prolijas sobre Companys, las considero para un público iniciado en la historia de la Guerra Civil,  seguro que es un bocado delicado para tus lectores. Decayó un poco mi  interés. Página 58 al final muy poético me supo a buena novela.
         3º El personaje Paco es para mí el mejor sin desmerecer al protagonista   Berto. Es un carácter muy bien creado, con sus reflexiones sobre el amor, el sentimiento trágico de la vida y al mismo tiempo su sentido del humor
         4º La novela cobra un vigor insospechado con los viajes a Francia y la  rendición de Barcelona. El final de la 1ª parte es un desenlace  brillantísimo de tragedia sin caer en sentimentalismo.

RESUMEN IMPRESIONES 1ª PARTE

-Un 10 para la acción en la que sin duda eres un maestro, vigorosa narrativa e impecable lenguaje. A partir del capítulo 13 me enganchó muchísimo y leía otros ratos además del que suelo dedicar. Creo que habrá muchos lectores que sigan esa acción tan trepidante y a quienes el ambiente de la Guerra en Barcelona les interese mucho. La ambientación extraordinaria, lugares, pisos, actitudes de los partidos en Cataluña durante la Guerra.
Inconvenientes que yo he visto:
-Conocimientos de historia específicos (Companys y sus compañeros) me resultaron durillos, pero seguro que a tus lectores les encanta.
-Los amores están tratados quizás con cierta asepsia.
Creo que es una novela de aventuras estupenda. De ella puede salir una buena serie de televisión.
II Parte
Increíblemente buena novela de guerra, independiente de la anterior con el nexo del episodio del comienzo y la estupenda amistad de los dos protagonistas. Narración ágil, acción sin desmayos, conocimiento de tácticas de guerra y con la sensación de conocer también el terreno. Muy interesante la visión de la División Azul. Los personajes secundarios son muy buenos: Hipocrates, Diego, el teniente Larumbe y otros mandos de la División Azul (El Zapatero, Saavedra).Esta segunda parte es la que más me ha gustado. Una gran novela de guerra o de aventuras en la guerra.

*Solo los caracteres femeninos no me han parecido a la altura de los otros y tampoco las narraciones amorosas.
III PARTE
El desarrollo de la trama en Madrid me interesó menos sin quitar importancia al sentido del humor derrochado en tertulias y personajes públicos (me dirás como te enteraste de lo de Cela pues yo también lo sabía, creo que de buena tinta), pero ya en Galicia vuelve a ser una novela a la altura de la primera parte. El desenlace trágico que hace pensar en la literatura clásica griega está muy bien (y eso que me lo habías contado).
Esta parte es la que menos me interesó.

EN GENERAL
1º Un 10 en acción.
2º Narrativa vigorosa, quizás abunde en explicaciones históricas pero eso a tus lectores de siempre les gustará.
3º Creación de caracteres masculinos extraordinaria. Paco es el mejor de todos, se parece a los héroes de Grecia. Sentí que lo mataras. Berto muy humano. Todos los secundarios son soberbios, excepto las mujeres. Solo me gustó la madre de Paco. La abundancia de secundarios perfectamente definidos es un lujo.
4º Podría haber sido una trilogía extendiendo un poco más la tercera.
5º De aquí sale una buena serie de televisión.
6º El Epílogo me parece genial. Para ser buen novelista también hay que ser poeta y a lo largo de la novela se palpa. Antes de leer el nombre de Pío Baroja estuve pensando que esta novela me recuerda la trilogía de Madrid “La busca” “Aurora roja”…
Isabel Hernández.

Quien quiera comentar la novela puede hacerlo en estos blogs o en el correo auriga37bis@yahoo.com

***

  • Sobre      su novela, y siguiendo el esquema de Isabel Hernández, que usted ha      publicado hace tiempo:

ACCIÓN: la encuentro modulada casi musicalmente. Empieza con brío, deja a uno contundido ya en la primera escena y la tensión se mantiene, magnífica descripción del ambiente revolucionario en Barcelona (¿me equivoco si digo que ha sacado bastante de Orwell?) y las aventuras por la frontera. Hasta que al final de la primera parte, el protagonista descubre un hecho muy traumático sobre sí mismo y no se amolda a la normalidad de la paz, igual que su amigo Paco, a pesar de los esfuerzos que hace Carmen por “normalizarlos”.

Entonces, al final de la primera parte y comienzo de la segunda, ya en Madrid, se muestra la psicología atormentada del personaje, Berto, que anda desconcertado y solitario buscando no sabe qué o huyendo de no sabe qué, la acción se remansa en charlas de tertulia y en descripción del ambiente de la época en que va ganando Alemania. Hasta que de pronto, la División Azul salva a los dos amigos del tedio y de “las ruindades de la paz”, y la acción y la aventura vuelven al primer plano, muy bien, sin nada de la trivialidad ni las convenciones de las novelas de guerra, coincido con Isabel en que es la mejor parte, una gran novela de guerra, y muy distinta de las anglosajonas o francesas, muy original . Termina la aventura casi con el final de la amistad de los dos amigos, debido a su pasión por Iliena. En parte estoy de acuerdo con Miguel Ángel Fernández, en que esa historia de pasión, celos y venganza en una situación alucinada y alucinante, está narrada con extraordinaria eficacia y sobria, nada de “grasa”, pero echaría de menos una mayor extensión del episodio, tampoco hay que pasarse en sobriedad, creo yo.

A continuación, la acción entra de nuevo en un remanso, en Barcelona y Madrid, con el casorio y una espléndida descripción del cambio de ambiente cuando todo el mundo ve que Alemania pierde la guerra y tanta gente cree que Franco está acabado. Las descripciones que se hacen casi siempre en otros libros y novelas sobre aquellos años no tienen matices y no tratan los cambios que se van produciendo al compás de la II Guerra Mundial. Poco a poco la acción vuelve a primer plano con una inteligente intriga para explotar las diferencias entre los que esperaban la caída de Franco para ponerse ellos en el machito gracias a los tanques americanos. Y sobre todo lo del maquis y la revelación final, demoledora, sobre el protagonista. Yo le diría, de nuevo, que debía haber dedicado más páginas a esto último del maquis, que bien lo merecía, y uno se queda con la impresión de que, otra vez, el ambiente de la guerrilla está muy bien estudiado pero tratado con demasiada “sobriedad”. Como novela histórica yo diría que es difícil de superar.

PERSONAJES: Sobre el juicio de Isabel Hernández de los personajes femeninos, no puedo opinar mucho, a mí me parecen espléndidos y muy bien contrastados unos con otros, como Carmen con Luisa, Irina e Iliena, o las que pasan más brevemente como Pilar, Nastia o Mercè, o Eva y Lucía… Hasta la patrona de la pensión, Eufrasia. Pero mi óptica es masculina, claro, y seguramente eso influye, una mujer puede verlo de otra manera. De los masculinos, Berto y Paco son tipos que se dan poco, pues son hombres de acción pero que al mismo tiempo se cuestionan todo, no abundan en la literatura española y creo que en ninguna, y sin embargo parecen muy de carne y hueso. Los secundarios son en su mayoría muy buenos, hasta incluso los que aparecen muy poco en la trama: el tío Narcis, tan oportunista y desvergonzado, los tertulianos Luis y Tenreiro, sobre todo Crates y Contreras y el enloquecido Saavedra, los intelectuales jetas del café Gijón, el chequista Sabater, el cura de la D.A y el que colabora con el maquis de Galicia… que recuerde en este momento. Ninguno de ellos es convencional ni sigue los cánones del costumbrismo y a pesar de todo tienen verdadera vida.

Los fallos que le he visto, aparte de la excesiva “sobriedad” de episodios que yo creo que deberían tener un tratamiento más largo: a pesar de que da casi siempre el relato impresión de realidad, al mismo tiempo tiene todo un aire de cosa como soñada, extraña, no sé si es una virtud o un defecto, y algunas cosas suenan poco realistas, como la forma en que capturan a la teniente soviética y burlan al guardia civil que intenta entregarla a los alemanes, o el azar de los dos empleados taurófilos de la embajada americana en la taberna de Antonio Sánchez, esto tiene un aire un poco de burla. Claro que son insignificancias dentro del conjunto. Las conversaciones de estilo un poco filosófico me han parecido extraordinarias, como a Luis del Pino, y muy bien por quedar inconcluyentes, y no didácticas, a mí al menos no me lo han parecido, pero veo que a Aquilino Duque sí. Le dejan a uno pensando, pero no adoctrinado, dejan cuestiones abiertas en las que normalmente no suele pensarse. Por cierto que la blogia de Aquilino Duque que usted enlaza en su otra blogia es excelente y muy recomendable. La he recomendado (la novela) a amigos, y a todos, hasta ahora, les ha parecido muy bien. Aquí, en Cataluña, vendría muy bien que se leyera mucho, pero no se encuentra fácilmente.
Pere Puig González

**************************************

Un mensaje del fundador de Wikipedia, Jimmy Wales

Google puede tener cerca de un millón de servidores. Yahoo tiene alrededor de 12.000 empleados. Nosotros tenemos 679 servidores y un equipo de 138 personas.

Wikipedia es el quinto sitio web en la red y es usado por 492 millones de personas diferentes cada mes, con miles de millones de vistas de páginas.

Comerciar es bueno, la publicidad no es algo malo, pero no tiene lugar aquí. No en Wikipedia.

Wikipedia es algo especial. Es como una biblioteca o un parque público. Es como un templo para el pensamiento. Un lugar al que todos podemos ir a pensar, a aprender, a compartir nuestros conocimientos con otros.

Cuando fundé Wikipedia, pude haberla creado como una compañía lucrativa, con anuncios publicitarios, pero decidí hacer algo diferente. A lo largo de los años, hemos trabajado bastante para no gastar de más. Cumplimos nuestra misión, sin desperdiciar nuestros limitados recursos.

Si todas las personas que leen este mensaje donaran €5, sólo tendríamos que recaudar fondos un día al año. Pero no todos pueden donar o están en disposición de hacerlo, y está bien que sea así. Cada año el número de personas que deciden donar es justo el necesario.

Este año, por favor considera hacer una donación de €5, €10, €20 o la cantidad que puedas para proteger y mantener Wikipedia.

Gracias,

Jimmy Wales
Fundador de Wikipedia

Creado en presente y pasado | 95 Comentarios

España y Europa / Otra opinión sobre Cospedal

Blog Gaceta: Contra España y contra la democracia / Himno partisano / Manolete y su amante:  http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

*************************************

¿Qué es Europa,  más allá del espacio físico entre los Urales y Finisterre? No es  fácil  definirla, salvo por ciertos agudos contrastes con las vecinas Asia o África.  Con harto abuso se emplea la palabra para designar  al trío Inglaterra-Francia-Alemania, que desde el siglo XVIII marcan la pauta del desarrollo del continente y hasta cierto punto del mundo antes de  la II Guerra Mundial (avances tecnológicos y científicos, pensamiento, guerras, literatura y arte). Mas por un lado las diferencias entre esas tres naciones son profundas,  desde el idioma al estilo y desarrollo histórico; y por otra el continente es mucho más vasto y variado, cada país cuenta con su idioma o idiomas distintivos, su peculiar evolución y cultura, sus tradiciones y costumbres.  Lo único común a todos ellos ha sido y en gran parte sigue siendo, la religión cristiana. Y tampoco de forma homogénea, pues se halla a su vez diferenciada en tres ámbitos con un fondo étnico: el católico en los países latinos (menos la ortodoxa Rumania); el protestante,  en  la Europa germánica  (excepto las católicas Austria, Flandes  y la mitad de Alemania); y el ortodoxo  griego entre los pueblos eslavos (salvo algunos católicos, como Polonia, Eslovaquia o Croacia). Por otra parte, el cristianismo ha separado el poder espiritual del político, excepto en la parte ortodoxa. La cuestión se complica porque, precisamente desde el siglo XVIII, trata de imponerse, sin lograrlo del todo pero con grandes avances,  una nueva civilización acristiana o anticristiana, asentada en un peculiar enfoque de la razón y la ciencia.

Ha habido, además, una diferencia  nada trivial entre el centro-este, la Europa de los imperios hasta los siglos XIX-XX, y el arco occidental desde Escandinavia a la Península Ibérica, la Europa de las naciones, que terminó marcando la línea al resto, aunque la propensión actual trata de invertirse.

Como fuere, nunca faltaron movimientos en pro de la unificación política y no solo religiosa del continente, desde Carlomagno; el designio del Sacro Imperio Romano-Germánico (no así el de la Monarquía Hispánica) compartía esa orientación. Napoleón soñó con algo parecido, pero es en el siglo XX cuando esas tendencias, llamadas europeísmos, toman impulso más definido. Hitler era europeísta en un sentido particular, como también Lenin y Stalin, el uno pensando en una Europa articulada en torno a Alemania y los otros dos en una Europa comunista.

Después de la II Guerra Mundial, el europeísmo resurgió como un ideal a alcanzar  a partir de la integración de las economías y con el doble propósito de evitar nuevas guerras intereuropeas y de crear una tercera superpotencia capaz de sostenerse frente a las dos salidas de la guerra: Usa y URSS. La idea fue  sobre todo democristiana, en la estela del fallido Imperio cristiano, y no tardó mucho en tomar un predominante tinte socialdemócrata y de fondo ajeno al cristianismo. España siempre ha estado al margen de esos planes, pero desde hace unas décadas ha crecido en el país una verdadera fiebre europeísta, que vale la pena examinar.

***

Ha sido común entre políticos y periodistas la afirmación de que España “entró en Europa”  recientemente (1986, al integrarse en la CEE,  luego UE).  No se trata de una frase inocente ni solo de la típica exhibición de ignorancia –sobre España y  Europa– ya aludida al hablar del 98, sino que condensa la hispanofobia como  desconfianza esencial hacia el propio país. Hispanofobia e ignorancia envuelven graves peligros, si damos crédito a la frase de Santayana de que “pueblo que desconoce su historia se condena a repetirla”. A repetir lo peor de ella, se entiende.  En Nueva historia de España traté de sintetizar la cuestión (no importa repetir aquí algunas evidencias ya  señaladas a lo largo de este libro):

    De entrada, España se nos presenta como un país de Europa en sentido físico (una de sus tres grandes penínsulas del sur) y cultural. Los movimientos políticos, artísticos,  intelectuales y espirituales configuradores de lo europeo han moldeado también a España:  Imperio romano,  Cristianismo, reinos germánicos,  Románico,  Gótico,  Renacimiento, Barroco,  Ilustración, Liberalismo, utopismos  y anticristianismos… Esos elementos comunes coinciden con una recia diferenciación entre las naciones, y dentro de ellas España es una de las más peculiares, acaso por haber sido la única –con Rusia en mucho menor grado, y  alguna otra— que se ha afirmado nacionalmente en una larga pugna con una cultura extraeuropea. Hallamos afinidades con Polonia e Irlanda como países católicos de frontera (En Polonia se han establecido algunas analogías de interés entre su papel frente a rusos y turcos y el del Imperio español).  O similitudes con la misma Rusia,  por cuanto ambas emprendieron su expansión imperial por la misma época,  tuvieron una Ilustración y un liberalismo más débiles que los de la Europa centrooccidental, y una impronta comparativamente fuerte de los utopismos de los siglos XIX-XX. No obstante, las diferencias con Rusia parecen más profundas que las semejanzas. Francia es el país del que ha recibido España mayor influjo desde la Edad de Supervivencia (o alta Edad Media) hasta la segunda mitad del siglo XX. Desde entonces  el ascendiente anglosajón prevalece, y cada vez más.    

   Otra decisiva peculiaridad hispana ha sido su expansión ultramarina en los siglos XVI-XVIII,  fenómeno que solo Portugal e Inglaterra, más tarde quizá Francia,  han compartido en proporción similar.  España se inserta en el  ámbito latino con Portugal, Francia, Italia y Rumania. Sus afinidades idiomáticas con el italiano y el portugués son muy densas, bastante menos con el francés o el rumano. Unos 850 millones de personas hablan hoy lenguas derivadas del latín — uno de cada siete u ocho habitantes del planeta–, legado directo de Roma: la mitad corresponden al español, la lengua latina más extendida y la segunda más hablada del mundo occidental.  España es también una de las pocas naciones europeas –con  Portugal, Inglaterra, Rusia y Francia– que han creado un vasto y duradero espacio cultural propio; en el caso español, sobre todo en América, con enclaves o restos en África, Asia y Oceanía.  

   España es el país más extenso de Europa occidental después de Francia, y el cuarto incluyendo a Rusia y Ucrania; y  probablemente el más variado (…).   Aun con su variedad,  forma un conjunto geográfico unitario y diferenciado, quizá el más unitario y diferenciado después de las Islas británicas. La Península Ibérica forma casi una isla, con un istmo comparativamente estrecho y ocupado por una abrupta cordillera que estorba la comunicación casi tanto como un brazo de mar. Junto con las otras dos grandes penínsulas europeas del Mediterráneo –la itálica y la griega (más bien que los imprecisos Balcanes)–, compone un ámbito geofísico muy distinto de la gran llanura húmeda, surcada por anchos ríos navegables,  que configura la mayor parte del continente desde los Pirineos hasta los Urales: las penínsulas ofrecen tierras más montañosas, de clima más cálido y seco. De las tres mediterráneas, la   Ibérica es la mayor, la menos lluviosa y la más claramente definida (…)

Sobre su posición geoestratégica y consecuencias de ella, y su estabilidad interna no hará falta extenderse aquí.   

     Étnicamente, la población guarda una visible homogeneidad: pueblo mediterráneo con una pequeña aportación céltica y germánica (…). Hoy con una nutrida inmigración de Hispanoamérica, el Magreb, Europa oriental y el África negra, y también, en condiciones distintas, de Europa occidental, sin poder predecirse su grado de permanencia y presión cultural. Mucha mayor relevancia han tenido las migraciones internas durante los seis siglos largos de dominio latino, causantes de una profunda fusión de pueblos que disolvió la antigua división entre íberos y celtas. La Reconquista originó una emigración de sur a norte (mozárabes) y otra mucho más prolongada y nutrida de norte a sur, que repobló las dos Castillas y Andalucía, Canarias, Levante y  Baleares, por gentes de la cornisa cantábrica y subpirenaica, también algunas transpirenaicas. La homogeneidad trasciende también en los apellidos más comunes en todas las provincias. Estas migraciones siguieron de modo  permanente y continuo durante la Edad de Expansión o Moderna. Y  en los siglos XIX y el XX aumenta la homogeneidad por los masivos desplazamientos del campo a la ciudad.

   Si los aportes foráneos en estos dos mil años han tenido peso menor desde un punto de vista demográfico, algunos lo han tenido muy relevante política y culturalmente, así los romanos o los godos; los árabes y berberiscos, estuvieron muy cerca de cambiar radicalmente la historia de la península; y la más reciente invasión napoleónica tuvo también profundos efectos políticos, aun si demográficamente escasos.

   De todos ellos, no hay duda de que la trascendencia mayor corresponde a los romanos. Si observamos la sociedad actual percibimos de inmediato el origen latino de sus rasgos definitorios. El castellano, idioma común español, es un latín transformado, y también lo son los demás idiomas regionales, con la excepción del vascuence, idioma no indoeuropeo. La impronta latina abarca  el derecho, costumbres, el arte, la urbanización,  las comunicaciones, etc. E incluye la religión, rasgo clave en la configuración de las sociedades. La vasta mayoría de la población sigue declarándose católica, como a lo largo de más de quince siglos, aun si hoy su índice de práctica es bajo. Esta religión también se propagó por la península en tiempos de Roma.

    El catolicismo, lejos de ser un fenómeno anecdótico, ha desempeñado un papel cultural y político esencial en la historia del país, y muchos que se declaran ateos o anti católicos no dejan de estar impregnados de esa cultura, al modo como los judíos no religiosos de Israel permanecen culturalmente en el judaísmo. Entre otras mil cosas, el catolicismo está presente en la multitud de iglesias — los edificios centrales y a menudo los más bellos de los pueblos–: impregna la sociedad, sus creencias, fiestas, expresiones populares, monumentos,  arte y actitudes. Incluso el odio apasionado profesado al catolicismo por un número de españoles, que ha desembocado en tiempos recientes en una de las persecuciones religiosas más atroces de la historia, expresa de modo negativo ese hecho. Aunque, claro está, el catolicismo predominante en la sociedad, la cultura y la historia del país no significa que todos los habitantes lo compartan ni que deban compartirlo para considerarse españoles. 

Obviamente, España siempre ha sido parte de Europa. En ella desempeñó por un tiempo un papel de primer orden para descender luego bastantes escalones, pero siempre dentro de las corrientes que han configurado la civilización europea.  Es decir, de la Europa del oeste, pues su entorno ha sido el Mediterráneo occidental y un radio que abarcaría Italia, Alemania, Francia, Países Bajos e islas Británicas, siendo muy escasas sus  relaciones e interinfluencias con Escandinavia y el este. Otra de sus peculiaridades es que, tocada por los impulsos totalitarios que afectaron a gran parte del continente, los venció en 1934 y 1936-39, y fue de los pocos países que lograron permanecer al margen de las dos terribles guerras mundiales.

***

Será útil examinar aquí el significado de la tan a menudo denostada neutralidad española. En la I Guerra Mundial (1914-1918),  Azaña y tantos más la atribuían a “impotencia” (Portugal y otros más “impotentes”,  fueron beligerantes). Que tal “impotencia” fue una bendición lo muestra el examen de la posición e intereses en juego. Situada a retaguardia de Francia y sobre el estrecho de Gibraltar, España pudo haber decidido la victoria de  Alemania si  hubiera  intervenido a favor de ella, cosa en la que nadie pensaba. Por contraste, como aliada de Francia e Inglaterra habría tenido el mismo papel que Portugal: suministradora de carne de cañón.

Por otra parte, el país no tenía agravios con Alemania, y sí con Francia por Marruecos y con Inglaterra por Gibraltar. Desde Isabel II, su política exterior giraba en torno a Londres y París (“Cuando estén de acuerdo, marchar con ellos; cuando no, abstenerse”). Pero en la crisis del 98, Londres había ayudado descaradamente a Usa, y París no había movido un dedo por  España. El embajador francés en Washington –autorizado por Madrid–, había firmado alegremente  la renuncia a Cuba y la entrega de Puerto Rico y Filipinas en el protocolo conducente al Tratado de París. Francia quería ocupar Marruecos, rodeando la península por el norte y el sur. Como ello no convino a Inglaterra, España obtuvo una pequeña franja en el norte marroquí. Sin ser hostiles, ni Inglaterra ni Francia eran potencias amigas de España ni tenían razones especiales para serlo. Lo mejor para una potencia secundaria como España consistía en cierto alejamiento y la mayor independencia posible de ellas. Tampoco había razón general por la que debiera preferirse el triunfo de unos o de otros: se trataba de potencias liberales con sus parlamentos, partidos y libertades políticas. El choque bélico provino de  rivalidades económicas e imperiales. Por todo ello, la neutralidad trajo beneficios morales, políticos y económicos para España, sin verter gratuitamente sangre por intereses ajenos, como exigían los belicistas.

Efecto de aquella gigantesca contienda fue una profunda crisis del liberalismo, una desconfianza y malestar social manifiestos en el triunfo de la Revolución bolchevique y del fascismo, el auge de la socialdemocracia o el laborismo y  una subversión moral bien visible en el arte o en el psicoanálisis. La Gran Depresión desde 1929 cuestionó la economía de mercado y  agravó la inquietud.

La II Guerra Mundial (1939-45) difirió mucho de la primera. En un sentido amplio fue el desenlace de la crisis liberal, agravada en Alemania por la humillación de la derrota y  las quiebras económicas, que causaron una polarización social extrema hasta dar en un  régimen totalitario original, el nacionalsocialismo. Este proponía una expansión germana a costa de los países eslavos, mezclada con un anticomunismo y  un racismo extremos. La contienda resultante  produjo los más chocantes “compañeros de cama”:  primero un pacto amistoso entre nazis y soviéticos, y luego de  la Unión Soviética con el Imperio Británico y Usa,  potencias demoliberales.

Si la neutralidad se debió en la guerra del 14 a unos políticos liberales, se debió en la segunda  al régimen autoritario y  no liberal de Franco. Sobre  la política de este último se han lucubrado las interpretaciones más peregrinas, que he examinado en Años de hierro.  Baste indicar aquí dos puntos: en las dos guerras la neutralidad favoreció mucho más a los Aliados, para quienes una España enemiga habría podido traer el desastre; y favoreció extraordinariamente a la propia España,  librada de los bombardeos, destrucciones y deportaciones que devastaron al resto de Europa. En el fondo del ataque  a la neutralidad late, como de costumbre, un fondo de hispanofobia.

Los frutos de la neutralidad  no fueron accidentales. Derivaron de la realidad geopolítica del país después de  la Guerra de los Treinta Años. Cuando  los grandes conflictos se trasladaron a la franja Inglaterra-Francia-Alemania y  la Paz de Utrecht certificó la decadencia de España, esta quedó en posición periférica. En más de un sentido fue una posición ventajosa para una potencia menor, interviniendo en aquellos conflictos de modo secundario. No faltan quienes achacan nuestras guerras civiles a la neutralidad, especulación sin mucha base. Precisamente la  invasión francesa sembró la división nacional y las consiguientes guerras internas.  España no tenía nada que ganar, y sí mucho que perder  en la I y la II contiendas mundiales, que habrían tenido el mismo efecto guerracivilista que la involuntaria participación en las guerras napoleónicas: casi seguramente habría  suscitado mayor división social y  producido, la primera, un auge mayor de los fascismos, como en Italia.

***

¿Ha cambiado sustancialmente esta realidad después de la II Guerra Mundial o después del franquismo? Ha cambiado la política pero probablemente no las condiciones. Franco rompió con la neutralidad al admitir bases useñas en España, y lo hizo por una doble consideración militar y política.  Según la primera, una eventual embestida del Pacto de Varsovia en Europa central solo podría frenarse y replicarse desde las Islas Británicas y la Península Ibérica. Y políticamente España conseguía superar así el aislamiento internacional. Pero el abandono de la neutralidad no fue completo. Pese al interés de Usa, Franco no pidió entrar en la OTAN, y cuando el presidente useño Johnson quiso involucrarle en la guerra de Vietnam, se negó, advirtiendo  a Johnson que Usa la perdería. Con respecto a Inglaterra, aisló por tierra a Gibraltar, convirtiendo la colonia  en fuente de pérdidas, soportadas por Londres con la esperanza de que después del Caudillo, Madrid se mostraría más servil (cálculo acertado. El PSOE facilitó a Inglaterra la conversión de su ruinosa colonia en un emporio económico). Franco también apoyó el europeísmo, pero desde una clara definición de los intereses nacionales como prioritarios.

La política independiente del franquismo fue invertida por el primer gobierno del PSOE, que metió al país en la OTAN y en la CEE sin estudio real de ventajas y pérdidas, imponiendo una creciente dependencia política y militar. El desprecio implícito a los intereses y dignidad del propio país, mantenida durante  casi tres decenios, solo puede entenderse desde la hispanofobia que, en mayor o menor grado, afecta a demasiados políticos y periodistas, y a muchos intelectuales.

La hispanofobia se ha disfrazado con la frase publicitaria de la “entrada en Europa”, justificada con la afirmación de que “Europa” significaba ante todo la democracia y la prosperidad, de las que el país habría estado privado por su “aislamiento” y por la dictadura de Franco.  Lo cual vuelve a ser una falacia. El impulso a la prosperidad en la ruinosa Europa de posguerra  debió mucho al Plan Marshall concedido por Usa. Y  si tras la guerra mundial España fue apestada –muy injustamente, debe resaltarse—, consiguió derrotar el aislamiento y creció de forma sustantiva sin Plan Marshall. Y  corrigió con flexibilidad su orientación económica cuando esta se agotó, para crecer a un ritmo muy superior al del resto de Europa durante trece o catorce años seguidos, con pleno empleo (la emigración a Alemania y varios países más no se dio por falta de trabajo, sino por los mejores sueldos, distancia que también fue acortándose). Así, España se acercó a la media de los países ricos más que nunca antes o después y con una economía más sana. Por tanto, su prosperidad no dependió de su “entrada en Europa”,  sino de su propio trabajo y destreza para sacar partido de las oportunidades. Siempre su mayor comercio se dio con la Europa  del oeste, sin que ello obligase en ningún momento a una integración político-económica. Después de tal integración, el desarrollo español se volvió más lento, desigual y mediatizado, con un desempleo muy alto en todo momento. Por tanto está muy lejos de la realidad el aserto de  que la “entrada en Europa” haya significado entrada en la prosperidad.

Y la democracia podría venir representada, si acaso, por Usa, mientras que la historia democrática europea ha sido  más de última hora. Y  accidentada en extremo, al punto de que solo la salvaron las armas useñas en 1942-45,  y solo en el tercio occidental del continente. La mayor parte de los europeos deben su democracia, por tanto, a Usa, y de manera muy traumática, lo que no ocurre con España ni los pocos países  (Suecia, Suiza, Portugal) que supieron o pudieron permanecer neutrales. Claro está, sin la intervención useña habrían triunfado en todo el continente el nazismo o el comunismo. Pero esa deuda indirecta la saldó por adelantado la neutralidad española en la guerra mundial, tan beneficiosa estratégicamente para los Aliados.  España ha tenido la mezcla de suerte y acierto de haber alcanzado su propia democracia (bien que harto defectuosa y hoy en  crisis) por su propio desarrollo interno y sin mayores traumas. La identificación de “Europa” con democracia es, por tanto, muy discutible, pese a las raíces de ella en el pasado europeo (español también). Con el argumento de  la frase europeísta, España habría debido aspirar a “entrar” en Usa.

Añádase que  el ingreso en la CEE-UE  tampoco ha calmado las presiones disgregadoras, que no han dejado de crecer. No ha resuelto un solo problema de fondo para España, y en cambio ha creado otros y  limitado la capacidad para afrontarlos, por la pérdida de independencia y soberanía.

Volviendo al principio, el europeísmo fue propulsado por  la II Guerra Mundial  como medio de impedir nuevas contiendas. Pero debe observarse que las principales, desde Napoleón, nacieron de Francia y de Alemania,  que España no originó ninguna y solo participó, involuntariamente, en la napoleónica. Unir de algún modo los intereses de Francia y Alemania a fin de evitar nuevos choques, era un excelente propósito, mas para España  un problema ajeno cuya presunta solución no le incumbía. Y que podría  arrastrarla a la posición indeseable de  satélite de un potentísimo eje francogermano.

El designio consistía en unificar toda Europa, al menos la occidental,  por medio de un mercado único y  sólidos lazos económicos, a partir de los cuales se avanzaría hacia una unidad política que absorbiera a las naciones en una federación o similar. Sería también un bloque democrático que impediría el rebrote de los totalitarismos. Además, se argüía, si Europa quería tener voz y papel propios en un mundo dominado por Usa y URSS, debía unirse necesariamente. Se exponía como un plan de vasto alcance  que atrajera a muchas voluntades: paz, prosperidad, poder político y democracia.

Sin embargo, un análisis desapasionado saca a la luz incoherencias. La presunción pacifista falsea los hechos: fue la protección de Usa lo que impidió nuevas guerras en Europa. Holanda, Francia e Inglaterra libraron además sangrientos y vanos conflictos para retener sus colonias. Otras guerras en la África independiente, como la de Ruanda, tuvieron relación con injerencias de países de la CEE, como también las más recientes de Yugoslavia, a las  que solo puso fin la intervención de Usa. La pretensión pacifista se rodea de otra falacia: la de que las naciones son factores de belicismo. El caso español, como los de Suecia, Holanda, Bélgica, Suiza, Noruega, etc., demuestra lo contrario. El belicismo nació, más bien, de ambiciones imperiales –y a veces europeístas–. De nuevo tiene España al respecto una posición bastante particular.

Más convincente suena el argumento de la prosperidad material… potenciada en su inicio por el Plan Marshall. Pero que esa prosperidad exija la integración político-económica ya es harina de otro costal: países al margen del proyecto durante muchos años prosperaron no menos, sino aún más que los incluidos, así Suiza o Suecia. Inglaterra, en menor medida, pero,  una vez en la CEE, siguió empobreciéndose hasta salir del marasmo con medidas exclusivamente internas.

La pretensión de alzar  la “voz” frente a Usa y la URSS, exhibía una descarnada  ingratitud hacia la primera, pues a Usa le debían los europeístas sus libertades, su paz y despegue económico. Además, países pequeños pero eficientes y respetados como los citados Suiza y Suecia, han tenido una voz propia en el mundo, y más la tendría España como potencia media, si se hiciera respetar.  El gigantismo no es garantía de poder real, y afrontar  eventuales peligros para Europa solo exige acuerdos y previsiones entre sus países. Por lo demás, aunque se evite mencionarlo, en la UE no son ni pueden ser todos iguales: el proyecto se articula sobre un eje Berlín-París dominante (con un Berlín todavía  supeditado moral y políticamente,  por efecto de la SGM).  Por eso Londres,  consciente del riesgo y de sus intereses, mantiene un pie fuera de la UE.

Hay otro punto crítico poco examinado: tal conglomerado de países con lenguas y culturas tan distintas solo puede funcionar mediante un idioma que se erija en superior a los demás. La UE reconoce 23 idiomas, pero  en la práctica apenas usa más que el inglés, el francés y el alemán, con creciente hegemonía del primero. El inglés no solo se predica como la lengua principal, “útil”, con cuantiosas inversiones para difundirlo por doquier, sino como la lengua de la cultura superior (la ciencia, el pensamiento, el arte, la economía,  etc.). Se la llama “el nuevo latín”, frase expresiva de una ambición: el latín fue la lengua de la cultura en Europa durante siglos, hasta que las lenguas autóctonas se hicieron lo bastante flexibles y elaboradas para sustituirle en varias naciones (España, una de las primeras). Ahora se pretende  la evolución contraria, es decir, la involución.

Faceta mal estudiada ha sido la transformación del europeísmo, ideal ya muy dudoso bajo la marca democristiana, en corriente socialdemócrata con impronta masónica. Esto es, en abandono del cristianismo –fundador de Europa–, expulsándolo del espacio público para relegarlo al estrictamente privado; postura visible  igualmente en la fría indiferencia con que los europeístas, que tanto se llenan la boca con los derechos humanos, asisten a las sangrientas persecuciones de cristianos en diversos países islámicos o apoyan el islamismo. El cristianismo es sustituido por una ideología mejor expresada en la canción Imagine que en cualquier documento programático: una  sociedad sin cielo ni infierno, es decir, ajena al sentido moral del bien y el mal que define la condición humana;  sin países ni religiones, sin trascendencia, considerando la sociedad “una hoja en blanco”, al modo maoísta, donde  escribir un nuevo relato arrumbando la historia y la cultura anterior; sin  nada por lo que matar o morir, por tanto sin ideales más allá de un hedonismo simple y un pacifismo que tan bien manejaron los soviéticos durante la Guerra Fría. De  donde saldría una humanidad  (o una Europa) “hermanada” y “una”.  El programa recuerda la previsión de Tocqueville acerca de un “despotismo democrático” que asfixiaría uno de los principales atributos de lo humano, la libertad, y que requiere un estado  enorme y omnipotente, al que también se tiende.  Enésima ideología utópica,  cuya íntima relación con los totalitarismos ha quedado demostrada en la teoría y la práctica. La ideología europeísta muestra, pues, una perversión del espíritu democrático. Para empezar, sus organismos rectores son muy poco representativos, sin que ello les impida promulgar constantemente normas y leyes  sobre todos los habitantes de la UE. La “burocracia de Bruselas” no es ningún mito.

Desde 1945 Europa ha perdido su antiguo ímpetu cultural, sustituido en todos los terrenos por el de Usa. No creo abusivo asociar esta semiesterilidad y trivialización europea a las pretensiones europeístas, tan contrarios a la trayectoria europea

Por más que los políticos españoles hayan tomado decisiones fundamentales sin el menor estudio serio o con ilusiones  pueriles (recuérdese la propaganda a favor del euro, cuyo definitorio  irrealismo y demagogia insultaban la inteligencia), los problemas anteriores  afectan a España de modo especialmente desfavorable. Además, la CEE y la OTAN mantienen la colonia de Gibraltar, incluso pretenden blindarla, mientras que no protegen a Ceuta y Melilla. Importa insistir en el valor del peñón. Para España, como potencia secundaria pero en principio no desdeñable,  en posición estratégicamente clave y amenazada por el expansionismo marroquí, el control del eje Baleares- Estrecho-Canarias tiene peso determinante. Y el hecho de que su punto central se halle bajo dominio de un poder extranjero y con intereses muy acentuados, convierte al país en aliado-lacayo un tanto despreciable dentro de la OTAN y de la CEE.

Por otra parte,  el idioma español padece en la propia España  un silencioso pero acelerado desplazamiento a favor del inglés en las actividades culturales superiores y aun en las inferiores como la moda, la canción ligera, la publicidad, el cine popular, el comercio, etc. Desplazamiento promovido activamente por políticos que cooficializan el inglés a ciertos niveles, a partir de  la enseñanza. Ello corroe la capacidad de creación cultural, ya muy socavada por  la politización en la “cultura de la basura” y del embuste sobre la historia reciente y menos reciente. Así, la cultura hispana va configurándose insensiblemente como un apéndice mediocre de la dominante anglosajona. Si alguna vez pudo hablarse de un “páramo cultural” es hoy, no en el franquismo.

En dos palabras, a las asechanzas separatistas se unen las que aspiran a diluir la nación española y terminar su historia, presentadas extrañamente como un progreso.

Pero Europa no es como Usa ni como China. Aunque  el europeísmo quiera extinguir a plazo indefinido “las naciones y las religiones”, estas poseen enorme densidad histórica, mucha más solidez cultural que  la mezcla de humanitarismos gratuitos  e ilusiones futuristas  con que intenta sustituírselas.  Como Mercado Común, el proyecto  resultó bastante satisfactorio, pero los pasos posteriores se han vuelto más utópicos y dañinos. España no tiene por qué secundar esos planes y no debe temer desvincularse de ellos si fuera preciso. Contra toda evidencia, una  propaganda abrumadora y acrítica presenta la eventual salida del país del euro o de la UE como un apocalipsis. Tendría sin duda costes económicos y políticos, producto del previo error cometido, pero asumibles a un plazo no largo. Para los políticos hispanófobos  la soberanía es algo despreciable, pero ya la Biblia advierte del error de vender los derechos por un plato de lentejas. Máxime cuando esas lentejas tienen mucho de ilusorio. No, dentro de la UE España, por su propio interés, debe presionar para una vuelta al Mercado Común, sin más experimentos perniciosos. Incluso saliendo de ella no dejaría de ser un  país europeo. Si acaso con más independencia que en la actualidad.

*************************

Sobre Cospedal: http://www.heterodoxias.es/?p=988

Creado en presente y pasado | 321 Comentarios

Carta de un coronel. Cospedal, según R. Centeno

Blog Gaceta: Grandes amigos de la ETA / La acción y los personajes: http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado

***********************

****Unos imbéciles políticos que nos metieron irresponsablemente en el euro, en lugar de dimitir e irse a sus casas –si es que no han contraído responsabilidades penales—nos amenazan con el apocalipsis si no continuamos en su terrible error. Absolutamente estupefaciente. Los políticos no responden de nada en España (no solo en España, pero a nosotros es lo que nos importa). ¿Qué sistema de farsa y corrupción absoluta se ha creado aquí?

************************

(…) Y observamos que los hábitos de esa presunta derecha, al ocupar el puesto de mando que antes tenían los socialistas, comete los mismos errores (¿errores?). En este caso nos referimos al mantenimiento de personas, estructuras, leyes y actividades que pudo, quiso y organizó el PSOE.

En cuanto el PSOE ocupa el mando, en dos patadas quita las anteriores leyes para la educación y mete las suyas; echa abajo en dos días el Plan Hidráulico Nacional; o en cuestión de horas da la orden de “maricón el último” para abandonar Irak en menos de lo que canta el gallo de las traiciones; organiza mejor el matadero de no nacidos, que ya trabajaba a destajo con la presunta derecha; barre, como un camarero hace con las migas del velador de mármol, el personal adversario en altos puestos ministeriales; organiza la diabólica “Ley de la Memoria Histórica”…

Y como, aunque retirados, seguimos siendo militares, recordemos el nombramiento de un ministro de Defensa sacándolo de la Subsecretaría de esa Defensa durante el anterior mandato socialista (el actual ministro es una hijuela de aquel otro ministro itinerante de partido a partido); la puesta en marcha de una decisión de una anterior ministra de Cultura socialista sobre el Museo del Ejército, con las terribles (terribles…, ni una letra menos) consecuencias…

Y aunque ha quitado al insoportable general Rodríguez del mando del JEMAD, todavía vemos al trío de JEMEs, responsables entre otras cosas, de la destrucción y envilecimiento de nuestro Patrimonio y de nuestra Historia militar. Y sin apenas haber tenido tiempo de estudiarlo, ni siquiera por encima, el nuevo ministro de Defensa echa un canto elogioso al sistema de enseñanza de la Academia General Militar, es decir, que aquellos vicios que se detectaron al ponerse en marcha los nuevos planes, se mantendrán. No hemos visto en las publicaciones oficiales de Defensa, como “Ejército”, “La Revista General” o “Tierra” un mínimo cambio en su actitud frente a la Historia reciente de España y el Ejército, las mismas omisiones, los mismos olvidos, las mismas cobardías, la misma desinformación…, y se conservan blindadas las mismas normas que dieron los anteriores amos. Pero el Ejército no es una organización que al PP le interese, le quite el sueño o tema que le plante cara, es el Ministerio más cómodo en España y en el mundo conocido, así que ¿cuál va a ser la razón para tener que perder el tiempo con un viejo león silencioso, mudo, ciego y rijoso?

La “derecha” tiene un pecado original que se empezó a gestar en los primeros momentos de la Transición (con algunos capítulos escritos antes de la muerte de Franco), pecado amasado en la traición, la ingratitud y la estupidez. Con esa idea ingenua e inocentona, dentro de la maldad que encierra, de querer ocupar los espacios lógicos de los otros (nacionalismos, bilingüismos, aborto, ayuda a “gays”, espectáculos blasfemos subvencionados….), un día, el señor Aznar se saca del bolsillo la condena a eso que llama el “franquismo”, sin que ninguno de sus barones, pajes o esclavos se oponga en un sorprendente alarde de indignidad. Resulta desolador ver el panorama de esa casta política, como Fraga, Martín Villa, Samaranch, Fernando Suárez y otras muchas docenas de altos cargos que lo fueron con el gobierno de Franco, incapaces, no ya de oponerse al soberbio Aznar para tal condena, sino que no dimitieran en bloque porque ellos también estarían condenados, tan condenados como el rey que va a firmar pocos años después la infame “Ley de Memoria Histórica”. Y no quiero volver a hablar de aquellos generales que, habiendo servido a la “nefasta dictadura” (palabras de Aznar), bajaron la cabeza y tragaron.

No queremos ponernos pesados. Cuando uno de los Gil Robles fue nombrado presidente del Consejo Europeo, en su discurso dijo algo así como que “por fin España había salido de cuarenta años de piedra”. Sentados en sus escaños estaban, entre otros, dos “pedruscos”, Fernando Suárez y Marcelino Oreja, que enmudecieron y se tragaron el insulto del jefe. Y son los políticos del PP los que apoyan los honores dados al criminal de Paracuellos, a las Brigadas Internacionales o piden generosidad hacia los bandoleros del “maquis” reclamando una pensión para ellos o para sus familias. Un diputado vasco pregunta a la Vicepresidenta que cuál va a ser la política del PP con respecto al Valle de los Caídos, para lo cual, primero le pone las trampas para que ella caiga como una pardilla: que si Franco no murió en la guerra, que Hitler o Mussolini…., no tienen mausoleo, etc. Doña Soraya sale del trance diciendo algo que a muchos nos ha puesto la carne de gallina, porque la dama se ha quejado de que el PSOE, “que podía haber solucionado el “problema” en su legislatura”, se lo ha dejado a ellos. Y asegura que el Gobierno seguirá las recomendaciones de los “expertos”, y que lo que haya que hacer se hará por consenso para la reconciliación…

Una vez más, el PP deja que sean las decisiones del PSOE, durante su extinguido mandato, lo que prime. La esperanza es lo último que se pierde y pensábamos que el nuevo gobierno, actuando con una presunta inteligencia, decidiría de una vez, restaurar y reparar los daños causados por la perfidia socialista; que reabriría de par en par el Valle; que se volverían a abrir todos los servicios, y que el Valle pasaría de una vez al Patrimonio del Estado sin dependencia política de nadie. Y el Valle volvería a ser el monumento más visitado de España, capaz de autofinanciarse con el cobro de la entrada. Todo esto es de una lógica tan aplastante que, no hacerlo, es querer que el monumento muera en una agonía más o menos larga. Y es que, por mucho que digan lo contrario, el PP baila en muchas pistas al son que le marca el PSOE.Y esa derecha, que no quiere ser derecha quizá porque no es derecha ni es nada que valga la pena en la rosa de los vientos políticos, que quiere estar en el centro, como los desagües de los sumideros, cometió un pecado original rechazando casi cuarenta años de la Historia de España.

Coronel Flores Thies

****************************************

La sorprendente historia de Cospedal, contada por Roberto Centeno

De la aspirante a baronesa podrán decirse muchas cosas, y se dicen, pero lo que no se puede negar es su capacidad de trepar al Everest si se tercia. La Sra. Cospedal comenzó su carrera en un puesto político al servicio de un gobierno del PSOE, comoasesora de la ministra guerrista Matilde Fernández. Cuando el PP gana las elecciones queda descolgada, pero Javier Arenas la ficha como asesora del Ministerio de Trabajo en 1996. Por razones nunca explicadas aunque bien conocidas, Arenas la envía a la embajada en Washington de Consejera Laboral. A su regreso, en el 2000, se incorpora como alto cargo en el ministerio de Administraciones Públicas, y en 2002 es nombrada Subsecretaria de Interior por Ángel Acebes.

Como Subsecretaria de Interior,nombraría Jefa de Gabinete, es decir, persona de máxima confianza, a una chica socialista pero que ella avala, que es la que está a su lado los días 11,12,13 y 14 de marzo 2004, recibiendo toda la información sensible de Interior.Esta chica es hoy Jefa de Gabinete de José Enrique Serrano, Director del Gabinete de Zapatero. En 2004 vuelve a su carrera profesional, pero Ángel Acebes convence a Esperanza Aguirre, para que la nombre Consejera de Transporte de la Comunidad de Madrid. La Sra. Cospedal, a pesar de su mediocre gestión, vale lo mismo para un roto que para un descosido, y si comete errores de primer nivel, pelillos a la mar. En 2006 Rajoy la nombra Presidenta del PP de Castilla-La Mancha y aspirante a baronesa, pero perdió contra Barreda en 2007, y finalmente en el Congreso búlgaro de Valencia, Rajoy la nombra Secretaria General.

Cuando llega al PP de Castilla-La Mancha, en 2006, cambia los consejeros a los que el PP tenía derecho en CCM y su Corporación Industrial, y causa estupor el nombramiento de Ignacio López del Hierro, persona ajena al PP, como consejero de la Corporación. Cuando estalla el escandalazo de CCM, el PP, en contra de sus promesas iniciales y de su obligación para con sus votantes, no dice ni palabra de tan tremendo fraude, y lo que es infinitamente peor, después de anunciar que iba a votar no a la línea de créditos de 11.000 millones para el rescate de la entidad, una estafa sin precedentes al pueblo español, Cospedal forzaría a Montoro a que votara si.

Esta golfada ha costado ya a los contribuyentes más de 6.000 millones de euros, y ahora sale el Banco de España proponiendo una multa de 150.000 euros al Presidente y de 5.000 a la mayoría de consejeros, ¿pero qué clase de infamia es ésta? En un país decente estarían todos procesados. Es un insulto a los ciudadanos y una canallada para los más de cinco millones de parados. Por poner un ejemplo, ¿cuánto dinero percibió el Sr. del Hierro por ayudar a hundir la caja? Esto es un fraude de democracia. La “modélica” Transición nos impuso una partitocracia totalitaria que ha derivado en una cleptocracia, la mayor orgía de corrupción política, institucional y personal de toda nuestra larga historia.

Finalmente, cuando Barreda decide cargarse el trasvase Tajo-Segura, y blindar los ríos de la Comunidad, Cospedal, en lugar de oponerse y ofrecer alternativas razonables, como priorizar los suministros a la región, se pone del lado de Barreda, rompiendo sin despeinarse el discurso nacional del PP en materia de recursos hidráulicos. Pero da igual lo que haga la “niña”, Rajoy está encantado, y si hay que romper el discurso nacional, las promesas a los votantes y la ética más elemental, se rompen y punto. A la vista de su historial y del tremendo daño que esta produciendo a la credibilidad del PP,uno podría hasta pensar que la Sra. Cospedal es un submarino del PSOE.

Por si alguien no lo sabe, puesto que Centeno lo da por sabido, conviene recordar que López del Hierro es el actual marido de Cospedal. Todo queda en familia. En fin, la casta política retratada. España no cuenta, ellos van “a lo suyo”.

Creado en presente y pasado | 159 Comentarios