Dos clásicos de la IIGM:
http://www.youtube.com/watch?v=h8vZsmXUFAg&skipcontrinter=1
http://www.youtube.com/watch?v=LyjehE3WE0Q&feature=related
***
Replicando duramente a Rosa Díez, afirmaba en el Parlamento Rajoy que la gran mayoría de los políticos son honrados. Nada más falso, empezando por él mismo. ¿O mentir es honradez?
***
Repaso el blog, en el que llevo años, y me asombra su escasísimo efecto práctico. Siento una especie de fatiga por la inutilidad del esfuerzo. Pero alguien tiene que decir estas cosas. No es que pretenda tener siempre la razón, naturalmente. Es que, por una parte, nadie me ha rebatido con verdaderos argumentos y datos (opinan que el silencio es un arma más efectiva) y por otro aquellos a quienes complacen mis asertos, muestran una extraña pasividad. Me recuerda las frases del camarada Mao (cito de memoria): “Hay gentes que encuentran una flecha muy bien hecha y se complacen en ella, ponderándola, en lugar de lanzarla contra el enemigo”.
Nada como la ETA ha definido la mala catadura de la clase política española y la Constitución elaborada por ella bajos los auspicios del indocumentado Suárez. La ETA, la actitud ante ella, ha sido el verdadero revelador de la miseria moral e intelectual de esa “clase”, llamémosla así. La demostración de que para ella el estado de derecho no es una cuestión de principio, y menos aún la igualdad ante la ley, de que la Constitución y las leyes pueden interpretarse según convenga en cada caso. El crimen etarra paga en España, y mucho. Lo estamos viendo ahora mismo en las Cortes, cuando todos menos UPyD (partido con el que, en general no simpatizo, pero en esto sí) buscan el acomodo con los separatistas asesinos que dicen que no van a seguir matando si el gobierno sigue siendo bueno con ellos. Parece que PP, PSOE y PNV van a elaborar un papelajo pidiendo a la ETA que se disuelva. ¿Se lo pedirán con humildad? ¿Con altanería? ¿Qué le ofrecerán a cambio? ¿Le dirán que es suficiente lo que ya le han regalado, a costa de la más elemental decencia democrática y patriótica? ¿Que todavía pueden exigir algo más? En 2008 hice algunas observaciones:
5.VI. 2008: Admirable espectáculo el de Rosa Díez defendiendo derechos elementales de los españoles entre los abucheos de los diputados. La chusma política. ¿De dónde habrá salido esta gente? Repito, del blog del 16 de mayo, un comentario de Taraza: “Ningún partido político se atreve a atacar de frente el asunto terrorismo. Ayer mismo, el PP, rectifico, los Diputados del PP, algún Diputado del PP, por lo menos uno, tras la “oración funebre” por el guardia civil asesinado debió cargar contra ZP, y contra todos aquellos Diputados que en la legislatura anterior autorizaron al Gobierno ZP a tomar contactos con ETA. Esa autorización sigue en vigor, pues no ha sido derogada expresamente. ¡Ni un solo Diputado del PP cargó contra el Gobierno! Si yo lo fuese, tendrían que echarme del hemiciclo, para callarme. ¡Por Dios: entre 154, ni uno solo cargó contra ZP!”. Ni uno solo. Todos unidos, ¿contra el terrorismo? No. Para estafar una vez más a los ciudadanos.
1-VI. 2008: Tal como Zapo llama “proceso de paz” al desmantelamiento de la constitución y de la unidad de España en obsequio de los terroristas y los secesionistas, o “alianza de civilizaciones” a sus chanchullos con las dictaduras potencialmente más dañinas para España, o “igualdad de género” a la destrucción de la igualdad ante la ley, Gallardón llama “centrismo y moderación” a la integración del PP en los diseños políticos de Zapo. Vamos, que “moderación y centrismo” es, para él, la colaboración con la delincuencia política. La política como farsa delictiva.
9-VI.2008: Rajoy, el pro etarra.
Cada vez se descubre más el personaje: “Quiero un partido en el centro, un partido que dialogue con todos, sin excepción”. Como Zapo, ofrece el diálogo, el negocio político, en palabras más claras, a los asesinos, a la ETA. No directamente, no lo precisa, pero sí en la práctica. De hecho ya lo ofreció al entrar en la carrera de la revisión de los estatutos, la carrera por complacer a los balcanizadores de España. Que era, justamente, la clave de la colaboración de Zapo con la ETA. Hay una diferencia entre la actitud de Zapo y la del Futurista Solemne. Zapo obra así por afinidad ideológica con la ETA. Rajoy, nada afín en ese sentido, obra por un ingobernable afán de poder. Diferencia irrelevante a efectos prácticos. Y necedad futurista: en esa carrera de “diálogos”, Zapo tiene las de ganar. Rajoy y su camarilla, faltos de cualquier espíritu creativo y con inteligencia muy limitada, imitan las tácticas que han dado el poder a Zapo. Recuerda a las muchas imitaciones de El País que se intentaron por toda España a raíz del éxito de ese periódico: no caían en la cuenta de que El País ya existía, y de que los sucedáneos difícilmente encontrarían espacio.Y, por cierto, al caballero del Futuro no se le ha oído una palabra en defensa de la libertad de expresión, hoy tan acosada. Tendrá cosas más importantes en qué pensar: el diálogo, la nena angloparlante en el corazón y el cerebro…Rajoy, con el Tiranosaurio y Gallardón: los políticos más miserables de la derecha, hoy.
10-VI-2008: Mi comentario de ayer sobre el Rajoy pro etarra ha suscitado críticas un tanto indignadas, a derecha e izquierda, etc., acusándome de mentir, insultar o delirar. Veamos: un análisis político no debe partir de las palabras, sino de los hechos, o, mejor, de la relación entre unas y otros. Cuando los hechos no corresponden a las palabras o estas se contradicen demasiado, o los cambios de orientación se explican mediante buenas intenciones vacías, sabemos que estamos ante demagogos, los cuales, como también sabemos desde Aristóteles, constituyen el mayor peligro de las democracias.
Zapo nunca dirá: “vamos a entrar en chanchullos con los asesinos a costa de la unidad de España y del estado de derecho”. Dirá más bien: “vamos a dialogar con todos sin excepción”, lo que en la práctica significa lo mismo, pero engaña a mucha más gente. No dirá: “lo que nos interesa realmente es ese “diálogo” con los asesinos y extorsionadores; con los contrarios y las víctimas directas, nada de diálogo, los silenciaremos y marginaremos”. Dirá, en cambio: “Algunos extremistas de derecha rechazan el diálogo, quieren la continuidad de la violencia, no hacen más que crispar”. Y tratará de acosar a los críticos en los medios, judicialmente o de otros modos. Y así sucesivamente.
Rajoy acaba de emplear los dos términos reveladores: “diálogo” y “con todos sin excepción”. La primera palabra ha dado buen resultado a Zapo porque la seudo oposición de nuestro futurista ha sido incapaz de explicar algo tan simple como esto: el diálogo con los terroristas implica la negación del diálogo con las víctimas y la aceptación y premio al crimen como forma de hacer política. Esa negociación, ese “diálogo” solo puede hacerse, y se hace, a costa de la Constitución y del estado de derecho, y de la unidad de España. Rajoy, en lugar de explicarlo, trataba a Zapo de ingenuo y se ofrecía a ayudarle “cuando todos le abandonasen”. Simple exhibición de majadería, oficiosidad y servilismo, si no fuera acompañada del abandono, en la práctica, de la AVT o de quienes realmente criticaban la política de Zapo, a los cuales nunca defendió Rajoy con un mínimo de sinceridad y empeño.
Pero ha habido cosas más graves. Desde siempre, la ETA ha buscado la disgregación de España, y su designio se ha visto favorecido por unos políticos banales y a menudo venales (cuando no compartían gran parte de la ideología etarra, como sucede con Zapo). La clave del “diálogo” con la ETA ha sido el desmantelamiento de la Constitución mediante los estatutos balcanizantes, con el catalán como modelo, que reducen el estado español a “residual”, dejando un ligero barniz unitario que permita a Zapo seguir en el poder (otra cosa es que los etarras quieran eliminar incluso ese barniz, pero eso ya son disputas peculiares entre los del tiro en la nuca y los “gorrinos”). Pues bien, Rajoy, tras denunciar el estatuto catalán, entró en la carrera de las reformas balcanizantes desencadenadas por el “diálogo”, no exigidas por la sociedad y sí por camarillas de politicastros regionales. Así, el Futurista se ha sumado a la política de Zapo para complacer a los separatistas y a la ETA (su casi nula resistencia a las maniobras socialistas en el Tribunal Constitucional va en la misma dirección). Rajoy, por tanto, sigue EN LOS HECHOS, como el gobierno, una política pro etarra, y no vamos a cerrar los ojos a los hechos para abrir enormes orejas de asno a la verborrea demagógica con que se orquesta la delictiva operación.
¿Por qué obra así Rajoy? Al revés que Zapo, él no concuerda con la ETA en casi nada. Pero ansía el poder, se siente “en forma” y “con ganas” de presidir el país para llevarlo al futuro de la nena angloparlante; y le han convencido de que solo puede alcanzar tan nobles objetivos imitando la demagogia de Zapo, aceptando el diseño balcanizante del actual gobierno e integrándose en él, entrando en la competición para complacer a los secesionistas. Por el poder ha renunciado a la honradez, y quedará sin poder y deshonrado. Y de paso, posiblemente destruya su partido.
Mi comentario de ayer ha provocado críticas, con rasgado de vestiduras y tono injurioso, entre los mismos que solían tratar a Rajoy de ultraderechista: ¡Qué ternura repentina por el líder del PP, qué interés por salvar su honor, mancillado al parecer por mis palabras! ¿Cómo explicarlo? Pues porque ya casi sienten al futurista como uno de los suyos, y defendiéndole se defienden. Navegan en el mismo barco. El barco de los farsantes.
****Nunca dirá Rajoy: “Zapo tenía razón. Debemos sumarnos a la carrera por dar gusto a separatistas y terroristas y liquidar la Constitución mediante hechos consumados”. Dirá más bien: “Queremos un partido centrista, dialogante y de futuro. Sin abdicar de nuestros principios”. Que significa exactamente lo mismo
Tampoco dirá: “Debemos aislar a María San Gil y cuanto ella representa como defensa de unos principios que nos parecen molestos y anticuados”. Insistirá: “Se trata de construir un partido centrista, moderado, dialogante y de futuro”. Que vuelve a significar lo mismo.
Ni dirá: “Nos importa un bledo la libertad de expresión, y nos parece muy bien que a Jiménez Losantos le apliquen un correctivo que enseñe a los demás a conducirse adecuadamente”. Volverá a dar la matraca: “Un partido centrista, dialogante y de futuro, con la nena angloparlante en el corazón y el cerebro”. Que, una vez más, significa lo mismo.
¡Qué suerte ha tenido siempre la ETA con estos partidos, exceptuando, hasta cierto punto a Aznar! Ellos la han hecho grande. ¿Cuál es el problema de fondo? La incomprensión de la democracia. La derecha española se divide entre la extrema, abiertamente antidemocrática, y la “de centro” que es a-democrática. En cambio prácticamente toda la izquierda es antidemocrátrica. La derecha centrista en España no se opone a la democracia, simplemente se adapta a ella porque no hay otro remedio. Carece de pensamiento al respecto. FAES, por ejemplo no tiene el menor pensamiento propio aparte de críticas económicas (“la economía lo es todo”). La república fracasó precisamente por eso. No fue “una república sin republicanos”, como se dice a veces, sino “una república sin demócratas”. Republicanos había muchos.
No olvidemos que la deriva secesionista de los “estatutos de segunda generación” la inició el PP, con Camps, y que ha seguido adelante según el PSOE marcaba el ritmo. Y no olvidemos que si las medidas económicas no dan algún fruto a plazo medio, el PP puede perfectamente tener que convocar elecciones anticipadas con muy pocas posibilidades de ganar. Rajoy pasa para algunos por un genio de la política porque ganó por mayoría absoluta. En realidad no ganó él: perdió el PSOE debido a la crisis económica. Y ni siquiera con circunstancias tan abrumadoramente favorables consiguió Rajoy aumentar mucho sus votos ni superar los obtenidos antes por Zapatero. De no mediar la crisis económica es casi seguro que Zapatero habría vuelto a derrotarle. Por una razón: porque el PSOE tiene algunas ideas, por nefastas y estúpidas que sean, mientras que el PP no tiene ninguna, fuera de la presunción de gestionar mejor la economía.
