El catolicismo y España
Si las divinidades de la antigüedad hoy nos parecen absurdas, ¿por qué no es lo mismo con el Dios cristiano? Hoy, las sociedades europeas, por ejemplo, ya no creen en él o al menos gran parte de ellas han abandonado esas creencias, y no se ve que la gente se desespere. Al contrario, creo que en Europa se vive con más riqueza, comodidad y libertad que en casi todo el resto del mundo. Pero hagamos una pequeña digresión: cuando se dice que España es católica o que no se explica sin el catolicismo, usted parece irritarse, pese a que sostiene que la religión explica la historia.
No me irrito, solo quiero expresar dos cosas: que el catolicismo no es una doctrina española, sino universalista, con centro en Roma, no en Madrid. España ha sido formada o inspirada por el catolicismo, pero igual ha ocurrido con toda Europa occidental, eso lo explica muy bien el historiador inglés Christopher Dawson. Siendo Francia la nación preferida de Roma, no España. Y en segundo lugar que si el catolicismo está ligado a la época gloriosa de España, me refiero a los siglos XVI y mitad del XVII, lo sigue estando a la decadencia posterior.
¿Habría dos catolicismos, por lo tanto? ¿El de auge y el de decadencia?
Las religiones, como todo, pasan por épocas mejores y peores. El catolicismo español del siglo XVI era extraordinariamente vivo y dinámico, con gran fuerza intelectual. Por supuesto que en dos mil años la iglesia no ha logrado universalizarse, pero si se ha expandido tan extraordinariamente se debe sobre todo a la acción española misionera y contra el protestantismo. De no ser por España, puede que la Iglesia hubiera quedado reducida en Europa a una situación como la de los cristianos en Oriente Próximo. Pero ese impulso hispano se ha perdido desde hace siglos. Y hoy, como usted dice y reconoce todo el mundo, España y Europa están descristianizadas. No es que el cristianismo o el catolicismo hayan desaparecido, pero están a la defensiva en sociedades que en su mayoría no se reconocen católicas o cristianas. Que habría que ver, también, qué se entiende hoy por eso.
Azaña decía que España había dejado de ser católica. Se le achaca esa frase como una enorme equivocación, pero lo que quería decir es que todo el pensamiento occidental, y también el español, se desarrollaba al margen del catolicismo. Si eso era verdad ya entonces, cómo será ahora.
Azaña confundía sus deseos con la realidad. Socialmente estaba muy equivocado, pero desde el punto de vista intelectual no andaba descaminado del todo: la Iglesia ya no inspiraba grandes movimientos culturales, a pesar del esfuerzo intelectual defensivo que le reconoce en sus memorias el mismo Martínez Barrio, un masón de alto grado. Su influencia en la universidad y en las masas obreras era escasa y decayendo. Era mayor en el campesinado y las clases medias, pero se trataba de un catolicismo ritualista, a menudo milagrero y un tanto acartonado.
Aquello de “cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y alma quieta”, que condenaba Antonio Machado… Esa sería la inspiración de la Iglesia sobre la sociedad, ¿no? Así lo sentía mucha gente. Sin embargo usted ha dado como uno de los grandes méritos del franquismo el salvamento de la Iglesia, de la cultura cristiana.
Y lo fue, sin duda. Un pueblo viejo no puede renegar de su pasado, como decía Menéndez Pelayo, sin entrar en una especie de imbecilidad senil. No tiene sentido volver al gótico, pero el gótico es parte de nosotros, y destruir sus templos es de locos. En la república y la guerra hubo esa especie de locura. Aquí entra otro aspecto, y es el odio feroz que han profesado algunas ideologías a la Iglesia. Pero sin necesidad de persecución, la impresión que ofrece la Iglesia de entonces es la de un progresivo agostamiento.
Entonces el franquismo habría salvado algo que, en cualquier caso, ya estaba seco, sin savia. ¿Cómo se explica entonces la actitud martirial de tantos clérigos? Si la Iglesia española estuviera moribunda no podría haber ofrecido al mundo el ejemplo de sus mártires “y ni una apostasía”, como decía Claudel.
Es cierto, pero no cambia lo esencial. Y la mejor prueba es que, a pesar de las grandes ventajas que le ofreció después el franquismo, la Iglesia entró en declive nuevamente, ya en los años 50. Eso se ve en la creciente indiferencia hacia ella en la universidad, en el ambiente obrero y también campesino, incluso en las clases medias, la caída de los miembros de Acción Católica, por ejemplo. Los propios informes internos de la Iglesia lo reconocen muy preocupadamente. Quiere decir que su capacidad inspiradora hacia la sociedad, hacía agua. No era solo en España, la crisis era europea, y también del protestantismo. El Concilio Vaticano II se convocó para frenar aquel declive. Está claro que no lo consiguió, pero, y aquí viene el asunto, la Iglesia española fue totalmente incapaz de inspirar un nuevo Trento. El Concilio fue en gran medida un antiTrento. Y lo que es peor: el comportamiento de la Iglesia española fue a continuación el peor de todos, capaz hasta de renegar de quienes la habían salvado del exterminio. Esto es tremendo, realmente.
¿De acuerdo con Azaña, entonces?
No. Azaña percibía un fenómeno bastante real, pero él mismo, sus ideas y recetas sociales, no suponían ninguna solución. Al contrario. Sus remedios eran bastante peores que la enfermedad. Estamos en una época de crisis no solo de la Iglesia, de la sociedad occidental en general, después del auge de las ideologías. He tratado de analizar algo de eso en mi ensayo sobre Europa.
**********************
Ombliguismo paleto
Lo que encuentro en su blog es cierto paletismo u ombliguismo. El mundo está cambiando a marchas forzadas, Estados Unidos está en decadencia como foco de la cultura mundial que ha sido desde 1945, es una sociedad enferma con una división social tremenda, sin precedentes desde la guerra de Secesión, China está en plena expansión con sus proyectos gigantes de la Ruta de la Seda, o ciudades “del futuro” como las megalópolis que salen con frecuencia en documentales, o la increíble de Xiongan en construcción. Con las amenazas crecientes de guerra por Taiwan y las perspectivas de la mayor revolución tecnológica de la historia. ¿Qué son al lado de tales hechos los pequeños problemas de España, la hispanidad, que no representa casi nada a pesar de sus cientos de millones de personas, una Iglesia en decadencia acelerada y otros temas de los que ustedes no salen? La misma Europa, con su UE, es hoy un asunto menor (…) Alexis R.
Todo eso es verdad, y se está diseñando un mundo que personalmente me parece una pesadilla, no solo por lo que ocurre en Asia y el Pacífico, también por las sociedades “enfermas” occidentales. Pero el problema real no es lo que pase en el mundo, sino qué podemos hacer o representar como nación en ese mundo. ¿Quizá ya nada, aparte de vernos arrastrados por unas corrientes demasiado potentes? ¿Quizá podamos desarrollar un espíritu propio ante tales retos? No lo sé. Prestarnos atención a nosotros mismos, buscar posibilidades, es más importante que contemplar como papanatas algo tan difícil de entender como lo que ocurre en el mundo.
***************************
La llamada represión de posguerra se presenta habitualmente como una venganza de los nacionales sobre personas que no tenían otra culpa que “pensar diferente”, es decir, pensar “democráticamente”. En realidad fue algo completamente distinto, en una situación de gran miseria heredada del Frente Popular. https://www.youtube.com/watch?v=7_rDxKU-zc8

********************************
La discusión de “Los Galayos”
De tu primera novela, o segunda, me llamó la atención la discusión entre Carmen y Alberto en la cafetería “Los Galayos”, de la Plaza Mayor, que he visitado para saber si existía entonces, y, bueno, resulta que sí. Esos detalles me interesan. Carmen está desesperada porque Alberto decide irse a Rusia, cuando ella considera que la guerra ha terminado y que lo que tendrían que hacer es reconstruir su vida en las nuevas circunstancias, casarse y tener familia, etc., etc., lo que da miedo a Alberto. Y la discusión termina de un modo sucio, realmente obsceno, aceptando ella perder su virginidad que como católica reservaba hasta el matrimonio, que no llega, algo para ella sin duda importantísimo.
Como ves, no es la mera sucesión de aventuras que decías. Le di importancia a esa discusión, efectivamente. Una lectora me reprochó que su final se trataba de una violación, aunque fuera consentida. Tiene algo de eso, por la presión de las circunstancias, pero si es consentida no es del todo violación. ¿Por qué acepta Carmen? Por la misma razón que él se lo propone, sabiendo el mal que le hace: porque ninguno está seguro de que volverá. Pero lo importante es la discusión misma. Carmen le acosa: ¿Qué se te ha perdido en Rusia, cuando aquí tienes la vida por delante? ¿Qué le importa al mundo si vas o no vas? ¿Crees que vas a cambiar la historia? Nadie, ni los más sabios, ni los más poderosos, puede hacerlo, las fuerzas del mundo son demasiado grandes para nosotros, es preferible ser sensatos, etc. La defensa de Alberto es poco convincente, pero de todas formas no hay marcha atrás, y de ahí el desenlace “obsceno”.
Sí, la posición de Alberto es la pura irracionalidad, es el sentimiento que se impone no solo a los razonamientos de Carmen sino al propio sentimiento de atracción que Carmen le produce, y no voy a decir que es inverosímil, yo creo que nos movemos más por sentimientos que por razonamientos y que a menudo los razonamientos son simples artilugios para reforzar los sentimientos. Eso lo vemos a cada paso, y siempre me ha parecido muy inquietante, aunque dijera Pascal lo de las razones del corazón incomprensibles para la razón, o algo parecido.
La discusión de “Los Galayos” ha de verse en relación con el ensueño de Alberto cuando se acercan en tren a Rusia por Polonia, y el clima triste le da la sensación deprimente de avanzar hacia un monstruo que los devoraría. Y su ensueño en que “ve” a millones de hombres que marchan en trenes hacia el frente, desde el oeste y desde el este, sin saber bien por qué. Les impulsa la voluntad de unos pocos hombres refugiados en castillos remotos, como empujados por fuerzas cósmicas pero que tampoco saben por qué hacen todo aquello. Ese ensueño es importante en el relato. No disminuye la decisión de Alberto, pero la integra en una actitud mental de relativa aceptación de un destino que le inquieta profundamente. Como cuando entra en posición en el Vóljof y presiente en el otro lado del río a un dragón agazapado que en cualquier momento volará echando fuego sobre la corriente para devorarlo a él y a sus compañeros…
https://www.amazon.es/Sonaron-gritos-golpes-puerta-Historica-ebook/dp/B007UQCJNI




