UNA HORA CON LA HISTORIA
144 – Historia criminal del PSOE (24): Elecciones del fraude y el terror. | “Etapa Constituyente” https://www.youtube.com/watch?v=YVnG1ZyNfp0
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El odio a la historia, al género humano
La epidemia de ataque al pasado en forma de destrucción o ultraje a estatuas de personajes representativos, es algo recurrente en la historia humana, pero en la actualidad adquiere una amplitud ideológica especial. En las concepciones nihilistas hoy tan extendidas, la historia es un mal. Para el marxismo es algo evidente: el pasado es una pesadilla de opresión, explotación y oscurantismo, del que el comunismo iba a liberar a la humanidad. Por lo tanto los héroes de ese pasado deben ir “al basurero de la historia”. Ya sabemos en qué ha consistido su liberación de la humanidad: en la máxima opresión y explotación conocidas hasta el presente. Lo de ahora es peor, pues el marxismo tenía al menos una lógica y coherencia teórica muy fuertes, siempre que se aceptaran ciertas premisas. Pero los actuales movimientos resultan de un amasijo incoherente y contradictorio de marxismo, feminismo, nihilismo existencialista, antirracismos racistas… Son básicamente movimientos de histeria contra el pasado es decir, contra el propio ser humano, en nombre de alguna especie de “nueva humanidad”… que representarían esos movimientos histéricos, tal como los comunistas representaban al “hombre nuevo”.
Como es sabido, Washington, Jefferson y supongo que bastantes otros próceres de la democracia useña, tenían esclavos, y hasta hijos con esclavas que persistían en la esclavitud. Los chiflados actuales proponen cualquier día volar las efigies de los dos primeros en el monte Rushmore, incluso las de Lincoln, que aunque liberó a los esclavos era muy racista, por no hablar de T. Roosevelt. Acabar con la historia para que los que se creen jueces de ella y de la moral nos impongan a todos sus chifladuras, su odio a la humanidad tal cual ha sido y seguramente seguirá siendo, salvo quela reemplacen robots “perfectos”. Por cierto, nuestras izquierdas en España ya empezaron retirando las estatuas de Franco para dejar en su lugar las de criminales guerracivilistas como Prieto, Largo Caballero o la Pasionaria (esta tiene una gran estatua en Glasgow, pero debe de haber más de una en España)
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Novela católica
Yo no diría eso. La Divina Comedia de Dante es uno de los pilares de la cultura occidental, y desde luego está escrita desde el punto de vista del creyente. Y hay o ha habido en el siglo pasado novelistas católicos interesantes, Graham Greene se me viene a la cabeza. O Bernanos, Chesterton, Mauriac… Ahora mismo no se me ocurre ninguno en España. Desde luego, tu novela está inmersa en una cultura católica, pero ella misma no es católica. Ni anticatólica… Hasta podría decirse: los protagonistas defienden, porque les ha caído en suerte, la causa católica, pero no son católicos.
No he leído mucha novela católica, la verdad. Ni mucha novela, en general. El problema con la católica es el que has dicho, pero supongo que en esos nombres que has citado, el catolicismo aparece quizá más como problema que como solución. Supongo que enfrentan la necesidad de creer a los hechos que lo hacen tan difícil, que expresan la angustia ante lo que no es demostrable. De otro modo serían historias algo triviales de conversiones personales, que tratan de convencer a través de la emoción o el sentimentalismo…
La novela católica en el siglo XX tiene que enfrentarse a ese gran problema. Que no tienen solución clara. Aunque los personajes de tu novela, que los presentas como aficionados a la filosofía, no se plantean grandes problemas de esa clase. Por eso digo que no son católicos. El catolicismo en el que viven no les da qué pensar, de hecho no lo comparten pero no tienen ningún problema al respecto. Viven en un valle de lágrimas, pero tampoco parece preocuparles.
Es cierto. Los dos protagonistas serían típicos hombres de acción algo elementales si no fuera porque también les gusta la especulación filosófica. Pero estos problemas se les presentan ante todo como sumidos en la acción. Son jóvenes, y eso se nota mucho. Ante el “valle de lágrimas” adoptan una posición de lucha indudablemente optimista, sin sentimentalismos. Su actitud podría ser: “la vida es así y hay que dar la talla”.
Sí, una actitud juvenil, pero todo termina mal. Paco, el gran optimista, vital, mujeriego, jugador con el peligro, termina deseando la muerte, buscándola. Alberto, el afortunado que encuentra el amor y la familia, no solo recibe el choque de tener tanta semejanza con su criminal padre, sino que en sus hijos percibe el fracaso de todo aquello por lo que había luchado tanto.
¿Pero por qué había luchado, en fin de cuentas? El fracaso queda explícito al final de la vida del protagonista, pero tampoco se extiende sobre él. Siente que la acción de su juventud se justifica en sí misma por encima de que termine bien o mal. Viéndolo así, casi me parece a mí mismo una novela nihilista. Espero que haya otros enfoques. Por lo demás, el régimen proclamaba el catolicismo como su esencia, pero la literatura de aquellos años es muy poco católica, diría yo, empezado por los dos premios Nobel de la época, Cela y Aleixandre, dejo aparte a Juan Ramón Jiménez.
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Franquismo y crisis demoliberal
Perdone que insista: podemos considerar la dictadura de Primo de Rivera como un hecho excepcional, que afrontó una situación extrema, la resolvió y se acabó: apenas duró más que seis años. Pero ¿y la de Franco? ¡Cuarenta años, incluso cuarenta y dos si contamos hasta la Constitución! Es obvio que si en ese tiempo no volvió a un régimen de libertades y competencia de partidos es porque lo que usted dice que salvó, la unidad nacional, la cultura cristiana, etc. etc., se debe a que estas son construcciones muy endebles en la tradición española, o por lo menos en el mundo actual. Los mismos fachas lo dicen: España es incompatible con la democracia y las libertades, necesita un régimen “fuerte”, “de autoridad”, es decir, una dictadura.
Ya le he dicho que el debate sobre dictadura y democracia es un debate falso. El problema es el de la tiranía. En España, como en el resto de Europa, la democracia liberal entró en crisis desde la I Guerra Mundial. Los fascismos y regímenes llamados autoritarios fueron la respuesta a una situación de desorden e incapacidad para responder a la subversión comunista y a una disolución moral nihilista de la sociedad en los locos años 20, y luego la Gran Depresión de los 30, que parecían augurar el fin de lo que llamamos capitalismo y de la democracia. Franco era en principio demócrata liberal, pero la experiencia de España y de Europa le convencieron de que era preciso un régimen que superase las taras de la democracia liberal y que fuese capaz de resistir al comunismo.
Pero usted mismo ha dicho que fracasó en el empeño, y que al final el régimen tuvo que evolucionar hacia la democracia liberal. Por lo tanto, en fin de cuentas fue solo un remedio de urgencia, ¡pero que se alargó 40 años! Y que, de nuevo con democracia liberal, parece que el resultado es el que estamos viendo, que el país parece que no puede subsistir con libertades, por lo tanto la España en que pensaba Franco es un artificio sin verdadera consistencia histórica.
Pues sí que estamos dando vueltas a la noria. Vamos a ver, el franquismo no fue una dictadura si la consideramos un remedio de excepción, sino que duró 40 años. Por lo tanto fue un régimen, un sistema de gobierno. Tampoco fue un régimen monopartidista, pues había en él cuatro partidos. Tampoco fue antiliberal, a pesar de la retórica del mismo, pues admitía una gran parte de la herencia liberal: estado pequeño, propiedad privada, libertades políticas, aunque restringidas para los partidos vencidos en el guerra –que por cierto no volvieron a dar ningún problema serio, si exceptuamos a los comunistas–, libertad personal amplia. Una vez superados los gravísimos problemas de los años 40, el país se fue liberalizando más y más. Y, es curioso, cuanto más se liberalizaba desde los años 60, más totalitaria se volvía la oposición, incluso la pasiva no comunista. Aquí estamos en lo del principio: las libertades vienen de España, los totalitarismos y la disgregación vienen de sus enemigos. Ya tiene gracia ese retorcimiento de pretender que las libertades son enemigas de España porque sus enemigos las aprovechen para intentar destruirla…
Todo eso puede ser verdad, o tener mucho de verdad, pero seguimos sin avanzar mucho. ¿Hubo elecciones regulares durante el franquismo? ¿se presentaban en ellas los partidos o familias, los permitidos, con sus nombres? Porque, vea usted, el partido socialista será todo lo totalitario que usted quiera, pero ha ganado después la mayoría de las elecciones, con un respaldo popular muy amplio, y los partidos separatistas son los más potentes en el País vasco y en Cataluña, y hasta el PP en Galicia es en la práctica cuasi separatista. Es decir, que tienen un gran respaldo popular, y no puede usted decir que lo hayan conseguido por el terror o cosa
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UNA HORA CON LA HISTORIA
144 – Historia criminal del PSOE (24): Elecciones del fraude y el terror. | “Etapa Constituyente” https://www.youtube.com/watch?v=YVnG1ZyNfp0
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Crónica
**El empeño por presentar la homosexualidad como “normal” y motivo de orgullo es como el trabajo de Sísifo. Nunca concluye, pero siempre deja un turbio rastro social.
**Cuando Dolores Delgado llamaba a Marlasca maricón y a no recuerdo quién “nenaza”, exponía la hipocresía de todo el montaje homosexista. ¿Por qué no la expulsaron del partido más homosexista (y también más corrupto)? Ya ven.
**Dicen que no existe la sexualidad normal. Claro que existe y es evidente. Otra cosa es que un homosexual sea culpable de algo porque le haya caído esa “china”.
**Aunque en el plano individual un homosexual no sea mejor ni peor moralmente o profesionalmente que otra persona, en el plano sociológico los ambientes homosexuales tienden a cierta degradación moral. La pandemia del Sida lo puso a la luz. Los numerosos homosexistas promotores de la pederastia, también.
**Una cosa es la homosexualidad, asunto que debería ser privado y personal; y otra el homosexismo que hace de esa peculiaridad algo público, político e impositivo.
**Un rasgo del homosexismo es su carga de agresividad y odio. Critiqué ese movimiento en tuíter y decenas de homosexistas me cubrieron de insultos y me desearon la muerte.
**¿A qué responde, históricamente, el homosexismo? a lo mismo que el abortismo, el feminismo, la droga y similares. A un odio de fondo al género humano, propio de épocas que se repiten periódicamente.





