La política como estafa
El rasgo más repulsivo e irritante de la banda de cacos y estafadores que se ha adueñado del gobierno del país, es su habilidad para pervertir la lengua empleando términos biensonantes como encubrimiento de sus fechorías. Tienen larga práctica. El PSOE salió a la palestra en la transición jactándose de sus “Cien años de honradez y firmeza”. Creo que jamás se ha inventado un lema tan absolutamente falsario, propio de timadores de esquina. Pero les funcionó, y debe entenderse la razón: los grupos, políticos y periodistas provenientes del franquismo habían olvidado la historia o querían olvidarla. O, en otros casos, la recordaban mal, atados a cuatro tópicos y retóricas entre nacionalcatólicos y falangistas, por completo inadecuados para la nueva situación que el propio franquismo había creado. Este conjunto de mentiras desvergonzadas, olvidos deliberados y retóricas desajustadas, debió ir corrigiéndose con la experiencia, pero si lo hizo fue en sentido contrario. Los retóricos de la nostalgia fueron aislándose y dividiéndose, los estafadores fueron ganando terreno y los “olvidadizos” pasaron del silencio ante la estafa a la colaboración con ella, hasta la infamia de condenar (con Aznar) a quienes “batiéndose en la gran cruzada antikomintern” (Besteiro) habían librado a España de la disgregación y el totalitarismo soviético. Así pudo producirse una segunda transición, esta rupturista, al nuevo frente popular zapateril. Derrotar la gigantesca estafa es la tarea de nuestro tiempo en España, y en ella debemos comprometernos cuantos respetemos la verdad, la libertad y la unidad nacional forjada con el sudor, la sangre y los aciertos de tantas generaciones de compatriotas.
Complicidad histórica PSOE-separatismos: https://www.youtube.com/watch?v=-xYmJq9kJKY
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La retirada de la División Azul
Recibo habitualmente el boletín Blau División, editado con esfuerzo por un grupo de admiradores de aquella gesta, pues fue verdaderamente una gesta y de las más importantes españolas en el siglo XX. El boletín publica habitualmente diarios inéditos de los divisionarios, en algunos de los cuales me he basado para Sonaron gritos y golpes. Por cierto que la crítica de una profesora de literatura sobre la ausencia de mujeres malvadas en mi novela ha suscitado en otro lector el recuerdo del episodio de la franca Fredegunda y la visigoda Brunekilda, que expuse en Nueva historia de España. Una historia realmente “gótica” de dos mujeres extremadamente malvadas. Bueno, en la novela no aparece algo así, pero tal vez no estuviera mal.
Precisamente por su carácter heroico, sobre la DA han divulgado sus enemigos innumerables falsedades, que el historiador Caballero Jurado ha puesto en su lugar en su libro prácticamente definitivo La División Azul, de 1941 a la actualidad. Por enemigos no hay que entender los soviéticos, que lógicamente defendían su país aunque al mismo tiempo debieran defender un sistema terrorífico. Enemigos más retorcidos eran los ingleses a través de la BBC y sus políticos, y muchos españoles, que utilizaban sus “informaciones” o que se consideraban herederos del Frente Popular; incluso bastantes franquistas, que procuraron denigrarla por motivos de partido, por enemistad a la Falange, principal organizadora de aquella “heroica unidad”, que dijo muchos años después Helmut Kohl en su visita al Alcázar de Toledo.
Uno de esos infundios consistía en la desafección de Franco hacia los divisionarios, que habrían sido enviados para que muriese en Rusia la mayoría de los falangistas más radicales. La realidad es que cuando se formó la DA, todo el mundo creía que iba a participar en una campaña como la de Francia, incluso con temor de no llegar a tiempo de desfilar por Moscú. La realidad resultó muy diferente, pero la división arrostró todos los sacrificios, y los rusos no lograron perforar su frente, como sí lo consiguieron en los contiguos alemanes. Los anglosajones presionaron constantemente para desacreditar sus hazañas y conseguir su retirada, y generalmente se da crédito al supuesto de que a esas presiones se debió su vuelta a España ya en 1943. La realidad fue otra. Fue la derrota de Stalingrado la que volvió muy aconsejable el retorno, ante la posibilidad de que la división de españoles fuera envuelta y destruida como ocurrió con tantas otras alemanas, lo cual habría supuesto un duro golpe para el régimen y para la propia España. Una vez más, la solidaridad con Alemania –cuando no se conocían aún los genocidios nazis–, tenía para Franco un límite: el interés nacional español.
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**La Falange tiene todo el derecho a presentarse y actuar como partido. Pero si intenta parasitar a VOX puede hacer mucho daño y reducir un movimiento muy distinto a la propia ruina y división que es hoy la Falange misma. Y las cloacas del gobierno van a trabajar a fondo en ese sentido.
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Efectos indeseados de las concepciones sexuales.
En suma, usted sostiene que la actual concepción de la sexualidad conduce al suicidio de la especia humana. Eso, permita que se lo diga, no lo sostiene ninguna o casi ninguna persona que defienda esa concepción que usted dice.
–En esto siempre nos encontramos con lo que los economistas llaman “efectos indeseados”. Es decir, se defiende una política que parece ser económicamente más justa y provechosa, y resulta, una y otra vez, en ruina y privación de libertades. Ningún homosexista dirá que su concepción del sexo conduce a nada malo, y probablemente también lo creerá. Hace años sostuve en Libertad Digital una polémica sobre el asunto contra Jiménez Losantos, José María Marco, César Vidal y otros. Argumentaban desde un punto de vista que ellos consideraban liberal y creo que llevaron un baño, si juzgamos por los comentarios de los lectores, en un 80% favorables a mis tesis. Lo cual revela cómo ciertas ideas se imponen socialmente frente a una repugnancia profunda, pero a menudo mal argumentada, de la mayoría. Además, el homosexismo tiene poco de liberal, es una ideología más bien socialdemócrata, y la mayoría de los homosexistas detestan a los liberales…
Bien, pero eso no es un argumento. El que un hecho sea aceptado o rechazado por más o menos personas o por más o menos tiempo no significa que sea verdad.
–Cierto, pero la verdad real del caso era y es que la sexualidad normal entre hombre y mujer, con obvia orientación reproductiva –pueda cumplirse o no–, no es equiparable a cualquier otra forma, por mucho que en cierta mentalidad dominante –pero no aceptada en el fondo por la mayoría, insisto– se imponga la idea de que todo vale con tal de hacerlo “libremente” y ”pasarlo bien”. Si partimos de ese criterio concluimos enseguida que la sexualidad normal y reproductiva no es que sea equiparable, es que resulta muy inferior. La normal implica una relación muy larga, íntima no solo corporalmente y en la que surgen conflictos, con numerosas obligaciones, etc.; y desde luego es mucho menos “libre” que la sexualidad estéril, sea homo, zoo o de cualquier otro modo. Está también la cuestión del amor. Este es un sentimiento necesario precisamente para compensar o endulzar los esfuerzos y obligaciones de la sexualidad reproductiva. O más bien para darles un sentido. El ideal contrario se parece al de la prostitución: te desahogas, pagas, todos contentos y a otra cosa.
Pero no puede usted negar que entre homosexuales, por ejemplo, puede haber amor como en la sexualidad que usted llama normal.
–Recuerdo en el día del “orgullo” a muchos con camisetas marcadas, en inglés o español con el lema: “El amor todo lo puede”. Sí, es posible un amor entre homosexuales, un tanto desviado, como todo el asunto; pero ese amor no es necesario, es una especie de añadido que, si se da, pues bien, y si no, no pasa nada. De todos modos no viene al caso. Yo no estoy contra los homosexuales, eso es algo que a la mayoría les viene impuesto y no pueden elegir. Estoy contra esa “filosofía” homosexista que se viene imponiendo cada vez más tiránicamente y tan relacionada con el feminismo, el abortismo y demás. Y que conduce a quitar valor y sentido a la propia reproducción, es decir, a la subsistencia de la especie humana. Como dice usted, no es que odien consciente y deliberadamente la reproducción humana, es que sus premisas llevan a la extinción, y fingen no verlo parloteando de placer, libertad y demás. Una libertad sin responsabilidad ni consecuencias, por tanto falsa. Pero aunque finjan no ver las consecuencias indeseadas, estas están ahí. Pasa como con muchas guerras: nadie las quiere, pero se quieren las condiciones que llevan a ellas. Además, otros, en esos movimientos, lo ven claramente y lo preconizan: no es de extrañar que en el feminismo sea tan frecuente despreciar a la mujer que tiene hijos, no digamos a la que los cuida y educa. Y últimamente muchos ecologistas ven en el ser humano un cáncer que le ha salido a la diosa Gaia.
También se plantea la posibilidad de la ectogénesis, la reproducción en laboratorio, uniendo células masculinas y femeninas. Sería posible, así, crear seres humanos con una calidad genética muy superior a la que hoy se da en la mayoría y solo aparece en contados ejemplares humanos… Más fuertes e inteligentes…
–…E incluso sin sexo. Sí, esa especulación ha dado lugar ya a novelas y se va introduciendo por otros medios. El fondo es, una vez más, el rechazo de la sexualidad normal como una tara impuesta por la naturaleza, pero que el ser humano podría superar gracias a la técnica… quizá convirtiéndose en otra especie, que aniquilaría a la actual, tan “imperfecta”; como presumiblemente el cromañón aniquiló al neandertal. Sobre esas cosas solo se puede especular.
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