**Nada podría ser más nefasto para VOX que pactar o identificarse en algún modo con un PP cuya política ha sido el seguidismo del PSOE y de los separatistas, y la disolución de la soberanía española. Es de esperar que no caigan en esa tentación a la que le empujan tantos “analistas”, y que resultaría letal no solo para VOX, sino para el país.
**No debe olvidarse que la situación actual es la herencia directa del PP.
**Dado el laberinto a que ha conducido la segunda transición al régimen zapaterista, unas nuevas elecciones resultarían una oportunidad para salir de él.
**La inanidad, por no decir estupidez, del noventa por ciento del análisis político en España se debe a su falta de perspectiva histórica en unos casos (los que pretenden “olvidar y mirar al futuro”) y la falsificación de la historia en otros.
Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:
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Como he dicho, el libro Por qué el Frente Popular perdió la guerra se divide en cuatro partes, y puede ser empezado por cualquiera de ellas. Uno de los temas es el de sus personajes. En una ocasión, cuando Besteiro se oponía a la deriva sovietizante del PSOE, señalaba el bajo nivel intelectual y el simplismo político de los bolcheviques españoles, comparados con los rusos. Lenin, o Stalin y otros, desde luego, combinaban al intelectual y al revolucionario de acción, no solo organizaron y dirigieron, sino que escribieron y teorizaron incesantemente, enfrentándose a mil problemas. Su obra escrita ocupa muchos volúmenes, y su cultura y capacidad teorizadora son también excepcionales. Por comparación, los dirigentes y “teóricos” españoles apenas superan el nivel del militante de filas (tal como, podríamos decir, el nivel del análisis político de los expertos en los medios supera poco el del paisano en la barra de un bar),. Eran incapaces de plantearse en serio ningún problema y solo querían aplicar cuatro esquemas teóricos mal digeridos. Naturalmente, los principios y concepciones generales de que partían Lenin, Trotski o Stalin, eran falsos, y de ahí que por mucha inteligencia y esfuerzo que dedicasen a su ejecución y análisis resultaran en pesadillas. Pero comparados con ellos, sus seguidores españoles eran unos simplones brutales.
Esta deficiencia no se aplica solo a los líderes socialistas y comunistas. Los intelectuales regeneracionistas tipo Azaña u Ortega, convencidos de que “Europa” era la solución a no se sabe bien qué, jamás se plantearon ningún problema sobre Europa, a pesar de sus convulsiones, que tenían ante los ojos. Era la postura del iluminado.
En Una hora con la Historia: Franco, reflejado en sus palabras: https://www.youtube.com/watch?v=Ev1joWze594
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Poder y oligarquía
- 1. En todas las sociedades humanas encontramos siempre el fenómeno del poder. Este hecho proviene de la diversidad y a menudo oposición de intereses, sentimientos, gustos e ideas que existen en toda sociedad humana. Esta diversidad tiende por si misma a la disgregación social y a la lucha permanente de unos grupos contra otros y dentro de cada grupo. Esta fuerte tendencia a la disgregación se manifiesta siempre, desde las asociaciones culturales a los imperios, y exige una fuerza o poder que evite la disgregación y permita una convivencia tolerablemente pacífica y productiva.
- 2. La anarquía o ausencia de poder solo sería posible en una sociedad homogénea, de intereses, gustos e ideas iguales y no chocantes entre sí, regida por algo parecido al instinto. La anarquía sería un retroceso al nivel puramente animal, y su intento, en la práctica humana, no elimina el poder, sino que crea gran número de poderes que generan más despotismo y confusión. El funcionamiento interno de los grupos ácratas y la experiencia española en la guerra civil son suficientemente ilustrativos.
- 3. La necesidad del poder genera grupos pequeños que lo ejerzan, lo que a veces se llama “clase política” o más propiamente oligarquías. Un gran país, un imperio, puede ser gobernado y de hecho lo es, por un número proporcionalmente escasísimo de personas. Por contra, la inmensa mayoría tiene interés muy limitado por el ejercicio del poder, del que espera más bien que le permita vivir y trabajar sin caer en una lucha generalizada
- 4. Por tanto, el poder consiste en el gobierno de la gran mayoría por una pequeña minoría: es siempre y forzosamente oligárquico, como por lo demás atestigua la historia, incluso en el caso de poderes que afirman negar el poder. No es posible que la mayoría gobierne a una oligarquía o que el pueblo, donde se rozan o chocan intereses tan diversos, gobierne o ejerza el poder sobre algo por lo demás inexistente fuera de él.
- 5. Las formas del poder pueden ser muy variadas, pero siempre e inevitablemente son oligárquicas. La división tradicional entre monarquía, oligarquía (o aristocracia) y democracia, es falsa. De hecho, todo régimen estable resulta de una combinación de monarquía (casi siempre hay una sola persona a la cabeza de la oligarquía) y democracia considerada como consentimiento de la mayoría; pero su base es forzosamente oligárquica. Incluso en la monarquía absolutista o en un régimen totalitario, un solo hombre no puede gobernar sin un grupo que haga cumplir sus órdenes y que le asesore. Ni mantenerse largo tiempo sin algún grado de consentimiento y apoyo de una parte suficiente del pueblo. De ahí que todo poder estable combine en diversas proporciones las tres formas clásicas, que tomadas aisladamente con una ficción.
- 6. A su vez, las oligarquías nunca son homogéneas en ideas e intereses, por lo que los choques dentro de ellas se forman partidos y camarillas, cuyos choques pueden ser violentos. La historia política es en gran medida la de la lucha entre facciones oligárquicas
- 7. Dada la diversidad y oposición de intereses sociales, el poder se basa necesariamente en la violencia: solo hay que prestar atención a los enormes aparatos armados (policía y militares) o de arbitraje forzoso. El control de los medios de violencia permite la imposición de unos intereses sociales (o de facción oligárquica) sobre otros. Según la llamada ley de hierro de las oligarquías, de Michels, estas acceden al poder sirviendo en principio a intereses sociales más generales, pero una vez en el poder su mayor interés es permanecer en él, utilizándolo en su propio interés. Según Pareto, ello daría lugar a ciclos de auge y decadencia oligárquicos, hasta ser sustituida una oligarquía por otra.
- 8. La violencia, siendo connatural al poder, no garantiza por sí sola la estabilidad y duración de este. Aunque ella permita imponer unos intereses particulares (tiranía, despotismo), la justificación del poder consiste en su capacidad de establecer un equilibrio (justicia) entre los diversos intereses sociales, y sobre ese equilibrio se legitima. Así pues, sin legitimidad, la mera violencia (tiranía, despotismo) no puede sostenerse largo tiempo. El principio espiritual de la legitimidad es tan necesario que incluso las mayores tiranías se lo fabrican y despliegan una intensa propaganda que convenza a suficientes personas.
- 9. Así, las críticas supuestamente democráticas al franquismo, afirman que este se sostenía meramente por la violencia, careciendo por ello de legitimidad. De ahí la importancia de clarificar esta cuestión, a la que doy especial importancia en el libro Por qué el Frente Popular perdió la guerra.


