Carta a un votante del PSOE

 Munición para la artillería. ¿Habrá muchos artilleros?

Dice usted que vota al PSOE porque defiende los intereses y derechos de los trabajadores, pero no acabo de creerlo. Si usted tiene memoria y una poco de cultura histórica, sabrá que cuando el PSOE tuvo poder, en la república, sus medidas aparentemente favorables a los obreros elevaron el desempleo, el hambre y la miseria mucho más que antes. Y que en el Frente Popular sus políticas trajeron la mayor hambre que haya sufrido España en el siglo XX, bastante peor que la de los años 40. Y que cuando el PSOE  volvió al poder con Felipe González dejó un saldo de tres millones de parados mientras cultivaba la “cultura del pelotazo”. Y con Zapatero el paro llegó a los cinco millones. Sabe que Andalucía es la región con más paro (y corrupción, junto con Cataluña) y mayor estancamiento económico después de varios decenios de gobierno socialista.  Cuando se mencionan estas cosas, el PSOE siempre sabe echar a otros las culpas, pero si presta usted más atención a los hechos que a las palabras tendrá que concluir que hay algo extraño en esa retórica de “defensa de los trabajadores”. Le creería más si dijera usted que votaba al PSOE por no votar a los señoritos cutres del PP. De acuerdo, pero es como elegir entre el tifus y el cólera.

Y empleo esa expresión “tifus o cólera” para subrayar la gravedad de la  situación a que nos han llevado los dos partidos, con dos regiones vaciadas de estado central,  en golpe de estado permanente y en riesgo grave de disgregación entre propagandas de odio a España. La tendencia, cultivada durante años, ha sido esa. Usted entiende seguramente que la nación es la base de una convivencia pacífica y libre entre españoles, mientras que de su disgregación, ya en proceso avanzado, saldrían unos cuantos estaditos impotentes y hostiles entre sí, juguetes de potencias exteriores. ¿Quién en su sano juicio puede desear tal cosa? Esto es mucho más importante que si los impuestos suben o bajan uno o dos puntos. Observe también que tanto el PSOE como el PP vienen entregando progresiva e ilegalmente la soberanía española a la  burocracia LGTBI y multicultural de Bruselas. Políticas que se manifiestan, entre otras cosas, en la promoción masiva del aborto (cien mil al año) y al mismo tiempo de una inmigración salvaje, usando para ello pretextos tan sentimentalmente humanitarios como falsos. ¿A quién le conviene que se eliminen cien mil vidas de españoles y entren otros tantos o más inmigrantes que en su inmensa mayoría no van a integrarse en España, entre otras cosas porque la cultura difundida hoy en España es precisamente antiespañola?

Se habla mucho últimamente de la historia criminal del PSOE, y sospecho que usted vota a ese partido fundamentalmente porque no la conoce. Es criminal porque ha provocado repetidamente el enfrentamiento violento y armado entre españoles, porque destruyó la legalidad republicana en unas elecciones fraudulentas, entregó a Stalin las reservas financieras españolas convirtiendo al genocida soviético en verdadero amo del Frente Popular, porque organizó chekas y crímenes brutales durante la guerra y expolió bienes públicos y privados, a ricos y a pobres. Esto está ampliamente documentado, y lo he expuesto en varios libros y vuelvo a recordarlo en otro próximo a publicarse. Fíjese en que lo más grave fue aquella destrucción de la legalidad, porque el respeto a la ley democrática es  lo que permite la convivencia entre los distintos intereses y aspiraciones que existen en la sociedad. En esa destrucción está la causa profunda de la guerra civil.

Bien, dirá usted, también los contrarios cometieron crímenes, y en todo caso es agua pasada. Pero no es agua tan pasada, porque el partido al que usted vota quiere imponer por ley que creamos una versión partidista de los hechos, a su conveniencia. Y esto es un nuevo ataque a la legalidad, a la actual Constitución y a la democracia, porque socava las libertades de opinión, expresión, investigación y cátedra. Es gravísimo y se quiere hacer pasar, empezando por el PP, por un asunto de poca relevancia. En una democracia, la historia no se impone por ley desde el poder, eso solo ocurre en tiranías como la de Corea del Norte o la actual de Venezuela.  En ningún lugar se impondría por ley que Colón descubrió América o  que Roma latinizó Hispania. ¿Por qué, entonces, se ha impuesto esa ley de memoria histórica? Porque su versión de la historia es completamente falsa y solo puede sostenerse mediante la coacción y las subvenciones del poder. Esto es un verdadero crimen que se está cometiendo ante nuestros ojos sin que muchos quieran verlo.

La historia criminal del partido al que usted vota, repito, no es cosa del pasado. Volvió al poder en 1982, con el lema de “cien años de honradez” – tan poco honrado con la verdad, e insisto en que es preciso a todos conocer la historia–, y declaró la muerte de Montesquieu, es decir, de la independencia judicial. Esta independencia es sin embargo un fundamento radicalmente necesario  de la  democracia, pues sin él la arbitrariedad y la tiranía se van imponiendo inexorablemente. Y acabamos de ver algunos efectos de esa muerte de Montesquieu en la sentencia del Supremo  sobre los golpistas separatistas y en la sentencia sobre la profanación de la tumba de Franco, un acto arbitrario  y tremendamente ofensivo para millones de españoles, un acto contra la paz y la democracia.

Democracia que  de ningún modo se debe al PSOE, cuya tendencia se manifiesta precisamente en la ley citada y la ofensiva contra Montesquieu. Ni siquiera el PSOE puede jactarse, al revés que los comunistas,  de haber hecho oposición al hombre de quien cuarenta y cuatro años después quiere vengarse de manera inauditamente ruin y cobarde. Ya es bastante significativo que el PSOE coincida con los separatistas, los comunistas “venezolanos” de Podemas, con el PP de los señoritos cutres, con la ETA legalizada, con los parlanchines de Ciudadanos, en ese odio feroz a Franco. Esa mera coincidencia dice mucho más que largos discursos.

  Y yo le digo, votante del PSOE: votar sin conocimiento al menos general de la historia y sin otra información que la verborrea infame de los partidos mencionados, es contribuir a un proceso de destrucción de la democracia, de la convivencia en paz y en libertad de los españoles, y de disgregación de la nación española, sin la cual nos acechan los males del pasado. Decía el filósofo Santayana que un pueblo que olvida su historia se condena a repetirla. A repetir lo peor de ella.  Le ruego que tenga usted esto en cuenta a la hora de votar. Hoy ha surgido un partido distinto,  al que llaman “de extrema derecha” los de la memoria totalitaria y la muerte de Montesquieu. Creo que es más bien de extrema necesidad, en un momento histórico,  y que debemos darle una oportunidad.

 

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Democracia (II) La democracia y la última victoria de Franco /

Munición para los artilleros

**El PSOE es el partido español  de historia más criminal y corrupta del siglo XX y lo que va del XXI. El desconocimiento de este hecho convierte la política en farsa, y ha sido posible por la colaboración de una derecha infame.

**Con la totalitaria ley de memoria histórica, Juan Carlos firmó su propia deslegitimación. Con la profanación de la tumba de Franco, el Doctor Saunas y los separatistas, y por inhibición el PP) han propinado a la monarquía un nuevo y feroz golpe.

**El único medio de que el Doctor y sus aliados Torra, Otegui o el PNV sean desplazados sin que se vuelva a la misma política, es el voto masivo a VOX.

**El PP es un partido en descomposición dirigido por un chiquilicuatro y  con verdaderas taifas en Galicia, Vascongadas, Andalucía o Murcia. Siempre siguiendo las iniciativas del PSOE y los separatistas.

**El PSOE y los separatistas nunca habrían llegado a traer a España una situación crítica y el golpe de estado permanente sin la colaboración del PP y de la jerarquía eclesiástica.

**La “memoria histórica”, la memoria de Franco, los separatismos y la historia criminal del PSOE deben ser los ejes de  una campaña electoral nueva.

**En los muros y redes sociales deberían multiplicarse frases como esta: “Viva Franco, abajo los corruptos, separatistas y golpistas”

- O esta: “¿Por qué atacan a Franco el PSOE, de historia criminal y corrupta, los separatistas y un PP que escupe en las tumbas de sus padres?

**Franco murió hace 44 años. Dejó un país próspero y reconciliado, apto para una democracia sin convulsiones. Democracia y convivencia que hoy destruyen los antifranquistas de historia criminal.

**En el patriarcado las mujeres se suicidan mucho menos que los hombres, delinquen muchísimo menos, viven más tiempo… Y para demostrar su felicidad, sonríen mucho más.

Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Al ver cómo la democracia ha traído al poder a canallas como Zapatero o el Doctor, muchos concluyen que la democracia es el mal. Entonces los sistemas no democráticos serían los que permitirían gobernar a los mejores, estupidez que la historia desmiente contundentemente. La mayoría de los reyes han sido mediocres, algunos pésimos y muy pocos realmente excelentes. Lo mismo ocurre con los dictadores. No existe ni existirá ningún sistema que asegure el mejor gobierno. Y no es la democracia la que ha traído a Zapatero, sino los errores y oportunismos de otros.

Pero, dicen, ¿y el franquismo? ¿No fue excelente?  Como recordaba Fernández de la Mora, el franquismo solo puede entenderse como una etapa histórica, de ningún modo como una ideología. Ni siquiera como un régimen fácilmente indentificable, pues fue notablemente distinto el de los años 40-50 y el de los 60-75. Antes de la república, Franco sirvió fielmente al régimen demoliberal de la Restauración. Durante la república, manifestó adhesión a ella considerándola una democracia. ¿La prueba? En el primer bienio gobernaron los “malos”, llevando al país a una situación caótica. Pero en las elecciones de 1933 ganaron “los buenos” democráticamente –lo que revela que en democracia pueden ganar “los buenos”–, y sus dos años de gobierno fueron los mejores de la república. Izquierda y separatistas se rebelaron contra la legalidad democrática y fueron derrotados y como se recordará, Franco defendió entonces  la  legalidad democrática. Aunque luego el derechista Alcalá-Zamora, una especie de orate que obró semidictatorialmente, echara a perder los frutos de aquella victoria.

Las reglas del juego volvieron a romperse con las elecciones del 36, cuyo carácter fraudulento fue denunciado desde el primer momento por el mismo Franco y otros, aunque no se vieron capaces de cambiar las cosas.  Aun así, no se rebeló hasta que el asesinato de Calvo Sotelo le convenció de que seguir sirviendo a una gobierno semejante era completamente inmoral. Se sublevó, recuérdese, en nombre de la república.

No obstante, Franco comprendió algo que no entendieron los monárquicos ni la mayoría de los generales: que ganar una guerra para volver a una situación como la de la república o la de la Restauración era absurdo.  Era preciso crear un nuevo sistema de gobierno aprovechando experiencias diversas, entre ellas las del fascismo italiano y del salazarismo, pero dándoles un tinte católico y manteniendo bajo la rienda a la cuádriga de Falange, carlistas, monárquicos y católicos políticos (es difícil llamar a estos últimos (¿episcopales? ¿clericales?)  pese a ser la fuerza más importante. Falange y los monárquicos eran políticos católicos, mientras que los tradicionalistas y los episcopales eran católicos políticos. La diferencia importa).  La tarea exigía una capacidad ý visión política excepcionales y Franco las demostró. En cambio, basta  valorar a sus colaboradores y personal político para entender que ninguno tenía su talla ni podía ser su sucesor al mismo nivel.

En principio se trataba de superar tanto la ideología marxista como la liberal, pero eso nunca se consiguió realmente. No hubo, hay que repetirlo una ideología franquista, pues no lo fue ni el tradicionalismo carlista ni la Falange ni el monarquismo liberal o autoritario. Si acaso el “catolicismo social”, y ya sabemos lo que ocurrió después con él. El franquismo no cesó de liberalizarse desde principios de los 60, y no solo económicamente (en economía siempre fue predominantemente liberal).  La abolición de los partidos no fue ni mucho menos la causa del éxito del franquismo. En realidad solo fueron prohibidos los causantes de la guerra civil, pero los  vencedores formaban en realidad cuatro partidos no bien avenidos, y cada uno de ellos con distintas corrientes, una de ellas abiertamente antifranquista. Estos cuatro partidos (“familias”), se hallaban en los años 70 en  plena descomposición, y ninguno de ellos ni todos juntos estaban en condiciones de mantener un régimen que se volatilizaba.

   Franco, por cálculo o intuición, consiguió dos victorias últimas: que el Vaticano II no provocase un derrumbe como el del salazarismo portugués, y, póstumamente, a  través de Fernández Miranda, el referéndum de 1976, con la democratización “de la ley a la ley”, siempre olvidado deliberadamente  por unos y por otros. Con ello se consiguió algo que normalmente permiten las democracias y raramente los sistemas autocráticos: un gran cambio de poder pacífico y sin demasiados traumas.

   La democracia obliga a los partidos a luchar por la opinión pública, lo que puede hacerse mejor o peor: una buena causa es a menudo muy mal defendida. Por tanto se corre el peligro de que los demagogos se impongan, lo mismo que un régimen autoritario tiene el peligro de que su líder sea un inepto o un loco, hecho no inhabitual. Así es la realidad humana. Una ventaja de la democracia es que, si se respetan los resultados electorales y el estado de derecho, la política puede cambiar sin  grandes trastornos, y que si se demuestra perjudicial puede corregirse en otras elecciones.  En la república fue posible una rectificación –y en parte se consiguió– del caos del primer bienio, y no se olvide que fue un líder conservador, obrando contra la norma parlamentaria, quien esterilizó su doble victoria, electoral y anti insurreccional.

   Los peligros de la democracia son reales, pero lo que ha pasado en España con Zapatero, Rajoy y el Doctor no es un problema de la democracia, sino de su erosión y progresiva destrucción por unos elementos demasiado parecidos a los que destruyeron la legalidad republicana. Y que con el mayor descaro –y aplauso de los ilusos antidemócratas de derecha— están acabando de hundir el gran acuerdo democrático de  1976. Es indispensable reivindicar la figura y los logros del franquismo no porque sea posible volver a un sistema de gobierno como aquel, sino porque,  precisamente sus logros permitieron la posibilidad de una democracia real, no convulsa, hoy atacada por la “estúpida canallería” de quienes no aprenden de la historia, tanto los del nuevo frente popular como los de una derecha tipo PP, degenerada y sin principios. La democracia es un logro póstumo del franquismo y se lo han dejado arrebatar entre unos y otros.

   Así pues, es precisa una doble reivindicación como base de una nueva política: la reivindicación del franquismo y de la democracia.

El legado de Franco: https://www.youtube.com/watch?v=72LX7cU2588

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)

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Posiciones electorales / Animal religioso (II) El misterio

Para entender el sentido de las elecciones actuales debemos retrotraernos a Zapatero. Este fulano, especie de cretino genial, impuso la ruptura que izquierdas y separatistas no lograron en 1976. En ese sentido  supuso un antes y un después en el proceso abierto en la transición. El arma principal, pero no la única, fue la ley de memoria histórica, trabajada previamente por una continua propaganda desde poco después del mismo referéndum. El eje de la campaña deslegitimadora fue la denigración y calumnia sistemáticas al franquismo y a Franco.

Con la ley de memoria histórica, las leyes de género y otras medidas, España entraba de hecho en un nuevo régimen, reminiscente del Frente Popular. Lo importante del caso, y que revela una situación esperpento o demencia política, cuando  el propio rey firmó una ley que le deslegitimaba. Porque a aquellas alturas oponerse al engendro legal significaba justificar al franquismo, del que provenía la monarquía, y tras largas campañas izquierda y separatistas habían logrado convertir en tabú cualquier justificación del régimen anterior.  Hoy, el Doctor no  hace más que intentar llevar a su fin la misma política, que conduce directamente a la abolición de la democracia, de la monarquía y a una confederalización del país paso último a una disgregación ya considerablemente avanzada: piénsese solamente en la práctica desaparición del estado central en regiones tan importantes como Cataluña o Vascongadas, y en su extremo debilitamiento en otras.

  Por mucho que se denigren las capacidades intelectuales de Zapatero, debe reconocerse que los demás líderes le son inferiores incluso en ese terreno. Pues todos, excepto VOX, han aceptado las leyes e iniciativas del fulano y las han aplicado en lo posible. Todos son zapateristas, con matices, claro está: el PSOE y los separatistas son los más resueltos en esa dirección; el PP ha sido su máximo auxiliar en todo momento, también con Aznar que llegó a condenar el alzamiento del 18 de julio;  Podemas trata de empujar el movimiento a una situación venezolana; Ciudadanos rechaza nominalmente la disgregación del país, pero trata de entregarlo entero y disolverlo en la UE lgtbi  y colonizarlo por el inglés, lo mismo que los demás. El denominador común de todos ellos, repito, es su aceptación del rupturismo zapaterista y su dependencia política e ideológica de los separatismos.

   VOX ha surgido como una alternativa real, aún no completa pero suficientemente explícita, al zapaterismo de los demás. Durante años, todos han tratado de reducirlo a un gueto rodeado de un muro de silencio, pero eso se acabó. Ahora algunos de ellos, en especial el PP, tratarán de conducirlo al callejón sin salida de la “suma” y la expulsión del Doctor. El PP no puede sumar nada más que lo ha sumado todos estos años. Y la expulsión del Doctor no serviría de nada si le sucediera el PP. Sin embargo la actual demagogia “sumadora” del PP  puede tener bastante efecto si no es clarificada desde el principio: echar al Doctor y su pandilla es importante, y para ello VOX podría apoyar en su momento al PP y declararlo así. Pero mucho más importante es explicar y difundir la alternativa al zapaterismo, y en la batalla electoral VOX tiene que evitar a toda costa dar imagen de un PP bis más radicalizado a la derecha, como intentan presentarlo unos u otros.

VOX ha surgido como una alternativa, aún no completa pero suficientemente explícita al zapaterismo. En eso radica la fuerza que ya ha conseguido y en eso radican las esperanzas que viene suscitando. Una gran responsabilidad.

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El legado de Franco: https://www.youtube.com/watch?v=72LX7cU2588

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El misterio

 La muerte es un misterio que a su vez vuelve misteriosa la vida. Por misterio no queremos decir un enigma que con ingenio y esfuerzo podría resolverse, sino “algo” cuya explicación  está más allá de nuestras facultades. La razón se resiste a admitirlo, y esa resistencia ha generado las ideologías, pero por otra parte su propio ejercicio lleva con bastante facilidad a los límites de su competencia: el misterio se siente de un modo peculiar, no por nuestros sentidos ni por nuestra inteligencia, sino al comprobar su impotencia para explicarse a sí mismos.

   La vida no nos parece misteriosa a primera vista,  aunque sí enigmática. Son infinitos los enigmas que el hombre ha aclarado y los obstáculos que ha superado, para satisfacción suya por el poder de sus facultades. Nuestros sentidos y nuestra mente, con la cooperación social, nos permiten desenvolvernos en la vida con relativa seguridad. Sentimos nuestra existencia y la de las demás personas y del mundo en torno, y sabemos muchas cosas de ellos y de nosotros mismos, aunque nunca terminemos de saciar nuestro deseo o necesidad de saber y sentir. En otra palabras, comprendemos que en la existencia hay algo de misterioso e  inasequible, pero también que podemos desenvolvernos mejor o peor en ella, por lo que esa cualidad misteriosa nos parece solo relativa.

   Ahora bien, la muerte no es en absoluto relativa. Es un suceso absoluto. En él perdemos todas nuestras facultades para sentir, obrar  y explicar. Y aunque sigan otros humanos no nos es difícil concluir que al conjunto de ellos, a la humanidad, le llegará también su fin.

   Veamos ahora: la existencia se desarrolla en un espacio físico de tres dimensiones más otro factor, el tiempo,  que podemos llamar también dimensión, aunque sea tan diferente de las anteriores. Es otra cosa. El tiempo permite que la realidad en ese espacio transcurra, no quede estática como en principio percibimos el espacio. Permite que en un mismo espacio ocurran infinidad de actos diversos e incluso contrarios entre sí. Nuestras facultades (sentidos y razón, básicamente) nos permiten entender, mejor o peor, lo que ocurre en el espacio y el tiempo, desenvolvernos en esas dimensiones, reaccionar a los estímulos que nos procura la existencia, siendo parte de ella. Pero el mismo tiempo y el mismo espacio escapan a nuestras facultades. No sabemos lo que son y por qué existen o, más propiamente, encuadran la existencia, la realidad perceptible para nosotros.

   Somos parte mínima y temporal de lo existente, y esto en sí mismo es algo que escapa a nuestras capacidades mentales  y sensibles, como expresaban Omar Jayam y otros pensadores. Todas nuestras facultades nos vienen dadas y, junto con nuestra propia existencia,  terminarán por sernos arrebatadas: ¿por quién o por qué?,  ¿con qué objetivo? Imposible saberlo.

   Por lo demás, aunque dispongamos de sentidos y razón, el proceso de la vida nos causa una constante sensación de impotencia, nos obliga a someternos a resignarnos  o “aceptar” una realidad que tan a menudo contradice nuestros deseos y nuestra comprensión y nuestras ideas morales . ¿Qué es la vida?. Un Pleberio golpeado hasta la médula por el suicidio de su hija intenta desahogarse: “un laberinto de errores, un desierto espantable (…)  prado lleno de serpientes, río de lágrimas,  vana esperanza, falsa alegría…”. Es interesante comparar esta lamentación con la expresión furiosa de  Macbeth al conocer la muerte de su esposa:  “La vida es solo una sombra andante, un pobre actor que se pavonea y  agita en su hora sobre el escenario y ya no se le oye más. Un cuento de ruido y de furia sin sentido, contado por un idiota”.  En los dos casos se expresa la desesperación ante la desdicha,  en el  primero como lamento, en el segundo como maldición.

Pleberio es un “hombre bueno” aniquilado por la desgracia, Macbeth un personaje a quien la ambición y el influjo de su endemoniada esposa han llevado a tal grado de crimen que se siente en un lago de sangre, tan lejos de la orilla que ya le da igual moverse en una dirección u otra. Pero los dos llegan a la misma conclusión: la vida no tiene sentido. Y sin embargo, concluye Macbeth, hay que luchar en ella hasta el final, mientras que ante Pleberio se alza solo una niebla impenetrable. Es cierto que en situaciones prósperas o tolerables nadie o casi nadie expresa esa desesperación, pero el “ruido de fondo” es el mismo: el dichoso no puede saber el motivo de su dicha ni cuánto durará, ni el por qué de la desdicha de otros, que le hace sentirse vagamente culpable y a menudo le induce a justificarse de manera seudomoral, algo como “se lo merecen”; o a dar una ayuda generalmente poco útil y que a menudo provoca más resentimiento que gratitud.

 Contra estas limitaciones en vano se rebelan o buscan salida nuestras facultades. Y no es difícil  ver en esa condición humana el origen de las religiones y de las ideologías.  Precisamente la consciencia más o menos viva de esas limitaciones humanas crea las religiones, la ideologías,  también el arte y la literatura.

Algunos piensan que la física podrá darnos tal vez una explicación, con sus hallazgos sobre el (supuesto)  comienzo del cosmos, sobre la posibilidad de otras dimensiones o los comportamientos de lo inmensamente pequeño, tan distintos de lo que percibimos en nuestro mundo. Quién sabe: quizá al morir penetremos “en otra dimensión”. Algo así parece que viene a decirlo la religión cristiana, pero permanece la pregunta: “¿Por qué y para qué?”

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Que no deje de tronar la artillería

Desde hace días me llegan audios de YouTube de una carta abierta mía al gobierno del Doctor y la Marimacho, escrita en este blog el 16 de julio del año pasado. La había leído en voz alta,  y de ahí el audio,  en el programa de Luis del Pino “Sin complejos”,  donde los sábados (a veces los domingos), entre las 10,30 y las 11.00 suelo tener una intervención de entre cinco y diez minutos.  Tenía medio olvidado el comentario, y ayer me abordó en un bar un profesor que se dijo votante del PSOE y que también había recibido el audio. Obviamente no estaba de acuerdo conmigo, pero me reconoció con ecuanimidad que estaba bien argumentado y era convincente.

No sé de quién o quiénes habrá partido la iniciativa de hacerla circular, pero viene inmejorablemente al caso ante la campaña electoral.  Llevo mucho tiempo señalando que los comentarios políticos o históricos del blog o de Una hora con la Historia  son munición argumentaria que procuro hacer contundente, contra el proceso destructivo de España y la democracia en marcha.  Pero la munición sirve de muy poco si quienes la reciben se contentan con verla y no la utilizan a fondo, que es lo que ocurre casi siempre. Por eso me ha sorprendido muy felizmente la iniciativa de quienes han decidido convertirse en artilleros y emplear a fondo la munición.

La pasividad mayoritaria parte de la idea de que quienes deben hacer la política son los partidos, que disponen de los medios necesarios, y que otra cosa es un esfuerzo inútil. Esto podría ser así en tiempo de normalidad y estabilidad, pero no, desde luego, en tiempos peligrosos como los que vivimos. Hoy es preciso que cada cual se convierta en “artillero” y no cese de disparar esta munición política, no sea que termine siendo necesario disparar otra. Y debe hacerse llegar a amigos y enemigos, procurando que la acción se extienda como una mancha de aceite. Muchos piensan que es inútil enviarla a votantes de izquierda o a separatistas, pero es lo contrario. En su gran mayoría rechazarán el mensaje, pero de momento lo han conocido, y solo eso ya  es  importante. Y si les llega por diversos canales, tanto mejor. Un mensaje no es asimilado si no llega de modo insistente, máxime en unos tiempos de infinita proliferación de mensajes contradictorios  o irrelevantes, que desconcierta y marea a la gente.

Ante nuestras narices, unos puñados de déspotas corruptos, de “doctores”, tiorras y  golpistas están amenazando la integridad nacional, base de toda posible convivencia, construida durante siglos por muchas generaciones con esfuerzo y sangre. Y esas pandillas amenazan la libertad de todos, se proponen multar y encarcelar a quienes no aceptemos sus versiones de la historia, cimentadas en el embuste descarado y la “estupidez canallesca”, que diría Marañón; y fundamento de sus políticas actuales.  Es preciso que sean ellos, los tiranos,   quienes en todo caso vayan a la cárcel.

En frase de Julián Marías, “no debíamos pensar tanto en lo que va a pasar, sino en lo que podemos hacer”.  Que es mucho, si nos lo proponemos. Y en esta importantísima campaña electoral cada uno debe hacer cuanto esté en su manos. “España espera que cada cual cumpla su deber”, diríamos, imitando otra frase célebre. Con su infame profanación, el Doctor, la marimacho  perturbada, y los separatistas, han declarado la guerra a quienes defendemos la nación y la libertad. Y es preciso replicarles en el terreno en que hoy se plantea el desafío, porque a todos nos concierne. En estas semanas la artillería debe tronar sin cesar un minuto.

https://www.youtube.com/watch?v=f7AM2_TxUDM

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Qué es la democracia (I) / El animal religioso (I)

Conocer lo que fue el franquismo es esencial para mantener la democracia y la unidad de España:

Los Mitos Del Franquismo (Historia)

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Por primera vez desde que escribo en este blog me llegan ecos del mismo, en forma de una carta abierta que leí en el programa de Luis del Pino y que debe estar difundiéndose con bastante amplitud. La carta es de hace más de un año, y algunas personas deben de haber pensado hace muy poco que valía la pena recobrarla y darla a conocer por wasap y otros medios. Personalmente, me quita un poco la impresión deprimente de estar hablando para las paredes. La carta explica con suficiente claridad y síntesis lo que está pasando, por lo que insisto en que se difunda más y más ampliamente, pues si estas cosas no llegan a millones de personas apenas tienen influencia, máxime ante unos gobernantes delincuentes resueltos a imponer su tiranía y que cuentan con potentes medios de embuste como la Triple M. El audio (10 minutos) es este, en una de sus copias: https://www.youtube.com/watch?v=f7AM2_TxUDM

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Qué es la democracia.

   En La fatal arrogancia, Hayek habla del  “envenenado lenguaje” de la política y la economía, con conceptos equívocos o contradictorios que inducen a políticas falsas. Al libro me he referido en un viejo artículo “Hayek, un nuevo materialismo histórico”, que debo de haber publicado en el blog, en LD o en este.  Pero al margen de cómo plantea él  la economía como base de la evolución humana, no hay duda sobre su crítica: argüimos con unos conceptos a menudo contradictorios y utilizables a conveniencia, como verdaderas palabras mágicas.

   Uno de esos conceptos es sin duda el de democracia, “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” según Lincoln, y que constituye todo un oxímoron: o es “demos” o es “cratía”, pues el poder solo se ejerce y puede ejercerse sobre el pueblo. Y lo ejercen siempre y necesariamente unos pocos, es decir, una oligarquía, generalmente con una persona (“monarca”) a su cabeza. El pueblo, en conjunto, puede estar más o menos satisfecho con ese poder, pero también cabe considerar  esa satisfacción como un poder: cuando la insatisfacción llega a ser muy fuerte, la oligarquía del momento se tambalea o cae.

A ese respecto he expuesto en Nueva historia de España o en La guerra civil y los problemas de la democracia, que todo régimen estable es casi siempre monárquico, oligárquico y democrático, en variadas proporciones. Polibio encontraba en la Constitución romana un ejemplo de sabiduría política  al armonizar las tres características, y en esa armonía el ciento  de la fortaleza de Roma. No dejaba de tener razón… si no fuera porque unos cuantos años más tarde Roma casi perecía en medio de unas brutales guerras civiles, que la obligaron a cambiar lo que podríamos llamar “proporciones del poder” en un régimen nuevo.

Siendo así, todo régimen es a la larga inestable, y más cuando no halla otro recurso para mantrenerse, que el terror y la tiranía (esta en un sentido algo distinto de como la trataron los griegos). En rigor, el pensamiento político occidental desde San Isidoro (y ya antes el griego y el romano) busca instituir una forma de poder no tiránico, que sirva al bienestar del pueblo.

  En el cristianismo, el poder viene de Dios, San Pablo insiste en el deber de obedecer a los poderes constituidos, y esa concepción, tomada literalmente, podría apuntalar las peores autocracias. Es sabido que Iván el Terrible  la interpretó tal cual, como explicaba en, por ejemplo, alguna carta a Isabel I de Inglaterra. Los reyes ingleses también tendieron a hacerla suya, y el anglicanismo (como el protestantismo) viene a ser una consecuencia: si el poder venía a los reyes de Dios, ¿qué necesidad tenían de un intermediario como el papa?  Contra tal concepción reaccionó Francisco Suárez señalando el que poder no descendía directamente de Dios sobre el príncipe, sino a través del pueblo, de modo que, implícitamente, el pueblo estaba autorizado a desobedecer, incluso derrocar al gobernante tiránico y a cambiar el régimen entero. En Mariana ese derecho se concretaba en la justificación del tiranicidio.

El problema de la relación entre el poder y el pueblo no tiene solución clara y definitiva, y la historia nos muestra sus continuos vaivenes y  luchas, y a veces revoluciones. Problema tanto más difícil cuanto que no existe “el pueblo” como unidad u homogeneidad de intereses, sino que en su seno bullen muy diversas tendencias e intereses. Esto es fundamental tenerlo en cuenta, porque el concepto de “pueblo”, tal como se emplea habitualmente en el lenguaje político (otros lo sustituyen por “sociedad”, no menos equívoco) es precisamente uno de esos “conceptos envenenados” capaces de justificar hasta los peores despotismos, ya que siempre habrá sectores populares conformes con los déspotas por una u otra razón. Tampoco existe la monarquía, pues una persona sola no puede ejercer el poder sin una oligarquía que la apoye y oriente; y la propia oligarquía no es nunca unitaria, ni siquiera en partidos tan obsesionados por la unidad como los comunistas.

De este modo, el problema de la democracia debe plantearse en otros términos que los habituales:  como las formas de consentimiento del “pueblo”, es decir, de alguna fracción suficiente del mismo.

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El legado de Franco: https://www.youtube.com/watch?v=72LX7cU2588

Nueva historia de España: de la II guerra púnica al siglo XXI (Bolsillo (la Esfera))La guerra civil y los problemas de la democracia en España (Nuevo Ensayo)

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El animal religioso

Puesto que las religiones son muy variadas y cada una ha evolucionado de un modo u otro, pero al mismo tiempo todas las culturas tienen alguna forma de religión, que estiman de la mayor importancia, y giran posiblemente en torno a ella como su núcleo, debemos plantearnos la razón de que ello sea así.   Como introducción hipotética al asunto puede servir la de Paul  Diel:

“Todas las religiones tienen como base común las fábulas premíticas o míticas  (…) El contenido religioso de estas fábulas o mitos muestra una sorprendente semejanza. Hablan invariablemente de divinidades, de monstruos, del combate del hombre-héroe contra los monstruos y de la ayuda de las divinidades a los hombres (…) Sabemos con perfecta certidumbre que las divinidades de los antepasados jamás existieron y que, por tanto, fueron creaciones del espíritu imaginativo de los primitivos.  Pero las divinidades de todos los pueblos, aunque no sean idénticas en su representación o imagen visual, asumen todas la misma función protectora y de guía moral.

   (…) En su más amplio y profundo significado, las imágenes premíticas y míticas conciernen a lo efímero  de la vida temporal y a la angustia ante la muerte intemporal y eterna. Las imágenes con significado ético se refieren a la vida temporal y la conducta a seguir en ella.

 (…) Lo propio  de la imaginación fantasiosa es despertar nuestro interés, emocionarnos con ayuda de fábulas, sugiriendo bajo la superficie de los acontecimientos e imágenes un significado secreto que concierne a la vida humana  (…) Sin tratar de convencer de manera lógica, la fábula, religiosa o profana,  actúa sobre nuestra emotividad profunda y aun sobre nuestras culpabilidades reprimidas. Inventar  alegorías fabulosas es la función catártica de todas las producciones artísticas.

 (…) En el alma primitiva, las fantasías premíticas o míticas no despìertan creencia ni duda, sino un éxtasis emotivo que le permite captar sin explicación el significado subyacente. Ahora bien, es característico de las religiones y de sus teologías explicativas imponer la creencia en la existencia real de estas figuras fabulosas que son las divinidades.   Buscan transformar las fantasías imaginativas inspiradas por la religiosidad (la emoción ante el misterio de la vida) en religión popular, basada en una creencia común que impone reglas de conducta, ceremonias, tabúes.  Nacidas de las fantasías míticas, las religiones se convierten en  instituciones sociales. Este fundamento convencional tiene por objeto  reforzar el lazo comunitario (pero) su convencionalismo disminuye la fuerza sugestiva de la verdad subyacente.   Deseando imponer la creencia en la realidad de las imágenes, las religiones provocan el escepticismo, destructor de las convicciones religiosas”

   Es decir, Diel distingue entre la religiosidad, causada por la emoción ante el misterio, productora de las imágenes míticas, y las religiones concretas, que al mismo tiempo que refuerzan la cohesión social convirtiendo esas imágenes en creencias, provocan  en un ciclo el escepticismo hacia ellas y finalmente su sustitución por nuevas imágenes.  

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