Solemos llamar momentos históricos a aquellos en que la sociedad se juega algo importante. Y los actuales lo son, marcados por la profanación de la tumba de Franco y por el golpe de estado permanente desde Cataluña. La profanación y ultraje a los restos de Franco lo es también a la monarquía, a la Iglesia y a la transición democrática decidida en referéndum de la ley a la ley, desde la legitimidad del franquismo y contra quienes querían volver a las demencias criminales del Frente Popular. Demencias que están volviendo. Esto, en el plano político. En el plano simbólico es una profanación del Valle de los Caídos, símbolo de la derrota del comunismo y los separatistas, de la reconciliación entre los españoles y de la paz que se mantiene desde entonces y que ahora unos desalmados quieren arruinar. Si finalmente los delincuentes consiguen profanar la tumba debe proclamarse que Franco volverá, más vale pronto que tarde, al lugar que le corresponde, justamente al Valle de los Caídos, y que el tremendo desafuero no saldrá gratis a sus responsables.
En cuanto al golpe de estado permanente, es otra cara del mismo proceso, resultado de la permanente vulneración de la ley, no tanto por los separatistas como por los gobiernos del PP y el PSOE. Es decir, estamos ante un proceso avanzado de disgregación nacional , de destrucción de la Constitución y de la democracia decidida por el referéndum de 1976. Y no podemos seguir por ese camino que es el de la ruina de España y una posible nueva guerra civil traída por unos políticos sonámbulos que quieren repetir la estupidez y la canallería que caracterizó al Frente Popular, Marañón dixit, con el que se identifican.
Ante estas amenazas radicales a España y a la convivencia en paz y en libertad, la consigna debe ser Regeneración Democrática. Esta fue la consigna con la que después de la etapa de Felipe González, esa fue la consigna con que alcanzó el poder el PP de Aznar, para traicionarla de inmediato y “pasar página” dejando como estaban, es decir, empeorando, la decretada “muerte de Montesquieu”, la corrupción, el “antifranquismo” farsante, el apoyo a los separatismos, mayor que nunca antes, la posición satélite en la UE y en la OTAN, o la colaboración con la ETA mediante la “salida política” (esto último fue corregido, con gran éxito durante su segundo período, y es casi el único punto realmente positivo de su gobierno). La Regeneración Democrática, que debe incluir la tumba de Franco en el Valle de los Caídos, debe ser el movimiento que vuelva al país a la paz y la libertad.
Hoy ha surgido un fenómeno político nuevo que es VOX. Si este partido acierta a clarificar una política de gran alcance, tiene también la posibilidad histórica de convertirse en el factor decisivo de la regeneración en unas elecciones que puede ganar mucho más allá de todas las expectativas, empezando por la propia Cataluña. No son unas elecciones más. Esperemos que sus dirigentes así lo comprendan.
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Hoy volvemos a lo mismo, al tiempo de los escarabajos
Al estudiar el pasado siempre me llamó la atención el carácter siniestro y absurdo de las dos repúblicas. Recoge Lerroux en algún escrito un dicho de la Restauración: “No todos los republicanos son canallas, pero casi todos los canallas son republicanos”. Lerroux fue uno de los republicanos más esforzados, fue quien convirtió el republicanismo en un movimiento de masas a principios del siglo XX, y tuvo ocasión de señalar en sus memorias las intrigas y odios feroces en su propio movimiento, sin excluir incitaciones a asesinarle. Tendencia a la algarabía, la maniobra ruin o la corrupción si llegaba la oportunidad.
Esa tradición pareció cambiar a principios de los años 30, cuando muchos de los principales escritores del país cobraron afición a la república, aportándole una especie de seriedad intelectual. Ortega y Gasset, uno de los más descollantes, quiso convertir a Cambó a la fe republicana, pero el catalán, buen conocedor del paño, le replicó que del nuevo régimen sólo podía esperarse una era de convulsiones. Ortega, furioso, se marchó dando un portazo, y poco después firmaba, con Marañón y Pérez de Ayala, un manifiesto antimonárquico que tuvo extraordinaria influencia sobre la opinión y valió a los tres el apelativo “Padres espirituales de la República”.
Vale la pena recoger las opiniones de dichos padres espirituales, sólo seis o siete años después, sobre el régimen que tanto habían ayudado a traer. Ortega criticaba ácidamente la frivolidad de los intelectuales extranjeros firmantes de adhesiones a una imaginaria democracia española de la que ignoraban casi todo. Pérez de Ayala escribía con dureza más directa contra los republicanos: “Cuanto se diga de los desalmados mentecatos que engendraron y luego nutrieron a sus pechos nuestra gran tragedia, todo me parecerá poco. Nunca pude concebir que hubieran sido capaces de tanto crimen, cobardía y bajeza”; “En octubre del 34 tuve la primera premonición de lo que verdaderamente era Azaña”.
Marañón expresa incluso más vívidamente sus sentimientos: “¡Qué gentes! Todo es en ellos latrocinio, locura, estupidez. Han hecho, hasta el final, una revolución en nombre de Caco y de caca”; “Bestial infamia de esta gentuza inmunda”; “Tendremos que estar varios años maldiciendo la estupidez y la canallería de estos cretinos criminales, y aún no habremos acabado. ¿Cómo poner peros, aunque los haya, a los del otro lado?”; “Horroriza pensar que esta cuadrilla hubiera podido hacerse dueña de España. Sin quererlo siento que estoy lleno de resquicios por donde me entra el odio, que nunca conocí. Y aun es mayor mi dolor por haber sido amigo de tales escarabajos”.
Y así sucesivamente. No menos significativas son las continuas invectivas de Azaña, rebosantes de amargura y despecho hacia los “botarates”, “incapaces” o “loquinarios” que, a su juicio –y los conocía bien, bastante mejor que a sí mismo–, componían los cuadros de mando del republicanismo. Capaces solo de una política tabernaria, de amigachos, incompetente, de codicia y botín sin ninguna idea alta”. Las memorias de otros dirigentes de entonces tienen parecidos tonos. (En LD, 13-4-2o05)
¿Cómo es posible que estemos volviendo a lo mismo? Muy sencillo, porque estas frases son desconocidas para la inmensa mayoría. Porque la historia la han falsificado a fondo los herederos de aquellos estúpidos y canallas escarabajos, que ahora están en el poder, haciendo con él lo que siempre han hecho. Porque quienes tenían el deber de oponerse han obrado como sus auxiliares y la historia ha pasado en balde, sin permitir la experiencia. Mientras los auxiliares de los escarabajos “miran al futuro”.